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lunes, 5 de julio de 2021

LA GRANDEZA DE LEVANTARSE

 

La vida nos enseña y hace un año largo, demasiado, le reiteraba a un ser querido que no eran tan importantes los errores y fracasos como las veces que fuera capaz de levantarse.  Los meses han pasado y, ahora, esa persona me mira desde la seguridad que le otorga haberse superado y tener encauzada su vida. ¡Ay, el tiempo, maestro de tanto!

Rudyard Kipling, quien tanto nos inspiró a tantos, en su más célebre poema, If, señalaba el valor de levantar una nueva vida con los escombros de cualquier pasado triste. También, la personalidad de tratar de igual manera a reyes que a menesterosos. Y el carácter de afrontar el éxito y el fracaso como los impostores que son, porque, en todo momento, solo representan flores de un día. Lo verdaderamente importante es el camino, saber andarlo con honestidad, ilusión, dignidad, constancia, bondad y coraje. Homero y su Odisea siempre presentes, como tan líricamente recogió Kavafis en su Ítaca.

Unai Simón, portero titular discutido de nuestro combinado nacional, resumió todo lo anterior con su magnífica gesta en dos partidos consecutivos. Ha pasado de bulto sospechoso a héroe tras un fallo garrafal —hazmerreir mundial—, sobreponiéndose al bochorno con cuatro paradas antológicas, dos de ellas en penaltis decisivos. Pero, además, tocó el cielo de los elegidos con un gesto de humildad y reconocimiento a su rival: cuando recibió el premio al mejor del partido, exclamó que él se lo hubiese dado a Sommer, portero de Suiza —paró todo lo que fue a su portería, que fue mucho, permitiendo a su equipo llegar a los fatídicos penaltis finales—. 

Escribí del portero vasco que alternaba cantadas con genialidades, pero no sabía nada más de él. Ahora, pasado el tiempo efímero de esta Eurocopa hasta semifinales, me ha ganado para siempre. Estará, y creo que en el de muchos, en uno de esos recuerdos que los aficionados guardamos como pequeños tesoros de nuestra pasión deportiva. Un tío grande, como lo definió el mítico Casillas, que también sabe de caídas y levantadas legendarias.

Junto a Unai Simón, es el momento de resaltar al equipo de autor, ahora sí, de Luis Enrique, tan malafollá de libro como buen técnico, demostrado. Perfecto no hay nadie, pero la fidelidad a las ideas propias y la perseverancia, salvo obsesión ciega, son precursoras de éxito. El seleccionador lo ha conseguido llegando a donde nadie nos esperaba previamente. Ni la inmensa mayoría de aficionados españoles. Las semifinales de esta Eurocopa son ya el triunfo de un equipo joven y nada experimentado en grandes disputas internacionales, salvo las excepciones de Busquets y Alba, acompañados de dos currantes admirables, Koke y Morata, con Azpilicueta dando por fin el nivel que merecía en nuestra selección.

Decíamos la semana pasada que el predominio del conjunto sobre las figuras era lo más significativo del presente campeonato. Italia y España lo han refrendado y mañana martes escenificarán en Londres el valor de saber a qué se juega y la ventaja competitiva en el fútbol de la solidaridad frente al individualismo.

A priori, los de Mancini, que venían de una etapa oscura en el escaparate internacional, encadenan una racha de resultados tan impoluta que los hacen claros favoritos; más de treinta partidos imbatidos. Pero he aquí un factor que ayuda siempre al más débil. Los de Luis Enrique jugarán sin presión, conscientes de que todo lo que venga ya es un regalo, y eso les hace temibles, como pensarán los italianos.

Jugar al fútbol sin presión es mano de santo para lucir cualidades que la competitividad responsable esconde. Quizá descubramos nuevas y sorprendentes virtualidades de nuestros internacionales, hasta encumbrar a algunos al estrellato que hasta ahora se les niega; unos por trayectoria sinuosa e irrelevante y otros por noveles o desconocidos. Ojalá suceda.

Es imprevisible hasta donde llegará España, capaz de todo ante cualquiera, pero, ojo, hasta ahora no ha perdido. 

Y hay otra cualidad que me agrada sobremanera. Con la excepción de Luis Enrique, porque la cabra siempre tira al monte, intuyo que en caso de que el triunfo se alargue hasta la final, nuestros muchachos no serán de aquellos que por soberbia nunca se recuperan de un éxito. Al contrario, algunos sí saben reponerse dignamente tras fracasar. De propina, la unión y el compañerismo también les honran.

Brindo por ellos, especialmente por Unai y Morata, incluso por Luis Enrique —que sabe bastante de esto—, y por quienes nos enseñan cada día la grandeza de levantarse.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

NI MILAGROS SIN SANTOS NI GOLFADAS SIN GOLFANTES



Luis Enrique no hará milagros con España. Ni él es un santo ni tiene futbolistas en olor de santidad. Luis sí lo fue. Y no tanto por sí mismo, que también, como por intuir sus infinitas bondades y poner en valor a media docena de futbolistas que traslucían gloria. Los bajitos que acercó a los altares confirmaron su santidad con el milagro de hacer a nuestra selección campeona de Europa y enseguida del mundo con un franciscano del balón, Del Bosque, quien tuvo su aura de santidad en la rara humildad de continuar la labor de su antecesor. Pero el tiempo pasado no vuelve.
De los ilustres que  nos llevaron a lo más alto apenas queda Ramos, viviendo ya también sus últimas lunas aunque haya ganado en capacidad de liderazgo, también desgraciadamente empezando a ser discutido por su paisanaje.  En España somos así. Si fuera inglés, alemán o italiano, aunque tuviera algún fallo, saldría a homenaje y ovación cerrada cada vez que se enfundara la camiseta de su país. Pero, ¡ay amigo!, como ocurre con nuestra controvertida historia pasada, la leyenda negra que le han colgado los impotentes a los que ha vencido empezamos a creérnosla también nosotros. Que si da palos, que si va de sobrado, que si es anárquico, que si ya no llega… ¿Ya no recordamos a aquellos futbolistas extranjeros de corte parecido, aunque no tan laureados, que nos llevaron por la calle de la amargura tantísimos años? En fin, somos así demasiadas veces. Admiradores acomplejados de ajenos y crucificadores veletas de propios tras súbitas ascensiones a los altares.
Ya no tenemos a ningún Pujol, Xavi, Iniesta, Silva, Cesc o Villa activos o en edad de merecer. Nos quedan el sevillano y Busquets, que tampoco es el de hace años. En Zagreb se vio. Pudo hacer unos cuantos cambios de juego sencillos y pases profundos a compañeros desmarcados y no se atrevió. Ahora anda encorsetado en el seguro del juego corto, que también padecen en el Barça, para que no se le rompan las costuras. Sigue siendo un excelente medio centro, pero añoramos al que fue mejor del mundo.
Y el remate mediocre es que los jóvenes que tanto apuntaban también la prefieren cortita y al pie. Isco, y Asensio, por ejemplos, el primero por definición y el segundo por inseguridad pasajera, esperemos; se lían en medio y no profundizan lo que debieran aunque a veces asomen su clase. Alguien debe recordarles que Guti tenía tanta o más, seguramente que los dos juntos, y pocas veces fue titular indiscutible en el Madrid y nunca en la selección. Saúl también es intermitente y De Gea ataja lo que para un buen portero, pero no los imposibles y decisivos que detenía Casillas, que sí fue un santo con milagros demostrados.
En definitiva, sin santos, tampoco esperemos milagros de Luis Enrique; más hereje que beato. Lo demuestran sus controvertidas decisiones y la errática explicación que dio tras lo de Croacia, comparada con las dadas tras sus triunfos en Londres y Elche; ahora resulta que está formando jugadores jóvenes. ¿Oiga, y la sub 21 para qué es? A fin de cuentas, sus efímeros éxitos en el Barça, por decir algo bueno, fueron más por ‘san Messi’ que por sus virtudes de estratega.       
   
DESVARÍOS Y DERBI MURCIANOS
Califiquen ustedes de listo y tonto a quien les parezca, contrastado que De la Vega compró a Moro sus acciones del Murcia sin pagarle un euro, aunque le aguarde un complejo panorama judicial para hacer buena la opción de compra que ejecutó por mucha razón que le hayan dado las instituciones deportivas. Y así, aun con dudas respecto a los tejemanejes del extremeño y sus cuates, pasemos página hacia la presunta golfería.
¿Trincaron irregularmente del club quienes propiciaron la llegada del mexicano y luego su expulsión para el aterrizaje de Gálvez?  ¿Dónde está el dinero de los abonos y la publicidad de esta temporada? ¿Hay algún acuerdo oculto de no molestar que propiciara la llegada del nuevo consejo? ¿Para cuándo las demandas por el dinero negro y blanco desaparecidos? Hay pruebas clamorosas.
Y el derbi se lo llevó el Cartagena porque tiene gol y el Murcia no. Aprovechó sus escasas ocasiones en veinte minutos buenos, desde que Munúa acertó sacando al bético Gracia y cambiando de banda a Moyita, y los granas desaprovecharon media docena en sus superiores setenta; ganas le echaron, pero no basta ante un equipo con el empaque  albinegro.
    


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