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lunes, 19 de octubre de 2020

CA UNO ES CA UNO


Esa frase tan del pueblo atribuida al torero Rafael el Guerra explicita que no se le pueden pedir peras al olmo.

De Isco no esperen pases a la primera sin antes amagar hacia cualquier lado o medias vueltas con el culo como centro de su juego. De Marcelo, tampoco que sea tan buen defensa como atacante fue antaño, y últimamente ya ni eso; hace mucho que ni uno ni otro están para jugar en el Madrid. Y lo peor es que Zidane lo sabe mejor que nadie. Si a esas minusvalías le sumamos que el multiusos Nacho ya vivió sus mejores lunas de blanco y que Lucas Vázquez sigue en la plantilla por aquello de cubrir las exigencias europeas del cupo de canteranos para la Champions, tendremos el cuadro que explica parte de la debacle blanca contra el Cádiz; pero solo parte, porque en la segunda ídem el técnico cambio medio equipo y tampoco subió nivel.

La explicación también la resumió el mítico torero citado con aquello de “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”. O lo que es lo mismo, andando no se juega. Ni velocidad ni garra ni desmarques ni juego con y sin balón ni ganas. Ese es el resumen del partido que hicieron el sábado los merengues contra los entusiastas y bien ordenados cadistas del tan modesto como extraordinario Álvaro Cervera. Que otro Álvaro, el ex madridista Negredo, con más mili que Cascorro y de vuelta de todo les diera a los blancos una lección de pundonor y saber estar de delantero a sus treinta largos, refleja la birria que protagonizaron los madridistas actuales. Solo Benzema, más solo que la una en sus meritorios esfuerzos, parecía tener el otro día vergüenza torera junto al lesionado y sempiterno Ramos mientras estuvo. Y eso también lo sabe porque lo sufre el entrenador gabacho.

¿Soluciones? Paciencia franciscana y que pase pronto este año a ver si para el siguiente llega la caballería en forma de dos o tres fichajes que galvanicen el panorama. Porque, a ver, ni Vinicius ni Asensio ni Rodrygo ni el propio Benzema ni ningún otro delantero actual garantizan veinte o treinta goles por temporada. Y ni Modric ni Kroos ni Valverde ni Casemiro, por buenos que sean o hayan sido hace años los primeros y sean también los segundos en tareas esforzadas, pueden manejar la brújula blanca con la exigencia que comporta aspirar a todo. Falta ver a Odegaard ocho o diez partidos seguidos de titular en el eje del juego blanco para calibrarlo.

El Barça tampoco tira cohetes, aunque tiene varios brillos que pueden iluminar el horizonte. Ansu Fati pudiera ser, el jovencísimo Pedri apunta maneras, Coutinho parece otro y Messi, aun desganado, aún le sobra categoría para arreglar descosidos en cualquier fogonazo. Sin embargo, Busquets ni entonado está cerca de su mejor versión, De Jong no termina de coger el mando y anda fallón, Griezmann no encaja, a Trincao le falta un buen partido, Aleñá y Pjanic están desaparecidos y a Riqui también le faltan ocho o diez partidos de titular y confianza para vislumbrar sus posibilidades. ¿Resultado? Pues que sin gol y escasas ocasiones, un Getafe sólido, legionario y bien aleccionado le baila tres puntos que podían haberle hecho engancharse a la cabeza tras el gatillazo del Madrid antes del duelo sabatino próximo, que pinta gris.  

El Atlético, aunque sume con los goles de Suárez, que tampoco baja el pistón, es una incógnita dados sus titubeos iniciales. El nuevo medio centro Torreira, mientras tuvo fuerzas, hizo un partido para la esperanza y la zaga colchonera continua en su línea de seguridad jueguen quienes jueguen. Sello Simeone, que tampoco descolore. Y el Sevilla euro campeón de Lopetegui dio la de arena ante el sorprendente Eurogranada, con un juego tan ramplón para sus intereses como la expulsión de Jordan y la derrota final; mal asunto para sus renovadas aspiraciones.

Con este preocupante panorama, la Champions que empieza puede ponernos en nuestro sitio.

Finalizamos con el petardazo de nuestra Selección ante la mediocre Ucrania. Luis Enrique, aunque quiera disimular la carencia de remate, debe reinventar la faceta goleadora de sus excelentes medios o probar a Traoré por el centro —en banda tapa a Navas— porque ni Rodrigo ni Gerard ni Olmo ni Oyarzabal ni otros son Villa o Raúl ni goleadores de garantías para su nivel de exigencia.

En el fútbol, como en los toros, sin espada no hay cortijo.

   

 

miércoles, 30 de septiembre de 2020

ESPEJISMOS

 

 

En los últimos veinte años, solo Messi y Cristiano han corroborado en el césped el diferencial del dinero que mueven respecto al resto de futbolistas. Y no siempre. De ahí para abajo juegan los matices.

Por lo más reciente y no abundar, en el Villamarín, un canterano blanco como Mayoral hizo más en pocos minutos que Jovic —sesenta millones de fichaje—en tres cuartas partes del partido. Y podríamos poner de manifiesto sus diferentes trayectorias y circunstancias, pero los dos o tres movimientos inteligentes de delantero que hizo el madrileño dieron para establecer comparaciones.  Sirva solo como ejemplo de los espejismos que acumula el fútbol.

Luego, también hay otras realidades, como que Benzema luciría más de media punta, que es su verdadero juego, con un delantero centro que le despejara horizontes. Lo que él mismo hizo durante años a contra estilo para favorecer infinidad de ocasiones y goles a Cristiano. Porque el francés sí es un media punta, no Isco ni Odegaard, por citar otros dos casos paradigmáticos. El malagueño es un interior con capacidad de organizar juego, pero con vocación de regate y regodeo estéril al que no le acompaña el físico ni los pulmones por mucha clase que atesore; tampoco la generosidad. Debería fijarse en un tipo como Thiago, que tampoco anda sobrado de velocidad, pero atesora una brújula en su cabeza y conjuga la clase con el juego a uno o varios toques, según conviene a su equipo, siempre con la vista alta. En contraste, el noruego sí tiene capacidad física y técnica, pero puede ahogarlo Zidane en su empeño de que juegue de espaldas a la portería para recibir desde atrás. Tal vez le vendría mejor jugar veinte metros más retrasado para explotar sus cualidades y encarar a las defensas contrarias con espacio por delante. Así triunfó en la Real.

Los técnicos, también con tantos matices como situaciones diversas, tienen más influencia en la trayectoria de los equipos que la mayoría de los jugadores que dirigen, incluidos los fichajes millonarios, los normalitos  y los canteranos.  Precisamente, la importancia de quienes son capaces de imaginar sistemas de juego, de reinventar futbolistas o manejar vestuarios complicados y les sonríe la fortuna y los triunfos son los más demandados y mejor retribuidos por los grandes clubes. Un futbolista solo no puede cambiar la historia de un club, pero un buen entrenador sí. Por citar algunos ejemplos, Mourinho está en la élite por ganar la Champions con un Oporto casi desconocido y luego con un Inter de medianías. Guardiola por cuanto consiguió en el Barça tras echar a sus figuras y hacerlo campeón de todo subiendo a canteranos desde tercera división, como él mismo, e imponiendo un estilo acorde a sus bajitos —en frase afortunada de Luis Aragonés—.  Simeone ha dotado al Atlético de un estilo inconfundible hasta devolverlo a la primera línea del fútbol nacional y  europeo. Y recientemente, Klopp y Flizk ocupan la cúspide devolviéndonos al fútbol total con el Liverpool y el Bayern con escasos grandes nombres, con Zidane también en el candelero inmediatamente anterior tras ganar tres Champions seguidas; record que será difícil de igualar, aunque este sí dispuso del mejor goleador mundial en plenitud sin tener que inventarlo.

Punto y aparte para el francés, a quien se le puede discutir lo que queramos, pero nadie le niega su magnífica gestión de egos en el siempre complicado vestuario madridista.  Ahora, sin embargo, anda reinventado un Madrid agostado por la edad y la salida de un goleador irrepetible para cumplir los designios de su jefe Florentino y hacer una transición potable hacia un equipo notablemente más joven. Un reto difícil en el que deberá mezclar dotes de buen técnico, lo que se le discute, con su demostrado saber hacer con los consagrados.

Volviendo al principio, podríamos hacer el ejercicio de quitarle los nombres y dorsales a los jugadores y enmascararlos para saber en cualquier partido quién sería capaz de distinguir entre los más y menos costosos para sus clubes. Seguramente nos llevaríamos muchas sorpresas. 

En el fútbol hay tantos espejismos como circunstancias inmanejables, que son demasiadas si le añadimos el factor suerte, que juega más de lo que muchos evidencian. Pero hay algo que no cambia: cuando triunfa un futbolista siempre está detrás el nombre de quien ha sido capaz de ponerlo, de mantenerlo y de hacerle creer en sus posibilidades.

 Y a veces hasta de inventarle un sitio diferente en el terreno de juego. Ese es el mayor mérito.

 

lunes, 24 de diciembre de 2018

CUENTO NAVIDEÑO



La nieve pesa más que los sueños, con los que a veces imaginamos paraísos. Y rodeado de esos copos blancos que refrescan el alma y endulzan los ojos, rebusco en la alforza de mis recuerdos para despertar un lunes esperanzado.
Isco ha estirado su cuerpo al compás de un alma grande hasta levitar sobre el césped sin que le pese nada.  Juego ágil, de cara, a uno o dos toques, o regate hacia delante y desmarque rápido para recibir y ponérsela sutilmente al compañero en ventaja u hollar la red como si nada.  Entorno los ojos y pienso que Iniesta ha retornado veinteañero y merengón.
Asensio ha logrado pegarse el balón a la bota para conducir con seguridad y peligro directo. Y la antigua rapidez hacia cualquier sitio se ha tornado  productiva. Goles y asistencias inapelables. Gordillo y Michel, aquellos celebrados socios futboleros, se han fundido en un futuro balón de oro.
Bale  ha cambiado cristal por acero y corriendo la banda izquierda rompe cualquier defensa o partido con pases de la muerte y goles. Gento cabalga de nuevo.
Benzema piso más barro y menos moqueta y las enchufa con regularidad. Amancio ha vuelto gabacho.
Un error en la partida de nacimiento de Messi confirma que el argentino tiene diez años menos. Maradona, Kubala y Cruyff vestirán un decenio más la zamarra azulgrana cuan futbolísima trinidad.
El Barcelona entiende que el fútbol es más importante en España y en el mundo que la pajiza generalidad independentista y sus laceros. Los azulgranas recuperan tanta deportividad como nobleza y vuelven a enganchar sin reservas.
Florentino y Cristiano se arrepienten ante la soflama de un antiguo predicador: ¡”arrepentíos, pecadores”!, se piden perdón mutuamente y el luso vuelve a Chamartín en el mercado de invierno. El Madrid gana otra Champions, Pérez iguala a don Santiago y el archigoleador logra su sexto Balón de Oro.
Simeone cambia el percal por la seda y logra enjaretar su anhelado buen juego. El Atlético gana enamorando, logra otro doblete y el joven Gil emula a su padre con un desfile madrileño acolchonado, aunque sin faroles, enanos ni caballo.
Y así continué soñando hasta evaporarme. Despertar fue lo peor. ¿Cómo demonios pueden ocurrir esas cosas? Pero lo malo es que ocurren. No los sueños, sino las realidades. ¿Cómo pueden ser así con las magníficas condiciones que tienen? No quiero reiterarme, así que les dejo a ustedes su calificación; figurillas, soberbias, edades, política, estilos traperos… ¡Qué penas más grandes!

GOLES A UNA CASA CON BALCONES

Tres eran tres y ninguno era bueno. El primero sigue desaparecido, el segundo amaga con absurdos y el tercero vació. A falta de goles en el terreno de juego, goleadas de despropósitos y golfadas en los despachos. Dicen que el extremeño puso algo, que el mejicano nada y que el oriolano se los llevó, hasta ennegrecidos, aunque parece que antes abocó algo.  
Y después han llegado murcianos en bandada para remediar la agonía, pero qué mustios son los duelos en casa del pobre por muchos deudos que tenga. ¡Ay, esa soledad del presidente en el palco!
La afición llora penas entre cánticos y esperanzas desmochadas con pocas migajas en el corazón de esa gran casa con balcones que parece la mal llamada Nueva Condomina, que aparte de estar como el palo de un gallinero ni es condominio ni tiene nada que repartir. ¡Qué mérito tienen esos miles de murcianistas incondicionales! Lo más valioso del Real Murcia, aparte de su centenaria historia. Y a propósito, hay quien se lamenta continua y desabridamente de lo mal que se han hecho históricamente las cosas en el club grana. No reparan en que también hubo grandezas y gente de tanto esfuerzo como valía para que todavía respire. Tal vez debieran preguntarse algunos, antes de lanzar más piedras baldías, qué han hecho ellos por el Murcia. Es peor y más feo no hacer y criticar que equivocarse. A nadie se le ha negado nunca echar una mano.
Por eso, tanto los miembros de la Plataforma como los del Consejo, los peñistas y los accionistas merecen el apoyo del murcianismo en general. La lástima es que afloren desavenencias en este tiempo turbulento.
También sueño con el Murcia en Primera y las cuentas al día. Que es de miles de murcianistas y se gestiona bien. Y con un estadio lleno donde se cantan goles triunfantes. Y con el Cartagena y el UCAM en superior categoría. Se lo ganaron a pulso. No quiero despertar.
Feliz Navidad.  

jueves, 6 de diciembre de 2018

NO ME LLAMES DINERO, LLÁMAME FALSO



Emulando al viejo estribillo de Concha Piquer de “no me llames Dolores, llámame Lola”, cualquier aficionado podría cantar lo anterior. Y también, no me llames calidad, llámame mentira. 

Ahora que la pasta impone su dictadura en el fútbol de élite y hasta en el modesto, nadie puede asegurar que se juega mejor que hace cuarenta años. Ni citar ningún equipo hecho a golpe de talonario que haya triunfado proporcionadamente a tal ventaja. Ni que Isco sea mejor que cualquiera de los tropecientos magos aparentes que han pasado por nuestro fútbol. Su partido frente al Melilla no debe cegarnos; ese juego, como le hubiera dicho un célebre torero bragado con miuras, contra el Barça o el Atleti para ser auténtico.  A ciertos deslumbres puntuales, que los tiene, hay que añadir su modo cansino de bajar a recuperar la pelota o la posición. Así tendremos un reflejo de su aporte al conjunto, como de la mayoría de engañosos fenómenos medias puntas que pululan por el fútbol.

El dinero como triunfo, a secas, es una solemne mentira aplicada al fútbol, igual que a tantas otras cosas de la vida. Es solo un medio, y consecuencia en el mejor de los casos, pero nunca causa de ningún éxito vital ni deportivo. Quienes defienden tal explicación para montar su manual de éxito tienen la ignorancia como realidad propia o émula, que es la antítesis de toda ciencia, reflexión seria o personalidad. Puede ayudar a conseguir objetivos, pero no garantiza nada, salvo la libertad en la vida, que es su fin más noble junto a la solidaridad generosa. 

Y en el fútbol, aparte de la ausencia de valores, genera frustración por falta de resultados previstos, el desprestigio o la ruina. Y cuando don dinero consigue algo nunca garantiza su continuidad; miren el Chelsea. O la Liga inglesa: la que más dinero recauda y donde más dinero invierten fortunas extranjeras, pero en los últimos veinte años solo han ganado tres clubes británicos la Champions y no han hecho nada a nivel de selecciones. O El Madrid ganador de cuatro Champions en los últimos cinco años, cuando menos dinero gastó, en contraste con el prepotente florentiniano de sus primeros seis años, cuando Pérez hubo de huir por la gatera por incapacidad de barajar su engendro y la orfandad de resultados. Y allende los Pirineos, el PSG cabalga un corcel millonario desbocado hace años y aún no ha conseguido nada en Europa.

A veces coinciden los jugadores extraordinarios con los clubes más poderosos, fichados o no a golpe de millonadas, pero eso solo explica éxitos esporádicos. Guardiola se encontró en el Barça al extraordinario canterano Messi sin explotar, aún no había ganado ningún balón de oro, y fue quien le dio rienda suelta para que fructificara en cuatro consecutivos a partir de 2009, imprescindiblemente ayudado, claro, por otros canteranos irrepetibles a los que dio el mando blaugrana. La herencia que dejó el defenestrado Calderón con Ronaldo tiró  del carro en el Madrid hasta encumbrarlo en Europa costando lo mismo que luego Bale, quien sigue siendo una incógnita. Kaká llegó al Bernabéu también por empeño personal de Pérez y otra millonada y nunca deslumbró. Ahora, Solari está esperanzando al Real Madrid con jugadores de segunda fila en lo cualitativo y económico, pero con hambre y canteranos, como Lucas Vázquez, Reguilón o Marcos Llorente; la última sorpresa. Buen principio para la tan necesaria como inevitable transición tras la pérdida de gol con la marcha de Cristiano. Ya lo hizo Miguel Muñoz con el Madrid yeyé tras la baja de Di Stéfano en 1964. 

Dinero y calidad, sí, pero hace falta mucho más: inteligencia en la dirección; imaginación, creatividad y valentía de los técnicos; paciencia, actitud,  coraje sobre el césped y suerte. Mucha suerte.

¡CATE EN BREVAS, NUESTRO MURCIA!
Ahora que el grandísimo murcianismo da el do de pecho en todo, los resultados deportivos no acompañan. La cruzada de sus esforzados dirigentes se antoja muy complicada. Sortear las trabas societarias, federativas y económicas; renegociar contratos con determinados y  hasta sufridos futbolistas; empitonar judicialmente a los ex dirigentes golfos de ayer y antes,  que vaya bandas; mantener la moral de profesionales y aficionados, que no es baladí; cebar la bomba del murcianismo y rearmar la unión de sectores básicos murcianistas, penosamente esturreados; aglutinar a los poderes sociales, políticos y económicos en torno a la grandeza del club y hacer un proyecto ilusionante. ¡Ahí es nada! 

Muchos, al aire de su extraordinaria afición, dudan entre la refundación y el heroísmo de esta gente.

Mientras, el Jumilla bien, el Cartagena irregular y el UCAM a reengancharse. Ánimo.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

NI MILAGROS SIN SANTOS NI GOLFADAS SIN GOLFANTES



Luis Enrique no hará milagros con España. Ni él es un santo ni tiene futbolistas en olor de santidad. Luis sí lo fue. Y no tanto por sí mismo, que también, como por intuir sus infinitas bondades y poner en valor a media docena de futbolistas que traslucían gloria. Los bajitos que acercó a los altares confirmaron su santidad con el milagro de hacer a nuestra selección campeona de Europa y enseguida del mundo con un franciscano del balón, Del Bosque, quien tuvo su aura de santidad en la rara humildad de continuar la labor de su antecesor. Pero el tiempo pasado no vuelve.
De los ilustres que  nos llevaron a lo más alto apenas queda Ramos, viviendo ya también sus últimas lunas aunque haya ganado en capacidad de liderazgo, también desgraciadamente empezando a ser discutido por su paisanaje.  En España somos así. Si fuera inglés, alemán o italiano, aunque tuviera algún fallo, saldría a homenaje y ovación cerrada cada vez que se enfundara la camiseta de su país. Pero, ¡ay amigo!, como ocurre con nuestra controvertida historia pasada, la leyenda negra que le han colgado los impotentes a los que ha vencido empezamos a creérnosla también nosotros. Que si da palos, que si va de sobrado, que si es anárquico, que si ya no llega… ¿Ya no recordamos a aquellos futbolistas extranjeros de corte parecido, aunque no tan laureados, que nos llevaron por la calle de la amargura tantísimos años? En fin, somos así demasiadas veces. Admiradores acomplejados de ajenos y crucificadores veletas de propios tras súbitas ascensiones a los altares.
Ya no tenemos a ningún Pujol, Xavi, Iniesta, Silva, Cesc o Villa activos o en edad de merecer. Nos quedan el sevillano y Busquets, que tampoco es el de hace años. En Zagreb se vio. Pudo hacer unos cuantos cambios de juego sencillos y pases profundos a compañeros desmarcados y no se atrevió. Ahora anda encorsetado en el seguro del juego corto, que también padecen en el Barça, para que no se le rompan las costuras. Sigue siendo un excelente medio centro, pero añoramos al que fue mejor del mundo.
Y el remate mediocre es que los jóvenes que tanto apuntaban también la prefieren cortita y al pie. Isco, y Asensio, por ejemplos, el primero por definición y el segundo por inseguridad pasajera, esperemos; se lían en medio y no profundizan lo que debieran aunque a veces asomen su clase. Alguien debe recordarles que Guti tenía tanta o más, seguramente que los dos juntos, y pocas veces fue titular indiscutible en el Madrid y nunca en la selección. Saúl también es intermitente y De Gea ataja lo que para un buen portero, pero no los imposibles y decisivos que detenía Casillas, que sí fue un santo con milagros demostrados.
En definitiva, sin santos, tampoco esperemos milagros de Luis Enrique; más hereje que beato. Lo demuestran sus controvertidas decisiones y la errática explicación que dio tras lo de Croacia, comparada con las dadas tras sus triunfos en Londres y Elche; ahora resulta que está formando jugadores jóvenes. ¿Oiga, y la sub 21 para qué es? A fin de cuentas, sus efímeros éxitos en el Barça, por decir algo bueno, fueron más por ‘san Messi’ que por sus virtudes de estratega.       
   
DESVARÍOS Y DERBI MURCIANOS
Califiquen ustedes de listo y tonto a quien les parezca, contrastado que De la Vega compró a Moro sus acciones del Murcia sin pagarle un euro, aunque le aguarde un complejo panorama judicial para hacer buena la opción de compra que ejecutó por mucha razón que le hayan dado las instituciones deportivas. Y así, aun con dudas respecto a los tejemanejes del extremeño y sus cuates, pasemos página hacia la presunta golfería.
¿Trincaron irregularmente del club quienes propiciaron la llegada del mexicano y luego su expulsión para el aterrizaje de Gálvez?  ¿Dónde está el dinero de los abonos y la publicidad de esta temporada? ¿Hay algún acuerdo oculto de no molestar que propiciara la llegada del nuevo consejo? ¿Para cuándo las demandas por el dinero negro y blanco desaparecidos? Hay pruebas clamorosas.
Y el derbi se lo llevó el Cartagena porque tiene gol y el Murcia no. Aprovechó sus escasas ocasiones en veinte minutos buenos, desde que Munúa acertó sacando al bético Gracia y cambiando de banda a Moyita, y los granas desaprovecharon media docena en sus superiores setenta; ganas le echaron, pero no basta ante un equipo con el empaque  albinegro.
    


jueves, 25 de enero de 2018

DON GOL DE LOS GOLES GOLEROS


Por su ausencia, ese es el verdadero responsable de la ruina blanca. Todo lo demás son cuentos y cuentas mal hechas. Veamos algunas evidencias.
Zidane está en el inicio de su carrera a pesar de los relevantes éxitos en los últimos dos años con el Real, y por lo tanto comete más errores que si fuera un consagrado, pero ni era tan excelente antes ni es tan torpe ahora. Es el mismo buen gestor, con las consecuencias negativas de su cuestionable planificación de la plantilla; tan débil como negativos son sus resultados. Otra cosa es si fue el arquitecto o si solo tuvo el amén como última palabra ante poderes superiores. Y en ambos casos la pérdida de su puesto estaría justificada. En el primero por errónea y en el segundo por calzonazos. Al gerente de una empresa se le mide por sus resultados y cualquier otra explicación es inútil si el final es ruinoso.
El principio del fin del elegante técnico —loable dar la cara ayer por el equipo— fue su malhadado partido contra el Barça, en vísperas de  Nochebuena, que resumimos con que el Barça se llevó, refiriéndonos básicamente al Madrid de Zidane.
En todo caso, aún le queda el cartucho de la Champions por muy negra que pinte la cuestión. Como bien dice Cristiano, y le honra como apoyo complicado y valiente a los suyos, aún les quedan batallas por dar y ganar. Si lograra ganarla por tercera vez consecutiva hablaríamos en mayo de que habría hecho época en el Madrid, y la crisis que ahora le agarrota quedaría olvidada o aparcada hasta el inicio del siguiente ejercicio.
La segunda evidencia es la falta de confianza que atenaza a los futbolistas blancos. Y volvemos a lo mismo. Ni eran tan fenómenos hasta final de agosto ni son tan petardos ahora. En unos meses ningún futbolista pasa de muy bueno a pésimo ni al revés.  
Asensio, por ejemplo, ni estaba para el balón de oro por los dos golazos que le hizo al Barça, como algunos decían y escribían, ni ahora para darle la baja. Isco, caso diferente al balear, ni era el sucesor de Iniesta antes, por decir algo, ni es una rémora ahora. Anoche decía Valdano que era quien se  salvaba de la debacle, y aunque se puede estar de acuerdo en muchos de sus análisis, en este es fácil discrepar. Que la pida siempre no significa que haya superado su gran hándicap. Hace tiempo que lo catalogamos como un jugador de mucha clase, pero no más que la de Guti, quien nunca fue titular indiscutible en el Real y mucho menos en nuestra selección. Y ambos carecían de lo mismo: jugar al primer o segundo toque tras controlar orientado porque no son delanteros sino interiores. Tampoco representan pulmones insustituibles que empujen al equipo ni esos medios que con pierna fuerte lo soportan. Y ni siquiera — ni Modric, Kroos, Asensio o Kovacic— centrocampistas con un radar en la cabeza para ver hasta por detrás. Son futbolistas con la categoría de internacionales, pero sin la de auténticos fenómenos mundiales que se requiere para ser guías de un equipo con las exigencias de todo un Real Madrid. Buenos complementos, que no faros que alumbren a un equipo de tal relevancia.
Bale y Benzema tienen sus puntos fuertes, pero tampoco suficientes para considerar que han marcado o marcarán la historia blanca. El primero por estructura corporal de vidrio y el segundo por intermitente consumado. Ambos son prescindibles, y mucho más cuando la falta de gol ahoga hasta la asfixia a su equipo.
Urge recuperar al mejor Cristiano, que ya no será el de hace unos años, la edad manda; pero sí un goleador imprescindible todavía para cualquier equipo de élite.
Por eso, teniendo a Don gol —Cristiano—, Florentino debería pensar en dos goleadores contrastados, reiteramos, y traer a toda costa a un De los goles y a otro Golero que ayuden a recuperar el crédito perdido.
Los goles, y no los nombres — dudosamente Neymar—, harían que la orquesta sonara de nuevo. Los jugadores citados y los demás volverían a ser tan buenos como en el pasado reciente. No los mejores, pero sí suficientes.

Finalmente, a pesar del empeño de la mayoría —¿qué decían o pensaban y dónde se escondían los dos últimos años?—, Zidane merece decidir si dentro o fuera, salvo que no haya aprendido de sus errores. Florentino debería saberlo y obrar en consecuencia.

jueves, 14 de diciembre de 2017

GOL, VELOCIDAD Y CHARLATANES


De las escasas verdades futboleras a la estupidez solo media el corto trecho que separa lo evidente de lo simplón. Los goles culminan el juego, bueno, malo o regular; y justifican explicaciones. La velocidad física y mental es la reina imprescindible en cualquier deporte competitivo; marca las diferencias. Y la estupidez es el corolario de quienes se empeñan en trasladar al campo de las certezas lo que no deja de ser un juego, con el factor suerte como determinante a veces.
El Madrid le puso velocidad e intensidad a su juego, que también es básica en los deportes de contacto, y los goles se sumaron a la fiesta del fútbol de la primera parte contra el Sevilla. Y a la postre, como lidian los taurinos de salón y quienes somos incapaces de ponernos delante, empiezan los supuestamente sesudos comentaristas a sacar sus simplonas elucubraciones. Ahora resulta que Casemiro, fundamentalmente, o Isco, e incluso Ramos y Varane, son los lastres del Real que sufrió su ocaso llegado el otoño tras un verano esplendoroso. Échale guindas al pavo Zidane, porque la semana pasada era la rémora, que yo buscaré las pavas; Kroos, Marcelo y Modric también portaban el moco largo del bajón otoñal. Puro oportunismo, siendo apreciable que no son máquinas y tienen sus baches puntuales, porque al acierto y a la suerte hay que sumar otro factor fundamental: el contrario también cuenta.
El súbito gol del siempre eficaz Nacho, merecida fortuna por su incansable perseverancia, descosió las primeras costuras del Sevilla, que tenía el libreto de la posesión en torno a Banega como apuesta más relevante. Y es que, a falta de jugadores más veloces, el trato sutil y pausado del argentino podía ser el adecuado ante la ausencia de tantos titulares defensivos blancos y su reciente asfixia por el centro del campo. Pero a esa suerte, los merengues sumaron esta vez la verticalidad veloz y en cuarenta minutos desnudaron a los sevillistas. Ahora dirán que Zidane dio con la tecla al dejar a Isco en el banquillo porque Asensio fue quien frotó la lámpara mágica. Sin embargo, la realidad es tan sencilla como que el malagueño y el balear son tan buenos futbolistas como diferentes en su juego, y, ante el planteamiento posesivo de Berizzo y su ayudante Marcucci, fue fundamental la rapidez física y mental del joven interior blanco. Y no solo la suya, sino la de Ronaldo, Lucas, Marcelo, Achraf —magnífica noticia el marroquí— y compañía, que con el sedoso nueve y medio Benzema arriba, los renacidos Kroos y Modric y el juego anticipativo del propio Nacho y del excelente Vallejo —¡por fin pudo demostrarlo!—, destrozaron al Sevilla en media parte para el recuerdo. Tan espectacular como difícilmente repetible porque se alinearon todos los astros: suerte —el absurdo penalti de Navas y la mala fortuna de Rico al escurrírsele el balón, fueron otras muestras—, rival lento y predecible, calidad, velocidad y acierto. Si se hubieran enfrentado a los de Bruyne, Sterling, Neymar, Mbappé, Griezmann, Coman o el mismo Messi, esos que ahora tachan de prescindible a Casemiro hubiesen echado de menos a un par de su corte para cerrar y que los artistas lucieran.
Lo de Isco es punto y aparte. En un equipo como el Barcelona podría ser titular indiscutible. El vistoso juego culé en el medio y su velocidad e imprevisibilidad arriba es idóneo para él; sería un Iniesta rejuvenecido junto a Messi. Pero ya dijimos que si quiere ser fundamental en el Madrid debería jugar a uno o dos toques en el centro para aportar velocidad, una vez descubierto que hay que defender también, y trenzar sus arabescos al borde del área. Guti, Xavi e Iniesta deberían ser sus referentes. El primero por expectativas truncadas, teniendo seguramente más clase que él, y los otros por cuajar en los mejores interiores españoles de los últimos decenios, si no de la historia, con permiso del gallego, barcelonista e interista Luisito Suárez, el único balón de oro español, y Luis Aragonés, el máximo interior- goleador hispano.

Y volviendo a Zidane, los vocingleros han pontificado que sí le funciona el plan ‘b’. Que sabe alinear, plantear, dosificar y tener a sus suplentes enchufados. Han bastado cinco goles en un rato para resucitar ante algunos. Lo paradójico es que dentro de unos días la burra trigueña de tales opinantes volverá al barro madrileño, salvo que Cristiano cabalgue de nuevo en liga. ¡Benditos goles! La verdad suprema del fútbol. 

Pd. En ese montaje cuasi pirotécnico (por sus numerosos petardos) del mal llamado Mundialito de Clubes, contra un equipo árabe que en España estaría en cualquier grupo de nuestra Segunda B, aunque disfrute de dos delanteros de superior categoría; se vio lo que prevemos que pueda ocurrir al equipo de Zidane en su retorno a la Liga; como con el pelo, si no hay goles no hay alegría.                       

martes, 16 de mayo de 2017

LAS CUARENTA DEL MADRID


Con el rey y el caballo de la muestra es difícil perder al tute, y si pintan Champions el Real suele acompañarlos del as copero que luce en su competición aurea. Y acostumbra a cantar las cuarenta para tormento de sus rivales. Últimamente le ha tocado al Atlético de Simeone sufrirlo, que tiene todo el mérito del mundo. Su problema en la vuelta no era hacerle goles al Madrid, su debilidad, sino evitar que los merengues hicieran alguno; su punto fuerte.
Pensando en eso y en Cardiff, me vienen a la memoria Ámsterdam, Viena y París, donde el Real Madrid perdió contra el Benfica de Eusebio en  1962, el Inter de Helenio Herrera y del enorme Luisito Suárez en el 64, y en el 81 contra  el Liverpool de Kennedy.  Pero inmediatamente me revolotean las otras once finales en las que los blancos labraron su reinado europeo. Recuerdo mi decepción infantil acompañado de mi padre viendo en blanco y negro en la televisión del extinto Hotel Regina de la calle Riquelme, junto a casa y donde se concentraba entonces el Real Murcia, por la decadencia continental del equipo comandado por Di Stéfano, y la suya propia, que había ganado cinco Copas de Europa consecutivas y donde brillaban los inolvidables Puskas y Gento. Aquellas penas se disiparon en el 66 con el triunfo del Madrid ye-yé sobre el Partizán de Belgrado en Bruselas, en el que diez españoles jovencísimos capitaneados por mi ídolo Gento ganaron la sexta, con Amancio en plan estelar.
Luego vino una larga sequía de quince años hasta el disgusto parisino, y otra larguísima hasta llegar de nuevo a Ámsterdam, donde había comenzado mi recuerdo en vivo de las duras y las maduras, más allá de las ondas radiofónicas, para el alegrón que nos brindó el equipo de Mijatovic al mando del incomprendido Heynkes.  Y a partir de ahí el Real retomó su dominio europeo con la octava en París de Raúl contra el magnífico Valencia de Cúper, a la que asistí con mi hijo José Luis y dos sobrinos; la novena de Glascow que siempre llevará el acento de la apoteósica volea de Zidane, y primera de Pérez; la décima de Lisboa,  asociada al cabezazo épico de Ramos; y la azarosa por penaltis de Milán, que supuso su undécimo entorchado europeo.  Catorce finales con once triunfos. Ahí residen las cartas ganadoras del Real. Como decía acertadamente el sabio Luis Aragonés, los subcampeones no se recuerdan.
Pero para llegar a la docena se nos ha puesto un mal pájaro en la bardiza, que decíamos por la huerta. La Juventus del rechoncho Higuaín y de Khedira —con el mal fario de los ex— es un equipo de notable alto en todas sus líneas, con las excepciones sobresalientes de Buffón, Bonucci, Alves y del joven argentino Dybala, que uno por uno no asustan pero en conjunto son temibles; sobre todo en defensa. Es complicado golearles porque defienden superando la raíz del calcio italiano. Y lo hacen todos; ahí estriba el éxito de Allegri. Un acorazado con cañones certeros que rentabiliza como nadie sus contados goles para lo que deberían ser los números de un equipo de su categoría: seis ligas italianas seguidas y dos finales europeas en tres años. ¡Ojo al dato!, que diría el recordado García.
En cuartos contra el poderoso Barça anticipamos que a Suárez le harían su juego imposible, y que Messi y Neymar deberían afinar el goniómetro para enchufarla desde fuera, y sucedió lo que no queríamos: demostraron su juego granítico dejando en seco al mejor jugador del planeta. El Madrid es otra cosa en Europa y no padece anemia goleadora, pero el mejor goleador del mundo, Cristiano, deberá reiterarlo. Él tendrá la llave de la doceava.  Zidane deberá tomar una decisión crucial: Isco o Bale. Si juega el malagueño todo irá dirigido a que el portugués cumpla, de lo contrario, los esfuerzos de dividirán y esa será la gran ventaja de los legionarios turineses. Don Zinedine, que es bravo aunque a veces su mesura parezca manseo, deberá mirar antes a su vestuario que al palco o a la grada galesa;  ya lo hizo con Casemiro. En una final no caben nomenclaturas millonarias, nombres, caprichos ni botafumeiros.
Ganar el rey y el caballo con el as europeo de copas será su consolidación; Liga aparte. Deberá saber jugar las cuarenta que tiene en la mano.  A estas alturas, ser segundo no vale. Ni diplomático tampoco Y consentidor, menos.    

  

miércoles, 10 de mayo de 2017

ZIDANE Y SIMEONE, O "LA REVOLTOSA"


Cuando a finales del XIX López Silva y Fernández Shaw escribieron “La Revoltosa”, con el maestro Chapí, el fútbol no existía, pero de alguna manera anticiparon en su patio madrileño el ambiente que hoy se respira en el Madrid futbolero. Zidane y Simeone, cuan Felipe y Mari Pepa, se aman en silencio y desean sus contrapuestas virtudes futbolísticas.
El francés hizo salir al Bernabéu a sus jugadores con el objetivo prioritario de no encajar goles, que era el fútbol del libreto particular del argentino, y este inculcó a los suyos la prioridad de hacerlos. El mundo al revés. Por eso, los atléticos siguieron fieles al sensible cambio dibujado por Simeone esta temporada y dejaron solo a Gabi con la escoba del medio centro. Esto ha supuesto perder su antigua seña de identidad y encaramarse al loable carrusel del juego lucido, como vitola necesaria para dar un salto de calidad a los colchoneros, una vez demostrada su capacidad de permanecer entre los mejores de Europa.
Zidane, que ha tenido el acierto y la valentía de consolidar al joven Casemiro en el centro equilibrante de su juego, cuenta con el mejor goleador del mundo y seguramente de la historia. Hace meses, cuando  incluso le pitaban en el Bernabéu, comentaba con mis cartageneros de los miércoles, Pepe Cano, Ángel García —que colecciona experiencias relevantes —, Julio Mínguez y Pedro Conesa entre otros, y señalaba aquí, que Cristiano Ronaldo seguirá marcando goles juegue dónde y como juegue, aun con menos velocidad, y que si continúa los años que le quedan de fútbol encabezará a los goleadores históricos. El tiempo, juez incuestionable de todo lo mundano, dará o quitará razones, pero de momento apunta a eso.
Don Zinedine aprende partido a partido y demuestra que la exitosa flor que le atribuyen es un jardín de aciertos, aunque le salga alguna rosa negra. Ha tenido que lesionarse Bale, el segundo ojito derecho de Pérez —el primero fue Benzema—, para acertar con la tecla que tan certeramente le señaló Kroos: jugar con cuatro mediocampistas, aunque en realidad uno, Isco o el de turno, sea un media punta y otros dos  interiores muy ofensivos. No puede ser de otra manera en el Madrid, donde jugar para atrás no ha sido nunca reconocible ni está bien visto.
Respecto al malagueño, he comentado con otros amigos dos convicciones. A Faustino Cano, compañero de aventuras en el Real Murcia  que lamentaba con razón que a veces Zidane no pone a quien lo merece, por la suplencia inicial de Nacho; le apunté que el virtuoso Isco debería jugar con menos toques, mostrándose continuamente para agilizar el juego blanco, tipo Xavi, en lugar de querer  protagonizar jugadas de Guinness. Su calidad lo permite y el físico se lo agradecería. A mis entrañables Paco Vera, Ildefonso Morcillo, Carlos Ovejero y Oscar, colegas semanales de frontenis, les he confiado que así jugará poco en el Madrid. Y les recuerdo que Guti atesoraba más calidad y condiciones físicas que él y nunca fue titular indiscutible. Hace poco nos decía a un grupo de futboleros el legendario Asensi, que el Flaco —por Cruyff— les dijo nada más llegar al Barça en 1973 que la que debería correr era la pelota, y añadió con sorna que Charly —por Rexach— decía que correr era de cobardes. Resumía, con el ejemplo de Busquets, que siendo la velocidad imprescindible la mental es la más determinante.
Zidane lo sabe y por eso anda haciendo probaturas con el cuarto medio en cuestión: Isco, James y Kovasic, con condiciones diferentes, se rifarán el puesto hasta que alguno lo entienda también, porque Lucas y Asensio son extremos más que volantes en su polivalencia, o hasta que venga alguien aprendido, que vendrá. Mientras, aprovecha a todos con notable fortuna.
Igual que Simeone sabe que debe salir del Atlético para crecer. En España y Madrid está condenado a ser un segundón, reñido con su carácter, porque lo han encasillado en el fútbol aguerrido, y el vistoso, de momento, no le sonríe con los atléticos. Quizás su valiente apuesta de este año sea querer demostrar lo que le niegan: que puede ser técnico para equipos como Real o Barça. Italia y Francia lo esperan.

Así, los protagonistas de esta Revoltosa futbolera separarán sus destinos. Zidane continuará cultivando flores triunfales, y que dure, y Simeone cardará otros hilos para hacerse el traje florido que anhela. Ojalá inaugurara el nuevo estadio porque el drama colchonero sería encontrarle sustituto. 
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