jueves, 24 de mayo de 2018

LA SUERTE SUPREMA



Como en los toros, la calidad, el riesgo, la estética y hasta las emociones se funden en la memoria de los triunfos. Y estos llegan con la suerte suprema, que en los ruedos litúrgicos de sangre noble es manejar bien la espada y en los campos de sudor y clase marcar más goles que el contrario. Después vienen los trofeos y los recuerdos, aunque a veces atesoremos alguno huérfano de laureles.
Los atléticos conservarán siempre las tres finales de Champions perdidas en el último instante, pero con Simeone tienen ya más alforjas rebosantes que vacías. Emocione más o menos su juego, el Atlético del argentino es garantía de competitividad y tiene en Griezmann al artista que tumba rivales sin puntilla. Con la tercera Europa League,  Simeone es el técnico más laureado de su historia y corona el parnaso colchonero con el mítico Luis, de quien heredó el gusto por la seguridad, la garra y la velocidad como mordientes de su juego.  
Comentábamos que España y Madrid reivindicarán el reino y la capital del fútbol europeo. El Real está a pocos días de optar con posibilidades a su decimotercera Champions, que no treceava —gracias, Maestro Marcial—. Máxime cuando el problema de Zidane es que dispone de toda su plantilla; bendito dolor. Si salen cohetes y usan la de verdad no hay Liverpool, Klopp ni Salah que valgan. Otra cosa será si juegan andando, lidiando desapegaos en plan chuflas, y en lugar de estoque tiran de petardo.
Por su parte, Barcelona es desde hace una década el crisol del envidiado fútbol español. El octavo doblete culé, y cuarto en esos años más dos tripletes, con Valverde, Iniesta y  Messi batiendo records, es tan complicado de conseguir como meritorio. Los atléticos recuerdan uno y los merengues cuatro. A cada cual lo suyo, Ramón — amigo culé y cartagenerista—, y a Iniesta la gloria. Quizás el calificativo de irrepetible sea el más apropiado para el enorme futbolista manchego. Como reiteramos aquí y decía el elegante Butragueño en su homenaje, el Iniesta deportista supera al deslumbrante futbolero; un ejemplo mundial.
Y en la Región andamos montando la espada para salir de la negra faena de Segunda B. Sin embargo, el sábado asistimos en el Cartagonova a un partido vibrante con episodios de buen juego y a una desacostumbrada apuesta, por vistosa y valiente, del técnico visitante Iriondo, que con un uno a uno en el marcador salió en la segunda mitad con un medio menos y un delantero más para jugar con tres puntas. El Rayo Majadahonda, máximo goleador de la categoría con sesenta dianas, lució mejor tono físico y fútbol, saliendo siempre jugando desde atrás, aunque el Cartagena le superó por la eficacia de Cruz y Aketxe y por la diosa fortuna. Los madrileños tienen dos buenos extremos: De Frutos y Coto, un organizador excelente, Carlitos, y un medio centro de garantía, Óscar, que en la segunda mitad enhebraron varias triangulaciones de una calidad inusual en este pozo de segunda. Un gol anulado por fuera de juego dudoso, en la mejor jugada del partido, y dos paradones de Pau Torres evitaron su triunfo. Los de Monteagudo lo tendrán crudo en la vuelta si salen a conservar. Preveo una eliminatoria incierta, y hasta tenebrosa para el Cartagena, salvo que les acompañen las fuerzas y destilen en el Cerro del Espino la clase que atesoran Hugo, Ramírez, Alvaro, Gaspar y Chavero, sobre todo, para tener opciones de culminar la faena.
Y el Murcia, pues…, Salmerón en estado puro. Los aficionados granas vienen soportando, con suerte, una estafa de medio tiempo; lo que desprecia el soporífero técnico almeriense, porque en la mayoría de los casos no ven nada interesante hasta que los contrarios marcan o sigue todo a cero, mediada la segunda mitad.  Entonces, el ex del UCAM cambia a uno de los tres medios defensivos para sacar un delantero o un interior ofensivo. Y de ahí no lo saca nadie, amigos. Eso fue el partido frente a los de Pacheta. El Elche vino a jugar con más ambición que los granas, pero tuvo que imaginar poco porque el Murcia, fiel al reservón entrenador —de equipos pequeños—  le regaló la iniciativa. Y así, aseados, encontraron un gol de rebote aunque pudieron hacer alguno más. Igual que los granas olieron el suyo en los arreones finales; el arrimón de los toreros mediocres. Ni faena ni estoque ni nada.
A la vuelta, en Elche, lo volverán a vender tinto. ¡Suerte!                   

viernes, 11 de mayo de 2018

DEL FÚTBOL AL ABURRIMIENTO



Donde hay goles hay alegría y sin ellos se aburren hasta las ovejas. Ya sé que es tan cierto como de Perogrullo, pero hay muchos que defienden el fútbol defensivo como otra forma de verlo y disfrutarlo. Y es que,  como le dijo el Gallo a Ortega y Gasset, presentado al torero sabio como filósofo por José María de Cossío, “tié q’haber gente pa to”. 
El jueves pasado me aburrí con el partido que hicieron el Atleti y el Arsenal. Además de ver solo un gol, bonito, eso sí; jugaron andando unos y otros hasta el minuto setenta, cuando a los de Wenger se les iba la eliminatoria. Y eso, tras disfrutar con los partidos que hicieron el Madrid y el Bayern y el Liverpool y la Roma en Champions, parece que también es fútbol. Pues sí, amigos, pero del cansino; cansa más verlo que seguramente jugarlo.
 Hay profesionales que también lo defienden, y están en su derecho, como lo estamos muchos aficionados en denunciarlo. Algunas veces se amparan en que con los mimbres que tienen no pueden jugar de otra manera, pero mienten, o, al menos, no dicen toda la verdad. Simeone, por ejemplo, que es el paladín del Atlético como don Florentino lo es en el Madrid y Messi en el Barça, ha llevado a su equipo a cotas importantes en España y en Europa, sin ninguna duda, pero solo conocemos una versión de su equipo. La de si no nos marcan normalmente debemos puntuar y la de si marcamos uno hay que defenderlo con uñas y dientes. Y así ha ganado una Europa League, una Copa de España y una Liga como títulos relevantes. Lo que nunca sabremos es lo que podría haber ganado jugando de otra forma, porque jugadores tiene para tal. Recordemos las dos finales de Champions contra el Real Madrid, al que tuvo contra las cuerdas en Lisboa —ganaba por uno y le empató Ramos en el último minuto— y en Milán, donde se conformó con llegar a los penaltis tras empatar Carrasco el gol inicial de Ramos; otra vez su verdugo. Es verdad que a su primera final llegó con el equipo entre algodones, pero en la segunda pudo y debió hacer bastante más por ganarla. Y seguramente lo merecía, pero no cambió el guion y como proclamaba Luis Aragonés nadie se acuerda de los subcampeones.
También hay otra forma de jugar que aburre si no hay goles, la del dominio apabullante sin profundidad, pero eso es otra historia, aunque se vean algunos detalles para el recuerdo. Como también se ven en el sistema Simeone: en el partido de ida de la pasada semifinal el héroe fue Oblak y en el de vuelta Godín, lo que indica a las claras el relato de la eliminatoria.
Ahora se está poniendo de moda el sistema de presión alta, robar y salir corriendo, que es el que manejan dos técnicos atractivos por su filosofía futbolera que medirán sus fuerzas en Kiev; Klopp y Zidane. Y está cayendo algo en desuso el del toque y toque hasta encontrar la ocasión; el famoso tikitaka de la España campeona de Luis y Del Bosque y del Barça de Guardiola, que después exportó a Bayern y ahora al Manchester City. Me gustan las dos formas de juego por lo que tienen de belleza,  pero el primero, el basado en el acoso y la velocidad, tiene más garantía de gol y sobre todo es más espectacular.
Por aquí tenemos también el ejemplo de Salmerón, el actual técnico del Murcia, que el año pasado decía en el UCAM, en Segunda, que sus aficionados debían acostumbrarse a sufrir; y les aseguro que así fue. Presencié en directo casi todos los partidos con él en el banquillo, dentro y fuera, y salvo contra el Almería en la Condomina no me divertí en ninguno; tal vez tenía la excusa de un presupuesto modesto. Pero este año, sin ese hándicap y en Segunda B, hace jugar a su equipo exactamente igual. Tres medios defensivos, balones largos a un delantero centro robusto y a esperar segunda jugada. He visto todos los partidos de su Murcia y me aburre tanto como el año pasado con los universitarios.
Pero ojo, que aburrir también puede tener premio. Al UCAM lo subió a Segunda, aunque lo dejó listo de papeles después, y este año puede subir al Murcia. Ojalá suceda, lo que no quita para que su fútbol aburra hasta decir basta.          

martes, 1 de mayo de 2018

COMO SIEMPRE Y SIN VERGÜENZA



El Real Madrid encarriló su pase a la final de la Champions y está a dos pasos de refrendar su reinado en Europa. Como siempre, dicen sin embargo algunos con muy poca vergüenza, aludiendo a una supuesta ayuda arbitral.
 Y es que, válgame Santo Tomás, pensábamos que ya no cabían más tontos en esto del fútbol y viene el Mundo Deportivo de Barcelona y supera a todos los demás. Y eso, que lo digan los forofos culés produce hasta ternura, es parte de la esencia del fútbol, pero que lo denuncie en portada un medio de comunicación solo tiene dos explicaciones: el periodismo de bufanda o la prostitución debida de los mantenidos, o las dos cosas a la vez. ¿Cómo se le ocurre tamaña imbecilidad a un periódico que cubre básicamente a un club de la incuestionable categoría del Barça? ¿Son tan tontos, o tan de hoja parroquial, de no medir lo que destacan? Porque se lo ponen fácil a sus contrarios.  ¿Quieren decir que los blaugranas reinan en la Copa de España, por decir algo, gracias a los árbitros? ¿O tal vez sucede lo mismo en la Liga, como proclama el forofismo merengue? Porque de los árbitros no pueden quejarse, precisamente, los barcelonistas; pregunten al PSG. Y tampoco los blancos.
Como siempre, dicen con razón y afirmamos aquí, el Real está cerca de otra final; la cuarta en cinco años.  Como siempre, el Madrid está cerca de otra gloria en Europa, donde es el club con más entorchados a distancia abismal del segundo; doce contra siete del Milán —el Barça, cinco—. Como siempre, los blancos se transforman en cuanto huelen la Champions y machacan a quienes les tocan.  Como siempre, los de Zidane pueden reverdecer su historia ganando tres consecutivas y cuatro en cinco años; ya ganaron cinco seguidas en sus inicios. Como siempre, los madridistas tienen a mano seguir sumando trofeos; sería  el treceavo. Y como siempre, señores periodistas catalanes de siesta, pijama y orinal, ustedes hacen el ridículo sin vergüenza defendiendo lo indefendible cuando se trata de atacar sin razón al Real Madrid. Exactamente igual que al contrario, cuando los comunicadores pesebreros madrileños se hartaban hace años de decir gilipolleces sobre la triunfal racha del Barça de Messi, Pujol, Xavi, Iniesta, Busquets y compañía; su mejor etapa  histórica. Y todavía hoy lo hacen, responsabilizando a los árbitros de favorecerles, sin reconocer que esta Liga, como tantas otras en el último decenio, la ganarán porque han sido mejores. Todo lo demás, salvando a los aficionados de unos y otros que defienden pasionalmente contra viento y marea sus colores, viniendo de quienes viven de la información, son lamentos vergonzosos de malos periodistas y peores perdedores; deberían tener una cierta objetividad, que sería de nobleza profesional, aparte de ahorrar munición barriobajera a posibles descerebrados. La violencia deportiva se nutre de cosas por el estilo.
Reiteramos que el fútbol español manda en el continente. El Madrid no hizo su mejor partido en Munich, pero lo bastó su eficacia delante para desarbolar al sempiterno campeón alemán. Tuvo suerte también, pero eso es parte del juego y del equipaje de los campeones. Lo normal es que pase a la final y se enfrente al Liverpool de Klopp, que pasó por la piedra de Anfield a los rocosos romanos de Monchi, quienes hasta muy avanzado el partido no cambiaron el sistema suicida de jugar con tres centrales muy juntos y dejarles las bandas libres a Salah y compañía. Y si eso sucede, creo que en Kiev habrá fiesta blanca; el Real Madrid es notoriamente superior.
Y no acaba ahí nuestro fútbol. El Atlético de Madrid dio una lección de pundonor y de juego defensivo a otros ingleses. El Arsenal de Wenger y Ozïl, con Bellerín y Monreal —¡qué jugadorazos! se encontró en superioridad numérica desde el minuto nueve, pero no supieron liquidar a los legionarios de Simeone, aunque dominaron a mansalva, y tuvieron la flaqueza de concederle una ocasión a Griezmann. Imperdonable, porque al colchonero francés le basta media oportunidad para enchufarla; característica de los muy grandes. Y eso hizo. Así, con un empate a uno tiene medio hecho el pase a otra final en Europa, y ya colecciona unas cuantas en los últimos años.
De llegar a las finales el Real y el Atlético, del que también se podría decir como siempre últimamente, Madrid tendrá otros dos títulos europeos que celebrar. Y España también.
Y los tontos a llorarle a la luna.  

lunes, 16 de abril de 2018

DE INDOLENCIA Y DE PENALTI



Los penaltis discutidos son parte de la historia del fútbol. Como los arbitrajes polémicos, la mala suerte, los fallos inexplicables, los jugadores legendarios, los casi goles, las jugadas extraordinarias y los golazos; la desidia no. El Madrid y el Barça han acaparado los mayores escaparates del fútbol mundial y coleccionan experiencias de todo tipo.
Nos equivocamos al augurar que  Real, Barça o Bayern protagonizarían la final de Champions; solo uno de ellos lo hará porque los blaugranas cayeron de indolencia. Por eso dicen Iniesta y Busquets, quien tuvo una mala noche, que fue una de sus mayores decepciones. Es incomprensible que solo tuvieran una oportunidad clara de gol, la de trancas y barrancas de Messi. Antes, pierna floja, lentitud y suficiencia indolente.
La semifinal entre madridistas y bávaros será complicada, pero mucho más la de romanos e ingleses. El Liverpool es tan imprevisible como la Roma, con media docena de futbolistas en cada escuadra que desde su segunda fila son capaces de achantar a cualquiera. Salah y Dzeko se han llevado los honores, sin olvidar a De Rossi y a técnico Kloop, que  empujaron a sus equipos a la gloria de una semifinal de Champions con la que seguramente no contaban.
Pero la polémica estuvo en el último suspiro del Bernabéu, cuando el seguro Benatia arrolló por detrás al listillo Lucas Vázquez, quien hizo más por esa posibilidad que por buscar el balón de gol que le puso el omnipresente Cristiano. ¿Penalti o no? Lo fue por dos cosas: porque lo pitó el árbitro inglés y porque tuvo motivos; el galo marroquí no tocó balón aunque lo pareciera. ¿Si no lo hubiera pitado? Pues tampoco hubiese sido raro. La polémica sería al revés si la prórroga clasifica a los turineses. Cosas del fútbol.
El partido se recordará por ese penalti, magníficamente lanzado por Cristiano al hierro, recordando a Puskas; pero también hubo otras claves que no pasarán a la historia. Como el oscurecido juego de Casemiro, al que tanto ponderamos aquí, aunque no solo él estuvo desdibujado. Pjanic, Douglas Costa, Sandro y Khedira se comieron al medio campo madridista, cuyos centrocampistas se dejaban sobrepasar por unos rivales en plan guerrillero que parecían jugar en moto, como hubiera dicho el añorado Mesones. Aparte, Marcelo volvió a dar la de arena y a Carvajal le puso Mandzukic un sombrero cada vez que disputaban balones por alto, con la palpable consecuencia de dos goles casi calcados, aunque el segundo no sabe todavía el croata si lo remató de cabeza o de chepa. Y hubo otro aspecto que remarca el partido: Ramos todavía es insustituible en el Madrid de Zidane, tanto por su juego aéreo como por la infinidad de cortes eficaces en el flanco izquierdo — el del peligro Marcelo— y por la personalidad que infunde al equipo, además de su buena salida de balón.
Ramos, Cristiano y Casemiro y Modric son la columna vertebral de los blancos, como en el Barça Ter Stegen, Piqué, Busquets y Messi. Si fallan más de uno de ese póker de futbolistas decisivos el desparrame está servido. El Barça lo pagó caro en Roma y el Real estuvo a punto en Madrid, con dos resultados en la ida que daban más que para el simple optimismo.
Finalmente, el colofón lo pusieron sus máximas estrellas. Cristiano acudió a su cita con la gloria y Messi no. En esto recuerdan a los otros dos referentes antiguos de merengues y culés. Di Stéfano siempre estaba, cinco Copas de Europa, y Kubala no; solo consiguió dos Latinas y una de Ferias. Messi sí ha ganado cuatro Champions, pero en un pasado reciente que parece lejano. Una sola en siete años, en la cumbre de su carrera, es algo para hacérselo mirar, que dirán por Can Barça. Le sucede igual con Argentina, aunque menos acompañado. Últimamente, el sin embargo mejor jugador del mundo y sus cuates, recuerdan a los celebérrimos lebreles del tío Alegria, histórico huertano de la Arboleja: ejemplares siguiendo la pieza, pero cuando la tenían a tiro levantaban la patita para mear.
Los atléticos y Simeone también sudaron letra parda pelotera en Lisboa para pasar ronda. Y ahora se las verán con el Ársenal de Wenger en otra semifinal de dudoso pronóstico; magia parpadeante contra reciedumbre.
En todo caso, si sus artistas y la suerte quieren, merengues y colchoneros  superarán a los del viejo zorro Heynkes y a los artilleros londinenses. Así, seguiremos disfrutando de nuestra España cañí futbolera en Europa.

lunes, 2 de abril de 2018

ISCO Y MESSI O LA IMPORTANCIA DEL MEJOR



Decíamos que contra Alemania nuestra selección tuvo luces y ciertas sombras, y ahora añadimos que contra Argentina reiteramos alguna, aunque corregimos otras. El tema del medio centro, con Thiago, continuó flojeando, de ahí que en la primera parte nos llegaran con excesiva facilidad por el centro, y de haber contado con alguien resolutivo al borde del área quizás ahora estaríamos hablando de otras cosas.
Sí, no nos engañemos, con Messi hubieran hecho algún gol más y entonces no habrían entrado los de Lopetegui en la segunda parte con la facilidad con que lo hicieron; ellos se hubiesen cerrado para esperarnos a la contra. Es la decisiva importancia de que juegue o no el mejor del mundo. Esto no es restar brillantez a la goleada de Isco y compañía, que hicieron méritos sobrados, sino tratar con cierta objetividad lo engañoso que puede ser un resultado en el fútbol.
En la cara buena de la moneda nos encontramos con la corrección del juego horizontal y de ronditos. España fue más vertical y el marcador reflejó tal circunstancia. Isco, como ejemplo, halló la excelencia jugando de media punta —casi de segundo delantero—, que es donde mejor partido puede sacar a sus amagos, caños y excelsa clase. Y de ahí deriva la pregunta de la mayoría como consecuencia de sus tres goles: ¿Por qué no es titular en el Madrid? No es muy complicado deducirlo.
En primer lugar están los sistemas competitivos tan diferentes de la selección y de su equipo. Nuestros seleccionados se asocian continuamente hasta encontrar un hueco preciso, como vienen haciendo desde Luis Aragonés. En el Madrid los huecos se buscan a base de velocidad, arreones y ‘cristianazos’. Y en esa diferencia hallamos la segunda explicación. Isco requiere pausa para su juego y eso lo encuentra con jugadores tipo Busquets o Iniesta.
De ahí, y en segundo lugar, encontramos la idiosincrasia de sus compañeros. Su puesto ideal en el Madrid sería jugar cerca de Cristiano para combinar, filtrarle balones y habilitarle espacios, pero para eso cuenta Zidane con Benzema, que además hace tan bien ese papel que hasta se está olvidando de golear. Por otra parte, un jugador como Isco requiere que el equipo juegue casi para él, y eso en su club es un imposible.
Finalmente, está lo que tanto hemos comentado: sus propias características. Alguna vez recordamos a Guti, afirmando que tenía tanta clase como él, si no más, y nunca fue titular indiscutible en el Madrid de Raúl y de los galácticos Coinciden también en el protagonismo personal. Ni el madrileño entonces ni el malagueño ahora representan al futbolista gregario porque respiran por sus egos. Y así llegamos a la complicación de liderar cualquier club grande. Para ello se requiere ser uno de los mejores del mundo, casos de Messi, por encima de todos, y de Cristiano, que a goles no le gana nadie.  El Barça puede jugar en torno al argentino y el Madrid para el portugués, y en esas categorías Isco ni está ni se le espera.  Todo lo demás es darle vueltas retóricas a lo mismo: es un extraordinario futbolista, sin ninguna duda, pero si aquellos son la primera fila él estaría en la segunda cuando luce sus mejores destellos y claramente en la tercera si se empeña en marear la pelota.
Como colofón, Cristiano es capaz de llevar en volandas a su equipo en la Champions, ahí están sus registros goleadores, y  Messi, como en Sevilla y tantas otras veces, se basta para levantar un partido en pocos minutos perdiendo de dos o más. Por eso, afirmo sin reparos que si hubiese estado contra España el resultado del pasado martes sería otro.
Cuestión distinta es cómo les irá a unos y otros en el próximo mundial. Argentina, de llegar a Rusia su media docena de puntales en buena forma, como la que exhiben ahora Banega, Agüero y Messi, será una de las mejores selecciones. Portugal dependerá básicamente de Cristiano, aunque dada su soledad será difícil que tenga un papel relevante. Isco, sin embargo, sí puede llegar a cotas muy altas porque en la selección está rodeado de una docena de futbolistas que son y serían titulares en las mejores selecciones del mundo: Busquets, Ramos, Piqué, Alba, Iniesta, Carvajal, De Gea o Silva, por citar a los fijos, o son los mejores en sus puestos o lo comparten favorablemente en el peor de los casos. Pocos combinados pueden decir lo mismo.     

miércoles, 21 de marzo de 2018

DE LA CHAMPIONS A LOPETEGUI Y MARCELINO



Otra vez la burra en el trigo, dirán en Europa. La Liga sigue a la cabeza de su fútbol, lo que supone reinar también en el mundial. Y no decaerá mientras Messi y Cristiano la protagonicen.
Nunca antes coincidieron en España el  mejor jugador y el mejor goleador del mundo. Y, además, en los dos clubes más laureados, que ahora no son causa sino consecuencia de tenerlos, aunque sean coetáneos de la mejor generación futbolística española.
Otra vez copamos los cuartos de Champions, con el consolidado Sevilla como invitado excepcional, que ya lo vivió en el lejano 1958 cuando el Real cuajaba su legendaria trayectoria. Y no han sido cuatro porque lamentablemente al Atlético lo ninguneó la suerte antes, en Roma.
A cinco partidos de la final puede pasar cualquier cosa, pero aventuro que Barça y Madrid estarán en semifinales. Y el Sevilla, si da su cara buena, suma posibilidades reales porque los Banega, Lenglet, Nzonzi, Sarabia, Ben Yeder y compañía disfrutan de una forma excelente. Y además tienen a Montella, un técnico de los que hacen crecer el fútbol reinventando jugadores; apostar por Navas de defensa lo demuestra.  El viejo zorro Heynkes deberá hilar fino para eliminarles. La exhibición sevillista en Manchester frente a los del incomprensible Mourinho habrá avisado a más de uno y andarán con las orejas tiesas. Los yanquis que gobiernan al United echarán cuentas y no le auguro porvenir al medroso  portugués, que vive del cuento cuesta abajo y sin frenos desde su afortunadísima Champions con el Inter.
El Barça tendrá pocos problemas con la Roma de Monchi. Están fuertes, con Messi disparado, y Valverde puede obrar el renacimiento, como en la Liga. Aparte, les sonríe la suerte y veremos si es la del campeón y tocan pelo tras seis años en barbecho. Y a la Juventus de Allegri le ha vuelto a tocar la negra. El Madrid de Zidane, por irregular que sea, tiene bastante más nivel y si juega al que ofreció contra los del becario Emery puede resolver la eliminatoria en Turín. Máxime con Pjanic, organizador, y Benatia, muro central, sancionados. Buffón, Chiellini y Barzagli no están para muchos trotes y solo Dybala e Higuaín amenazan, pero no demasiado.
Al City de Guardiola le ha tocado un rival inquietante, el Liverpool del súper goleador Salah,  cuña de su misma madera que ya le dio para el pelo en la Premier. Claro que tampoco le hubiese ido mejor con el Madrid, Barça o Bayern, porque con su defensa aún por consolidar en partidos de máxima exigencia tener enfrente a sus delanteros es mal asunto. Los de Manchester juegan mejor que los otros seis cuartofinalistas, exceptuando al Barça, pero habrá que ver su desenvolvimiento a estas alturas. Les hubiese favorecido jugar contra los italianos porque no tienen las agallas delanteras de los españoles y alemanes.
En clave de selección, Lopetegui sigue mostrando síntomas alentadores. Llamar a los viejos canteranos madridistas Parejo y Marcos Alonso y al sorprendente gigantón Rodri, canterano del Atlético, que lo repescará del Villarreal, indica que baraja con cabeza y honradez.  Por el buen gobierno de su equipo, el valencianista hace tiempo que debía estar. Con Busquets en el eje, o el propio Rodri  en su defecto, y Saúl o Koke, nos darían autoridad frente a cualquiera. Imaginémoslos con Iniesta y Silva por delante. O con Asensio, Lucas, Thiago o Isco si no se empeñan en conducir o jugar en redondo.  Y con el lateral del Chelsea, hijo y nieto de internacionales, tiene el relevo ideal de Alba. Marcos es un jugadorazo, aporta altura y es un peligro permanente en jugada y a balón parado cuando sube.
Y arriba no hay mucho más donde escoger. Costa es un valor seguro, Aspas el delantero español de más clase y Rodrigo está cuajando en el goleador que apuntaba. Morata sufre su tercer calvario y solo el relevo cantado de Conte podría avivarlo.
Por lo demás, destacan las ausencias de los polivalentes Sergi Roberto y Javi Martínez y del sevillista Sergio Rico. El navarro es titular indiscutible en el Bayern, el culé se justifica siempre y el meta es un autobús bajo los palos. En todo caso, Lopetegui y sus seleccionados merecen crédito.
Y hay que destacar el trabajo de Marcelino. Ha recuperado el brillo del Valencia, promoviendo y revitalizando futbolistas, y le dio la alternativa a un jovencísimo Rodri en el Villarreal. Otro extraordinario entrenador que imagina futuros internacionales. Para descubrirse.
    

jueves, 15 de marzo de 2018

EN LA FRONTERA DEL TIEMPO



Me emocionan los reconocimientos personales al cercano, pero mucho más los que se hacen al contrario.  Y también los que se dan entre antiguos enemistados o distantes por cualquier causa. Aparte de la bondad y elegancia que supone, ensalzar al rival es más inteligente que denostarlo. En el deporte es asiduo, por ejemplo, y en la política una benéfica rareza, de ahí la diferente opinión que generan unos y otros; los deportistas  ilusionan y demasiados políticos aburren hasta aborrecerlos.  
Hace tiempo que asisto a unas comidas de añejos futboleros en torno al Maestro Ibarra  y me  satisface compartir buenos ratos con antiguos conocidos de ese mundo tan diverso y pasional, pero lo que más me agrada es comprobar cómo algunos personajes relevantes que desfilan por nuestra mesa semanalmente dejaron sus viejas rencillas y ahora son capaces de hacerse confidencias de buen grado y mejor humor. Y lo más grande es que se trata de asuntos que alguna vez les enfrentaron o por lo que fueron criticados ácidamente ¡Ay!, si entonces, como ocurre en tantos otros aspectos de la vida, hubiésemos tenido la visión relativa de todo que aporta alcanzar la frontera del tiempo; la sabia perspectiva.  
Cuando se pasa esa frontera tan invisible como palpable en los rostros y el físico de cada cual, cualquier tema que sobrepase la salud propia o la de los nuestros es irrelevante. ¡Qué gran lección de vida!, ¡y qué interesante sería trasladarla a quienes guerrean ahora en absurdas trincheras sociales! Los afectos, la salud y el bienestar más o menos boyante son los asuntos mayúsculos que deberían ocupar nuestro escaso tiempo compartido. La vanidad, el orgullo, los egoísmos y la ambición desmedida son el opio real que nos engancha a un mundo tan aparente como estéril.
Por eso, también sorprende que algunos veteranos recalcitrantes en tales errores sigan en sus absurdos agujeros competitivos. Y se les conoce al vuelo. La primera persona del singular está permanentemente en su boca:  yo ahora tengo, estoy, soy, voy a, he conseguido, he ganado…. Y parece que te miran con los mismos ojos vacíos con los que antes trataban de pertenecer a la mitad del mundo envidiado por la otra mitad. De ser o parecer cada vez más ricos, más guapos, más listos, más altos y más importantes. Y es muy cansino, porque si antes daban pena, ahora, además, hacen un ridículo solo explicable desde sus perennes carencias y solo disculpable desde una misericordiosa ternura; cosas de tontones envejecidos.  Una pena grande para quienes la padecen y, lo que es más lamentable, para los suyos.
Pero por nadie pase, porque no estamos a salvo de tamaña demencia, aunque sea ocasionalmente. De hecho, ninguno deberíamos tirar la primera piedra.
Y entonces recuerdo cuando nos decían que quien no es rebelde a los veinte es tonto, pero que quien lo seguía siendo a los cuarenta no tenía remedio. Imaginemos si ocurre pasados los sesenta o setenta, aunque es raro encontrar a alguien verdaderamente importante que venda “amotos” en su senectud. No es necesario; su imagen señera les precede.
En la venerable frontera del tiempo hay que disfrutar los buenos ratos que todavía nos alcancen. Todo lo demás es furufalla y glea, o, como también se dice por la huerta, pijos, pan y habas.
 

martes, 13 de marzo de 2018

EL ESCUDO, LA CAMISETA Y EL HOMBRE



El escudo es el referente, la camiseta la historia y el hombre quien imagina las ideas, que siempre han de anteponerse a la cartera y al resto de tangibles.
Nasser Al- Khelaifi, primer ejecutivo del PSG,  debería grabárselo a fuego. Como empresario, si lo fuera, debe saberlo desde sus principios. Aparte de los afectos, las ideas mueven el mundo y generan sus palancas; el dinero es solo una de ellas, y no la más importante, aunque traduzca cualquier fenómeno mundano al idioma comparativo universal. Y en fútbol más, pero siempre detrás de los títulos y las emociones.
Hablar del Madrid es remontarnos a Bernabéu y Di Stéfano, con una docena más de jugadores blancos que imprimieron carácter a su escudo y a su camiseta. Florentino Pérez y su concepto del fútbol como espectáculo poliédrico mama de esas fuentes, pero aún anda buscando a su talismán sobre el campo. Tal vez sea Zidane quien más se ha acercado, pero “El Moro”, como lo llaman por el Bernabéu,  tomó partido por los de corto en sus primeras decepciones y es consciente de que eso es delito de lesa majestad para su valedor Pérez; su primer mandamiento futbolístico es que el club está por encima de todo. Y debería ser así, pero sin olvidar lo determinante del factor humano, apuesta clara del francés.  Para don Florentino, los jugadores deben administrarse como un activo más al servicio de la empresa, su hábitat, sin hipotecar decisiones institucionales. No acepta que deba ir tras las demandas de Ronaldo, que le suenan a caprichos de consentido, porque ni Zidane ni nadie  lo han puesto en su sitio. Él  intentó oscurecerlo primero con Kaká, luego con Benzema y Bale, pero ninguno se ha acercado ni de lejos a la relevancia del mejor goleador de su historia. Quien además, para mayor dolor, fue fichaje de Calderón.
En el Barça hay pocas dudas: la idea del fútbol asociativo y los figurones son la base, marca de la casa desde Kubala, acrecentada por el mitológico Cruyff y su profeta Guardiola, y está por encima de todo salvo de Messi, que reina un decenio por ser el mejor del mundo. En el Atlético, Simeone y su idea del fútbol garra y el pasito a pasito son la idea, que de alguna manera también empezó a acuñar el colchonero por excelencia: Luis Aragonés.
Y así podríamos seguir con el resto de los clubes señeros. En el Manchester City, las ideas de Guardiola han puesto alas  voladoras al dinero del emir.  En el Bayern gobiernan ex jugadores brillantes, todos alemanes, con la particular versión germana de que deben ser una contundente división blindada, tipo pánzer, que choca con la exquisitez y los arabescos. En la Juventus modernizaron hace años la vieja idea del catenaccio para dotarlo de imaginación de medio campo en adelante; una copia del legendario Milán de Sacci, que mezcló su sangre etrusca con los holandeses prodigiosos de sus años de más gloria; de ahí los intentos con los franceses Platini y Zidane hace tiempo y ahora con los argentinos, tipo Dybala, pasando por fichar a los nacionales más habilidosos, Inzaghi o Pirlo por ejemplo; entre unos y otros han logrado oscurecer a los clásicos milaneses. Y el viejo Manchester United sigue buscándose desde que  Ferguson se cortó la coleta; aún no ha logrado reencontrar su onírica idea futbolística basada en los sueños reales que despertaba, de ahí su largo, frustrante y penitente purgatorio, Mourinho incluido.
Resumiendo, Francia siempre fue un fútbol de selección y nunca de clubes. Por eso tal vez falten ideas. Hubo y hay un salpicón de futbolistas excelentes, pero exiliados en los mejores clubes del mundo. Y si el PSG quiere navegar en el rutilante universo de los mejores deberá imaginar alguna idea futbolística revolucionaria, no la facilona chequera por muy dorada e infinita que sea. Quizás, un buen comienzo sería reunir a los mejores futbolistas franceses al mando del mejor técnico francés. Y ahí, Zidane, como sugerimos hace un mes, podría ser determinante. Tanto por prestigio como por lo que pudiera suponer de banderín de enganche. Y con ellos, otros como el propio Neymar y no peleones tipo Cavani, por decir algo; pocos y buenos de verdad, y no el conglomerado multinacional de rutilantes medianías que les proporciona la bandera del engañoso y simplón dinero. Nunca supuso nada brillante en el fútbol.
El escudo y la camiseta brillan con las ideas y los hombres.     


jueves, 8 de marzo de 2018

AL OTRO LADO DE LA CALLE



No sé su nombre ni por qué está allí, pero duerme en la calle,  en el suelo, bajo una manta oscura. Apenas sobresale su cabeza de ella, vuelto hacia el hueco del escaparate de unos grandes almacenes. A los pies de tan inhóspito lecho  hay unos bultos con lo que deben ser el resto de sus pertenencias, penas aparte, que trasegará con el recipiente de cartón que tiene a mano.
Llovizna y un viento frío barre la plaza de un barrio noble. Son las doce de la noche de un sábado de invierno en Madrid. Me abrigo con un chaquetón rojo, acolchado, y una bufanda. Paseo bajo el cala bobos porque acabo de cenar en un buen restaurante y quiero bajar la cena, entretenido con el trasfondo del drama que acabo de ver en el teatro  Bellas Artes, que viene a denunciar la doble visión sobre la mujer desde que Dios creó al hombre.
Estoy a pocos metros de la persona que duerme casi al raso, cubierto por el medio metro del hueco del escaparate oscurecido. Lo miro de frente. Al otro lado de la plaza, a mis espaldas, tengo mi casa. Me vuelvo y distingo una luz tenue en una de sus ventanas  y me  imagino allí, observando esa misma escena. Dentro se estará bien. No hará frío y estaría fumando tras ella con el fondo de  una música relajante. En este lado de la calle no hay calefacción ni música ni luz amortiguada, y seguramente tampoco esperanza ni tabaco.
Sigo paseando y me cruzo con alguien que arrastra un carrillo con diversos objetos y una maleta vieja de ruedas ruidosas. Al volver de mi enésima vuelta, aquel hombre está junto a un pequeño surtidor de agua público lavándose los pies. Unas chanclas de goma sustituyen las gruesas botas que están a su lado. Después lava unos calcetines claros de espaldas a quien duerme apenas resguardado de la humedad, del frío y del viento. En la siguiente vuelta lo veo retornar por donde había venido. Ahora arrastra el carrito y la maleta con la misma mano, manteniendo un difícil  equilibro para que no se vuelquen al rozarse. En la otra lleva algo que no distingo y cuelgan de ella las botas por sus cordoneras.  Entre los pies desnudos y el suelo mojado, solo las finísimas chanclas. Y entre su cabeza y el cielo inclemente un gorro de lana que encumbra una amplia chaqueta vieja. Es grande y corpulento y lo sigo a una distancia prudente. Anda despacio y se pierde por las calles que desembocan en la plaza, remolcando también sus penas.
No los conozco, pero serán alguien. Y habrán tenido otra vida. Habrán abrazado y los habrán besado. Y hasta habrán amado. Tal vez hayan hecho favores y seguro que tomarían el camino torcido en cualquier encrucijada de la vida. O quizás hayan tenido mala suerte. Uno duerme y otro busca dónde. Iría hacia su refugio, que será igual de precario. Como la indeseable noche que nos llevaba. Como sus vidas.
Las luces de las ventanas de los edificios brujulean vidas calientes. Sin soledades ni hambres. Como la mía. Y no hice nada por ellos. Solo observarles.
Doy una última vuelta y noto que algo se mueve debajo de la manta que yace abultada en el suelo. Alguien que respira bajo ella se ha dado la vuelta. Vive y seguramente me mira y piensa. Y yo también. Enciendo un purillo y sigo mi camino. Y mojándome mastico la culpa de pertenecer al mundo del otro lado de la calle. En ese yace un hombre. En el otro, en una cama acogedora del ático de una sexta planta, yaceré yo también dentro de un momento. Pero acompañado. Y caliente. Y cenado. Y con la calma de pisar suelo propio por un mañana quizás mejor todavía.
A ese lado de la calle se tirita. Y se pasa hambre. Y soledad. Y habitan miedos e inseguridades, huérfanos de mañanas.
Esa noche escarchó mi alma. Y hoy, que lo escribo, me duelen los egoísmos que también arrastro con mi suerte. La de vivir al otro lado de la calle, frente al drama real de la vida diaria, que no es teatro.
En el drama del otro lado de la calle siempre azota el tiempo y llueven calamidades. Y sus protagonistas se lavan los pies de madrugada con un agua tan fría como el futuro que les aguarda.
¿De verdad vivimos en un mundo civilizado y moderno porque haya una fuente y escaparates a cubierto? Porque preguntarnos si es justo sería de locos.
Y  de otros dramas, por aquello de la igualdad, de lo equitativo o de lo que sea, dejémoslo para mañana mientras sigamos instalados, los de mi lado de la calle — casi todos—; en el esperpento tragicómico de asomarnos calentitos al espectáculo real de la vida, tras los cristales de nuestra egoísta suerte de cada día, con la vana seguridad de merecérnosla al haber luchado por ella.     


lunes, 5 de marzo de 2018

ZIDANE ESTÁ FUERA



Agotados sus esfuerzos por aparentar normalidades endebles, listo y observador, sabe desde la derrota liguera ante el Barça que su tiempo pasó. Por eso, tantas cosas.
Se siente futbolista, como demuestra la piña con su plantilla sabiendo que es manifiestamente mejorable, y no quiso a nadie en diciembre porque solo él y sus profesionales están en el secreto del vestuario.
Los capos del grupo que ganaron tanto en dos años, desde el pretérito machaque culé, no quieren que asomen por allí carismas diferentes que zarandeen la ‘omertá’ impuesta y aceptada por los demás como aquellas ofertas irrechazables del Padrino. Tampoco las nomenclaturas establecidas. Ni los esfuerzos medidos, que los años pesan. Ni los círculos viciosos. Ni los intereses creados. Ni nada.
En definitiva, y paradójicamente por su calidad, vuelve a cumplirse la inexorable ley asociativa de los mediocres: saben sus limitaciones, pero unidos por éxitos grupales pasados recelan de nuevos aportes revitalizadores; si son brillantes, más. En el fútbol, la veteranía miope agarrota futuros. Y la historia, esa película tan real desde la distancia, lo ha demostrado en todos los clubes; pequeños y grandes. Cuando la treintena mengua el relieve de sus figuras simbólicas, si son raciales, no hay técnico ni presidente que pueda barajarlos, salvo con látigo de varias puntas, porra o guadaña inmisericorde. Y en esas estamos.
Ancelotti tomó partido por los jugadores y Florentino no lo perdonó. Benítez, al contrario, lo hizo por su libreta y por el jefe y las figuras lograron que también lo largara. Y Zidane, que sí es un hombre del presidente y lo conoce como pocos, tomó antes de navidad la decisión de irse en junio porque la humillación culé conlleva guillotina ‘florentinesca’. Y enseguida, conocedor profundo también de ciertos códigos futboleros, se alineó con sus consentidos para tener aliados. Pérez, como Roma, no paga a traidores, pero él se sentía fuera y decidió envainar la espada ejecutiva que su piramidal cargo requiere. Prefirió el diferido laurel de valiente por mantener su postura si alguna flauta sonara. Y solo queda una.  
Mantengo una duda shakesperiana: el ser o no ser del hacedor de la presente plantilla madridista, aunque tengo sospechas fundadas por algunas informaciones internas. Como la clave está en los goles, reiteraré dos casos paradigmáticos. Florentino repescó a Morata de la Juve para revenderlo, pero la ilusión del canterano, el acertado consejo de Zidane y sus goles frenaron varias operaciones en su momento. Después, por la desilusión de jugar poco sabiendo que tenía a otros por delante con menos méritos y más dinero — las apuestas del ojeador, mandamás deportivo y omnímodo Pérez—, cogió el olivo.  Y Mariano, según el presidente, tampoco daba la talla y era carne de negocio blanco. Desconcertado —el rostro en Cornellá cantaba—, Zidane lamenta mustio tales ausencias, pero su lealtad impedirá que largue. Tampoco lo hará después. Se irá como el señor que es, tanto con el señorito como con sus chicos.
Y ahora repasemos a los artistas. Cristiano es insustituible y no entra en  guerras ajenas a sus intereses, salvo cuando le tocan los bemoles; caso de Mourinho. Ramos es el hechicero y sí manda romana, prohijando como llueca a sus fieles con la inestimable ayuda del torpedo Marcelo, que diría Chiquito. Isco, aunque le sobre clase, no es jugador para el Madrid porque ralentiza el juego y le traiciona su narcisismo, por mucho que lo aclame parte del Bernabéu; esa masa borreguil que sustituyó el legendario ¡hala Madrid! por el cutre ¡vamos campeón!; la matraca de los campos y patatales menores. Asensio todavía tiene que mejorar; su individualista partido en Cornellá destapó carencias. Kovacic haría un magnífico papel en cualquier equipo mediano. Kroos está de perfil y Modric tampoco quiere guerras. Nacho, Casemiro, Lucas y Carvajal son clase obrera, y Llorente, Ceballos, Vallejo, Theo, Achraf y Mayoral harían mejor yéndose. Llegaron en el peor momento al ring más difícil. Keylor también se sabe minusvalorado, Casilla vive sus últimas lunas y Bale o Benzemá, o los dos, servirán de contraprestación al enorme desembolso que prepara el despechado Florentino.
El Madrid de Zidane, aunque elimine al PSG, escucha en capilla los trajines patibularios. Con goles hubo alegría, que decíamos; su único sistema. A otra cosa no ha jugado nunca. Y estos años no ha sido poco.
Y aunque todavía puede hacer historia en la Champions, no lo den por muerto, que es el Madrid; quien sustituya al francés portará navaja cachicuerna ‘ansoniana’ —por don Luis María—.   

QUERERES



Una de las ventajas de coleccionar años por decenas es la de poder mirar la vida con perspectiva suficiente para valorarla desde el calidoscopio de sus distintas dimensiones. Las de los quereres son las más agradables.
La otra noche me decía un amigo desde hace casi sesenta años: “José Luis, ¿te das cuenta de cómo queremos a los hijos? ¿De su autenticidad y diferencia con todo?”. A su rostro, mirándome a los ojos con la intensidad y la medio ironía que siempre recuerdo, aunque pasemos años sin vernos ni hablarnos y siguiéndonos mutuamente en la distancia, se asomaba esta vez el corazón. Yo escuchaba con el mío en la mano sus comentarios personales y los referidos a nuestros años de más cercanía. Tal vez sean también los años. Los que por fortuna hemos cumplido ya.
Miguel Ángel me hablaba ahora de sus hijos con la ingobernable pasión que entonces ponía en las montañas que amó desde niño de la mano de su tío ‘el Almirante’, a quien recuerdo perfectamente con sus botas de monte y una mochila siempre a mano, y de la posterior de los secretos y profundidades de los mares que descubrió por esos mundos de Dios, ya en su madurez. Él es así; un apasionado corazón con ojos dentro de un cuerpo fornido en el que apenas caben las ilusiones infantiles y juveniles que le hicieron soñar  y siguen brujuleando en sus adentros hasta salirle a borbotones por todos los poros de su curtida piel. La que se ha ido dejando por ahí a girones en todas las cordilleras, océanos y conferencias del mundo. 
En realidad, me hablaba orgulloso de amor desde el amor. Afortunadamente, porque puedo contarlos con las dos manos, y eso no tiene precio; tengo varios amigos así y ellos lo saben porque a veces comentamos nuestras pasiones. A algunos les he dedicado poemas y con otros ando ilusionado en aventuras líricas.
Ese querer se distingue porque se disculpan sus flaquezas y desencuentros a quienes puedes llamar a su puerta cualquier hora de cualquier día y en cualquier circunstancia; el resto, aunque la empatía mutua raye los límites de la amistad, son conocidos más o menos cercanos.
Mismamente como la propia familia, en la que sobresalen primero los padres y abuelos, referencias más notables e indelebles, después los hermanos en la mayoría de los casos —sobre todo si se ha repartido ya, que dice Alfonso, otro inmenso amigo—, luego el resto, y los hijos siempre y para siempre. Te salgan buenos, regulares o malos, que de todo hay también. A los menos afortunados incluso se les ama más; una  singularidad fundamental, junto a la incondicionalidad y el desinterés, de ese amor de padres al que sin duda se refería enternecido mi amigo.
Nos queda el amor personal como seres vivos: el enamoramiento, que conlleva seguramente las emociones más íntimas. Esa sensación tan gemela a los ríos: nacen como torrenteras o brotando amables sin fuerza que pueda sujetarlos, embelesan por la inmensa atracción que originan, se encauzan progresivamente, generan vida, dan color a los paisajes que atraviesan, se amansan y se hacen profundos o anchos y largos o no según dónde y cómo puedan desarrollarse. Al final desembocan en cualquiera de los mares que cantaron Bécquer y Machado y que ama Miguel Ángel, conocido como “el Murciano” en el universo alpinista y en la escalada mundial.
Y se despidió de mí con una de las frases que primero recuerdo suyas en las que define quién y cómo es: “ … y ya sabes, si se te sube el gato al tejado, llámame, iré enseguida a bajártelo.”


martes, 27 de febrero de 2018

LAS VERDADES DEL BARÇA



Los blaugranas empezaron la temporada entre paréntesis por su inestabilidad institucional y los despropósitos en torno a Neymar, más la inquietante situación de los dos repasos del Madrid en la Supercopa de España.
Aparte, una vez más, el hada fortuna acompañó en esos partidos al campeón, con el autogol de Piqué en el primer gol blanco en el Nou Camp y los dos palos del Barça en el Bernabéu, al margen de los espectaculares aciertos  goleadores de Asensio en ambos encuentros.  Y para no variar, también hubo lío arbitral por la injusta expulsión de Cristiano, con la funesta consecuencia de su posterior comportamiento, empujando al colegiado, lo que lo ocasionó una sanción de cinco partidos. Pero tal vez ahí empezó a tornar para la Liga el capricho del hada suertuda que decíamos, pues esa larga ausencia del portugués marcó, sin duda, el inicio de la sequía goleadora blanca que a la postre ha dado con sus botas en la pelea por ser segundón.
Desazón social, goles extraordinarios en contra, repasos blancos y suerte esquiva. Pero a tales adversidades sucedieron enseguida las sorprendentes realidades del Barça de Valverde, lo que lo hace aún más meritorio: una trayectoria espectacular hasta sus 68 goles a favor actuales —y más de veinte palos—, y 12 en contra en 25 partidos invictos; líder indiscutible y campeón en ciernes cuando aún restan 14 jornadas, con el Atleti en un segundo puesto despegado y el Madrid a 14 puntos.
Esos números son la primera verdad del equipo de Valverde, que es la segunda. Las otras que inventan algunos forofos son tontunas — ¿Cuándo vuelven los goles merengues ya no hay árbitros, verdad? — Al Barça le pisan poco su área y al Madrid mucho. Ha amalgamado un equipo de ensueño en torno a Messi sin echar de menos al díscolo Neymar, con probaturas que no han desequilibrado su progresión hasta los 65 puntos; solo diez perdidos en cinco partidos empatados.
Empezó con Deuloféu, el único lunar, y después han ido entrando Dembélé,  Alexis, Denis, Alcácer o André, a quienes sacó puntualmente del ostracismo, una vez asentados Sergi Roberto en el lateral derecho desde su polivalencia y Rakitic en el todoterreno.  Además, ha sacado un rendimiento relevante a Paulinho, de quien no esperábamos tanto gol,  como alternativa potente y de gran llegada en ciertos partidos o relevo de sus intocables para descansos y  rotaciones.
Y no quedan ahí sus aciertos. El hueco de Neymar en la banda izquierda ha propiciado el renacimiento de dos de sus jugadores básicos, recuperando a los mejores Alba e Iniesta de Guardiola, infravalorados por Luis Enrique. Solo por este detalle, el fútbol, y el español en particular, debe estarle agradecido. Lopetegui debería poner alguna vela a cualquiera de sus devociones para que lleguen en la forma actual al mundial de Rusia; podrían ser determinantes.
Y como guinda, ha devuelto la elegancia al banquillo barcelonista, bastante oscurecida con su antecesor asturiano mal encarado, añadiéndole  la humildad y discreción que lo caracterizan y sin  meterse en los charcos del genio del lacito amarillo —gilipollez supina—, su antecesor en tanta sabiduría, quien pierde con sus meteduras de pata políticas la admirable semblanza que gana como futbolero.
Elegancia, sabiduría, humildad y discreción son dones asociados siempre a los verdaderamente grandes. Y si a tales dones sumara Valverde los éxitos que se vislumbran,  ganará un puesto relevante en el sitial de los cimeros históricos del fútbol.  
Finalmente, hay otro detalle que indica una particularidad esencial de su equipo. Para marcarle al Barça, una de dos, o son auténticos golazos, normalmente desde lejos, o suelen ser producto de rebotes o golpeos tan extraños como el de un delantero del Alavés en el Nou Camp, quien le dio con la derecha al balón sobre la bota izquierda para conseguir una trayectoria inexplicable hasta para él mismo. Lo que indica que la base de su espectacular juego es una defensa extraordinaria, empezando por los delanteros, interiores y  Busquets y acabando en Ter Stegen, con Piqué y Umtiti arrolladores más dos laterales que parecen acordeones, todos con la presión, la calidad, la potencia, la rapidez y la anticipación por banderas.
Si le sumamos la suerte —Londres— necesaria siempre para triunfar, y disponer del mejor del mundo de todos los tiempos en su versión ideal, Messi, jugando, haciendo jugar, pasando, robando, liderando y goleando, se comprenden mejor las verdades reales del Barça de Valverde. Otro equipo para la historia si las refrenda en Europa.
            

sábado, 24 de febrero de 2018

'VÍCTIMOS' OLVIDADOS Y TONTUNAS DE GÉNERO



Caminaba el hombre encorvado y mirando al suelo, como si además del cuerpo le hubiera encogido el alma y buscara en la punta de sus deslustrados zapatos algún resorte para huir hasta de sí mismo.
Un amigo lo vio venir como quien avista a un esforzado porteador del Himalaya, doblado hasta parecer una vieja y oxidada alcayata arrancada de la peor de las mugres; nada pesa más que la humillación personal asumida.
Y a media voz le confió sus penas. Además de deprimentes, lo peor era su  resignada aceptación. Y hundido, se despidió de él sin aguardar más respuesta que un desconcertado “lo entiendo” por su parte.
Pero una madrugada vio la luz y se levantó enhiesto de su abandono. Así, alzados el cuerpo y el espíritu, con la vista larga tras haber doblado el cabo infernal de sus miserias, desplegó velas hacia un futuro venturoso. Y navegó mares calmos, increíble y gozosamente veloz, empopado de fuerza íntima cuando otros quedaban atrás con potentes navíos bien aparejados. Una cálida brisa suave e imparable le llevaba henchido de orgullo y en volandas hacia los ojos asombrados de sus hijos y amigos, sonrientes al final de aquella dichosa travesía.
Sin embargo, en la página siguiente del sueño,  se vio desde su nube de algodón, cuan alfombra mágica de los cuentos orientales que leía de niño, solo, sin un duro, amargado y deseando no haber tomado nunca aquella decisión. La que tanto envidiara en silencio de algún conocido, quien decidido y suficiente hasta la prepotencia y el egoísmo más despreciables, tras hacerle la vida imposible a su mujer con continuos desvaríos y amenazas de todo tipo, había abandonado la casa familiar para conquistar ese mundo inalcanzable para él de las comilonas con los amigos, las juergas de madrugada y el gozoso vivir de gorrino suelto.
No todos esos valientes eran así, se decía para perdonarse tan secreta aspiración; él jamás hubiera dejado a los suyos en desamparo y ni mucho menos se habría atrevido a maltratar de ninguna manera a quien más debía querer.
Y descartado una vez más tomar los hábitos de la libertina orden de crápula, le despertó la voz desabrida que lo avivaba a diario con aspereza. Se aseó presto sin hacer ruido y, también todo lo discreto que pudo, sorbió nervioso un desmayado café con leche en las tinieblas voluntarias de la cocina y con un tímido hasta luego se apresuró hacia la calle.
El recuerdo de otros desdichados que rumiaban su ruina económica y moral por la estéril osadía derrochada al separarse o divorciarse, voluntaria o sibilinamente propiciada por sus cruces maritales, a veces amancebadas con otro enseguida en el hogar de su préstamo perpetuo; lo afirmaba en la permanencia indecisa en ese purgatorio roedor a la espera indefinida de una gloria inaccesible por las circunstancias; entre otras por unas leyes que debían protegerle.
Cuando hablaban de violencia de género y escuchaba su variedad, le confundía adivinar en cuál catalogar la suya; padecida o culpable, que tampoco distinguía ya.
Lo más sereno que había escuchado en años de su propia, entre reproches malsonantes, fue que quién iba a quererlo a él, con lo feo, amorfo, loco, desaliñado y don nadie que era. También lo tenía asumido.
Y esos días salía de casa sin un portazo para no alarmar a sus hijos,  quienes a veces lo miraban entre aturdidos e inquisidores; ‘víctimo’ añadido a tantos desamparados por los nefandos políticos legisladores, quienes en lugar de aplicarse inmisericordes con los maltratadores indiciarios o consumados, o maltratadoras, criminales reales o ‘criminalas’ sibilinas, que de todo hay; se ceban en el cobarde anonimato de la violencia de género para todos, que no para todas.
La injusta Ley presupone criminalidad en la condición masculina, hasta el punto de tener que demostrar su inocencia en caso de conflicto; contradicción flagrante con la constitucional presunción de inocencia.  A la denunciante o ‘denuncianta’, según algunas lengüicidas defensoras de tan grosera discriminación, le basta normalmente con hacerlo eximiéndole de la carga de la prueba; otro principio fundamental en Derecho.  
La Justicia tan al revés como desnaturalizada nuestra Lengua.

lunes, 19 de febrero de 2018

SIETE MAGNÍFICOS, UN GIGANTE Y EL BECARIO



Paradójicamente, muchos madridistas irredentos y algunos amigos han vuelto a taparse. ¿Dónde están los impenitentes de la flor de Zidane?  Esos que cualquier triunfo pasado fue de los futbolistas o de la supuesta suerte del francés y las derrotas solo culpa suya.
El protegido de don Florentino erró en la confección de esta plantilla, eso es tan claro como que gestionó con notabilísimo éxito la heredada. Otra cosa es que yerre o acierte en sus planteamientos y cambios. Y ahí tenemos de todo, también como todos. Contra el PSG hizo pleno. ¿Qué le acompañó la fortuna? No hay ningún campeón sin ella. Y fue así porque los otros seis magníficos del Madrid también la tuvieron y el becario Emery no, errores aparte. Aunque la película hubiera sido muy distinta si le acompaña la suerte. Ahora sería figura y Zidane un petardo.
Casemiro y Ramos sacaron yendo al suelo y con la punta de la bota dos balones que iban directos a gol, perdiendo ya por uno, y Keylor evitó otro con una mano prodigiosa.  Cristiano, tras confirmar su categoría en el penalti, marcó su ciento uno de rodilla izquierda —¡tela!— y Marcelo de carambola con el suelo y un rival. ¿Acierto? ¿Suerte?  Las dos cosas al tiempo. ¿Y Asensio? Puso dos buenos balones y el rechace del portero  en uno de ellos rebotó en Cristiano y supuso la remontada. ¿Cuántos pases parecidos llevan sin suerte Isco, Lucas, Carvajal y él? Los goles son la ciencia del fútbol. Por cierto, ¡menudo medio el gigante canterano parisino Rabiot! Con Mbappé, Neymar y Marquinhos lo mejor del PSG.
El árbitro, ese demonio con pito que critican sus forofos cuando los merengues palman aquí, sancionó un penaltillo a favor y no vio otro en contra que pudo pitar. ¿Estaba comprado? Creo que tanto como los que en liga  favorecen supuestamente al Barça. Solo aprecian, juzgan,  yerran y aciertan.
La clave, aparte de lo dicho y del insustituible coraje que decíamos la semana pasada, estuvo en los banquillos. Lo peor para Emery es su reincidencia en Champions y en España. Hace un año se equivocó en el Nou Camp tras barrer al Barça en París; si hubiera salido a jugar como sabían y no a encerrarse no le meten seis goles los culés. Y el miércoles erró con un inexperto mediapunta argentino de mediocentro, para gozo de Isco y Kroos,  y en el cambio de Cavani por un lateral para adelantar a Alves. Por esa banda vino su cólico; idéntica cagalera que en 2017. Entonces dijimos que debía repensarse porque no dejaba de ser un becario muy justito para equipos grandes. Le prorrogaron el Erasmus, pero seguramente contempla sus últimas lunas llenas sobre París; esa maravilla que cantaba excelsamente Ana Belén.  Meterle dos o tres goles a los blancos sin que marquen me parece complicado, aunque tampoco sean los de Zidane un crisol de seguridades.
Advertimos que el Real se transforma en Europa, y hasta que se encuentre con los extraordinarios Barça o City, salvo pájara de Guardiola, que no sería la primera, es osado apostar en contra.
Zidane se irá porque el Barça liquidó su etapa. Sabe demasiado de esto, por mucho que algunos no lo vean, y dejará la puerta abierta. Pérez lo valora, pero es implacable y quiere a  Löw y Neymar, aunque lo del brasileño está verde por el dinero publicitario qatarí de su mundial, al margen del contrato parisino. Lo normal es que intente traer al goleador Kane jugando con la connivencia de Pochettino, quien se sabe blanco in pectore por simpatía presidencial después de Löw, un par de años máxime, que es la duración media de los últimos técnicos de Florentino, o como alternativa si el teutón se enquista de nuevo. Lo de Guti es un brindis cachondo de los voceras bien mandaos bajo la sonrisa maquiavélica del capo di tutti blanco, condescendiente con sus malintencionadas birlochas al viento. Y también vendrán un central, otro delantero —Benzemá y Vallejo están fuera—, un portero, un lateral —Odriozola— y dos medios; Modric, Kroos, Casemiro, Marcelo, Carvajal y Keylor precisan competencia. El Mundial de Rusia despejará incógnitas del aquelarre que maquina Pérez, que no será pequeño, visto el deprimente curso que padece. Saldrán media docena.
Liverpool y City arrasaron—espectaculares—, el Tottenham brilló en Turín y esta semana más. Barça, Chelsea, Manchester United, Sevilla… O  Messi, Iniesta, Mourinho, Conte, Hazard —otro sueño blanco—, Morata, Pogba, Banega… ¡Fiesta!  
     

viernes, 9 de febrero de 2018

EN EUROPA APRIETAN CULOS Y AFILAN COLMILLOS



Es más fácil juzgar a los demás. Y aprendemos poco. No se trata de culparnos por todo y condenarnos, que es insano y camino de depresión, sino de analizar cualquier circunstancia que nos afecte para sacar conclusiones; a ser posible positivas. Una buena puede ser reconocer nuestros fallos o carencias para intentar superarnos. Y otra valorar los puntos fuertes ajenos y aprender también de ellos. 
En el fútbol ocurre igual y los blancos recalcitrantes deberían saberlo. Con el añadido de ser un juego competitivo, por lo que influyen el azar y los rivales. La derrota suele coincidir con el mal juego; a veces plaga porque en todos los deportes las rachas existen, pero también influyen otras cosas. Tú puedes estar muy bien, pero a veces la pelota no entra o los contrarios son mejores. O simplemente estás de pena, aunque a veces soples y  suene la flauta, como contra el Deportivo y el Valencia. Y todo eso le ha ocurrido al Real Madrid en esta media temporada.
Los de Zidane han perdido puntos justamente —contra el Levante, por ejemplo— y también por mala suerte. Y no es justificar nada; sería absurdo. Es evidente que Cristiano no está, sobre todo en liga, porque en Champions sí mantiene su promedio goleador; que Kroos debería repensarse, que sin Nacho, el centro de la defensa es un coladero; que los laterales atacan más que defienden, que Isco y Asensio florean, que solo Casemiro y Modric mantienen el nivel, que precisan doce ocasiones para hacer gol, sinónimo de mediocridad, o ni las crean, más por desconfianza que por poca calidad; que su dominio es infructuoso y que en el banquillo tampoco hay alternativas tácticas o de corto, lo que habla de mala gestión del técnico, que fue lo que se le alabó el año pasado; y que es cansino reiterar que en el fondo subyace  la falta de goles y que así es el fútbol.
Para completar el cuadro, enfrente está el espectacular Barça de  Messi —¡cómo se nota cuando falta!—, Busquets, Piqué, Alba, Umtiti, Suárez, Iniesta —¡cómo está!—Sergi y Valverde,  encaminados a batir records culés de imbatibilidad. Una tormenta perfecta para la escuadra que comanda de todas las formas posibles Florentino, salvo el criterio mantenido por Zidane de aguantar con su plantilla hasta el final, lo que demuestra que al francés no le faltan personalidad, valentía,  responsabilidad ni lealtad a sus principios y a sus jugadores. Todo lo demás se le puede discutir y criticar. Entre otras cosas porque no es ciencia sino juego. Y además entre humanos, y muchos, que comporta una aleatoriedad tan manifiesta como inabarcable.
Aún es posible que la Champions sea bálsamo, e incluso un laurel histórico si lograra la tercera consecutiva y cuarta en cinco años, aunque cualquier aficionado diría a estas alturas que entre el Barça, el City de Guardiola, el PSG qatarí de Emery e incluso el Bayern de Heynckes estará el próximo campeón. Pero si echamos la vista hacia atrás la historia desmiente a los favoritos nominales; más en la del Madrid.
Es una delicia ver jugar a esos cuatro equipos, sobre todo a los de Manchester y Barcelona, porque los de París juegan una liga menor y los muniqueses reinan sobrados en Alemania. En Europa tendrán que refrendar unos y otros su suficiencia. Y ahí, el Madrid es otro cantar. La historia también lo muestra.
Los  merengues deberían aprender de sus errores y dejarse de señalar lastimosamente a los árbitros, porque, en efecto, no le piten al Barça penaltis en contra. Los árbitros no han influido en su legendaria historia, y si lo han hecho no ha sido para malo precisamente; lo mismo que a los azulgranas. Su atención en liga debería ser clasificarse para la próxima Champions.
El Barça va como un tiro, merecida y espectacularmente,  y el Madrid con muletas. Pero en el fútbol, como en la vida misma, los guiones se escriben marchando. No hay libreto, de ahí la magia de sus pasiones.  Y a veces nos sorprende quien menos te esperas.
Y ahora aguarda Europa, que dictará sentencias, una vez que la Liga es tan culé como la fuente de Canaletas.  Esperemos que nuestros equipos estén a su altura. El Barça no necesita avales; con el juego y los goles que origina Messi deslumbran. Y el Real…, ¡ay el Madrid! 
Pero yo no apostaría en contra.  Cuando asoman comanches en Europa aprietan el culo y  afilan colmillos.    

jueves, 25 de enero de 2018

DON GOL DE LOS GOLES GOLEROS


Por su ausencia, ese es el verdadero responsable de la ruina blanca. Todo lo demás son cuentos y cuentas mal hechas. Veamos algunas evidencias.
Zidane está en el inicio de su carrera a pesar de los relevantes éxitos en los últimos dos años con el Real, y por lo tanto comete más errores que si fuera un consagrado, pero ni era tan excelente antes ni es tan torpe ahora. Es el mismo buen gestor, con las consecuencias negativas de su cuestionable planificación de la plantilla; tan débil como negativos son sus resultados. Otra cosa es si fue el arquitecto o si solo tuvo el amén como última palabra ante poderes superiores. Y en ambos casos la pérdida de su puesto estaría justificada. En el primero por errónea y en el segundo por calzonazos. Al gerente de una empresa se le mide por sus resultados y cualquier otra explicación es inútil si el final es ruinoso.
El principio del fin del elegante técnico —loable dar la cara ayer por el equipo— fue su malhadado partido contra el Barça, en vísperas de  Nochebuena, que resumimos con que el Barça se llevó, refiriéndonos básicamente al Madrid de Zidane.
En todo caso, aún le queda el cartucho de la Champions por muy negra que pinte la cuestión. Como bien dice Cristiano, y le honra como apoyo complicado y valiente a los suyos, aún les quedan batallas por dar y ganar. Si lograra ganarla por tercera vez consecutiva hablaríamos en mayo de que habría hecho época en el Madrid, y la crisis que ahora le agarrota quedaría olvidada o aparcada hasta el inicio del siguiente ejercicio.
La segunda evidencia es la falta de confianza que atenaza a los futbolistas blancos. Y volvemos a lo mismo. Ni eran tan fenómenos hasta final de agosto ni son tan petardos ahora. En unos meses ningún futbolista pasa de muy bueno a pésimo ni al revés.  
Asensio, por ejemplo, ni estaba para el balón de oro por los dos golazos que le hizo al Barça, como algunos decían y escribían, ni ahora para darle la baja. Isco, caso diferente al balear, ni era el sucesor de Iniesta antes, por decir algo, ni es una rémora ahora. Anoche decía Valdano que era quien se  salvaba de la debacle, y aunque se puede estar de acuerdo en muchos de sus análisis, en este es fácil discrepar. Que la pida siempre no significa que haya superado su gran hándicap. Hace tiempo que lo catalogamos como un jugador de mucha clase, pero no más que la de Guti, quien nunca fue titular indiscutible en el Real y mucho menos en nuestra selección. Y ambos carecían de lo mismo: jugar al primer o segundo toque tras controlar orientado porque no son delanteros sino interiores. Tampoco representan pulmones insustituibles que empujen al equipo ni esos medios que con pierna fuerte lo soportan. Y ni siquiera — ni Modric, Kroos, Asensio o Kovacic— centrocampistas con un radar en la cabeza para ver hasta por detrás. Son futbolistas con la categoría de internacionales, pero sin la de auténticos fenómenos mundiales que se requiere para ser guías de un equipo con las exigencias de todo un Real Madrid. Buenos complementos, que no faros que alumbren a un equipo de tal relevancia.
Bale y Benzema tienen sus puntos fuertes, pero tampoco suficientes para considerar que han marcado o marcarán la historia blanca. El primero por estructura corporal de vidrio y el segundo por intermitente consumado. Ambos son prescindibles, y mucho más cuando la falta de gol ahoga hasta la asfixia a su equipo.
Urge recuperar al mejor Cristiano, que ya no será el de hace unos años, la edad manda; pero sí un goleador imprescindible todavía para cualquier equipo de élite.
Por eso, teniendo a Don gol —Cristiano—, Florentino debería pensar en dos goleadores contrastados, reiteramos, y traer a toda costa a un De los goles y a otro Golero que ayuden a recuperar el crédito perdido.
Los goles, y no los nombres — dudosamente Neymar—, harían que la orquesta sonara de nuevo. Los jugadores citados y los demás volverían a ser tan buenos como en el pasado reciente. No los mejores, pero sí suficientes.

Finalmente, a pesar del empeño de la mayoría —¿qué decían o pensaban y dónde se escondían los dos últimos años?—, Zidane merece decidir si dentro o fuera, salvo que no haya aprendido de sus errores. Florentino debería saberlo y obrar en consecuencia.
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