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martes, 5 de octubre de 2021

LOS TRAMPOSOS

 

De Luis Enrique a Laporta, o lo que es lo mismo, de un provocador vocacional a un mentiroso de vodevil, empeñados en jugar al trile con quienes deberían ser sus parroquianos predilectos: los aficionados españoles y los culés. Por eso, y siguiéndoles su juego de feria barata, deberíamos llamarlos trileros o, sencillamente, tramposos.

En aquella inolvidable película de Pedro Lazaga, con tal nombre, en la que un espléndido Tony Leblanc junto a una prometedora Concha Velasco y el inigualable Antonio Ozores brillaron como pocos en nuestro panorama cinematográfico, se reflejaba la clásica picaresca patria, transportada a los tristes decenios de la posguerra. Sesenta años después, para escarnio de algunos, indiferencia de demasiados, cabreo de muchos y pasmo de casi todos, el seleccionador nacional y el presidente blaugrana nos enseñan su bolita junto a tres cubiletes y nos prometen el doble de la apuesta si acertamos dónde la esconden.

Quedan lejos aquellas primeras manifestaciones de Luis Enrique, asegurando que llamaría a los mejores jugadores sin fijarse en edades ni colores, con la premisa de que fueran titulares en sus equipos.  Ya en la pasada Eurocopa, se olvidó de tal condición e hizo jugar casi fijos a varios que eran suplentes habituales en sus clubes. Y ahora, se supera seleccionando a otros por ser de su agrado personal, cosa entendible, pero no necesita adornarse, e incluso por ser promesas de futuro. Sin extenderme, ni Eric García está entre los mejores centrales españoles ni Brais Méndez es el mejor del Celta ni Gavi ha hecho méritos suficientes en el rato que lleva jugando en Primera. Y de los que no están, Brahim, Aspas, Mir, Raúl de Tomás, Williams o Nacho, que no son figuras mundiales —tampoco los seleccionados—, les dan sopas con ondas a quienes ocupan puestos que les deberían pertenecer, atendiendo a los criterios de ser de los mejores en sus respectivas demarcaciones y gozar de la titularidad en sus equipos.

El colmo fue que, según él mismo, estuvo a punto de llamar a Ansu Fati, quien solo ha jugado unos minutos tras estar casi un año parado por una lesión complicada en la rodilla. Sería fácil decir que son cosas de Luis Enrique o que tiene querencia culé, aspecto muy humano por incompatible que sea la bufanda de cualquier club en su responsabilidad, pero el asunto se enturbia si tenemos en cuenta que Eric García y Gavi comparten representante: Ivan de la Peña, íntimo del seleccionador. Y no se trata de una opinión retorcida, sino de simple información. Saquen sus conclusiones.  

Aparte de lo anterior, ya destacamos el buen papel de nuestra selección en la pasada Eurocopa y se le desea siempre lo mejor, pero también es oportuno decirle a Luis Enrique que se meta sus cubiletes y la bolita donde le quepan. Una cosa es ser aficionados españoles, otra comprarle sus trampas y resulta absolutamente rechazable que nos tome por gilipollas.

Joan Laporta llegó al cargo asegurando que tenía un plan serio y que la continuidad de Messi era su piedra angular. Pues bien, pasado casi un año desde sus promesas, cabe compararlo ahora con aquel que tras equivocarse en una llamada de teléfono y repetir el número que había marcado, a requerimiento de su interlocutor, este le respondió;” oiga, no ha acertado usted ni uno”.

Ni Messi está ni contaba con un buen técnico ni tenía el dinero ni los avales necesarios —tuvo que improvisar y rogar sobre la marcha hasta última hora— ni ningún plan bajo el brazo. Todo, mentira. Eso, por no hablar del potreo que lleva con Koeman, seguramente hasta que encuentre un sustituto de nivel dispuesto a ir al Barça; de su reticencia a traer a Xavi — estaría dispuesto con ciertas condiciones lógicas—; ni del reciente esperpento de proclamar su apoyo al técnico actual, cuando el pasado jueves, tras lo de Lisboa, había proclamado a un grupo de notables que estaba muerto. El miedo a quedarse sin parapeto, si lo echa, también cuenta. Como su falta de criterio.

Aunque la triste realidad es que Laporta manda poco en el Barça. Es un títere, manejado con rienda corta y bocado jerezano por quienes, in extremis, hicieron posible económicamente su presidencia.

Uno por provocador, porque le gusta, y otro por embustero, por impotencia, han devenido en trileros.

Sin embargo, lo importante sería que a la Selección y al Barça les fuera bien.  Estos tramposos no actúan en ninguna película divertida. Juegan con los sentimientos y el ánimo de millones de aficionados.

lunes, 5 de julio de 2021

LA GRANDEZA DE LEVANTARSE

 

La vida nos enseña y hace un año largo, demasiado, le reiteraba a un ser querido que no eran tan importantes los errores y fracasos como las veces que fuera capaz de levantarse.  Los meses han pasado y, ahora, esa persona me mira desde la seguridad que le otorga haberse superado y tener encauzada su vida. ¡Ay, el tiempo, maestro de tanto!

Rudyard Kipling, quien tanto nos inspiró a tantos, en su más célebre poema, If, señalaba el valor de levantar una nueva vida con los escombros de cualquier pasado triste. También, la personalidad de tratar de igual manera a reyes que a menesterosos. Y el carácter de afrontar el éxito y el fracaso como los impostores que son, porque, en todo momento, solo representan flores de un día. Lo verdaderamente importante es el camino, saber andarlo con honestidad, ilusión, dignidad, constancia, bondad y coraje. Homero y su Odisea siempre presentes, como tan líricamente recogió Kavafis en su Ítaca.

Unai Simón, portero titular discutido de nuestro combinado nacional, resumió todo lo anterior con su magnífica gesta en dos partidos consecutivos. Ha pasado de bulto sospechoso a héroe tras un fallo garrafal —hazmerreir mundial—, sobreponiéndose al bochorno con cuatro paradas antológicas, dos de ellas en penaltis decisivos. Pero, además, tocó el cielo de los elegidos con un gesto de humildad y reconocimiento a su rival: cuando recibió el premio al mejor del partido, exclamó que él se lo hubiese dado a Sommer, portero de Suiza —paró todo lo que fue a su portería, que fue mucho, permitiendo a su equipo llegar a los fatídicos penaltis finales—. 

Escribí del portero vasco que alternaba cantadas con genialidades, pero no sabía nada más de él. Ahora, pasado el tiempo efímero de esta Eurocopa hasta semifinales, me ha ganado para siempre. Estará, y creo que en el de muchos, en uno de esos recuerdos que los aficionados guardamos como pequeños tesoros de nuestra pasión deportiva. Un tío grande, como lo definió el mítico Casillas, que también sabe de caídas y levantadas legendarias.

Junto a Unai Simón, es el momento de resaltar al equipo de autor, ahora sí, de Luis Enrique, tan malafollá de libro como buen técnico, demostrado. Perfecto no hay nadie, pero la fidelidad a las ideas propias y la perseverancia, salvo obsesión ciega, son precursoras de éxito. El seleccionador lo ha conseguido llegando a donde nadie nos esperaba previamente. Ni la inmensa mayoría de aficionados españoles. Las semifinales de esta Eurocopa son ya el triunfo de un equipo joven y nada experimentado en grandes disputas internacionales, salvo las excepciones de Busquets y Alba, acompañados de dos currantes admirables, Koke y Morata, con Azpilicueta dando por fin el nivel que merecía en nuestra selección.

Decíamos la semana pasada que el predominio del conjunto sobre las figuras era lo más significativo del presente campeonato. Italia y España lo han refrendado y mañana martes escenificarán en Londres el valor de saber a qué se juega y la ventaja competitiva en el fútbol de la solidaridad frente al individualismo.

A priori, los de Mancini, que venían de una etapa oscura en el escaparate internacional, encadenan una racha de resultados tan impoluta que los hacen claros favoritos; más de treinta partidos imbatidos. Pero he aquí un factor que ayuda siempre al más débil. Los de Luis Enrique jugarán sin presión, conscientes de que todo lo que venga ya es un regalo, y eso les hace temibles, como pensarán los italianos.

Jugar al fútbol sin presión es mano de santo para lucir cualidades que la competitividad responsable esconde. Quizá descubramos nuevas y sorprendentes virtualidades de nuestros internacionales, hasta encumbrar a algunos al estrellato que hasta ahora se les niega; unos por trayectoria sinuosa e irrelevante y otros por noveles o desconocidos. Ojalá suceda.

Es imprevisible hasta donde llegará España, capaz de todo ante cualquiera, pero, ojo, hasta ahora no ha perdido. 

Y hay otra cualidad que me agrada sobremanera. Con la excepción de Luis Enrique, porque la cabra siempre tira al monte, intuyo que en caso de que el triunfo se alargue hasta la final, nuestros muchachos no serán de aquellos que por soberbia nunca se recuperan de un éxito. Al contrario, algunos sí saben reponerse dignamente tras fracasar. De propina, la unión y el compañerismo también les honran.

Brindo por ellos, especialmente por Unai y Morata, incluso por Luis Enrique —que sabe bastante de esto—, y por quienes nos enseñan cada día la grandeza de levantarse.

lunes, 16 de noviembre de 2020

CASTRADORES EN LA DICTADURA DE LA NORMALIDAD

 

Me gustan las novilladas y los partidos de juveniles porque el genio aflora. Sin embargo, cuando aprenden a torear o a jugar con profesionales, la mayoría se malvan.

Cuando se curtían en capeas y calles, en vez de pisar escuelas de toda ralea, escanciaban después las esencias atesoradas. Y los buenos, todavía ahora, visten de luces o portan camisetas importantes encaramados a su genio si tienen la suerte de maestros inteligentes y respetuosos con su personalidad. De lo contrario, si les enseñan los intríngulis del oficio profesionales del días y ollas y del prohibido inventar o molestar, se tornan en burócratas de lo mediocre en lugar de crecer. Y hay demasiados castradores del arte en la dictadura de la normalidad.

He coincidido con aficionados veteranos siguiendo a novilleros y toreros, y uno de ellos, en uno de esas sentencias de sabiduría popular, me dijo: “en cuando le han enseñado a torear ha dejado de gustarme”.

Recuerdo los primeros partidos de Vinicius y de Ansu Fati como estallidos ilusionantes. Eléctricos en sus regates, veloces, sin complejos ni miedo a perder balones, perseverantes en los encares y perfilados siempre hacia adelante. Desgraciadamente, conforme juegan partidos cogen poses y vicios conservadores, aunque todavía amagan genio; seguramente más veces de las que quisieran sus técnicos e incluso algunos de sus compañeros.  Guardo en mi retina muchos casos parecidos en sesenta años de fútbol.

Por eso, cuando disfruto de Messi o de Cristiano casi tanto como el primer día, doy gracias a Dios de que nadie les haya “enseñado” nada. A ellos, afortunadamente, ningún funcionario del balón ha conseguido castrarles. El argentino dribla con la misma perseverancia que cuando tenía diecisiete años y le importa poco perder uno o diez balones. Y el portugués ve portería por todos sitios, aunque a veces se desespere por no hacer gol pese a infinitos intentos. Si acaso, algún entrenador inteligente les ha cambiado de posición para explotar mejor sus condiciones o los ha ido centrando conforme pasan años. 

Hay técnicos que se trastornan con la pérdida de balones en ataque, pero les importa poco trastornar a sus genios o aburrir a los aficionados que deben soportar un estilo mal copiado de aquel gran Barça de Guardiola y de nuestra Selección desde Luis, queriendo controlar siempre el juego tocando y tocando, saliendo desde atrás, sin tener en cuenta si tienen o no futbolistas adecuados: Xavi, Iniesta, Senna, el mejor Busquets…

Y también hay futbolistas veteranos o con más nombre que fuerzas que les trastornan los jóvenes recién llegados queriendo explotar sus condiciones de descaro y velocidad. Las palabras de Benzema a Mendy respecto a Vinicius son un claro ejemplo. El francés, buen jugador sin lugar a dudas, prefiere el pase corto y la pared futbitera al juego largo o la velocidad. En su especialidad es un genio también, pero nunca le han dado las piernas para llegar al remate tras una carrera de cuarenta o cincuenta metros. Por eso, aunque destila arte en su estilo, jamás ha sido un goleador regular de veinticinco o treinta goles por año. Y ya lleva alguna decena jugando con los mejores del mundo. Si a cualquier otro delantero centro de los que han pasado por el Madrid en esos años le hubieran dado las infinitas oportunidades de las que ha disfrutado por ser quien es, seguramente hubiera hecho más goles que el ojito derecho de Pérez. Solo en sus últimos dos años se ha convertido en esencial, con justicia, pero en sus primeros seis o siete tuvo a la afición blanca dividida por indolencia persistente.

Y llegamos a la sinuosa selección de Luis Enrique: ni está ni se le espera entre las mejores de Europa. No se trata del facilón recuerdo de los ausentes, pero tal vez con Thiago y su generación: Canales, Aspas, Koke, Parejo, Alcácer…, mezclados con jóvenes, podría mejorar. En todo caso, el fútbol español está en transición, pero no ayuda dejar a Traoré —imprescindible— en el banquillo o sacarlo por la izquierda cuando el carro zozobra, como ocurre con varios de sus compañeros que lo buscan solo a la desesperada.

Tampoco es camino empecinarse en sempiternos jugadores de club; siempre los hubo. Buenos en sus equipos, pero romos y faltos de genio para conquistar mundos. Y el sábado ante Suiza sacó demasiados: Olmo, Oyarzabal, Merino…

Además, como sentenció un técnico de culo pelao, Paco Jémez, “¿si tengo un buen delantero, por qué voy a inventarme otro falso?” 

 

 

martes, 27 de octubre de 2020

YA TENEMOS OTRA

 

Con otro penalti para la historia de los clásicos, esta vez penaltito por agarrancico, ya tenemos de nuevo la burra de las decisiones arbitrales en el trigo de los llantos blaugranas. ¿Qué otras veces ha sido al revés? También, pero suele coincidir con lamentos oportunistas por impotencia.

Otro tópico típico es lo de que estos partidos suelen decidirse por detalles. Y así fue el tempranero del sábado.  Un detalle arbitral tan bien sancionado como si no lo hubieran hecho, en un encuentro equilibrado con más emoción que juego y menos expectativas que ilusión, aunque a partir de ese momento el Madrid fue sobradamente mejor. Dos equipos venidos a menos con su relevancia europea perdida. Incluso en la Liga, no ya los medianos sino también los modestos le han perdido el ancestral respeto. Cualquiera le pinta la cara con apenas dos o tres jugadores destacados que no serían ni suplentes en sus millonarias plantillas. Esta categoría actual de Madrid y Barça convierte en anecdótica cualquier deriva arbitral.  Como justificación, reseñar que andan en una etapa de renovación tan problemática como importante. Los blancos, huérfanos de gol desde la marcha de Cristiano y los culés anticipando el duelo por la próxima de Messi. Los goles patentan sistemas de juego, los que sean, y hacen figuras de futbolistas acompañantes que sin su aura serían normalitos.     

Volviendo a lo del sábado, por momentos, como bien ha señalado Schuster, parecía un divertido encuentro entre solteros y casados en lugar de un duelo en la cima del fútbol español. A falta de intensidad, brillo, velocidad y juego recio de los veintitantos que saltaron al césped, la emoción la propiciaron más Zidane y Koeman que sus talentosos futbolistas con planteamientos vivificantes que entretuvieron al respetable televisivo y alegraron la juventud de unos y reverdecieron el venerable pasado de otros. Si en un partido tan blando de merengues y culés los coge un mihura europeo les hace un siete. Así, bastó un chispazo de Benzema —magnífico por otra parte, como casi siempre desde hace un par de años— y otro de Messi para servir en bandeja sus goles a Valverde y Ansu Fati, con la imprescindible colaboración del movimiento de arrastre de defensas culés de Asensio y el desmarque y pase en franquía de Alba al morenito recordman barcelonista. El broche final de los ilustres fue el gol de la sentencia, gustándose, del Cruyff balcánico Modric, sin olvidar la seguridad goleadora del incombustible Ramos. Y eso fue lo reseñable futbolístico. Quedan para la historia otra manoseada e indecente trifulca arbitral de los desmemoriados y deslenguados de turno y tres puntos balsámicos para el yaciente Madrid.

Punto y aparte para Zidane, que con todas sus carencias sigue sin perder en el Nou Camp. ¿Suerte?, ¿acierto?, ¿o que tiene más vidas que un gato? Ustedes mismos, pero no presupongan ciencia al fútbol.

El Atlético superó la resaca europea que no pudo digerir el Sevilla y siguió a lo suyo. No encajar y conseguir algún golito para mantenerse en el palmito. Si acaso, lo más reseñable es que ese delantero inventado por Simeone, Llorente, sigue pidiendo a goles y fútbol total ser seleccionado por Luis Enrique. Es, quizás, de los pocos todoterrenos españoles que no desentonaría enrolado en cualquiera de ellos con similar entrega, garra, potencia, velocidad y eficacia.

El tema es que esta semana tenemos otra vez Champions y puede que se agrave la postración de unos y vuelvan la febrícula preocupante y la irrelevancia a otros.  O no, porque tampoco debemos olvidar que esto es fútbol, y como juego de suertes y alternancias lo que hoy es blanco mañana puede ser negro y al revés, ni que aun en su decadencia, Real y Barça disponen de mimbres y solistas que todavía pueden componer cestos majestuosos e interpretar sinfonías asombrosas si les acompaña el ánimo, las fuerzas, los compañeros y la suerte. Nunca se puede asegurar nada cuando entre el éxito y el fracaso media una pelota y noventa y tantos minutos.  

La semana pasada aventuramos que Luis Enrique debía reinventar la capacidad goleadora de sus medios o mover piezas hacia el centro de la delantera. Koeman acertó devolviendo el sábado al juvenil Fati a su antiguo puesto infantil de delantero centro.

Con confianza, Traoré en banda y Ansu por dentro podrían formar un dúo demoledor. Tiempo y hierba, que decía un sabio tratante respecto al engorde de corderos. 

Finalizando, ¿conspiraciones arbitrales? ¡A llorar al árbol!, que decía Jesús Belascoaín; amigo ilustre.

 

lunes, 12 de octubre de 2020

DEL PELLIZCO A LA GATERA


 

¡Trallazo de luz!, versificaba con su voz enronquecida el gran dramaturgo y   poeta murciano Lorenzo Fernández Carranza refiriéndose a su Cehegín del alma. Ceheginero a gala, mi tristemente desaparecido amigo hacía bueno el poema  If de Kipling porque jamás perdió la dignidad ante el éxito —ganador del Lope de Vega de teatro en 1980 con Los despojos del invicto señor y finalista tres años antes con Años de ceniza, cuando lo ganó Fernando Fernán Gómez con sus bicicletas para el verano— ni ante la precariedad de su famélica y sempiterna bohemia militante. Murió como vivió; pobre, humilde, soñador y altanero, sin embargo, cuando de defender el arte, la amistad y la honradez intelectual se tratara. Siempre recuerdo su figura y su voz de trueno cuando algo me pellizca poderosamente y siento un trallazo en las entrañas.

Descubrí la enorme transformación de Adama Traoré en la pasada Europa Ligue, cuando hizo un jugadón con su Wolverhampton desde el medio campo por el centro para conseguir un gol de bandera yéndose en velocidad por potencia y cambio de ritmo de varios rivales.  Y sentí tal pellizco que investigué hasta no comprender cómo un futbolista así no estaba en un grande español y se le había escapado al Barça años antes. Y tampoco entendí cómo no era titular indiscutible de nuestra selección nacional. Meses después, Luis Enrique se atrevió a ponerlo e imagino el trallazo de luz que sentirían quienes no lo conocieran. Un pellizco alegre en las entretelas futboleras porque hace mucho que se han perdido los antiguos extremos que se iban por potencia y velocidad para poner balones de gol a sus compañeros. Fútbol sencillo y de verdad. Fútbol del bueno al margen de gustos, tácticas y disquisiciones técnicas.  Fútbol que nos pone a todos de acuerdo, como el sabor auténtico del marisco fresco bien cocido o el buen vino, que decía otro ilustre a quien recuerdo más cada día cuando saboreo el fútbol bueno como expresión artística; el tan inigualable como irrepetible maestro Juan Ignacio de Ibarra.

Así de clara es la autenticidad en el fútbol, como también lo es en la vida misma. Luego vendrán los matices, las opiniones y el tiempo de cocción de cada jugador o de cada cosa, pero lo que nadie discute es el trallazo de luz que han supuesto el español de origen malí y el juvenil Ansu Fati, también con raíces africanas, para los aficionados españoles. Y cuando los veo recuerdo a aquella selección francesa de Tigana y Platiní que fue campeona de Europa en 1984 con más de medio equipo compuesto por jugadores de color. Una de las ventajas de la integración racial en cualquiera de nuestras sociedades occidentales, como sucede desde siempre en el deporte de EEUU. Algo que inevitablemente vivimos en España y que ojalá nos sirva para bien y no para todos esos males apocalípticos que tantas veces nos anuncian algunos y que a veces tendemos a asumir por la problemática que también acarrea. Adama y Ansu podrían ser ejemplos para unos y otros; también en lo personal, porque rezuman sencillez y humildad en el triunfo. Ejemplos de que la convivencia es posible desde el respeto y el esfuerzo, pero también desde la comprensión, la generosidad y la esperanza.

Y llegamos a las gateras, esas vías de escape para usar en la indignidad. El sábado me preguntaron en Cartagena cuándo empezaba a jugar mi equipo. Se referían al Real Murcia, claro. Y en ese momento sentí otro pellizco, pero de humillación. Y no por quien me requería, que además de buena gente goza de mi cariño y es sentimiento recíproco, sino porque no encontré respuesta adecuada a lo que realmente sentía.

En décimas de segundo di un paseo por la historia y mi confusión fue mayor. ¿Empezar a jugar? ¿A jugar como cuando subió de Tercera a Primera en dos años? ¿Como cuando permaneció varias temporadas en Primera? ¿Como cuando a fuerza de ser campeón sigue siendo el rey de Segunda? ¿O como cuando subimos a Segunda siendo campeones de todo con un grupo de amigos en la directiva, o qué? 

Y la realidad se impuso a los recuerdos e incluso a los sueños. Mi amigo se refería a esta próxima y seguramente aciaga temporada, en la que permanecer en Segunda B sería un éxito.

Al final veremos quién o quiénes tienen que coger la gatera. Y no será por falta de advertencias y ocasiones. Una verdadera pena. Un drama.

 

martes, 6 de octubre de 2020

LA PASIÓN MANDA

 

Se dirige con la cabeza, se ejecuta con las entrañas y juegan el tronco y las extremidades. Pero si no se le echa pasión, el fútbol y cualquier deporte, como todo en la vida, resulta anodino, reiterativo y cualquier cosa menos emocionante. Tanto si te llamas Ansu Fati y tienes menos de dieciocho como si te llaman leyenda por otros tantos años en activo y respondes por Jesús Navas.

Con las entrañas se nace, y en ellas también van de serie las capacidades de cada cual. Por eso dijimos que así como Vinicius vino equipado de la imaginación y el desborde, nunca tendrá el gol de Raúl, por ejemplo, que lo traía enredado en sus entretelas. Ni tampoco el del blaugrana Ansu. Como tampoco Benzema, magnífico futbolista, media punta vocacional y normalito goleador. Por eso pasó algunos apuros el Madrid contra el Levante. Así, aunque marcaron un par de goles excelentes en un buen partido de los merengues, si fueran matadores ambos delanteros los blancos hubieran cosechado una goleada de época.

Hablábamos de que la pasión marca diferencias en cualquier actividad vital. Como exponente, el arte en cualquiera de sus manifestaciones. La afición despierta inquietudes, las capacidades señalan caminos, la técnica otorga profesionalidad y la constancia y la suerte trayectorias, pero solo la pasión, que se manifiesta en detalles tan deslumbrantes como sugerentes, es capaz de emocionar al que la regala y al espectador. En el fútbol tampoco es diferente.

Messi, que todos sabemos que juega a remolque de sus circunstancias recientes en el Barça, tiene en su pasión por el juego al que dedica la vida el verdadero resorte de sus ansias. Y como no lo puede remediar, le brillan los ojos cuando marca, a la par que emociona a sus seguidores piensen lo que piensen de su amago de deserción de hace unas semanas.

Y eso es lo que distingue también a los aficionados irreductibles de cualquier club. Una vez aseguré que los forofos, por criticables que sean algunos hechos y actitudes que censuro, en los que la ausencia de autocrítica de parte no es lo menor, sin embargo, me producen ternura. Y es que, emociona la honestidad de lo auténtico.

El artista, y un gran futbolista lo es, emociona cuando desnuda sus propias pasiones y lo transmite generosamente en sus obras. Y ese don no entiende de edades ni circunstancias. La verdad sin matices se consume en el incandescente fuego de la eternidad. Eso nos ocurre cuando recordamos a los grandes: Pelé, Di Stéfano, Maradona, Cruyff, Eusebio, Ronaldo, Zidane, Beckenbauer, Puskas, Boby Charlton, Luisito Suárez, Gento, Xavi y compañía.

Esta liga se antoja competida porque la pandemia que nos asola ha cerrado el grifo de los grandes desembolsos a los poderosos. Y cuando rebuscan en el bolsillo de sus canteras y alargan la idea de sus veteranos tanto los grandes como los pequeños las diferencias se acortan. Un canterano bueno vierte su pasión en el césped lleve la camiseta que lleve, y esa cualidad, como la clase, no entiende tampoco de dinero en sus primeras lunas. Otra cosa será cuando despierte apetitos y se mezclen la ambición con la lógica y las miras de futuro. Así que disfrutemos de los chavales que ponen en liza unos y otros, así como de las penúltimas correrías de los mayores.

Finalmente, ilusiona que Luis Enrique piense lo mismo y no mire carnets de identidad ni currículos ni procedencias en sus listas. Reitero que algunos jugadores maduran antes y otros después, y es apasionante que compitan por defender nuestros colores en el intento que anhelamos de reverdecer laureles. Esos mismos seleccionados corroboran lo anterior; hay algunos futbolistas desconocidos para muchos aficionados porque no pertenecen a clubes señeros ni han estado en candelero en la última década, pero no por ello son menores en su juego; Campaña y Traoré, por ejemplo.

Hasta ahora la Selección está cumpliendo expectativas y enseguida la veremos de nuevo en liza. Me gusta la elección que ha hecho el asturiano mal encarado, que una cosa no quita la otra, así como su empeño en no perder las esencias que nos hicieron grandes hace un decenio añadiendo la verticalidad precisa al carecer de goleadores consumados en el panorama mundial.

Y hay un detalle que me esperanza: intentan añadir la garra que le imprimió Luis Aragonés, que de alguna forma caracterizó igualmente al propio Luis Enrique jugador. Eso se lleva en las entrañas y es el mejor argumento para emocionar.

Suerte y ánimo.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

NI MILAGROS SIN SANTOS NI GOLFADAS SIN GOLFANTES



Luis Enrique no hará milagros con España. Ni él es un santo ni tiene futbolistas en olor de santidad. Luis sí lo fue. Y no tanto por sí mismo, que también, como por intuir sus infinitas bondades y poner en valor a media docena de futbolistas que traslucían gloria. Los bajitos que acercó a los altares confirmaron su santidad con el milagro de hacer a nuestra selección campeona de Europa y enseguida del mundo con un franciscano del balón, Del Bosque, quien tuvo su aura de santidad en la rara humildad de continuar la labor de su antecesor. Pero el tiempo pasado no vuelve.
De los ilustres que  nos llevaron a lo más alto apenas queda Ramos, viviendo ya también sus últimas lunas aunque haya ganado en capacidad de liderazgo, también desgraciadamente empezando a ser discutido por su paisanaje.  En España somos así. Si fuera inglés, alemán o italiano, aunque tuviera algún fallo, saldría a homenaje y ovación cerrada cada vez que se enfundara la camiseta de su país. Pero, ¡ay amigo!, como ocurre con nuestra controvertida historia pasada, la leyenda negra que le han colgado los impotentes a los que ha vencido empezamos a creérnosla también nosotros. Que si da palos, que si va de sobrado, que si es anárquico, que si ya no llega… ¿Ya no recordamos a aquellos futbolistas extranjeros de corte parecido, aunque no tan laureados, que nos llevaron por la calle de la amargura tantísimos años? En fin, somos así demasiadas veces. Admiradores acomplejados de ajenos y crucificadores veletas de propios tras súbitas ascensiones a los altares.
Ya no tenemos a ningún Pujol, Xavi, Iniesta, Silva, Cesc o Villa activos o en edad de merecer. Nos quedan el sevillano y Busquets, que tampoco es el de hace años. En Zagreb se vio. Pudo hacer unos cuantos cambios de juego sencillos y pases profundos a compañeros desmarcados y no se atrevió. Ahora anda encorsetado en el seguro del juego corto, que también padecen en el Barça, para que no se le rompan las costuras. Sigue siendo un excelente medio centro, pero añoramos al que fue mejor del mundo.
Y el remate mediocre es que los jóvenes que tanto apuntaban también la prefieren cortita y al pie. Isco, y Asensio, por ejemplos, el primero por definición y el segundo por inseguridad pasajera, esperemos; se lían en medio y no profundizan lo que debieran aunque a veces asomen su clase. Alguien debe recordarles que Guti tenía tanta o más, seguramente que los dos juntos, y pocas veces fue titular indiscutible en el Madrid y nunca en la selección. Saúl también es intermitente y De Gea ataja lo que para un buen portero, pero no los imposibles y decisivos que detenía Casillas, que sí fue un santo con milagros demostrados.
En definitiva, sin santos, tampoco esperemos milagros de Luis Enrique; más hereje que beato. Lo demuestran sus controvertidas decisiones y la errática explicación que dio tras lo de Croacia, comparada con las dadas tras sus triunfos en Londres y Elche; ahora resulta que está formando jugadores jóvenes. ¿Oiga, y la sub 21 para qué es? A fin de cuentas, sus efímeros éxitos en el Barça, por decir algo bueno, fueron más por ‘san Messi’ que por sus virtudes de estratega.       
   
DESVARÍOS Y DERBI MURCIANOS
Califiquen ustedes de listo y tonto a quien les parezca, contrastado que De la Vega compró a Moro sus acciones del Murcia sin pagarle un euro, aunque le aguarde un complejo panorama judicial para hacer buena la opción de compra que ejecutó por mucha razón que le hayan dado las instituciones deportivas. Y así, aun con dudas respecto a los tejemanejes del extremeño y sus cuates, pasemos página hacia la presunta golfería.
¿Trincaron irregularmente del club quienes propiciaron la llegada del mexicano y luego su expulsión para el aterrizaje de Gálvez?  ¿Dónde está el dinero de los abonos y la publicidad de esta temporada? ¿Hay algún acuerdo oculto de no molestar que propiciara la llegada del nuevo consejo? ¿Para cuándo las demandas por el dinero negro y blanco desaparecidos? Hay pruebas clamorosas.
Y el derbi se lo llevó el Cartagena porque tiene gol y el Murcia no. Aprovechó sus escasas ocasiones en veinte minutos buenos, desde que Munúa acertó sacando al bético Gracia y cambiando de banda a Moyita, y los granas desaprovecharon media docena en sus superiores setenta; ganas le echaron, pero no basta ante un equipo con el empaque  albinegro.
    


lunes, 10 de septiembre de 2018

LA VELOCIDAD POR BANDERA, MAGISTERIOS FUTBOLEROS Y ARCANOS MURCIANOS



Asegura Juan Manuel Asensi, quien fuera jugador importante del Barça y de la Selección un decenio largo en la década de los setenta del siglo XX, que su mejor entrenador fue Rinus Michels. Y eso que los tuvo de mucho relumbrón, como Di Stéfano en el Elche, quien lo ubicó de interior desde el extremo izquierdo en que jugaba de juvenil, y Kubala en el Barça y en el combinado nacional. Y cuenta el desgarbado y excelente futbolero alicantino que el técnico holandés les obligaba a jugar en el centro del campo a uno o dos toques; uno para cortar o controlar y otro para pasar.  El que no lo hiciera así, relata divertido, jugaba poco. Eso es velocidad tanto mental como física, que es el camino más directo hacia la portería contraria cuando se hace vertical. Y, también, lo más complicado  del fútbol. Por eso, solo los futbolistas privilegiados son capaces de interpretarlo y, como en todo deporte, es lo que diferencia a los buenos de los aparentes.
Viene a cuento de lo observado en el Real Madrid de Lopetegui y lo que mostró a ratos en Londres la Selección de Luis Enrique, sobre todo en el primer tiempo. El Barça, construido en torno a Messi, es otra historia porque dispone del mejor del mundo y con la velocidad por bandera.
Algunos recordamos con nostalgia y pesar el juego español antes y durante el mundial de Rusia. Tengo pocas dudas sobre lo que hubiera resultado de aplicar el marchamo de la velocidad y la presión alta, aparte de salir con dos puntas y prescindir de jugadores que nos hicieron jugar con uno menos: estaríamos hablando de laureles reverdecidos.
Luis Enrique ha comenzado con tan buen pie que no tengo reparos en corregir la presunción negativa que hice sobre su nombramiento. Si de verdad persevera, tanto en el juego como en la elección de nuestros internacionales, se habrá ganado mi humilde aplauso junto con el que de verdad importa: el de la esperanzada afición española, aunque tiene una ardua tarea por delante; en lo deportivo lo tendrá más fácil que en lo personal. Y es que, a las malas, que ojalá no lleguen, el pasado siempre vuelve y algunas palabras y actitudes suyas fueron tan desafortunadas como evitables.
El juego rápido es sinónimo de gol, que es la finalidad del fútbol, y perderse en adornos,  ruletas y regates en el centro del campo todo lo contrario. Como muestra, Isco, uno de nuestros mejores jugadores, es útil al borde del área contraria y una rémora demasiadas veces cuando baja al centro o a campo propio. Lopetegui parece que lo tiene claro. Prefería a Thiago atrás y al malagueño de media punta. Y Luis Enrique también, con el hijo de Macinho y el ilicitano Saúl detrás, a quien Simeone descubrió para el fútbol grande.
 A ese respecto, cuando un jugador cuaja o empieza, los mejores técnicos son quienes consiguen su mayor eficiencia acoplándolos adonde pueden ser más eficaces. El técnico atlético es un consumado maestro, como lo demostró también con Juanfran, bajándolo del extremo a defensa lateral derecho, y con Lucas Hernández, a quien ha hecho un defensa izquierdo campeón del mundo. Antes hemos comentado a Di Stéfano y a Asensi. Y podríamos seguir con Cruyff y el vasco Goicoechea, haciéndole lateral internacional desde el extremo, o apostando por el que decían medio centro enclenque Guardiola. O Emery y Alba en el Valencia, y tantos otros.
EN MURCIA TAMBIÉN HUBO MAESTROS
Cuenta el gran capitán murcianista Vidaña que José Víctor, el mejor técnico de juveniles murciano con el maestro Fernando Vidal, lo reconvirtió en defensa central desde el extremo izquierdo cuando vino desde Padules. Y que lo enseñó a saltar de lado para ir de cabeza, anteponiendo el hombro en lugar del pecho frontal. Eso es magisterio.
Ahora andamos buscando un interpretador de arcanos. A ver, si De la Vega muestra escrituras y Gálvez poderes, ¿ejercitó realmente la opción de compra que le otorgó Moro, con sus supuestos condicionantes, y el oriolano  una compra incauta de las que ya estaban vendidas, lo que implicaría  la consiguiente estafa, o actúa solo como apoderado del extremeño y confía en la ampliación de capital para quedarse con el club? Otras dudas, como expusimos, son si don Mauricio pagó algo de verdad y, en su caso, cuánto desembolsó el paisano del llorado Miguel Hernández.
 Y mientras, amigo murcianista, el balón sigue rodando. ¡Ay! “compañero del alma, compañero…”        

martes, 4 de septiembre de 2018

OCTUBRE ROJO



El Real de Lopetegui juega muy bien y golea. Ya gustó en la Supercopa de Europa aunque no ganara por desafortunados detalles defensivos, al margen del repaso que le dio el Atlético en la prórroga con un acertado Simeone en ciertos argumentos tácticos.
Parece que el primer título europeo de la temporada genera síndromes contradictorios. El Barça salió trasquilado el año pasado frente al Madrid y, sin embargo, empezó tan enchufado en la Liga que antes de Navidad ya la tenía en el bolsillo. Y este año se repite el comienzo con el perdedor europeo hecho un cohete y el vencedor pasando penurias. El Madrid juega súper engrasado y al Atlético le chirrían las bisagras. Advertimos que los colchoneros no deberían caer en la euforia porque el partido lo perdieron los merengues; Simeone ha podido comprobarlo en cuanto ha empezado a competir. Dos goles a favor y tres en contra en tres partidos de liga y la espesura por argumento le marcan el camino. Con ese plantillón  debe reflexionar. Además, es contradictorio con la esencia de su pasado.
Lopetegui, cara de la moneda anterior, está convenciendo a todos. Reconozco que a mí el primero. Y no por el juego atractivo, que ya lo conocíamos de su paso por la selección, sino porque está consiguiendo lo que muchos negábamos: que Benzema y Bale encuentren la continuidad de su mejor vena goleadora desde que visten de blanco. Al paso que llevan cualquiera puede optar al Pichichi, o los dos, aunque aún sea pronto. Y más que por sus goles por la facilidad con que los hacen y la cantidad de oportunidades que tienen y tendrán con sus surtidores de juego: Isco, Kroos, Asensio, Marcelo, Carvajal y Ceballos son capaces de darles varios balones de gol por partido, aparte de los que pueden facilitarse entre ellos o a sí mismos. Un espectáculo este Real Madrid de tan nuevo cuño y éxito que nadie se acuerda de Cristiano Ronaldo, lo cual es paradigmático de lo que pueden hacer esta temporada por mucho que también sea cierto que todavía no han llegado las cuestas. Enseguida llegarán y será cuando podamos contrastar lo que ahora apuntan. Octubre será el mes rojo de los blancos. Si lo superan con éxito será difícil pararles porque, sumada a la calidad, su confianza  subirá exponencialmente. Otro logro importante de Lopetegui es hacerles jugar rápido a uno o dos toques, como tanto hemos anhelado, y desahogar los atascos con cambios de juego constantes. Da gusto verles jugar y presionar. Y nadie nombra a Zidane con nostalgia; ¡para descubrirse!
Y llegamos a Luis Enrique. Al margen de lo acertado o no de su primera lista, de la que es muy dueño, empezó queriendo hacerse el simpático, pero la bufonada de preguntar a sus colaboradores si empezaban con el himno, marcándose un amago de la posición de firmes, es sencillamente lamentable. Además, a los sobrados antipáticos les queda feo impostar cercanía y sencillez; parece que quisieran reírse del personal. Más le vale empezar con buen pie ante Inglaterra y Croacia porque si pintan bastos necesitará casco de acero.
Desde el punto de vista deportivo, me parece tan acierto la selección de Marcos Alonso como error la ausencia de Aspas. El nieto de Marquitos es para mi gusto el defensa español de más personalidad junto a Ramos y Carvajal. Y el gallego es, con diferencia, el goleador español de más calidad.  No obstante, parte de la grandeza del fútbol es la cantidad enorme de opiniones que genera, con o sin argumentos y más o menos apasionadas, pero a todas les llega su San Martín. Los resultados y el tiempo dan y quitan razones aunque a veces no aparece ni estaca.  
TRAS EL VERANICO DE LOS MEMBRILLOS
El Murcia, el Cartagena, el UCAM y el Jumilla también tendrán su octubre decisivo. Entonces sabremos a qué aspiran en realidad y qué Liga jugarán. Los dos primeros tienen el ascenso como objetivo ineludible, los universitarios son una esperanzadora incógnita y los vinícolas han empezado con buen tono.
También sabremos si al Murcia le llegan los dineros, si logra Gálvez los apoyos que demanda, si sale o no del embrollo legal que lo nubla y si cuajan o no las expectativas deportivas que ha generado.  Y, en la ciudad departamental, con buenos mimbres, si echan de menos o no a Monteagudo, un técnico excelente al que la suerte abandonó; y si han superado la orfandad mediocampista que padecen.
¡Suerte a todos!


         

jueves, 12 de julio de 2018

DE CRISTIANO A LUIS ENRIQUE



El madridismo florentiniano veía con buenos ojos largar a Cristiano Ronaldo. Y tienen sus razones, aunque fundamentalmente están hartos de los desplantes del luso. Pero el asunto tiene una mar de fondo que la mayoría ignora o quiere ignorar, que al caso es lo mismo.
Cuando el Real Madrid ganó la decimosegunda Champions, en la primavera de 2017, Florentino Pérez prometió una revisión del contrato a Cristiano para equipararlo a quienes más cobraban en España; entonces, Messi y Neymar. Un año más tarde, al ganar la decimotercera, aún no se había atendido aquella promesa y el portugués salió por peteneras en Kiev.  Estuvo desacertado por el momento y la situación, claro que sí, y hasta insolidario y egoísta con sus compañeros, pero también estaba harto. Florentino Pérez nunca ha digerido que Cristiano fuera fichaje de su antecesor, Ramón Calderón, y de ahí sus sucesivos intentos de hacerle sombra; Kaká, Benzema, Bale y sus reincidentes suspiros por Neymar. Y tampoco soporta su soberbia majestad que nadie ensombrezca su armiño  blanco; entre la corona y el escudo luce su perfil imperial.
Lucha de egos, dicen algunos, pero no lo es tanto. El presidente blanco tal vez atisbó erróneamente que se acercaba la fecha de caducidad de Cristiano, a quien de alguna forma responsabilizaba, junto a Zidane, de la debacle del Madrid en Liga ya en la Pascua. De ahí arranca este vodevil y la fuga del técnico. “El Moro”, como lo llaman por la zona noble del Bernabéu, se enteró de los devaneos de su valedor Pérez con Löw, como anticipamos aquí en abril, y tomó la decisión de hacer piña con sus jugadores y largarse a final de temporada. Y Cristiano, al tanto también de los inicios de la enésima intención de su presidente de fichar a Neymar, reiteró en vano que le cumpliesen lo prometido. Quizás, teniendo en cuenta estos antecedentes, y el descubrimiento posterior de sus asesores fiscales de la legislación italiana, sea más fácil entender por qué se ha ido a la Juventus.
La salida de Cristiano tendrá consecuencias imprevisibles, aunque tampoco tan difíciles de imaginar. Si con él, algunos pensamos que Lopetegui tenía difícil llegar a la Pascua, sin él lo tendrá aún más crudo. Y no solo el técnico. A Florentino Pérez sería bueno que alguien le recordara que la gloria mundana es efímera. Todos los que ahora aplauden que largue al portugués, en cuanto vengan mal dadas pedirán su crucifixión.
¿Quién meterá el año que viene los previsibles cuarenta goles de Cristiano?  ¿Bale? ¿Bencema? ¿Neymar? ¿Mbappé? ¿Kane? Nadie, salvo Messi, puede asegurarlos hoy en el mundo. Ni siquiera tres de los anteriores juntos. Porque, tres enanos, ni puestos uno encima de otro, hacen un gigante; seguirían siendo tres enanos empalmados. Son buenos jugadores, pero en cuestiones goleadoras son unos enanos al lado del gigante Cristiano; el mejor goleador de la historia blanca y seguramente de la mundial.
Decíamos que donde hay goles hay alegría porque hacen mejores a todos, pero también es cierto que esos mismos parecen malos cuando faltan. Ya hablaremos cuando se huela a turrón; intuyo pañuelos como aviesos cuervos blancos por el Bernabéu. Mal asunto.
Económicamente salen ganando Cristiano y la Juve. Deportivamente solo los italianos. Y el tiempo dirá el grado de perjuicio blanco en todo. De momento le espera una travesía desértica de un par de años como mínimo. Eso mismo ocurrió con Di Stéfano, indiscutiblemente mejor jugador, pero la Saeta venía de cuatro años en blanco en Europa y el luso de tres Champions consecutivas, tenía 38 años por los 34 de Cristiano y había marcado 277 goles en once años con el Madrid por los 450 del portugués en nueve. Como goleadores la ventaja es enorme a favor del nuevo Juventino.
Cambiando de acera, Rubiales se la jugó dignamente echando a Lopetegui y ahora se la ha jugado rayando lo absurdo con Luis Enrique. Cara y cruz del mismo carácter. Personalidad y osadía. ¿No había otro más adecuado? ¿Era necesario abundar en la división de los aficionados? ¿Quiere provocar? El asturiano ganó un triplete cuando se dejó avasallar por Messi en el Barça. Y continuó en el banquillo por lo mismo. Después, en un atisbo de dignidad, se marchó.
Rubiales y Luis Enrique tendrán quienes les escriban. Y quienes le susurren. Y quienes los vituperen. El técnico está acostumbrado, pero el novato presidente no. Los resultados darán y quitarán razones, aunque tampoco auguro nada bueno. Ojalá me equivoque.      

martes, 22 de agosto de 2017

Y DEL DESBARAJUSTE AL TODO VALE


Dijimos que la marcha de Thiago, como la de Cesc, eran  síntomas de lo que podía avecinarse en el Barça, y los hechos lo han corroborado. Más allá de la renuncia de Guardiola a liderar al exitoso engendro que propició, muy  inteligente porque los monstruos acaban devorando a sus creadores, el tiempo y la deriva hacia otras fuentes futbolísticas han puesto de manifiesto la desastrosa gestión de quienes tomaron las riendas blaugranas, que apostaron por los fichajes de relumbrón —lo fácil en un club grande— como Suárez y Neymar, quienes podían asegurar una continuidad en el éxito; en lugar de insistir en la base futbolística que lo habían encumbrado. Evidentes son también  los numerosos fracasos incorporados, con Turán como exponente de lo que algunos nos preguntábamos: ¿qué incorporaba el turco al Barça? Y otra: ¿Alcácer mejora a Sandro?
A estas alturas me hago otra pregunta: ¿qué hubiera supuesto para los barcelonistas un centro del campo rodado estos años con Busquets, Thiago, Cesc, Sergi Roberto o Iniesta —con Rafinha y Samper a la expectativa? Creo que la continuidad del modelo basado en el magisterio de Xavi,  el implementado en la Masía por Cruyff e interpretado hasta la perfección por el dictado de Guardiola. Y aunque una golondrina no hace verano, esa apuesta genérica hubiese supuesto también que los canteranos blaugranas apostaran por buscar su oportunidad en el Nou Camp, como otros jóvenes de otras canteras, en lugar de imaginar en el exilio su destino. Bellerín es el caso paradigmático de lo que decimos, como también Asensio o ahora Ceballos, que prefirieron el Madrid. Porque una golondrina no, pero sí los calores de una filosofía que lo fue todo en sus mejores años históricos
Con la llegada de Luis Enrique había que demonizar al huido Guardiola y todo lo que representaba. No he visto un forofismo más suicida que el culé con sus ex. Cuando una figura se va del Barça se convierte en el peor enemigo, aunque desde donde esté siga siendo fiel a sus colores. Y hay que borrar todo lo que represente. Eso es ADN culé, que se dice ahora para todo, pero en el pecado va la penitencia. Con la base de Pep y los grandes fichajes hizo Luis Enrique una apuesta a corto, exitosa al principio —como un cohete de feria—,  que finalmente ha supuesto la tumba de su mejor sueño. Y ahora recogen los frutos envenenados de tal disparate: un equipo sin alma. Ha bastado la enésima fuga de una figura mercenaria: Neymar, para que el aparente tinglado se caiga. Y ahora todo son prisas y movimientos deslavazados en un club tan zumbado como zombi: Paulinho, que nada tiene que ver con el otrora fútbol de toque culé; Coutinho, un interior con cierta llegada, pero nada más, que no mejora a Sergi; Dembélé, una promesa de excelente delantero, pero no mejor que Deulofeu; y todos los etcéteras que se lo pongan a tiro, ahora que tienen pasta caliente. Y es que, como nos decía un antiguo profesor de marketing estratégico, cuando no sabemos adónde vamos todos los caminos nos llevan allí; una historia mil veces repetida.
¿Y mientras, el Madrid? Pues de copa en copa y tiro porque me toca. Con dos equipos titulares para ganar lo que se le ponga por delante, los de Zidane empezaron un ciclo en su primer año que les puede llevar, como reiteramos, a reinventar la historia de un éxito; la suya de antiguo.  Quienes siguen esta columna saben nuestra posición crítica con Florentino Pérez desde antaño, pero también que no nos duelen prendas en señalar sus bondades, y la continuidad de su figura es una de las claves del deslumbrante Real actual.  Es verdad que ni él esperaba la conjunción de astros que envuelven a los blancos bajo el aura de Zidane, pero también es diáfana su apuesta valiente por el francés en un momento delicado. Y también, que tal vez haya aprendido así a dejar hacer en el césped a los que saben. Y ambas cuestiones suponen el climax de su triunfo deportivo, unido al de la estabilidad institucional, que no es baladí para un club de su relevancia mundial.

Ahora mismo, el Barça no coge al Madrid ni con alas. La otra noche les pasaron por encima como aviones y en poco más de veinte minutos los pusieron ante sus peores contradicciones. Los merengues quitando grasa: James y seguramente Bale; y los culés engrosando cartucheras.        

lunes, 22 de mayo de 2017

PERSEVERANCIA, CREATIVIDAD Y AGONÍAS


Una Liga, una Champions, un ascenso o un descenso, aunque a veces pueda parecerlo, no se ganan ni se pierden en el último minuto del último partido, ni por los árbitros o la fortuna, siempre necesaria en cualquier juego; perseverancia es la baza, como en la vida.
Es sábado y mañana el Real Madrid entonará el alirón frente al Málaga de Michel, dejando atrás sus demonios tinerfeños a manos de los chicos de Valdano, a quien los forofos blancos mantienen en el baúl de sus fobias. Y no por aquello, superado por un cinco a cero con él de técnico en el Bernabéu a los blaugranas del hípercreativo Cruyff, su bestia negra entonces, sino por cuitas comunicadoras más recientes derivadas de una supuesta inquina suya con el madridismo florentinesco.
Luis Enrique hubo de recrear con Suárez y Neymar la gloriosa creación canterana de Guardiola, a quienes asoció meritoriamente con el príncipe Messi , circunstancia de la que algunos dudábamos, sobre los rescoldos del legendario sistema que entronizó don Pep. Y aunque le salió bien sus primeros años, ha acabado devorándole.
Al más billetero que creativo Pérez, su apuesta por Zidane también le salió redonda a la primera. Don Florentino, muy acertado, halló el talismán que lo encumbrará finalmente al Parnaso de las glorias blancas, diecisiete años después y  mil trescientos millones de euros gastados en fichajes mediante, que se dice pronto. Y hay que felicitarle, por mucho que se le puedan criticar otras cosas. Lo que es el fútbol: hace tres años meditaba una segunda espantada porque tampoco veía el camino de sacarle punta a su segundo proyecto, pero aquel cabezazo de Ramos en el noventa y tres en Lisboa iluminó las sombras que rumiaba con sus más cercanos. La duda  es que el omnímodo mandamás no se aburra pronto de su propio éxito, veleidoso como es, y opte por buscar horizontes alejados de su guardiolesco Zidane enarbolando su errónea máxima: ser entrenador del Madrid es lo más fácil del mundo porque basta con sacar a los mejores. No creo que cometa tamaño error; demostraría ser tan poco inteligente, y no lo tengo yo por tal, como cuando presume de sabelotodo futbolero.
Si los blancos ganan esta Liga, por lo que venimos apostando hace meses, será porque habrán sido mejores —y si no, lo sería el Barça—, y como dice elegantemente el propio Luis Enrique, habrá que dejarse de excusas y felicitarles. Y lo mismo con la que sería su doceava Champions. Además, ambos logros, tendrían el valor añadido de finiquitar la hegemonía blaugrana en el siglo XXI y el inicio de otro reinado merengue, tanto nacional como europeo.
Bajando nivel, el UCAM ha logrado hoy un merecido triunfo, quizás suficiente para mantener la categoría. De ahí el alborozo en el banquillo de los universitarios, invasión de campo incluida, cuando el aguileño Morillas hizo el tercer gol al final del partido. El equipo de José Luis Mendoza está a dos o tres puntos de conseguir su modesto objetivo para este año, de la mano de un buen entrenador con los mimbres —salvo Iban Salvador— que heredó del agonías Salmerón, que nos recetaba triste sufrimiento hasta el final jugando con nueve o diez por detrás del balón y largando pelotazos hacia arriba; les he seguido toda la Liga tanto dentro como fuera. Francisco ha dotado de un creativo estilo de guerrilla a sus jugadores, suficiente para imaginar que con él en el banquillo desde el principio los azulones hubieran navegado por mitad de la tabla, superando la precaria realidad de ser los terceros con menos presupuesto de Segunda División.
Comprobada la igualdad en esta categoría, el año próximo deberían perseverar en su ambición deportiva a todos los niveles y aspirar con un presupuesto más generoso a otras metas, como en baloncesto. Tienen el espíritu, la categoría institucional, la base deportiva, la dirección técnica adecuada y una afición creciente, y esperemos que la creatividad para no padecer otro año lastimero.
 Y el Real Murcia galopa con suficiencia hacia el ascenso; en Pontevedra lo manifestaron. Deseado Flores ha demostrado creatividad futbolera dotando de eficacia y murcianía al legendario equipo grana; ¡gran acierto! Ojalá alcance su meta, junto con el Cartagena de Belmonte —en la dificultad reside el mérito— y el Lorca, y el año próximo disfrutemos de cuatro equipos murcianos en Segunda. ¿Lo imaginan?

 Si soñar es vivir ideales, la realidad más noble es luchar por ellos. ¡Imaginemos sueños y fuera agonías! 

martes, 25 de abril de 2017

DE HOMBRES, HOMBRECILLOS Y VICEVERSA


Con mi amigo del alma y torero, que no taurino, el maestro y académico Marcial García, comparto entre otras cosas las enseñanzas de un ilustre profesor de vida franciscana que quiso bautizarnos de humildad, aparte de ilustrarnos en Filosofía y a él especialmente en Latín y Griego. Don Pedro Ortín quiso enseñarnos el regalo de la sencillez y expresión lingüísticas y del lenguaje directo, y otro antiguo profesor de Ciencias Naturales, don Miguel Baños, a distinguir entre hombres, hombrecillos, monicacos, monicaquillos y m….
Acabados los cuartos de Champions y al margen del sorteo de semifinales, relativamente decisivo a estas alturas, quedan algunas evidencias.
Como aventuramos, nuestros grandes han estado en las uñas del gavilán, y mientras los equipos madrileños se han salvado justitos, cada cual con su estilo, el Barça ha confirmado que todo ser vivo tiene principio y  fin. Bartomeu debe enhebrar un nuevo cesto y no lo tiene fácil. Messi, la piedra angular azulgrana, es el capo di tutti en el vestuario y fuera, lo que supone un fielato tan inmanejable como imprevisible. La historia futbolera es rica en abismos parecidos.
Mientras, Simeone retornó a sus principios con Giménez de escudero de Gabi para contener la avalancha del Leicester, soltando a sus lebreles con su grande Griezmann para cazar algún gol y la eliminatoria; y Zidane fio la administración de su ventaja a la enorme presión del Bernabéu y a la superioridad de sus grandes, en especial Cristiano y el sorprendente Asensio, para eliminar al  equipo más compensado de Europa hoy — sin expulsiones hubiera sido distinto—, que se permitió el lujo de dominar durante gran parte del partido en ese estadio donde, según Juanito, un partido parece durar más minutos que los noventa reglamentarios. Y en este caso con los treinta añadidos de una prórroga inesperada porque el Real debió ganarlo antes por méritos globales en Múnich y Madrid. Luis Enrique, sin embargo, afrontó el partido de vuelta como quien pide la eutanasia para una muerte digna, víctima sin esperanza de unos primeros cuarenta y cinco minutos infames en Turín.
Y llegamos a los nombres propios. En la categoría de hombres, sin adjetivos, entrarían Zidane, excelente gestor de recursos, por su elegancia, señorío y sencillez a las buenas y a las malas; Cristiano, por aparecer en los momentos cumbre; Simeone, Griezmann y Saúl, por inteligencia y oportunidad supremas; Allegri, Dybala y Sandro por asomarse con categoría a Europa; y la afición culé por el sentido homenaje a sus jugadores en la derrota.
En la de hombrecillos, pero relevantes, a cuantos propiciaron las victorias merengue y colchonera desde sus resignados segundos planos, así como a los legionarios de la Juventus, sin grandes estrellas, y a Mbappé y sus compañeros y técnicos del Mónaco por su enorme éxito frente a un machacado Borussia, más por circunstancias extradeportivas que estrictamente futboleras; que también.
Ancelotti, de un modo inverosímil dada su moderada trayectoria, encabezaría la de monicacos por su injustificada rabieta tras ser eliminado, sin reconocer que no fue casualidad ni injusticia arbitral.  Siendo ciertos los errores arbitrales en el Bernabéu en su contra, no lo son menos el penalti injusto a su favor que no aprovecharon en Múnich, el fuera de juego de Lewandowski antes del  autogol de Ramos, su clamoroso error quitando a Xabi, que propició la subida de Casemiro al minuto siguiente para facilitar el empate a Cristiano; y que no supieron rentabilizar su buen juego parcial en ambos partidos.
Una vez más, Piqué entraría en la de monicaquillos. Dar la nota es imprudente, pero hacerlo de un modo tan tonto diciendo que en el Bernabéu están acostumbrados a pitar a su equipo, aun ganando, es tanto como señalar a los aficionados merengues de exigentes, como debe ser, y a los suyos de forofos simplones; poco menos que tragaldabas. Y no es eso, como hemos ponderado.
Finalmente, en la de la eme escatológica entrarían algunos directivos culés y sus comunicadores bufanderos del Sport, RAC 1  y el Mundo Deportivo fundamentalmente, rasgándose las vestiduras por el justo pase del Madrid, olvidando su discutible pasado reciente con el PSG. Y sus homólogos merengones, alegrándose sobremanera de las desventuras ajenas y alabando sin tasa las glorias propias, que no dejan de ser efímeras.  ¡Ay, como al final pinten rojiblanco!, que tiene menos pesebreros.

Para entendernos, Marcial, en lugar del clásico “sic transit gloria mundi”, habría que decirles con nuestro cachondo don Miguel: “hijos que tenéis padres, padres que tenéis hijos, ¡¡¡melones!!!” 

lunes, 17 de abril de 2017

EL AZAR Y LOS GRANDES



Por Can Barça lamen heridas, en el Calderón templan gaitas y en el Bernabéu cantan glorias. Ya comentamos que habría más soleás  que  bulerías en estos cuartos de Champions porque la suerte nos fue esquiva en el sorteo. En la mitad de la eliminatoria tenemos perspectiva.
Luis Enrique dice que no erró en su planteamiento, y quizás solo lleve su razón. No le dejan cambiar más de medio equipo y sigue empeñado en jugar sin laterales de largo recorrido; su apuesta más personal. Jugar con tres centrales y cuatro medios; o cinco, si Messi se empeña en ser interior; porque Sergi Roberto es un mediocampista más, ha supuesto el ostracismo de Alba, su defensa más agresivo y el acompañante ideal de Neymar en la banda izquierda, dada la tendencia del brasileño a las diagonales hacia dentro abriendo el ángulo de su pierna buena. Y eso, cuando Iniesta entraba también por ahí podía ser un acierto, ya que dos en banda son pareja y tres multitud, pero el manchego juega ahora más centrado intentando llenar el vacío inabarcable que dejó Xavi.  Hay quien dice que  cuando está Busquets pueden acuchillar más,  pero en Málaga estuvo y el Barça también fue romo. No nos engañemos. Es cierto que Mascherano ya anda muy justo para jugar en el medio; recordemos cómo está Argentina; pero tampoco Mathieu y Piqué son Ferraris, y solo Umtiti atesora rapidez. Para la apuesta del asturiano se precisan al menos dos velocistas atrás, y esa es la otra aportación que podría hacer Alba, aunque se resintiese el juego aéreo. Así, el empeño del técnico azulgrana le va a costar la Liga y seguramente no pasar a semifinales en Europa. Milagros como el sucedido ante el PSG ocurren rara vez, y la Juventus es otra cosa, como aventuramos y pudieron comprobar Neymar y Suárez —salvo que aparezca Messi, el más grande—. De todas formas, solo Buffon pudo superar al azar, ya que si Iniesta hubiese acertado en su mano a mano, o Suárez, otros gallos cantarían. A veces, aun jugando mal, la suerte o la grandeza superan la realidad. Y los de Allegri  tuvieron las dos; tres paradones y  dos tiros del extraordinario Dybala, el otro grande de la noche, supusieron su puerta a cero y dos golazos.
Como la tuvieron el Madrid y el Bayern en Munich; cada cual a su manera. Los  blancos cantan un buen partido, pero solo lo fue la segunda mitad, a raíz del empate. ¿Qué hubiese ocurrido si Vidal acierta en el penalti injusto que falló? Pues con dos a cero el asunto hubiese pintado mal para los de Zidane. Y aquí no hubo grande, pues el chileno se quedó a medias tras su impresionante primer tiempo. Tampoco nos engañemos. Ya advertíamos que Bale no estaba para sentar en el banquillo a nadie, y solo cuando Asensio lo sustituyó el Real cuajó su gran noche. ¡Qué mal empeño hacia el palco, don Zinedine! ¿Por qué Vázquez en la grada? También ayudó la expulsión de Javi Martínez, pero antes sí hubo tres grandes merengues: Carvajal y Casemiro, sublimes, y Benzema, y después un cuarto;  el enorme Cristiano. ¡Y eso que está acabado, según algunos! La suerte ayudó, pero también fue esquiva con el imperial cabezazo del francés; entre el otro grande de la noche, Neuer, y el larguero impidieron el primer gol blanco en la primera parte, y el Madrid hubiese resuelto antes. Los de Zidane pasaron por encima de los de Ancelotti física y anímicamente en cuanto Ronaldo hizo el primero. Y como reconoció el italiano,  tuvieron la fortuna de que su grande impidiera con varias intervenciones categóricas que el Real liquidara la eliminatoria.
Y el Atlético de Simeone dejó con vida al Leicester; mal asunto. Los de Shakespeare ven puerta con facilidad en su estadio y los madrileños tendrán que salir a marcar en Inglaterra. Su pírrica renta no bastará. Y es que, contar con solo un grande, Griezmann, lastra sus posibilidades. Torres hace de mascarón de proa para que el francés no sienta en la nuca el aliento de los centrales contrarios, pero no hace los goles de antaño. Su mayor virtud, el desmarque por velocidad, precisa de su antigua potencia. Faltó su golito o el de sus interiores, Koke, Saúl y Carrasco, y Correa salió demasiado tarde. Últimamente tiene que golear Filipe Luis, y eso es una mala noticia para los colchoneros. A falta de más grandes, necesitarán más suerte.

       

lunes, 10 de abril de 2017

LIGA BLANCA Y ZAFARRANCHO EN EUROPA



Con el pronóstico liguero confirmado, nuestros tres grandes afrontan el sprint final europeo. El Madrid ganará la Liga que tanto se le resiste a pesar de su juego irregular, ya que es el mejor tuerto en el reino bicéfalo de los ciegos. El Barça, la otra cabeza, sigue enjugascao con el disparate de rotaciones que Luis Enrique baraja de medio campo hacia atrás, porque delante no se atreve ni le deja Messi. Y Zidane, a pesar de que tuvo fortuna en Leganés y Éibar, otro tanto de lo mismo. Solo que rota menos, porque en el centro también tiene a dos señalados desde la prensa y el palco. Y claro, si arriba hay tres fijos —Ronaldo, Bale y Benzema— y detrás cinco —Kroos, Modric, Marcelo, Ramos y Navas—, poco tela queda por cortar.    
Esperemos que en Europa no se confirmen los temores que también dijimos,  porque Simeone travista a los del Leiscester de blancos o blaugranas para mentalizar a los suyos, que Luis Enrique compita de verdad en vez de distraerse viendo jugar a sus artistas y no le ocurra en Turín lo de Málaga, y que Zidane acierte contra los de Ancelotti y se deje de guiños al palco para sacar a los mejores, que no son los supuestos buenos, precisamente; Bale está para darle descanso, y Kroos, Modric y hasta Navas otro tanto.
Vázquez, Kovacic, Casilla e Isco están en mejor forma de largo, y Ronaldo necesita espacios para exprimir su final de temporada, que como en años anteriores no es su mejor época. Deberían sentar al otro solista, Bale, que tampoco anda en su mejor momento, y poner a suministradores generosos de balones, aparte de la colaboración de Benzema o Morata con sus desmarques y salidas a banda. Lucas Vázquez y Kovacic, además, ayudan por dentro y por fuera al indispensable Casemiro en su incesante labor de tapón por las fisuras de sus colegas de línea, Kroos y Modric, que tienen el depósito de ideas y oxígeno en mínimos.
Se suman a tales tinieblas las lesiones de Varane y Pepe, por lo que Nacho deberá seguir confirmando que es un jugador para acaparar más titularidades y no un comodín de usar y sentar, tal y como lo tiene Zidane.  Junto a Carvajal, es su defensa más en forma, y Pérez debería poner velas a San Isidro para que Ramos no se lastime, que sería el acabose, y lo mismo con Marcelo, que tampoco tendría repuesto. ¡Ay, la planificación deportiva del presidente orquesta “fichaor”!
Luis Enrique, como decíamos, deberá dejar los experimentos para la Liga perdida y centrar en Europa sus esfuerzos si quiere aspirar a algo más que a la Copa del Rey, donde son favoritos aunque harían bien en no confiarse. En todo caso, es más relevante ahora mismo en el Barça el papel que quiera interpretar Messi que el de su técnico, que ya sabe cuál es su sitio. Ver al argentino en Málaga jugando por delante de los centrales para poner algún balón con peligro en el área contraria es el mejor indicativo de por dónde van ahora los tiros blaugranas: él juega, organiza, golea y dirige al equipo, y eso nunca ha sido una buena referencia en el fútbol. Me recordó al declive de Cruyff en el Barça de Núñez y al de Di Stéfano en el Madrid de Bernabéu, aunque ambos daban ya sus últimos toques a un balón en el terreno de juego; uno veterano racional —ya le gustaban más los despachos— y el otro por años. Pero el mejor jugador del mundo, hoy, no está aún en ninguna de esas situaciones, y como no lo embriden puede acabar definitivamente con la era dorada del Barça.
Y, finalmente, Simeone debe engrasar bien su apuesta por un mejor juego, que aunque le ha costado no pelear por la Liga es el argumento más sólido que tiene en Europa y una magnífica apuesta de futuro. Si el Atlético quiere dar el saldo de calidad que anhela, además de no vender a Griezmann, debe reforzarse y andar el camino de los grandes de Europa, que lo fueron desde un sello de fútbol creativo más allá de la seguridad defensiva y el tesón legionario. Koque, Saúl y Carrasco, aparte de Godín y sus alfiles Juanfran y Filipe, su goleador francés y Oblak son básicos, y debe buscar recambio a los canteranos Gabi, por edad, y Torres, ya cuesta abajo.

¡Suerte!, que también juega.  

miércoles, 1 de marzo de 2017

ESTILOS Y CARNAVAL


El ser humano es resistente al cambio. Una vez acordonados por las zonas de confort y seguridad de las rutinas diarias, abordar nuevas metas supone un esfuerzo triple: desgajarnos del entorno inmediato, imaginar la nueva situación y el esfuerzo mental y físico para superar las inevitables inseguridades.
Con tres cromos, anda Simeone cambiando la cara de su Atlético. Y no es fácil. La variación es sencilla sobre el papel, pero lo que implica está siendo difícil de digerir para un sector de sus aficionados; incluso para algunos futbolistas titulares.
Gabi, este todoterreno futbolístico tan racial y jugador de club como emblemático, se quejó al principio de temporada de estar solo ante el peligro, porque Koke, su nuevo socio en el eje, es más volante de ataque que medio centro. El pulmón prodigioso rojiblanco estaba refugiado en el esquema que le permitió resurgir de sus cenizas, con Tiago o Fernández de escoltas.
La transición colchonera hacia un juego más vistoso, con dos volantes creativos como Saúl y Carrasco, le costará este año perder opciones en la Liga. Pero a cambio, en la Champions, donde es más fácil aprovechar la fantasía de tales alfiles, le permitirá más opciones para ganar al fin su primer gran título europeo. El otro día se vio en Alemania con una victoria contundente. Ahora mismo, parece el equipo más poderoso en la competición reina en Europa.
Por Barcelona también soplan vientos de cambio. Unos dicen que de técnico y otros de ciclo. Pero yo creo que esto último se produjo hace tiempo.  Luis Enrique tuvo que lidiar con la sustitución de Xavi, el faro que alumbraba el exitoso sistema anterior, y eso es más imposible que difícil. Sin la autoridad de Pujol y la batuta de Xavi, con un Iniesta desubicado del lugar que le hizo grande, en la media punta por la izquierda, y con Busquets con algunos años y achaques de más, el Barça tenía que reinventarse. Y en ello ha estado en los últimos tres años. La suerte blaugrana ha sido hallar en su tridente atacante mágico el ungüento que aliviaba carencias. Pero al final se impone la realidad.
Al minero asturiano le han ido trayendo inventos: Rákitic, André Gómez, Arda, Denis, Umtiti y el repescado Rafinha, supongo que con su bendición, pero el agua siempre va a lo hondo sin pedir escrituras. Ninguno de ellos, ni el propio Iniesta centrado en el medio campo, pueden sustituir a los verdaderos dueños del fútbol de autor que los hizo grandes: el Xavi majestuoso y clarividente, el mejor y más sólido Busquets y el ingrávido y  sorprendente Iniesta. Quizás le faltó a la dirección técnico culé imaginar recambios en Thiago y en Sergi Roberto, pero al primero lo dejaron marchar y el segundo ha tenido que taponar la salida de Alves; otro solista de aquella extraordinaria orquesta. Y ahora, con una temporada para olvidar, tendrán que refundar el sistema y el juego, pero deberán fichar a un prestidigitador. ¿Sampaoli?, puede ser, miren su atractivo cambio de piel al Sevilla.
Y el Madrid sigue respirando bajo la elegante sordina de Zidane. Domar egos es el primer mandamiento de cualquier técnico de un grande, y eso lo hace bien el francés; es su éxito, por encima de otros evidentes aciertos, e incluso de algunos errores. Algunos echamos de menos un sistema claro de juego —la gran carencia blanca para ganar en fiabilidad—, pero estoy  convencido de que el único que quieren en el Bernabéu ahora es marcar más goles que el contrario.  Como siempre ha sido, pero con letra y música detrás y no como sea. Habrá que dar tiempo a la callada labor de Víctor Fernández en su búsqueda de nuevos talentos, y hay algunos que apuntan alto, como Vallejo, pero es necesaria la paciencia. Cristianos, Casillas o Raúles no salen a diario, y en este Madrid idólatra, donde el culto al mesías de turno y las prisas son santo y seña, es una amenaza.
La mayor transmutación de sus aficionados es escuchar en su mítico estadio el vulgar “¡Vamos campeón….!”, que suena hasta en los campos más modestos con la letra en los electrónicos, en lugar del glorioso y distinguido “Hala Madrid”.  En ese matiz, que a algunos nos avergüenza, reside la diferencia. ¡Qué lástima de afición anestesiada! Con la que hizo grande a este incomparable club, algunos, de corto, de largo, palqueros y medianías, estarían tiempo ha pastando en otros verdes.

Mientras, ¡que siga el carnaval!       

martes, 31 de enero de 2017

PALOS AL BURRO DE ZIDANE


Se decía por la huerta que los palos hay que dárselos al burro cuando se cae. Y ni con los palos ni con este supuesto burro ni con aprovechar su caída concuerdo. Me gusta más prevenir y, en su caso, analizar después los porqués.
Estrategia, que estudiábamos, y no la gilipollez de llamar así a un córner, a una falta o cualquier otra jugada ensayada, por mucho que se enseñe tal disparate en las escuelas de entrenadores. Decía un viejo profesor de planificación que la estrategia está reñida con el corto plazo, como ocurre en la estrategia militar, donde nació el sentido del término; “el arte de la guerra”, de Sun Tzu. 
Ahora, en el caso del Real Madrid todo son palos al burro caído. Sin embargo, el sentido común y la experiencia futbolera nos muestran que los baches son una casuística habitual a lo largo de la temporada de cualquier equipo. Entre otros temas, el problema es más profundo: en ninguna otra plantilla de los clubes europeos con aspiraciones hay tanto  mediapunta por metro cuadrado. Y claro, si la manta es corta en otros puestos, como en el del medio centro o en el lateral izquierdo, y tiramos de ella para cubrirnos la cabeza, se nos ve el culo.
El asunto ha funcionado gracias al trabajo de Zidane y al entusiasmo contagiado a sus jugadores, no a ninguna flor, como se empeñan quienes le niegan el mérito, Sin  embargo, él y su Madrid suspendieron este verano el examen de estrategia cuando dejaron solo a Casemiro y cedieron a Marcos Llorente sin buscar un recambio de garantías, que los hay cercanos, como reiteramos aquí.
En Vigo se vio el desaguisado en cuanto las lesiones de algún básico los  dejó con las vergüenzas al aire. Y a pesar de todo pudieron pasar la eliminatoria a poco que a Cristiano no le hubieran traicionado los palos, a Ramos el remate —tuvo varias; una muy clara— o que la mala suerte no continuara siendo la compañera de juego del nuevo todocampista Danilo; ¡vaya tela! ¿Qué don Zinedine también se equivocó?, pues claro, eso pensamos algunos; jugó con cinco medias puntas cuando no eran para tanto dos goles, como se evidenció, y no se entienden las suplencias de Lucas Vázquez o Morata ni la posición de central de Casemiro. Benzema tiene querencia a la media punta  y el brasileño no tiene cintura ni oficio para jugar ahí; lo hace muy bien con los centrales por detrás —la corona del área blanca era una autopista— y  el francés precisa balones templados desde las bandas cuando su equipo necesita que deprede. Mucho más cuando está en la racha de secano que los goleadores también sufren ocasionalmente. Ahora, Zidane tiene que trabajar esencialmente las cabezas de todos.
A pesar del bache que sin duda atraviesan los blancos, sigo pensando que no llega a crisis. Y auguro que ni llegará, por mucho que escribir para el lunes con algún día de antelación tenga riesgos. Sin ser adivinos, hace tiempo dijimos que el Barça ganaría la Copa y que el Madrid levantaría la Liga, con la Champions como posibilidad complicada para ambos. Y en esa línea transcurre la temporada.
Y pasando del barro llegamos a los laudes, que también merecen atención. Es el momento de felicitar a personajes que no cuentan normalmente con el halago en esta modesta columna. Don Florentino Pérez ha estado oportunísimo recordando al Sevilla con el tema de Ramos que en el Bernabéu les levantaron el sitio a los ultras; como Bertomeú y el Barça. Con un par, ¡sí señor! El culpable, si se pudiera llamar así, de que el utrerano levante trofeos reiteradamente en el Madrid es el señorito del Nido.
Esa frase suya de que “en su equipo nunca ganaría dinero un canterano”, es para enmarcarla como ejemplo de la mayor estulticia de nuestro fútbol. En Nervión tienen una inmensa suerte llamada Monchi, que viene haciendo virguerías desde que el Sevilla buceaba por Segunda en la ruina. En otro caso, el ahora oscurecido no luciría los laureles conseguidos con su Sevilla. Es justo reconocérselos. A veces, apostar por alguien — Laporta con Guardiola— supone la gloria.
Y el otro a felicitar es Luis Enrique. Le preguntaron con guasa por la eliminación del Madrid  y respondió que solo le importa su Barça. ¡Olé! Cunda el ejemplo.
Los  extremos vergonzantes son ciertos periodistas bufanderos madrileños y similares de la catalana RAC1. ¡Estos sí que son burros!


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