jueves, 21 de septiembre de 2017

SEGUNDA B: DE LA RIVALIDAD AL DESAFUERO

SEGUNDA B: DE LA RIVALIDAD AL DESAFUERO
Aparte de seguir a los grandes, llevo un mes disfrutando fútbol regional a destajo y a pesar de los años me sigue sorprendiendo la falta de educación deportiva y general de algunos especímenes que pululan por nuestros estadios. Y, también, me siguen emocionando los gestos de deportividad y buen rollo que conviven con la cafrería anterior (los árabes denominaron Kafir —cafre—a todo infiel del África subecuatorial).  A veces abundan los tachados así por incivilizados en nuestro lenguaje coloquial.
El sábado en la Nueva Condomina, como hace semanas en el Cartagonova, tuve ante mí en las gradas a diversos cafres de distintas modalidades, desde los simplemente deslenguados a los ignorantes futbolísticos y a los violentos en ciernes. Y es una pena que enturbien el ambiente, porque  la gran rivalidad regional que existe esta temporada en el grupo cuarto de Segunda B invita a degustar fútbol pequeño, comparado con el de primera, y no por eso menos apasionante.
He visto varios partidos dentro y fuera al Real Murcia, al UCAM y al Cartagena y me hago una idea de lo que pueden dar de sí este año. Los granas todavía no han encontrado el equipo ni el estilo que les posibilite alcanzar el ascenso, primer puesto clasificatorio mediante; objetivo confeso y obligado que se han impuesto sus dirigentes por razones obvias. Tiene dos puntas apreciables en Curto y Martín y cierta agudeza en las bandas, pero les falta fortalecer la defensa y mandar en el medio campo, aunque en esta zona tiene mimbres como Sánchez, Armando y Carnicer para hacerlo mejor. Si hubieran dispuesto de esas fortalezas habrían ganado al Écija, en Huelva y Melilla. En esta categoría es básico no encajar goles porque se suelen aprovechar poco las escasas  oportunidades de marcar y, como decía don Salvador Ripoll en su famoso decálogo futbolero, “si no te meten ningún gol normalmente debes puntuar”.
El UCAM sí tiene una defensa sólida para este nivel y contra el Murcia pareció que va apuntalando su medio campo, con Jony Ñíguez como agradable sorpresa, así como su punta de ataque con el tan larguirucho como jovencísimo Quiles —cedido del Córdoba— en plan estrella con dos golazos, sobre todo el segundo, de superior categoría. En los dos partidos que han jugado contra el Cartagena, uno en Copa en el Cartagonova y otro en Liga en la Condomina, echaron de menos ambas cualidades, y solo en Jumilla y Granada y contra los filiales canarios aprovecharon sus pocas ocasiones amparados por su solidez estructural.
Por su parte, el Efesé tiene un buen equipo titular —se le nota su base del año pasado—, para mí el mejor de los tres, pero tal vez adolezca de banquillo para mantener el excelente nivel que exhiben jugadores como Cristo Martín y Sergio Jiménez, el primero básico en el ataque y el segundo en la contención y distribución en el medio campo, bien acompañados por sus laterales y por el goleador Aketxe y el interior Chavero si gozan de frescura física. En defensa tienen altibajos preocupantes, sobre todo cuando cambian al medio centro de Los Belones, que le han costado varios goles y obligarse a ganar sobre el pitido final los puntos que lo encumbran en la tabla. A pesar del buen juego mostrado, Monteagudo deberá afinar en la gestión de la plantilla.
Es importante ver a los equipos fuera de casa para comprobar la casta, y  los tres me han parecido homogéneos en el desarrollo de su juego, circunstancia que invita al optimismo en los universitarios y los departamentales, y menos en el Murcia, que deberá  mejorar dentro y fuera y seguramente en algo más para no descolgarse; se juega la supervivencia en el envite. Solo me falta insistir con el Lorca y el Jumilla para calibrarlos.
Y volviendo a los cafres, se entiende por ancestral la inquina deportiva entre granas y blanquinegros, que no los justifica en sus extremismos ni tampoco en sus dispares trayectorias, pero de ninguna manera la desaforada e injusta animadversión de algunos forofos murcianistas contra el UCAM. Simplemente fueron mejores que el Murcia, igual que fueron inferiores ellos en su derrota en casa frente al Cartagena. En estos casos hay que reconocerlo e incluso aplaudir, al margen de la amargura interior, y olvidarse de los árbitros y los palcos, que generalmente ni marcan goles ni los evitan.

Los buenos aficionados a disfrutar y los otros un zurrón y al campo, pero con las ovejas. 

martes, 12 de septiembre de 2017

LA TABLA MANDA


En pretemporada el Madrid fue notablemente mejor, pero una vez iniciada la Liga la tabla es la que manda. Decíamos que dos resultados pueden cambiarlo todo en el fútbol, y así ha sido. El Barça aún no ha encajado un gol y comanda la clasificación, con tres victorias en tres partidos, y los merengues se han dejado cuatro puntos en casa. Esos empates con sabor a naranja amarga, ante dos magníficos Valencia  y Levante, han variado el panorama; las urgencias, ahora, por Chamartín.
Y como esto es fútbol, que decía Vujadín Boskov, las cañas de hace unos días se ha vuelto lanzas contra Zidane. Las rotaciones que antes lo encumbraron con razón ahora lo lancean con oportunismo. ¿Y cómo no?, también asoman los árbitros por la garganta profunda de don Florentino, que ha redescubierto el ancestral vicio tan futbolero como absurdo de buscar fantasmas si las cosas no salen a nuestro antojo. Y cuando un personaje así enarbola esa obviedad, que en su caso sí es más que un presidente de club, se convierte en banderín de enganche para los papistas que pretenden ir  más allá que el mismo Papa. 
¿Que el colectivo arbitral español es mejorable? ¡Toma; pues claro! Igual que lo son nuestros clubes y hasta el lucero del alba. ¿O no ha sido manifiestamente mejorable su gestión al frente del Madrid a lo largo de tantos años, como él mismo reconoció al dimitir en su primera etapa? Y hasta sus mejores futbolistas: Zidane cabeceando el pecho de Materazzi en su último Mundial, aunque le insultara a un familiar,  o el propio Ronaldo empujando al árbitro que lo expulsó, por mucho que hubiera errado.  Así es el fútbol de mejorable, como todo en esta vida.
Pero volviendo a la Liga, el Barça ha remontado el vuelo en el terreno de juego —más arriba el patio sigue mojado— con la base del equipo de antes de los fichajes, fuga y desvaríos, y su máxima figura en plan estelar. Messi, que con Argentina no levanta cabeza, ha retomado el mando y nos ha puesto a todos de acuerdo en que sigue siendo el mejor. Igual que sabemos que un Real sin Cristiano es más romo que agudo.  Contra el Levante me pareció seguir viendo a Argentina ante Venezuela; atasco monumental en el centro y en las inmediaciones del área rival y nadie para el remate dentro de ella. Y es que, si a Messi le pones al lado a Dybala, y a Banega de media punta también, le cierras caminos y diagonales hacia el gol. Como ocurrió en el Madrid contra el Levante, con Asensio, Lucas y Kroos estorbándose,  o el propio Benzema mientras estuvo e Isco cuando salió, por no hablar del batiburrillo por la izquierda con Marcelo y Theo compitiendo por idéntico espacio. Sampaoli y Zidane tendrán sus razones para esos galimatías, pero como son inteligentes supongo que no repetirán tales inventos.
Valverde, eficiente y perspicaz, al fin puso a Deulofeu en su sitio, por la derecha, y liberó a Messi, como ya hizo Guardiola, para que jugara donde quisiera sin arrancar desde la banda, y ambos lucieron sus mejores cualidades con Suárez cayendo más a la izquierda. El seleccionador argentino debería tomar nota.

Y lo de Bale es de record calamitoso. De aquel extraordinario lateral izquierdo goleador en Inglaterra, donde mejor ha lucido, a extremo por la derecha y el sábado a delantero centro en el Madrid. De muy bien a mal y peor. Un futbolista sobrado de egos y presencia física con piernas de cristal, que debería haberse dedicado al tenis, por su individualidad, y no a jugar de lo que sea para un lucimiento básicamente imaginado; camino de rubricar a Laurence Peter con lo de ir ascendiendo hasta alcanzar el máximo grado de incompetencia. Pero más culpa tienen sus cómplices. Pérez, el presidente-director deportivo, por no enmendarse, vendiéndolo, para deshacer el entuerto de su fichaje, en vez de largar a Morata —al final tendrá que regalarlo como a Kaká—; y Zidane, que sabe mejor que nadie de qué va esto, por secundarle. Morata no se hubiera ido y el Real Madrid tendría mejor plantilla que el año pasado, pero sin su canterano más rentable ya pueden encomendarse a la Almudena para que el regalo que dejó Ramón Calderón, Cristiano, no falte mucho. Los goles, razón suprema del fútbol, no se marcan con el glamur, vendiendo camisetas, en el palco, en la pizarra ni en los despachos. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

LOS PELOTEROS DE LOPETEGUI


Iba a titular esta columna con “… y Luis sonreía desde su cielo”, pero hubiera sido injusto. El de Hortaleza puso a jugar a los  bajitos, pero Del Bosque innovó con lo del falso nueve y Lopetegui los ha sublimado exprimiendo con inteligencia a sus peloteros, en especial a Isco; me lo imagino pensando como el inigualable Cruyff: si  sacan tres centrales los dejamos solos y que se marquen ellos, pero la pelota para nosotros.
A los que acumulamos nieve sobre las orejas, raijos blanquecinos o simplemente barbecho, nos parece todavía inverosímil que los  italianos parezcan una panda de pardillos al lado de los nuestros; hasta el 2008 acunábamos un compendio de acomplejamientos competitivos. Pero aquel año en Austria, de la mano de Aragonés, cambió todo, empezando por lo de saber jugar también “el otro fútbol”, que el Sabio susurraba. Y desde entonces los complejos deben tenerlos ellos. Nuestro fútbol adquirió brillo y hasta superamos el eterno mal fario con el penalti del entonces atrevido Cesc.
El sábado, nuestros peloteros dieron un recital de juego que propios y extraños, españoles y el resto del mundo, tardaremos en olvidar. ¡Qué calidad! Y todos, además, con Isco a la batuta. ¡Qué clase atesora el bajito malagueño! —menos mal que el Barça no fichó a Verratti, al que dejó retratado— ¡Y qué bella eficacia; dos tiros, dos golazos! Y también defiende. Con la dosificación de Zidane y la confianza perenne de Lopetegui ha pasado de la clase gutiniana al fútbol grande de Xavi o Iniesta.
Pero no fue el único. Busquets dictó cómo debe jugar un medio centro: radar, colocación, anticipación, toque, apoyo, calma y exquisito trato del balón. Ramos demostró que más allá del poderío físico aúna calidad en defensa y en ataque, fondo y velocidad; su carrera en el tercer gol, finalizando el partido, lo rubrica. Iniesta puso el reposo, la personalidad y el pase intencionado; Asensio el sentido vertical y el sacrificio táctico; Silva el desequilibrio entre líneas y la capacidad de presión en posición ajena; Koke cubrió el campo constantemente en una brega incansable, jugando a la primera para imprimir velocidad;  Carvajal y Alba en su sitio para sujetar bien la carga italiana hacia los costados, sobre todo por su derecha, porque por el centro España era insuperable, adornándose el merengue con sus eficacísimas subidas clásicas; Piqué, sobrio, eficiente e inmutable a pesar de los pitos de algunos insensatos aborregados, aunque los aplausos y ánimos lucieron más; y De Gea acreditó que es uno de los mejores del mundo, lanzando en largo con la destreza de un buen pelotero, que también lo es. Y Morata a lo suyo, que es el gol, salga todo el partido, medio o un cuarto de hora, en cualquier equipo que juegue; desde Raúl y Villa no ha tenido España un delantero tan eficaz. Saúl no tuvo tiempo de lucir su enorme clase y precisamente para Villa fue el broche final apoteósico que la noche merecía.
Mención especial a Lopetegui. Este joven seleccionador va camino de marcar otra época brillante en nuestro fútbol. En el tiempo que lleva ha demostrado varias facetas importantes: sabe elegir, gestiona bien, plantea excelentemente y tiene una idea clara del tipo de fútbol que otorga ventaja competitiva a nuestra selección; el que patentó Luis. Y, como guinda, no se amilana al elegir a los que considera mejores. Mantener a Iniesta y a Reina, haciendo guiños a Rico o al mismo Casillas; llamar a Aspas, Suso, Roberto, Asenjo, Nacho, Deulofeu, Monreal, Kepa y repescar a Villa lo acrisolan; es ajeno a edades, currículum, nombres y nomenclaturas. En eso, que lo engrandece, recuerda más a Luis Aragonés que a Del Bosque, aunque a ratos su mesura le acerca al marqués. Valentía, cabeza, trabajo silente, viajes constantes, organización y equilibrio; la mejor mezcla para un seleccionador.
Pero esto no es nuevo; ya lo glosamos antes. Con Lopetegui España ha hecho desde sus principios un trabajo magnífico aunque tuviera críticas en algún momento. Al final, como en la economía y las matemáticas, los números son muy cabezones y dejan las cosas en su sitio. El fútbol es más juego que ciencia, pero los resultados también mandan y hasta el momento son inmejorables. Y en lo personal, le honra su recuerdo agradecido a Villar, a pesar de tanto desmán.

Muchos esperamos con ilusión que llegue la cita mundial de Rusia; el próximo junio puede anticiparnos la alegría de las vacaciones. Estos peloteros nos hacen soñar.    

martes, 29 de agosto de 2017

EL BARÇA O LA PELOTERA PRODIGIOSA



Por mi admiración hacia el autor, tomo prestado alegóricamente el trasfondo de una de sus obras de teatro para referirme a la actualidad del Barça.  García Lorca escribió su drama en dos actos y seguiré su guión, imaginando un final deseable después de la sucesión de enredos.
El Barça necesita a alguien rico en sentido amplio: de conceptos, coraje e ideas claras, sobre todo; que encauce su camino hacia la abundancia. Ese buen vivir que tanto soñaba la impulsiva zapatera lorquiana y que el Barça añora.
El primer acto acaba con la huida del rico marido por los continuos desprecios de su joven esposa, imbuido, además, por los malvados comentarios y chanzas grotescas de sus convecinos. En este caso, el espíritu canterano y desbordantemente culé lo transmuto en el viejo marido humillado, cual la añeja Masía, y a la llamativa esposa en el trasunto del pírrico tridente. Todo para los tres de arriba, confiando vida y hacienda a la eficacia competitiva por los exitosos y efímeros inicios del Barça de Luis Enrique, que abandonó el barco devorado por la insolencia tridentina.
Ahora estamos en el desarrollo del segundo acto, con peloteras continuas e idas y venidas de dirigentes para acallar las críticas —algunas prematuramente carroñeras— lanzadas sobre un Barça abandonado por su elixir mágico: la olvidada excelencia de su deslumbrante juego con denominación de origen. Y aparecen  comediantes, clubes, intermediarios y jugadores de medio pelo a sopar en la desahogada bolsa obtenida por la fuga de Neymar, que hace cuanto puede, además, por desestabilizar a quienes abandonó por mucho buen rollo que mantenga con sus antiguos colegas; tontos útiles para sus fines. Y uno se pregunta, aunque importa ya poco, ¿cómo se fraguó ese desencuentro folletinesco entre el fichaje más caro en la historia culé y sus dirigentes?
Bartomeu y sus adláteres, que lo trajo con el encarcelado Rosell, están en una huida desbocada  por creer que todos los caminos les llevan a su ilusa permanencia. Craso error, aunque suenen en sus cogotes susurros cuchilleros en forma de mociones de censura, de venganzas en ciernes de antiguos compis —Laporta al acecho—, o los inevitables palos periodísticos por tanto desmán. Saldrán a garrotazos si persisten en la descomposición. Y tal debacle, casi todo el segundo acto del drama, por una temporada y media sobresaliente del Real Madrid y la huida procelosa de un futbolista chulesco, más aparente que eficaz en su última temporada —trece goles en liga—.
Es cierto que el Real Madrid es ahora notablemente superior, no tanto por  resultados como por ambiente de plantilla, su calidad, cantidad y  dinámica, pero tampoco es para enloquecer. En el fútbol hay pocas verdades incuestionables: los resultados mandan,  son once contra once y la suerte y el estado de ánimo también juegan,  pero es igual de cierto que dos partidos pueden cambiarlo todo. Y más cuando hay calidad. El Barça atesora jugadores que serían titularísimos en los mejores equipos: Messi, Suárez, Busquets, Piqué, Alba o Iniesta, y otros poco menos, como el polivalente Sergi Roberto, Ter Stegen o Rákitic, pero ha de llenar su despensa; ese desván canterano o muy joven de otros lares por el que apostaban para recolectar figuras. Y los tienen, aunque ahora la mayoría digan facilonamente que no —¿quién conocía a Busquets y Pedrito (estaba traspasado al Portuense) cuando surgieron, aparte del que apostó por ellos? — Y, ante todo, reencontrar un estilo inconfundible que les haga resurgir. Ese debiera ser el objetivo, y no improvisados fichajes tan gansos como desorbitantes. Paulinho, Dembélé o Coutinho no traerán  lámparas mágicas que alumbren futuro. Eso hay que perseguirlo con determinación y mimarlo cuando se halla; lo que no han sabido gestionar  tras la marcha de Guardiola. El culebrón Neymar es el paradigma de lo que nunca debieron hacer. Cruyff lo proclamó y algunos lo suscribimos entonces. Ahora pintan bastos.
Como final de esta pelotera prodigiosa, sería deseable que el viejo espíritu huido vuelva aun disfrazado de tirititero, como en la obra de Federico, y se dé cuenta y persuada a la joven esposa abandonada, el Barça actual, de que se aman: Sergi, Deulofeu, Rafinha, Aleñá, Palencia y otros lo han mamado. ¿Dejarán hacer a Valverde? Ojalá, pero lo dudo; falta el necesario equilibrio institucional.
Enfrente, el Madrid encontró en Zidane el mago que frotó su lámpara. Ahora nadie dice —decimos— que los blancos no saben a qué juegan; brillan, golean y ganan, ¡todos! El Real de su tiempo grande.   

       

martes, 22 de agosto de 2017

Y DEL DESBARAJUSTE AL TODO VALE


Dijimos que la marcha de Thiago, como la de Cesc, eran  síntomas de lo que podía avecinarse en el Barça, y los hechos lo han corroborado. Más allá de la renuncia de Guardiola a liderar al exitoso engendro que propició, muy  inteligente porque los monstruos acaban devorando a sus creadores, el tiempo y la deriva hacia otras fuentes futbolísticas han puesto de manifiesto la desastrosa gestión de quienes tomaron las riendas blaugranas, que apostaron por los fichajes de relumbrón —lo fácil en un club grande— como Suárez y Neymar, quienes podían asegurar una continuidad en el éxito; en lugar de insistir en la base futbolística que lo habían encumbrado. Evidentes son también  los numerosos fracasos incorporados, con Turán como exponente de lo que algunos nos preguntábamos: ¿qué incorporaba el turco al Barça? Y otra: ¿Alcácer mejora a Sandro?
A estas alturas me hago otra pregunta: ¿qué hubiera supuesto para los barcelonistas un centro del campo rodado estos años con Busquets, Thiago, Cesc, Sergi Roberto o Iniesta —con Rafinha y Samper a la expectativa? Creo que la continuidad del modelo basado en el magisterio de Xavi,  el implementado en la Masía por Cruyff e interpretado hasta la perfección por el dictado de Guardiola. Y aunque una golondrina no hace verano, esa apuesta genérica hubiese supuesto también que los canteranos blaugranas apostaran por buscar su oportunidad en el Nou Camp, como otros jóvenes de otras canteras, en lugar de imaginar en el exilio su destino. Bellerín es el caso paradigmático de lo que decimos, como también Asensio o ahora Ceballos, que prefirieron el Madrid. Porque una golondrina no, pero sí los calores de una filosofía que lo fue todo en sus mejores años históricos
Con la llegada de Luis Enrique había que demonizar al huido Guardiola y todo lo que representaba. No he visto un forofismo más suicida que el culé con sus ex. Cuando una figura se va del Barça se convierte en el peor enemigo, aunque desde donde esté siga siendo fiel a sus colores. Y hay que borrar todo lo que represente. Eso es ADN culé, que se dice ahora para todo, pero en el pecado va la penitencia. Con la base de Pep y los grandes fichajes hizo Luis Enrique una apuesta a corto, exitosa al principio —como un cohete de feria—,  que finalmente ha supuesto la tumba de su mejor sueño. Y ahora recogen los frutos envenenados de tal disparate: un equipo sin alma. Ha bastado la enésima fuga de una figura mercenaria: Neymar, para que el aparente tinglado se caiga. Y ahora todo son prisas y movimientos deslavazados en un club tan zumbado como zombi: Paulinho, que nada tiene que ver con el otrora fútbol de toque culé; Coutinho, un interior con cierta llegada, pero nada más, que no mejora a Sergi; Dembélé, una promesa de excelente delantero, pero no mejor que Deulofeu; y todos los etcéteras que se lo pongan a tiro, ahora que tienen pasta caliente. Y es que, como nos decía un antiguo profesor de marketing estratégico, cuando no sabemos adónde vamos todos los caminos nos llevan allí; una historia mil veces repetida.
¿Y mientras, el Madrid? Pues de copa en copa y tiro porque me toca. Con dos equipos titulares para ganar lo que se le ponga por delante, los de Zidane empezaron un ciclo en su primer año que les puede llevar, como reiteramos, a reinventar la historia de un éxito; la suya de antiguo.  Quienes siguen esta columna saben nuestra posición crítica con Florentino Pérez desde antaño, pero también que no nos duelen prendas en señalar sus bondades, y la continuidad de su figura es una de las claves del deslumbrante Real actual.  Es verdad que ni él esperaba la conjunción de astros que envuelven a los blancos bajo el aura de Zidane, pero también es diáfana su apuesta valiente por el francés en un momento delicado. Y también, que tal vez haya aprendido así a dejar hacer en el césped a los que saben. Y ambas cuestiones suponen el climax de su triunfo deportivo, unido al de la estabilidad institucional, que no es baladí para un club de su relevancia mundial.

Ahora mismo, el Barça no coge al Madrid ni con alas. La otra noche les pasaron por encima como aviones y en poco más de veinte minutos los pusieron ante sus peores contradicciones. Los merengues quitando grasa: James y seguramente Bale; y los culés engrosando cartucheras.        

jueves, 17 de agosto de 2017

DEL ÉXITO AL DESBARAJUSTE



Por habitual, es un viaje de ida y vuelta en los grandes, solo hay que mirar la historia para comprobarlo, y únicamente los muy grandes permanecen. Madrid, Barcelona, United, Bayern, Milán, Inter o Juventus, que protagonizan las mejores páginas del fútbol europeo, lo conocen en carne viva.
Esta temporada parece que el Barça continuará el calvario iniciado cuando se desarmó el grupo de futbolistas que lo hicieron el más grande hace pocos años. Y el Madrid, por el contrario, apunta maneras de continuidad en el éxito reciente desde que Florentino Pérez le confió la aguja de marear  a Zidane.
El vodevil deslumbrante de Neymar ha puesto de manifiesto la diferencia entre la lealtad canterana y el egoísmo figurón. Pero no todo es achacable a la apetencia dineraria, cuestión esencialmente humana, sino a los principios. El añorado Xavi ha dejado dos frases para la reflexión. Dice que jamás hubiera repescado para el Barça a quien desertó, quizás por Piqué o Cesc, y no entiende que nadie quiera dejar ese club. Al extraordinario jugador de Tarrasa le ha traicionado su inextricable corazón culé. Los dos primeros se marcharon de la Masía a Inglaterra por carecer de perspectivas en el primer equipo, cuando en el Barça aún deslumbraban los rescoldos holandeses y se aspiraba a los grandes fichajes foráneos: Ronaldinho, Deco, Eto’o, etc., con él mismo e Iniesta de comparsas —el manchego fue suplente en la final de París de 2006 de Rijkaard y él ni la jugó—; y Neymar se ha marchado buscando el brillo personal indiscutible y el dinero; lo mismo que le hizo cruzar el Atlántico hacia el Mediterráneo. El tan ingenuo como magnífico futbolista Xavi no debería pedirle peras al olmo, aceptando que él tuvo la inmensa fortuna de protagonizar la única etapa azulgrana donde se apostó de verdad por la cantera, gracias a los colgantes de Guardiola, coronada por su mejor época histórica. Ahora es otro cantar, aunque albergo la esperanza de que la fuga del carioca permita que Deulofeu alumbre por fin su extraordinaria clase.
Esta temporada ha empezado para el Real Madrid como acabó la pasada, con el oro de cara y una plantilla cargada de juventud, entusiasmo y clase, y mientras Zidane pueda maniobrar — ya dijimos que puede ser el Di Stéfano de Pérez—, brillará un modelo de éxito que puede propiciarle sus mejores años desde los lejanos cincuenta del siglo pasado.
Se han cambiado las tornas y parece que aquel lejano ideal de Florentino de “Zidanes y Pavones”, que tanta ilusión despertó en el 2002 para marchitarse al poco, puede hallar su lugar al sol. Los Carvajal, Lucas, Asensio,Vallejo, Llorente o Varane, con mención especial para el deslumbrante Casemiro; canteranos unos y llegados muy jóvenes otros a la casa blanca, amalgamados con las figuras actuales y las que puedan llegar, aseguran una línea de trabajo —los principios que decíamos— tan ilusionante como exitosa. Esperemos que Pérez y sus adláteres no se cansen pronto del sorprendente modelo triunfal que ni ellos mismos previeron —ni esperaban— cuando buscaron en Zidane la solución de emergencia tras liquidar a Benítez. El fútbol mundial, y en especial el español, lo agradecerán tanto como los aficionados merengues.
Quien de momento se escapa de tal montaña rusa es el Atlético, que mientras Simeone aguante tiene asegurada una continuidad en los aledaños de la cima europea. Garra, contundencia y pelea en el centro y atrás, aderezadas con los chispazos de calidad de Griezmann, Oblak, Filipe, Koke, Saúl, Carrasco o del emergente Thomas; son su base, pero la figura es el técnico argentino. Y que dure.
En cuanto a futbolistas, capítulo aparte merece Casemiro. Hace años, cuando se fue Alonso, defendíamos aquí casi en solitario su importancia; todos se empeñaban en Kroos de pivote. Crece día a día geométricamente y es el arco angular del tinglado artístico blanco; defiende, tapa, distribuye y golea decisivamente.  En cuanto a Isco,  algunos apuntan que será el segundo español en conseguir el Balón de Oro.  Dentro de su excepcionalidad será difícil cuando no lo consiguieron Raúl, Xavi o Iniesta, más laureados que él. Guti tenía tanta calidad, si no más, y siempre fue tan suplente de lujo como eterna promesa.

Enfrente, Mbappé es una incógnita, Messi sigue siendo el mejor del mundo, y Neymar, la otra singularidad del verano, no alcanzará en París la relevancia de su pasado culé; su carácter y la realidad del PSG, pese a los millones árabes, le traicionan. Tiempo y hierba.   

sábado, 17 de junio de 2017

APRENDER DE LOS ERRORES



A todos nos cuesta, y cuanto más soberbios más duro es ese aprendizaje. Alguien dijo que hay quien no se recupera nunca de un éxito, pero que, sin embargo, hay quienes basan su sabiduría en reconocer sus fracasos para empezar de nuevo desde la humildad y con la lección aprendida. Goethe lo  resumió, diciendo que su sabiduría eran sus errores, y Kipling lo versificó en su celebrado poema If: “si eres capaz de levantarte y empezar de nuevo aun con desgastadas herramientas…”
Al final de temporada es el momento de reflexionar. El Madrid corre el riesgo de morir de éxito si no valora dónde ha residido su magnífica trayectoria reciente. Zidane es una clave, pero no la única. Coincide el prólogo de la que puede ser una época legendaria con las dos temporadas en las que menos fichajes de relumbrón ha hecho don Florentino. Quizás haya aprendido el hombre, al fin, tras la fracasada política de su primer sexenio basada en los malhadados galácticos y la más próxima “mourinhesca”. Ha evitado tensiones en el vestuario posibilitando que el equipo se haga una piña, desde el reconocimiento de los llamados jugadores B a los titulados de A, con la guía fundamental de un técnico con la aureola del francés. No son menores esos dos detalles. La inquietud reside en que el presidente blanco vuelva al gusto por los nombres y siembre la cizaña en un grupo tan cohesionado como eficaz. El antídoto será dejar hacer a los que saben, Zidane y compañía, para limitarse a ejercer su presidencia con elegancia una vez que está a punto de dejar la poltrona de su empresa y, por ende,  a alejarse de tentaciones más terrenales. Con el nombramiento de Zidane, Pérez ha hecho de la necesidad virtud y esperemos que lo valore en su sabia medida. La renuncia a De Gea, que no comparto, es una buena señal, no obstante.
El Barça, por el contrario, se obnubiló con los fichajes y olvidó que su época más gloriosa, la de Guardiola —tan absurdo adalid político como fenómeno futbolístico, como ya comentamos, ¡y no aprende!— y en parte la primera de Luis Enrique, vino de la mano de sus canteranos, que si bien han sido una generación casi irrepetible empezó a difuminarse con el olvido de su esencia; permitir la salida de Thiago, o el desprecio por el ahora deseado y reconvertible Deulofeu fue sintomático. Y lo de tapar la progresión de otros fichando a diestro y siniestro, la culminación. Y tienen difícil volver a la senda correcta porque cuando se corta esa dinámica la cantera también se esturrea. Viendo el otro día al Barça B contra el Cartagena confirmé mis temores; apenas un par de jugadores apuntan maneras. El drama culé será volver a las andadas: un club donde juegan los mejores del mundo sin ser un equipo; su sino del siglo XX, en el que solo la engañosa suerte tinerfeña posibilitó el paréntesis del equipo de los sueños de Cruyff.
A nivel regional, el UCAM hizo un presupuesto demasiado modesto para  su primera temporada en Segunda y ahora tendrá que acometer la ruina de hacer un equipo con posibilidades de ascenso en Segunda B. La igualdad es la tónica en la división de plata hace años, y solo la garantía de un par de futbolistas de doce o quince goles posibilita la permanencia, e incluso con el acompañamiento de otros dos que la muevan con criterio en el medio se puede aspirar a más. Los universitarios tuvieron el acierto de mantener el bloque defensivo, pero no acertaron con lo demás, incorporando más roca en el centro y retales engañosos arriba. Solo Jona ha dado la talla, aislado y sin recambio en la punta del ataque. La suerte no ha acompañado, es cierto, pero hay que buscarla antes.
El Lorca enseñó el camino y al Cartagena también le falló el gol. Si en el fútbol es lo determinante, en Segunda B mucho más. Con jugadores solventes atrás, si tienes gol aseguras el éxito; no se practica un fútbol vistoso y hasta aprovechando el juego en largo te metes arriba. El fracaso blanquinegro ha sido su orfandad goleadora, que no su juego. Desaprovechar el mercado invernal fue el error.
Y el Murcia supo resolver el tema goleador, pero tal vez no la falta de empaque atrás y en medio. Aunque el problema grana, desgraciadamente, está más allá del terreno de juego. ¡Qué pena por su magnífica afición

miércoles, 7 de junio de 2017

EMPERADORES DEL FÚTBOL


El Real Madrid recuperó su trono de rey de Europa, lo que apareja ser otra vez el mejor club del mundo. No hay otro equipo que se pueda equiparar en títulos, en abolengo ni en prestigio.
Pero, con ser eso tan espectacular como indudable, lo más sorprendente es que tras ganar tres Champions en cuatro años se puede decir que estamos solo en el inicio de otro ciclo legendario. Una etapa que podría denominarse como la de Zinedine Zidane. Ese técnico tan elegante, eficaz, humilde y luminoso en lo personal como extraordinario fue de jugador. Le han bastado diecisiete meses en la silla eléctrica que supone ser técnico del Real para cambiar la historia blanca. No hablamos ya de un equipo con tres grandes títulos en su año y medio en el cargo, con ser mucho, sino de una plantilla con la calidad, la dinámica y juventud suficientes para encarar el futuro con las máximas garantías. Y los que vienen: Theo, Vallejo, Llorente y hasta De Gea, lo más probable, van a poner en serios apuros a otros jóvenes consagrados en la etapa más gloriosa merengue desde los lejanos tiempos de Di Stéfano y Gento. Varane y Casemiro, por ejemplo, tendrán que amarrarse bien los machos para no ver su titularidad en el aire. Y Marcelo o Keylor, que han hecho un final de temporada fantástico, van a tener dura competencia en sus puestos. Ese esperanzador aire fresco en el Real Madrid no es fruto del azar sino de la importancia que el técnico francés le ha dado a todos los componentes de la plantilla; la piedra angular de su gestión. Espíritu que se contagia a quien sueñe con ser jugador blanco y tenga posibilidades.
Un amigo y buen conocedor del fútbol nos decía hace poco que Zidane no sabe leer los partidos. Supongo que tras la final de Cardiff habrá cambiado de opinión, o al menos estará conmigo en que este hombre aprende en progresión geométrica partido a partido. Tras una primera parte en la que la Juventus fue mejor porque sus jugadores se anticiparon casi siempre a los del Madrid, en la segunda, sin cambios, varió el panorama desde el primer minuto. Los blancos presionaron a los italianos en su campo y cambiaron las tornas. Supongo que la “zinedina” fue de aúpa en el descanso. Les diría, poco más o menos, que con la actitud mostrada no merecían ganar la Champions. Sé de buena tinta que en el enfado es tan magnético como en la sonrisa. Quizás por eso apenas celebró el primer gol de Cristiano y, sin embargo, cuando marcó Casemiro, ese paquete brasileño que dicen algunos comentaristas —¡vaya vista tienen!—; saltó en la banda como un tigre. La misma agresividad que sus jugadores lucieron en la reanudación, con tres tiros a puerta consecutivos y seis balones robados en el medio campo transalpino en menos de un cuarto de hora. Y por contagio, como se transmite la garra madridista desde don Santiago Bernabéu —su famoso ADN—, vino el tercero del enorme Ronaldo y finiquitó el partido. El cuarto de Asensio fue un adorno con los lobos juventinos transmutados ya en corderos.
En esa segunda parte, tras la bronca, funcionó todo: los laterales, el juego interior, la anticipación, la combinación al toque y en largo, la velocidad, la suerte y hasta el otro fútbol, que decía Luis Aragonés; la expulsión del colombiano Cuadrado fue producto del juego pardo de Ramos, cuando en la primera parte todo eran quejas, por pardillos; ¡hasta Mandzukic parecía Francisco de Asís!
Dicen por ahí que el conocimiento y las habilidades suman en la vida, pero que la actitud multiplica; en el fútbol mucho más. Y cuando se junta el talento con la actitud, solo el orden y la reciedumbre son insuficientes, como viene a decir Valdano.
Ya tiene el Real doce Copas de Europa en sus vitrinas y treinta y tres Ligas. Don Florentino ha encontrado al fin el icono que, ahora sí, le encumbra al pedestal de don Santiago. Hace tiempo aseguramos que Zidane podía ser su talismán, y lo más asombroso es el poco tiempo que ha necesitado para llegar, él también, a la peana de don Alfredo.
Con los mimbres y el espíritu que ha logrado amalgamar amanece un tiempo nuevo para su vetusta y laureada institución. Será difícil desbancar al Madrid de Zidane y Pérez de la cumbre futbolística mundial. Ahora, como antaño, todos quieren vestir de blanco emperador.


lunes, 22 de mayo de 2017

PERSEVERANCIA, CREATIVIDAD Y AGONÍAS


Una Liga, una Champions, un ascenso o un descenso, aunque a veces pueda parecerlo, no se ganan ni se pierden en el último minuto del último partido, ni por los árbitros o la fortuna, siempre necesaria en cualquier juego; perseverancia es la baza, como en la vida.
Es sábado y mañana el Real Madrid entonará el alirón frente al Málaga de Michel, dejando atrás sus demonios tinerfeños a manos de los chicos de Valdano, a quien los forofos blancos mantienen en el baúl de sus fobias. Y no por aquello, superado por un cinco a cero con él de técnico en el Bernabéu a los blaugranas del hípercreativo Cruyff, su bestia negra entonces, sino por cuitas comunicadoras más recientes derivadas de una supuesta inquina suya con el madridismo florentinesco.
Luis Enrique hubo de recrear con Suárez y Neymar la gloriosa creación canterana de Guardiola, a quienes asoció meritoriamente con el príncipe Messi , circunstancia de la que algunos dudábamos, sobre los rescoldos del legendario sistema que entronizó don Pep. Y aunque le salió bien sus primeros años, ha acabado devorándole.
Al más billetero que creativo Pérez, su apuesta por Zidane también le salió redonda a la primera. Don Florentino, muy acertado, halló el talismán que lo encumbrará finalmente al Parnaso de las glorias blancas, diecisiete años después y  mil trescientos millones de euros gastados en fichajes mediante, que se dice pronto. Y hay que felicitarle, por mucho que se le puedan criticar otras cosas. Lo que es el fútbol: hace tres años meditaba una segunda espantada porque tampoco veía el camino de sacarle punta a su segundo proyecto, pero aquel cabezazo de Ramos en el noventa y tres en Lisboa iluminó las sombras que rumiaba con sus más cercanos. La duda  es que el omnímodo mandamás no se aburra pronto de su propio éxito, veleidoso como es, y opte por buscar horizontes alejados de su guardiolesco Zidane enarbolando su errónea máxima: ser entrenador del Madrid es lo más fácil del mundo porque basta con sacar a los mejores. No creo que cometa tamaño error; demostraría ser tan poco inteligente, y no lo tengo yo por tal, como cuando presume de sabelotodo futbolero.
Si los blancos ganan esta Liga, por lo que venimos apostando hace meses, será porque habrán sido mejores —y si no, lo sería el Barça—, y como dice elegantemente el propio Luis Enrique, habrá que dejarse de excusas y felicitarles. Y lo mismo con la que sería su doceava Champions. Además, ambos logros, tendrían el valor añadido de finiquitar la hegemonía blaugrana en el siglo XXI y el inicio de otro reinado merengue, tanto nacional como europeo.
Bajando nivel, el UCAM ha logrado hoy un merecido triunfo, quizás suficiente para mantener la categoría. De ahí el alborozo en el banquillo de los universitarios, invasión de campo incluida, cuando el aguileño Morillas hizo el tercer gol al final del partido. El equipo de José Luis Mendoza está a dos o tres puntos de conseguir su modesto objetivo para este año, de la mano de un buen entrenador con los mimbres —salvo Iban Salvador— que heredó del agonías Salmerón, que nos recetaba triste sufrimiento hasta el final jugando con nueve o diez por detrás del balón y largando pelotazos hacia arriba; les he seguido toda la Liga tanto dentro como fuera. Francisco ha dotado de un creativo estilo de guerrilla a sus jugadores, suficiente para imaginar que con él en el banquillo desde el principio los azulones hubieran navegado por mitad de la tabla, superando la precaria realidad de ser los terceros con menos presupuesto de Segunda División.
Comprobada la igualdad en esta categoría, el año próximo deberían perseverar en su ambición deportiva a todos los niveles y aspirar con un presupuesto más generoso a otras metas, como en baloncesto. Tienen el espíritu, la categoría institucional, la base deportiva, la dirección técnica adecuada y una afición creciente, y esperemos que la creatividad para no padecer otro año lastimero.
 Y el Real Murcia galopa con suficiencia hacia el ascenso; en Pontevedra lo manifestaron. Deseado Flores ha demostrado creatividad futbolera dotando de eficacia y murcianía al legendario equipo grana; ¡gran acierto! Ojalá alcance su meta, junto con el Cartagena de Belmonte —en la dificultad reside el mérito— y el Lorca, y el año próximo disfrutemos de cuatro equipos murcianos en Segunda. ¿Lo imaginan?

 Si soñar es vivir ideales, la realidad más noble es luchar por ellos. ¡Imaginemos sueños y fuera agonías! 

martes, 16 de mayo de 2017

LAS CUARENTA DEL MADRID


Con el rey y el caballo de la muestra es difícil perder al tute, y si pintan Champions el Real suele acompañarlos del as copero que luce en su competición aurea. Y acostumbra a cantar las cuarenta para tormento de sus rivales. Últimamente le ha tocado al Atlético de Simeone sufrirlo, que tiene todo el mérito del mundo. Su problema en la vuelta no era hacerle goles al Madrid, su debilidad, sino evitar que los merengues hicieran alguno; su punto fuerte.
Pensando en eso y en Cardiff, me vienen a la memoria Ámsterdam, Viena y París, donde el Real Madrid perdió contra el Benfica de Eusebio en  1962, el Inter de Helenio Herrera y del enorme Luisito Suárez en el 64, y en el 81 contra  el Liverpool de Kennedy.  Pero inmediatamente me revolotean las otras once finales en las que los blancos labraron su reinado europeo. Recuerdo mi decepción infantil acompañado de mi padre viendo en blanco y negro en la televisión del extinto Hotel Regina de la calle Riquelme, junto a casa y donde se concentraba entonces el Real Murcia, por la decadencia continental del equipo comandado por Di Stéfano, y la suya propia, que había ganado cinco Copas de Europa consecutivas y donde brillaban los inolvidables Puskas y Gento. Aquellas penas se disiparon en el 66 con el triunfo del Madrid ye-yé sobre el Partizán de Belgrado en Bruselas, en el que diez españoles jovencísimos capitaneados por mi ídolo Gento ganaron la sexta, con Amancio en plan estelar.
Luego vino una larga sequía de quince años hasta el disgusto parisino, y otra larguísima hasta llegar de nuevo a Ámsterdam, donde había comenzado mi recuerdo en vivo de las duras y las maduras, más allá de las ondas radiofónicas, para el alegrón que nos brindó el equipo de Mijatovic al mando del incomprendido Heynkes.  Y a partir de ahí el Real retomó su dominio europeo con la octava en París de Raúl contra el magnífico Valencia de Cúper, a la que asistí con mi hijo José Luis y dos sobrinos; la novena de Glascow que siempre llevará el acento de la apoteósica volea de Zidane, y primera de Pérez; la décima de Lisboa,  asociada al cabezazo épico de Ramos; y la azarosa por penaltis de Milán, que supuso su undécimo entorchado europeo.  Catorce finales con once triunfos. Ahí residen las cartas ganadoras del Real. Como decía acertadamente el sabio Luis Aragonés, los subcampeones no se recuerdan.
Pero para llegar a la docena se nos ha puesto un mal pájaro en la bardiza, que decíamos por la huerta. La Juventus del rechoncho Higuaín y de Khedira —con el mal fario de los ex— es un equipo de notable alto en todas sus líneas, con las excepciones sobresalientes de Buffón, Bonucci, Alves y del joven argentino Dybala, que uno por uno no asustan pero en conjunto son temibles; sobre todo en defensa. Es complicado golearles porque defienden superando la raíz del calcio italiano. Y lo hacen todos; ahí estriba el éxito de Allegri. Un acorazado con cañones certeros que rentabiliza como nadie sus contados goles para lo que deberían ser los números de un equipo de su categoría: seis ligas italianas seguidas y dos finales europeas en tres años. ¡Ojo al dato!, que diría el recordado García.
En cuartos contra el poderoso Barça anticipamos que a Suárez le harían su juego imposible, y que Messi y Neymar deberían afinar el goniómetro para enchufarla desde fuera, y sucedió lo que no queríamos: demostraron su juego granítico dejando en seco al mejor jugador del planeta. El Madrid es otra cosa en Europa y no padece anemia goleadora, pero el mejor goleador del mundo, Cristiano, deberá reiterarlo. Él tendrá la llave de la doceava.  Zidane deberá tomar una decisión crucial: Isco o Bale. Si juega el malagueño todo irá dirigido a que el portugués cumpla, de lo contrario, los esfuerzos de dividirán y esa será la gran ventaja de los legionarios turineses. Don Zinedine, que es bravo aunque a veces su mesura parezca manseo, deberá mirar antes a su vestuario que al palco o a la grada galesa;  ya lo hizo con Casemiro. En una final no caben nomenclaturas millonarias, nombres, caprichos ni botafumeiros.
Ganar el rey y el caballo con el as europeo de copas será su consolidación; Liga aparte. Deberá saber jugar las cuarenta que tiene en la mano.  A estas alturas, ser segundo no vale. Ni diplomático tampoco Y consentidor, menos.    

  

miércoles, 10 de mayo de 2017

ZIDANE Y SIMEONE, O "LA REVOLTOSA"


Cuando a finales del XIX López Silva y Fernández Shaw escribieron “La Revoltosa”, con el maestro Chapí, el fútbol no existía, pero de alguna manera anticiparon en su patio madrileño el ambiente que hoy se respira en el Madrid futbolero. Zidane y Simeone, cuan Felipe y Mari Pepa, se aman en silencio y desean sus contrapuestas virtudes futbolísticas.
El francés hizo salir al Bernabéu a sus jugadores con el objetivo prioritario de no encajar goles, que era el fútbol del libreto particular del argentino, y este inculcó a los suyos la prioridad de hacerlos. El mundo al revés. Por eso, los atléticos siguieron fieles al sensible cambio dibujado por Simeone esta temporada y dejaron solo a Gabi con la escoba del medio centro. Esto ha supuesto perder su antigua seña de identidad y encaramarse al loable carrusel del juego lucido, como vitola necesaria para dar un salto de calidad a los colchoneros, una vez demostrada su capacidad de permanecer entre los mejores de Europa.
Zidane, que ha tenido el acierto y la valentía de consolidar al joven Casemiro en el centro equilibrante de su juego, cuenta con el mejor goleador del mundo y seguramente de la historia. Hace meses, cuando  incluso le pitaban en el Bernabéu, comentaba con mis cartageneros de los miércoles, Pepe Cano, Ángel García —que colecciona experiencias relevantes —, Julio Mínguez y Pedro Conesa entre otros, y señalaba aquí, que Cristiano Ronaldo seguirá marcando goles juegue dónde y como juegue, aun con menos velocidad, y que si continúa los años que le quedan de fútbol encabezará a los goleadores históricos. El tiempo, juez incuestionable de todo lo mundano, dará o quitará razones, pero de momento apunta a eso.
Don Zinedine aprende partido a partido y demuestra que la exitosa flor que le atribuyen es un jardín de aciertos, aunque le salga alguna rosa negra. Ha tenido que lesionarse Bale, el segundo ojito derecho de Pérez —el primero fue Benzema—, para acertar con la tecla que tan certeramente le señaló Kroos: jugar con cuatro mediocampistas, aunque en realidad uno, Isco o el de turno, sea un media punta y otros dos  interiores muy ofensivos. No puede ser de otra manera en el Madrid, donde jugar para atrás no ha sido nunca reconocible ni está bien visto.
Respecto al malagueño, he comentado con otros amigos dos convicciones. A Faustino Cano, compañero de aventuras en el Real Murcia  que lamentaba con razón que a veces Zidane no pone a quien lo merece, por la suplencia inicial de Nacho; le apunté que el virtuoso Isco debería jugar con menos toques, mostrándose continuamente para agilizar el juego blanco, tipo Xavi, en lugar de querer  protagonizar jugadas de Guinness. Su calidad lo permite y el físico se lo agradecería. A mis entrañables Paco Vera, Ildefonso Morcillo, Carlos Ovejero y Oscar, colegas semanales de frontenis, les he confiado que así jugará poco en el Madrid. Y les recuerdo que Guti atesoraba más calidad y condiciones físicas que él y nunca fue titular indiscutible. Hace poco nos decía a un grupo de futboleros el legendario Asensi, que el Flaco —por Cruyff— les dijo nada más llegar al Barça en 1973 que la que debería correr era la pelota, y añadió con sorna que Charly —por Rexach— decía que correr era de cobardes. Resumía, con el ejemplo de Busquets, que siendo la velocidad imprescindible la mental es la más determinante.
Zidane lo sabe y por eso anda haciendo probaturas con el cuarto medio en cuestión: Isco, James y Kovasic, con condiciones diferentes, se rifarán el puesto hasta que alguno lo entienda también, porque Lucas y Asensio son extremos más que volantes en su polivalencia, o hasta que venga alguien aprendido, que vendrá. Mientras, aprovecha a todos con notable fortuna.
Igual que Simeone sabe que debe salir del Atlético para crecer. En España y Madrid está condenado a ser un segundón, reñido con su carácter, porque lo han encasillado en el fútbol aguerrido, y el vistoso, de momento, no le sonríe con los atléticos. Quizás su valiente apuesta de este año sea querer demostrar lo que le niegan: que puede ser técnico para equipos como Real o Barça. Italia y Francia lo esperan.

Así, los protagonistas de esta Revoltosa futbolera separarán sus destinos. Zidane continuará cultivando flores triunfales, y que dure, y Simeone cardará otros hilos para hacerse el traje florido que anhela. Ojalá inaugurara el nuevo estadio porque el drama colchonero sería encontrarle sustituto. 

martes, 2 de mayo de 2017

DE CATORCE PUNTAS



Los equipos grandes, el Real Madrid sobre todo, mantienen sus esencias en el ánimo de propios y extraños con un gran trofeo cada año. Y cuando no cae esa breva hay que cebar la bomba, en palabras del presidente Pérez, con fichajes de relumbrón. Otros, como el Barcelona, tienen alguna  baza más para caldear su ambiente; la política, por ejemplo. El problema es que el  España nos roba, también en lo deportivo, no tiene un pase más allá del Ebro o de los Pirineos, y en caso de anemia deportiva solo algún árbitro puede ser la percha de sus fracasos.
Pero hay otros símbolos de catorce puntas que también son el objeto del deseo de sus mandatarios ocasionales; en el caso del Madrid, don Florentino es el paradigma. Nunca en ningún momento de su historia, ni siquiera cuando Bernabéu, hubo un personaje de su calibre en busca de piezas de museo. Esa práctica era más bien una costumbre ancestral en el viejo Barcelona, que buscaba así colgar de sus paredes lo que no conseguía para sus vitrinas.
Afortunadamente, el dinero no es garantía de títulos en el fútbol, aunque acompañe poderosamente. De ser así, el Barça hubiese barrido en el siglo XX y el Madrid desde que Pérez accediera a la presidencia blanca en el 2000; la historia demuestra lo contrario. El circo, las pasarelas y los trofeos colgados de la pared son una cosa, y los terrenos de juego, el fútbol y sus vitrinas son otra muy distinta; ahí radica su grandeza.
También el mismo poder es muy diferente en el fenómeno futbolero. Hemos reiterado que en el Barça reside en el césped: Messi; en el Atlético en el banquillo: Simeone; y en el Madrid en el palco: Pérez. Y cuando se perpetúan aparecen sus ultras, que como se dice en la religión cristiana católica son más papistas que el propio Papa.
Así, ahora andan algunos preparando antorchas para quemar a Zidane en le pira del supuesto fracaso madridista. Y lo hacen enarbolando la bandera florentinista de que el omnímodo presidente blanco no soporta una temporada en blanco sin colgar en su retablo particular la cabeza de turno. Particularmente no creo que sea el caso. Quienes siguen esta columna saben y me han comentado a veces mi actitud crítica con don Florentino, aunque sea por la demostrada trayectoria de su gestión deportiva, que contiene con los números en la mano más sombras que luces; pero también saben que nunca he regateado elogios a su brillantez e inteligencia. Es un hombre que más allá de la formación académica ha ido aprendiendo de la vida; creo que a estas alturas es más importante su bachiller callejero que su ingeniería de caminos.
Dimitió en el 2006 reconociendo que había maleducado a las figuras de catorce puntas que fue acumulando desaforadamente, con el error  gravísimo añadido de finiquitar a Del Bosque, que aún tuvo tiempo después de ser campeón de Europa y del mundo con España. Por eso intuyo que esta vez no cometerá el mismo error con Zidane. Quien puede ser “su Guardiola”, a poco que le dé tiempo, sobreviviría al desastre de no ganar nada este año, que no creo, y podrá planificar la próxima temporada  aprendiendo también de los errores de la presente. Y ha tenido tres muy gordos: quedarse con un solo medio centro, Casemiro; apostar por la continuidad de Coentrao, sin cubrir las espaldas de Marcelo; y a día de hoy todavía sigue con su empeño de hacer balón de oro, siguiendo las ilusiones de su presidente, a un futbolista como Bale con físico de cristal.
Gran gestor de egos y de recursos; la prueba más evidente es mantener a todos sus profesionales súper motivados, tanto los de catorce como los de menos puntas; sabrá elegir también sin duda su próxima plantilla. La que debe consolidar su todavía cortísimo reinado. Y presumo, además, que será muy joven, por aquello de hacer historia de la buena. Al francés le une un bachiller callejero parecido con su presidente; seguramente la vida le habrá enseñado más que el propio fútbol. Se le nota, sobremanera, en la sencillez que vende, que es la divisa de los verdaderamente importantes.

Esta vez, el más grande de los catorce puntas blancos seguirá al timón porque la quinceava es la que une su destino al del baranda superior. Es el limpiador que puede blanquear para los restos los baldones de don Florentino. Hay Zidane para rato; y Pérez.             

martes, 25 de abril de 2017

DE HOMBRES, HOMBRECILLOS Y VICEVERSA


Con mi amigo del alma y torero, que no taurino, el maestro y académico Marcial García, comparto entre otras cosas las enseñanzas de un ilustre profesor de vida franciscana que quiso bautizarnos de humildad, aparte de ilustrarnos en Filosofía y a él especialmente en Latín y Griego. Don Pedro Ortín quiso enseñarnos el regalo de la sencillez y expresión lingüísticas y del lenguaje directo, y otro antiguo profesor de Ciencias Naturales, don Miguel Baños, a distinguir entre hombres, hombrecillos, monicacos, monicaquillos y m….
Acabados los cuartos de Champions y al margen del sorteo de semifinales, relativamente decisivo a estas alturas, quedan algunas evidencias.
Como aventuramos, nuestros grandes han estado en las uñas del gavilán, y mientras los equipos madrileños se han salvado justitos, cada cual con su estilo, el Barça ha confirmado que todo ser vivo tiene principio y  fin. Bartomeu debe enhebrar un nuevo cesto y no lo tiene fácil. Messi, la piedra angular azulgrana, es el capo di tutti en el vestuario y fuera, lo que supone un fielato tan inmanejable como imprevisible. La historia futbolera es rica en abismos parecidos.
Mientras, Simeone retornó a sus principios con Giménez de escudero de Gabi para contener la avalancha del Leicester, soltando a sus lebreles con su grande Griezmann para cazar algún gol y la eliminatoria; y Zidane fio la administración de su ventaja a la enorme presión del Bernabéu y a la superioridad de sus grandes, en especial Cristiano y el sorprendente Asensio, para eliminar al  equipo más compensado de Europa hoy — sin expulsiones hubiera sido distinto—, que se permitió el lujo de dominar durante gran parte del partido en ese estadio donde, según Juanito, un partido parece durar más minutos que los noventa reglamentarios. Y en este caso con los treinta añadidos de una prórroga inesperada porque el Real debió ganarlo antes por méritos globales en Múnich y Madrid. Luis Enrique, sin embargo, afrontó el partido de vuelta como quien pide la eutanasia para una muerte digna, víctima sin esperanza de unos primeros cuarenta y cinco minutos infames en Turín.
Y llegamos a los nombres propios. En la categoría de hombres, sin adjetivos, entrarían Zidane, excelente gestor de recursos, por su elegancia, señorío y sencillez a las buenas y a las malas; Cristiano, por aparecer en los momentos cumbre; Simeone, Griezmann y Saúl, por inteligencia y oportunidad supremas; Allegri, Dybala y Sandro por asomarse con categoría a Europa; y la afición culé por el sentido homenaje a sus jugadores en la derrota.
En la de hombrecillos, pero relevantes, a cuantos propiciaron las victorias merengue y colchonera desde sus resignados segundos planos, así como a los legionarios de la Juventus, sin grandes estrellas, y a Mbappé y sus compañeros y técnicos del Mónaco por su enorme éxito frente a un machacado Borussia, más por circunstancias extradeportivas que estrictamente futboleras; que también.
Ancelotti, de un modo inverosímil dada su moderada trayectoria, encabezaría la de monicacos por su injustificada rabieta tras ser eliminado, sin reconocer que no fue casualidad ni injusticia arbitral.  Siendo ciertos los errores arbitrales en el Bernabéu en su contra, no lo son menos el penalti injusto a su favor que no aprovecharon en Múnich, el fuera de juego de Lewandowski antes del  autogol de Ramos, su clamoroso error quitando a Xabi, que propició la subida de Casemiro al minuto siguiente para facilitar el empate a Cristiano; y que no supieron rentabilizar su buen juego parcial en ambos partidos.
Una vez más, Piqué entraría en la de monicaquillos. Dar la nota es imprudente, pero hacerlo de un modo tan tonto diciendo que en el Bernabéu están acostumbrados a pitar a su equipo, aun ganando, es tanto como señalar a los aficionados merengues de exigentes, como debe ser, y a los suyos de forofos simplones; poco menos que tragaldabas. Y no es eso, como hemos ponderado.
Finalmente, en la de la eme escatológica entrarían algunos directivos culés y sus comunicadores bufanderos del Sport, RAC 1  y el Mundo Deportivo fundamentalmente, rasgándose las vestiduras por el justo pase del Madrid, olvidando su discutible pasado reciente con el PSG. Y sus homólogos merengones, alegrándose sobremanera de las desventuras ajenas y alabando sin tasa las glorias propias, que no dejan de ser efímeras.  ¡Ay, como al final pinten rojiblanco!, que tiene menos pesebreros.

Para entendernos, Marcial, en lugar del clásico “sic transit gloria mundi”, habría que decirles con nuestro cachondo don Miguel: “hijos que tenéis padres, padres que tenéis hijos, ¡¡¡melones!!!” 

lunes, 17 de abril de 2017

EL AZAR Y LOS GRANDES



Por Can Barça lamen heridas, en el Calderón templan gaitas y en el Bernabéu cantan glorias. Ya comentamos que habría más soleás  que  bulerías en estos cuartos de Champions porque la suerte nos fue esquiva en el sorteo. En la mitad de la eliminatoria tenemos perspectiva.
Luis Enrique dice que no erró en su planteamiento, y quizás solo lleve su razón. No le dejan cambiar más de medio equipo y sigue empeñado en jugar sin laterales de largo recorrido; su apuesta más personal. Jugar con tres centrales y cuatro medios; o cinco, si Messi se empeña en ser interior; porque Sergi Roberto es un mediocampista más, ha supuesto el ostracismo de Alba, su defensa más agresivo y el acompañante ideal de Neymar en la banda izquierda, dada la tendencia del brasileño a las diagonales hacia dentro abriendo el ángulo de su pierna buena. Y eso, cuando Iniesta entraba también por ahí podía ser un acierto, ya que dos en banda son pareja y tres multitud, pero el manchego juega ahora más centrado intentando llenar el vacío inabarcable que dejó Xavi.  Hay quien dice que  cuando está Busquets pueden acuchillar más,  pero en Málaga estuvo y el Barça también fue romo. No nos engañemos. Es cierto que Mascherano ya anda muy justo para jugar en el medio; recordemos cómo está Argentina; pero tampoco Mathieu y Piqué son Ferraris, y solo Umtiti atesora rapidez. Para la apuesta del asturiano se precisan al menos dos velocistas atrás, y esa es la otra aportación que podría hacer Alba, aunque se resintiese el juego aéreo. Así, el empeño del técnico azulgrana le va a costar la Liga y seguramente no pasar a semifinales en Europa. Milagros como el sucedido ante el PSG ocurren rara vez, y la Juventus es otra cosa, como aventuramos y pudieron comprobar Neymar y Suárez —salvo que aparezca Messi, el más grande—. De todas formas, solo Buffon pudo superar al azar, ya que si Iniesta hubiese acertado en su mano a mano, o Suárez, otros gallos cantarían. A veces, aun jugando mal, la suerte o la grandeza superan la realidad. Y los de Allegri  tuvieron las dos; tres paradones y  dos tiros del extraordinario Dybala, el otro grande de la noche, supusieron su puerta a cero y dos golazos.
Como la tuvieron el Madrid y el Bayern en Munich; cada cual a su manera. Los  blancos cantan un buen partido, pero solo lo fue la segunda mitad, a raíz del empate. ¿Qué hubiese ocurrido si Vidal acierta en el penalti injusto que falló? Pues con dos a cero el asunto hubiese pintado mal para los de Zidane. Y aquí no hubo grande, pues el chileno se quedó a medias tras su impresionante primer tiempo. Tampoco nos engañemos. Ya advertíamos que Bale no estaba para sentar en el banquillo a nadie, y solo cuando Asensio lo sustituyó el Real cuajó su gran noche. ¡Qué mal empeño hacia el palco, don Zinedine! ¿Por qué Vázquez en la grada? También ayudó la expulsión de Javi Martínez, pero antes sí hubo tres grandes merengues: Carvajal y Casemiro, sublimes, y Benzema, y después un cuarto;  el enorme Cristiano. ¡Y eso que está acabado, según algunos! La suerte ayudó, pero también fue esquiva con el imperial cabezazo del francés; entre el otro grande de la noche, Neuer, y el larguero impidieron el primer gol blanco en la primera parte, y el Madrid hubiese resuelto antes. Los de Zidane pasaron por encima de los de Ancelotti física y anímicamente en cuanto Ronaldo hizo el primero. Y como reconoció el italiano,  tuvieron la fortuna de que su grande impidiera con varias intervenciones categóricas que el Real liquidara la eliminatoria.
Y el Atlético de Simeone dejó con vida al Leicester; mal asunto. Los de Shakespeare ven puerta con facilidad en su estadio y los madrileños tendrán que salir a marcar en Inglaterra. Su pírrica renta no bastará. Y es que, contar con solo un grande, Griezmann, lastra sus posibilidades. Torres hace de mascarón de proa para que el francés no sienta en la nuca el aliento de los centrales contrarios, pero no hace los goles de antaño. Su mayor virtud, el desmarque por velocidad, precisa de su antigua potencia. Faltó su golito o el de sus interiores, Koke, Saúl y Carrasco, y Correa salió demasiado tarde. Últimamente tiene que golear Filipe Luis, y eso es una mala noticia para los colchoneros. A falta de más grandes, necesitarán más suerte.

       

lunes, 10 de abril de 2017

LIGA BLANCA Y ZAFARRANCHO EN EUROPA



Con el pronóstico liguero confirmado, nuestros tres grandes afrontan el sprint final europeo. El Madrid ganará la Liga que tanto se le resiste a pesar de su juego irregular, ya que es el mejor tuerto en el reino bicéfalo de los ciegos. El Barça, la otra cabeza, sigue enjugascao con el disparate de rotaciones que Luis Enrique baraja de medio campo hacia atrás, porque delante no se atreve ni le deja Messi. Y Zidane, a pesar de que tuvo fortuna en Leganés y Éibar, otro tanto de lo mismo. Solo que rota menos, porque en el centro también tiene a dos señalados desde la prensa y el palco. Y claro, si arriba hay tres fijos —Ronaldo, Bale y Benzema— y detrás cinco —Kroos, Modric, Marcelo, Ramos y Navas—, poco tela queda por cortar.    
Esperemos que en Europa no se confirmen los temores que también dijimos,  porque Simeone travista a los del Leiscester de blancos o blaugranas para mentalizar a los suyos, que Luis Enrique compita de verdad en vez de distraerse viendo jugar a sus artistas y no le ocurra en Turín lo de Málaga, y que Zidane acierte contra los de Ancelotti y se deje de guiños al palco para sacar a los mejores, que no son los supuestos buenos, precisamente; Bale está para darle descanso, y Kroos, Modric y hasta Navas otro tanto.
Vázquez, Kovacic, Casilla e Isco están en mejor forma de largo, y Ronaldo necesita espacios para exprimir su final de temporada, que como en años anteriores no es su mejor época. Deberían sentar al otro solista, Bale, que tampoco anda en su mejor momento, y poner a suministradores generosos de balones, aparte de la colaboración de Benzema o Morata con sus desmarques y salidas a banda. Lucas Vázquez y Kovacic, además, ayudan por dentro y por fuera al indispensable Casemiro en su incesante labor de tapón por las fisuras de sus colegas de línea, Kroos y Modric, que tienen el depósito de ideas y oxígeno en mínimos.
Se suman a tales tinieblas las lesiones de Varane y Pepe, por lo que Nacho deberá seguir confirmando que es un jugador para acaparar más titularidades y no un comodín de usar y sentar, tal y como lo tiene Zidane.  Junto a Carvajal, es su defensa más en forma, y Pérez debería poner velas a San Isidro para que Ramos no se lastime, que sería el acabose, y lo mismo con Marcelo, que tampoco tendría repuesto. ¡Ay, la planificación deportiva del presidente orquesta “fichaor”!
Luis Enrique, como decíamos, deberá dejar los experimentos para la Liga perdida y centrar en Europa sus esfuerzos si quiere aspirar a algo más que a la Copa del Rey, donde son favoritos aunque harían bien en no confiarse. En todo caso, es más relevante ahora mismo en el Barça el papel que quiera interpretar Messi que el de su técnico, que ya sabe cuál es su sitio. Ver al argentino en Málaga jugando por delante de los centrales para poner algún balón con peligro en el área contraria es el mejor indicativo de por dónde van ahora los tiros blaugranas: él juega, organiza, golea y dirige al equipo, y eso nunca ha sido una buena referencia en el fútbol. Me recordó al declive de Cruyff en el Barça de Núñez y al de Di Stéfano en el Madrid de Bernabéu, aunque ambos daban ya sus últimos toques a un balón en el terreno de juego; uno veterano racional —ya le gustaban más los despachos— y el otro por años. Pero el mejor jugador del mundo, hoy, no está aún en ninguna de esas situaciones, y como no lo embriden puede acabar definitivamente con la era dorada del Barça.
Y, finalmente, Simeone debe engrasar bien su apuesta por un mejor juego, que aunque le ha costado no pelear por la Liga es el argumento más sólido que tiene en Europa y una magnífica apuesta de futuro. Si el Atlético quiere dar el saldo de calidad que anhela, además de no vender a Griezmann, debe reforzarse y andar el camino de los grandes de Europa, que lo fueron desde un sello de fútbol creativo más allá de la seguridad defensiva y el tesón legionario. Koque, Saúl y Carrasco, aparte de Godín y sus alfiles Juanfran y Filipe, su goleador francés y Oblak son básicos, y debe buscar recambio a los canteranos Gabi, por edad, y Torres, ya cuesta abajo.

¡Suerte!, que también juega.  

martes, 28 de marzo de 2017

PASIONES



La magia engancha y la emoción enamora. El fútbol, como el arte, es  magia y emoción. De ahí las pasiones que despierta; el resumen del sentimiento que genera habitualmente a los futboleros y también a otros muchos en momentos importantes.
Tuve la fortuna de ver el partido del Cartagena contra el Real Murcia y sentí el cosquilleo de las emociones, más fuertes, aunque diferentes, a las que celebré hace poco en un Barça-Real Madrid. Y no me pude resistir en ambas ocasiones a expresar la emoción de los goles. Igual que soporté estoicamente la pasión desbordada de los aficionados contrarios, que es donde reside la esencia futbolera que tanto nos engancha. Si transcurre por los límites deportivos de esas dos fechas, es lo más sano y natural del fútbol. Y su punto mágico.
Isi, Armando, Guardiola y demás granas, sobre todo por sus tres goles, y Cristo, Rivero, Álvaro y sus compañeros, con algunos episodios de buen juego, hicieron vibrar a sus seguidores, con idéntica pasión que Cristiano y Messi a los suyos. Ellos pusieron el fútbol y los aficionados la emoción; como resultado afloró la magia de las pasiones.   
Porque esa magia no solo surge por la plasticidad del buen juego, la inverosimilitud de un regate, un control o el juego  a primer toque, ni en la belleza de un gol o la maravilla de una gran parada; un estadio lleno, con el alegre colorido que la pasión futbolera provoca, es un espectáculo en sí mismo.
Ahora llegamos al momento de la temporada en el que las pasiones se desbordan. Vibrarán en el Bernabéu, en el Calderón y en el Nou Camp con la misma pasión que en otros estadios. Igual que ocurrirá en Murcia, Lorca, Jumilla y Cartagena, o en los estadios de Segunda que dirimirán  ascensos y descensos. Es lo que también nos gustaría sentir en la vieja Condomina con el UCAM, un equipo recién ascendido que pelea dignamente por mantener la categoría con clubes relevantes: Córdoba, Zaragoza, Almería o Rayo.
El año que viene llegará el momento de apasionarnos con nuestra selección, que jugó un buen encuentro contra Israel. Un equipo hasta ahora menor en el que se vislumbra futuro si las buenas contras que hicieron no son un espejismo, más fruto de los despistes de los defensas españoles que de sus virtudes, destacando su velocidad y aseado manejo del balón. Ojalá que el buen tono de los jugadores que Lopetegui va incorporando crezca, así como la verticalidad que necesita España, que no está reñida con mantener las esencias que nos hicieron grandes. Como exponente, ya dijimos que Thiago no es Xavi, pero a su favor cuenta la grandísima calidad que luce aunque debería mejorar la rapidez de su fútbol. Un punto débil es que Busquets juegue solo, a pesar del buen partido que hizo; los años pasan, Iniesta y Silva no serán eternos, y se echan en falta apoyos para evitar agujeros por el centro.
 Como desearíamos que vibraran también en Cartagena y Murcia con el ascenso que tanto ansían, y, ¿por qué no?, en Lorca y hasta en Jumilla. Los de Julio Algar quizá lo tengan mejor, porque los de Monteagudo denotan cierta falta de empaque en los momentos decisivos y el nuevo Murcia de Mir todavía es una esperanzadora promesa.
Igual que anhelamos que los meritorios Jona, Rivas, Tekio, Morillas, Juande, Manolín, Tito, Vicente, Collantes, Kitoko, Albizúa, Pérez, Basha, Álvarez y Nono, con sus demás compañeros del UCAM, como Góngora la semana pasada, mantengan en alto el banderín ilusionado que a ratos hace que las emociones de sus seguidores limiten con la pasión que todavía no alcanzan. Los azulones de Francisco tienen la gallardía de ponérselo más difícil a sus oponentes fuera que dentro de la Condomina, y eso denota el carácter que debería mantenerlos en Segunda. Y la temporada próxima, viendo la igualdad de la categoría —salvo al destacado Levante de esta— reforzar bien el equipo para dar un paso más en su extraordinaria y generosa apuesta deportiva. Con un equipo brillando en la élite del baloncesto no extrañarían otro en la del fútbol.

Si hay alguien en Murcia capaz de lograr ese hito histórico con los mismos colores es la Universidad Católica de José Luis Mendoza. Un aficionado cartagenero me decía  que nuestra región debería tener fútbol de Primera. Sería nuestra vieja pasión futbolera compartida, manifestada en los más de veinticinco mil aficionados que animaron a la Sub-21. Más que en Gijón a la absoluta.      

miércoles, 22 de marzo de 2017

MAL SORTEO Y LIGA INCIERTA


Con la pena del fiasco culposo del Sevilla y Sampaoli, laminando de paso sus opciones para el Barça, tenemos la suerte reiterada de contar con tres equipos en los cuartos de Champions, pero es difícil que se prorrogue a semifinales; la fortuna nos fue esquiva en el sorteo.
El Atlético se enfrentará al Leicester, que ya ha hecho historia siendo campeón de la Premier y metiéndose en la crema europea. Aliviados de presión, tienen poco que perder y jugarán con la alegría de continuar su leyenda. Con el fantasma del descenso alejándose: el crisol de sus nervios, afrontarán  la eliminatoria con ganas de divertirse, y en ese ánimo que decíamos la semana pasada puede estar la pólvora que los dispare a semifinales. Al Atlético le hubiese venido mejor enfrentarse a un consagrado, que es donde se crece, porque contra los que puede mirar desde arriba ha demostrado que se encoge; miren la Liga. Simeone tendrá el reto de motivar más que nunca, su mejor arma, a Griezzman, Koke, Carrasco, Saúl, Godin, Oblak y compañía, para que cuelguen las confianzas en la percha de sus pupas. El técnico argentino será la clave. Si logra travestir a los de Sakespeare de blancos, blaugranas, blanquinegros o rojillos en el ánimo de sus rojiblancos, saldrán a morder y pueden tener opciones. Si no, preveo tal desánimo que incluso puede peligrar su clasificación para Champions en la Liga.
Al Barça le tocó su antídoto. La Juventus de Allegri es un campeón muy competitivo como buen italiano, rocoso y con las florituras justas, y el más capaz de amarrar a sus mascarones al duro banco de los galeotes, en lujar de dejarlos lucir en la proa de la filigranesca escuadra de Luis Enrique. Los  centrales juventinos dejarán escasos resquicios para el lucimiento del ariete Suárez y sus artistas florentinos, quienes tendrán que afinar el goniómetro para dibujar parábolas lejanas que superen al enorme Buffón.  La peor tesitura para el deslumbrante futbol de bolillo de Messi, Neymar e Iniesta, porque sus dos medios centros tampoco dejarán respiro al borde del área, desde donde también enfilan. Eso sí, jugarán con la misma ventaja del Madrid: la vuelta en casa, y ya sabemos que en el Nou Camp y el Bernabéu, como antes en los Cármenes granadinos, todo es posible. Pero antes, en Turín, Piqué y Mascherano o Umtiti, y Busquets, deberán controlar a Higuaín y Dybala, que son la caja de bombas transalpina con la ayuda del colega Alves.
A los de Zidane les ha tocado, más allá de su viejo demonio europeo, el equipo más sólido del continente.  Sus extraordinarios futbolistas llevan varios años jugando en bloque y se conocen de memoria. Además, cuentan con las ventajas añadidas de Ancelotti, que conoce perfectamente a los blancos y está muy escocido con Florentino Pérez, y del sello hispano de Alonso, Thiago, Javi Martínez y Bernat, que harán crecer hasta el infinito su indudable calidad frente a los figurones merengues. Xabi por exmadridista, el hijo de Macinho por culé, el navarro por reivindicar su figura ante un equipo que le ha hecho ascos varias veces, y el valenciano, si juega, por hacer méritos; y todos, con sus compañeros, por enfrentarse al equipo fetiche del planeta fútbol: el más laureado de España, Europa y el mundo. Mal asunto, salvo que Cristiano, Benzema y Bale demuestren su categoría o Ramos maneje la manguera apagafuegos. Casemiro y Modric serán básicos, Kroos debería brillar al fin, y Navas cambiar las manos por los puños en las salidas aéreas.
A pesar de sus apagones, nuestros equipos tienen argumentos para pasar, pero sus encuentros tendrán más de soleás que de bulerías. Ojalá no haya que enlutarse y luzca el sol en nuestras bardas, ahuyentando a los tres malos pájaros que tenemos en la bardiza.
Además, estos cuartos pueden aumentar la incertidumbre liguera. El buen o mal ánimo que les quede a los blancos y blaugranas será determinante en su excitante pelea por el título, más allá del esfuerzo de cualquiera de los dos por llegar a semifinales o lesión de alguno de sus figurones. Y lo mismo ocurrirá con los atléticos.

Así, esperemos que con los vientos de marzo y la espectacular lluvia futbolera del abril que viene, nos salga el mayo florido y hermoso que deseamos: otra extraordinaria final hispana; esta vez en Cardiff. Un Barça—Madrid sería tan histórico como inédito.  O, según dijimos, quizás llegue la orejona adeudada al Atlético. La merece.

lunes, 13 de marzo de 2017

RAMOS, NEYMAR Y EL ÁNIMO


La remontada del Barça ha propiciado de nuevo el viejísimo debate que la semana pasada señalábamos, afirmando que los árbitros no golean. Y aunque el árbitro turco alemán cometió dos errores de bulto que favorecieron claramente al Barça: el penalti que pitó a Suárez y el que no a Di María, estamos donde mismo, porque antes de esas azarosas circunstancias se conjugaron las claves del desastre parisino.
Los de Emery salieron al Nou Camp con un ánimo suicida, y todavía nos preguntamos  si era el mismo equipo que goleó al Barcelona en París. Aquellos diablos que pasaron por encima de los encogidos culés parecían infantiles acogotados tras el gol escolar de Suárez a los dos minutos. Y a partir de ahí, es inconcebible que un equipo de Champions juegue con sus once profesionales de su línea media hacia atrás, que no centro del campo. Piqué y Umtiti ocuparon durante ochenta minutos la parcela teórica de los interiores blaugranas, con Mascherano un pelín más retrasado merodeando el círculo central. Y el vasco, pasmado en la banda, no supo o no pudo sacar a su equipo de la cueva, nunca mejor definido el espacio que pisaron, para dar alas a sus grandísimas posibilidades. Ahí estuvo la primera clave.
Y la segunda en la banda izquierda barcelonista, confiada solo a Umtiti, con Neymar de punta e Iniesta de volante de apoyo. Era previsible un roto descomunal por la velocidad de los delanteros rivales, pero el técnico vasco despreció tan evidente tecla.  Verrati, ese talentoso que nunca pasará de proyecto de figurón, amagó varias veces con lanzar por ahí a Moura, pero se daba la vuelta para buscar a Cavanni o Drexler, en quienes seguramente confiaba más. Cualquiera de ellos por esa banda hubiera podido ganar el partido. En fin, un desastre descomunal que podría traer a don Unai de vuelta a España para reinventarse. El fútbol tiene esas cosas. Una trayectoria envidiable tirada por el desagüe de una cagalera descomunal, en un partido que pasara al anecdotario vergonzante del fútbol.  Hasta el excelente y calladito Iniesta reconoció que el planteamiento contrario facilitó la histórica remontada.
Al margen de esas realidades, solo queda aplaudir el hito culé y celebrar que por fin se atisba cierto relevo al irrepetible Messi, aunque todavía le quedan años del mejor fútbol que se recuerda.  Neymar, a quien hemos criticado su infantilismo, teatro y absurdas actitudes chulescas, se coronó el miércoles como el otro yo del fenómeno argentino al encender la llama del ánimo culé.
El Madrid también jugó con fuego en Nápoles, con la lumbre fría de la indolencia en una primera parte irreconocible de los artistas de Zidane.  Aquí compitió igualmente el ánimo; ese talismán que por cualquier circunstancia del juego pone alas o plomo en las botas.  El mago que hizo brotar el genio blanco fue de nuevo Ramos, tan discutido por propios y ajenos como jugador imprescindible en los últimos años merengues.
En los momentos difíciles es cuando un líder debe demostrar que lo es, y el de Camas no se arruga. Ramos, sin ser un virtuoso del balón,  pero sí uno de los defensas más dotados técnicamente, tiene la fuerza de los elegidos y un corazón futbolero tan grande como ese Pizjuán que acoge vergonzoso los insultos de los descerebrados que no le perdonan su enorme personalidad. Y demostró también la raza que lo distingue al apagar el ánimo de los rápidos futbolistas napolitanos y el incendio de sus  camorristas en la grada.  El sevillano es un referente en la historia del fútbol español porque se recordarán durante decenios sus goles cabeceros.
El ánimo y el liderazgo estuvieron presentes también en el Atlético de Madrid de Granada. Sin Gabi, que es quien lo insufla y ejerce, pareció un equipo menor frente al correoso y aseado equipo nazarí. Koke, el relevo racial de Gabi, frotó la lámpara para que apareciera al final el genio de Griezmann. Ese portento que deberá salir más en Europa si quieren hacer historia. Mimbres tiene Simeone, pero deberán ser menos guadianescos que en la Liga.

Nuestra fortuna es que, un año más, coparemos los mejores equipos de la Champions, con permiso del Bayern. Y tres de ellos con posibilidades de orejona, aunque si el Sevilla de Sampaoli pasara el fielato inglés, el ánimo que decíamos los colocaría en el sprint.  El próximo técnico del Barça, Messi mediante, tiene en Leicester un reto decisivo. Y él lo sabe. Puede ser su mecha. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

ESTILOS Y CARNAVAL


El ser humano es resistente al cambio. Una vez acordonados por las zonas de confort y seguridad de las rutinas diarias, abordar nuevas metas supone un esfuerzo triple: desgajarnos del entorno inmediato, imaginar la nueva situación y el esfuerzo mental y físico para superar las inevitables inseguridades.
Con tres cromos, anda Simeone cambiando la cara de su Atlético. Y no es fácil. La variación es sencilla sobre el papel, pero lo que implica está siendo difícil de digerir para un sector de sus aficionados; incluso para algunos futbolistas titulares.
Gabi, este todoterreno futbolístico tan racial y jugador de club como emblemático, se quejó al principio de temporada de estar solo ante el peligro, porque Koke, su nuevo socio en el eje, es más volante de ataque que medio centro. El pulmón prodigioso rojiblanco estaba refugiado en el esquema que le permitió resurgir de sus cenizas, con Tiago o Fernández de escoltas.
La transición colchonera hacia un juego más vistoso, con dos volantes creativos como Saúl y Carrasco, le costará este año perder opciones en la Liga. Pero a cambio, en la Champions, donde es más fácil aprovechar la fantasía de tales alfiles, le permitirá más opciones para ganar al fin su primer gran título europeo. El otro día se vio en Alemania con una victoria contundente. Ahora mismo, parece el equipo más poderoso en la competición reina en Europa.
Por Barcelona también soplan vientos de cambio. Unos dicen que de técnico y otros de ciclo. Pero yo creo que esto último se produjo hace tiempo.  Luis Enrique tuvo que lidiar con la sustitución de Xavi, el faro que alumbraba el exitoso sistema anterior, y eso es más imposible que difícil. Sin la autoridad de Pujol y la batuta de Xavi, con un Iniesta desubicado del lugar que le hizo grande, en la media punta por la izquierda, y con Busquets con algunos años y achaques de más, el Barça tenía que reinventarse. Y en ello ha estado en los últimos tres años. La suerte blaugrana ha sido hallar en su tridente atacante mágico el ungüento que aliviaba carencias. Pero al final se impone la realidad.
Al minero asturiano le han ido trayendo inventos: Rákitic, André Gómez, Arda, Denis, Umtiti y el repescado Rafinha, supongo que con su bendición, pero el agua siempre va a lo hondo sin pedir escrituras. Ninguno de ellos, ni el propio Iniesta centrado en el medio campo, pueden sustituir a los verdaderos dueños del fútbol de autor que los hizo grandes: el Xavi majestuoso y clarividente, el mejor y más sólido Busquets y el ingrávido y  sorprendente Iniesta. Quizás le faltó a la dirección técnico culé imaginar recambios en Thiago y en Sergi Roberto, pero al primero lo dejaron marchar y el segundo ha tenido que taponar la salida de Alves; otro solista de aquella extraordinaria orquesta. Y ahora, con una temporada para olvidar, tendrán que refundar el sistema y el juego, pero deberán fichar a un prestidigitador. ¿Sampaoli?, puede ser, miren su atractivo cambio de piel al Sevilla.
Y el Madrid sigue respirando bajo la elegante sordina de Zidane. Domar egos es el primer mandamiento de cualquier técnico de un grande, y eso lo hace bien el francés; es su éxito, por encima de otros evidentes aciertos, e incluso de algunos errores. Algunos echamos de menos un sistema claro de juego —la gran carencia blanca para ganar en fiabilidad—, pero estoy  convencido de que el único que quieren en el Bernabéu ahora es marcar más goles que el contrario.  Como siempre ha sido, pero con letra y música detrás y no como sea. Habrá que dar tiempo a la callada labor de Víctor Fernández en su búsqueda de nuevos talentos, y hay algunos que apuntan alto, como Vallejo, pero es necesaria la paciencia. Cristianos, Casillas o Raúles no salen a diario, y en este Madrid idólatra, donde el culto al mesías de turno y las prisas son santo y seña, es una amenaza.
La mayor transmutación de sus aficionados es escuchar en su mítico estadio el vulgar “¡Vamos campeón….!”, que suena hasta en los campos más modestos con la letra en los electrónicos, en lugar del glorioso y distinguido “Hala Madrid”.  En ese matiz, que a algunos nos avergüenza, reside la diferencia. ¡Qué lástima de afición anestesiada! Con la que hizo grande a este incomparable club, algunos, de corto, de largo, palqueros y medianías, estarían tiempo ha pastando en otros verdes.

Mientras, ¡que siga el carnaval!       
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