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martes, 3 de noviembre de 2020

MESSI COGERÁ UN OLIVO AZUL

 


Acaba la historia del argentino en el Barça. Como señala la canción de Rafa Serna, se le nota en la mirada. Y en el cansancio anímico, que arrastra al físico. En la rabia por impotencia. En el desconsuelo hasta cuando gana. Al felicitar a compañeros; las últimas lunas son tristes. Y hasta en el gesto taciturno cuando le sale algo bien; un cuentagotas.

El Barça es un equipo más en descomposición que en recomposición. Las crisis deportivas circunstanciales se arreglan con un par de resultados positivos, pero cuando los problemas derivan del final de una etapa devienen en estructurales. Máxime cuando se les une una crisis institucional, y la blaugrana es brutal de arriba abajo y a izquierda y derecha. El club culé es en conjunto un problema esférico; por donde lo mires chirría.

Si acaso, solo luce la esperanza en algunos futbolistas jóvenes como Ansu y Pedri que podrían ser figuras en torno a las que hacer un proyecto ilusionante. Pero eso necesita años, paciencia y el brazo ejecutor adecuado. Un técnico inteligente, con carisma y el respaldo importante e incondicional de un presidente para la historia. A Koeman no le faltan condiciones, pero ha llegado en el peor momento. Lo trajo quien pasará seguramente por el peor presidente histórico porque, además de los desmanes deportivos de los últimos años, ha dejado al club al borde de un concurso de acreedores que podría derivar en la quiebra del modelo basado en la propiedad de sus socios. Ni resultados ni dinero y ni siquiera prestigio, perdido en poco tiempo por el desagüe de las indignidades de Bartomeu.

Y todo eso lo sabe, lo vive y lo sufre Messi. Aparte, a su edad, es natural que mire por lo suyo porque el tiempo se acaba. Y eso no quiere decir que no sienta el club como algo propio, que lo ha demostrado suficientemente hasta donde cabe en un profesional. Si le unimos que su ambición deportiva no ha bajado su auto exigencia, tendremos la tormenta perfecta que le empuja a salir del equipo de su vida. La necesidad de ganar es el ansia que mueve su ánimo y, por lo tanto, su mente, su corazón, su talento y sus piernas. Y ese combustible vital ya no lo halla en el Barça. Ni lo espera, llegue quien llegue.

El entorno de Messi hace maletas. Le aguardan un contrato espectacular—retiro dorado incluido— con muchos millones por ausencia de traspaso, y el reto de demostrar y demostrarse que tiene cuerda para ser el mejor algunos años más. O, en todo caso, para defender su estatus ante quienes llegan desde abajo con pretensiones, aunque todavía no se vislumbre sucesor. Con él se eclipsa una generación de futbolistas para la que aún no hay relevo. Hablamos de goleadores que después de una docena de años todavía hoy siguen mandando; Cristiano, Lewandowski o Ibrahimovic, como ejemplos. Pero de su figura trasciende, además, un jugador sin igual de medio campo hacia adelante. Y no solo en su generación, sino en la historia del fútbol mundial. Los ha habido quizás mejores, o más completos, pero no con tantos años en primera fila acaparando los máximos galardones individuales: doce años seguidos entre los mejores del mundo, la mitad de ellos el primero.

Pero todo tiene su fin. Y el de Messi y el Barça llegará en junio de 2021. No obstante, los culés seguirán siendo un gran equipo y afrontarán su verdadera y necesaria revolución. Solo falta que señale claramente su destino. El lugar donde calme las ansias de gloria dirigido por quien puede volver a frotar sus talentos. El mismo que sacó lo mejor de él, reinventándolo al sacarlo de la banda, hasta hacerlo el mejor del mundo. Y hay mensajes subrepticios delatores. Son tantas las ganas de unos y otros y la ilusión generalizada que les traiciona el subconsciente. Por no hablar del dinero que generará y los triunfos que se auguran. 

Lo acordaron hace meses Mansour bin Zayed, el dueño del club, Ferrán Soriano, el director ejecutivo, Beguiristain, Manel Estiarte, tal vez el muñidor en la sombra, y Guardiola con el propio futbolista y su padre.  El olivo que cogerá el argentino es brumoso, pero apasionante. Lluvioso y frío, pero cálido de afectos blaugranas añorados. Finalmente, es un equipo huérfano de reconocimiento mundial y Messi puede ser su Mesías. Estén atentos a tales personajes.

El olivo que cogerá Messi está en Manchester y atiende por City.          

 

 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

ESPEJISMOS

 

 

En los últimos veinte años, solo Messi y Cristiano han corroborado en el césped el diferencial del dinero que mueven respecto al resto de futbolistas. Y no siempre. De ahí para abajo juegan los matices.

Por lo más reciente y no abundar, en el Villamarín, un canterano blanco como Mayoral hizo más en pocos minutos que Jovic —sesenta millones de fichaje—en tres cuartas partes del partido. Y podríamos poner de manifiesto sus diferentes trayectorias y circunstancias, pero los dos o tres movimientos inteligentes de delantero que hizo el madrileño dieron para establecer comparaciones.  Sirva solo como ejemplo de los espejismos que acumula el fútbol.

Luego, también hay otras realidades, como que Benzema luciría más de media punta, que es su verdadero juego, con un delantero centro que le despejara horizontes. Lo que él mismo hizo durante años a contra estilo para favorecer infinidad de ocasiones y goles a Cristiano. Porque el francés sí es un media punta, no Isco ni Odegaard, por citar otros dos casos paradigmáticos. El malagueño es un interior con capacidad de organizar juego, pero con vocación de regate y regodeo estéril al que no le acompaña el físico ni los pulmones por mucha clase que atesore; tampoco la generosidad. Debería fijarse en un tipo como Thiago, que tampoco anda sobrado de velocidad, pero atesora una brújula en su cabeza y conjuga la clase con el juego a uno o varios toques, según conviene a su equipo, siempre con la vista alta. En contraste, el noruego sí tiene capacidad física y técnica, pero puede ahogarlo Zidane en su empeño de que juegue de espaldas a la portería para recibir desde atrás. Tal vez le vendría mejor jugar veinte metros más retrasado para explotar sus cualidades y encarar a las defensas contrarias con espacio por delante. Así triunfó en la Real.

Los técnicos, también con tantos matices como situaciones diversas, tienen más influencia en la trayectoria de los equipos que la mayoría de los jugadores que dirigen, incluidos los fichajes millonarios, los normalitos  y los canteranos.  Precisamente, la importancia de quienes son capaces de imaginar sistemas de juego, de reinventar futbolistas o manejar vestuarios complicados y les sonríe la fortuna y los triunfos son los más demandados y mejor retribuidos por los grandes clubes. Un futbolista solo no puede cambiar la historia de un club, pero un buen entrenador sí. Por citar algunos ejemplos, Mourinho está en la élite por ganar la Champions con un Oporto casi desconocido y luego con un Inter de medianías. Guardiola por cuanto consiguió en el Barça tras echar a sus figuras y hacerlo campeón de todo subiendo a canteranos desde tercera división, como él mismo, e imponiendo un estilo acorde a sus bajitos —en frase afortunada de Luis Aragonés—.  Simeone ha dotado al Atlético de un estilo inconfundible hasta devolverlo a la primera línea del fútbol nacional y  europeo. Y recientemente, Klopp y Flizk ocupan la cúspide devolviéndonos al fútbol total con el Liverpool y el Bayern con escasos grandes nombres, con Zidane también en el candelero inmediatamente anterior tras ganar tres Champions seguidas; record que será difícil de igualar, aunque este sí dispuso del mejor goleador mundial en plenitud sin tener que inventarlo.

Punto y aparte para el francés, a quien se le puede discutir lo que queramos, pero nadie le niega su magnífica gestión de egos en el siempre complicado vestuario madridista.  Ahora, sin embargo, anda reinventado un Madrid agostado por la edad y la salida de un goleador irrepetible para cumplir los designios de su jefe Florentino y hacer una transición potable hacia un equipo notablemente más joven. Un reto difícil en el que deberá mezclar dotes de buen técnico, lo que se le discute, con su demostrado saber hacer con los consagrados.

Volviendo al principio, podríamos hacer el ejercicio de quitarle los nombres y dorsales a los jugadores y enmascararlos para saber en cualquier partido quién sería capaz de distinguir entre los más y menos costosos para sus clubes. Seguramente nos llevaríamos muchas sorpresas. 

En el fútbol hay tantos espejismos como circunstancias inmanejables, que son demasiadas si le añadimos el factor suerte, que juega más de lo que muchos evidencian. Pero hay algo que no cambia: cuando triunfa un futbolista siempre está detrás el nombre de quien ha sido capaz de ponerlo, de mantenerlo y de hacerle creer en sus posibilidades.

 Y a veces hasta de inventarle un sitio diferente en el terreno de juego. Ese es el mayor mérito.

 

lunes, 2 de marzo de 2020

FUTBOLERÍAS



En esta bendita pasión, las verdades y las mentiras también dependen del  color con que se miran. Cualquier aficionado tiene opiniones tan respetables en su mayoría como las de otro. Y engancha tanto porque, además y al margen, se es de un equipo u otro desde niños por pura emoción y sentimiento.  Cuando se habla de fútbol, no de equipos concretos, no hace falta ser profesional ni en teoría muy entendido para razonar con criterio los aspectos comunes del juego más seguido del planeta: todos tenemos recuerdos que rememorar para apoyar nuestras afirmaciones. 

Pero lo mejor es cuando los profesionales razonan con sentido común, más allá de sus intereses, y reconocen cuestiones tan básicas como corrientes. El partido de Champions entre el Real Madrid y el Manchester City nos dejó tantas opiniones diversas como tenso fue. Zidane ha sido criticado por su alineación y por no hacer bien los cambios y algunos vuelven a reconocer a Guardiola el magisterio que nunca perdió. Sin embargo, el catalán ha vuelto a hacer un ejercicio de sensatez afirmando que si el Madrid marca el segundo antes, el petardo hubiera sido él. Y es así. Misma alineación, mismos cambios, y si Vinicius acierta en la ocasión que tuvo con empate a cero tal vez el encumbrado hubiese sido el francés. Ni los ingleses ni los madrileños hubieran salido en la segunda parte igual y tal vez el resultado hubiese sido distinto. Es el fútbol mismo. Y son los goles, como siempre, quienes dictan las crónicas, las censuras y las alabanzas.

Y los goles suelen dictar también la clasificación, que es quien manda. Pero para ganar hay que llegar al balón antes que el contrario, que también decía el doctor Ripoll, y acertar más en la portería del arquero que menos conozcas, que escribió Di Stéfano, y correr para no jugar andando, que decimos muchos, y meter la pierna, y ser más veloz, y no escatimar esfuerzos, y echarle corazón y bemoles puesto que es un deporte de choque, y jugar con cabeza para no correr sin ella, y estar concentrado e intenso hasta el final, etc.

Es cierto que extrañó la ausencia de Kroos, pero salió Modric, que no es un piernas. Aunque también es verdad, como comentaba con algunos amigos al comienzo de la segunda parte, que quizás debió cambiarlo antes porque ya no llegaba. Pero también es verdad que hubo circunstancias fundamentales en el desarrollo del partido que inclinaron el resultado. Empujar por detrás con las dos manos a un defensa, como Grabriel Jesús a Ramos, por leve que sea, no es una jugada permitida en el reglamento. No es lo mismo, por inesperado, que hacerlo de frente o lateralmente. No suelo criticar con frecuencia a los árbitros, ni abono los lloros de los grandes, pero si anulan el empate, que bien pudo hacerlo el pintoresco colegiado griego o sus colegas del VAR, seguramente también estaríamos hablando de otra cosa. A un Madrid guardando una mínima ventaja no es fácil hacerle daño; es de los equipos menos goleados de Europa. Ni se habría partido el equipo ni Sterling hubiese hecho tanto daño ni Carvajal se hubiera visto tan comprometido para hacer el penalti ni Casemiro hubiera regalado el balón para atrás que ocasionó la expulsión de Ramos. Y con esto no estoy llorando ni justificando nada. Sé que puedo nadar contracorriente, pero el fútbol tiene estas cosas. Ni estoy menospreciando a Guardiola, cuya gestión fue excelente, de hecho el mejor del Madrid fue Courtois, ni tampoco salvo la responsabilidad de Zidane. Es más, concluyo que ganó el mejor, pero aun siendo así, el fútbol también es veleidoso. La suerte puntual influye tanto como la bondad u orfandad del juego.

Escribo esta columna antes del clásico. ¡Emoción, bendita futbolería!  Salvo hecatombe del Madrid o Barça, circunstancias improbables por mediocridad compartida, aunque ojalá me equivoque; el postpartido tendrá parecidas circunstancias. Decidirán detalles y pocos goles, pese a la superioridad que otorga Messi; la gran ventaja competitiva culé. Ambos saldrán precavidos porque se juegan mucho. Sobre todo, el Madrid.

Además, Zidane, en este partido y en el de Manchester se juega la continuidad, aunque es lógico que despeje insinuaciones morbosas. Pero él lo sabe. Dos temporadas de ayuno es demasiado para el Real. Florentino acecha con cara de circunstancias, por mucho que lo ratifique, aunque también aquí juega la elegancia del tricampeón de Europa; su propia responsabilidad dictaría sentencia.

Ganará quien menos yerre o el favorecido por la suerte.


martes, 22 de octubre de 2019

A GUARDIOLA Y XAVI Y A SUS ATRIBUTOS



Sois primos de opinión política y hermanos de leche resentida, creo que sin causa ni padre. Igual que os admiro en lo deportivo, pienso que no deberíais estafar al pueblo, catalanes o no, con falsedades interesadas y denuncias injustas. Lo vuestro es el fútbol profesional y claro que sí tenéis derecho a opinar, pero sin menoscabar a un país, España, que garantiza democráticamente el derecho a difundir cualquier idea. Y a más a más, que diríais, conocéis bien países que os han pagado millones y allí no habéis tenido cojones, ¡sí, digo cojones!, para criticar dictaduras,  ausencias de derechos humanos elementales y discriminaciones por creencias religiosas, sexo, raza y condición social. Ni tampoco habéis denunciado los sables que amenazan los cuellos de quienes sí se atreven.  

Sois dos privilegiados, cómplices de tanto delincuente desnortado, y deberíais, al menos, ejercitar la prudencia. En 1978, un noventa y cuatro por ciento de ciudadanos de Cataluña votó la Constitución, de los mayores síes de España, y los poderes que de ella emanan y tanto despreciáis, Supremo y Constitucional incluidos. Y las preguntas son: ¿quienes la votaron libremente en referéndum, eran tan catalanes como vosotros y los que ahora penan por boicotearla en vuestro parlamento y desde el gobierno de la Generalidad? ¿Sí, verdad? ¿Y en esa norma máxima de convivencia, está permitido un referéndum de autodeterminación en cualquiera de las autonomías que se configuraron? ¿No, verdad? ¿Y esa misma ley de leyes, tiene previstos mecanismos para cambiarla democráticamente? ¿Sí, verdad? 

Aparte, esa misma constitución aprobada abrumadoramente por millones de españoles, catalanes también, y bastantes más de los que ahora delinquen saltándosela o queriendo ser independientes sin tenerla en cuenta salvo para quemarla en la hoguera de la intolerancia, la dictadura étnica lingüística y el desprecio hacia quienes no piensan como vosotros; también proclama que la soberanía nacional reside en la totalidad del pueblo que la posibilitó ejemplarmente. Lo honrado es acatar las leyes, aunque discordemos, y trabajar con los mecanismos democráticos previstos para cambiarlas. Lo demás es delincuencia de guante blanco por no mancharse las manos, los políticos. Criminal por provocar que pueda haber víctimas inocentes; aquellos cobardes de cualquier nivel social, religioso, político o económico que tiran la piedra y esconden la mano. E irresponsable, como en vuestro caso, porque desde los estrados que os proporciona vuestro estatus azuzáis las llamas donde arderán ingenuos para quienes vuestra palabra es sinónimo de verdad a emular.

Está bien ser valientes o idealistas, pero si lo hacen gentes como vosotros con el paracaídas de la Constitución que ninguneáis, es también cínicamente cobarde.  Y, además, sobre tal cobardía, añadís la ignominia hacia millones de conciudadanos que cumplen las leyes y la Constitución del 78, ayudan a mantener el país, soportan vuestro desprecio público y, encima, ven con tanta paciencia como indignación que aquí, en la dictatorial España según pontificáis, podáis seguir diciendo lo que os venga en gana sin temores. Sois, en fin, unos ventajistas sin vergüenza sobre los que recaerá parte de la sangre que inevitablemente derramará la locura colectiva que representáis.

Y no queda ahí vuestra desfachatez, sino que tú, Pep, te permites la bravuconada de mostrarte dispuesto a “defender los derechos humanos hasta en los países árabes”.  Mira, campeón, lo voy a singularizar.  No tienes cojones para criticar a alguien con turbante y petrodólares.  ¿Me entiendes, figura?

Diferente es defender la diversidad de las tierras que formaron España hace siglos y exigir su reconocimiento.  O criticar las injusticias de la financiación estatal porque benefician a unos sobre otros. O señalar aspectos mejorables en vuestra Cataluña, que también los hay. O denunciar que hay ciudadanos de algunas regiones que se benefician de demasiadas mamandurrias y subvenciones, para agravio comparativo con otros que las sufragan a base de trabajo y forzosa fiscalidad. Y hasta defender democráticamente posiciones independentistas.

Cuando se entierre la primera víctima, aparte de señalar a políticos con nombres y apellidos a lo largo de nuestra democracia, catalanes y no, miraos por si acaso vuestras soflamas tienen parte de culpa. Porque vosotros y vuestros colegas deportistas, intelectuales y supuestos, artistas y titiriteros varios, tampoco iréis jamás al hoyo. Los cadáveres serán de incautos que alguna vez os creyeron. Las víctimas útiles de todos los desaprensivos que en el mundo han sido, sois y serán.

Mientras, el Barça ganó bien, el Valencia mereció más frente al Atlético y el Madrid perdió porque sin espada no hay matador.

Que os aproveche, nens.  

jueves, 25 de abril de 2019

UNA CHAMPIONS JUSTICIERA



Salvo en Manchester, donde el VAR trabajó entre dudas, en el resto de partidos se impuso claramente el mejor.

El Barça mostró al United que le queda mucho camino también para competir con garantías en Europa, el Liverpool hizo lo propio con el Oporto de Casillas con un repaso severo y, sobre todo, el Ajax enamoró con ese fútbol total que tanto recuerda al de Cruyff. La Juve fue un equipo agarrotado, en el que solo Cristiano goleando y Allegri  reconociendo la superioridad de los jovencísimos holandeses estuvieron a la altura.

En unos cuartos con sabor español, el City de Guardiola hizo la machada de remontar doblemente, aunque se ahogó en el suspiro final. Primero el partido, que se le puso cuesta arriba dos veces por errores del central Laporte, fichado millonariamente por empeño del técnico, y después la eliminatoria, con Sterling certerísimo y De Bruyne magnífico. Pero el Tottenham de Pochettino, un técnico que no necesita fichajes escandalosos para armar equipos aguerridos con personalidad y buen juego, supo mantener la fe hasta el agónico y discutible gol del renacido Llorente. Los azulinos de Manchester comprobaron cómo la inmadurez en momentos clave es decisiva en Champions.

En Barcelona, Messi lució sus lujos futboleros para demostrar que los manifiestos deseos de ganar la Champions no fueron brindis huecos. Lo aseguró claramente, y como don Juan en el Tenorio, cumplió como el galán irremediable que es.  Ya es reiterativo decir que nunca he visto a nadie así, pero a fuer de perseverante y grandioso el argentino tiene a todos de acuerdo. Son quince años insistiendo en la maravilla de hacer fácil lo difícil, y lo que es más espectacular, hasta bello. Pocos pueden presumir de artistas del fútbol y del balón, porque Messi, más que jugar, emociona con el arte que despliega entre tantos futbolistas de nivel. Se le pone el reparo de no rendir igual en su selección, pero ha tenido la suerte de coincidir en el Barça con futbolistas como Pujol, Xavi, Iniesta, Cesc, Busquets, Suárez, Alba, Piqué o Rákitic, y la desgracia de pertenecer a la peor generación futbolística argentina. Por no hablar de los técnicos que ha disfrutado en el Barça. Nada que ver.

El Liverpool de Kloop, Mané, Milner, Van Dijk, Firmino y Salah será el siguiente para los culés en una semifinal de aparente favoritismo azulgrana,  de donde saldrá el fútbol clasicista que encumbrará la final, porque los de Valverde cuentan con el mejor del mundo en estado de gracia. Pero si Messi no apareciera por las meigas del fútbol, los ingleses llegarían al Wanda tan crecidos como el crédito que les  otorgaría haberlo borrado de otra final europea. Y quizá comenzaría el declive del reinado mundial del rosarino. Hay momentos en que personajes históricos se juegan el prestigio o la vida, como Julio Cesar al cruzar el Rubicón, y la Champions de 2019 puede ser la cumbre definitiva o el inicio de la cuesta abajo del mejor futbolista que hemos visto generaciones de futboleros. Messi está en la encrucijada de continuar el camino glorioso o entonar su canto del cisne.

Pero lo mejor de esta Champions, como ya ocurriera en el Bernabéu, fue la lección magistral de fútbol que le dieron los de Ten Hag a los de Allegri en Turín. La segunda parte del Ajax fue para el frontispicio de las escuelas de fútbol. Lo mismo defendían ocho que llegaban otros tantos al contraataque. Despliegue táctico, derroche físico, velocidad, contundencia, garra, anticipación, técnica exquisita, cambios de juego rápidos, controles verticales orientados, solidaridad defensiva, apoyos continuos, juego a uno o dos toques, conducciones con el balón domado, regates en corto y en largo, llegadas vertiginosas a gol y todo el rosario del fútbol que amamos. El Totthenam lo tiene crudo con el Ajax, quien puede encumbrar el anticlasicismo futbolero en Madrid.
Florentino Pérez debería agarrar la chequera y traerse de Amsterdan la plantilla cerrada. Con De Ligt, Ziyech, Van de Beek, Blind, Neres y  Tadic, ya podría largar a otra media docena para hacer caja y asunto resuelto. Y de paso, traerse también a los técnicos de la extraordinaria escuela del Ajax. ¡Qué gozo!

LAS CUARENTA MURCIANAS

Por fin llegan las tropelías cometidas en el Murcia a los juzgados. Lo extraño es que haya sido alguien desde fuera, Higinio Pérez, y no el club  quien cante las cuarenta. ¡Lagarto, lagarto! ¿Ha tenido que salir para hacerlo?

¿Quién o quiénes tienen al gato encerrado? También lo sabremos pronto.

                

lunes, 18 de febrero de 2019

DIETA, PREPARACIÓN FÍSICA, SENSATEZ Y CANGUIS



El fútbol compendia algunos de los conceptos cotidianos del hombre. Y como la condición física es primordial, priman la alimentación y el estado de forma sobre los demás, aparte de la inteligencia, las emociones y los miedos, que conforman el denominador común de toda actividad humana.

El Barça lleva un sexenio llegando a febrero exhausto, por eso solo ha ganado la Champions de 2015, aun contando con Messi, y ha vivido mayormente de las rentas de la primera vuelta y de los errores ajenos para ganar cuatro Ligas en ese tiempo. Por el contrario, el Madrid de Pintus siempre llega fuerte a Marzo aunque flojee antes. De ahí sus sombras nacionales y las luces europeas.

Y Benzema, por seguir ejemplarizando, exhibe ahora su mejor fútbol gracias a una preparación física envidiable basada en una dieta alimenticia singular. La pena es haber desperdiciado nueve años. En esto tiene razón mi amigo Ángel García, futbolero y cartagenero de pro, que insiste en la importancia de los dietistas en el fútbol profesional y define hace años al gabacho madridista como uno de los  tres mejores puntas del mundo.

Pero el fútbol también tiene la imprevisibilidad como esencia. Por esa azarosa razón, el Atlético ganó injustamente en Vallecas, el Barça necesitó de un penalti dudoso para imponerse al Valladolid y el Real palmó merecidamente ante el Gerona del excelente Eusebio en Chamartín —¡qué acierto cambiar de banda al murciano Portu para airear las vergüenzas de Marcelo!— Y en todo caso, también esas cosas del fútbol terminan confirmando la ley física que decíamos la semana pasada de que el agua siempre va a lo hondo: esta Liga será del Barça porque se impuso desde el principio y a pesar de los altibajos está siendo el más regular de los tres tenores. Tras esa jornada, el Madrid&Barça de marzo pierde parte de su interés; aunque ganaran los blancos, los tres partidos que deberían pinchar los azulgranas se antojan demasiados y el Atlético de Simeone tampoco está para asegurar nada.  En fin, queridos forofos merengues y colchoneros, un año más los culés, y ya son demasiados, brindarán en Canaletas: ocho Ligas de las últimas once. Y a llorar al árbol, que dice tan oportunamente mi amigo Jesús Belascoaín, cuando de quejarse de infortunios en deporte se trata. La Liga siempre la ganan los mejores; suertes, árbitros y en este caso VAR incluidos.
Esta semana tenemos más Champions y el Barça de Valverde aguarda el cruce con más esperanza que el Atleti. Los barcelonistas tendrán una eliminatoria asequible ante los franceses de Lyon, salvo imponderables futboleros o petardo, y los madrileños un hueso demasiado duro de roer con los turineses de Allegri y Cristiano. El luso ha sobrepasado la veintena de goles este año y amenaza con repetir los cuarenta que tildaron de fracaso el año pasado los pesebreros florentinistas y los quijotescos españoles y que, sin embargo, tienen encumbrado en Italia al mejor goleador blanco de todos los tiempos. Debe ser por las irracionales emociones, que también son consustanciales al fútbol. En Madrid y en gran parte de España estaban hartos del egocéntrico futbolista después de diez años superando la cuarentena de aciertos, con puntas de sesenta goles, y en Italia envidiaban que jugaran en España los dos mejores del mundo del último decenio. De momento han conseguido al portugués y lo disfrutan.

El canguis o canguelo también es esencia del fútbol. Lo hemos visto en futbolistas brillantes acojonados en momentos decisivos —el propio Messi en  Champions y en Mundiales— y en  técnicos  tirando a sus equipos para atrás  en partidos cumbre —el mismísimo Guardiola en el Bernabéu alguna vez, aunque allí naciera también de su mano el mejor Messi como delantero total, sacándole de la cal de la banda derecha— y en directivos rajados ante decisiones sustanciales.

LOS PERROS DEL TÍO ALEGRÍA

Los hemos traído a colación alguna vez. Esos excelentes canes cazadores del señorón huertano eran muy buenos rastreando, pero cuando  atisbaban la pieza les daba por mear y se les iba.

Los directivos del Murcia deben tener ya a tiro a los Gálvez —son tres meses husmeando en terreno propicio—, pero intuyo que les debe estar temblando el dedo antes de engatillar. Y choca esta sospechosa flaqueza con la determinación mostrada en escardar la plantilla y en otros menesteres. Esperemos que hayan aprendido: cortaron ramas productivas, dejaron palos secos y han tenido impericia en cortar algunas que se cruzaban. Mal asunto, señores.      

  


martes, 5 de febrero de 2019

DE LEZO A GUARDIOLA Y A LA PRIMAVERA FUTBOLERA



Los ilustres suelen perderse por la bragueta, los listos por la soberbia y los tontos por la boca, aunque a veces se invierta el orden.

Dice un ‘juntaletras’ guionista de cine que “no escribe algo sobre Blas de Lezo porque no le da la puta gana”; fino el payo. Atiende esa lumbrera por Borja Cobeaga y tiene a gala “SuperLópez”, un bodrio entre la mediocridad más ramplona del cine español. 

Este ‘tontolpijo’, con perdón, desprecia al marino militar español más relevante de nuestra historia. Consulten aunque sea en google quienes quieran conocer a un almirante tuerto,  cojo y manco, vasco de Pasajes, al que debemos que de Méjico hasta la Patagonia se siga hablando español porque con seis barcos le dio un repaso al inglés Vernón, que con ciento ochenta y seis quiso tomar Cartagena de Indias a mediados del siglo XVIII.

Y traigo a colación este asunto porque Guardiola, que de tonto no tiene un pelo, y no es coña,  sigue metiendo la lengua cada vez con más fruición. Seguramente quiere emular a su padrino Laporta, quien en su trampantoja versión política ha pedido que retiren la estatua que el heroico almirante tiene en la ciudad condal. La guerra de Sucesión del dieciocho por la corona de España, de Borbones contra Austrias y no de catalanes contra españoles como tantos ignorantes independistas aseguran, adquiere actualidad en la futbolera de culés contra merengues. Un disparate se mire por donde se mire. El excelente técnico de Sanpedor ha dicho que el Bayern, el Barça y la Juventus son los tres mejores equipos de Europa del último decenio, olvidando que el Madrid ha ganado cuatro de las últimas diez Champions. Igual le traiciona algún complejo por emular también a su antagonista Mourinho, quien en lugar de número uno debería ser recordado como lenguaraz insuperable. O tal vez su ego porque cita a dos de los tres clubes a los que entrenado en ese decenio, o quizá la frustración de no haber ganado nada en Europa desde que salió del Barça. 

Efectivamente, los tres equipos que cita han sido los mejores en regularidad en sus competiciones domésticas, pero ninguno se puede asemejar a las cuatro Champions del Real Madrid en ese tiempo, las tres últimas consecutivas. Solo el Barça está cerca, con sus tres en 2009, 2011 y 2015, pero eso solo nos lleva a la reflexión de que el fútbol grande también florece en la primavera española.

Y es así porque con los tres próximos enfrentamientos entre el Barça y el Madrid, y no digamos si llegaran también a cruzarse en la Champions, la máxima atención futbolística europea se centrará en el fútbol español, quien es de largo quien protagoniza la cumbre futbolera mundial tanto a nivel de clubes como de selecciones en el último decenio que cita el lacero ‘apajizado’ Guardiola.

Ningún otro enfrentamiento actual acapara tanta atención como los Madrid- Barça en Liga, Copa o Champions. Y eso, diga lo que diga don Pep, evidencia que son los dos clubes más importantes de Europa.

Este año, además, con el interés añadido de que los de Solari, tullidos como Blas de Lezo tras la marcha de Cristiano, llegan a febrero tan lanzados como el Barça potente mientras conserve al mejor del mundo; Messi es de otra dimensión. Sin él, como se decía en la Murcia taurina de los sesenta respecto a un insigne torero venido a menos, Cascales ya no es Cascales.

PRIMAVERA MURCIANA

El Cartagena le dio el mismo repaso al UCAM en la Condomina  que su técnico Munua a Munitis en la primera parte. El cántabro se equivocó, o sus jugadores no supieron interpretarle, porque para atrás no se juega al fútbol salvo que el miedo te atosigue, saques el balón limpio y jugado o quieras lanzar enseguida balones largos para que la velocidad de tus puntas gane los espacios libres. Pero ese no era el libreto. Ni los universitarios tenían centellas arriba ni tienen mimbres para jugarle con personalidad a un equipo de calidad bien plantado. Un fútbol tan desesperante como suicida que propició una ventaja insuperable al excelente Cartagena de Belmonte y Breis para consolidar su liderazgo. Muy buen equipo, planteamiento inteligente, juego eficaz, pierna dura, velocidad, ideas claras y ambición. Las claves del éxito.

¿Y el Murcia? Espere usted, buen hombre, que estamos buscando papeles y delanteros. Unos para denunciar a golfos y otros para golear y poder ganar algún partido. ¡¡¡Ah!!!
     
 

miércoles, 21 de marzo de 2018

DE LA CHAMPIONS A LOPETEGUI Y MARCELINO



Otra vez la burra en el trigo, dirán en Europa. La Liga sigue a la cabeza de su fútbol, lo que supone reinar también en el mundial. Y no decaerá mientras Messi y Cristiano la protagonicen.
Nunca antes coincidieron en España el  mejor jugador y el mejor goleador del mundo. Y, además, en los dos clubes más laureados, que ahora no son causa sino consecuencia de tenerlos, aunque sean coetáneos de la mejor generación futbolística española.
Otra vez copamos los cuartos de Champions, con el consolidado Sevilla como invitado excepcional, que ya lo vivió en el lejano 1958 cuando el Real cuajaba su legendaria trayectoria. Y no han sido cuatro porque lamentablemente al Atlético lo ninguneó la suerte antes, en Roma.
A cinco partidos de la final puede pasar cualquier cosa, pero aventuro que Barça y Madrid estarán en semifinales. Y el Sevilla, si da su cara buena, suma posibilidades reales porque los Banega, Lenglet, Nzonzi, Sarabia, Ben Yeder y compañía disfrutan de una forma excelente. Y además tienen a Montella, un técnico de los que hacen crecer el fútbol reinventando jugadores; apostar por Navas de defensa lo demuestra.  El viejo zorro Heynkes deberá hilar fino para eliminarles. La exhibición sevillista en Manchester frente a los del incomprensible Mourinho habrá avisado a más de uno y andarán con las orejas tiesas. Los yanquis que gobiernan al United echarán cuentas y no le auguro porvenir al medroso  portugués, que vive del cuento cuesta abajo y sin frenos desde su afortunadísima Champions con el Inter.
El Barça tendrá pocos problemas con la Roma de Monchi. Están fuertes, con Messi disparado, y Valverde puede obrar el renacimiento, como en la Liga. Aparte, les sonríe la suerte y veremos si es la del campeón y tocan pelo tras seis años en barbecho. Y a la Juventus de Allegri le ha vuelto a tocar la negra. El Madrid de Zidane, por irregular que sea, tiene bastante más nivel y si juega al que ofreció contra los del becario Emery puede resolver la eliminatoria en Turín. Máxime con Pjanic, organizador, y Benatia, muro central, sancionados. Buffón, Chiellini y Barzagli no están para muchos trotes y solo Dybala e Higuaín amenazan, pero no demasiado.
Al City de Guardiola le ha tocado un rival inquietante, el Liverpool del súper goleador Salah,  cuña de su misma madera que ya le dio para el pelo en la Premier. Claro que tampoco le hubiese ido mejor con el Madrid, Barça o Bayern, porque con su defensa aún por consolidar en partidos de máxima exigencia tener enfrente a sus delanteros es mal asunto. Los de Manchester juegan mejor que los otros seis cuartofinalistas, exceptuando al Barça, pero habrá que ver su desenvolvimiento a estas alturas. Les hubiese favorecido jugar contra los italianos porque no tienen las agallas delanteras de los españoles y alemanes.
En clave de selección, Lopetegui sigue mostrando síntomas alentadores. Llamar a los viejos canteranos madridistas Parejo y Marcos Alonso y al sorprendente gigantón Rodri, canterano del Atlético, que lo repescará del Villarreal, indica que baraja con cabeza y honradez.  Por el buen gobierno de su equipo, el valencianista hace tiempo que debía estar. Con Busquets en el eje, o el propio Rodri  en su defecto, y Saúl o Koke, nos darían autoridad frente a cualquiera. Imaginémoslos con Iniesta y Silva por delante. O con Asensio, Lucas, Thiago o Isco si no se empeñan en conducir o jugar en redondo.  Y con el lateral del Chelsea, hijo y nieto de internacionales, tiene el relevo ideal de Alba. Marcos es un jugadorazo, aporta altura y es un peligro permanente en jugada y a balón parado cuando sube.
Y arriba no hay mucho más donde escoger. Costa es un valor seguro, Aspas el delantero español de más clase y Rodrigo está cuajando en el goleador que apuntaba. Morata sufre su tercer calvario y solo el relevo cantado de Conte podría avivarlo.
Por lo demás, destacan las ausencias de los polivalentes Sergi Roberto y Javi Martínez y del sevillista Sergio Rico. El navarro es titular indiscutible en el Bayern, el culé se justifica siempre y el meta es un autobús bajo los palos. En todo caso, Lopetegui y sus seleccionados merecen crédito.
Y hay que destacar el trabajo de Marcelino. Ha recuperado el brillo del Valencia, promoviendo y revitalizando futbolistas, y le dio la alternativa a un jovencísimo Rodri en el Villarreal. Otro extraordinario entrenador que imagina futuros internacionales. Para descubrirse.
    

lunes, 2 de octubre de 2017

EL REFERÉNDUM ANARQUIZANTE DE GUARDIOLA Y PIQUÉ


Supongo que nuestros lectores disculparán que hoy no hablemos de fútbol. Jugar a la pelota es una cuestión menor comparada con el compendio de disparates que la pretendida consulta popular nos endilga. 
Contemplando el panorama sería fácil pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no es así.  Es cierto que ni Puigdemont y sus secuaces podían aspirar a más, con la mano corrupta de Pujol meciendo la cuna vía Mas, ni el dontancredismo de Rajoy y los suyos a menos, pero el virus independentista empezó a incubarse muchos años antes con la insensata cesión de las políticas educativas a los diversos reinos de taifas que nuestra Constitución instituyó. Y ahí están todos nuestros gobernantes desde la Transición; ¡todos! Las Autonomías son buenas para acercar las decisiones a los ciudadanos, pero dejarles tergiversar la historia y encumbrar los costumbrismos, la cultural local y los hechos diferenciadores, como la lengua,  sobre todo lo que une a los españoles se ha revelado rematadamente malo. Ahora hay varias generaciones de catalanes y vascos, por citar las más extremistas, educadas en lo que se denomina hispanofobia. Y para esos millones de ciudadanos menores de cuarenta años, o mayores radicalizados, no hay vuelta atrás. Es más, con cada paso que dan sus enloquecidos dirigentes hacia el señuelo separatista la fobia antiespañola da lugar al odio. Y claro, se está generando el movimiento pendular contrario entre extensas capas de españoles de los demás territorios. Eso es lo preocupante. Y el fútbol no es una excepción.  
El problema no está, por citar a personajes señalados, entre Piqué y Ramos, que fuera de los focos se las toman sin tensiones, ni entre el barcelonista Guardiola con su independentismo en ristre y el merengue Nadal con su españolismo a flor de piel, que también se aprecian y admiran mutuamente, sino que trasciende a miles de aficionados que acabarán a palos por la calle.  Y al final, un buen número de desgraciados pagarán las culpas de unos y otros. Eso es lo que no miden, o les da igual, los cantamañanas que encienden la mecha de los despropósitos que lloraremos.
Los culés citados y otros como Xavi y Pujol ocultan que el derecho a decidir que reclaman está contemplado en el Estatuto catalán y en la Constitución española, que votaron el noventa y tantos por ciento de catalanes, o quizás les hayan engañado. Deberían aprobarlo dos terceras partes de sus parlamentarios autonómicos y llevarlo al Congreso para que otros dos tercios de los diputados nacionales aprobaran un cambio en la Constitución que posibilitara sus anhelos. Eso se llama democracia y lo que ellos plantean es tan ilegal como disparatado; un golpe de estado popular. Ninguna nación seria contempla un mecanismo tan simple para romper su unidad porque, llevado al extremo de que cualquier parte pudiera hacerlo cuando y como quisiera, sería el camino más directo hacia la anarquía y la desaparición del concepto de Estado de Derecho. Nadie estaría seguro nunca de nada porque desde las leyes a los municipios, las regiones o la propia nación, hasta los derechos más elementales de cualquier persona o sociedad estarían siempre al desamparo de los deseos que en cualquier momento se le antojara a un grupo determinado con poder de agitación; la anarquía.  Para contrarrestar tal disparate existe el poder legislativo que votamos libremente cuando toca; la democracia. Esa hermosa bandera que desde la ignorancia, la maldad o procelosas intenciones enarbolan los Piqués y Guardiolas irresponsables, con los Oteguis terroristas al acecho. Porque en Cataluña, salvo los de la CUP, que lo son y no lo esconden, nadie se proclama anarquista. Ya provocaron los radicales de entonces una guerra dentro de la Guerra Civil con miles de asesinados, torturados y desaparecidos, sobre todo en Barcelona.
Así que aun comprendiendo ciertas razones básicamente económicas, comentadas con respetables amigos catalanes partidarios del malhadado referéndum,  para cuya solución existen cauces democráticos indudables; que no le extrañen a Piqué los pitos. Habiendo defendido siempre que mezclar el fútbol con la política es absurdo, llamando inoportunos al excelente central de la selección y al extraordinario técnico Guardiola por lo que representan; ahora manifiesto apenado que por coherencia deberían abandonar la camiseta de España uno, y el deseo expreso de entrenar algún día a nuestra selección, el otro. Y no por falta de capacidades, que les sobran, sino por irresponsabilidad manifiesta rayana en la criminalidad.
La semana que viene solo fútbol; esta, por hartazgo, tocaba un desahogo.

   

lunes, 22 de mayo de 2017

PERSEVERANCIA, CREATIVIDAD Y AGONÍAS


Una Liga, una Champions, un ascenso o un descenso, aunque a veces pueda parecerlo, no se ganan ni se pierden en el último minuto del último partido, ni por los árbitros o la fortuna, siempre necesaria en cualquier juego; perseverancia es la baza, como en la vida.
Es sábado y mañana el Real Madrid entonará el alirón frente al Málaga de Michel, dejando atrás sus demonios tinerfeños a manos de los chicos de Valdano, a quien los forofos blancos mantienen en el baúl de sus fobias. Y no por aquello, superado por un cinco a cero con él de técnico en el Bernabéu a los blaugranas del hípercreativo Cruyff, su bestia negra entonces, sino por cuitas comunicadoras más recientes derivadas de una supuesta inquina suya con el madridismo florentinesco.
Luis Enrique hubo de recrear con Suárez y Neymar la gloriosa creación canterana de Guardiola, a quienes asoció meritoriamente con el príncipe Messi , circunstancia de la que algunos dudábamos, sobre los rescoldos del legendario sistema que entronizó don Pep. Y aunque le salió bien sus primeros años, ha acabado devorándole.
Al más billetero que creativo Pérez, su apuesta por Zidane también le salió redonda a la primera. Don Florentino, muy acertado, halló el talismán que lo encumbrará finalmente al Parnaso de las glorias blancas, diecisiete años después y  mil trescientos millones de euros gastados en fichajes mediante, que se dice pronto. Y hay que felicitarle, por mucho que se le puedan criticar otras cosas. Lo que es el fútbol: hace tres años meditaba una segunda espantada porque tampoco veía el camino de sacarle punta a su segundo proyecto, pero aquel cabezazo de Ramos en el noventa y tres en Lisboa iluminó las sombras que rumiaba con sus más cercanos. La duda  es que el omnímodo mandamás no se aburra pronto de su propio éxito, veleidoso como es, y opte por buscar horizontes alejados de su guardiolesco Zidane enarbolando su errónea máxima: ser entrenador del Madrid es lo más fácil del mundo porque basta con sacar a los mejores. No creo que cometa tamaño error; demostraría ser tan poco inteligente, y no lo tengo yo por tal, como cuando presume de sabelotodo futbolero.
Si los blancos ganan esta Liga, por lo que venimos apostando hace meses, será porque habrán sido mejores —y si no, lo sería el Barça—, y como dice elegantemente el propio Luis Enrique, habrá que dejarse de excusas y felicitarles. Y lo mismo con la que sería su doceava Champions. Además, ambos logros, tendrían el valor añadido de finiquitar la hegemonía blaugrana en el siglo XXI y el inicio de otro reinado merengue, tanto nacional como europeo.
Bajando nivel, el UCAM ha logrado hoy un merecido triunfo, quizás suficiente para mantener la categoría. De ahí el alborozo en el banquillo de los universitarios, invasión de campo incluida, cuando el aguileño Morillas hizo el tercer gol al final del partido. El equipo de José Luis Mendoza está a dos o tres puntos de conseguir su modesto objetivo para este año, de la mano de un buen entrenador con los mimbres —salvo Iban Salvador— que heredó del agonías Salmerón, que nos recetaba triste sufrimiento hasta el final jugando con nueve o diez por detrás del balón y largando pelotazos hacia arriba; les he seguido toda la Liga tanto dentro como fuera. Francisco ha dotado de un creativo estilo de guerrilla a sus jugadores, suficiente para imaginar que con él en el banquillo desde el principio los azulones hubieran navegado por mitad de la tabla, superando la precaria realidad de ser los terceros con menos presupuesto de Segunda División.
Comprobada la igualdad en esta categoría, el año próximo deberían perseverar en su ambición deportiva a todos los niveles y aspirar con un presupuesto más generoso a otras metas, como en baloncesto. Tienen el espíritu, la categoría institucional, la base deportiva, la dirección técnica adecuada y una afición creciente, y esperemos que la creatividad para no padecer otro año lastimero.
 Y el Real Murcia galopa con suficiencia hacia el ascenso; en Pontevedra lo manifestaron. Deseado Flores ha demostrado creatividad futbolera dotando de eficacia y murcianía al legendario equipo grana; ¡gran acierto! Ojalá alcance su meta, junto con el Cartagena de Belmonte —en la dificultad reside el mérito— y el Lorca, y el año próximo disfrutemos de cuatro equipos murcianos en Segunda. ¿Lo imaginan?

 Si soñar es vivir ideales, la realidad más noble es luchar por ellos. ¡Imaginemos sueños y fuera agonías! 

martes, 31 de enero de 2017

PALOS AL BURRO DE ZIDANE


Se decía por la huerta que los palos hay que dárselos al burro cuando se cae. Y ni con los palos ni con este supuesto burro ni con aprovechar su caída concuerdo. Me gusta más prevenir y, en su caso, analizar después los porqués.
Estrategia, que estudiábamos, y no la gilipollez de llamar así a un córner, a una falta o cualquier otra jugada ensayada, por mucho que se enseñe tal disparate en las escuelas de entrenadores. Decía un viejo profesor de planificación que la estrategia está reñida con el corto plazo, como ocurre en la estrategia militar, donde nació el sentido del término; “el arte de la guerra”, de Sun Tzu. 
Ahora, en el caso del Real Madrid todo son palos al burro caído. Sin embargo, el sentido común y la experiencia futbolera nos muestran que los baches son una casuística habitual a lo largo de la temporada de cualquier equipo. Entre otros temas, el problema es más profundo: en ninguna otra plantilla de los clubes europeos con aspiraciones hay tanto  mediapunta por metro cuadrado. Y claro, si la manta es corta en otros puestos, como en el del medio centro o en el lateral izquierdo, y tiramos de ella para cubrirnos la cabeza, se nos ve el culo.
El asunto ha funcionado gracias al trabajo de Zidane y al entusiasmo contagiado a sus jugadores, no a ninguna flor, como se empeñan quienes le niegan el mérito, Sin  embargo, él y su Madrid suspendieron este verano el examen de estrategia cuando dejaron solo a Casemiro y cedieron a Marcos Llorente sin buscar un recambio de garantías, que los hay cercanos, como reiteramos aquí.
En Vigo se vio el desaguisado en cuanto las lesiones de algún básico los  dejó con las vergüenzas al aire. Y a pesar de todo pudieron pasar la eliminatoria a poco que a Cristiano no le hubieran traicionado los palos, a Ramos el remate —tuvo varias; una muy clara— o que la mala suerte no continuara siendo la compañera de juego del nuevo todocampista Danilo; ¡vaya tela! ¿Qué don Zinedine también se equivocó?, pues claro, eso pensamos algunos; jugó con cinco medias puntas cuando no eran para tanto dos goles, como se evidenció, y no se entienden las suplencias de Lucas Vázquez o Morata ni la posición de central de Casemiro. Benzema tiene querencia a la media punta  y el brasileño no tiene cintura ni oficio para jugar ahí; lo hace muy bien con los centrales por detrás —la corona del área blanca era una autopista— y  el francés precisa balones templados desde las bandas cuando su equipo necesita que deprede. Mucho más cuando está en la racha de secano que los goleadores también sufren ocasionalmente. Ahora, Zidane tiene que trabajar esencialmente las cabezas de todos.
A pesar del bache que sin duda atraviesan los blancos, sigo pensando que no llega a crisis. Y auguro que ni llegará, por mucho que escribir para el lunes con algún día de antelación tenga riesgos. Sin ser adivinos, hace tiempo dijimos que el Barça ganaría la Copa y que el Madrid levantaría la Liga, con la Champions como posibilidad complicada para ambos. Y en esa línea transcurre la temporada.
Y pasando del barro llegamos a los laudes, que también merecen atención. Es el momento de felicitar a personajes que no cuentan normalmente con el halago en esta modesta columna. Don Florentino Pérez ha estado oportunísimo recordando al Sevilla con el tema de Ramos que en el Bernabéu les levantaron el sitio a los ultras; como Bertomeú y el Barça. Con un par, ¡sí señor! El culpable, si se pudiera llamar así, de que el utrerano levante trofeos reiteradamente en el Madrid es el señorito del Nido.
Esa frase suya de que “en su equipo nunca ganaría dinero un canterano”, es para enmarcarla como ejemplo de la mayor estulticia de nuestro fútbol. En Nervión tienen una inmensa suerte llamada Monchi, que viene haciendo virguerías desde que el Sevilla buceaba por Segunda en la ruina. En otro caso, el ahora oscurecido no luciría los laureles conseguidos con su Sevilla. Es justo reconocérselos. A veces, apostar por alguien — Laporta con Guardiola— supone la gloria.
Y el otro a felicitar es Luis Enrique. Le preguntaron con guasa por la eliminación del Madrid  y respondió que solo le importa su Barça. ¡Olé! Cunda el ejemplo.
Los  extremos vergonzantes son ciertos periodistas bufanderos madrileños y similares de la catalana RAC1. ¡Estos sí que son burros!


lunes, 23 de enero de 2017

¡VIVAN ESTAS CRISIS!


Gracias a ellas el fútbol es un juego diferente. Si no fuera así, el Real Madrid o el Barça lo hubieran ganado todo siempre. La historia demuestra lo contrario, por mucho que sean hegemónicos en España, y en buena medida en Europa y el mundo.
Sin entrar en títulos aislados,  que hacen a los clubes grandes, el marchamo de grandes entre los grandes son sus dobletes, tripletes o “muchospletes”. El  Real ha conseguido ocho triunfos dobles en su historia si miramos los  de más lustre: Liga, Copa, Copa de Europa, Europa Ligue o las antiguas Uefa y de Ferias, y la extinta Recopa; en las temporadas 1957, 58 y 62 (las de Di Stéfano y Gento) y en la más espaciadas de 1975, 80,86,89 y 2014; sin ningún triplete en sus alforjas. El Barça ha conseguido nueve dobletes: 1952,53 y 59 y 60 (los años de Kubala) y en 1992, 97, 98, 2011 y 2016 (estos dos últimos con Messi), a los que suma los tripletes del 2009 con Guardiola y 2015 con Luis Enrique, también con Messi de estrella fundamental.
Los Bilbao, Zaragoza, Sevilla y Atlético de Gil también tienen algún doblete histórico, aunque excepcionales.
En resumen, ocho dobletes merengues contra nueve culés y dos a cero para los blaugranas en tripletes. Y como dato singular, el Barça le ha dado la vuelta a la historia coincidiendo con la presidencia de Pérez en el Madrid. En su etapa ha conseguido un doblete  mientras que sus rivales por antonomasia han ganado dos, además de los dos únicos tripletes del fútbol español.  Datos son amores: antes de él, el Real reinaba en títulos oficiales y con él, el Barça lo ha rebasado. Pero es que, hasta en la intrahistoria blanca le gana Bernabéu, su referente, con quien intenta compararse. Con don Santiago el Madrid ganó cuatro dobletes y con don Florentino solo uno, sin entrar en comparaciones monetarias. Si bien es cierto que estuvo treinta y seis temporadas y el “ser superior” no llega a la mitad; pero al tiempo, con sus estatutos busca eternizarse. Y aún le falta su franquicia, porque a Cristiano lo fichó Calderón, aunque lo soba arteramente, y hace bien.
Hablan de crisis en el Madrid por perder dos partidos seguidos tras cuarenta sin conocer la derrota; ¡bendita crisis! Sigue liderando la Liga con un partido menos y está en octavos de la Champions, aunque tenga un problema en la Copa — yo del Celta no estaría tranquilo—.  Aparte de ser el máximo goleador y el cuarto menos goleado, y ahí tiene un problema; empatado con el Barça en 17 encajados, tres más que el Atlético y el Villareal. 
Por la Liga han pasado los mejores, salvo Pelé, y ahora disfrutamos del mejor del mundo y de quien puede llegar a máximo goleador de la historia; Messi y Cristiano, y mientras que el argentino será legendario, como en su día lo fueron en mayor o menor medida Kubala,  Di Stéfano, Gento, Puskas, Butragueño, Raúl, Xavi Guardiola o Cruyff —estos últimos por distintos motivos— el portugués no  pasará de ser el mejor goleador en la historia blanca, salvo que en sus últimos años madridistas logre remontar los laureles del club del último decenio.
A los goleadores da pena verlos en sus rachas ciegas, como ahora le ocurre a Cristiano; parecen torpes. Ahí y en la aparente orfandad de sistema está la clave de la falsa crisis blanca, pero no es solo eso.  Ramos es su segundo goleador, y eso indica que los demás delanteros no la enchufan.  En un equipo que aspire a todo, es un bache.  Si el luso hubiera estado acertado en Sevilla, o Keylor, probablemente hablaríamos de Zidane y el récord de imbatibilidad europea.
En la portería los fallos cuentan más que los aciertos.  La trayectoria de Casillas evidencia que es la posición más desaboría. Keylor nunca pasó de ser un buen porterico, en expresión futbolera, y tiene sus glorias contadas.
Recuerdo al Madrid campeonísimo perder en Elche contra un novato en los años cincuenta en el viejo Altabix. Chancho, ex murcianista, hizo ese día un marcaje extraordinario al mejor Di Stéfano.
Y al Barça palmar en la Condomina contra el Murcia de Kubala con el recordado gol del “negro” Sánchez a Zubizarreta por entre las piernas, en la portería del sector B. 
Crisis en un grande es cuando no gana nada un año, ni se le acerca, o  cuando se interesa en broncas algún cantamañanas mediático… 


viernes, 13 de enero de 2017

LOS IDUS DE GUARDIOLA


Cuenta el griego Plutarco que un vidente advirtió a  Cesar  del atentado que sufriría el 15 de Marzo, que era el primer mes del antiguo calendario romano.  Ese día se lo encontró camino del Senado y el emperador le dijo con ironía que los idus de marzo ya habían llegado, a lo que aquel le respondió que sí, pero que aún no habían acabado. Y lo mataron.
Guardiola fue a Inglaterra buscando un nuevo reto, que venía a ser también como la luna llena de un nuevo periodo. Y allí leería el “guárdate de los idus de marzo” de Shakespeare, en su obra Julio Cesar. Quizá anuncie por eso su retirada. O será su propio vidente, que cuadra más, y haya interiorizado la brevedad del fútbol; uno de los juegos más imprevisibles, asegura con razón.
Cruyff, su referente —¡cómo le añoramos!—,colgó la pizarra demasiado joven para todo, cuando aún le querían clubes poderosos y selecciones de postín. Y yo me inclino porque quiere emularle, en un afán de mimetizarse con quien le dio la oportunidad en el Barça muy joven, en contra de la opinión de algunos técnicos de la casa que querían largarlo porque era debilucho para la responsabilidad de un medio centro; estaba hecho un tirillas. Esas visiones discriminan a los buenos técnicos de los mediocres y malos.
Pero Guardiola se equivoca, salvo respetable apetencia personal. Nunca será Cruyff, aunque sea lo más parecido como técnico e incluso pudiera superarle con el tiempo que ahora se niega; como tampoco lo fue de jugador, donde las diferencias fueron abismales. El  holandés marcó el inicio del fútbol moderno; fútbol total, se decía, siguiendo el camino de Di Stéfano, para quien tampoco había posiciones fijas en el campo. Dos grandes del fútbol que siempre aparecen entre los cinco mejores de la historia.
Capello no ha descubierto nada anticipando la querencia de Guardiola por el Barça. Pero sería otro error mayúsculo optar a algo que no tuviera que ver directamente con el deporte.  Seguramente, el técnico italiano ha conjugado su barcelonismo con la deriva política, que es una debilidad manifiesta de don Pep.
En Munich habrá palpado la relevancia que mantienen viejos futbolistas como Beckenbauer, Hoennes y Rummenigge, que siguen en candelero desde los despachos y los palcos, opinando con autoridad por su prestigio y con poderío por sus cargos, haciendo y deshaciendo en el legendario Bayern. Pero ni Alemania es España ni su afición acuna la impaciencia de la nuestra. En Barcelona, por muy catalana e independentista que él la sienta, maman la misma leche que en Madrid o cualquier otra ciudad española, y no suele ser buena ante la derrota. Y eso él debería saberlo, por mucho que las pulsiones políticas le pongan una venda, como a tantos, y no le dejen ver la realidad.
Yo creo que lo mejor para el fútbol sería que personas entendidas, como sus ex profesionales, llevaran la batuta, pero no deja de ser otra utopía. Demasiadas veces, las filias y fobias suelen arrastrarse y al final, salvo gran inteligencia, tienden a formar camarillas tan irresolutas como cainitas. Y tampoco hay en el mundillo de los antiguos futbolistas querencia por arriesgar su dinero para que otros jueguen. Más bien al contrario, suelen acercarse a los clubes para seguir viviendo del fútbol. Y tal evidencia, que no es mala por sí, casa mal con los aficionados y la prensa deportiva; la mezcla de intereses económicos y deportivos es explosiva, y más aún cuando pintan bastos. Se da más leña a los ilustres, como en los toros.
A los españoles nos calienta la sangre el mismo genio que a los taurinos, y pedimos cabezas de dirigentes, como hacemos con los pañuelos para pedir orejas y rabos en la plaza. Incluso utilizamos idéntica música de viento y damos las mismas patadas al diccionario y a la mesura cuando se suelta la lengua. A las buenas, también ligeros de memoria, entonamos alegres olés y “con flores a María”.
Guardiola sabe que duraría en el palco lo que los buenos resultados; el calendario del fútbol español, al contrario del inglés o el alemán, es de hoja caduca. Debería seguir entrenando, que aún tiene mucho que aprender, como confiesa, y satisfacciones que dar a los futboleros de gusto, que son legión, y a los guardiolistas devocionarios, como es mi caso.

Murcianista y regionalista, con tinte merengón, ¡cómo disfruté con su Barça!  La mayoría canteranos y haciendo el mejor fútbol del mundo.  

martes, 8 de noviembre de 2016

DE ZIDANE A GUARDIOLA


Son dos personajes de época; uno la protagonizó de jugador y otro de entrenador. Zidane es fantasía, modestia y glamur, y Guardiola sencillez,  imaginación y método. El francés fue figura mundial en el césped y el español, habiendo sido un extraordinario jugador de club, alcanzó la gloria en su primera experiencia como técnico de relieve, justo el camino que aquél inicia ahora. Y les une también la emoción, la elegancia personal y la deportiva; ambos fueron y son pasionales, pero prudentes y educados tanto en el triunfo como en el fracaso, esos dos impostores, que escribió el inglés Kipling en su aleccionador poema “If”. Y ahora les vuelve a unir la crítica por estar en primera línea de fuego, aunque haya también claras diferencias entre estos dos fascinantes personajes.
Guardiola tuvo el inmenso mérito de hacer del Barça y su juego la referencia mundial del fútbol durante varias temporadas, basándose en la cantera culé y en la maestría que se imparte en la Masía desde Laureano Ruiz, con fieles remembranzas “kruyffsistas”, hasta cuajar la historia más brillante y difícilmente repetible de los azulgranas y de cualquier otro club. Y ese mismo éxito es el fielato que le pusieron después en Alemania y ahora en Inglaterra para reverdecer los laureles unánimes de todos, salvo los periodistas y aficionados contrarios de bufanda extrema.  
A Zidane, por el contrario, todavía se le espera, a pesar de haber triunfado también a la primera en el club más exigente del mundo, el Real Madrid, ganando su trofeo fetiche en Europa. Y tiene lógica ese compás porque aún no ha encontrado el sistema de juego que identifique a los blancos, más allá de imponer el sentido común con Casemiro en el eje y Kroos y Modric al mando, amén de dar una patente de corso al trío atacante que don Florentino gusta disfrutar en su equipo, por muy discutible que sea en ocasiones. En este sentido, el francés se parece a otro técnico español: Luis Enrique, que empezó a triunfar con idéntica aplicación en el suyo, aparcando su tendencia natural a las rotaciones; otro trío de ases que también es obligado por Can Barça bajo mando argentino. Pero claro, cuando se descose la columna vertebral asoman las vergüenzas. En el Madrid es la ausencia del medio centro brasileño, la de Ramos y la de Modric, al margen de los altibajos del mejor goleador: Cristiano. Y en el Barça la de Piqué e Iniesta, que con Busquets forman el auténtico tridente insustituible blaugrana, más allá de la omnipresencia del mejor del mundo: el mandón Messi. En la reciente jornada de Champions tuvimos la prueba de lo que afirmamos.
 Zidane se dejó llevar por su tendencia al espectáculo y por una sumisión impropia a los criterios “superiores”, que él conoce bien. Las flores presidenciales a su figura en la última asamblea de socios tienen esa contrapartida; ya veremos cómo se marchitan si no endereza esta temporada la nave con solvencia. Y salió en Varsovia con solo dos medios y cuatro delanteros, que además se estorbaban por el centro, para no quitar a Cristiano o Benzema ante la titularidad de Morata. El partido le dio una oportunidad de oro para rectificar cuando se puso en franquía de dos goles, pero no supo rectificar, sustituyendo a un delantero por un medio para amarrar el resultado.
Y en Manchester hubo otro detalle para el recuerdo. Guardiola, perspicaz y con el juego perdido, le hizo el avión a Luis Enrique cambiando las posiciones de Silva y De Bruyne, y el acoso del belga al súper atareado Busquets, metido entre centrales,  aparte de su calidad y rapidez, variaron el panorama. Pero, refrendando que el fútbol es más juego que ciencia, también pudo salirle bien a Zidane y a Luis Enrique. De haber estado fino Cristiano el Madrid hubiera marcado más goles, y el Barça, con Neymar o Suárez más acertados, hubiese puesto una distancia inalcanzable en la primera parte.
En el fútbol hay una explicación para casi todo y, al margen de las características de ciertos personajes, pasamos sin ruborizarnos de unos principios a otros como los hermanos Marx. Y siendo un juego, siempre es mejor sonreír. Si no, recuerden los fallos inusuales de Sergi y Ter Stegen o el balonazo al larguero de Vázquez en el último segundo.  ¡Ay, el azar!

Mientras, el legionario Simeone, el valeroso Emery, el flemático Ancelotti y el innovador Sampaoli caminan firmes. De Mourinho, mejor hablamos otro día.        

miércoles, 30 de septiembre de 2015

GUARDIOLA, EL CIELO PUEDE ESPERAR

GUARDIOLA: EL CIELO PUEDE ESPERAR
Ha optado por la política cuando podía haber liderado una parte del deporte nacional.  En caso de querer una relevancia social al margen de su trabajo, ambición tan noble como legítima aunque deba medir sus repercusiones, así como la de expresar sus opiniones, tenía todas las posibilidades y no se da cuenta. Y ha elegido su querencia aldeana, en lugar de su relevancia nacional, europea y hasta mundial, con lo que supone de minusvaloración de su propia imagen y de su futuro.
Defendí siempre su clarividencia cuando daba la pelota a la primera y podía parecer simpleza, inexperiencia o timidez. Después, alabé su determinación y sapiencia como técnico al apostar por Pedrito, que él había tenido en el filial de tercera, cuando sus directivos había acordado su traspaso al Portuense; y por Busquets, en lugar de vacas sagradas como Deço y Ronaldinho. Además de hacer que Messi entrara por donde quisiera, sacándolo de su inicial banda derecha, aunque le costara largar a Eto’o, a quien mantuvo el primer año hasta sacar lo mejor de él, y luego la enemistad de Ibrahimovic, fichado por él mismo.
También valoré positivamente su elegancia, en detrimento del polémico Mourinho, y disfruté hasta el infinito con el juego de su Barça, origen de la mejor selección española de todos los tiempos, sin menoscabo de mis querencias.
Pero con la misma convicción, deploro su deriva política en versión nacionalista, porque recuerdo otras ideologías de su misma raíz que han ocasionado desastres a la humanidad. Ya sé que alguien me puede decir que la situación actual no es tan grave, pero los españoles sabemos cómo nos arde la sangre en cuestiones políticas, solo hay que poner la oreja en la calle y escuchar lo que se comenta por ahí al respecto de la cuestión catalana. Tenemos la experiencia, que avala cualquier hipótesis, de haber sufrido en España tres guerras civiles en el siglo XIX, las carlistas, y una atroz y generalizada en el XX: la Guerra Civil. Y, no lo olvidemos, aquellas y otras ideologías extremas fueron la semilla de la que vivieron nuestros padres y abuelos, y en buena medida, con otras tampoco lejanas, del enrarecimiento localista que padecemos.
Enmanuelle Petit, el internacional francés que jugó en el Barça a partir del 2000, acaba de declarar en la BBC que el ambiente era irrespirable en aquel vestuario blaugrana entre holandeses y catalanes. Y ha añadido que lo de estos últimos era lo más cercano al racismo. Aunque pueda parecer también exagerado, eso me recuerda otros ejemplos cercanos: el nazismo, el exterminio balcánico en Serbia y Bosnia, o el de los tutsis y hutus en África. La verdad es que nos puede parecer lejano, pero escuchar lo que también suena en ocasiones, como lo de españoles y catalanes de mierda y cosas parecidas, puede ser la semilla de la sangre derramada. Algo parecido sucede en el llamado País Vasco.
Guardiola, con su deriva política catalanista, olvida que el lenguaje del fútbol y el del deporte es bien entendido en el mundo, con todas sus diferencias, al nivel del que se expresa en el arte o la ciencia, en contraposición con el de la política, que no deja de ser un compendio de dialectos hablados por unos pocos interesados, seguidos, aunque no lo entiendan mucho ni lo sepan explicar, por millones de personas que en el fondo los deploran por ser los paganos de sus egoísmos.
Así, en vez de aspirar a conseguir el cielo de un liderazgo deportivo a gran escala, persigue un lugar al sol de su localismo geográfico, que solo debería ser una defensa noble de sus raíces, o, viviendo fuera, un sentimentalismo personal rayano en la nostalgia.
Lo lamentable es que cuando se quiera dar cuenta su tiempo habrá pasado. Una pena que tendrá que sumar a la decepción que le causarán quienes ahora lo utilizan. Mas, Junqueras y compañía, junto al innombrable Pujol de fondo, solo lo quieren de cebo útil, por no decir de tonto, y se lo demostrarán si aspira a sacar la cabeza en la política catalana: le recordarán cuál es su sitio. El mismo que él desprecia ahora.
Gasol, con más imagen y dimensión que él a nivel global, ha sabido estar en su sitio a ese respecto, así como Xavi. Scariolo lo ha defendido ante algunos patéticos franceses: “Dime cómo pierdes y te diré cómo seguirás perdiendo” . ¡Olé!, en lugar de chapeau; suena mejor.
Tome nota Guardiola     


miércoles, 23 de septiembre de 2015

CATALUÑA, DE XAVI Y GASOL A GUARDIOLA

CATALUÑA, DE XAVI Y GASOL A GUARDIOLA
Desde aquí hemos alabado los criterios futbolísticos de Guardiola, y también se ha censurado su vena política cuando abusa de su situación para apoyar posiciones independentistas catalanas, tan fuera de lugar como discutibles.
Su excompañero Xavi, por el contrario, ha dicho que no se debe politizar al Barça porque es un emblema mundial. Eso se llama sentido común.
Y Gasol, tira de la selección española de baloncesto sintiéndose tan catalán como español. Esto es valentía y claridad.
En medio de la confusión, han pedido en Cataluña registrar la marca Liga Catalana de Fútbol. Y desde la base radical, si se quiere, de creer que por ahí debíamos haber empezado, me pasmo ante la flojera de las autoridades españolas.
En distintos medios de comunicación, he defendido hasta el cansancio que cuando empezaron a pedirse selecciones oficiales de fútbol en Cataluña y en el llamado País Vasco, más allá de la RFEF, debería haber intervenido el pomposo Gobierno de España para invitarlos a que lo hicieran, con el compromiso de apoyarlo en la UEFA y en FIFA. La consecuencia inmediata sería que también organizaran sus propias ligas, tal y como sucede en el Reino Unido. Les ahorro las valoraciones que ya hemos expuesto varias veces, pero el resumen sería que tienen tanto que perder que ellos mismos hubieran dado marcha atrás para evitarse el desastre de ver minusvalorados a sus equipos fundamentales y a su fútbol; solo hay que ver lo que ocurre en Gales y en Escocia.
Ante peticiones extremas, hay que enfrentarlas a sus propias contradicciones, en lugar de ir con paños calientes para calmar las ansias, normalmente egoístas e insolidarias, de quienes las promueven.  Todo lo demás es mal acostumbrar, como a los niños, a que el que no llora no mama. Y eso conlleva agravios comparativos inmensos a los que mantienen el tinglado, desde esa mayoría silenciosa que tanto se ensalza como se le machaca.
La cobardía es patrimonio de quienes no se enfrentan con decisión a los grandes problemas, amparados normalmente en la falsa prudencia, que no es más que falta de agallas y de visión de futuro.
También creo que lo de Cataluña no tiene solución. Son dos generaciones de catalanes educados en las mentiras clamorosas de que no son españoles y que, además, España les roba. Es difícil hallar allí a ciudadanos menores de cuarenta años que conozcan la historia común que les unen al resto de españoles, por no señalar su sangrante falta de conocimiento de la lengua que hablamos más de quinientos millones de personas en el mundo; la tercera lengua más conocida, tras el chino y el inglés.
Volviendo al deporte y al fútbol, no deberíamos escandalizarnos de la realidad catalana, cuando el poder español ha consentido todo tipo de desmanes. Acabando por los pitos e insultos al himno y a la bandera de España en las últimas finales de Copa, deberíamos empezar por el consentimiento que hubo con el Barça cuando se negó a jugar otra final de Copa, hace años, estando incluso los equipos formados en el estadio. Si entonces se hubiera sancionado a los azulgranas con años suficientes de no participación en ninguna competición española, para que reflexionaran, seguramente no estaríamos lamentando ahora las vejaciones a España y a nuestras instituciones en los campos de fútbol.
Ya sé que puede sonar a exagerado, por aquello de equiparar la sanción al hecho punible, pero cuando tampoco se toman otras medidas, como las de la inteligencia que decíamos: la de ponerlos ante sus contradicciones, que siempre es la mejor, algo habría que hacer. Lo que conduce a las posturas de los Guardiola y compañía, es precisamente lo mismo que ha conducido a la lamentable situación política y social de Cataluña; no tiene billete de vuelta, salvo por la fuerza, y eso es, a todas luces, un disparate.
Como disparates sucesivos fueron las reiteradas cesiones políticas por parte de todos los gobiernos españoles, todos, al ahora innombrable Pujol, antes protocolariamente honorable. La peor fue la cesión de competencias en educación; el crisol donde se fundieron los aceros que ahora nos lanzan.
Dice el irresponsable  y ‘tontarrera’ Mas, y no digo más por educación, que la liga española no puede resistir sin los Madrid-Barça. Y yo le digo, que se puede llevar a su equipo, si le sigue, adonde quiera. Ya está tardando.  

Muchos nos acordamos con nostalgia de cuando los españoles éramos de cualquier sitio y compatriotas. ¡Qué lástima, tú!
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