jueves, 18 de enero de 2018

LA SAETA DE ZIDANE


Reitero a don Antonio Machado para referirme al balompié porque también luce lírica. Y parafraseo facilonamente la esencia de la copla popular que encabeza su emocionante saeta, pidiendo un goleador para subir al madero y quitarle los clavos al Madrid ‘zidanero’, porque yo sí creo que esto es solo fútbol.
Ante el Villarreal mejoró en actitud, sobre todo, aunque sin gol cualquier planteamiento es estéril. Si juegas bien, el acierto goleador parece consecuencia, salvo mala suerte, que también cuenta. Si lo haces regular, enchufarla luce la parte buena de tu juego; lo que más se canta. Y si lo haces mal, el gol ganador cubre con su benéfico manto tus carencias.
Zidane tiene parte de razón al no hallar explicaciones más allá de la carestía goleadora, pero deberá componer una saeta, aunque me temo que la imaginación no es su fuerte, y cantarla antes del cruce con el PSG para motivar las emociones y salvar su cabeza y la de algunos de los suyos en llegando la calor huertana.
Es difícil reconocer al Real en el equipo ramplón que precisa tantas ocasiones para hacer gol, cuan equipo de inferior categoría frente a grandes, medianos o pequeños.
Y para renacer, en jerga poética, deberá rimar a sus delanteros con los centros laterales; demasiados a la olla porque los pases al pie o al hueco suenan mejor. Y musicar sus remates con las mallas rivales. Y medir los toques de sus interiores y defensas en corto o en largo con los desmarques de aquellos. Y así alternativamente, porque los cambios de juego y ritmo también son poesía.
Como referencias destacadas, Marcelo debe sufrir cataratas y reuma porque no ve huecos claros desde hace mucho ni desborda hasta la raya para dar pases mortales hacia atrás —no los simplones que algunos indocumentados llaman así—, aparte de bajar al trote borriquero. Modric y Kroos hace tiempo también que no lucen ni son decisivos. A Cristiano parece que le hubieran echado mal de ojo. Isco, que prefiere sobar a jugar rápido al toque, y Asensio, cuando lo saca; juegan más al veo y no te veo que a la pelota. Bale continúa empeñado en reivindicarse hacia el palco con escasa fortuna ante su cada más desencantado Florentino. Y Benzema sigue sin estar por mucho que aún lo espere su técnico.
Zidane deberá hacer lírica de la buena, la emocionante, tanto culta como popular, de ahí la saeta; para rearmar la fe parroquiana y salvarse de la quema que les aguarda a él y a algunos de sus trece, con los que se ha empecinado y solo en parte le honra, al final de esta probable luctuosa procesión merengue.
Mientras, el Atlético ha vuelto a la fe cuasi religiosa de Simeone, la que le hizo grande: si marcan primero normalmente puntúan. Como ejemplo palmario, el cambio tempranero del goleador Gameiro por Fernández en Éibar. Los colchoneros, con Koke, Oblak y Thomas espectaculares, además de Saúl, Griezmann y sus fichajes Costa y Vitolo, sí pueden dar alguna emoción a esta liga de estelar tinte blaugrana. Aunque el Barça, si continua su extraordinaria trayectoria —están haciendo todo lo posible—puede batir  record de diferencias con el segundo, amén de la brecha histórica con el Madrid. Juegan bien, asombran a propios y rivales y golean fácil con Messi y ¡Alba! deslumbrantes; ¿dónde está Neymar, Luis Enrique?
Valverde escribe uno de los romances futboleros más bellos, porque además será histórico, y enderezará la humorada del genial Marx, el del puro, de alcanzar las cotas más altas desde la más absoluta de sus miserias veraniegas.
¡Qué poco conocen al omnímodo Pérez quienes afirman que, debacle blanca mediante, y los hay muy ilustres juntaletras y voceros; Pochettino sería el sustituto de Zidane! Al presidente orquesta, en su absoluta soberbia, solo le valen los números uno, y el argentino todavía no ha ganado nada. Benítez era más y recuerden. Hay mundial, Alemania y Brasil son favoritas —junto con España—, y lucen dos ases rutilantes, uno de largo y otro de corto. Blanco y en botella.
Al calculador presidente, sin embargo, puede asomarle un forúnculo si Zidane toma del olivo antes. El Bernabéu tiene buena acústica y la música de viento acojona. Y más si se acompaña de pañuelos hacia el palco. Tan vistoso escaparate su sobrada señoría no lo aguanta y, a las malas, tratará de sostenerlo hasta junio. Además, todavía es Zidane; su apuesta más personal. Cualquier otro, hoy sería historia
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