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lunes, 15 de marzo de 2021

PARAR, TEMPLAR Y MANDAR

 

Desde aquel célebre: “pues ya ve usted, degenerando, degenerando…”,  con que el Pasmo de Triana, Juan Belmonte, explicaba el ascenso a Gobernador Civil de Huelva del que había sido subalterno suyo Joaquín Miranda, hasta el: “hay gente pa to”, del torero cordobés Rafael el Gallo, cuando le presentaron a Ortega y Gasset como filósofo, el mundo de la tauromaquia con su jerga y gentes han enriquecido el idioma que hablamos seiscientos millones de personas, tanto estética como comprensiva y conceptualmente.

Si su peculiar terminología, entre lo mundano, filosófico y poético, y hasta  lo vivificador y ecologista: “campos enverdinaos”, se adapta por sentido común a lo que entiende el pueblo llano, aunque suene a vulgarote, al intelectual o ilustrado con mayor razón.  

Los equipos sólidos saben a lo que juegan desde el primer minuto y empiezan por parar el empuje inicial de sus rivales. Después, intentan templar la pujanza contraria para adaptar el ritmo, la cadencia y la velocidad del juego a lo que conviene a sus virtudes y cubre carencias, que nadie es perfecto, y finalmente, se imponen mandando sobre el césped. Y en el fútbol manda quien mejor administra los goles a favor y en contra.

En la liga, que es un torneo de regularidad, se corona quien mejor administra sus baches de forma y juego, que son inevitables salvo casos tan escasos como excepcionales en el tiempo. Solo los equipos de época los disimulaban alguna vez. Y en la presente, hasta ahora, “el más en tipo y menos acochinao” es el Atlético de Madrid. Solo le falta lo más caro: cuadrarse de frente bien perfilado y entrar a matar por derecho sin miedo, haciendo la cruz con los brazos, para meter la espada hasta los gavilanes y tocar pelo. O lo que es lo mismo, rematar la faena.

Tiene al Barça tan cerca que pudieran temblarle las piernas, como evidenció ante el Getafe. Solo tuvo oportunidades claras cuando los de Bordalás se acularon en el área por jugar con uno menos, pero los aciertos del portero y defensas contrarios, más indecisiones e imprecisiones y la fortuna en contra, le birlaron dos puntos cruciales. Veremos si los echa de menos en este último cuarto de liga.

Y ya sabemos lo que es el Madrid de siempre, esté bien, mal o regular —partido infumable contra un Elche solo voluntarioso con deslumbre postrero de Benzema—, que es como apunta también ahora: no te puedes fiar ni de su sombra y te hace sentir el vaho en el cogote aunque le saques seis puntos, que solo son dos partidos por aquello del golaveraje particular.

Afortunadamente para los colchoneros, el Atleti como institución alberga pocas dudas y eso tiene mucho que ver con la confianza plenipotenciaria que atesora Simeone. Y el argentino, perseverante en su humildad y pragmatismo, paradigmas personales, haría bien confiando a sus hombres más templados el arreón final de esta temporada. Las prisas, para chorizos y malos toreros.

A falta de sol y moscas, tanto en la calle como en corrales y patios de cuadrillas —ahora redes sociales y chiringuitos varios—, se especula sobre los sorteos de lotes que vienen. Pero poco nuevo bajo el sol. Acaparan el panorama el ya caduco deshoje margaritero de Messi, con la santa encomienda culé al carismático Laporta y el factor favorable de la querencia familiar por Barcelona y el clima mediterráneo; el enésimo chirrío de Cristiano, con amago de pasmoso retorno blanco incluido; los emergentes Mbappé y Haaland, tan manidos ya como las sempiternas figuras de turno de todos los tiempos; los futuros banquillos merengue y blaugrana, con Zidane de don Tancredo privilegiado y Koeman de sobresaliente por aquello de las meritorias alternativas dadas a jóvenes talentosos; el esperado retorno a las gradas o el dinero en juego que motiva innovaciones competitivas o inventos para no perder pastel ni comba.

El fútbol tiene en su realidad poliédrica los resortes básicos para que no deje de interesar y apasionar semana tras semana. Y a veces, hasta emociona. Basta una estética, un gol singularísimo, una jugada excepcional o una parada inverosímil en cualquier categoría para que se conozca inmediatamente en cualquier confín del mundo.

Parar y templar, pero en todo caso, hay que recordar que siempre mandan los goles. Y como le decía un apoderado a su torero sobre la importancia de matar bien, sin esa rúbrica no hay cheque que valga, como tampoco cortijo sin espada.

Que Dios reparta oportunidades, valor y suertes.

lunes, 1 de febrero de 2021

DE RENOVACIONES, DESALMES, RUINAS, FORTALEZAS Y REGALOS

 

La demagogia y el verbo fácil son recursos dialécticos ventajistas para ocultar intenciones o cubrir carencias argumentales. Otra cosa es mentir y una tercera sería hablar por boca de ganso.

En la renovación de Sergio Ramos se está utilizando con profusión todo lo anterior. Que si el club está por encima de sus futbolistas, por señeros que sean; evidente, siempre fue así desde Bernabéu y Di Stéfano y es una bandera institucional de cualquier club que se precie.  Que si el Madrid está mejor gobernado en lo económico que el Barça y no quiere caer en sus errores; tan claro como comparar balances y perspectivas a corto. O que si el ejemplo de la marcha de Cristiano es un precedente valioso; debería serlo, pero no para suponer que el Madrid hizo bien, que es muy discutible, sino para evitar la misma imprevisión y sumarle al descosido de los goles un roto en propia puerta. A veces, la concordia es más fácil de lo que parece si no median choques de soberbias, como fue aquel caso y puede serlo este.

Lo último ha sido la afectada afirmación seudodramática de Pedrerol sobre que el Real Madrid da por perdido al futbolista.  Solo le faltó un pajarito a lo Chaves y Maduro con gafas florentinianas posado en su hombro para escenificar la gansada. Porque este chiringuitero hace años que representa una destacada boca de ganso mediática para reproducir la voz del amo Pérez.

El presidente blanco, en un juego de estrategia negociadora, está lanzando sondas como aviso a navegantes. Pero no es el único. Ramos también lo ha hecho en el pasado e incluso recientemente. Como la filtración de una supuesta oferta del PSG con intenciones, según sus voceros mediáticos, de hacer un equipo campeón incorporando también a Messi.

Ni el Madrid da por perdido a Ramos ni este ha recibido ninguna oferta real desde París, aunque esté maniobrando para poder sentarse a negociar con Pérez guardando algún as en la manga.  Meras estrategias, tan lógicas como legítimas.

Por otra parte, el Madrid sigue arrastrando su desangelo sobre el césped. Es un equipo sin alma o con el pecho hueco. Un aburrimiento de espectáculo sobre una desidia colectiva. Y ese desalme tiene un responsable manifiesto. Zidane, aparte de devaluar el patrimonio deportivo del club aferrándose a su desgastada guardia pretoriana y aburriendo a los jóvenes hasta hacerlos mediocres —Vinicius es tal vez el mejor reflejo—, haría bien en abreviar el trasteo y entrar a matar cuanto antes con su dimisión en ristre; tanta mansedumbre cansa al respetable.  Si un Bernabéu abarrotado fuera el escenario, hace tiempo que hubiera dictado sentencia, aunque el francés ocupe para siempre un lugar merecido en la mejor historia blanca.

Por el Barça tampoco repican campanas a gloria. Al desastre global que dejó Bartomeu se suma ahora el navajeo entre candidatos y hasta las discrepancias con su Gestora. Tusquets es quien mejor conoce la realidad blaugrana y maniobra para evitar la quiebra. Por eso no debe extrañar la filtración del contrato de Messi. Como ningún aspirante se atreve a afrontar la realidad de tan inasumibles cifras en el contexto actual, les ha puesto frente a la contradicción entre la incontestable ruina y su bienqueda forofista. Messi será historia en junio y cuanto antes lo interioricen todos mejor. Ni él quiere quedarse chapoteando en penurias ni ellos pueden soslayarlas ni tienen argumentos palpables para convencerlo. ¡Adéu, nen!  

La fortaleza Simeone sigue inexpugnable. El Atlético es el clásico equipo que sabe a lo que juega con fe en sus posibilidades sin cambiar el guion aunque varíen los actores. Sale a ganar siempre con la misma seguridad, apuntando a los cien puntos.  

Decíamos hace meses, cuando pareció flojear, que si mediara un delantero eficaz de los que ha lucido en la luenga y fructífera etapa del argentino enlutado estaríamos ante un equipo campeón. Y con el tiempo lo ha encontrado en Suárez. Y es que, a pesar de su visible cojera, el uruguayo lleva catorce goles recién empezada la segunda vuelta. Una cifra importante para un goleador de raza. Y sin ninguna duda, de seguir así el generoso regalo del Barça, el Atlético ganará la Liga; otra cosa será la más exigente Champions.

Los obsequios de Bartomeu hacen felices al fútbol madrileño. El año pasado echando a Valverde, para gozo del Madrid, y Simeone debería encargar un camión de flores para enviárselo a tan excelsa lumbrera culé.

¡Cuánto disparate!    

martes, 5 de enero de 2021

CUANDO JUEGAN REALIDADES, AZAR Y CONTRADICCIONES

 

Contrastables, imponderable y voluntarias, marcan presentes y futuros. Mendoza echó a Antic siendo líder el Real Madrid, regalando la Liga al Barça, y Bartomeu les devolvió el favor, años después, replicando la desventura con Valverde, también en cabeza.

Mala suerte y fortuna varia en base a contradicciones, porque de tener otros presidentes, tal vez el serbio no hubiera tenido que emigrar al Manzanares para conseguir un doblete con el Atleti de Gil y los blaugranas no hubieran regalado la Liga pasada al Madrid de Zidane. Aunque este fortuito blanco también ha afectado a otros personajes como Florentino Pérez y Pochettino, y hasta a Tuchel, al PSG y a su jeque.   

El presidente blanco sabe que el ciclo de Zidane se alarga demasiado. Tanto como su luenga sombra sobre el grupo de jugadores que lo encumbró. El francés gestionó bien egos y calidades para hacer un equipo campeón, pero fuera de ese enorme éxito le sobrepasa la nueva estrategia de su presidente. Apostar por la renovación no le distingue y exprimirá hasta el final a sus veteranos, que le responden admirablemente desde un sentido de la lealtad encomiable. En todo caso, es irreal un Madrid perseverante contra grandes y pequeños. Los blancos no son fiables por mucho que hasta ahora le hayan respondido a su técnico en momentos clave. Y él es consciente.

También sabe el tricampeón consecutivo de Europa que su baranda no le va a traer vacas sagradas de otros lares para ir sustituyendo sus desgastadas piezas. Lo de Pogba fue un ejemplo, que ha reforzado la tesis presidencial con el gatillazo Hazard. Pérez tiene otros planes, por eso quería a Pochettino, un técnico al que sí le agrada la sangre joven. Y eso también lo sabe el francés.

La contradicción del presidente blanco es que para cumplir su hoja de ruta debe prescindir de su mejor fichaje, tanto de futbolista como de entrenador. Pero, infiel a su personalidad, no forzará directamente el cese de su talismán, como hubiera hecho con cualquier otro; dejará que él mismo tome la decisión en un ejercicio de noble prudencia. Pérez debe mucho a Zidane. Tanto como seguramente continuar de un modo incontestable en el palmito. Así, una pareja de éxito viven vidas paralelas, cada cual a lo suyo, e irán hasta el final en su desencuentro. Sus caracteres no son bizcochables. Eso sí, desde el respeto mutuo que se profesan.

Aventuro que Zidane, ocurra lo que ocurra esta temporada, que a pesar de las apariencias no pinta bien; dirá adiós elegantemente en junio y Pérez le rendirá justos honores de figura señera del madridismo. Aunque muchos futboleros, madridistas y no, etiquetan de técnico mediore al gabacho, cuando pase el tiempo, se recordará su entente como la segunda época grande del Real tras la de Bernabéu y Di Stéfano; hitos relevantes del fútbol español.

Igual que lo está siendo la apasionante realidad de Simeone en el Atlético. Tanto que ya se equipara a Luis Aragonés en el santuario colchonero. El argentino será otro hito grande del fútbol patrio, hasta el punto de que su estancia en el Atlético marcará un antes y un después. Esta temporada puede ser la que rompa definitivamente los moldes rojiblancos. Lástima que no pueda contar con alguno de los grandes delanteros que han jalonado su etapa: un Griezmann, un Falcao o un Costa en plena forma. Con alguien así, el Atleti actual no solo apuntaría a la Liga sino también a la Champions; los goles hacen mejor a todos.  

El azar también jugó con Lopetegui a favor del Sevilla. Su salida desquiciante del Madrid, tras su inapropiada llegada desde la Selección, propició que el mejor director deportivo español, Monchi, lo llevara a contracorriente a Nervión. Si tienen paciencia y le nutren de gol puede llevar a los sevillistas a cotas desconocidas en su palmarés. Ganas de reivindicarse y argumentos técnicos tiene.

El reverso de tan hermosa realidad es el contradictorio Valencia. Es increíble que un empresario como Lim destruya en tan poco tiempo lo que apuntaba a grandeza. Parece que le hubiera molestado el éxito. Y ese suicidio económico es algo impropio de quien debería mirar el rendimiento de sus inversiones. Suena a que, aburrido, la finalidad es recuperar su dinero acabando de desmantelar la plantilla y después venderlo para obtener alguna plusvalía.

Azar, contradicciones y realidades en una actividad, el fútbol, que solo se parece a una empresa en la necesidad de manejar personas y números.   

 

lunes, 14 de diciembre de 2020

DE LAS ·AMOTOS" DE MESSI AL REAL ZIDANE

 


Cuando deseamos elaborar tesis al gusto propio o no queremos confesar intenciones inadecuadas, perversas o de mal encaje, somos dados a vender “amotos”, “veciletas” y burras viejas.

A Tusquets, gestor circunstancial del Barça, lo critican por decir que económicamente hubiera sido bueno vender a Messi. Una verdad catedralicia que solo ignoran quienes piensan que el fútbol es un espectáculo grandioso para disfrutar pagándolo otros. Justificamos aquel irredento de la tierra para quien la trabaja, pero no sabemos conjugar que el fútbol profesional debería ser para quien lo pague.

Y el futuro próximo tampoco es alentador. Aún no ha reconocido ningún aspirante a presidir el Barça esa verdad palmaria. Dicen que hablarán con él para convencerlo, forofismo y bien queda obliga, pero no miran al frente para decir que el Barça es antes que nadie y que el futuro aguarda con o sin Messi.

Tal vez sería suicida reconocer que su etapa blaugrana ya es historia, pero ante una época tan crucial para el devenir culé se necesitan personas con enjundia y coraje. Decir la verdad a sus aficionados sería valeroso, honesto e inteligente si se hacen las cosas bien. El fiasco del Madrid con Cristiano por no reemplazarlo con garantías debería ilustrarles.

El primer fracaso del elegido y la primera decepción de los barcelonistas será no lograr retener a Messi. No hay dinero ni los que vienen lo aportarán ni están en disposición de hacerle el equipo que exige para reverdecer laureles, aparte de que él mismo desconectó hace meses. Hasta la mala gestión de las próximas elecciones empuja. Cuando la nueva directiva aterrice, a finales de enero, la suerte estará echada.      

Y el Zidane Campeador, que decíamos hace meses, cabalga de nuevo. Ha bastado que la sombra de su abandono se proyectara sobre sus futbolistas de cabecera para renovar bríos y voluntades. Huir de posibles buitres ha sido mano de santo.

Hace días enfilaba el Madrid cuatro finales y las ha salvado con sobresaliente. En Sevilla empezó el martirio, con un partido mediocre, y contra el Atlético alcanzó la santidad con un partidazo para enmarcar. Gloria que se atisbó en Milán y cuajó en el Di Stéfano ante el Monchengladbach.  Espectáculo grandioso para deleite del madridismo y de los amantes del buen fútbol. Ese fútbol que solo atesoran los privilegiados de cualquier tiempo.

El pasillo de seguridad de Zidane, que diría Luis Aragonés: Courtois, Ramos, Casemiro y Benzema lució galas contra los de Simeone, magníficamente secundados por los artistas Kroos y Modric y los subalternos de lujo Carvajal, Lucas Vázquez, Varane y Mendy y un esforzado Vinicius, al que se le nota demasiado el ninguneo al que le tienen sometido los franceses de la escuadra blanca; no le pasan balones francos. Una pena, porque el brasileño se limita a recibir y entregar fácil en vez de insistir en su virtud: desborde y regate vertical a riesgo de perder balones; reivindicar a la desesperada el churro de Sevilla lo retrata.

No obstante, insisto en que ni el Atlético tiene la Liga en la mano, y no por perder el sábado, que entraba en una normalidad histórica y tampoco menoscaba su excelente momento, en cuya continuidad serán fundamentales la motivación e inteligencia emocional de Simeone; ni el Madrid ha ganado nada todavía. Es más, creo que a los blancos les aguarda una temporada difícil porque es improbable que los de Zidane puedan continuar el ritmo de los últimos partidos inmensos. Si así fuera, que ojalá, el fútbol habría recuperado la mejor versión de un Real Madrid que ya está en la historia.

Las “amotos” sobre los blancos vendrán de tesis oportunistas, como que Simeone se ofuscó —una simple circunstancia parcial—, buscando explicación a su última metamorfosis. Y la realidad es más sencilla. Sus figuras se motivan contra los grandes y la sombra carroñera sobre su líder es revulsivo potente; no ha sido uno, sino cuatro partidos seguidos. El problema es que luego tocan los equipos menores en la Liga y los verdaderamente grandes en Europa, aparte de que las piernas de las figuras blancas no dan para aguantar veinte o treinta partidos al nivel de la excelencia alcanzada; al técnico francés se le agotan los prodigios.

Así, el Barça y el Madrid están en las previas de unas renovaciones sangrantes. La era post Messi y la post Zidane. Tiempo para valientes.

El nuevo presidente culé y Florentino Pérez deberán encajar bolillos para que continúe el espectáculo.

El fútbol competitivo, como el agua, no pide escrituras cuando se desborda. Es el amo y el futuro ni se apiada ni espera a nadie.        

lunes, 7 de diciembre de 2020

LA DIFICULTAD DE LO SENCILLO

 

En un seminario de economía para periodistas, decía un eminente profesor que cuando no se entendía cualquier información económica era porque el primero que no la entiende es el firmante. Y esto es aplicable a todo.

Quienes realmente saben tienen más fácil explicar con sencillez.  Y luego están los majaderos que aparentan saber, aquellos otros carentes de generosidad para compartir conocimientos y quienes se dan importancia haciendo complicado entenderlos; vean todos esos anglicismos para definir cualquier cosa.

El fútbol no es una excepción. Johan Cruyff afirmaba que jugar al fútbol era sencillo, pero que jugar un fútbol sencillo era difícil. Y lo explicaba: si en un rondo juegas a un toque, muy bien, si lo haces con dos, bien, y si necesitas tres, mal asunto. Y Di Stéfano, también tan inteligente como futbolista excepcional, exhortaba a sus compañeros a bajar el balón al prado porque se juega con los pies y a ganar marcando goles en la portería del arquero que menos conocieran. Me gusta la escuela holandesa de fútbol por su apuesta juvenil. Además, saben explicar con sencillez sus conceptos; Cruyff era un ejemplo. Y me aburre la argentina por su retórica y disparates; pretenden hacer ciencia o guerra de un simple juego; don Alfredo era excepción.

En España, lo más parecido a los holandeses es la escuela bilbaína y ahora la donostiarra, aunque por diferentes motivos, pero hubo un tiempo en que los gurús sudamericanos que nos invadían hicieron escuela, para nuestra desgracia —también sucede en esa ristra infame de falsarios que adocenan con sus supuestas guías de auto ayuda—, y proliferaron los españolitos pretendiendo emular las gilipolleces de aquellos con teorías bíblicas sobre fútbol, tanto entrenadores como periodistas. Lo pretencioso de llamarle gol de estrategia a un buen remate en el segundo palo en un córner, como se ha hecho siempre sin tanto estudio, y a veces a uno de rebote en cualquier jugada a balón parado, son exponentes de lo que expongo. Cuestión diferente es ensayar jugadas de cierta complejidad.

Igual en las crónicas. Si un equipo gana, aunque sea por la mínima o con la suerte como aliada, cualquier decisión que haya tomado su entrenador será elevada en la mayoría de los casos a categoría de sapiencia futbolística y, por el contrario, si ha perdido, será sacrificado en el altar de la supuesta sabiduría de quien lo enjuicia; incapacidad manifiesta de quienes deberían analizar el bosque y no solo el árbol más cercano que les cobija.

Yendo a la actualidad, la base del Real de Zidane es un equipo con años de más y hartazgo por estómagos llenos. El propio técnico está sobrepasado por el fundamento de sus éxitos: eficiente gestión de egos y creación de buen ambiente, que es piedra angular para un tiempo. Pero cuando hay que renovarse o reinventar hace falta una imaginación de la que carece; él mismo no ha sabido sustraerse de sus rutinas. Resultado: reo de su gente, juego previsible, desprecio a futbolistas jóvenes que triunfan en otros clubes —solo pone y a regañadientes a los que fichó su jefe—, equipo fulero y aburrimiento.  Otra cosa es que gane de chiripa en Sevilla en un partido para olvidar o que pierda por mala suerte en cualquier sitio jugando mejor, como en Kiev.

El Barça zozobra en una doble crisis. El desastre institucional y Messi despidiéndose. Ahora faltan dirigentes que sepan afrontar el duelo y organicen el caos.

Y el Atlético sigue creciendo baja la batuta del incontestable Simeone, apercibido a tiempo de que la garra es solo un complemento de la calidad y capaz de reinventar futbolistas y reinventarse; ¡chapeau!

Decíamos que en el Madrid mandaba Florentino, en el Barça Messi y Simeone en el Atlético. Pues bien, el presidente dedica sus meninges al nuevo estadio y a la economía, donde mejor se mueve, mientras aguarda la digna dimisión de su talismán; sabe que el tiempo de Zidane agoniza. El faro del Barça ya no piensa en blaugrana. Y por el Wanda tuvieron la virtud de la paciencia hasta la reconversión del Cholo. La clasificación aclara dudas.

Otra moda hueca es sacar siempre el balón jugado desde el portero; el guardiolismo elevado también a ciencia estéril.

Donde hay que perfilarse bien es al matar, como en los toros. Toque preciso y veloz cerca del área contraria y fuera cuentos tikitakeros. Eso ya es viejo.

El gol es la única verdad, y la rapidez y verticalidad su credo.

martes, 10 de noviembre de 2020

DOBLES PAREJAS PARA LA HISTORIA

 


Ojalá reiniciáramos la vida cada semana; renovaríamos ilusiones a menudo. O que nuestra memoria fuera corta; los buenos recuerdos nos moldearían de sonrisas. O que renaciéramos con cualquier chispazo de genio, acierto o suerte. Y que cualquier adversidad se midiera en horas; disfrutaríamos oportunidades continuas. O que una simple clasificación nos calibrara instantáneamente. Pero no es así. Esa es la cara de la vida aparente y del fútbol simplón. Nada importante se cuece en la vida ni en nuestro apasionante juego sin constancia y sacrificio. Son el combustible de su fuego. Y su cerilla, la suerte.

El Barça sigue de duelo, pero esta semana ha vestido a los blaugranas de fiesta. Han bastado una victoria pírrica en Europa y una goleada en la Liga para levantar expectativas. A Messi le han servido cuarenta y cinco minutos excelsos contra el Betis para volver a encabezar el podio del mundo. Y no importan el carnet de identidad, que arrastre al paso su tristeza circunstancial por el césped, que haya demorado un gol en jugada o que se le note en la mirada, como a los grandes toreros en su primera huida, que ande despidiéndose de los culés en cada partido.

Y claro que sigue siendo el número uno. Pero no porque el sábado sonriera o luciera destellos geniales, como el pase de gol a Griezmann sin tocar el balón. Messi es el mejor porque nunca ha dejado de serlo. Como tampoco se le ha olvidado al francés jugar al fútbol, aunque no tenga la fortuna de golear. Un ejemplo, si se fijan, en cada partido ejecuta ocho o diez desmarques en profundidad que no son capaces de ver sus compañeros o no arriesgan un pase. Lástima que ya no estén Xavi ni Iniesta; pregunten al propio Messi cuánto les debe. Es la otra figura de esta pareja condal y el único que podría hacerlo ahora, pero normalmente juegan de espaldas. Y, además, comparten vocación de juego y de protagonismo. Precisamente, cuando Messi no esté lucirá el Griezmann de la Real y del Atleti. Si lo aguantan y no viene ningún listo para echarlo, deberán buscarlo sus compañeros porque nadie tiene más gol en el Barça y pocos en el mundo.

Y la otra pareja del fútbol patrio anida en Madrid. Simeone barruntaba crespones negros hace semanas, pero como el carro parece que dejó las piedras y rueda sobre el majestuoso juego de Joao Félix, a quien como anticipamos hace tiempo solo le faltaba continuidad y confianza, vuelve a encender las luces rojiblancas y a sus ojos amanece una aspiración a todo. Pero la realidad no tiene raíces tan recientes. El cambio del Atlético, como cualquier obra importante, empezó a cimentarse hace años. Los que median desde que dejó de ser un club vendedor de figuras a conservador de calidad y comprador de talento, empezando por el propio Simeone —uno de los entrenadores mejor pagados del mundo— y terminando por la joven estrella portuguesa. Si a ello le unimos que ha convencido a Gil Marín, porque sus resultados lo avalan, de que con el antiguo fútbol de guerrillas y de vuelta a empezar proyectos distintos cada temporada no iban a terminar con el recurrente “pupas”, hallaremos las claves que explican su realidad: juego sedoso en ataque sin descuidar la irrenunciable reciedumbre atrás. Así lo han convertido en vistoso y le dotan de la vitola de campeón en ciernes. La reconversión del Llorente peleón en el medio campo a media punta virtuoso es, tal vez, lo que mejor define el nuevo paradigma colchonero.

La otra figura de esta pareja madrileña es Zidane, que sigue en su montaña rusa. Tener que crear diez ocasiones de gol para marcar uno es sinónimo de mediocridad. Que sus defensores deban levantar partidos lo demuestra. A veces, resulta que el gabacho es un resucitador o un resucitado; suertudo para muchos o inepto para algunos, pero es más sencillo. Aunque yerre, es el mejor entrenador del mundo para un Madrid en transición por ayuno de gol desde la marcha de Cristiano. A ningún otro le aguantarían lo que su figura protege, empezando por el propio emperador del todavía Bernabéu: el inmarcesible Florentino Pérez. También lo tiene ganado a pulso.

Lo aparente cambia pronto, como en la vida, pero lo auténtico es menos liviano. El Griezmann añorado no puede ser con Messi y los actuales Atlético y Real no serían sin Simeone ni Zidane.

Cruz y cara de dobles parejas para la historia.

martes, 23 de junio de 2020

SIMEONE EJEMPLAR



Al margen de sus cualidades como técnico, basadas en lo que fue como futbolista: garra, corazón, empuje y juego pardo, ejemplifica imaginativa y filosóficamente las cualidades de un líder indiscutible. Ha hecho del Atlético todo un laboratorio de ideas, además de una fábrica de excelentes jugadores, y va camino de convertirse en el entrenador más longevo del fútbol español.

¿Su receta? Una idea clara: pulir hasta dar brillo a lo que siempre distinguió al Atlético, por eso ha mimetizado su figura con los valores colchoneros de siempre —hasta en la desgracia de las finales de Champions—; dibujar con lo que puede un equipo tan singular como definido e inconfundible, dirigir con perseverancia, ortodoxia exclusiva en el tipo de futbolista que solicita porque le agrada, y si no, lo imagina en cualquier otro hasta que lo reinventa; y unas características visibles de notable éxito que le han propiciado manejar el timón en solitario, solo rodeado de un cuerpo técnico fiel a su imagen y semejanza, sin injerencias directivas tan al uso en el antiguo Atlético Aviación o en el contemporáneo Atleti de los Gil. 

Si hubo un controvertido antes y después en el Atlético de Madrid desde Jesús Gil, lo mismo, pero con escasas sombras, se dirá en el futuro de Simeone. Cogió el equipo hace diez temporadas en medio de una de sus recurrentes crisis y ha logrado devolverlo al sitio que le corresponde por historia y categoría. En el camino y el olvido, de club vendedor de figuras: Torres, Agüero, Falcao, Courtois, De Gea o el mismo Costa, como antaño  Hugo Sánchez, a fichar a la promesa del fútbol portugués, Joäo Félix, por ciento veinticinco millones de euro. Mención aparte el lunar de Griezmann, a quien el Cholo otorgó el papel de figura a plena satisfacción tras ficharlo de la Real con vitola de futurible y le salió traidor, aunque ha sido el futbolista que más dinero ha dejado a los colchoneros.

El francés, en todo caso, jamás disfrutará en ningún club, y menos en el Barça, del liderazgo que alcanzó con Simeone; una especie de maldición que persigue a los ex atléticos si exceptuamos en el tiempo a Hugo Sánchez y al Kun Agüero.

Y hay otra peculiaridad en el haber del argentino, que tiene mucho que ver con su eterno rival madrileño. Los jugadores colchoneros cruzaban la ciudad para vestir de blanco y subir de categoría, y solo lo hacían al contrario cuando no cuajaban por Chamartín en busca de una segunda oportunidad o como plácida retirada. Sin embargo, gracias al instinto del enlutado argentino, los exjugadores blancos buscan en el Atleti un trampolín hacia el estrellato: a un extremo como Juanfran lo reinventó como lateral hasta hacerlo internacional con España, camino que inicia ahora un sorpresivo Marcos Llorente al que ha reseteado para que siga esa misma senda pasándolo de medio centro a segundo punta. Si cuaja, y tiene todos los números, es probable que Simeone haya descubierto una figura que une a su portentoso físico, elasticidad y pulmones, una capacidad goleadora y de ruptura de defensas cerradas que puede marcar época en el fútbol.

En tal caso, y si le sonriera la fortuna a nivel europeo, Simeone pasaría de referente atlético a gurú mundial, al nivel de otros descubridores de talento: Rinus Michels y el fútbol total del Ajax de Cruyff, Sacci y los holandeses del Milán, rememorando a los anteriores y rompiendo el tópico del catenaccio; Rexach y el niño Messi, Valdano y Raúl, Guardiola y el Barça coral de Xavi, Iniesta y Messi; Luis Aragonés y la España de los bajitos o Zagallo y aquel Brasil de ensueño de Pelé en Méjico en el setenta, que había iniciado el polémico Saldanha.

Alguien dirá que exagero, pero de cuajar la explosiva mezcla que inició Simeone hace dos temporadas: garra, talento, agresividad y buen juego, y algo así vimos el otro día en Pamplona como antes de la pandemia en Liverpool, con baño incluido al todavía campeón de Europa de Klopp que tantos elogios acaparó la temporada pasada, y si la imprescindible suerte acompaña, el Atlético de Madrid no solo habría superado su maldición bíblica de pupas sino que haría escuela en el fútbol mundial. 

Una golondrina no hace verano, pero Llorente, con una legendaria genealogía madridista, puede ser el símbolo que sume Simeone a su filosófico partido a partido que tanta fortuna ha hecho en el imaginario popular para cualquier cosa.

¡Qué grande es la imaginación!       

martes, 3 de septiembre de 2019

COMANDANTES SIMEONE, MONCHI Y ALEMANY



Cada uno desde su versión, estos tres hombres manejan con acierto sus desempeños. El técnico atlético reinventando año tras año su equipo por la peculiaridad de un equipo que no acaba de encontrar su lugar entre los muy grandes, seguramente más por mal fario y tradición que por desméritos. El director deportivo sevillista rehaciendo plantillas en sentido tan amplio como rentable en un club cuya afición confía ciegamente en él; estatus ganado a pulso. Y el director general, ahora valencianista, imponiendo su criterio futbolístico a directivos paniaguados e inversores de fortuna.
 
El Atlético pinta bien, más allá del repaso que le dio al Madrid en pretemporada, que es más cierto incluir esta etapa preparatoria en tal categoría que en trofeos con menos sentido que importancia. Otra cosa serán los primeros resultados, pero tiene mucho mérito reconstruir esperanzadoramente la columna vertebral que ha sido santo y seña de los colchoneros varias temporadas seguidas exitosas. Imaginemos que al Madrid o al Barça, o a cualquiera de los grandes de Europa, se les hubieran ido de golpe cinco de sus once jugadores básicos.

 El Madrid aún llora la falta de Cristiano y el Barça anda gastando dinerales sin tino para suplir la de Neymar. Sería tal el desaguisado, si se les hubieran ido cuatro más, que tardarían años en volver a su nivel anterior. Sin embargo, parece que los jugadores que han llegado al Atlético este verano suplen con suficiencia a los perdidos; ya veremos en el liderazgo. Eso es buena gestión deportiva, con criterio, trabajo y oportunidad, con Simeone de primera estrella.  Quizás la diferencia sea que por el Metropolitano hay gestores futbolísticos con responsabilidad y mando, con un presidente en la sombra que aprendió de los desmanes paternos y lleva las riendas con discreción y firmeza, Miguel Ángel Gil Marín, mientras que por el Bernabéu y el Nou Camp cabalgan desbocados otros corceles que responden a motivaciones extradeportivas, además de jugar con dinero ajeno. Uno de los principios de un manual de gestión empresarial de éxito: En busca de la excelencia, era aquello tan viejo de zapatero a tus zapatos. Traducido al fútbol, sería que los hombres del fútbol al fútbol y los dirigentes a la representación, a la estrategia y decisiones institucionales y a las finanzas.

Otro tanto podríamos decir de Monchi y el Sevilla. Ningún club español ha ganado más dinero con sus fichajes que los de Nervión. Ni del mundo. Esto es, fichar jugadores baratos, hacerles jugar y venderlos ventajosamente, a veces como de lotería gorda, manteniendo el nivel competitivo de sus mejores años. Lo difícil sería entender cómo el ex portero gaditano sevillista no está ya en un grande español con mando en plaza, si no fuera por lo dicho anteriormente sobre los estrafalarios corceles que campan por sus despachos. A su lado no cabría un personaje como Monchi que exige responsabilidad y atribuciones plenas. Y ha terminado mal por celos ajenos con otro tipo que deseaba emular a los mandamases culé y blanco. Del Nido, su primer presidente en el Sevilla, también tenía ínfulas de emperador, pero acabó como acabó por excesiva ambición sin la suficiente economía detrás, siendo brillante en su profesión jurídica originaria y en su presidencia sevillista; dejémoslo ahí.

Y llegamos al Valencia de Peter Lim y Alemany —al presidente de turno no lo conoce nadie—.  El asiático tuvo el acierto de confiar al mallorquín el mando deportivo del club y no le ha ido mal. Confeccionar plantillas como la de estos dos años y confiar plenamente en Marcelino tuvo el colofón de clasificarse para Champions y ganar la Copa del Rey. Ya quisieran repetir cada temporada. Pero como ocurre cuando median mediocres entre el dueño y el gestor, quieren ser grandes y se alzan sobre peanas falsas para descollar ante los que de verdad son alguien. Alzas que demasiadas veces se nutren de insidias, celos, y maledicencias en el oído del amo para medrar, y acaban por distorsionar la realidad hasta hacerla irrespirable. Veremos lo que dura la paz a las orillas del Turia, pero mientras confíen en Alemany el club tiene una oportunidad para asentarse definitivamente en el lugar que le corresponde: uno de los cinco o seis grandes de España. Haber sido cocinero antes que fraile en el Mallorca, con gestiones ejecutiva y presidencial más que buenas, le ha servido para conocer la aguja de marear futbolera.

Aparte de la suerte, que también juega, cada mochuelo a su olivo.
        


martes, 28 de mayo de 2019

MESSI, SIMEONE Y FLORENTINO, Y DON MARCELINO



Ganar la Liga con Messi sabe a poco en Barcelona; la rutina del éxito aburre y ciega a los desmemoriados. El fracaso, más que de temporada es de soberbia desmedida porque los dobletes y tripletes forman parte inusual de su esencia reciente. Aunque se cuente con el mejor del mundo, tales multiéxitos nunca fueron normales. Antes, tres dobletes del Madrid de Di Stéfano, dos del Barça de Kubala y uno del Atletic de Clemente, aparte de otros tres en las catacumbas del fútbol español, y pare usted de contar. Es el momento de caer del burro y pensar que lo conseguido por Guardiola fue un hito tan difícil de igualar como repetir las gestas menores de Luis Enrique y del propio Valverde el año pasado. Un poco de humildad sería mano de santo.

Con efectos parecidos, los atléticos viven solo un estado insatisfecho de ambición por su reconocida capacidad de sufrimiento, con el agravante de que ha hecho mella en un vestuario del autor Simeone y paradójicamente ahora huyen del invento en busca de no se sabe bien qué. Años de ilusión reivindicando el lugar que le corresponde en el panorama nacional y europeo han aparejado un vacío en forma de escasez de títulos en el ánimo colchonero, que curiosamente se corresponde con su historia; por algo es el Pupas. Es probable que ni Godín ni Filipe ni el mismo Griezmann lleguen más lejos en ningún club, por mucho que el francés haya sido campeón del mundo con su selección. A estos les recomendaría agradecimiento de bien nacidos.

El Madrid de Florentino hoya la fosa abismal de un fracaso multiorgánico por desastres nacionales junto a sus recientísimos éxitos europeos. Pero han de pensar que las cuatro Champions en cinco años son títulos de autor, o autores, si sumamos a los reiterados goles de Cristiano el de Ramos al Atleti en Lisboa. Esos triunfos no fueron producto del buen juego colectivo ni de una planificación acertada de sus plantillas, bases de un campeonato de regularidad como la liga, aunque uno o dos jugadores tampoco basten.  A los merengues, realismo, inteligencia y sosiego.

Y llegamos al Valencia de Marcelino, que ya es don para la afición che, en una temporada donde pidieron su cabeza en la primera vuelta. Así es el fútbol. Y quizás lo viva pronto el nervudo asturiano en un equipo que para su gloria también es de autor. En estos equipos, como el Betis o el Sevilla, la importancia momentánea estelar de algunos jugadores quita y pone dones. El temporadón de Parejo y Rodrigo en el Valencia se contrapone con el también canterano madridista Jesé en el Betis, que si llega a enchufar la mitad de goles cantados que tuvo en sus últimos partidos, Setién sería igualmente don Quique en el Villamarín. Una lástima, porque el cántabro hace jugar más que bien a sus jugadores. En las Palmas y en Sevilla se recordará mucho tiempo el fútbol sedoso de sus equipos. Marcelino y Setién tienen visiones distintas del juego, ambas muy válidas, pero en clubes de segundo nivel dependen demasiado de la casuística de sus pocas cuasi estrellas. Parejo y Rodrigo representan el éxito de un técnico, como lo podían haber sido Canales y Lo Celso en un Betis donde  Jesé rubrica el fracaso de otro. Y como consecuencia, los dos primeros son ahora mismo de lo mejor del fútbol español, los interiores verdiblancos estarán poniendo velas a sus devociones por un nuevo técnico que los entienda y el canario vuelve al PSG peor que salió. Este deporte, como la vida de los entrenadores, es así de azaroso.

Por tanto, a los tenores longevos de los tres grandes: Messi, Florentino y Simeone, se une ahora un barítono que quizás sea tan efímero como histórico en el cuarto equipo español. Aquellos, desde el césped, el despacho y el banquillo son los emblemas del presente siglo de sus clubes, pero a orillas del Turia reina una añeja e irascible afición —su emblema— que devora desmedidamente entrenadores. Cooper, Benítez, Ranieri y Emery, por citar recientes, como antaño también Di Stéfano, deberían ser espejos para Don Marcelino, que puede pasar a villano en meses. Su recuerdo debería susurrarle aquello de “sic transit gloria mundi” que tan oportunamente le decía el esclavo al emperador de turno en la vieja Roma mientras le sujetaba el laurel por detrás en su victoriosa cuádriga.

La gloria es apenas un suspiro en clubes acomplejados de superioridad.               

miércoles, 22 de mayo de 2019

MUSTIA EL ALMA, AÑOS DE GARBILLO



Así están nuestros tres grandes, con sus diferentes penas y calvarios. El Barcelona por un frustrante complejo tras ocho ligas en once años, producto depresivo de los recientes éxitos europeos del Real; el Madrid por un año ruinoso vía desvaríos presidenciales tras la marcha de su laureado técnico y del máximo goleador histórico blanco, con origen en la soberbia irremediable de Pérez;  y el Atleti abocado a una desconcertante desbandada tras otra temporada en barbecho, con el mayor presupuesto de su historia.  Sus aficiones anidan resabios, sus gerifaltes cavilan remedios de botica cuando no de brujería, y Valverde, Zidane y Simeone se aculan en sillas carcomidas. El garbillo luce brillos de torvas navajas de luna.

El Barça olvidó su identidad para jugar a rebufo de su  máxima estrella. Guardiola intuyó lo inevitable, tras crear un afortunadísimo monstruo con el prometedor Messi y hacer el mejor equipo de la historia culé, y cogió el olivo rebosante de títulos y records. Luis Enrique se adaptó a las exigencias ‘messiánicas’ tras unos inicios convulsos desde su idea de dirigir al antaño Barça coral. Y Valverde aterrizó para administrar el equipo a las órdenes del mejor del mundo, olvidada ya la Masía y el rutilante estilo ‘cruyffista’. Ahora toca barajar de nuevo. Llegarán De Jong, Griezmann y otros para hacerle el juego más cómodo a don Lionel —¡qué gran gesto de dignidad personalísima tras recoger un galardón en la Generalidad!— y se irán unos cuantos con el infortunado Coutinho a la cabeza. E incluso ejemplarizarán en Busquets la última patada a la hermosa idea de fútbol que los encumbró y quedarán leñadores tipo Vidal para que no reconozca al Barça ni la madre que lo parió, que diría  Guerra. Lo peor será cuando pasen las cuatro siestas del astro, por ley de vida, y haya que refundar al equipo desde la oscuridad. Entonces precisarán un presidente y un técnico con madera de líderes que aún no se atisban. Y no falta mucho para tan inhóspita travesía.

Así navega ahora el Madrid las aguas huérfanas de goles del mismo jugador nueve años seguidos, al margen del caracolillo que acumulan en su añoso casco la otra media docena de futbolistas básicos en el último quinquenio triunfal; demasiada rémora. Zidane debe reinventar un equipo gastado y no parece un buen principio prescindir de Keylor, siempre una garantía de titular o suplente, para colocar a su hijo; otra explicación no tiene tamaño dislate. Podrán venir Rodrygo, Militao, Hazard, Jovic y Mendy, pero la sala de máquinas con Modric y Kroos dando sus últimas boqueás y Casemiro al límite de su progresión, necesita una renovación tan drástica como urgente. Haría falta bastante más que el controvertido Pogba.

Y el Atlético, que también está garbillando, tiene en Simeone su punto fuerte y débil a la vez. Mientras siga habrá esperanza, pero si se marchara también, Gil y Cerezo tendrán que espabilarse. Un técnico tan carismático para los colchoneros tampoco se inventa de hoy a mañana. Tal vez solo un Klopp podría renovar ilusiones porque así lo ha hecho en otro histórico como el Liverpool con jugadores de segundo nivel. Esa es la realidad atlética revalorizada por Simeone, con la consecuencia de vender más y más caro que nunca. Por eso, el multimillonario costo de su nómina es barato. Entrenadores como él, Klopp o Guardiola, a la larga son los verdaderamente rentables.

EL GARBILLO MURCIANO

Aquí, más que rentabilidades garbillamos esturreos y ruina. Y no solo por la impagable deuda que arrastra el Murcia —más bola con cadena y argolla al pie de penado perpetuo que globo, querido Campillo, don Carlos—, sino porque como no sabemos adónde vamos, todos los caminos nos llevan allí.

Herrero, que hizo un papelón, no servía. Cordero, que puso bases para trabajar la cantera, tampoco. Y Algar, con el inmenso acierto de jugar con los de casa y juveniles, también anda enfilado.

¿Camacho, dice usted, para manejar el presupuesto de seiscientos mil euros que sugieren algunos? ¡Qué disparate!, que diría Morga.

Empecemos por la punta con rumbo realista y después pongamos nombres. Y antes de nada, sepamos quién manda aquí y para qué. Anunciar una asamblea para sumarse a pedir responsabilidades a presuntos mangantes, más que orden denota desconcierto, o algo peor. ¿Con su indudable mérito, por qué no se aclaran? Seguramente, porque donde conspiran tantos como opinan, nadie gobierna.

¿Y por cierto, imaginan a Aquino en el Cartagena? Tendría guasa lo del nene.  
           

miércoles, 20 de marzo de 2019

EL ZIDANE CAMPEADOR



Florentino ha vuelto a sacar el conejo Zidane. El mejor argumento que tiene en su chistera, y el penúltimo seguramente, porque con el sargento Mourinho, al que tanteó tras la primera negativa del francés, duraría menos la efímera tregua que suponen. Así se lo dicen sus encuestas, aunque no había mucha diferencia. Un sesenta por ciento contra un cuarenta que apostaban por el chusquero portugués descubren a demasiados madridistas desnortados. Y si no recuperaron la cordura en las buenas, peor en las malas. Esto huele a ocaso imperial.

Zidane es la mejor noticia para el madridismo, aunque será raro que su presencia baste para reanimar al moribundo que representa el fin de una generación legendaria de futbolistas. Ya no hay egos que domar en el Bernabéu, si acaso el de Florentino Pérez, y eso es imposible porque tampoco reconocerá el tiempo difícil que viene. Humildad y paciencia no son virtudes suyas. Ahora le tocará gestionar la transición entre la gloria pasada y el futuro ilusionante con el tenebroso presente sobre su cabeza. Demasiada tela que cortar para alguien tan laureado y glamuroso como inexperto.

Pérez ha tenido que improvisar y eso le ha tumbado la transición tranquila con Löw. Dos meses largos en la nada, con el infausto recuerdo del tiempo de Queiroz y su record de partidos perdidos. En aquel equipo también había estrellas declinantes. El propio Zidane, Ronaldo, Raúl o Beckham. Y poco después entonó también Florentino el mea culpa y se fue por la gatera. Pero el gato escaldado ha hecho lo mejor que ha podido y ojalá le suene la flauta de nuevo. Es difícil, pero debería insistir en su nueva política deportiva convenciendo también a Zidane de que el futuro empieza por Vinicius y similares, amalgamados con veteranos de fuerza. La travesía desértica será larga para las urgencias de este tiempo desmemoriado. Una plantilla campeona no se enjareta en unos meses ni con tres o cuatro fichajes de relumbrón y algunas bajas de postín. Y  menos si el francés se empeñara en reverdecer laureles resucitando muertos. Cuando Zidane cogió el equipo la primera vez tenían reciente una Champions y hambre, y sus futbolistas cuatro años menos. Demasiado tiempo para correr como antaño y con los estómagos llenos.  Bale, Marcelo o Isco, por circunstancias diferentes, han jugado ya sus mejores partidos de blanco. Y Ramos, Kroos y Modric, por buenos que sigan siendo, también. Y otro Cristiano tampoco se inventa de un año para otro ni el auténtico volverá. Fueron la columna vertebral del Madrid campeón que por mucho que se añore ya no puede soportar el empuje de unos jóvenes como los del Ajax, que sin ser la Juventus ni el Barça, y ni siquiera el City ni el Liverpool, le dieron sopas con honda en Ámsterdan y en Madrid.

Cuentan que el Cid tomó Valencia ya cadáver, pero por mucho que campee Zidane, Campeador solo habrá uno. Y haría bien Florentino Pérez en buscar otro conejo para la presidencia porque está viviendo sus últimas lunas blancas. Siempre se arrepentirá de echar antes de tiempo a Cristiano.

Como seguramente las está viviendo también Simeone en el Atlético. Aquello del partido a partido queda demasiado lejos tras su enésimo fracaso europeo. El Cholismo y cuanto supone también ha jugado ya sus mejores partidos rojiblancos. Es difícil volver a reanimar a quien se ha desesperado de tanto ilusionarse, como le ocurre a la afición atlética. Las agonías son desagradables en la vida y en el fútbol, como ocurre en los toros aunque haya entrado a matar hasta los gavilanes el mejor matador.
Cristiano —¡tenía que ser él!—, ha enterrado a unos y otros. A los blancos porque se ha demostrado que él sigue en la cumbre y ellos le deben demasiado a sus goles; casi todo. Y a los colchoneros matándolos con su mejor medicina: el pundonor y la eficacia. Carácter, dedicación, goles y suerte; el fútbol mismo.

EL DUELO MURCIANO

Es tremendo el valor de docenas de murcianistas que mantienen vivo al Real. Un esfuerzo de mucho mérito que hay que reconocer sin ambages, y el de los miles que les siguieron, con cuantos errores hayan cometido sus gestores. Sobre todo en lo deportivo, con bajas suicidas de futbolistas y de un buen técnico, y con desconcertantes desavenencias internas. Pero tan  elogiable es esa realidad como lúgubres los augurios.

Una pena grande. Endeudado hasta la quiebra, sin dinero ni goles, ¿adónde va el Murcia?

Echémonos un pienso.   



lunes, 18 de febrero de 2019

DIETA, PREPARACIÓN FÍSICA, SENSATEZ Y CANGUIS



El fútbol compendia algunos de los conceptos cotidianos del hombre. Y como la condición física es primordial, priman la alimentación y el estado de forma sobre los demás, aparte de la inteligencia, las emociones y los miedos, que conforman el denominador común de toda actividad humana.

El Barça lleva un sexenio llegando a febrero exhausto, por eso solo ha ganado la Champions de 2015, aun contando con Messi, y ha vivido mayormente de las rentas de la primera vuelta y de los errores ajenos para ganar cuatro Ligas en ese tiempo. Por el contrario, el Madrid de Pintus siempre llega fuerte a Marzo aunque flojee antes. De ahí sus sombras nacionales y las luces europeas.

Y Benzema, por seguir ejemplarizando, exhibe ahora su mejor fútbol gracias a una preparación física envidiable basada en una dieta alimenticia singular. La pena es haber desperdiciado nueve años. En esto tiene razón mi amigo Ángel García, futbolero y cartagenero de pro, que insiste en la importancia de los dietistas en el fútbol profesional y define hace años al gabacho madridista como uno de los  tres mejores puntas del mundo.

Pero el fútbol también tiene la imprevisibilidad como esencia. Por esa azarosa razón, el Atlético ganó injustamente en Vallecas, el Barça necesitó de un penalti dudoso para imponerse al Valladolid y el Real palmó merecidamente ante el Gerona del excelente Eusebio en Chamartín —¡qué acierto cambiar de banda al murciano Portu para airear las vergüenzas de Marcelo!— Y en todo caso, también esas cosas del fútbol terminan confirmando la ley física que decíamos la semana pasada de que el agua siempre va a lo hondo: esta Liga será del Barça porque se impuso desde el principio y a pesar de los altibajos está siendo el más regular de los tres tenores. Tras esa jornada, el Madrid&Barça de marzo pierde parte de su interés; aunque ganaran los blancos, los tres partidos que deberían pinchar los azulgranas se antojan demasiados y el Atlético de Simeone tampoco está para asegurar nada.  En fin, queridos forofos merengues y colchoneros, un año más los culés, y ya son demasiados, brindarán en Canaletas: ocho Ligas de las últimas once. Y a llorar al árbol, que dice tan oportunamente mi amigo Jesús Belascoaín, cuando de quejarse de infortunios en deporte se trata. La Liga siempre la ganan los mejores; suertes, árbitros y en este caso VAR incluidos.
Esta semana tenemos más Champions y el Barça de Valverde aguarda el cruce con más esperanza que el Atleti. Los barcelonistas tendrán una eliminatoria asequible ante los franceses de Lyon, salvo imponderables futboleros o petardo, y los madrileños un hueso demasiado duro de roer con los turineses de Allegri y Cristiano. El luso ha sobrepasado la veintena de goles este año y amenaza con repetir los cuarenta que tildaron de fracaso el año pasado los pesebreros florentinistas y los quijotescos españoles y que, sin embargo, tienen encumbrado en Italia al mejor goleador blanco de todos los tiempos. Debe ser por las irracionales emociones, que también son consustanciales al fútbol. En Madrid y en gran parte de España estaban hartos del egocéntrico futbolista después de diez años superando la cuarentena de aciertos, con puntas de sesenta goles, y en Italia envidiaban que jugaran en España los dos mejores del mundo del último decenio. De momento han conseguido al portugués y lo disfrutan.

El canguis o canguelo también es esencia del fútbol. Lo hemos visto en futbolistas brillantes acojonados en momentos decisivos —el propio Messi en  Champions y en Mundiales— y en  técnicos  tirando a sus equipos para atrás  en partidos cumbre —el mismísimo Guardiola en el Bernabéu alguna vez, aunque allí naciera también de su mano el mejor Messi como delantero total, sacándole de la cal de la banda derecha— y en directivos rajados ante decisiones sustanciales.

LOS PERROS DEL TÍO ALEGRÍA

Los hemos traído a colación alguna vez. Esos excelentes canes cazadores del señorón huertano eran muy buenos rastreando, pero cuando  atisbaban la pieza les daba por mear y se les iba.

Los directivos del Murcia deben tener ya a tiro a los Gálvez —son tres meses husmeando en terreno propicio—, pero intuyo que les debe estar temblando el dedo antes de engatillar. Y choca esta sospechosa flaqueza con la determinación mostrada en escardar la plantilla y en otros menesteres. Esperemos que hayan aprendido: cortaron ramas productivas, dejaron palos secos y han tenido impericia en cortar algunas que se cruzaban. Mal asunto, señores.      

  


lunes, 21 de enero de 2019

EL MADRID BIPOLAR Y MÍSTER PÉREZ


El partido contra el Sevilla quitó el sabor amargo que rumiaba el Madrid. Y bastó que los futbolistas jugaran con ganas y en su sitio, acelerando en la segunda parte el juego cansino que arrastraban.

Sin embargo, huérfanos de gol, no debería cegarle a los merengues el  partido contra los de Machín, porque aparte de que los sevillistas hicieron una segunda mitad mediocre, solo una genialidad de Casemiro desatascó lo que iba para empate a cero. Y no deben hacerse demasiadas ilusiones porque el otro de este enero también es el Madrid. Hacía tiempo que no veía a los blancos jugar tan mal como ante la Real, el Betis —aunque ganara— y el Leganés en Copa. Y, además, como un equipo pequeño dejándole la iniciativa al contrario con cinco atrás. Ese Real es un equipo empequeñecido e irreconocible que  no aspira a nada y tampoco labora futuro. Solari cogió un solar y a veces lo empequeñece hasta hacerlo un patio. Poco más o menos el de su baranda Pérez, que se entretiene en él con su nueva estrategia deportiva. Solo le falta cubrir el Bernabéu para que no se le llueva y ser bien recordado.
El ilusionista Vinicius, como símbolo, o Brahim, aún son futbolistas de segunda comparados con Asensio. Los delata la hora de definir. Sin embargo, sin restarle méritos al brasileño, sobre todo el muy meritorio desparpajo en un equipo en crisis, destacan algunos de sus lujos  porque hace imaginar a los aficionados un parque de atracciones mientras que algunos de sus compañeros sugieren un par de horas en la oficina. Puede ser una estrella en cuanto desperdicie menos balones fáciles y haga goles.

Para valorar a los delanteros prometedores que ficha el Madrid basta relativizarlos con jóvenes como Mbappé o Dembélé, que ya son campeones del mundo, golean y juegan de tú a tú con colegas como Messi y Neymar. Esa calidad y definición hay que pedir a quienes aspiren a vestir de blanco.

Por can Barça, Valverde edifica su equipo con paciencia y astucia para ir preparando las sucesiones importantes que se le avecinan, tras sortear muy justito las pasadas. No obstante, Europa medirá su futuro. Y a Simeone no le perdonarán que esta temporada tampoco gane nada. El Atlético ha apostado demasiado y seguirá haciéndolo, con Morata por ejemplo, y Gil Marín y sus socios pueden exigirle resultados a su otrora admirado Cholo; ya veremos cómo acaba. 
  
Volviendo al Madrid, Florentino Pérez asegura a sus propios que si sabe de algo es de fútbol. Y, además, del fútbol grande. Por eso presumía tiempo atrás de fichar a los importantes y dejar lo demás a los técnicos. Y ahora, Pérez, virtuoso converso por su soberbia tozudez, quiere llevarle la contraria al desorbitado mercado que él ayudó a crear como nadie, probando sus conocimientos futboleros con promesas para hacerlas figuras en el Real.  Todo lo contrario de lo que defendió cuando cedía a los jóvenes para que crecieran. Si esos disparatados cambios de criterio se midieran en balance sería aterrador. Como los carísimos errores que cometió con los galácticos tras sus exitosos Figo, Zidane y Ronaldo Nazario. El Madrid funcionó bien en los últimos cinco años gracias a la clase media: Ramos, Alonso, Modric, Casemiro, Varane, Marcelo o Carvajal, cuya gestión la llevaron otros, y al ilustre Cristiano, a quien no quiso tampoco de joven cuando pudo birlárselo al Manchester desde Lisboa.

Finalmente, malmeten por la esquina informada del Bernabéu —yo no lo creo—, asegurando que el propio Pérez susurra a su dócil Solari alineaciones y tácticas en noches de insomnio compartidas telefónicamente. Guarde Dios a los merengues porque sus éxitos iniciales fueron con su despreciado Del Bosque y los últimos con su aborrecido Cristiano. Al míster Pérez le faltarían hervores y al presidente Florentino le sobrarán pañuelos.

EL SOLAR MURCIANO

Así dejaron al Murcia los Gálvez, pero meses después aún no les han exigido responsabilidades. Dicen que falta la contabilidad para probarlo, pero solo se necesita saber los abonos vendidos y demandar adónde fue el dinero. ¿Es que tampoco funcionó la administración concursal?

Una pena por sus esforzados gestores, que también asumen conscientemente el riesgo de dejar otro patio en lo deportivo.  Todavía sueñan algunos por los últimos resultados, pero no reparan en el fútbol del Murcia. Sin juego ni goles, solo queda la esperanza sabia del añorado doctor Ripoll: “si no nos marcan ningún gol, normalmente debemos puntuar”.  Es la triste realidad, amigos.    
       

lunes, 24 de diciembre de 2018

CUENTO NAVIDEÑO



La nieve pesa más que los sueños, con los que a veces imaginamos paraísos. Y rodeado de esos copos blancos que refrescan el alma y endulzan los ojos, rebusco en la alforza de mis recuerdos para despertar un lunes esperanzado.
Isco ha estirado su cuerpo al compás de un alma grande hasta levitar sobre el césped sin que le pese nada.  Juego ágil, de cara, a uno o dos toques, o regate hacia delante y desmarque rápido para recibir y ponérsela sutilmente al compañero en ventaja u hollar la red como si nada.  Entorno los ojos y pienso que Iniesta ha retornado veinteañero y merengón.
Asensio ha logrado pegarse el balón a la bota para conducir con seguridad y peligro directo. Y la antigua rapidez hacia cualquier sitio se ha tornado  productiva. Goles y asistencias inapelables. Gordillo y Michel, aquellos celebrados socios futboleros, se han fundido en un futuro balón de oro.
Bale  ha cambiado cristal por acero y corriendo la banda izquierda rompe cualquier defensa o partido con pases de la muerte y goles. Gento cabalga de nuevo.
Benzema piso más barro y menos moqueta y las enchufa con regularidad. Amancio ha vuelto gabacho.
Un error en la partida de nacimiento de Messi confirma que el argentino tiene diez años menos. Maradona, Kubala y Cruyff vestirán un decenio más la zamarra azulgrana cuan futbolísima trinidad.
El Barcelona entiende que el fútbol es más importante en España y en el mundo que la pajiza generalidad independentista y sus laceros. Los azulgranas recuperan tanta deportividad como nobleza y vuelven a enganchar sin reservas.
Florentino y Cristiano se arrepienten ante la soflama de un antiguo predicador: ¡”arrepentíos, pecadores”!, se piden perdón mutuamente y el luso vuelve a Chamartín en el mercado de invierno. El Madrid gana otra Champions, Pérez iguala a don Santiago y el archigoleador logra su sexto Balón de Oro.
Simeone cambia el percal por la seda y logra enjaretar su anhelado buen juego. El Atlético gana enamorando, logra otro doblete y el joven Gil emula a su padre con un desfile madrileño acolchonado, aunque sin faroles, enanos ni caballo.
Y así continué soñando hasta evaporarme. Despertar fue lo peor. ¿Cómo demonios pueden ocurrir esas cosas? Pero lo malo es que ocurren. No los sueños, sino las realidades. ¿Cómo pueden ser así con las magníficas condiciones que tienen? No quiero reiterarme, así que les dejo a ustedes su calificación; figurillas, soberbias, edades, política, estilos traperos… ¡Qué penas más grandes!

GOLES A UNA CASA CON BALCONES

Tres eran tres y ninguno era bueno. El primero sigue desaparecido, el segundo amaga con absurdos y el tercero vació. A falta de goles en el terreno de juego, goleadas de despropósitos y golfadas en los despachos. Dicen que el extremeño puso algo, que el mejicano nada y que el oriolano se los llevó, hasta ennegrecidos, aunque parece que antes abocó algo.  
Y después han llegado murcianos en bandada para remediar la agonía, pero qué mustios son los duelos en casa del pobre por muchos deudos que tenga. ¡Ay, esa soledad del presidente en el palco!
La afición llora penas entre cánticos y esperanzas desmochadas con pocas migajas en el corazón de esa gran casa con balcones que parece la mal llamada Nueva Condomina, que aparte de estar como el palo de un gallinero ni es condominio ni tiene nada que repartir. ¡Qué mérito tienen esos miles de murcianistas incondicionales! Lo más valioso del Real Murcia, aparte de su centenaria historia. Y a propósito, hay quien se lamenta continua y desabridamente de lo mal que se han hecho históricamente las cosas en el club grana. No reparan en que también hubo grandezas y gente de tanto esfuerzo como valía para que todavía respire. Tal vez debieran preguntarse algunos, antes de lanzar más piedras baldías, qué han hecho ellos por el Murcia. Es peor y más feo no hacer y criticar que equivocarse. A nadie se le ha negado nunca echar una mano.
Por eso, tanto los miembros de la Plataforma como los del Consejo, los peñistas y los accionistas merecen el apoyo del murcianismo en general. La lástima es que afloren desavenencias en este tiempo turbulento.
También sueño con el Murcia en Primera y las cuentas al día. Que es de miles de murcianistas y se gestiona bien. Y con un estadio lleno donde se cantan goles triunfantes. Y con el Cartagena y el UCAM en superior categoría. Se lo ganaron a pulso. No quiero despertar.
Feliz Navidad.  

martes, 4 de septiembre de 2018

OCTUBRE ROJO



El Real de Lopetegui juega muy bien y golea. Ya gustó en la Supercopa de Europa aunque no ganara por desafortunados detalles defensivos, al margen del repaso que le dio el Atlético en la prórroga con un acertado Simeone en ciertos argumentos tácticos.
Parece que el primer título europeo de la temporada genera síndromes contradictorios. El Barça salió trasquilado el año pasado frente al Madrid y, sin embargo, empezó tan enchufado en la Liga que antes de Navidad ya la tenía en el bolsillo. Y este año se repite el comienzo con el perdedor europeo hecho un cohete y el vencedor pasando penurias. El Madrid juega súper engrasado y al Atlético le chirrían las bisagras. Advertimos que los colchoneros no deberían caer en la euforia porque el partido lo perdieron los merengues; Simeone ha podido comprobarlo en cuanto ha empezado a competir. Dos goles a favor y tres en contra en tres partidos de liga y la espesura por argumento le marcan el camino. Con ese plantillón  debe reflexionar. Además, es contradictorio con la esencia de su pasado.
Lopetegui, cara de la moneda anterior, está convenciendo a todos. Reconozco que a mí el primero. Y no por el juego atractivo, que ya lo conocíamos de su paso por la selección, sino porque está consiguiendo lo que muchos negábamos: que Benzema y Bale encuentren la continuidad de su mejor vena goleadora desde que visten de blanco. Al paso que llevan cualquiera puede optar al Pichichi, o los dos, aunque aún sea pronto. Y más que por sus goles por la facilidad con que los hacen y la cantidad de oportunidades que tienen y tendrán con sus surtidores de juego: Isco, Kroos, Asensio, Marcelo, Carvajal y Ceballos son capaces de darles varios balones de gol por partido, aparte de los que pueden facilitarse entre ellos o a sí mismos. Un espectáculo este Real Madrid de tan nuevo cuño y éxito que nadie se acuerda de Cristiano Ronaldo, lo cual es paradigmático de lo que pueden hacer esta temporada por mucho que también sea cierto que todavía no han llegado las cuestas. Enseguida llegarán y será cuando podamos contrastar lo que ahora apuntan. Octubre será el mes rojo de los blancos. Si lo superan con éxito será difícil pararles porque, sumada a la calidad, su confianza  subirá exponencialmente. Otro logro importante de Lopetegui es hacerles jugar rápido a uno o dos toques, como tanto hemos anhelado, y desahogar los atascos con cambios de juego constantes. Da gusto verles jugar y presionar. Y nadie nombra a Zidane con nostalgia; ¡para descubrirse!
Y llegamos a Luis Enrique. Al margen de lo acertado o no de su primera lista, de la que es muy dueño, empezó queriendo hacerse el simpático, pero la bufonada de preguntar a sus colaboradores si empezaban con el himno, marcándose un amago de la posición de firmes, es sencillamente lamentable. Además, a los sobrados antipáticos les queda feo impostar cercanía y sencillez; parece que quisieran reírse del personal. Más le vale empezar con buen pie ante Inglaterra y Croacia porque si pintan bastos necesitará casco de acero.
Desde el punto de vista deportivo, me parece tan acierto la selección de Marcos Alonso como error la ausencia de Aspas. El nieto de Marquitos es para mi gusto el defensa español de más personalidad junto a Ramos y Carvajal. Y el gallego es, con diferencia, el goleador español de más calidad.  No obstante, parte de la grandeza del fútbol es la cantidad enorme de opiniones que genera, con o sin argumentos y más o menos apasionadas, pero a todas les llega su San Martín. Los resultados y el tiempo dan y quitan razones aunque a veces no aparece ni estaca.  
TRAS EL VERANICO DE LOS MEMBRILLOS
El Murcia, el Cartagena, el UCAM y el Jumilla también tendrán su octubre decisivo. Entonces sabremos a qué aspiran en realidad y qué Liga jugarán. Los dos primeros tienen el ascenso como objetivo ineludible, los universitarios son una esperanzadora incógnita y los vinícolas han empezado con buen tono.
También sabremos si al Murcia le llegan los dineros, si logra Gálvez los apoyos que demanda, si sale o no del embrollo legal que lo nubla y si cuajan o no las expectativas deportivas que ha generado.  Y, en la ciudad departamental, con buenos mimbres, si echan de menos o no a Monteagudo, un técnico excelente al que la suerte abandonó; y si han superado la orfandad mediocampista que padecen.
¡Suerte a todos!


         

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