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martes, 3 de septiembre de 2019

COMANDANTES SIMEONE, MONCHI Y ALEMANY



Cada uno desde su versión, estos tres hombres manejan con acierto sus desempeños. El técnico atlético reinventando año tras año su equipo por la peculiaridad de un equipo que no acaba de encontrar su lugar entre los muy grandes, seguramente más por mal fario y tradición que por desméritos. El director deportivo sevillista rehaciendo plantillas en sentido tan amplio como rentable en un club cuya afición confía ciegamente en él; estatus ganado a pulso. Y el director general, ahora valencianista, imponiendo su criterio futbolístico a directivos paniaguados e inversores de fortuna.
 
El Atlético pinta bien, más allá del repaso que le dio al Madrid en pretemporada, que es más cierto incluir esta etapa preparatoria en tal categoría que en trofeos con menos sentido que importancia. Otra cosa serán los primeros resultados, pero tiene mucho mérito reconstruir esperanzadoramente la columna vertebral que ha sido santo y seña de los colchoneros varias temporadas seguidas exitosas. Imaginemos que al Madrid o al Barça, o a cualquiera de los grandes de Europa, se les hubieran ido de golpe cinco de sus once jugadores básicos.

 El Madrid aún llora la falta de Cristiano y el Barça anda gastando dinerales sin tino para suplir la de Neymar. Sería tal el desaguisado, si se les hubieran ido cuatro más, que tardarían años en volver a su nivel anterior. Sin embargo, parece que los jugadores que han llegado al Atlético este verano suplen con suficiencia a los perdidos; ya veremos en el liderazgo. Eso es buena gestión deportiva, con criterio, trabajo y oportunidad, con Simeone de primera estrella.  Quizás la diferencia sea que por el Metropolitano hay gestores futbolísticos con responsabilidad y mando, con un presidente en la sombra que aprendió de los desmanes paternos y lleva las riendas con discreción y firmeza, Miguel Ángel Gil Marín, mientras que por el Bernabéu y el Nou Camp cabalgan desbocados otros corceles que responden a motivaciones extradeportivas, además de jugar con dinero ajeno. Uno de los principios de un manual de gestión empresarial de éxito: En busca de la excelencia, era aquello tan viejo de zapatero a tus zapatos. Traducido al fútbol, sería que los hombres del fútbol al fútbol y los dirigentes a la representación, a la estrategia y decisiones institucionales y a las finanzas.

Otro tanto podríamos decir de Monchi y el Sevilla. Ningún club español ha ganado más dinero con sus fichajes que los de Nervión. Ni del mundo. Esto es, fichar jugadores baratos, hacerles jugar y venderlos ventajosamente, a veces como de lotería gorda, manteniendo el nivel competitivo de sus mejores años. Lo difícil sería entender cómo el ex portero gaditano sevillista no está ya en un grande español con mando en plaza, si no fuera por lo dicho anteriormente sobre los estrafalarios corceles que campan por sus despachos. A su lado no cabría un personaje como Monchi que exige responsabilidad y atribuciones plenas. Y ha terminado mal por celos ajenos con otro tipo que deseaba emular a los mandamases culé y blanco. Del Nido, su primer presidente en el Sevilla, también tenía ínfulas de emperador, pero acabó como acabó por excesiva ambición sin la suficiente economía detrás, siendo brillante en su profesión jurídica originaria y en su presidencia sevillista; dejémoslo ahí.

Y llegamos al Valencia de Peter Lim y Alemany —al presidente de turno no lo conoce nadie—.  El asiático tuvo el acierto de confiar al mallorquín el mando deportivo del club y no le ha ido mal. Confeccionar plantillas como la de estos dos años y confiar plenamente en Marcelino tuvo el colofón de clasificarse para Champions y ganar la Copa del Rey. Ya quisieran repetir cada temporada. Pero como ocurre cuando median mediocres entre el dueño y el gestor, quieren ser grandes y se alzan sobre peanas falsas para descollar ante los que de verdad son alguien. Alzas que demasiadas veces se nutren de insidias, celos, y maledicencias en el oído del amo para medrar, y acaban por distorsionar la realidad hasta hacerla irrespirable. Veremos lo que dura la paz a las orillas del Turia, pero mientras confíen en Alemany el club tiene una oportunidad para asentarse definitivamente en el lugar que le corresponde: uno de los cinco o seis grandes de España. Haber sido cocinero antes que fraile en el Mallorca, con gestiones ejecutiva y presidencial más que buenas, le ha servido para conocer la aguja de marear futbolera.

Aparte de la suerte, que también juega, cada mochuelo a su olivo.
        


lunes, 17 de abril de 2017

EL AZAR Y LOS GRANDES



Por Can Barça lamen heridas, en el Calderón templan gaitas y en el Bernabéu cantan glorias. Ya comentamos que habría más soleás  que  bulerías en estos cuartos de Champions porque la suerte nos fue esquiva en el sorteo. En la mitad de la eliminatoria tenemos perspectiva.
Luis Enrique dice que no erró en su planteamiento, y quizás solo lleve su razón. No le dejan cambiar más de medio equipo y sigue empeñado en jugar sin laterales de largo recorrido; su apuesta más personal. Jugar con tres centrales y cuatro medios; o cinco, si Messi se empeña en ser interior; porque Sergi Roberto es un mediocampista más, ha supuesto el ostracismo de Alba, su defensa más agresivo y el acompañante ideal de Neymar en la banda izquierda, dada la tendencia del brasileño a las diagonales hacia dentro abriendo el ángulo de su pierna buena. Y eso, cuando Iniesta entraba también por ahí podía ser un acierto, ya que dos en banda son pareja y tres multitud, pero el manchego juega ahora más centrado intentando llenar el vacío inabarcable que dejó Xavi.  Hay quien dice que  cuando está Busquets pueden acuchillar más,  pero en Málaga estuvo y el Barça también fue romo. No nos engañemos. Es cierto que Mascherano ya anda muy justo para jugar en el medio; recordemos cómo está Argentina; pero tampoco Mathieu y Piqué son Ferraris, y solo Umtiti atesora rapidez. Para la apuesta del asturiano se precisan al menos dos velocistas atrás, y esa es la otra aportación que podría hacer Alba, aunque se resintiese el juego aéreo. Así, el empeño del técnico azulgrana le va a costar la Liga y seguramente no pasar a semifinales en Europa. Milagros como el sucedido ante el PSG ocurren rara vez, y la Juventus es otra cosa, como aventuramos y pudieron comprobar Neymar y Suárez —salvo que aparezca Messi, el más grande—. De todas formas, solo Buffon pudo superar al azar, ya que si Iniesta hubiese acertado en su mano a mano, o Suárez, otros gallos cantarían. A veces, aun jugando mal, la suerte o la grandeza superan la realidad. Y los de Allegri  tuvieron las dos; tres paradones y  dos tiros del extraordinario Dybala, el otro grande de la noche, supusieron su puerta a cero y dos golazos.
Como la tuvieron el Madrid y el Bayern en Munich; cada cual a su manera. Los  blancos cantan un buen partido, pero solo lo fue la segunda mitad, a raíz del empate. ¿Qué hubiese ocurrido si Vidal acierta en el penalti injusto que falló? Pues con dos a cero el asunto hubiese pintado mal para los de Zidane. Y aquí no hubo grande, pues el chileno se quedó a medias tras su impresionante primer tiempo. Tampoco nos engañemos. Ya advertíamos que Bale no estaba para sentar en el banquillo a nadie, y solo cuando Asensio lo sustituyó el Real cuajó su gran noche. ¡Qué mal empeño hacia el palco, don Zinedine! ¿Por qué Vázquez en la grada? También ayudó la expulsión de Javi Martínez, pero antes sí hubo tres grandes merengues: Carvajal y Casemiro, sublimes, y Benzema, y después un cuarto;  el enorme Cristiano. ¡Y eso que está acabado, según algunos! La suerte ayudó, pero también fue esquiva con el imperial cabezazo del francés; entre el otro grande de la noche, Neuer, y el larguero impidieron el primer gol blanco en la primera parte, y el Madrid hubiese resuelto antes. Los de Zidane pasaron por encima de los de Ancelotti física y anímicamente en cuanto Ronaldo hizo el primero. Y como reconoció el italiano,  tuvieron la fortuna de que su grande impidiera con varias intervenciones categóricas que el Real liquidara la eliminatoria.
Y el Atlético de Simeone dejó con vida al Leicester; mal asunto. Los de Shakespeare ven puerta con facilidad en su estadio y los madrileños tendrán que salir a marcar en Inglaterra. Su pírrica renta no bastará. Y es que, contar con solo un grande, Griezmann, lastra sus posibilidades. Torres hace de mascarón de proa para que el francés no sienta en la nuca el aliento de los centrales contrarios, pero no hace los goles de antaño. Su mayor virtud, el desmarque por velocidad, precisa de su antigua potencia. Faltó su golito o el de sus interiores, Koke, Saúl y Carrasco, y Correa salió demasiado tarde. Últimamente tiene que golear Filipe Luis, y eso es una mala noticia para los colchoneros. A falta de más grandes, necesitarán más suerte.

       

lunes, 31 de octubre de 2016

DEL FÚTBOL A LOS RUFIANES DE RUFIÁN


Hoy tocaba hablar de que la columna vertebral del Barça no son Messi, Suárez y Neymar sino Busquets, Iniesta y Rakitic, en su sitio; contra el Granada se evidenció su falta aunque tuvieron en Sergi Roberto su hombre para todo y en Rafinha la solución brillante del problema.
Y del jugadorazo inventado por Simeone en el belga Carrasco, en su tan interminable como brillante labor técnica,  amén de ese dúo ganador que ha amalgamado con Griezman y Gameiro, al que ha sabido gestionar su tiempo.
O de la afortunada vuelta al gol de Cristiano y la insistencia de Morata en hacerse titular con goles, y de la indisimulada alegría que se dibuja en Zidane cuando un joven hace algo grande, como el golazo en Copa de ese suplente de lujo que es el también canterano Nacho.
 Y del error de llamar pinchazo al empate del Sevilla de Sampaoli y Lillo en Gijón ante un excelente Sporting, cuando es un paso más en su envidiable trayectoria, otra vez reinventados por Monchi; el mejor gestor deportivo español en décadas, o desde siempre.
También de reseñar la diarrea mental que asola a ese personajillo en que deviene Tebas cada vez que se sale de su papel institucional y entra en charcos inapropiados. Una vez que los comités correspondientes actúan, el presidente de la Liga estaría callado más bonito que un San Luis. Lo que  piense de las provocaciones de Neymar, en lo que coincidimos muchos, debería ser charla de café en lugar de opinión pública como máximo dirigente de ‘todo’ nuestro fútbol profesional. Así, el victimismo en el que se envuelven los dirigentes culés, tan hipócrita como llorón cada vez que alguien se mete en su patio, con o sin motivos, queda en evidencia como argumento cuando les faltan otros. El falaz “Madrid nos roba” tiene quien le copie.
Igualmente, y  metiéndome donde todos saben que no entro por razones obvias, sería apropiado terciar en la mala gestión que ha hecho alguien del Real Murcia con el derbi del domingo frente al Cartagena. Y miren que lo siento porque valoro mucho los esfuerzos de sus directivos, algunos de los cuales conozco y gozan de mis simpatías personales, para sacar adelante ese difícil barco, por haber afrontado algo por el estilo hace más de veinte años. Pero hay que ser muy torpe para hacer coincidir su horario con el del UCAM-Oviedo en la Condomina, perdiendo quizás la venta de algunos cientos de entradas, cuando no algún millar. Y lo mismo con permitir el enrarecimiento de las buenas relaciones que, al parecer, mantenían los granas con los dirigentes murcianos del “Efesé” hasta pocas horas antes del encuentro, a quienes también aprecio personalmente y pondero por su enorme trabajo.
Pero todo esto, y el propio fútbol, ha quedado disminuido y hasta relativamente lejano en esta sombría tarde del sábado en la que escribo la presente columna, tras escuchar a un impresentable que se sienta en las Cortes de todos los españoles; un tal Rufián —nunca más apropiado un apellido—. Un elemento ruin que avergüenza aún más, si cabe, a la clase política muy a pesar de muchos de ellos. Este individuo, al que llamo desde aquí mal nacido por lo que supone de peligro para la convivencia nacional, y tenemos experiencias sangrientas recientes y lejanas como para que tal calificación no sea nada exagerada, y los otros rufianes que le aplauden y jalean; no merecen estar donde están. Ni la inmensa mayoría de ciudadanos españoles, tanto los que se sienten como tales como los que no y piensen como piensen, merecen tampoco tener que soportar a gentuza de esa calaña en ninguna tribuna pública, y menos cuando, además, viven de nosotros. Deberían estar chapoteando en el estercolero de sus miserias y complejos en lugar de esparciendo los odios, rencores y revanchismos desnortados que anidan en sus almas negras contra una sociedad que les ha posibilitado sus estatus y enormes posibilidades de crecimiento personal y social. Realidad que trajeron muchos miles de ciudadanos en tiempos difíciles, sin arrugarse, cuando hablar de libertad y democracia sí era valiente. Ahora, lo suyo es la cobardía infame del provocador en manada contra pacíficos, cuando no contra fantasmas de los que ya no pueden temer nada.

Viéndolos en la sede de la soberanía nacional cabe preguntarse cómo hemos llegado a esta situación, y, lo que es peor, ¿hasta cuándo durará?  ¡Qué falta de…! (añadan lo que quieran)   

lunes, 26 de septiembre de 2016

LOS CUENTOS DE NEYMAR Y MODRIC


No se me alarmen culés y merengues, que no va de negar que son grandes jugadores. Se trata de señalar dos lugares comunes recurrentes entre demasiados periodistas deportivos y comentaristas varios. La diferencia entre Messi y Neymar es tan evidente que difícilmente puede suplir el brasileño la importancia del argentino en el Barça, que es el cuento al que aludíamos. No es lo mismo marcar dos o tres goles cuando tu equipo manda y ya gana claramente, como es la casuística mayoritaria del “gambetero” carioca – en Gijón fue la última muestra-, o adornarte con las provocaciones absurdas que decíamos la semana pasada, que echarte el equipo a la espalda desde el principio y abrir el camino de la victoria como suele hacer el  mejor jugador del mundo, o cuando los azulgranas se atascan. Corolario: el Barça puede aspirar a todo con Messi, pero no sin él y con Neymar de estrella. Y eso que ambos tienen una media y una defensa de lujo a su servicio, con Piqué y Busquets al frente, junto a un delantero centro de la excepcionalidad goleadora de Suárez, por muy deslenguado y marrullero que pueda ser a veces.
El cuento de Modric viene por la supuesta insustancialidad del Madrid sin él, según algunos. El excelente jugador croata es un medio importante para cualquier equipo, por descontado, pero no es el eje sobre el que ancla su juego el equipo de Zidane, ni tampoco su selección. Para que este futbolista luzca en todo su esplendor debe tener un guardaespaldas; esto es, un mediocentro de garantías. Y no solo él, sino otro extraordinario volante como Kroos. Y en el Real ese ancla se llama hoy Casemiro, como antes lo fue Xabi Alonso. Esto venimos escribiéndolo aquí,  hasta machaconamente, desde que el donostiarra se fue, con Ancelotti en el banquillo, y hubo que ubicar al teutón de medio centro mermando la capacidad de maniobra de los blancos. Algunos de los opinadores que decíamos se han dado cuenta de esto hace un cuarto de hora, justo desde que Zidane le dio el mando delante de la defensa, que es lo que no tuvo bemoles de hacer Benítez y ahí empezó su despedida; pero a pesar de eso siguen ninguneándolo. Que si no saca el balón jugado, que si solo sirve para aguantar el juego, etc. Y no se dan cuenta de su importancia en el esquema merengue, como es su puesto específico en cualquier equipo. Que aún tiene mucho que mejorar, por supuesto, ni todavía es Mauro Silva, Redondo ni Makelele, pero es el actual medio centro titular de Brasil y del Madrid. Y no hablamos de equipos menores. La falsedad del cuento de que con Modric el Madrid podía respirar tranquilo, que es lo que decían, se vio el sábado en Las Palmas; la manija de Roque Mesa, como aventuramos, y la ausencia de Casemiro, fueron la clave de los amarillos y del partido. La lástima para los blancos es que dejaron ir a Marcos Llorente, que las está dando todas en el Alavés, y no tienen un sustituto de referencia para el brasileño. En el Castilla ya apuntaba las maneras que ahora luce, pero desgraciadamente el director deportivo Pérez necesita que triunfen fuera para dar oportunidades a los canteranos. Una pena grande, por generalizada.
 En Segunda se vio eso mismo en Elche el sábado. El Levante tuvo un medio campo, con Campaña de figura, que pudieron con los ilicitanos comandados por el ex murcianista y ex bético Matilla, un medio centro que juega para atrás. Y desde esa posición clave se llevaron los tres puntos con suficiencia para seguir líderes. El Levante es el mejor segunda que hemos visto hasta ahora.

Si el UCAM mojara en Mallorca, que bien pudiera ser, se colocaría entre los seis primeros. Equipo tiene para eso desde que Salmerón dio con la clave de su medio campo. La dupla TitoJuande manda romana, con Kitoko de comodín, y desde delante de la defensa no solo controlan el juego sino que se proyectan de cara al gol con éxito; Tito ya lleva dos. Si volvieran de las Baleares con los puntos nos van a hacer soñar. He visto todos sus partidos  y la progresión de nuestros universitarios es muy notable. Otra cosa es que las rotaciones mermen la capacidad que apuntan, que también sería normal, aunque hay buenos mimbres en la plantilla: Remón, Basha, Imaz, Nono, Juanma o Morillas lucen cuando juegan.   

lunes, 12 de septiembre de 2016

DEL BLOQUE Y EL SISTEMA AL DESABORÍO



Hablábamos de la importancia de los conjuntos y de los sistemas de juego por encima de las individualidades, y esta jornada hemos tenido ejemplos en Primera, en Segunda, en la Premier y en la Selección.
El equipo de Lopetegui, aunque ha introducido cambios de seleccionados, mantiene el sistema de juego que tanto nos dio. Ha llamado a algunos jugadores que ya triunfaron con él en la sub 21 y son  compatibles con el toque y el control del balón. Aun no se pueden extraer consecuencias porque no se ha enfrentado a rivales de nivel, pero se intuyen variaciones para mantener la esencia. Un centro del campo con Busquets y Silva en la brújula, y Thiago a la espera de Iniesta, con el apoyo del todoterreno Koque y Javi Martínez, e Isco o Asensio al fondo, son argumentos para la esperanza. Si sumamos la versatilidad de Vitolo y Nolito en las bandas y la garra de Costa o Morata arriba, que también meten la pierna, podemos albergar ilusiones aunque no soñemos, de momento, con llegar a la excelencia de las selecciones de Luis y Del Bosque; pasarán generaciones para ver algo parecido, si es que lo vemos.
Ya dijimos que no nos gustaba el cariz que estaba adquiriendo el Barça de Luis Enrique. En la alineación que presentó el sábado frente al recién ascendido Alavés, muy meritorio en su sistema y en el rendimiento del bloque dirigido por Peregrino, hallamos lo que intuíamos. Hay que remontarse al año 2002 para encontrar un equipo titular con un solo canterano. Y ese desatino supone un juego irreconocible. O vuelve a sus esencias o atravesará un desierto que traerá años oscuros por can Barça, salvo que Messi sea incombustible y resuelva siempre las incontables trabas que encontrará. Sin bloque ni sistema propio no puede haber juego ni resultados acorde con sus exigencias.
Y el Madrid a lo suyo. Su sistema es golear y no le pidamos exquisiteces;  las virtudes que atesoran sus jugadores son de cañón grueso. Por eso, el día que no tienen su día los Cristiano, Bale, Benzema, Morata y compañía, deben acudir los defensas para conseguir margen en el marcador. Y cuando eso no sucede, peligran. Los blancos necesitan espacios para correr como búfalos hacia el portero rival, o machacas como Ramos que atronen las metas  contrarias por las bravas. Un juego espectacular, sin duda, pero con los altibajos que le han ocasionado ganar solo una Liga de las últimas ocho. Su sistema es golear o golear, y ahí debería poner orden Zidane para exhibir también otro tipo de juego, que jugadores de clase contrastada tiene para ello. El modesto Osasuna le hizo dos goles y gracias a su sistema – meter cinco- sacaron adelante el partido. Con otro rival veríamos.  
El Atleti de Simeone, por fin, encontró el ritmo de su bloque, que es el mismo del año pasado también, como el del Real; y ganó con holgura y mando en Vigo, ante un Celta que como no encuentre pronto el suyo las pasará canutas. Y el Sevilla, como también aventuramos, no termina de adaptarse al vistoso sistema del tándem Sampaoli-Lillo y se aferró a la épica para ganar al ordenado Las Palmas de Setién, que tiene en Roque Mesa la brújula del medio campo que todos los equipos desean.  En el Sánchez Pizjuan recordaron al legendario equipo de Germán, Guedes y Tonono que maravillaba hace decenios.
En segunda, el UCAM de Salmerón y Reverte sigue progresando (cuando escribo esto no ha jugado contra el Elche) y tuvo el desahogo de eliminar en la Copa al Oviedo del insigne Fernando Hierro con el internacional Michu de estrella. Y lo hizo con un sistema adaptado a sus posibilidades y jugadores que hasta ahora habían jugado poco.  Pero, por lo visto, tiene  sistema y afina su bloque, en incluso individualidades apreciables, lo que invita al optimismo. Desde la modestia, sin alharacas y en silencio, que más parece conventual que sufrido por las extrañas circunstancias murcianas que denunciábamos, están logrando un digno lugar en el panorama futbolístico nacional.
Con sistema y bloque, ese pasillo de seguridad que defendía Luis Aragonés, llegan los éxitos. El delicioso derbi de Manchester es un ejemplo. El sistema de Guardiola pudo brillantemente con los arreones e individualidades del de Mourinho, que sigue culpando a árbitros y jugadores de sus fracasos. Luis Enrique, por el contrario, apechugó con todas las culpas del sábado. Ese señorío tapa al desaborío.


lunes, 5 de septiembre de 2016

DE JAMES Y ALCÁCER AL UCAM

De James y Alcácer al UCAM

05.09.2016 | 10:17
De James y Alcácer al UCAM
De James y Alcácer al UCAM
Siempre ha habido jugadores y equipos a medio hacer. El colombiano Jameses el caso típico de quien es figura antes de llegar a un gran equipo y le cuesta adaptarse. Para ser titular en el Real Madrid no basta con ser muy bueno. Lo mismo ocurre en el Barcelona. Podemos recordar a multitud de figuras indiscutidas en sus equipos y fracasados en un grande. Didí, por ejemplo y para no ser exhaustivos, había sido campeón del mundo con el Brasil de Pelé y no halló hueco entre Di Stéfano y compañía. Suele ocurrir, además, con futbolistas que ocupan posiciones ambiguas. El media punta es el más común, y en el Real Madrid hay barullo.


James, como algunos de su estilo, puede deslumbrar en momentos y pasar desapercibido el resto del partido. Y eso, en un equipo que tiene la exigencia de ganar siempre porque opta a todos los títulos, con el añadido de tener que ser tan exquisito como deslumbrante y eficaz en todos ellos, es un problema añadido para los jugadores intermitentes. Isco, el propio Benzema y ya veremos si Asensio, tienen idéntico hándicap. Hasta Kroos lo sufre desde que lo retornó Zidane del impropio lugar de medio centro que le encasquetó Ancelotti cuando se marchó Xabi. Muchos opinan que juega porque es alemán, pero olvidan que de interior es como brilló en el Bayern y en su selección, y sigue readaptándose. James tiene sus peores enemigos entre sus cercanos: los que piden a gritos su titularidad, tachando de injusta su suplencia, sin reparar en que tiene la suerte de estar donde está y con quien está. Como dijimos, el Madrid hubiera acertado cambiándolo por un segundo medio centro.

Alcácer ha preferido ser cola de león a cabeza de ratón, aunque nunca llegó a ser indiscutible en el Valencia. Suena a esas eternas promesas que nunca alcanzan el lugar al que parecían predestinados. También podemos recordar multitud de ejemplos. Iván de la Peña o Guti, siendo tan enormes jugadores que apuntaban a figuras mundiales, nunca llegaron a ser indiscutibles en el Barça y en el Real Madrid. Y el valenciano, sin llegar a la extraordinaria clase de los anteriores ni a sus expectativas, me temo que pasará en el Barça con más pena que gloria; máxime siendo delantero y con lo que tiene delante. En el fondo, creo que hay un problema añadido: falta de carácter. Un futbolista de 23 años que tiene la posibilidad, por fin, de ser líder del equipo de toda su vida y la desprecia por ser suplente en otro, apunta en esa dirección. Y más si ya es internacional y se trata del Valencia, que aunque sea desde la tercera línea siempre es un puntero en nuestra Liga. Por otra parte, el delantero valenciano no es un futbolista que destaque por otra cosa que por su oportunismo goleador y por sus buenos desmarques, y eso no es una excepción mundial; cualidad que debe tener quien quiera ser titular en un grande.

Y llegamos al único equipo murciano en segunda división. He visto al UCAM en directo en Zaragoza y en La Condomina y por televisión en Sevilla, y nunca más oportuno el calificativo de que progresa adecuadamente. En la Romareda, aparte de la novatada pagaron el no meter la pierna con determinación, con jugadores como Basha que con la forma precaria apuntaron las buenas formas que empiezan a lucir ahora. El equipo de Cani y Zapater, como el Córdoba que vimos en Murcia, son equipos obligados a ser punteros; otra cosa es que lo consigan. Con todo, lo mejor de los universitarios fueron diez minutos en el Sánchez Pizjuán hasta que echaron al albanés, quien es el llamado a llevar la batuta de los azulones. También gustaron los que salieron en los últimos minutos y quienes mantuvieron durante todo el partido la seriedad táctica y la sobriedad física que debe caracterizar a un equipo que aspira a mantenerse. Además, el gol de Imaz a pase de Remón fue una jugada a primer toque ilusionante. Lo peor: otro gol encajado de chilena en el área pequeña. Y lo raro, la rácana atención mediática que se le presta en Murcia.

Los cainismos son malos, e informar del decano Real Murcia, del Cartagena, el Lorca o el Jumilla no está reñido con hacerlo proporcionalmente sobre quien es hoy el referente profesional del fútbol murciano, y con mucho mérito, aunque tenga menos historia. ¡Mucho ánimo!

lunes, 18 de abril de 2016

EL FÚTBOL COMO TERAPIA NACIONAL
Ya sé que es ampuloso y exagerado, pero para infinidad de españoles el fútbol representa ahora una válvula de escape ante el proceloso panorama político y social que padecemos. Y es mano de santo. Fue el tenis y el baloncesto, el ciclismo, el atletismo, y es el motociclismo; pero el fútbol, que mueve infinitamente más aficionados, hace años que triunfa en Europa y en el mundo, enorgulleciendo a  millones de compatriotas.
Esta semana ha vuelto a producirse el éxito que echaremos de menos; nos estamos acostumbrando a un paraíso esquivo. No ha sucedido en ningún país europeo y en España sucede con regularidad el último decenio. Que cuatro equipos españoles estén entre los ocho mejores de Europa en sus dos competiciones continentales,  asegurada la presencia  de dos de ellos en sus finales, y con posibilidades de que sean los cuatro, es  portentoso. ¿Cómo estarían en Inglaterra, Italia, Alemania o Francia, si disfrutaran de esa gloria? Nos lo podemos imaginar.
Aparte de las machadas del Sevilla de Emery y del Villarreal de Marcelino – qué pena lo del Bilbao de Valverde y el emparejamiento del Barça con el Atlético-, tal y como auguramos, el Madrid, con la fortuna de cara, se deshizo con lo justo del Wolfsburgo, a quienes debieron golear también en su estadio; les separa un abismo. Ojalá contra el Manchester City persevere en la solidez cuando juegan a tope sus futbolistas, desde el equilibrio alcanzado con Casemiro, y a Zidane no le dé un ataque de técnico de paripé presidencial haciendo rotaciones absurdas o no haciendo algunos cambios clamorosos; lo de Danilo en Alemania, o mantener a Bale en el Bernabéu los últimos veinte minutos a pesar del agujero que ocasionaba en la derecha por no bajar,  no tienen un pase. A estas alturas  hay que salir con los mejores porque solo restan media docena de partidos relevantes. Zidane ha logrado un equipo, el que todos y él sabemos, y ha de insistir, sin mirar al palco, con esos once y sus sustitutos naturales:  Vázquez, Jesé, Varane, Nacho, Isco o James –nunca juntos-,  al margen de retoques tácticos puntuales, donde flojea.
Eso lo maneja bien Simeone, que salvo imponderables maneja a sus nueve titulares y a los dos o tres que se disputan los otros dos puestos, uno en la media y otro en la defensa, con perseverante sabiduría, así como los cambios tácticos y recambios de jugadores que requiere el resultado. Dentro de esas variaciones, lo único innegociable es la presencia continua de un medio centro con oficio. Como dice Guardiola, aunque exagera interesadamente para motivar a los del Bayern, “si el Atlético de Simeone juega bien gana siempre”. Habría que añadir que dentro de su peculiar estilo, y matizar que más bien difícilmente pierde porque es complicado hacerle goles, aparte de impedirle que haga el suyo con Torres recuperado y Griezman en estado de gracia. Con Fernández o Tiago de medio centro, Gabi y Koke a los mandos, y el espléndido Saúl - o Carrasco-,  de rompelíneas, el medio campo atlético es el más sólido de Europa; ahí radica su fortaleza y fiabilidad en los momentos clave. Simeone empezó consolidando una defensa con un portero de garantías,  Godín de mariscal y Juanfran y Filipe de alfiles, y reinventando goleadores de referencia: Falcao, Costa y ahora el gabacho. Después afinó el medio campo hasta hacerlo jugar de memoria con una intensidad insuperable. Esa, junto a la suerte, ha sido la escalera de color para llevar varios años seguidos entre los mejores, y esta temporada puede ser el colofón a un trabajo colosal y barato para el Atlético de Madrid por su eficiencia: aspirante a todo, títulos y saneamiento económico desde lo deportivo. ¡Tomen nota en el Bernabéu!
Al Barcelona le quedan varias finales para  ganar la Liga que tenía en la buchaca, y ahora es cuando sus profesionales deben demostrar la madurez que cabe exigirles. Como aventuramos, la eliminación de la Champions puede costarles la Liga. Plomo en la necesaria décima de segundo y depresión anímica, aparte de la obligación de alinear a Messi y a sus dos compadres Neymar y Suárez, estén como estén, y a otros; por prescripción del argentino, así como su antojo de huir del área, más una suerte esquiva, marcan el viacrucis culé. Mal pájaro tiene Luis Enrique en la bardiza.
Y en junio, como terapia contra electoral, llega la Eurocopa. La suerte de Del Bosque será nuestra fortuna, porque lo demás…, ¡ruina!         


jueves, 14 de abril de 2016

ARREMPUJA’, MARUJA
El fútbol, como deporte, tiene unas exigencias básicas, y como juego, mucho más de azar que de ciencia. Ahora vendrán algunos a dar explicaciones y hacer análisis vacíos de toda realidad sobre lo que está ocurriendo en la recta final de esta temporada, pero todo es mucho más sencillo que la sarta de gilipolleces que se proclaman y escriben a menudo sobre el tema. Viene a cuento lo anterior por la cansera que me produce escuchar las retransmisiones de partidos- es agradable quitarle el sonido- de la tele cuando no voy al campo, porque de las tertulias y de los programas futboleros paso de buena gana. Es angustioso oír hablar de estrategias y demás tonterías seudocientíficas cuando de fútbol: juego más deporte, se trata.
La velocidad y la resistencia son básicas en cualquier juego basado en el esfuerzo físico, pero antes que nada, como en todos, está la cabeza. Y, en los deportes de contacto, además, los valores del corazón, la valentía y el coraje. Cabezo, tronco y extremidades, que nos decían para señalar las partes de nuestro cuerpo, pero por ese orden en cualquier deporte, y mucho de suerte cuando se trata de un juego.
Así, si como algunos aducen el Barça no estuviera bien físicamente no podría, como sucede, jugar las segundas partes apabullando al contrario: partido contra el Atlético y el sábado en San Sebastián. Otra cosa es el estado de ánimo y la confianza, que radican en el cerebro, y la suerte, además de los contrarios, que también juegan, como dicen los más avezados. Illarra, el que no valía para el Madrid, hizo un partidazo jugando en su sitio, de medio centro, y desde ahí desquició a los interiores y enganches culés; a Messi le robó media docena de balones en otras tantas de sus temidas diagonales que tal vez hubieran cambiado el partido. Fue una de las claves de la derrota blaugrana en Anoeta, así como el  gran partido del portero Rulli de la Real. Igual que lo fueron Casemiro y Navas, como señalamos el lunes pasado, en la derrota frente al Real Madrid en el   Nou Camp. También la suerte hizo acto de presencia en ambos partidos. Recordemos el gol cantado que falló Suárez en Barcelona o el fantástico remate de Messi que se marchó por centímetros en la capital donostiarra. Detalles azarosos que marcan los partidos.
El Madrid fue a lo suyo en el Bernabéu contra los esforzados jugadores de Éibar, y apretó en la primera parte para dormitar en la segunda, quizás pensando en el partido clave que tiene el martes. Y el Atlético ha encontrado por fin la enorme colaboración de un renacido Torres para aspirar a todo en el este final de temporada, porque esa es otra. Los jugadores tienen sus rachas y estados de forma particulares al margen del tono general de cualquier equipo. Ahora, el rubio rojiblanco nos recuerda al que deslumbró en Europa con España en Austria y es un estilete bien afilado en su posición de delantero centro. Simeone puede soñar con todo si tiene el acierto y la suerte de eliminar al Barça el miércoles; Griezman y Torres pueden ser la dupla atacante que le rediman de sus ancestrales penurias europeas. Lo del francés viene siendo habitual, pero lo del madrileño tiene mucho que ver con su cabeza: la confianza ganada de un mes aquí, cuando tanto se le resistía hacer su gol cien colchonero. Como alguien dijo, y cuánta razón tenía, el fútbol es un estado de ánimo, partiendo de lo básico: que el tronco y las extremidades estén en condiciones competitivas.
Así que, como titulaba, ¡arrempuja, Maruja!, que ahora vienen las cuestas finales. Los de Simeone vienen empujando toda la temporada, porque no tienen otra, pero para el Madrid y el Barça esta semana es clave.
Los blaugranas tienen el miércoles su Rubicón particular: si pasan la complicada eliminatoria de Champions, haciendo valer su mínima ventaja o ganando de nuevo, tendrán mucho ganado para ser campeones de Europa y de Liga; de lo contrario, lo más probable es que arrastren la depresión y pierdan más puntos en España, dándole oportunidades a los equipos madrileños para conquistar la Liga que tenían en la mano. Y luego vendrían las madres mías, con Luis Enrique en el disparadero.

Y en el Madrid lo mismo. Si pasan el martes, salvarán una campaña para olvidar, pero como caigan ante los modestos del Wolfsburgo— poco probable—, Zidane puede hacer las maletas.      
ZIDANE SALVÓ SU TRONO, Y MÁS

La tarde noche barcelonesa se prestaba a la emoción, aunque el partido se presentaba como puro trámite. Una faena de aliño del Barça bastaba para asegurar la Liga, pero el espectáculo tenía truco o, mejor, protagonistas secundarios.
La sombra de Johan Cruyff, como referente fundamental de la tarde, planeaba desde días atrás sobre el Camp Nou, y cuando llegamos a sus aledaños se hacía presente en cada esquina y a cada paso. Camisetas blaugranas con el 14 y su nombre impreso, carteles y respeto en el ambiente, o eso me pareció a mí. Tal vez no fuera casualidad que los cien mil espectadores que abarrotarían el campo un par de horas más tarde batieran un récord de asistencia. Despedir formalmente al padre del Barça moderno no era cuestión baladí. Y llegado el momento, minutos antes de que los equipos empezaran el juego, aplaudimos durante minutos y minutos su recuerdo plasmado en los marcadores, seguramente en otro récord de duración de cualquier aplauso. Emocionante.
Y el balón empezó a rifar ocasiones. Los culés, en plan dominador, se lucían en fintas y señuelos imaginados en cualquier regate corto, marca de las casas de Messi, Iniesta o Neymar. Y el Madrid de Zidane, serio y sin concesiones, agazapado atrás, esperaba su turno. El primer acto fue aburrido por excesivo tactismo y por la lentitud con que unos y otros se prodigaron. Con Albert Frago, un culé entrañable a mi lado, comenté lo anterior y, ante su extrañeza y la de otros vecinos de asiento por el juego rácano de los blancos, mi certeza de que el único que se jugaba algo era Zidane, porque la competición doméstica está liquidada ocurriera lo que ocurriese. Perder por dos o tres a cero el sábado era el camino más directo hacia su no renovación como técnico blanco el año que viene. En la segunda parte el Barça pareció ir a por el partido y le imprimió una rapidez y garra tan encomiable que albergué la sospecha de que ni los blancos ni su técnico se salvaban de la debacle, pero, una vez más, el primer paso obnubiló a quien debía insistir en el segundo y tras el primer gol de partido, los de Luis Enrique se dedicaron a jugar andando. Un rondo insulso que dio alas a los blancos. Y tras el empate y el absurdo cambio del turco Arda por el croata Rakitic, el Real sacó sus garras y fue a por el partido. El Barça continuó andando sobre el campo y sus rivales, ni con uno menos por la expulsión cantada de Ramos, cejaron en sus ímpetus.  Y llegó lo inevitable y previsible tras lo que veíamos en la grada.
El colofón lo puso Cristiano, tras el empate de Benzema, haciendo inútil el testarazo de Piqué, y Zidane le ganó el pulso claramente al asturiano mal encarado. En definitiva, Zidane pasó su reválida. Hace tiempo que venimos defendiendo en esta columna que el problema del Madrid era el mediocentro, y el francés, que de esto sabe lo suyo, ha sabido rectificar a tiempo. Con Casemiro en la medular, por delante de los centrales, el Madrid ha ganado el equilibrio que ya Benítez intentó sin éxito; como no tenía el nombre del campeón del mundo gabacho, no le dejaron. Pero lo importante, aparte del partidazo defensivo que hicieron lo blancos, con Casemiro en plan estelar y las lanzaderas que suponían los carrileros  Carvajal y Marcelo, es que don Zinedine ha consolidado un equipo para soñar caminos en la tarde, que diría el poeta. El Madrid, con ese equipo base, puede aspirar a todo en lo que resta de temporada y, lo que es más importante, puede y debe afrontar la campaña próxima con ciertas esperanzas.
El Barça, sin embargo, debe extraer la lección del sábado por la noche. Al fútbol no se juega andando, como decíamos, y aparte de que se desarrolla desde la cabeza para rematarlo con los pies, como decía el enorme Johan Cruyff, debe saber que las confianzas son malas consejeras cuando se juega contra un grande, y a los azulgranas en la recta final de la temporada le quedan al menos dos o tres grandes para conseguir el triplete.

Como corolario, esta vez don Florentino se salió con la suya, y Zidane, su penúltima baza, le ha devuelto el favor. El señor Pérez puede afrontar el resto del curso e iniciar la próxima temporada con garantía de tranquilidad en el Bernabéu. Ganarle al Barcelona en su casa es lo mismo que ocurría con Barça antiguo: ganarle al Madrid justificaba una temporada.    

martes, 1 de septiembre de 2015

EL DEBATE FALSO DEL GOL

EL DEBATE FALSO DEL GOL
Sorprende que desde medios de comunicación importantes españoles se proclame, pontificando, que al Madrid de Cristiano o al Barça de Messi les falta gol. Y eso ha ocurrido hasta la semana pasada; y sigue.
Y es que, estamos acostumbrados a que los máximos goleadores de nuestra liga superen últimamente con largueza la treintena de goles, cuando hasta el año 90 solo lo habían hecho Zarra en la 50/51 con 38, Di Stéfano en la 56/67 con 31, Baltazar en la 88/89 con 35 y Hugo Sánchez en la siguiente con 38. Incluso ha habido Pichichis con 14 goles, como Amancio en la 68/69, o con 16, como él mismo y Gárate en la siguiente.
Mientras Cristiano y Messi conserven la forma es absurdo hablar de falta de gol en los merengues y culés. Al margen de quién sean sus entrenadores, el portugués y el argentino superarán los treinta o treinta y cinco goles por temporada, sin contar con sus compañeros de ataque, que aseguran cifras también importantes. Neymar y Suárez andarán cerca de la quincena, cuando no la superen, lo mismo que Bale y Benzema o quienes les sustituyan. Así, aunque será difícil repetir los 50 de Messi en la 2011/12 o los 48 de Cristiano en la pasada, el Madrid y el Barça estarán por el centenar de goles a favor jueguen como jueguen y los dirija quien los dirija. Todo lo demás son cuentos para llenar páginas de prensa y horas de radio o tele. Y para avivar polémicas absurdas, que de ello viven determinados personajes acostumbrados más al infundio, a la palabra facilona y a las tertulias vanas que al análisis sosegado de la realidad futbolística.
El Barça empieza el año repitiendo sistema y jugadores porque sería de locos cambiar lo que ha funcionado bien. Y el Real, por el contrario, apuesta por variar su forma de juego e incluso la posición y nombre de algunos futbolistas porque aspira a destronar a su eterno rival.
Así, fiel a su costumbre, Benítez apuesta por tres medias puntas con un delantero más arriba, surtidos de juego y con el apoyo de dos medios centros y un lateral extremo, alternativamente salvo en casos puntuales, porque el otro suele mantener su posición junto a los centrales. Y en ese esquema, la novedad reside en que Bale ha dejado la banda para jugar por detrás del compañero más en punta y Cristiano tiene barra libre para entrar por donde quiera, a pesar de su querencia manifiesta de hacerlo desde la izquierda. De hecho, una de las inquietudes veraniegas de vestuario ha sido su negativa a jugar de delantero centro y su recelo respecto al papel del galés, posicionado en el imaginario de don Florentino como sustituto estrella del goleador portugués.
Ya veremos cómo lidia el madrileño Benítez tan espinoso asunto, porque a los celos naturales de estos grandes jugadores se suma el singularísimo del presidente blanco, nada acostumbrado ni complaciente con que nadie le reste protagonismo a su papel supremo en la casa blanca. A veces, como se ha comprobado hasta el esperpento, este juego de tronos perjudica el objetivo común que deberían presidir las decisiones deportivas en una institución como el Real Madrid.
Por otra parte, para algunos es una pena que en el once blanco solo jueguen uno o dos españoles, como ocurrió el otro día frente al Betis. Luego llegará el Barça al Bernabéu, con cuatro o cinco internacionales de nuestra selección, y los ingenuos de siempre sacarán banderas patrias para afearles; de risa.
Pero lo peor es que Benítez sigue apostando, como Ancelotti, por colocar a Kroos como medio centro retrasado en detrimento del único especialista que tiene a sus órdenes: Casemiro. Y eso, contra rivales de menor cuantía como Betis—claro aspirante al descenso salvo que refuerce su defensa— o Gijón puede funcionar. Ahora bien, frente a los Atleti, Barça, Manchester City, Chelsea, Bayern, etc., volverá a ser un punto débil. El alemán rinde a medias en esa posición y en inferioridad a los puntales de esos equipos, porque su verdadero sitio es de medio volante o media punta. Comparémoslo con Albelda en el Valencia o el mismo Alonso en el Liverpool de la mejor época de Benítez.
En cuanto a la selección, no le pidamos peras al olmo. Del Bosque, fiel a su norma, confiará el gol a sus leales. Nunca fue un hombre atrevido. El mejor delantero español de hoy, Adúriz, seguirá siendo un extraño.



martes, 25 de agosto de 2015

NUESTRO FÚTBOL, A PARES
El fútbol español se ha movido siempre a ritmo de pares. Madrid y Barcelona, los dos Atléticos, Valencia y Sevilla, han formado parejas de equipos protagonistas en diferentes dimensiones, con el añadido de otros que dinamizaron por épocas nuestra Liga. Y también ha habido y hay parejas de jugadores que en diferentes niveles y cualidades son referentes de su tiempo. Di Stéfano y Kubala son un claro ejemplo de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, como ahora pueden serlo Cristiano y Messi, todos extranjeros aunque aquellos llegaran a formar en la selección española.
De los nuestros, Raúl y Guardiola representan al fútbol español que con grandes jugadores fue incapaz de ganar nada como selección –salvo la medalla de oro olímpica del catalán —, y Xavi y Casillas, tan buenos como ellos, de la España campeona y envidiada por todos.
El de Tarrasa salió del Barça al final de temporada entre glorias y el de Móstoles lo hizo del Madrid entre penas. Es la diferencia que enmarca la trayectoria de estos equipos en el siglo XXI. Hasta el año 2000 el Real era el club más laureado, y desde entonces los culés le han echado el guante y superado en el número de títulos relevantes, aunque los madridistas aún reinen en Europa. Y eso, hablando solo de fútbol y al margen de gustos, preferencias, políticas y pasiones, es una realidad que enmarca otras de distinta índole y relieve que a veces hemos reiterado.
Y llegamos a la temporada 2015/16 con los blaugranas como recientes ganadores de casi todo, y los blancos de aspirantes a torcer esa racha en contra. Volverán a saltar chispas y puede que se les cuele un tercero para espabilarlos; el Atlético pinta bien este año y puede repetir lo de hace poco.
El Madrid ha vuelto a hacerlo: un equipo de medias puntas y con un solo medio centro puro: Casemiro, tal y como empezó el curso pasado, en el que Alonso no llegó ni a comenzar la competición. Y fue un lastre que arrastraron toda la temporada, con el fracaso final como consecuencia lógica de tan clamoroso desequilibrio. Y menos mal que su hombre orquesta, don Florentino: presidente, director deportivo y financiero, secretario técnico, jefe de comunicación —dircom, que dicen los ‘moernos’ — y muñidor de viajes; ha rectificado con Ramos, envainando sus pretensiones, mediante una jugada sabia al agacharse y poner un huevo por muy gallo que sea. De lo contrario, se hubiera unido  el asunto de los centrales al señalado en el medio campo y al de la portería, que aún colea.
El Barça tiene dos puntos débiles: anda justo en el centro de la defensa, como se ha comprobado, con solo dos titulares de solvencia y uno de ellos, Piqué, haciendo las tontería de siempre porque no es más bocazas quien puede sino quien quiere; y la otra amenaza es precisamente su punto fuerte: los tres tenores de arriba. Messi, sobre todo, Neymar y Suárez son tan buenos como insustituibles en el Barça actual. Y el día que falte alguno, no estén acertados o haya desgracia, no le darán ni a una casa con balcones. Y es una pena, porque así como Guardiola se inventó en su día a Pedro a quien deseamos suerte— y a Busquets, reubicando además a Messi, a despecho de las figuras consagradas que heredó; Luis Enrique no ha sabido hacerlo con Munir y Sandro, o quizás no le hayan dejado porque en el inicio de la temporada pasada lo intentó. Y, además, dejaron escapar a Thiago, que podría haber cogido la batuta de Xavi; otra carencia que echarán de menos enseguida. 
Simeone ha mantenido la base de su Atlético y la ha reforzado con un delantero de garantía: Jackson, aparte del retorno de Oliver, que suplirá con eficiencia al turco Arda, tan bueno como irregular — ¿qué le habrá visto el Barça, de vuelta de su mejor versión, teniendo a Rafinha?—, y de Filipe Luis, un lateral que completará con Juanfran  su antaño temible dúo de flechas.
Valencia, con dudas; Sevilla, con el mejor director deportivo histórico español, Monchi;  y Bilbao con tres promesas, Williams, Eraso y Sabín, y Adúriz, el delantero más en forma, animarán la competición. De sorpresa podría repetir el Villarreal, experto en eficiencia; el Málaga, en reinventarse; o el Betis, en resurrecciones.
Ojalá se rompan los pares clásicos: Messi/Cristiano y Barça/Madrid, y haya como mínimo tríos. Como en la Fiesta, ¡que Dios reparta suertes!

   
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