jueves, 16 de noviembre de 2017

DEL BARÇA AL REAL MURCIA


O la invalidez de las certezas. Si dudar es de sensatos y rectificar de sabios, las certezas recalcitrantes desnudan a los estériles. Y en el fútbol, con su mezcla de oportunismos, realidades aparentes y fortuna, mucho más. Como muestras, dos ejemplos. Para su alegría, ¿quién les iba a decir a los culés a finales del verano que entrando el otoño serían líderes destacados en España y en Europa? Y en nuestra Región de Murcia, ¿cómo podían imaginar los pimentoneros que en ese mismo periodo, tras el esperanzador fin de temporada vivido y la apuesta decidida por fichajes costosos para esta, estarían más cerca del fuego purificador que de la gloria?
Valverde, tras el deslumbrante trampantojo merengue en la Supercopa española con Asensio de genio mágico,  y el fracaso descomunal de los dirigentes blaugranas con fichajes y desfichajes más mediáticos que efectivos, ha ido amalgamando una plantilla que a día de hoy, sin jugar todo lo bien que cabe esperar de sus jugadores, parece un equipo imbatible; otra realidad aparente que el propio fútbol se encargará de desmontar. Tiene medio once fijo: Messi, Busquets, Suárez, Piqué, Umtiti y Ter Stegen, que están entre los mejores del mundo; cinco más volátiles: Iniesta, Rákitic, Alba, Paulinho y Sergi Roberto; y juega con otros dos puestos adicionales para darles cancha a futbolistas como Deulofeu, André Gomez, Semedo, Denis Suárez, Alexis y Digné, que como los anteriores podrían ser titulares en cualquier equipo de campanillas. En resumen, los mismos que contra el Real Madrid cantaron la gallina y que su entrenador, desde su también aparente segundo plano y modestia, les ha hecho apretar los dientes para encaramarse al monolito de la victoria permanente. ¿Aprendieron de los errores? Es tan posible como que desde entonces solo saben ganar, con algún empate testimonial de su condición humana. 
Neymar se fue y es historia, a Dembélé se le espera ya con menos ansiedad, y Valverde aparece rutilante en el horizonte de los llamados a la leyenda; otro más, como lo fueron Cruyff y Guardiola. Y lo puede conseguir si en 2018 el Barça se alza con dos títulos tan distintivos como la Liga y la Champions, superando el horrible 2017 con un expresidente cacareando, Laporta; otro encarcelado, Rosell; un presidente en entredicho, Bartomeu, por sus connotaciones con el anterior y la desafortunada gestión tanto en la sonata y fuga de Neymar como en la búsqueda vodevilesca de su recambio; un inicio de temporada catastrófico ante su máximo rival y un entorno político y social enrarecido por la nefasta conversión del Nou Camp en muestrario permanente del catalanismo militante más cavernario.  El vasco-extremeño está  ahora en el banquillo a la altura de Messi en el césped por su relevancia en el éxito blaugrana. Y si persevera en su magnífica trayectoria con la penosa herencia recibida, al contrario de la que halló Luis Enrique, hará historia grande con su Barça.
Por su parte, los actuales gestores del Real Murcia también pueden hacer historia, buena o mala y hasta catastrófica, según les vayan lo deportivo y la economía. Quienes hemos vivido al equipo grana desde dentro somos optimistas por la propia naturaleza milagrosa del club, igual que los miles de entusiastas seguidores con los que respira, al borde de la desaparición varias veces en su centenaria historia. Y ahora no vamos a ser menos. Así, aunque hemos asistido más cerca del aburrimiento que de la alegría a los partidos de este año, el sábado en Cartagena atisbamos un rayo de esperanza. Ante el mejor equipo actual de la categoría, el Efesé, los murcianistas pudieron empatar el derbi, y algunos pensamos que jugando así y con todos sus efectivos incluso hubieran conseguido más. Los blanquinegros ganaron bien aprovechando los detalles de sus distinguidos futbolistas. Jesús Álvaro y Cristo Martín, como Sergio Jiménez, son jugadores de superior categoría, y con el oportunismo de su goleador Aketxe y la colaboración del sobremotivado Chavero, con sus luces y sombras, consiguieron tres puntos que pueden suponer el punto de inflexión que les lleve a no bajarse ya del caballo ganador.   
Con Monteagudo lo tienen claro, y en el Murcia esperemos al Salmerón eficaz del ascenso con el UCAM y no al que el año pasado recomendaba a sus aficionados acostumbrarse a sufrir. Al fútbol no se va a eso, señor mío.
Finalmente, algunos soñamos con cuatro equipos en Segunda, incluyendo al UCAM y al Lorca, y que el otro Lorca y el Jumilla salven la categoría.      

  

miércoles, 8 de noviembre de 2017

EL MAL ROLLO DE ZIDANE


“Ya roncan los rufianes al sonar la despierta, ávidos con sus dagas, torva mirada negra…”. Sí, si no logra enderezar el rumbo a tiempo, se avecina el amanecer en el que Zidane andará su último trecho blanco; en los aledaños del Bernabéu ya se escuchan los trajines de la erección patibular. Después expondrán sus restos en el funesto rollo futbolero de los cesados, como en la Edad Media se exponían los de los malhechores ejecutados en las entradas de los burgos para dar ejemplo, en forma de mil explicaciones tertulianas sobre sus fracasos y carencias.
La memoria del fútbol es corta y en el español aún más efímera. Para muchos madridistas, hasta septiembre era Dios y ahora Lucifer. Ha bastado un mes y  medio de penurias goleadoras para que el aura mesiánica se le haya enroscado al cuello cuan soga patibularia. Un año y medio de triunfos extraordinarios sin precedentes, al albur de media docena de partidos malos. Así es este deporte. Cuanto más te quiero más te mato. Un tobogán de locos. Pero bendita locura para tantos millones de aficionados por todo el mundo.
Zidane cultivó con éxito el jardín que ahora le devora, tras heredar el enésimo erial deportivo de don Florentino. Un equipo plagado de medias puntas, al gusto del amo, que ahormó dotándole con la solidez de Casemiro en el medio centro, su inicial apuesta visionaria, liberando a Kroos y Modric del penúltimo marrón defensivo; circunstancia que esbozó su antecesor Benítez sin perseverancia ni convicción. De esa manera, los laterales Carvajal y Marcelo podían subir al ataque con más libertad y  Ramos ejercer con menos preocupación su tendencia a distribuir juego desde atrás, y acudir con asiduidad al remate, así como Varane, aparte de acercar al alemán y al croata al área contraria con el peligro añadido de su indiscutible clase. Un peón estratégico fue suficiente para encajar los alfiles y caballos propios en el tablero contrario, propiciando de paso más lucimiento a los puntas; ahora tres, ahora dos —incluso hasta el barullo si la necesitad apretaba— en función de las esporádicas disponibilidades de Bale o las irrupciones desde el banquillo de Vázquez, Isco, Asensio y Morata, fundamentalmente, con James, Nacho, Pepe, Kovacic, Mariano y Danilo de bomberos.  Después puso en liza a todos los secundarios, su segundo gran éxito, y ganó partidos claves en un final de temporada catártico, donde afloraron sus enormes cualidades como gestor de recursos y egos, cuidando hasta la delicadeza a los tenores blancos: Cristiano, Benzema y Bale; su tercer acierto enorme. En resumen, una gestión valiosísima con dos Champions consecutivas y una Liga en medio, al margen de otra media docena de trofeos mundiales menores. En menos de dos años es imposible mejorarla.
Pero como en el fútbol el hoy es ya antes de ayer, henos aquí con su cabeza más cerca del mal rollo que del reciente laurel, y en lontananza cabalgan amenazantes los apocalípticos con sus relucientes guadañas en ristre. Incluso ya suena un posible sustituto, al parecer nuevamente del gusto presidencial, Pochettino, que ha podido ser el brazo ejecutor del francés. Sus dos partidos dirigiendo al Tottenham, con un merecido empate en el Bernabéu y una gran victoria en Wembley, pueden pasar a la historia agridulce blanca; descabalgados, pero con el fichaje en ciernes del técnico argentino y el del inglés Kane, que en efecto es bastante más que un eficaz goleador.
Es cierto que Pochettino en Europa y Machín en Liga , el técnico del Girona, le dieron un repaso táctico a Zidane, por encima de la actitud de algunas figuras inapetentes, pero también que el francés suele aprender rápido de los errores. Supongo que no volverá a desarmar al equipo con solo tres defensas, dejando al descubierto tanto las carencias de Casemiro de central único como las del equipo sin él mismo de medio centro, y liberará a Cristiano de jugar encajado entre los centrales rivales sin espacio para explotar su potencia con unos metros de margen de maniobra. Marcará goles siempre, pero los siete u ocho que debería llevar más en esta liga seguramente explican parte de los mismos puntos que el Barça le lleva de ventaja.
Yo no daría por muertos a Zidane ni al Madrid, aparte de la magnífica trayectoria del Barça con el pronto ilustre Valverde al frente. Tan importante como la superación de su fracaso agosteño frente a los blancos y la sordina respecto al enrarecido entorno. ¡Ahí es nada!       

  

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA ESPAÑA TONTA


El fútbol podría ser un espejo social en el que mirarnos para entender lo que sucede en España. El otro día afirmó lúcidamente un periodista catalán veterano que están equivocados o engañan quienes defienden que solo hay dos Cataluñas, la independentista y la españolista; entre otras enumeró la que está harta; y lo asocié con nuestra nación y nuestro fútbol. En efecto, en España hay vida más allá del problema catalán y en el fútbol también disfrutan o sufren otras aficiones aparte de la merengue y culé, porque hay tantas realidades como devociones diversas por los distintos clubes que militan en cualquiera de las divisiones de nuestra competición. Unos más minoritarios que otros, pero no por ello menos importantes para quienes saborean el éxito o sienten las injusticias o escasa fortuna en ocasiones.
Y de esa reflexión pasé a las familias, los amigos, los vecinos, los compañeros, nuestros pueblos, barrios, ciudades o regiones, acabando por repensar la España de nuestra sangre y pesares. En cualquier lugar y situación hay de todo. La mayoría somos tan españoles como de nuestras pequeñas patrias, y a veces nos sentimos injustamente tratados por quienes queremos, conocemos o nos gobiernan; incluso avergonzados en momentos por algunos de ellos. Y es cuando pensamos que nos ha tocado en desgracia el golfo, el inane, el vecino egoistón o el tonto de turno.
Yo también creo que hay muchas Españas. Dando un paseo por nuestra historia, convendríamos que la España heroica o la cobarde, la brillante, la oscura, la solidaria, la cainita, la lúcida, la cerril, la inteligente o la tonta se han sucedido invariablemente a lo largo de los siglos; como en nuestro caminar reciente desde 1978.
Y haciendo un paralelismo, igual sucede con nuestro fútbol.  Volviendo el sábado de la cita anual de entrega de premios del magnífico Club Taurino de Calasparra, con motivo de su exitosa Feria novilleril del Arroz, tuvimos la suerte de compartir el viaje con una amiga, Pepa, viuda de otro entrañable taurino y amigo, Pedro Merenciano. Sevillana y murciana de adopción, se interesó por los sucesos de Cataluña, donde vivieron durante muchos años  y tienen familia, circunstancia coincidente por las raíces familiares maternas de mi esposa. El trayecto se hizo corto dada la cantidad de sensaciones que comentamos, como ocurre ahora en cualquier rincón español, y llegando a Murcia les hice una reflexión futbolera que hace años expuse en prensa. Era también referente a la cuestión catalana y la comparaba con la insistente aspiración vocinglera de antaño sobre selecciones de fútbol en Cataluña y el País Vasco para competir internacionalmente al margen de la española.
Como acostumbran, la respuesta de nuestras autoridades nacionales fue el silencio o un no rotundo. Una actitud cerril por escasa inteligencia al abordar cuestiones superables acudiendo a un manual de estrategia con mayúscula —no esa gilipollez de denominar estratégica cualquier jugada a balón parado—. Se trata de imaginar las consecuencias en el medio y largo plazo de cualquier decisión relevante.
La respuesta debería haber sido entonces un sí rotundo. Un sí comprensivo. Un sí cómplice. Un sí reflexivo. Un sí inequívoco, pero condicionado, claro; un sí que les pusiera ante sus propias contradicciones. Un sí inteligente, en suma. Con el ejemplo del Reino Unido, donde coexisten las selecciones inglesa, escocesa, galesa e irlandesa; hubiera bastado. Hay cuatro selecciones, sí, pero solo una liga relevante con equipos y jugadores importantes, la inglesa. Antes, deberían ponerse de acuerdo los equipos catalanes y vascos para organizar sus propias ligas, como es natural, y aun en el difícil supuesto de que aceptaran la mayoría de ellos, llegaríamos al quid de la cuestión. No es difícil imaginar la respuesta de los socios, directivos y jugadores del Barça, Atletic, Real Sociedad o Español respecto a jugar la liga catalana o vasca. Puestos ante el abismo de ese angosto barranco, ellos mismos verían claras las ruinas deportiva y económica que tal eventualidad supondría, y aquella utopía de los radicales quedaría colgada por los sensatos en la percha de los disparates olvidados.
A los nacionalistas, habría que haberles ayudado a descubrir antes la realidad futura de sus pretensiones, reflexionando juntos sobre la deriva independentista de ya demasiados, y tal vez el Estado también hubiera aprendido algo útil y realizable para todos; en asuntos fiscales, por ejemplo.  Una vertiente de lo que tantos llaman diálogo. Siempre es mejor la inteligencia que el silencio, el cerrilismo o la fuerza. Desgraciadamente, padecemos hace tiempo la ceguera de una España tonta.  


martes, 24 de octubre de 2017

TRISTEZA ERES TÚ, GUARDIOLA


Quiero escribir solo de fútbol, pero como una sustancia pegajosa la tristeza se agarra a mis dedos. Y es que, parece que hasta el verde del césped se haya tintado del gris otoñal que tanto se resiste. 
Esta semana hemos tenido Champions y el Madrid sigue justito, el Barça relativamente romo, dentro de su magnífico inicio de temporada, y el Atlético navega zozobrante entre el pasado guerrillero y el futuro prodigioso que Simeone desea. Nunca son fáciles las mudanzas ni los cambios, y mucho menos los esenciales. De peleón a artista media idéntico trecho que entre ignorancia y sabiduría: errores, inteligencia, coraje y tiempo. Y quizás este año los atléticos deban hacer su travesía desértica, los blancos acostumbrarse a que Ronaldo se acabará algún día y los blaugranas asimilar que sin Messi también cabe la gloria. Solo el Valencia de Marcelino vuela la birlocha imaginativa che con sus gratos recuerdos recientes; de nuevo suena la pólvora festiva en Mestalla.
Pero volviendo al inicio, con la búsqueda de la causa real de su muerte en apogeo, puedo escribir esta noche con Neruda las reflexiones más tristes por uno de los futboleros que admiro: Pep Guardiola, cuando no logro aislarme de cuanto nos rodea por su querida Cataluña. Imagino cómo se sentirán miles de aficionados españoles, muchos nacidos ya tras la democracia conseguida en el 78, que gozaron con su juego y después con su excelsa labor técnica culé, y contrapongo la prudencia de Valverde o la sabiduría de Zidane, quien no carente de ideas manifiesta que solo habla de fútbol en el fútbol.
Hace años que denuncio su deriva política por lo que supone de responsabilidad en lo que sucede y ocurra; en el odio que ya se manifiesta y en la sangre que acarreará. Y no exagero. La historia nos enseña lecciones inolvidables porque nuestras raíces anidan en el pasado; en España hemos tenido muchas desde hace casi doscientos años, y todos esos episodios empiezan ilusionantes y acaban desgarrados. Como decía Maquiavelo, cuando se envenenan las mentes con grandes esperanzas y promesas paradisíacas de los políticos y príncipes de turno, no aciertan a verla hasta que es irremediable la ruina que subyace en su república. Esa que empieza a aflorar en Cataluña.
Anhela Guardiola que el camino emprendido por el PP con el apoyo de PSOE y Ciudadanos no genere violencia, y olvida que una parte alícuota de responsabilidad será suya si tal desgracia ocurriera, precisamente por ser uno de los impulsores mediáticos de la deriva independentista que nos arrastra. Por muy trilladas, no entro en valoraciones de oportunidad, políticas, históricas o simplemente democráticas, que tienen pocos pases cuando se saltan las barreras legales por las bravas, pero sí advierto que eso tiene un nombre: revolución. Y las revoluciones siempre se apoyan en cadáveres. Y no se puede llamar a engaño, ni valen sus pucheros plañideros por tal desgracia, pues añade el de Sanpedor el indudable principio revolucionario de que “la voz del pueblo es más fuerte que cualquier ley”.
Después adorna sus argumentos con la simpleza de que “no hay más civismo que las ideas”. Este absurdo se desmonta con una mirada burda a la historia. El nazismo y el socialismo real o comunismo también eran ideas ilusionantes para millones de ciudadanos alemanes y rusos que suponían en ellas ansiados paraísos terrenales, y generaron decenas de millones de muertos propios y extraños solo en Europa hace menos de un siglo. Como hemos reiterado, en España y en Cataluña tampoco andamos huérfanos de experiencias parecidas. Y las sufrieron antepasados de todas las extracciones sociales e ideológicas: carlistas, republicanos, monárquicos, anarquistas, marxistas de diversas obediencias y credos, derechistas, empresarios, sindicalistas, burgueses, religiosos, intelectuales, universitarios, juristas, militares, periodistas, policías, separatistas y nacionalistas, ricos, pobres, mujeres, hombres, ancianos y niños; los autollamados luchadores por la libertad y sus contrarios, con cuantos muchos matices caben; militantes y voluntarios, llamados obligatoriamente a filas o que pasaban por allí. Todos yacen ahora en la memoria del tiempo. Y sería aleccionador escuchar sus voces sobre aquellas utopías y realidades, o imaginarlas. No es difícil.
Finalmente, mi admirado por tantas razones, Guardiola, asegura que el sábado fue un día triste para Cataluña, para España y el mundo. Y desde mi acongojado cornijal murciano en estas horas inciertas, que tan bien versara nuestro Vicente Medina, y con su cansera, me atrevo a emular al sevillano Bécquer para decirle abonico, por corresponsable y decepcionante para tantos: tristeza eres tú, Guardiola.


lunes, 16 de octubre de 2017

MADRID JUSTITO, BARÇA ROMO Y SIMEONE


Porque sin gol no hay nada. Y tampoco sin liderazgo. Quizá sea el resumen de lo vivido este fin de semana y el mejor epítome de nuestro tiempo.
El Madrid, sin los goles de Ronaldo, navega difuso por esas aguas que siempre le distinguieron: calidad y lucha. El Barça vuela con las alas de su omnisciente posesión, pero cuando le faltan las dianas de Messi lo hace en círculo buitrero y sin ambición tramontana, más allá de los excelsos detalles de sus centrocampistas. Y el Atlético de Simeone debe aprovechar al máximo sus escasas ocasiones de gol, fiel al estilo del gaucho argentino: arrancadas de caballo pampero y redil cubierto. Por eso repescaron a Torres, que evidencia los estragos del paso del tiempo, y no han parada hasta retornar al pistolero Costa, quien después del cañonero Falcao ha sido su mejor delantero en los últimos años; para acompañar al imprescindible artista Griezmann.
Los blancos y culés disfrutan en los últimos diez años de lo mismo que los aficionados: uno de los mejores goleadores históricos: Cristiano, en mi opinión el mejor; y del mejor jugador del mundo, Messi; equiparable a Pelé o Maradona, dejando aparte en ambos casos a los prototipos de futbolistas totales: Di Stéfano y Cruyff. Sin ser comparables, tal vez más los dos argentinos bajitos, son futbolistas cuya aportación cambia radicalmente a sus equipos. El Madrid sin el portugués es un buen equipo sin gol y el Barça sin el rosarino lo mismo. Igual que el Atlético sin Griezmann sería un equipo vulgarote, por muchos detalles asombrosos que alumbren Saúl, Koke y compañía.
Era sintomático ver a Simeone cabrearse hasta el paroxismo cuando cualquiera de sus jugadores perdía un balón dividido, sabedor que ahí radica el espíritu de su equipo. Es su forma de entender el fútbol. Y curioso ver a Zidane patear al aire cuando sus jugadores no acertaban de cara a la portería alguna ocasión manifiesta. También es su carácter competitivo y conocedor de que en la eficacia ante el gol reside la piedra angular de su proyecto. Valverde, al contrario, denota ser un estudioso del juego por el aspecto calmo de su semblante ante cualquier incidencia en el campo. Demuestra ser concienzudo en sus planteamientos aunque a veces despiste con sus decisiones. Sacar el sábado de inicio en el magnífico estadio atlético a André Gomes y mantenerlo hasta el final, cambiándolo de banda cuando decidió percutir por la derecha con Sergi Roberto y Deuloféu, lo que a la postre le dio el empate; denota que más allá de su columna vertebral: Ter Stegen, Piqué, Umtiti, Busquets, Messi y Suárez, no se casa con nadie para superar con evidente éxito la pérdida de Neymar y sus filigranas. Por donde ha pasado dejó buena huella y en el Atletic de Bilbao hizo el doctorado que ahora le encumbra en uno de los cuatro o cinco mejores clubes del mundo. Sin lugar a dudas Valverde es un excelente técnico, y a poco que le deje trabajar en paz el siempre convulso entorno blaugrana puede marcar época. De hecho, pocos apostábamos por la marcha actual en la Liga de su equipo tras la debacle de este verano ante el Real Madrid y los acontecimientos del primer process que puso a Barcelona en el mapa del mundo: el vodevil Neymar.
Aunque todavía genera dudas en algunos, pienso que Zidane es un técnico tan valeroso como metódico, y todo un líder; la alineación en Getafe lo manifiesta. Estar a siete puntos del Barça y dejarse en casa o en el banquillo a Casemiro, Modric e Isco,  supone que es el primer convencido de que sus rotaciones son la clave del éxito que le acompaña, y que no va a renunciar a ellas por muchas urgencias que le asedien. Y hace bien, pues no hay otro camino para mantener enchufados a todos los componentes de la joven plantilla que atesora; tan jóvenes como ya figuras. Quien desea ejercer su liderazgo en cualquier actividad muere con sus ideas si es necesario. Y el francés, más allá de la elegancia en todo, quiere ser incontestable en sus planteamientos competitivos.
Igual que Simeone y lo mismo que apunta Valverde desde un perfil más bajo, de momento. En el fútbol, goles y liderazgo van de la mano. Simeone consiguió desde el principio bajar el foco de su club al césped, Zidane enseguida con mucho mérito y Valverde ahora. Ánimo, porque su suerte será la nuestra.    

  

martes, 10 de octubre de 2017

DE LA ÉPICA A LA PATÉTICA


Pasando por la estética y por la antitética. Algo de todo eso se mueve en torno a la Selección de Lopetegui. Los futbolistas españoles que ha seleccionado son muy buenos; parejos a su criterio y dirección técnica, y a la vista están sus resultados. De nueve partidos oficiales, ocho victorias y un empate, precisamente a domicilio ante Italia, la segunda selección más galardonada a nivel mundial tras Brasil, y el objetivo de ir a Rusia cumplido.
Una estética también similar al juego que han ido mostrando en la  mayoría de esos partidos. Tanto que nos hace recordar los mejores momentos de nuestra selección de hace unos años, cuando por fin nos quitamos las telarañas históricas que empobrecían nuestras vitrinas desde aquel lejano triunfo en la Eurocopa del 64 ante Rusia en el Bernabéu, con el celebrado gol cabecero del zaragocista Marcelina a Yashin, o la Araña Negra; el único portero que ha conseguido un Balón de Oro. El sistema de juego implementado por Luis Aragonés y continuado por Del Bosque, el del toque de los pequeños o tikitaka, asombró al mundo futbolero hasta convertirse en un referente a imitar por los otrora tan envidiados por triunfadores, con Alemania a la cabeza.
Lopetegui ha recuperado el nivel conservando una columna vertebral veterana de aquellos laureles, con Ramos, Busquets, Piqué, Silva, Iniesta, Alba y Reina en el banquillo, y poniendo a su misma altura a otros que promocionó en las inferiores como Isco, Thiago, De Gea, Sergi, Illarra, Deulofeu, Morata, Saúl —ojo al atlético, Carvajal, Azpilicueta, Viera, Rodrigo, Monreal, Kepa y Koke, más las refrescantes aportaciones de los Costa, Aduriz, Asensio, Aspas o el novísimo descubrimiento Odriozola. Una selección con infinidad de posibles combinaciones, como hemos visto, para volver a asombrar al mundo; la eficacia general, la goleada a Italia y los primeros treinta minutos contra Albania son las muestras que nos hacen soñar. Práctica y estéticamente insuperables.
Y pasamos a la ética. El seleccionador lo ha sido en forma de dedicatoria y agradecimiento público a quien lo nombró tan acertadamente, el ahora ensombrecido Villar, cosa que no ha gustado en muchos ámbitos. Pero a él, como ya dijimos, le honra, por mucho que don Ángel María se haya ganado a pulso su esquinada situación. Y se la ha labrado porque permanecer tantos años en cualquier cargo de representación es antitético con la ética; la historia nos demuestra que de ahí a la golfería hay poco trecho. Y mucho más cuando se hace de tal puesto una profesión o modo de vida. Asistimos al derrumbamiento de una maraña vergonzosa de favores debidos, nepotismo, venganzas barriobajeras y trinques generalizados en torno a la Federación Española de Fútbol y a varias de sus delegaciones territoriales. Y es que, llegar a puestos de tal envergadura con lo puesto, permítanme la licencia, hace que nadie quiera irse de ellos ni con agua hirviendo. Y  menos aún cuando las compensaciones económicas que perciben sobrepasan en mucho las que serían apropiadas a los currículum de muchos de ellos. Y si además se padece orfandad ética, el inimaginable sueldo se queda hasta corto y hay que sisar más de donde sea con tanto descaro como osadía civil o criminal, que glosaría el llorado Luis.
Y la patética llega cuando el defenestrado Villar suplica desde su todavía purgatorio que no le quiten el sueldo aunque le hayan quitado las funciones, porque increíblemente parece que anda justito después de casi treinta años de sueldazos y mamandurrias diversas. Como decía un viejo amigo, “Señor, si me has quitado la fuerza, quítame también las ganas…”. Como patéticos parecerán sus émulos regionales, si le imitan también en eso, que se vean imprevisoramente sin los remedios económicos que les hacían ir de potentados y hayan de volver a sus anteriores desiertos. De mis soledades vengo y a mis soledades voy, que versaba el sin par Machado; llegar a ciertas edades tan ligeros de equipaje debe ser tan tristón como el poema del genial sevillano.

Esperemos, y sería lo deseable, que cuanto cuentan y se va sabiendo de las corruptelas federativas sean las menos —personalmente nada me agradaría más, por la Murciana—, pero que a su cuenta cambien tanto esas estructuras futboleras como el modo de acceder y permanecer en ellas. A ver si tales carguicos fueran por menos tiempo y limitados, y se ejercieran con transparencia, limpieza y verdadera democracia participativa de sus estamentos. La ética y estética del fútbol lo agradecerían.       

lunes, 2 de octubre de 2017

EL REFERÉNDUM ANARQUIZANTE DE GUARDIOLA Y PIQUÉ


Supongo que nuestros lectores disculparán que hoy no hablemos de fútbol. Jugar a la pelota es una cuestión menor comparada con el compendio de disparates que la pretendida consulta popular nos endilga. 
Contemplando el panorama sería fácil pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no es así.  Es cierto que ni Puigdemont y sus secuaces podían aspirar a más, con la mano corrupta de Pujol meciendo la cuna vía Mas, ni el dontancredismo de Rajoy y los suyos a menos, pero el virus independentista empezó a incubarse muchos años antes con la insensata cesión de las políticas educativas a los diversos reinos de taifas que nuestra Constitución instituyó. Y ahí están todos nuestros gobernantes desde la Transición; ¡todos! Las Autonomías son buenas para acercar las decisiones a los ciudadanos, pero dejarles tergiversar la historia y encumbrar los costumbrismos, la cultural local y los hechos diferenciadores, como la lengua,  sobre todo lo que une a los españoles se ha revelado rematadamente malo. Ahora hay varias generaciones de catalanes y vascos, por citar las más extremistas, educadas en lo que se denomina hispanofobia. Y para esos millones de ciudadanos menores de cuarenta años, o mayores radicalizados, no hay vuelta atrás. Es más, con cada paso que dan sus enloquecidos dirigentes hacia el señuelo separatista la fobia antiespañola da lugar al odio. Y claro, se está generando el movimiento pendular contrario entre extensas capas de españoles de los demás territorios. Eso es lo preocupante. Y el fútbol no es una excepción.  
El problema no está, por citar a personajes señalados, entre Piqué y Ramos, que fuera de los focos se las toman sin tensiones, ni entre el barcelonista Guardiola con su independentismo en ristre y el merengue Nadal con su españolismo a flor de piel, que también se aprecian y admiran mutuamente, sino que trasciende a miles de aficionados que acabarán a palos por la calle.  Y al final, un buen número de desgraciados pagarán las culpas de unos y otros. Eso es lo que no miden, o les da igual, los cantamañanas que encienden la mecha de los despropósitos que lloraremos.
Los culés citados y otros como Xavi y Pujol ocultan que el derecho a decidir que reclaman está contemplado en el Estatuto catalán y en la Constitución española, que votaron el noventa y tantos por ciento de catalanes, o quizás les hayan engañado. Deberían aprobarlo dos terceras partes de sus parlamentarios autonómicos y llevarlo al Congreso para que otros dos tercios de los diputados nacionales aprobaran un cambio en la Constitución que posibilitara sus anhelos. Eso se llama democracia y lo que ellos plantean es tan ilegal como disparatado; un golpe de estado popular. Ninguna nación seria contempla un mecanismo tan simple para romper su unidad porque, llevado al extremo de que cualquier parte pudiera hacerlo cuando y como quisiera, sería el camino más directo hacia la anarquía y la desaparición del concepto de Estado de Derecho. Nadie estaría seguro nunca de nada porque desde las leyes a los municipios, las regiones o la propia nación, hasta los derechos más elementales de cualquier persona o sociedad estarían siempre al desamparo de los deseos que en cualquier momento se le antojara a un grupo determinado con poder de agitación; la anarquía.  Para contrarrestar tal disparate existe el poder legislativo que votamos libremente cuando toca; la democracia. Esa hermosa bandera que desde la ignorancia, la maldad o procelosas intenciones enarbolan los Piqués y Guardiolas irresponsables, con los Oteguis terroristas al acecho. Porque en Cataluña, salvo los de la CUP, que lo son y no lo esconden, nadie se proclama anarquista. Ya provocaron los radicales de entonces una guerra dentro de la Guerra Civil con miles de asesinados, torturados y desaparecidos, sobre todo en Barcelona.
Así que aun comprendiendo ciertas razones básicamente económicas, comentadas con respetables amigos catalanes partidarios del malhadado referéndum,  para cuya solución existen cauces democráticos indudables; que no le extrañen a Piqué los pitos. Habiendo defendido siempre que mezclar el fútbol con la política es absurdo, llamando inoportunos al excelente central de la selección y al extraordinario técnico Guardiola por lo que representan; ahora manifiesto apenado que por coherencia deberían abandonar la camiseta de España uno, y el deseo expreso de entrenar algún día a nuestra selección, el otro. Y no por falta de capacidades, que les sobran, sino por irresponsabilidad manifiesta rayana en la criminalidad.
La semana que viene solo fútbol; esta, por hartazgo, tocaba un desahogo.

   

jueves, 21 de septiembre de 2017

SEGUNDA B: DE LA RIVALIDAD AL DESAFUERO

SEGUNDA B: DE LA RIVALIDAD AL DESAFUERO
Aparte de seguir a los grandes, llevo un mes disfrutando fútbol regional a destajo y a pesar de los años me sigue sorprendiendo la falta de educación deportiva y general de algunos especímenes que pululan por nuestros estadios. Y, también, me siguen emocionando los gestos de deportividad y buen rollo que conviven con la cafrería anterior (los árabes denominaron Kafir —cafre—a todo infiel del África subecuatorial).  A veces abundan los tachados así por incivilizados en nuestro lenguaje coloquial.
El sábado en la Nueva Condomina, como hace semanas en el Cartagonova, tuve ante mí en las gradas a diversos cafres de distintas modalidades, desde los simplemente deslenguados a los ignorantes futbolísticos y a los violentos en ciernes. Y es una pena que enturbien el ambiente, porque  la gran rivalidad regional que existe esta temporada en el grupo cuarto de Segunda B invita a degustar fútbol pequeño, comparado con el de primera, y no por eso menos apasionante.
He visto varios partidos dentro y fuera al Real Murcia, al UCAM y al Cartagena y me hago una idea de lo que pueden dar de sí este año. Los granas todavía no han encontrado el equipo ni el estilo que les posibilite alcanzar el ascenso, primer puesto clasificatorio mediante; objetivo confeso y obligado que se han impuesto sus dirigentes por razones obvias. Tiene dos puntas apreciables en Curto y Martín y cierta agudeza en las bandas, pero les falta fortalecer la defensa y mandar en el medio campo, aunque en esta zona tiene mimbres como Sánchez, Armando y Carnicer para hacerlo mejor. Si hubieran dispuesto de esas fortalezas habrían ganado al Écija, en Huelva y Melilla. En esta categoría es básico no encajar goles porque se suelen aprovechar poco las escasas  oportunidades de marcar y, como decía don Salvador Ripoll en su famoso decálogo futbolero, “si no te meten ningún gol normalmente debes puntuar”.
El UCAM sí tiene una defensa sólida para este nivel y contra el Murcia pareció que va apuntalando su medio campo, con Jony Ñíguez como agradable sorpresa, así como su punta de ataque con el tan larguirucho como jovencísimo Quiles —cedido del Córdoba— en plan estrella con dos golazos, sobre todo el segundo, de superior categoría. En los dos partidos que han jugado contra el Cartagena, uno en Copa en el Cartagonova y otro en Liga en la Condomina, echaron de menos ambas cualidades, y solo en Jumilla y Granada y contra los filiales canarios aprovecharon sus pocas ocasiones amparados por su solidez estructural.
Por su parte, el Efesé tiene un buen equipo titular —se le nota su base del año pasado—, para mí el mejor de los tres, pero tal vez adolezca de banquillo para mantener el excelente nivel que exhiben jugadores como Cristo Martín y Sergio Jiménez, el primero básico en el ataque y el segundo en la contención y distribución en el medio campo, bien acompañados por sus laterales y por el goleador Aketxe y el interior Chavero si gozan de frescura física. En defensa tienen altibajos preocupantes, sobre todo cuando cambian al medio centro de Los Belones, que le han costado varios goles y obligarse a ganar sobre el pitido final los puntos que lo encumbran en la tabla. A pesar del buen juego mostrado, Monteagudo deberá afinar en la gestión de la plantilla.
Es importante ver a los equipos fuera de casa para comprobar la casta, y  los tres me han parecido homogéneos en el desarrollo de su juego, circunstancia que invita al optimismo en los universitarios y los departamentales, y menos en el Murcia, que deberá  mejorar dentro y fuera y seguramente en algo más para no descolgarse; se juega la supervivencia en el envite. Solo me falta insistir con el Lorca y el Jumilla para calibrarlos.
Y volviendo a los cafres, se entiende por ancestral la inquina deportiva entre granas y blanquinegros, que no los justifica en sus extremismos ni tampoco en sus dispares trayectorias, pero de ninguna manera la desaforada e injusta animadversión de algunos forofos murcianistas contra el UCAM. Simplemente fueron mejores que el Murcia, igual que fueron inferiores ellos en su derrota en casa frente al Cartagena. En estos casos hay que reconocerlo e incluso aplaudir, al margen de la amargura interior, y olvidarse de los árbitros y los palcos, que generalmente ni marcan goles ni los evitan.

Los buenos aficionados a disfrutar y los otros un zurrón y al campo, pero con las ovejas. 

martes, 12 de septiembre de 2017

LA TABLA MANDA


En pretemporada el Madrid fue notablemente mejor, pero una vez iniciada la Liga la tabla es la que manda. Decíamos que dos resultados pueden cambiarlo todo en el fútbol, y así ha sido. El Barça aún no ha encajado un gol y comanda la clasificación, con tres victorias en tres partidos, y los merengues se han dejado cuatro puntos en casa. Esos empates con sabor a naranja amarga, ante dos magníficos Valencia  y Levante, han variado el panorama; las urgencias, ahora, por Chamartín.
Y como esto es fútbol, que decía Vujadín Boskov, las cañas de hace unos días se ha vuelto lanzas contra Zidane. Las rotaciones que antes lo encumbraron con razón ahora lo lancean con oportunismo. ¿Y cómo no?, también asoman los árbitros por la garganta profunda de don Florentino, que ha redescubierto el ancestral vicio tan futbolero como absurdo de buscar fantasmas si las cosas no salen a nuestro antojo. Y cuando un personaje así enarbola esa obviedad, que en su caso sí es más que un presidente de club, se convierte en banderín de enganche para los papistas que pretenden ir  más allá que el mismo Papa. 
¿Que el colectivo arbitral español es mejorable? ¡Toma; pues claro! Igual que lo son nuestros clubes y hasta el lucero del alba. ¿O no ha sido manifiestamente mejorable su gestión al frente del Madrid a lo largo de tantos años, como él mismo reconoció al dimitir en su primera etapa? Y hasta sus mejores futbolistas: Zidane cabeceando el pecho de Materazzi en su último Mundial, aunque le insultara a un familiar,  o el propio Ronaldo empujando al árbitro que lo expulsó, por mucho que hubiera errado.  Así es el fútbol de mejorable, como todo en esta vida.
Pero volviendo a la Liga, el Barça ha remontado el vuelo en el terreno de juego —más arriba el patio sigue mojado— con la base del equipo de antes de los fichajes, fuga y desvaríos, y su máxima figura en plan estelar. Messi, que con Argentina no levanta cabeza, ha retomado el mando y nos ha puesto a todos de acuerdo en que sigue siendo el mejor. Igual que sabemos que un Real sin Cristiano es más romo que agudo.  Contra el Levante me pareció seguir viendo a Argentina ante Venezuela; atasco monumental en el centro y en las inmediaciones del área rival y nadie para el remate dentro de ella. Y es que, si a Messi le pones al lado a Dybala, y a Banega de media punta también, le cierras caminos y diagonales hacia el gol. Como ocurrió en el Madrid contra el Levante, con Asensio, Lucas y Kroos estorbándose,  o el propio Benzema mientras estuvo e Isco cuando salió, por no hablar del batiburrillo por la izquierda con Marcelo y Theo compitiendo por idéntico espacio. Sampaoli y Zidane tendrán sus razones para esos galimatías, pero como son inteligentes supongo que no repetirán tales inventos.
Valverde, eficiente y perspicaz, al fin puso a Deulofeu en su sitio, por la derecha, y liberó a Messi, como ya hizo Guardiola, para que jugara donde quisiera sin arrancar desde la banda, y ambos lucieron sus mejores cualidades con Suárez cayendo más a la izquierda. El seleccionador argentino debería tomar nota.

Y lo de Bale es de record calamitoso. De aquel extraordinario lateral izquierdo goleador en Inglaterra, donde mejor ha lucido, a extremo por la derecha y el sábado a delantero centro en el Madrid. De muy bien a mal y peor. Un futbolista sobrado de egos y presencia física con piernas de cristal, que debería haberse dedicado al tenis, por su individualidad, y no a jugar de lo que sea para un lucimiento básicamente imaginado; camino de rubricar a Laurence Peter con lo de ir ascendiendo hasta alcanzar el máximo grado de incompetencia. Pero más culpa tienen sus cómplices. Pérez, el presidente-director deportivo, por no enmendarse, vendiéndolo, para deshacer el entuerto de su fichaje, en vez de largar a Morata —al final tendrá que regalarlo como a Kaká—; y Zidane, que sabe mejor que nadie de qué va esto, por secundarle. Morata no se hubiera ido y el Real Madrid tendría mejor plantilla que el año pasado, pero sin su canterano más rentable ya pueden encomendarse a la Almudena para que el regalo que dejó Ramón Calderón, Cristiano, no falte mucho. Los goles, razón suprema del fútbol, no se marcan con el glamur, vendiendo camisetas, en el palco, en la pizarra ni en los despachos. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

LOS PELOTEROS DE LOPETEGUI


Iba a titular esta columna con “… y Luis sonreía desde su cielo”, pero hubiera sido injusto. El de Hortaleza puso a jugar a los  bajitos, pero Del Bosque innovó con lo del falso nueve y Lopetegui los ha sublimado exprimiendo con inteligencia a sus peloteros, en especial a Isco; me lo imagino pensando como el inigualable Cruyff: si  sacan tres centrales los dejamos solos y que se marquen ellos, pero la pelota para nosotros.
A los que acumulamos nieve sobre las orejas, raijos blanquecinos o simplemente barbecho, nos parece todavía inverosímil que los  italianos parezcan una panda de pardillos al lado de los nuestros; hasta el 2008 acunábamos un compendio de acomplejamientos competitivos. Pero aquel año en Austria, de la mano de Aragonés, cambió todo, empezando por lo de saber jugar también “el otro fútbol”, que el Sabio susurraba. Y desde entonces los complejos deben tenerlos ellos. Nuestro fútbol adquirió brillo y hasta superamos el eterno mal fario con el penalti del entonces atrevido Cesc.
El sábado, nuestros peloteros dieron un recital de juego que propios y extraños, españoles y el resto del mundo, tardaremos en olvidar. ¡Qué calidad! Y todos, además, con Isco a la batuta. ¡Qué clase atesora el bajito malagueño! —menos mal que el Barça no fichó a Verratti, al que dejó retratado— ¡Y qué bella eficacia; dos tiros, dos golazos! Y también defiende. Con la dosificación de Zidane y la confianza perenne de Lopetegui ha pasado de la clase gutiniana al fútbol grande de Xavi o Iniesta.
Pero no fue el único. Busquets dictó cómo debe jugar un medio centro: radar, colocación, anticipación, toque, apoyo, calma y exquisito trato del balón. Ramos demostró que más allá del poderío físico aúna calidad en defensa y en ataque, fondo y velocidad; su carrera en el tercer gol, finalizando el partido, lo rubrica. Iniesta puso el reposo, la personalidad y el pase intencionado; Asensio el sentido vertical y el sacrificio táctico; Silva el desequilibrio entre líneas y la capacidad de presión en posición ajena; Koke cubrió el campo constantemente en una brega incansable, jugando a la primera para imprimir velocidad;  Carvajal y Alba en su sitio para sujetar bien la carga italiana hacia los costados, sobre todo por su derecha, porque por el centro España era insuperable, adornándose el merengue con sus eficacísimas subidas clásicas; Piqué, sobrio, eficiente e inmutable a pesar de los pitos de algunos insensatos aborregados, aunque los aplausos y ánimos lucieron más; y De Gea acreditó que es uno de los mejores del mundo, lanzando en largo con la destreza de un buen pelotero, que también lo es. Y Morata a lo suyo, que es el gol, salga todo el partido, medio o un cuarto de hora, en cualquier equipo que juegue; desde Raúl y Villa no ha tenido España un delantero tan eficaz. Saúl no tuvo tiempo de lucir su enorme clase y precisamente para Villa fue el broche final apoteósico que la noche merecía.
Mención especial a Lopetegui. Este joven seleccionador va camino de marcar otra época brillante en nuestro fútbol. En el tiempo que lleva ha demostrado varias facetas importantes: sabe elegir, gestiona bien, plantea excelentemente y tiene una idea clara del tipo de fútbol que otorga ventaja competitiva a nuestra selección; el que patentó Luis. Y, como guinda, no se amilana al elegir a los que considera mejores. Mantener a Iniesta y a Reina, haciendo guiños a Rico o al mismo Casillas; llamar a Aspas, Suso, Roberto, Asenjo, Nacho, Deulofeu, Monreal, Kepa y repescar a Villa lo acrisolan; es ajeno a edades, currículum, nombres y nomenclaturas. En eso, que lo engrandece, recuerda más a Luis Aragonés que a Del Bosque, aunque a ratos su mesura le acerca al marqués. Valentía, cabeza, trabajo silente, viajes constantes, organización y equilibrio; la mejor mezcla para un seleccionador.
Pero esto no es nuevo; ya lo glosamos antes. Con Lopetegui España ha hecho desde sus principios un trabajo magnífico aunque tuviera críticas en algún momento. Al final, como en la economía y las matemáticas, los números son muy cabezones y dejan las cosas en su sitio. El fútbol es más juego que ciencia, pero los resultados también mandan y hasta el momento son inmejorables. Y en lo personal, le honra su recuerdo agradecido a Villar, a pesar de tanto desmán.

Muchos esperamos con ilusión que llegue la cita mundial de Rusia; el próximo junio puede anticiparnos la alegría de las vacaciones. Estos peloteros nos hacen soñar.    

martes, 29 de agosto de 2017

EL BARÇA O LA PELOTERA PRODIGIOSA



Por mi admiración hacia el autor, tomo prestado alegóricamente el trasfondo de una de sus obras de teatro para referirme a la actualidad del Barça.  García Lorca escribió su drama en dos actos y seguiré su guión, imaginando un final deseable después de la sucesión de enredos.
El Barça necesita a alguien rico en sentido amplio: de conceptos, coraje e ideas claras, sobre todo; que encauce su camino hacia la abundancia. Ese buen vivir que tanto soñaba la impulsiva zapatera lorquiana y que el Barça añora.
El primer acto acaba con la huida del rico marido por los continuos desprecios de su joven esposa, imbuido, además, por los malvados comentarios y chanzas grotescas de sus convecinos. En este caso, el espíritu canterano y desbordantemente culé lo transmuto en el viejo marido humillado, cual la añeja Masía, y a la llamativa esposa en el trasunto del pírrico tridente. Todo para los tres de arriba, confiando vida y hacienda a la eficacia competitiva por los exitosos y efímeros inicios del Barça de Luis Enrique, que abandonó el barco devorado por la insolencia tridentina.
Ahora estamos en el desarrollo del segundo acto, con peloteras continuas e idas y venidas de dirigentes para acallar las críticas —algunas prematuramente carroñeras— lanzadas sobre un Barça abandonado por su elixir mágico: la olvidada excelencia de su deslumbrante juego con denominación de origen. Y aparecen  comediantes, clubes, intermediarios y jugadores de medio pelo a sopar en la desahogada bolsa obtenida por la fuga de Neymar, que hace cuanto puede, además, por desestabilizar a quienes abandonó por mucho buen rollo que mantenga con sus antiguos colegas; tontos útiles para sus fines. Y uno se pregunta, aunque importa ya poco, ¿cómo se fraguó ese desencuentro folletinesco entre el fichaje más caro en la historia culé y sus dirigentes?
Bartomeu y sus adláteres, que lo trajo con el encarcelado Rosell, están en una huida desbocada  por creer que todos los caminos les llevan a su ilusa permanencia. Craso error, aunque suenen en sus cogotes susurros cuchilleros en forma de mociones de censura, de venganzas en ciernes de antiguos compis —Laporta al acecho—, o los inevitables palos periodísticos por tanto desmán. Saldrán a garrotazos si persisten en la descomposición. Y tal debacle, casi todo el segundo acto del drama, por una temporada y media sobresaliente del Real Madrid y la huida procelosa de un futbolista chulesco, más aparente que eficaz en su última temporada —trece goles en liga—.
Es cierto que el Real Madrid es ahora notablemente superior, no tanto por  resultados como por ambiente de plantilla, su calidad, cantidad y  dinámica, pero tampoco es para enloquecer. En el fútbol hay pocas verdades incuestionables: los resultados mandan,  son once contra once y la suerte y el estado de ánimo también juegan,  pero es igual de cierto que dos partidos pueden cambiarlo todo. Y más cuando hay calidad. El Barça atesora jugadores que serían titularísimos en los mejores equipos: Messi, Suárez, Busquets, Piqué, Alba o Iniesta, y otros poco menos, como el polivalente Sergi Roberto, Ter Stegen o Rákitic, pero ha de llenar su despensa; ese desván canterano o muy joven de otros lares por el que apostaban para recolectar figuras. Y los tienen, aunque ahora la mayoría digan facilonamente que no —¿quién conocía a Busquets y Pedrito (estaba traspasado al Portuense) cuando surgieron, aparte del que apostó por ellos? — Y, ante todo, reencontrar un estilo inconfundible que les haga resurgir. Ese debiera ser el objetivo, y no improvisados fichajes tan gansos como desorbitantes. Paulinho, Dembélé o Coutinho no traerán  lámparas mágicas que alumbren futuro. Eso hay que perseguirlo con determinación y mimarlo cuando se halla; lo que no han sabido gestionar  tras la marcha de Guardiola. El culebrón Neymar es el paradigma de lo que nunca debieron hacer. Cruyff lo proclamó y algunos lo suscribimos entonces. Ahora pintan bastos.
Como final de esta pelotera prodigiosa, sería deseable que el viejo espíritu huido vuelva aun disfrazado de tirititero, como en la obra de Federico, y se dé cuenta y persuada a la joven esposa abandonada, el Barça actual, de que se aman: Sergi, Deulofeu, Rafinha, Aleñá, Palencia y otros lo han mamado. ¿Dejarán hacer a Valverde? Ojalá, pero lo dudo; falta el necesario equilibrio institucional.
Enfrente, el Madrid encontró en Zidane el mago que frotó su lámpara. Ahora nadie dice —decimos— que los blancos no saben a qué juegan; brillan, golean y ganan, ¡todos! El Real de su tiempo grande.   

       

martes, 22 de agosto de 2017

Y DEL DESBARAJUSTE AL TODO VALE


Dijimos que la marcha de Thiago, como la de Cesc, eran  síntomas de lo que podía avecinarse en el Barça, y los hechos lo han corroborado. Más allá de la renuncia de Guardiola a liderar al exitoso engendro que propició, muy  inteligente porque los monstruos acaban devorando a sus creadores, el tiempo y la deriva hacia otras fuentes futbolísticas han puesto de manifiesto la desastrosa gestión de quienes tomaron las riendas blaugranas, que apostaron por los fichajes de relumbrón —lo fácil en un club grande— como Suárez y Neymar, quienes podían asegurar una continuidad en el éxito; en lugar de insistir en la base futbolística que lo habían encumbrado. Evidentes son también  los numerosos fracasos incorporados, con Turán como exponente de lo que algunos nos preguntábamos: ¿qué incorporaba el turco al Barça? Y otra: ¿Alcácer mejora a Sandro?
A estas alturas me hago otra pregunta: ¿qué hubiera supuesto para los barcelonistas un centro del campo rodado estos años con Busquets, Thiago, Cesc, Sergi Roberto o Iniesta —con Rafinha y Samper a la expectativa? Creo que la continuidad del modelo basado en el magisterio de Xavi,  el implementado en la Masía por Cruyff e interpretado hasta la perfección por el dictado de Guardiola. Y aunque una golondrina no hace verano, esa apuesta genérica hubiese supuesto también que los canteranos blaugranas apostaran por buscar su oportunidad en el Nou Camp, como otros jóvenes de otras canteras, en lugar de imaginar en el exilio su destino. Bellerín es el caso paradigmático de lo que decimos, como también Asensio o ahora Ceballos, que prefirieron el Madrid. Porque una golondrina no, pero sí los calores de una filosofía que lo fue todo en sus mejores años históricos
Con la llegada de Luis Enrique había que demonizar al huido Guardiola y todo lo que representaba. No he visto un forofismo más suicida que el culé con sus ex. Cuando una figura se va del Barça se convierte en el peor enemigo, aunque desde donde esté siga siendo fiel a sus colores. Y hay que borrar todo lo que represente. Eso es ADN culé, que se dice ahora para todo, pero en el pecado va la penitencia. Con la base de Pep y los grandes fichajes hizo Luis Enrique una apuesta a corto, exitosa al principio —como un cohete de feria—,  que finalmente ha supuesto la tumba de su mejor sueño. Y ahora recogen los frutos envenenados de tal disparate: un equipo sin alma. Ha bastado la enésima fuga de una figura mercenaria: Neymar, para que el aparente tinglado se caiga. Y ahora todo son prisas y movimientos deslavazados en un club tan zumbado como zombi: Paulinho, que nada tiene que ver con el otrora fútbol de toque culé; Coutinho, un interior con cierta llegada, pero nada más, que no mejora a Sergi; Dembélé, una promesa de excelente delantero, pero no mejor que Deulofeu; y todos los etcéteras que se lo pongan a tiro, ahora que tienen pasta caliente. Y es que, como nos decía un antiguo profesor de marketing estratégico, cuando no sabemos adónde vamos todos los caminos nos llevan allí; una historia mil veces repetida.
¿Y mientras, el Madrid? Pues de copa en copa y tiro porque me toca. Con dos equipos titulares para ganar lo que se le ponga por delante, los de Zidane empezaron un ciclo en su primer año que les puede llevar, como reiteramos, a reinventar la historia de un éxito; la suya de antiguo.  Quienes siguen esta columna saben nuestra posición crítica con Florentino Pérez desde antaño, pero también que no nos duelen prendas en señalar sus bondades, y la continuidad de su figura es una de las claves del deslumbrante Real actual.  Es verdad que ni él esperaba la conjunción de astros que envuelven a los blancos bajo el aura de Zidane, pero también es diáfana su apuesta valiente por el francés en un momento delicado. Y también, que tal vez haya aprendido así a dejar hacer en el césped a los que saben. Y ambas cuestiones suponen el climax de su triunfo deportivo, unido al de la estabilidad institucional, que no es baladí para un club de su relevancia mundial.

Ahora mismo, el Barça no coge al Madrid ni con alas. La otra noche les pasaron por encima como aviones y en poco más de veinte minutos los pusieron ante sus peores contradicciones. Los merengues quitando grasa: James y seguramente Bale; y los culés engrosando cartucheras.        

jueves, 17 de agosto de 2017

DEL ÉXITO AL DESBARAJUSTE



Por habitual, es un viaje de ida y vuelta en los grandes, solo hay que mirar la historia para comprobarlo, y únicamente los muy grandes permanecen. Madrid, Barcelona, United, Bayern, Milán, Inter o Juventus, que protagonizan las mejores páginas del fútbol europeo, lo conocen en carne viva.
Esta temporada parece que el Barça continuará el calvario iniciado cuando se desarmó el grupo de futbolistas que lo hicieron el más grande hace pocos años. Y el Madrid, por el contrario, apunta maneras de continuidad en el éxito reciente desde que Florentino Pérez le confió la aguja de marear  a Zidane.
El vodevil deslumbrante de Neymar ha puesto de manifiesto la diferencia entre la lealtad canterana y el egoísmo figurón. Pero no todo es achacable a la apetencia dineraria, cuestión esencialmente humana, sino a los principios. El añorado Xavi ha dejado dos frases para la reflexión. Dice que jamás hubiera repescado para el Barça a quien desertó, quizás por Piqué o Cesc, y no entiende que nadie quiera dejar ese club. Al extraordinario jugador de Tarrasa le ha traicionado su inextricable corazón culé. Los dos primeros se marcharon de la Masía a Inglaterra por carecer de perspectivas en el primer equipo, cuando en el Barça aún deslumbraban los rescoldos holandeses y se aspiraba a los grandes fichajes foráneos: Ronaldinho, Deco, Eto’o, etc., con él mismo e Iniesta de comparsas —el manchego fue suplente en la final de París de 2006 de Rijkaard y él ni la jugó—; y Neymar se ha marchado buscando el brillo personal indiscutible y el dinero; lo mismo que le hizo cruzar el Atlántico hacia el Mediterráneo. El tan ingenuo como magnífico futbolista Xavi no debería pedirle peras al olmo, aceptando que él tuvo la inmensa fortuna de protagonizar la única etapa azulgrana donde se apostó de verdad por la cantera, gracias a los colgantes de Guardiola, coronada por su mejor época histórica. Ahora es otro cantar, aunque albergo la esperanza de que la fuga del carioca permita que Deulofeu alumbre por fin su extraordinaria clase.
Esta temporada ha empezado para el Real Madrid como acabó la pasada, con el oro de cara y una plantilla cargada de juventud, entusiasmo y clase, y mientras Zidane pueda maniobrar — ya dijimos que puede ser el Di Stéfano de Pérez—, brillará un modelo de éxito que puede propiciarle sus mejores años desde los lejanos cincuenta del siglo pasado.
Se han cambiado las tornas y parece que aquel lejano ideal de Florentino de “Zidanes y Pavones”, que tanta ilusión despertó en el 2002 para marchitarse al poco, puede hallar su lugar al sol. Los Carvajal, Lucas, Asensio,Vallejo, Llorente o Varane, con mención especial para el deslumbrante Casemiro; canteranos unos y llegados muy jóvenes otros a la casa blanca, amalgamados con las figuras actuales y las que puedan llegar, aseguran una línea de trabajo —los principios que decíamos— tan ilusionante como exitosa. Esperemos que Pérez y sus adláteres no se cansen pronto del sorprendente modelo triunfal que ni ellos mismos previeron —ni esperaban— cuando buscaron en Zidane la solución de emergencia tras liquidar a Benítez. El fútbol mundial, y en especial el español, lo agradecerán tanto como los aficionados merengues.
Quien de momento se escapa de tal montaña rusa es el Atlético, que mientras Simeone aguante tiene asegurada una continuidad en los aledaños de la cima europea. Garra, contundencia y pelea en el centro y atrás, aderezadas con los chispazos de calidad de Griezmann, Oblak, Filipe, Koke, Saúl, Carrasco o del emergente Thomas; son su base, pero la figura es el técnico argentino. Y que dure.
En cuanto a futbolistas, capítulo aparte merece Casemiro. Hace años, cuando se fue Alonso, defendíamos aquí casi en solitario su importancia; todos se empeñaban en Kroos de pivote. Crece día a día geométricamente y es el arco angular del tinglado artístico blanco; defiende, tapa, distribuye y golea decisivamente.  En cuanto a Isco,  algunos apuntan que será el segundo español en conseguir el Balón de Oro.  Dentro de su excepcionalidad será difícil cuando no lo consiguieron Raúl, Xavi o Iniesta, más laureados que él. Guti tenía tanta calidad, si no más, y siempre fue tan suplente de lujo como eterna promesa.

Enfrente, Mbappé es una incógnita, Messi sigue siendo el mejor del mundo, y Neymar, la otra singularidad del verano, no alcanzará en París la relevancia de su pasado culé; su carácter y la realidad del PSG, pese a los millones árabes, le traicionan. Tiempo y hierba.   

sábado, 17 de junio de 2017

APRENDER DE LOS ERRORES



A todos nos cuesta, y cuanto más soberbios más duro es ese aprendizaje. Alguien dijo que hay quien no se recupera nunca de un éxito, pero que, sin embargo, hay quienes basan su sabiduría en reconocer sus fracasos para empezar de nuevo desde la humildad y con la lección aprendida. Goethe lo  resumió, diciendo que su sabiduría eran sus errores, y Kipling lo versificó en su celebrado poema If: “si eres capaz de levantarte y empezar de nuevo aun con desgastadas herramientas…”
Al final de temporada es el momento de reflexionar. El Madrid corre el riesgo de morir de éxito si no valora dónde ha residido su magnífica trayectoria reciente. Zidane es una clave, pero no la única. Coincide el prólogo de la que puede ser una época legendaria con las dos temporadas en las que menos fichajes de relumbrón ha hecho don Florentino. Quizás haya aprendido el hombre, al fin, tras la fracasada política de su primer sexenio basada en los malhadados galácticos y la más próxima “mourinhesca”. Ha evitado tensiones en el vestuario posibilitando que el equipo se haga una piña, desde el reconocimiento de los llamados jugadores B a los titulados de A, con la guía fundamental de un técnico con la aureola del francés. No son menores esos dos detalles. La inquietud reside en que el presidente blanco vuelva al gusto por los nombres y siembre la cizaña en un grupo tan cohesionado como eficaz. El antídoto será dejar hacer a los que saben, Zidane y compañía, para limitarse a ejercer su presidencia con elegancia una vez que está a punto de dejar la poltrona de su empresa y, por ende,  a alejarse de tentaciones más terrenales. Con el nombramiento de Zidane, Pérez ha hecho de la necesidad virtud y esperemos que lo valore en su sabia medida. La renuncia a De Gea, que no comparto, es una buena señal, no obstante.
El Barça, por el contrario, se obnubiló con los fichajes y olvidó que su época más gloriosa, la de Guardiola —tan absurdo adalid político como fenómeno futbolístico, como ya comentamos, ¡y no aprende!— y en parte la primera de Luis Enrique, vino de la mano de sus canteranos, que si bien han sido una generación casi irrepetible empezó a difuminarse con el olvido de su esencia; permitir la salida de Thiago, o el desprecio por el ahora deseado y reconvertible Deulofeu fue sintomático. Y lo de tapar la progresión de otros fichando a diestro y siniestro, la culminación. Y tienen difícil volver a la senda correcta porque cuando se corta esa dinámica la cantera también se esturrea. Viendo el otro día al Barça B contra el Cartagena confirmé mis temores; apenas un par de jugadores apuntan maneras. El drama culé será volver a las andadas: un club donde juegan los mejores del mundo sin ser un equipo; su sino del siglo XX, en el que solo la engañosa suerte tinerfeña posibilitó el paréntesis del equipo de los sueños de Cruyff.
A nivel regional, el UCAM hizo un presupuesto demasiado modesto para  su primera temporada en Segunda y ahora tendrá que acometer la ruina de hacer un equipo con posibilidades de ascenso en Segunda B. La igualdad es la tónica en la división de plata hace años, y solo la garantía de un par de futbolistas de doce o quince goles posibilita la permanencia, e incluso con el acompañamiento de otros dos que la muevan con criterio en el medio se puede aspirar a más. Los universitarios tuvieron el acierto de mantener el bloque defensivo, pero no acertaron con lo demás, incorporando más roca en el centro y retales engañosos arriba. Solo Jona ha dado la talla, aislado y sin recambio en la punta del ataque. La suerte no ha acompañado, es cierto, pero hay que buscarla antes.
El Lorca enseñó el camino y al Cartagena también le falló el gol. Si en el fútbol es lo determinante, en Segunda B mucho más. Con jugadores solventes atrás, si tienes gol aseguras el éxito; no se practica un fútbol vistoso y hasta aprovechando el juego en largo te metes arriba. El fracaso blanquinegro ha sido su orfandad goleadora, que no su juego. Desaprovechar el mercado invernal fue el error.
Y el Murcia supo resolver el tema goleador, pero tal vez no la falta de empaque atrás y en medio. Aunque el problema grana, desgraciadamente, está más allá del terreno de juego. ¡Qué pena por su magnífica afición

miércoles, 7 de junio de 2017

EMPERADORES DEL FÚTBOL


El Real Madrid recuperó su trono de rey de Europa, lo que apareja ser otra vez el mejor club del mundo. No hay otro equipo que se pueda equiparar en títulos, en abolengo ni en prestigio.
Pero, con ser eso tan espectacular como indudable, lo más sorprendente es que tras ganar tres Champions en cuatro años se puede decir que estamos solo en el inicio de otro ciclo legendario. Una etapa que podría denominarse como la de Zinedine Zidane. Ese técnico tan elegante, eficaz, humilde y luminoso en lo personal como extraordinario fue de jugador. Le han bastado diecisiete meses en la silla eléctrica que supone ser técnico del Real para cambiar la historia blanca. No hablamos ya de un equipo con tres grandes títulos en su año y medio en el cargo, con ser mucho, sino de una plantilla con la calidad, la dinámica y juventud suficientes para encarar el futuro con las máximas garantías. Y los que vienen: Theo, Vallejo, Llorente y hasta De Gea, lo más probable, van a poner en serios apuros a otros jóvenes consagrados en la etapa más gloriosa merengue desde los lejanos tiempos de Di Stéfano y Gento. Varane y Casemiro, por ejemplo, tendrán que amarrarse bien los machos para no ver su titularidad en el aire. Y Marcelo o Keylor, que han hecho un final de temporada fantástico, van a tener dura competencia en sus puestos. Ese esperanzador aire fresco en el Real Madrid no es fruto del azar sino de la importancia que el técnico francés le ha dado a todos los componentes de la plantilla; la piedra angular de su gestión. Espíritu que se contagia a quien sueñe con ser jugador blanco y tenga posibilidades.
Un amigo y buen conocedor del fútbol nos decía hace poco que Zidane no sabe leer los partidos. Supongo que tras la final de Cardiff habrá cambiado de opinión, o al menos estará conmigo en que este hombre aprende en progresión geométrica partido a partido. Tras una primera parte en la que la Juventus fue mejor porque sus jugadores se anticiparon casi siempre a los del Madrid, en la segunda, sin cambios, varió el panorama desde el primer minuto. Los blancos presionaron a los italianos en su campo y cambiaron las tornas. Supongo que la “zinedina” fue de aúpa en el descanso. Les diría, poco más o menos, que con la actitud mostrada no merecían ganar la Champions. Sé de buena tinta que en el enfado es tan magnético como en la sonrisa. Quizás por eso apenas celebró el primer gol de Cristiano y, sin embargo, cuando marcó Casemiro, ese paquete brasileño que dicen algunos comentaristas —¡vaya vista tienen!—; saltó en la banda como un tigre. La misma agresividad que sus jugadores lucieron en la reanudación, con tres tiros a puerta consecutivos y seis balones robados en el medio campo transalpino en menos de un cuarto de hora. Y por contagio, como se transmite la garra madridista desde don Santiago Bernabéu —su famoso ADN—, vino el tercero del enorme Ronaldo y finiquitó el partido. El cuarto de Asensio fue un adorno con los lobos juventinos transmutados ya en corderos.
En esa segunda parte, tras la bronca, funcionó todo: los laterales, el juego interior, la anticipación, la combinación al toque y en largo, la velocidad, la suerte y hasta el otro fútbol, que decía Luis Aragonés; la expulsión del colombiano Cuadrado fue producto del juego pardo de Ramos, cuando en la primera parte todo eran quejas, por pardillos; ¡hasta Mandzukic parecía Francisco de Asís!
Dicen por ahí que el conocimiento y las habilidades suman en la vida, pero que la actitud multiplica; en el fútbol mucho más. Y cuando se junta el talento con la actitud, solo el orden y la reciedumbre son insuficientes, como viene a decir Valdano.
Ya tiene el Real doce Copas de Europa en sus vitrinas y treinta y tres Ligas. Don Florentino ha encontrado al fin el icono que, ahora sí, le encumbra al pedestal de don Santiago. Hace tiempo aseguramos que Zidane podía ser su talismán, y lo más asombroso es el poco tiempo que ha necesitado para llegar, él también, a la peana de don Alfredo.
Con los mimbres y el espíritu que ha logrado amalgamar amanece un tiempo nuevo para su vetusta y laureada institución. Será difícil desbancar al Madrid de Zidane y Pérez de la cumbre futbolística mundial. Ahora, como antaño, todos quieren vestir de blanco emperador.


lunes, 22 de mayo de 2017

PERSEVERANCIA, CREATIVIDAD Y AGONÍAS


Una Liga, una Champions, un ascenso o un descenso, aunque a veces pueda parecerlo, no se ganan ni se pierden en el último minuto del último partido, ni por los árbitros o la fortuna, siempre necesaria en cualquier juego; perseverancia es la baza, como en la vida.
Es sábado y mañana el Real Madrid entonará el alirón frente al Málaga de Michel, dejando atrás sus demonios tinerfeños a manos de los chicos de Valdano, a quien los forofos blancos mantienen en el baúl de sus fobias. Y no por aquello, superado por un cinco a cero con él de técnico en el Bernabéu a los blaugranas del hípercreativo Cruyff, su bestia negra entonces, sino por cuitas comunicadoras más recientes derivadas de una supuesta inquina suya con el madridismo florentinesco.
Luis Enrique hubo de recrear con Suárez y Neymar la gloriosa creación canterana de Guardiola, a quienes asoció meritoriamente con el príncipe Messi , circunstancia de la que algunos dudábamos, sobre los rescoldos del legendario sistema que entronizó don Pep. Y aunque le salió bien sus primeros años, ha acabado devorándole.
Al más billetero que creativo Pérez, su apuesta por Zidane también le salió redonda a la primera. Don Florentino, muy acertado, halló el talismán que lo encumbrará finalmente al Parnaso de las glorias blancas, diecisiete años después y  mil trescientos millones de euros gastados en fichajes mediante, que se dice pronto. Y hay que felicitarle, por mucho que se le puedan criticar otras cosas. Lo que es el fútbol: hace tres años meditaba una segunda espantada porque tampoco veía el camino de sacarle punta a su segundo proyecto, pero aquel cabezazo de Ramos en el noventa y tres en Lisboa iluminó las sombras que rumiaba con sus más cercanos. La duda  es que el omnímodo mandamás no se aburra pronto de su propio éxito, veleidoso como es, y opte por buscar horizontes alejados de su guardiolesco Zidane enarbolando su errónea máxima: ser entrenador del Madrid es lo más fácil del mundo porque basta con sacar a los mejores. No creo que cometa tamaño error; demostraría ser tan poco inteligente, y no lo tengo yo por tal, como cuando presume de sabelotodo futbolero.
Si los blancos ganan esta Liga, por lo que venimos apostando hace meses, será porque habrán sido mejores —y si no, lo sería el Barça—, y como dice elegantemente el propio Luis Enrique, habrá que dejarse de excusas y felicitarles. Y lo mismo con la que sería su doceava Champions. Además, ambos logros, tendrían el valor añadido de finiquitar la hegemonía blaugrana en el siglo XXI y el inicio de otro reinado merengue, tanto nacional como europeo.
Bajando nivel, el UCAM ha logrado hoy un merecido triunfo, quizás suficiente para mantener la categoría. De ahí el alborozo en el banquillo de los universitarios, invasión de campo incluida, cuando el aguileño Morillas hizo el tercer gol al final del partido. El equipo de José Luis Mendoza está a dos o tres puntos de conseguir su modesto objetivo para este año, de la mano de un buen entrenador con los mimbres —salvo Iban Salvador— que heredó del agonías Salmerón, que nos recetaba triste sufrimiento hasta el final jugando con nueve o diez por detrás del balón y largando pelotazos hacia arriba; les he seguido toda la Liga tanto dentro como fuera. Francisco ha dotado de un creativo estilo de guerrilla a sus jugadores, suficiente para imaginar que con él en el banquillo desde el principio los azulones hubieran navegado por mitad de la tabla, superando la precaria realidad de ser los terceros con menos presupuesto de Segunda División.
Comprobada la igualdad en esta categoría, el año próximo deberían perseverar en su ambición deportiva a todos los niveles y aspirar con un presupuesto más generoso a otras metas, como en baloncesto. Tienen el espíritu, la categoría institucional, la base deportiva, la dirección técnica adecuada y una afición creciente, y esperemos que la creatividad para no padecer otro año lastimero.
 Y el Real Murcia galopa con suficiencia hacia el ascenso; en Pontevedra lo manifestaron. Deseado Flores ha demostrado creatividad futbolera dotando de eficacia y murcianía al legendario equipo grana; ¡gran acierto! Ojalá alcance su meta, junto con el Cartagena de Belmonte —en la dificultad reside el mérito— y el Lorca, y el año próximo disfrutemos de cuatro equipos murcianos en Segunda. ¿Lo imaginan?

 Si soñar es vivir ideales, la realidad más noble es luchar por ellos. ¡Imaginemos sueños y fuera agonías! 

martes, 16 de mayo de 2017

LAS CUARENTA DEL MADRID


Con el rey y el caballo de la muestra es difícil perder al tute, y si pintan Champions el Real suele acompañarlos del as copero que luce en su competición aurea. Y acostumbra a cantar las cuarenta para tormento de sus rivales. Últimamente le ha tocado al Atlético de Simeone sufrirlo, que tiene todo el mérito del mundo. Su problema en la vuelta no era hacerle goles al Madrid, su debilidad, sino evitar que los merengues hicieran alguno; su punto fuerte.
Pensando en eso y en Cardiff, me vienen a la memoria Ámsterdam, Viena y París, donde el Real Madrid perdió contra el Benfica de Eusebio en  1962, el Inter de Helenio Herrera y del enorme Luisito Suárez en el 64, y en el 81 contra  el Liverpool de Kennedy.  Pero inmediatamente me revolotean las otras once finales en las que los blancos labraron su reinado europeo. Recuerdo mi decepción infantil acompañado de mi padre viendo en blanco y negro en la televisión del extinto Hotel Regina de la calle Riquelme, junto a casa y donde se concentraba entonces el Real Murcia, por la decadencia continental del equipo comandado por Di Stéfano, y la suya propia, que había ganado cinco Copas de Europa consecutivas y donde brillaban los inolvidables Puskas y Gento. Aquellas penas se disiparon en el 66 con el triunfo del Madrid ye-yé sobre el Partizán de Belgrado en Bruselas, en el que diez españoles jovencísimos capitaneados por mi ídolo Gento ganaron la sexta, con Amancio en plan estelar.
Luego vino una larga sequía de quince años hasta el disgusto parisino, y otra larguísima hasta llegar de nuevo a Ámsterdam, donde había comenzado mi recuerdo en vivo de las duras y las maduras, más allá de las ondas radiofónicas, para el alegrón que nos brindó el equipo de Mijatovic al mando del incomprendido Heynkes.  Y a partir de ahí el Real retomó su dominio europeo con la octava en París de Raúl contra el magnífico Valencia de Cúper, a la que asistí con mi hijo José Luis y dos sobrinos; la novena de Glascow que siempre llevará el acento de la apoteósica volea de Zidane, y primera de Pérez; la décima de Lisboa,  asociada al cabezazo épico de Ramos; y la azarosa por penaltis de Milán, que supuso su undécimo entorchado europeo.  Catorce finales con once triunfos. Ahí residen las cartas ganadoras del Real. Como decía acertadamente el sabio Luis Aragonés, los subcampeones no se recuerdan.
Pero para llegar a la docena se nos ha puesto un mal pájaro en la bardiza, que decíamos por la huerta. La Juventus del rechoncho Higuaín y de Khedira —con el mal fario de los ex— es un equipo de notable alto en todas sus líneas, con las excepciones sobresalientes de Buffón, Bonucci, Alves y del joven argentino Dybala, que uno por uno no asustan pero en conjunto son temibles; sobre todo en defensa. Es complicado golearles porque defienden superando la raíz del calcio italiano. Y lo hacen todos; ahí estriba el éxito de Allegri. Un acorazado con cañones certeros que rentabiliza como nadie sus contados goles para lo que deberían ser los números de un equipo de su categoría: seis ligas italianas seguidas y dos finales europeas en tres años. ¡Ojo al dato!, que diría el recordado García.
En cuartos contra el poderoso Barça anticipamos que a Suárez le harían su juego imposible, y que Messi y Neymar deberían afinar el goniómetro para enchufarla desde fuera, y sucedió lo que no queríamos: demostraron su juego granítico dejando en seco al mejor jugador del planeta. El Madrid es otra cosa en Europa y no padece anemia goleadora, pero el mejor goleador del mundo, Cristiano, deberá reiterarlo. Él tendrá la llave de la doceava.  Zidane deberá tomar una decisión crucial: Isco o Bale. Si juega el malagueño todo irá dirigido a que el portugués cumpla, de lo contrario, los esfuerzos de dividirán y esa será la gran ventaja de los legionarios turineses. Don Zinedine, que es bravo aunque a veces su mesura parezca manseo, deberá mirar antes a su vestuario que al palco o a la grada galesa;  ya lo hizo con Casemiro. En una final no caben nomenclaturas millonarias, nombres, caprichos ni botafumeiros.
Ganar el rey y el caballo con el as europeo de copas será su consolidación; Liga aparte. Deberá saber jugar las cuarenta que tiene en la mano.  A estas alturas, ser segundo no vale. Ni diplomático tampoco Y consentidor, menos.    

  

miércoles, 10 de mayo de 2017

ZIDANE Y SIMEONE, O "LA REVOLTOSA"


Cuando a finales del XIX López Silva y Fernández Shaw escribieron “La Revoltosa”, con el maestro Chapí, el fútbol no existía, pero de alguna manera anticiparon en su patio madrileño el ambiente que hoy se respira en el Madrid futbolero. Zidane y Simeone, cuan Felipe y Mari Pepa, se aman en silencio y desean sus contrapuestas virtudes futbolísticas.
El francés hizo salir al Bernabéu a sus jugadores con el objetivo prioritario de no encajar goles, que era el fútbol del libreto particular del argentino, y este inculcó a los suyos la prioridad de hacerlos. El mundo al revés. Por eso, los atléticos siguieron fieles al sensible cambio dibujado por Simeone esta temporada y dejaron solo a Gabi con la escoba del medio centro. Esto ha supuesto perder su antigua seña de identidad y encaramarse al loable carrusel del juego lucido, como vitola necesaria para dar un salto de calidad a los colchoneros, una vez demostrada su capacidad de permanecer entre los mejores de Europa.
Zidane, que ha tenido el acierto y la valentía de consolidar al joven Casemiro en el centro equilibrante de su juego, cuenta con el mejor goleador del mundo y seguramente de la historia. Hace meses, cuando  incluso le pitaban en el Bernabéu, comentaba con mis cartageneros de los miércoles, Pepe Cano, Ángel García —que colecciona experiencias relevantes —, Julio Mínguez y Pedro Conesa entre otros, y señalaba aquí, que Cristiano Ronaldo seguirá marcando goles juegue dónde y como juegue, aun con menos velocidad, y que si continúa los años que le quedan de fútbol encabezará a los goleadores históricos. El tiempo, juez incuestionable de todo lo mundano, dará o quitará razones, pero de momento apunta a eso.
Don Zinedine aprende partido a partido y demuestra que la exitosa flor que le atribuyen es un jardín de aciertos, aunque le salga alguna rosa negra. Ha tenido que lesionarse Bale, el segundo ojito derecho de Pérez —el primero fue Benzema—, para acertar con la tecla que tan certeramente le señaló Kroos: jugar con cuatro mediocampistas, aunque en realidad uno, Isco o el de turno, sea un media punta y otros dos  interiores muy ofensivos. No puede ser de otra manera en el Madrid, donde jugar para atrás no ha sido nunca reconocible ni está bien visto.
Respecto al malagueño, he comentado con otros amigos dos convicciones. A Faustino Cano, compañero de aventuras en el Real Murcia  que lamentaba con razón que a veces Zidane no pone a quien lo merece, por la suplencia inicial de Nacho; le apunté que el virtuoso Isco debería jugar con menos toques, mostrándose continuamente para agilizar el juego blanco, tipo Xavi, en lugar de querer  protagonizar jugadas de Guinness. Su calidad lo permite y el físico se lo agradecería. A mis entrañables Paco Vera, Ildefonso Morcillo, Carlos Ovejero y Oscar, colegas semanales de frontenis, les he confiado que así jugará poco en el Madrid. Y les recuerdo que Guti atesoraba más calidad y condiciones físicas que él y nunca fue titular indiscutible. Hace poco nos decía a un grupo de futboleros el legendario Asensi, que el Flaco —por Cruyff— les dijo nada más llegar al Barça en 1973 que la que debería correr era la pelota, y añadió con sorna que Charly —por Rexach— decía que correr era de cobardes. Resumía, con el ejemplo de Busquets, que siendo la velocidad imprescindible la mental es la más determinante.
Zidane lo sabe y por eso anda haciendo probaturas con el cuarto medio en cuestión: Isco, James y Kovasic, con condiciones diferentes, se rifarán el puesto hasta que alguno lo entienda también, porque Lucas y Asensio son extremos más que volantes en su polivalencia, o hasta que venga alguien aprendido, que vendrá. Mientras, aprovecha a todos con notable fortuna.
Igual que Simeone sabe que debe salir del Atlético para crecer. En España y Madrid está condenado a ser un segundón, reñido con su carácter, porque lo han encasillado en el fútbol aguerrido, y el vistoso, de momento, no le sonríe con los atléticos. Quizás su valiente apuesta de este año sea querer demostrar lo que le niegan: que puede ser técnico para equipos como Real o Barça. Italia y Francia lo esperan.

Así, los protagonistas de esta Revoltosa futbolera separarán sus destinos. Zidane continuará cultivando flores triunfales, y que dure, y Simeone cardará otros hilos para hacerse el traje florido que anhela. Ojalá inaugurara el nuevo estadio porque el drama colchonero sería encontrarle sustituto. 

martes, 2 de mayo de 2017

DE CATORCE PUNTAS



Los equipos grandes, el Real Madrid sobre todo, mantienen sus esencias en el ánimo de propios y extraños con un gran trofeo cada año. Y cuando no cae esa breva hay que cebar la bomba, en palabras del presidente Pérez, con fichajes de relumbrón. Otros, como el Barcelona, tienen alguna  baza más para caldear su ambiente; la política, por ejemplo. El problema es que el  España nos roba, también en lo deportivo, no tiene un pase más allá del Ebro o de los Pirineos, y en caso de anemia deportiva solo algún árbitro puede ser la percha de sus fracasos.
Pero hay otros símbolos de catorce puntas que también son el objeto del deseo de sus mandatarios ocasionales; en el caso del Madrid, don Florentino es el paradigma. Nunca en ningún momento de su historia, ni siquiera cuando Bernabéu, hubo un personaje de su calibre en busca de piezas de museo. Esa práctica era más bien una costumbre ancestral en el viejo Barcelona, que buscaba así colgar de sus paredes lo que no conseguía para sus vitrinas.
Afortunadamente, el dinero no es garantía de títulos en el fútbol, aunque acompañe poderosamente. De ser así, el Barça hubiese barrido en el siglo XX y el Madrid desde que Pérez accediera a la presidencia blanca en el 2000; la historia demuestra lo contrario. El circo, las pasarelas y los trofeos colgados de la pared son una cosa, y los terrenos de juego, el fútbol y sus vitrinas son otra muy distinta; ahí radica su grandeza.
También el mismo poder es muy diferente en el fenómeno futbolero. Hemos reiterado que en el Barça reside en el césped: Messi; en el Atlético en el banquillo: Simeone; y en el Madrid en el palco: Pérez. Y cuando se perpetúan aparecen sus ultras, que como se dice en la religión cristiana católica son más papistas que el propio Papa.
Así, ahora andan algunos preparando antorchas para quemar a Zidane en le pira del supuesto fracaso madridista. Y lo hacen enarbolando la bandera florentinista de que el omnímodo presidente blanco no soporta una temporada en blanco sin colgar en su retablo particular la cabeza de turno. Particularmente no creo que sea el caso. Quienes siguen esta columna saben y me han comentado a veces mi actitud crítica con don Florentino, aunque sea por la demostrada trayectoria de su gestión deportiva, que contiene con los números en la mano más sombras que luces; pero también saben que nunca he regateado elogios a su brillantez e inteligencia. Es un hombre que más allá de la formación académica ha ido aprendiendo de la vida; creo que a estas alturas es más importante su bachiller callejero que su ingeniería de caminos.
Dimitió en el 2006 reconociendo que había maleducado a las figuras de catorce puntas que fue acumulando desaforadamente, con el error  gravísimo añadido de finiquitar a Del Bosque, que aún tuvo tiempo después de ser campeón de Europa y del mundo con España. Por eso intuyo que esta vez no cometerá el mismo error con Zidane. Quien puede ser “su Guardiola”, a poco que le dé tiempo, sobreviviría al desastre de no ganar nada este año, que no creo, y podrá planificar la próxima temporada  aprendiendo también de los errores de la presente. Y ha tenido tres muy gordos: quedarse con un solo medio centro, Casemiro; apostar por la continuidad de Coentrao, sin cubrir las espaldas de Marcelo; y a día de hoy todavía sigue con su empeño de hacer balón de oro, siguiendo las ilusiones de su presidente, a un futbolista como Bale con físico de cristal.
Gran gestor de egos y de recursos; la prueba más evidente es mantener a todos sus profesionales súper motivados, tanto los de catorce como los de menos puntas; sabrá elegir también sin duda su próxima plantilla. La que debe consolidar su todavía cortísimo reinado. Y presumo, además, que será muy joven, por aquello de hacer historia de la buena. Al francés le une un bachiller callejero parecido con su presidente; seguramente la vida le habrá enseñado más que el propio fútbol. Se le nota, sobremanera, en la sencillez que vende, que es la divisa de los verdaderamente importantes.

Esta vez, el más grande de los catorce puntas blancos seguirá al timón porque la quinceava es la que une su destino al del baranda superior. Es el limpiador que puede blanquear para los restos los baldones de don Florentino. Hay Zidane para rato; y Pérez.             
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