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lunes, 18 de enero de 2021

ZIDANE MÁS FLORENTINO IGUAL A KLOPP

 

Anticipar el futuro siempre es complicado, pero en el fútbol aún más; a los imprevisibles condicionamientos humanos se une el ingobernable azar. Sin embargo, la socorrida lógica griega nos ayuda a deducir una conclusión tras analizar dos premisas verosímiles.

Al margen de resultados, hace semanas argumentamos por qué vemos a Zidane fuera del Madrid a finales de temporada de manera voluntaria. Es consciente del agotamiento tanto de su discurso técnico como de la plantilla que maneja, que al contrario de 2018 cuando conjugó con éxito a titulares y suplentes, ha reducido a un grupo de quince jugadores de su confianza. En el camino ha dejado al resto, que se consumen en la grada, y a quienes ha largado; unos con experiencia y nombre, por indolentes, y otros con ganas y futuro por supuesta inmadurez.

Y empático como es, sabe que su valedor está descontento porque su gestión es contradictoria con la nueva estrategia del club: apostar fuerte por nuevos valores apoyándose solo en una reducida columna vertebral ilustre y sin fichajes de relumbrón, salvo el deseadísimo Mbappé si se pusiera a tiro. Reiteramos que el gatillazo con Hazard refuerza tan evidente decisión estratégica.  

Zidane ha demostrado valores importantes en un club como el Real: inteligente gestión de egos, notable capacidad aglutinadora en torno a su carisma personal, franqueza y dar la cara siempre, voluntad férrea para mantener convicciones, ser hombre de suerte — en el sentido de cómo elegía Napoleón a sus mariscales—, lealtad con sus incondicionales, hacia la institución y a su presidente, y lucir una indiscutible elegancia hasta para decir adiós sin acritud y desinteresadamente.

Pero también muestra debilidades manifiestas; reverso de tales virtudes: escasa cintura para variar postulados, tanto con el mismo club como hacia jugadores que tacha y respecto a conceptos técnicos; poca paciencia y desconfianza con jóvenes, nula capacidad de sorprender con planteamientos tácticos novedosos y de reinventar futbolistas, tampoco en el juego durante el transcurso de los partidos; y demasiado apego a veteranos aun poniéndoselo fácil, además, a rivales que los conocen sobradamente.

Florentino ha aprendido con los años porque interiorizó que la sabiduría debe ser el aprendizaje de sus errores. Por eso, al contrario de 2018, cuando la renuncia de su talismán le pilló desprevenido, hace tiempo que intuye lo inevitable. Entonces salió desbocado a buscar técnico para, tras seis noes clamorosos, optar por un Lopetegui a quien la oferta le desjaretó tanto la cabeza como las prisas a su inesperado príncipe. Así, antes del pasado final de temporada, tenía pergeñado el desembarco de Pochettino, que ha aguardado hasta firmar recientemente por el PSG. Posibilidad que truncó el tan afortunado como merecido triunfo postrero en la Liga y recientemente, antes de navidad, el enésimo renacimiento blanco.

Y de las premisas Zidane y Florentino, siendo el Real Madrid, deducimos la conclusión; Jürgen Klopp, técnico exitoso en ligas importantes y en Champions, con prestigio, predicamento, carisma y hambre.

Un entrenador de permanencia estable en clubes, que aúna su reconocida apuesta joven en Alemania y el distinguido fútbol total que conquistó Inglaterra y Europa. Y quien tuvo tanta valentía para hacer debutar a un Götze juvenil en el Borussia — impulsor de la renovación que aún perdura en ese club— como sabiduría para sacar lo mejor de Lewandowski hasta lanzarlo al estrellato, o revivir a un devaluado Salah y encumbrar a un irrelevante Firmino en Liverpool.  Avales que garantizan que es el mejor posible para un gran club, urgido de tales valores.

Y esto lo sabe Florentino. Intuyo que ya mueve hilos para soslayar un impedimento formal: la reciente renovación hasta 2024 de Klopp, aunque el alemán se guardó un as:  el acuerdo para que el Liverpool le diera facilidades si deseara volver antes a Alemania. La posibilidad de entrenar a su selección no deja de ser una puerta entreabierta porque dirigir al Madrid también es un sueño.   

Con similar silogismo, a primeros de marzo de 2018 publicamos “Zidane está fuera”, explicando las razones que abonaban tan sorprendente predicción. Había ganado dos Champions seguidas y seguía vivo en Europa, aunque en liga andaba zigzagueante y con circunstancias parecidas. Poco después, también aventuramos la marcha de Cristiano, harto de promesas presidenciales incumplidas. Ojo al paralelismo con Ramos, no sea que al descosido goleador desde entonces se sume ahora un roto detrás.   

Tanto si acertamos nuevamente o no, átese Pérez los machos, que asoma veleto y resoplando por la puerta de los sustos uno de patas negras.

 

lunes, 13 de mayo de 2019

LA IMPRESIBILIDAD ES SU GRANDEZA



De fútbol no entiende nadie porque nunca puede asegurarse nada. Si no, hacer quinielas sería como ir a la oficina. Y su grandeza nos ha chorreado a la mayoría en esta Champions. Y no solo por ser, como juego, imprevisible.

El gol es de las pocas certezas porque mide exactamente la diferencia entre equipos y es el fielato del triunfo y la derrota. Otra es que el coraje puede sustituir con éxito a la táctica, a la estrategia, a los nombres y hasta a la calidad misma. Y la velocidad, que es básica porque se trata de llegar al balón antes que el contrario.

El Liverpool de Klopp, sin sus figuras, barrió de Anfield al Barça de Messi tras un infructuoso baño de juego una semana antes en Barcelona. Y la remontada fue tan sorpresiva que el propio técnico alemán confesó que no se explicaba cómo lo habían hecho sus jugadores. Sin Salah ni Firminho, Origi, por ejemplo, quien apenas ha jugado esta temporada, se marcó un partidazo con dos goles añadidos. El cuarto de su equipo en un sorprendente saque de esquina, explica por qué el fútbol también es de pillos.

Punto y aparte para Messi. Hace dos semanas dijimos que esta Champions podía refrendar su gloria o sería el inicio del declive, como Cristiano había empezado el suyo. La pasada pronosticábamos su sexto balón de oro, y el fútbol ha puesto las cosas en su sitio tan imprevisible como grandiosamente. Además, reconozco otro error de apreciación. Ensalcé que el Ajax y el Barça representaban las dos escuelas de Cruyff, pero así como los holandeses sí lo representan, los culés no juegan a lo mismo desde que todo gira en torno al argentino sin el abrumador dominio del balón por bandera. Los de Valverde, aguardando solo la genialidad de su líder, fueron incapaces de controlar con posesión ni a las figuras ni a los entusiastas de Liverpool en dos partidos apasionantes. Pero Messi, aun con los lamentables pesares del ridículo mundial por dos escandalosas semifinales seguidas perdidas, sigue siendo un futbolista incomparable. En Barcelona fue el mejor de su desvaído equipo y en Liverpool el único que amenazó. Y llegamos a la suerte, otro imprevisible factor diferencial. El Barça, con su escaso impulso, también es cierto, pudo marcar fácilmente varios goles antes de ser goleado. Con uno de ellos, hablaríamos de otra cosa.

Como le ocurrió al Ajax. Los escasos centímetros que llevaron el remate de Ziyech al palo en lugar de a la red determinaron su derrota. La suerte que precisa todo campeón, esta vez estuvo del lado justo de la balanza. Los ingleses la merecieron en una segunda parte donde la aparición del imán Llorente y el retraso de Erikson al medio centro, aciertos indiscutibles de un meritísimo Pochettino sin Kane, también debería enseñarse en las escuelas de fútbol, aparte del tripletazo con la zurda del diestro Moura.  

La última lección es que el fútbol es un juego de plantilla y equipo. Los gloriosos finalistas jugaron con suplentes por tener indisponibles a sus titulares. A partir de ahora, cualquier técnico que justifique así una derrota quedará en mala evidencia. Klopp y Pochettino lo demostraron.

Así ha quedado Marcelino en Valencia, excusándose en otra media falacia, el dinero, para justificar su impotencia ante el Arsenal de Emery. Ayuda, pero no es suficiente. Les pasaron por encima aquí por calidad, pero sumándole velocidad, coraje y cabeza. El fútbol inglés nos ha destronado en Europa.

LA CALOR MURCIANA

Los calores anticipados nos han  hecho perder la cabeza. Así se explica el  plante contra los jugadores del Murcia por parte de su entorno consejero y peñista. Con todos mis respetos ante el murcianismo en acción, que lo merece, pregunto: ¿tienen la culpa de la nefasta gestión deportiva de directivos pasados o actuales, algunos de los cuales reconocieron el previsible desastre que se avecinaba —¡daba igual quedar décimos!— prescindiendo por caros de los que mejor estaban? ¿Se habían fichado  ellos o puestos los sueldos? ¿Es lo que merecen tras luchar bien hasta diciembre sin cobrar desde agosto, y ahora todavía mal jugando con nóminas atrasadas?  ¿Ustedes trabajarían entusiastamente sin cobrar?

Quienes no metan la pierna, censura, pero a quienes hacen lo que pueden en tan difíciles circunstancias, al menos, respeto.Acabemos la temporada dignamente, y después, cabeza. Y en todo. Que desgraciadamente, las bandas se caracterizan por ser un batiburrillo sin mando. ¿Quién maneja el timón en el Murcia? Empecemos por ahí.
 

jueves, 25 de abril de 2019

UNA CHAMPIONS JUSTICIERA



Salvo en Manchester, donde el VAR trabajó entre dudas, en el resto de partidos se impuso claramente el mejor.

El Barça mostró al United que le queda mucho camino también para competir con garantías en Europa, el Liverpool hizo lo propio con el Oporto de Casillas con un repaso severo y, sobre todo, el Ajax enamoró con ese fútbol total que tanto recuerda al de Cruyff. La Juve fue un equipo agarrotado, en el que solo Cristiano goleando y Allegri  reconociendo la superioridad de los jovencísimos holandeses estuvieron a la altura.

En unos cuartos con sabor español, el City de Guardiola hizo la machada de remontar doblemente, aunque se ahogó en el suspiro final. Primero el partido, que se le puso cuesta arriba dos veces por errores del central Laporte, fichado millonariamente por empeño del técnico, y después la eliminatoria, con Sterling certerísimo y De Bruyne magnífico. Pero el Tottenham de Pochettino, un técnico que no necesita fichajes escandalosos para armar equipos aguerridos con personalidad y buen juego, supo mantener la fe hasta el agónico y discutible gol del renacido Llorente. Los azulinos de Manchester comprobaron cómo la inmadurez en momentos clave es decisiva en Champions.

En Barcelona, Messi lució sus lujos futboleros para demostrar que los manifiestos deseos de ganar la Champions no fueron brindis huecos. Lo aseguró claramente, y como don Juan en el Tenorio, cumplió como el galán irremediable que es.  Ya es reiterativo decir que nunca he visto a nadie así, pero a fuer de perseverante y grandioso el argentino tiene a todos de acuerdo. Son quince años insistiendo en la maravilla de hacer fácil lo difícil, y lo que es más espectacular, hasta bello. Pocos pueden presumir de artistas del fútbol y del balón, porque Messi, más que jugar, emociona con el arte que despliega entre tantos futbolistas de nivel. Se le pone el reparo de no rendir igual en su selección, pero ha tenido la suerte de coincidir en el Barça con futbolistas como Pujol, Xavi, Iniesta, Cesc, Busquets, Suárez, Alba, Piqué o Rákitic, y la desgracia de pertenecer a la peor generación futbolística argentina. Por no hablar de los técnicos que ha disfrutado en el Barça. Nada que ver.

El Liverpool de Kloop, Mané, Milner, Van Dijk, Firmino y Salah será el siguiente para los culés en una semifinal de aparente favoritismo azulgrana,  de donde saldrá el fútbol clasicista que encumbrará la final, porque los de Valverde cuentan con el mejor del mundo en estado de gracia. Pero si Messi no apareciera por las meigas del fútbol, los ingleses llegarían al Wanda tan crecidos como el crédito que les  otorgaría haberlo borrado de otra final europea. Y quizá comenzaría el declive del reinado mundial del rosarino. Hay momentos en que personajes históricos se juegan el prestigio o la vida, como Julio Cesar al cruzar el Rubicón, y la Champions de 2019 puede ser la cumbre definitiva o el inicio de la cuesta abajo del mejor futbolista que hemos visto generaciones de futboleros. Messi está en la encrucijada de continuar el camino glorioso o entonar su canto del cisne.

Pero lo mejor de esta Champions, como ya ocurriera en el Bernabéu, fue la lección magistral de fútbol que le dieron los de Ten Hag a los de Allegri en Turín. La segunda parte del Ajax fue para el frontispicio de las escuelas de fútbol. Lo mismo defendían ocho que llegaban otros tantos al contraataque. Despliegue táctico, derroche físico, velocidad, contundencia, garra, anticipación, técnica exquisita, cambios de juego rápidos, controles verticales orientados, solidaridad defensiva, apoyos continuos, juego a uno o dos toques, conducciones con el balón domado, regates en corto y en largo, llegadas vertiginosas a gol y todo el rosario del fútbol que amamos. El Totthenam lo tiene crudo con el Ajax, quien puede encumbrar el anticlasicismo futbolero en Madrid.
Florentino Pérez debería agarrar la chequera y traerse de Amsterdan la plantilla cerrada. Con De Ligt, Ziyech, Van de Beek, Blind, Neres y  Tadic, ya podría largar a otra media docena para hacer caja y asunto resuelto. Y de paso, traerse también a los técnicos de la extraordinaria escuela del Ajax. ¡Qué gozo!

LAS CUARENTA MURCIANAS

Por fin llegan las tropelías cometidas en el Murcia a los juzgados. Lo extraño es que haya sido alguien desde fuera, Higinio Pérez, y no el club  quien cante las cuarenta. ¡Lagarto, lagarto! ¿Ha tenido que salir para hacerlo?

¿Quién o quiénes tienen al gato encerrado? También lo sabremos pronto.

                

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