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martes, 23 de junio de 2020

SIMEONE EJEMPLAR



Al margen de sus cualidades como técnico, basadas en lo que fue como futbolista: garra, corazón, empuje y juego pardo, ejemplifica imaginativa y filosóficamente las cualidades de un líder indiscutible. Ha hecho del Atlético todo un laboratorio de ideas, además de una fábrica de excelentes jugadores, y va camino de convertirse en el entrenador más longevo del fútbol español.

¿Su receta? Una idea clara: pulir hasta dar brillo a lo que siempre distinguió al Atlético, por eso ha mimetizado su figura con los valores colchoneros de siempre —hasta en la desgracia de las finales de Champions—; dibujar con lo que puede un equipo tan singular como definido e inconfundible, dirigir con perseverancia, ortodoxia exclusiva en el tipo de futbolista que solicita porque le agrada, y si no, lo imagina en cualquier otro hasta que lo reinventa; y unas características visibles de notable éxito que le han propiciado manejar el timón en solitario, solo rodeado de un cuerpo técnico fiel a su imagen y semejanza, sin injerencias directivas tan al uso en el antiguo Atlético Aviación o en el contemporáneo Atleti de los Gil. 

Si hubo un controvertido antes y después en el Atlético de Madrid desde Jesús Gil, lo mismo, pero con escasas sombras, se dirá en el futuro de Simeone. Cogió el equipo hace diez temporadas en medio de una de sus recurrentes crisis y ha logrado devolverlo al sitio que le corresponde por historia y categoría. En el camino y el olvido, de club vendedor de figuras: Torres, Agüero, Falcao, Courtois, De Gea o el mismo Costa, como antaño  Hugo Sánchez, a fichar a la promesa del fútbol portugués, Joäo Félix, por ciento veinticinco millones de euro. Mención aparte el lunar de Griezmann, a quien el Cholo otorgó el papel de figura a plena satisfacción tras ficharlo de la Real con vitola de futurible y le salió traidor, aunque ha sido el futbolista que más dinero ha dejado a los colchoneros.

El francés, en todo caso, jamás disfrutará en ningún club, y menos en el Barça, del liderazgo que alcanzó con Simeone; una especie de maldición que persigue a los ex atléticos si exceptuamos en el tiempo a Hugo Sánchez y al Kun Agüero.

Y hay otra peculiaridad en el haber del argentino, que tiene mucho que ver con su eterno rival madrileño. Los jugadores colchoneros cruzaban la ciudad para vestir de blanco y subir de categoría, y solo lo hacían al contrario cuando no cuajaban por Chamartín en busca de una segunda oportunidad o como plácida retirada. Sin embargo, gracias al instinto del enlutado argentino, los exjugadores blancos buscan en el Atleti un trampolín hacia el estrellato: a un extremo como Juanfran lo reinventó como lateral hasta hacerlo internacional con España, camino que inicia ahora un sorpresivo Marcos Llorente al que ha reseteado para que siga esa misma senda pasándolo de medio centro a segundo punta. Si cuaja, y tiene todos los números, es probable que Simeone haya descubierto una figura que une a su portentoso físico, elasticidad y pulmones, una capacidad goleadora y de ruptura de defensas cerradas que puede marcar época en el fútbol.

En tal caso, y si le sonriera la fortuna a nivel europeo, Simeone pasaría de referente atlético a gurú mundial, al nivel de otros descubridores de talento: Rinus Michels y el fútbol total del Ajax de Cruyff, Sacci y los holandeses del Milán, rememorando a los anteriores y rompiendo el tópico del catenaccio; Rexach y el niño Messi, Valdano y Raúl, Guardiola y el Barça coral de Xavi, Iniesta y Messi; Luis Aragonés y la España de los bajitos o Zagallo y aquel Brasil de ensueño de Pelé en Méjico en el setenta, que había iniciado el polémico Saldanha.

Alguien dirá que exagero, pero de cuajar la explosiva mezcla que inició Simeone hace dos temporadas: garra, talento, agresividad y buen juego, y algo así vimos el otro día en Pamplona como antes de la pandemia en Liverpool, con baño incluido al todavía campeón de Europa de Klopp que tantos elogios acaparó la temporada pasada, y si la imprescindible suerte acompaña, el Atlético de Madrid no solo habría superado su maldición bíblica de pupas sino que haría escuela en el fútbol mundial. 

Una golondrina no hace verano, pero Llorente, con una legendaria genealogía madridista, puede ser el símbolo que sume Simeone a su filosófico partido a partido que tanta fortuna ha hecho en el imaginario popular para cualquier cosa.

¡Qué grande es la imaginación!       

jueves, 7 de mayo de 2020

ABANICOS P'AL MAREO



Eso decían los antiguos cuando les superaban las circunstancias. Estamos en el inicio de ese hallazgo de la desescalada y las novedades se amontonan: las viejas, de hace solo semanas o días, con las de hoy mismo; las de la mañana con las de última hora de la tarde; y las oficiales, que nunca son lo suficientemente concretas, con las que recibimos de amigos, vecinos o familiares. 

Y eso sin contar con la catarata de infundios o medias verdades de los miles de blog y supuestos gurús, como tercera pandemia, siendo la ineficiencia la segunda; augurando cataclismos, desastres y plagas de todo tipo. ¿P’a dónde tiro?, nos preguntamos algunos.

Lo único claro es que desescalar significa ir hacia abajo. Y a fe que así vamos. Salvando los datos estrictamente sanitarios, con el rebufo de fallecidos, nuevos infectados y curados, que es esperanzador; el paro será insufrible, el cierre de pequeñas empresas y autónomos, ruinoso, las multas por no hacer las cosas según lo ambiguamente ordenado, indignante, y el cambio a peor en costumbres, usos sociales y confianzas que acostumbrábamos, ridículo. No me quiero imaginar a media España yendo por la calle embozados hasta para compartir paseos, retretes, espectáculos o bares porque da murria. Pero es lo que viene. La prudencia es libre, y cuando pase lo de este virus, la prevención medrosa por el siguiente habrá cambiado de raíz nuestra ancestral franqueza, espontaneidad y roce. Solo nos faltará que se nos rasguen los ojos para parecer turistas orientales en nuestro propio barrio. Porque la piel también se nos verá poco: guantes, gorras y mangas largas por doquier. Y preparemos los carnets de identidad y sanitarios; habrá que llevarlos en la frente, como linternas, no sea que nos confundan con quienes puedan estar en lo que llaman grupos de riesgo: mayores, crónicos, infectados, etc., que tendrán prohibidas según qué cosas, espacios y horarios; penoso. Y eso sí, quizás nos venga bien para seguir cultivando el grito como forma de comunicación, ya que correrá el aire entre nosotros al menos con dos metros por medio. Indeseable a las luces de quienes nos resistimos a tanta estupidez y mareo. 

Y también son de mareo algunas iniciativas gubernamentales. Por ejemplo, entre las más llamativas, y sin entrar en el fondo de la cuestión, que en todo caso es discutible; lo de la llamada renta universal para cientos de miles de españoles mientras estamos pidiendo a Europa que compartan riesgos y gasto público con nosotros para superar los efectos del coronavirus. Es decir, que alemanes u holandeses y otros —mutualizar deuda— nos paguen tal dispendio a costa de sus impuestos cuando a ellos allí ni se les ocurre. Y necesitados también tendrán, digo yo. ¿Ustedes qué dirían a la inversa? Pues que cada cual pague su cuenta.  Y además, en una economía nacional ya bastante subvencionada, como la nuestra, y tras la experiencia de algunos países europeos como Finlandia que suprimieron tal invento porque al poco de ensayarlo constataron que desincentivaba la búsqueda de empleo privilegiando la vagancia.

Lo que le faltaba a la también fecunda y abigarrada picaresca española. Por si ya no hubiera suficiente economía sumergida, aportemos motivos para potenciarla.  Pero claro, los votos son los sueldos y en ese caladero tienen algunos mindundis echadas sus redes.

Otro aspecto en esta cuesta abajo son las relaciones personales. Es lamentable la cantidad de amigos y conocidos que discuten agriamente criticando unos y defendiendo otros al actual Gobierno. Si a veces es prudente huir de la política entre cercanos, porque las discrepancias pueden ir a mayores, en este tiempo aún más. Y no es que sea malo cruzar opiniones, que debería ser hasta provechoso argumentando y con las entrañas al margen, sino que nuestro carácter latino no conoce límites en demasiadas ocasiones y respondemos extremados si nos sentimos aludidos desde otro extremo.

Este virus ha sacado lo mejor de nosotros y lo seguirá haciendo, pero es lamentable que también aflore lo peor. Ya hemos citado ejemplos.  Y lo inmediato, irremediablemente, será que luzcamos lo más cutre.

Habrá que volver al lenguaje mímico de la bresca, con aquellos guiños tan explícitos. O quizá sería el momento de volver a los abanicos y aprender bien sus cuidados ladeos, meneos, aperturas y cierres, no sea que también nos prohíban hablar por si contagiamos.

¡Cuánto disparate! 

Que vuelva el fútbol pronto, que al menos entretiene, alegra, emociona y no mete mano en nuestras carteras. Y tampoco evangeliza, que no es poco.

jueves, 23 de febrero de 2017

SONETO FUTBOLERO CON ESTRAMBOTE


En cuanto se remueve el gallinero salen las zorras de sus madrigueras a merodear. Ha bastado que al Barça le dieran un repaso en París, de los que hacen época, para que amigos, enemigos y carroñeros se lancen a la caza de la carne fresca.
Desde el despechado Laporta a los periodistas de cabecera culés y las  hojas parroquiales del Mundo Deportivo y el Sport, pasando por los medios merengones y demás familia bufandera. Los más ocurrentes siempre son los aficionados, que agudizan su humor para atizarle al contrario. Esos desahogos explican parte de sus extraordinarias pasiones.
 Aún falta el partido de vuelta, ojo, pero a los culés los desplumaron porque salieron desnortados y no llegaban al balón antes que los contrarios, que fueron, además, muy superiores; al margen del baño que le dio Emery a Luis Enrique, quien debía repensar sus condiciones, filias, fobias y su mala follá. Poner cara de asco a la prensa no arreglará su descrédito. Es un entrenador de equipos pequeños y el único que ignora su bautismal irrelevancia en el Barça. Messi dirige tanto dentro como fuera del terreno de juego y él, reiteramos, es un mero administrador de la mitad de la plantilla. Guardiola se fue para no beber ese cáliz amargo, al crecer el monstruo que él mismo propició hasta hacerse el más grande.
Pero hay algo más que también es recurrente. Cuando al Barça o al Madrid les va mal, nunca faltan quienes achacan a factores extradeportivos las desgracias propias y la gloria ajena. Ahora son los culés quienes ven fantasmas, y lo que les queda, pero, curiosamente, aún hay madridistas que siguen viéndolos por el espejo retrovisor.  
Hace décadas, para algunos barcelonistas miopes eran los gobiernos de Madrid quienes propiciaban sus éxitos, incluso el régimen de Franco cuando la gloriosa etapa de las seis copas de Europa, como si el general gobernase también el continente; y enseguida culparán también a la política centralista. Y a contraestilo, hay un mantra que repiten tristones hace años muchos forofos madridistas. Sería el cansino presidente Villar quien ha propiciado la deslumbrante trayectoria blaugrana en las últimas quince temporadas, por su inquina con Pérez, desde que don Florentino, en su desmedido afán de mangonearlo todo, apostara por un rival suyo en pasadas elecciones federativas.
Esa supuesta manía es tan disparatada como la señalada del Madrid antiguo, y como los números son cabezones, a continuación me permito un desahogo lírico dedicado con cariño a mi amigo Pepe Castillo, que la defiende, tan buena gente y futbolero como merengón y poeta.
Buceando en las estadísticas, en tarjetas y expulsiones andan parejos a lo largo de la historia liguera, con cierto trato ventajoso hacia los blancos; esta temporada llevan cuarenta tarjetas amarillas por cuarenta y seis los culés; y solo en la Champions, donde manda poco Villar, es el Barça a quien más rivales le han expulsado, sin que ese dato haya sido tampoco determinante. La cuenta de los goles anulados indebidamente no existe, pero en penaltis a favor ganan de largo los blancos.
Como decía, permítanme un soneto con estrambote para cantarle a quienes ven más allá que están tan equivocados como los números enseñan:
 Pepe, “por ser tu afición, lo diré en soneto./ Este curso en penaltis uno más el Barsa/ y para ver con el Madrid de comparsa/ un mirar comparado más completo,/ doce más tiramos los merengues/ en los últimos diez; cuarenta y cinco/ en los veinte, y en los  veinticinco/ son treinta y nueve a favor los perendengues./ Con los cincuenta y nueve en la treintena,/ hacen ciento trece en la Liga hispana,/ con ochenta en la última cuarentena./ Estas son razones no foroferas./ Si ahora señalamos al azulgrana,/ más habrá que acusar a los blanqueras;/ te lo dice un blanquete pimentón;/ pues habría que motear de rastreras/ en el fútbol español y en las Europas,/ a cuantas ligas, trofeos y copas/ que en toda su historia fueron y son.”
Y es que, sobre los errores de la docena larga  de árbitros que suelen arbitrarles, en la Liga  cuenta la regularidad, la plantilla, la calidad, el coraje, la mentalidad, la dirección, y también la suerte. Lo demás son cuentos de mal perdedor.

A Messi, Xavi, Pujol, Busquets, Piqué, Iniesta o Guardiola no los inventó Villar. Ni Franco a  Di Stéfano, Puskas, Gento, Amancio, Pirri o Miguel Muñoz. Ni ningún árbitro ni mandamás. Como tampoco a Butragueño, Raúl, Cristiano, Ramos, Zidane, Cruyff, Suárez o Neymar.

lunes, 19 de diciembre de 2016

BALONES DE ORO


Tras sesenta años de fútbol se me ocurren muchos acreedores a ese galardón, y no todos visten, han vestido o vestirán de corto. Y también balones de hojalata, si es que existiera su contrapartida, que debería.
Entre los primeros están los abuelos o padres, como fue mi caso,  que nos llevan con cinco o seis años a un campo, por modesto que sea.  Debuté en La Condomina, donde vi a Manolet, Mesones, García, Cesar, Bueno, Pepillo, Chancho, Lalo o Marsal, como tantos también añorarán; y luego pude conocer el del Cartagena, Yeclano o Lorca, cuando mi señor padre, taxista, me llevaba con algunos futbolistas que lo contrataban para jugar partidos desde sus poblaciones de origen. Recuerdo con agrado y cariño a Sornichero, de Alcantarilla, del que conservo una foto dedicada vistiendo la equipación del Efesé. Y un campo con árboles grandes que sería Las Colonias de Abarán.
Ese virus, generalmente, te inocula la afición para toda la vida, aunque también hay excepciones. Ocurre igual con otros deportes o con los toros, que también fue el caso con mi abuelo materno, primer taxista de Murcia —coche de punto decía él—, en el espléndido coso murciano; desde las andanadas admiré a Dominguín, Bienvenida, Ordóñez, Cascales, Camino, Puerta o El Viti en todo su esplendor.
Otros merecedores de un Balón de Oro son quienes dedican su tiempo libre a llevar equipos de infantiles o juveniles por esos campos de Dios, haciendo de todo, con merma para su familia, vida privada y cartera. Recuerdo de mis primeros años al Maestro Barça, quien en su propio domicilio tenía la infraestructura para sus equipos; hasta la precaria lavandería, que sería a costa de sus modestas posibilidades y economía familiar, aparte de otras molestias no menos encomiables. Era un verdadero guía y el mejor consejero para quienes le dábamos las primeras patadas a un balón, que entonces llamábamos de reglamento porque lo normal eran los de plástico o badana.
Y, en fin, a los periodistas que desde sus crónicas nos hacían soñar con que alguna vez nuestros nombres estuvieran en sus alineaciones y comentarios, tanto en la prensa como en la radio. Bienvenido Campoy, Antonio Aullón, Manuel Carles, Andrés Ayala, Juan Ignacio de Ibarra, Enrique Llanes, Antonio Montesinos y otros a nivel regional —¡qué delicia la conquista de la cumbre de Baldo!—, junto al insuperable Matías Prats y Enrique Mariñas al nacional. Y tampoco quiero olvidar a hombres como Miguel Hernández, con la Federación de fútbol en sus genes,  haciendo de todo para facilitar las cosas a chavales y menos chavales, polivalentes con los equipos que promovían; también esforzados inoculadores del virus futbolero.
Y llegamos a los artistas; los jugadores y entrenadores profesionales. En ellos cuaja el esfuerzo de todos los anteriores y son quienes entusiasman a los aficionados con sus aciertos, juego, goles, paradas, trabajo, enseñanzas y planteamientos técnicos. Pero hay algo que también habría que tener en cuenta: sus declaraciones y actitudes, tanto dentro como fuera del terreno de juego.
Sin entrar en las trilladas valoraciones de los grandes de la pelota; Pelé, Garrincha, Kubala, Di Stéfano, Puskas, Charlton, Suárez, Eusebio, Gento, Cruyff, Maradona, Romario, Ronaldo, Zidane, Raúl, Casillas, Xavi, Iniesta, Cristiano o Messi; unos con premio dorado y otros sin él, a veces incomprensiblemente como es el caso de los españoles citados, menos el gallego Luis Suárez, que se le dieron en el 60; habría que valorar lo que han supuesto para el fútbol grande. El de verdad. El que hace que miles de niños, e incluso niñas, sueñen con ser deportistas de élite aunque luego se queden en simples jugadores a cualquier nivel, que no es poco. En el camino se habrán dejado otras querencias menos saludables.  Y ahí entra también la educación; la deportiva y la otra. La que les hará gentes de bien, que es lo verdaderamente importante. Pongan ustedes mismos los nombres de quienes serían acreedores a ese Balón de Oro con mayúsculas. Y también al de Hojalata, que tampoco serían pocos, a quienes han embarrado cualquier tipo de distinción con sus malos ejemplos.
No olvido presidentes, como Bernabéu, pero es más justo loar la imprescindible aportación de los forofos para que el fútbol sea el deporte mayoritario a nivel mundial. Sin ellos sería imposible, aunque critique a veces el cerrilismo de algunos.  Merecen homenaje y reconocimiento. En ocasiones producen rechazo, pero en mí, casi siempre, generan ternura;  como admiración quienes serenan pasiones. ¡Abrazos y ánimo!

 Feliz Navidad a todos.     

lunes, 10 de octubre de 2016

ENTRE EL DÍA Y LA NOCHE NO HAY PARED


Y entre la excelencia futbolera y torcer botas, tampoco. Lo primero lo aprendí de un compañero hace muchos años, Domingo, director de una oficina de CajaMurcia en La Palma de Cartagena. Y lo segundo lo vemos partido a partido los aficionados en cualquier campo.
Decía mi colega, cuando fui a visitarle a su oficina recién abierta, que iba a triunfar con toda certeza en su también recién estrenado cargo porque se fe residía en el trabajo sin desmayo y sin horas; ¡qué personaje! Y lo hizo, naturalmente.
El otro día, frente a Italia, España lució un juego extraordinario durante setenta minutos, pero se asemejaba más al fútbol sala que al fútbol grande porque el gol suele ser un pase más, y es lo que intentaron hasta el hastío nuestros internacionales. Nadie se atrevía a tirar desde fuera o al borde del área, y ni siquiera tampoco desde dentro. Y entre exclamaciones de asombro por la exquisitez de sus toques y toques llegábamos a la desesperación. ¿Pero es que ninguno de los seleccionados por Lopetegui tiene fe en su golpeo de balón? ¿Es que no se entrena eso? ¿Ni en sus equipos tampoco? Porque esa es otra. En el Madrid, por ejemplo, solo Cristiano, Bale y James, o Kroos cuando lo liberan de su inapropiado lugar en el medio centro, lo intentan. Y en el Barça, excepto en los golpes francos, ocurre generalmente lo mismo, salvo cuando Messi dispara tras una de sus endiabladas diagonales.
Koke, Silva e Iniesta tienen un excelente tiro desde veinte o venticinco metros, pero tampoco se prodigan en la selección, luego debe ser una instrucción de Lopetegui y  es un error mayúsculo. En el fútbol antiguo, en el que nos criamos algunos, los interiores nutrían de balones a los extremos para que estos centraran balones al delantero centro o a ellos mismos llegando desde atrás, y cuando no veían claro el pase disparaban sin remilgos desde fuera del área. Y hacían goles. Miren, si no, las estadísticas goleadoras de interiores legendarios: Puskas, Pereda, Luisito Suárez, Luis Aragonés, Schuster, Martín Vázquez o Michel, antes de especializarse en lo de falso extremo, y el mismo Hierro en el Valladolid y en el Real antes de bajarse a la defensa. A veces nos encogíamos en la grada al ver enfilarse a esos interiores para chutar desde lejos. Pero ahora todo es lo mismo. Se acorrala al contrario como si de balonmano se tratara, pasando el balón de uno a otro extremo, hasta que alguien pueda entrar hasta casi el área pequeña y la ponga a cualquier compañero. Y así es muy difícil, salvo que alguna vez suene la flauta mágica del artista de turno. Y como tampoco hay ahora grandes rematadores de cabeza con el balón en movimiento, otra especialidad que se ha perdido, pues a intentarlo una y otra vez hasta el aburrimiento del respetable.
Los futbolistas, como decía mi entrañable compañero, deberían dedicar mucho más tiempo, sin horas, a entrenar los tiros desde fuera, que son fuente inagotable de goles extraordinarios. En Murcia, el otro día frente al Mirandés, fue el atrevido Nono quien empató un partido para el UCAM con un sutil disparo al poste contrario desde fuera del área. Y es que, siendo la portería tan grande, cuando se ajusta el balón a un palo los porteros lo tienen complicado.
También  resultan inexplicables ciertas pájaras, traducidas en no llegar al balón antes que el contrario. Ocurre cuando un equipo se pone en franquía y deja de presionar, o si sale dormido del vestuario. Le ocurrió a España en Turín, y nos recordó a esa selección ramplona del mundial de Brasil o de la reciente Eurocopa. Sin tirar a puerta, meter la pierna ni correr no se juega al fútbol. Tomen nota también en el UCAM; en Getafe repitieron el pésimo partido de Zaragoza.

Y llegamos a Ramos. Es increíble la desafección que se le tiene, cuando falla, después de sus logros.  Los años pasan, que se nota para lo malo: la pérdida de la décima de segundo, pero también para lo bueno: la colocación. Y gracias a ello recordamos a centrales legendarios, ya treintones largos, pero sería difícil hallar un defensa con sus títulos y goles. Don Florentino, por ejemplo, sigue en el Real por el gol de Ramos en Lisboa; tenía previsto abandonar si perdía tras batir su propio record de presidencia infructífera en lo deportivo. ¡Ay, la falsa memoria!       

lunes, 5 de septiembre de 2016

DE JAMES Y ALCÁCER AL UCAM

De James y Alcácer al UCAM

05.09.2016 | 10:17
De James y Alcácer al UCAM
De James y Alcácer al UCAM
Siempre ha habido jugadores y equipos a medio hacer. El colombiano Jameses el caso típico de quien es figura antes de llegar a un gran equipo y le cuesta adaptarse. Para ser titular en el Real Madrid no basta con ser muy bueno. Lo mismo ocurre en el Barcelona. Podemos recordar a multitud de figuras indiscutidas en sus equipos y fracasados en un grande. Didí, por ejemplo y para no ser exhaustivos, había sido campeón del mundo con el Brasil de Pelé y no halló hueco entre Di Stéfano y compañía. Suele ocurrir, además, con futbolistas que ocupan posiciones ambiguas. El media punta es el más común, y en el Real Madrid hay barullo.


James, como algunos de su estilo, puede deslumbrar en momentos y pasar desapercibido el resto del partido. Y eso, en un equipo que tiene la exigencia de ganar siempre porque opta a todos los títulos, con el añadido de tener que ser tan exquisito como deslumbrante y eficaz en todos ellos, es un problema añadido para los jugadores intermitentes. Isco, el propio Benzema y ya veremos si Asensio, tienen idéntico hándicap. Hasta Kroos lo sufre desde que lo retornó Zidane del impropio lugar de medio centro que le encasquetó Ancelotti cuando se marchó Xabi. Muchos opinan que juega porque es alemán, pero olvidan que de interior es como brilló en el Bayern y en su selección, y sigue readaptándose. James tiene sus peores enemigos entre sus cercanos: los que piden a gritos su titularidad, tachando de injusta su suplencia, sin reparar en que tiene la suerte de estar donde está y con quien está. Como dijimos, el Madrid hubiera acertado cambiándolo por un segundo medio centro.

Alcácer ha preferido ser cola de león a cabeza de ratón, aunque nunca llegó a ser indiscutible en el Valencia. Suena a esas eternas promesas que nunca alcanzan el lugar al que parecían predestinados. También podemos recordar multitud de ejemplos. Iván de la Peña o Guti, siendo tan enormes jugadores que apuntaban a figuras mundiales, nunca llegaron a ser indiscutibles en el Barça y en el Real Madrid. Y el valenciano, sin llegar a la extraordinaria clase de los anteriores ni a sus expectativas, me temo que pasará en el Barça con más pena que gloria; máxime siendo delantero y con lo que tiene delante. En el fondo, creo que hay un problema añadido: falta de carácter. Un futbolista de 23 años que tiene la posibilidad, por fin, de ser líder del equipo de toda su vida y la desprecia por ser suplente en otro, apunta en esa dirección. Y más si ya es internacional y se trata del Valencia, que aunque sea desde la tercera línea siempre es un puntero en nuestra Liga. Por otra parte, el delantero valenciano no es un futbolista que destaque por otra cosa que por su oportunismo goleador y por sus buenos desmarques, y eso no es una excepción mundial; cualidad que debe tener quien quiera ser titular en un grande.

Y llegamos al único equipo murciano en segunda división. He visto al UCAM en directo en Zaragoza y en La Condomina y por televisión en Sevilla, y nunca más oportuno el calificativo de que progresa adecuadamente. En la Romareda, aparte de la novatada pagaron el no meter la pierna con determinación, con jugadores como Basha que con la forma precaria apuntaron las buenas formas que empiezan a lucir ahora. El equipo de Cani y Zapater, como el Córdoba que vimos en Murcia, son equipos obligados a ser punteros; otra cosa es que lo consigan. Con todo, lo mejor de los universitarios fueron diez minutos en el Sánchez Pizjuán hasta que echaron al albanés, quien es el llamado a llevar la batuta de los azulones. También gustaron los que salieron en los últimos minutos y quienes mantuvieron durante todo el partido la seriedad táctica y la sobriedad física que debe caracterizar a un equipo que aspira a mantenerse. Además, el gol de Imaz a pase de Remón fue una jugada a primer toque ilusionante. Lo peor: otro gol encajado de chilena en el área pequeña. Y lo raro, la rácana atención mediática que se le presta en Murcia.

Los cainismos son malos, e informar del decano Real Murcia, del Cartagena, el Lorca o el Jumilla no está reñido con hacerlo proporcionalmente sobre quien es hoy el referente profesional del fútbol murciano, y con mucho mérito, aunque tenga menos historia. ¡Mucho ánimo!

viernes, 26 de agosto de 2016

COMIENZA LA LIGA 2016/17

CON NOVEDADES EN EL FRENTE LIGUERO
La Liga 2016/2017 parece continuista, pero no lo es: los mismos actores principales bajo criterios distintos.  
En el Barça se van oxidando paulatinamente los antaño relucientes mimbres áuricos de su cantera, sin recambios aparentes a la vista, y se rellenan huecos con futbolistas foráneos que ni son ni tampoco eran indiscutibles en sus anteriores equipos. Quiero pensar que se trata de la falta de un técnico con el prestigio o el valor suficientes para imponer su criterio, y no un acomplejado tic directivo de emulación de lo que ha venido haciendo el de enfrente con dudoso éxito. Está bien repescar a Denis Suárez o el interés mostrado en recuperar a Nolito, pero ni entendí lo de Turán, aunque parezca renacido, ni entiendo lo de Umtiti, Digné o André Gomes, aun siendo buenos futbolistas. Máxime teniendo a Samper y Rafinha, entre otros —¿y Munir?—, o habiendo dejado marchar a su hermano Thiago antes y a Bartra ahora. Veremos en la práctica en qué mejoran  a los que permanecen y a los perdidos, si es que tenemos ocasión; jugarán poquito.
El Real Madrid parece que ha vuelto al sentido común. Y satisface que sea de la mano de un crecido Zidane, que ha sujetado la mano de su glamuroso presidente Pérez. Vislumbro que a poco que los resultados le acompañen se van a cambiar las tornas en el campeonato doméstico y, con permiso de Messi, que sigue siendo el mejor del mundo con mucha diferencia; el blanco irá imponiéndose al azulgrana. Es curioso cómo los humanos nos cansamos del éxito propio antes que los rivales hagan méritos para superarnos, por eso el Barça ha abandonado la senda canterana que tanto le dio. El Madrid, por el contrario, ha apostado por mantener su base e incorporar a jóvenes como Asensio, barato; y Morata, carísimo; aparte de retener al multiusos y eficacísimo Nacho — ¿ y a Mariano?—. No ha habido fichajes de relumbrón,¡alegría!; aunque a estas alturas aun tenga su punto débil en disponer solo de un medio centro auténtico: Casemiro. Si no lo remedia, ahí estará de nuevo su tendón de Aquiles. Y lo tenían fácil reteniendo a Llorente antes de cederlo, lo ideal; o desprendiéndose del tan talentoso como irregular James para fichar a un centrocampista de retención contrastado. En España hay posibles, como el ex atlético Camacho en Málaga, San José en el Atletic o el “muniqués” Javi Martínez, que serían mucho más útiles que mantener al colombiano en contante entredicho porque jugará poco.
En fin, rumbos distintos los abordados a partir de ahora por los dos grandes de nuestro fútbol, que puede suponer un cambio también de realidades; me apena lo del Barça y me alegra lo del Real. Los blancos pueden empezar a ser un equipo de fútbol, que ya era hora,  y fichar con criterios exclusivamente futboleros. Y los culés otra cosa, con Messi de “capo di tutti” en todo, como ya ejerce, y ya veremos cuando falte porque todo depende de él — por eso dio Guardiola su etapa como finalizada—; Suárez de ejecutor, ¡gran fichaje!, y Neymar de vedette en estado gaseoso. En la gloria efímera llevarán la penitencia de mañanas oscuros. No sería el primer caso, sino lo habitual en el planeta fútbol; repasen la historia.
El tercero histórico en discordia, el Atleti, está haciendo de la constancia virtud, lo cual es muy inteligente y de agradecer, y continuará la senda del éxito de la mano de Simeone. Ha mantenido su excelente plantel, ¡enhorabuena por fin!, y ha incorporado jugadores tan interesantes como Gameiro y Gaitán. Decisiones que le harán mucho más competitivo en los momentos cruciales de la temporada. Ojo a este Atlético, que también ha cambiado su trayectoria renunciando al dinero fácil de la venta millonaria de cada año, desprendiéndose, además, de medianías — ¿salvo Oliver?; y remendando con habilidad su descosido goleador.
Finalmente, el Sevilla y el Valencia son dos incógnitas. En los hispalenses sigue Monchi, el verdadero artífice de su éxito, pero ha llegado Sampaoli, un técnico ilusionante que conlleva la ingravidez de un cambio total de sistema de juego. Ojalá tenga suerte su vistosa apuesta, pero temo que se agote la paciencia del Pizjuán antes que lleguen los resultados. Y por el Turia, como antes se decía de Granada, todo es posible.  Veremos si la luminosidad de sus fallas no se torna en escandalosa traca; acecha la fiebre amarilla. Lo de Parejo es un mal augurio.                    


lunes, 18 de abril de 2016

EL FÚTBOL COMO TERAPIA NACIONAL
Ya sé que es ampuloso y exagerado, pero para infinidad de españoles el fútbol representa ahora una válvula de escape ante el proceloso panorama político y social que padecemos. Y es mano de santo. Fue el tenis y el baloncesto, el ciclismo, el atletismo, y es el motociclismo; pero el fútbol, que mueve infinitamente más aficionados, hace años que triunfa en Europa y en el mundo, enorgulleciendo a  millones de compatriotas.
Esta semana ha vuelto a producirse el éxito que echaremos de menos; nos estamos acostumbrando a un paraíso esquivo. No ha sucedido en ningún país europeo y en España sucede con regularidad el último decenio. Que cuatro equipos españoles estén entre los ocho mejores de Europa en sus dos competiciones continentales,  asegurada la presencia  de dos de ellos en sus finales, y con posibilidades de que sean los cuatro, es  portentoso. ¿Cómo estarían en Inglaterra, Italia, Alemania o Francia, si disfrutaran de esa gloria? Nos lo podemos imaginar.
Aparte de las machadas del Sevilla de Emery y del Villarreal de Marcelino – qué pena lo del Bilbao de Valverde y el emparejamiento del Barça con el Atlético-, tal y como auguramos, el Madrid, con la fortuna de cara, se deshizo con lo justo del Wolfsburgo, a quienes debieron golear también en su estadio; les separa un abismo. Ojalá contra el Manchester City persevere en la solidez cuando juegan a tope sus futbolistas, desde el equilibrio alcanzado con Casemiro, y a Zidane no le dé un ataque de técnico de paripé presidencial haciendo rotaciones absurdas o no haciendo algunos cambios clamorosos; lo de Danilo en Alemania, o mantener a Bale en el Bernabéu los últimos veinte minutos a pesar del agujero que ocasionaba en la derecha por no bajar,  no tienen un pase. A estas alturas  hay que salir con los mejores porque solo restan media docena de partidos relevantes. Zidane ha logrado un equipo, el que todos y él sabemos, y ha de insistir, sin mirar al palco, con esos once y sus sustitutos naturales:  Vázquez, Jesé, Varane, Nacho, Isco o James –nunca juntos-,  al margen de retoques tácticos puntuales, donde flojea.
Eso lo maneja bien Simeone, que salvo imponderables maneja a sus nueve titulares y a los dos o tres que se disputan los otros dos puestos, uno en la media y otro en la defensa, con perseverante sabiduría, así como los cambios tácticos y recambios de jugadores que requiere el resultado. Dentro de esas variaciones, lo único innegociable es la presencia continua de un medio centro con oficio. Como dice Guardiola, aunque exagera interesadamente para motivar a los del Bayern, “si el Atlético de Simeone juega bien gana siempre”. Habría que añadir que dentro de su peculiar estilo, y matizar que más bien difícilmente pierde porque es complicado hacerle goles, aparte de impedirle que haga el suyo con Torres recuperado y Griezman en estado de gracia. Con Fernández o Tiago de medio centro, Gabi y Koke a los mandos, y el espléndido Saúl - o Carrasco-,  de rompelíneas, el medio campo atlético es el más sólido de Europa; ahí radica su fortaleza y fiabilidad en los momentos clave. Simeone empezó consolidando una defensa con un portero de garantías,  Godín de mariscal y Juanfran y Filipe de alfiles, y reinventando goleadores de referencia: Falcao, Costa y ahora el gabacho. Después afinó el medio campo hasta hacerlo jugar de memoria con una intensidad insuperable. Esa, junto a la suerte, ha sido la escalera de color para llevar varios años seguidos entre los mejores, y esta temporada puede ser el colofón a un trabajo colosal y barato para el Atlético de Madrid por su eficiencia: aspirante a todo, títulos y saneamiento económico desde lo deportivo. ¡Tomen nota en el Bernabéu!
Al Barcelona le quedan varias finales para  ganar la Liga que tenía en la buchaca, y ahora es cuando sus profesionales deben demostrar la madurez que cabe exigirles. Como aventuramos, la eliminación de la Champions puede costarles la Liga. Plomo en la necesaria décima de segundo y depresión anímica, aparte de la obligación de alinear a Messi y a sus dos compadres Neymar y Suárez, estén como estén, y a otros; por prescripción del argentino, así como su antojo de huir del área, más una suerte esquiva, marcan el viacrucis culé. Mal pájaro tiene Luis Enrique en la bardiza.
Y en junio, como terapia contra electoral, llega la Eurocopa. La suerte de Del Bosque será nuestra fortuna, porque lo demás…, ¡ruina!         


jueves, 14 de abril de 2016

ZIDANE SALVÓ SU TRONO, Y MÁS

La tarde noche barcelonesa se prestaba a la emoción, aunque el partido se presentaba como puro trámite. Una faena de aliño del Barça bastaba para asegurar la Liga, pero el espectáculo tenía truco o, mejor, protagonistas secundarios.
La sombra de Johan Cruyff, como referente fundamental de la tarde, planeaba desde días atrás sobre el Camp Nou, y cuando llegamos a sus aledaños se hacía presente en cada esquina y a cada paso. Camisetas blaugranas con el 14 y su nombre impreso, carteles y respeto en el ambiente, o eso me pareció a mí. Tal vez no fuera casualidad que los cien mil espectadores que abarrotarían el campo un par de horas más tarde batieran un récord de asistencia. Despedir formalmente al padre del Barça moderno no era cuestión baladí. Y llegado el momento, minutos antes de que los equipos empezaran el juego, aplaudimos durante minutos y minutos su recuerdo plasmado en los marcadores, seguramente en otro récord de duración de cualquier aplauso. Emocionante.
Y el balón empezó a rifar ocasiones. Los culés, en plan dominador, se lucían en fintas y señuelos imaginados en cualquier regate corto, marca de las casas de Messi, Iniesta o Neymar. Y el Madrid de Zidane, serio y sin concesiones, agazapado atrás, esperaba su turno. El primer acto fue aburrido por excesivo tactismo y por la lentitud con que unos y otros se prodigaron. Con Albert Frago, un culé entrañable a mi lado, comenté lo anterior y, ante su extrañeza y la de otros vecinos de asiento por el juego rácano de los blancos, mi certeza de que el único que se jugaba algo era Zidane, porque la competición doméstica está liquidada ocurriera lo que ocurriese. Perder por dos o tres a cero el sábado era el camino más directo hacia su no renovación como técnico blanco el año que viene. En la segunda parte el Barça pareció ir a por el partido y le imprimió una rapidez y garra tan encomiable que albergué la sospecha de que ni los blancos ni su técnico se salvaban de la debacle, pero, una vez más, el primer paso obnubiló a quien debía insistir en el segundo y tras el primer gol de partido, los de Luis Enrique se dedicaron a jugar andando. Un rondo insulso que dio alas a los blancos. Y tras el empate y el absurdo cambio del turco Arda por el croata Rakitic, el Real sacó sus garras y fue a por el partido. El Barça continuó andando sobre el campo y sus rivales, ni con uno menos por la expulsión cantada de Ramos, cejaron en sus ímpetus.  Y llegó lo inevitable y previsible tras lo que veíamos en la grada.
El colofón lo puso Cristiano, tras el empate de Benzema, haciendo inútil el testarazo de Piqué, y Zidane le ganó el pulso claramente al asturiano mal encarado. En definitiva, Zidane pasó su reválida. Hace tiempo que venimos defendiendo en esta columna que el problema del Madrid era el mediocentro, y el francés, que de esto sabe lo suyo, ha sabido rectificar a tiempo. Con Casemiro en la medular, por delante de los centrales, el Madrid ha ganado el equilibrio que ya Benítez intentó sin éxito; como no tenía el nombre del campeón del mundo gabacho, no le dejaron. Pero lo importante, aparte del partidazo defensivo que hicieron lo blancos, con Casemiro en plan estelar y las lanzaderas que suponían los carrileros  Carvajal y Marcelo, es que don Zinedine ha consolidado un equipo para soñar caminos en la tarde, que diría el poeta. El Madrid, con ese equipo base, puede aspirar a todo en lo que resta de temporada y, lo que es más importante, puede y debe afrontar la campaña próxima con ciertas esperanzas.
El Barça, sin embargo, debe extraer la lección del sábado por la noche. Al fútbol no se juega andando, como decíamos, y aparte de que se desarrolla desde la cabeza para rematarlo con los pies, como decía el enorme Johan Cruyff, debe saber que las confianzas son malas consejeras cuando se juega contra un grande, y a los azulgranas en la recta final de la temporada le quedan al menos dos o tres grandes para conseguir el triplete.

Como corolario, esta vez don Florentino se salió con la suya, y Zidane, su penúltima baza, le ha devuelto el favor. El señor Pérez puede afrontar el resto del curso e iniciar la próxima temporada con garantía de tranquilidad en el Bernabéu. Ganarle al Barcelona en su casa es lo mismo que ocurría con Barça antiguo: ganarle al Madrid justificaba una temporada.    

lunes, 23 de noviembre de 2015

¡ES EL MEDIO CENTRO, ESTÚPIDO!

¡ES EL MEDIOCENTRO, ESTÚPIDO!
Permitan que recurra al sobado aserto de Clinton referido a la economía en la gobernanza política, pero es un desahogo por el hartazgo sobre lo que llevamos escrito respecto a la situación del Real Madrid: ni Kroos ni Modric, siendo excelentes jugadores, son mediocentros.
Y lo señalamos desde que Ancelotti puso ahí al alemán, si bien es cierto que tras la marcha imprevista de Alonso solo tenía a Illarra – menudo partido hizo contra el Sevilla el sábado —, en quien dejó de confiar demasiado pronto por un mal partido en Alemania.
Benítez empezó esta liga con el equipo del sábado contra el Barcelona y, percatado de lo anterior, sacó enseguida a Casemiro, que ha sido su equilibrio, consiguiendo una racha importante invicto. Por eso el título de este artículo, sin ir dirigido contra nadie, como reflexión para opinantes, futboleros y periodistas que han  hablado de mal juego o excesivas precauciones defensivas, alabando a Keylor como el equilibrio blanco.  El portero costarricense ha estado bien, como cabe esperar del sustituto de Casillas, y con sus buenas intervenciones ha evitado goles, pero nunca ha sido el eje del Madrid. Ese tiene un nombre: Casemiro.
Los tres primeros goles del Barça vinieron por el mismo sitio. La corona del área blanca era un merengue por donde Sergi Roberto e Iniesta, sobre todo, metieron sus botas e inteligencia como cuchillos de tarta. Y tras el golazo del extraordinario manchego, que ha heredado el sitio del inolvidable Xavi, se acabaron el partido y los pitos a Piqué. Un encuentro que pudo quedar cero a ocho, uno a siete, o cero a seis porque, paradójicamente, la suerte estuvo esta vez del lado madridista y le evitó un bochorno escandaloso.  Si hubiera estado Casillas, los forofos paniaguados que Mourinho dejo como herencia entre los aficionados blancos, y los periodistas de su cuerda, le hubieran echado parte de la culpa, pero tampoco su sucesor pudo hacer nada para evitar la debacle. Solo la enorme superioridad blaugrana desde el minuto uno explica la goleada, y la suerte, como decíamos, impidió que fuera la mayor humillación madridista de su historia. 
Benítez ha cavado su tumba porque Pérez no le va a perdonar el bochorno de las pañoladas y los gritos mayoritarios de “Florentino dimisión” que se escucharon en el descanso y al final del partido, por mucho que subieran el volumen de la megafonía del estadio. Su ingobernable soberbia se lo impide, a pesar de que tiene buena parte de la culpa de los pesares presentes del Real. Como hemos reiterado también, la plantilla está hecha a la imagen y semejanza de los gustos futboleros del presidente, que para eso ficha y desficha él. Un grupo abarrotado de medias puntas y con un solo especialista en el medio centro.
En cuanto se supo la alineación de Benítez,  medida política por lo de agradar al palco y a ciertos jugadores en detrimento de sus convicciones, algunos aventuramos que el Barça le pasaría por encima al Madrid. Y ocurrió lo que decíamos a los compañeros de tribuna. Lo sorprendente es que tal realidad no la previeran quienes tienen muchas razones para apreciarla, porque tampoco era tan difícil el pronóstico. Enfrentar a Kroos, Modric y James, con el supuesto apoyo de Bale, a Iniesta, Rakitic y Sergi Roberto, con el soporte del seguramente mejor mediocentro europeo y del mundo, Busquets, al decir de los técnicos más reputados, es una apuesta segura al fracaso. Nunca sabremos lo que hubiera pasado si en lugar del galés o del alemán, en un estado de baja forma preocupante, hubiese jugado Casemiro por delante de los centrales, dando cobertura tanto a los medios como a los laterales. Marcelo subió con timidez y Danilo ni eso, porque Modric y Kroos, en línea, no pudieron nunca con sus rivales y a ellos les llegaban siempre los culés en superioridad, igual que a los centrales.
Otros temas inquietantes son el físico y las lesiones blancas. Y es que, como dicen en privado algunos futbolistas de peso específico, las pretemporadas que se planifican y los servicios médicos del club no responden a las necesidades deportivas, sino a intereses inconfesables.
Finalmente, si lamentable fue no ver en el Madrid a ningún canterano, peor fue la presencia de un solo español de inicio mientras que en el Barça lo hacían cinco canteranos internacionales con España. Y en la grada blanca gritando ¡España, España! Sería para animarles, digo yo. Penoso.
Y a todo esto, sin Messi.

   

lunes, 16 de noviembre de 2015

ESPAÑA ANTE SU ESPEJO

ESPAÑA ANTE SU ESPEJO
Si hacemos una fusión de la primera con la segunda parte contra Inglaterra, y recordamos lo de Ucrania, la selección nos retrotraería a la España campeona de todo hasta hace dos años. Hay varias imágenes de las constantes de seguridad de Luis Aragonés, que nos catapultaron a la cabeza del concierto futbolístico mundial hasta el punto de ser objeto del deseo émulo de todos.
Empezando por atrás, la portería española está más que garantizada con dos porteros de enorme nivel. Casillas y De Gea, o viceversa, aúnan distintas condiciones y primaveras contrapuestas en su idéntica solidez: juventud y experiencia. El exatlético y futuro merengue reposa en sus alámbricas extremidades unos reflejos solo al alcance de los mejores, que nacen en un corazón explosivo bajo un cerebro rebosante de intuición. Casillas, que tenía esas mismas cualidades hace unos años, aunque fuera peor por alto en los balones cruzados, ha suplido el paso del calendario por el poso de la sabiduría. Antes llegaba en plan gatuno a cualquier balón sobre la raya de la verdad y salía a por el contrario en ventaja con idéntica rapidez, y ahora suple la décima de los reflejos por la calma y la colocación.
De laterales muy bien, con el goleador Mario recordándonos al sobrio Capdevila y al oportunista Alba, que continúa con Juanfran,  Carvajal, Azpilicueta y Bernat; y por el centro amanece otra estrella. Bartra dio en Alicante un recital de gran futbolista —cómo recuerda a los mejores Sanchís  y Pujol en su juego de anticipación —, y es el asegurador del candado que suponen Ramos y Piqué, todavía titulares indiscutibles en cualquier equipo del mundo; con Nacho en la recámara.
Y en la media seguimos sobrados. Aún no hay en el panorama mundial  unos centrocampistas, ni en calidad ni en calidad, que igualen a nuestros Iniesta, Busquets, Cesc, Silva, Cazorla o Mata, como veteranos en plenitud, y muy pocos equiparables a sus recambios coyunturales: Navas, Thiago, Koke, Isco, Javi Martínez, Muniaín, Sergi Roberto, San José o Bruno, más los que vienen apretando desde la sub 21. España, como entonces, se puede permitir jugar con tres, cuatro o hasta cinco medios, sacrificando a un delantero, porque cualquiera de los que jugaran más adelantados tiene tanto gol como los mejores puntas, salvando, claro está, a los especialistas consumados de los que España carece. Si Cristiano o Messi fueran españoles, o Raúl tuviera doce años menos, el ahora reinado español seguiría siendo el imperio que instituyó Luis hace ocho. Y eso que ya no está el mejor medio español de la historia, Xavi —con el balón de oro Luisito Suárez— tan indiscutido como insustituible.
Y llegamos a la delantera, nuestro único punto flaco. Desde que se fue el Villa eléctrico todavía no ha aparecido un punta de su efectividad: el máximo goleador histórico. Han pasado algunos pero ninguno con la necesaria regularidad y esa chispa que distingue a los delanteros imprescindibles. Llorente, Soldado o Negredo, por ejemplo, como Costa o Alcácer  y tantos otros, son delanteros de club, en el mejor de los casos, pero carecen del marchamo de los elegidos.  Antes hemos nombrado a cuatro que le darían a nuestra selección actual el aura suficiente para afrontar el futuro con las máximas garantías, pero dos de ellos nunca hubieran podido, por ser extranjeros, y los dos mejores goleadores españoles de los últimos veinticinco años ya no están para estos trotes. Habrá que buscar en los jóvenes como Morata o Nolito — ¡qué calidad atesora y en qué forma se halla el celtiña exblaugrana! —, o tal vez en los veteranos como Adúriz, que lleva unos años en estado de gracia; o en los que están llamando a la puerta desde la citada Sub 21  —Munir, Williams, Deulofeu, Asensio— aunque no sean puntas puros, quien bata con regularidad al portero que menos conozca, como decía Di Stéfano.
Finalmente, no podemos obviar la lacra sempiterna de nuestro combinado: el calendario de las competiciones nacionales. La selección nunca ha podido preparar con tiempo suficiente un campeonato. Si a ello le unimos que los jugadores básicos juegan en los equipos que disputan las semifinales y finales de Europa, tendremos la mezcla tóxica que debilita sus fuerzas. El Mundial de Brasil fue un ejemplo. Además de falta de imaginación táctica, jugaron andando por carencia de reservas.
En todo caso, debemos ser optimistas si juegan como saben. ¿Del Bosque? Merece el máximo respeto pero da para otro capítulo. De momento, como él, todos tranquilos.         

    

jueves, 29 de octubre de 2015

EL REAL MADRID DE BENÍTEZ

EL MADRID DE BENÍTEZ

Como todo proyecto, tiene una base lógica. Un equipo se hace en función de la plantilla disponible y en el Madrid nunca escasea; es la ventaja de ser un grande.
En cualquier deporte lo primero es el equilibrio, y en el fútbol se empieza a construir por atrás. Hay que valorizar el gol como logro más preciado y difícil, y para eso hay que evitar sobreesfuerzos asegurando en lo posible que los rivales marquen pocos. ¿Una buena defensa? Sí, pero es mucho más que eso. Porque como decía Cruyff —¡mucho ánimo, por cierto!—, y ejercían los Di Stéfano del mundo, aparte de una buena zaga, la mejor defensa es tener el balón; cuestión harto difícil. 
Vimos al Madrid en París casi todo el partido y contra el Celta la primera parte. Como los rivales también juegan, Berizo —bastante mejor entrenador que Blanc— cambió el sistema celtiña tras el descanso y evitó atacar por el centro para hacerlo muy abierto. Así esquivó al gran Casemiro con el que Benítez, al fin, ha asegurado el medio centro madridista. ¡Ya era hora! Algunos llevamos tiempo señalando su carencia como el gran problema blanco. Ancelotti se empeñó en poner ahí a Kroos, excelente volante derecho, y ante los rivales de postín el equipo hacía aguas hasta vaciarse en esfuerzos baldíos y quedar varados en la orilla —en Lisboa ganó la décima al Atlético por el postrer suspiro milagroso de Ramos, sin Alonso en el campo  —.  En su descargo, es cierto que  Xabi estaba suspendido y se marchó de improviso en la pretemporada siguiente, pero también es verdad que se quedó Illarra y vendieron a Casemiro; decisión cuya paternidad desconocemos aunque todo apunte al palco. Para don Florentino, la valía de los futbolistas empieza por su coste.
Benítez construye sus equipos desde el medio centro y el Madrid lo notará esta temporada, igual que su Valencia lo notó con el mejor Albelda. Junto al brasileño, canterano madridista y ex del Oporto, sitúa en sus flancos por delante a Kroos y Módric, quienes deben ganar en continuidad. El teutón llegará pronto a ser el que deslumbraba en el Bayern y con Alemania y empezará a marcar goles decisivos. Además, uno de los tres de arriba se encaja con ellos para formar el clásico cuatro, uno, tres, dos, que tanto gusta al técnico madrileño. Así se explica su predilección por Lucas Vázquez, que en principio apuntaba al ostracismo; James e Isco son los llamados a ese puesto.  Ronaldo queda libre para entrar al área por donde quiera, y el otro delantero debe adaptarse a él, lo que creará problemas cuando Bale esté disponible. El mejor Benzema y Jesé desempeñan bien ese papel, aunque el canterano, al ser barato, tendrá que salir al final de temporada para intentar volver con algunas decenas de millones de costo en su currículum. ¡Ah!, y para aprender idiomas y ganar ese lustre cosmopolita extranjero que tanto gusta por la planta noble del Bernabéu; cuestiones básicas para triunfar de blanco que algunos, pobres ignorantes y romanticones del fútbol, desconocemos.  Es lo que les faltaba a Hierro y Del Bosque o al mismo Raúl, que ha enmendado tarde, y que, a destiempo, también ha iniciado Casillas.
Hablando de porteros, el debate está en criticar a Ancelotti por no haber apostado por Keylor, y de paso, ¡ay lastimosos descamisados!, en censurar al presidente que lo tuvo vendido al Mánchester para traerse a De Gea.
Navas es un buen portero y lo está haciendo bien, pero, como decían por Argentina, aún no ha empatado con nadie. Ya veremos cuando lleguen los momentos clave que marcarán la temporada del Madrid. Compararlo con Casillas es un ejercicio de desmemoriados, por cierta que sea su irregular trayectoria en las dos últimas temporadas, enmarcada en la tensa situación que vivió tras el tsunami Mourinho.
El otro acierto de Benítez es que la defensa ha recuperado la anticipación, y juegue quien juegue no se resiente la seguridad atrás. Varanne y Nacho cumplen perfectamente, junto al emblemático Ramos, con Pepe en la recámara. Y los laterales, el otro punto fuerte del madrileño, como lo eran en el Valencia o en el Liverpool; son dos flechas alternativas. Nunca atacan a la vez, y Marcelo sobre todo, Carvajal o Danilo, son el cuarto centrocampista o el tercer atacante con licencia de gol.

Benítez ha cambiado al Madrid en dos meses y a los madridistas les aguarda una temporada exitosa. Si lo dejan, claro.         

lunes, 12 de octubre de 2015

DE MOURINHO A DEL BOSQUE

De Mourinho a Del Bosque
Es tan difícil establecer comparaciones entre profesionales futboleros como entre personas corrientes. Todos llevamos en la mochila circunstancias tan distintas que nos harían irreconocibles en las experiencias de otro y, por lo tanto, en su trayectoria vital y profesional, que junto a la formación, el carácter y la personalidad que al final conforman, pueden explicar los éxitos y fracasos ocasionales. Sin olvidar, como diría mi desde hace sesenta años amigo Tato, la suerte. Ese azar que se busca en la lucha tesonera e inteligente diaria, y también en su lotería: andar el camino durmiendo lo justo. Luego hay tipos con suerte y otros que parecen gafados, pero siendo necesaria tal fortuna, no es suficiente.
Napoleón, además de buscar en su mujer el secreto de cualquier hombre relevante, indagaba si sus oficiales eran hombres de suerte antes de ascenderlos. Experiencia, valía e intuición no le faltaban al militar y emperador francés, aunque, como a tantos, al final le perdieron la ambición y la soberbia. Y es que, hay quien tiene la voluntad y la sabiduría de levantarse después de uno o varios fracasos, y, por el contrario, todos conocemos a gente que no se recupera nunca de un éxito, y sigue entontecido hasta que la vida les da una lección de humildad. Los más señalados dentro de esta categoría mesiánica, jamás se recuperan de su cadena de éxitos y terminan en el hoyo.
Desde esas premisas, vayamos a las figuras que originan estas líneas. Mourinho lleva en el candelero desde el año 2000, con el Benfica, hasta ahora, que anda empantanado en el Chelsea. Ganó dos Ligas con el Oporto, dos Premier con el Chelsea en su primera etapa, dos Serie A con el Inter y una Liga con el Real Madrid. A ello hay que sumarle como títulos más relevantes dos Champions: Oporto e Inter y una Europa League con el club portuario portugués, aparte de ser nombrado tres veces como mejor técnico del mundo. Un palmarés al alcance de pocos entrenadores: diez títulos en 15 años. Como jugador fue mediano en la mediocridad.
Del Bosque, por el contrario, estuvo 13 años en la primera plantilla del Real, jugando más de trescientos partidos y fue dieciocho veces internacional, con un Mundial. En esa época ganó cinco Ligas. De entrenador, se curtió en la cantera madridista hasta que en 1999 le dieron la alternativa en el primer equipo. En cuatro años ganó dos Ligas y dos Champions. Relevó en el 2008 al inolvidable Sabio de Hortaleza en la selección española, y con ella ha sido campeón de Europa y del Mundo. Individualmente, ha sido nombrado dos veces mejor entrenador del mundo y cuatro mejor seleccionador mundial. Otro palmarés deportivo – nueve títulos y dos titulazos en 11 años- difícil de alcanzar, por no decir imposible.
Es decir, que como profesionales, y con la decisiva fortuna de haber entrenado a grandes equipos, estarían los dos en el podio de los diez mejores de la historia, sin establecer diferencias notables, salvo que el portugués ha sido más errante y solo en clubes, con el valor añadido de triunfar en tres ligas importantes, y el español ha sido de un solo club de relieve y de nuestra selección, con el galardón de ser el mejor equipo del siglo XX, el Real, y la mejor del mundo en el último decenio: España.  
Ahora bien, si vamos a los valores personales que traslucen como personajes públicos, las diferencias son abismales. Hablando en callejero, Mourinho es un bocazas maleducado y Del Bosque un señor. El luso, además de metededos, metepatas y desatado saltarín, es tan lenguaraz en sus desvaríos con la sin hueso que resulta imposible sintetizarlos: desde despreciar a un periodista español calificándole de ‘mierda en su profesión’, proclamándose él como top en la suya, hasta retar a su último equipo pontificando que si lo despiden echarían al mejor técnico que pueden tener. Del Bosque, al contrario, como recomendaba Kipling en “If”; es hombre en la victoria y en la derrota. Sobran comentarios.
Por eso, el ensoberbecido “special one”, Xosé, es como Atila: por donde pasa no crece la hierba  – deja plantillas, y hasta aficiones, rotas: Oporto, Chelsea, Inter y Madrid-, y don Vicente genera equipos para el triunfo. Lo hizo en el Madrid y lo hará con España, como Luis Aragonés, salvando su enorme distancia: el Sabio valiente creó estilo y escuela. Como otros en diferentes momentos: Zagallo, Michels, Cruyff, Sacci, Guardiola..., o Bernabéu de presidente.


martes, 6 de octubre de 2015

CRISTIANO RONALDO

CRISTIANO RONALDO
Como la mayoría de los genios, Cristiano es un tipo de singularidades extrañas para el resto de mortales; rarezas, se diría en callejero, pero su desmesurado ego aparente le distingue sobre otros.
Sin embargo, es posible que esa peculiaridad denote más transparencia que otra cosa, dejando ver también alguna debilidad íntima. Desde la personalidad que proyecta dentro y fuera del terreno de juego, al margen de la que mantenga en su vida privada, el ansia por ser distinguido de un modo especial por quienes le rodean en su entorno más próximo, quizá tenga mucho que ver con una inseguridad impropia de alguien tan importante: el máximo goleador histórico del Real Madrid, por encima de dos mitos como Di Stéfano y Raúl. Tal lastre sería producto de una infantilidad no superada, por carencias o por demasiados mimos.
Y abona tal conclusión el hecho de que esas ansias de protagonismo individual las mostrara ya en su etapa del Manchester, antes de venir a Madrid. Allí se desentendía del juego cuando no le pasaban un balón propicio sus compañeros, descarándose con las manos en la cintura, y aquí, además, celebra con poco entusiasmo, si lo hace, los goles de sus compañeros.
Sea como fuere, como venimos afirmando hace años, estamos ante el mejor goleador en la historia blanca y posiblemente, añadimos ahora, de la historia del fútbol. Y es así porque alcanza hitos difíciles de igualar desde la condición exclusiva de goleador. Con la derecha, su pierna buena, con la izquierda como recurso y con la cabeza, donde también es un especialista, es un espectáculo y un peligro continuo para sus rivales. Se le puede discutir que chuta a la portería más que nadie y que en las faltas directas su efectividad baja a niveles mediocres, pero nadie le puede discutir su primacía en el reino del gol.
Ha habido y hay mejores jugadores de fútbol, y más completos si se quiere: Pelé, el propio Di Stéfano, Boby Charlton, Puskas, Rossi, Torpedo Muller, Cruyff, Eusebio, Van Basten, Ronaldo, Messi o Maradona, por citar a los más significados, pero la mayoría sin el gol como cualidad exclusiva, y los que sí, de menor cuantía individual.
Como genios, cualquiera de ellos albergaba rarezas, incluso más antipáticas, aunque no se recuerdan a la hora de criticarlo a él. El gran don Alfredo, por ejemplo, tenía dentro y fuera del campo una lengua viperina, sobre todo hacia sus compañeros y hacia quienes se acercaban al vestuario madridista. El entonces  Príncipe don Juan Carlos de Borbón sabe de eso: en plena época de don Santiago Bernabéu, lo mandó a una faena maloliente de pantalones bajos en el descanso de un partido de Copa de Europa en el extranjero, cuando entró al vestuario para darles ánimos porque andaban alicaídos. ¿Qué diríamos ahora si Cristiano hiciera algo así con cualquier otro personaje?
Lo que ha hecho hasta ahora en el Real, y lo que aún le queda, es de una importancia legendaria. Pasarán muchos años, o generaciones, para que otro jugador alcance esas metas. Le falta para coronarse a nivel mundial, eso sí, haber tenido otra nacionalidad y lucir en una de las selecciones aspirantes rutinarias a las Copas del Mundo. En todo caso, su paisano Eusebio y el propio Di Stéfano, para mí el mejor jugador de todos los tiempos, por más completo; tampoco ganaron nada en ningún Mundial.
En la actualidad, solo Messi le discute la primacía futbolística con ventaja: consigue tantos goles como él y, además, hace jugar al Barça a su antojo aunque no lo logre en la selección Argentina, donde se le critica su juego en comparación al que despliega en su club. El canterano culé es más completo que Ronaldo porque golea, se asocia y distribuye. También exige un protagonismo absoluto en su equipo, aunque quizá sea más taimado en su personalidad y se le note menos. Tiene, sin embargo, unas debilidades distintas: las derivadas de su entorno con su padre a la cabeza; en Hacienda conocen alguna de su ‘rarezas’. Singularidad que no tiene nada que ver con su prerrogativa de genio, sino con la de la poca vergüenza fiscal contribuyente de sus más cercanos; no sabemos si también con la suya. 

En todo caso, ojalá Cristiano nos dure mucho jugando, porque cuando ya no esté lo recordaremos continuamente como algunos hacemos con los citados y con otros. Entonces entrará en la leyenda, y tendremos la fortuna de poder contarlo a quienes no tengan esa suerte. 

miércoles, 30 de septiembre de 2015

GUARDIOLA, EL CIELO PUEDE ESPERAR

GUARDIOLA: EL CIELO PUEDE ESPERAR
Ha optado por la política cuando podía haber liderado una parte del deporte nacional.  En caso de querer una relevancia social al margen de su trabajo, ambición tan noble como legítima aunque deba medir sus repercusiones, así como la de expresar sus opiniones, tenía todas las posibilidades y no se da cuenta. Y ha elegido su querencia aldeana, en lugar de su relevancia nacional, europea y hasta mundial, con lo que supone de minusvaloración de su propia imagen y de su futuro.
Defendí siempre su clarividencia cuando daba la pelota a la primera y podía parecer simpleza, inexperiencia o timidez. Después, alabé su determinación y sapiencia como técnico al apostar por Pedrito, que él había tenido en el filial de tercera, cuando sus directivos había acordado su traspaso al Portuense; y por Busquets, en lugar de vacas sagradas como Deço y Ronaldinho. Además de hacer que Messi entrara por donde quisiera, sacándolo de su inicial banda derecha, aunque le costara largar a Eto’o, a quien mantuvo el primer año hasta sacar lo mejor de él, y luego la enemistad de Ibrahimovic, fichado por él mismo.
También valoré positivamente su elegancia, en detrimento del polémico Mourinho, y disfruté hasta el infinito con el juego de su Barça, origen de la mejor selección española de todos los tiempos, sin menoscabo de mis querencias.
Pero con la misma convicción, deploro su deriva política en versión nacionalista, porque recuerdo otras ideologías de su misma raíz que han ocasionado desastres a la humanidad. Ya sé que alguien me puede decir que la situación actual no es tan grave, pero los españoles sabemos cómo nos arde la sangre en cuestiones políticas, solo hay que poner la oreja en la calle y escuchar lo que se comenta por ahí al respecto de la cuestión catalana. Tenemos la experiencia, que avala cualquier hipótesis, de haber sufrido en España tres guerras civiles en el siglo XIX, las carlistas, y una atroz y generalizada en el XX: la Guerra Civil. Y, no lo olvidemos, aquellas y otras ideologías extremas fueron la semilla de la que vivieron nuestros padres y abuelos, y en buena medida, con otras tampoco lejanas, del enrarecimiento localista que padecemos.
Enmanuelle Petit, el internacional francés que jugó en el Barça a partir del 2000, acaba de declarar en la BBC que el ambiente era irrespirable en aquel vestuario blaugrana entre holandeses y catalanes. Y ha añadido que lo de estos últimos era lo más cercano al racismo. Aunque pueda parecer también exagerado, eso me recuerda otros ejemplos cercanos: el nazismo, el exterminio balcánico en Serbia y Bosnia, o el de los tutsis y hutus en África. La verdad es que nos puede parecer lejano, pero escuchar lo que también suena en ocasiones, como lo de españoles y catalanes de mierda y cosas parecidas, puede ser la semilla de la sangre derramada. Algo parecido sucede en el llamado País Vasco.
Guardiola, con su deriva política catalanista, olvida que el lenguaje del fútbol y el del deporte es bien entendido en el mundo, con todas sus diferencias, al nivel del que se expresa en el arte o la ciencia, en contraposición con el de la política, que no deja de ser un compendio de dialectos hablados por unos pocos interesados, seguidos, aunque no lo entiendan mucho ni lo sepan explicar, por millones de personas que en el fondo los deploran por ser los paganos de sus egoísmos.
Así, en vez de aspirar a conseguir el cielo de un liderazgo deportivo a gran escala, persigue un lugar al sol de su localismo geográfico, que solo debería ser una defensa noble de sus raíces, o, viviendo fuera, un sentimentalismo personal rayano en la nostalgia.
Lo lamentable es que cuando se quiera dar cuenta su tiempo habrá pasado. Una pena que tendrá que sumar a la decepción que le causarán quienes ahora lo utilizan. Mas, Junqueras y compañía, junto al innombrable Pujol de fondo, solo lo quieren de cebo útil, por no decir de tonto, y se lo demostrarán si aspira a sacar la cabeza en la política catalana: le recordarán cuál es su sitio. El mismo que él desprecia ahora.
Gasol, con más imagen y dimensión que él a nivel global, ha sabido estar en su sitio a ese respecto, así como Xavi. Scariolo lo ha defendido ante algunos patéticos franceses: “Dime cómo pierdes y te diré cómo seguirás perdiendo” . ¡Olé!, en lugar de chapeau; suena mejor.
Tome nota Guardiola     


viernes, 11 de septiembre de 2015

LA ESTÉTICA

LA ESTÉTICA
La ética se ilustra y honra a quien la practica, además de mejorar al conjunto del ser humano, y la estética se luce otorgando dignidad plástica a la sociedad y belleza al mundo. Las dos vienen en parte con los genes o la naturaleza, y corren caminos paralelos dentro de sus diferencias a pesar también de sus similitudes. En el fútbol no podía ser diferente.
Lo hemos visto en el Real Madrid, con el disparatado tema de su portería, sobre todo; en el Barça con el tema Neymar y con su instrumentalización  como ariete político; y en la selección con su juego y con lo de Piqué.
Lo de Casillas fue un sainete desafortunado por lo que tuvo de antiético y antiestético. Nació con Mourinho y creció con los forofos del luso ‘metetodo’, y la anuencia del señor Pérez y sus lacayos en los medios de comunicación y en el estado Bernabéu, y ha terminado con el presidente de protagonista y la complicidad del cancerbero, desbordado por la situación. Y como lo que no se cura continúa sangrando, ha tenido una especie de reencarnación con De Gea y Navas.
¿Pero es culpa de los blancos? Evidentemente no. El asunto hunde sus raíces en la informalidad y el disparate que rodea al fútbol. Un jugador ficha por cinco años con un club, por decir algo, y si no destaca cumplirá su contrato, sí o sí, lo haga mejor o peor.  Ahora bien, si por aquellas cosas del destino resulta que pasado un año o los que sean, crece deportivamente hasta superar las expectativas puestas en él, exige una renovación al alza y, si no, se marcha, ‘tristezas’ o rebeldías mediante.
A Casillas quería echarlo don Florentino hace ya tiempo – miren sus intentos con Buffón, entre otros, por ejemplo-, igual que desde el año pasado tenía decidido lo de De Gea. El problema surgió cuando el de Móstoles exigió cobrar los dos años que le quedaban de contrato y el Manchester jugó a la contra en el fichaje del ex atlético. Ahí surgió el fenicio Pérez, que no estaba dispuesto a entrar por los aros que le pusieron delante. Y ahí, dentro de que lo de Casillas y los clubes era ético, todos defendiendo sus intereses aun a costa de lo estético, pues era feo por donde lo miraras; lo de De Gea ha sido igual de antiestético como antiético. El todavía portero del Manchester, si en el fútbol funcionara la ética, debería haber aguantado hasta el final de su contrato para pensar en un cambio de aires.
Al final, en el frustrado fichaje, ha ocurrido aquello de que entre todos lo mataron y él solo se murió. El  Manchester puso todas las pegas posibles y el Madrid esperó hasta el final para ahorrarse dinero, metiendo al sufrido Navas como baratija de cambio.  ¿Culpables?, pues menos el costarricense, todos y ninguno; según se mire.
Lo del Barça es un cúmulo de disparates, lo económico y lo político, bajo el paraguas de sus éxitos deportivos. El fichaje de Neymar fue ejemplo de lo que no se debe hacer contractual ni fiscalmente, igual que la petición de independencia en el Nou Camp o en la simbología ex azulgrana. Cuando pase el tiempo y la pléyade de magníficos futbolistas surgidos de su cantera, en esencia, los culés volverán a lo que siempre fueron: un equipo con los mejores del mundo fichados con el talonario en detrimento de la única política que debería manejar un club de fútbol, la deportiva, y chupando rueda de sus rivales en España y en Europa. Siempre fue así hasta el milagro de Guardiola y los canteranos de la Masía. Con Rosell y Bartomeu han iniciado ese camino cuesta abajo. Al tiempo.
Han logrado conjugar lo antiético con lo antiestético, aunque los resultados deportivos no dejen ver el panorama.

Y en la selección, encontramos la estética cuando su juego actual se asemeja al que nos hizo campeones de todo, como el otro día contra Eslovaquia, pero somos capaces de ensuciarlo, todos, mezclando churras con merinas. Y en la ética, Piqué, tan buen futbolista y defensor de la selección nacional como ‘boqueras irredento’, suscita pitos de los aficionados españoles en recuerdo de algunas declaraciones suyas poco afortunadas. Sin embargo, no se tiene en cuenta cuando dice que Cataluña ha expresado su voluntad treinta y tantas veces en los últimos treinta y tantos años. ¿Tiene varias lecturas? Sí. Y por ello, el beneficio de la duda. 

martes, 1 de septiembre de 2015

EL DEBATE FALSO DEL GOL

EL DEBATE FALSO DEL GOL
Sorprende que desde medios de comunicación importantes españoles se proclame, pontificando, que al Madrid de Cristiano o al Barça de Messi les falta gol. Y eso ha ocurrido hasta la semana pasada; y sigue.
Y es que, estamos acostumbrados a que los máximos goleadores de nuestra liga superen últimamente con largueza la treintena de goles, cuando hasta el año 90 solo lo habían hecho Zarra en la 50/51 con 38, Di Stéfano en la 56/67 con 31, Baltazar en la 88/89 con 35 y Hugo Sánchez en la siguiente con 38. Incluso ha habido Pichichis con 14 goles, como Amancio en la 68/69, o con 16, como él mismo y Gárate en la siguiente.
Mientras Cristiano y Messi conserven la forma es absurdo hablar de falta de gol en los merengues y culés. Al margen de quién sean sus entrenadores, el portugués y el argentino superarán los treinta o treinta y cinco goles por temporada, sin contar con sus compañeros de ataque, que aseguran cifras también importantes. Neymar y Suárez andarán cerca de la quincena, cuando no la superen, lo mismo que Bale y Benzema o quienes les sustituyan. Así, aunque será difícil repetir los 50 de Messi en la 2011/12 o los 48 de Cristiano en la pasada, el Madrid y el Barça estarán por el centenar de goles a favor jueguen como jueguen y los dirija quien los dirija. Todo lo demás son cuentos para llenar páginas de prensa y horas de radio o tele. Y para avivar polémicas absurdas, que de ello viven determinados personajes acostumbrados más al infundio, a la palabra facilona y a las tertulias vanas que al análisis sosegado de la realidad futbolística.
El Barça empieza el año repitiendo sistema y jugadores porque sería de locos cambiar lo que ha funcionado bien. Y el Real, por el contrario, apuesta por variar su forma de juego e incluso la posición y nombre de algunos futbolistas porque aspira a destronar a su eterno rival.
Así, fiel a su costumbre, Benítez apuesta por tres medias puntas con un delantero más arriba, surtidos de juego y con el apoyo de dos medios centros y un lateral extremo, alternativamente salvo en casos puntuales, porque el otro suele mantener su posición junto a los centrales. Y en ese esquema, la novedad reside en que Bale ha dejado la banda para jugar por detrás del compañero más en punta y Cristiano tiene barra libre para entrar por donde quiera, a pesar de su querencia manifiesta de hacerlo desde la izquierda. De hecho, una de las inquietudes veraniegas de vestuario ha sido su negativa a jugar de delantero centro y su recelo respecto al papel del galés, posicionado en el imaginario de don Florentino como sustituto estrella del goleador portugués.
Ya veremos cómo lidia el madrileño Benítez tan espinoso asunto, porque a los celos naturales de estos grandes jugadores se suma el singularísimo del presidente blanco, nada acostumbrado ni complaciente con que nadie le reste protagonismo a su papel supremo en la casa blanca. A veces, como se ha comprobado hasta el esperpento, este juego de tronos perjudica el objetivo común que deberían presidir las decisiones deportivas en una institución como el Real Madrid.
Por otra parte, para algunos es una pena que en el once blanco solo jueguen uno o dos españoles, como ocurrió el otro día frente al Betis. Luego llegará el Barça al Bernabéu, con cuatro o cinco internacionales de nuestra selección, y los ingenuos de siempre sacarán banderas patrias para afearles; de risa.
Pero lo peor es que Benítez sigue apostando, como Ancelotti, por colocar a Kroos como medio centro retrasado en detrimento del único especialista que tiene a sus órdenes: Casemiro. Y eso, contra rivales de menor cuantía como Betis—claro aspirante al descenso salvo que refuerce su defensa— o Gijón puede funcionar. Ahora bien, frente a los Atleti, Barça, Manchester City, Chelsea, Bayern, etc., volverá a ser un punto débil. El alemán rinde a medias en esa posición y en inferioridad a los puntales de esos equipos, porque su verdadero sitio es de medio volante o media punta. Comparémoslo con Albelda en el Valencia o el mismo Alonso en el Liverpool de la mejor época de Benítez.
En cuanto a la selección, no le pidamos peras al olmo. Del Bosque, fiel a su norma, confiará el gol a sus leales. Nunca fue un hombre atrevido. El mejor delantero español de hoy, Adúriz, seguirá siendo un extraño.



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