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martes, 8 de noviembre de 2016

DE ZIDANE A GUARDIOLA


Son dos personajes de época; uno la protagonizó de jugador y otro de entrenador. Zidane es fantasía, modestia y glamur, y Guardiola sencillez,  imaginación y método. El francés fue figura mundial en el césped y el español, habiendo sido un extraordinario jugador de club, alcanzó la gloria en su primera experiencia como técnico de relieve, justo el camino que aquél inicia ahora. Y les une también la emoción, la elegancia personal y la deportiva; ambos fueron y son pasionales, pero prudentes y educados tanto en el triunfo como en el fracaso, esos dos impostores, que escribió el inglés Kipling en su aleccionador poema “If”. Y ahora les vuelve a unir la crítica por estar en primera línea de fuego, aunque haya también claras diferencias entre estos dos fascinantes personajes.
Guardiola tuvo el inmenso mérito de hacer del Barça y su juego la referencia mundial del fútbol durante varias temporadas, basándose en la cantera culé y en la maestría que se imparte en la Masía desde Laureano Ruiz, con fieles remembranzas “kruyffsistas”, hasta cuajar la historia más brillante y difícilmente repetible de los azulgranas y de cualquier otro club. Y ese mismo éxito es el fielato que le pusieron después en Alemania y ahora en Inglaterra para reverdecer los laureles unánimes de todos, salvo los periodistas y aficionados contrarios de bufanda extrema.  
A Zidane, por el contrario, todavía se le espera, a pesar de haber triunfado también a la primera en el club más exigente del mundo, el Real Madrid, ganando su trofeo fetiche en Europa. Y tiene lógica ese compás porque aún no ha encontrado el sistema de juego que identifique a los blancos, más allá de imponer el sentido común con Casemiro en el eje y Kroos y Modric al mando, amén de dar una patente de corso al trío atacante que don Florentino gusta disfrutar en su equipo, por muy discutible que sea en ocasiones. En este sentido, el francés se parece a otro técnico español: Luis Enrique, que empezó a triunfar con idéntica aplicación en el suyo, aparcando su tendencia natural a las rotaciones; otro trío de ases que también es obligado por Can Barça bajo mando argentino. Pero claro, cuando se descose la columna vertebral asoman las vergüenzas. En el Madrid es la ausencia del medio centro brasileño, la de Ramos y la de Modric, al margen de los altibajos del mejor goleador: Cristiano. Y en el Barça la de Piqué e Iniesta, que con Busquets forman el auténtico tridente insustituible blaugrana, más allá de la omnipresencia del mejor del mundo: el mandón Messi. En la reciente jornada de Champions tuvimos la prueba de lo que afirmamos.
 Zidane se dejó llevar por su tendencia al espectáculo y por una sumisión impropia a los criterios “superiores”, que él conoce bien. Las flores presidenciales a su figura en la última asamblea de socios tienen esa contrapartida; ya veremos cómo se marchitan si no endereza esta temporada la nave con solvencia. Y salió en Varsovia con solo dos medios y cuatro delanteros, que además se estorbaban por el centro, para no quitar a Cristiano o Benzema ante la titularidad de Morata. El partido le dio una oportunidad de oro para rectificar cuando se puso en franquía de dos goles, pero no supo rectificar, sustituyendo a un delantero por un medio para amarrar el resultado.
Y en Manchester hubo otro detalle para el recuerdo. Guardiola, perspicaz y con el juego perdido, le hizo el avión a Luis Enrique cambiando las posiciones de Silva y De Bruyne, y el acoso del belga al súper atareado Busquets, metido entre centrales,  aparte de su calidad y rapidez, variaron el panorama. Pero, refrendando que el fútbol es más juego que ciencia, también pudo salirle bien a Zidane y a Luis Enrique. De haber estado fino Cristiano el Madrid hubiera marcado más goles, y el Barça, con Neymar o Suárez más acertados, hubiese puesto una distancia inalcanzable en la primera parte.
En el fútbol hay una explicación para casi todo y, al margen de las características de ciertos personajes, pasamos sin ruborizarnos de unos principios a otros como los hermanos Marx. Y siendo un juego, siempre es mejor sonreír. Si no, recuerden los fallos inusuales de Sergi y Ter Stegen o el balonazo al larguero de Vázquez en el último segundo.  ¡Ay, el azar!

Mientras, el legionario Simeone, el valeroso Emery, el flemático Ancelotti y el innovador Sampaoli caminan firmes. De Mourinho, mejor hablamos otro día.        

lunes, 12 de octubre de 2015

DE MOURINHO A DEL BOSQUE

De Mourinho a Del Bosque
Es tan difícil establecer comparaciones entre profesionales futboleros como entre personas corrientes. Todos llevamos en la mochila circunstancias tan distintas que nos harían irreconocibles en las experiencias de otro y, por lo tanto, en su trayectoria vital y profesional, que junto a la formación, el carácter y la personalidad que al final conforman, pueden explicar los éxitos y fracasos ocasionales. Sin olvidar, como diría mi desde hace sesenta años amigo Tato, la suerte. Ese azar que se busca en la lucha tesonera e inteligente diaria, y también en su lotería: andar el camino durmiendo lo justo. Luego hay tipos con suerte y otros que parecen gafados, pero siendo necesaria tal fortuna, no es suficiente.
Napoleón, además de buscar en su mujer el secreto de cualquier hombre relevante, indagaba si sus oficiales eran hombres de suerte antes de ascenderlos. Experiencia, valía e intuición no le faltaban al militar y emperador francés, aunque, como a tantos, al final le perdieron la ambición y la soberbia. Y es que, hay quien tiene la voluntad y la sabiduría de levantarse después de uno o varios fracasos, y, por el contrario, todos conocemos a gente que no se recupera nunca de un éxito, y sigue entontecido hasta que la vida les da una lección de humildad. Los más señalados dentro de esta categoría mesiánica, jamás se recuperan de su cadena de éxitos y terminan en el hoyo.
Desde esas premisas, vayamos a las figuras que originan estas líneas. Mourinho lleva en el candelero desde el año 2000, con el Benfica, hasta ahora, que anda empantanado en el Chelsea. Ganó dos Ligas con el Oporto, dos Premier con el Chelsea en su primera etapa, dos Serie A con el Inter y una Liga con el Real Madrid. A ello hay que sumarle como títulos más relevantes dos Champions: Oporto e Inter y una Europa League con el club portuario portugués, aparte de ser nombrado tres veces como mejor técnico del mundo. Un palmarés al alcance de pocos entrenadores: diez títulos en 15 años. Como jugador fue mediano en la mediocridad.
Del Bosque, por el contrario, estuvo 13 años en la primera plantilla del Real, jugando más de trescientos partidos y fue dieciocho veces internacional, con un Mundial. En esa época ganó cinco Ligas. De entrenador, se curtió en la cantera madridista hasta que en 1999 le dieron la alternativa en el primer equipo. En cuatro años ganó dos Ligas y dos Champions. Relevó en el 2008 al inolvidable Sabio de Hortaleza en la selección española, y con ella ha sido campeón de Europa y del Mundo. Individualmente, ha sido nombrado dos veces mejor entrenador del mundo y cuatro mejor seleccionador mundial. Otro palmarés deportivo – nueve títulos y dos titulazos en 11 años- difícil de alcanzar, por no decir imposible.
Es decir, que como profesionales, y con la decisiva fortuna de haber entrenado a grandes equipos, estarían los dos en el podio de los diez mejores de la historia, sin establecer diferencias notables, salvo que el portugués ha sido más errante y solo en clubes, con el valor añadido de triunfar en tres ligas importantes, y el español ha sido de un solo club de relieve y de nuestra selección, con el galardón de ser el mejor equipo del siglo XX, el Real, y la mejor del mundo en el último decenio: España.  
Ahora bien, si vamos a los valores personales que traslucen como personajes públicos, las diferencias son abismales. Hablando en callejero, Mourinho es un bocazas maleducado y Del Bosque un señor. El luso, además de metededos, metepatas y desatado saltarín, es tan lenguaraz en sus desvaríos con la sin hueso que resulta imposible sintetizarlos: desde despreciar a un periodista español calificándole de ‘mierda en su profesión’, proclamándose él como top en la suya, hasta retar a su último equipo pontificando que si lo despiden echarían al mejor técnico que pueden tener. Del Bosque, al contrario, como recomendaba Kipling en “If”; es hombre en la victoria y en la derrota. Sobran comentarios.
Por eso, el ensoberbecido “special one”, Xosé, es como Atila: por donde pasa no crece la hierba  – deja plantillas, y hasta aficiones, rotas: Oporto, Chelsea, Inter y Madrid-, y don Vicente genera equipos para el triunfo. Lo hizo en el Madrid y lo hará con España, como Luis Aragonés, salvando su enorme distancia: el Sabio valiente creó estilo y escuela. Como otros en diferentes momentos: Zagallo, Michels, Cruyff, Sacci, Guardiola..., o Bernabéu de presidente.


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