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lunes, 19 de octubre de 2020

CA UNO ES CA UNO


Esa frase tan del pueblo atribuida al torero Rafael el Guerra explicita que no se le pueden pedir peras al olmo.

De Isco no esperen pases a la primera sin antes amagar hacia cualquier lado o medias vueltas con el culo como centro de su juego. De Marcelo, tampoco que sea tan buen defensa como atacante fue antaño, y últimamente ya ni eso; hace mucho que ni uno ni otro están para jugar en el Madrid. Y lo peor es que Zidane lo sabe mejor que nadie. Si a esas minusvalías le sumamos que el multiusos Nacho ya vivió sus mejores lunas de blanco y que Lucas Vázquez sigue en la plantilla por aquello de cubrir las exigencias europeas del cupo de canteranos para la Champions, tendremos el cuadro que explica parte de la debacle blanca contra el Cádiz; pero solo parte, porque en la segunda ídem el técnico cambio medio equipo y tampoco subió nivel.

La explicación también la resumió el mítico torero citado con aquello de “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. O lo que es lo mismo, andando no se juega. Ni velocidad ni garra ni desmarques ni juego con y sin balón ni ganas. Ese es el resumen del partido que hicieron el sábado los merengues contra los entusiastas y bien ordenados cadistas del tan modesto como extraordinario Álvaro Cervera. Que otro Álvaro, el ex madridista Negredo, con más mili que Cascorro y de vuelta de todo les diera a los blancos una lección de pundonor y saber estar de delantero a sus treinta largos, refleja la birria que protagonizaron los madridistas actuales. Solo Benzema, más solo que la una en sus meritorios esfuerzos, parecía tener el otro día vergüenza torera junto al lesionado y sempiterno Ramos mientras estuvo. Y eso también lo sabe porque lo sufre el entrenador gabacho.

¿Soluciones? Paciencia franciscana y que pase pronto este año a ver si para el siguiente llega la caballería en forma de dos o tres fichajes que galvanicen el panorama. Porque, a ver, ni Vinicius ni Asensio ni Rodrygo ni el propio Benzema ni ningún otro delantero actual garantizan veinte o treinta goles por temporada. Y ni Modric ni Kroos ni Valverde ni Casemiro, por buenos que sean o hayan sido hace años los primeros y sean también los segundos en tareas esforzadas, pueden manejar la brújula blanca con la exigencia que comporta aspirar a todo. Falta ver a Odegaard ocho o diez partidos seguidos de titular en el eje del juego blanco para calibrarlo.

El Barça tampoco tira cohetes, aunque tiene varios brillos que pueden iluminar el horizonte. Ansu Fati pudiera ser, el jovencísimo Pedri apunta maneras, Coutinho parece otro y Messi, aun desganado, aún le sobra categoría para arreglar descosidos en cualquier fogonazo. Sin embargo, Busquets ni entonado está cerca de su mejor versión, De Jong no termina de coger el mando y anda fallón, Griezmann no encaja, a Trincao le falta un buen partido, Aleñá y Pjanic están desaparecidos y a Riqui también le faltan ocho o diez partidos de titular y confianza para vislumbrar sus posibilidades. ¿Resultado? Pues que sin gol y escasas ocasiones, un Getafe sólido, legionario y bien aleccionado le baila tres puntos que podían haberle hecho engancharse a la cabeza tras el gatillazo del Madrid antes del duelo sabatino próximo, que pinta gris.  

El Atlético, aunque sume con los goles de Suárez, que tampoco baja el pistón, es una incógnita dados sus titubeos iniciales. El nuevo medio centro Torreira, mientras tuvo fuerzas, hizo un partido para la esperanza y la zaga colchonera continua en su línea de seguridad jueguen quienes jueguen. Sello Simeone, que tampoco descolore. Y el Sevilla euro campeón de Lopetegui dio la de arena ante el sorprendente Eurogranada, con un juego tan ramplón para sus intereses como la expulsión de Jordan y la derrota final; mal asunto para sus renovadas aspiraciones.

Con este preocupante panorama, la Champions que empieza puede ponernos en nuestro sitio.

Finalizamos con el petardazo de nuestra Selección ante la mediocre Ucrania. Luis Enrique, aunque quiera disimular la carencia de remate, debe reinventar la faceta goleadora de sus excelentes medios o probar a Traoré por el centro —en banda tapa a Navas— porque ni Rodrigo ni Gerard ni Olmo ni Oyarzabal ni otros son Villa o Raúl ni goleadores de garantías para su nivel de exigencia.

En el fútbol, como en los toros, sin espada no hay cortijo.

   

 

lunes, 28 de enero de 2019

NO SON TODOS LOS QUE ESTÁN



Aunque estén en plantilla, no todos sus futbolistas tienen categoría para estar en el Real Madrid ni en el Barça, que siempre será la máxima. En el Atlético sí tienen un nivel parejo y acorde con sus exigencias reales, ser el tercer grande, con una estrella como Griezman que les facilita mantener su tipo en el fútbol español y europeo. En parecida situación está el Sevilla.

El Barça sin Messi es mucho menos y el Madrid sin un goleador consumado es demasiado previsible. Así, el Barça se torna asequible para cualquier rival cualificado, aun poniendo en liza varios de los mejores del mundo, y el Madrid pierde sus señas de identidad, salvo la raza, que a ratos parece imprimirla su escudo. En los partidos de Copa en Sevilla y en Madrid, los blaugranas fueron un equipo ramplón y los merengues necesitaron dominar a mansalva para hacer cuatro goles al modesto Girona, dos de ellos del incombustible Ramos, como le viene sucediendo esta temporada. Esa orfandad de gol penaliza a los blancos y los fichajes contra natura de los culés castran su producción futbolera. No obstante, ver a Casemiro, Modric o Ramos resolver papeletas goleadoras es menos sorprendente que soportar a trotones como Boateng, el chileno Vidal o Murillo enfundados con camisetas que antes llevaron Pujol, Xavi o Iniesta y aún portan el mejor del mundo, Messi, Busquets y Piqué; virtuosos del juego y del balón. Al cabo, unos son campeones de Europa y del mundo y otros solo en sueños podían imaginar su canto del cisne donde están; nunca fue el Barça un equipo para que medianías torcieran sus últimas botas.

El desconcierto del Madrid es consecuencia del aciago traspaso de Ronaldo, con dudosos sustitutivos porque no tiene relevo natural, pero algunos fichajes de los sucesivos responsables deportivos del Barça son inconcebibles y desafortunados por igual. Sin ser exhaustivos, solo Démbelé, Arthur, Lenglet y en parte Umtiti, responden a criterios homologables con la categoría blaugrana; por ejemplarizar, los destellos de Coutinho no justifican ser el fichaje más caro de su historia ni lo del turco Arda tuvo explicación. Y aquí hallamos una paradoja que como tantas otras en este juego rubrica su característica azarosa  e impredecible: el Madrid carece de cuerpo técnico desde que Florentino Pérez decidió ser el máximo responsable deportivo y, por el contrario, en el Barça, Beguiristain, Zubizarreta, Robert y ahora Abidal se han responsabilizado de esa parcela en el último decenio. Y todos enjaretan briosos corceles y petardean por el estilo.  ¿Ustedes lo entienden? La explicación es que las únicas certezas del fútbol son que el balón es redondo y su escasa ciencia, al margen de la suerte, los discutidos árbitros o el polémico recién llegado VAR, que sin ser infalible ni perfecto ayuda a una mayor equidad y limpieza en el juego.

Decíamos que Vinicius todavía es una ilusión, pero hay que resaltar su geométrico progreso. Crece poderosamente partido a partido y para la inmensa mayoría ya es titular indiscutible. Sin embargo, es solo un espejismo en la mediocre delantera blanca. Recordemos lo ocurrido con Asensio o con el mismo Isco, teniendo el balear y el malagueño bastante más bagaje que el brasileño. Hay quien incluso ya lo compara con Neymar, en un ejemplo de la exacerbación transitoria que es consustancial al fútbol para lo bueno y para lo malo. Cuando siga creciendo en sus desmarques,  regales, buenos pases y marque quince o veinte goles por temporada, podría estar a ese nivel o incluso superior, porque provoca menos, trabaja más, es menos egoísta y parece más fuerte física y anímicamente. Yo le veo más parecido por esas virtudes a Démbelé, a quien parece superar en disciplina, pero no olvidemos que el francés está contrastado y  el brasileño todavía es un juvenil con aspiraciones.

Por otra parte, a pesar de que Löw está en la recámara de Pérez, Solari puede sonar su flauta por aquello de estar en el lugar justo en el momento oportuno. Y pudiera ser si el Real se reinventara de nuevo en Europa, llegando al menos a semifinales dignamente, y ganara la Copa del Rey con Vinicius cuajado, Asensio renacido y Llorente de alternativa real a Casemiro, sin ningún goleador eficaz y logrando un sistema de juego homologable a las exigencias del Bernabéu; muy difícil, siendo realistas. Ahora está fuera para la siguiente temporada, pero en fútbol todo puede cambiar en pocos meses; el último Madrid de Zidane fue un ejemplo.   


miércoles, 21 de noviembre de 2018

NI MILAGROS SIN SANTOS NI GOLFADAS SIN GOLFANTES



Luis Enrique no hará milagros con España. Ni él es un santo ni tiene futbolistas en olor de santidad. Luis sí lo fue. Y no tanto por sí mismo, que también, como por intuir sus infinitas bondades y poner en valor a media docena de futbolistas que traslucían gloria. Los bajitos que acercó a los altares confirmaron su santidad con el milagro de hacer a nuestra selección campeona de Europa y enseguida del mundo con un franciscano del balón, Del Bosque, quien tuvo su aura de santidad en la rara humildad de continuar la labor de su antecesor. Pero el tiempo pasado no vuelve.
De los ilustres que  nos llevaron a lo más alto apenas queda Ramos, viviendo ya también sus últimas lunas aunque haya ganado en capacidad de liderazgo, también desgraciadamente empezando a ser discutido por su paisanaje.  En España somos así. Si fuera inglés, alemán o italiano, aunque tuviera algún fallo, saldría a homenaje y ovación cerrada cada vez que se enfundara la camiseta de su país. Pero, ¡ay amigo!, como ocurre con nuestra controvertida historia pasada, la leyenda negra que le han colgado los impotentes a los que ha vencido empezamos a creérnosla también nosotros. Que si da palos, que si va de sobrado, que si es anárquico, que si ya no llega… ¿Ya no recordamos a aquellos futbolistas extranjeros de corte parecido, aunque no tan laureados, que nos llevaron por la calle de la amargura tantísimos años? En fin, somos así demasiadas veces. Admiradores acomplejados de ajenos y crucificadores veletas de propios tras súbitas ascensiones a los altares.
Ya no tenemos a ningún Pujol, Xavi, Iniesta, Silva, Cesc o Villa activos o en edad de merecer. Nos quedan el sevillano y Busquets, que tampoco es el de hace años. En Zagreb se vio. Pudo hacer unos cuantos cambios de juego sencillos y pases profundos a compañeros desmarcados y no se atrevió. Ahora anda encorsetado en el seguro del juego corto, que también padecen en el Barça, para que no se le rompan las costuras. Sigue siendo un excelente medio centro, pero añoramos al que fue mejor del mundo.
Y el remate mediocre es que los jóvenes que tanto apuntaban también la prefieren cortita y al pie. Isco, y Asensio, por ejemplos, el primero por definición y el segundo por inseguridad pasajera, esperemos; se lían en medio y no profundizan lo que debieran aunque a veces asomen su clase. Alguien debe recordarles que Guti tenía tanta o más, seguramente que los dos juntos, y pocas veces fue titular indiscutible en el Madrid y nunca en la selección. Saúl también es intermitente y De Gea ataja lo que para un buen portero, pero no los imposibles y decisivos que detenía Casillas, que sí fue un santo con milagros demostrados.
En definitiva, sin santos, tampoco esperemos milagros de Luis Enrique; más hereje que beato. Lo demuestran sus controvertidas decisiones y la errática explicación que dio tras lo de Croacia, comparada con las dadas tras sus triunfos en Londres y Elche; ahora resulta que está formando jugadores jóvenes. ¿Oiga, y la sub 21 para qué es? A fin de cuentas, sus efímeros éxitos en el Barça, por decir algo bueno, fueron más por ‘san Messi’ que por sus virtudes de estratega.       
   
DESVARÍOS Y DERBI MURCIANOS
Califiquen ustedes de listo y tonto a quien les parezca, contrastado que De la Vega compró a Moro sus acciones del Murcia sin pagarle un euro, aunque le aguarde un complejo panorama judicial para hacer buena la opción de compra que ejecutó por mucha razón que le hayan dado las instituciones deportivas. Y así, aun con dudas respecto a los tejemanejes del extremeño y sus cuates, pasemos página hacia la presunta golfería.
¿Trincaron irregularmente del club quienes propiciaron la llegada del mexicano y luego su expulsión para el aterrizaje de Gálvez?  ¿Dónde está el dinero de los abonos y la publicidad de esta temporada? ¿Hay algún acuerdo oculto de no molestar que propiciara la llegada del nuevo consejo? ¿Para cuándo las demandas por el dinero negro y blanco desaparecidos? Hay pruebas clamorosas.
Y el derbi se lo llevó el Cartagena porque tiene gol y el Murcia no. Aprovechó sus escasas ocasiones en veinte minutos buenos, desde que Munúa acertó sacando al bético Gracia y cambiando de banda a Moyita, y los granas desaprovecharon media docena en sus superiores setenta; ganas le echaron, pero no basta ante un equipo con el empaque  albinegro.
    


lunes, 5 de marzo de 2018

ZIDANE ESTÁ FUERA



Agotados sus esfuerzos por aparentar normalidades endebles, listo y observador, sabe desde la derrota liguera ante el Barça que su tiempo pasó. Por eso, tantas cosas.
Se siente futbolista, como demuestra la piña con su plantilla sabiendo que es manifiestamente mejorable, y no quiso a nadie en diciembre porque solo él y sus profesionales están en el secreto del vestuario.
Los capos del grupo que ganaron tanto en dos años, desde el pretérito machaque culé, no quieren que asomen por allí carismas diferentes que zarandeen la ‘omertá’ impuesta y aceptada por los demás como aquellas ofertas irrechazables del Padrino. Tampoco las nomenclaturas establecidas. Ni los esfuerzos medidos, que los años pesan. Ni los círculos viciosos. Ni los intereses creados. Ni nada.
En definitiva, y paradójicamente por su calidad, vuelve a cumplirse la inexorable ley asociativa de los mediocres: saben sus limitaciones, pero unidos por éxitos grupales pasados recelan de nuevos aportes revitalizadores; si son brillantes, más. En el fútbol, la veteranía miope agarrota futuros. Y la historia, esa película tan real desde la distancia, lo ha demostrado en todos los clubes; pequeños y grandes. Cuando la treintena mengua el relieve de sus figuras simbólicas, si son raciales, no hay técnico ni presidente que pueda barajarlos, salvo con látigo de varias puntas, porra o guadaña inmisericorde. Y en esas estamos.
Ancelotti tomó partido por los jugadores y Florentino no lo perdonó. Benítez, al contrario, lo hizo por su libreta y por el jefe y las figuras lograron que también lo largara. Y Zidane, que sí es un hombre del presidente y lo conoce como pocos, tomó antes de navidad la decisión de irse en junio porque la humillación culé conlleva guillotina ‘florentinesca’. Y enseguida, conocedor profundo también de ciertos códigos futboleros, se alineó con sus consentidos para tener aliados. Pérez, como Roma, no paga a traidores, pero él se sentía fuera y decidió envainar la espada ejecutiva que su piramidal cargo requiere. Prefirió el diferido laurel de valiente por mantener su postura si alguna flauta sonara. Y solo queda una.  
Mantengo una duda shakesperiana: el ser o no ser del hacedor de la presente plantilla madridista, aunque tengo sospechas fundadas por algunas informaciones internas. Como la clave está en los goles, reiteraré dos casos paradigmáticos. Florentino repescó a Morata de la Juve para revenderlo, pero la ilusión del canterano, el acertado consejo de Zidane y sus goles frenaron varias operaciones en su momento. Después, por la desilusión de jugar poco sabiendo que tenía a otros por delante con menos méritos y más dinero — las apuestas del ojeador, mandamás deportivo y omnímodo Pérez—, cogió el olivo.  Y Mariano, según el presidente, tampoco daba la talla y era carne de negocio blanco. Desconcertado —el rostro en Cornellá cantaba—, Zidane lamenta mustio tales ausencias, pero su lealtad impedirá que largue. Tampoco lo hará después. Se irá como el señor que es, tanto con el señorito como con sus chicos.
Y ahora repasemos a los artistas. Cristiano es insustituible y no entra en  guerras ajenas a sus intereses, salvo cuando le tocan los bemoles; caso de Mourinho. Ramos es el hechicero y sí manda romana, prohijando como llueca a sus fieles con la inestimable ayuda del torpedo Marcelo, que diría Chiquito. Isco, aunque le sobre clase, no es jugador para el Madrid porque ralentiza el juego y le traiciona su narcisismo, por mucho que lo aclame parte del Bernabéu; esa masa borreguil que sustituyó el legendario ¡hala Madrid! por el cutre ¡vamos campeón!; la matraca de los campos y patatales menores. Asensio todavía tiene que mejorar; su individualista partido en Cornellá destapó carencias. Kovacic haría un magnífico papel en cualquier equipo mediano. Kroos está de perfil y Modric tampoco quiere guerras. Nacho, Casemiro, Lucas y Carvajal son clase obrera, y Llorente, Ceballos, Vallejo, Theo, Achraf y Mayoral harían mejor yéndose. Llegaron en el peor momento al ring más difícil. Keylor también se sabe minusvalorado, Casilla vive sus últimas lunas y Bale o Benzemá, o los dos, servirán de contraprestación al enorme desembolso que prepara el despechado Florentino.
El Madrid de Zidane, aunque elimine al PSG, escucha en capilla los trajines patibularios. Con goles hubo alegría, que decíamos; su único sistema. A otra cosa no ha jugado nunca. Y estos años no ha sido poco.
Y aunque todavía puede hacer historia en la Champions, no lo den por muerto, que es el Madrid; quien sustituya al francés portará navaja cachicuerna ‘ansoniana’ —por don Luis María—.   

lunes, 22 de mayo de 2017

PERSEVERANCIA, CREATIVIDAD Y AGONÍAS


Una Liga, una Champions, un ascenso o un descenso, aunque a veces pueda parecerlo, no se ganan ni se pierden en el último minuto del último partido, ni por los árbitros o la fortuna, siempre necesaria en cualquier juego; perseverancia es la baza, como en la vida.
Es sábado y mañana el Real Madrid entonará el alirón frente al Málaga de Michel, dejando atrás sus demonios tinerfeños a manos de los chicos de Valdano, a quien los forofos blancos mantienen en el baúl de sus fobias. Y no por aquello, superado por un cinco a cero con él de técnico en el Bernabéu a los blaugranas del hípercreativo Cruyff, su bestia negra entonces, sino por cuitas comunicadoras más recientes derivadas de una supuesta inquina suya con el madridismo florentinesco.
Luis Enrique hubo de recrear con Suárez y Neymar la gloriosa creación canterana de Guardiola, a quienes asoció meritoriamente con el príncipe Messi , circunstancia de la que algunos dudábamos, sobre los rescoldos del legendario sistema que entronizó don Pep. Y aunque le salió bien sus primeros años, ha acabado devorándole.
Al más billetero que creativo Pérez, su apuesta por Zidane también le salió redonda a la primera. Don Florentino, muy acertado, halló el talismán que lo encumbrará finalmente al Parnaso de las glorias blancas, diecisiete años después y  mil trescientos millones de euros gastados en fichajes mediante, que se dice pronto. Y hay que felicitarle, por mucho que se le puedan criticar otras cosas. Lo que es el fútbol: hace tres años meditaba una segunda espantada porque tampoco veía el camino de sacarle punta a su segundo proyecto, pero aquel cabezazo de Ramos en el noventa y tres en Lisboa iluminó las sombras que rumiaba con sus más cercanos. La duda  es que el omnímodo mandamás no se aburra pronto de su propio éxito, veleidoso como es, y opte por buscar horizontes alejados de su guardiolesco Zidane enarbolando su errónea máxima: ser entrenador del Madrid es lo más fácil del mundo porque basta con sacar a los mejores. No creo que cometa tamaño error; demostraría ser tan poco inteligente, y no lo tengo yo por tal, como cuando presume de sabelotodo futbolero.
Si los blancos ganan esta Liga, por lo que venimos apostando hace meses, será porque habrán sido mejores —y si no, lo sería el Barça—, y como dice elegantemente el propio Luis Enrique, habrá que dejarse de excusas y felicitarles. Y lo mismo con la que sería su doceava Champions. Además, ambos logros, tendrían el valor añadido de finiquitar la hegemonía blaugrana en el siglo XXI y el inicio de otro reinado merengue, tanto nacional como europeo.
Bajando nivel, el UCAM ha logrado hoy un merecido triunfo, quizás suficiente para mantener la categoría. De ahí el alborozo en el banquillo de los universitarios, invasión de campo incluida, cuando el aguileño Morillas hizo el tercer gol al final del partido. El equipo de José Luis Mendoza está a dos o tres puntos de conseguir su modesto objetivo para este año, de la mano de un buen entrenador con los mimbres —salvo Iban Salvador— que heredó del agonías Salmerón, que nos recetaba triste sufrimiento hasta el final jugando con nueve o diez por detrás del balón y largando pelotazos hacia arriba; les he seguido toda la Liga tanto dentro como fuera. Francisco ha dotado de un creativo estilo de guerrilla a sus jugadores, suficiente para imaginar que con él en el banquillo desde el principio los azulones hubieran navegado por mitad de la tabla, superando la precaria realidad de ser los terceros con menos presupuesto de Segunda División.
Comprobada la igualdad en esta categoría, el año próximo deberían perseverar en su ambición deportiva a todos los niveles y aspirar con un presupuesto más generoso a otras metas, como en baloncesto. Tienen el espíritu, la categoría institucional, la base deportiva, la dirección técnica adecuada y una afición creciente, y esperemos que la creatividad para no padecer otro año lastimero.
 Y el Real Murcia galopa con suficiencia hacia el ascenso; en Pontevedra lo manifestaron. Deseado Flores ha demostrado creatividad futbolera dotando de eficacia y murcianía al legendario equipo grana; ¡gran acierto! Ojalá alcance su meta, junto con el Cartagena de Belmonte —en la dificultad reside el mérito— y el Lorca, y el año próximo disfrutemos de cuatro equipos murcianos en Segunda. ¿Lo imaginan?

 Si soñar es vivir ideales, la realidad más noble es luchar por ellos. ¡Imaginemos sueños y fuera agonías! 

lunes, 13 de marzo de 2017

RAMOS, NEYMAR Y EL ÁNIMO


La remontada del Barça ha propiciado de nuevo el viejísimo debate que la semana pasada señalábamos, afirmando que los árbitros no golean. Y aunque el árbitro turco alemán cometió dos errores de bulto que favorecieron claramente al Barça: el penalti que pitó a Suárez y el que no a Di María, estamos donde mismo, porque antes de esas azarosas circunstancias se conjugaron las claves del desastre parisino.
Los de Emery salieron al Nou Camp con un ánimo suicida, y todavía nos preguntamos  si era el mismo equipo que goleó al Barcelona en París. Aquellos diablos que pasaron por encima de los encogidos culés parecían infantiles acogotados tras el gol escolar de Suárez a los dos minutos. Y a partir de ahí, es inconcebible que un equipo de Champions juegue con sus once profesionales de su línea media hacia atrás, que no centro del campo. Piqué y Umtiti ocuparon durante ochenta minutos la parcela teórica de los interiores blaugranas, con Mascherano un pelín más retrasado merodeando el círculo central. Y el vasco, pasmado en la banda, no supo o no pudo sacar a su equipo de la cueva, nunca mejor definido el espacio que pisaron, para dar alas a sus grandísimas posibilidades. Ahí estuvo la primera clave.
Y la segunda en la banda izquierda barcelonista, confiada solo a Umtiti, con Neymar de punta e Iniesta de volante de apoyo. Era previsible un roto descomunal por la velocidad de los delanteros rivales, pero el técnico vasco despreció tan evidente tecla.  Verrati, ese talentoso que nunca pasará de proyecto de figurón, amagó varias veces con lanzar por ahí a Moura, pero se daba la vuelta para buscar a Cavanni o Drexler, en quienes seguramente confiaba más. Cualquiera de ellos por esa banda hubiera podido ganar el partido. En fin, un desastre descomunal que podría traer a don Unai de vuelta a España para reinventarse. El fútbol tiene esas cosas. Una trayectoria envidiable tirada por el desagüe de una cagalera descomunal, en un partido que pasara al anecdotario vergonzante del fútbol.  Hasta el excelente y calladito Iniesta reconoció que el planteamiento contrario facilitó la histórica remontada.
Al margen de esas realidades, solo queda aplaudir el hito culé y celebrar que por fin se atisba cierto relevo al irrepetible Messi, aunque todavía le quedan años del mejor fútbol que se recuerda.  Neymar, a quien hemos criticado su infantilismo, teatro y absurdas actitudes chulescas, se coronó el miércoles como el otro yo del fenómeno argentino al encender la llama del ánimo culé.
El Madrid también jugó con fuego en Nápoles, con la lumbre fría de la indolencia en una primera parte irreconocible de los artistas de Zidane.  Aquí compitió igualmente el ánimo; ese talismán que por cualquier circunstancia del juego pone alas o plomo en las botas.  El mago que hizo brotar el genio blanco fue de nuevo Ramos, tan discutido por propios y ajenos como jugador imprescindible en los últimos años merengues.
En los momentos difíciles es cuando un líder debe demostrar que lo es, y el de Camas no se arruga. Ramos, sin ser un virtuoso del balón,  pero sí uno de los defensas más dotados técnicamente, tiene la fuerza de los elegidos y un corazón futbolero tan grande como ese Pizjuán que acoge vergonzoso los insultos de los descerebrados que no le perdonan su enorme personalidad. Y demostró también la raza que lo distingue al apagar el ánimo de los rápidos futbolistas napolitanos y el incendio de sus  camorristas en la grada.  El sevillano es un referente en la historia del fútbol español porque se recordarán durante decenios sus goles cabeceros.
El ánimo y el liderazgo estuvieron presentes también en el Atlético de Madrid de Granada. Sin Gabi, que es quien lo insufla y ejerce, pareció un equipo menor frente al correoso y aseado equipo nazarí. Koke, el relevo racial de Gabi, frotó la lámpara para que apareciera al final el genio de Griezmann. Ese portento que deberá salir más en Europa si quieren hacer historia. Mimbres tiene Simeone, pero deberán ser menos guadianescos que en la Liga.

Nuestra fortuna es que, un año más, coparemos los mejores equipos de la Champions, con permiso del Bayern. Y tres de ellos con posibilidades de orejona, aunque si el Sevilla de Sampaoli pasara el fielato inglés, el ánimo que decíamos los colocaría en el sprint.  El próximo técnico del Barça, Messi mediante, tiene en Leicester un reto decisivo. Y él lo sabe. Puede ser su mecha. 

martes, 31 de enero de 2017

PALOS AL BURRO DE ZIDANE


Se decía por la huerta que los palos hay que dárselos al burro cuando se cae. Y ni con los palos ni con este supuesto burro ni con aprovechar su caída concuerdo. Me gusta más prevenir y, en su caso, analizar después los porqués.
Estrategia, que estudiábamos, y no la gilipollez de llamar así a un córner, a una falta o cualquier otra jugada ensayada, por mucho que se enseñe tal disparate en las escuelas de entrenadores. Decía un viejo profesor de planificación que la estrategia está reñida con el corto plazo, como ocurre en la estrategia militar, donde nació el sentido del término; “el arte de la guerra”, de Sun Tzu. 
Ahora, en el caso del Real Madrid todo son palos al burro caído. Sin embargo, el sentido común y la experiencia futbolera nos muestran que los baches son una casuística habitual a lo largo de la temporada de cualquier equipo. Entre otros temas, el problema es más profundo: en ninguna otra plantilla de los clubes europeos con aspiraciones hay tanto  mediapunta por metro cuadrado. Y claro, si la manta es corta en otros puestos, como en el del medio centro o en el lateral izquierdo, y tiramos de ella para cubrirnos la cabeza, se nos ve el culo.
El asunto ha funcionado gracias al trabajo de Zidane y al entusiasmo contagiado a sus jugadores, no a ninguna flor, como se empeñan quienes le niegan el mérito, Sin  embargo, él y su Madrid suspendieron este verano el examen de estrategia cuando dejaron solo a Casemiro y cedieron a Marcos Llorente sin buscar un recambio de garantías, que los hay cercanos, como reiteramos aquí.
En Vigo se vio el desaguisado en cuanto las lesiones de algún básico los  dejó con las vergüenzas al aire. Y a pesar de todo pudieron pasar la eliminatoria a poco que a Cristiano no le hubieran traicionado los palos, a Ramos el remate —tuvo varias; una muy clara— o que la mala suerte no continuara siendo la compañera de juego del nuevo todocampista Danilo; ¡vaya tela! ¿Qué don Zinedine también se equivocó?, pues claro, eso pensamos algunos; jugó con cinco medias puntas cuando no eran para tanto dos goles, como se evidenció, y no se entienden las suplencias de Lucas Vázquez o Morata ni la posición de central de Casemiro. Benzema tiene querencia a la media punta  y el brasileño no tiene cintura ni oficio para jugar ahí; lo hace muy bien con los centrales por detrás —la corona del área blanca era una autopista— y  el francés precisa balones templados desde las bandas cuando su equipo necesita que deprede. Mucho más cuando está en la racha de secano que los goleadores también sufren ocasionalmente. Ahora, Zidane tiene que trabajar esencialmente las cabezas de todos.
A pesar del bache que sin duda atraviesan los blancos, sigo pensando que no llega a crisis. Y auguro que ni llegará, por mucho que escribir para el lunes con algún día de antelación tenga riesgos. Sin ser adivinos, hace tiempo dijimos que el Barça ganaría la Copa y que el Madrid levantaría la Liga, con la Champions como posibilidad complicada para ambos. Y en esa línea transcurre la temporada.
Y pasando del barro llegamos a los laudes, que también merecen atención. Es el momento de felicitar a personajes que no cuentan normalmente con el halago en esta modesta columna. Don Florentino Pérez ha estado oportunísimo recordando al Sevilla con el tema de Ramos que en el Bernabéu les levantaron el sitio a los ultras; como Bertomeú y el Barça. Con un par, ¡sí señor! El culpable, si se pudiera llamar así, de que el utrerano levante trofeos reiteradamente en el Madrid es el señorito del Nido.
Esa frase suya de que “en su equipo nunca ganaría dinero un canterano”, es para enmarcarla como ejemplo de la mayor estulticia de nuestro fútbol. En Nervión tienen una inmensa suerte llamada Monchi, que viene haciendo virguerías desde que el Sevilla buceaba por Segunda en la ruina. En otro caso, el ahora oscurecido no luciría los laureles conseguidos con su Sevilla. Es justo reconocérselos. A veces, apostar por alguien — Laporta con Guardiola— supone la gloria.
Y el otro a felicitar es Luis Enrique. Le preguntaron con guasa por la eliminación del Madrid  y respondió que solo le importa su Barça. ¡Olé! Cunda el ejemplo.
Los  extremos vergonzantes son ciertos periodistas bufanderos madrileños y similares de la catalana RAC1. ¡Estos sí que son burros!


lunes, 5 de diciembre de 2016

COMO EL CORAJE, EL CARÁCTER ES INSUSTITUIBLE



(A Pepe Pardo por su justa distinción municipal, y al Maestro Ibarra, amigos de don Salvador Ripoll. Murcianistas de pro y de carácter)

Ya lo aseguró el doctor. Si la tabla es la que manda y hay que llegar al balón antes que el contrario, decía también el sabio traumatólogo, jugar con la cabeza y correr con los pies es imprescindible, sin olvidar que el fútbol es un juego de choque y hay que disputar la pelota con determinación. Pero hay algo con lo que se nace, más allá de la técnica y la preparación física, que se perfeccionan y fortalecen en el entreno y el aprendizaje: el carácter, que también es previo a la personalidad; producto de aquel, de la formación y de la experiencia.
Hay jugadores que lo llevan en los genes, como Sergio Ramos y Suárez ahora, y antes Pujol y Raúl. Tan distintos como Messi, Modric, Iniesta o Ronaldo, que tampoco andan huérfanos del duende interior que les posibilita ser mejores cada día desde que andaban a gatas. El carácter se manifiesta en función del temperamento y las condiciones de cada cual.  Unos lo basan en la fuerza y otros en la maña; algunos lo exteriorizan y otros  lo mastican. El resultado es idéntico: un espíritu ganador en todo momento.
Y en los técnicos ocurre igual. Los hay que diseñan plantillas, sistemas y planteamientos con el fin de controlar desde el principio, casos de Guardiola, Klopp o Conte, lo que genera en sus equipos un fútbol vistoso, en el que también habría que incluir al novato Zidane, aunque aún ande en la búsqueda de su sello personal; y otros que lo hacen para jugar a la contra o con batallas infinitas en la defensa y en el medio, como Mourinho y Simeone, a quienes siempre justifican los resultados inmediatos por mucho que a medio plazo, especialidad del portugués, sus equipos acaban más sonados que las maracas de Machín. Los vistosos pueden lucir en cualquier equipo, con la incertidumbre que tanto reiteramos de que el fútbol es un juego y el azar influye poderosamente; y los peleones van partido a partido, que dice el argentino, o año a año en busca del título perdido como persigue don Xosé desde su desventura en el Madrid.
 El partido del sábado fue una muestra de lo que decíamos. El Barça de Luis Enrique es un equipo fabuloso con unas enormes diferencias con el resto de la plantilla. Ocho o diez, con otros tantos detrás que les faltan demasiadas cosas para inquietar a sus superiores, y arriba tres intocables. El Madrid de Zidane, por el contrario, aparte de Ramos, Marcelo y Modric, solo tiene a Cristiano y Bale como solistas imprescindibles; todos los demás son intercambiables, por mucho que las influencias presidenciales influyan en Zidane para considerar al guadianesco Benzema entre los indiscutibles. Menos mal que en un arranque de personalidad impuso a Casemiro hace un año en el medio centro, y otorgó papeles protagonistas a Lucas Vázquez y al canterano Carvajal, a quien desde arriba ya habían buscado sustituto en el inquietante Danilo.
En definitiva, solo hay algo que diferencia a los blancos de los culés: el carácter y el coraje. El hecho de que hasta los suplentes atesoren ese inmenso valor, casos de Mariano o Morata, evidencia lo que en el Nou Camp propició un punto importantísimo. Ramos y Modric fueron sus protagonistas, como podían haber sido cualquiera de los compañeros. El Madrid es así desde Di Stéfano.
Y hablando de carácter, en Murcia tenemos otro caso paradigmático. El UCAM no es tan malo como sus resultados manifiestan. El problema es que juegan encerrados atrás y mordiendo a la espera de cualquier patadón para marcar en un descuido. Solo achuchan cuando los de enfrente se repliegan tras ponerse en franquía, y hasta así generan ocasiones. Resultado: ¡sufrimiento!
Eso que tan increíble como desesperanzadamente proclama su entrenador. Mire, Salmerón, ningún seguidor merece que le dicte tamaña condena. Debería intentar que sus muchachos jugaran a algo más que aguantar el cero a cero. Al menos en casa. Después de verles media temporada, tiene mimbres para aspirar a más; la mala suerte que se proclama lo evidencia. Hasta el punto de que algunos piensan, ingenuamente, que se merece más.
Y de sufrir, usted mismo. Hay quienes no vamos al fútbol a pasarlo mal. Feo asunto. Los dirigentes universitarios deberían tomar nota. Como también diría el entrañable Ripoll, olfateo efemérides luctuosas.

       

lunes, 10 de octubre de 2016

ENTRE EL DÍA Y LA NOCHE NO HAY PARED


Y entre la excelencia futbolera y torcer botas, tampoco. Lo primero lo aprendí de un compañero hace muchos años, Domingo, director de una oficina de CajaMurcia en La Palma de Cartagena. Y lo segundo lo vemos partido a partido los aficionados en cualquier campo.
Decía mi colega, cuando fui a visitarle a su oficina recién abierta, que iba a triunfar con toda certeza en su también recién estrenado cargo porque se fe residía en el trabajo sin desmayo y sin horas; ¡qué personaje! Y lo hizo, naturalmente.
El otro día, frente a Italia, España lució un juego extraordinario durante setenta minutos, pero se asemejaba más al fútbol sala que al fútbol grande porque el gol suele ser un pase más, y es lo que intentaron hasta el hastío nuestros internacionales. Nadie se atrevía a tirar desde fuera o al borde del área, y ni siquiera tampoco desde dentro. Y entre exclamaciones de asombro por la exquisitez de sus toques y toques llegábamos a la desesperación. ¿Pero es que ninguno de los seleccionados por Lopetegui tiene fe en su golpeo de balón? ¿Es que no se entrena eso? ¿Ni en sus equipos tampoco? Porque esa es otra. En el Madrid, por ejemplo, solo Cristiano, Bale y James, o Kroos cuando lo liberan de su inapropiado lugar en el medio centro, lo intentan. Y en el Barça, excepto en los golpes francos, ocurre generalmente lo mismo, salvo cuando Messi dispara tras una de sus endiabladas diagonales.
Koke, Silva e Iniesta tienen un excelente tiro desde veinte o venticinco metros, pero tampoco se prodigan en la selección, luego debe ser una instrucción de Lopetegui y  es un error mayúsculo. En el fútbol antiguo, en el que nos criamos algunos, los interiores nutrían de balones a los extremos para que estos centraran balones al delantero centro o a ellos mismos llegando desde atrás, y cuando no veían claro el pase disparaban sin remilgos desde fuera del área. Y hacían goles. Miren, si no, las estadísticas goleadoras de interiores legendarios: Puskas, Pereda, Luisito Suárez, Luis Aragonés, Schuster, Martín Vázquez o Michel, antes de especializarse en lo de falso extremo, y el mismo Hierro en el Valladolid y en el Real antes de bajarse a la defensa. A veces nos encogíamos en la grada al ver enfilarse a esos interiores para chutar desde lejos. Pero ahora todo es lo mismo. Se acorrala al contrario como si de balonmano se tratara, pasando el balón de uno a otro extremo, hasta que alguien pueda entrar hasta casi el área pequeña y la ponga a cualquier compañero. Y así es muy difícil, salvo que alguna vez suene la flauta mágica del artista de turno. Y como tampoco hay ahora grandes rematadores de cabeza con el balón en movimiento, otra especialidad que se ha perdido, pues a intentarlo una y otra vez hasta el aburrimiento del respetable.
Los futbolistas, como decía mi entrañable compañero, deberían dedicar mucho más tiempo, sin horas, a entrenar los tiros desde fuera, que son fuente inagotable de goles extraordinarios. En Murcia, el otro día frente al Mirandés, fue el atrevido Nono quien empató un partido para el UCAM con un sutil disparo al poste contrario desde fuera del área. Y es que, siendo la portería tan grande, cuando se ajusta el balón a un palo los porteros lo tienen complicado.
También  resultan inexplicables ciertas pájaras, traducidas en no llegar al balón antes que el contrario. Ocurre cuando un equipo se pone en franquía y deja de presionar, o si sale dormido del vestuario. Le ocurrió a España en Turín, y nos recordó a esa selección ramplona del mundial de Brasil o de la reciente Eurocopa. Sin tirar a puerta, meter la pierna ni correr no se juega al fútbol. Tomen nota también en el UCAM; en Getafe repitieron el pésimo partido de Zaragoza.

Y llegamos a Ramos. Es increíble la desafección que se le tiene, cuando falla, después de sus logros.  Los años pasan, que se nota para lo malo: la pérdida de la décima de segundo, pero también para lo bueno: la colocación. Y gracias a ello recordamos a centrales legendarios, ya treintones largos, pero sería difícil hallar un defensa con sus títulos y goles. Don Florentino, por ejemplo, sigue en el Real por el gol de Ramos en Lisboa; tenía previsto abandonar si perdía tras batir su propio record de presidencia infructífera en lo deportivo. ¡Ay, la falsa memoria!       
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