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miércoles, 10 de junio de 2020

LA AGUJA DE MAREAR DEL DOCTOR MORENO



Es un artilugio para orientar el sentido de la navegación sin descuidar el eje norte-sur como referencia. Y lo que tan bien manejan el doctor Moreno y sus colegas, les haría falta ahora y siempre a nuestros gobernantes y a quienes aspiran o dirigen algo para prever las consecuencias de sus decisiones sin perder de vista la situación real y hacia dónde ir.

En política debería ser el bien común de los españoles, según han ido decidiendo en cada consulta ciudadana durante los últimos cuarenta y cinco años. Y en fútbol, respetar el espectáculo al que tanto han contribuido los clubes y aficionados hasta colocar nuestra liga en primera línea mundial.

España es un estado de derecho basado en los principios liberales de libre concurrencia de ideologías representadas por partidos que respeten sus leyes, empezando por la Constitución que por abrumadora mayoría votamos en 1978, y los fundamentos de la distintiva e inviolable separación de poderes establecida desde Montesquieu en las democracias parlamentarias: el legislativo, el ejecutivo y el judicial.  Por eso escandaliza el oscuro asunto del ministro Marlaska, precisamente agravado por su condición de juez. Desde esta perspectiva es difícil entender que, si es como parece, un respetado coronel de la Guardia Civil le haya dado una lección magistral de respeto a la ley a todo un ilustre profesional de la judicatura que se ganó a pulso la consideración general en el ejercicio de su profesión. Prestigio ahora embarrado hasta límites insostenibles.

El presidente Sánchez necesita una aguja de marear que le indique continuamente hacia donde dirige la nave España, más allá de sus querencias partidistas y las de quienes le acompañan, a veces tan contradictorias e incomprensibles como insolidarias y trasnochadas, e incluso de su autoproclamada resiliencia personal.

La progresiva crispación ciudadana es geométrica y debería tener presente nuestra cainita historia y que en España no se ganan elecciones; se pierden. Véanse los casos de Zapatero y Rajoy; sus clamorosos errores les derribaron del caballo. La primera herradura perdida por el socialista fue negar en principio la crisis que acabó echándolo, y reiterarse en tal cerrazón hasta que tuvo que gobernar contra estilo, como hacen los principiantes o los toreros ayunos para figurar. Y el conservador, despreciando a personas relevantes y convicciones ideológicas que fueron santo y seña de su partido y minusvalorando corruptelas internas hasta dejarlo hecho unos zorros; recibió un centro derecha sólido aglutinado en el PP y lo dilapidó dividiéndolo en tres. Así les luce el pelo ahora, y lo que les queda mientras no utilicen también una aguja de marear certera y aúnen esfuerzos. 

En nuestro fútbol igual, aunque el navajeo entre Liga y Federación parece aparcado hasta que escampe. Pero el carácter personalista de las disputas entre Rubiales y Tebas hace que la desconfianza se extienda más allá de esta liga. Ahora, a la fuerza del COVID 19 ahorcan, pero pronto volverán a las andadas. El manejo del dinero en torno al fútbol, con sus dádivas personales y mamandurrias, librará una batalla decisiva en las elecciones federativas.

Mientras, Real Madrid y Barça continúan su dispar trayectoria. Los de Florentino haciendo virtud de su apuesta juvenil y remodelando el campo como promesa cumplida, lo cual es sintomático de su seguridad institucional y saneada situación; la aguja de marear blanca está controlada. Y los de Bartomeu coleccionando fichajes virtuales, lo que apunta que no tienen claro el eje norte-sur en su deriva. Como Messi estornude, y parece que algún moco asoma, la pulmonía blaugrana será de aúpa. Ya relampaguea por las Ramblas el afile de cuchillos. No obstante, los resultados, como siempre, dictarán sentencia.

Tomen nota Sánchez y similares. A la larga, el sufrido pueblo, como el general tiempo, pone las cosas en su sitio. Con virus o sin virus, la falta de grandeza en unos y otros es nuestra peor pandemia.

Nos queda la esperanza por eminencias humanas de la talla del doctor Santiago Moreno, jefe del servicio de Enfermedades Infecciosas del Ramón y Cajal de Madrid, que en los años más duros del SIDA trabajó en el Morales Meseguer de Murcia con resultados extraordinarios.

Su diario sobre las penalidades por el coronavirus sufrido, cuya lectura reflexiva recomiendo, es una lección de la fidelidad incondicional que distingue su vocación: entereza, empatía, compañerismo, profesionalidad, entrega, humildad, cariño y coraje para luchar por los demás.

¡Honor a él y a cuántos nos regalan su aguja de marear para conducir el sentido de la vida!   


miércoles, 29 de abril de 2020

LEÑA AL PRESIDENTE, QUE ES DE GOMA



O flojeras, inútil o canalla; calificativos al gusto. Pero no todo debería valer, como tampoco descalificar o injuriar a la oposición con insidias trasnochadas y vaguedades. Los españoles deberíamos ser más exigentes con nuestros representantes políticos porque su responsabilidad es seria y les pagamos bien.

Igual en el fútbol. Las disputas entre Federación y Liga son tan vergonzantes como lamentable la desidia de la autoridad política para atajar tantos chiringuitos y egos desmesurados.  Así ocurrió con el fallido intento de Rubiales de ajustar todavía más la asamblea federativa a su medida para asegurarse el puesto en las próximas elecciones; como si tuvieran pocos agarres ya en sus cortijos federativos.  Ahora tenemos por delante qué hacer con las competiciones. La primera en la frente son los test sobre el covid-19, y la autoridad gubernamental tampoco aclara.  El fútbol no debe ser privilegiado, pero sí tratado como locomotora del resto de deportes. Y, además, se debe jugar hasta el último partido. Líos e indolencia política a la vista.  

Por otra parte, cualquier decreto gubernamental o ley debe hacerse con equidad y sensatez atendiendo al interés común. Pero también, ojo, pensando en quienes esperan la ley para explotar la trampa. Aunque hay diferencias.

No es igual un chorizo callejero o un don nadie que cualquier notable. Cuando se permite la circulación de mercancías, por ejemplo, es previsible que los narcotraficantes aprovechen para seguir distribuyendo. Y las autoridades deben evitarlo. Pero lo desvergonzado es que responsables públicos aprovechen las circunstancias para medrar descarados. O que utilicen esta dramática situación para levantar la patita y mear rescoldos egoístas o aldeanos. También hay quienes han hecho sus deberes admirablemente. Véanse el ayuntamiento de Madrid, los socialistas de Costa en Portugal o Merkel en Alemania.

Según algunos apoyos de Sánchez, el Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional son fuerzas de ocupación y deben largarse por lo que simbolizan de poderes centralistas del Estado. Pero esto también lo han apoyado coaligados de gobierno; Iglesias el primero. Y que algunas atribuciones estatales de urgencia menoscaban la soberanía competencial autonómica, como también denuncian otros irredentos que viven muy bien contra España. A favor no mola y quizá no serían nadie.

El régimen autonómico estuvo bien concebido por la mayoría de constitucionalistas del 78. Pero otros entrevieron un camino con final oculto. Recuerdo al ínclito Pujol renegando del calificativo de separatista con tanta racionalidad como vehemencia y convicción. Mentía o disimulaba sus intenciones al tiempo que era fundamental para el equilibrio español con González, Aznar y con la propia Corona, siendo cercano al mismísimo Juan Carlos I.  Y dirigentes vascos como Arzallus igual, pero más sibilinos:  simularon no comulgar con la Constitución. Participaron, pero no la suscribieron y se han aprovechado mejor: véanse fueros y concierto fiscal exclusivo.

No obstante, es difícil hacerlo peor que este Gobierno. Su única contundencia es el confinamiento, aunque les sobrevino una desafortunada e imprevisible catástrofe. Y también es loable su esfuerzo de comunicación con explicaciones diarias, lo que les cuesta mostrar vergüenzas. A ese respecto, recordemos los seis primeros meses de Rajoy  —2012— en otra crisis global, solo que requetesabida —desde 2007—. Con mayoría absoluta, estuvo mudo hasta las elecciones andaluzas para terminar haciendo lo contrario de lo prometido durante años: subir impuestos, habiendo ganado un año antes unas elecciones municipales y autonómicas, por lo que fue ridículo alegar desconocimiento. Y así acabó; también desaparecido y con el centro derecha partido en tres. Ahí tiene Casado su verdadero reto, al margen de oponerse al Gobierno como obligación: recomponer lo unido por Fraga y Aznar. Mientras no lo consiga gobernarán los socialistas. La palabra pactos, a uno y otro lado, debería grabársela a fuego.

Por eso, desde la crítica razonada al Gobierno: dilación en tomar medidas disponiendo de información anticipada; mascarillas generalizadas —ahora sí, antes no—; negligencia en protecciones a sanitarios, que todavía no llegan, o los test, sus precios y las reiteradas estafas sufridas, con escándalo flagrante por el suministrador elegido; el desvarío rectificador con autónomos y ahora con niños; las ayudas a empresas en manos privadas —bancos—, porque financiarán solo la solvencia holgada o cubrirán sus riesgos; dudosos datos oficiales de la pandemia; censura encubierta o divisiones internas; Sánchez no es la única goma para nuestra leña. Hay más bajo la bolaga.

Tiempo habrá de votar cambios, llegado el caso. Pero ahora, aparte de denunciar desgobiernos: acuerdos, solidaridad, inteligencia y leña al coronavirus, que es el hijoputa.   
  


lunes, 2 de octubre de 2017

EL REFERÉNDUM ANARQUIZANTE DE GUARDIOLA Y PIQUÉ


Supongo que nuestros lectores disculparán que hoy no hablemos de fútbol. Jugar a la pelota es una cuestión menor comparada con el compendio de disparates que la pretendida consulta popular nos endilga. 
Contemplando el panorama sería fácil pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no es así.  Es cierto que ni Puigdemont y sus secuaces podían aspirar a más, con la mano corrupta de Pujol meciendo la cuna vía Mas, ni el dontancredismo de Rajoy y los suyos a menos, pero el virus independentista empezó a incubarse muchos años antes con la insensata cesión de las políticas educativas a los diversos reinos de taifas que nuestra Constitución instituyó. Y ahí están todos nuestros gobernantes desde la Transición; ¡todos! Las Autonomías son buenas para acercar las decisiones a los ciudadanos, pero dejarles tergiversar la historia y encumbrar los costumbrismos, la cultural local y los hechos diferenciadores, como la lengua,  sobre todo lo que une a los españoles se ha revelado rematadamente malo. Ahora hay varias generaciones de catalanes y vascos, por citar las más extremistas, educadas en lo que se denomina hispanofobia. Y para esos millones de ciudadanos menores de cuarenta años, o mayores radicalizados, no hay vuelta atrás. Es más, con cada paso que dan sus enloquecidos dirigentes hacia el señuelo separatista la fobia antiespañola da lugar al odio. Y claro, se está generando el movimiento pendular contrario entre extensas capas de españoles de los demás territorios. Eso es lo preocupante. Y el fútbol no es una excepción.  
El problema no está, por citar a personajes señalados, entre Piqué y Ramos, que fuera de los focos se las toman sin tensiones, ni entre el barcelonista Guardiola con su independentismo en ristre y el merengue Nadal con su españolismo a flor de piel, que también se aprecian y admiran mutuamente, sino que trasciende a miles de aficionados que acabarán a palos por la calle.  Y al final, un buen número de desgraciados pagarán las culpas de unos y otros. Eso es lo que no miden, o les da igual, los cantamañanas que encienden la mecha de los despropósitos que lloraremos.
Los culés citados y otros como Xavi y Pujol ocultan que el derecho a decidir que reclaman está contemplado en el Estatuto catalán y en la Constitución española, que votaron el noventa y tantos por ciento de catalanes, o quizás les hayan engañado. Deberían aprobarlo dos terceras partes de sus parlamentarios autonómicos y llevarlo al Congreso para que otros dos tercios de los diputados nacionales aprobaran un cambio en la Constitución que posibilitara sus anhelos. Eso se llama democracia y lo que ellos plantean es tan ilegal como disparatado; un golpe de estado popular. Ninguna nación seria contempla un mecanismo tan simple para romper su unidad porque, llevado al extremo de que cualquier parte pudiera hacerlo cuando y como quisiera, sería el camino más directo hacia la anarquía y la desaparición del concepto de Estado de Derecho. Nadie estaría seguro nunca de nada porque desde las leyes a los municipios, las regiones o la propia nación, hasta los derechos más elementales de cualquier persona o sociedad estarían siempre al desamparo de los deseos que en cualquier momento se le antojara a un grupo determinado con poder de agitación; la anarquía.  Para contrarrestar tal disparate existe el poder legislativo que votamos libremente cuando toca; la democracia. Esa hermosa bandera que desde la ignorancia, la maldad o procelosas intenciones enarbolan los Piqués y Guardiolas irresponsables, con los Oteguis terroristas al acecho. Porque en Cataluña, salvo los de la CUP, que lo son y no lo esconden, nadie se proclama anarquista. Ya provocaron los radicales de entonces una guerra dentro de la Guerra Civil con miles de asesinados, torturados y desaparecidos, sobre todo en Barcelona.
Así que aun comprendiendo ciertas razones básicamente económicas, comentadas con respetables amigos catalanes partidarios del malhadado referéndum,  para cuya solución existen cauces democráticos indudables; que no le extrañen a Piqué los pitos. Habiendo defendido siempre que mezclar el fútbol con la política es absurdo, llamando inoportunos al excelente central de la selección y al extraordinario técnico Guardiola por lo que representan; ahora manifiesto apenado que por coherencia deberían abandonar la camiseta de España uno, y el deseo expreso de entrenar algún día a nuestra selección, el otro. Y no por falta de capacidades, que les sobran, sino por irresponsabilidad manifiesta rayana en la criminalidad.
La semana que viene solo fútbol; esta, por hartazgo, tocaba un desahogo.

   

jueves, 5 de noviembre de 2015

AZNAR, EL PÁJARO DEL ALBA

AZNAR, EL PÁJARO DEL ALBA

Ni a la quinta ha ido la vencida. Es el reiterado trino al amanecer y sin recaderos al encantado Rajoy, del ojizaino y antiguo presidente del PP y del Gobierno, padrino suyo y referente onírico de las huestes conservadoras, elevado antaño a sus altares como paradigma de mando y ejemplaridad. Pero tiene tan poca fortuna en sus despertares mañaneros como alabado fuera por quienes deberían reflexionar sobre tan ajustado clarín: con Rajoy y sus viejos olmos de ribera, el bosque pepero acabará en la mar machadiana por ríos y barrancas.
Pregones
Salvo en solemnidades y fiestas de guardar, donde se homenajea a algún personaje haciéndole el honor de pregonar cualquier tradición o ‘fiestorro’, los pregoneros eran unos mandados para esparcir a los cuatro vientos los anuncios, recordatorios o advertencias que la Autoridad tenía a bien comunicar a la ciudadanía.
Nuestro personaje de hoy aúna ambas caras. Con una se hace un auto homenaje, convencido de ser la reserva espiritual del centro derecha español,  y pregona con la cobertura de FAES, o en el evento y medio a los que ‘acepte invitaciones’, lo que considera que deberían tener en cuenta sus ex devotos; hasta hace siete años a pie juntillas y sin pestañear, por la cuenta que les traía.
Por otra se otorga la autoridad —que no poder —de la presidencia honorífica del PP, y sermonea de cosecha propia lo que considera respetable para sus otrora incondicionales, cada vez más díscolos y descreídos.
De mal estratega a estéril remendón.  
Es una pena que quien creó sueños colectivos desde un razonable manejo del timón de las Españas, no sumara a sus demostradas capacidades la de buen estratega a largo. De aquella supuesta primera división mundial, solo queda el remoto reflejo de sus fotos con quienes sí pertenecían a ella.
Declaró su amor por interés a un Pujol lagartón en el Majestic, sirviendo como prenda la inmersión lingüística. Ni su tactismo personal, ni mucho menos ninguna estrategia coyuntural para favorecer la estabilidad nacional, justificaban tal indignidad.  La lluvia del tiempo ha hecho crecer la cizaña en aquella mala siembra: Cataluña hoy.  Por mucho que él apunte remiendos dolidos, triste consecuencia de lo propiciado junto a sus antecesores, y preludio de lo que perpetrarían sus herederos monclovitas.
Gurú ruinoso
Tampoco podría ejercer de pitoniso; si acaso, de echador de cartas trucadas. Lo demuestra su dedocrática apuesta por Rajoy como proyecto de presidente del gobierno, desde la realidad que él debería conocer mejor que nadie: probo militante funcionarial en la nomenclatura de Génova, por muchos cargos electos y de confianza que ostentara. Lo disculpable y más a mano sería que el Señor no lo haya llamado por el camino de la intuición, y, lo imperdonable, que optara ladina aun equivocadamente por un Mariano títere.

La del millón no se la cree nadie, o… sí: que Rajoy fuera más listo, y lo engañara a conciencia durante demasiados años vendiéndole su recauchutada moto como de kilómetro cero. ¡Quién lo iba a decir!  

martes, 20 de octubre de 2015

RAJOY, LIRÓN A LA BROCHA

RAJOY, LIRÓN A LA BROCHA.

Ponga usted un espíritu almidonado regido por una mente funcionarial al mando de cualquier empeño humano en dificultades, y obtendrá lo más parecido a una nada surgida de otra nada con nada por delante y nada por detrás; un estío sofocante sin nada que recoger por falta de siembra. Una ruina.
Ahí, las personas con aversión cerval al riesgo sucumben al mayor de los peligros: la inanición, o,  peor aún, abusan inmisericordemente de los indefensos bajo su mando: la cobardía facilona. Y se excusan con las socorridas circunstancias o la herencia recibida, a la que no renuncian cuando se les encomienda, desde su sempiterna hipocresía: lo socialmente correcto por apariencias.
De la pereza y el miedo a la rutina, con la connivencia de sus  homólogos, consumiendo el tiempo de quienes aguardan lastimosamente y con paciencia franciscana que alguna vez haga algo; tome decisiones útiles; corte por lo sano; alumbre futuro desde proclamas ilusionantes o se vaya pronto a casa. Porque lo de sacrificarse por sus gobernados, quemándose en el empeño, no lo esperan; sería demasiado para ‘don comodón’.
Si añadimos el espíritu del opositor estéril, que alberga el origen del peor funcionariado, obtendremos lo más parecido a un parásito que tiene por objetivo vivir eternamente a costa de los ciudadanos.
Sin nombrarlo, es fácil imaginar un perfil fiel del actual presidente del gobierno: Mariano Rajoy en estado puro.
El único presidente electo que no repetirá mandato. El gobernante que llevará su partido al desierto, partiendo de una espléndida y fructífera ribera, en solo cuatro otoños. Un político que debería leer la realidad española como nadie por haber tocado todas las teclas desde concejal a presidente, al que confiamos una nación con problemas económicos y financieros por deudas y gastos improductivos inasumibles, que nos la devuelve incrementándolas y sin limarlos, y presumiendo de haber superado la situación. La realidad es que debíamos seiscientos mil millones y ahora debemos un billón, porque Europa nos ha aliviado por interés prestándonos dinero a mansalva y a un coste bajo, de momento... ¿Ese pulpo, es rescate o calamar?
¿Qué haríamos con un gestor que nos deja en manos de los prestamistas aun aumentando las ventas —impuestos—, incapaz de reducir gastos estériles y enfadando, de propina, a los clientes —contribuyentes—? Su dudoso logro: aplazar las soluciones endeudándonos en una cuantía impagable. Si España fuera una finca se la quedarían el BCE y los bancos.
La peor ceguera es voluntaria, y este lirón, que oculta bajíos en su pasado —¡Ay, Bárcenas!—, sueña con seguir pintando tras cinco elecciones seguidas cuesta abajo, ¡cinco!; siendo, además, el político peor valorado desde sus principios presidenciales. Otro caso único y definitivo.
Decenas de millones de españoles, propios, indiferentes y extraños; quisieran decirle: Mariano, ¿por qué no sueltas la brocha de una puñetera vez, que te vamos a quitar la escalera, y haces un favor a tus compañeros, a tu partido, a tus gobernados, a tus más próximos, a ti mismo y a España?


viernes, 2 de octubre de 2015

CARADURAS POR CATALUÑA

CARADURAS POR CATALUÑA
Tras las elecciones al parlamento de Cataluña volvemos cosechar caraduras. Uno de allí y otros de aquí, sobresale especialmente Mas
¿Alguien puede confiar en personajes como el valido de Pujol para nada serio, cuando sus propios lo han puesto de cuarto vergonzoso en la lista? Anda la misma senda que Rajoy, el preferido de Aznar. Les une al Presidente y al President la vieja máxima maoísta —¿quién lo iba a decir en dos burgueses irredentos?— de ir de derrota en derrota hasta la victoria final. Solo que en su caso tal victoria es más sueño que posibilidad.
Insensatos manifiestos
Desde que Mas inició su deriva independentista ha ido perdiendo apoyos en las urnas hasta dejar a su partido en precario. Ahora depende de Ezquerra y de los extremistas antisistema de la CUP. Resulta patético que la organización creada por el clarividente Pujol para aglutinar al conservadurismo catalán, por muy golfo que resultara ser, se haya abrazado en su locura rupturista a sus antípodas ideológicas.  
Rajoy, por su parte, desde que abandonó a sus votantes naturales con la estafa postelectoral más flagrante conocida en nuestra democracia; lleva  cinco elecciones seguidas perdiendo votos.  El “hostión” municipal y autonómico de doña Rita de Valencia, se ha visto reconfirmado en las catalanas. La ciudadanía no cree en su recurrida recuperación económica porque ni a sus bolsillos ni a sus expectativas llega; solo es cierta en parte para la banca y algunas grandes empresas. Lo que sí sabe es que con sus políticas ha llevado a España al mayor endeudamiento conocido; lo pagaremos durante generaciones. Y, también, que las corruptelas son el pendón más cierto de un PP a la deriva.
 Tampoco quiere enterarse de que, con él al frente, su partido no tiene nada que ganar. El apoyo mayoritario en las generales de 2011 se pierde sin solución por el desagüe de su inadecuada incompetencia. Y lo peor será que esa realidad, reiterada desde aquí, conducirá al PP a las sentinas de la España representativa. Con él de candidato en las próximas elecciones generales, los populares ocuparán el banquillo de la oposición para tiempo. Y no solo a ese; la corrupción les pasará una factura a la que se resisten con todo tipo de argucias legales.
Lo más lamentable será, además, que en su caída arrastrarán a una pléyade de jóvenes políticos que ahora han echado por delante —Casado y compañía—, en lugar de haber dar un paso atrás los de la vieja guardia, dándoles la oportunidad de liderar la regeneración de su partido y ayudar a la de España. Esa idea que abandera quien lleva un camino diametralmente opuesto al de Rajoy y su PP: Rivera y Ciudadanos.
Ingobernabilidad y riesgos
Estas elecciones dejan un Parlament ingobernable, salvo que en aras a una imposible independencia — de este modo— , los conservadores de Convergencia y los republicanos de Ezquerra entreguen armas y bagajes a los minoritarios y extremistas de izquierdas de la CUP. En cualquier caso, mal asunto para ellos, para Cataluña y para España, porque la otra posibilidad sería que los antieuropeos y antisistema renuncien a sus proclamas y las quemen en la misma pira secesionista. Muchos sapos para tragar en tan poco tiempo. Lo normal será que se convoquen nuevas elecciones.
Hay un hecho en nuestra historia reciente que deberían tener en cuenta. Aunque pueda parecer tan exagerado como lejano en el tiempo, a tenor de la radicalidad que se viene observando en Cataluña y de la clara división en dos grandes mitades de la ciudadanía, propiciada por la demencia egoísta de unos cuantos dirigentes; sería bueno que recordaran que durante la guerra civil que sumió a España en el salvajismo de los bandos enfrentados entonces —de todos, sin excepción—, los catalanes sufrieron en sus carnes la mayor y más diversa represión que hubo en aquel incivil enfrentamiento: religiosos, empresarios, burgueses y conservadores, por una lado, y comunistas troskistas del POUM, libertarios y anarquistas de la FAI y de la CNT— en una guerra civil catalana dentro de la Guerra Civil española— por otro, fueron masacrados con una crueldad tremenda, antes de Franco, por sus contrarios ideológicos.
Los caraduras activos y pasivos de cualquier signo deberían valorar las consecuencias de su poca vergüenza política, y dejar que llegue la hora de quienes puedan aportar sensatez y serenidad a la situación que han engendrado. Nadie es insustituible en esas cuestiones.
La criba de la vergüenza
Por mucho que Mas y su socio coyuntural Junqueras, apoyados por la AC,  Ómniun, Guardiola y deportistas de postín, digan lo contrario, han obtenido menos votos que en las pasadas elecciones, tras votar quinientas mil catalanes más que en 2012. Esgrimir la escisión de la Unió Democrática de Durán como causa, solo señalaría los cien mil votos cosechados por estos, cuando ellos solitos y revueltos han perdido el doble.
De la caradura se han apeado al propio Durán, que ha puesto su cargo a disposición; Pablo Iglesias, que ha reconocido su fracaso catalán; y  Albiol, quien reconoce el batacazo del PP que él ha liderado en Cataluña, junto al inusual callejero Rajoy y a sus ministros “lenguaraces”, Margallo sobre todo.
Los demás asoman su jeta hormigonada, salvo el de verdad triunfador Rivera, con Arrimadas de exitoso ariete, para intentar eso tan hermoso de regenerar España desde Cataluña. Empeño regenerador que tanto nos ilusiona a tantos.  


martes, 4 de agosto de 2015

RIVERA&SÁCNHEZ, EL EQUILIBRIO BLANCO NECESARIO

RIVERA & SÁNCHEZ, EL EQUILIBRIO BLANCO NECESARIO
El equilibrio político puede ser Rivera para unos, o Sánchez para otros, pero una mayoría se inclina por la conjunción de ambos, no necesariamente coaligados, mientras  mantengan el blanco impoluto personal sobre corrupción.
En fuera de juego
Es una lástima que el PP de Rajoy no cuente en esa partida, lo que no invalida su ideario político para España, que es muy diferente a la que le encumbró en 2011 a la mayoría absoluta en las generales y a ostentar el mayor poder democrático en nuestra historia reciente.
Las causas son claras: la corrupción galopante que le ha sobrevenido desde entonces, anclada en vicios antiguos y consentida por la falta de un liderazgo claro y fuerte, además de en otras cuestiones claves como la de no resolver realmente los problemas que originan el desequilibrio en las cuentas públicas; y  su no renovación interna cuando el resto de instituciones han cambiado en este tiempo sus formas y caras más visibles.
Si a esas realidades le sumamos el desprecio por sus votantes en sus primeros tres años,  haciendo huir a muchos de ellos de sus papeletas en las urnas recientes, tendremos el perfil completo que explica su precariedad
Rajoy no quiere aceptar que es una rémora para su partido, y con él sus más conspicuos colaboradores, y ahora tratan de redimirse con bajadas de impuestos, subidas de sueldos públicos y medidas sociales que son a todas luces oportunistas, demagógicas y patadas hacia adelante, cuando no pasos en falso —con España, su empresa o su casa, endeudada hasta las cejas: de seiscientos mil millones a un billón de deuda pública, sube sus gastos fijos en lugar de bajarlos—. No han entendido nada. Por eso pretenden hacerse un lifting, estéril, encerrando el charrán y con cambios periféricos en sus distintas baronías, amén de en las escasas instituciones que aún gobiernan. 
Increíblemente, el Presidente promete ahora llevarnos a un Edén, dibujado como la mejor situación económica y social que hayamos conocido, sin hacerle caso al sentido común ni al sabio refranero. Si en él encontramos aquello de que segundas partes nunca fueron buenas, imagine el de Pontevedra como suena lo de las segundas promesas. Lo lamentable es que se irá a casa cuando su PP se pegue el siguiente batacazo electoral, y serán cinco seguidos tras el 27-S, dejando a su partido en fuera de juego para un tiempo muy largo.
Los titulares
Como consecuencia, Rivera ocupa en progresión geométrica el espacio centrista que disfrutaron los populares. Y se le podrá criticar que pacte con unos u otros abstenciones que permiten gobiernos en minoría, e incluso que sean más o menos acertadas, y en algún extremo de dudosa utilidad para lo que preconiza y para el bien de los ciudadanos, pero por eso precisamente ocupa el centro que decíamos; ser una pieza fundamental para sumar y huir de los extremos.
 También que no sea todo lo liberal que proclama, o que Ciudadanos está libre de corruptos porque aún no ha tocado poder; lo que quieran. Pero nadie puede negarle que ha supuesto un balón de oxígeno en la maltrecha democracia parlamentaria que padecemos. Sobre todo el PP, por ocupar las mayores parcelas de poder, pero también el PSOE, han tenido que renunciar a sus querencias absolutistas anteriores y plegarse a las exigencias regeneradoras de la gente de Rivera. Y eso, en principio ya es bueno.
De cara al futuro ya veremos cómo administra Ciudadanos el poder que logre, pero habrá que darles el mismo margen de confianza que disfrutaron populares y socialistas en su momento.
Y Pedro Sánchez, como dijimos en estas páginas, esta ante su ‘añón’. El que puede elevarle a la presidencia del gobierno tras salvar los muebles en los comicios pasados y consolidar un liderazgo que estaba en entredicho hace solo unos meses.  Para ello deberá seguir remando y pulir las aristas que aún tiene: sus relaciones con los separatistas catalanes, ya definitivamente tirados al monte; con los nacionalistas vascos, que están a la espera de acontecimientos para tomar un camino u otro; y con los extremistas de izquierda que han tocado poder y andan enjugascados con simbolismos tan trasnochados e inútiles como nostálgicos de otras épocas, o empeñados en ganar batallas que sus antepasados perdieron hacer siete décadas.
 No entienden que España hoy no tiene nada que ver con la que anduvo casi tres años matándose, dividida en dos bandos irreconciliables; ni con la anterior a esa locura tampoco. Y el PSOE les otorga demasiadas veces un crédito que les aleja del equilibrio al que debe aspirar para centrar sus mensajes y políticas en la medida que millones de españoles exigen a quien quiera gobernarlos.
Si Sánchez logra que su PSOE discurra por la senda de la modernidad sin anclajes anticuados, y con la suficiente claridad en su programa político, explicando bien, por ejemplo, en qué mejora el estado federal al autonómico; formará con Ciudadanos el eje vertebrador de nuestro futuro, a la espera de que el PP se renueve a fondo.
La incógnita
Iglesias  es ahora mismo una incógnita después de las últimas elecciones y los acontecimientos internos de su formación. Si creemos su proclama máxima: que él solo aspira a gobernar y no a ser comparsa ni oposición de nadie, Podemos puede tener los días contados de no pasar del 20% de los votos en las generales, como parece que sucederá. En tal caso, IU volvería a ocupar el espacio a la izquierda del PSOE que ahora ocupan los anteriores.
La certeza
Mientras, el gobierno de España será cosa de dos: Sánchez y Rivera; PSOE y Ciudadanos. No lo duden, salvo milagrosa caída del caballo de Rajoy, tal que Saulo de Tarso, tan improbable como quizá tardía.

      

lunes, 6 de julio de 2015

DEL PÚLPITO AL BANQUILLO

ÚLPITO AL BANQUILLO
Así andan Aznar y Rivera, uno predicando y el otro en la búsqueda necesaria de titulares. Y no solo ellos. Iglesias está en la prédica y en el campanario.
El caudillismo
Aznar debería saber que España no es tierra para profetas, pues rendimos culto al mesías de turno cuando manda, y se torna en irrelevante al dejar la vara. Somos un país de caudillos; desde Viriato a Franco. Al primero lo vendieron sus propios para heredarle, en su momento de mayor debilidad, e Hispania se hizo romana. Y al segundo, por mucho que se le critique y hasta parezca que fue un apestado,  se le tuvo devoción patria hasta el mismo día de su entierro: dos millones de españoles pasaron compungidos ante su féretro en el Palacio de Oriente.
Sería bueno que pasáramos la página del vasallaje y abriéramos al fin la de ciudadanos, en la que huir de cualquier caudillismo es la piedra angular.
Así, aunque don José María lleve razón señalando las carencias del PP de Rajoy, y el camino a seguir, no debe extrañarle que nadie le haga caso. Incluso que le recomienden callar la mayoría de militantes o le critiquen con saña sus antaño aduladores; es lo que da la mata.
 Claro que tampoco él ha entonado el mea culpa público por el sucesor que endilgó a su partido, aunque sí lo lamente en voz baja, y por ende a los españoles. La prueba más clara del caudillismo imperante es que le nombró su dedazo y nadie osó contradecirle desde sus filas.  Y es que, aunque cumplió a rajatabla su promesa de estar solo ocho años en el cargo, nadie creía – ni él tampoco- que fuera a apartarse totalmente del machito; de ahí la bendición general, o abstención unánime, según se mire. Tal vez por eso nombró a Rajoy, pero le salió rana.
En resumen, que o se decide a volver para retomar el mando, y eso le otorgaría una pléyade de nuevos ‘aznaristas’, por si acaso; o seguirá clamando en el desierto porque nadie espera o teme nada de él. Aquí solo se respeta al que se teme o al que puede dar algo, y a algunos que llevan decenios bajo tierra por aquello de que no les conocimos y solo nos han contado sus aciertos. Pero en todo caso, España tampoco es buena tierra para segundas partes; Suárez fue un ejemplo.
El equipo
Rivera hace bien en buscar plantilla porque su partido corre el riesgo de ir en paralelo a su trayectoria. Y eso, mientras le suene la flauta de la esperanza le irá bien, pero en cuanto flaqueen los votos, o empiecen a vérsele las costuras en los lugares donde ahora son decisivos para los gobiernos de turno, la cuesta abajo consiguiente será camino sin retorno. En este aspecto, los caudillismos funcionan cuando hay fuerza detrás. Como antes decíamos, si no pueden dar prebendas o leñazos se pasa pronto de ellos. Es condición humana, que no sé si general, pero desde luego muy hispánica.
Así, cuanto antes tenga un equipo de gente valiosa detrás que le asegure cohesión ideológica y territorial, aparte de relevancia y votos, mejor para Ciudadanos. Ahora mismo, salvando a los notables que le dieron su primer lustre económico a nivel nacional, Garicano y Conthe, y los escasos delegados regionales que han surgido en las pasadas elecciones, como Marín y Villacís, por hablar de quienes ahora están en candelero; no tiene equipo visible. Y eso le puede pasar una enorme factura. Las elecciones catalanas pueden catapultar a quien le sustituya, y sería otra baza interesante; las urnas dictarán sentencia. Si su partido se cuartea en Cataluña, Rivera tendrá poco futuro a nivel nacional. Y él lo sabe, de ahí sus dudas hasta última hora; y todavía.
En misa y repicando
Iglesias está sujetando las riendas de Podemos para que no se le desboquen los Círculos, porque él sabe mejor que nadie lo ingobernables que pueden llegar a ser los movimientos asamblearios. De ahí su empeño en estructurar un partido fuerte desde arriba controlando a los de abajo. Y en ello ha puesto su empeño. Sabe muy bien que en las generales se juego su futuro. Si al final repite el porcentaje de votos de las pasadas municipales y autonómicas, o poco más, habrá perdido el tren de la historia. No llegar al veinte por ciento será reeditar una Izquierda Unida, aunque con más fuerza por el impuso inicial del movimiento asambleario de donde procede, y es muy difícil que lo consiga.
Ahí se ancla también su empeño en defender hasta extremos casi suicidas a Syriza, porque si el enorme envite de Tsipras le sale mal, Podemos e Iglesias pueden ver lastradas sus esperanzas de replicar su éxito en España. Y al revés, si aquello saliera bien y lograran doblegar a Europa, cosa difícil aunque no descartable por el miedo consustancial de una Unión Europea de mercaderes, tendrían mucho ganado aquí. Desde luego, si los gobiernos europeos apelaran a la dignidad humana que enarbolan legítimamente los izquierdistas extremos helenos, hace tiempo que Grecia estaría fuera de todo. 
No tiene mucho sentido que quienes no pagan un IBI generalizado, por ejemplo, porque tienen un catastro tan precario y limitado como reciente, estén exigiendo a los ciudadanos europeos, que de media tiene que trabajar seis meses para pagar sus impuestos, que les permitan vivir eternamente como hasta ahora. Como les ha venido a decir el líder de los socialistas alemanes, no pueden pretender mantener sus privilegios e ineficiencias a costa de los pensionistas y ahorradores germanos. Ni de los españoles.

Ayudarles en lo razonable para que puedan cumplir con decoro sus compromisos, sí, pero a que parasiten al resto de ciudadanos europeos, un no con chorreras, don Pablo. O teta o sopas.        

domingo, 28 de junio de 2015

DEL FRAUDE POLÍTICO, AL CAMBIO Y A LO QUE VENGA

DEL FRAUDE POLÍTICO, AL CAMBIO  Y A LO QUE VENGA.
En otras circunstancias, el enunciado de esta columna causaría más escepticismo que estupor. Y como en los tiempos del todo a euro, del barato barato aunque dure un suspiro o consumamos porquería, del todo gratis desde internet a los servicios públicos, o lo de que ayer ya es pasado y lo de la semana pasada prehistoria; la memoria suele ser corta y tropezamos con frecuencia en piedras parecidas.
Miedos
Para una parte considerable de la ciudadanía, Iglesias y su Podemos son la amenaza de un futuro negro. Para otra, no menos relevante, el responsable de todos nuestros males es el PP de Rajoy. Y para la mayoría, que no milita en nada, la culpa es de los políticos en general.
Convendría, sin embargo, que nos diéramos un baño de realismo y con la mente fría, sin orejeras, mirásemos un rato hacia atrás para ganar perspectiva.
Podemos
Podemos no es más que la expresión del hartazgo de muchos que, huérfanos de políticos que de verdad nos representen, han sido convencidos por un partido político surgido al socaire de las asambleas ciudadanas. Hasta ahí entendible, pero lo inquietante que concurre en Iglesias y compañía es su querencia por regímenes políticos filocomunistas. Y es que, el comunismo en cualquiera de sus versiones es una ideología ya superada y de lamentable recuerdo.
Por eso, más allá de los ramalazos que con frecuencia les asoman: comprensiones dudosas de organizaciones terroristas  o hacia personajes más cercanos a dictaduras o populismos trasnochados, cuando no tercermundistas en el peor sentido del término, que a dirigentes o sistemas políticos homologables con la democracia libre; hace bien  su líder en tender puentes desde su legítimo izquierdismo ideológico a la socialdemocracia. Y en  sus guiños, proclamando que en su partido caben todos sin importar de dónde venga ni qué carnet dejen atrás. Otra cosa es que sea cierto –ojalá–, que lo sepa practicar sin ambages y que le crean. Ahora se juegan su mañana desde el apreciable poder que han conseguido tras las municipales, y España en parte, ¡ojo! Sobre todo, y aunque haya sido indirectamente, en los dos ayuntamientos más grandes: Madrid y Barcelona.
De todos modos, convendría recordar que han sacado un porcentaje de votos parecido, el 13%, a lo que antes sacaban los partidos a la izquierda del PSOE: la moderna IU, el antiguo PCE y similares. Y con muletas: las agrupaciones electorales de Carmena y Colau.
Conservadores
El PP de Rajoy, aunque han desarrollado una gestión nefasta desde su poder omnímodo, estafa masiva a sus votantes incluida, no hay que olvidar el estado agónico en que dejó el PSOE de Zapatero a España tras ocho años de desmanes: enfrentamientos territoriales agudizados, fractura social, paro galopante y ruina económica.
 Mención aparte para las significativa luces macroeconómicas tras sus tres años de mandato; aun engañosas. Sus causas más relevantes han sido ajenas al  gobierno: la bajada del euro, que favorece las exportaciones al margen de buena gestión empresarial; la inestabilidad en el Mediterráneo, que favorece a nuestro importantísimo sector turístico; la manguera del BCE, que ha regado a mansalva a los bancos y a los estados del euro – ¿qué otros países similares, mejoran menos? Sí, pero partían de mejor situación– ; y el repunte del consumo interno, procedente en gran parte de la solidaridad familiar y del dinero negro de nuestra boyante economía sumergida.  
Y, finalmente, lo que sí depende de la gestión gubernamental es el aumento ruinoso de la deuda pública: de unos 600.000 millones de euros que dejó Zapatero tras ocho años — el 60 % del PIB —, a más de un billón —el 100 % del PIB—; más de 400.000 M. en tres años. Y eso es el resultado de haber sido incapaces de reducir el déficit del Estado. Y ha sido así, aun subiendo los impuestos hasta la requisa más alevosa y por mucho que le critiquen la engañosa austeridad, porque Rajoy no ha metido la tijera por cobardía en lo necesario: instituciones, sociedades públicas, políticos, medios materiales, asesores, amiguetes, enchufados y un larguísimo etc.
 En todo caso y salvo torpezas ajenas, el PP está listo de papeles si no se renueva de verdad. Rajoy y Cospedal –¡ay, Bárcenas!–, Arenas, Montoro, Trillo, Pujalte, Pons, Aguirre… ¿Hasta cuándo? ¿Y aún culpan y demonizan a otros? ¡Qué jeta!
Socialistas
Y llegamos al PSOE que, con Ciudadanos, será el pivote futuro.
Los socialistas viven ahora sus precarios momentos de gloria tras la hecatombe de Zapatero y Rubalcaba –¡qué plaga!–. Y por ello, Sánchez tiene la oportunidad de hacerse un hueco en la historia. Es la ocasión que le augurábamos hace tiempo si salía bien parado de las municipales y autonómicas, pero deberán hilar muy fino en las instituciones que controlan en coalición con políticos de distinto pelaje: extremistas, independentistas y asimilados –ojo a Ribó y Compromís en Valencia–. Si pierden el sentido de estado y no gobiernan para todos, por mucha bandera española que Sánchez luzca, volverá su burra al prado de la irrelevancia. Y corren mucho peligro, favoreciendo de paso otras opciones.
Ciudadanos
Rivera ha hecho posibilismo de Estado con sus diversas alianzas, activas o pasivas,  enarbolando una encomiable responsabilidad política, y hará bien en vigilar muy de cerca que las intenciones regeneradoras de los acuerdos con sus favorecidos se cumplan sin excepciones. Será su banderín de enganche para las generales, o su entierro, ahora que por fin ha decidido echarse al ruedo de la nación y tras ser criticado por determinados apoyos; al PSOE andaluz de Díaz, por ejemplo, con la sombra de Chaves, Griñán, Zarrías…– ¡vaya banda! –, y tanta corrupción detrás.
 ¿Y si al final fuera el catalán el líder que España necesitaría desde una opción política centrada y liberal?  Buena falta hace. De aquí a las generales se juega– y nos jugamos– mucho. Y después, previsiblemente también, aunque sea todavía en una oposición de relieve o como aliado ocasional de quien gobierne.  El tiempo dirá.

  

sábado, 31 de mayo de 2014

Una etapa nueva para una nueva España

Con las recientes elecciones ha empezado el proceso que se veía venir. Y era deseable que llegara porque los responsables políticos de la desesperanza que padecemos no han sido capaces de anticiparse a las consecuencias de su ignominia, que ojalá fuera solo por incompetencia. Los responsables socialistas y populares de la última docena de años y sus homónimos nacionalistas periféricos han cavado el foso que ahora les separa de la sociedad a la que dicen servir y a la que mienten sin pudor ni reparo. Y la mayoría de esa ciudadanía, cansada de sus torpezas, ineficacias, engañifas y corrupciones, ha empezado a enseñarles la puerta de salida. Empieza una nueva etapa.
Personajes para la historia

Una nueva era que debería alumbrar una sociedad, con valores también diferentes, que hiciera posible una nueva España. Una nación donde un personaje con el proceloso pasado político de Rubalcaba sea impensable que llegue a dirigir un partido político. O que, en la acera de enfrente, siga siendo presidente del Gobierno quien estafa a sus votantes, caso de Rajoy, y pueda continuar como si tal cosa con sus responsabilidades porque sus valores éticos no le obligan a lo contrario o porque sus gobernados soporten con una desmoralizante apatía las más evidencias que sospechas de que ha estado cobrando sobresueldos en dinero negro y que su partido, bajo su responsabilidad, ha estado manejando fondos no fiscales de procedencia corrupta.
Ante el desastre obtenido en las urnas uno ha dicho que se larga, ¡alabado sea Dios!, y el otro, fiel a su contumacia diletante, anuncia un plan para reanimar al PP a partir de septiembre. Algunos pensamos que el tándem Zapatero-Rubalcaba pasará a la historia como el liquidador del centenario PSOE, pero Rajoy lo hará él solito –con sus cuates Arenas y Montoro sonriendo en primera fila- como el rompedor de la unión del centro derecha español que tanto esfuerzo y trabajo costó a sus antecesores.

Herederos

A los socialistas ya les han salido varios partidos que aspiran a su herencia social, algunos con éxitos sucesivos en diversas elecciones, como el de Rosa Díez, y otro muy reciente: el de Pablo Iglesias; vaya coincidencia con el histórico tipógrafo fundador. Y a los populares pronto le saldrán opciones ciertas de derecha real –lo de Vox es difícil que permanezca como tal y en solitario pero miremos a Francia- mientras crecerán los más centristas que ya cuentan con cierto bagaje, caso de Ciudadanos de Rivera.

Como aviso a navegantes, sería bueno que el citado exitoso homónimo del histórico Pablo Iglesias aclarara si responden a la realidad sus alabanzas ejemplarizantes al desaparecido Hugo Chaves venezolano. Más que nada para que nadie se llamara a engaño respecto a su verdadera filiación política. Hermana, por otra parte, del núcleo duro de Izquierda Unida que defiende a capa y espada la dictadura castrista de Cuba, entre otras lindezas pseudodemocráticas.

Separatismos

Y lo de los nacionalistas catalanes se parece cada vez más a sus colegas vascos. La burguesía centroderechista de uno y otro lado perderá su hegemonía política a favor de los radicales independentistas de izquierda o su extrema, que reman a favor de los nuevos tiempos. El problema de la unidad de España tiene en esas dos regiones el antiguo problema de siempre y ya no hay lugar a las contemplaciones. Se ha dejado crecer la feria de los despropósitos y no tiene solución fácil; ni difícil tampoco con medidas estrictamente políticas.
Los gobernantes democráticos centrales han ido cediendo atribuciones y dinero a los nacionalistas periféricos porque en el fondo era lo que en realidad venían reclamando, pero ahora es otra cuestión. Ha crecido una especie de dignidad nacionalista catalana de amplio espectro ideológico que ya cuenta con la mayoría minoritaria social de la que antes carecía. Y pronto será mayoría absoluta.
Ese tren, por culpa de las ambiciones nacionalistas y de la miopía de los gobiernos centrales y del enanismo político de quienes los han presidido y de sus partidos, no tiene freno salvo algún improbable milagro de sensatez, hasta que llegue a la estación que se han puesto como meta. Mientras es cuestión de dinero casi todo tiene solución. Pero cuando se entra en el mundo de los sentimientos es difícil vencer al de un pueblo. Y ese ha crecido en Cataluña alimentado por la estulticia de demasiados políticos de pacotilla a ambas orillas de la futura frontera. Esperemos que en ningún caso se parezca a la barbarie sanguinaria sufrida durante demasiados años por el conflicto vasco, cuando no a algo aún peor.

Votar con la cabeza y la cartera

El tiempo nuevo para una nueva España no va a ser fácil tampoco en sus orígenes porque la dispersión política no garantiza paz política precisamente, y sufriremos sus consecuencias, pero nada cambia sin el precio correspondiente. Será necesario para construir una nueva ciudadanía y el pago que habremos de satisfacer por nuestra inmadurez democrática al votar por impulsos, romanticismo, principios trasnochados o costumbre, en lugar de hacerlo con una mano en la cabeza y otra en la cartera. Lugares donde residen nuestro futuro, nuestra vida y el bienestar de quienes queremos.

Afortunadamente, nuestros nietos ya no tendrán que pasar ese sarampión; nuestro tiempo les servirá de vacuna. Agárrense que vienen emociones fuertes.

viernes, 7 de febrero de 2014

ENTRE PEDRO JOTAS, MEDIOCRES Y FLORENTINOS

Sí, así hemos vivido los últimos treinta años en España, con los paréntesis de algunos visionarios que desde la política, las empresas, los sindicatos, la llamada sociedad civil y el anonimato heroico han hecho posible la parte aceptable de nuestra realidad actual. Una situación en el mundo homologable de las sociedades avanzadas, a pesar de todos sus defectos.

Pedro Jotas

Pero precisamente por poder hacerlo en eso que llamamos libertad, podemos darnos con el canto de la normalidad occidental en los dientes. Llevan razón quienes critican negando que vivamos en una democracia efectiva por aquello de que en España lo de la separación de poderes es irreal. Y los que aducen que no hay libertad plena en el cuarto poder: la prensa, por su dependencia económica de quienes medran cerca del ejecutivo. Pero aquí también hemos tenido episodios notables de críticas sin cuento a los poderosos. Y ya enlazo con el ejemplo de Pedro J. Ramírez y los que como él han protagonizado  periodismo de raza en largas etapas.

Pedro J. Ramirez


Con todos los defectos que sin duda tendrá el personaje, nadie puede dudar de que le ha soltado estopa tanto a unos como a otros desde su nunca escondida confesión liberal, vocación informativa mediante. La prueba más evidente es que no es santo de la devoción de los socialistas ni tampoco de los populares, pasando por cualquiera de las demás opciones políticas. Y en ello ha cimentado su indudable éxito periodístico durante tantos años, siendo refugio muchas veces de quienes nunca han sido complacientes con el poder establecido.

Notables y muñidores de mediocres

Salvando los primeros tiempos de Suárez, empeñado por muy diversos motivos en liderar nominalmente una transición pacífica desde la dictadura a la democracia parlamentaria; los seis años iniciales de González, metiendo a España en la Europa y en el mundo moderno de las libertades; y los idénticos de Aznar, consiguiendo un país próspero desde la ruina que heredó; hemos navegado con mediocres al timón. Lo peor ha sido su coincidencia en nuestro último decenio. Al exfalangista y franquista primero le sobraron años y gestos y le faltó preparación; al segundo, también exfalangista aunque sevillano, y socialista en la clandestinidad – cuando era ‘Isidoro’- le sobraron sus últimos siete y demasiados mangantes en su entorno; y al heredero tardío de Fraga, más le hubiese valido manejar sus mayoría absoluta en el 2.000 con el talento y el talante de su minoría mayoritaria parlamentaria del 96. Y, sobre todo, haber tenido más inteligencia cuando el todavía no aclarado 11-M – demostrando tener “la cintura de una rueda de tractor”, en afortunada frase del inolvidable Luis Aragonés refiriéndose al holandés Koeman en sus tiempos barcelonistas -, y habernos ahorrado la herencia del ‘Tancredo’ Rajoy, de la que él mismo se arrepiente cada día.  ¡Vaya vista tuvo el tío!

Pero sea como fuere, esos tres presidentes en sus mejores años, con el paso fugaz de Calvo Sotelo; fueron lo mejor de los últimos casi cuarenta años en España. De los siguientes ya está casi todo dicho y no es cuestión de cansar, que ya tenemos bastante.

Mediocres

Y llegamos a los que se han aprovechado en exceso de ‘sus excelentísimas mediocridades’ – Zapatero y el gallego - y de los irresponsables años sabáticos de los anteriores: todos los ‘florentinos’ que en España son, atentos siempre a manejar las debilidades políticas para campar a sus anchas por los palcos, despachos, ministerios, ayuntamientos, consejerías, palacios y demás jaleas reales de cualquier Estado débil. Sólo hay que echar un vistazo a las fortunas que, a pesar de todo lo llovido, han florecido y siguen haciéndolo en los últimos quince años. No más de una docena de aviesos olfateadores de las debilidades ajenas; básicamente de quienes manejan los boletines oficiales.

Florentinos

Entre ellos, además del inefable Pérez – el peor presidente del Madrid en su historia deportiva, sin contar sus gastos corrientes, que ya sería una comparación escandalosa; aunque habría que salvar, sin embargo, el lustre social e institucional y la normalidad económica que le ha dado al club – tendríamos a notables contratistas de obra pública, algunos de ellos metidos de lleno en la corrupción política; a los grandes banqueros que quedan, tras el latrocinio cometido y permitido en las Cajas de Ahorro, propiciando un ‘magamonopolio’ en manos de media docena escasa con los escrúpulos justos para perdición de sus clientes; y a una variopinta especie de conseguidores de todo pelaje, en el que cabrían desde ex políticos y gabinetes jurídicos y económicos siempre bien relacionados con el poder, hasta algunos pseudo periodistas o comunicadores perseverantes en el tajo de las fontanerías partidistas e institucionales, con su consiguiente tráfico de influencias, hagiografías, informaciones privilegiadas y similares; hasta empresarios o sindicalistas más nominales que otra cosa, descuideros de cargos de representación para medrar en sus bolsillos. Todos ellos sin olvidar a los habituales de las nomenclaturas de los partidos que han tocado poder; llenando sus carteras al pairo de la enorme economía sumergida vergonzante de los mismos.

Nosotros, el pueblo

Como resultado de todo ello, nos encontramos ahora con una ciudadanía deseosa de romper con todo lo anterior, y con todas las razones del mundo, sobre todo entre los más jóvenes; y con una sociedad en general defraudada con lo que le han ofrecido a cambio de demasiadas ilusiones democráticas marchitas, aparte de su generosidad fiscal sin límites; no gozando tampoco de aprecio el poder judicial, sino todo lo contrario,  por aquello de su politización – salvo notabilísimas excepciones –; y la cumbre del sistema: la monarquía parlamentaria, por demasiadas cosas también ya muy sabidas.

En resumen, un pueblo desencantado con sus instituciones representativas,  y que sólo puede anhelar a salir adelante con su propio esfuerzo, como siempre ha hecho, sin esperar que nadie le ayude.


Entre los anteriores hemos vivido, y vivimos, y así nos va. De todos modos, si hemos salido de peores, saldremos de ésta sin ninguna duda. ¡Seguro!              

martes, 28 de enero de 2014

LA ESPAÑA QUE VIENE

Producto de las sucesivas irresponsabilidades de quienes nos han gobernado en el último decenio, el panorama es inquietante. Muchos ciudadanos, aburridos ya de nombrar al dúo del pavor que han encabezado esos gobiernos, con el gallego todavía al frente del último; se han refugiado en un pasar de la política que tampoco es recomendable. Por ese hecho, arguyen desde distintos foros, los mediocres galopan a sus anchas por las moquetas de nuestros impuestos.

El de León, en cualquier otra circunstancia política y social más seria, no hubiera pasado de cualquier ayudantía a profesores universitarios con cierta enjundia, o de diputado ‘pulsateclas’ como estuvo tantos años por el sistema de listas cerradas que nos desespera. Y el de Pontevedra, de ayuda de cámara de políticos con más bagaje, gracias también al sistema de medro en los partidos que nos asolan; o de probo registrador de la propiedad, a lo que nunca debió renunciar por el bien de los contribuyentes a los que masacra.

Falso reformismo

Ahora se han sabido dos circunstancias que dicen bien a las claras las falsas ansias reformistas del tal Rajoy. A pesar del tremendo ajuste que ha hecho el sector privado de nuestra economía, resulta que el montante de los sueldos públicos ha aumentado en los últimos años. Y, escandalosamente, se sigue subvencionando a partidos y sindicatos a despecho del clamor popular en contra de esas mangancias encubiertas con eufemismos de toda índole. Aunque no me gusta el término por generalista e indeterminado, cabe decir que el presidente del desgobierno es un clarísimo representante de la casta política que parasita a la sociedad española desde hace ya demasiado tiempo; subconjunto de eso que llaman ‘élites extractivas’.

Tiempo de mentiras

Y ahora nos viene el despelote gubernamental y político con la llegada de un carrusel electoral encadenado; elecciones europeas, locales, autonómicas y generales en los próximos dos años y pico.

A nivel nacional vendrá el tío Mariano con las rebajas fiscales – ya han empezado a anunciarlas -, y bajando al feudal saldrán los ‘taifeños’ con las reivindicaciones de todo tipo que hasta ahora no se han atrevido a exponer en voz alta. Ya han empezado también, como es el caso de los presidentes mediterráneos abanderando el proceso de quejas generalizadas por los mimos a la ‘robada’ Cataluña. A este respecto hay que señalar  que el inefable Montoro está jugando con una supuesta baza que hace tiempo debería haberse hecho pública: las balanzas fiscales de las autonomías. Cuestión ésta que quizás hubiera impedido ‘sanbenitos’ demagógicos como los enarbolados por Mas y compañía, antes de tirarse al monte independentista, salvo que sea tan manifiesta su injusticia que encima les otorgue alas en su carrera hacia la nada. Sea como fuere, la transparencia en las cuentas públicas nunca debería ser una excepción oportunista sino una normalidad obligada en todo gobernante.
Es otro más de los juegos que se traen los políticos con minúscula que nos ha legado la prostituida Transición. Tan loable en tantos aspectos, pésele a quien le pese, como mal llevada en su continuidad por la apatía de quienes deberían haberse percatado de que nada vivo permanece quieto. Todo en esta vida debe ir actualizándose, y mucho más en los vertiginosos tiempos en que vivimos: cualquier realidad empieza a quedarse vieja cuando aún está madurando. Y eso es así, para pasmo de todo tipo de conservadores que ven en cualquier cambio un riesgo extremo.

Los peligros están en el inmovilismo que ejercen personajes como el actual presidente del Gobierno o su oposición más relevante. La imaginación debería ser una cualidad fundamental para la política; con la honestidad, los valores humanos y la capacidad de sacrificio.

Incumplir contratos electorales – los programas - ; mentir – los papeles de Bárcenas y similares -; y la cobardía – no acometer los temas con valentía a riesgo del propio puesto o no decir la verdad a los españoles -;  son demasiadas evidencias de lo peor de un gobernante.

La realidad callejera que no sale en los papeles

El resultado de todo ello, junto con la envenenada herencia de su predecesor, será una España ingobernable salvo chanchullos a todo plan, producto de un mapa electoral dividido en demasiadas opciones políticas con escasas posibilidades de gobierno. Si a ello le sumamos la ruina que padecemos, y la expulsión del mercado hacia la economía sumergida de decenas de miles de autónomos y pequeños empresarios, más la incapacidad manifiesta de hacer el ajuste del sector público y la inevitable reforma constitucional que la mayoría demanda, consenso mediante; tendremos perfilado lo que nos espera.

Hace poco un amigo ha hecho reformas en su vivienda: fontanero, electricista, carpintero, tapicero, pintor, albañil y cerrajero. Importes individuales de varios cientos de euros y ni una sola factura por deseo expreso e innegociable de aquéllos; todos hasta hace poco  en la economía aflorada. Otro amigo, votante tradicional del PP, confesaba su decisión de no votar,  o de hacerlo por cualquiera de los partidos pequeños de centroderecha, a lo que se sumaron bastantes de quienes le escuchaban. Y el tercer ejemplo era de un sufrido empresario que aún mantiene su taller abierto, y confesaba su temor cerval a que se hiciera la reforma del sector público poniendo en el mercado laboral a los centenares de miles de empleados, que no funcionarios, sobrantes; porque imaginaba las calles a tiros. Alguien le argumentó que eso ha pasado en el sector privado,  con millones de nuevos parados, y no ha habido ninguna revolución. Tal es el miedo que infunden a los que mantienen el cotarro con su esfuerzo los paniaguados de los gobernantes.


Con esos mimbres es difícil que hagamos en España un buen cesto. Sólo nos queda, como tantas veces hemos dicho, el optimismo congénito de los españoles. Como en el romance del Mio Cid, ¡qué buenos vasallos si hubiese buen rey!    

miércoles, 3 de julio de 2013

SUPERANDO LO PEOR, QUE YA ES DIFÍCIL

Contaba en confianza el excelso e irrepetible profesor Fuentes Quintana que con ocasión de las negociaciones previas a la firma de los Pactos de la Moncloa hubo de recordarle a su homónimo Lasuen, que era el experto económico de la AP de Fraga, el chiste aquel de quien se había equivocado de número de teléfono y su interlocutor, al repetirle los dígitos que había marcado, le informaba de que no había acertado ni uno.

Fuentes era vicepresidente del gobierno de la UCD de Suárez y estaba analizando con los expertos de cada partido,  sindicatos y empresarios, los datos básicos de la economía española.  Cada cual iba exponiendo los suyos según su leal entender para redactar el papel del consenso que supuso la superación de la terrible realidad económica y social que sufríamos a finales de los setenta. Boyer  y Tamames, por el PSOE y  PCE respectivamente,  eran otros de los significados asistentes.

Rajoy

Pues bien, al Rajoy de nuestros pesares habría que decirle ahora, rememorando al ilustrísimo profesor, que ni acierta ni acaba bien y plenamente ni una sola de las reformas que sucesivamente va amagando con llevar a cabo. La última ha sido la reciente de las AAPP a la que la vice Soraya se refirió con aquello de que “ahora le tocaba sacrificarse a los políticos”. Y es que, en cuanto le han salido respondones en CCAA y ayuntamientos, también los suyos; en lugar de mantenerse firme en su propuesta ha enviado a sus propios a pastelear acuerdos particulares con quienes más teme para tapar bocas. Lo mismo hizo con lo del control de los déficits autonómicos o con la reforma de los ayuntamientos siguiendo su inveterada costumbre de confundir el miedo con la prudencia.

El compañero Arenas en la sombra

Desgraciadamente, nuestro presidente da toda la impresión de ser un hombre superado por las circunstancias que le han tocado en desgracia y de estar en manos de algunos personajes con cuyos afectos próximos no necesita enemigos. Montoro y Arenas serían los prototipos de tales especímenes.

El primero como el ministro más nefasto que haya conocido la hacienda pública española, y el segundo como su padrino y  muñidor en la sombra de tantos despropósitos como acumula ya D. Mariano en la resolución de algunos de los asuntos más peliagudos con que se ha enfrentado dentro de su partido en los convulsos años padecidos desde que Aznar, en infausta hora como ya reconoce hasta él mismo, lo nombró ‘dedocráticamente’ heredero político.

El peor error de Aznar

Fue el último de la media docena de errores graves, y quizás el peor para España según vemos ahora, que empañaron en sus últimos dos años los excelentes seis anteriores: recule absurdo en ciertas cuestiones de su decreto laboral que aún estamos sufriendo, como la consagración de los PER sine die; cabezonería y protagonismo excesivo en lo de Irak,  con ciertos ridículos lingüísticos personales ribeteados en yanqui;  impensable rendición ante PRISA en lo de Antena 3 Radio y la TV digital de Telefónica, a quien ahora culpa de algunos males personales y familiares; anuncio apresurado de renuncia de sus responsabilidades en años cruciales para consolidar lo realizado dedicándose a preparar su aterrizaje en el sector privado; y mala gestión inmediata posterior del atentado del 11-M por intereses electoralistas tan improvisados sobre la marcha como miopes. Le salió al revés.

Preguntas sin respuesta

Y vuelvo a realizar las mismas preguntas de hace unas semanas criticando su nefasta y contra natura política económica y fiscal: ¿es que no habrá nadie en su círculo de confianza que sepa y pueda convencerle de  su tremendo error con las continuas subidas de impuestos? ¿Nadie entre ellos hace caso de los concluyentes análisis que señalan que drenar dinero de las economías domésticas y del sector privado en general para mantener el ruinoso tinglado público genera un efecto pernicioso contrario al consumo, a la inversión y como consecuencia a la creación de empleo, que es el único resorte válido para salir de la crisis que padecemos? ¿Nadie tampoco ha reparado en que la bestial subida del IVA en algunos sectores sólo ha propiciado el pase a la economía sumergida de miles de pequeños empresarios y autónomos, a hacer trampas en el caso intermedio y a cerrar sus negocios a otros tantos por resultarle insoportable? ¿Y ya, en el sumun de la estulticia, tampoco se han dado cuenta de que no sólo ocurre todo lo anterior sino que además menguan cada vez más los ingresos del Estado por pura inanición de los machacados contribuyentes que quedan en pie y por la desaparición de tantos otros, al margen de quienes siguen teniendo un sueldo medio más o menos fijo y no tienen escapatoria mientras lo conserven?

Lo último que se le ha ocurrido al infumable Montoro es subir los impuestos al alcohol y al tabaco. Por la inoportuna ley de Zapatero ‘antifumeque’ negando toda libertad a la gente para elegir, dada su natural aversión al ejercicio de ciertas libertades individuales, quedaron maltrechos amplios sectores de la hostelería donde se perdieron miles de puestos de trabajo. Ahora se trata de rematarlos a base de impuestos ahuyentando a los escasos clientes que mantienen algunos abiertos.

Empeorando lo peor

Es el suma y sigue de un gobierno supuestamente conservador y liberal que gobierna siguiendo los postulados de aquellos a los que tanto censuró culpándolos de todos nuestros males en lo que supone la mayor estafa política de nuestra reciente democracia.

Por dar un detalle, ni los comunistas de IU llevaban en su programa una subida del IRPF tan brutal como la que perpetró Montoro con el ‘don tancredismo’ de Rajoy por montera.

Se puede gobernar muy mal, tenemos el ‘zapaterismo’  muy reciente, pero tanto como para hacer pasable a aquél con todo en su mano para lo contrario sólo es capaz de hacerlo alguien mucho peor.  Por mala herencia que recibiera, nadie ha tenido tanto tiempo para prepararse, un año largo, ni tanto poder  democrático en España.     


martes, 25 de junio de 2013

CANSERA DE ESTAFAS

Rememorando el entrañable poema del inmenso poeta murciano de Archena, Vicente Medina, muchos ciudadanos españoles sufrimos el estado anímico con el que encabezamos este comentario. Es tan maloliente  el plato de mal gusto  que nos ofrecen quienes nos ‘mal gobiernan’ y se ‘peor oponen’ como forma de hacer política en esta España de nuestros pesares, que nos sume en tal cansera que nos aburre la vida.  

PP PSOE

La penúltima estafa

 Por un lado, el gobierno de quien puede presumir de cualquier cosa menos de resoluto, el diletante Rajoy, hace algún tiempo que ha encontrado en la estafa del “gracias a nosotros no nos intervinieron el año pasado” el incierto banderín de enganche de muchos bien pensados para aparentar ser los salvadores del desastre que nos dejó en ruina el tsunami Zapatero. Y el partido que lo sostiene y que obtuvo una desahogada mayoría absoluta ha encontrado en ese eje comunicativo la justificación a todas las renuncias hechas respecto al programa electoral con que se presentaron en las últimas elecciones generales. Pero no han hecho cuentas de lo que hubiera pasado de aplicar su programa.

La antigua

Es tal la enormidad de la estafa perpetrada a quienes confiadamente les votaron: ‘peperos’ de carnet, de afición, de cartera, arrimados, o simplemente buenas gentes que suelen votar opciones de centro, derecha o centro derecha; y otras no menos buenas que les votaron inopinadamente por considerar que Mariano Rajoy era, como decía y se le suponía, un político previsible, serio y con la experiencia suficiente para aplicar programas eficaces y eficientes; que hasta su padrino Aznar ha tenido que salir al ruedo a dibujarle cinco pases con los que domeñar a la fiera que le salió por el portón de los sustos hace año y medio. Y es que, nadie puede creer honestamente que el pontevedrés y sus acólitos no supieran lo que se les venía encima cuando llevaban un año esperando razonablemente coger el relevo; mandaban en casi todas las autonomías y principales ayuntamientos y decían que ellos tenían la solución para España.

Y no creo que sea cierta la voluntad que le suponen interesadamente algunos de volver al ruedo. Él sabe que su tiempo ya pasó y que salvo en situación catastrófica su vuelta sería más decepcionante que exitosa.

La actual

Y ahora cantan la nueva estafa por ‘engañeras’. Aseguran sin rubor que lo peor de la crisis ya ha pasado y que empieza un buen futuro señalando los normalillos datos de empleo recientemente conocidos.

Miren ustedes, ya está bien de engañiflas, hasta que no tomen medidas de verdad para crear empleo a mansalva favoreciendo la contratación con imaginación y medidas valientes, que las hay, sólo nos espera más ruina. Demasiado saben que los últimos datos de empleo son tan aparentes como las contrataciones al hilo de los meses de verano de cara a las vacaciones y al turismo. Pan para hoy y hambre para mañana.    



Mediocres unidos

 Lo demás: los ninguneos a Aznar por parte de personajes de medio pelo ahora en el gobierno o en el partido, mirar para otro lado por falsa prudencia que en el fondo es miedo de quienes sí debieran darse por aludidos, o prestarle un poquito más de atención en sus apariciones públicas pero sólo por aparentar – Club siblo XXI hace unos días- es sólo la muestra de la dudosa inteligencia emocional, y de las otras, y la nula capacidad de autocrítica de quienes deberían poner el oído en la calle para pulsar lo que sus gobernados piensan. Muy al contrario, perseveran en la manida mala costumbre de los mediocres de siempre: hacerla, mantenerla y no enmendarla. En las próximas elecciones, sean para lo que sean y que son el único termómetro al que harán caso, obtendrán la desastrosa cosecha que se están ganando a pulso.

La ruina de enfrente

 Y de malo a ‘malopeor’. Con el liderazgo más débil en la historia reciente, los socialistas andan desarbolados y desparramando la vista hacia cualquier sitio donde les hagan ojitos. Además de carecer de un discurso uniforme y nacional como partido que aspira a gobernar, andan en peleas internas en régimen de alquiler porque a pesar del derrumbe del PP en intención de voto, según todos los estudios sociológicos, no tienen visos de escriturar nada a corto plazo por falta de recursos y de crédito ante el electorado. Rubalcaba lleva camino de dar la puntilla al partido que dejó Zapatero para el arrastre.

Los liquidadores

 Uno y otro, Rajoy y Zapatero, van a conseguir un hito histórico por el que vienen luchando los partidos minoritarios desde que fue consolidándose la Transición: la voladura del bipartidismo. Y, además, pueden pasar a la historia como los grandes culpables de dividir a sus partidos en diferentes opciones de sensibilidades parecidas.

Tanto en el PP como en el PSOE hay actualmente serios riesgos, o posibilidades higiénicas, según se mire; de que surjan personas inconformistas con sus nomenclaturas que le echen valor al asunto y den la batalla dentro, y que ante la imposibilidad de regeneración por los grandes vicios que los corroen se decidan a plantear opciones políticas alternativas. Pero esto sólo ocurrirá, lamentablemente, tras sus respectivos batacazos electorales; porque antes hay que colocarse bien con los jefes para salir en las listas. Es la consecuencia de la ‘partitocracia’ que nos rige; otra estafa vergonzante.

Gracias a los de siempre

 De todos modos saldremos, pero gracias a las iniciativas de miles y miles de ciudadanos que no se resignan aunque los machaquen un día sí y otro también con impuestos, tasas y sacaperras de toda calaña porque no hay lo que debería haber: bemoles, dicho en fino, para empezar a arreglar esto podando seriamente el enorme sector público y poniendo las condiciones imaginativas y valientes necesarias para crear empleo privado a todo tren; que, repito, las hay.


Mientras tanto, la pena de demasiados ante tanta estafa es como aquella de Medina: ‘Éjame’ que duerma, ¡a ver si es ‘pa’ siempre!, ¡si no ‘m’espertara’!, tengo una cansera….
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