martes, 31 de enero de 2017

PALOS AL BURRO DE ZIDANE


Se decía por la huerta que los palos hay que dárselos al burro cuando se cae. Y ni con los palos ni con este supuesto burro ni con aprovechar su caída concuerdo. Me gusta más prevenir y, en su caso, analizar después los porqués.
Estrategia, que estudiábamos, y no la gilipollez de llamar así a un córner, a una falta o cualquier otra jugada ensayada, por mucho que se enseñe tal disparate en las escuelas de entrenadores. Decía un viejo profesor de planificación que la estrategia está reñida con el corto plazo, como ocurre en la estrategia militar, donde nació el sentido del término; “el arte de la guerra”, de Sun Tzu. 
Ahora, en el caso del Real Madrid todo son palos al burro caído. Sin embargo, el sentido común y la experiencia futbolera nos muestran que los baches son una casuística habitual a lo largo de la temporada de cualquier equipo. Entre otros temas, el problema es más profundo: en ninguna otra plantilla de los clubes europeos con aspiraciones hay tanto  mediapunta por metro cuadrado. Y claro, si la manta es corta en otros puestos, como en el del medio centro o en el lateral izquierdo, y tiramos de ella para cubrirnos la cabeza, se nos ve el culo.
El asunto ha funcionado gracias al trabajo de Zidane y al entusiasmo contagiado a sus jugadores, no a ninguna flor, como se empeñan quienes le niegan el mérito, Sin  embargo, él y su Madrid suspendieron este verano el examen de estrategia cuando dejaron solo a Casemiro y cedieron a Marcos Llorente sin buscar un recambio de garantías, que los hay cercanos, como reiteramos aquí.
En Vigo se vio el desaguisado en cuanto las lesiones de algún básico los  dejó con las vergüenzas al aire. Y a pesar de todo pudieron pasar la eliminatoria a poco que a Cristiano no le hubieran traicionado los palos, a Ramos el remate —tuvo varias; una muy clara— o que la mala suerte no continuara siendo la compañera de juego del nuevo todocampista Danilo; ¡vaya tela! ¿Qué don Zinedine también se equivocó?, pues claro, eso pensamos algunos; jugó con cinco medias puntas cuando no eran para tanto dos goles, como se evidenció, y no se entienden las suplencias de Lucas Vázquez o Morata ni la posición de central de Casemiro. Benzema tiene querencia a la media punta  y el brasileño no tiene cintura ni oficio para jugar ahí; lo hace muy bien con los centrales por detrás —la corona del área blanca era una autopista— y  el francés precisa balones templados desde las bandas cuando su equipo necesita que deprede. Mucho más cuando está en la racha de secano que los goleadores también sufren ocasionalmente. Ahora, Zidane tiene que trabajar esencialmente las cabezas de todos.
A pesar del bache que sin duda atraviesan los blancos, sigo pensando que no llega a crisis. Y auguro que ni llegará, por mucho que escribir para el lunes con algún día de antelación tenga riesgos. Sin ser adivinos, hace tiempo dijimos que el Barça ganaría la Copa y que el Madrid levantaría la Liga, con la Champions como posibilidad complicada para ambos. Y en esa línea transcurre la temporada.
Y pasando del barro llegamos a los laudes, que también merecen atención. Es el momento de felicitar a personajes que no cuentan normalmente con el halago en esta modesta columna. Don Florentino Pérez ha estado oportunísimo recordando al Sevilla con el tema de Ramos que en el Bernabéu les levantaron el sitio a los ultras; como Bertomeú y el Barça. Con un par, ¡sí señor! El culpable, si se pudiera llamar así, de que el utrerano levante trofeos reiteradamente en el Madrid es el señorito del Nido.
Esa frase suya de que “en su equipo nunca ganaría dinero un canterano”, es para enmarcarla como ejemplo de la mayor estulticia de nuestro fútbol. En Nervión tienen una inmensa suerte llamada Monchi, que viene haciendo virguerías desde que el Sevilla buceaba por Segunda en la ruina. En otro caso, el ahora oscurecido no luciría los laureles conseguidos con su Sevilla. Es justo reconocérselos. A veces, apostar por alguien — Laporta con Guardiola— supone la gloria.
Y el otro a felicitar es Luis Enrique. Le preguntaron con guasa por la eliminación del Madrid  y respondió que solo le importa su Barça. ¡Olé! Cunda el ejemplo.
Los  extremos vergonzantes son ciertos periodistas bufanderos madrileños y similares de la catalana RAC1. ¡Estos sí que son burros!


lunes, 23 de enero de 2017

¡VIVAN ESTAS CRISIS!


Gracias a ellas el fútbol es un juego diferente. Si no fuera así, el Real Madrid o el Barça lo hubieran ganado todo siempre. La historia demuestra lo contrario, por mucho que sean hegemónicos en España, y en buena medida en Europa y el mundo.
Sin entrar en títulos aislados,  que hacen a los clubes grandes, el marchamo de grandes entre los grandes son sus dobletes, tripletes o “muchospletes”. El  Real ha conseguido ocho triunfos dobles en su historia si miramos los  de más lustre: Liga, Copa, Copa de Europa, Europa Ligue o las antiguas Uefa y de Ferias, y la extinta Recopa; en las temporadas 1957, 58 y 62 (las de Di Stéfano y Gento) y en la más espaciadas de 1975, 80,86,89 y 2014; sin ningún triplete en sus alforjas. El Barça ha conseguido nueve dobletes: 1952,53 y 59 y 60 (los años de Kubala) y en 1992, 97, 98, 2011 y 2016 (estos dos últimos con Messi), a los que suma los tripletes del 2009 con Guardiola y 2015 con Luis Enrique, también con Messi de estrella fundamental.
Los Bilbao, Zaragoza, Sevilla y Atlético de Gil también tienen algún doblete histórico, aunque excepcionales.
En resumen, ocho dobletes merengues contra nueve culés y dos a cero para los blaugranas en tripletes. Y como dato singular, el Barça le ha dado la vuelta a la historia coincidiendo con la presidencia de Pérez en el Madrid. En su etapa ha conseguido un doblete  mientras que sus rivales por antonomasia han ganado dos, además de los dos únicos tripletes del fútbol español.  Datos son amores: antes de él, el Real reinaba en títulos oficiales y con él, el Barça lo ha rebasado. Pero es que, hasta en la intrahistoria blanca le gana Bernabéu, su referente, con quien intenta compararse. Con don Santiago el Madrid ganó cuatro dobletes y con don Florentino solo uno, sin entrar en comparaciones monetarias. Si bien es cierto que estuvo treinta y seis temporadas y el “ser superior” no llega a la mitad; pero al tiempo, con sus estatutos busca eternizarse. Y aún le falta su franquicia, porque a Cristiano lo fichó Calderón, aunque lo soba arteramente, y hace bien.
Hablan de crisis en el Madrid por perder dos partidos seguidos tras cuarenta sin conocer la derrota; ¡bendita crisis! Sigue liderando la Liga con un partido menos y está en octavos de la Champions, aunque tenga un problema en la Copa — yo del Celta no estaría tranquilo—.  Aparte de ser el máximo goleador y el cuarto menos goleado, y ahí tiene un problema; empatado con el Barça en 17 encajados, tres más que el Atlético y el Villareal. 
Por la Liga han pasado los mejores, salvo Pelé, y ahora disfrutamos del mejor del mundo y de quien puede llegar a máximo goleador de la historia; Messi y Cristiano, y mientras que el argentino será legendario, como en su día lo fueron en mayor o menor medida Kubala,  Di Stéfano, Gento, Puskas, Butragueño, Raúl, Xavi Guardiola o Cruyff —estos últimos por distintos motivos— el portugués no  pasará de ser el mejor goleador en la historia blanca, salvo que en sus últimos años madridistas logre remontar los laureles del club del último decenio.
A los goleadores da pena verlos en sus rachas ciegas, como ahora le ocurre a Cristiano; parecen torpes. Ahí y en la aparente orfandad de sistema está la clave de la falsa crisis blanca, pero no es solo eso.  Ramos es su segundo goleador, y eso indica que los demás delanteros no la enchufan.  En un equipo que aspire a todo, es un bache.  Si el luso hubiera estado acertado en Sevilla, o Keylor, probablemente hablaríamos de Zidane y el récord de imbatibilidad europea.
En la portería los fallos cuentan más que los aciertos.  La trayectoria de Casillas evidencia que es la posición más desaboría. Keylor nunca pasó de ser un buen porterico, en expresión futbolera, y tiene sus glorias contadas.
Recuerdo al Madrid campeonísimo perder en Elche contra un novato en los años cincuenta en el viejo Altabix. Chancho, ex murcianista, hizo ese día un marcaje extraordinario al mejor Di Stéfano.
Y al Barça palmar en la Condomina contra el Murcia de Kubala con el recordado gol del “negro” Sánchez a Zubizarreta por entre las piernas, en la portería del sector B. 
Crisis en un grande es cuando no gana nada un año, ni se le acerca, o  cuando se interesa en broncas algún cantamañanas mediático… 


martes, 17 de enero de 2017

Y ZIDANE CANTÓ LAS CUARENTA



En el fútbol, como en la fábula, unos cantan y otros laboran. Las chicharras brindan al sol y las hormigas llenan graneros. Ocurre igual en la vida. Mientras algunos airean su tiempo ocioso y otros se lamentan, hay quienes labran su futuro a base de esfuerzo; estudien,  trabajen, o ambas cosas, y hasta se permiten ahorrar para el día de mañana.
Zidane, en el año que lleva al frente del Madrid, ha estudiado y trabajado, y ahora puede ahorrar esfuerzos a su plantilla repartiendo minutos entre los jugadores. Y además, le echa lo que hay que echarle a cualquier asunto serio: cabeza, corazón y coraje. El orden es lo de menos, pero es preferible hacerlo por el que nos enseñaban de niños: cabeza, tronco y extremidades. En  cualquier deporte es así, con la velocidad  como diferencia. Si acaso, al ser el fútbol un juego, es imprescindible que la suerte acompañe, pero suele darse la mano con el trabajo; pensar en loterías sin comprar es un sueño estéril y gratis que después suele pesar.
Cuarenta partidos sin perder no es producto de la suerte, por mucho que haya acompañado en momentos puntuales. En el fútbol siempre hemos hablado de la suerte de los campeones, que es oportuna y adorna, pero nunca básica. El fundamento de un éxito así, record en España, es más complejo y meritorio que un balón al palo, un gol de rebote, un remate de última hora o cualquier arbitraje afortunado. Si hubiera que sintetizarlo, sería el resumen de un trabajo mayúsculo; la punta del iceberg. Debajo de tan imponente laurel hay infinidad de detalles, amalgamados por la responsabilidad primera de un técnico que quiera triunfar en un club grande, y más si hablamos del más laureado en la historia: gestionar talento.
Miguel Muñoz  no enseñó a Di Stéfano, Gento y compañía a controlar, correr o darle al balón. Don Zinedine tampoco a Cristiano, Ramos y demás astros, aunque le pegue todavía mejor que la mayoría de ellos. El madrileño bonancible lo ganó todo de corto y de largo en su época blanca. El hombre que contó con la confianza máxima de Bernabéu, detalle esencial, triunfó gestionando estrellas y también ahormando a sustitutos —el Madrid yeyé —. Y el protegido de Pérez va camino de emularlo. La diferencia, en este fútbol tan globalizado, mediático y deslumbrante, es que a Zidane le acompaña el glamour de ser un futbolista legendario. Y eso, en estos tiempos, sí es una suerte que lo acompaña.
Seguramente, su antecesor Benítez quería gestionar la plantilla merengue de un modo parecido, pero su crédito personal no le alcanzaba. Sus primeros movimientos renovadores iban por ese camino: Casemiro como eje central, adelantando a Kroos y Modric,  y Lucas Vázquez de primer recambio y revulsivo oportunísimo, pero le faltó tanto valor como tacto con Cristiano. Bale, apuesta estratégica del presidente para socavar la omnipresencia del portugués, aún está en los albores de lo que puede llegar a ser, y don Rafa quemó demasiado pronto esa baza; tal vez en un guiño hacia el palco y una parte del vestuario para ganar respaldo y autoridad. Pero como les ocurrió a los asesinos de Viriato con Roma, ni la planta noble ni los pesos pesados pagan a traidores.
Zidane demuestra ser un excelente gestor del infinito talento acumulado entre los merengues, tanto de los consagrados como de los aspirantes, teniéndolos a todos enchufados; ahora recoge réditos. Cuando un equipo está bien, cualquiera que salga destaca; Isco, James, Asensio, Morata, Nacho, Casilla, Kovacic y hasta Mariano. Y en tan magnífica dinámica está el Real Madrid. Ese es el enorme mérito de quien va camino de batir otros records, aunque aún echemos en falta un sistema definido más allá de lucir la emblemática brega corajuda blanca. Y tiene el valor añadido de aportar buena imagen al Real; cuestión importante tras lo visto en el pasado reciente.
Lo hemos criticado mucho, pero hay que reconocerle a don Florentino el acierto de apostar por él. Puede ser su talismán, como don Alfredo lo fue para don Santiago.
Mientras, los grillos siguen cantando a la luna sin vergüenza. Piqué, tan lenguaraz y divertido a ratos como buen futbolista, es el paradigma. ¿Cuándo deslumbraba el Barça era por los árbitros? ¡Anda y anda, que no andas na, mojarra! Como él diría, sabemos de qué va esto, pero con humildad.

Y si estuviera ya en precampaña presidencial, que se guarde de los navajeros. Tiran a dar.      

viernes, 13 de enero de 2017

LOS IDUS DE GUARDIOLA


Cuenta el griego Plutarco que un vidente advirtió a  Cesar  del atentado que sufriría el 15 de Marzo, que era el primer mes del antiguo calendario romano.  Ese día se lo encontró camino del Senado y el emperador le dijo con ironía que los idus de marzo ya habían llegado, a lo que aquel le respondió que sí, pero que aún no habían acabado. Y lo mataron.
Guardiola fue a Inglaterra buscando un nuevo reto, que venía a ser también como la luna llena de un nuevo periodo. Y allí leería el “guárdate de los idus de marzo” de Shakespeare, en su obra Julio Cesar. Quizá anuncie por eso su retirada. O será su propio vidente, que cuadra más, y haya interiorizado la brevedad del fútbol; uno de los juegos más imprevisibles, asegura con razón.
Cruyff, su referente —¡cómo le añoramos!—,colgó la pizarra demasiado joven para todo, cuando aún le querían clubes poderosos y selecciones de postín. Y yo me inclino porque quiere emularle, en un afán de mimetizarse con quien le dio la oportunidad en el Barça muy joven, en contra de la opinión de algunos técnicos de la casa que querían largarlo porque era debilucho para la responsabilidad de un medio centro; estaba hecho un tirillas. Esas visiones discriminan a los buenos técnicos de los mediocres y malos.
Pero Guardiola se equivoca, salvo respetable apetencia personal. Nunca será Cruyff, aunque sea lo más parecido como técnico e incluso pudiera superarle con el tiempo que ahora se niega; como tampoco lo fue de jugador, donde las diferencias fueron abismales. El  holandés marcó el inicio del fútbol moderno; fútbol total, se decía, siguiendo el camino de Di Stéfano, para quien tampoco había posiciones fijas en el campo. Dos grandes del fútbol que siempre aparecen entre los cinco mejores de la historia.
Capello no ha descubierto nada anticipando la querencia de Guardiola por el Barça. Pero sería otro error mayúsculo optar a algo que no tuviera que ver directamente con el deporte.  Seguramente, el técnico italiano ha conjugado su barcelonismo con la deriva política, que es una debilidad manifiesta de don Pep.
En Munich habrá palpado la relevancia que mantienen viejos futbolistas como Beckenbauer, Hoennes y Rummenigge, que siguen en candelero desde los despachos y los palcos, opinando con autoridad por su prestigio y con poderío por sus cargos, haciendo y deshaciendo en el legendario Bayern. Pero ni Alemania es España ni su afición acuna la impaciencia de la nuestra. En Barcelona, por muy catalana e independentista que él la sienta, maman la misma leche que en Madrid o cualquier otra ciudad española, y no suele ser buena ante la derrota. Y eso él debería saberlo, por mucho que las pulsiones políticas le pongan una venda, como a tantos, y no le dejen ver la realidad.
Yo creo que lo mejor para el fútbol sería que personas entendidas, como sus ex profesionales, llevaran la batuta, pero no deja de ser otra utopía. Demasiadas veces, las filias y fobias suelen arrastrarse y al final, salvo gran inteligencia, tienden a formar camarillas tan irresolutas como cainitas. Y tampoco hay en el mundillo de los antiguos futbolistas querencia por arriesgar su dinero para que otros jueguen. Más bien al contrario, suelen acercarse a los clubes para seguir viviendo del fútbol. Y tal evidencia, que no es mala por sí, casa mal con los aficionados y la prensa deportiva; la mezcla de intereses económicos y deportivos es explosiva, y más aún cuando pintan bastos. Se da más leña a los ilustres, como en los toros.
A los españoles nos calienta la sangre el mismo genio que a los taurinos, y pedimos cabezas de dirigentes, como hacemos con los pañuelos para pedir orejas y rabos en la plaza. Incluso utilizamos idéntica música de viento y damos las mismas patadas al diccionario y a la mesura cuando se suelta la lengua. A las buenas, también ligeros de memoria, entonamos alegres olés y “con flores a María”.
Guardiola sabe que duraría en el palco lo que los buenos resultados; el calendario del fútbol español, al contrario del inglés o el alemán, es de hoja caduca. Debería seguir entrenando, que aún tiene mucho que aprender, como confiesa, y satisfacciones que dar a los futboleros de gusto, que son legión, y a los guardiolistas devocionarios, como es mi caso.

Murcianista y regionalista, con tinte merengón, ¡cómo disfruté con su Barça!  La mayoría canteranos y haciendo el mejor fútbol del mundo.  

jueves, 5 de enero de 2017

2017 SERÁ MEJOR



No hay que recurrir a las cábalas para augurar un 2017 bueno. Ni ciencia. Solo pensamiento positivo y voluntad. Nosotros mismos nos encargaremos de que así sea. Para los cenizos, subrayar que acaba en siete y sus números suman diez; la suerte y una cifra redonda.
El año nuevo nos traerá también nuevas realidades. El Madrid ganará la Liga y el Barça la Champions, con el Atlético volviendo por sus fueros recientes y apretando a los campeones. Llegará su año, pero este le traerá un nuevo estadio, que tampoco es moco de pavo.  Simeone levantará en La Peineta rebautizada el Trofeo con mayúscula, que coronará su magnífico trabajo del quinquenio, dando inicio a la época brillante de los colchoneros. Lo del Pupas se quedará para siempre en el Calderón, como antes quedó la nostalgia del Atlético Aviación en el viejo Metropolitano.
Cristiano será en 2017 el goleador imparable que lo ha distinguido desde sus comienzos en el Sporting de Lisboa, con su eclosión definitiva en Manchester y la coronación mundial en el Real Madrid. Calderón tuvo la culpa de su fichaje por los merengues, ¡bendita responsabilidad, y Pérez la recondujo tras un mes de dudas. Afortunadamente, la calavera  shakespeariana de su ser o no ser particular le guiñó el ojo afirmativo del optimismo, Valdano mediante, en lugar del rancio egoísta por no haber sido él quien lo pensara. Y después todo vino sobre las ruedas del mejor goleador de los últimos cincuenta años. Y tal vez de siempre.
Messi, descubrimiento de Rexach, verá en 2017 la culminación de su decenio mágico con su enésimo Balón de Oro. Su deriva desde un punta sorprendente al jugadorazo que ahora es se lo debe básicamente, al margen de que sobre todo a su categoría y voluntad, a Guardiola, que lo sacó de la estrechez del extremo derecho al centro del ataque con libertad para moverse entre líneas. Y ese salto fue una de sus mágicas innovaciones tácticas. En un partido contra el Real Madrid destiló las gotas de grandeza que luego ha consolidado. ¿El mejor de la historia? Xavi dice que sí.
La Selección volverá a ser grande, Lopetegui obrará, con Iniesta haciendo de Xavi y de sí mismo, en un juego malabarista tan singular como su infinita calidad. Será otra reinvención de un jugador diferente, como ya hicieron algunos. Y es que, cuando se pierde la décima de segundo porque los años pesan más que los kilos, salen a relucir la inteligencia y la experiencia de mili; al manchego áureo le sobran esos valores en la misma medida que clase y ganas.
Finalmente, el Sevilla, Bilbao y la Real, y los amarillos villarrealenses de Roig, cuajarán una temporada para soñar con la siguiente, en la que partirán como serias amenazas de los tres grandes. Y el Valencia, ¡ay los chinos ches!, aunque sean de Singapur; salvará el pellejo a costa de algún damnificado modesto, que siempre los hay en esta Liga de nuestros pecados y alegrías. Parejo es el paradigma de sus pesares. De soñar en el verano con un cambio de aires sevillanos a verse envuelto en líos, con la sempiterna música de viento en las gradas cuando el carro se tuerce. 
Y en llegando a nuestra tierra, que se dice por la huerta, en Jumilla y Lorca recogerán cosecha y el Cartagena subirá a Segunda. El Murcia, pobrecico mío, enderezará su destino sobre la campana, si la suerte y los idus de los meses venideros, los buenos, se conjuran. Sueño con que sube y empieza a solucionar su ruina, para formar un tridente apasionante, con los del efesé y los universitarios del UCAM, en el hermoso intento de subir a Primera, donde los granas deberían estar siempre por historia, afición, estadio y categoría de ciudad; la séptima de España.
Para eso deberían los de Guadalupe y Sangonera mantener el tipo en Segunda, empalmando unos cuantos resultados positivos. Y en eso están Mendoza y compañía. Los veremos en Alcorcón. El problema del fondo de la sartén clasificatoria es que están calentitos y todos quieren meter la cuchara en su boyantía; en el fútbol, como en tantas cosas, se precisa imaginación, perseverancia, paciencia y santa mala leche, que decía un tío mío.  

¿Que sigo soñando? Claro, es lo que toca ahora. Y  siempre. Si no alumbras  proyectos nuevos estás muerto, que dice mi amigo José Ignacio Gras. Optimismo, cabeza y voluntad. Los pesimistas, un zurrón y al campo, a echarse un pienso. ¡Feliz Año!

martes, 27 de diciembre de 2016

A LOS REYES MAGOS


   Nuestros amables lectores permitirán que volvamos a ser niños por un día y pidamos a Sus Majestades lo que pensamos algunos futboleros de esta amada tierra murciana. ¡Ay, la sinceridad de aquellos maravillosos años!
Nos gustaría que sin perder un ápice de competitividad, que es muy diferente a rivalidad por lo que tiene de intentar ser mejores sin quitar nada a nadie, viviéramos apasionadamente los encuentros entre los equipos de nuestras devociones, animando a los nuestros y jaleando su mejor juego, pero sin nada más.
Que la buena actitud de sus profesionales o directivos fuera el ejemplo a seguir. Sería mano de santo ver a Cristiano, Messi,  Griezmann, Adúriz, Vitolo, Illarra y compañía competir a tope y dejar en el terreno de juego las vicisitudes que sus lances generan, para terminar con un apretón de manos y, por qué no,  valorando lo positivo propio y ajeno con la lógica subjetividad, sin menoscabo de la objetividad que todo buen deportista siente hacia sus adentros.  Los aficionados, entonces, serían capaces de comportarse como personas y no como niño mal criados, cuando no incalificables sujetos del disparate.
A partir de ahí, que gane siempre el mejor, o el que más suerte tenga; no olvidemos que el fútbol es un juego, y a la semana siguiente más. Y puestos a pedir, sería agua de mayo que los informadores y comentaristas guardaran el morbo ramplón de las debilidades humanas, o supuestas, de  quienes visten de corto o largo en el fútbol; aspectos que poco tienen que ver con el deporte. Otra cosa son los temas que afectan al decoro social que todo personaje  público, con influencia en tantos millones de personas, debería tener como símbolo a imitar. Y hablando de medios de comunicación y periodistas, algunos soñamos con que algún día usen la  riqueza del idioma español, en lugar de manejar extranjerismos para bobos: hat-trick y similares.
El sumun de nuestros sueños es que los equipos españoles sigan reinando en Europa y en el mundo, y que Lopetegui, o quien fuera, llevara a nuestra selección al nivel que la situó Luis Aragonés o su sucesor, Del Bosque. Lo difícil será hallar otros Xavi, Pujol, Senna, Raúl o Villa, o quitarles kilómetros a Iniesta, Casillas, Silva, Busquets, Torres, Piqué o Ramos, porque a Carvajal, Isco, Thiago, Javi, Asensio, De Gea, Vitolo, Morata, Sergi, Williams y demás, bastaría con hacerles jugar como saben; eso sí, con la intensidad de los que nos llevaron a la cumbre.
A nivel regional, quienes aún creemos en los Reyes Magos, imaginamos al Cartagena con un gran equipo en Segunda y aspiraciones de coronar una trayectoria centenaria; anhelo secular de tantos seguidores albinegros con el Efesé en el altar de sus devociones.
 Otro tanto con los futboleros lorquinos, que ya tuvieron un muy buen equipo en Segunda con aquel Moreno Manzaneque que tanto sabía de fútbol, y que ahora tienen divididos sus amores entre un equipo de Segunda B en manos extranjeras, y con buena marcha con Algar al timón, y otro en Tercera, también con buena pinta, manejado ahora por Pedro Cordero, que cuenta con el apoyo de otros paisanos que  saben de esto como el que más; lo han demostrado. Ojalá aglutinen esfuerzos y aúnen la afición con el éxito para que Lorca vuelva a pisar fuerte en el fútbol profesional.
Que el Jumilla fuera imitado por el Yeclano, el Caravaca o aquel antiguo Alhameño.
Y que volviéramos a disfrutar de otros Sornichero, Juan Antonio, Borja, Macanás, Arango, Angelín, Ruiz Abellán, Añil, Melenchón, García, Vidaña, Pelegrín, Murciano y tantos etcétera legendarios.
Y en  Murcia, que el clásico Real, el equipo más relevante del fútbol murciano,  dejara las incertidumbres. Si es difícil salir del pozo de 2ª B para un equipo de su trayectoria, superar la ruina económica todavía es más complicado. Algunos, entre los que me encuentro, desde el murcianismo más sentido, pensamos que la solución está extramuros, pero muy cerca. Concretamente en Guadalupe.
Soñamos con ver esa gloriosa camiseta roja pimentón ilustrada con un UCAM, no menos grandioso —la referencia del deporte olímpico español—, con el pantalón azul de nuestros ancestros, como las medias azulgranas, y algún ribete amarillo-oro-vaticano, con perdón. En el baloncesto se ha cumplido.
Pensando en dueños, qué mejor que una institución con valores humanísticos y sociales valiosos, antes que cualquier “mercantifle”.

Y que los cainitas se tornaran fraternales. Que otros dejaran los gritos malsonantes  y fueran educados. ¿Mucho soñar? Puede, pero más inteligente y hermoso.

lunes, 19 de diciembre de 2016

BALONES DE ORO


Tras sesenta años de fútbol se me ocurren muchos acreedores a ese galardón, y no todos visten, han vestido o vestirán de corto. Y también balones de hojalata, si es que existiera su contrapartida, que debería.
Entre los primeros están los abuelos o padres, como fue mi caso,  que nos llevan con cinco o seis años a un campo, por modesto que sea.  Debuté en La Condomina, donde vi a Manolet, Mesones, García, Cesar, Bueno, Pepillo, Chancho, Lalo o Marsal, como tantos también añorarán; y luego pude conocer el del Cartagena, Yeclano o Lorca, cuando mi señor padre, taxista, me llevaba con algunos futbolistas que lo contrataban para jugar partidos desde sus poblaciones de origen. Recuerdo con agrado y cariño a Sornichero, de Alcantarilla, del que conservo una foto dedicada vistiendo la equipación del Efesé. Y un campo con árboles grandes que sería Las Colonias de Abarán.
Ese virus, generalmente, te inocula la afición para toda la vida, aunque también hay excepciones. Ocurre igual con otros deportes o con los toros, que también fue el caso con mi abuelo materno, primer taxista de Murcia —coche de punto decía él—, en el espléndido coso murciano; desde las andanadas admiré a Dominguín, Bienvenida, Ordóñez, Cascales, Camino, Puerta o El Viti en todo su esplendor.
Otros merecedores de un Balón de Oro son quienes dedican su tiempo libre a llevar equipos de infantiles o juveniles por esos campos de Dios, haciendo de todo, con merma para su familia, vida privada y cartera. Recuerdo de mis primeros años al Maestro Barça, quien en su propio domicilio tenía la infraestructura para sus equipos; hasta la precaria lavandería, que sería a costa de sus modestas posibilidades y economía familiar, aparte de otras molestias no menos encomiables. Era un verdadero guía y el mejor consejero para quienes le dábamos las primeras patadas a un balón, que entonces llamábamos de reglamento porque lo normal eran los de plástico o badana.
Y, en fin, a los periodistas que desde sus crónicas nos hacían soñar con que alguna vez nuestros nombres estuvieran en sus alineaciones y comentarios, tanto en la prensa como en la radio. Bienvenido Campoy, Antonio Aullón, Manuel Carles, Andrés Ayala, Juan Ignacio de Ibarra, Enrique Llanes, Antonio Montesinos y otros a nivel regional —¡qué delicia la conquista de la cumbre de Baldo!—, junto al insuperable Matías Prats y Enrique Mariñas al nacional. Y tampoco quiero olvidar a hombres como Miguel Hernández, con la Federación de fútbol en sus genes,  haciendo de todo para facilitar las cosas a chavales y menos chavales, polivalentes con los equipos que promovían; también esforzados inoculadores del virus futbolero.
Y llegamos a los artistas; los jugadores y entrenadores profesionales. En ellos cuaja el esfuerzo de todos los anteriores y son quienes entusiasman a los aficionados con sus aciertos, juego, goles, paradas, trabajo, enseñanzas y planteamientos técnicos. Pero hay algo que también habría que tener en cuenta: sus declaraciones y actitudes, tanto dentro como fuera del terreno de juego.
Sin entrar en las trilladas valoraciones de los grandes de la pelota; Pelé, Garrincha, Kubala, Di Stéfano, Puskas, Charlton, Suárez, Eusebio, Gento, Cruyff, Maradona, Romario, Ronaldo, Zidane, Raúl, Casillas, Xavi, Iniesta, Cristiano o Messi; unos con premio dorado y otros sin él, a veces incomprensiblemente como es el caso de los españoles citados, menos el gallego Luis Suárez, que se le dieron en el 60; habría que valorar lo que han supuesto para el fútbol grande. El de verdad. El que hace que miles de niños, e incluso niñas, sueñen con ser deportistas de élite aunque luego se queden en simples jugadores a cualquier nivel, que no es poco. En el camino se habrán dejado otras querencias menos saludables.  Y ahí entra también la educación; la deportiva y la otra. La que les hará gentes de bien, que es lo verdaderamente importante. Pongan ustedes mismos los nombres de quienes serían acreedores a ese Balón de Oro con mayúsculas. Y también al de Hojalata, que tampoco serían pocos, a quienes han embarrado cualquier tipo de distinción con sus malos ejemplos.
No olvido presidentes, como Bernabéu, pero es más justo loar la imprescindible aportación de los forofos para que el fútbol sea el deporte mayoritario a nivel mundial. Sin ellos sería imposible, aunque critique a veces el cerrilismo de algunos.  Merecen homenaje y reconocimiento. En ocasiones producen rechazo, pero en mí, casi siempre, generan ternura;  como admiración quienes serenan pasiones. ¡Abrazos y ánimo!

 Feliz Navidad a todos.     

miércoles, 14 de diciembre de 2016

LOS PEDREROLES Y EL KKK DEL FÚTBOL


Hace años renuncié a los programas basuras de fútbol, y desde el principio a sus inspiradores; patios de porteras, gentuzilla y vecinos lenguaraces mal avenidos, por muchos que desgraciadamente los sigan.  El que hace Josep Pedrerol es el prototipo. Debería llamarlo Lenguones.
En ese bodrio, seudocientíficos futboleros armados de pizarras y pantallas táctiles analizan sin vergüenza circunstancias del juego. En ocasiones aciertan, como cualquier aficionado con experiencia y años de grada, pero reiteran tópicos y tontunas con menos gracia y enjundia que los machacas del chiste pringoso y arreglamundos aburridores hasta el desespero.
Exfutbolistas enganchados al sobrecito fácil, juntaletras de alquiler, técnicos de secano y personajetes de medio pelo; pesebreros agradecidos; juguetean con balones mientras alumbran sus excesos y gilipolleces ante la mirada soberbia de quien los pastorea, censura, jalea, pica, corta y ningunea a placer, con el guión preconcebido  del que mueve sus hilos; la marioneta útil al servicio del amo, rodeado de chismosos, recaderos, bufanderos y forofos propios y ajenos, por aquello de vestir el muñeco, con menos sapiencia que objetividad y lustre.
Vi la temporada pasada el Barça-Madrid en el Nou Camp y el último en televisión. En los dos ocurrió igual. Los blaugranas tuvieron ganado el partido si el coraje y el acierto de jugadores y técnico hubiesen coincidido con su buen juego ocasional, pero ni unos supieron rematar el partido ni el otro acertó con los cambios. Los artistas fallaron con la puntilla y Luis Enrique sacó a Arda Turan para encender las luces características merengues e ir a por el partido. ¿Casualidad? Puede ser; no deja de ser un juego. Pero como decía un antiguo jefe mío respecto de un compañero, “es que son muuchas tooonterías”.
Después, en el telebasura de Pedrerol pusieron a caer de un burro a dos madridistas tan inconfundibles como indudables, Valdano y Raúl, con aquello de que no son de la causa blanca por no cebarse en varios errores del árbitro que supuestamente favorecían al Barça. Quien haya jugado algo, y mucho más si ha intentado arbitrar un partido, o ha visto   suficiente fútbol; sabe que hay jugadas que se valoran de forma distinta desde atrás, de lado o de frente, y el penalti de Mascherano a Lucas Vázquez a los dos minutos es paradigmático. En directo pareció blando, repetido en diagonal en la tele dudoso, y solo cuando lo dieron desde delante se aclaró. Hablamos de tres secuencias de lo mismo. El árbitro seguía la jugada de cerca desde atrás y debía decidir en el acto. Fue la circunstancia sancionadora más discutible, y al inicio. ¿Alguien puede asegurar que resultó decisiva en el resultado? Pues los Pedreroles sí. Según ellos, el Madrid no ganó por eso y achacan tibieza a los referidos exmerengues por no jalearlo. Se puede ser menos tonto, pero más forofo no. 
Desde que tengo memoria, los árbitros protagonizan el entretenimiento de blancos y culés en las barras de bar. Y siempre han cometido errores, beneficiando y perjudicando a unos y otros hasta equipararlos. Nadie, desde la imparcialidad, cree que en la historia lejana o reciente de estos clubes los árbitros hayan tenido significancia, salvo los seguidores de la mayoría de sus rivales, sobre todo los modestos, que hemos asistido reiteradamente a la tendencia generalizada de favorecerles. Pero esto ocurre en todos los órdenes de la vida con los poderosos. Por eso, cuando se duele algún forofo de los equipos privilegiados tengo el ánimo dividido. Me río o sonrío, según el día ¿Qué sabrán los ricos de injusticias sin padecer las de los pobres? En la Condomina hemos sufrido muchas.
Estos aprendices de fantasmas incendiarios con capucha blanca de agujeros, la del Ku Klux Klan, critican la amistad de algunos jugadores madridistas y barcelonistas. ¿Habrá algo más sano y deportivo? Aparte de jugar bien y ganar, no hay nada más satisfactorio para quien compite que el reconocimiento del contrario. Y la amistad es la leche.
Esos valores son los que deberían resaltar, y no la basura que esparcen para ganarse a los que luego critican si se desmandan. Cría cuervos…   El sumun de sus desvaríos es considerar a Del Bosque, Casillas, Raúl o Valdano antimadridistas —vean por donde viene el asunto—. Igual que en la acera contraria tachan a Guardiola, Pujol o  Zubizarreta de anticulés.  Tontarras hay para todos los gustos.

Y, hablando de programas, la objetividad y el análisis sereno de los comentaristas de Bein Sports resulta encomiable. ¡Cunda el ejemplo!

lunes, 5 de diciembre de 2016

COMO EL CORAJE, EL CARÁCTER ES INSUSTITUIBLE



(A Pepe Pardo por su justa distinción municipal, y al Maestro Ibarra, amigos de don Salvador Ripoll. Murcianistas de pro y de carácter)

Ya lo aseguró el doctor. Si la tabla es la que manda y hay que llegar al balón antes que el contrario, decía también el sabio traumatólogo, jugar con la cabeza y correr con los pies es imprescindible, sin olvidar que el fútbol es un juego de choque y hay que disputar la pelota con determinación. Pero hay algo con lo que se nace, más allá de la técnica y la preparación física, que se perfeccionan y fortalecen en el entreno y el aprendizaje: el carácter, que también es previo a la personalidad; producto de aquel, de la formación y de la experiencia.
Hay jugadores que lo llevan en los genes, como Sergio Ramos y Suárez ahora, y antes Pujol y Raúl. Tan distintos como Messi, Modric, Iniesta o Ronaldo, que tampoco andan huérfanos del duende interior que les posibilita ser mejores cada día desde que andaban a gatas. El carácter se manifiesta en función del temperamento y las condiciones de cada cual.  Unos lo basan en la fuerza y otros en la maña; algunos lo exteriorizan y otros  lo mastican. El resultado es idéntico: un espíritu ganador en todo momento.
Y en los técnicos ocurre igual. Los hay que diseñan plantillas, sistemas y planteamientos con el fin de controlar desde el principio, casos de Guardiola, Klopp o Conte, lo que genera en sus equipos un fútbol vistoso, en el que también habría que incluir al novato Zidane, aunque aún ande en la búsqueda de su sello personal; y otros que lo hacen para jugar a la contra o con batallas infinitas en la defensa y en el medio, como Mourinho y Simeone, a quienes siempre justifican los resultados inmediatos por mucho que a medio plazo, especialidad del portugués, sus equipos acaban más sonados que las maracas de Machín. Los vistosos pueden lucir en cualquier equipo, con la incertidumbre que tanto reiteramos de que el fútbol es un juego y el azar influye poderosamente; y los peleones van partido a partido, que dice el argentino, o año a año en busca del título perdido como persigue don Xosé desde su desventura en el Madrid.
 El partido del sábado fue una muestra de lo que decíamos. El Barça de Luis Enrique es un equipo fabuloso con unas enormes diferencias con el resto de la plantilla. Ocho o diez, con otros tantos detrás que les faltan demasiadas cosas para inquietar a sus superiores, y arriba tres intocables. El Madrid de Zidane, por el contrario, aparte de Ramos, Marcelo y Modric, solo tiene a Cristiano y Bale como solistas imprescindibles; todos los demás son intercambiables, por mucho que las influencias presidenciales influyan en Zidane para considerar al guadianesco Benzema entre los indiscutibles. Menos mal que en un arranque de personalidad impuso a Casemiro hace un año en el medio centro, y otorgó papeles protagonistas a Lucas Vázquez y al canterano Carvajal, a quien desde arriba ya habían buscado sustituto en el inquietante Danilo.
En definitiva, solo hay algo que diferencia a los blancos de los culés: el carácter y el coraje. El hecho de que hasta los suplentes atesoren ese inmenso valor, casos de Mariano o Morata, evidencia lo que en el Nou Camp propició un punto importantísimo. Ramos y Modric fueron sus protagonistas, como podían haber sido cualquiera de los compañeros. El Madrid es así desde Di Stéfano.
Y hablando de carácter, en Murcia tenemos otro caso paradigmático. El UCAM no es tan malo como sus resultados manifiestan. El problema es que juegan encerrados atrás y mordiendo a la espera de cualquier patadón para marcar en un descuido. Solo achuchan cuando los de enfrente se repliegan tras ponerse en franquía, y hasta así generan ocasiones. Resultado: ¡sufrimiento!
Eso que tan increíble como desesperanzadamente proclama su entrenador. Mire, Salmerón, ningún seguidor merece que le dicte tamaña condena. Debería intentar que sus muchachos jugaran a algo más que aguantar el cero a cero. Al menos en casa. Después de verles media temporada, tiene mimbres para aspirar a más; la mala suerte que se proclama lo evidencia. Hasta el punto de que algunos piensan, ingenuamente, que se merece más.
Y de sufrir, usted mismo. Hay quienes no vamos al fútbol a pasarlo mal. Feo asunto. Los dirigentes universitarios deberían tomar nota. Como también diría el entrañable Ripoll, olfateo efemérides luctuosas.

       

domingo, 27 de noviembre de 2016

CRISTIANO PRIMERO ELGOLEADOR


Nunca ha sido el mejor jugador del mundo, pero sí el mejor goleador. Y no le pidamos peras al olmo. Cristiano, a diferencia del otro Ronaldo, no es un conductor ni un regateador, ni siquiera un artista del balón aunque coincidan en su efectividad ante el portero que menos conocen, como diría, este sí, quien fue el mejor futbolista del mundo unos años, don Alfredo Di Stéfano. Sin embargo, aventaja al brasileño en su versatilidad goleadora; le pega con la derecha, como Nazario, pero también es un magnífico cabeceador y tampoco le hace ascos a tirar con la izquierda, casi un tercio de goles. Y, además, golea de lejos con frecuencia, cosa que su tocayo no hacía.
Defiendo hace tiempo que es el mejor goleador de la historia del fútbol, por encima de fenómenos como Puskas, Pelé, Eusebio, Seeler, Cruyff, Romario, Müller, Van Basten, Maradona, Raúl o el propio Di Stéfano, a los que he disfrutado viéndoles jugar.  Si acaso, solo hay un futbolista, Messi, que pueda igualar o incluso superar sus registros, pero para este otro hay un calificativo más apropiado: ser el mejor jugador del mundo en la actualidad.
El azulgrana, además de ser un consumado goleador, es uno de los mejores dribladores de la historia, un pasador extraordinario y tiene la enorme capacidad de bajar a la media y echarse al equipo a su insuperable pie izquierdo, sin perder su descomunal llegada al área contraria y al gol.
Cristiano Ronaldo no tiene esa calidad, como también tenían algunos de los que he nombrado, pero en su estricta especialidad es insuperable; sus registros goleadores lo demuestran. Y tiene, además, otra singularidad que le ha posibilitado mantener ese romance permanente con el gol año tras año: su fortaleza física. Es un portento atlético que, unido a su esmerada profesionalidad, le ha permitido mantenerse en su privilegiado rol en cuantos equipos ha jugado desde que empezó, hace ya catorce años. Sporting de Lisboa, Manchester United, Real Madrid y Selección portuguesa lo han tenido y lo tienen como su máxima baza goleadora. Y lo que le queda, porque amenaza con jugar hasta los cuarenta. Si la salud y las lesiones lo respetan, no duden que seguirá inventando bastantes años más celebraciones para sus goles;  imaginación, hedonismo, descaro y amor propio no le faltan.
Perderá velocidad, reflejos, fuerza y flexibilidad, pero mantendrá siempre la portería contraria en el punto de mira. Aunque su posición será más estática con el paso del tiempo, y más centrada probablemente, continuará siendo un goleador legendario. Querrán jubilarlo antes, verán kilos de más, que correrá menos, que se quejará demasiado, que hará teatro, etc. Y que lo único que no perderá será su egoísmo futbolero y la chulería innata que lo afea, pero él hará goles hasta que se retire.
Puskas llegó al Madrid con 31 años y 18 kilos de gordura. El húngaro, considerado el mejor jugador del mundo a mediados del siglo pasado, se exilió, estando fuera del país con el Honved, cuando el levantamiento anticomunista húngaro de 1.956 y la entrada en Budapest de los tanques soviéticos. Y aunque los mejores equipos mundiales quisieron ficharlo, no pudieron debido a una sanción de dos años de la FIFA por desertor. Y ahí empezó el calvario, como años antes le sucedió a su compatriota Kubala.
El final feliz de su trayectoria, por la valentía contra todos de don Santiago Bernabéu para ficharlo al acabar su sanción, supuso la felicidad madridista por disfrutar de sus 242 goles en las ocho temporadas que vistió de blanco, de 1958 a 1966, tres Copas de Europa, una Copa española, una Intercontinental y cinco Ligas incluidas. Se retiró con 39 años y con dos motes para la historia: Pancho, que le decían sus compañeros en alusión a sus curvas, y Cañoncito Pum, que le motejaron los periodistas por su potente pierna izquierda.
El austríaco Bican, con 805 goles, encabeza la lista de los mayores goleadores históricos en partidos oficiales, seguido de Romario (772), Pelé (767), Müller (735), Puskas (576), Seeler y Túlio (575), y Cristiano, que con 565 está a punto de superar a los tres anteriores.  

A Ronaldo todavía no le han rebautizado; todo se andará. De los actuales  es el rey Cristiano Primero, y los 241 que le faltarían para ser coronado oficialmente el mejor de todos los tiempos, los logrará si continúa seis o siete años más. Don Florentino, aunque no lo fichó, ha estado fino al renovarle. Felicidades.                  

lunes, 14 de noviembre de 2016

LA MARCHA ATRÁS


Desde el 2013, adivinar el juego de la selección española es sencillo. Bastan los primeros diez minutos para saber qué va a hacer. Si empiezan sus jugadores con pases horizontales o atrás, habiendo espacio para ponerle el balón al compañero unos metros por delante, ya está todo explicado. Luego viene el no llegar al balón antes que el contrario, perder la mayoría de disputas del balón, fallar en los últimos pases, controlar con el muelle de la bota en lugar de con su cara amable propiciando que el balón se aleje, etc. Es la España de la marcha atrás.
Contra Macedonia se empezó así y solo gracias a la ineficacia de sus delanteros no empezamos perdiendo por dos a cero en la primera media hora. Si tenemos enfrente una selección notable, con muy poco nos hubieran dado un doloroso baño.  Así empezaron los de Del Bosque en el  último Mundial y en el reciente Europeo. El resultado, la mediocridad por bandera y el fracaso de la otrora campeona. El sábado, los de Lopetegui se escaparon del ridículo por chiripa; la suerte que tuvieron con el primer gol, marcado por un defensa macedonio en propia puerta. Luego vino el afortunado tanto de Vitolo, tras un lío en el área contraria después de una buena jugada de Thiago — ¡por fin! —  y los otros dos, de buena factura, como propina ante una selección que ya se había desmadejado buscando el gol.
He remarcado la acción del hijo españolista de Macinho, al que le tengo simpatía y admiración por su preferencia y por su juego, porque muchos pensaban, con Del Bosque al frente y yo también, que podía ser el  sustituto natural de Xavi.  Pero todavía hay demasiada diferencia entre uno y otro. Thiago atesora una calidad comparable sin llegar al manejo ambidiestro del pase en el de Tarrasa. Maneja la pausa y el tiempo en su media vuelta sin alcanzar la ductilidad de Xavi para salir igual de bien por derecha que por izquierda. Conduce con descaro y finura el balón, pero le falta el giro pasmoso de cuello, para orientarse y detectar a los contrarios, del mejor centrocampista que ha dado España; parecía que tenía una elasticidad de 360 grados. En llegada y gol hasta pueden igualarse, pero aun le falta mucho para disputarle la primacía del último pase; el del medio gol. Y le falta, al fin, levantar más la cabeza de verdad y aprovechar el tacto de su bota para conducir la pelota. Así ganaría la décima de segundo necesaria en el juego de toque, en el pase y en el disparo; aunque parece que atesora esa decisiva capacidad, engaña porque tiene la pose de la cabeza elevada sin perder nunca de vista, sin embargo, el esférico. El resultado es un juego más lento por las décimas de segundo perdidas.
Y justo eso es lo que decíamos al principio como diferencia entre un espectáculo de toque excelente, el famoso tikitaka que tanto nos dio, y el juego aburrido de ahora de nuestra selección. Por eso he tratado de especificar, como emblema de lo que sucede, las diferencias entre los dos canteranos culés. ¿Que parecida distancia existía entre el Xavi del 2008 al 12 y el de después?, pues también, porque los años dejan secuelas físicas. Como tantas veces hemos referido, la velocidad es lo que diferencia a un buen jugador de otro extraordinario. Y ese es el problema que tiene actualmente la Selección Española. Ni Thiago es Xavi ni Morata, Costa o Adúriz —meritísimoson Villa. Ni Piqué o Ramos, por buenos que sean, alcanzan la rapidez de Pujol. Y, no nos engañemos, también nos falta un Luis Aragonés que reinvente una selección ganadora. Del Bosque no lo fue, aunque tuviera la sabiduría de aprovechar la herencia alargando el rendimiento del excelente plantel que le dejó dibujado el madrileño, y Lopetegui todavía no ha tenido tiempo ni lugar. Necesita ambas cosas, aparte de vertebrar una columna adecuada, —su pasillo de seguridad, que diría don Luis —que todavía no tiene. De Gea y Busquets, al que también se le nota el paso del tiempo, igual que a Silva, aunque haya ganado en colocación; son tres vértebras básicas, pero le faltan dos existenciales: el organizador y el de los goles, que no es baladí.

El miedo es libre, y la marcha atrás en el fútbol, como en la cama, es una maniobra defensiva cuando no se quiere o no se puede. Dos finales infructuosos.          

martes, 8 de noviembre de 2016

DE ZIDANE A GUARDIOLA


Son dos personajes de época; uno la protagonizó de jugador y otro de entrenador. Zidane es fantasía, modestia y glamur, y Guardiola sencillez,  imaginación y método. El francés fue figura mundial en el césped y el español, habiendo sido un extraordinario jugador de club, alcanzó la gloria en su primera experiencia como técnico de relieve, justo el camino que aquél inicia ahora. Y les une también la emoción, la elegancia personal y la deportiva; ambos fueron y son pasionales, pero prudentes y educados tanto en el triunfo como en el fracaso, esos dos impostores, que escribió el inglés Kipling en su aleccionador poema “If”. Y ahora les vuelve a unir la crítica por estar en primera línea de fuego, aunque haya también claras diferencias entre estos dos fascinantes personajes.
Guardiola tuvo el inmenso mérito de hacer del Barça y su juego la referencia mundial del fútbol durante varias temporadas, basándose en la cantera culé y en la maestría que se imparte en la Masía desde Laureano Ruiz, con fieles remembranzas “kruyffsistas”, hasta cuajar la historia más brillante y difícilmente repetible de los azulgranas y de cualquier otro club. Y ese mismo éxito es el fielato que le pusieron después en Alemania y ahora en Inglaterra para reverdecer los laureles unánimes de todos, salvo los periodistas y aficionados contrarios de bufanda extrema.  
A Zidane, por el contrario, todavía se le espera, a pesar de haber triunfado también a la primera en el club más exigente del mundo, el Real Madrid, ganando su trofeo fetiche en Europa. Y tiene lógica ese compás porque aún no ha encontrado el sistema de juego que identifique a los blancos, más allá de imponer el sentido común con Casemiro en el eje y Kroos y Modric al mando, amén de dar una patente de corso al trío atacante que don Florentino gusta disfrutar en su equipo, por muy discutible que sea en ocasiones. En este sentido, el francés se parece a otro técnico español: Luis Enrique, que empezó a triunfar con idéntica aplicación en el suyo, aparcando su tendencia natural a las rotaciones; otro trío de ases que también es obligado por Can Barça bajo mando argentino. Pero claro, cuando se descose la columna vertebral asoman las vergüenzas. En el Madrid es la ausencia del medio centro brasileño, la de Ramos y la de Modric, al margen de los altibajos del mejor goleador: Cristiano. Y en el Barça la de Piqué e Iniesta, que con Busquets forman el auténtico tridente insustituible blaugrana, más allá de la omnipresencia del mejor del mundo: el mandón Messi. En la reciente jornada de Champions tuvimos la prueba de lo que afirmamos.
 Zidane se dejó llevar por su tendencia al espectáculo y por una sumisión impropia a los criterios “superiores”, que él conoce bien. Las flores presidenciales a su figura en la última asamblea de socios tienen esa contrapartida; ya veremos cómo se marchitan si no endereza esta temporada la nave con solvencia. Y salió en Varsovia con solo dos medios y cuatro delanteros, que además se estorbaban por el centro, para no quitar a Cristiano o Benzema ante la titularidad de Morata. El partido le dio una oportunidad de oro para rectificar cuando se puso en franquía de dos goles, pero no supo rectificar, sustituyendo a un delantero por un medio para amarrar el resultado.
Y en Manchester hubo otro detalle para el recuerdo. Guardiola, perspicaz y con el juego perdido, le hizo el avión a Luis Enrique cambiando las posiciones de Silva y De Bruyne, y el acoso del belga al súper atareado Busquets, metido entre centrales,  aparte de su calidad y rapidez, variaron el panorama. Pero, refrendando que el fútbol es más juego que ciencia, también pudo salirle bien a Zidane y a Luis Enrique. De haber estado fino Cristiano el Madrid hubiera marcado más goles, y el Barça, con Neymar o Suárez más acertados, hubiese puesto una distancia inalcanzable en la primera parte.
En el fútbol hay una explicación para casi todo y, al margen de las características de ciertos personajes, pasamos sin ruborizarnos de unos principios a otros como los hermanos Marx. Y siendo un juego, siempre es mejor sonreír. Si no, recuerden los fallos inusuales de Sergi y Ter Stegen o el balonazo al larguero de Vázquez en el último segundo.  ¡Ay, el azar!

Mientras, el legionario Simeone, el valeroso Emery, el flemático Ancelotti y el innovador Sampaoli caminan firmes. De Mourinho, mejor hablamos otro día.        

lunes, 31 de octubre de 2016

DEL FÚTBOL A LOS RUFIANES DE RUFIÁN


Hoy tocaba hablar de que la columna vertebral del Barça no son Messi, Suárez y Neymar sino Busquets, Iniesta y Rakitic, en su sitio; contra el Granada se evidenció su falta aunque tuvieron en Sergi Roberto su hombre para todo y en Rafinha la solución brillante del problema.
Y del jugadorazo inventado por Simeone en el belga Carrasco, en su tan interminable como brillante labor técnica,  amén de ese dúo ganador que ha amalgamado con Griezman y Gameiro, al que ha sabido gestionar su tiempo.
O de la afortunada vuelta al gol de Cristiano y la insistencia de Morata en hacerse titular con goles, y de la indisimulada alegría que se dibuja en Zidane cuando un joven hace algo grande, como el golazo en Copa de ese suplente de lujo que es el también canterano Nacho.
 Y del error de llamar pinchazo al empate del Sevilla de Sampaoli y Lillo en Gijón ante un excelente Sporting, cuando es un paso más en su envidiable trayectoria, otra vez reinventados por Monchi; el mejor gestor deportivo español en décadas, o desde siempre.
También de reseñar la diarrea mental que asola a ese personajillo en que deviene Tebas cada vez que se sale de su papel institucional y entra en charcos inapropiados. Una vez que los comités correspondientes actúan, el presidente de la Liga estaría callado más bonito que un San Luis. Lo que  piense de las provocaciones de Neymar, en lo que coincidimos muchos, debería ser charla de café en lugar de opinión pública como máximo dirigente de ‘todo’ nuestro fútbol profesional. Así, el victimismo en el que se envuelven los dirigentes culés, tan hipócrita como llorón cada vez que alguien se mete en su patio, con o sin motivos, queda en evidencia como argumento cuando les faltan otros. El falaz “Madrid nos roba” tiene quien le copie.
Igualmente, y  metiéndome donde todos saben que no entro por razones obvias, sería apropiado terciar en la mala gestión que ha hecho alguien del Real Murcia con el derbi del domingo frente al Cartagena. Y miren que lo siento porque valoro mucho los esfuerzos de sus directivos, algunos de los cuales conozco y gozan de mis simpatías personales, para sacar adelante ese difícil barco, por haber afrontado algo por el estilo hace más de veinte años. Pero hay que ser muy torpe para hacer coincidir su horario con el del UCAM-Oviedo en la Condomina, perdiendo quizás la venta de algunos cientos de entradas, cuando no algún millar. Y lo mismo con permitir el enrarecimiento de las buenas relaciones que, al parecer, mantenían los granas con los dirigentes murcianos del “Efesé” hasta pocas horas antes del encuentro, a quienes también aprecio personalmente y pondero por su enorme trabajo.
Pero todo esto, y el propio fútbol, ha quedado disminuido y hasta relativamente lejano en esta sombría tarde del sábado en la que escribo la presente columna, tras escuchar a un impresentable que se sienta en las Cortes de todos los españoles; un tal Rufián —nunca más apropiado un apellido—. Un elemento ruin que avergüenza aún más, si cabe, a la clase política muy a pesar de muchos de ellos. Este individuo, al que llamo desde aquí mal nacido por lo que supone de peligro para la convivencia nacional, y tenemos experiencias sangrientas recientes y lejanas como para que tal calificación no sea nada exagerada, y los otros rufianes que le aplauden y jalean; no merecen estar donde están. Ni la inmensa mayoría de ciudadanos españoles, tanto los que se sienten como tales como los que no y piensen como piensen, merecen tampoco tener que soportar a gentuza de esa calaña en ninguna tribuna pública, y menos cuando, además, viven de nosotros. Deberían estar chapoteando en el estercolero de sus miserias y complejos en lugar de esparciendo los odios, rencores y revanchismos desnortados que anidan en sus almas negras contra una sociedad que les ha posibilitado sus estatus y enormes posibilidades de crecimiento personal y social. Realidad que trajeron muchos miles de ciudadanos en tiempos difíciles, sin arrugarse, cuando hablar de libertad y democracia sí era valiente. Ahora, lo suyo es la cobardía infame del provocador en manada contra pacíficos, cuando no contra fantasmas de los que ya no pueden temer nada.

Viéndolos en la sede de la soberanía nacional cabe preguntarse cómo hemos llegado a esta situación, y, lo que es peor, ¿hasta cuándo durará?  ¡Qué falta de…! (añadan lo que quieran)   

domingo, 23 de octubre de 2016

DON "BILLETINO" PÉREZ


Aquí, los cuartos son los que mandan, vino a decir don Florentino a los socios madridistas para justificar que, según su inapelable y omnímodo criterio, el Real Madrid no necesita un director deportivo. Escuchándole, cualquiera puede entender que son sus billetes los que tienen vara de mando, pero el dinero que maneja este hombre orquesta no es suyo. Y por ahí empiezan los matices y algunos de sus desvaríos. Los suficientes para celebrar el irónico hallazgo de que ha logrado convertirse en el mejor presidente en la historia…del Barcelona.
Bajo la presidencia del señor Pérez el Madrid ha ganado tres Ligas, tres Champions y dos Copas del Rey, aparte de otros ocho títulos de menor enjundia. Y en ese periodo el Barça ha ganado ocho Ligas, cuatro Champions, cuatro Copas del Rey y otros ocho títulos segundarios. Es decir, empatados a ocho en titulillos y goleada de los culés a los merengues, dieciséis a ocho, en los importantes. Ese es el resumen concluyente, por explícito y sin discusión, de la política deportiva de este confeso don “Billetino” durante trece temporadas.
A esa evidencia habría que añadir los más de 1200 millones de euros invertidos en fichajes, los diez entrenadores quemados y que su máxima estrella, Cristiano Ronaldo, se lo dejó fichado Ramón Calderón, quien ganó dos Ligas en dos temporadas por mucho que su gestión institucional fuera poco recomendable.
Además de su alusión al “general dinero”, con lo que conlleva de prepotencia, escaso mérito y valor pagado frente a la inteligencia futbolera, que desprecia; añadió que para fichar a los mejores no hacen falta expertos; él sabe.  Es decir, que siguiendo su dedo, no hace falta entender de fútbol para saber siempre quiénes son los mejores. Y eso hasta podría valer si se tratara de un deporte individual, pero es todo lo contrario. Lo  mejor del juego colectivo no está basado en disponer de los mejores del mundo en cada posición, sino en que se conjuguen y sepan para qué están, a lo que juegan y lo que se espera de ellos para el lucimiento del conjunto. Y para eso, también, deben estar bien dirigidos. En ese aspecto el Real Madrid de Pérez no es un dechado de virtudes. Solo hay que constatar el infumable desfile de técnicos en sus dos etapas, cada cual con criterios distintos, hasta el punto de que todavía no tienen los blancos un estilo de juego definido; carencia generalmente reconocida incluso por los forofos blancos más recalcitrantes. Como botón de muestra, Ancelotti y otros han denunciado que en el Real Madrid el criterio meramente futbolístico es bastante irrelevante y las injerencias presidenciales son constantes y negativas.
El Real se ha convertido con don Florentino en el referente mundial del fútbol de cartera, con todos los aspectos negativos que tal emblema conlleva, como el de la anarquía futbolera y ganarse la antipatía generalizada de clubes y públicos. Esa deriva, no obstante, la comenzó Lorenzo Sanz, quien tampoco fue un ejemplo en lo institucional pero ganó dos Champions y una Liga en tres años de mandato, dejándole una plantilla y un técnico, Del Bosque, campeones de Europa.
Lo más valioso de la presidencia del señor Pérez es el lustre institucional y que ha ahuyentado a arribistas y trincones, lo cual no es poco,  y su aparente gestión económica aun a costa de perpetuarse en el cargo. Pero su verdadero éxito es el personal. En eso es un auténtico fenómeno. A Florentino Pérez no lo conocía nadie en el 2000, más allá de sus amigos, y en el 2006 era el empresario más conocido de España. Y desde su vuelta en 2009, que coincidió con el cuajo de la crisis económica —¡qué vista!—, ha elevado ese halo a nivel mundial. Y es que, hay que ser muy brillante para convertir al Real Madrid, la primera marca española, en su departamento de relaciones públicas.
Lo lamentable es olvidar que Gento, Pirri, Del Bosque, Velázquez, Camacho, Santillana, Butragueño, Sanchís, Raúl o Casillas no llegaron de talonario al Real Madrid, como tampoco los que han hecho al Barça el mejor del siglo XXI. Ojalá acierte Zidane con su mezcla de hombres y nombres para hallar el buen camino; la sombra de Mou sigue alargándose.

Y por Murcia, el UCAM está aprendiendo que sin el de la uña no hay paraíso. Del optimismo a la zozobra median diez goles claros fallados en liga. En el fútbol, el gol sí es el que manda.

lunes, 17 de octubre de 2016

PIQUÉ, EMOCIÓN Y GOLES


Lo de Piqué es pura emoción, pero equivocada. El fútbol ya tiene de por sí un bagaje de emociones para hacerlo el deporte más seguido del mundo, y seguramente el más adictivo aunque a veces, cuando no hay goles ni asomo de ellos, se aburran hasta los que pasean por la puerta del estadio.
Como nos han enseñado los que entienden, el arte bueno no es el  más bonito, ni el más aparente ni el más fiel con la realidad, sino el que emociona, y ese es también el fútbol bueno. Lo que ocurre es que demasiadas veces le echamos condimentos extraños a su salsa y al final nos envenenamos. Mezclar ideología política con deporte es antinatural, y no solo en el Barça y en Cataluña son expertos en tal bodrio; en el resto de España, aunque pongamos la excusa de la reacción, también pintamos bastos cuando deberíamos mostrar oros. Justo el calor que nos calienta a los aficionados al fútbol sin más. 
Como tantas veces reiteramos, Piqué, como antes Guardiola, Pujol, Capdevila o Xavi, y antaño Ricardo Zamora, Rexach y compañía, se han partido siempre el pecho por nuestra selección, la española, la de todos, la que tanto nos ha emocionado en la última década. Como también nos emocionó la final del europeo del 64 contra la URRSS  a los que nos asomábamos al fútbol hace más de cincuenta años, con el inolvidable gol campeón del zaragozista Marcelino, el magisterio del barcelonista Suárez, las internadas del madridista Amancio, los tres gallegos, y las paradas del jovencísimo vasco Iríbar. Así debería ser siempre.
Siempre hay un tonto para cualquier ocasión, y el periodista que se sacó de la manga lo del corte de las mangas de Piqué el otro día, aparte de la demostrada mentira sobre su intencionalidad, y ahí le traicionó el españolismo ramplón que tantos llevan dentro; demostró palmariamente que no solo por el Nou Camp cuecen habas. Y el de Shakira se ha hartado, con toda la razón del mundo. Confundir al Real Madrid y el madridismo con España es otra sinrazón emocional en el fútbol, y por ahí empezaron los pitos absurdos en cualquier estadio español al que seguramente es uno de los tres mejores centrales del mundo. Prescindir de Piqué sería propio de aquella España de charanga y pandereta que cantara don Antonio Machado. Claro que también escribió el enorme poeta sevillano en un mínimo poema, que en España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. La pena es comprobar cómo de vez en cuando hay que darle la razón.
La vuelta de la Liga nos ha deparado goleadas de los grandes y el afianzamiento del Sevilla de Sampaoli, en busca de su vistoso ideal de juego. Las del Atlético y el Real han sido de escándalo, y el Barça ha vuelto al camino tras el fiasco de Vigo. Luis Enrique ha recuperado a Messi y Zidane el ritmo de su equipo, mientras Simeone empieza a ver los frutos de su apuesta por algunos jugadorazos en ciernes como Carrasco y Gaitán, igual que hizo con Godín, Koke o Juanfran. El ojo del argentino para anticipar talentos es memorable. Y su buena mano para reinventar grandes equipos temporada tras temporada, con mucho menos presupuesto que sus dos grandes rivales, también. Es el entrenador más importante de nuestro fútbol reciente tras la marcha de Guardiola y la triste desaparición de Luis Aragonés. Tiene a los colchoneros en la misma excitación emocional que el catalán tuvo a los culés y el madrileño a los españoles.
Y parecida emoción, aunque a mucha menor escala, de momento, es la que se empieza a sentir en Murcia por el UCAM, tanto en baloncesto como en fútbol, aunque Reverte y Salmerón dispongan de un presupuesto austero. El otro día en Mallorca unos pocos la sentimos en las gradas de Son Moix, y en el Palacio la sintieron miles de murcianos en su debut triunfal  europeo. Esa sanísima emoción deportiva va calando poco a poco en Murcia y al final será diluvio, porque, como decimos en la huerta, el agua siempre va a lo hondo y no pide escrituras. Una institución cuyo patrocinio acapara la mayoría de las medallas olímpicas de España no es flor de un día. Esperemos, y ojalá, que su apuesta por el deporte murciano sea la suerte de tantos miles de aficionados que ayunan en la región, huérfanos de colores con los que emocionarse a goles cada jornada

lunes, 10 de octubre de 2016

ENTRE EL DÍA Y LA NOCHE NO HAY PARED


Y entre la excelencia futbolera y torcer botas, tampoco. Lo primero lo aprendí de un compañero hace muchos años, Domingo, director de una oficina de CajaMurcia en La Palma de Cartagena. Y lo segundo lo vemos partido a partido los aficionados en cualquier campo.
Decía mi colega, cuando fui a visitarle a su oficina recién abierta, que iba a triunfar con toda certeza en su también recién estrenado cargo porque se fe residía en el trabajo sin desmayo y sin horas; ¡qué personaje! Y lo hizo, naturalmente.
El otro día, frente a Italia, España lució un juego extraordinario durante setenta minutos, pero se asemejaba más al fútbol sala que al fútbol grande porque el gol suele ser un pase más, y es lo que intentaron hasta el hastío nuestros internacionales. Nadie se atrevía a tirar desde fuera o al borde del área, y ni siquiera tampoco desde dentro. Y entre exclamaciones de asombro por la exquisitez de sus toques y toques llegábamos a la desesperación. ¿Pero es que ninguno de los seleccionados por Lopetegui tiene fe en su golpeo de balón? ¿Es que no se entrena eso? ¿Ni en sus equipos tampoco? Porque esa es otra. En el Madrid, por ejemplo, solo Cristiano, Bale y James, o Kroos cuando lo liberan de su inapropiado lugar en el medio centro, lo intentan. Y en el Barça, excepto en los golpes francos, ocurre generalmente lo mismo, salvo cuando Messi dispara tras una de sus endiabladas diagonales.
Koke, Silva e Iniesta tienen un excelente tiro desde veinte o venticinco metros, pero tampoco se prodigan en la selección, luego debe ser una instrucción de Lopetegui y  es un error mayúsculo. En el fútbol antiguo, en el que nos criamos algunos, los interiores nutrían de balones a los extremos para que estos centraran balones al delantero centro o a ellos mismos llegando desde atrás, y cuando no veían claro el pase disparaban sin remilgos desde fuera del área. Y hacían goles. Miren, si no, las estadísticas goleadoras de interiores legendarios: Puskas, Pereda, Luisito Suárez, Luis Aragonés, Schuster, Martín Vázquez o Michel, antes de especializarse en lo de falso extremo, y el mismo Hierro en el Valladolid y en el Real antes de bajarse a la defensa. A veces nos encogíamos en la grada al ver enfilarse a esos interiores para chutar desde lejos. Pero ahora todo es lo mismo. Se acorrala al contrario como si de balonmano se tratara, pasando el balón de uno a otro extremo, hasta que alguien pueda entrar hasta casi el área pequeña y la ponga a cualquier compañero. Y así es muy difícil, salvo que alguna vez suene la flauta mágica del artista de turno. Y como tampoco hay ahora grandes rematadores de cabeza con el balón en movimiento, otra especialidad que se ha perdido, pues a intentarlo una y otra vez hasta el aburrimiento del respetable.
Los futbolistas, como decía mi entrañable compañero, deberían dedicar mucho más tiempo, sin horas, a entrenar los tiros desde fuera, que son fuente inagotable de goles extraordinarios. En Murcia, el otro día frente al Mirandés, fue el atrevido Nono quien empató un partido para el UCAM con un sutil disparo al poste contrario desde fuera del área. Y es que, siendo la portería tan grande, cuando se ajusta el balón a un palo los porteros lo tienen complicado.
También  resultan inexplicables ciertas pájaras, traducidas en no llegar al balón antes que el contrario. Ocurre cuando un equipo se pone en franquía y deja de presionar, o si sale dormido del vestuario. Le ocurrió a España en Turín, y nos recordó a esa selección ramplona del mundial de Brasil o de la reciente Eurocopa. Sin tirar a puerta, meter la pierna ni correr no se juega al fútbol. Tomen nota también en el UCAM; en Getafe repitieron el pésimo partido de Zaragoza.

Y llegamos a Ramos. Es increíble la desafección que se le tiene, cuando falla, después de sus logros.  Los años pasan, que se nota para lo malo: la pérdida de la décima de segundo, pero también para lo bueno: la colocación. Y gracias a ello recordamos a centrales legendarios, ya treintones largos, pero sería difícil hallar un defensa con sus títulos y goles. Don Florentino, por ejemplo, sigue en el Real por el gol de Ramos en Lisboa; tenía previsto abandonar si perdía tras batir su propio record de presidencia infructífera en lo deportivo. ¡Ay, la falsa memoria!       

lunes, 3 de octubre de 2016

DE LA BOCA AL PIE


Es lo que vino a explicarle Pedro León al portugués Danilo en el Bernabéu. Con una gran actuación del murciano, el Éibar frenó las ansias expresadas por el madridista de que el modesto conjunto vasco pagara la cuenta de los desvaríos madridistas, versión tres partidos seguidos empatados que  tuvo en su mano. Y es que, de la boca al pie hay mucho trecho. Al final, otro empate, y van cuatro consecutivos con seis puntos desperdiciados en Liga para perder la cabeza de la tabla, que, como decía don Salvador Ripoll, es la que manda. Por eso la música de viento empieza a ser repetitiva en el Paseo de la Castellana.
Ya decíamos que Zidane debería plasmar en el terreno de juego un sistema reconocible, más allá de los clásicos arreones y las jugadas aisladas de sus fenómenos, y está tardando el francés en conseguirlo. Es inconcebible que jugadores con tanta clase no sean capaces de controlar un partido contra equipos notablemente inferiores. Que Casemiro, sobre todo; Modric y Marcelo, aparte de Ramos, no estén disponibles o haya que darles descanso no justifican los bajones que exhiben los pupilos de don Zinedine. Y mucho menos la apatía que aparentan ocasionalmente algunos de ellos. Tal vez por eso, como profeta antes que presidente y director deportivo, don Florentino ofreciera a Mourinho volver al Real Madrid para poner orden. ¡Válgame Dios! El club ha negado que hubiera habido negociaciones al respecto, pero eso no lo dijo el técnico portugués. Habló de una charla con el presidente blanco, con quien le une buena relación, y por eso el señor Pérez no ha desmentido nada. En todo caso, como decíamos, de la boca al pie hay tanta distancia como de las palabras de algunos a los hechos. Menos mal que don Xosé  no aceptó; sería la plaga que faltaba.
El asunto que quita el sueño a los madridistas es mucho más sencillo: además de la ausencia de sistema, falta actitud y doblar algunos puestos clave. Sobre todo el del medio centro, como tanto hemos reiterado. Lo primero tiene arreglo, y está en la mano y la responsabilidad de Zidane corregirlo, y de lo último ya hemos hablado demasiado y no tiene solución a corto, salvo que recuperen a Llorente en Enero. Lo peor sería que el Barça o el Atlético ya estuvieran demasiado lejos.
El Barça, que sí tiene un juego reconocible, debe pasar el Rubicón de la ausencia de Messi para albergar esperanzas, y en ello están los de Luis Enrique. La ventaja blaugrana es que, aparte del argentino insustituible, tienen una columna que vertebra al conjunto con pocas fisuras. Piqué, Busquets, Iniesta, Alba, Rákitic y Suárez, más algunas cositas de Neymar, con el concurso de ese jugadorazo en que se ha convertido Sergio Roberto, y es el mayor mérito de su técnico; sostienen la base  y la estructura del juego culé.
 Simeone ha encontrado esa marcha adicional que necesitaba el Atlético para pasar de aspirante a equipo grande. Tanto en Liga como en Europa ya cuenta como uno más de la élite; el triunfo frente al todopoderoso Bayern lo corrobora. Solo un equipo importante puede hacer un partido para ganar con claridad a los campeones alemanes. Gabi, Juanfran, Filipe, Koke, Griezman, Saúl, Godín, Oblak o Carrasco no tienen nada que envidiar a ningún otro jugador  en su puesto. Ojito con los colchoneros esta temporada, como ya aventuramos, 2017 puede ser su año triunfal.

Y el UCAM a lo suyo. La lástima es que su falta de acierto en la portería rival le haga ir pasito a pasito cuando podía ir de tres en tres. En Mallorca debieron ganar con claridad. Y contra el Mirandés, quizás el mejor equipo enfrentado hasta ahora, pudieron ponerse en franquía de dos o tres goles en los primeros veinte minutos. El domingo vimos un bonito partido mañanero en el que pudo imponerse cualquiera de los dos conjuntos, pero los universitarios murcianos tuvieron más y mejores oportunidades de gol al principio y al final del encuentro. Una pena. Con esos cuatro puntos estaría ahora el UCAM entre los tres primeros de Segunda.  En todo caso, lo positivo es que los de Salmerón progresan, eso sí, a pasos agigantados. Y, también, que el público va animándose. A ver cuando se llena la Condomina. Por cierto, ¡grandes Jona y Nono!, dentro del buen tono general. Ahora, a pasar de ronda en la Copa frente al Mallorca y a mojar en Getafe. 

lunes, 26 de septiembre de 2016

LOS CUENTOS DE NEYMAR Y MODRIC


No se me alarmen culés y merengues, que no va de negar que son grandes jugadores. Se trata de señalar dos lugares comunes recurrentes entre demasiados periodistas deportivos y comentaristas varios. La diferencia entre Messi y Neymar es tan evidente que difícilmente puede suplir el brasileño la importancia del argentino en el Barça, que es el cuento al que aludíamos. No es lo mismo marcar dos o tres goles cuando tu equipo manda y ya gana claramente, como es la casuística mayoritaria del “gambetero” carioca – en Gijón fue la última muestra-, o adornarte con las provocaciones absurdas que decíamos la semana pasada, que echarte el equipo a la espalda desde el principio y abrir el camino de la victoria como suele hacer el  mejor jugador del mundo, o cuando los azulgranas se atascan. Corolario: el Barça puede aspirar a todo con Messi, pero no sin él y con Neymar de estrella. Y eso que ambos tienen una media y una defensa de lujo a su servicio, con Piqué y Busquets al frente, junto a un delantero centro de la excepcionalidad goleadora de Suárez, por muy deslenguado y marrullero que pueda ser a veces.
El cuento de Modric viene por la supuesta insustancialidad del Madrid sin él, según algunos. El excelente jugador croata es un medio importante para cualquier equipo, por descontado, pero no es el eje sobre el que ancla su juego el equipo de Zidane, ni tampoco su selección. Para que este futbolista luzca en todo su esplendor debe tener un guardaespaldas; esto es, un mediocentro de garantías. Y no solo él, sino otro extraordinario volante como Kroos. Y en el Real ese ancla se llama hoy Casemiro, como antes lo fue Xabi Alonso. Esto venimos escribiéndolo aquí,  hasta machaconamente, desde que el donostiarra se fue, con Ancelotti en el banquillo, y hubo que ubicar al teutón de medio centro mermando la capacidad de maniobra de los blancos. Algunos de los opinadores que decíamos se han dado cuenta de esto hace un cuarto de hora, justo desde que Zidane le dio el mando delante de la defensa, que es lo que no tuvo bemoles de hacer Benítez y ahí empezó su despedida; pero a pesar de eso siguen ninguneándolo. Que si no saca el balón jugado, que si solo sirve para aguantar el juego, etc. Y no se dan cuenta de su importancia en el esquema merengue, como es su puesto específico en cualquier equipo. Que aún tiene mucho que mejorar, por supuesto, ni todavía es Mauro Silva, Redondo ni Makelele, pero es el actual medio centro titular de Brasil y del Madrid. Y no hablamos de equipos menores. La falsedad del cuento de que con Modric el Madrid podía respirar tranquilo, que es lo que decían, se vio el sábado en Las Palmas; la manija de Roque Mesa, como aventuramos, y la ausencia de Casemiro, fueron la clave de los amarillos y del partido. La lástima para los blancos es que dejaron ir a Marcos Llorente, que las está dando todas en el Alavés, y no tienen un sustituto de referencia para el brasileño. En el Castilla ya apuntaba las maneras que ahora luce, pero desgraciadamente el director deportivo Pérez necesita que triunfen fuera para dar oportunidades a los canteranos. Una pena grande, por generalizada.
 En Segunda se vio eso mismo en Elche el sábado. El Levante tuvo un medio campo, con Campaña de figura, que pudieron con los ilicitanos comandados por el ex murcianista y ex bético Matilla, un medio centro que juega para atrás. Y desde esa posición clave se llevaron los tres puntos con suficiencia para seguir líderes. El Levante es el mejor segunda que hemos visto hasta ahora.

Si el UCAM mojara en Mallorca, que bien pudiera ser, se colocaría entre los seis primeros. Equipo tiene para eso desde que Salmerón dio con la clave de su medio campo. La dupla TitoJuande manda romana, con Kitoko de comodín, y desde delante de la defensa no solo controlan el juego sino que se proyectan de cara al gol con éxito; Tito ya lleva dos. Si volvieran de las Baleares con los puntos nos van a hacer soñar. He visto todos sus partidos  y la progresión de nuestros universitarios es muy notable. Otra cosa es que las rotaciones mermen la capacidad que apuntan, que también sería normal, aunque hay buenos mimbres en la plantilla: Remón, Basha, Imaz, Nono, Juanma o Morillas lucen cuando juegan.   
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