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miércoles, 6 de junio de 2018

CALVARIO Y GLORIA DE ZIDANE; Y LO QUE VIENE



El 26 de diciembre (Lo que el Barça se llevó) intuimos que el Barça había liquidado al Madrid de Zidane. En enero (La saeta de Zidane) sugeríamos una escalera de goles para quitarle los clavos al Madrid ‘zidanero’. Y aunque suene pretencioso, a primeros de marzo (Zidane está fuera) anunciamos las razones de una decisión diferida tomada dos meses antes: se iría a final de temporada. Solo algunos allegados conocen sus pesares desde que el Barça de Valverde afrentó a Pérez en el Bernabéu; ahí arrancó su calvario.
En ese tortuoso camino también se han quemado otros. El primero, Löw. Cuando J. A. Sánchez contactó en navidad con su entorno para sondear su fichaje, el seleccionador alemán renovó ilusiones; era una vieja aspiración. Después llegó la exitosa eliminatoria con el PSG y desde las alturas blancas, en plena negociación, solicitaron barajar de nuevo. Más adelante, en abril, llegó la victoria ante la Juventus y Sánchez, el recadero de Pérez, pidió cartas nuevas. Ahí se acabó la partida. Antes del Bayern, la federación alemana, con las orejas tiesas, le hizo una oferta y el antiguo objeto de deseo del mandamás merengue, despechado por las maniobras dilatorias de un Real Madrid enganchado a la tan sorprendente como rutilante marcha de Zidane en Europa, aceptó renovar el contrato hasta 2022. A primeros de mayo se hizo público sin bombo ni platillo; el teutón aún albergaba un último requiebro blanco. Pero tras eliminar a los de Heynkes perdió las esperanzas. De ahí su desahogado rechazo frontal ahora a sentarse siquiera con el de los mandaos de Florentino Pérez.
Y los otros dos chamuscados son Bale y Cristiano. El primero puede sanar por la marcha de Zidane, a quien hace responsable de su ostracismo sin tener en cuenta sus reiteradas lesiones. Se sabe una apuesta personal de Pérez, quien le ha ido filtrando sibilinamente que aguantara porque “el Moro” se tambaleaba, y tampoco entiende que haya ido apuntalándolo conforme pasaba eliminatorias; de ahí, también, su despechada sinceridad tras la final de su golazo en Kiev. Pero Ronaldo es otra historia. Con Zidane al frente, su rabieta sería otra estrategia para renegociar enésimas condiciones económicas; se ha entendido con el francés mejor que con nadie. Ahora la cosa cambia diametralmente. Con 33 años no está en condiciones de aguardar los aires del nuevo inquilino del banquillo merengue. O amarra ya el disparate de millones que pide por año —80 brutos—, o se dejará querer y fichar por quien se los ponga en la mano. El PSG  está al acecho con cartera y cuchillo entre los dientes, por sus prisas y el asunto Neymar, y el United de Mourinho aguarda agazapado con un chute en vena de imperiosa necesidad; son demasiados años en barbecho. Lo de Cristiano será una de las bombas del verano. Y esta vez, huérfano de Zidane, irá en serio.
Don Zinedine se ha ganado la paz y la gloria con la decimotercera, por la que apostó tras hacer piña con sus jugadores aun enfrentándose a su valedor Pérez, convencido de que no se lo iba a perdonar. Pero tenía poco que perder. Supo en navidad que la guadaña presidencial estaba presta para segarlo, con algunos más, por los desastres liguero y copero y la afrenta culé. Y ha sido finalmente coherente con sus convicciones. Dudó unos pocos días porque el horizonte era goloso, pero el empujón final de su entorno familiar le ha hecho ser fiel a sí mismo y a ellos, tan inteligente en el análisis como elegante en las formas.
Ha pasado al altar de las reliquias blancas y tendrá siempre abierta la puerta grande del Bernabéu. Como las de cualquier otro sitio futuro, que no será inmediato. La categoría ganada como técnico de primera fila en tan poco tiempo se lo garantiza. Y no solo como exitoso profesional, sino como un tipo honesto, firme, coherente, valeroso, suertudo, mesurado, distinguido y magnífico administrador de egos. La selección francesa, su sueño, será el próximo destino.  
¿Tras él? Pues dicen que Pochettino, Allegri o Klopp. Pero apunten a Wenger; excelente transición con Guti de segundo y Raúl en la recámara. Florentino quiere la decimocuarta Champions para igualar las seis de don Santiago y dejar semilla blanca, que no está mal, olvidados ya sus discutibles y frustrantes primeros diez años.
Arena y cal del aparente sorprendido Pérez, que se la tenía hecha a Zidane. ¿Su penitencia? Fichar despavorido por los pañuelos que imagina.


viernes, 11 de mayo de 2018

DEL FÚTBOL AL ABURRIMIENTO



Donde hay goles hay alegría y sin ellos se aburren hasta las ovejas. Ya sé que es tan cierto como de Perogrullo, pero hay muchos que defienden el fútbol defensivo como otra forma de verlo y disfrutarlo. Y es que,  como le dijo el Gallo a Ortega y Gasset, presentado al torero sabio como filósofo por José María de Cossío, “tié q’haber gente pa to”. 
El jueves pasado me aburrí con el partido que hicieron el Atleti y el Arsenal. Además de ver solo un gol, bonito, eso sí; jugaron andando unos y otros hasta el minuto setenta, cuando a los de Wenger se les iba la eliminatoria. Y eso, tras disfrutar con los partidos que hicieron el Madrid y el Bayern y el Liverpool y la Roma en Champions, parece que también es fútbol. Pues sí, amigos, pero del cansino; cansa más verlo que seguramente jugarlo.
 Hay profesionales que también lo defienden, y están en su derecho, como lo estamos muchos aficionados en denunciarlo. Algunas veces se amparan en que con los mimbres que tienen no pueden jugar de otra manera, pero mienten, o, al menos, no dicen toda la verdad. Simeone, por ejemplo, que es el paladín del Atlético como don Florentino lo es en el Madrid y Messi en el Barça, ha llevado a su equipo a cotas importantes en España y en Europa, sin ninguna duda, pero solo conocemos una versión de su equipo. La de si no nos marcan normalmente debemos puntuar y la de si marcamos uno hay que defenderlo con uñas y dientes. Y así ha ganado una Europa League, una Copa de España y una Liga como títulos relevantes. Lo que nunca sabremos es lo que podría haber ganado jugando de otra forma, porque jugadores tiene para tal. Recordemos las dos finales de Champions contra el Real Madrid, al que tuvo contra las cuerdas en Lisboa —ganaba por uno y le empató Ramos en el último minuto— y en Milán, donde se conformó con llegar a los penaltis tras empatar Carrasco el gol inicial de Ramos; otra vez su verdugo. Es verdad que a su primera final llegó con el equipo entre algodones, pero en la segunda pudo y debió hacer bastante más por ganarla. Y seguramente lo merecía, pero no cambió el guion y como proclamaba Luis Aragonés nadie se acuerda de los subcampeones.
También hay otra forma de jugar que aburre si no hay goles, la del dominio apabullante sin profundidad, pero eso es otra historia, aunque se vean algunos detalles para el recuerdo. Como también se ven en el sistema Simeone: en el partido de ida de la pasada semifinal el héroe fue Oblak y en el de vuelta Godín, lo que indica a las claras el relato de la eliminatoria.
Ahora se está poniendo de moda el sistema de presión alta, robar y salir corriendo, que es el que manejan dos técnicos atractivos por su filosofía futbolera que medirán sus fuerzas en Kiev; Klopp y Zidane. Y está cayendo algo en desuso el del toque y toque hasta encontrar la ocasión; el famoso tikitaka de la España campeona de Luis y Del Bosque y del Barça de Guardiola, que después exportó a Bayern y ahora al Manchester City. Me gustan las dos formas de juego por lo que tienen de belleza,  pero el primero, el basado en el acoso y la velocidad, tiene más garantía de gol y sobre todo es más espectacular.
Por aquí tenemos también el ejemplo de Salmerón, el actual técnico del Murcia, que el año pasado decía en el UCAM, en Segunda, que sus aficionados debían acostumbrarse a sufrir; y les aseguro que así fue. Presencié en directo casi todos los partidos con él en el banquillo, dentro y fuera, y salvo contra el Almería en la Condomina no me divertí en ninguno; tal vez tenía la excusa de un presupuesto modesto. Pero este año, sin ese hándicap y en Segunda B, hace jugar a su equipo exactamente igual. Tres medios defensivos, balones largos a un delantero centro robusto y a esperar segunda jugada. He visto todos los partidos de su Murcia y me aburre tanto como el año pasado con los universitarios.
Pero ojo, que aburrir también puede tener premio. Al UCAM lo subió a Segunda, aunque lo dejó listo de papeles después, y este año puede subir al Murcia. Ojalá suceda, lo que no quita para que su fútbol aburra hasta decir basta.          

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