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lunes, 7 de diciembre de 2020

LA DIFICULTAD DE LO SENCILLO

 

En un seminario de economía para periodistas, decía un eminente profesor que cuando no se entendía cualquier información económica era porque el primero que no la entiende es el firmante. Y esto es aplicable a todo.

Quienes realmente saben tienen más fácil explicar con sencillez.  Y luego están los majaderos que aparentan saber, aquellos otros carentes de generosidad para compartir conocimientos y quienes se dan importancia haciendo complicado entenderlos; vean todos esos anglicismos para definir cualquier cosa.

El fútbol no es una excepción. Johan Cruyff afirmaba que jugar al fútbol era sencillo, pero que jugar un fútbol sencillo era difícil. Y lo explicaba: si en un rondo juegas a un toque, muy bien, si lo haces con dos, bien, y si necesitas tres, mal asunto. Y Di Stéfano, también tan inteligente como futbolista excepcional, exhortaba a sus compañeros a bajar el balón al prado porque se juega con los pies y a ganar marcando goles en la portería del arquero que menos conocieran. Me gusta la escuela holandesa de fútbol por su apuesta juvenil. Además, saben explicar con sencillez sus conceptos; Cruyff era un ejemplo. Y me aburre la argentina por su retórica y disparates; pretenden hacer ciencia o guerra de un simple juego; don Alfredo era excepción.

En España, lo más parecido a los holandeses es la escuela bilbaína y ahora la donostiarra, aunque por diferentes motivos, pero hubo un tiempo en que los gurús sudamericanos que nos invadían hicieron escuela, para nuestra desgracia —también sucede en esa ristra infame de falsarios que adocenan con sus supuestas guías de auto ayuda—, y proliferaron los españolitos pretendiendo emular las gilipolleces de aquellos con teorías bíblicas sobre fútbol, tanto entrenadores como periodistas. Lo pretencioso de llamarle gol de estrategia a un buen remate en el segundo palo en un córner, como se ha hecho siempre sin tanto estudio, y a veces a uno de rebote en cualquier jugada a balón parado, son exponentes de lo que expongo. Cuestión diferente es ensayar jugadas de cierta complejidad.

Igual en las crónicas. Si un equipo gana, aunque sea por la mínima o con la suerte como aliada, cualquier decisión que haya tomado su entrenador será elevada en la mayoría de los casos a categoría de sapiencia futbolística y, por el contrario, si ha perdido, será sacrificado en el altar de la supuesta sabiduría de quien lo enjuicia; incapacidad manifiesta de quienes deberían analizar el bosque y no solo el árbol más cercano que les cobija.

Yendo a la actualidad, la base del Real de Zidane es un equipo con años de más y hartazgo por estómagos llenos. El propio técnico está sobrepasado por el fundamento de sus éxitos: eficiente gestión de egos y creación de buen ambiente, que es piedra angular para un tiempo. Pero cuando hay que renovarse o reinventar hace falta una imaginación de la que carece; él mismo no ha sabido sustraerse de sus rutinas. Resultado: reo de su gente, juego previsible, desprecio a futbolistas jóvenes que triunfan en otros clubes —solo pone y a regañadientes a los que fichó su jefe—, equipo fulero y aburrimiento.  Otra cosa es que gane de chiripa en Sevilla en un partido para olvidar o que pierda por mala suerte en cualquier sitio jugando mejor, como en Kiev.

El Barça zozobra en una doble crisis. El desastre institucional y Messi despidiéndose. Ahora faltan dirigentes que sepan afrontar el duelo y organicen el caos.

Y el Atlético sigue creciendo baja la batuta del incontestable Simeone, apercibido a tiempo de que la garra es solo un complemento de la calidad y capaz de reinventar futbolistas y reinventarse; ¡chapeau!

Decíamos que en el Madrid mandaba Florentino, en el Barça Messi y Simeone en el Atlético. Pues bien, el presidente dedica sus meninges al nuevo estadio y a la economía, donde mejor se mueve, mientras aguarda la digna dimisión de su talismán; sabe que el tiempo de Zidane agoniza. El faro del Barça ya no piensa en blaugrana. Y por el Wanda tuvieron la virtud de la paciencia hasta la reconversión del Cholo. La clasificación aclara dudas.

Otra moda hueca es sacar siempre el balón jugado desde el portero; el guardiolismo elevado también a ciencia estéril.

Donde hay que perfilarse bien es al matar, como en los toros. Toque preciso y veloz cerca del área contraria y fuera cuentos tikitakeros. Eso ya es viejo.

El gol es la única verdad, y la rapidez y verticalidad su credo.

martes, 1 de diciembre de 2020

DE BARRO Y ORO


 

Aconsejaba Ibarra a jóvenes que empezaban a su lado que no trataran de imitar a nadie. Y lo hacía, culto, didáctico y magistral él, personalizando una célebre sentencia de nuestro premio Nóbel de literatura y dramaturgo excepcional Jacinto Benavente: “bienaventurados sean mis imitadores porque de ellos serán mis defectos”.

Seguramente, algo parecido subyacía como enseñanza hacia deportistas en el dolor que mostraba Maradona cuando preguntó a un entrevistador: ¿Sabés qué futbolista hubiera podido ser yo sin la coca?

La diferencia entre dos personajes tan inimitables como únicos en sus respectivas profesiones, y salvando todas las distancias, es que Juan Ignacio lo hacía desde su magisterio y Diego —así me lo refirió Schuster en una comida en Jerez, cuando le pregunté por el mejor con el que había jugado— desde la decepción más lamentable y el desencanto menos autocompasivo. Buen consejero uno y desgarrador otro, pero ambos aleccionadores.

Llevamos días escuchando comparaciones ventajosas entre Maradona y Messi, o con Pelé, Di Stéfano y Cruyff como máximos exponentes de la excelencia futbolística. Y echando mano del refranero, hay que concluir con el anónimo de que todas las comparaciones son odiosas.

Como ejemplo, ensalzan al apodado Pelusa sobre los demás por ganar dos ligas italianas con el modesto Nápoles, olvidando que cuando Di Stéfano llegó al Madrid los merengues solo habían ganado dos Ligas, en 1931 y 1932, y veinte años después, la Saeta rubia les hizo ganar ocho en sus diez años de blanco, además de cinco copas de Europa consecutivas. O que tras ellos, el Nápoles apenas ha vuelto a brillar y el Real Madrid inauguró con don Alfredo una trayectoria culminada con el reconocimiento de mejor club del siglo XX.

También podríamos reflexionar sobre qué era el Ajax en Europa antes de sus tres máximos triunfos consecutivos con Cruyff, en los primeros setenta. O sobre las tres copas del mundo de Pelé; la primera en Suecia con diecisiete años. Y sobre los seis balones de oro de Messi, los cinco de Cristiano o los dos de Di Stéfano, con superbalón posterior, por el único que concedieron a Maradona y a título honorífico.

También se recuerdan los permisivos arbitrajes y los deficientes campos de su época, contraponiéndolos a los actuales. Pero sus anteriores tampoco jugaban en moquetas ni a cubierto ni recubiertos de acero. Ni competían setenta partidos por temporada y jugando cada tres días, como sufren los velocísimos atletas de ahora.  Cada tiempo, lo suyo.  

Los importantes suelen tener dos caras y hasta reversos tenebrosos. Maradona también, lo que no embarra su oro. Oro que inició con un Mundial juvenil y rubricó en el 86 con el absoluto en México: su culmen histórico con veintiséis años, para iniciar después la cuesta abajo hasta la ciénaga. Malas compañías, drogas, escándalos, desvaríos, sanciones…

En definitiva, el barro y oro que vistió durante su vida lo señalan como el personaje más relevante de su generación deportiva. Y no fue mejor ni peor que nadie. Listo como era —así lo definen sus compañeros, y hasta generoso en extremo, dentro de sus excentricidades, filias y fobias—, aprovechó su tirón mediático para enseñorearse entre un pueblo argentino deprimido tras el desatino de las Malvinas. Aquella guerra absurda de unos subsistentes ciudadanos, comandados por militares enloquecidos, contra la soberbia imperial de una Gran Bretaña al borde de la quiebra, también necesitada de algún éxito rimbombante para renovar ilusiones colectivas.

Por eso, más allá del fútbol, su gol humillante ante Inglaterra, con mano de pícaro incluida, llevó al éxtasis a esa extraordinaria nación que define el suicidio por precipitación como la caída de un argentino desde su ego. 

Y se aprovecharon de él más que él de nadie. A su carro se subió gente de la catadura de los Castro o los Chávez y Maduro, entre otros, para mitificar falsariamente en el Diego Armando Maradona que salió de la nada para brillar como pocos, la lucha de los pobres contra los poderosos.

Sin embargo, ni los parásitos de su figura y de su persona ni el barro podrán quitarnos nunca el goce que supuso Maradona para los amantes del fútbol. Su oro más valioso. 

Como diría el Maestro Ibarra, rememorando de alguna forma al Cid, ¡qué buen tipo si hubiese tenido buena compañía!

Por cierto, lean el espléndido libro recién presentado, La palabra, en homenaje a ese murciano irrepetible —y también de oro—, y descubrirán al Ibarra más íntimo, revelado por setenta amigos y conocidos. Pura delicia.    

 

jueves, 25 de abril de 2019

UNA CHAMPIONS JUSTICIERA



Salvo en Manchester, donde el VAR trabajó entre dudas, en el resto de partidos se impuso claramente el mejor.

El Barça mostró al United que le queda mucho camino también para competir con garantías en Europa, el Liverpool hizo lo propio con el Oporto de Casillas con un repaso severo y, sobre todo, el Ajax enamoró con ese fútbol total que tanto recuerda al de Cruyff. La Juve fue un equipo agarrotado, en el que solo Cristiano goleando y Allegri  reconociendo la superioridad de los jovencísimos holandeses estuvieron a la altura.

En unos cuartos con sabor español, el City de Guardiola hizo la machada de remontar doblemente, aunque se ahogó en el suspiro final. Primero el partido, que se le puso cuesta arriba dos veces por errores del central Laporte, fichado millonariamente por empeño del técnico, y después la eliminatoria, con Sterling certerísimo y De Bruyne magnífico. Pero el Tottenham de Pochettino, un técnico que no necesita fichajes escandalosos para armar equipos aguerridos con personalidad y buen juego, supo mantener la fe hasta el agónico y discutible gol del renacido Llorente. Los azulinos de Manchester comprobaron cómo la inmadurez en momentos clave es decisiva en Champions.

En Barcelona, Messi lució sus lujos futboleros para demostrar que los manifiestos deseos de ganar la Champions no fueron brindis huecos. Lo aseguró claramente, y como don Juan en el Tenorio, cumplió como el galán irremediable que es.  Ya es reiterativo decir que nunca he visto a nadie así, pero a fuer de perseverante y grandioso el argentino tiene a todos de acuerdo. Son quince años insistiendo en la maravilla de hacer fácil lo difícil, y lo que es más espectacular, hasta bello. Pocos pueden presumir de artistas del fútbol y del balón, porque Messi, más que jugar, emociona con el arte que despliega entre tantos futbolistas de nivel. Se le pone el reparo de no rendir igual en su selección, pero ha tenido la suerte de coincidir en el Barça con futbolistas como Pujol, Xavi, Iniesta, Cesc, Busquets, Suárez, Alba, Piqué o Rákitic, y la desgracia de pertenecer a la peor generación futbolística argentina. Por no hablar de los técnicos que ha disfrutado en el Barça. Nada que ver.

El Liverpool de Kloop, Mané, Milner, Van Dijk, Firmino y Salah será el siguiente para los culés en una semifinal de aparente favoritismo azulgrana,  de donde saldrá el fútbol clasicista que encumbrará la final, porque los de Valverde cuentan con el mejor del mundo en estado de gracia. Pero si Messi no apareciera por las meigas del fútbol, los ingleses llegarían al Wanda tan crecidos como el crédito que les  otorgaría haberlo borrado de otra final europea. Y quizá comenzaría el declive del reinado mundial del rosarino. Hay momentos en que personajes históricos se juegan el prestigio o la vida, como Julio Cesar al cruzar el Rubicón, y la Champions de 2019 puede ser la cumbre definitiva o el inicio de la cuesta abajo del mejor futbolista que hemos visto generaciones de futboleros. Messi está en la encrucijada de continuar el camino glorioso o entonar su canto del cisne.

Pero lo mejor de esta Champions, como ya ocurriera en el Bernabéu, fue la lección magistral de fútbol que le dieron los de Ten Hag a los de Allegri en Turín. La segunda parte del Ajax fue para el frontispicio de las escuelas de fútbol. Lo mismo defendían ocho que llegaban otros tantos al contraataque. Despliegue táctico, derroche físico, velocidad, contundencia, garra, anticipación, técnica exquisita, cambios de juego rápidos, controles verticales orientados, solidaridad defensiva, apoyos continuos, juego a uno o dos toques, conducciones con el balón domado, regates en corto y en largo, llegadas vertiginosas a gol y todo el rosario del fútbol que amamos. El Totthenam lo tiene crudo con el Ajax, quien puede encumbrar el anticlasicismo futbolero en Madrid.
Florentino Pérez debería agarrar la chequera y traerse de Amsterdan la plantilla cerrada. Con De Ligt, Ziyech, Van de Beek, Blind, Neres y  Tadic, ya podría largar a otra media docena para hacer caja y asunto resuelto. Y de paso, traerse también a los técnicos de la extraordinaria escuela del Ajax. ¡Qué gozo!

LAS CUARENTA MURCIANAS

Por fin llegan las tropelías cometidas en el Murcia a los juzgados. Lo extraño es que haya sido alguien desde fuera, Higinio Pérez, y no el club  quien cante las cuarenta. ¡Lagarto, lagarto! ¿Ha tenido que salir para hacerlo?

¿Quién o quiénes tienen al gato encerrado? También lo sabremos pronto.

                

martes, 11 de diciembre de 2018

DE PELÉ A CHOCHÉ



Al choché derivado de chocho del verbo chochear. Porque mi admirado y el de millones de futboleros, Edson Arantes do Nascimento, ‘Pelé’, parece que chochea.
La admiración general como futbolista nos la produjo viéndole jugar en su exitoso Mundial de 1970 en México, ya con treinta años,  tras el fiasco que supuso el del 66  en Inglaterra porque fueron a por él hasta que lo lesionaron entre el búlgaro Zhechev  y el portugués Morais,  y también porque a lo largo de los años fue coherente. Pero ahora, en una entrevista  en Brasil, aseguró que Maradona era mucho mejor que Messi. Y dicho así es respetable porque debe saber de esto infinitamente más que la mayoría y para gustos están los colores. Lo malo fueron los adornos, que diría Juncal: argumenta que el actual barcelonista, en comparación con el anterior, solo tiene un regate y una pierna y no va bien de cabeza. Es decir, justos los mismos defectos que achacó trece años antes a Maradona, en enero de 2005, en una entrevista en España.
Entonces respondía al  ‘Pelusa’ por bocazas y engreído, pero ahora Pelé debe estar choché, aunque sea prematuro a sus 78 años. Una inmensa pena por el referente mundial que representa y porque nunca fue tan contradictorio.
Al margen de gustos, los números y las estadísticas son concluyentes. Maradona marcó 352 goles en una carrera de 692 partidos oficiales, a un promedio de medio gol por partido, y Messi lleva 631 en 779 a un promedio de 0,81 goles por encuentro, usando la izquierda en ocho de cada diez dianas como hizo su ahora ajado compatriota. Y en cuanto a títulos individuales y colectivos la comparación es infinitamente favorable a ‘La Pulga’, aunque le falte un Mundial, como al tercer argentino prodigioso: don Alfredo Di Stéfano.
Citamos a la Saeta Rubia porque Pelé amplía su afirmación señalando a otros y a él lo ignora. Muchos también preferimos los grandes futbolistas que utilizan más del tercio de campo que pisa Messi, idéntico al de Maradona y cercano al del mismo Pelé: desde el centro del campo hacia la línea de gol contraria, escorados normalmente a una banda los dos argentinos y más centrado el brasileño. Por ejemplo a Cruyff, que pisaba dos tercios, desde su línea de medios a la línea de gol contraria por cualquier lado, y sobre todos a Di Stéfano, que iba de un área a otra en la misma jugada, dándose casos de verle defender un córner de cabeza en la suya y rematar a gol el contraataque subsiguiente en la contraria. Un auténtico todocampista con el gol, la rapidez y el liderazgo por banderas. Don Alfredo fue el futbolista más completo. El propio Pelé lo reiteraba hace años. No sé si ahora, por su prematura chochez, lo olvida.
En todo caso, es ocioso dogmatizar en el fútbol y señalar a nadie como el mejor de la historia estableciendo comparaciones individuales porque las épocas y condiciones competitivas son diferentes. La velocidad a la que se juega ahora es superior a la de entonces, así como las facultades atléticas que priman y el mimo a los profesionales por parte de técnicos y sanitarios, pero también es verdad que los antiguos terrenos de juego estaban mucho peor que los de ahora, los balones eran más rústicos y los árbitros cuidaban menos a las figuras; para echar a un jugador poco menos que debía romper alguna pierna. Tampoco los intereses económicos son los mismos ni los medios de comunicación analizaban tan al detalle ni los árbitros tenían tantas ayudas, cuestiones que influyen más de lo que parece. Como en la agricultura, cada cañada tiene su añada y cada tiempo su fruto.
Lo indiscutible es que Maradona y Messi están tan en la historia como Pelé y los citados, aunque algunos pensemos lo contrario de ‘O Rey’. Que vea, si no, el partido de don Leo el sábado en Cornellá; una enciclopedia de fútbol, hasta bajando a recuperar balones perdidos, con un Barça extraordinario a sus órdenes. Tomen nota algunos figurines que nombramos a menudo.

Y apunten los merengues a Löw como su próximo técnico, Y esta fecha, prenavidad de 2018.

 MELÉ
Todos empujándose por tomar decisiones alrededor de una ruina: el consejo, los de la plataforma, el máximo accionista, el mexicano, el TAS, la Federación, los administradores concursales y alguien piensa que hasta  golfos desde fuera. ¿Quién manda en el Murcia?

Parece que todos y nadie. Mal asunto.

martes, 29 de agosto de 2017

EL BARÇA O LA PELOTERA PRODIGIOSA



Por mi admiración hacia el autor, tomo prestado alegóricamente el trasfondo de una de sus obras de teatro para referirme a la actualidad del Barça.  García Lorca escribió su drama en dos actos y seguiré su guión, imaginando un final deseable después de la sucesión de enredos.
El Barça necesita a alguien rico en sentido amplio: de conceptos, coraje e ideas claras, sobre todo; que encauce su camino hacia la abundancia. Ese buen vivir que tanto soñaba la impulsiva zapatera lorquiana y que el Barça añora.
El primer acto acaba con la huida del rico marido por los continuos desprecios de su joven esposa, imbuido, además, por los malvados comentarios y chanzas grotescas de sus convecinos. En este caso, el espíritu canterano y desbordantemente culé lo transmuto en el viejo marido humillado, cual la añeja Masía, y a la llamativa esposa en el trasunto del pírrico tridente. Todo para los tres de arriba, confiando vida y hacienda a la eficacia competitiva por los exitosos y efímeros inicios del Barça de Luis Enrique, que abandonó el barco devorado por la insolencia tridentina.
Ahora estamos en el desarrollo del segundo acto, con peloteras continuas e idas y venidas de dirigentes para acallar las críticas —algunas prematuramente carroñeras— lanzadas sobre un Barça abandonado por su elixir mágico: la olvidada excelencia de su deslumbrante juego con denominación de origen. Y aparecen  comediantes, clubes, intermediarios y jugadores de medio pelo a sopar en la desahogada bolsa obtenida por la fuga de Neymar, que hace cuanto puede, además, por desestabilizar a quienes abandonó por mucho buen rollo que mantenga con sus antiguos colegas; tontos útiles para sus fines. Y uno se pregunta, aunque importa ya poco, ¿cómo se fraguó ese desencuentro folletinesco entre el fichaje más caro en la historia culé y sus dirigentes?
Bartomeu y sus adláteres, que lo trajo con el encarcelado Rosell, están en una huida desbocada  por creer que todos los caminos les llevan a su ilusa permanencia. Craso error, aunque suenen en sus cogotes susurros cuchilleros en forma de mociones de censura, de venganzas en ciernes de antiguos compis —Laporta al acecho—, o los inevitables palos periodísticos por tanto desmán. Saldrán a garrotazos si persisten en la descomposición. Y tal debacle, casi todo el segundo acto del drama, por una temporada y media sobresaliente del Real Madrid y la huida procelosa de un futbolista chulesco, más aparente que eficaz en su última temporada —trece goles en liga—.
Es cierto que el Real Madrid es ahora notablemente superior, no tanto por  resultados como por ambiente de plantilla, su calidad, cantidad y  dinámica, pero tampoco es para enloquecer. En el fútbol hay pocas verdades incuestionables: los resultados mandan,  son once contra once y la suerte y el estado de ánimo también juegan,  pero es igual de cierto que dos partidos pueden cambiarlo todo. Y más cuando hay calidad. El Barça atesora jugadores que serían titularísimos en los mejores equipos: Messi, Suárez, Busquets, Piqué, Alba o Iniesta, y otros poco menos, como el polivalente Sergi Roberto, Ter Stegen o Rákitic, pero ha de llenar su despensa; ese desván canterano o muy joven de otros lares por el que apostaban para recolectar figuras. Y los tienen, aunque ahora la mayoría digan facilonamente que no —¿quién conocía a Busquets y Pedrito (estaba traspasado al Portuense) cuando surgieron, aparte del que apostó por ellos? — Y, ante todo, reencontrar un estilo inconfundible que les haga resurgir. Ese debiera ser el objetivo, y no improvisados fichajes tan gansos como desorbitantes. Paulinho, Dembélé o Coutinho no traerán  lámparas mágicas que alumbren futuro. Eso hay que perseguirlo con determinación y mimarlo cuando se halla; lo que no han sabido gestionar  tras la marcha de Guardiola. El culebrón Neymar es el paradigma de lo que nunca debieron hacer. Cruyff lo proclamó y algunos lo suscribimos entonces. Ahora pintan bastos.
Como final de esta pelotera prodigiosa, sería deseable que el viejo espíritu huido vuelva aun disfrazado de tirititero, como en la obra de Federico, y se dé cuenta y persuada a la joven esposa abandonada, el Barça actual, de que se aman: Sergi, Deulofeu, Rafinha, Aleñá, Palencia y otros lo han mamado. ¿Dejarán hacer a Valverde? Ojalá, pero lo dudo; falta el necesario equilibrio institucional.
Enfrente, el Madrid encontró en Zidane el mago que frotó su lámpara. Ahora nadie dice —decimos— que los blancos no saben a qué juegan; brillan, golean y ganan, ¡todos! El Real de su tiempo grande.   

       

lunes, 22 de mayo de 2017

PERSEVERANCIA, CREATIVIDAD Y AGONÍAS


Una Liga, una Champions, un ascenso o un descenso, aunque a veces pueda parecerlo, no se ganan ni se pierden en el último minuto del último partido, ni por los árbitros o la fortuna, siempre necesaria en cualquier juego; perseverancia es la baza, como en la vida.
Es sábado y mañana el Real Madrid entonará el alirón frente al Málaga de Michel, dejando atrás sus demonios tinerfeños a manos de los chicos de Valdano, a quien los forofos blancos mantienen en el baúl de sus fobias. Y no por aquello, superado por un cinco a cero con él de técnico en el Bernabéu a los blaugranas del hípercreativo Cruyff, su bestia negra entonces, sino por cuitas comunicadoras más recientes derivadas de una supuesta inquina suya con el madridismo florentinesco.
Luis Enrique hubo de recrear con Suárez y Neymar la gloriosa creación canterana de Guardiola, a quienes asoció meritoriamente con el príncipe Messi , circunstancia de la que algunos dudábamos, sobre los rescoldos del legendario sistema que entronizó don Pep. Y aunque le salió bien sus primeros años, ha acabado devorándole.
Al más billetero que creativo Pérez, su apuesta por Zidane también le salió redonda a la primera. Don Florentino, muy acertado, halló el talismán que lo encumbrará finalmente al Parnaso de las glorias blancas, diecisiete años después y  mil trescientos millones de euros gastados en fichajes mediante, que se dice pronto. Y hay que felicitarle, por mucho que se le puedan criticar otras cosas. Lo que es el fútbol: hace tres años meditaba una segunda espantada porque tampoco veía el camino de sacarle punta a su segundo proyecto, pero aquel cabezazo de Ramos en el noventa y tres en Lisboa iluminó las sombras que rumiaba con sus más cercanos. La duda  es que el omnímodo mandamás no se aburra pronto de su propio éxito, veleidoso como es, y opte por buscar horizontes alejados de su guardiolesco Zidane enarbolando su errónea máxima: ser entrenador del Madrid es lo más fácil del mundo porque basta con sacar a los mejores. No creo que cometa tamaño error; demostraría ser tan poco inteligente, y no lo tengo yo por tal, como cuando presume de sabelotodo futbolero.
Si los blancos ganan esta Liga, por lo que venimos apostando hace meses, será porque habrán sido mejores —y si no, lo sería el Barça—, y como dice elegantemente el propio Luis Enrique, habrá que dejarse de excusas y felicitarles. Y lo mismo con la que sería su doceava Champions. Además, ambos logros, tendrían el valor añadido de finiquitar la hegemonía blaugrana en el siglo XXI y el inicio de otro reinado merengue, tanto nacional como europeo.
Bajando nivel, el UCAM ha logrado hoy un merecido triunfo, quizás suficiente para mantener la categoría. De ahí el alborozo en el banquillo de los universitarios, invasión de campo incluida, cuando el aguileño Morillas hizo el tercer gol al final del partido. El equipo de José Luis Mendoza está a dos o tres puntos de conseguir su modesto objetivo para este año, de la mano de un buen entrenador con los mimbres —salvo Iban Salvador— que heredó del agonías Salmerón, que nos recetaba triste sufrimiento hasta el final jugando con nueve o diez por detrás del balón y largando pelotazos hacia arriba; les he seguido toda la Liga tanto dentro como fuera. Francisco ha dotado de un creativo estilo de guerrilla a sus jugadores, suficiente para imaginar que con él en el banquillo desde el principio los azulones hubieran navegado por mitad de la tabla, superando la precaria realidad de ser los terceros con menos presupuesto de Segunda División.
Comprobada la igualdad en esta categoría, el año próximo deberían perseverar en su ambición deportiva a todos los niveles y aspirar con un presupuesto más generoso a otras metas, como en baloncesto. Tienen el espíritu, la categoría institucional, la base deportiva, la dirección técnica adecuada y una afición creciente, y esperemos que la creatividad para no padecer otro año lastimero.
 Y el Real Murcia galopa con suficiencia hacia el ascenso; en Pontevedra lo manifestaron. Deseado Flores ha demostrado creatividad futbolera dotando de eficacia y murcianía al legendario equipo grana; ¡gran acierto! Ojalá alcance su meta, junto con el Cartagena de Belmonte —en la dificultad reside el mérito— y el Lorca, y el año próximo disfrutemos de cuatro equipos murcianos en Segunda. ¿Lo imaginan?

 Si soñar es vivir ideales, la realidad más noble es luchar por ellos. ¡Imaginemos sueños y fuera agonías! 

miércoles, 10 de mayo de 2017

ZIDANE Y SIMEONE, O "LA REVOLTOSA"


Cuando a finales del XIX López Silva y Fernández Shaw escribieron “La Revoltosa”, con el maestro Chapí, el fútbol no existía, pero de alguna manera anticiparon en su patio madrileño el ambiente que hoy se respira en el Madrid futbolero. Zidane y Simeone, cuan Felipe y Mari Pepa, se aman en silencio y desean sus contrapuestas virtudes futbolísticas.
El francés hizo salir al Bernabéu a sus jugadores con el objetivo prioritario de no encajar goles, que era el fútbol del libreto particular del argentino, y este inculcó a los suyos la prioridad de hacerlos. El mundo al revés. Por eso, los atléticos siguieron fieles al sensible cambio dibujado por Simeone esta temporada y dejaron solo a Gabi con la escoba del medio centro. Esto ha supuesto perder su antigua seña de identidad y encaramarse al loable carrusel del juego lucido, como vitola necesaria para dar un salto de calidad a los colchoneros, una vez demostrada su capacidad de permanecer entre los mejores de Europa.
Zidane, que ha tenido el acierto y la valentía de consolidar al joven Casemiro en el centro equilibrante de su juego, cuenta con el mejor goleador del mundo y seguramente de la historia. Hace meses, cuando  incluso le pitaban en el Bernabéu, comentaba con mis cartageneros de los miércoles, Pepe Cano, Ángel García —que colecciona experiencias relevantes —, Julio Mínguez y Pedro Conesa entre otros, y señalaba aquí, que Cristiano Ronaldo seguirá marcando goles juegue dónde y como juegue, aun con menos velocidad, y que si continúa los años que le quedan de fútbol encabezará a los goleadores históricos. El tiempo, juez incuestionable de todo lo mundano, dará o quitará razones, pero de momento apunta a eso.
Don Zinedine aprende partido a partido y demuestra que la exitosa flor que le atribuyen es un jardín de aciertos, aunque le salga alguna rosa negra. Ha tenido que lesionarse Bale, el segundo ojito derecho de Pérez —el primero fue Benzema—, para acertar con la tecla que tan certeramente le señaló Kroos: jugar con cuatro mediocampistas, aunque en realidad uno, Isco o el de turno, sea un media punta y otros dos  interiores muy ofensivos. No puede ser de otra manera en el Madrid, donde jugar para atrás no ha sido nunca reconocible ni está bien visto.
Respecto al malagueño, he comentado con otros amigos dos convicciones. A Faustino Cano, compañero de aventuras en el Real Murcia  que lamentaba con razón que a veces Zidane no pone a quien lo merece, por la suplencia inicial de Nacho; le apunté que el virtuoso Isco debería jugar con menos toques, mostrándose continuamente para agilizar el juego blanco, tipo Xavi, en lugar de querer  protagonizar jugadas de Guinness. Su calidad lo permite y el físico se lo agradecería. A mis entrañables Paco Vera, Ildefonso Morcillo, Carlos Ovejero y Oscar, colegas semanales de frontenis, les he confiado que así jugará poco en el Madrid. Y les recuerdo que Guti atesoraba más calidad y condiciones físicas que él y nunca fue titular indiscutible. Hace poco nos decía a un grupo de futboleros el legendario Asensi, que el Flaco —por Cruyff— les dijo nada más llegar al Barça en 1973 que la que debería correr era la pelota, y añadió con sorna que Charly —por Rexach— decía que correr era de cobardes. Resumía, con el ejemplo de Busquets, que siendo la velocidad imprescindible la mental es la más determinante.
Zidane lo sabe y por eso anda haciendo probaturas con el cuarto medio en cuestión: Isco, James y Kovasic, con condiciones diferentes, se rifarán el puesto hasta que alguno lo entienda también, porque Lucas y Asensio son extremos más que volantes en su polivalencia, o hasta que venga alguien aprendido, que vendrá. Mientras, aprovecha a todos con notable fortuna.
Igual que Simeone sabe que debe salir del Atlético para crecer. En España y Madrid está condenado a ser un segundón, reñido con su carácter, porque lo han encasillado en el fútbol aguerrido, y el vistoso, de momento, no le sonríe con los atléticos. Quizás su valiente apuesta de este año sea querer demostrar lo que le niegan: que puede ser técnico para equipos como Real o Barça. Italia y Francia lo esperan.

Así, los protagonistas de esta Revoltosa futbolera separarán sus destinos. Zidane continuará cultivando flores triunfales, y que dure, y Simeone cardará otros hilos para hacerse el traje florido que anhela. Ojalá inaugurara el nuevo estadio porque el drama colchonero sería encontrarle sustituto. 

lunes, 23 de enero de 2017

¡VIVAN ESTAS CRISIS!


Gracias a ellas el fútbol es un juego diferente. Si no fuera así, el Real Madrid o el Barça lo hubieran ganado todo siempre. La historia demuestra lo contrario, por mucho que sean hegemónicos en España, y en buena medida en Europa y el mundo.
Sin entrar en títulos aislados,  que hacen a los clubes grandes, el marchamo de grandes entre los grandes son sus dobletes, tripletes o “muchospletes”. El  Real ha conseguido ocho triunfos dobles en su historia si miramos los  de más lustre: Liga, Copa, Copa de Europa, Europa Ligue o las antiguas Uefa y de Ferias, y la extinta Recopa; en las temporadas 1957, 58 y 62 (las de Di Stéfano y Gento) y en la más espaciadas de 1975, 80,86,89 y 2014; sin ningún triplete en sus alforjas. El Barça ha conseguido nueve dobletes: 1952,53 y 59 y 60 (los años de Kubala) y en 1992, 97, 98, 2011 y 2016 (estos dos últimos con Messi), a los que suma los tripletes del 2009 con Guardiola y 2015 con Luis Enrique, también con Messi de estrella fundamental.
Los Bilbao, Zaragoza, Sevilla y Atlético de Gil también tienen algún doblete histórico, aunque excepcionales.
En resumen, ocho dobletes merengues contra nueve culés y dos a cero para los blaugranas en tripletes. Y como dato singular, el Barça le ha dado la vuelta a la historia coincidiendo con la presidencia de Pérez en el Madrid. En su etapa ha conseguido un doblete  mientras que sus rivales por antonomasia han ganado dos, además de los dos únicos tripletes del fútbol español.  Datos son amores: antes de él, el Real reinaba en títulos oficiales y con él, el Barça lo ha rebasado. Pero es que, hasta en la intrahistoria blanca le gana Bernabéu, su referente, con quien intenta compararse. Con don Santiago el Madrid ganó cuatro dobletes y con don Florentino solo uno, sin entrar en comparaciones monetarias. Si bien es cierto que estuvo treinta y seis temporadas y el “ser superior” no llega a la mitad; pero al tiempo, con sus estatutos busca eternizarse. Y aún le falta su franquicia, porque a Cristiano lo fichó Calderón, aunque lo soba arteramente, y hace bien.
Hablan de crisis en el Madrid por perder dos partidos seguidos tras cuarenta sin conocer la derrota; ¡bendita crisis! Sigue liderando la Liga con un partido menos y está en octavos de la Champions, aunque tenga un problema en la Copa — yo del Celta no estaría tranquilo—.  Aparte de ser el máximo goleador y el cuarto menos goleado, y ahí tiene un problema; empatado con el Barça en 17 encajados, tres más que el Atlético y el Villareal. 
Por la Liga han pasado los mejores, salvo Pelé, y ahora disfrutamos del mejor del mundo y de quien puede llegar a máximo goleador de la historia; Messi y Cristiano, y mientras que el argentino será legendario, como en su día lo fueron en mayor o menor medida Kubala,  Di Stéfano, Gento, Puskas, Butragueño, Raúl, Xavi Guardiola o Cruyff —estos últimos por distintos motivos— el portugués no  pasará de ser el mejor goleador en la historia blanca, salvo que en sus últimos años madridistas logre remontar los laureles del club del último decenio.
A los goleadores da pena verlos en sus rachas ciegas, como ahora le ocurre a Cristiano; parecen torpes. Ahí y en la aparente orfandad de sistema está la clave de la falsa crisis blanca, pero no es solo eso.  Ramos es su segundo goleador, y eso indica que los demás delanteros no la enchufan.  En un equipo que aspire a todo, es un bache.  Si el luso hubiera estado acertado en Sevilla, o Keylor, probablemente hablaríamos de Zidane y el récord de imbatibilidad europea.
En la portería los fallos cuentan más que los aciertos.  La trayectoria de Casillas evidencia que es la posición más desaboría. Keylor nunca pasó de ser un buen porterico, en expresión futbolera, y tiene sus glorias contadas.
Recuerdo al Madrid campeonísimo perder en Elche contra un novato en los años cincuenta en el viejo Altabix. Chancho, ex murcianista, hizo ese día un marcaje extraordinario al mejor Di Stéfano.
Y al Barça palmar en la Condomina contra el Murcia de Kubala con el recordado gol del “negro” Sánchez a Zubizarreta por entre las piernas, en la portería del sector B. 
Crisis en un grande es cuando no gana nada un año, ni se le acerca, o  cuando se interesa en broncas algún cantamañanas mediático… 


viernes, 13 de enero de 2017

LOS IDUS DE GUARDIOLA


Cuenta el griego Plutarco que un vidente advirtió a  Cesar  del atentado que sufriría el 15 de Marzo, que era el primer mes del antiguo calendario romano.  Ese día se lo encontró camino del Senado y el emperador le dijo con ironía que los idus de marzo ya habían llegado, a lo que aquel le respondió que sí, pero que aún no habían acabado. Y lo mataron.
Guardiola fue a Inglaterra buscando un nuevo reto, que venía a ser también como la luna llena de un nuevo periodo. Y allí leería el “guárdate de los idus de marzo” de Shakespeare, en su obra Julio Cesar. Quizá anuncie por eso su retirada. O será su propio vidente, que cuadra más, y haya interiorizado la brevedad del fútbol; uno de los juegos más imprevisibles, asegura con razón.
Cruyff, su referente —¡cómo le añoramos!—,colgó la pizarra demasiado joven para todo, cuando aún le querían clubes poderosos y selecciones de postín. Y yo me inclino porque quiere emularle, en un afán de mimetizarse con quien le dio la oportunidad en el Barça muy joven, en contra de la opinión de algunos técnicos de la casa que querían largarlo porque era debilucho para la responsabilidad de un medio centro; estaba hecho un tirillas. Esas visiones discriminan a los buenos técnicos de los mediocres y malos.
Pero Guardiola se equivoca, salvo respetable apetencia personal. Nunca será Cruyff, aunque sea lo más parecido como técnico e incluso pudiera superarle con el tiempo que ahora se niega; como tampoco lo fue de jugador, donde las diferencias fueron abismales. El  holandés marcó el inicio del fútbol moderno; fútbol total, se decía, siguiendo el camino de Di Stéfano, para quien tampoco había posiciones fijas en el campo. Dos grandes del fútbol que siempre aparecen entre los cinco mejores de la historia.
Capello no ha descubierto nada anticipando la querencia de Guardiola por el Barça. Pero sería otro error mayúsculo optar a algo que no tuviera que ver directamente con el deporte.  Seguramente, el técnico italiano ha conjugado su barcelonismo con la deriva política, que es una debilidad manifiesta de don Pep.
En Munich habrá palpado la relevancia que mantienen viejos futbolistas como Beckenbauer, Hoennes y Rummenigge, que siguen en candelero desde los despachos y los palcos, opinando con autoridad por su prestigio y con poderío por sus cargos, haciendo y deshaciendo en el legendario Bayern. Pero ni Alemania es España ni su afición acuna la impaciencia de la nuestra. En Barcelona, por muy catalana e independentista que él la sienta, maman la misma leche que en Madrid o cualquier otra ciudad española, y no suele ser buena ante la derrota. Y eso él debería saberlo, por mucho que las pulsiones políticas le pongan una venda, como a tantos, y no le dejen ver la realidad.
Yo creo que lo mejor para el fútbol sería que personas entendidas, como sus ex profesionales, llevaran la batuta, pero no deja de ser otra utopía. Demasiadas veces, las filias y fobias suelen arrastrarse y al final, salvo gran inteligencia, tienden a formar camarillas tan irresolutas como cainitas. Y tampoco hay en el mundillo de los antiguos futbolistas querencia por arriesgar su dinero para que otros jueguen. Más bien al contrario, suelen acercarse a los clubes para seguir viviendo del fútbol. Y tal evidencia, que no es mala por sí, casa mal con los aficionados y la prensa deportiva; la mezcla de intereses económicos y deportivos es explosiva, y más aún cuando pintan bastos. Se da más leña a los ilustres, como en los toros.
A los españoles nos calienta la sangre el mismo genio que a los taurinos, y pedimos cabezas de dirigentes, como hacemos con los pañuelos para pedir orejas y rabos en la plaza. Incluso utilizamos idéntica música de viento y damos las mismas patadas al diccionario y a la mesura cuando se suelta la lengua. A las buenas, también ligeros de memoria, entonamos alegres olés y “con flores a María”.
Guardiola sabe que duraría en el palco lo que los buenos resultados; el calendario del fútbol español, al contrario del inglés o el alemán, es de hoja caduca. Debería seguir entrenando, que aún tiene mucho que aprender, como confiesa, y satisfacciones que dar a los futboleros de gusto, que son legión, y a los guardiolistas devocionarios, como es mi caso.

Murcianista y regionalista, con tinte merengón, ¡cómo disfruté con su Barça!  La mayoría canteranos y haciendo el mejor fútbol del mundo.  

lunes, 28 de marzo de 2016

LA SELECCIÓN NO HONRÓ A CRUYFF
Una pena; una lamentable pena doble: la pérdida de un grande de verdad, don Johan Cruyff, y la constatación de que el combinado nacional navega aguas abajo desde la gloria a la nada, aunque coincide que faltaban los dos jugadores básicos para darle a España el toque sutil de su reciente grandeza: Busquets e Iniesta; veremos si son capaces de ahormar a su vuelta un equipo de lentos hasta el aburrimiento. Salvando el buen fútbol de Morata y el espléndido momento de De Gea, junto al oportunismo del jovencísimo veterano Aduriz, los demás parecían “el camión del pescao”.
La primera parte del partido frente a Italia recordó sobremanera a la selección que tanto nos defraudó en el pasado mundial de Brasil. Y con esa frustración le di la razón al sabio gallego Luis Suárez, el único Balón de Oro español, que explicaba la dificultad de los jugadores españoles cuando juegan con la selección en la recta final de la temporada. Salen al campo con el freno de mano echado y con la marcha atrás como velocidad de referencia. No ganan un balón dividido ni llegan antes a cualquier pelota en disputa ni tocan balones adelantados. Le dan al balón con miedo, prefieren jugar para atrás y parece que llevaran muelles en sus botas: no controlan una bien.  Hasta mi admirado Juanfran, paradigma de lo descrito, parecía un tronco en lugar del junco que es en su Atleti.
Con el aturdimiento y la tristeza por el fallecimiento del irrepetible Cruyff, uno esperaba que apareciera algún destello del mítico holandés, el más conocido y admirado en el mundo según sus compatriotas, y cualquiera de los futbolistas en liza tuviera el detalle de homenajearle con lo que mejor sabía hacer: manejar el balón y los tiempos con la velocidad mental que luego se transmitía a las piernas para generar belleza anticipándose al contrario. Esperanza vana. Los italianos, un equipo ramplón carente de las virtudes que atesoraban, bastante hicieron con desbordar media docena de veces a la descolocada defensa española. Y los nuestros, torpes, medrosos y lentos hasta la desesperación, se dedicaron a deambular como almas en pena en Udine. Para ellos, los escasos sesenta segundos de silencio por el luto generado en España en un absurdo accidente de autobús, y en Bruselas por la barbarie de unos descerebrados que si de verdad se han inmolado bien muertos están y, si no, la verdadera justicia sería ayudarles a llegar inmisericordemente a su paraíso cuanto antes, junto con quienes les inculcan sus criminales deseos de gloria; duró noventa largos minutos. Mal camino llevamos.
Así, refugiémonos en el recuerdo de quien tanto de futbolista como de entrenador llevó el fútbol a la modernidad. Desde su irrupción en el Ajax de finales de los sesenta del siglo pasado, con refrendo de su juego en la selección holandesa, este juego dejó de basarse en las tácticas rígidas de los jugadores especialistas en defensa, medio campo o ataque, pasando al fútbol total como idea moderna. Y ahí, en ese todo campismo que había echado raíces con el otro grandioso innovador futbolero de una década antes, don Alfredo Di Stéfano, empezó a escribirse en letras de oro la idea, más que nunca, del juego en equipo y la solidaridad en el campo como bandera de los grandes y del mejor fútbol actual. Este deporte cambió gracias a esos dos monstruos de dos generaciones sucesivas, desaparecidos ambos también en poco tiempo, en sus dos décadas prodigiosas: 1955/1975.
El legado de Cruyff sigue presente a través de sus alumnos aventajados, con Guardiola a la cabeza, porque además de ser uno de los cuatro grandes sobre el césped, es de los pocos técnicos que hizo escuela y el único que aunó la gloria en ambas facetas.  
Recuerdo la tarde de noviembre de 1973 en la que debutó fuera del Camp Nou, en La Condomina, y junto a la expectación despertaba y el gol del empate del murcianista Canito en la portería del Sector A, me quedo con su elegante conducción del balón y su cabeza siempre alta, aparte del golpeo exquisito de la pelota y sus espectaculares cambios de ritmo.

Don Santiago Bernabéu reconoció a un amigo común entrañable, el valenciano Antonio Orts, quien me lo contó en confianza, su gran error al no ficharlo cuando pudo. El Madrid sufrió su juego, pero para los buenos futboleros, Cruyff es el referente del mejor fútbol moderno. Su Barça y España lo saben bien.    
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