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jueves, 24 de mayo de 2018

LA SUERTE SUPREMA



Como en los toros, la calidad, el riesgo, la estética y hasta las emociones se funden en la memoria de los triunfos. Y estos llegan con la suerte suprema, que en los ruedos litúrgicos de sangre noble es manejar bien la espada y en los campos de sudor y clase marcar más goles que el contrario. Después vienen los trofeos y los recuerdos, aunque a veces atesoremos alguno huérfano de laureles.
Los atléticos conservarán siempre las tres finales de Champions perdidas en el último instante, pero con Simeone tienen ya más alforjas rebosantes que vacías. Emocione más o menos su juego, el Atlético del argentino es garantía de competitividad y tiene en Griezmann al artista que tumba rivales sin puntilla. Con la tercera Europa League,  Simeone es el técnico más laureado de su historia y corona el parnaso colchonero con el mítico Luis, de quien heredó el gusto por la seguridad, la garra y la velocidad como mordientes de su juego.  
Comentábamos que España y Madrid reivindicarán el reino y la capital del fútbol europeo. El Real está a pocos días de optar con posibilidades a su decimotercera Champions, que no treceava —gracias, Maestro Marcial—. Máxime cuando el problema de Zidane es que dispone de toda su plantilla; bendito dolor. Si salen cohetes y usan la de verdad no hay Liverpool, Klopp ni Salah que valgan. Otra cosa será si juegan andando, lidiando desapegaos en plan chuflas, y en lugar de estoque tiran de petardo.
Por su parte, Barcelona es desde hace una década el crisol del envidiado fútbol español. El octavo doblete culé, y cuarto en esos años más dos tripletes, con Valverde, Iniesta y  Messi batiendo records, es tan complicado de conseguir como meritorio. Los atléticos recuerdan uno y los merengues cuatro. A cada cual lo suyo, Ramón — amigo culé y cartagenerista—, y a Iniesta la gloria. Quizás el calificativo de irrepetible sea el más apropiado para el enorme futbolista manchego. Como reiteramos aquí y decía el elegante Butragueño en su homenaje, el Iniesta deportista supera al deslumbrante futbolero; un ejemplo mundial.
Y en la Región andamos montando la espada para salir de la negra faena de Segunda B. Sin embargo, el sábado asistimos en el Cartagonova a un partido vibrante con episodios de buen juego y a una desacostumbrada apuesta, por vistosa y valiente, del técnico visitante Iriondo, que con un uno a uno en el marcador salió en la segunda mitad con un medio menos y un delantero más para jugar con tres puntas. El Rayo Majadahonda, máximo goleador de la categoría con sesenta dianas, lució mejor tono físico y fútbol, saliendo siempre jugando desde atrás, aunque el Cartagena le superó por la eficacia de Cruz y Aketxe y por la diosa fortuna. Los madrileños tienen dos buenos extremos: De Frutos y Coto, un organizador excelente, Carlitos, y un medio centro de garantía, Óscar, que en la segunda mitad enhebraron varias triangulaciones de una calidad inusual en este pozo de segunda. Un gol anulado por fuera de juego dudoso, en la mejor jugada del partido, y dos paradones de Pau Torres evitaron su triunfo. Los de Monteagudo lo tendrán crudo en la vuelta si salen a conservar. Preveo una eliminatoria incierta, y hasta tenebrosa para el Cartagena, salvo que les acompañen las fuerzas y destilen en el Cerro del Espino la clase que atesoran Hugo, Ramírez, Alvaro, Gaspar y Chavero, sobre todo, para tener opciones de culminar la faena.
Y el Murcia, pues…, Salmerón en estado puro. Los aficionados granas vienen soportando, con suerte, una estafa de medio tiempo; lo que desprecia el soporífero técnico almeriense, porque en la mayoría de los casos no ven nada interesante hasta que los contrarios marcan o sigue todo a cero, mediada la segunda mitad.  Entonces, el ex del UCAM cambia a uno de los tres medios defensivos para sacar un delantero o un interior ofensivo. Y de ahí no lo saca nadie, amigos. Eso fue el partido frente a los de Pacheta. El Elche vino a jugar con más ambición que los granas, pero tuvo que imaginar poco porque el Murcia, fiel al reservón entrenador —de equipos pequeños—  le regaló la iniciativa. Y así, aseados, encontraron un gol de rebote aunque pudieron hacer alguno más. Igual que los granas olieron el suyo en los arreones finales; el arrimón de los toreros mediocres. Ni faena ni estoque ni nada.
A la vuelta, en Elche, lo volverán a vender tinto. ¡Suerte!                   

lunes, 16 de abril de 2018

DE INDOLENCIA Y DE PENALTI



Los penaltis discutidos son parte de la historia del fútbol. Como los arbitrajes polémicos, la mala suerte, los fallos inexplicables, los jugadores legendarios, los casi goles, las jugadas extraordinarias y los golazos; la desidia no. El Madrid y el Barça han acaparado los mayores escaparates del fútbol mundial y coleccionan experiencias de todo tipo.
Nos equivocamos al augurar que  Real, Barça o Bayern protagonizarían la final de Champions; solo uno de ellos lo hará porque los blaugranas cayeron de indolencia. Por eso dicen Iniesta y Busquets, quien tuvo una mala noche, que fue una de sus mayores decepciones. Es incomprensible que solo tuvieran una oportunidad clara de gol, la de trancas y barrancas de Messi. Antes, pierna floja, lentitud y suficiencia indolente.
La semifinal entre madridistas y bávaros será complicada, pero mucho más la de romanos e ingleses. El Liverpool es tan imprevisible como la Roma, con media docena de futbolistas en cada escuadra que desde su segunda fila son capaces de achantar a cualquiera. Salah y Dzeko se han llevado los honores, sin olvidar a De Rossi y a técnico Kloop, que  empujaron a sus equipos a la gloria de una semifinal de Champions con la que seguramente no contaban.
Pero la polémica estuvo en el último suspiro del Bernabéu, cuando el seguro Benatia arrolló por detrás al listillo Lucas Vázquez, quien hizo más por esa posibilidad que por buscar el balón de gol que le puso el omnipresente Cristiano. ¿Penalti o no? Lo fue por dos cosas: porque lo pitó el árbitro inglés y porque tuvo motivos; el galo marroquí no tocó balón aunque lo pareciera. ¿Si no lo hubiera pitado? Pues tampoco hubiese sido raro. La polémica sería al revés si la prórroga clasifica a los turineses. Cosas del fútbol.
El partido se recordará por ese penalti, magníficamente lanzado por Cristiano al hierro, recordando a Puskas; pero también hubo otras claves que no pasarán a la historia. Como el oscurecido juego de Casemiro, al que tanto ponderamos aquí, aunque no solo él estuvo desdibujado. Pjanic, Douglas Costa, Sandro y Khedira se comieron al medio campo madridista, cuyos centrocampistas se dejaban sobrepasar por unos rivales en plan guerrillero que parecían jugar en moto, como hubiera dicho el añorado Mesones. Aparte, Marcelo volvió a dar la de arena y a Carvajal le puso Mandzukic un sombrero cada vez que disputaban balones por alto, con la palpable consecuencia de dos goles casi calcados, aunque el segundo no sabe todavía el croata si lo remató de cabeza o de chepa. Y hubo otro aspecto que remarca el partido: Ramos todavía es insustituible en el Madrid de Zidane, tanto por su juego aéreo como por la infinidad de cortes eficaces en el flanco izquierdo — el del peligro Marcelo— y por la personalidad que infunde al equipo, además de su buena salida de balón.
Ramos, Cristiano y Casemiro y Modric son la columna vertebral de los blancos, como en el Barça Ter Stegen, Piqué, Busquets y Messi. Si fallan más de uno de ese póker de futbolistas decisivos el desparrame está servido. El Barça lo pagó caro en Roma y el Real estuvo a punto en Madrid, con dos resultados en la ida que daban más que para el simple optimismo.
Finalmente, el colofón lo pusieron sus máximas estrellas. Cristiano acudió a su cita con la gloria y Messi no. En esto recuerdan a los otros dos referentes antiguos de merengues y culés. Di Stéfano siempre estaba, cinco Copas de Europa, y Kubala no; solo consiguió dos Latinas y una de Ferias. Messi sí ha ganado cuatro Champions, pero en un pasado reciente que parece lejano. Una sola en siete años, en la cumbre de su carrera, es algo para hacérselo mirar, que dirán por Can Barça. Le sucede igual con Argentina, aunque menos acompañado. Últimamente, el sin embargo mejor jugador del mundo y sus cuates, recuerdan a los celebérrimos lebreles del tío Alegria, histórico huertano de la Arboleja: ejemplares siguiendo la pieza, pero cuando la tenían a tiro levantaban la patita para mear.
Los atléticos y Simeone también sudaron letra parda pelotera en Lisboa para pasar ronda. Y ahora se las verán con el Ársenal de Wenger en otra semifinal de dudoso pronóstico; magia parpadeante contra reciedumbre.
En todo caso, si sus artistas y la suerte quieren, merengues y colchoneros  superarán a los del viejo zorro Heynkes y a los artilleros londinenses. Así, seguiremos disfrutando de nuestra España cañí futbolera en Europa.

martes, 27 de febrero de 2018

LAS VERDADES DEL BARÇA



Los blaugranas empezaron la temporada entre paréntesis por su inestabilidad institucional y los despropósitos en torno a Neymar, más la inquietante situación de los dos repasos del Madrid en la Supercopa de España.
Aparte, una vez más, el hada fortuna acompañó en esos partidos al campeón, con el autogol de Piqué en el primer gol blanco en el Nou Camp y los dos palos del Barça en el Bernabéu, al margen de los espectaculares aciertos  goleadores de Asensio en ambos encuentros.  Y para no variar, también hubo lío arbitral por la injusta expulsión de Cristiano, con la funesta consecuencia de su posterior comportamiento, empujando al colegiado, lo que lo ocasionó una sanción de cinco partidos. Pero tal vez ahí empezó a tornar para la Liga el capricho del hada suertuda que decíamos, pues esa larga ausencia del portugués marcó, sin duda, el inicio de la sequía goleadora blanca que a la postre ha dado con sus botas en la pelea por ser segundón.
Desazón social, goles extraordinarios en contra, repasos blancos y suerte esquiva. Pero a tales adversidades sucedieron enseguida las sorprendentes realidades del Barça de Valverde, lo que lo hace aún más meritorio: una trayectoria espectacular hasta sus 68 goles a favor actuales —y más de veinte palos—, y 12 en contra en 25 partidos invictos; líder indiscutible y campeón en ciernes cuando aún restan 14 jornadas, con el Atleti en un segundo puesto despegado y el Madrid a 14 puntos.
Esos números son la primera verdad del equipo de Valverde, que es la segunda. Las otras que inventan algunos forofos son tontunas — ¿Cuándo vuelven los goles merengues ya no hay árbitros, verdad? — Al Barça le pisan poco su área y al Madrid mucho. Ha amalgamado un equipo de ensueño en torno a Messi sin echar de menos al díscolo Neymar, con probaturas que no han desequilibrado su progresión hasta los 65 puntos; solo diez perdidos en cinco partidos empatados.
Empezó con Deuloféu, el único lunar, y después han ido entrando Dembélé,  Alexis, Denis, Alcácer o André, a quienes sacó puntualmente del ostracismo, una vez asentados Sergi Roberto en el lateral derecho desde su polivalencia y Rakitic en el todoterreno.  Además, ha sacado un rendimiento relevante a Paulinho, de quien no esperábamos tanto gol,  como alternativa potente y de gran llegada en ciertos partidos o relevo de sus intocables para descansos y  rotaciones.
Y no quedan ahí sus aciertos. El hueco de Neymar en la banda izquierda ha propiciado el renacimiento de dos de sus jugadores básicos, recuperando a los mejores Alba e Iniesta de Guardiola, infravalorados por Luis Enrique. Solo por este detalle, el fútbol, y el español en particular, debe estarle agradecido. Lopetegui debería poner alguna vela a cualquiera de sus devociones para que lleguen en la forma actual al mundial de Rusia; podrían ser determinantes.
Y como guinda, ha devuelto la elegancia al banquillo barcelonista, bastante oscurecida con su antecesor asturiano mal encarado, añadiéndole  la humildad y discreción que lo caracterizan y sin  meterse en los charcos del genio del lacito amarillo —gilipollez supina—, su antecesor en tanta sabiduría, quien pierde con sus meteduras de pata políticas la admirable semblanza que gana como futbolero.
Elegancia, sabiduría, humildad y discreción son dones asociados siempre a los verdaderamente grandes. Y si a tales dones sumara Valverde los éxitos que se vislumbran,  ganará un puesto relevante en el sitial de los cimeros históricos del fútbol.  
Finalmente, hay otro detalle que indica una particularidad esencial de su equipo. Para marcarle al Barça, una de dos, o son auténticos golazos, normalmente desde lejos, o suelen ser producto de rebotes o golpeos tan extraños como el de un delantero del Alavés en el Nou Camp, quien le dio con la derecha al balón sobre la bota izquierda para conseguir una trayectoria inexplicable hasta para él mismo. Lo que indica que la base de su espectacular juego es una defensa extraordinaria, empezando por los delanteros, interiores y  Busquets y acabando en Ter Stegen, con Piqué y Umtiti arrolladores más dos laterales que parecen acordeones, todos con la presión, la calidad, la potencia, la rapidez y la anticipación por banderas.
Si le sumamos la suerte —Londres— necesaria siempre para triunfar, y disponer del mejor del mundo de todos los tiempos en su versión ideal, Messi, jugando, haciendo jugar, pasando, robando, liderando y goleando, se comprenden mejor las verdades reales del Barça de Valverde. Otro equipo para la historia si las refrenda en Europa.
            

lunes, 19 de febrero de 2018

SIETE MAGNÍFICOS, UN GIGANTE Y EL BECARIO



Paradójicamente, muchos madridistas irredentos y algunos amigos han vuelto a taparse. ¿Dónde están los impenitentes de la flor de Zidane?  Esos que cualquier triunfo pasado fue de los futbolistas o de la supuesta suerte del francés y las derrotas solo culpa suya.
El protegido de don Florentino erró en la confección de esta plantilla, eso es tan claro como que gestionó con notabilísimo éxito la heredada. Otra cosa es que yerre o acierte en sus planteamientos y cambios. Y ahí tenemos de todo, también como todos. Contra el PSG hizo pleno. ¿Qué le acompañó la fortuna? No hay ningún campeón sin ella. Y fue así porque los otros seis magníficos del Madrid también la tuvieron y el becario Emery no, errores aparte. Aunque la película hubiera sido muy distinta si le acompaña la suerte. Ahora sería figura y Zidane un petardo.
Casemiro y Ramos sacaron yendo al suelo y con la punta de la bota dos balones que iban directos a gol, perdiendo ya por uno, y Keylor evitó otro con una mano prodigiosa.  Cristiano, tras confirmar su categoría en el penalti, marcó su ciento uno de rodilla izquierda —¡tela!— y Marcelo de carambola con el suelo y un rival. ¿Acierto? ¿Suerte?  Las dos cosas al tiempo. ¿Y Asensio? Puso dos buenos balones y el rechace del portero  en uno de ellos rebotó en Cristiano y supuso la remontada. ¿Cuántos pases parecidos llevan sin suerte Isco, Lucas, Carvajal y él? Los goles son la ciencia del fútbol. Por cierto, ¡menudo medio el gigante canterano parisino Rabiot! Con Mbappé, Neymar y Marquinhos lo mejor del PSG.
El árbitro, ese demonio con pito que critican sus forofos cuando los merengues palman aquí, sancionó un penaltillo a favor y no vio otro en contra que pudo pitar. ¿Estaba comprado? Creo que tanto como los que en liga  favorecen supuestamente al Barça. Solo aprecian, juzgan,  yerran y aciertan.
La clave, aparte de lo dicho y del insustituible coraje que decíamos la semana pasada, estuvo en los banquillos. Lo peor para Emery es su reincidencia en Champions y en España. Hace un año se equivocó en el Nou Camp tras barrer al Barça en París; si hubiera salido a jugar como sabían y no a encerrarse no le meten seis goles los culés. Y el miércoles erró con un inexperto mediapunta argentino de mediocentro, para gozo de Isco y Kroos,  y en el cambio de Cavani por un lateral para adelantar a Alves. Por esa banda vino su cólico; idéntica cagalera que en 2017. Entonces dijimos que debía repensarse porque no dejaba de ser un becario muy justito para equipos grandes. Le prorrogaron el Erasmus, pero seguramente contempla sus últimas lunas llenas sobre París; esa maravilla que cantaba excelsamente Ana Belén.  Meterle dos o tres goles a los blancos sin que marquen me parece complicado, aunque tampoco sean los de Zidane un crisol de seguridades.
Advertimos que el Real se transforma en Europa, y hasta que se encuentre con los extraordinarios Barça o City, salvo pájara de Guardiola, que no sería la primera, es osado apostar en contra.
Zidane se irá porque el Barça liquidó su etapa. Sabe demasiado de esto, por mucho que algunos no lo vean, y dejará la puerta abierta. Pérez lo valora, pero es implacable y quiere a  Löw y Neymar, aunque lo del brasileño está verde por el dinero publicitario qatarí de su mundial, al margen del contrato parisino. Lo normal es que intente traer al goleador Kane jugando con la connivencia de Pochettino, quien se sabe blanco in pectore por simpatía presidencial después de Löw, un par de años máxime, que es la duración media de los últimos técnicos de Florentino, o como alternativa si el teutón se enquista de nuevo. Lo de Guti es un brindis cachondo de los voceras bien mandaos bajo la sonrisa maquiavélica del capo di tutti blanco, condescendiente con sus malintencionadas birlochas al viento. Y también vendrán un central, otro delantero —Benzemá y Vallejo están fuera—, un portero, un lateral —Odriozola— y dos medios; Modric, Kroos, Casemiro, Marcelo, Carvajal y Keylor precisan competencia. El Mundial de Rusia despejará incógnitas del aquelarre que maquina Pérez, que no será pequeño, visto el deprimente curso que padece. Saldrán media docena.
Liverpool y City arrasaron—espectaculares—, el Tottenham brilló en Turín y esta semana más. Barça, Chelsea, Manchester United, Sevilla… O  Messi, Iniesta, Mourinho, Conte, Hazard —otro sueño blanco—, Morata, Pogba, Banega… ¡Fiesta!  
     

viernes, 9 de febrero de 2018

EN EUROPA APRIETAN CULOS Y AFILAN COLMILLOS



Es más fácil juzgar a los demás. Y aprendemos poco. No se trata de culparnos por todo y condenarnos, que es insano y camino de depresión, sino de analizar cualquier circunstancia que nos afecte para sacar conclusiones; a ser posible positivas. Una buena puede ser reconocer nuestros fallos o carencias para intentar superarnos. Y otra valorar los puntos fuertes ajenos y aprender también de ellos. 
En el fútbol ocurre igual y los blancos recalcitrantes deberían saberlo. Con el añadido de ser un juego competitivo, por lo que influyen el azar y los rivales. La derrota suele coincidir con el mal juego; a veces plaga porque en todos los deportes las rachas existen, pero también influyen otras cosas. Tú puedes estar muy bien, pero a veces la pelota no entra o los contrarios son mejores. O simplemente estás de pena, aunque a veces soples y  suene la flauta, como contra el Deportivo y el Valencia. Y todo eso le ha ocurrido al Real Madrid en esta media temporada.
Los de Zidane han perdido puntos justamente —contra el Levante, por ejemplo— y también por mala suerte. Y no es justificar nada; sería absurdo. Es evidente que Cristiano no está, sobre todo en liga, porque en Champions sí mantiene su promedio goleador; que Kroos debería repensarse, que sin Nacho, el centro de la defensa es un coladero; que los laterales atacan más que defienden, que Isco y Asensio florean, que solo Casemiro y Modric mantienen el nivel, que precisan doce ocasiones para hacer gol, sinónimo de mediocridad, o ni las crean, más por desconfianza que por poca calidad; que su dominio es infructuoso y que en el banquillo tampoco hay alternativas tácticas o de corto, lo que habla de mala gestión del técnico, que fue lo que se le alabó el año pasado; y que es cansino reiterar que en el fondo subyace  la falta de goles y que así es el fútbol.
Para completar el cuadro, enfrente está el espectacular Barça de  Messi —¡cómo se nota cuando falta!—, Busquets, Piqué, Alba, Umtiti, Suárez, Iniesta —¡cómo está!—Sergi y Valverde,  encaminados a batir records culés de imbatibilidad. Una tormenta perfecta para la escuadra que comanda de todas las formas posibles Florentino, salvo el criterio mantenido por Zidane de aguantar con su plantilla hasta el final, lo que demuestra que al francés no le faltan personalidad, valentía,  responsabilidad ni lealtad a sus principios y a sus jugadores. Todo lo demás se le puede discutir y criticar. Entre otras cosas porque no es ciencia sino juego. Y además entre humanos, y muchos, que comporta una aleatoriedad tan manifiesta como inabarcable.
Aún es posible que la Champions sea bálsamo, e incluso un laurel histórico si lograra la tercera consecutiva y cuarta en cinco años, aunque cualquier aficionado diría a estas alturas que entre el Barça, el City de Guardiola, el PSG qatarí de Emery e incluso el Bayern de Heynckes estará el próximo campeón. Pero si echamos la vista hacia atrás la historia desmiente a los favoritos nominales; más en la del Madrid.
Es una delicia ver jugar a esos cuatro equipos, sobre todo a los de Manchester y Barcelona, porque los de París juegan una liga menor y los muniqueses reinan sobrados en Alemania. En Europa tendrán que refrendar unos y otros su suficiencia. Y ahí, el Madrid es otro cantar. La historia también lo muestra.
Los  merengues deberían aprender de sus errores y dejarse de señalar lastimosamente a los árbitros, porque, en efecto, no le piten al Barça penaltis en contra. Los árbitros no han influido en su legendaria historia, y si lo han hecho no ha sido para malo precisamente; lo mismo que a los azulgranas. Su atención en liga debería ser clasificarse para la próxima Champions.
El Barça va como un tiro, merecida y espectacularmente,  y el Madrid con muletas. Pero en el fútbol, como en la vida misma, los guiones se escriben marchando. No hay libreto, de ahí la magia de sus pasiones.  Y a veces nos sorprende quien menos te esperas.
Y ahora aguarda Europa, que dictará sentencias, una vez que la Liga es tan culé como la fuente de Canaletas.  Esperemos que nuestros equipos estén a su altura. El Barça no necesita avales; con el juego y los goles que origina Messi deslumbran. Y el Real…, ¡ay el Madrid! 
Pero yo no apostaría en contra.  Cuando asoman comanches en Europa aprietan el culo y  afilan colmillos.    

lunes, 10 de abril de 2017

LIGA BLANCA Y ZAFARRANCHO EN EUROPA



Con el pronóstico liguero confirmado, nuestros tres grandes afrontan el sprint final europeo. El Madrid ganará la Liga que tanto se le resiste a pesar de su juego irregular, ya que es el mejor tuerto en el reino bicéfalo de los ciegos. El Barça, la otra cabeza, sigue enjugascao con el disparate de rotaciones que Luis Enrique baraja de medio campo hacia atrás, porque delante no se atreve ni le deja Messi. Y Zidane, a pesar de que tuvo fortuna en Leganés y Éibar, otro tanto de lo mismo. Solo que rota menos, porque en el centro también tiene a dos señalados desde la prensa y el palco. Y claro, si arriba hay tres fijos —Ronaldo, Bale y Benzema— y detrás cinco —Kroos, Modric, Marcelo, Ramos y Navas—, poco tela queda por cortar.    
Esperemos que en Europa no se confirmen los temores que también dijimos,  porque Simeone travista a los del Leiscester de blancos o blaugranas para mentalizar a los suyos, que Luis Enrique compita de verdad en vez de distraerse viendo jugar a sus artistas y no le ocurra en Turín lo de Málaga, y que Zidane acierte contra los de Ancelotti y se deje de guiños al palco para sacar a los mejores, que no son los supuestos buenos, precisamente; Bale está para darle descanso, y Kroos, Modric y hasta Navas otro tanto.
Vázquez, Kovacic, Casilla e Isco están en mejor forma de largo, y Ronaldo necesita espacios para exprimir su final de temporada, que como en años anteriores no es su mejor época. Deberían sentar al otro solista, Bale, que tampoco anda en su mejor momento, y poner a suministradores generosos de balones, aparte de la colaboración de Benzema o Morata con sus desmarques y salidas a banda. Lucas Vázquez y Kovacic, además, ayudan por dentro y por fuera al indispensable Casemiro en su incesante labor de tapón por las fisuras de sus colegas de línea, Kroos y Modric, que tienen el depósito de ideas y oxígeno en mínimos.
Se suman a tales tinieblas las lesiones de Varane y Pepe, por lo que Nacho deberá seguir confirmando que es un jugador para acaparar más titularidades y no un comodín de usar y sentar, tal y como lo tiene Zidane.  Junto a Carvajal, es su defensa más en forma, y Pérez debería poner velas a San Isidro para que Ramos no se lastime, que sería el acabose, y lo mismo con Marcelo, que tampoco tendría repuesto. ¡Ay, la planificación deportiva del presidente orquesta “fichaor”!
Luis Enrique, como decíamos, deberá dejar los experimentos para la Liga perdida y centrar en Europa sus esfuerzos si quiere aspirar a algo más que a la Copa del Rey, donde son favoritos aunque harían bien en no confiarse. En todo caso, es más relevante ahora mismo en el Barça el papel que quiera interpretar Messi que el de su técnico, que ya sabe cuál es su sitio. Ver al argentino en Málaga jugando por delante de los centrales para poner algún balón con peligro en el área contraria es el mejor indicativo de por dónde van ahora los tiros blaugranas: él juega, organiza, golea y dirige al equipo, y eso nunca ha sido una buena referencia en el fútbol. Me recordó al declive de Cruyff en el Barça de Núñez y al de Di Stéfano en el Madrid de Bernabéu, aunque ambos daban ya sus últimos toques a un balón en el terreno de juego; uno veterano racional —ya le gustaban más los despachos— y el otro por años. Pero el mejor jugador del mundo, hoy, no está aún en ninguna de esas situaciones, y como no lo embriden puede acabar definitivamente con la era dorada del Barça.
Y, finalmente, Simeone debe engrasar bien su apuesta por un mejor juego, que aunque le ha costado no pelear por la Liga es el argumento más sólido que tiene en Europa y una magnífica apuesta de futuro. Si el Atlético quiere dar el saldo de calidad que anhela, además de no vender a Griezmann, debe reforzarse y andar el camino de los grandes de Europa, que lo fueron desde un sello de fútbol creativo más allá de la seguridad defensiva y el tesón legionario. Koque, Saúl y Carrasco, aparte de Godín y sus alfiles Juanfran y Filipe, su goleador francés y Oblak son básicos, y debe buscar recambio a los canteranos Gabi, por edad, y Torres, ya cuesta abajo.

¡Suerte!, que también juega.  

viernes, 13 de mayo de 2016

LOS PRONÓSTICOS TIENDEN A CUMPLIRSE
Aventuramos que los dos equipos madrileños estarían en la final de Milán, incluso la forma en que se podría producir tal eventualidad, y en San Siro estarán ambos con la orejona como objetivo. El fútbol le debe una al Atlético y es muy posible que a la tercera vaya la vencida para su primera; otro pronóstico.
El partido de Munich entre los de Simeone y los de Guardiola  fue digno de una semifinal de Champions. Intensidad, anticipación, juego, rapidez, táctica y suerte fueron los ingredientes. El Bayern dispuso del balón y del dominio pero le faltó suerte; que Müller falle un penalti que hubiera puesto a su equipo en franquía lo demuestra. Y que Griezmann aproveche la única ocasión clara de su equipo, aparte del penalti postrero fallado por Torres, es la muestra de lo que decíamos la semana pasada: es tan difícil hacerle dos goles al Atleti como que ellos no hagan uno. Y el guión lo fueron desarrollando los gladiadores colchoneros de Simeone tal y como era previsible. Igual que hicieron los metódicos alemanes de Guardiola. Un partido con muchísimos méritos del Bayern para pasar, pero con el más que previsible corolario del pase a la final de los de la ribera del Manzanares. Un equipo que anda ahora el camino de los desquites –Valdano dixit- mucho más fuerte que hace dos años, cuando pudo y debió ganar la final de Lisboa aunque llegó agotado, y que llegará a Milán, salvo accidente, sin novedad en cuanto a lesiones.
El Real hizo un partido flojo contra los ingleses de Pellegrini, que parecían un equipo de casados de las fiestas de los pueblos, como bien definió mi amigo y “Pavo de pro” Carlos Peñalver. Con Touré pasado de kilos en el eje, el chileno no se atrevió a meterle mano a los blancos colocando al belga De Bruyne por el centro por detrás de Agüero, que desesperado de no tocar balón bajaba al medio campo para intentar algo de provecho. Sin Casemiro, la ocasión era clara para hacerlo, aparte de sacar antes a Sterrling por la banda de Carvajal y desequilibrar a un muy entonado Kroos, además de descentrar a los centrales blancos, que taparon al delantero argentino sin otras tareas que hacer; Marcelo no subió como acostumbra para sujetar bien al sevillano Navas, el único que logró desbordar por su banda un par de veces. Y así, el juego de veteranos, que fue lo que pareció el partido, se fue consumiendo entre los nervios de los aficionados blancos, que empezaron a pedir la hora cuando faltaba casi toda la segunda parte. Un espectáculo penoso.
Por eso, de no cambiar mucho las cosas, llevará razón Valdano cuando habla de que el Atlético acabará su temporada de desquites ganando su primera Copa de Europa, por mucho que le pese a un sujeto que se auto titula  “el penúltimo Raulista vivo” y atiende por Juanma Rodríguez en algún medio de comunicación. Presume de “mourinhista” y “antivaldanista”, y no es más que un vocero de lo más rancio del forofismo blanco con tintes “florentinianos”, entre Roncero y Pedrerol; lamentable.
¿Qué el Real Madrid siempre es favorito? ¡Pues claro, faltaría más! ¿Y que desde que Zidane – excelente apuesta de don Florentino- ha equilibrado al equipo con un medio centro lo es aún más? Sin ninguna duda, pero se me antoja que los atléticos llegan en mejor forma y a los merengues les lastran las preocupaciones de Cristiano, sobre todo, y de Benzema. Es lo mismo que les ocurrió en Lisboa a los de Simeone con Diego Costa. Ojalá no suceda lo mismo y puedan disputar el grandioso duelo todos los futbolistas de las dos escuadras madrileñas. El fútbol lo agradecerá, así como el fútbol español presume de tener a tres de los cuatro mejores equipos de Europa disputando las finales continentales.
En cuanto a la Liga, el Barça, que tuvo una pájara peligrosa tras perder con el Madrid junto a la Diagonal, ha enderezado el rumbo y ya solo le queda una visita turística a la Alhambra para ser campeón merecidamente, que será lo más probable, una vez que los granadinos no se juegan nada; una vez más, milagroso Quique Pina, y enhorabuena por ello.
El Atlético perdió contra el Levante, contra pronóstico, y el Madrid ganó con muchos apuros al Valencia; demasiados, y gracias a un espectacular  Casilla. La mejor noticia para los blancos, en todo caso, es la aparente recuperación de Cristiano.            


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