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martes, 5 de octubre de 2021

LOS TRAMPOSOS

 

De Luis Enrique a Laporta, o lo que es lo mismo, de un provocador vocacional a un mentiroso de vodevil, empeñados en jugar al trile con quienes deberían ser sus parroquianos predilectos: los aficionados españoles y los culés. Por eso, y siguiéndoles su juego de feria barata, deberíamos llamarlos trileros o, sencillamente, tramposos.

En aquella inolvidable película de Pedro Lazaga, con tal nombre, en la que un espléndido Tony Leblanc junto a una prometedora Concha Velasco y el inigualable Antonio Ozores brillaron como pocos en nuestro panorama cinematográfico, se reflejaba la clásica picaresca patria, transportada a los tristes decenios de la posguerra. Sesenta años después, para escarnio de algunos, indiferencia de demasiados, cabreo de muchos y pasmo de casi todos, el seleccionador nacional y el presidente blaugrana nos enseñan su bolita junto a tres cubiletes y nos prometen el doble de la apuesta si acertamos dónde la esconden.

Quedan lejos aquellas primeras manifestaciones de Luis Enrique, asegurando que llamaría a los mejores jugadores sin fijarse en edades ni colores, con la premisa de que fueran titulares en sus equipos.  Ya en la pasada Eurocopa, se olvidó de tal condición e hizo jugar casi fijos a varios que eran suplentes habituales en sus clubes. Y ahora, se supera seleccionando a otros por ser de su agrado personal, cosa entendible, pero no necesita adornarse, e incluso por ser promesas de futuro. Sin extenderme, ni Eric García está entre los mejores centrales españoles ni Brais Méndez es el mejor del Celta ni Gavi ha hecho méritos suficientes en el rato que lleva jugando en Primera. Y de los que no están, Brahim, Aspas, Mir, Raúl de Tomás, Williams o Nacho, que no son figuras mundiales —tampoco los seleccionados—, les dan sopas con ondas a quienes ocupan puestos que les deberían pertenecer, atendiendo a los criterios de ser de los mejores en sus respectivas demarcaciones y gozar de la titularidad en sus equipos.

El colmo fue que, según él mismo, estuvo a punto de llamar a Ansu Fati, quien solo ha jugado unos minutos tras estar casi un año parado por una lesión complicada en la rodilla. Sería fácil decir que son cosas de Luis Enrique o que tiene querencia culé, aspecto muy humano por incompatible que sea la bufanda de cualquier club en su responsabilidad, pero el asunto se enturbia si tenemos en cuenta que Eric García y Gavi comparten representante: Ivan de la Peña, íntimo del seleccionador. Y no se trata de una opinión retorcida, sino de simple información. Saquen sus conclusiones.  

Aparte de lo anterior, ya destacamos el buen papel de nuestra selección en la pasada Eurocopa y se le desea siempre lo mejor, pero también es oportuno decirle a Luis Enrique que se meta sus cubiletes y la bolita donde le quepan. Una cosa es ser aficionados españoles, otra comprarle sus trampas y resulta absolutamente rechazable que nos tome por gilipollas.

Joan Laporta llegó al cargo asegurando que tenía un plan serio y que la continuidad de Messi era su piedra angular. Pues bien, pasado casi un año desde sus promesas, cabe compararlo ahora con aquel que tras equivocarse en una llamada de teléfono y repetir el número que había marcado, a requerimiento de su interlocutor, este le respondió;” oiga, no ha acertado usted ni uno”.

Ni Messi está ni contaba con un buen técnico ni tenía el dinero ni los avales necesarios —tuvo que improvisar y rogar sobre la marcha hasta última hora— ni ningún plan bajo el brazo. Todo, mentira. Eso, por no hablar del potreo que lleva con Koeman, seguramente hasta que encuentre un sustituto de nivel dispuesto a ir al Barça; de su reticencia a traer a Xavi — estaría dispuesto con ciertas condiciones lógicas—; ni del reciente esperpento de proclamar su apoyo al técnico actual, cuando el pasado jueves, tras lo de Lisboa, había proclamado a un grupo de notables que estaba muerto. El miedo a quedarse sin parapeto, si lo echa, también cuenta. Como su falta de criterio.

Aunque la triste realidad es que Laporta manda poco en el Barça. Es un títere, manejado con rienda corta y bocado jerezano por quienes, in extremis, hicieron posible económicamente su presidencia.

Uno por provocador, porque le gusta, y otro por embustero, por impotencia, han devenido en trileros.

Sin embargo, lo importante sería que a la Selección y al Barça les fuera bien.  Estos tramposos no actúan en ninguna película divertida. Juegan con los sentimientos y el ánimo de millones de aficionados.

lunes, 5 de julio de 2021

LA GRANDEZA DE LEVANTARSE

 

La vida nos enseña y hace un año largo, demasiado, le reiteraba a un ser querido que no eran tan importantes los errores y fracasos como las veces que fuera capaz de levantarse.  Los meses han pasado y, ahora, esa persona me mira desde la seguridad que le otorga haberse superado y tener encauzada su vida. ¡Ay, el tiempo, maestro de tanto!

Rudyard Kipling, quien tanto nos inspiró a tantos, en su más célebre poema, If, señalaba el valor de levantar una nueva vida con los escombros de cualquier pasado triste. También, la personalidad de tratar de igual manera a reyes que a menesterosos. Y el carácter de afrontar el éxito y el fracaso como los impostores que son, porque, en todo momento, solo representan flores de un día. Lo verdaderamente importante es el camino, saber andarlo con honestidad, ilusión, dignidad, constancia, bondad y coraje. Homero y su Odisea siempre presentes, como tan líricamente recogió Kavafis en su Ítaca.

Unai Simón, portero titular discutido de nuestro combinado nacional, resumió todo lo anterior con su magnífica gesta en dos partidos consecutivos. Ha pasado de bulto sospechoso a héroe tras un fallo garrafal —hazmerreir mundial—, sobreponiéndose al bochorno con cuatro paradas antológicas, dos de ellas en penaltis decisivos. Pero, además, tocó el cielo de los elegidos con un gesto de humildad y reconocimiento a su rival: cuando recibió el premio al mejor del partido, exclamó que él se lo hubiese dado a Sommer, portero de Suiza —paró todo lo que fue a su portería, que fue mucho, permitiendo a su equipo llegar a los fatídicos penaltis finales—. 

Escribí del portero vasco que alternaba cantadas con genialidades, pero no sabía nada más de él. Ahora, pasado el tiempo efímero de esta Eurocopa hasta semifinales, me ha ganado para siempre. Estará, y creo que en el de muchos, en uno de esos recuerdos que los aficionados guardamos como pequeños tesoros de nuestra pasión deportiva. Un tío grande, como lo definió el mítico Casillas, que también sabe de caídas y levantadas legendarias.

Junto a Unai Simón, es el momento de resaltar al equipo de autor, ahora sí, de Luis Enrique, tan malafollá de libro como buen técnico, demostrado. Perfecto no hay nadie, pero la fidelidad a las ideas propias y la perseverancia, salvo obsesión ciega, son precursoras de éxito. El seleccionador lo ha conseguido llegando a donde nadie nos esperaba previamente. Ni la inmensa mayoría de aficionados españoles. Las semifinales de esta Eurocopa son ya el triunfo de un equipo joven y nada experimentado en grandes disputas internacionales, salvo las excepciones de Busquets y Alba, acompañados de dos currantes admirables, Koke y Morata, con Azpilicueta dando por fin el nivel que merecía en nuestra selección.

Decíamos la semana pasada que el predominio del conjunto sobre las figuras era lo más significativo del presente campeonato. Italia y España lo han refrendado y mañana martes escenificarán en Londres el valor de saber a qué se juega y la ventaja competitiva en el fútbol de la solidaridad frente al individualismo.

A priori, los de Mancini, que venían de una etapa oscura en el escaparate internacional, encadenan una racha de resultados tan impoluta que los hacen claros favoritos; más de treinta partidos imbatidos. Pero he aquí un factor que ayuda siempre al más débil. Los de Luis Enrique jugarán sin presión, conscientes de que todo lo que venga ya es un regalo, y eso les hace temibles, como pensarán los italianos.

Jugar al fútbol sin presión es mano de santo para lucir cualidades que la competitividad responsable esconde. Quizá descubramos nuevas y sorprendentes virtualidades de nuestros internacionales, hasta encumbrar a algunos al estrellato que hasta ahora se les niega; unos por trayectoria sinuosa e irrelevante y otros por noveles o desconocidos. Ojalá suceda.

Es imprevisible hasta donde llegará España, capaz de todo ante cualquiera, pero, ojo, hasta ahora no ha perdido. 

Y hay otra cualidad que me agrada sobremanera. Con la excepción de Luis Enrique, porque la cabra siempre tira al monte, intuyo que en caso de que el triunfo se alargue hasta la final, nuestros muchachos no serán de aquellos que por soberbia nunca se recuperan de un éxito. Al contrario, algunos sí saben reponerse dignamente tras fracasar. De propina, la unión y el compañerismo también les honran.

Brindo por ellos, especialmente por Unai y Morata, incluso por Luis Enrique —que sabe bastante de esto—, y por quienes nos enseñan cada día la grandeza de levantarse.

martes, 27 de octubre de 2020

YA TENEMOS OTRA

 

Con otro penalti para la historia de los clásicos, esta vez penaltito por agarrancico, ya tenemos de nuevo la burra de las decisiones arbitrales en el trigo de los llantos blaugranas. ¿Qué otras veces ha sido al revés? También, pero suele coincidir con lamentos oportunistas por impotencia.

Otro tópico típico es lo de que estos partidos suelen decidirse por detalles. Y así fue el tempranero del sábado.  Un detalle arbitral tan bien sancionado como si no lo hubieran hecho, en un encuentro equilibrado con más emoción que juego y menos expectativas que ilusión, aunque a partir de ese momento el Madrid fue sobradamente mejor. Dos equipos venidos a menos con su relevancia europea perdida. Incluso en la Liga, no ya los medianos sino también los modestos le han perdido el ancestral respeto. Cualquiera le pinta la cara con apenas dos o tres jugadores destacados que no serían ni suplentes en sus millonarias plantillas. Esta categoría actual de Madrid y Barça convierte en anecdótica cualquier deriva arbitral.  Como justificación, reseñar que andan en una etapa de renovación tan problemática como importante. Los blancos, huérfanos de gol desde la marcha de Cristiano y los culés anticipando el duelo por la próxima de Messi. Los goles patentan sistemas de juego, los que sean, y hacen figuras de futbolistas acompañantes que sin su aura serían normalitos.     

Volviendo a lo del sábado, por momentos, como bien ha señalado Schuster, parecía un divertido encuentro entre solteros y casados en lugar de un duelo en la cima del fútbol español. A falta de intensidad, brillo, velocidad y juego recio de los veintitantos que saltaron al césped, la emoción la propiciaron más Zidane y Koeman que sus talentosos futbolistas con planteamientos vivificantes que entretuvieron al respetable televisivo y alegraron la juventud de unos y reverdecieron el venerable pasado de otros. Si en un partido tan blando de merengues y culés los coge un mihura europeo les hace un siete. Así, bastó un chispazo de Benzema —magnífico por otra parte, como casi siempre desde hace un par de años— y otro de Messi para servir en bandeja sus goles a Valverde y Ansu Fati, con la imprescindible colaboración del movimiento de arrastre de defensas culés de Asensio y el desmarque y pase en franquía de Alba al morenito recordman barcelonista. El broche final de los ilustres fue el gol de la sentencia, gustándose, del Cruyff balcánico Modric, sin olvidar la seguridad goleadora del incombustible Ramos. Y eso fue lo reseñable futbolístico. Quedan para la historia otra manoseada e indecente trifulca arbitral de los desmemoriados y deslenguados de turno y tres puntos balsámicos para el yaciente Madrid.

Punto y aparte para Zidane, que con todas sus carencias sigue sin perder en el Nou Camp. ¿Suerte?, ¿acierto?, ¿o que tiene más vidas que un gato? Ustedes mismos, pero no presupongan ciencia al fútbol.

El Atlético superó la resaca europea que no pudo digerir el Sevilla y siguió a lo suyo. No encajar y conseguir algún golito para mantenerse en el palmito. Si acaso, lo más reseñable es que ese delantero inventado por Simeone, Llorente, sigue pidiendo a goles y fútbol total ser seleccionado por Luis Enrique. Es, quizás, de los pocos todoterrenos españoles que no desentonaría enrolado en cualquiera de ellos con similar entrega, garra, potencia, velocidad y eficacia.

El tema es que esta semana tenemos otra vez Champions y puede que se agrave la postración de unos y vuelvan la febrícula preocupante y la irrelevancia a otros.  O no, porque tampoco debemos olvidar que esto es fútbol, y como juego de suertes y alternancias lo que hoy es blanco mañana puede ser negro y al revés, ni que aun en su decadencia, Real y Barça disponen de mimbres y solistas que todavía pueden componer cestos majestuosos e interpretar sinfonías asombrosas si les acompaña el ánimo, las fuerzas, los compañeros y la suerte. Nunca se puede asegurar nada cuando entre el éxito y el fracaso media una pelota y noventa y tantos minutos.  

La semana pasada aventuramos que Luis Enrique debía reinventar la capacidad goleadora de sus medios o mover piezas hacia el centro de la delantera. Koeman acertó devolviendo el sábado al juvenil Fati a su antiguo puesto infantil de delantero centro.

Con confianza, Traoré en banda y Ansu por dentro podrían formar un dúo demoledor. Tiempo y hierba, que decía un sabio tratante respecto al engorde de corderos. 

Finalizando, ¿conspiraciones arbitrales? ¡A llorar al árbol!, que decía Jesús Belascoaín; amigo ilustre.

 

lunes, 19 de octubre de 2020

CA UNO ES CA UNO


Esa frase tan del pueblo atribuida al torero Rafael el Guerra explicita que no se le pueden pedir peras al olmo.

De Isco no esperen pases a la primera sin antes amagar hacia cualquier lado o medias vueltas con el culo como centro de su juego. De Marcelo, tampoco que sea tan buen defensa como atacante fue antaño, y últimamente ya ni eso; hace mucho que ni uno ni otro están para jugar en el Madrid. Y lo peor es que Zidane lo sabe mejor que nadie. Si a esas minusvalías le sumamos que el multiusos Nacho ya vivió sus mejores lunas de blanco y que Lucas Vázquez sigue en la plantilla por aquello de cubrir las exigencias europeas del cupo de canteranos para la Champions, tendremos el cuadro que explica parte de la debacle blanca contra el Cádiz; pero solo parte, porque en la segunda ídem el técnico cambio medio equipo y tampoco subió nivel.

La explicación también la resumió el mítico torero citado con aquello de “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. O lo que es lo mismo, andando no se juega. Ni velocidad ni garra ni desmarques ni juego con y sin balón ni ganas. Ese es el resumen del partido que hicieron el sábado los merengues contra los entusiastas y bien ordenados cadistas del tan modesto como extraordinario Álvaro Cervera. Que otro Álvaro, el ex madridista Negredo, con más mili que Cascorro y de vuelta de todo les diera a los blancos una lección de pundonor y saber estar de delantero a sus treinta largos, refleja la birria que protagonizaron los madridistas actuales. Solo Benzema, más solo que la una en sus meritorios esfuerzos, parecía tener el otro día vergüenza torera junto al lesionado y sempiterno Ramos mientras estuvo. Y eso también lo sabe porque lo sufre el entrenador gabacho.

¿Soluciones? Paciencia franciscana y que pase pronto este año a ver si para el siguiente llega la caballería en forma de dos o tres fichajes que galvanicen el panorama. Porque, a ver, ni Vinicius ni Asensio ni Rodrygo ni el propio Benzema ni ningún otro delantero actual garantizan veinte o treinta goles por temporada. Y ni Modric ni Kroos ni Valverde ni Casemiro, por buenos que sean o hayan sido hace años los primeros y sean también los segundos en tareas esforzadas, pueden manejar la brújula blanca con la exigencia que comporta aspirar a todo. Falta ver a Odegaard ocho o diez partidos seguidos de titular en el eje del juego blanco para calibrarlo.

El Barça tampoco tira cohetes, aunque tiene varios brillos que pueden iluminar el horizonte. Ansu Fati pudiera ser, el jovencísimo Pedri apunta maneras, Coutinho parece otro y Messi, aun desganado, aún le sobra categoría para arreglar descosidos en cualquier fogonazo. Sin embargo, Busquets ni entonado está cerca de su mejor versión, De Jong no termina de coger el mando y anda fallón, Griezmann no encaja, a Trincao le falta un buen partido, Aleñá y Pjanic están desaparecidos y a Riqui también le faltan ocho o diez partidos de titular y confianza para vislumbrar sus posibilidades. ¿Resultado? Pues que sin gol y escasas ocasiones, un Getafe sólido, legionario y bien aleccionado le baila tres puntos que podían haberle hecho engancharse a la cabeza tras el gatillazo del Madrid antes del duelo sabatino próximo, que pinta gris.  

El Atlético, aunque sume con los goles de Suárez, que tampoco baja el pistón, es una incógnita dados sus titubeos iniciales. El nuevo medio centro Torreira, mientras tuvo fuerzas, hizo un partido para la esperanza y la zaga colchonera continua en su línea de seguridad jueguen quienes jueguen. Sello Simeone, que tampoco descolore. Y el Sevilla euro campeón de Lopetegui dio la de arena ante el sorprendente Eurogranada, con un juego tan ramplón para sus intereses como la expulsión de Jordan y la derrota final; mal asunto para sus renovadas aspiraciones.

Con este preocupante panorama, la Champions que empieza puede ponernos en nuestro sitio.

Finalizamos con el petardazo de nuestra Selección ante la mediocre Ucrania. Luis Enrique, aunque quiera disimular la carencia de remate, debe reinventar la faceta goleadora de sus excelentes medios o probar a Traoré por el centro —en banda tapa a Navas— porque ni Rodrigo ni Gerard ni Olmo ni Oyarzabal ni otros son Villa o Raúl ni goleadores de garantías para su nivel de exigencia.

En el fútbol, como en los toros, sin espada no hay cortijo.

   

 

lunes, 12 de octubre de 2020

DEL PELLIZCO A LA GATERA


 

¡Trallazo de luz!, versificaba con su voz enronquecida el gran dramaturgo y   poeta murciano Lorenzo Fernández Carranza refiriéndose a su Cehegín del alma. Ceheginero a gala, mi tristemente desaparecido amigo hacía bueno el poema  If de Kipling porque jamás perdió la dignidad ante el éxito —ganador del Lope de Vega de teatro en 1980 con Los despojos del invicto señor y finalista tres años antes con Años de ceniza, cuando lo ganó Fernando Fernán Gómez con sus bicicletas para el verano— ni ante la precariedad de su famélica y sempiterna bohemia militante. Murió como vivió; pobre, humilde, soñador y altanero, sin embargo, cuando de defender el arte, la amistad y la honradez intelectual se tratara. Siempre recuerdo su figura y su voz de trueno cuando algo me pellizca poderosamente y siento un trallazo en las entrañas.

Descubrí la enorme transformación de Adama Traoré en la pasada Europa Ligue, cuando hizo un jugadón con su Wolverhampton desde el medio campo por el centro para conseguir un gol de bandera yéndose en velocidad por potencia y cambio de ritmo de varios rivales.  Y sentí tal pellizco que investigué hasta no comprender cómo un futbolista así no estaba en un grande español y se le había escapado al Barça años antes. Y tampoco entendí cómo no era titular indiscutible de nuestra selección nacional. Meses después, Luis Enrique se atrevió a ponerlo e imagino el trallazo de luz que sentirían quienes no lo conocieran. Un pellizco alegre en las entretelas futboleras porque hace mucho que se han perdido los antiguos extremos que se iban por potencia y velocidad para poner balones de gol a sus compañeros. Fútbol sencillo y de verdad. Fútbol del bueno al margen de gustos, tácticas y disquisiciones técnicas.  Fútbol que nos pone a todos de acuerdo, como el sabor auténtico del marisco fresco bien cocido o el buen vino, que decía otro ilustre a quien recuerdo más cada día cuando saboreo el fútbol bueno como expresión artística; el tan inigualable como irrepetible maestro Juan Ignacio de Ibarra.

Así de clara es la autenticidad en el fútbol, como también lo es en la vida misma. Luego vendrán los matices, las opiniones y el tiempo de cocción de cada jugador o de cada cosa, pero lo que nadie discute es el trallazo de luz que han supuesto el español de origen malí y el juvenil Ansu Fati, también con raíces africanas, para los aficionados españoles. Y cuando los veo recuerdo a aquella selección francesa de Tigana y Platiní que fue campeona de Europa en 1984 con más de medio equipo compuesto por jugadores de color. Una de las ventajas de la integración racial en cualquiera de nuestras sociedades occidentales, como sucede desde siempre en el deporte de EEUU. Algo que inevitablemente vivimos en España y que ojalá nos sirva para bien y no para todos esos males apocalípticos que tantas veces nos anuncian algunos y que a veces tendemos a asumir por la problemática que también acarrea. Adama y Ansu podrían ser ejemplos para unos y otros; también en lo personal, porque rezuman sencillez y humildad en el triunfo. Ejemplos de que la convivencia es posible desde el respeto y el esfuerzo, pero también desde la comprensión, la generosidad y la esperanza.

Y llegamos a las gateras, esas vías de escape para usar en la indignidad. El sábado me preguntaron en Cartagena cuándo empezaba a jugar mi equipo. Se referían al Real Murcia, claro. Y en ese momento sentí otro pellizco, pero de humillación. Y no por quien me requería, que además de buena gente goza de mi cariño y es sentimiento recíproco, sino porque no encontré respuesta adecuada a lo que realmente sentía.

En décimas de segundo di un paseo por la historia y mi confusión fue mayor. ¿Empezar a jugar? ¿A jugar como cuando subió de Tercera a Primera en dos años? ¿Como cuando permaneció varias temporadas en Primera? ¿Como cuando a fuerza de ser campeón sigue siendo el rey de Segunda? ¿O como cuando subimos a Segunda siendo campeones de todo con un grupo de amigos en la directiva, o qué? 

Y la realidad se impuso a los recuerdos e incluso a los sueños. Mi amigo se refería a esta próxima y seguramente aciaga temporada, en la que permanecer en Segunda B sería un éxito.

Al final veremos quién o quiénes tienen que coger la gatera. Y no será por falta de advertencias y ocasiones. Una verdadera pena. Un drama.

 

lunes, 14 de octubre de 2019

DESDE LA AÑORANZA



Así se mira y se mide hoy a la selección española desde la propia España. Y tiene su punto y razones evidentes, pero tal vez sería mejor hacerlo desde el respeto, como lo hacen fuera.

La nostalgia es poética, y todavía cerramos los ojos para imaginar a los Xavi, Iniesta, Xabi Alonso, Pujol, Casillas o Villa y a los mejores Busquets, Cesc, Ramos y Piqué defendiendo hoy nuestros colores. Pero ese punto placentero por el juego de antaño conlleva un riesgo cierto de desánimo. Y no debería ser así. El pasado nunca vuelve ni se repite, salvo como drama o chufla por el empeño tan humano de reiterar errores. El pasado glorioso de nuestro fútbol debe permanecer en el recuerdo legendario y no en la absurda exigencia de revivirlo. Entre otras cosas porque es imposible.  Está bien como lo que es: solo historia del fútbol mundial y un refugio ocasional de recuerdos agradables.  Y establecer comparaciones, que sería el más liviano de nuestros errores, lleva a muchos a un nido de frustraciones y críticas desenfocadas. Es lo que vivimos ahora tras el empate en Noruega con la clasificación para la Eurocopa en el bolsillo y contra una selección que, como otras y en tiempos cercanos, nos pintó la cara con parecido fútbol rudo y exento de calidades. ¡Ay, nuestra atávica y ensoberbecida desmemoria!

Lo positivo, no obstante, es que esa crítica encierra el salto cualitativo a nivel de exigencia que tal pasado glorioso conlleva para nuestro fútbol. Y está bien sentirlo así, pero sin caer en el ninguneo a nuestros internacionales y técnicos del momento. Desde Luis y Del Bosque han pasado Lopetegui, Luis Enrique y Robert Moreno, y con los tres se ha jugado generalmente bien, salvo en el accidental y breve paso de Hierro en el pasado Mundial.  Como ejemplo, algunos tenemos el pálpito de que sin mediar aquella desastrosa gestión España hubiera estado cerca de ganarlo. Lo que, para quienes peinamos ya menos canas que calva, certifica el enorme salto que supusieron los éxitos del cuatrienio mágico del 2008 al 2012. Hasta ese momento, España casi siempre era el pupas, unas veces por mala suerte, otras por los árbitros y las más por el desacierto puntual de nuestros otrora figuras domésticas. Como los perros del tío Alegría, con perdón, muy buenos persiguiendo piezas, pero cuando estaban a tiro levantaban la patita para mear.

La realidad es que España ya es una selección habitual en las fases finales, y sobrada de puntos, e incluso llega con la vitola de aspirante al título. No hace tanto se sufría para estar presentes. Que los jugadores que añoramos estaban entre los mejores del mundo en su puesto, si no eran los números uno, no debería ser óbice para tildar a los actuales de mediocres; no, no son ni una cosa ni la otra, pero es que tampoco hay en otras selecciones jugadores del nivel de aquellos españoles que marcaron una época en el fútbol mundial.  

Fabián, Kepa, Saúl, Rodri, Ceballos y compañía, y los veteranos que los vertebran, son jugadores de primerísimo nivel, y hay otros que también están o pueden estar a su altura tanto en las selecciones inferiores como en sus clubes. Y eso es un motivo para la esperanza. Los títulos nunca se ganan con los ya ganados, sino con el esfuerzo constante, la gestión eficaz y la inteligencia como herramientas básicas. Y el argumento fundamental es la calidad de nuestros futbolistas en el panorama internacional. Su titularidad en ligas y equipos extranjeros y en la Liga es la mejor muestra. Así como los éxitos de las selecciones españolas jóvenes.  Dejémonos de añoranzas y afrontemos el mañana ilusionados.  Eso sí, sin perder la visión crítica exigente que debemos a nuestro pasado ya legendario. Ese debería ser el camino y no el de rasgarnos las vestiduras porque unos fortachones arañaran un punto en su casa, en el tiempo de descuento y de penalti. En otro tiempo lo hubiéramos querido y celebrado tal empate, con la clasificación en el bolsillo por mantenernos invictos en cualquier fase de clasificación para lo que fuera.

La añoranza y sus nostalgias son inspiración de poetas, en lo bueno y bello, e ingredientes humanos depresivos en lo malo y hasta en lo trágico.  Y para la vida, solo sirven como referentes de dónde se viene para apuntar razonable y apasionadamente hacia dónde ir. Lo demás son regodeos en el dolor, vagancias ensimismadas y trasnochados complejos de superioridad.    


lunes, 25 de marzo de 2019

LA FUNESTA CARENCIA DE GOL



Los goleadores son las aves raras más deseadas y por eso son los futbolistas más caros. Y también los más criticados, junto a los porteros, cuando no aciertan en el momento cumbre del fútbol.

El gol es el final y el comienzo de todo. El instante en que las gargantas se desatan porque aflora la ansiedad contenida en jugadores, técnicos, directivos y aficionados. No hay otra magia superior en este fantástico mundo. Y  a veces, como admiraba el maestro Ibarra, surge la plástica en el movimiento supremo de embocar la pelota. De ahí su lado artístico y la belleza que también atesora el fútbol. Porque el arte es emoción y eso es lo que ocurre tras un gol decisivo, y más cuando la estética encumbra ese instante. Entonces surgen hasta los pañuelos laudatorios. Y de la retina pasan a ocupar su rincón de gloria en nuestros recuerdos. Esos que se guardan para siempre en los corazones. ¿Quién no tiene atesoradas unos cuantos goles de los jugadores que alguna vez emocionaron? Son, de largo, junto a determinadas celebraciones, la memoria viva del fútbol; permanecen en movimiento dentro de millones de aficionados mientras las neuronas acompañan. 

Para los españoles, el gol de Iniesta a Holanda, el de Torres a Alemania y el de Marcelino a la URRS. Para los madridistas, aquellos de Di Stéfano, Puskas, Gento, Serena, Mijatovic, Raúl, Zidane, Ramos, Cristiano o Bale en Europa. Para los culés, los de Koeman, Baquero, Ronaldinho, Messi, el propio Iniesta e incluso alguno de Cruyff por su rara belleza intemporal, como los más antiguos recordarán los inverosímiles de Kubala. Y qué Atlético no recuerda el de Luis Aragonés en la desgraciada final empatada y luego perdida frente al Bayern, o el de Godín en Lisboa entre otros que pudieron dar títulos en la también larga memoria de desdichas colchoneras. 

La selección española de Luis Enrique anda buscando otro Villa, como le recordaba el sábado a mi amigo Faustino. Busca con arrebato un goleador que convierta repetidamente algunas de las muchas ocasiones que nuestros medios y jugadores de banda propician. En Valencia su pudo golear a Noruega, pero la funesta carencia de gol puede llevarse por delante las ilusiones que tantos queremos reverdecer. Jugando así puede que pocos nos igualen, pero sin acierto será un fútbol estéril que a la larga y a la corta los hace peores a todos. Es lo mismo que hemos reiterado respecto al Real Madrid tras la pérdida de Cristiano. Los buenos jugadores no se olvidan de jugar en pocos meses, pero necesitan el remate certero que haga bueno su trabajo. Por eso, siempre ha habido futbolistas que pasan desapercibidos en el juego y que, sin embargo, pasan a la historia del partido porque la tocan cuatro veces y hacen dos goles. Y algunos lo reiteran tanto y en momentos tan oportunos que forman parte de la grandeza histórica de sus equipos. Raúl, por ejemplo, está en la del Madrid y no en la de la Selección. Y Villa, por el contrario, estará más para siempre en la de España que en la de sus muchos clubes, aun habiendo sido un goleador importante en todos ellos.

Cristiano y Messi, singularmente, estarán tanto en la de sus clubes como en la memoria de millones de aficionados porque siguen marcando una época repartiéndose honores. El comienzo del siglo XXI es suyo. Dos futbolistas que cuando se retiren será difícil reeditarlos en demasiados años. Tantos como para pasar a legendarios de generación en generación. La nuestra tendrá el placer inolvidable de haber visto confrontarse  en directo a dos de la escasa docena de genios y artistas que el fútbol ha deparado. El luso como goleador y el argentino como futbolista total y goleador también; quizás el más completo de la historia, aunque  con su selección le falte capacidad de liderazgo.

GOLES MURCIANOS

El Murcia ha ganado un partido porque dos de sus delanteros acertaron después de muchos meses. Y con notables bajas en el equipo. La pregunta es si ha cambiado mucho su juego. Y seguramente la respuesta es no. La diferencia es el acierto de delanteros y portero. Y la consecuencia, el ánimo para escapar de la zozobra deportiva. Ojalá Algar dore el viejo sueño de tantos: cantera y gloria.

Y ojalá perseveren también los del Cartagena y el UCAM y el año que viene podamos disfrutar la plata del fútbol patrio. Lo merecen sobradamente, pero goles son amores y lo demás ruina.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

NI MILAGROS SIN SANTOS NI GOLFADAS SIN GOLFANTES



Luis Enrique no hará milagros con España. Ni él es un santo ni tiene futbolistas en olor de santidad. Luis sí lo fue. Y no tanto por sí mismo, que también, como por intuir sus infinitas bondades y poner en valor a media docena de futbolistas que traslucían gloria. Los bajitos que acercó a los altares confirmaron su santidad con el milagro de hacer a nuestra selección campeona de Europa y enseguida del mundo con un franciscano del balón, Del Bosque, quien tuvo su aura de santidad en la rara humildad de continuar la labor de su antecesor. Pero el tiempo pasado no vuelve.
De los ilustres que  nos llevaron a lo más alto apenas queda Ramos, viviendo ya también sus últimas lunas aunque haya ganado en capacidad de liderazgo, también desgraciadamente empezando a ser discutido por su paisanaje.  En España somos así. Si fuera inglés, alemán o italiano, aunque tuviera algún fallo, saldría a homenaje y ovación cerrada cada vez que se enfundara la camiseta de su país. Pero, ¡ay amigo!, como ocurre con nuestra controvertida historia pasada, la leyenda negra que le han colgado los impotentes a los que ha vencido empezamos a creérnosla también nosotros. Que si da palos, que si va de sobrado, que si es anárquico, que si ya no llega… ¿Ya no recordamos a aquellos futbolistas extranjeros de corte parecido, aunque no tan laureados, que nos llevaron por la calle de la amargura tantísimos años? En fin, somos así demasiadas veces. Admiradores acomplejados de ajenos y crucificadores veletas de propios tras súbitas ascensiones a los altares.
Ya no tenemos a ningún Pujol, Xavi, Iniesta, Silva, Cesc o Villa activos o en edad de merecer. Nos quedan el sevillano y Busquets, que tampoco es el de hace años. En Zagreb se vio. Pudo hacer unos cuantos cambios de juego sencillos y pases profundos a compañeros desmarcados y no se atrevió. Ahora anda encorsetado en el seguro del juego corto, que también padecen en el Barça, para que no se le rompan las costuras. Sigue siendo un excelente medio centro, pero añoramos al que fue mejor del mundo.
Y el remate mediocre es que los jóvenes que tanto apuntaban también la prefieren cortita y al pie. Isco, y Asensio, por ejemplos, el primero por definición y el segundo por inseguridad pasajera, esperemos; se lían en medio y no profundizan lo que debieran aunque a veces asomen su clase. Alguien debe recordarles que Guti tenía tanta o más, seguramente que los dos juntos, y pocas veces fue titular indiscutible en el Madrid y nunca en la selección. Saúl también es intermitente y De Gea ataja lo que para un buen portero, pero no los imposibles y decisivos que detenía Casillas, que sí fue un santo con milagros demostrados.
En definitiva, sin santos, tampoco esperemos milagros de Luis Enrique; más hereje que beato. Lo demuestran sus controvertidas decisiones y la errática explicación que dio tras lo de Croacia, comparada con las dadas tras sus triunfos en Londres y Elche; ahora resulta que está formando jugadores jóvenes. ¿Oiga, y la sub 21 para qué es? A fin de cuentas, sus efímeros éxitos en el Barça, por decir algo bueno, fueron más por ‘san Messi’ que por sus virtudes de estratega.       
   
DESVARÍOS Y DERBI MURCIANOS
Califiquen ustedes de listo y tonto a quien les parezca, contrastado que De la Vega compró a Moro sus acciones del Murcia sin pagarle un euro, aunque le aguarde un complejo panorama judicial para hacer buena la opción de compra que ejecutó por mucha razón que le hayan dado las instituciones deportivas. Y así, aun con dudas respecto a los tejemanejes del extremeño y sus cuates, pasemos página hacia la presunta golfería.
¿Trincaron irregularmente del club quienes propiciaron la llegada del mexicano y luego su expulsión para el aterrizaje de Gálvez?  ¿Dónde está el dinero de los abonos y la publicidad de esta temporada? ¿Hay algún acuerdo oculto de no molestar que propiciara la llegada del nuevo consejo? ¿Para cuándo las demandas por el dinero negro y blanco desaparecidos? Hay pruebas clamorosas.
Y el derbi se lo llevó el Cartagena porque tiene gol y el Murcia no. Aprovechó sus escasas ocasiones en veinte minutos buenos, desde que Munúa acertó sacando al bético Gracia y cambiando de banda a Moyita, y los granas desaprovecharon media docena en sus superiores setenta; ganas le echaron, pero no basta ante un equipo con el empaque  albinegro.
    


martes, 4 de septiembre de 2018

OCTUBRE ROJO



El Real de Lopetegui juega muy bien y golea. Ya gustó en la Supercopa de Europa aunque no ganara por desafortunados detalles defensivos, al margen del repaso que le dio el Atlético en la prórroga con un acertado Simeone en ciertos argumentos tácticos.
Parece que el primer título europeo de la temporada genera síndromes contradictorios. El Barça salió trasquilado el año pasado frente al Madrid y, sin embargo, empezó tan enchufado en la Liga que antes de Navidad ya la tenía en el bolsillo. Y este año se repite el comienzo con el perdedor europeo hecho un cohete y el vencedor pasando penurias. El Madrid juega súper engrasado y al Atlético le chirrían las bisagras. Advertimos que los colchoneros no deberían caer en la euforia porque el partido lo perdieron los merengues; Simeone ha podido comprobarlo en cuanto ha empezado a competir. Dos goles a favor y tres en contra en tres partidos de liga y la espesura por argumento le marcan el camino. Con ese plantillón  debe reflexionar. Además, es contradictorio con la esencia de su pasado.
Lopetegui, cara de la moneda anterior, está convenciendo a todos. Reconozco que a mí el primero. Y no por el juego atractivo, que ya lo conocíamos de su paso por la selección, sino porque está consiguiendo lo que muchos negábamos: que Benzema y Bale encuentren la continuidad de su mejor vena goleadora desde que visten de blanco. Al paso que llevan cualquiera puede optar al Pichichi, o los dos, aunque aún sea pronto. Y más que por sus goles por la facilidad con que los hacen y la cantidad de oportunidades que tienen y tendrán con sus surtidores de juego: Isco, Kroos, Asensio, Marcelo, Carvajal y Ceballos son capaces de darles varios balones de gol por partido, aparte de los que pueden facilitarse entre ellos o a sí mismos. Un espectáculo este Real Madrid de tan nuevo cuño y éxito que nadie se acuerda de Cristiano Ronaldo, lo cual es paradigmático de lo que pueden hacer esta temporada por mucho que también sea cierto que todavía no han llegado las cuestas. Enseguida llegarán y será cuando podamos contrastar lo que ahora apuntan. Octubre será el mes rojo de los blancos. Si lo superan con éxito será difícil pararles porque, sumada a la calidad, su confianza  subirá exponencialmente. Otro logro importante de Lopetegui es hacerles jugar rápido a uno o dos toques, como tanto hemos anhelado, y desahogar los atascos con cambios de juego constantes. Da gusto verles jugar y presionar. Y nadie nombra a Zidane con nostalgia; ¡para descubrirse!
Y llegamos a Luis Enrique. Al margen de lo acertado o no de su primera lista, de la que es muy dueño, empezó queriendo hacerse el simpático, pero la bufonada de preguntar a sus colaboradores si empezaban con el himno, marcándose un amago de la posición de firmes, es sencillamente lamentable. Además, a los sobrados antipáticos les queda feo impostar cercanía y sencillez; parece que quisieran reírse del personal. Más le vale empezar con buen pie ante Inglaterra y Croacia porque si pintan bastos necesitará casco de acero.
Desde el punto de vista deportivo, me parece tan acierto la selección de Marcos Alonso como error la ausencia de Aspas. El nieto de Marquitos es para mi gusto el defensa español de más personalidad junto a Ramos y Carvajal. Y el gallego es, con diferencia, el goleador español de más calidad.  No obstante, parte de la grandeza del fútbol es la cantidad enorme de opiniones que genera, con o sin argumentos y más o menos apasionadas, pero a todas les llega su San Martín. Los resultados y el tiempo dan y quitan razones aunque a veces no aparece ni estaca.  
TRAS EL VERANICO DE LOS MEMBRILLOS
El Murcia, el Cartagena, el UCAM y el Jumilla también tendrán su octubre decisivo. Entonces sabremos a qué aspiran en realidad y qué Liga jugarán. Los dos primeros tienen el ascenso como objetivo ineludible, los universitarios son una esperanzadora incógnita y los vinícolas han empezado con buen tono.
También sabremos si al Murcia le llegan los dineros, si logra Gálvez los apoyos que demanda, si sale o no del embrollo legal que lo nubla y si cuajan o no las expectativas deportivas que ha generado.  Y, en la ciudad departamental, con buenos mimbres, si echan de menos o no a Monteagudo, un técnico excelente al que la suerte abandonó; y si han superado la orfandad mediocampista que padecen.
¡Suerte a todos!


         

jueves, 12 de julio de 2018

DE CRISTIANO A LUIS ENRIQUE



El madridismo florentiniano veía con buenos ojos largar a Cristiano Ronaldo. Y tienen sus razones, aunque fundamentalmente están hartos de los desplantes del luso. Pero el asunto tiene una mar de fondo que la mayoría ignora o quiere ignorar, que al caso es lo mismo.
Cuando el Real Madrid ganó la decimosegunda Champions, en la primavera de 2017, Florentino Pérez prometió una revisión del contrato a Cristiano para equipararlo a quienes más cobraban en España; entonces, Messi y Neymar. Un año más tarde, al ganar la decimotercera, aún no se había atendido aquella promesa y el portugués salió por peteneras en Kiev.  Estuvo desacertado por el momento y la situación, claro que sí, y hasta insolidario y egoísta con sus compañeros, pero también estaba harto. Florentino Pérez nunca ha digerido que Cristiano fuera fichaje de su antecesor, Ramón Calderón, y de ahí sus sucesivos intentos de hacerle sombra; Kaká, Benzema, Bale y sus reincidentes suspiros por Neymar. Y tampoco soporta su soberbia majestad que nadie ensombrezca su armiño  blanco; entre la corona y el escudo luce su perfil imperial.
Lucha de egos, dicen algunos, pero no lo es tanto. El presidente blanco tal vez atisbó erróneamente que se acercaba la fecha de caducidad de Cristiano, a quien de alguna forma responsabilizaba, junto a Zidane, de la debacle del Madrid en Liga ya en la Pascua. De ahí arranca este vodevil y la fuga del técnico. “El Moro”, como lo llaman por la zona noble del Bernabéu, se enteró de los devaneos de su valedor Pérez con Löw, como anticipamos aquí en abril, y tomó la decisión de hacer piña con sus jugadores y largarse a final de temporada. Y Cristiano, al tanto también de los inicios de la enésima intención de su presidente de fichar a Neymar, reiteró en vano que le cumpliesen lo prometido. Quizás, teniendo en cuenta estos antecedentes, y el descubrimiento posterior de sus asesores fiscales de la legislación italiana, sea más fácil entender por qué se ha ido a la Juventus.
La salida de Cristiano tendrá consecuencias imprevisibles, aunque tampoco tan difíciles de imaginar. Si con él, algunos pensamos que Lopetegui tenía difícil llegar a la Pascua, sin él lo tendrá aún más crudo. Y no solo el técnico. A Florentino Pérez sería bueno que alguien le recordara que la gloria mundana es efímera. Todos los que ahora aplauden que largue al portugués, en cuanto vengan mal dadas pedirán su crucifixión.
¿Quién meterá el año que viene los previsibles cuarenta goles de Cristiano?  ¿Bale? ¿Bencema? ¿Neymar? ¿Mbappé? ¿Kane? Nadie, salvo Messi, puede asegurarlos hoy en el mundo. Ni siquiera tres de los anteriores juntos. Porque, tres enanos, ni puestos uno encima de otro, hacen un gigante; seguirían siendo tres enanos empalmados. Son buenos jugadores, pero en cuestiones goleadoras son unos enanos al lado del gigante Cristiano; el mejor goleador de la historia blanca y seguramente de la mundial.
Decíamos que donde hay goles hay alegría porque hacen mejores a todos, pero también es cierto que esos mismos parecen malos cuando faltan. Ya hablaremos cuando se huela a turrón; intuyo pañuelos como aviesos cuervos blancos por el Bernabéu. Mal asunto.
Económicamente salen ganando Cristiano y la Juve. Deportivamente solo los italianos. Y el tiempo dirá el grado de perjuicio blanco en todo. De momento le espera una travesía desértica de un par de años como mínimo. Eso mismo ocurrió con Di Stéfano, indiscutiblemente mejor jugador, pero la Saeta venía de cuatro años en blanco en Europa y el luso de tres Champions consecutivas, tenía 38 años por los 34 de Cristiano y había marcado 277 goles en once años con el Madrid por los 450 del portugués en nueve. Como goleadores la ventaja es enorme a favor del nuevo Juventino.
Cambiando de acera, Rubiales se la jugó dignamente echando a Lopetegui y ahora se la ha jugado rayando lo absurdo con Luis Enrique. Cara y cruz del mismo carácter. Personalidad y osadía. ¿No había otro más adecuado? ¿Era necesario abundar en la división de los aficionados? ¿Quiere provocar? El asturiano ganó un triplete cuando se dejó avasallar por Messi en el Barça. Y continuó en el banquillo por lo mismo. Después, en un atisbo de dignidad, se marchó.
Rubiales y Luis Enrique tendrán quienes les escriban. Y quienes le susurren. Y quienes los vituperen. El técnico está acostumbrado, pero el novato presidente no. Los resultados darán y quitarán razones, aunque tampoco auguro nada bueno. Ojalá me equivoque.      

miércoles, 4 de julio de 2018

SIGO EN BLANCO, COMO HIERRO



Rubiales hizo lo que debía, pero el relevo de Lopetegui no ha estado a la altura. Así de sencillo y así de claro, aunque ya sé que cualquier explicación a toro pasado es ventajista y que hay opiniones para todos los gustos.
Y ya no va esto de que con dos delanteros llegamos más; aún no entiendo la cerrazón de Hierro con jugar solo con uno. Tampoco de apostar por mantener a un portero que no ha aportado absolutamente nada al equipo tras el fallo ante Cristiano. Ni lo de mantener a Silva de titularísimo, cuando está en evidente baja forma. No, esto va de un técnico que se ha visto superado por las circunstancias del juego en todos los partidos; no en uno solo o contra Rusia. Ni ha acertado con las alineaciones titulares ni con los sucesivos cambios; siempre hemos jugado con uno o con dos futbolistas menos; con Silva siempre, y luego con Lucas, Thiago o Asensio, quienes han jugado en posiciones forzadas y estáticas; es de suponer que por indicaciones de su técnico. Pero, en fin, más allá de estas opiniones, que como todas en fútbol son subjetivas y válidas o no como las de cualquiera, hemos visto a una selección con una sola idea, la de marear la pelota de una lado a otro sin profundidad alguna. Solo dos veces la tuvimos y fueron dos goles; los pases de Busquets e Iniesta a Costa contra Portugal e Irán.  El resto fue un sin fuste de sobos de balón sin más perspectiva que hallar a alguien, normalmente Isco, que decidiera arriesgar y buscar el área contraria. Y desde las bandas, que tampoco eran lo profundas que deberían haber sido, nos queda el pase de Carvajal a Aspas, que también fue gol. Aparte de todo eso, solo la espléndida jugada de Iniesta que culminó con el golazo de Isco a Marruecos justificó la presencia de nuestros jugones.
España ha tenido de cara el VAR y el cruce en el grupo más asequible para haber hecho mucho más. Pero ni por esas, y viene a echarnos una Rusia que son poco más que un grupo de futbolistas que en todo un Mundial forman una banda más que un equipo de élite. En cuanto la coja una selección seria se quedan sin aire.
Decía en mi columna del lunes en La Opinión que estaba en blanco, y la verdad es que por mucho que he buscado explicaciones no encuentro ninguna más allá de lo expuesto, que tampoco es mucho. Quizás que el fútbol sea solo un juego es la más evidente, donde los jugadores también fallan. Pero es que hasta en un  juego hay que imaginar, apostar y arriesgar cuando se tienen opciones de ser algo más que simples jugadores. Y España tenía y tiene mimbres para haber subido la apuesta en cada uno de los partidos que se nos pusieron cuesta arriba o favorables. Nos faltó guía. Nos faltó valor. Nos faltó asumir riesgos. Nos faltó aprovechar cuanto teníamos. Nos faltó optimizar nuestras ventajas competitivas. Nos faltó eficiencia y eficacia. Nos faltó visión estratégica para buscar los puntos débiles de los contrarios. Nos faltó, en definitiva, alguien con el liderazgo suficiente para dirigir. Y eso se llama un técnico capacitado. Hierro ha dado el cante. El principio de Peter se ha cumplido una vez más; aquello de ir ascendiendo hasta alcanzar el mayor grado de incompetencia. Que se dedique en adelante a otra cosa, donde seguramente será mejor.
¿La ausencia de Lopetegui ha sido decisiva? Pues seguramente, pero eso no lo exime de corresponsabilidad por hacer las cosas mal. Debería haber copiado de Pochettino o Allegri, que le dijeron a don Florentino que hablase primero con sus presidentes, pues tenían contrato en vigor. Y él más, por estar recién renovado.
Ahora ya no queda más que mirar para adelante y buscar a un seleccionador que pueda encarar la próxima Eurocopa con garantías. 2020 está a la vuelta de la esquina y la selección, aparte de renovar a unos cuantos, debe asumir que el tikitaka ya pasó a la historia, por muy glorioso que fuera desde 2008 a 2012, y hemos de buscar otro sistema desde lo que nos quede valioso de entonces. Que no todo es malo. Hemos dominado los cuatro partidos jugados en Rusia, y eso es un buen punto de partida.
¿Dónde estará nuestro siguiente Luis Aragonés? Ese es el quid. Alguien con el conocimiento, la experiencia, la clarividencia y la imaginación necesaria para diseñar el futuro.    

martes, 19 de junio de 2018

UNA MONTAÑA RUSA



Rompe piernas y desánimos antes y después: escándalo, infortunios, nervios, méritos, emociones, y también VAR, De Gea, Costa y Cristiano, además de un buen partido y resultado de España contra Portugal, que es la campeona de Europa y no estuvo porque la oscurecimos aunque cuente con el mejor goleador de la historia, que sí estuvo; ¡y de qué forma!
De Gea deberá masticar la fortaleza anímica de sus compañeros para superar su fallo en el segundo gol de Cristiano y segunda ventaja de los portugueses. Ahí estuvo el mérito de los del animoso Hierro, y el suyo mismo, dando instrucciones acertadas durante todo el encuentro a partir del ingenuo penalti de Nacho, resarcido con un partido magnífico y un golazo. Unos méritos que, ahora sí, hacen de España una firme candidata a su segundo Mundial. Pocas selecciones se hubieran repuesto de tantas adversidades previas y durante el encuentro. Nuestros futbolistas, además de lucir clase, pedalearon cuesta arriba con las piernas, los pulmones y el corazón del mítico Bahamontes. ¡Qué manera de sobreponerse a todo!
Lo único que ensombrece la esperanza es la ausencia de suerte, que dirime estas competiciones. Esa que suele aliarse con los campeones vistió de rojo el viernes: el penaltillo en contra al inicio y el churro adverso a segundos de acabar la primera parte, o el tiro de Isco al larguero con medio balón dentro y los centímetros para el gol que le faltaron a Costa, Iniesta y Silva. Hasta en el golazo de Cristiano, faltando escasos minutos, porque siendo un goleador legendario, tirando faltas es vulgarote. Esta vez le tocó la varita mágica y vino a enchufarla imparable y decisivamente.
Ahora se apalea a De Gea, que sin duda jugó con desconfianza, pero nadie dice que Rui Patricio no paró nada.  De todos modos, el madrileño es un gran portero y ocasiones tendrá para demostrarlo en este Mundial. Quienes rompen y rasgan diciendo que no merece ser titular en la Selección, o lo han visto poco —dos años seguidos galardonado como mejor portero de la Premier y mejor jugador del equipo de Mourinho—, son pesimistas o están bajos de moral. Otros tampoco veían a Costa como nueve de España. Como anécdota, ayer escuché a un tertuliano radiofónico decir que no le gusta la selección desde que la cogió Lopetegui. Y es que, hay desbarres para todos los gustos; ni siquiera le convenció la goleada “amistosa” a Argentina en Madrid.
Tras ver a Francia ganar de chiripa a Australia y a Argentina empatar con Islandia, selecciones que no asustan, y a Alemania perder con  Méjico o a Brasil empatar con Suiza, tanto el empate de España como el de Portugal adquieren relieve. Pueden estar entre las mejores de otro Mundial en el que tampoco será fácil ganar a nadie, salvo raras excepciones como el Brasil de Pelé en Méjico en el 70. Recuerdo la España de Suárez, Amancio e Iríbar del Mundial de 1966 en Inglaterra, recién ganadora del Europeo de 1964, que solo pudo ganarle a Suiza y por la mínima con un golazo de Sanchís padre, tras jugada personal, y otro de Amancio con la cara lanzándose en plancha, a centro del primero.
En cualquier caso, la fortaleza de Portugal es también su debilidad; depende de su estrella Ronaldo. El conjunto uniforme de España es más fiable.  
En un Mundial es básica la unión inequívoca de los seleccionados en torno al equipo circunstancial que forman. Por eso manifiesto las buenas sensaciones que traslucen los de Hierro, quien sabe bastante de eso. Sin ese espíritu no hubiesen superado las difíciles circunstancias que afrontaron antes y durante el partido. Parecían un club y no una selección. Es el alma que tiene la nuestra desde Luis Aragonés, cuando Casillas, Pujol y Xavi superaron sus diferencias competitivas para componer una sinfonía grupal, que ahora interpretan Ramos y Piqué con cuanto representan, e Iniesta, que estuvo y está. Antes de 2008 nos hundían la mala suerte y los árbitros, pero también los malos rollos.
Por eso, Rubiales estuvo acertado al imponer que España está por encima de sus clubes. Despedir a Lopetegui, reconociendo sus méritos, fue simbólico. A partir de ahí lo que sea, bueno, malo o regular, pero siempre con ese estandarte bien alto.
El fútbol patrio es bastante más que un juego, egos y dinero, asignatura pendiente del prepotente Florentino y sus mariachis. Tapaditos estarían mejor.
El Real, como el Cid, ¡qué buen club si tuviere buen señor! 


martes, 10 de octubre de 2017

DE LA ÉPICA A LA PATÉTICA


Pasando por la estética y por la antitética. Algo de todo eso se mueve en torno a la Selección de Lopetegui. Los futbolistas españoles que ha seleccionado son muy buenos; parejos a su criterio y dirección técnica, y a la vista están sus resultados. De nueve partidos oficiales, ocho victorias y un empate, precisamente a domicilio ante Italia, la segunda selección más galardonada a nivel mundial tras Brasil, y el objetivo de ir a Rusia cumplido.
Una estética también similar al juego que han ido mostrando en la  mayoría de esos partidos. Tanto que nos hace recordar los mejores momentos de nuestra selección de hace unos años, cuando por fin nos quitamos las telarañas históricas que empobrecían nuestras vitrinas desde aquel lejano triunfo en la Eurocopa del 64 ante Rusia en el Bernabéu, con el celebrado gol cabecero del zaragocista Marcelina a Yashin, o la Araña Negra; el único portero que ha conseguido un Balón de Oro. El sistema de juego implementado por Luis Aragonés y continuado por Del Bosque, el del toque de los pequeños o tikitaka, asombró al mundo futbolero hasta convertirse en un referente a imitar por los otrora tan envidiados por triunfadores, con Alemania a la cabeza.
Lopetegui ha recuperado el nivel conservando una columna vertebral veterana de aquellos laureles, con Ramos, Busquets, Piqué, Silva, Iniesta, Alba y Reina en el banquillo, y poniendo a su misma altura a otros que promocionó en las inferiores como Isco, Thiago, De Gea, Sergi, Illarra, Deulofeu, Morata, Saúl —ojo al atlético, Carvajal, Azpilicueta, Viera, Rodrigo, Monreal, Kepa y Koke, más las refrescantes aportaciones de los Costa, Aduriz, Asensio, Aspas o el novísimo descubrimiento Odriozola. Una selección con infinidad de posibles combinaciones, como hemos visto, para volver a asombrar al mundo; la eficacia general, la goleada a Italia y los primeros treinta minutos contra Albania son las muestras que nos hacen soñar. Práctica y estéticamente insuperables.
Y pasamos a la ética. El seleccionador lo ha sido en forma de dedicatoria y agradecimiento público a quien lo nombró tan acertadamente, el ahora ensombrecido Villar, cosa que no ha gustado en muchos ámbitos. Pero a él, como ya dijimos, le honra, por mucho que don Ángel María se haya ganado a pulso su esquinada situación. Y se la ha labrado porque permanecer tantos años en cualquier cargo de representación es antitético con la ética; la historia nos demuestra que de ahí a la golfería hay poco trecho. Y mucho más cuando se hace de tal puesto una profesión o modo de vida. Asistimos al derrumbamiento de una maraña vergonzosa de favores debidos, nepotismo, venganzas barriobajeras y trinques generalizados en torno a la Federación Española de Fútbol y a varias de sus delegaciones territoriales. Y es que, llegar a puestos de tal envergadura con lo puesto, permítanme la licencia, hace que nadie quiera irse de ellos ni con agua hirviendo. Y  menos aún cuando las compensaciones económicas que perciben sobrepasan en mucho las que serían apropiadas a los currículum de muchos de ellos. Y si además se padece orfandad ética, el inimaginable sueldo se queda hasta corto y hay que sisar más de donde sea con tanto descaro como osadía civil o criminal, que glosaría el llorado Luis.
Y la patética llega cuando el defenestrado Villar suplica desde su todavía purgatorio que no le quiten el sueldo aunque le hayan quitado las funciones, porque increíblemente parece que anda justito después de casi treinta años de sueldazos y mamandurrias diversas. Como decía un viejo amigo, “Señor, si me has quitado la fuerza, quítame también las ganas…”. Como patéticos parecerán sus émulos regionales, si le imitan también en eso, que se vean imprevisoramente sin los remedios económicos que les hacían ir de potentados y hayan de volver a sus anteriores desiertos. De mis soledades vengo y a mis soledades voy, que versaba el sin par Machado; llegar a ciertas edades tan ligeros de equipaje debe ser tan tristón como el poema del genial sevillano.

Esperemos, y sería lo deseable, que cuanto cuentan y se va sabiendo de las corruptelas federativas sean las menos —personalmente nada me agradaría más, por la Murciana—, pero que a su cuenta cambien tanto esas estructuras futboleras como el modo de acceder y permanecer en ellas. A ver si tales carguicos fueran por menos tiempo y limitados, y se ejercieran con transparencia, limpieza y verdadera democracia participativa de sus estamentos. La ética y estética del fútbol lo agradecerían.       

lunes, 2 de octubre de 2017

EL REFERÉNDUM ANARQUIZANTE DE GUARDIOLA Y PIQUÉ


Supongo que nuestros lectores disculparán que hoy no hablemos de fútbol. Jugar a la pelota es una cuestión menor comparada con el compendio de disparates que la pretendida consulta popular nos endilga. 
Contemplando el panorama sería fácil pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no es así.  Es cierto que ni Puigdemont y sus secuaces podían aspirar a más, con la mano corrupta de Pujol meciendo la cuna vía Mas, ni el dontancredismo de Rajoy y los suyos a menos, pero el virus independentista empezó a incubarse muchos años antes con la insensata cesión de las políticas educativas a los diversos reinos de taifas que nuestra Constitución instituyó. Y ahí están todos nuestros gobernantes desde la Transición; ¡todos! Las Autonomías son buenas para acercar las decisiones a los ciudadanos, pero dejarles tergiversar la historia y encumbrar los costumbrismos, la cultural local y los hechos diferenciadores, como la lengua,  sobre todo lo que une a los españoles se ha revelado rematadamente malo. Ahora hay varias generaciones de catalanes y vascos, por citar las más extremistas, educadas en lo que se denomina hispanofobia. Y para esos millones de ciudadanos menores de cuarenta años, o mayores radicalizados, no hay vuelta atrás. Es más, con cada paso que dan sus enloquecidos dirigentes hacia el señuelo separatista la fobia antiespañola da lugar al odio. Y claro, se está generando el movimiento pendular contrario entre extensas capas de españoles de los demás territorios. Eso es lo preocupante. Y el fútbol no es una excepción.  
El problema no está, por citar a personajes señalados, entre Piqué y Ramos, que fuera de los focos se las toman sin tensiones, ni entre el barcelonista Guardiola con su independentismo en ristre y el merengue Nadal con su españolismo a flor de piel, que también se aprecian y admiran mutuamente, sino que trasciende a miles de aficionados que acabarán a palos por la calle.  Y al final, un buen número de desgraciados pagarán las culpas de unos y otros. Eso es lo que no miden, o les da igual, los cantamañanas que encienden la mecha de los despropósitos que lloraremos.
Los culés citados y otros como Xavi y Pujol ocultan que el derecho a decidir que reclaman está contemplado en el Estatuto catalán y en la Constitución española, que votaron el noventa y tantos por ciento de catalanes, o quizás les hayan engañado. Deberían aprobarlo dos terceras partes de sus parlamentarios autonómicos y llevarlo al Congreso para que otros dos tercios de los diputados nacionales aprobaran un cambio en la Constitución que posibilitara sus anhelos. Eso se llama democracia y lo que ellos plantean es tan ilegal como disparatado; un golpe de estado popular. Ninguna nación seria contempla un mecanismo tan simple para romper su unidad porque, llevado al extremo de que cualquier parte pudiera hacerlo cuando y como quisiera, sería el camino más directo hacia la anarquía y la desaparición del concepto de Estado de Derecho. Nadie estaría seguro nunca de nada porque desde las leyes a los municipios, las regiones o la propia nación, hasta los derechos más elementales de cualquier persona o sociedad estarían siempre al desamparo de los deseos que en cualquier momento se le antojara a un grupo determinado con poder de agitación; la anarquía.  Para contrarrestar tal disparate existe el poder legislativo que votamos libremente cuando toca; la democracia. Esa hermosa bandera que desde la ignorancia, la maldad o procelosas intenciones enarbolan los Piqués y Guardiolas irresponsables, con los Oteguis terroristas al acecho. Porque en Cataluña, salvo los de la CUP, que lo son y no lo esconden, nadie se proclama anarquista. Ya provocaron los radicales de entonces una guerra dentro de la Guerra Civil con miles de asesinados, torturados y desaparecidos, sobre todo en Barcelona.
Así que aun comprendiendo ciertas razones básicamente económicas, comentadas con respetables amigos catalanes partidarios del malhadado referéndum,  para cuya solución existen cauces democráticos indudables; que no le extrañen a Piqué los pitos. Habiendo defendido siempre que mezclar el fútbol con la política es absurdo, llamando inoportunos al excelente central de la selección y al extraordinario técnico Guardiola por lo que representan; ahora manifiesto apenado que por coherencia deberían abandonar la camiseta de España uno, y el deseo expreso de entrenar algún día a nuestra selección, el otro. Y no por falta de capacidades, que les sobran, sino por irresponsabilidad manifiesta rayana en la criminalidad.
La semana que viene solo fútbol; esta, por hartazgo, tocaba un desahogo.

   

martes, 28 de marzo de 2017

PASIONES



La magia engancha y la emoción enamora. El fútbol, como el arte, es  magia y emoción. De ahí las pasiones que despierta; el resumen del sentimiento que genera habitualmente a los futboleros y también a otros muchos en momentos importantes.
Tuve la fortuna de ver el partido del Cartagena contra el Real Murcia y sentí el cosquilleo de las emociones, más fuertes, aunque diferentes, a las que celebré hace poco en un Barça-Real Madrid. Y no me pude resistir en ambas ocasiones a expresar la emoción de los goles. Igual que soporté estoicamente la pasión desbordada de los aficionados contrarios, que es donde reside la esencia futbolera que tanto nos engancha. Si transcurre por los límites deportivos de esas dos fechas, es lo más sano y natural del fútbol. Y su punto mágico.
Isi, Armando, Guardiola y demás granas, sobre todo por sus tres goles, y Cristo, Rivero, Álvaro y sus compañeros, con algunos episodios de buen juego, hicieron vibrar a sus seguidores, con idéntica pasión que Cristiano y Messi a los suyos. Ellos pusieron el fútbol y los aficionados la emoción; como resultado afloró la magia de las pasiones.   
Porque esa magia no solo surge por la plasticidad del buen juego, la inverosimilitud de un regate, un control o el juego  a primer toque, ni en la belleza de un gol o la maravilla de una gran parada; un estadio lleno, con el alegre colorido que la pasión futbolera provoca, es un espectáculo en sí mismo.
Ahora llegamos al momento de la temporada en el que las pasiones se desbordan. Vibrarán en el Bernabéu, en el Calderón y en el Nou Camp con la misma pasión que en otros estadios. Igual que ocurrirá en Murcia, Lorca, Jumilla y Cartagena, o en los estadios de Segunda que dirimirán  ascensos y descensos. Es lo que también nos gustaría sentir en la vieja Condomina con el UCAM, un equipo recién ascendido que pelea dignamente por mantener la categoría con clubes relevantes: Córdoba, Zaragoza, Almería o Rayo.
El año que viene llegará el momento de apasionarnos con nuestra selección, que jugó un buen encuentro contra Israel. Un equipo hasta ahora menor en el que se vislumbra futuro si las buenas contras que hicieron no son un espejismo, más fruto de los despistes de los defensas españoles que de sus virtudes, destacando su velocidad y aseado manejo del balón. Ojalá que el buen tono de los jugadores que Lopetegui va incorporando crezca, así como la verticalidad que necesita España, que no está reñida con mantener las esencias que nos hicieron grandes. Como exponente, ya dijimos que Thiago no es Xavi, pero a su favor cuenta la grandísima calidad que luce aunque debería mejorar la rapidez de su fútbol. Un punto débil es que Busquets juegue solo, a pesar del buen partido que hizo; los años pasan, Iniesta y Silva no serán eternos, y se echan en falta apoyos para evitar agujeros por el centro.
 Como desearíamos que vibraran también en Cartagena y Murcia con el ascenso que tanto ansían, y, ¿por qué no?, en Lorca y hasta en Jumilla. Los de Julio Algar quizá lo tengan mejor, porque los de Monteagudo denotan cierta falta de empaque en los momentos decisivos y el nuevo Murcia de Mir todavía es una esperanzadora promesa.
Igual que anhelamos que los meritorios Jona, Rivas, Tekio, Morillas, Juande, Manolín, Tito, Vicente, Collantes, Kitoko, Albizúa, Pérez, Basha, Álvarez y Nono, con sus demás compañeros del UCAM, como Góngora la semana pasada, mantengan en alto el banderín ilusionado que a ratos hace que las emociones de sus seguidores limiten con la pasión que todavía no alcanzan. Los azulones de Francisco tienen la gallardía de ponérselo más difícil a sus oponentes fuera que dentro de la Condomina, y eso denota el carácter que debería mantenerlos en Segunda. Y la temporada próxima, viendo la igualdad de la categoría —salvo al destacado Levante de esta— reforzar bien el equipo para dar un paso más en su extraordinaria y generosa apuesta deportiva. Con un equipo brillando en la élite del baloncesto no extrañarían otro en la del fútbol.

Si hay alguien en Murcia capaz de lograr ese hito histórico con los mismos colores es la Universidad Católica de José Luis Mendoza. Un aficionado cartagenero me decía  que nuestra región debería tener fútbol de Primera. Sería nuestra vieja pasión futbolera compartida, manifestada en los más de veinticinco mil aficionados que animaron a la Sub-21. Más que en Gijón a la absoluta.      

lunes, 14 de noviembre de 2016

LA MARCHA ATRÁS


Desde el 2013, adivinar el juego de la selección española es sencillo. Bastan los primeros diez minutos para saber qué va a hacer. Si empiezan sus jugadores con pases horizontales o atrás, habiendo espacio para ponerle el balón al compañero unos metros por delante, ya está todo explicado. Luego viene el no llegar al balón antes que el contrario, perder la mayoría de disputas del balón, fallar en los últimos pases, controlar con el muelle de la bota en lugar de con su cara amable propiciando que el balón se aleje, etc. Es la España de la marcha atrás.
Contra Macedonia se empezó así y solo gracias a la ineficacia de sus delanteros no empezamos perdiendo por dos a cero en la primera media hora. Si tenemos enfrente una selección notable, con muy poco nos hubieran dado un doloroso baño.  Así empezaron los de Del Bosque en el  último Mundial y en el reciente Europeo. El resultado, la mediocridad por bandera y el fracaso de la otrora campeona. El sábado, los de Lopetegui se escaparon del ridículo por chiripa; la suerte que tuvieron con el primer gol, marcado por un defensa macedonio en propia puerta. Luego vino el afortunado tanto de Vitolo, tras un lío en el área contraria después de una buena jugada de Thiago — ¡por fin! —  y los otros dos, de buena factura, como propina ante una selección que ya se había desmadejado buscando el gol.
He remarcado la acción del hijo españolista de Macinho, al que le tengo simpatía y admiración por su preferencia y por su juego, porque muchos pensaban, con Del Bosque al frente y yo también, que podía ser el  sustituto natural de Xavi.  Pero todavía hay demasiada diferencia entre uno y otro. Thiago atesora una calidad comparable sin llegar al manejo ambidiestro del pase en el de Tarrasa. Maneja la pausa y el tiempo en su media vuelta sin alcanzar la ductilidad de Xavi para salir igual de bien por derecha que por izquierda. Conduce con descaro y finura el balón, pero le falta el giro pasmoso de cuello, para orientarse y detectar a los contrarios, del mejor centrocampista que ha dado España; parecía que tenía una elasticidad de 360 grados. En llegada y gol hasta pueden igualarse, pero aun le falta mucho para disputarle la primacía del último pase; el del medio gol. Y le falta, al fin, levantar más la cabeza de verdad y aprovechar el tacto de su bota para conducir la pelota. Así ganaría la décima de segundo necesaria en el juego de toque, en el pase y en el disparo; aunque parece que atesora esa decisiva capacidad, engaña porque tiene la pose de la cabeza elevada sin perder nunca de vista, sin embargo, el esférico. El resultado es un juego más lento por las décimas de segundo perdidas.
Y justo eso es lo que decíamos al principio como diferencia entre un espectáculo de toque excelente, el famoso tikitaka que tanto nos dio, y el juego aburrido de ahora de nuestra selección. Por eso he tratado de especificar, como emblema de lo que sucede, las diferencias entre los dos canteranos culés. ¿Que parecida distancia existía entre el Xavi del 2008 al 12 y el de después?, pues también, porque los años dejan secuelas físicas. Como tantas veces hemos referido, la velocidad es lo que diferencia a un buen jugador de otro extraordinario. Y ese es el problema que tiene actualmente la Selección Española. Ni Thiago es Xavi ni Morata, Costa o Adúriz —meritísimoson Villa. Ni Piqué o Ramos, por buenos que sean, alcanzan la rapidez de Pujol. Y, no nos engañemos, también nos falta un Luis Aragonés que reinvente una selección ganadora. Del Bosque no lo fue, aunque tuviera la sabiduría de aprovechar la herencia alargando el rendimiento del excelente plantel que le dejó dibujado el madrileño, y Lopetegui todavía no ha tenido tiempo ni lugar. Necesita ambas cosas, aparte de vertebrar una columna adecuada, —su pasillo de seguridad, que diría don Luis —que todavía no tiene. De Gea y Busquets, al que también se le nota el paso del tiempo, igual que a Silva, aunque haya ganado en colocación; son tres vértebras básicas, pero le faltan dos existenciales: el organizador y el de los goles, que no es baladí.

El miedo es libre, y la marcha atrás en el fútbol, como en la cama, es una maniobra defensiva cuando no se quiere o no se puede. Dos finales infructuosos.          

lunes, 17 de octubre de 2016

PIQUÉ, EMOCIÓN Y GOLES


Lo de Piqué es pura emoción, pero equivocada. El fútbol ya tiene de por sí un bagaje de emociones para hacerlo el deporte más seguido del mundo, y seguramente el más adictivo aunque a veces, cuando no hay goles ni asomo de ellos, se aburran hasta los que pasean por la puerta del estadio.
Como nos han enseñado los que entienden, el arte bueno no es el  más bonito, ni el más aparente ni el más fiel con la realidad, sino el que emociona, y ese es también el fútbol bueno. Lo que ocurre es que demasiadas veces le echamos condimentos extraños a su salsa y al final nos envenenamos. Mezclar ideología política con deporte es antinatural, y no solo en el Barça y en Cataluña son expertos en tal bodrio; en el resto de España, aunque pongamos la excusa de la reacción, también pintamos bastos cuando deberíamos mostrar oros. Justo el calor que nos calienta a los aficionados al fútbol sin más. 
Como tantas veces reiteramos, Piqué, como antes Guardiola, Pujol, Capdevila o Xavi, y antaño Ricardo Zamora, Rexach y compañía, se han partido siempre el pecho por nuestra selección, la española, la de todos, la que tanto nos ha emocionado en la última década. Como también nos emocionó la final del europeo del 64 contra la URRSS  a los que nos asomábamos al fútbol hace más de cincuenta años, con el inolvidable gol campeón del zaragozista Marcelino, el magisterio del barcelonista Suárez, las internadas del madridista Amancio, los tres gallegos, y las paradas del jovencísimo vasco Iríbar. Así debería ser siempre.
Siempre hay un tonto para cualquier ocasión, y el periodista que se sacó de la manga lo del corte de las mangas de Piqué el otro día, aparte de la demostrada mentira sobre su intencionalidad, y ahí le traicionó el españolismo ramplón que tantos llevan dentro; demostró palmariamente que no solo por el Nou Camp cuecen habas. Y el de Shakira se ha hartado, con toda la razón del mundo. Confundir al Real Madrid y el madridismo con España es otra sinrazón emocional en el fútbol, y por ahí empezaron los pitos absurdos en cualquier estadio español al que seguramente es uno de los tres mejores centrales del mundo. Prescindir de Piqué sería propio de aquella España de charanga y pandereta que cantara don Antonio Machado. Claro que también escribió el enorme poeta sevillano en un mínimo poema, que en España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. La pena es comprobar cómo de vez en cuando hay que darle la razón.
La vuelta de la Liga nos ha deparado goleadas de los grandes y el afianzamiento del Sevilla de Sampaoli, en busca de su vistoso ideal de juego. Las del Atlético y el Real han sido de escándalo, y el Barça ha vuelto al camino tras el fiasco de Vigo. Luis Enrique ha recuperado a Messi y Zidane el ritmo de su equipo, mientras Simeone empieza a ver los frutos de su apuesta por algunos jugadorazos en ciernes como Carrasco y Gaitán, igual que hizo con Godín, Koke o Juanfran. El ojo del argentino para anticipar talentos es memorable. Y su buena mano para reinventar grandes equipos temporada tras temporada, con mucho menos presupuesto que sus dos grandes rivales, también. Es el entrenador más importante de nuestro fútbol reciente tras la marcha de Guardiola y la triste desaparición de Luis Aragonés. Tiene a los colchoneros en la misma excitación emocional que el catalán tuvo a los culés y el madrileño a los españoles.
Y parecida emoción, aunque a mucha menor escala, de momento, es la que se empieza a sentir en Murcia por el UCAM, tanto en baloncesto como en fútbol, aunque Reverte y Salmerón dispongan de un presupuesto austero. El otro día en Mallorca unos pocos la sentimos en las gradas de Son Moix, y en el Palacio la sintieron miles de murcianos en su debut triunfal  europeo. Esa sanísima emoción deportiva va calando poco a poco en Murcia y al final será diluvio, porque, como decimos en la huerta, el agua siempre va a lo hondo y no pide escrituras. Una institución cuyo patrocinio acapara la mayoría de las medallas olímpicas de España no es flor de un día. Esperemos, y ojalá, que su apuesta por el deporte murciano sea la suerte de tantos miles de aficionados que ayunan en la región, huérfanos de colores con los que emocionarse a goles cada jornada
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