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lunes, 6 de julio de 2015

DEL PÚLPITO AL BANQUILLO

ÚLPITO AL BANQUILLO
Así andan Aznar y Rivera, uno predicando y el otro en la búsqueda necesaria de titulares. Y no solo ellos. Iglesias está en la prédica y en el campanario.
El caudillismo
Aznar debería saber que España no es tierra para profetas, pues rendimos culto al mesías de turno cuando manda, y se torna en irrelevante al dejar la vara. Somos un país de caudillos; desde Viriato a Franco. Al primero lo vendieron sus propios para heredarle, en su momento de mayor debilidad, e Hispania se hizo romana. Y al segundo, por mucho que se le critique y hasta parezca que fue un apestado,  se le tuvo devoción patria hasta el mismo día de su entierro: dos millones de españoles pasaron compungidos ante su féretro en el Palacio de Oriente.
Sería bueno que pasáramos la página del vasallaje y abriéramos al fin la de ciudadanos, en la que huir de cualquier caudillismo es la piedra angular.
Así, aunque don José María lleve razón señalando las carencias del PP de Rajoy, y el camino a seguir, no debe extrañarle que nadie le haga caso. Incluso que le recomienden callar la mayoría de militantes o le critiquen con saña sus antaño aduladores; es lo que da la mata.
 Claro que tampoco él ha entonado el mea culpa público por el sucesor que endilgó a su partido, aunque sí lo lamente en voz baja, y por ende a los españoles. La prueba más clara del caudillismo imperante es que le nombró su dedazo y nadie osó contradecirle desde sus filas.  Y es que, aunque cumplió a rajatabla su promesa de estar solo ocho años en el cargo, nadie creía – ni él tampoco- que fuera a apartarse totalmente del machito; de ahí la bendición general, o abstención unánime, según se mire. Tal vez por eso nombró a Rajoy, pero le salió rana.
En resumen, que o se decide a volver para retomar el mando, y eso le otorgaría una pléyade de nuevos ‘aznaristas’, por si acaso; o seguirá clamando en el desierto porque nadie espera o teme nada de él. Aquí solo se respeta al que se teme o al que puede dar algo, y a algunos que llevan decenios bajo tierra por aquello de que no les conocimos y solo nos han contado sus aciertos. Pero en todo caso, España tampoco es buena tierra para segundas partes; Suárez fue un ejemplo.
El equipo
Rivera hace bien en buscar plantilla porque su partido corre el riesgo de ir en paralelo a su trayectoria. Y eso, mientras le suene la flauta de la esperanza le irá bien, pero en cuanto flaqueen los votos, o empiecen a vérsele las costuras en los lugares donde ahora son decisivos para los gobiernos de turno, la cuesta abajo consiguiente será camino sin retorno. En este aspecto, los caudillismos funcionan cuando hay fuerza detrás. Como antes decíamos, si no pueden dar prebendas o leñazos se pasa pronto de ellos. Es condición humana, que no sé si general, pero desde luego muy hispánica.
Así, cuanto antes tenga un equipo de gente valiosa detrás que le asegure cohesión ideológica y territorial, aparte de relevancia y votos, mejor para Ciudadanos. Ahora mismo, salvando a los notables que le dieron su primer lustre económico a nivel nacional, Garicano y Conthe, y los escasos delegados regionales que han surgido en las pasadas elecciones, como Marín y Villacís, por hablar de quienes ahora están en candelero; no tiene equipo visible. Y eso le puede pasar una enorme factura. Las elecciones catalanas pueden catapultar a quien le sustituya, y sería otra baza interesante; las urnas dictarán sentencia. Si su partido se cuartea en Cataluña, Rivera tendrá poco futuro a nivel nacional. Y él lo sabe, de ahí sus dudas hasta última hora; y todavía.
En misa y repicando
Iglesias está sujetando las riendas de Podemos para que no se le desboquen los Círculos, porque él sabe mejor que nadie lo ingobernables que pueden llegar a ser los movimientos asamblearios. De ahí su empeño en estructurar un partido fuerte desde arriba controlando a los de abajo. Y en ello ha puesto su empeño. Sabe muy bien que en las generales se juego su futuro. Si al final repite el porcentaje de votos de las pasadas municipales y autonómicas, o poco más, habrá perdido el tren de la historia. No llegar al veinte por ciento será reeditar una Izquierda Unida, aunque con más fuerza por el impuso inicial del movimiento asambleario de donde procede, y es muy difícil que lo consiga.
Ahí se ancla también su empeño en defender hasta extremos casi suicidas a Syriza, porque si el enorme envite de Tsipras le sale mal, Podemos e Iglesias pueden ver lastradas sus esperanzas de replicar su éxito en España. Y al revés, si aquello saliera bien y lograran doblegar a Europa, cosa difícil aunque no descartable por el miedo consustancial de una Unión Europea de mercaderes, tendrían mucho ganado aquí. Desde luego, si los gobiernos europeos apelaran a la dignidad humana que enarbolan legítimamente los izquierdistas extremos helenos, hace tiempo que Grecia estaría fuera de todo. 
No tiene mucho sentido que quienes no pagan un IBI generalizado, por ejemplo, porque tienen un catastro tan precario y limitado como reciente, estén exigiendo a los ciudadanos europeos, que de media tiene que trabajar seis meses para pagar sus impuestos, que les permitan vivir eternamente como hasta ahora. Como les ha venido a decir el líder de los socialistas alemanes, no pueden pretender mantener sus privilegios e ineficiencias a costa de los pensionistas y ahorradores germanos. Ni de los españoles.

Ayudarles en lo razonable para que puedan cumplir con decoro sus compromisos, sí, pero a que parasiten al resto de ciudadanos europeos, un no con chorreras, don Pablo. O teta o sopas.        

domingo, 28 de junio de 2015

DEL FRAUDE POLÍTICO, AL CAMBIO Y A LO QUE VENGA

DEL FRAUDE POLÍTICO, AL CAMBIO  Y A LO QUE VENGA.
En otras circunstancias, el enunciado de esta columna causaría más escepticismo que estupor. Y como en los tiempos del todo a euro, del barato barato aunque dure un suspiro o consumamos porquería, del todo gratis desde internet a los servicios públicos, o lo de que ayer ya es pasado y lo de la semana pasada prehistoria; la memoria suele ser corta y tropezamos con frecuencia en piedras parecidas.
Miedos
Para una parte considerable de la ciudadanía, Iglesias y su Podemos son la amenaza de un futuro negro. Para otra, no menos relevante, el responsable de todos nuestros males es el PP de Rajoy. Y para la mayoría, que no milita en nada, la culpa es de los políticos en general.
Convendría, sin embargo, que nos diéramos un baño de realismo y con la mente fría, sin orejeras, mirásemos un rato hacia atrás para ganar perspectiva.
Podemos
Podemos no es más que la expresión del hartazgo de muchos que, huérfanos de políticos que de verdad nos representen, han sido convencidos por un partido político surgido al socaire de las asambleas ciudadanas. Hasta ahí entendible, pero lo inquietante que concurre en Iglesias y compañía es su querencia por regímenes políticos filocomunistas. Y es que, el comunismo en cualquiera de sus versiones es una ideología ya superada y de lamentable recuerdo.
Por eso, más allá de los ramalazos que con frecuencia les asoman: comprensiones dudosas de organizaciones terroristas  o hacia personajes más cercanos a dictaduras o populismos trasnochados, cuando no tercermundistas en el peor sentido del término, que a dirigentes o sistemas políticos homologables con la democracia libre; hace bien  su líder en tender puentes desde su legítimo izquierdismo ideológico a la socialdemocracia. Y en  sus guiños, proclamando que en su partido caben todos sin importar de dónde venga ni qué carnet dejen atrás. Otra cosa es que sea cierto –ojalá–, que lo sepa practicar sin ambages y que le crean. Ahora se juegan su mañana desde el apreciable poder que han conseguido tras las municipales, y España en parte, ¡ojo! Sobre todo, y aunque haya sido indirectamente, en los dos ayuntamientos más grandes: Madrid y Barcelona.
De todos modos, convendría recordar que han sacado un porcentaje de votos parecido, el 13%, a lo que antes sacaban los partidos a la izquierda del PSOE: la moderna IU, el antiguo PCE y similares. Y con muletas: las agrupaciones electorales de Carmena y Colau.
Conservadores
El PP de Rajoy, aunque han desarrollado una gestión nefasta desde su poder omnímodo, estafa masiva a sus votantes incluida, no hay que olvidar el estado agónico en que dejó el PSOE de Zapatero a España tras ocho años de desmanes: enfrentamientos territoriales agudizados, fractura social, paro galopante y ruina económica.
 Mención aparte para las significativa luces macroeconómicas tras sus tres años de mandato; aun engañosas. Sus causas más relevantes han sido ajenas al  gobierno: la bajada del euro, que favorece las exportaciones al margen de buena gestión empresarial; la inestabilidad en el Mediterráneo, que favorece a nuestro importantísimo sector turístico; la manguera del BCE, que ha regado a mansalva a los bancos y a los estados del euro – ¿qué otros países similares, mejoran menos? Sí, pero partían de mejor situación– ; y el repunte del consumo interno, procedente en gran parte de la solidaridad familiar y del dinero negro de nuestra boyante economía sumergida.  
Y, finalmente, lo que sí depende de la gestión gubernamental es el aumento ruinoso de la deuda pública: de unos 600.000 millones de euros que dejó Zapatero tras ocho años — el 60 % del PIB —, a más de un billón —el 100 % del PIB—; más de 400.000 M. en tres años. Y eso es el resultado de haber sido incapaces de reducir el déficit del Estado. Y ha sido así, aun subiendo los impuestos hasta la requisa más alevosa y por mucho que le critiquen la engañosa austeridad, porque Rajoy no ha metido la tijera por cobardía en lo necesario: instituciones, sociedades públicas, políticos, medios materiales, asesores, amiguetes, enchufados y un larguísimo etc.
 En todo caso y salvo torpezas ajenas, el PP está listo de papeles si no se renueva de verdad. Rajoy y Cospedal –¡ay, Bárcenas!–, Arenas, Montoro, Trillo, Pujalte, Pons, Aguirre… ¿Hasta cuándo? ¿Y aún culpan y demonizan a otros? ¡Qué jeta!
Socialistas
Y llegamos al PSOE que, con Ciudadanos, será el pivote futuro.
Los socialistas viven ahora sus precarios momentos de gloria tras la hecatombe de Zapatero y Rubalcaba –¡qué plaga!–. Y por ello, Sánchez tiene la oportunidad de hacerse un hueco en la historia. Es la ocasión que le augurábamos hace tiempo si salía bien parado de las municipales y autonómicas, pero deberán hilar muy fino en las instituciones que controlan en coalición con políticos de distinto pelaje: extremistas, independentistas y asimilados –ojo a Ribó y Compromís en Valencia–. Si pierden el sentido de estado y no gobiernan para todos, por mucha bandera española que Sánchez luzca, volverá su burra al prado de la irrelevancia. Y corren mucho peligro, favoreciendo de paso otras opciones.
Ciudadanos
Rivera ha hecho posibilismo de Estado con sus diversas alianzas, activas o pasivas,  enarbolando una encomiable responsabilidad política, y hará bien en vigilar muy de cerca que las intenciones regeneradoras de los acuerdos con sus favorecidos se cumplan sin excepciones. Será su banderín de enganche para las generales, o su entierro, ahora que por fin ha decidido echarse al ruedo de la nación y tras ser criticado por determinados apoyos; al PSOE andaluz de Díaz, por ejemplo, con la sombra de Chaves, Griñán, Zarrías…– ¡vaya banda! –, y tanta corrupción detrás.
 ¿Y si al final fuera el catalán el líder que España necesitaría desde una opción política centrada y liberal?  Buena falta hace. De aquí a las generales se juega– y nos jugamos– mucho. Y después, previsiblemente también, aunque sea todavía en una oposición de relieve o como aliado ocasional de quien gobierne.  El tiempo dirá.

  
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