Mostrando entradas con la etiqueta SEVILLA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SEVILLA. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de enero de 2021

CUANDO JUEGAN REALIDADES, AZAR Y CONTRADICCIONES

 

Contrastables, imponderable y voluntarias, marcan presentes y futuros. Mendoza echó a Antic siendo líder el Real Madrid, regalando la Liga al Barça, y Bartomeu les devolvió el favor, años después, replicando la desventura con Valverde, también en cabeza.

Mala suerte y fortuna varia en base a contradicciones, porque de tener otros presidentes, tal vez el serbio no hubiera tenido que emigrar al Manzanares para conseguir un doblete con el Atleti de Gil y los blaugranas no hubieran regalado la Liga pasada al Madrid de Zidane. Aunque este fortuito blanco también ha afectado a otros personajes como Florentino Pérez y Pochettino, y hasta a Tuchel, al PSG y a su jeque.   

El presidente blanco sabe que el ciclo de Zidane se alarga demasiado. Tanto como su luenga sombra sobre el grupo de jugadores que lo encumbró. El francés gestionó bien egos y calidades para hacer un equipo campeón, pero fuera de ese enorme éxito le sobrepasa la nueva estrategia de su presidente. Apostar por la renovación no le distingue y exprimirá hasta el final a sus veteranos, que le responden admirablemente desde un sentido de la lealtad encomiable. En todo caso, es irreal un Madrid perseverante contra grandes y pequeños. Los blancos no son fiables por mucho que hasta ahora le hayan respondido a su técnico en momentos clave. Y él es consciente.

También sabe el tricampeón consecutivo de Europa que su baranda no le va a traer vacas sagradas de otros lares para ir sustituyendo sus desgastadas piezas. Lo de Pogba fue un ejemplo, que ha reforzado la tesis presidencial con el gatillazo Hazard. Pérez tiene otros planes, por eso quería a Pochettino, un técnico al que sí le agrada la sangre joven. Y eso también lo sabe el francés.

La contradicción del presidente blanco es que para cumplir su hoja de ruta debe prescindir de su mejor fichaje, tanto de futbolista como de entrenador. Pero, infiel a su personalidad, no forzará directamente el cese de su talismán, como hubiera hecho con cualquier otro; dejará que él mismo tome la decisión en un ejercicio de noble prudencia. Pérez debe mucho a Zidane. Tanto como seguramente continuar de un modo incontestable en el palmito. Así, una pareja de éxito viven vidas paralelas, cada cual a lo suyo, e irán hasta el final en su desencuentro. Sus caracteres no son bizcochables. Eso sí, desde el respeto mutuo que se profesan.

Aventuro que Zidane, ocurra lo que ocurra esta temporada, que a pesar de las apariencias no pinta bien; dirá adiós elegantemente en junio y Pérez le rendirá justos honores de figura señera del madridismo. Aunque muchos futboleros, madridistas y no, etiquetan de técnico mediore al gabacho, cuando pase el tiempo, se recordará su entente como la segunda época grande del Real tras la de Bernabéu y Di Stéfano; hitos relevantes del fútbol español.

Igual que lo está siendo la apasionante realidad de Simeone en el Atlético. Tanto que ya se equipara a Luis Aragonés en el santuario colchonero. El argentino será otro hito grande del fútbol patrio, hasta el punto de que su estancia en el Atlético marcará un antes y un después. Esta temporada puede ser la que rompa definitivamente los moldes rojiblancos. Lástima que no pueda contar con alguno de los grandes delanteros que han jalonado su etapa: un Griezmann, un Falcao o un Costa en plena forma. Con alguien así, el Atleti actual no solo apuntaría a la Liga sino también a la Champions; los goles hacen mejor a todos.  

El azar también jugó con Lopetegui a favor del Sevilla. Su salida desquiciante del Madrid, tras su inapropiada llegada desde la Selección, propició que el mejor director deportivo español, Monchi, lo llevara a contracorriente a Nervión. Si tienen paciencia y le nutren de gol puede llevar a los sevillistas a cotas desconocidas en su palmarés. Ganas de reivindicarse y argumentos técnicos tiene.

El reverso de tan hermosa realidad es el contradictorio Valencia. Es increíble que un empresario como Lim destruya en tan poco tiempo lo que apuntaba a grandeza. Parece que le hubiera molestado el éxito. Y ese suicidio económico es algo impropio de quien debería mirar el rendimiento de sus inversiones. Suena a que, aburrido, la finalidad es recuperar su dinero acabando de desmantelar la plantilla y después venderlo para obtener alguna plusvalía.

Azar, contradicciones y realidades en una actividad, el fútbol, que solo se parece a una empresa en la necesidad de manejar personas y números.   

 

lunes, 19 de octubre de 2020

CA UNO ES CA UNO


Esa frase tan del pueblo atribuida al torero Rafael el Guerra explicita que no se le pueden pedir peras al olmo.

De Isco no esperen pases a la primera sin antes amagar hacia cualquier lado o medias vueltas con el culo como centro de su juego. De Marcelo, tampoco que sea tan buen defensa como atacante fue antaño, y últimamente ya ni eso; hace mucho que ni uno ni otro están para jugar en el Madrid. Y lo peor es que Zidane lo sabe mejor que nadie. Si a esas minusvalías le sumamos que el multiusos Nacho ya vivió sus mejores lunas de blanco y que Lucas Vázquez sigue en la plantilla por aquello de cubrir las exigencias europeas del cupo de canteranos para la Champions, tendremos el cuadro que explica parte de la debacle blanca contra el Cádiz; pero solo parte, porque en la segunda ídem el técnico cambio medio equipo y tampoco subió nivel.

La explicación también la resumió el mítico torero citado con aquello de “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. O lo que es lo mismo, andando no se juega. Ni velocidad ni garra ni desmarques ni juego con y sin balón ni ganas. Ese es el resumen del partido que hicieron el sábado los merengues contra los entusiastas y bien ordenados cadistas del tan modesto como extraordinario Álvaro Cervera. Que otro Álvaro, el ex madridista Negredo, con más mili que Cascorro y de vuelta de todo les diera a los blancos una lección de pundonor y saber estar de delantero a sus treinta largos, refleja la birria que protagonizaron los madridistas actuales. Solo Benzema, más solo que la una en sus meritorios esfuerzos, parecía tener el otro día vergüenza torera junto al lesionado y sempiterno Ramos mientras estuvo. Y eso también lo sabe porque lo sufre el entrenador gabacho.

¿Soluciones? Paciencia franciscana y que pase pronto este año a ver si para el siguiente llega la caballería en forma de dos o tres fichajes que galvanicen el panorama. Porque, a ver, ni Vinicius ni Asensio ni Rodrygo ni el propio Benzema ni ningún otro delantero actual garantizan veinte o treinta goles por temporada. Y ni Modric ni Kroos ni Valverde ni Casemiro, por buenos que sean o hayan sido hace años los primeros y sean también los segundos en tareas esforzadas, pueden manejar la brújula blanca con la exigencia que comporta aspirar a todo. Falta ver a Odegaard ocho o diez partidos seguidos de titular en el eje del juego blanco para calibrarlo.

El Barça tampoco tira cohetes, aunque tiene varios brillos que pueden iluminar el horizonte. Ansu Fati pudiera ser, el jovencísimo Pedri apunta maneras, Coutinho parece otro y Messi, aun desganado, aún le sobra categoría para arreglar descosidos en cualquier fogonazo. Sin embargo, Busquets ni entonado está cerca de su mejor versión, De Jong no termina de coger el mando y anda fallón, Griezmann no encaja, a Trincao le falta un buen partido, Aleñá y Pjanic están desaparecidos y a Riqui también le faltan ocho o diez partidos de titular y confianza para vislumbrar sus posibilidades. ¿Resultado? Pues que sin gol y escasas ocasiones, un Getafe sólido, legionario y bien aleccionado le baila tres puntos que podían haberle hecho engancharse a la cabeza tras el gatillazo del Madrid antes del duelo sabatino próximo, que pinta gris.  

El Atlético, aunque sume con los goles de Suárez, que tampoco baja el pistón, es una incógnita dados sus titubeos iniciales. El nuevo medio centro Torreira, mientras tuvo fuerzas, hizo un partido para la esperanza y la zaga colchonera continua en su línea de seguridad jueguen quienes jueguen. Sello Simeone, que tampoco descolore. Y el Sevilla euro campeón de Lopetegui dio la de arena ante el sorprendente Eurogranada, con un juego tan ramplón para sus intereses como la expulsión de Jordan y la derrota final; mal asunto para sus renovadas aspiraciones.

Con este preocupante panorama, la Champions que empieza puede ponernos en nuestro sitio.

Finalizamos con el petardazo de nuestra Selección ante la mediocre Ucrania. Luis Enrique, aunque quiera disimular la carencia de remate, debe reinventar la faceta goleadora de sus excelentes medios o probar a Traoré por el centro —en banda tapa a Navas— porque ni Rodrigo ni Gerard ni Olmo ni Oyarzabal ni otros son Villa o Raúl ni goleadores de garantías para su nivel de exigencia.

En el fútbol, como en los toros, sin espada no hay cortijo.

   

 

martes, 3 de septiembre de 2019

COMANDANTES SIMEONE, MONCHI Y ALEMANY



Cada uno desde su versión, estos tres hombres manejan con acierto sus desempeños. El técnico atlético reinventando año tras año su equipo por la peculiaridad de un equipo que no acaba de encontrar su lugar entre los muy grandes, seguramente más por mal fario y tradición que por desméritos. El director deportivo sevillista rehaciendo plantillas en sentido tan amplio como rentable en un club cuya afición confía ciegamente en él; estatus ganado a pulso. Y el director general, ahora valencianista, imponiendo su criterio futbolístico a directivos paniaguados e inversores de fortuna.
 
El Atlético pinta bien, más allá del repaso que le dio al Madrid en pretemporada, que es más cierto incluir esta etapa preparatoria en tal categoría que en trofeos con menos sentido que importancia. Otra cosa serán los primeros resultados, pero tiene mucho mérito reconstruir esperanzadoramente la columna vertebral que ha sido santo y seña de los colchoneros varias temporadas seguidas exitosas. Imaginemos que al Madrid o al Barça, o a cualquiera de los grandes de Europa, se les hubieran ido de golpe cinco de sus once jugadores básicos.

 El Madrid aún llora la falta de Cristiano y el Barça anda gastando dinerales sin tino para suplir la de Neymar. Sería tal el desaguisado, si se les hubieran ido cuatro más, que tardarían años en volver a su nivel anterior. Sin embargo, parece que los jugadores que han llegado al Atlético este verano suplen con suficiencia a los perdidos; ya veremos en el liderazgo. Eso es buena gestión deportiva, con criterio, trabajo y oportunidad, con Simeone de primera estrella.  Quizás la diferencia sea que por el Metropolitano hay gestores futbolísticos con responsabilidad y mando, con un presidente en la sombra que aprendió de los desmanes paternos y lleva las riendas con discreción y firmeza, Miguel Ángel Gil Marín, mientras que por el Bernabéu y el Nou Camp cabalgan desbocados otros corceles que responden a motivaciones extradeportivas, además de jugar con dinero ajeno. Uno de los principios de un manual de gestión empresarial de éxito: En busca de la excelencia, era aquello tan viejo de zapatero a tus zapatos. Traducido al fútbol, sería que los hombres del fútbol al fútbol y los dirigentes a la representación, a la estrategia y decisiones institucionales y a las finanzas.

Otro tanto podríamos decir de Monchi y el Sevilla. Ningún club español ha ganado más dinero con sus fichajes que los de Nervión. Ni del mundo. Esto es, fichar jugadores baratos, hacerles jugar y venderlos ventajosamente, a veces como de lotería gorda, manteniendo el nivel competitivo de sus mejores años. Lo difícil sería entender cómo el ex portero gaditano sevillista no está ya en un grande español con mando en plaza, si no fuera por lo dicho anteriormente sobre los estrafalarios corceles que campan por sus despachos. A su lado no cabría un personaje como Monchi que exige responsabilidad y atribuciones plenas. Y ha terminado mal por celos ajenos con otro tipo que deseaba emular a los mandamases culé y blanco. Del Nido, su primer presidente en el Sevilla, también tenía ínfulas de emperador, pero acabó como acabó por excesiva ambición sin la suficiente economía detrás, siendo brillante en su profesión jurídica originaria y en su presidencia sevillista; dejémoslo ahí.

Y llegamos al Valencia de Peter Lim y Alemany —al presidente de turno no lo conoce nadie—.  El asiático tuvo el acierto de confiar al mallorquín el mando deportivo del club y no le ha ido mal. Confeccionar plantillas como la de estos dos años y confiar plenamente en Marcelino tuvo el colofón de clasificarse para Champions y ganar la Copa del Rey. Ya quisieran repetir cada temporada. Pero como ocurre cuando median mediocres entre el dueño y el gestor, quieren ser grandes y se alzan sobre peanas falsas para descollar ante los que de verdad son alguien. Alzas que demasiadas veces se nutren de insidias, celos, y maledicencias en el oído del amo para medrar, y acaban por distorsionar la realidad hasta hacerla irrespirable. Veremos lo que dura la paz a las orillas del Turia, pero mientras confíen en Alemany el club tiene una oportunidad para asentarse definitivamente en el lugar que le corresponde: uno de los cinco o seis grandes de España. Haber sido cocinero antes que fraile en el Mallorca, con gestiones ejecutiva y presidencial más que buenas, le ha servido para conocer la aguja de marear futbolera.

Aparte de la suerte, que también juega, cada mochuelo a su olivo.
        


lunes, 22 de octubre de 2018

SAN QUIEN SEA, ORA PRO NOBIS



Cuando la desesperación atenaza es fácil implorar al cielo y hasta al infierno mismo. Es lo que sucede en el Madrid y, en otras circunstancias, lo que les ocurriría a los barcelonistas si la inminente ausencia de Messi descubre sus carencias como a los merengues la de Cristiano. Contra el Sevilla se vio. Los de Machín quizá habrían ganado el partido si el mejor del mundo no hubiera jugado los primeros dieciséis minutos. Porque de juego anduvieron tan sobrados como Ter Stegen en varias paradas antológicas. Por momentos, le dieron un baño al Barça en el mismísimo Camp Nou.
Lopetegui tiene poca culpa de la sequía goleadora de los merengues; hay que mirar más arriba. Y sustituirlo tampoco sería mano de santo. Con él o sin él las penurias acabarán cuando lleguen los goles; racha buena que podría amanecer en cualquier jornada. De los encuentros perdidos podrían haber ganado varios con el mismo juego; palos, porteros en su día prodigioso y fallos increíbles que afloran lo peor de un futbolista: la falta de confianza. Y si esa flojera acogota a los defensas y delanteros de un equipo el desastre está servido. Porque el desertor de España —¡cuánta ganas le tienen muchos!— ha probado con todo y con todos. El Levante, por ejemplo, ganó en el Bernabéu y bien pudo salir goleado. Dos fallos atrás, magníficamente aprovechados por los de Paco López, e innumerables ocasiones malogradas delante fueron una colección muy aproximada de los males que aquejan a los blancos. Madres detrás y gafes arriba, con los medios sin arriesgar tiros y pases profundos por inseguridad.
Unos añoran la supuesta flor de Zidane y otros dicen que les faltan hervores a quienes iban para balón de oro; Asensio, por ejemplo. Pero dejémonos de simplezas, lo que está faltando es el mejor goleador de su historia o sus alternativas. Era previsible que ni Benzema ni Bale ni ninguno de los delanteros que estaban, y mucho menos Mariano, el postre elegido in extremis, un jugador normalito; garantizan ni juntos ni individualmente los cuarenta y tantos goles de Cristiano. Si acaso, marcarán sus habituales treinta y pocos entre todos, pero seguirán faltando otros tantos como mínimo para ganar algo relevante; los que deberían haber hecho los sustitutos que nunca vinieron, y aun así faltarían otra docena. Y la madre de ese cordero no es Lopetegui, que bastante tiene con la previsión que hicimos algunos en junio de que no se comería el turrón.
Al margen de la mala suerte ocasional, que también juega, ese cordero tiene padre reconocido: Florentino Pérez. Porque es él quien desde su paradójica creencia de que si sabe de algo es de fútbol, como la de algunos de los que le acompañan sin voz ni voto en su directiva, hace y deshace desde siempre en lo deportivo, hasta propiciar la marcha de Cristiano. Por eso ha ido echando a quienes le llevaban la contraria; las verdades molestan a los soberbios cuando ejercen de tiranos.
¿Qué Pérez ha tenido aciertos? Claro, faltaría más que no hubiera dado una en quince años; Figo, Zidane, Ramos, Isco, Modric o Kroos, pero aparte de una decena de buenos fichajes entre el centenar largo que ha hecho y el éxito en lo institucional y económico, indiscutible aunque haya sido a rebufo de la rutilante trayectoria del fútbol español en este tiempo— ver los éxitos, la economía y el saneamiento de la mayoría de clubes— lo demás es campo yermo y mustio, que diría el poeta. Mérito grande tienen en Villarreal, Éibar, Leganés, Getafe o Vitoria.
Ahora hablan de Guti, Laudrup, Michel, Solari , Roberto Martínez o Conte —el San quien sea—, pero ni con alas arreglarían algo sin goles. Como en Murcia sin dinero.
EL SANTO DE MURCIA
Cuentan que años después de la guerra, ante la pertinaz sequía, los huertanos fueron a pedirle al obispo Sanahuja sacar en rogativa a la Virgen de la Fuensanta para que lloviese. Y el personaje,  socarrón, descorrió los visillos de su despacho en la plaza de Belluga y ante el sol espléndido que lucía el cielo azulísimo de esta bendita tierra, les dijo: hijos míos, haced lo que queráis, pero el tiempo no está para llover.
Y desde la esperanzada aun realista perspectiva de un pimentonero incondicional, imagino a los bienintencionados murcianistas que se han unido para salvar al Real Murcia en trance semejante.
Ojalá ocurriera, pero para un milagro, aparte de un santo, se necesitan circunstancias propicias. ¡Mucho ánimo! 
      

miércoles, 21 de marzo de 2018

DE LA CHAMPIONS A LOPETEGUI Y MARCELINO



Otra vez la burra en el trigo, dirán en Europa. La Liga sigue a la cabeza de su fútbol, lo que supone reinar también en el mundial. Y no decaerá mientras Messi y Cristiano la protagonicen.
Nunca antes coincidieron en España el  mejor jugador y el mejor goleador del mundo. Y, además, en los dos clubes más laureados, que ahora no son causa sino consecuencia de tenerlos, aunque sean coetáneos de la mejor generación futbolística española.
Otra vez copamos los cuartos de Champions, con el consolidado Sevilla como invitado excepcional, que ya lo vivió en el lejano 1958 cuando el Real cuajaba su legendaria trayectoria. Y no han sido cuatro porque lamentablemente al Atlético lo ninguneó la suerte antes, en Roma.
A cinco partidos de la final puede pasar cualquier cosa, pero aventuro que Barça y Madrid estarán en semifinales. Y el Sevilla, si da su cara buena, suma posibilidades reales porque los Banega, Lenglet, Nzonzi, Sarabia, Ben Yeder y compañía disfrutan de una forma excelente. Y además tienen a Montella, un técnico de los que hacen crecer el fútbol reinventando jugadores; apostar por Navas de defensa lo demuestra.  El viejo zorro Heynkes deberá hilar fino para eliminarles. La exhibición sevillista en Manchester frente a los del incomprensible Mourinho habrá avisado a más de uno y andarán con las orejas tiesas. Los yanquis que gobiernan al United echarán cuentas y no le auguro porvenir al medroso  portugués, que vive del cuento cuesta abajo y sin frenos desde su afortunadísima Champions con el Inter.
El Barça tendrá pocos problemas con la Roma de Monchi. Están fuertes, con Messi disparado, y Valverde puede obrar el renacimiento, como en la Liga. Aparte, les sonríe la suerte y veremos si es la del campeón y tocan pelo tras seis años en barbecho. Y a la Juventus de Allegri le ha vuelto a tocar la negra. El Madrid de Zidane, por irregular que sea, tiene bastante más nivel y si juega al que ofreció contra los del becario Emery puede resolver la eliminatoria en Turín. Máxime con Pjanic, organizador, y Benatia, muro central, sancionados. Buffón, Chiellini y Barzagli no están para muchos trotes y solo Dybala e Higuaín amenazan, pero no demasiado.
Al City de Guardiola le ha tocado un rival inquietante, el Liverpool del súper goleador Salah,  cuña de su misma madera que ya le dio para el pelo en la Premier. Claro que tampoco le hubiese ido mejor con el Madrid, Barça o Bayern, porque con su defensa aún por consolidar en partidos de máxima exigencia tener enfrente a sus delanteros es mal asunto. Los de Manchester juegan mejor que los otros seis cuartofinalistas, exceptuando al Barça, pero habrá que ver su desenvolvimiento a estas alturas. Les hubiese favorecido jugar contra los italianos porque no tienen las agallas delanteras de los españoles y alemanes.
En clave de selección, Lopetegui sigue mostrando síntomas alentadores. Llamar a los viejos canteranos madridistas Parejo y Marcos Alonso y al sorprendente gigantón Rodri, canterano del Atlético, que lo repescará del Villarreal, indica que baraja con cabeza y honradez.  Por el buen gobierno de su equipo, el valencianista hace tiempo que debía estar. Con Busquets en el eje, o el propio Rodri  en su defecto, y Saúl o Koke, nos darían autoridad frente a cualquiera. Imaginémoslos con Iniesta y Silva por delante. O con Asensio, Lucas, Thiago o Isco si no se empeñan en conducir o jugar en redondo.  Y con el lateral del Chelsea, hijo y nieto de internacionales, tiene el relevo ideal de Alba. Marcos es un jugadorazo, aporta altura y es un peligro permanente en jugada y a balón parado cuando sube.
Y arriba no hay mucho más donde escoger. Costa es un valor seguro, Aspas el delantero español de más clase y Rodrigo está cuajando en el goleador que apuntaba. Morata sufre su tercer calvario y solo el relevo cantado de Conte podría avivarlo.
Por lo demás, destacan las ausencias de los polivalentes Sergi Roberto y Javi Martínez y del sevillista Sergio Rico. El navarro es titular indiscutible en el Bayern, el culé se justifica siempre y el meta es un autobús bajo los palos. En todo caso, Lopetegui y sus seleccionados merecen crédito.
Y hay que destacar el trabajo de Marcelino. Ha recuperado el brillo del Valencia, promoviendo y revitalizando futbolistas, y le dio la alternativa a un jovencísimo Rodri en el Villarreal. Otro extraordinario entrenador que imagina futuros internacionales. Para descubrirse.
    

miércoles, 22 de marzo de 2017

MAL SORTEO Y LIGA INCIERTA


Con la pena del fiasco culposo del Sevilla y Sampaoli, laminando de paso sus opciones para el Barça, tenemos la suerte reiterada de contar con tres equipos en los cuartos de Champions, pero es difícil que se prorrogue a semifinales; la fortuna nos fue esquiva en el sorteo.
El Atlético se enfrentará al Leicester, que ya ha hecho historia siendo campeón de la Premier y metiéndose en la crema europea. Aliviados de presión, tienen poco que perder y jugarán con la alegría de continuar su leyenda. Con el fantasma del descenso alejándose: el crisol de sus nervios, afrontarán  la eliminatoria con ganas de divertirse, y en ese ánimo que decíamos la semana pasada puede estar la pólvora que los dispare a semifinales. Al Atlético le hubiese venido mejor enfrentarse a un consagrado, que es donde se crece, porque contra los que puede mirar desde arriba ha demostrado que se encoge; miren la Liga. Simeone tendrá el reto de motivar más que nunca, su mejor arma, a Griezzman, Koke, Carrasco, Saúl, Godin, Oblak y compañía, para que cuelguen las confianzas en la percha de sus pupas. El técnico argentino será la clave. Si logra travestir a los de Sakespeare de blancos, blaugranas, blanquinegros o rojillos en el ánimo de sus rojiblancos, saldrán a morder y pueden tener opciones. Si no, preveo tal desánimo que incluso puede peligrar su clasificación para Champions en la Liga.
Al Barça le tocó su antídoto. La Juventus de Allegri es un campeón muy competitivo como buen italiano, rocoso y con las florituras justas, y el más capaz de amarrar a sus mascarones al duro banco de los galeotes, en lujar de dejarlos lucir en la proa de la filigranesca escuadra de Luis Enrique. Los  centrales juventinos dejarán escasos resquicios para el lucimiento del ariete Suárez y sus artistas florentinos, quienes tendrán que afinar el goniómetro para dibujar parábolas lejanas que superen al enorme Buffón.  La peor tesitura para el deslumbrante futbol de bolillo de Messi, Neymar e Iniesta, porque sus dos medios centros tampoco dejarán respiro al borde del área, desde donde también enfilan. Eso sí, jugarán con la misma ventaja del Madrid: la vuelta en casa, y ya sabemos que en el Nou Camp y el Bernabéu, como antes en los Cármenes granadinos, todo es posible. Pero antes, en Turín, Piqué y Mascherano o Umtiti, y Busquets, deberán controlar a Higuaín y Dybala, que son la caja de bombas transalpina con la ayuda del colega Alves.
A los de Zidane les ha tocado, más allá de su viejo demonio europeo, el equipo más sólido del continente.  Sus extraordinarios futbolistas llevan varios años jugando en bloque y se conocen de memoria. Además, cuentan con las ventajas añadidas de Ancelotti, que conoce perfectamente a los blancos y está muy escocido con Florentino Pérez, y del sello hispano de Alonso, Thiago, Javi Martínez y Bernat, que harán crecer hasta el infinito su indudable calidad frente a los figurones merengues. Xabi por exmadridista, el hijo de Macinho por culé, el navarro por reivindicar su figura ante un equipo que le ha hecho ascos varias veces, y el valenciano, si juega, por hacer méritos; y todos, con sus compañeros, por enfrentarse al equipo fetiche del planeta fútbol: el más laureado de España, Europa y el mundo. Mal asunto, salvo que Cristiano, Benzema y Bale demuestren su categoría o Ramos maneje la manguera apagafuegos. Casemiro y Modric serán básicos, Kroos debería brillar al fin, y Navas cambiar las manos por los puños en las salidas aéreas.
A pesar de sus apagones, nuestros equipos tienen argumentos para pasar, pero sus encuentros tendrán más de soleás que de bulerías. Ojalá no haya que enlutarse y luzca el sol en nuestras bardas, ahuyentando a los tres malos pájaros que tenemos en la bardiza.
Además, estos cuartos pueden aumentar la incertidumbre liguera. El buen o mal ánimo que les quede a los blancos y blaugranas será determinante en su excitante pelea por el título, más allá del esfuerzo de cualquiera de los dos por llegar a semifinales o lesión de alguno de sus figurones. Y lo mismo ocurrirá con los atléticos.

Así, esperemos que con los vientos de marzo y la espectacular lluvia futbolera del abril que viene, nos salga el mayo florido y hermoso que deseamos: otra extraordinaria final hispana; esta vez en Cardiff. Un Barça—Madrid sería tan histórico como inédito.  O, según dijimos, quizás llegue la orejona adeudada al Atlético. La merece.

lunes, 13 de marzo de 2017

RAMOS, NEYMAR Y EL ÁNIMO


La remontada del Barça ha propiciado de nuevo el viejísimo debate que la semana pasada señalábamos, afirmando que los árbitros no golean. Y aunque el árbitro turco alemán cometió dos errores de bulto que favorecieron claramente al Barça: el penalti que pitó a Suárez y el que no a Di María, estamos donde mismo, porque antes de esas azarosas circunstancias se conjugaron las claves del desastre parisino.
Los de Emery salieron al Nou Camp con un ánimo suicida, y todavía nos preguntamos  si era el mismo equipo que goleó al Barcelona en París. Aquellos diablos que pasaron por encima de los encogidos culés parecían infantiles acogotados tras el gol escolar de Suárez a los dos minutos. Y a partir de ahí, es inconcebible que un equipo de Champions juegue con sus once profesionales de su línea media hacia atrás, que no centro del campo. Piqué y Umtiti ocuparon durante ochenta minutos la parcela teórica de los interiores blaugranas, con Mascherano un pelín más retrasado merodeando el círculo central. Y el vasco, pasmado en la banda, no supo o no pudo sacar a su equipo de la cueva, nunca mejor definido el espacio que pisaron, para dar alas a sus grandísimas posibilidades. Ahí estuvo la primera clave.
Y la segunda en la banda izquierda barcelonista, confiada solo a Umtiti, con Neymar de punta e Iniesta de volante de apoyo. Era previsible un roto descomunal por la velocidad de los delanteros rivales, pero el técnico vasco despreció tan evidente tecla.  Verrati, ese talentoso que nunca pasará de proyecto de figurón, amagó varias veces con lanzar por ahí a Moura, pero se daba la vuelta para buscar a Cavanni o Drexler, en quienes seguramente confiaba más. Cualquiera de ellos por esa banda hubiera podido ganar el partido. En fin, un desastre descomunal que podría traer a don Unai de vuelta a España para reinventarse. El fútbol tiene esas cosas. Una trayectoria envidiable tirada por el desagüe de una cagalera descomunal, en un partido que pasara al anecdotario vergonzante del fútbol.  Hasta el excelente y calladito Iniesta reconoció que el planteamiento contrario facilitó la histórica remontada.
Al margen de esas realidades, solo queda aplaudir el hito culé y celebrar que por fin se atisba cierto relevo al irrepetible Messi, aunque todavía le quedan años del mejor fútbol que se recuerda.  Neymar, a quien hemos criticado su infantilismo, teatro y absurdas actitudes chulescas, se coronó el miércoles como el otro yo del fenómeno argentino al encender la llama del ánimo culé.
El Madrid también jugó con fuego en Nápoles, con la lumbre fría de la indolencia en una primera parte irreconocible de los artistas de Zidane.  Aquí compitió igualmente el ánimo; ese talismán que por cualquier circunstancia del juego pone alas o plomo en las botas.  El mago que hizo brotar el genio blanco fue de nuevo Ramos, tan discutido por propios y ajenos como jugador imprescindible en los últimos años merengues.
En los momentos difíciles es cuando un líder debe demostrar que lo es, y el de Camas no se arruga. Ramos, sin ser un virtuoso del balón,  pero sí uno de los defensas más dotados técnicamente, tiene la fuerza de los elegidos y un corazón futbolero tan grande como ese Pizjuán que acoge vergonzoso los insultos de los descerebrados que no le perdonan su enorme personalidad. Y demostró también la raza que lo distingue al apagar el ánimo de los rápidos futbolistas napolitanos y el incendio de sus  camorristas en la grada.  El sevillano es un referente en la historia del fútbol español porque se recordarán durante decenios sus goles cabeceros.
El ánimo y el liderazgo estuvieron presentes también en el Atlético de Madrid de Granada. Sin Gabi, que es quien lo insufla y ejerce, pareció un equipo menor frente al correoso y aseado equipo nazarí. Koke, el relevo racial de Gabi, frotó la lámpara para que apareciera al final el genio de Griezmann. Ese portento que deberá salir más en Europa si quieren hacer historia. Mimbres tiene Simeone, pero deberán ser menos guadianescos que en la Liga.

Nuestra fortuna es que, un año más, coparemos los mejores equipos de la Champions, con permiso del Bayern. Y tres de ellos con posibilidades de orejona, aunque si el Sevilla de Sampaoli pasara el fielato inglés, el ánimo que decíamos los colocaría en el sprint.  El próximo técnico del Barça, Messi mediante, tiene en Leicester un reto decisivo. Y él lo sabe. Puede ser su mecha. 

lunes, 31 de octubre de 2016

DEL FÚTBOL A LOS RUFIANES DE RUFIÁN


Hoy tocaba hablar de que la columna vertebral del Barça no son Messi, Suárez y Neymar sino Busquets, Iniesta y Rakitic, en su sitio; contra el Granada se evidenció su falta aunque tuvieron en Sergi Roberto su hombre para todo y en Rafinha la solución brillante del problema.
Y del jugadorazo inventado por Simeone en el belga Carrasco, en su tan interminable como brillante labor técnica,  amén de ese dúo ganador que ha amalgamado con Griezman y Gameiro, al que ha sabido gestionar su tiempo.
O de la afortunada vuelta al gol de Cristiano y la insistencia de Morata en hacerse titular con goles, y de la indisimulada alegría que se dibuja en Zidane cuando un joven hace algo grande, como el golazo en Copa de ese suplente de lujo que es el también canterano Nacho.
 Y del error de llamar pinchazo al empate del Sevilla de Sampaoli y Lillo en Gijón ante un excelente Sporting, cuando es un paso más en su envidiable trayectoria, otra vez reinventados por Monchi; el mejor gestor deportivo español en décadas, o desde siempre.
También de reseñar la diarrea mental que asola a ese personajillo en que deviene Tebas cada vez que se sale de su papel institucional y entra en charcos inapropiados. Una vez que los comités correspondientes actúan, el presidente de la Liga estaría callado más bonito que un San Luis. Lo que  piense de las provocaciones de Neymar, en lo que coincidimos muchos, debería ser charla de café en lugar de opinión pública como máximo dirigente de ‘todo’ nuestro fútbol profesional. Así, el victimismo en el que se envuelven los dirigentes culés, tan hipócrita como llorón cada vez que alguien se mete en su patio, con o sin motivos, queda en evidencia como argumento cuando les faltan otros. El falaz “Madrid nos roba” tiene quien le copie.
Igualmente, y  metiéndome donde todos saben que no entro por razones obvias, sería apropiado terciar en la mala gestión que ha hecho alguien del Real Murcia con el derbi del domingo frente al Cartagena. Y miren que lo siento porque valoro mucho los esfuerzos de sus directivos, algunos de los cuales conozco y gozan de mis simpatías personales, para sacar adelante ese difícil barco, por haber afrontado algo por el estilo hace más de veinte años. Pero hay que ser muy torpe para hacer coincidir su horario con el del UCAM-Oviedo en la Condomina, perdiendo quizás la venta de algunos cientos de entradas, cuando no algún millar. Y lo mismo con permitir el enrarecimiento de las buenas relaciones que, al parecer, mantenían los granas con los dirigentes murcianos del “Efesé” hasta pocas horas antes del encuentro, a quienes también aprecio personalmente y pondero por su enorme trabajo.
Pero todo esto, y el propio fútbol, ha quedado disminuido y hasta relativamente lejano en esta sombría tarde del sábado en la que escribo la presente columna, tras escuchar a un impresentable que se sienta en las Cortes de todos los españoles; un tal Rufián —nunca más apropiado un apellido—. Un elemento ruin que avergüenza aún más, si cabe, a la clase política muy a pesar de muchos de ellos. Este individuo, al que llamo desde aquí mal nacido por lo que supone de peligro para la convivencia nacional, y tenemos experiencias sangrientas recientes y lejanas como para que tal calificación no sea nada exagerada, y los otros rufianes que le aplauden y jalean; no merecen estar donde están. Ni la inmensa mayoría de ciudadanos españoles, tanto los que se sienten como tales como los que no y piensen como piensen, merecen tampoco tener que soportar a gentuza de esa calaña en ninguna tribuna pública, y menos cuando, además, viven de nosotros. Deberían estar chapoteando en el estercolero de sus miserias y complejos en lugar de esparciendo los odios, rencores y revanchismos desnortados que anidan en sus almas negras contra una sociedad que les ha posibilitado sus estatus y enormes posibilidades de crecimiento personal y social. Realidad que trajeron muchos miles de ciudadanos en tiempos difíciles, sin arrugarse, cuando hablar de libertad y democracia sí era valiente. Ahora, lo suyo es la cobardía infame del provocador en manada contra pacíficos, cuando no contra fantasmas de los que ya no pueden temer nada.

Viéndolos en la sede de la soberanía nacional cabe preguntarse cómo hemos llegado a esta situación, y, lo que es peor, ¿hasta cuándo durará?  ¡Qué falta de…! (añadan lo que quieran)   

lunes, 12 de septiembre de 2016

DEL BLOQUE Y EL SISTEMA AL DESABORÍO



Hablábamos de la importancia de los conjuntos y de los sistemas de juego por encima de las individualidades, y esta jornada hemos tenido ejemplos en Primera, en Segunda, en la Premier y en la Selección.
El equipo de Lopetegui, aunque ha introducido cambios de seleccionados, mantiene el sistema de juego que tanto nos dio. Ha llamado a algunos jugadores que ya triunfaron con él en la sub 21 y son  compatibles con el toque y el control del balón. Aun no se pueden extraer consecuencias porque no se ha enfrentado a rivales de nivel, pero se intuyen variaciones para mantener la esencia. Un centro del campo con Busquets y Silva en la brújula, y Thiago a la espera de Iniesta, con el apoyo del todoterreno Koque y Javi Martínez, e Isco o Asensio al fondo, son argumentos para la esperanza. Si sumamos la versatilidad de Vitolo y Nolito en las bandas y la garra de Costa o Morata arriba, que también meten la pierna, podemos albergar ilusiones aunque no soñemos, de momento, con llegar a la excelencia de las selecciones de Luis y Del Bosque; pasarán generaciones para ver algo parecido, si es que lo vemos.
Ya dijimos que no nos gustaba el cariz que estaba adquiriendo el Barça de Luis Enrique. En la alineación que presentó el sábado frente al recién ascendido Alavés, muy meritorio en su sistema y en el rendimiento del bloque dirigido por Peregrino, hallamos lo que intuíamos. Hay que remontarse al año 2002 para encontrar un equipo titular con un solo canterano. Y ese desatino supone un juego irreconocible. O vuelve a sus esencias o atravesará un desierto que traerá años oscuros por can Barça, salvo que Messi sea incombustible y resuelva siempre las incontables trabas que encontrará. Sin bloque ni sistema propio no puede haber juego ni resultados acorde con sus exigencias.
Y el Madrid a lo suyo. Su sistema es golear y no le pidamos exquisiteces;  las virtudes que atesoran sus jugadores son de cañón grueso. Por eso, el día que no tienen su día los Cristiano, Bale, Benzema, Morata y compañía, deben acudir los defensas para conseguir margen en el marcador. Y cuando eso no sucede, peligran. Los blancos necesitan espacios para correr como búfalos hacia el portero rival, o machacas como Ramos que atronen las metas  contrarias por las bravas. Un juego espectacular, sin duda, pero con los altibajos que le han ocasionado ganar solo una Liga de las últimas ocho. Su sistema es golear o golear, y ahí debería poner orden Zidane para exhibir también otro tipo de juego, que jugadores de clase contrastada tiene para ello. El modesto Osasuna le hizo dos goles y gracias a su sistema – meter cinco- sacaron adelante el partido. Con otro rival veríamos.  
El Atleti de Simeone, por fin, encontró el ritmo de su bloque, que es el mismo del año pasado también, como el del Real; y ganó con holgura y mando en Vigo, ante un Celta que como no encuentre pronto el suyo las pasará canutas. Y el Sevilla, como también aventuramos, no termina de adaptarse al vistoso sistema del tándem Sampaoli-Lillo y se aferró a la épica para ganar al ordenado Las Palmas de Setién, que tiene en Roque Mesa la brújula del medio campo que todos los equipos desean.  En el Sánchez Pizjuan recordaron al legendario equipo de Germán, Guedes y Tonono que maravillaba hace decenios.
En segunda, el UCAM de Salmerón y Reverte sigue progresando (cuando escribo esto no ha jugado contra el Elche) y tuvo el desahogo de eliminar en la Copa al Oviedo del insigne Fernando Hierro con el internacional Michu de estrella. Y lo hizo con un sistema adaptado a sus posibilidades y jugadores que hasta ahora habían jugado poco.  Pero, por lo visto, tiene  sistema y afina su bloque, en incluso individualidades apreciables, lo que invita al optimismo. Desde la modestia, sin alharacas y en silencio, que más parece conventual que sufrido por las extrañas circunstancias murcianas que denunciábamos, están logrando un digno lugar en el panorama futbolístico nacional.
Con sistema y bloque, ese pasillo de seguridad que defendía Luis Aragonés, llegan los éxitos. El delicioso derbi de Manchester es un ejemplo. El sistema de Guardiola pudo brillantemente con los arreones e individualidades del de Mourinho, que sigue culpando a árbitros y jugadores de sus fracasos. Luis Enrique, por el contrario, apechugó con todas las culpas del sábado. Ese señorío tapa al desaborío.


viernes, 26 de agosto de 2016

COMIENZA LA LIGA 2016/17

CON NOVEDADES EN EL FRENTE LIGUERO
La Liga 2016/2017 parece continuista, pero no lo es: los mismos actores principales bajo criterios distintos.  
En el Barça se van oxidando paulatinamente los antaño relucientes mimbres áuricos de su cantera, sin recambios aparentes a la vista, y se rellenan huecos con futbolistas foráneos que ni son ni tampoco eran indiscutibles en sus anteriores equipos. Quiero pensar que se trata de la falta de un técnico con el prestigio o el valor suficientes para imponer su criterio, y no un acomplejado tic directivo de emulación de lo que ha venido haciendo el de enfrente con dudoso éxito. Está bien repescar a Denis Suárez o el interés mostrado en recuperar a Nolito, pero ni entendí lo de Turán, aunque parezca renacido, ni entiendo lo de Umtiti, Digné o André Gomes, aun siendo buenos futbolistas. Máxime teniendo a Samper y Rafinha, entre otros —¿y Munir?—, o habiendo dejado marchar a su hermano Thiago antes y a Bartra ahora. Veremos en la práctica en qué mejoran  a los que permanecen y a los perdidos, si es que tenemos ocasión; jugarán poquito.
El Real Madrid parece que ha vuelto al sentido común. Y satisface que sea de la mano de un crecido Zidane, que ha sujetado la mano de su glamuroso presidente Pérez. Vislumbro que a poco que los resultados le acompañen se van a cambiar las tornas en el campeonato doméstico y, con permiso de Messi, que sigue siendo el mejor del mundo con mucha diferencia; el blanco irá imponiéndose al azulgrana. Es curioso cómo los humanos nos cansamos del éxito propio antes que los rivales hagan méritos para superarnos, por eso el Barça ha abandonado la senda canterana que tanto le dio. El Madrid, por el contrario, ha apostado por mantener su base e incorporar a jóvenes como Asensio, barato; y Morata, carísimo; aparte de retener al multiusos y eficacísimo Nacho — ¿ y a Mariano?—. No ha habido fichajes de relumbrón,¡alegría!; aunque a estas alturas aun tenga su punto débil en disponer solo de un medio centro auténtico: Casemiro. Si no lo remedia, ahí estará de nuevo su tendón de Aquiles. Y lo tenían fácil reteniendo a Llorente antes de cederlo, lo ideal; o desprendiéndose del tan talentoso como irregular James para fichar a un centrocampista de retención contrastado. En España hay posibles, como el ex atlético Camacho en Málaga, San José en el Atletic o el “muniqués” Javi Martínez, que serían mucho más útiles que mantener al colombiano en contante entredicho porque jugará poco.
En fin, rumbos distintos los abordados a partir de ahora por los dos grandes de nuestro fútbol, que puede suponer un cambio también de realidades; me apena lo del Barça y me alegra lo del Real. Los blancos pueden empezar a ser un equipo de fútbol, que ya era hora,  y fichar con criterios exclusivamente futboleros. Y los culés otra cosa, con Messi de “capo di tutti” en todo, como ya ejerce, y ya veremos cuando falte porque todo depende de él — por eso dio Guardiola su etapa como finalizada—; Suárez de ejecutor, ¡gran fichaje!, y Neymar de vedette en estado gaseoso. En la gloria efímera llevarán la penitencia de mañanas oscuros. No sería el primer caso, sino lo habitual en el planeta fútbol; repasen la historia.
El tercero histórico en discordia, el Atleti, está haciendo de la constancia virtud, lo cual es muy inteligente y de agradecer, y continuará la senda del éxito de la mano de Simeone. Ha mantenido su excelente plantel, ¡enhorabuena por fin!, y ha incorporado jugadores tan interesantes como Gameiro y Gaitán. Decisiones que le harán mucho más competitivo en los momentos cruciales de la temporada. Ojo a este Atlético, que también ha cambiado su trayectoria renunciando al dinero fácil de la venta millonaria de cada año, desprendiéndose, además, de medianías — ¿salvo Oliver?; y remendando con habilidad su descosido goleador.
Finalmente, el Sevilla y el Valencia son dos incógnitas. En los hispalenses sigue Monchi, el verdadero artífice de su éxito, pero ha llegado Sampaoli, un técnico ilusionante que conlleva la ingravidez de un cambio total de sistema de juego. Ojalá tenga suerte su vistosa apuesta, pero temo que se agote la paciencia del Pizjuán antes que lleguen los resultados. Y por el Turia, como antes se decía de Granada, todo es posible.  Veremos si la luminosidad de sus fallas no se torna en escandalosa traca; acecha la fiebre amarilla. Lo de Parejo es un mal augurio.                    


martes, 12 de febrero de 2013

DE AMISTOSOS Y DUELOS


Con un Bernabéu espléndido nos dispusimos a presenciar un partido que en principio presagiaba intensidad y buen juego. El Madrid y el Sevilla disponen de mimbres suficientes para ello, pero ni una cosa ni otra sucedieron en el magnífico césped de la Castellana. Apenas los consabidos chispazos de velocidad cualificada de los blancos con el mejor goleador de su historia como protagonista fundamental, Cristiano, y la suficiencia y gran toque a la larga del sevillano Ramos. Y por parte nervionense las muestras esporádicas de calidad que atesoran algunos de sus jugadores  que luego no muestran de continuo; por eso van como van en la liga.  A la postre vimos un partido amistoso donde  el guante blanco y los buenos modos fueron la tónica dominante, si exceptuamos los gritos absolutamente fuera de lugar de los maleducados del fondo sur y algunos de sus corifeos del coliseo blanco.

MADRID-SEVILLA

Cómo sería la cosa de aburrida que faltando más de un cuarto de hora para acabar el partido centenares de aficionados, cuando no miles de la media entrada gorda que hubo, abandonábamos el estadio entre comentarios abundando en la falta de intensidad del juego presenciado. Y es que, cuando falta ésta, el fútbol es como contar ovejas. Sin Cristiano en el campo y con Pepe haciendo de Di Stéfano, más la mansedumbre sevillista haciendo de comparsa carnavalesca el asunto estaba claro: mejor una barra bien surtida de buenas tapas que el soporífero espectáculo que se nos brindaba.

Pero, entre tanto, hubo detalles para la reflexión. Hay jugadores en el Sevilla que ni están ni se les espera; Negredo, por ejemplo. Y ya enlazamos con el otro fútbol, el de las motivaciones, los vestuarios y los egos. Al de Vallecas se le nota demasiado que desde su frustrada marcha hacia el fútbol inglés necesitará motivaciones extras en vena para volver a meter el pie con las ganas que un futbolista profesional precisa. El caso de Reyes es diferente; sigue siendo una sombra andante desde que salió de Sevilla siendo un adolescente consentido hacia el Arsenal. Si hubiera tenido otra madera habría sido un jugador de referencia en el panorama nacional. Y es el mismo papel que finalmente desempeñará Navas si no sale antes de la madriguera. Es el único que todavía tiene capacidad de desborde en el Sevilla, pero  se le nota a la larga que su desesperación corre pareja a su alegre velocidad. Por último, pudimos apreciar la enorme calidad del negrito espigado con nombre rarísimo que hace jugar al Sevilla en su medio campo. Toda una futura figura mundial si alguien le inculca que sin llegada nunca lo será.

Al fútbol se juega tanto con la cabeza como con el tronco y  las extremidades, pero por ese orden. Y cuando las cabezas no están, ni el de en medio tiene fuelle ni garra ni las últimas aprietan y corren. Es lo que ocurre en los partidos amistosos, que suelen ser aburridísimos.

Y pasando a los duelos, tenemos el caso del Murcia. El otro día comentaba en Onda Regional que si nadie lo remedia con urgencia, los granas, el equipo que tantos llevamos en el alma, se hunde  hacia la 2ª B de nuestros  pesares.  En el fútbol ocurre aquello de las dinámicas, y cuando ésta es perdedora hay que trabajar más la mente de los jugadores que las piernas. Ocurre igualmente al revés. Cuando se está en racha ganadora un equipo mediocre parece plagado  de internacionales con ganas. Y añadía la pena que supone ver al equipo murciano tan bien surtido en lo económico y tan mal gestionado en lo deportivo. No recuerdo ninguna otra etapa en el equipo grana con menos sobresaltos monetarios y tantos fichajes como resultados mediocres. La de dinero baldío que se lleva invertido.

E inmediatamente se me viene a la cabeza aquello que tantas veces hemos comentado quienes alguna vez hemos tenido algo que ver con el Murcia en los últimos veinte años. Qué hubiéramos sido capaces de hacer de haber tenido las ayudas y los posibles consiguientes del Sr. Samper. Y vaya por delante que,  criterios personales aparte, siempre le he reconocido el mérito de haberlo imaginado y puesto en marcha; su proyecto, me refiero.

Algunos también pensamos que quizás al ser de la cantera, como en el plano deportivo, nos miraron - o hubiesen mirado-  de otro modo los que desde el principio le apoyaron. Y no me refiero sólo a los políticos. Otra vez nuestra matrona.   
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Web Analytics