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lunes, 19 de febrero de 2018

SIETE MAGNÍFICOS, UN GIGANTE Y EL BECARIO



Paradójicamente, muchos madridistas irredentos y algunos amigos han vuelto a taparse. ¿Dónde están los impenitentes de la flor de Zidane?  Esos que cualquier triunfo pasado fue de los futbolistas o de la supuesta suerte del francés y las derrotas solo culpa suya.
El protegido de don Florentino erró en la confección de esta plantilla, eso es tan claro como que gestionó con notabilísimo éxito la heredada. Otra cosa es que yerre o acierte en sus planteamientos y cambios. Y ahí tenemos de todo, también como todos. Contra el PSG hizo pleno. ¿Qué le acompañó la fortuna? No hay ningún campeón sin ella. Y fue así porque los otros seis magníficos del Madrid también la tuvieron y el becario Emery no, errores aparte. Aunque la película hubiera sido muy distinta si le acompaña la suerte. Ahora sería figura y Zidane un petardo.
Casemiro y Ramos sacaron yendo al suelo y con la punta de la bota dos balones que iban directos a gol, perdiendo ya por uno, y Keylor evitó otro con una mano prodigiosa.  Cristiano, tras confirmar su categoría en el penalti, marcó su ciento uno de rodilla izquierda —¡tela!— y Marcelo de carambola con el suelo y un rival. ¿Acierto? ¿Suerte?  Las dos cosas al tiempo. ¿Y Asensio? Puso dos buenos balones y el rechace del portero  en uno de ellos rebotó en Cristiano y supuso la remontada. ¿Cuántos pases parecidos llevan sin suerte Isco, Lucas, Carvajal y él? Los goles son la ciencia del fútbol. Por cierto, ¡menudo medio el gigante canterano parisino Rabiot! Con Mbappé, Neymar y Marquinhos lo mejor del PSG.
El árbitro, ese demonio con pito que critican sus forofos cuando los merengues palman aquí, sancionó un penaltillo a favor y no vio otro en contra que pudo pitar. ¿Estaba comprado? Creo que tanto como los que en liga  favorecen supuestamente al Barça. Solo aprecian, juzgan,  yerran y aciertan.
La clave, aparte de lo dicho y del insustituible coraje que decíamos la semana pasada, estuvo en los banquillos. Lo peor para Emery es su reincidencia en Champions y en España. Hace un año se equivocó en el Nou Camp tras barrer al Barça en París; si hubiera salido a jugar como sabían y no a encerrarse no le meten seis goles los culés. Y el miércoles erró con un inexperto mediapunta argentino de mediocentro, para gozo de Isco y Kroos,  y en el cambio de Cavani por un lateral para adelantar a Alves. Por esa banda vino su cólico; idéntica cagalera que en 2017. Entonces dijimos que debía repensarse porque no dejaba de ser un becario muy justito para equipos grandes. Le prorrogaron el Erasmus, pero seguramente contempla sus últimas lunas llenas sobre París; esa maravilla que cantaba excelsamente Ana Belén.  Meterle dos o tres goles a los blancos sin que marquen me parece complicado, aunque tampoco sean los de Zidane un crisol de seguridades.
Advertimos que el Real se transforma en Europa, y hasta que se encuentre con los extraordinarios Barça o City, salvo pájara de Guardiola, que no sería la primera, es osado apostar en contra.
Zidane se irá porque el Barça liquidó su etapa. Sabe demasiado de esto, por mucho que algunos no lo vean, y dejará la puerta abierta. Pérez lo valora, pero es implacable y quiere a  Löw y Neymar, aunque lo del brasileño está verde por el dinero publicitario qatarí de su mundial, al margen del contrato parisino. Lo normal es que intente traer al goleador Kane jugando con la connivencia de Pochettino, quien se sabe blanco in pectore por simpatía presidencial después de Löw, un par de años máxime, que es la duración media de los últimos técnicos de Florentino, o como alternativa si el teutón se enquista de nuevo. Lo de Guti es un brindis cachondo de los voceras bien mandaos bajo la sonrisa maquiavélica del capo di tutti blanco, condescendiente con sus malintencionadas birlochas al viento. Y también vendrán un central, otro delantero —Benzemá y Vallejo están fuera—, un portero, un lateral —Odriozola— y dos medios; Modric, Kroos, Casemiro, Marcelo, Carvajal y Keylor precisan competencia. El Mundial de Rusia despejará incógnitas del aquelarre que maquina Pérez, que no será pequeño, visto el deprimente curso que padece. Saldrán media docena.
Liverpool y City arrasaron—espectaculares—, el Tottenham brilló en Turín y esta semana más. Barça, Chelsea, Manchester United, Sevilla… O  Messi, Iniesta, Mourinho, Conte, Hazard —otro sueño blanco—, Morata, Pogba, Banega… ¡Fiesta!  
     

lunes, 13 de marzo de 2017

RAMOS, NEYMAR Y EL ÁNIMO


La remontada del Barça ha propiciado de nuevo el viejísimo debate que la semana pasada señalábamos, afirmando que los árbitros no golean. Y aunque el árbitro turco alemán cometió dos errores de bulto que favorecieron claramente al Barça: el penalti que pitó a Suárez y el que no a Di María, estamos donde mismo, porque antes de esas azarosas circunstancias se conjugaron las claves del desastre parisino.
Los de Emery salieron al Nou Camp con un ánimo suicida, y todavía nos preguntamos  si era el mismo equipo que goleó al Barcelona en París. Aquellos diablos que pasaron por encima de los encogidos culés parecían infantiles acogotados tras el gol escolar de Suárez a los dos minutos. Y a partir de ahí, es inconcebible que un equipo de Champions juegue con sus once profesionales de su línea media hacia atrás, que no centro del campo. Piqué y Umtiti ocuparon durante ochenta minutos la parcela teórica de los interiores blaugranas, con Mascherano un pelín más retrasado merodeando el círculo central. Y el vasco, pasmado en la banda, no supo o no pudo sacar a su equipo de la cueva, nunca mejor definido el espacio que pisaron, para dar alas a sus grandísimas posibilidades. Ahí estuvo la primera clave.
Y la segunda en la banda izquierda barcelonista, confiada solo a Umtiti, con Neymar de punta e Iniesta de volante de apoyo. Era previsible un roto descomunal por la velocidad de los delanteros rivales, pero el técnico vasco despreció tan evidente tecla.  Verrati, ese talentoso que nunca pasará de proyecto de figurón, amagó varias veces con lanzar por ahí a Moura, pero se daba la vuelta para buscar a Cavanni o Drexler, en quienes seguramente confiaba más. Cualquiera de ellos por esa banda hubiera podido ganar el partido. En fin, un desastre descomunal que podría traer a don Unai de vuelta a España para reinventarse. El fútbol tiene esas cosas. Una trayectoria envidiable tirada por el desagüe de una cagalera descomunal, en un partido que pasara al anecdotario vergonzante del fútbol.  Hasta el excelente y calladito Iniesta reconoció que el planteamiento contrario facilitó la histórica remontada.
Al margen de esas realidades, solo queda aplaudir el hito culé y celebrar que por fin se atisba cierto relevo al irrepetible Messi, aunque todavía le quedan años del mejor fútbol que se recuerda.  Neymar, a quien hemos criticado su infantilismo, teatro y absurdas actitudes chulescas, se coronó el miércoles como el otro yo del fenómeno argentino al encender la llama del ánimo culé.
El Madrid también jugó con fuego en Nápoles, con la lumbre fría de la indolencia en una primera parte irreconocible de los artistas de Zidane.  Aquí compitió igualmente el ánimo; ese talismán que por cualquier circunstancia del juego pone alas o plomo en las botas.  El mago que hizo brotar el genio blanco fue de nuevo Ramos, tan discutido por propios y ajenos como jugador imprescindible en los últimos años merengues.
En los momentos difíciles es cuando un líder debe demostrar que lo es, y el de Camas no se arruga. Ramos, sin ser un virtuoso del balón,  pero sí uno de los defensas más dotados técnicamente, tiene la fuerza de los elegidos y un corazón futbolero tan grande como ese Pizjuán que acoge vergonzoso los insultos de los descerebrados que no le perdonan su enorme personalidad. Y demostró también la raza que lo distingue al apagar el ánimo de los rápidos futbolistas napolitanos y el incendio de sus  camorristas en la grada.  El sevillano es un referente en la historia del fútbol español porque se recordarán durante decenios sus goles cabeceros.
El ánimo y el liderazgo estuvieron presentes también en el Atlético de Madrid de Granada. Sin Gabi, que es quien lo insufla y ejerce, pareció un equipo menor frente al correoso y aseado equipo nazarí. Koke, el relevo racial de Gabi, frotó la lámpara para que apareciera al final el genio de Griezmann. Ese portento que deberá salir más en Europa si quieren hacer historia. Mimbres tiene Simeone, pero deberán ser menos guadianescos que en la Liga.

Nuestra fortuna es que, un año más, coparemos los mejores equipos de la Champions, con permiso del Bayern. Y tres de ellos con posibilidades de orejona, aunque si el Sevilla de Sampaoli pasara el fielato inglés, el ánimo que decíamos los colocaría en el sprint.  El próximo técnico del Barça, Messi mediante, tiene en Leicester un reto decisivo. Y él lo sabe. Puede ser su mecha. 
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