jueves, 16 de noviembre de 2017

DEL BARÇA AL REAL MURCIA


O la invalidez de las certezas. Si dudar es de sensatos y rectificar de sabios, las certezas recalcitrantes desnudan a los estériles. Y en el fútbol, con su mezcla de oportunismos, realidades aparentes y fortuna, mucho más. Como muestras, dos ejemplos. Para su alegría, ¿quién les iba a decir a los culés a finales del verano que entrando el otoño serían líderes destacados en España y en Europa? Y en nuestra Región de Murcia, ¿cómo podían imaginar los pimentoneros que en ese mismo periodo, tras el esperanzador fin de temporada vivido y la apuesta decidida por fichajes costosos para esta, estarían más cerca del fuego purificador que de la gloria?
Valverde, tras el deslumbrante trampantojo merengue en la Supercopa española con Asensio de genio mágico,  y el fracaso descomunal de los dirigentes blaugranas con fichajes y desfichajes más mediáticos que efectivos, ha ido amalgamando una plantilla que a día de hoy, sin jugar todo lo bien que cabe esperar de sus jugadores, parece un equipo imbatible; otra realidad aparente que el propio fútbol se encargará de desmontar. Tiene medio once fijo: Messi, Busquets, Suárez, Piqué, Umtiti y Ter Stegen, que están entre los mejores del mundo; cinco más volátiles: Iniesta, Rákitic, Alba, Paulinho y Sergi Roberto; y juega con otros dos puestos adicionales para darles cancha a futbolistas como Deulofeu, André Gomez, Semedo, Denis Suárez, Alexis y Digné, que como los anteriores podrían ser titulares en cualquier equipo de campanillas. En resumen, los mismos que contra el Real Madrid cantaron la gallina y que su entrenador, desde su también aparente segundo plano y modestia, les ha hecho apretar los dientes para encaramarse al monolito de la victoria permanente. ¿Aprendieron de los errores? Es tan posible como que desde entonces solo saben ganar, con algún empate testimonial de su condición humana. 
Neymar se fue y es historia, a Dembélé se le espera ya con menos ansiedad, y Valverde aparece rutilante en el horizonte de los llamados a la leyenda; otro más, como lo fueron Cruyff y Guardiola. Y lo puede conseguir si en 2018 el Barça se alza con dos títulos tan distintivos como la Liga y la Champions, superando el horrible 2017 con un expresidente cacareando, Laporta; otro encarcelado, Rosell; un presidente en entredicho, Bartomeu, por sus connotaciones con el anterior y la desafortunada gestión tanto en la sonata y fuga de Neymar como en la búsqueda vodevilesca de su recambio; un inicio de temporada catastrófico ante su máximo rival y un entorno político y social enrarecido por la nefasta conversión del Nou Camp en muestrario permanente del catalanismo militante más cavernario.  El vasco-extremeño está  ahora en el banquillo a la altura de Messi en el césped por su relevancia en el éxito blaugrana. Y si persevera en su magnífica trayectoria con la penosa herencia recibida, al contrario de la que halló Luis Enrique, hará historia grande con su Barça.
Por su parte, los actuales gestores del Real Murcia también pueden hacer historia, buena o mala y hasta catastrófica, según les vayan lo deportivo y la economía. Quienes hemos vivido al equipo grana desde dentro somos optimistas por la propia naturaleza milagrosa del club, igual que los miles de entusiastas seguidores con los que respira, al borde de la desaparición varias veces en su centenaria historia. Y ahora no vamos a ser menos. Así, aunque hemos asistido más cerca del aburrimiento que de la alegría a los partidos de este año, el sábado en Cartagena atisbamos un rayo de esperanza. Ante el mejor equipo actual de la categoría, el Efesé, los murcianistas pudieron empatar el derbi, y algunos pensamos que jugando así y con todos sus efectivos incluso hubieran conseguido más. Los blanquinegros ganaron bien aprovechando los detalles de sus distinguidos futbolistas. Jesús Álvaro y Cristo Martín, como Sergio Jiménez, son jugadores de superior categoría, y con el oportunismo de su goleador Aketxe y la colaboración del sobremotivado Chavero, con sus luces y sombras, consiguieron tres puntos que pueden suponer el punto de inflexión que les lleve a no bajarse ya del caballo ganador.   
Con Monteagudo lo tienen claro, y en el Murcia esperemos al Salmerón eficaz del ascenso con el UCAM y no al que el año pasado recomendaba a sus aficionados acostumbrarse a sufrir. Al fútbol no se va a eso, señor mío.
Finalmente, algunos soñamos con cuatro equipos en Segunda, incluyendo al UCAM y al Lorca, y que el otro Lorca y el Jumilla salven la categoría.      

  
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