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martes, 24 de marzo de 2020

NOS HARÁ MEJORES



Venía a decir un amigo, la Voz del monte, que comprobaba su amor alejándose una temporada para saber si la echaba de menos. Medio en broma y medio en serio, pero en la profundidad de sus ojos no mentía. Y creo que ahora lo estamos experimentando. Forzados, sí, pero también solidarios en un empeño común a menudo emocionante.

Nuestra pena por quienes caen. Los aplausos compartidos reconociendo el gigantesco esfuerzo de los sanitarios profesionales y voluntarios de cualquier clase; por la cooperación de las fuerzas del orden y el ejército; de los transportistas, agricultores, pescadores y ganaderos; de muchos pequeños, medianos y grandes empresarios; de autónomos y comerciantes; funcionarios y servidores públicos; terapeutas, profesores, periodistas, informáticos, empleados, taxistas, conductores, limpiadores y cuantos arriman su hombro para llevar el peso principal de esta ruinosa carga sobrevenida. Porque, reconozcámoslo, casi nadie intuía que el coronavirus covid-19 fuera tan atroz y cercano. Y yo el primero.

Poco más que una gripe. Eso pensábamos, y quizás sea así, pero para la que no estábamos preparados. Aunque desde la ignorancia, uno se pregunta si es tan difícil acabar con un virus cuando el género humano está tan avanzado en tantos campos. Lo peor sería confiar en otra casualidad como la de Fleming con la penicilina y las bacterias para hallar un remedio eficaz. Al menos, para algo tan previsible como los virus que cada poco nos enferman con alguna gripe nueva. Otra cosa son los criminales que surgen de improviso como maldiciones bíblicas: sida o ébola, por ejemplo.

Los virus son ahora el enemigo global y nos queda la esperanza de ser capaces de encontrar los antídotos oportunos igual que otros a lo largo de la historia pudieron contrarrestar pandemias como la del cólera, malaria, lepra, peste, sarampión, viruela y demás enfermedades terribles.

Por todo ello, la primera lección que deben extraer los políticos de esta crisis global es dedicar una parte importante de sus esfuerzos a apoyar a los científicos e investigadores que son quienes pueden hacernos ganar de verdad esas batallas de la naturaleza. Todo lo demás está bien, pero no dejan de ser parches voluntaristas para algo tan serio. Menos gasto en adornos y mamandurrias de todo tipo, por no esturrearme en señalar, y más en la defensa de la dignidad y de la vida.

El sufrimiento nos iguala a todos, como la muerte, y en esto no hay economía ni ideologías políticas que valgan. Las empresas farmacéuticas harán bien en invertir por la cuenta que les trae, y bienvenidos sean sus hallazgos, pero los gobiernos deberían empeñarse en dar esta batalla desde el sector público. A la corta evitarían sufrimientos y salvarían vidas de sus ciudadanos, que debería ser lo primero, y a la larga aliviarían los presupuestos desbordados por estas crisis y sus consecuencias sociales que, como la que ahora nos consume, pudieran derivar en conflictos aún más graves. Solo es cuestión de tiempo, tanto para lo bueno como para lo peor.

Volviendo a la mayoría, este tiempo de retiro puede propiciar que reorientemos el sentido de nuestra vida. Abramos almas y mentes. Un psiquiatra, neurólogo y judío vienés, Víktor Frankl, nos hizo el inmenso favor de contar su experiencia en los campos de concentración nazis con un librito que recomiendo y he regalado mucho: El hombre en busca de sentido. Es reconfortante, por su particularísima visión, a pesar de la tragedia que vivió. Y aunque nuestro encierro sea tan diferente, también nos puede ayudar a mirar, a ser y a obrar de otro modo. Y a querer. Y a ayudar.

En la añoranza puede anidar ese paso más allá que todos deseamos alguna vez. Quizás nos empuje a decirle a alguien lo que llevamos tiempo rumiando. O hacer aquello que deberíamos. El egoísmo, la soberbia, las falsas prisas, la timidez o simplemente la indolencia o el poco coraje, que también sucede, nos lo impiden.

Recuperar la espiritualidad sería magnífico. Repensarnos. Escuchar nuestro silencio, leer, meditar o rezar para trascender nuestra débil y efímera condición humana. Recomiendo ver Los dos Papas, una película de Fernando Meirelles donde se ejemplifica la renuncia a vanidades y prejuicios por algo superior.

Agustín Medina, un gran comunicador de los años ochenta, escribió otro librito precioso titulado Confesiones de un publicista comprometido. Entre otras, reflexionaba sobre aprovechar el tiempo pequeño, muy pequeño, que tenemos para ser sinceros con nosotros mismos.

Sería el inicio del camino para salir mejores de esta. Ánimo.

Y a todo esto, sin fútbol.   


viernes, 7 de febrero de 2014

ENTRE PEDRO JOTAS, MEDIOCRES Y FLORENTINOS

Sí, así hemos vivido los últimos treinta años en España, con los paréntesis de algunos visionarios que desde la política, las empresas, los sindicatos, la llamada sociedad civil y el anonimato heroico han hecho posible la parte aceptable de nuestra realidad actual. Una situación en el mundo homologable de las sociedades avanzadas, a pesar de todos sus defectos.

Pedro Jotas

Pero precisamente por poder hacerlo en eso que llamamos libertad, podemos darnos con el canto de la normalidad occidental en los dientes. Llevan razón quienes critican negando que vivamos en una democracia efectiva por aquello de que en España lo de la separación de poderes es irreal. Y los que aducen que no hay libertad plena en el cuarto poder: la prensa, por su dependencia económica de quienes medran cerca del ejecutivo. Pero aquí también hemos tenido episodios notables de críticas sin cuento a los poderosos. Y ya enlazo con el ejemplo de Pedro J. Ramírez y los que como él han protagonizado  periodismo de raza en largas etapas.

Pedro J. Ramirez


Con todos los defectos que sin duda tendrá el personaje, nadie puede dudar de que le ha soltado estopa tanto a unos como a otros desde su nunca escondida confesión liberal, vocación informativa mediante. La prueba más evidente es que no es santo de la devoción de los socialistas ni tampoco de los populares, pasando por cualquiera de las demás opciones políticas. Y en ello ha cimentado su indudable éxito periodístico durante tantos años, siendo refugio muchas veces de quienes nunca han sido complacientes con el poder establecido.

Notables y muñidores de mediocres

Salvando los primeros tiempos de Suárez, empeñado por muy diversos motivos en liderar nominalmente una transición pacífica desde la dictadura a la democracia parlamentaria; los seis años iniciales de González, metiendo a España en la Europa y en el mundo moderno de las libertades; y los idénticos de Aznar, consiguiendo un país próspero desde la ruina que heredó; hemos navegado con mediocres al timón. Lo peor ha sido su coincidencia en nuestro último decenio. Al exfalangista y franquista primero le sobraron años y gestos y le faltó preparación; al segundo, también exfalangista aunque sevillano, y socialista en la clandestinidad – cuando era ‘Isidoro’- le sobraron sus últimos siete y demasiados mangantes en su entorno; y al heredero tardío de Fraga, más le hubiese valido manejar sus mayoría absoluta en el 2.000 con el talento y el talante de su minoría mayoritaria parlamentaria del 96. Y, sobre todo, haber tenido más inteligencia cuando el todavía no aclarado 11-M – demostrando tener “la cintura de una rueda de tractor”, en afortunada frase del inolvidable Luis Aragonés refiriéndose al holandés Koeman en sus tiempos barcelonistas -, y habernos ahorrado la herencia del ‘Tancredo’ Rajoy, de la que él mismo se arrepiente cada día.  ¡Vaya vista tuvo el tío!

Pero sea como fuere, esos tres presidentes en sus mejores años, con el paso fugaz de Calvo Sotelo; fueron lo mejor de los últimos casi cuarenta años en España. De los siguientes ya está casi todo dicho y no es cuestión de cansar, que ya tenemos bastante.

Mediocres

Y llegamos a los que se han aprovechado en exceso de ‘sus excelentísimas mediocridades’ – Zapatero y el gallego - y de los irresponsables años sabáticos de los anteriores: todos los ‘florentinos’ que en España son, atentos siempre a manejar las debilidades políticas para campar a sus anchas por los palcos, despachos, ministerios, ayuntamientos, consejerías, palacios y demás jaleas reales de cualquier Estado débil. Sólo hay que echar un vistazo a las fortunas que, a pesar de todo lo llovido, han florecido y siguen haciéndolo en los últimos quince años. No más de una docena de aviesos olfateadores de las debilidades ajenas; básicamente de quienes manejan los boletines oficiales.

Florentinos

Entre ellos, además del inefable Pérez – el peor presidente del Madrid en su historia deportiva, sin contar sus gastos corrientes, que ya sería una comparación escandalosa; aunque habría que salvar, sin embargo, el lustre social e institucional y la normalidad económica que le ha dado al club – tendríamos a notables contratistas de obra pública, algunos de ellos metidos de lleno en la corrupción política; a los grandes banqueros que quedan, tras el latrocinio cometido y permitido en las Cajas de Ahorro, propiciando un ‘magamonopolio’ en manos de media docena escasa con los escrúpulos justos para perdición de sus clientes; y a una variopinta especie de conseguidores de todo pelaje, en el que cabrían desde ex políticos y gabinetes jurídicos y económicos siempre bien relacionados con el poder, hasta algunos pseudo periodistas o comunicadores perseverantes en el tajo de las fontanerías partidistas e institucionales, con su consiguiente tráfico de influencias, hagiografías, informaciones privilegiadas y similares; hasta empresarios o sindicalistas más nominales que otra cosa, descuideros de cargos de representación para medrar en sus bolsillos. Todos ellos sin olvidar a los habituales de las nomenclaturas de los partidos que han tocado poder; llenando sus carteras al pairo de la enorme economía sumergida vergonzante de los mismos.

Nosotros, el pueblo

Como resultado de todo ello, nos encontramos ahora con una ciudadanía deseosa de romper con todo lo anterior, y con todas las razones del mundo, sobre todo entre los más jóvenes; y con una sociedad en general defraudada con lo que le han ofrecido a cambio de demasiadas ilusiones democráticas marchitas, aparte de su generosidad fiscal sin límites; no gozando tampoco de aprecio el poder judicial, sino todo lo contrario,  por aquello de su politización – salvo notabilísimas excepciones –; y la cumbre del sistema: la monarquía parlamentaria, por demasiadas cosas también ya muy sabidas.

En resumen, un pueblo desencantado con sus instituciones representativas,  y que sólo puede anhelar a salir adelante con su propio esfuerzo, como siempre ha hecho, sin esperar que nadie le ayude.


Entre los anteriores hemos vivido, y vivimos, y así nos va. De todos modos, si hemos salido de peores, saldremos de ésta sin ninguna duda. ¡Seguro!              

viernes, 3 de enero de 2014

EN CUALQUIER LUGAR DE ESPAÑA…

Hace poco tuve la inmensa fortuna de charlar con un amigo sabio. Lleva tanto tiempo fuera de España que la ha recorrido con ojos de turista extranjero, y está esperanzado a pesar del susto que le producen todos los días los distintos informativos que padecemos.

Esperanzas

Me comentó que su esperanza viene de observar a muchos españoles en cualquier lugar de España levantar cada día la persiana de sus pequeñas empresas con más voluntad que otra cosa, sabiendo que tienen un presente tan negro como el toro de Osborne. Y lo hacen con una mano en sus familias, otra en sus empleados, la mirada en el tendido esperando hallar algún rayo de luz, la boca dándose ánimos de donde no tienen,  y los oídos tapados para no escuchar el balamío de tanto inútil que dice representarles, y tampoco  los cascabeles de quienes, como vulgares mulillas, anuncian muerte a todas horas desde sus negras previsiones en cualquier medio.  El tacto lo reservan para guardar a sus disminuidos clientes en el arca, como al buen paño.

También le ha ilusionado el encomio de los que aún conservan su puesto de trabajo defendiéndolo con uñas y dientes trabajando mejor cada día, y no desde prebendas defensivas de una legislación laboral de otro tiempo, incapaz de promover el empleo sino todo lo contrario. Con trabas por todos sus encajes para criminalizar, además de arruinar, al valiente que se atreve a crear algún puesto de trabajo de un modo limpio y sin usar las sinvergonzonerías de aquélla. Claro que tales situaciones son producto del exceso de normas anti empresariales que asola a la economía real, la única que puede sacarnos adelante, según mi amigo. Y con él tantos otros.

Y le ha sorprendido también positivamente el optimismo de tantísimos españoles que salen a la calle a consumir a pesar de la que tienen encima. Sospechando, por ello, que debe haber una importantísima cantidad de economía sumergida porque de lo contrario no se explica. No hay ni un solo indicador de los de verdad, de los que llegan a los bolsillos de los corrientes, que dé para tanto. Los que usan algunos políticos y demás privilegiados son cuentos para conformar sus precarias conciencias. A esto último le añadí que tuviera en cuenta también la inmensa generosidad de tantos mayores que están manteniendo a hijos y nietos con sus pensiones y ahorros de toda una vida.

Extrañezas

Este hombre no se extrañó, sin embargo, de las ansias separatistas de los nacionalismos periféricos, pues instruido como es en cuestiones históricas y económicas tiene muy presente que eso ha ocurrido siempre que España ha sido débil y no ha podido calmar sus avaricias. Recordándome lo ocurrido en Cataluña, por ejemplo, cuando se perdieron las últimas colonias imperiales a finales del XIX o en la penosa II República. Sí le sorprendió en este caso que sean los descendientes de antiguos emigrantes de tantas regiones españolas los más encendidos defensores de los antiguos enjuagues más o menos subvencionados de la burguesía catalana, en forma de proclamas independentistas para continuar con sus ventajosos chupes del denostado Estado español. Concluyendo que les azuzan  ellos mismos como eficaces ladradores en su ignorancia, en definitiva.

Lo que me dijo que no se podía entender muy bien mirando con ojos de fuera es que pueda sobrevivir tanto mentiroso y estafador en la política, sindicatos y demás organizaciones de supuesta representación pública o empresarial. En cualquier país serio la mentira, la medio verdad o el fraude con tapujos es sinónimo de expulsión inmediata del sistema. Tampoco la poca vergüenza de los partidos financiándose con dinero negro o blanco procedente de ‘mordidas’, o de los sindicatos y organizaciones empresariales con subvenciones para formación, por ejemplo.

De locos

Otro tema que le causó asombro por deplorable fue la tan cacareada Ley de Defensa de Género, dándose el caso del contrasentido jurídico de ser el acusado quien deba demostrar su inocencia y no quien acuse, su culpabilidad. Este exceso y sin Dios normativo tiene como consecuencia demostrada más violencia. Nunca en la historia moderna de España hubo tantos casos de ello como desde la implantación de dicha ley. Ni tanto inocente fastidiado hasta la humillación desde la posición de superioridad que le otorga tal norma  a las supuestas víctimas.

Lo mismo sucede con la disparatada sobredimensión normativa en todos los sectores sociales, laborales y económicos españoles. “Y no digamos nada de la inflación de servidores supuestamente públicos que padecéis”, me decía.

Pero lo más inexplicable para él era la incapacidad y abulia de un gobierno con el mayor poder político en democracia para hacer lo necesario con el fin de salir del atolladero. Y se preguntaba, ¿Para qué se presentaron a unas elecciones entonces? Y más aún ¿Para qué están en política esos señores y señoras?

En la calle

Y yo, con el mayor dolor, le contesté que eso también se lo pueden responder con toda claridad en cualquier lugar de España: pues  para vivir del cuento y de los demás con la mayor cara dura; por no decir  con la máxima desvergüenza.

De todos modos, también le dije que sin duda saldremos, como tanto hemos reiterado. Y lo hice mirando avergonzado las colas de tanto ciudadano en las organizaciones benéficas. Y pensando en la de tantos otros que ni eso. Pero también con una sonrisa muy española : la de la esperanza ilusionada. Que nos dure, aunque ahora sea también dolida.         

lunes, 7 de octubre de 2013

AZNAR Y EL MUDO

Aznar había vuelto de uno de sus incesantes viajes a cualquier país de los que sajones son. Más que nada por vigilar algunos intereses personales por aquello de los sillones con felpudo que su retiro le proporcionó: asesorías varias de lo que haga falta, vocalías onerosas en diversos consejos de lo que sea, charlas múltiples en universidades diversas atando moscas con el rabo, alguna cátedra honorífica por allí y algún ‘chollete’ por acá; en fin, lo típico en quienes han ocupado cargos de su relieve en el mundo mundial y que han sabido hacérselo en sus últimos años apoltronados. Hablando, claro está, de los listos, aunque de los otros también andamos sobrados; el de la Alianza de las Civilizaciones, por ejemplo, que atiende por Zapatero y cuentan que incluso una vez estuvo a punto de dar una conferencia en algún lugar ni más ni menos que de economía. ¡Vaya tela!

El primer mudo

Todavía, el primero tiene de qué presumir; ahí están los datos económicos de España en su mandato, pero lo del segundo es para echarse mano a los blandos. Es como si a su antecesor le diera por evangelizar al personal con charlas pacifistas. Aunque él realmente no metió a España en ninguna guerra, vendió muy mal su papel de ‘mandao’ o ‘correydile’ de que “sí hay armas de destrucción masiva en IraK”,  de ‘su primo yanqui Busch’.  Aunque también es verdad que algunos réditos en influencias europeas y mundiales sí consiguiéramos; véase si no el ejemplo de Perejil, donde el intrépido ministro de la cosa militar, el tal Trillo, pudo sacar pecho sin que nadie nos chafara la guitarra. No sonrían, porque ahora no podríamos asegurar nada.

Todo lo contrario del lumbrera de la ceja, que nos metió de cabeza en el avispero de Afganistán con nobles excusas, como aquel eufemismo  de ir  de la mano de la ONU. Ahora bien, en beneficio del segundo hay que decir que vendió su burra pacifista de sobresaliente ‘cum laude’. Lástima que sólo hubiera talante para parecer tal cosa y nada de talento para todo lo demás; el mudito y manco leonés de los mineros – nunca cantó la internacional ni levantó el puño con ellos- dejó el país hecho una ruina.

Un chiste, con perdón.

Pero vayamos al otro. A la auténtica maravilla de la naturaleza.

Les decía que recién llegado a España y de atender algunos compromisos locales menores, algún antiguo colega de gobierno le contó el chiste aquel del matrimonio que tuvo  gemelos naciendo   uno de ellos sordomudo. Tras múltiples intentos fallidos con especialistas españoles durante varios años, cuando los chicos ya habían hecho la comunión alguien les dijo que en Nueva York había una eminencia en la materia que arreglaba esos problemas enseguida. La única pega es que era muy caro. Aquéllos abnegados padres sacrificaron gran parte de su patrimonio y al poco tiempo la madre cogió un vuelo a la gran ciudad norteamericana con su hijo mudito tras conseguir la importante cita previamente.



Llegaron domingo  y hasta el lunes tenían tiempo libre. Y la ilusionada señora llevó a su hijo a Central Park. La mala fortuna en aquel día soleado fue que unos niños americanos que jugaban al beisbol le arrearon tal pelotazo al chaval en la cabeza que dio con él en el suelo. El mudito se levantó con un  cabreo  muy natural y dirigiéndose a los ‘yanquitos’ les llamó de todo; además de hijos de puta.

La madre, asustada por lo primero y asombrada por la reacción del chiquillo, le puso rápidamente un correo a su marido diciéndole: “Pepe, milagro. Nuestro hijo ya habla, y les ha dicho a unos de aquí que son unos hijos de p….”. Ansiosa, empezó a reconocer al niño por si tenía alguna herida por el pelotazo y al momento la lucecita parpadeante del teléfono le devolvía la respuesta de su marido: “ Hija de la gran p… ,tú, que te has dejado aquí al mudo….”.

El chiste había hecho fortuna en la sobremesa de la cena y el matrimonio Aznar marchó a casa a disfrutar del merecido descanso.  Pero antes de acostarse doña Ana le dio las quejas familiares y políticas por el silencio de Mariano Rajoy ante  las cosas de Bárcenas y el resto de problemas que acuciaban al país. Esa madrugada don José María sufrió una pesadilla terrible.

Resultó que en su tercer sueño, cuando alumbran los pasados, se vio en el papel de aquella sufrida madre. Y es que se había llevado para allá a Rodriguito dejando aquí a Marianico.

Y claro, el patrón, don Manuel Fraga en su papel de padre, le había enviado un telegrama desde el más allá llamándole de todo menos bonito en uno de sus legendarios arranques, recriminándole que se hubiera dejado en España al mermadito. Y salió echando leches para Antena 3.

El mermadito auténtico

Rodrigo volvió pronto en malhadada hora para él queriendo ser un financiero de postín, y en poco tiempo tiró por tierra el enorme capital político adquirido con su gestión económica en el gobierno de Aznar. Y Mariano sigue aquí haciendo mimos, donde lo dejó ‘su madrecita’y peor aún, porque más allá de acabar también con sus réditos políticos ha arruinado los de su partido tirando por tierra la añorada gestión económica del PP durante el gobierno de su padrino Aznar, en el que participó.

¿Cómo es posible que no aprendiera nada de aquello y siga empeñado en sacar a España adelante arruinando a las clases medias en su sentido amplio?

Escuche, Presidente:

¡¡¡Que es la bajada de impuestos para cebar la bomba del empleo, hombre!!!

¡¡Deje de hacer el Tancredo y largue de una vez a esos social cristianos ‘montorianos’ que les endilgó el inefable  compañero Arenas desde donde nunca pudo gobernar!!

¡¡Sea usted liberal y ejerza, que para eso  votaron a su partido tan mayoritariamente como a nadie los españoles!!   

 Y, por favor,  háblenos usted, que estamos desesperados con tanto silencio para todo. Y sin mentir, a ser posible, claro.         

viernes, 27 de septiembre de 2013

DE LA ESTRATEGIA TONTA AL TONTORRÓN HAT-TRICK

Decía un amigo que cuando los absurdos se hacen moda la tontuna se sublima y sus protagonistas pueden segarse. 

Confieso que hace ya algún tiempo que apago el aparato o me paso de página cuando escucho o leo que fulanito ha hecho un hat-.trick. Y lo mismo hago en los casos cada vez más frecuentes de que cualquier comentarista llame a un saque de esquina, de banda o a un golpe franco jugadas de estrategia.

El castellano es tan rico en su amplitud de términos y acepciones que no es necesario acudir a denominaciones de idiomas extranjeros para llamar a las cosas por su nombre. Cuando un futbolista marca tres goles en un partido se puede decir que ha hecho ‘un triplete’ o, en un giro práctico, diciendo un ‘tres en uno’, o más claramente y sin ambages ni alardes de nada, que ha conseguido ‘tres goles’. Pero parece que muchos se empeñan en rizar rizos borreguiles y ha hecho furor la gilipollez hat-trick.

Como futbolero me tira de espaldas semejante tontería, y como usuario enamorado del idioma español  me avergüenza tal pedrada lingüística. Si fuera responsable de algún medio de comunicación patrio y cualquier profesional a mi cargo usara el término citado le diría que completara su comentario en inglés. En cualquier caso le diría que pasara por caja para que le hicieran la cuenta. Si supiera hacerlo, por chulería altanera inútil, y, si no, por idiota supino ¡Hay que ‘joerse’, nenicos!

Lo peor del caso es que luego lees lo que escriben semejantes especímenes y rara vez aciertan con el clarificador orden de sujeto, verbo y predicado. Y es que, tapan sus graves carencias echando mano de hallazgos de otros y les copian hasta los defectos. Recuerdo a un maestro del periodismo diciéndonos a los asistentes a un seminario sobre información económica que cuando no entendiéramos cualquier noticia de esa especialidad lo más probable es que el propio periodista no había entendido aquello sobre lo que escribía.  Aunque también podía suceder, añadía, que no supiera hacerlo en castellano. Y eso se puede trasladar a cualquier especialidad informativa como es el deporte.

Luego viene aquello de que quien informa de fútbol entienda realmente de lo que está escribiendo o sepa trasladar a sus lectores u oyentes lo que ha sucedido o sucede en cualquier partido. Pero esto ya es más opinable porque cada cual vemos este deporte de una manera y puede suceder que nos fijemos más en determinados detalles que en otros, por mucho que haya aspectos básicos en los que la mayoría podamos estar de acuerdo.

Y con el asunto de las supuestas jugadas de estrategia ocurre otro tanto. Estrategia viene de los términos griegos stratos:  ejército,  y agein: guía. Y se define generalmente como el conjunto de acciones que se planifican a medio y largo plazo para conseguir determinados fines u objetivos en el tema de que se trate. Así, hay estrategia militar, empresarial, social, política, comercial, etc., pero rara vez a corto plazo. Estrategia en el fútbol sería planificar una plantilla dirigida a disponer de un equipo  para  toda la temporada basado en el ataque, contraataque o defensa, electivamente, según los jugadores y medios disponibles, los objetivos realistas marcados y los rivales. O, en último extremo, afrontar un partido en función de los puntos fuertes o débiles del contrario y los propios.

Comentando con algún técnico  esta circunstancia me han dicho que en las escuelas correspondientes le hablan de estrategia refiriéndose a eso, a las jugadas ensayadas. O, al menos, que estudian estas cosas dentro de una asignatura que la llaman así: estrategia. Y quiero suponer que no será ese el espíritu del estudioso que haya definido tales acciones de un partido de fútbol como jugadas de estrategia. Porque si así fuera sería para quitarle el carnet a él.

Es angustioso escuchar a lo largo de cualquier retransmisión o leyendo crónicas futboleras lo de jugadas de estrategia como el que come pipas. A cualquier jugada a balón parado se le llama  así, y lo peor es que esa ignorancia manifiesta  ha mutado en costumbre y ya es continua en inveterados ‘pelagatos estratégicos’ por mucho que hayan jugado, entrenado, o informado sobre fútbol.

La estrategia, como el idioma, es algo mucho más serio; y meter tres goles en un partido también, que las tontunas a que nos someten en su nombre, o apedreándolo con tan espléndido motivo.

Perdónenme algunos, pero es que producen cansera.   

EL CORTOPLACISMO MIOPE, ADOCENANTE Y RUINOSO

Ocurre en demasiados aspectos de nuestro entorno. Lo mismo en la vida personal de muchos de quienes nos rodean como en la sociedad en la que vivimos, en la política, en las finanzas y hasta en las escuelas y universidades que han formado y forman a las generaciones recién llegadas y en las del relevo.

Los valores por el desagüe

Como consecuencia de ello hemos tirado por los desagües de la comodidad, del materialismo y del seguidismo borreguil los valores que hicieron posible desde siempre el avance de la humanidad  y el control de su propio futuro.  Consustanciales del ser humano, virtudes como el afán de superación basado en el trabajo y el espíritu de sacrificio; la previsión y el ahorro como garantías del día de mañana; la solidaridad social  como distinción  personal; o el respeto como obligación moral con nuestros semejantes procurando no robar ni mentir  salvando las carteras y almas ajenas, ahora están en un lamentable y generalizado desuso.

Herramientas del corto plazo

Sustituyéndolas nos encontramos con la búsqueda del enriquecimiento rápido mediante las muy diversas técnicas del pelotazo económico, sin reparar en métodos ni en damnificados por ello. También con el lúdico  ‘carpe diem’ correspondiente pensando que en el mañana todo nos vendrá dado por añadidura a nuestra condición de ciudadanos por lo que no es necesario prever nada.  Y con el pensamiento de que a los necesitados ya los atenderá el Estado o las organizaciones sociales más variopintas con recursos de no se sabe dónde. Finalmente, también y sobre todo, con el grado de soberbia suficiente  para creernos en posesión de todos los derechos necesarios para ser cada día más guapos, fuertes, altos, poderosos y sabios a costa de lo que sea. 

La tontuna social igualitaria      

Así, en cuanto a las personas, nos hemos acostumbrado a tener por normal y exigible un igualitarismo absurdo prescindiendo de referentes como el esfuerzo y el mérito, la creatividad o la capacidad de emprendimiento y riesgo o de prudencia. Para que nadie se enfade pensando que eso no va con él, recuerdo simplemente tres hechos muy comunes: la inversión temporal en viviendas sobre plano, o suelo, durante el boom pasado para ganar dinero rápido y lirondo;  el ansia en situar a hijos y cercanos en la mamandurria creada alrededor de aquél, bien en empresas públicas o en la propia Administración; y creernos con el derecho inalienable de por vida a disfrutar de  educación, sanidad o pensiones seguras pase lo que pase. Quien está libre de esas debilidades, además de mi felicitación mis disculpas. 

El engaño social más tonto al respecto de esa creencia ‘del todo para todos sin mirar  quién lo sostiene y cómo’, es el que confunde tal engañifla con los valores de una sociedad democrática.

Empresas, banca, política y educación

Tanto en el mundo de las empresas como en el de las entidades financieras, nos hemos llevado el desengaño más bestial comprobando estos años pasados que muchas de aquéllas no supieron medir sus fuerzas ni las del mercado endeudándose hasta el infinito con las ansias desmedidas de acaparar cada vez más actividades mercantiles o mercados pensando que se movían en un mundo de bienes y posibles ilimitados, y en que nadie era más guapo ni listo que sus dirigentes.

Y en la banca y cajas de ahorro otro tanto de lo mismo, con el agravante de que el combustible de estas instituciones es el dinero ajeno, o pasivo, y el del olvido desnaturalizado e irresponsable de que lo ponían en peligro financiando su activo a medio y largo plazo normalmente – las hipotecas y facilidades crediticias para todo- con recursos de clientes o créditos interbancarios a corto. De locos. Y todo ello, sazonado casi generalizadamente con la malísima ambición de ser también protagonistas directos de los supuestos pelotazos compitiendo con sus clientes porque, como hemos reiterado, la lujuria económica es la que más adicción crea.

Cuando han llegado las vacas flacas ya vemos lo que ha pasado. Los confiados clientes y los contribuyentes han pagado la cuenta de tan criminal despilfarro. Y ello sin tener en cuenta los casos donde han habido abusos y delitos graves que merecen comentario aparte.

En cuanto a la política nos encontramos en parecidos páramos morales. Se han sustituido los valores estratégicos a medio y largo que deberían presidir toda actuación pública por el corto plazo, como síntesis de todos los contra valores señalados. Así, los partidos se han convertido en maquinarias depredadoras de elecciones teniendo como único objetivo situar a sus mandamases y paniaguados en cuantos más y mejores puestos de representación mejor a costa de lo que sea. Se miente, se defrauda, se promete en falso, se vive lo mejor posible, se pastelea para seguir en el palmito, etc.

Los políticos profesionales mayores han sustituido a los estadistas en la cumbre de la cosa pública y  los menores a las personas vocacionalmente servidoras del bien común, con escasa vergüenza y mediocridad.

Mención especial para las escuelas de todo tipo y universidades, donde la formación de cerebritos entrenados para todo lo anterior ha sido paradigmática. El plazo corto de las materias imprescindibles para ello hace tiempo que sustituyeron a las humanidades y a la ética. Todos con ordenador y tirantes y a ganar pasta gansa.

Las estafas y el consenso

Y ahí entran todos. Los que deberían bajar impuestos, subiéndolos estafando a sus votantes; los que deberían hacer lo contrario, ídem de los mismo pero a la inversa; los nacionalistas metiendo a sus seguidores y a los que no en callejones sin salida por sus egos personales. Y los que no están cómodos en un sistema liberal hablando de volver al trasnochado socialismo real echándole la culpa de todo al decimonónico capitalismo salvaje.

En fin, que más que nunca es necesaria una evolución personal, social y política pensando a medio y largo plazo, dejando el corto sólo para resolver cuestiones puntuales. Como la ruina poliédrica de ahora, donde el añorado consenso de la Transición sería mano de santo.          
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