martes, 28 de agosto de 2018

FLORENTINO Y GÁLVEZ, LA SOLEDAD DE DOS PRESIDENTES


FLORENTINO, MÁS PRESIDENTE QUE NUNCA
Los ambiciosos no renuncian a sus sueños irredentos, pero a veces sí. Los tozudos no aprenden de sus errores encadenados, pero a veces sí. Los soberbios no renuncian a su amor propio infinito, pero a veces sí. Los poderosos no se bajan de su incandescente atalaya, pero a veces sí. Y así podríamos continuar barajando hipótesis para hacer un traje a medida a don Florentino Pérez. 
En el 2000, cuando era anónimo en España, puso en marcha lo de Figo para darse a conocer y consiguió ganar inopinadamente la presidencia blanca a un Lorenzo Sanz que acababa de conquistar su segunda Champions. La continuación es la historia de la leyenda galáctica con la aparente frase de zidanes y pavones —estrellas y canteranos—: Zidane, Ronaldo, Beckham, etc., para ganar notoriedad personal en Europa y más allá. El asunto funcionó pocos años y resultó ruinoso en lo deportivo, por lo que en 2006  cogió el olivo y se largó tras devorar a media docena de entrenadores, dejando al Madrid desarbolado. Antes, con la recalificación de la vieja ciudad deportiva, logró estabilizar económicamente al club.
En 2009 eclosionó la crisis económica mundial y pensó que era el momento de volver a dar lustre a su figura porque sus intereses empresariales lo necesitaban, y allá que fue con armas y bagajes para poner de nuevo al Real al frente de su departamento de relaciones públicas. Pero volvió a las andadas con más sombras que luces y tras el disparatado estandarte de Mourinho,  ya con Ancelotti, en 2014 tenía la maleta hecha. Sin el acierto de Ramos en Lisboa se habría ido otra vez por la puerta falsa. A partir de ahí todo le ha venido de cara, con el acierto de poner a Zidane al frente del equipo y, entonces sí, rubricar la segunda mejor etapa deportiva del Real Madrid con tres Champions consecutivas. El refrendo glorioso es que tiene a mano emular a su admirado y el de todo el madridismo don Santiago Bernabéu, el todavía incólume símbolo histórico blanco.
Ahora, cuando está de vuelta de todo gracias a su indiscutible valía empresarial, llega el momento de demostrar la valía futbolera real. Con la fuga cantada de Zidane y la extemporánea y previsible de Cristiano, debe de ejercer de presidente en la zozobra, que es donde de verdad se muestra la talla de un líder. Asegurábamos que los verdaderos objetivos del “capo di tutti” eran Neymar y  Löw para el banquillo, y está siendo coherente. Lo del técnico alemán lo malogró afortunadamente el éxito progresivo de Zidane en Europa la pasada campaña, pero lo del díscolo y exuberante jugador brasileño está todavía demasiado crudo. Y mientras, Florentino Pérez empieza a percibir estoicamente los nervios de quienes antes alabaron su decisión de largar a Cristiano; pensaban que lo tenía todo controlado con un as en la manga. Hace bien. Solo una estrella así, aun cuando algunos pensamos que está bien donde está, o quizás Mbappé, podrían mejorar su plantilla. Tiene un plantel ilusionante, pero la incógnita es si soportará un revés a corto en la Liga; ya decía el doctor Ripoll que la tabla es la que manda.
En todo caso, aun siendo crítico con Pérez por cuanto hemos dicho desde hace años, parece que empieza a ejercer. Ojalá persevere y sus ilusionantes jugadores hagan bueno a Lopetegui. Solo faltarían Marcos Alonso, Thiago y quizás Rodrigo o Aspas. Todos a tiro. Si Florentino aguantara el tirón empezaría a ser un presidente de verdad en lo deportivo.  
GALVEZ, O LA SOLEDAD DE OTRO PRESIDENTE
Dice el oriolano de apellido legendario murciano que se encuentra solo. Y es comprensible. La semana pasada planteábamos inquietudes tormentosas, pero a estas alturas Gálvez se ha ganado el respeto del murcianismo.
Poner tanto dinero —él dice que dos millones, aunque parecen muchos— para que el Real Murcia cabalgue de nuevo, tiene tanto mérito como la incertidumbre en la que navega. Si es así, merece nuestro apoyo. ¡Mucho ánimo!
Al segundo en discordia también se le ve venir. El mexicano arrastra papeles legales que zurren como cadenas y le alumbran faroles lejanos. ¿Será un fantasma?  De momento porta el sambenito de estar más tieso que la mojama. ¿Qué busca? Dicen que ya lo hizo antes allende Castilla.  ¿Qué le vendió en realidad Moro? ¿Y a Gálvez? ¡Mira que si el extremeño resultara el más listo!
¿Golfo, dice? ¡Quite usted, por Dios! …. Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras.

martes, 21 de agosto de 2018

DON SIN DIN .... (Y LA CALOR MURCIANA)



Ruina en latín, por decirlo suave. El Madrid jugó bien una hora contra el Atleti en la supercopa europea, pero una cosa es contar peces y otra pesar pescado. Y es que, arriba faltaba padre y atrás sobraron madres. Decíamos que los goles hacen bueno el  juego mediocre; el oscilante Madrid de Zidane, por ejemplo; y su ausencia hace malo el bueno: el que dibuja Lopetegui. Si entornamos los ojos, ¿qué hubiera sido del fútbol asombroso de la selección que diseñó Luis y eclosionó con Del Bosque en Sudáfrica sin la espada de Villa?  ¿O de la excelencia del Barça de Guardiola sin el punch de Eto’o y Villa primero, o sin los tropecientos goles de Messi después, desatado de la banda derecha por el clarividente técnico?
Benzema y Bale parecen renacidos tras la marcha del astro que los ensombrecía, aunque no vayan a optar al Pichichi. Isco luce galones y Asensio, si insiste con él Lopetegui y no es flor de un día, como ocurrió al inicio de la temporada pasada; o si no fichan otro punta, marcará una veintena de goles. Pero sumados a los que marquen el galés y el francés, si continúan finos, no harán la pirámide de Cristiano, ancha en sus goleadas a equipos medianos y puntiaguda en la docena que hacía a los grandes en  momentos cumbre. ¡Ahí está la madre de este cordero! Cuando pintaba peor  aparecía el zamarrazo del tan ególatra como histórico y decisivo Cristiano y al bote.
Me gustó el Madrid por su presión arriba, la rapidez en las triangulaciones,  los continuos cambios de juego y por no descomponerse tras el sorprendente gol tempranero de Costa. Y debe ser ilusionante para los merengues aun con la derrota. Sin embargo, aunque el Atleti es mal rival para ensayos, no me gustó la blandenguería atrás en  los goles, y sobre todo sin Casemiro.  Finalmente, esos detalles que marcan las finales tuvieron nombre propio: Marcelo. Buen partido en líneas generales, pero evitó el triunfo de los blancos al disputar un absurdo fuera de banda, preludio del empate colchonero, y fallando un espectacular remate en el último segundo antes de la prórroga. Cosas del fútbol.
Ahora dirán que es pronto, que todavía están a tiempo o que precisan fichajes, pero ese tiempo es lo que necesitan de verdad. Y si no se arman de paciencia llegarán las prisas con los movimientos deslavazados que preceden a la locura del desastre. Una travesía desértica que debería ser también esperanzadora. El fútbol vislumbrado en Tallin y la calidad y juventud de sus próximas estrellas lo merecen. Florentino debe perseverar en su loable cambio de estilo, aunque lo dudo. La ambición a corto ciega a los más preparados. Y la soberbia más. Y hasta el miedo a los pañuelos que anticipamos hace cuarenta días.
Y al Atlético no debe cegarle tampoco el éxito— perdió el Madrid—, aunque puede ser su año. Simeone tiene plantilla para soñar, pero es listo y sabe que de diez partidos que juegue así, contra equipos grandes perdería ocho; solo lució a ratos y en la prórroga, con un Costa espectacular y un excelente Lemar, al que cambió enseguida de banda para frenar a Carvajal y Bale. Es un gran táctico y ahí estuvo la clave que impidió al Real liquidar el partido, que bien pudo. Y en el cambio del mediocentro Thomas para ubicarlo en la media punta y contrarrestar el buen inicio blanco en la prolongación. ¡Extraordinario Simeone!

LA CALOR MURCIANA

Es tan insoportable como las preguntas sin respuesta ante la esperpéntica situación grana. ¿Qué hacen dos personas peleándose por una ruina?  ¿Otorgó Moro una opción de compra sin contraprestaciones? ¿Cuánto y cómo cobraron él u otros, antes y después? ¿Qué se ha hecho con el reciente efectivo pagado por miles de abonados, y por lo tanto no fiscalizable? ¿Alcanzará hasta noviembre? ¿Quién le ha pedido dinero a quién, cuánto y por qué, para retirarse de la pugna?  ¿Cuánto han puesto de verdad unos y otros? ¿Tienen proyecto y solvencia económica?
Tal vez lo único claro sea lo que afirma el buen ex futbolista y técnico murciano Sergio: la grandeza del Real Murcia, aun ruinoso.
Y que desgraciadamente hemos perdido una entrañable institución murcianista.  Antonio Ruiz Abellán, vecino que admiré desde jovenzuelo, ex futbolista de época y ex directivo, desde ese cielo donde asegura acertadamente su hermano Pepe que está, se preguntará lo mismo.
¡Qué lamentables aquellas dudas y qué penosas estas certezas!

          
  

jueves, 12 de julio de 2018

DE CRISTIANO A LUIS ENRIQUE



El madridismo florentiniano veía con buenos ojos largar a Cristiano Ronaldo. Y tienen sus razones, aunque fundamentalmente están hartos de los desplantes del luso. Pero el asunto tiene una mar de fondo que la mayoría ignora o quiere ignorar, que al caso es lo mismo.
Cuando el Real Madrid ganó la decimosegunda Champions, en la primavera de 2017, Florentino Pérez prometió una revisión del contrato a Cristiano para equipararlo a quienes más cobraban en España; entonces, Messi y Neymar. Un año más tarde, al ganar la decimotercera, aún no se había atendido aquella promesa y el portugués salió por peteneras en Kiev.  Estuvo desacertado por el momento y la situación, claro que sí, y hasta insolidario y egoísta con sus compañeros, pero también estaba harto. Florentino Pérez nunca ha digerido que Cristiano fuera fichaje de su antecesor, Ramón Calderón, y de ahí sus sucesivos intentos de hacerle sombra; Kaká, Benzema, Bale y sus reincidentes suspiros por Neymar. Y tampoco soporta su soberbia majestad que nadie ensombrezca su armiño  blanco; entre la corona y el escudo luce su perfil imperial.
Lucha de egos, dicen algunos, pero no lo es tanto. El presidente blanco tal vez atisbó erróneamente que se acercaba la fecha de caducidad de Cristiano, a quien de alguna forma responsabilizaba, junto a Zidane, de la debacle del Madrid en Liga ya en la Pascua. De ahí arranca este vodevil y la fuga del técnico. “El Moro”, como lo llaman por la zona noble del Bernabéu, se enteró de los devaneos de su valedor Pérez con Löw, como anticipamos aquí en abril, y tomó la decisión de hacer piña con sus jugadores y largarse a final de temporada. Y Cristiano, al tanto también de los inicios de la enésima intención de su presidente de fichar a Neymar, reiteró en vano que le cumpliesen lo prometido. Quizás, teniendo en cuenta estos antecedentes, y el descubrimiento posterior de sus asesores fiscales de la legislación italiana, sea más fácil entender por qué se ha ido a la Juventus.
La salida de Cristiano tendrá consecuencias imprevisibles, aunque tampoco tan difíciles de imaginar. Si con él, algunos pensamos que Lopetegui tenía difícil llegar a la Pascua, sin él lo tendrá aún más crudo. Y no solo el técnico. A Florentino Pérez sería bueno que alguien le recordara que la gloria mundana es efímera. Todos los que ahora aplauden que largue al portugués, en cuanto vengan mal dadas pedirán su crucifixión.
¿Quién meterá el año que viene los previsibles cuarenta goles de Cristiano?  ¿Bale? ¿Bencema? ¿Neymar? ¿Mbappé? ¿Kane? Nadie, salvo Messi, puede asegurarlos hoy en el mundo. Ni siquiera tres de los anteriores juntos. Porque, tres enanos, ni puestos uno encima de otro, hacen un gigante; seguirían siendo tres enanos empalmados. Son buenos jugadores, pero en cuestiones goleadoras son unos enanos al lado del gigante Cristiano; el mejor goleador de la historia blanca y seguramente de la mundial.
Decíamos que donde hay goles hay alegría porque hacen mejores a todos, pero también es cierto que esos mismos parecen malos cuando faltan. Ya hablaremos cuando se huela a turrón; intuyo pañuelos como aviesos cuervos blancos por el Bernabéu. Mal asunto.
Económicamente salen ganando Cristiano y la Juve. Deportivamente solo los italianos. Y el tiempo dirá el grado de perjuicio blanco en todo. De momento le espera una travesía desértica de un par de años como mínimo. Eso mismo ocurrió con Di Stéfano, indiscutiblemente mejor jugador, pero la Saeta venía de cuatro años en blanco en Europa y el luso de tres Champions consecutivas, tenía 38 años por los 34 de Cristiano y había marcado 277 goles en once años con el Madrid por los 450 del portugués en nueve. Como goleadores la ventaja es enorme a favor del nuevo Juventino.
Cambiando de acera, Rubiales se la jugó dignamente echando a Lopetegui y ahora se la ha jugado rayando lo absurdo con Luis Enrique. Cara y cruz del mismo carácter. Personalidad y osadía. ¿No había otro más adecuado? ¿Era necesario abundar en la división de los aficionados? ¿Quiere provocar? El asturiano ganó un triplete cuando se dejó avasallar por Messi en el Barça. Y continuó en el banquillo por lo mismo. Después, en un atisbo de dignidad, se marchó.
Rubiales y Luis Enrique tendrán quienes les escriban. Y quienes le susurren. Y quienes los vituperen. El técnico está acostumbrado, pero el novato presidente no. Los resultados darán y quitarán razones, aunque tampoco auguro nada bueno. Ojalá me equivoque.      

miércoles, 4 de julio de 2018

SIGO EN BLANCO, COMO HIERRO



Rubiales hizo lo que debía, pero el relevo de Lopetegui no ha estado a la altura. Así de sencillo y así de claro, aunque ya sé que cualquier explicación a toro pasado es ventajista y que hay opiniones para todos los gustos.
Y ya no va esto de que con dos delanteros llegamos más; aún no entiendo la cerrazón de Hierro con jugar solo con uno. Tampoco de apostar por mantener a un portero que no ha aportado absolutamente nada al equipo tras el fallo ante Cristiano. Ni lo de mantener a Silva de titularísimo, cuando está en evidente baja forma. No, esto va de un técnico que se ha visto superado por las circunstancias del juego en todos los partidos; no en uno solo o contra Rusia. Ni ha acertado con las alineaciones titulares ni con los sucesivos cambios; siempre hemos jugado con uno o con dos futbolistas menos; con Silva siempre, y luego con Lucas, Thiago o Asensio, quienes han jugado en posiciones forzadas y estáticas; es de suponer que por indicaciones de su técnico. Pero, en fin, más allá de estas opiniones, que como todas en fútbol son subjetivas y válidas o no como las de cualquiera, hemos visto a una selección con una sola idea, la de marear la pelota de una lado a otro sin profundidad alguna. Solo dos veces la tuvimos y fueron dos goles; los pases de Busquets e Iniesta a Costa contra Portugal e Irán.  El resto fue un sin fuste de sobos de balón sin más perspectiva que hallar a alguien, normalmente Isco, que decidiera arriesgar y buscar el área contraria. Y desde las bandas, que tampoco eran lo profundas que deberían haber sido, nos queda el pase de Carvajal a Aspas, que también fue gol. Aparte de todo eso, solo la espléndida jugada de Iniesta que culminó con el golazo de Isco a Marruecos justificó la presencia de nuestros jugones.
España ha tenido de cara el VAR y el cruce en el grupo más asequible para haber hecho mucho más. Pero ni por esas, y viene a echarnos una Rusia que son poco más que un grupo de futbolistas que en todo un Mundial forman una banda más que un equipo de élite. En cuanto la coja una selección seria se quedan sin aire.
Decía en mi columna del lunes en La Opinión que estaba en blanco, y la verdad es que por mucho que he buscado explicaciones no encuentro ninguna más allá de lo expuesto, que tampoco es mucho. Quizás que el fútbol sea solo un juego es la más evidente, donde los jugadores también fallan. Pero es que hasta en un  juego hay que imaginar, apostar y arriesgar cuando se tienen opciones de ser algo más que simples jugadores. Y España tenía y tiene mimbres para haber subido la apuesta en cada uno de los partidos que se nos pusieron cuesta arriba o favorables. Nos faltó guía. Nos faltó valor. Nos faltó asumir riesgos. Nos faltó aprovechar cuanto teníamos. Nos faltó optimizar nuestras ventajas competitivas. Nos faltó eficiencia y eficacia. Nos faltó visión estratégica para buscar los puntos débiles de los contrarios. Nos faltó, en definitiva, alguien con el liderazgo suficiente para dirigir. Y eso se llama un técnico capacitado. Hierro ha dado el cante. El principio de Peter se ha cumplido una vez más; aquello de ir ascendiendo hasta alcanzar el mayor grado de incompetencia. Que se dedique en adelante a otra cosa, donde seguramente será mejor.
¿La ausencia de Lopetegui ha sido decisiva? Pues seguramente, pero eso no lo exime de corresponsabilidad por hacer las cosas mal. Debería haber copiado de Pochettino o Allegri, que le dijeron a don Florentino que hablase primero con sus presidentes, pues tenían contrato en vigor. Y él más, por estar recién renovado.
Ahora ya no queda más que mirar para adelante y buscar a un seleccionador que pueda encarar la próxima Eurocopa con garantías. 2020 está a la vuelta de la esquina y la selección, aparte de renovar a unos cuantos, debe asumir que el tikitaka ya pasó a la historia, por muy glorioso que fuera desde 2008 a 2012, y hemos de buscar otro sistema desde lo que nos quede valioso de entonces. Que no todo es malo. Hemos dominado los cuatro partidos jugados en Rusia, y eso es un buen punto de partida.
¿Dónde estará nuestro siguiente Luis Aragonés? Ese es el quid. Alguien con el conocimiento, la experiencia, la clarividencia y la imaginación necesaria para diseñar el futuro.    

martes, 19 de junio de 2018

UNA MONTAÑA RUSA



Rompe piernas y desánimos antes y después: escándalo, infortunios, nervios, méritos, emociones, y también VAR, De Gea, Costa y Cristiano, además de un buen partido y resultado de España contra Portugal, que es la campeona de Europa y no estuvo porque la oscurecimos aunque cuente con el mejor goleador de la historia, que sí estuvo; ¡y de qué forma!
De Gea deberá masticar la fortaleza anímica de sus compañeros para superar su fallo en el segundo gol de Cristiano y segunda ventaja de los portugueses. Ahí estuvo el mérito de los del animoso Hierro, y el suyo mismo, dando instrucciones acertadas durante todo el encuentro a partir del ingenuo penalti de Nacho, resarcido con un partido magnífico y un golazo. Unos méritos que, ahora sí, hacen de España una firme candidata a su segundo Mundial. Pocas selecciones se hubieran repuesto de tantas adversidades previas y durante el encuentro. Nuestros futbolistas, además de lucir clase, pedalearon cuesta arriba con las piernas, los pulmones y el corazón del mítico Bahamontes. ¡Qué manera de sobreponerse a todo!
Lo único que ensombrece la esperanza es la ausencia de suerte, que dirime estas competiciones. Esa que suele aliarse con los campeones vistió de rojo el viernes: el penaltillo en contra al inicio y el churro adverso a segundos de acabar la primera parte, o el tiro de Isco al larguero con medio balón dentro y los centímetros para el gol que le faltaron a Costa, Iniesta y Silva. Hasta en el golazo de Cristiano, faltando escasos minutos, porque siendo un goleador legendario, tirando faltas es vulgarote. Esta vez le tocó la varita mágica y vino a enchufarla imparable y decisivamente.
Ahora se apalea a De Gea, que sin duda jugó con desconfianza, pero nadie dice que Rui Patricio no paró nada.  De todos modos, el madrileño es un gran portero y ocasiones tendrá para demostrarlo en este Mundial. Quienes rompen y rasgan diciendo que no merece ser titular en la Selección, o lo han visto poco —dos años seguidos galardonado como mejor portero de la Premier y mejor jugador del equipo de Mourinho—, son pesimistas o están bajos de moral. Otros tampoco veían a Costa como nueve de España. Como anécdota, ayer escuché a un tertuliano radiofónico decir que no le gusta la selección desde que la cogió Lopetegui. Y es que, hay desbarres para todos los gustos; ni siquiera le convenció la goleada “amistosa” a Argentina en Madrid.
Tras ver a Francia ganar de chiripa a Australia y a Argentina empatar con Islandia, selecciones que no asustan, y a Alemania perder con  Méjico o a Brasil empatar con Suiza, tanto el empate de España como el de Portugal adquieren relieve. Pueden estar entre las mejores de otro Mundial en el que tampoco será fácil ganar a nadie, salvo raras excepciones como el Brasil de Pelé en Méjico en el 70. Recuerdo la España de Suárez, Amancio e Iríbar del Mundial de 1966 en Inglaterra, recién ganadora del Europeo de 1964, que solo pudo ganarle a Suiza y por la mínima con un golazo de Sanchís padre, tras jugada personal, y otro de Amancio con la cara lanzándose en plancha, a centro del primero.
En cualquier caso, la fortaleza de Portugal es también su debilidad; depende de su estrella Ronaldo. El conjunto uniforme de España es más fiable.  
En un Mundial es básica la unión inequívoca de los seleccionados en torno al equipo circunstancial que forman. Por eso manifiesto las buenas sensaciones que traslucen los de Hierro, quien sabe bastante de eso. Sin ese espíritu no hubiesen superado las difíciles circunstancias que afrontaron antes y durante el partido. Parecían un club y no una selección. Es el alma que tiene la nuestra desde Luis Aragonés, cuando Casillas, Pujol y Xavi superaron sus diferencias competitivas para componer una sinfonía grupal, que ahora interpretan Ramos y Piqué con cuanto representan, e Iniesta, que estuvo y está. Antes de 2008 nos hundían la mala suerte y los árbitros, pero también los malos rollos.
Por eso, Rubiales estuvo acertado al imponer que España está por encima de sus clubes. Despedir a Lopetegui, reconociendo sus méritos, fue simbólico. A partir de ahí lo que sea, bueno, malo o regular, pero siempre con ese estandarte bien alto.
El fútbol patrio es bastante más que un juego, egos y dinero, asignatura pendiente del prepotente Florentino y sus mariachis. Tapaditos estarían mejor.
El Real, como el Cid, ¡qué buen club si tuviere buen señor! 


miércoles, 6 de junio de 2018

CALVARIO Y GLORIA DE ZIDANE; Y LO QUE VIENE



El 26 de diciembre (Lo que el Barça se llevó) intuimos que el Barça había liquidado al Madrid de Zidane. En enero (La saeta de Zidane) sugeríamos una escalera de goles para quitarle los clavos al Madrid ‘zidanero’. Y aunque suene pretencioso, a primeros de marzo (Zidane está fuera) anunciamos las razones de una decisión diferida tomada dos meses antes: se iría a final de temporada. Solo algunos allegados conocen sus pesares desde que el Barça de Valverde afrentó a Pérez en el Bernabéu; ahí arrancó su calvario.
En ese tortuoso camino también se han quemado otros. El primero, Löw. Cuando J. A. Sánchez contactó en navidad con su entorno para sondear su fichaje, el seleccionador alemán renovó ilusiones; era una vieja aspiración. Después llegó la exitosa eliminatoria con el PSG y desde las alturas blancas, en plena negociación, solicitaron barajar de nuevo. Más adelante, en abril, llegó la victoria ante la Juventus y Sánchez, el recadero de Pérez, pidió cartas nuevas. Ahí se acabó la partida. Antes del Bayern, la federación alemana, con las orejas tiesas, le hizo una oferta y el antiguo objeto de deseo del mandamás merengue, despechado por las maniobras dilatorias de un Real Madrid enganchado a la tan sorprendente como rutilante marcha de Zidane en Europa, aceptó renovar el contrato hasta 2022. A primeros de mayo se hizo público sin bombo ni platillo; el teutón aún albergaba un último requiebro blanco. Pero tras eliminar a los de Heynkes perdió las esperanzas. De ahí su desahogado rechazo frontal ahora a sentarse siquiera con el de los mandaos de Florentino Pérez.
Y los otros dos chamuscados son Bale y Cristiano. El primero puede sanar por la marcha de Zidane, a quien hace responsable de su ostracismo sin tener en cuenta sus reiteradas lesiones. Se sabe una apuesta personal de Pérez, quien le ha ido filtrando sibilinamente que aguantara porque “el Moro” se tambaleaba, y tampoco entiende que haya ido apuntalándolo conforme pasaba eliminatorias; de ahí, también, su despechada sinceridad tras la final de su golazo en Kiev. Pero Ronaldo es otra historia. Con Zidane al frente, su rabieta sería otra estrategia para renegociar enésimas condiciones económicas; se ha entendido con el francés mejor que con nadie. Ahora la cosa cambia diametralmente. Con 33 años no está en condiciones de aguardar los aires del nuevo inquilino del banquillo merengue. O amarra ya el disparate de millones que pide por año —80 brutos—, o se dejará querer y fichar por quien se los ponga en la mano. El PSG  está al acecho con cartera y cuchillo entre los dientes, por sus prisas y el asunto Neymar, y el United de Mourinho aguarda agazapado con un chute en vena de imperiosa necesidad; son demasiados años en barbecho. Lo de Cristiano será una de las bombas del verano. Y esta vez, huérfano de Zidane, irá en serio.
Don Zinedine se ha ganado la paz y la gloria con la decimotercera, por la que apostó tras hacer piña con sus jugadores aun enfrentándose a su valedor Pérez, convencido de que no se lo iba a perdonar. Pero tenía poco que perder. Supo en navidad que la guadaña presidencial estaba presta para segarlo, con algunos más, por los desastres liguero y copero y la afrenta culé. Y ha sido finalmente coherente con sus convicciones. Dudó unos pocos días porque el horizonte era goloso, pero el empujón final de su entorno familiar le ha hecho ser fiel a sí mismo y a ellos, tan inteligente en el análisis como elegante en las formas.
Ha pasado al altar de las reliquias blancas y tendrá siempre abierta la puerta grande del Bernabéu. Como las de cualquier otro sitio futuro, que no será inmediato. La categoría ganada como técnico de primera fila en tan poco tiempo se lo garantiza. Y no solo como exitoso profesional, sino como un tipo honesto, firme, coherente, valeroso, suertudo, mesurado, distinguido y magnífico administrador de egos. La selección francesa, su sueño, será el próximo destino.  
¿Tras él? Pues dicen que Pochettino, Allegri o Klopp. Pero apunten a Wenger; excelente transición con Guti de segundo y Raúl en la recámara. Florentino quiere la decimocuarta Champions para igualar las seis de don Santiago y dejar semilla blanca, que no está mal, olvidados ya sus discutibles y frustrantes primeros diez años.
Arena y cal del aparente sorprendido Pérez, que se la tenía hecha a Zidane. ¿Su penitencia? Fichar despavorido por los pañuelos que imagina.


sábado, 2 de junio de 2018

EL ACABOSE



El fútbol acaba con los adjetivos, pero se alimenta de titulares. Goles, suerte, egos y leyenda dan para mucho, y el Madrid acapara la mayoría de nuevo. Como era de prever ha reeditado su vieja historia en Europa, donde nadie le discutirá su imperio hasta dentro de muchas generaciones de futbolistas y aficionados. Así ocurrió con las cinco primeras consecutivas, record que aún perdura. Esa es la legendaria dimensión que adquirió el equipo de Zidane con las tres últimas consecutivas y la cuarta en lontananza, hecho y objetivo inmediato que le hicieron reconsiderar unos días su salida porque Florentino Pérez quiere emular al histórico Bernabéu y anhela su sexta medalla, para lo que no escatimará esfuerzos. Pero finalmente ha sido fiel a sus convicciones, que ya adelantamos aquí en marzo, y ha dejado el barco merengue.
Pero más allá del golazo de Bale, que continuará en el Madrid tras la final de Kiev por mucho que estuviera decidida su marcha tanto por él mismo como por el club, e incluso de las dudas que manifiesta; el tráiler de otra película de egos sobrevoló el césped al acabar el partido: el enésimo culebrón Ronaldo. ¿Berrinche? ¿Premeditación? ¿Celos? ¿Ultimátum? ¿Provocación? Todo junto, menos realidad, porque es una reiterativa impertinencia. Él sabe que en ningún otro sitio podrá saciar su poliédrica ambición, pero con el corazón propio y el de todos los madridistas todavía a más de cien, el titular que vendió es que el nenico está triste y que fue bonito mientras duró. Enterado a bote pronto el baranda Pérez, a pesar de que trató de disimular, la vocecilla de curica medroso que asoma cuando miente afloró su indignación. Y esta vez tenía motivos. Solo la inoportunidad recurrente de Cristiano iguala a su tremenda dimensión profesional. Vamos a ver, figura, ¿no tienes otro momento para reivindicar frustraciones que el de la celebración de un éxito colectivo tan grandioso? ¡Ay, el egocentrismo desbocado! Pero él es así; lo ha sido siempre. Idéntica evidencia a la de ser el mejor goleador de la historia. O lo quieres o lo aborreces, pero nunca te deja indiferente. ¿Razones? Pues de los dos lados. Tiene el mismo sentido quejarse de que otros con méritos parecidos, Messi, o con menos, Neymar, ganen más, que el geométrico mandamás blanco enarbole el contrato en vigor que les une. El problema radica en que el fútbol es el único mundo donde los contratos están para cumplirse solo si quiere una parte: el jugador. De locos.
Y, cómo no,  también se habló de la suerte de Zidane. Esta vez a cuenta de los fallos del portero del Liverpool. Pero sus detractores se han quedado sin argumentos a las alturas que ya navega en el firmamento futbolístico. Suerte se puede tener en un partido, o en un momento, pero ya son demasiados momentos y partidos para seguir manteniendo que el francés es un técnico sin discurso táctico. Y, en todo caso, en equipos como el Madrid es mucho más importante alinear los egos que diseñar los movimientos de sus jugadores. La salidas de madre de Cristiano y Bale al acabar la final lo demuestran. Manejar tan notables individualidades debe ser la máxima responsabilidad de su entrenador.
Y, finalmente, aterrizamos en el acabose del fútbol regional. El Murcia, como advertimos, acabó en Elche con el último sueño de sus miles de admirables seguidores. Y aún tiene Salmerón la guasa de asegurar que tiene fuerzas para seguir. ¿No habrá nadie que le diga que a una final hay que ir con todo o mejor se queda uno en su casa? Se jugaba la vida y, fiel a su mojigatería, salió de nuevo con tres medios centros, uno de ellos defensa central, y solo dos puntas. En ninguno de los dos partidos tuvo nunca a tiro la eliminatoria. De pena.
Quien sí la tuvo hasta el último segundo fue el Cartagena. Monteagudo fue valiente y alineó a tres puntas y al talentoso media punta Hugo de defensa, pero esta vez la suerte le fue esquiva con un autogol faltando un suspiro. Mereció ascender en el Cerro del Espino porque fue mejor que el Rayo Majadahonda y tuvo varias opciones de gol, y seguro que lo consigue si tanto él como sus jugadores se reponen pronto del terrible mazazo. Deben saber que eso también es fútbol. Que los fracasos, si se digieren con inteligencia y sin victimismos lacrimosos, refuerzan el corazón y las entrañas y suman argumentos para perseguir el objetivo sin flaquezas. Los técnicos y los físicos los han demostrado ya. Ahora solo falta perseverarlos. ¡Ánimo y mucha suerte!, que también juega.          

jueves, 24 de mayo de 2018

LA SUERTE SUPREMA



Como en los toros, la calidad, el riesgo, la estética y hasta las emociones se funden en la memoria de los triunfos. Y estos llegan con la suerte suprema, que en los ruedos litúrgicos de sangre noble es manejar bien la espada y en los campos de sudor y clase marcar más goles que el contrario. Después vienen los trofeos y los recuerdos, aunque a veces atesoremos alguno huérfano de laureles.
Los atléticos conservarán siempre las tres finales de Champions perdidas en el último instante, pero con Simeone tienen ya más alforjas rebosantes que vacías. Emocione más o menos su juego, el Atlético del argentino es garantía de competitividad y tiene en Griezmann al artista que tumba rivales sin puntilla. Con la tercera Europa League,  Simeone es el técnico más laureado de su historia y corona el parnaso colchonero con el mítico Luis, de quien heredó el gusto por la seguridad, la garra y la velocidad como mordientes de su juego.  
Comentábamos que España y Madrid reivindicarán el reino y la capital del fútbol europeo. El Real está a pocos días de optar con posibilidades a su decimotercera Champions, que no treceava —gracias, Maestro Marcial—. Máxime cuando el problema de Zidane es que dispone de toda su plantilla; bendito dolor. Si salen cohetes y usan la de verdad no hay Liverpool, Klopp ni Salah que valgan. Otra cosa será si juegan andando, lidiando desapegaos en plan chuflas, y en lugar de estoque tiran de petardo.
Por su parte, Barcelona es desde hace una década el crisol del envidiado fútbol español. El octavo doblete culé, y cuarto en esos años más dos tripletes, con Valverde, Iniesta y  Messi batiendo records, es tan complicado de conseguir como meritorio. Los atléticos recuerdan uno y los merengues cuatro. A cada cual lo suyo, Ramón — amigo culé y cartagenerista—, y a Iniesta la gloria. Quizás el calificativo de irrepetible sea el más apropiado para el enorme futbolista manchego. Como reiteramos aquí y decía el elegante Butragueño en su homenaje, el Iniesta deportista supera al deslumbrante futbolero; un ejemplo mundial.
Y en la Región andamos montando la espada para salir de la negra faena de Segunda B. Sin embargo, el sábado asistimos en el Cartagonova a un partido vibrante con episodios de buen juego y a una desacostumbrada apuesta, por vistosa y valiente, del técnico visitante Iriondo, que con un uno a uno en el marcador salió en la segunda mitad con un medio menos y un delantero más para jugar con tres puntas. El Rayo Majadahonda, máximo goleador de la categoría con sesenta dianas, lució mejor tono físico y fútbol, saliendo siempre jugando desde atrás, aunque el Cartagena le superó por la eficacia de Cruz y Aketxe y por la diosa fortuna. Los madrileños tienen dos buenos extremos: De Frutos y Coto, un organizador excelente, Carlitos, y un medio centro de garantía, Óscar, que en la segunda mitad enhebraron varias triangulaciones de una calidad inusual en este pozo de segunda. Un gol anulado por fuera de juego dudoso, en la mejor jugada del partido, y dos paradones de Pau Torres evitaron su triunfo. Los de Monteagudo lo tendrán crudo en la vuelta si salen a conservar. Preveo una eliminatoria incierta, y hasta tenebrosa para el Cartagena, salvo que les acompañen las fuerzas y destilen en el Cerro del Espino la clase que atesoran Hugo, Ramírez, Alvaro, Gaspar y Chavero, sobre todo, para tener opciones de culminar la faena.
Y el Murcia, pues…, Salmerón en estado puro. Los aficionados granas vienen soportando, con suerte, una estafa de medio tiempo; lo que desprecia el soporífero técnico almeriense, porque en la mayoría de los casos no ven nada interesante hasta que los contrarios marcan o sigue todo a cero, mediada la segunda mitad.  Entonces, el ex del UCAM cambia a uno de los tres medios defensivos para sacar un delantero o un interior ofensivo. Y de ahí no lo saca nadie, amigos. Eso fue el partido frente a los de Pacheta. El Elche vino a jugar con más ambición que los granas, pero tuvo que imaginar poco porque el Murcia, fiel al reservón entrenador —de equipos pequeños—  le regaló la iniciativa. Y así, aseados, encontraron un gol de rebote aunque pudieron hacer alguno más. Igual que los granas olieron el suyo en los arreones finales; el arrimón de los toreros mediocres. Ni faena ni estoque ni nada.
A la vuelta, en Elche, lo volverán a vender tinto. ¡Suerte!                   

viernes, 11 de mayo de 2018

DEL FÚTBOL AL ABURRIMIENTO



Donde hay goles hay alegría y sin ellos se aburren hasta las ovejas. Ya sé que es tan cierto como de Perogrullo, pero hay muchos que defienden el fútbol defensivo como otra forma de verlo y disfrutarlo. Y es que,  como le dijo el Gallo a Ortega y Gasset, presentado al torero sabio como filósofo por José María de Cossío, “tié q’haber gente pa to”. 
El jueves pasado me aburrí con el partido que hicieron el Atleti y el Arsenal. Además de ver solo un gol, bonito, eso sí; jugaron andando unos y otros hasta el minuto setenta, cuando a los de Wenger se les iba la eliminatoria. Y eso, tras disfrutar con los partidos que hicieron el Madrid y el Bayern y el Liverpool y la Roma en Champions, parece que también es fútbol. Pues sí, amigos, pero del cansino; cansa más verlo que seguramente jugarlo.
 Hay profesionales que también lo defienden, y están en su derecho, como lo estamos muchos aficionados en denunciarlo. Algunas veces se amparan en que con los mimbres que tienen no pueden jugar de otra manera, pero mienten, o, al menos, no dicen toda la verdad. Simeone, por ejemplo, que es el paladín del Atlético como don Florentino lo es en el Madrid y Messi en el Barça, ha llevado a su equipo a cotas importantes en España y en Europa, sin ninguna duda, pero solo conocemos una versión de su equipo. La de si no nos marcan normalmente debemos puntuar y la de si marcamos uno hay que defenderlo con uñas y dientes. Y así ha ganado una Europa League, una Copa de España y una Liga como títulos relevantes. Lo que nunca sabremos es lo que podría haber ganado jugando de otra forma, porque jugadores tiene para tal. Recordemos las dos finales de Champions contra el Real Madrid, al que tuvo contra las cuerdas en Lisboa —ganaba por uno y le empató Ramos en el último minuto— y en Milán, donde se conformó con llegar a los penaltis tras empatar Carrasco el gol inicial de Ramos; otra vez su verdugo. Es verdad que a su primera final llegó con el equipo entre algodones, pero en la segunda pudo y debió hacer bastante más por ganarla. Y seguramente lo merecía, pero no cambió el guion y como proclamaba Luis Aragonés nadie se acuerda de los subcampeones.
También hay otra forma de jugar que aburre si no hay goles, la del dominio apabullante sin profundidad, pero eso es otra historia, aunque se vean algunos detalles para el recuerdo. Como también se ven en el sistema Simeone: en el partido de ida de la pasada semifinal el héroe fue Oblak y en el de vuelta Godín, lo que indica a las claras el relato de la eliminatoria.
Ahora se está poniendo de moda el sistema de presión alta, robar y salir corriendo, que es el que manejan dos técnicos atractivos por su filosofía futbolera que medirán sus fuerzas en Kiev; Klopp y Zidane. Y está cayendo algo en desuso el del toque y toque hasta encontrar la ocasión; el famoso tikitaka de la España campeona de Luis y Del Bosque y del Barça de Guardiola, que después exportó a Bayern y ahora al Manchester City. Me gustan las dos formas de juego por lo que tienen de belleza,  pero el primero, el basado en el acoso y la velocidad, tiene más garantía de gol y sobre todo es más espectacular.
Por aquí tenemos también el ejemplo de Salmerón, el actual técnico del Murcia, que el año pasado decía en el UCAM, en Segunda, que sus aficionados debían acostumbrarse a sufrir; y les aseguro que así fue. Presencié en directo casi todos los partidos con él en el banquillo, dentro y fuera, y salvo contra el Almería en la Condomina no me divertí en ninguno; tal vez tenía la excusa de un presupuesto modesto. Pero este año, sin ese hándicap y en Segunda B, hace jugar a su equipo exactamente igual. Tres medios defensivos, balones largos a un delantero centro robusto y a esperar segunda jugada. He visto todos los partidos de su Murcia y me aburre tanto como el año pasado con los universitarios.
Pero ojo, que aburrir también puede tener premio. Al UCAM lo subió a Segunda, aunque lo dejó listo de papeles después, y este año puede subir al Murcia. Ojalá suceda, lo que no quita para que su fútbol aburra hasta decir basta.          

martes, 1 de mayo de 2018

COMO SIEMPRE Y SIN VERGÜENZA



El Real Madrid encarriló su pase a la final de la Champions y está a dos pasos de refrendar su reinado en Europa. Como siempre, dicen sin embargo algunos con muy poca vergüenza, aludiendo a una supuesta ayuda arbitral.
 Y es que, válgame Santo Tomás, pensábamos que ya no cabían más tontos en esto del fútbol y viene el Mundo Deportivo de Barcelona y supera a todos los demás. Y eso, que lo digan los forofos culés produce hasta ternura, es parte de la esencia del fútbol, pero que lo denuncie en portada un medio de comunicación solo tiene dos explicaciones: el periodismo de bufanda o la prostitución debida de los mantenidos, o las dos cosas a la vez. ¿Cómo se le ocurre tamaña imbecilidad a un periódico que cubre básicamente a un club de la incuestionable categoría del Barça? ¿Son tan tontos, o tan de hoja parroquial, de no medir lo que destacan? Porque se lo ponen fácil a sus contrarios.  ¿Quieren decir que los blaugranas reinan en la Copa de España, por decir algo, gracias a los árbitros? ¿O tal vez sucede lo mismo en la Liga, como proclama el forofismo merengue? Porque de los árbitros no pueden quejarse, precisamente, los barcelonistas; pregunten al PSG. Y tampoco los blancos.
Como siempre, dicen con razón y afirmamos aquí, el Real está cerca de otra final; la cuarta en cinco años.  Como siempre, el Madrid está cerca de otra gloria en Europa, donde es el club con más entorchados a distancia abismal del segundo; doce contra siete del Milán —el Barça, cinco—. Como siempre, los blancos se transforman en cuanto huelen la Champions y machacan a quienes les tocan.  Como siempre, los de Zidane pueden reverdecer su historia ganando tres consecutivas y cuatro en cinco años; ya ganaron cinco seguidas en sus inicios. Como siempre, los madridistas tienen a mano seguir sumando trofeos; sería  el treceavo. Y como siempre, señores periodistas catalanes de siesta, pijama y orinal, ustedes hacen el ridículo sin vergüenza defendiendo lo indefendible cuando se trata de atacar sin razón al Real Madrid. Exactamente igual que al contrario, cuando los comunicadores pesebreros madrileños se hartaban hace años de decir gilipolleces sobre la triunfal racha del Barça de Messi, Pujol, Xavi, Iniesta, Busquets y compañía; su mejor etapa  histórica. Y todavía hoy lo hacen, responsabilizando a los árbitros de favorecerles, sin reconocer que esta Liga, como tantas otras en el último decenio, la ganarán porque han sido mejores. Todo lo demás, salvando a los aficionados de unos y otros que defienden pasionalmente contra viento y marea sus colores, viniendo de quienes viven de la información, son lamentos vergonzosos de malos periodistas y peores perdedores; deberían tener una cierta objetividad, que sería de nobleza profesional, aparte de ahorrar munición barriobajera a posibles descerebrados. La violencia deportiva se nutre de cosas por el estilo.
Reiteramos que el fútbol español manda en el continente. El Madrid no hizo su mejor partido en Munich, pero lo bastó su eficacia delante para desarbolar al sempiterno campeón alemán. Tuvo suerte también, pero eso es parte del juego y del equipaje de los campeones. Lo normal es que pase a la final y se enfrente al Liverpool de Klopp, que pasó por la piedra de Anfield a los rocosos romanos de Monchi, quienes hasta muy avanzado el partido no cambiaron el sistema suicida de jugar con tres centrales muy juntos y dejarles las bandas libres a Salah y compañía. Y si eso sucede, creo que en Kiev habrá fiesta blanca; el Real Madrid es notoriamente superior.
Y no acaba ahí nuestro fútbol. El Atlético de Madrid dio una lección de pundonor y de juego defensivo a otros ingleses. El Arsenal de Wenger y Ozïl, con Bellerín y Monreal —¡qué jugadorazos! se encontró en superioridad numérica desde el minuto nueve, pero no supieron liquidar a los legionarios de Simeone, aunque dominaron a mansalva, y tuvieron la flaqueza de concederle una ocasión a Griezmann. Imperdonable, porque al colchonero francés le basta media oportunidad para enchufarla; característica de los muy grandes. Y eso hizo. Así, con un empate a uno tiene medio hecho el pase a otra final en Europa, y ya colecciona unas cuantas en los últimos años.
De llegar a las finales el Real y el Atlético, del que también se podría decir como siempre últimamente, Madrid tendrá otros dos títulos europeos que celebrar. Y España también.
Y los tontos a llorarle a la luna.  

lunes, 16 de abril de 2018

DE INDOLENCIA Y DE PENALTI



Los penaltis discutidos son parte de la historia del fútbol. Como los arbitrajes polémicos, la mala suerte, los fallos inexplicables, los jugadores legendarios, los casi goles, las jugadas extraordinarias y los golazos; la desidia no. El Madrid y el Barça han acaparado los mayores escaparates del fútbol mundial y coleccionan experiencias de todo tipo.
Nos equivocamos al augurar que  Real, Barça o Bayern protagonizarían la final de Champions; solo uno de ellos lo hará porque los blaugranas cayeron de indolencia. Por eso dicen Iniesta y Busquets, quien tuvo una mala noche, que fue una de sus mayores decepciones. Es incomprensible que solo tuvieran una oportunidad clara de gol, la de trancas y barrancas de Messi. Antes, pierna floja, lentitud y suficiencia indolente.
La semifinal entre madridistas y bávaros será complicada, pero mucho más la de romanos e ingleses. El Liverpool es tan imprevisible como la Roma, con media docena de futbolistas en cada escuadra que desde su segunda fila son capaces de achantar a cualquiera. Salah y Dzeko se han llevado los honores, sin olvidar a De Rossi y a técnico Kloop, que  empujaron a sus equipos a la gloria de una semifinal de Champions con la que seguramente no contaban.
Pero la polémica estuvo en el último suspiro del Bernabéu, cuando el seguro Benatia arrolló por detrás al listillo Lucas Vázquez, quien hizo más por esa posibilidad que por buscar el balón de gol que le puso el omnipresente Cristiano. ¿Penalti o no? Lo fue por dos cosas: porque lo pitó el árbitro inglés y porque tuvo motivos; el galo marroquí no tocó balón aunque lo pareciera. ¿Si no lo hubiera pitado? Pues tampoco hubiese sido raro. La polémica sería al revés si la prórroga clasifica a los turineses. Cosas del fútbol.
El partido se recordará por ese penalti, magníficamente lanzado por Cristiano al hierro, recordando a Puskas; pero también hubo otras claves que no pasarán a la historia. Como el oscurecido juego de Casemiro, al que tanto ponderamos aquí, aunque no solo él estuvo desdibujado. Pjanic, Douglas Costa, Sandro y Khedira se comieron al medio campo madridista, cuyos centrocampistas se dejaban sobrepasar por unos rivales en plan guerrillero que parecían jugar en moto, como hubiera dicho el añorado Mesones. Aparte, Marcelo volvió a dar la de arena y a Carvajal le puso Mandzukic un sombrero cada vez que disputaban balones por alto, con la palpable consecuencia de dos goles casi calcados, aunque el segundo no sabe todavía el croata si lo remató de cabeza o de chepa. Y hubo otro aspecto que remarca el partido: Ramos todavía es insustituible en el Madrid de Zidane, tanto por su juego aéreo como por la infinidad de cortes eficaces en el flanco izquierdo — el del peligro Marcelo— y por la personalidad que infunde al equipo, además de su buena salida de balón.
Ramos, Cristiano y Casemiro y Modric son la columna vertebral de los blancos, como en el Barça Ter Stegen, Piqué, Busquets y Messi. Si fallan más de uno de ese póker de futbolistas decisivos el desparrame está servido. El Barça lo pagó caro en Roma y el Real estuvo a punto en Madrid, con dos resultados en la ida que daban más que para el simple optimismo.
Finalmente, el colofón lo pusieron sus máximas estrellas. Cristiano acudió a su cita con la gloria y Messi no. En esto recuerdan a los otros dos referentes antiguos de merengues y culés. Di Stéfano siempre estaba, cinco Copas de Europa, y Kubala no; solo consiguió dos Latinas y una de Ferias. Messi sí ha ganado cuatro Champions, pero en un pasado reciente que parece lejano. Una sola en siete años, en la cumbre de su carrera, es algo para hacérselo mirar, que dirán por Can Barça. Le sucede igual con Argentina, aunque menos acompañado. Últimamente, el sin embargo mejor jugador del mundo y sus cuates, recuerdan a los celebérrimos lebreles del tío Alegria, histórico huertano de la Arboleja: ejemplares siguiendo la pieza, pero cuando la tenían a tiro levantaban la patita para mear.
Los atléticos y Simeone también sudaron letra parda pelotera en Lisboa para pasar ronda. Y ahora se las verán con el Ársenal de Wenger en otra semifinal de dudoso pronóstico; magia parpadeante contra reciedumbre.
En todo caso, si sus artistas y la suerte quieren, merengues y colchoneros  superarán a los del viejo zorro Heynkes y a los artilleros londinenses. Así, seguiremos disfrutando de nuestra España cañí futbolera en Europa.

lunes, 2 de abril de 2018

ISCO Y MESSI O LA IMPORTANCIA DEL MEJOR



Decíamos que contra Alemania nuestra selección tuvo luces y ciertas sombras, y ahora añadimos que contra Argentina reiteramos alguna, aunque corregimos otras. El tema del medio centro, con Thiago, continuó flojeando, de ahí que en la primera parte nos llegaran con excesiva facilidad por el centro, y de haber contado con alguien resolutivo al borde del área quizás ahora estaríamos hablando de otras cosas.
Sí, no nos engañemos, con Messi hubieran hecho algún gol más y entonces no habrían entrado los de Lopetegui en la segunda parte con la facilidad con que lo hicieron; ellos se hubiesen cerrado para esperarnos a la contra. Es la decisiva importancia de que juegue o no el mejor del mundo. Esto no es restar brillantez a la goleada de Isco y compañía, que hicieron méritos sobrados, sino tratar con cierta objetividad lo engañoso que puede ser un resultado en el fútbol.
En la cara buena de la moneda nos encontramos con la corrección del juego horizontal y de ronditos. España fue más vertical y el marcador reflejó tal circunstancia. Isco, como ejemplo, halló la excelencia jugando de media punta —casi de segundo delantero—, que es donde mejor partido puede sacar a sus amagos, caños y excelsa clase. Y de ahí deriva la pregunta de la mayoría como consecuencia de sus tres goles: ¿Por qué no es titular en el Madrid? No es muy complicado deducirlo.
En primer lugar están los sistemas competitivos tan diferentes de la selección y de su equipo. Nuestros seleccionados se asocian continuamente hasta encontrar un hueco preciso, como vienen haciendo desde Luis Aragonés. En el Madrid los huecos se buscan a base de velocidad, arreones y ‘cristianazos’. Y en esa diferencia hallamos la segunda explicación. Isco requiere pausa para su juego y eso lo encuentra con jugadores tipo Busquets o Iniesta.
De ahí, y en segundo lugar, encontramos la idiosincrasia de sus compañeros. Su puesto ideal en el Madrid sería jugar cerca de Cristiano para combinar, filtrarle balones y habilitarle espacios, pero para eso cuenta Zidane con Benzema, que además hace tan bien ese papel que hasta se está olvidando de golear. Por otra parte, un jugador como Isco requiere que el equipo juegue casi para él, y eso en su club es un imposible.
Finalmente, está lo que tanto hemos comentado: sus propias características. Alguna vez recordamos a Guti, afirmando que tenía tanta clase como él, si no más, y nunca fue titular indiscutible en el Madrid de Raúl y de los galácticos Coinciden también en el protagonismo personal. Ni el madrileño entonces ni el malagueño ahora representan al futbolista gregario porque respiran por sus egos. Y así llegamos a la complicación de liderar cualquier club grande. Para ello se requiere ser uno de los mejores del mundo, casos de Messi, por encima de todos, y de Cristiano, que a goles no le gana nadie.  El Barça puede jugar en torno al argentino y el Madrid para el portugués, y en esas categorías Isco ni está ni se le espera.  Todo lo demás es darle vueltas retóricas a lo mismo: es un extraordinario futbolista, sin ninguna duda, pero si aquellos son la primera fila él estaría en la segunda cuando luce sus mejores destellos y claramente en la tercera si se empeña en marear la pelota.
Como colofón, Cristiano es capaz de llevar en volandas a su equipo en la Champions, ahí están sus registros goleadores, y  Messi, como en Sevilla y tantas otras veces, se basta para levantar un partido en pocos minutos perdiendo de dos o más. Por eso, afirmo sin reparos que si hubiese estado contra España el resultado del pasado martes sería otro.
Cuestión distinta es cómo les irá a unos y otros en el próximo mundial. Argentina, de llegar a Rusia su media docena de puntales en buena forma, como la que exhiben ahora Banega, Agüero y Messi, será una de las mejores selecciones. Portugal dependerá básicamente de Cristiano, aunque dada su soledad será difícil que tenga un papel relevante. Isco, sin embargo, sí puede llegar a cotas muy altas porque en la selección está rodeado de una docena de futbolistas que son y serían titulares en las mejores selecciones del mundo: Busquets, Ramos, Piqué, Alba, Iniesta, Carvajal, De Gea o Silva, por citar a los fijos, o son los mejores en sus puestos o lo comparten favorablemente en el peor de los casos. Pocos combinados pueden decir lo mismo.     

miércoles, 21 de marzo de 2018

DE LA CHAMPIONS A LOPETEGUI Y MARCELINO



Otra vez la burra en el trigo, dirán en Europa. La Liga sigue a la cabeza de su fútbol, lo que supone reinar también en el mundial. Y no decaerá mientras Messi y Cristiano la protagonicen.
Nunca antes coincidieron en España el  mejor jugador y el mejor goleador del mundo. Y, además, en los dos clubes más laureados, que ahora no son causa sino consecuencia de tenerlos, aunque sean coetáneos de la mejor generación futbolística española.
Otra vez copamos los cuartos de Champions, con el consolidado Sevilla como invitado excepcional, que ya lo vivió en el lejano 1958 cuando el Real cuajaba su legendaria trayectoria. Y no han sido cuatro porque lamentablemente al Atlético lo ninguneó la suerte antes, en Roma.
A cinco partidos de la final puede pasar cualquier cosa, pero aventuro que Barça y Madrid estarán en semifinales. Y el Sevilla, si da su cara buena, suma posibilidades reales porque los Banega, Lenglet, Nzonzi, Sarabia, Ben Yeder y compañía disfrutan de una forma excelente. Y además tienen a Montella, un técnico de los que hacen crecer el fútbol reinventando jugadores; apostar por Navas de defensa lo demuestra.  El viejo zorro Heynkes deberá hilar fino para eliminarles. La exhibición sevillista en Manchester frente a los del incomprensible Mourinho habrá avisado a más de uno y andarán con las orejas tiesas. Los yanquis que gobiernan al United echarán cuentas y no le auguro porvenir al medroso  portugués, que vive del cuento cuesta abajo y sin frenos desde su afortunadísima Champions con el Inter.
El Barça tendrá pocos problemas con la Roma de Monchi. Están fuertes, con Messi disparado, y Valverde puede obrar el renacimiento, como en la Liga. Aparte, les sonríe la suerte y veremos si es la del campeón y tocan pelo tras seis años en barbecho. Y a la Juventus de Allegri le ha vuelto a tocar la negra. El Madrid de Zidane, por irregular que sea, tiene bastante más nivel y si juega al que ofreció contra los del becario Emery puede resolver la eliminatoria en Turín. Máxime con Pjanic, organizador, y Benatia, muro central, sancionados. Buffón, Chiellini y Barzagli no están para muchos trotes y solo Dybala e Higuaín amenazan, pero no demasiado.
Al City de Guardiola le ha tocado un rival inquietante, el Liverpool del súper goleador Salah,  cuña de su misma madera que ya le dio para el pelo en la Premier. Claro que tampoco le hubiese ido mejor con el Madrid, Barça o Bayern, porque con su defensa aún por consolidar en partidos de máxima exigencia tener enfrente a sus delanteros es mal asunto. Los de Manchester juegan mejor que los otros seis cuartofinalistas, exceptuando al Barça, pero habrá que ver su desenvolvimiento a estas alturas. Les hubiese favorecido jugar contra los italianos porque no tienen las agallas delanteras de los españoles y alemanes.
En clave de selección, Lopetegui sigue mostrando síntomas alentadores. Llamar a los viejos canteranos madridistas Parejo y Marcos Alonso y al sorprendente gigantón Rodri, canterano del Atlético, que lo repescará del Villarreal, indica que baraja con cabeza y honradez.  Por el buen gobierno de su equipo, el valencianista hace tiempo que debía estar. Con Busquets en el eje, o el propio Rodri  en su defecto, y Saúl o Koke, nos darían autoridad frente a cualquiera. Imaginémoslos con Iniesta y Silva por delante. O con Asensio, Lucas, Thiago o Isco si no se empeñan en conducir o jugar en redondo.  Y con el lateral del Chelsea, hijo y nieto de internacionales, tiene el relevo ideal de Alba. Marcos es un jugadorazo, aporta altura y es un peligro permanente en jugada y a balón parado cuando sube.
Y arriba no hay mucho más donde escoger. Costa es un valor seguro, Aspas el delantero español de más clase y Rodrigo está cuajando en el goleador que apuntaba. Morata sufre su tercer calvario y solo el relevo cantado de Conte podría avivarlo.
Por lo demás, destacan las ausencias de los polivalentes Sergi Roberto y Javi Martínez y del sevillista Sergio Rico. El navarro es titular indiscutible en el Bayern, el culé se justifica siempre y el meta es un autobús bajo los palos. En todo caso, Lopetegui y sus seleccionados merecen crédito.
Y hay que destacar el trabajo de Marcelino. Ha recuperado el brillo del Valencia, promoviendo y revitalizando futbolistas, y le dio la alternativa a un jovencísimo Rodri en el Villarreal. Otro extraordinario entrenador que imagina futuros internacionales. Para descubrirse.
    

jueves, 15 de marzo de 2018

EN LA FRONTERA DEL TIEMPO



Me emocionan los reconocimientos personales al cercano, pero mucho más los que se hacen al contrario.  Y también los que se dan entre antiguos enemistados o distantes por cualquier causa. Aparte de la bondad y elegancia que supone, ensalzar al rival es más inteligente que denostarlo. En el deporte es asiduo, por ejemplo, y en la política una benéfica rareza, de ahí la diferente opinión que generan unos y otros; los deportistas  ilusionan y demasiados políticos aburren hasta aborrecerlos.  
Hace tiempo que asisto a unas comidas de añejos futboleros en torno al Maestro Ibarra  y me  satisface compartir buenos ratos con antiguos conocidos de ese mundo tan diverso y pasional, pero lo que más me agrada es comprobar cómo algunos personajes relevantes que desfilan por nuestra mesa semanalmente dejaron sus viejas rencillas y ahora son capaces de hacerse confidencias de buen grado y mejor humor. Y lo más grande es que se trata de asuntos que alguna vez les enfrentaron o por lo que fueron criticados ácidamente ¡Ay!, si entonces, como ocurre en tantos otros aspectos de la vida, hubiésemos tenido la visión relativa de todo que aporta alcanzar la frontera del tiempo; la sabia perspectiva.  
Cuando se pasa esa frontera tan invisible como palpable en los rostros y el físico de cada cual, cualquier tema que sobrepase la salud propia o la de los nuestros es irrelevante. ¡Qué gran lección de vida!, ¡y qué interesante sería trasladarla a quienes guerrean ahora en absurdas trincheras sociales! Los afectos, la salud y el bienestar más o menos boyante son los asuntos mayúsculos que deberían ocupar nuestro escaso tiempo compartido. La vanidad, el orgullo, los egoísmos y la ambición desmedida son el opio real que nos engancha a un mundo tan aparente como estéril.
Por eso, también sorprende que algunos veteranos recalcitrantes en tales errores sigan en sus absurdos agujeros competitivos. Y se les conoce al vuelo. La primera persona del singular está permanentemente en su boca:  yo ahora tengo, estoy, soy, voy a, he conseguido, he ganado…. Y parece que te miran con los mismos ojos vacíos con los que antes trataban de pertenecer a la mitad del mundo envidiado por la otra mitad. De ser o parecer cada vez más ricos, más guapos, más listos, más altos y más importantes. Y es muy cansino, porque si antes daban pena, ahora, además, hacen un ridículo solo explicable desde sus perennes carencias y solo disculpable desde una misericordiosa ternura; cosas de tontones envejecidos.  Una pena grande para quienes la padecen y, lo que es más lamentable, para los suyos.
Pero por nadie pase, porque no estamos a salvo de tamaña demencia, aunque sea ocasionalmente. De hecho, ninguno deberíamos tirar la primera piedra.
Y entonces recuerdo cuando nos decían que quien no es rebelde a los veinte es tonto, pero que quien lo seguía siendo a los cuarenta no tenía remedio. Imaginemos si ocurre pasados los sesenta o setenta, aunque es raro encontrar a alguien verdaderamente importante que venda “amotos” en su senectud. No es necesario; su imagen señera les precede.
En la venerable frontera del tiempo hay que disfrutar los buenos ratos que todavía nos alcancen. Todo lo demás es furufalla y glea, o, como también se dice por la huerta, pijos, pan y habas.
 

martes, 13 de marzo de 2018

EL ESCUDO, LA CAMISETA Y EL HOMBRE



El escudo es el referente, la camiseta la historia y el hombre quien imagina las ideas, que siempre han de anteponerse a la cartera y al resto de tangibles.
Nasser Al- Khelaifi, primer ejecutivo del PSG,  debería grabárselo a fuego. Como empresario, si lo fuera, debe saberlo desde sus principios. Aparte de los afectos, las ideas mueven el mundo y generan sus palancas; el dinero es solo una de ellas, y no la más importante, aunque traduzca cualquier fenómeno mundano al idioma comparativo universal. Y en fútbol más, pero siempre detrás de los títulos y las emociones.
Hablar del Madrid es remontarnos a Bernabéu y Di Stéfano, con una docena más de jugadores blancos que imprimieron carácter a su escudo y a su camiseta. Florentino Pérez y su concepto del fútbol como espectáculo poliédrico mama de esas fuentes, pero aún anda buscando a su talismán sobre el campo. Tal vez sea Zidane quien más se ha acercado, pero “El Moro”, como lo llaman por el Bernabéu,  tomó partido por los de corto en sus primeras decepciones y es consciente de que eso es delito de lesa majestad para su valedor Pérez; su primer mandamiento futbolístico es que el club está por encima de todo. Y debería ser así, pero sin olvidar lo determinante del factor humano, apuesta clara del francés.  Para don Florentino, los jugadores deben administrarse como un activo más al servicio de la empresa, su hábitat, sin hipotecar decisiones institucionales. No acepta que deba ir tras las demandas de Ronaldo, que le suenan a caprichos de consentido, porque ni Zidane ni nadie  lo han puesto en su sitio. Él  intentó oscurecerlo primero con Kaká, luego con Benzema y Bale, pero ninguno se ha acercado ni de lejos a la relevancia del mejor goleador de su historia. Quien además, para mayor dolor, fue fichaje de Calderón.
En el Barça hay pocas dudas: la idea del fútbol asociativo y los figurones son la base, marca de la casa desde Kubala, acrecentada por el mitológico Cruyff y su profeta Guardiola, y está por encima de todo salvo de Messi, que reina un decenio por ser el mejor del mundo. En el Atlético, Simeone y su idea del fútbol garra y el pasito a pasito son la idea, que de alguna manera también empezó a acuñar el colchonero por excelencia: Luis Aragonés.
Y así podríamos seguir con el resto de los clubes señeros. En el Manchester City, las ideas de Guardiola han puesto alas  voladoras al dinero del emir.  En el Bayern gobiernan ex jugadores brillantes, todos alemanes, con la particular versión germana de que deben ser una contundente división blindada, tipo pánzer, que choca con la exquisitez y los arabescos. En la Juventus modernizaron hace años la vieja idea del catenaccio para dotarlo de imaginación de medio campo en adelante; una copia del legendario Milán de Sacci, que mezcló su sangre etrusca con los holandeses prodigiosos de sus años de más gloria; de ahí los intentos con los franceses Platini y Zidane hace tiempo y ahora con los argentinos, tipo Dybala, pasando por fichar a los nacionales más habilidosos, Inzaghi o Pirlo por ejemplo; entre unos y otros han logrado oscurecer a los clásicos milaneses. Y el viejo Manchester United sigue buscándose desde que  Ferguson se cortó la coleta; aún no ha logrado reencontrar su onírica idea futbolística basada en los sueños reales que despertaba, de ahí su largo, frustrante y penitente purgatorio, Mourinho incluido.
Resumiendo, Francia siempre fue un fútbol de selección y nunca de clubes. Por eso tal vez falten ideas. Hubo y hay un salpicón de futbolistas excelentes, pero exiliados en los mejores clubes del mundo. Y si el PSG quiere navegar en el rutilante universo de los mejores deberá imaginar alguna idea futbolística revolucionaria, no la facilona chequera por muy dorada e infinita que sea. Quizás, un buen comienzo sería reunir a los mejores futbolistas franceses al mando del mejor técnico francés. Y ahí, Zidane, como sugerimos hace un mes, podría ser determinante. Tanto por prestigio como por lo que pudiera suponer de banderín de enganche. Y con ellos, otros como el propio Neymar y no peleones tipo Cavani, por decir algo; pocos y buenos de verdad, y no el conglomerado multinacional de rutilantes medianías que les proporciona la bandera del engañoso y simplón dinero. Nunca supuso nada brillante en el fútbol.
El escudo y la camiseta brillan con las ideas y los hombres.     


jueves, 8 de marzo de 2018

AL OTRO LADO DE LA CALLE



No sé su nombre ni por qué está allí, pero duerme en la calle,  en el suelo, bajo una manta oscura. Apenas sobresale su cabeza de ella, vuelto hacia el hueco del escaparate de unos grandes almacenes. A los pies de tan inhóspito lecho  hay unos bultos con lo que deben ser el resto de sus pertenencias, penas aparte, que trasegará con el recipiente de cartón que tiene a mano.
Llovizna y un viento frío barre la plaza de un barrio noble. Son las doce de la noche de un sábado de invierno en Madrid. Me abrigo con un chaquetón rojo, acolchado, y una bufanda. Paseo bajo el cala bobos porque acabo de cenar en un buen restaurante y quiero bajar la cena, entretenido con el trasfondo del drama que acabo de ver en el teatro  Bellas Artes, que viene a denunciar la doble visión sobre la mujer desde que Dios creó al hombre.
Estoy a pocos metros de la persona que duerme casi al raso, cubierto por el medio metro del hueco del escaparate oscurecido. Lo miro de frente. Al otro lado de la plaza, a mis espaldas, tengo mi casa. Me vuelvo y distingo una luz tenue en una de sus ventanas  y me  imagino allí, observando esa misma escena. Dentro se estará bien. No hará frío y estaría fumando tras ella con el fondo de  una música relajante. En este lado de la calle no hay calefacción ni música ni luz amortiguada, y seguramente tampoco esperanza ni tabaco.
Sigo paseando y me cruzo con alguien que arrastra un carrillo con diversos objetos y una maleta vieja de ruedas ruidosas. Al volver de mi enésima vuelta, aquel hombre está junto a un pequeño surtidor de agua público lavándose los pies. Unas chanclas de goma sustituyen las gruesas botas que están a su lado. Después lava unos calcetines claros de espaldas a quien duerme apenas resguardado de la humedad, del frío y del viento. En la siguiente vuelta lo veo retornar por donde había venido. Ahora arrastra el carrito y la maleta con la misma mano, manteniendo un difícil  equilibro para que no se vuelquen al rozarse. En la otra lleva algo que no distingo y cuelgan de ella las botas por sus cordoneras.  Entre los pies desnudos y el suelo mojado, solo las finísimas chanclas. Y entre su cabeza y el cielo inclemente un gorro de lana que encumbra una amplia chaqueta vieja. Es grande y corpulento y lo sigo a una distancia prudente. Anda despacio y se pierde por las calles que desembocan en la plaza, remolcando también sus penas.
No los conozco, pero serán alguien. Y habrán tenido otra vida. Habrán abrazado y los habrán besado. Y hasta habrán amado. Tal vez hayan hecho favores y seguro que tomarían el camino torcido en cualquier encrucijada de la vida. O quizás hayan tenido mala suerte. Uno duerme y otro busca dónde. Iría hacia su refugio, que será igual de precario. Como la indeseable noche que nos llevaba. Como sus vidas.
Las luces de las ventanas de los edificios brujulean vidas calientes. Sin soledades ni hambres. Como la mía. Y no hice nada por ellos. Solo observarles.
Doy una última vuelta y noto que algo se mueve debajo de la manta que yace abultada en el suelo. Alguien que respira bajo ella se ha dado la vuelta. Vive y seguramente me mira y piensa. Y yo también. Enciendo un purillo y sigo mi camino. Y mojándome mastico la culpa de pertenecer al mundo del otro lado de la calle. En ese yace un hombre. En el otro, en una cama acogedora del ático de una sexta planta, yaceré yo también dentro de un momento. Pero acompañado. Y caliente. Y cenado. Y con la calma de pisar suelo propio por un mañana quizás mejor todavía.
A ese lado de la calle se tirita. Y se pasa hambre. Y soledad. Y habitan miedos e inseguridades, huérfanos de mañanas.
Esa noche escarchó mi alma. Y hoy, que lo escribo, me duelen los egoísmos que también arrastro con mi suerte. La de vivir al otro lado de la calle, frente al drama real de la vida diaria, que no es teatro.
En el drama del otro lado de la calle siempre azota el tiempo y llueven calamidades. Y sus protagonistas se lavan los pies de madrugada con un agua tan fría como el futuro que les aguarda.
¿De verdad vivimos en un mundo civilizado y moderno porque haya una fuente y escaparates a cubierto? Porque preguntarnos si es justo sería de locos.
Y  de otros dramas, por aquello de la igualdad, de lo equitativo o de lo que sea, dejémoslo para mañana mientras sigamos instalados, los de mi lado de la calle — casi todos—; en el esperpento tragicómico de asomarnos calentitos al espectáculo real de la vida, tras los cristales de nuestra egoísta suerte de cada día, con la vana seguridad de merecérnosla al haber luchado por ella.     


lunes, 5 de marzo de 2018

ZIDANE ESTÁ FUERA



Agotados sus esfuerzos por aparentar normalidades endebles, listo y observador, sabe desde la derrota liguera ante el Barça que su tiempo pasó. Por eso, tantas cosas.
Se siente futbolista, como demuestra la piña con su plantilla sabiendo que es manifiestamente mejorable, y no quiso a nadie en diciembre porque solo él y sus profesionales están en el secreto del vestuario.
Los capos del grupo que ganaron tanto en dos años, desde el pretérito machaque culé, no quieren que asomen por allí carismas diferentes que zarandeen la ‘omertá’ impuesta y aceptada por los demás como aquellas ofertas irrechazables del Padrino. Tampoco las nomenclaturas establecidas. Ni los esfuerzos medidos, que los años pesan. Ni los círculos viciosos. Ni los intereses creados. Ni nada.
En definitiva, y paradójicamente por su calidad, vuelve a cumplirse la inexorable ley asociativa de los mediocres: saben sus limitaciones, pero unidos por éxitos grupales pasados recelan de nuevos aportes revitalizadores; si son brillantes, más. En el fútbol, la veteranía miope agarrota futuros. Y la historia, esa película tan real desde la distancia, lo ha demostrado en todos los clubes; pequeños y grandes. Cuando la treintena mengua el relieve de sus figuras simbólicas, si son raciales, no hay técnico ni presidente que pueda barajarlos, salvo con látigo de varias puntas, porra o guadaña inmisericorde. Y en esas estamos.
Ancelotti tomó partido por los jugadores y Florentino no lo perdonó. Benítez, al contrario, lo hizo por su libreta y por el jefe y las figuras lograron que también lo largara. Y Zidane, que sí es un hombre del presidente y lo conoce como pocos, tomó antes de navidad la decisión de irse en junio porque la humillación culé conlleva guillotina ‘florentinesca’. Y enseguida, conocedor profundo también de ciertos códigos futboleros, se alineó con sus consentidos para tener aliados. Pérez, como Roma, no paga a traidores, pero él se sentía fuera y decidió envainar la espada ejecutiva que su piramidal cargo requiere. Prefirió el diferido laurel de valiente por mantener su postura si alguna flauta sonara. Y solo queda una.  
Mantengo una duda shakesperiana: el ser o no ser del hacedor de la presente plantilla madridista, aunque tengo sospechas fundadas por algunas informaciones internas. Como la clave está en los goles, reiteraré dos casos paradigmáticos. Florentino repescó a Morata de la Juve para revenderlo, pero la ilusión del canterano, el acertado consejo de Zidane y sus goles frenaron varias operaciones en su momento. Después, por la desilusión de jugar poco sabiendo que tenía a otros por delante con menos méritos y más dinero — las apuestas del ojeador, mandamás deportivo y omnímodo Pérez—, cogió el olivo.  Y Mariano, según el presidente, tampoco daba la talla y era carne de negocio blanco. Desconcertado —el rostro en Cornellá cantaba—, Zidane lamenta mustio tales ausencias, pero su lealtad impedirá que largue. Tampoco lo hará después. Se irá como el señor que es, tanto con el señorito como con sus chicos.
Y ahora repasemos a los artistas. Cristiano es insustituible y no entra en  guerras ajenas a sus intereses, salvo cuando le tocan los bemoles; caso de Mourinho. Ramos es el hechicero y sí manda romana, prohijando como llueca a sus fieles con la inestimable ayuda del torpedo Marcelo, que diría Chiquito. Isco, aunque le sobre clase, no es jugador para el Madrid porque ralentiza el juego y le traiciona su narcisismo, por mucho que lo aclame parte del Bernabéu; esa masa borreguil que sustituyó el legendario ¡hala Madrid! por el cutre ¡vamos campeón!; la matraca de los campos y patatales menores. Asensio todavía tiene que mejorar; su individualista partido en Cornellá destapó carencias. Kovacic haría un magnífico papel en cualquier equipo mediano. Kroos está de perfil y Modric tampoco quiere guerras. Nacho, Casemiro, Lucas y Carvajal son clase obrera, y Llorente, Ceballos, Vallejo, Theo, Achraf y Mayoral harían mejor yéndose. Llegaron en el peor momento al ring más difícil. Keylor también se sabe minusvalorado, Casilla vive sus últimas lunas y Bale o Benzemá, o los dos, servirán de contraprestación al enorme desembolso que prepara el despechado Florentino.
El Madrid de Zidane, aunque elimine al PSG, escucha en capilla los trajines patibularios. Con goles hubo alegría, que decíamos; su único sistema. A otra cosa no ha jugado nunca. Y estos años no ha sido poco.
Y aunque todavía puede hacer historia en la Champions, no lo den por muerto, que es el Madrid; quien sustituya al francés portará navaja cachicuerna ‘ansoniana’ —por don Luis María—.   

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