martes, 26 de abril de 2016

EL SERIAL DE LOS DETALLES

Esta semana hemos asistido a un capítulo más de una temporada futbolera de altos vuelos. Y en el relato emocionante de la Liga nos han sorprendido el guión de detalles, no por previsibles menos explícitos.
Luis Enrique empezó la semana tirando de carácter, tan desagradable como suyo, donde es divisa el desprecio mal educado por cuanto le sea ajeno. Desprecio prepotente y mal encarado, con pretensiones de   gracioso, en el que se retrata hasta los tuétanos. Echar mano del apellido de un periodista para definir sus apreciaciones o preguntas, por reiterativas o hirientes que fueran, es como afirmar que el enrevesado semblante del asturiano, por ser caritativo, es sinónimo de su condición de tuerce botas cuando jugaba con futbolistas de muchísima más calidad que la suya. ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Nada! Pues eso mismo. Luis Enrique revela su condición de tuerce lenguas en cuanto se le tuercen un poco las cosas: no es acreedor al puesto que ostenta ni por sapiencia ni por capacidad de liderazgo ni por educación. Lo primero lo demostró en el clásico con el cambio que hizo de Rakitic por Arda, para gozo del Madrid; lo segundo quedó claro al renunciar a sus convicciones para convertirse en el paniaguado de sus futbolistas, fundamentalmente de Messi; y la tercera patita la ha asomado esta semana con sus desmanes lenguaraces desde un lugar que le viene  grande. Qué pena que en los días del recuerdo a un grande de verdad, Cruyff, ocupe su sitio un mindundi. Y qué nostalgia de tiempos recientes, en las que el Barça  encajaba los reveses competitivos con elegancia. El arroz de Guardiola es demasiado para tan poco pollo.
Las dos últimas jornadas no han aclarado el panorama. El Barça, el Atlético y el Madrid siguen su lucha por no fallar, y el Granada, Getafe, Gijón y Levante pelean por salvarse del trío maldito. Por el título no cabe nadie más, pero por el descenso puede que asome alguno; el Español tiene papeletas. Por otra parte, como es natural por humano, los árbitros se han sumado al coro de detalles singulares.
Clos Gómez dejó patente en el Nou Camp su antigua condición de árbitro de conveniencia. Una cosa es equivocarse, que les sucede a todos aparte de la gran dificultad de su trabajo, y otra es ser reiterativo hacia el mismo lado. De los seis goles del Barça, que hubiera goleado igual sin ayudas, al menos tres fueron regalo del colegiado aragonés. Dos penaltis de pitiminí y un fuera de juego de Suárez clamoroso. ¿Qué ayudan a los grandes? Eso siempre, por tal producen risa los clubes poderosos cuando se quejan, pero a veces son muy descarados en el machaque al débil. Y los muy malos lo hacen con una suficiencia indignante; exhiben la valentía del cobarde: fuerte contra los débiles y sumiso ante los fuertes. En España nos salva que hay una docena larga de buenos colegiados y, algunos de ellos, dejan su marchamo de calidad por Europa cuando les requieren: Velasco, Matéu, etc.
El Madrid también nos dejó detalles. El primero fue su antiguo empeño de jugar sin medio centro en Vallecas: Kroos quedó retratado una vez más. Y a Danilo le puede su afán por salir del encasillamiento negativo por sus despistes y pierna blanda. Es mejor futbolista de lo que parece, pero debería serenarse y empezar por defender bien, porque es defensa. Isco, sin embargo, demostró en Vallecas que si le dan responsabilidades las puede asumir sin arrugarse. Hizo un partidazo, igual que Bale y Vázquez, y por el gallego llegamos a Zidane. El francés acertó empujado por las circunstancias, sacándole para aportar trabajo, cuando se lesionó Benzema. Un medio campo con Kroos, Kovacic e Isco, sin ancla, es carne de cañón hasta para un equipo tan justito como el Rayo, en el que Trashorras parece Di Stéfano, sin quitar mérito a su reconocida calidad futbolística.
Y Simeone y su Atlético a lo suyo. Intensidad, pierna, velocidad, solidez, pocos goles contra quien sea, contragolpe y balones fuera o tramposos hacia dentro. Tal vez sea porque es el más humano de los tres. No tiene jugadores extraterrestres.

Y entramos en la última curva de la Champions. Zidane, Guardiola, Pellegrini, Simeone…, Tan elegantes como educados ¡Qué semanas!  Cristiano, Griezman, Agüero, Lewandoski. Igual nos sorprenden otros. Yo apuesto por ellos: Isco, Vázquez, Ramos, Carvajal, Torres, Juanfran Saúl, Koke, Silva, Navas, Javi Martínez, Thiago, Bernat…  Con eso sueña Del Bosque.   

lunes, 18 de abril de 2016

EL FÚTBOL COMO TERAPIA NACIONAL
Ya sé que es ampuloso y exagerado, pero para infinidad de españoles el fútbol representa ahora una válvula de escape ante el proceloso panorama político y social que padecemos. Y es mano de santo. Fue el tenis y el baloncesto, el ciclismo, el atletismo, y es el motociclismo; pero el fútbol, que mueve infinitamente más aficionados, hace años que triunfa en Europa y en el mundo, enorgulleciendo a  millones de compatriotas.
Esta semana ha vuelto a producirse el éxito que echaremos de menos; nos estamos acostumbrando a un paraíso esquivo. No ha sucedido en ningún país europeo y en España sucede con regularidad el último decenio. Que cuatro equipos españoles estén entre los ocho mejores de Europa en sus dos competiciones continentales,  asegurada la presencia  de dos de ellos en sus finales, y con posibilidades de que sean los cuatro, es  portentoso. ¿Cómo estarían en Inglaterra, Italia, Alemania o Francia, si disfrutaran de esa gloria? Nos lo podemos imaginar.
Aparte de las machadas del Sevilla de Emery y del Villarreal de Marcelino – qué pena lo del Bilbao de Valverde y el emparejamiento del Barça con el Atlético-, tal y como auguramos, el Madrid, con la fortuna de cara, se deshizo con lo justo del Wolfsburgo, a quienes debieron golear también en su estadio; les separa un abismo. Ojalá contra el Manchester City persevere en la solidez cuando juegan a tope sus futbolistas, desde el equilibrio alcanzado con Casemiro, y a Zidane no le dé un ataque de técnico de paripé presidencial haciendo rotaciones absurdas o no haciendo algunos cambios clamorosos; lo de Danilo en Alemania, o mantener a Bale en el Bernabéu los últimos veinte minutos a pesar del agujero que ocasionaba en la derecha por no bajar,  no tienen un pase. A estas alturas  hay que salir con los mejores porque solo restan media docena de partidos relevantes. Zidane ha logrado un equipo, el que todos y él sabemos, y ha de insistir, sin mirar al palco, con esos once y sus sustitutos naturales:  Vázquez, Jesé, Varane, Nacho, Isco o James –nunca juntos-,  al margen de retoques tácticos puntuales, donde flojea.
Eso lo maneja bien Simeone, que salvo imponderables maneja a sus nueve titulares y a los dos o tres que se disputan los otros dos puestos, uno en la media y otro en la defensa, con perseverante sabiduría, así como los cambios tácticos y recambios de jugadores que requiere el resultado. Dentro de esas variaciones, lo único innegociable es la presencia continua de un medio centro con oficio. Como dice Guardiola, aunque exagera interesadamente para motivar a los del Bayern, “si el Atlético de Simeone juega bien gana siempre”. Habría que añadir que dentro de su peculiar estilo, y matizar que más bien difícilmente pierde porque es complicado hacerle goles, aparte de impedirle que haga el suyo con Torres recuperado y Griezman en estado de gracia. Con Fernández o Tiago de medio centro, Gabi y Koke a los mandos, y el espléndido Saúl - o Carrasco-,  de rompelíneas, el medio campo atlético es el más sólido de Europa; ahí radica su fortaleza y fiabilidad en los momentos clave. Simeone empezó consolidando una defensa con un portero de garantías,  Godín de mariscal y Juanfran y Filipe de alfiles, y reinventando goleadores de referencia: Falcao, Costa y ahora el gabacho. Después afinó el medio campo hasta hacerlo jugar de memoria con una intensidad insuperable. Esa, junto a la suerte, ha sido la escalera de color para llevar varios años seguidos entre los mejores, y esta temporada puede ser el colofón a un trabajo colosal y barato para el Atlético de Madrid por su eficiencia: aspirante a todo, títulos y saneamiento económico desde lo deportivo. ¡Tomen nota en el Bernabéu!
Al Barcelona le quedan varias finales para  ganar la Liga que tenía en la buchaca, y ahora es cuando sus profesionales deben demostrar la madurez que cabe exigirles. Como aventuramos, la eliminación de la Champions puede costarles la Liga. Plomo en la necesaria décima de segundo y depresión anímica, aparte de la obligación de alinear a Messi y a sus dos compadres Neymar y Suárez, estén como estén, y a otros; por prescripción del argentino, así como su antojo de huir del área, más una suerte esquiva, marcan el viacrucis culé. Mal pájaro tiene Luis Enrique en la bardiza.
Y en junio, como terapia contra electoral, llega la Eurocopa. La suerte de Del Bosque será nuestra fortuna, porque lo demás…, ¡ruina!         


jueves, 14 de abril de 2016

ARREMPUJA’, MARUJA
El fútbol, como deporte, tiene unas exigencias básicas, y como juego, mucho más de azar que de ciencia. Ahora vendrán algunos a dar explicaciones y hacer análisis vacíos de toda realidad sobre lo que está ocurriendo en la recta final de esta temporada, pero todo es mucho más sencillo que la sarta de gilipolleces que se proclaman y escriben a menudo sobre el tema. Viene a cuento lo anterior por la cansera que me produce escuchar las retransmisiones de partidos- es agradable quitarle el sonido- de la tele cuando no voy al campo, porque de las tertulias y de los programas futboleros paso de buena gana. Es angustioso oír hablar de estrategias y demás tonterías seudocientíficas cuando de fútbol: juego más deporte, se trata.
La velocidad y la resistencia son básicas en cualquier juego basado en el esfuerzo físico, pero antes que nada, como en todos, está la cabeza. Y, en los deportes de contacto, además, los valores del corazón, la valentía y el coraje. Cabezo, tronco y extremidades, que nos decían para señalar las partes de nuestro cuerpo, pero por ese orden en cualquier deporte, y mucho de suerte cuando se trata de un juego.
Así, si como algunos aducen el Barça no estuviera bien físicamente no podría, como sucede, jugar las segundas partes apabullando al contrario: partido contra el Atlético y el sábado en San Sebastián. Otra cosa es el estado de ánimo y la confianza, que radican en el cerebro, y la suerte, además de los contrarios, que también juegan, como dicen los más avezados. Illarra, el que no valía para el Madrid, hizo un partidazo jugando en su sitio, de medio centro, y desde ahí desquició a los interiores y enganches culés; a Messi le robó media docena de balones en otras tantas de sus temidas diagonales que tal vez hubieran cambiado el partido. Fue una de las claves de la derrota blaugrana en Anoeta, así como el  gran partido del portero Rulli de la Real. Igual que lo fueron Casemiro y Navas, como señalamos el lunes pasado, en la derrota frente al Real Madrid en el   Nou Camp. También la suerte hizo acto de presencia en ambos partidos. Recordemos el gol cantado que falló Suárez en Barcelona o el fantástico remate de Messi que se marchó por centímetros en la capital donostiarra. Detalles azarosos que marcan los partidos.
El Madrid fue a lo suyo en el Bernabéu contra los esforzados jugadores de Éibar, y apretó en la primera parte para dormitar en la segunda, quizás pensando en el partido clave que tiene el martes. Y el Atlético ha encontrado por fin la enorme colaboración de un renacido Torres para aspirar a todo en el este final de temporada, porque esa es otra. Los jugadores tienen sus rachas y estados de forma particulares al margen del tono general de cualquier equipo. Ahora, el rubio rojiblanco nos recuerda al que deslumbró en Europa con España en Austria y es un estilete bien afilado en su posición de delantero centro. Simeone puede soñar con todo si tiene el acierto y la suerte de eliminar al Barça el miércoles; Griezman y Torres pueden ser la dupla atacante que le rediman de sus ancestrales penurias europeas. Lo del francés viene siendo habitual, pero lo del madrileño tiene mucho que ver con su cabeza: la confianza ganada de un mes aquí, cuando tanto se le resistía hacer su gol cien colchonero. Como alguien dijo, y cuánta razón tenía, el fútbol es un estado de ánimo, partiendo de lo básico: que el tronco y las extremidades estén en condiciones competitivas.
Así que, como titulaba, ¡arrempuja, Maruja!, que ahora vienen las cuestas finales. Los de Simeone vienen empujando toda la temporada, porque no tienen otra, pero para el Madrid y el Barça esta semana es clave.
Los blaugranas tienen el miércoles su Rubicón particular: si pasan la complicada eliminatoria de Champions, haciendo valer su mínima ventaja o ganando de nuevo, tendrán mucho ganado para ser campeones de Europa y de Liga; de lo contrario, lo más probable es que arrastren la depresión y pierdan más puntos en España, dándole oportunidades a los equipos madrileños para conquistar la Liga que tenían en la mano. Y luego vendrían las madres mías, con Luis Enrique en el disparadero.

Y en el Madrid lo mismo. Si pasan el martes, salvarán una campaña para olvidar, pero como caigan ante los modestos del Wolfsburgo— poco probable—, Zidane puede hacer las maletas.      
ZIDANE SALVÓ SU TRONO, Y MÁS

La tarde noche barcelonesa se prestaba a la emoción, aunque el partido se presentaba como puro trámite. Una faena de aliño del Barça bastaba para asegurar la Liga, pero el espectáculo tenía truco o, mejor, protagonistas secundarios.
La sombra de Johan Cruyff, como referente fundamental de la tarde, planeaba desde días atrás sobre el Camp Nou, y cuando llegamos a sus aledaños se hacía presente en cada esquina y a cada paso. Camisetas blaugranas con el 14 y su nombre impreso, carteles y respeto en el ambiente, o eso me pareció a mí. Tal vez no fuera casualidad que los cien mil espectadores que abarrotarían el campo un par de horas más tarde batieran un récord de asistencia. Despedir formalmente al padre del Barça moderno no era cuestión baladí. Y llegado el momento, minutos antes de que los equipos empezaran el juego, aplaudimos durante minutos y minutos su recuerdo plasmado en los marcadores, seguramente en otro récord de duración de cualquier aplauso. Emocionante.
Y el balón empezó a rifar ocasiones. Los culés, en plan dominador, se lucían en fintas y señuelos imaginados en cualquier regate corto, marca de las casas de Messi, Iniesta o Neymar. Y el Madrid de Zidane, serio y sin concesiones, agazapado atrás, esperaba su turno. El primer acto fue aburrido por excesivo tactismo y por la lentitud con que unos y otros se prodigaron. Con Albert Frago, un culé entrañable a mi lado, comenté lo anterior y, ante su extrañeza y la de otros vecinos de asiento por el juego rácano de los blancos, mi certeza de que el único que se jugaba algo era Zidane, porque la competición doméstica está liquidada ocurriera lo que ocurriese. Perder por dos o tres a cero el sábado era el camino más directo hacia su no renovación como técnico blanco el año que viene. En la segunda parte el Barça pareció ir a por el partido y le imprimió una rapidez y garra tan encomiable que albergué la sospecha de que ni los blancos ni su técnico se salvaban de la debacle, pero, una vez más, el primer paso obnubiló a quien debía insistir en el segundo y tras el primer gol de partido, los de Luis Enrique se dedicaron a jugar andando. Un rondo insulso que dio alas a los blancos. Y tras el empate y el absurdo cambio del turco Arda por el croata Rakitic, el Real sacó sus garras y fue a por el partido. El Barça continuó andando sobre el campo y sus rivales, ni con uno menos por la expulsión cantada de Ramos, cejaron en sus ímpetus.  Y llegó lo inevitable y previsible tras lo que veíamos en la grada.
El colofón lo puso Cristiano, tras el empate de Benzema, haciendo inútil el testarazo de Piqué, y Zidane le ganó el pulso claramente al asturiano mal encarado. En definitiva, Zidane pasó su reválida. Hace tiempo que venimos defendiendo en esta columna que el problema del Madrid era el mediocentro, y el francés, que de esto sabe lo suyo, ha sabido rectificar a tiempo. Con Casemiro en la medular, por delante de los centrales, el Madrid ha ganado el equilibrio que ya Benítez intentó sin éxito; como no tenía el nombre del campeón del mundo gabacho, no le dejaron. Pero lo importante, aparte del partidazo defensivo que hicieron lo blancos, con Casemiro en plan estelar y las lanzaderas que suponían los carrileros  Carvajal y Marcelo, es que don Zinedine ha consolidado un equipo para soñar caminos en la tarde, que diría el poeta. El Madrid, con ese equipo base, puede aspirar a todo en lo que resta de temporada y, lo que es más importante, puede y debe afrontar la campaña próxima con ciertas esperanzas.
El Barça, sin embargo, debe extraer la lección del sábado por la noche. Al fútbol no se juega andando, como decíamos, y aparte de que se desarrolla desde la cabeza para rematarlo con los pies, como decía el enorme Johan Cruyff, debe saber que las confianzas son malas consejeras cuando se juega contra un grande, y a los azulgranas en la recta final de la temporada le quedan al menos dos o tres grandes para conseguir el triplete.

Como corolario, esta vez don Florentino se salió con la suya, y Zidane, su penúltima baza, le ha devuelto el favor. El señor Pérez puede afrontar el resto del curso e iniciar la próxima temporada con garantía de tranquilidad en el Bernabéu. Ganarle al Barcelona en su casa es lo mismo que ocurría con Barça antiguo: ganarle al Madrid justificaba una temporada.    

lunes, 28 de marzo de 2016

LA SELECCIÓN NO HONRÓ A CRUYFF
Una pena; una lamentable pena doble: la pérdida de un grande de verdad, don Johan Cruyff, y la constatación de que el combinado nacional navega aguas abajo desde la gloria a la nada, aunque coincide que faltaban los dos jugadores básicos para darle a España el toque sutil de su reciente grandeza: Busquets e Iniesta; veremos si son capaces de ahormar a su vuelta un equipo de lentos hasta el aburrimiento. Salvando el buen fútbol de Morata y el espléndido momento de De Gea, junto al oportunismo del jovencísimo veterano Aduriz, los demás parecían “el camión del pescao”.
La primera parte del partido frente a Italia recordó sobremanera a la selección que tanto nos defraudó en el pasado mundial de Brasil. Y con esa frustración le di la razón al sabio gallego Luis Suárez, el único Balón de Oro español, que explicaba la dificultad de los jugadores españoles cuando juegan con la selección en la recta final de la temporada. Salen al campo con el freno de mano echado y con la marcha atrás como velocidad de referencia. No ganan un balón dividido ni llegan antes a cualquier pelota en disputa ni tocan balones adelantados. Le dan al balón con miedo, prefieren jugar para atrás y parece que llevaran muelles en sus botas: no controlan una bien.  Hasta mi admirado Juanfran, paradigma de lo descrito, parecía un tronco en lugar del junco que es en su Atleti.
Con el aturdimiento y la tristeza por el fallecimiento del irrepetible Cruyff, uno esperaba que apareciera algún destello del mítico holandés, el más conocido y admirado en el mundo según sus compatriotas, y cualquiera de los futbolistas en liza tuviera el detalle de homenajearle con lo que mejor sabía hacer: manejar el balón y los tiempos con la velocidad mental que luego se transmitía a las piernas para generar belleza anticipándose al contrario. Esperanza vana. Los italianos, un equipo ramplón carente de las virtudes que atesoraban, bastante hicieron con desbordar media docena de veces a la descolocada defensa española. Y los nuestros, torpes, medrosos y lentos hasta la desesperación, se dedicaron a deambular como almas en pena en Udine. Para ellos, los escasos sesenta segundos de silencio por el luto generado en España en un absurdo accidente de autobús, y en Bruselas por la barbarie de unos descerebrados que si de verdad se han inmolado bien muertos están y, si no, la verdadera justicia sería ayudarles a llegar inmisericordemente a su paraíso cuanto antes, junto con quienes les inculcan sus criminales deseos de gloria; duró noventa largos minutos. Mal camino llevamos.
Así, refugiémonos en el recuerdo de quien tanto de futbolista como de entrenador llevó el fútbol a la modernidad. Desde su irrupción en el Ajax de finales de los sesenta del siglo pasado, con refrendo de su juego en la selección holandesa, este juego dejó de basarse en las tácticas rígidas de los jugadores especialistas en defensa, medio campo o ataque, pasando al fútbol total como idea moderna. Y ahí, en ese todo campismo que había echado raíces con el otro grandioso innovador futbolero de una década antes, don Alfredo Di Stéfano, empezó a escribirse en letras de oro la idea, más que nunca, del juego en equipo y la solidaridad en el campo como bandera de los grandes y del mejor fútbol actual. Este deporte cambió gracias a esos dos monstruos de dos generaciones sucesivas, desaparecidos ambos también en poco tiempo, en sus dos décadas prodigiosas: 1955/1975.
El legado de Cruyff sigue presente a través de sus alumnos aventajados, con Guardiola a la cabeza, porque además de ser uno de los cuatro grandes sobre el césped, es de los pocos técnicos que hizo escuela y el único que aunó la gloria en ambas facetas.  
Recuerdo la tarde de noviembre de 1973 en la que debutó fuera del Camp Nou, en La Condomina, y junto a la expectación despertaba y el gol del empate del murcianista Canito en la portería del Sector A, me quedo con su elegante conducción del balón y su cabeza siempre alta, aparte del golpeo exquisito de la pelota y sus espectaculares cambios de ritmo.

Don Santiago Bernabéu reconoció a un amigo común entrañable, el valenciano Antonio Orts, quien me lo contó en confianza, su gran error al no ficharlo cuando pudo. El Madrid sufrió su juego, pero para los buenos futboleros, Cruyff es el referente del mejor fútbol moderno. Su Barça y España lo saben bien.    

martes, 15 de marzo de 2016

HUIR DE LA QUEMA

Luis Enrique huyó de la quema cuando olvidó su libro de estilo consintiendo que Messi no entrara en las rotaciones. Eso fue en su primera temporada como técnico culé, al filo de su ecuador, y desde entonces se le acumulan los galardones con el aprecio generalizado de los aficionados blaugranas y del universo futbolero. Pero él, como todos, sabe quién manda de verdad en el Barça, y quién hace de su equipo el referente del fútbol mundial. Contar con el mejor jugador del momento, y uno de los dos o tres  mejores de la historia, tiene esa doble cara: segundo plano y triunfo.
En el Atlético, sin embargo, son los directivos quienes huyen de la quema aferrados a su artista indiscutido: Simeone. Y es el importante porque cada año tiene que reinventar un equipo con aspiraciones; su plantilla se desangra con sus mejores jugadores, que son vendidos sin misericordia en aras del obligado cuadre de cuentas en los equipos con más números rojos que negros. Y ahí reside su éxito, aparte del estilo contrastado ya durante varias temporadas para hacer a los colchoneros los terceros en discordia en España. Otra cosa es a nivel europeo, donde no deja de ser un aguerrido equipo que sale al campo con el cuchillo entre los dientes; nada del glamour que corona a los verdaderos grandes: Madrid, Barça, Bayern, Manchester United, Chelsea, Juventus, Milán, ahora también PSG, etc. Es decir, pasa el tiempo pero nada nuevo bajo el sol.  
Y en el Madrid, el número uno es don Florentino. Solo tardó un par de temporadas para dejarlo claro, desde que llegó al Bernabéu en el 2000. Por el camino han quedado achicharrados técnicos y jugadores en una ruleta sin fin desde que Del Bosque y Hierro salieron del equipo. Antes le salió bien con Redondo, que se lesionó de gravedad en el Milán al poco de venderlo, pero con los demás ha tenido que usar los apagallamas de los reiterados fichajes deslumbrantes cada año como escudo. Él confiesa a sus íntimos que la bomba hay que cebarla cada año para seguir en candelero, y a ello se aplica con una perseverancia tan brillante para su ego e imagen personal como nefasta para el club. No quiero reiterarme en mi crítica global a su gestión, ya la conocen sobradamente los fieles a esta columna, pero quienes duden de lo que afirmo solo tienen que mirar las estadísticas. Es muy fácil comprobarlo.
Llegado de urgencia Zidane al banquillo eléctrico blanco, como penúltimo pararrayos presidencial, ya presenta síntomas de achicharramiento. Decir en voz alta, por mucho que lo piense para sus adentros, como muchos, que cómo va a hablar de fichajes y bajas si él mismo no sabe si estará este verano al mando de la plantilla merengue, es la prueba palpable del fuego inquisitorial que se le acerca. Dar la razón a sus predecesores, Ancelotti y Benítez, de que la plantilla está desequilibrada, ha sido la mecha. Y ahora, asumiendo que la quema institucional es más que probable, trata de huir de la personal porque piensa, y con razón, que su prestigio no puede ni debe ser una ofrenda más en el altar de los egos e intereses de quien lo fichó y ha usado como emblema. El cada vez más Pérez, en detrimento de la deidad Florentino, no tiene miramientos con quien ose disentir de sus planes. Dejar cientos de millones de euros en el banquillo para que jueguen Casemiro, Lucas Vázquez, Carvajal, Jesé o Borja Mayoral, es jugar a la ruleta rusa con la pistola presidencial. Solo que en lugar de una bala tiene solo un hueco en su tambor. Y esa única posibilidad es ganar la Copa de Europa. Y a ello se apresta Zidane tratando de armar un equipo desde el medio campo, en el reino de medias puntas de su plantilla.
Casemiro tendrá así la continuidad que le ha faltado para demostrar si de verdad es jugador para el Real Madrid, más que nada porque es el único medio centro disponible, como también venimos reiterando desde que se marchó Alonso. Y de rebote Lucas Vázquez, como extremo eficaz y peleón. Ahora, a esta tesis, se apuntan casi todos los especialistas, cuando han estado hablando de galgos y podencos desde entonces. Deben ser que los árboles florentinianos no les han dejado ver el bosque real del Real. En fin, parece mentira.

Suerte para Zidane en su acertada huida de la quema. Mourinho acecha        

lunes, 11 de enero de 2016

ZIDANE

ZIDANE
El presidente Pérez se ha puesto los Reyes, y de paso ha engolosinado a los desazonados seguidores merengues.
Sabía lo que le esperaba con Benítez en el Bernabéu: una pitada más y los pañuelos prestos, y eso era demasiado para su ego, acostumbrado a la loa y los parabienes de sus agradecidos palqueros. Ha tirado por la calle de en medio, sabedor del prestigio que atesora su mejor fichaje, aun a riesgo de quemarlo en el empeño de conseguir una tregua con el madridismo hostil.  Asegurar un final calmo de temporada aunque no se gane nada,  lo más probable dado el panorama, es una patada hacia adelante por si aclara.  Lo más asequible sería ganar la Champións, con la dificultad que conlleva, porque la Liga esta chunga y pinta nuevamente de azulgrana.
El debut del galáctico francés en el eléctrico banquillo merengue bajo la égida florentiniana supuso un éxito tan indiscutible como aparente: cinco goles a un clemente Deportivo es esperanzador pero fue un partido de guante blanco. Una sola tarjeta y por protestar no es el balance de un visitante aguerrido en el Bernabéu. Además, con esa venial disposición deportiva y el buen trato del balón, los coruñeses pudieron sorprender a los madrileños antes de que crearan peligro, con un portentoso Bale en estado de gracia. Su delantero Lucas tuvo un gol medio hecho con el marcador a cero,  y dispararon otra media docena de veces con posibilidades desde el borde del área blanca en la primera parte. Y es que, aunque Modriz y Kroos cubrían bien las subidas de los excelentes laterales-extremos merengues —espléndido Carvajal—, la media punta rival estuvo descontrolada. Es el mal endémico que acarrea el Madrid desde que Alonso se marchó a Alemania. Y, antes, desde que Redondo y Makelele fueron liquidados por los gustos de don Florentino, enamorado sin remedio del juego de los medias puntas. La carísima plantilla merengue es un ejemplo de ese desequilibrante matiz. Seis o siete interiores de ataque y un solo centrocampista, Casemiro, de corte defensivo.
Por eso, como hemos reiterado desde aquí, el Real, esté quien esté en el banquillo: Ancelotti, Benítez o Zidane, cualquier otro de menos nombre o usted mismo; está sobrado contra equipos menores, como demuestra cada semana, pero sufre contra los grandes y ante los que disponen de un medio campo potente aunque no tengan grandes aspiraciones. La calidad de su plantilla cuando quiere — esa es la tecla a tocar por Zidane—, que no su equilibrio, da para eso. Pero ya veremos cuando lleguen los que muerden, contra los que los jugones blancos tendrán que pelear sus opciones de ganar algo, que disponen de medios centrales de garantías.
En todo caso, la elección de don Florentino es acertada dada la situación y lo que se le venía encima. El Real Madrid, con Zidane, tiene asegurada una segunda parte de la temporada plena de esperanza. Circunstancia que desde hace años no le rodeaba, y menos desde el tsunami Mourinho. El francés, además de fútbol y aura elegante, tiene acreditada una personalidad suficiente para dotar a la institución de estabilidad hasta junio. Otra cosa será cuando acabe la temporada y haya que tomar decisiones drásticas, como me temo. Si el Barça continúa su rutilante marcha en la Liga, con el Atlético al acecho, el Madrid tiene poco que hacer, y en Europa la lotería es más esquiva que generosa. Es difícil ser campeón, único laurel aceptable para los blancos, y no siempre se tendrá la fortuna de Lisboa —¡Ay Ramos!—, donde pasados dos minutos eran subcampeones.
Si se acaba la temporada sin fruto habrá revolución en la plantilla: varias bajas  e incorporaciones importantes. Y para el año que viene el efecto Zidane habrá prescrito. Entonces se le exigirá desde el principio y será el último escudo del omnímodo presidente Pérez. Por el contrario, si suena la flauta y levanta alguno de los trofeos a los que aspira, don Florentino tiene asegurada otra etapa al frente del otrora mejor club del mundo, reconvertido en segundón o tercerol desde 2003, al poco de su llegada. Dicen los florentinistas que ha coincidido con la mejor etapa histórica del Barça, pero como decía Pasieguito, el recordado técnico asturiano del gran Sporting, contra los buenos marcajes existen los mejores desmarcajes.

 Zidane es la clave de quien le ha dado las riendas in extremis. Continuidad o abismo. Y ambos lo saben. A la ilusión, habrá que sumarle juego, piernas, corazón, bemoles y suerte.       

lunes, 30 de noviembre de 2015

EL ALMA EN JUEGO

EL ALMA EN JUEGO
Es invisible, pero no inodora. Transparente, pero no incolora. Clara, pero no insípida. Y ante todo, no ocupa lugar pero es determinante. El alma está hecha del mismo material que los sueños, y, como ellos, ilumina el camino a la inteligencia. Su brillo acompaña a quienes luchan, y su ausencia oscurece la mar de la cobardía, del conformismo, la resignación o la falsa prudencia. Es igual en un hombre que en cualquier actividad de grupo, como el fútbol. Benítez debería leer menos estrategia y más filosofía, y mirar menos al palco.
Cercana la Navidad, mucho más hermosa que el solsticio de invierno anhelado por la actual alcaldesa —esa desgracia con bastón de mando y antes con pancarta alborotadora—de la ciudad del Barça, los culés brillan con el alma que decíamos. Sin renunciar al juego base de la Masía; ahí están Busquets, Iniesta, Alba, Sergi Roberto, Rafinha y Piqué con el punto y aparte de Messi, dentro de lo mismo, para atestiguarlo; Luis Enrique ha sabido amalgamar a ellos a otras dos estrellas como Neymar y Suárez, de lo que muchos dudábamos con razones fundadas, y unidos a los antiguos valores de Mascherano y Alves, más el concurso de Rakitic, Mathieu y Bravo, y las esporádicas apariciones de los canteranos Munir, Sandro y otros, están consiguiendo aunar el objetivo de los grandes: ganar, jugar bien, golear, divertir a su parroquia y encandilar sin distinción de colores a los aficionados.  Por lo que decíamos, el Barça es un equipo con un juego claro, transparente, con sabor, oloroso y brillante. Un equipo, juegue quien juegue, con alma. Decimos los futboleros que cuando un equipo está bien, entre quien entre se contagia del buen juego y saca lo mejor de sí hasta salirle casi todo lo que intenta. Por el contrario, cuando un grupo no está bien no le sale nada a nadie. Si el alma que ahora atesoran los blaugranas no se les apaga, el triplete del año pasado puede quedarse corto esta temporada. Por eso, sus aficionados sueñan con toda la razón que les dan sus jugadores. Están intratables y encima divierten y se divierten. No se puede pedir más.
El Atlético, por su parte, continúa con el alma que poco a poco Simeone fue inculcándole. Lo ratifica el hecho de que cada año cambian a varios jugadores determinantes y la marcha apenas se resiente: sigue siendo el mismo equipo peleón, eficaz y eficiente, que saca sus partidos adelante con más dificultad que brillo. Y en ese partido a partido que preconiza el aguerrido técnico argentino encuentran su gloria. Por eso, también, sus aficionados sueñan con repetir las gestas que vienen alcanzando estos últimos años. La llama que les ilusiona no será siempre rutilante, pero sí generosa, emocionante y esforzada; el alma eterna de los colchoneros. La de los pupas; la de los Adelardo, Luis, Gárate, Ayala, Futre, Pantic y tantos otros, con nuestro Juan Antonio López Gallego entre ellos —ánimo, amigo—. Esa que el Cholo les ha devuelto.
Finalmente, el Madrid sigue buscando la suya. Tras la debacle ante el Barça parecieron encontrarla en Ucrania, pero el último cuarto de hora volvió a traer sombra a su estrella. Y ayer, en Éibar, ante un equipo menor tan gris y romo como el juego desplegado por los blancos, a pesar de su victoria, volvieron las negras golondrinas a anidar en la tiniebla de lo insulso. Dicen algunos cronistas que el Madrid ganó bien, pero no añaden ante quién ni cómo. Solo en la primera parte, sus medios centros de fortuna: Modric y Kroos, perdieron varios balones en el inicio del juego que ante un equipo fuerte les hubieran costado, como ante el Barça la semana pasada, más de un disgusto. En Ucrania pareció que Benítez había vuelto al buen criterio para jugar como siempre lo han hecho sus equipos, con equilibrio, pero en tierras vascas la burra ha vuelto al prado. Un equipo grande, como el Real Madrid, no puede jugar con arreglo a sus rivales, salvo cuando lo hace con alguien de su nivel y aún así es discutible. Por eso necesita optar a una alineación que los aficionados conozcan de memoria; como en los buenos tiempos.
Si Benítez entiende que debe jugar como Ancelotti el año pasado no justificará su fichaje. Su fracaso será peor que el del italiano: no habrá aprendido de sus errores.

“Chapas”, lo recalcitrante es contrario a la sabiduría. Y con los ajenos, de tontos.       

lunes, 23 de noviembre de 2015

¡ES EL MEDIO CENTRO, ESTÚPIDO!

¡ES EL MEDIOCENTRO, ESTÚPIDO!
Permitan que recurra al sobado aserto de Clinton referido a la economía en la gobernanza política, pero es un desahogo por el hartazgo sobre lo que llevamos escrito respecto a la situación del Real Madrid: ni Kroos ni Modric, siendo excelentes jugadores, son mediocentros.
Y lo señalamos desde que Ancelotti puso ahí al alemán, si bien es cierto que tras la marcha imprevista de Alonso solo tenía a Illarra – menudo partido hizo contra el Sevilla el sábado —, en quien dejó de confiar demasiado pronto por un mal partido en Alemania.
Benítez empezó esta liga con el equipo del sábado contra el Barcelona y, percatado de lo anterior, sacó enseguida a Casemiro, que ha sido su equilibrio, consiguiendo una racha importante invicto. Por eso el título de este artículo, sin ir dirigido contra nadie, como reflexión para opinantes, futboleros y periodistas que han  hablado de mal juego o excesivas precauciones defensivas, alabando a Keylor como el equilibrio blanco.  El portero costarricense ha estado bien, como cabe esperar del sustituto de Casillas, y con sus buenas intervenciones ha evitado goles, pero nunca ha sido el eje del Madrid. Ese tiene un nombre: Casemiro.
Los tres primeros goles del Barça vinieron por el mismo sitio. La corona del área blanca era un merengue por donde Sergi Roberto e Iniesta, sobre todo, metieron sus botas e inteligencia como cuchillos de tarta. Y tras el golazo del extraordinario manchego, que ha heredado el sitio del inolvidable Xavi, se acabaron el partido y los pitos a Piqué. Un encuentro que pudo quedar cero a ocho, uno a siete, o cero a seis porque, paradójicamente, la suerte estuvo esta vez del lado madridista y le evitó un bochorno escandaloso.  Si hubiera estado Casillas, los forofos paniaguados que Mourinho dejo como herencia entre los aficionados blancos, y los periodistas de su cuerda, le hubieran echado parte de la culpa, pero tampoco su sucesor pudo hacer nada para evitar la debacle. Solo la enorme superioridad blaugrana desde el minuto uno explica la goleada, y la suerte, como decíamos, impidió que fuera la mayor humillación madridista de su historia. 
Benítez ha cavado su tumba porque Pérez no le va a perdonar el bochorno de las pañoladas y los gritos mayoritarios de “Florentino dimisión” que se escucharon en el descanso y al final del partido, por mucho que subieran el volumen de la megafonía del estadio. Su ingobernable soberbia se lo impide, a pesar de que tiene buena parte de la culpa de los pesares presentes del Real. Como hemos reiterado también, la plantilla está hecha a la imagen y semejanza de los gustos futboleros del presidente, que para eso ficha y desficha él. Un grupo abarrotado de medias puntas y con un solo especialista en el medio centro.
En cuanto se supo la alineación de Benítez,  medida política por lo de agradar al palco y a ciertos jugadores en detrimento de sus convicciones, algunos aventuramos que el Barça le pasaría por encima al Madrid. Y ocurrió lo que decíamos a los compañeros de tribuna. Lo sorprendente es que tal realidad no la previeran quienes tienen muchas razones para apreciarla, porque tampoco era tan difícil el pronóstico. Enfrentar a Kroos, Modric y James, con el supuesto apoyo de Bale, a Iniesta, Rakitic y Sergi Roberto, con el soporte del seguramente mejor mediocentro europeo y del mundo, Busquets, al decir de los técnicos más reputados, es una apuesta segura al fracaso. Nunca sabremos lo que hubiera pasado si en lugar del galés o del alemán, en un estado de baja forma preocupante, hubiese jugado Casemiro por delante de los centrales, dando cobertura tanto a los medios como a los laterales. Marcelo subió con timidez y Danilo ni eso, porque Modric y Kroos, en línea, no pudieron nunca con sus rivales y a ellos les llegaban siempre los culés en superioridad, igual que a los centrales.
Otros temas inquietantes son el físico y las lesiones blancas. Y es que, como dicen en privado algunos futbolistas de peso específico, las pretemporadas que se planifican y los servicios médicos del club no responden a las necesidades deportivas, sino a intereses inconfesables.
Finalmente, si lamentable fue no ver en el Madrid a ningún canterano, peor fue la presencia de un solo español de inicio mientras que en el Barça lo hacían cinco canteranos internacionales con España. Y en la grada blanca gritando ¡España, España! Sería para animarles, digo yo. Penoso.
Y a todo esto, sin Messi.

   

lunes, 16 de noviembre de 2015

ESPAÑA ANTE SU ESPEJO

ESPAÑA ANTE SU ESPEJO
Si hacemos una fusión de la primera con la segunda parte contra Inglaterra, y recordamos lo de Ucrania, la selección nos retrotraería a la España campeona de todo hasta hace dos años. Hay varias imágenes de las constantes de seguridad de Luis Aragonés, que nos catapultaron a la cabeza del concierto futbolístico mundial hasta el punto de ser objeto del deseo émulo de todos.
Empezando por atrás, la portería española está más que garantizada con dos porteros de enorme nivel. Casillas y De Gea, o viceversa, aúnan distintas condiciones y primaveras contrapuestas en su idéntica solidez: juventud y experiencia. El exatlético y futuro merengue reposa en sus alámbricas extremidades unos reflejos solo al alcance de los mejores, que nacen en un corazón explosivo bajo un cerebro rebosante de intuición. Casillas, que tenía esas mismas cualidades hace unos años, aunque fuera peor por alto en los balones cruzados, ha suplido el paso del calendario por el poso de la sabiduría. Antes llegaba en plan gatuno a cualquier balón sobre la raya de la verdad y salía a por el contrario en ventaja con idéntica rapidez, y ahora suple la décima de los reflejos por la calma y la colocación.
De laterales muy bien, con el goleador Mario recordándonos al sobrio Capdevila y al oportunista Alba, que continúa con Juanfran,  Carvajal, Azpilicueta y Bernat; y por el centro amanece otra estrella. Bartra dio en Alicante un recital de gran futbolista —cómo recuerda a los mejores Sanchís  y Pujol en su juego de anticipación —, y es el asegurador del candado que suponen Ramos y Piqué, todavía titulares indiscutibles en cualquier equipo del mundo; con Nacho en la recámara.
Y en la media seguimos sobrados. Aún no hay en el panorama mundial  unos centrocampistas, ni en calidad ni en calidad, que igualen a nuestros Iniesta, Busquets, Cesc, Silva, Cazorla o Mata, como veteranos en plenitud, y muy pocos equiparables a sus recambios coyunturales: Navas, Thiago, Koke, Isco, Javi Martínez, Muniaín, Sergi Roberto, San José o Bruno, más los que vienen apretando desde la sub 21. España, como entonces, se puede permitir jugar con tres, cuatro o hasta cinco medios, sacrificando a un delantero, porque cualquiera de los que jugaran más adelantados tiene tanto gol como los mejores puntas, salvando, claro está, a los especialistas consumados de los que España carece. Si Cristiano o Messi fueran españoles, o Raúl tuviera doce años menos, el ahora reinado español seguiría siendo el imperio que instituyó Luis hace ocho. Y eso que ya no está el mejor medio español de la historia, Xavi —con el balón de oro Luisito Suárez— tan indiscutido como insustituible.
Y llegamos a la delantera, nuestro único punto flaco. Desde que se fue el Villa eléctrico todavía no ha aparecido un punta de su efectividad: el máximo goleador histórico. Han pasado algunos pero ninguno con la necesaria regularidad y esa chispa que distingue a los delanteros imprescindibles. Llorente, Soldado o Negredo, por ejemplo, como Costa o Alcácer  y tantos otros, son delanteros de club, en el mejor de los casos, pero carecen del marchamo de los elegidos.  Antes hemos nombrado a cuatro que le darían a nuestra selección actual el aura suficiente para afrontar el futuro con las máximas garantías, pero dos de ellos nunca hubieran podido, por ser extranjeros, y los dos mejores goleadores españoles de los últimos veinticinco años ya no están para estos trotes. Habrá que buscar en los jóvenes como Morata o Nolito — ¡qué calidad atesora y en qué forma se halla el celtiña exblaugrana! —, o tal vez en los veteranos como Adúriz, que lleva unos años en estado de gracia; o en los que están llamando a la puerta desde la citada Sub 21  —Munir, Williams, Deulofeu, Asensio— aunque no sean puntas puros, quien bata con regularidad al portero que menos conozca, como decía Di Stéfano.
Finalmente, no podemos obviar la lacra sempiterna de nuestro combinado: el calendario de las competiciones nacionales. La selección nunca ha podido preparar con tiempo suficiente un campeonato. Si a ello le unimos que los jugadores básicos juegan en los equipos que disputan las semifinales y finales de Europa, tendremos la mezcla tóxica que debilita sus fuerzas. El Mundial de Brasil fue un ejemplo. Además de falta de imaginación táctica, jugaron andando por carencia de reservas.
En todo caso, debemos ser optimistas si juegan como saben. ¿Del Bosque? Merece el máximo respeto pero da para otro capítulo. De momento, como él, todos tranquilos.         

    

jueves, 12 de noviembre de 2015

DOMADOR DE EGOS, DESATASCADOR Y ESPABILADOR

DOMADOR DE EGOS, DESATASCADOR Y ESPABILADOR
Se buscan un domador de egos, un desatascador y un espabilador. El Madrid necesita un especialista capaz de serenar al mejor goleador de su historia: Cristiano Ronaldo, y al presidente más listo: Florentino Pérez.  En el Barça, por su parte, urge hallar un desatascador capaz de sacar al club del caos que padece en todo lo que no sea fútbol: hacienda, juzgados, UEFA, FIFA, despachos y política. Y en la Federación Española alguien que espabile a Del Bosque; que le susurre la evidencia del deterioro con el paso del tiempo en alguno de sus preferidos: Diego Costa, por ejemplo.
Cristiano está otra vez triste. ¿Qué le pasa al rey del gol? ¿Por qué se pone otra vez volantero y merodea nuevos lares, ahora parisinos, provocando los celos llorones del emperador Pérez?  Es muy sencillo, como veremos. Algunos lo achacan a que no está contento con el juego blanco; yerran en el diagnóstico sobre su dolencia. Benítez, ante la ausencia del resucitado goleador Benzema, que afronta tras su lesión otro lío judicial, uno más; le ha colocado de ariete libre, sin posición delantera fija, y ello, aunque le suponga más opciones de gol, lo ha dejado sin referencia geográfica en el campo y, lo que es peor, sin metros por delante para llegar con ventaja al área y encañonar inmisericorde a los porteros rivales. Pero eso no es la causa de sus devaneos extramatrimoniales con el club. Más que nada porque es una situación transitoria y de fácil arreglo, aparte de que no le afectan al ego ni a su bolsillo; crisoles donde funden sus querencias. La causa de sus flaquezas, y de sus infantiles llamadas de atención, fue la publicación reciente de los sueldos de su club y de los del máximo rival a todos los niveles: el Barça y Messi. Que el argentino cobre tres millones más que él al año por ese concepto ha desatado los sentimientos: le han tocado el corazón y la cartera. ¿Qué más tiene que hacer por el Madrid para ser el jugador mejor pagado del mundo, ya que lo de los Balones de Oro depende de otras instancias, y hollar, al menos en eso, el número uno en el podio? Ahí está la rata que hace rechinar sus dientes. Tome buena nota Florentino si no quiere una tempestad en el vestuario que ocasione otra temporada en blanco; una más, también.
En el Barça parece que vuelven a sus antiguas andadas; lo llevan en los genes. Aquellos larguísimos años en los que con los mejores jugadores y técnicos del mundo, al menos sobre el papel, posibilitaron, sin embargo, que el Madrid fuera nombrado mejor club del siglo XX. Lo de ser más que un club le puede pasar ahora una factura demoledora. ¿Se imaginan lo que ocurriría si por la gilipollez de las esteladas le echaran de la Champions? ¿Qué es exagerado? Como el ínclito Villar pierda pie en la FIFA y en la UEFA, que está al caer, lo veremos más pronto que tarde porque la tontuna galopante de sus mandamases es manifiesta. ¡Qué falta de personalidad para dirigir un club tan grande en lo futbolístico como el Barça! Ya debieron ser expulsados de la Copa del Rey en España cuando se presentaron a una final para negarse a jugarla. Entonces, el primo de Bilbao, Villar, se sacó uno de los conejos de su chistera y enterró el desmán. Lo mismo que hizo para no cerrarle el estadio tras la lluvia de objetos por el asunto de Figo, con la cabeza de un cochinillo como estandarte. Pero ahora, con la política comunitaria europea por en medio con el tema independentista del enloquecido Mas y sus mariachis antiespañoles y antisistema, carnes de presidio todos que deberían ser por sediciosos, traidores, sinvergüenzas y algo más, que no digo por no atraer antes de tiempo la sangre que originarán impunemente a los tontos que echen por delante, como siempre hacen los mayores cobardes del mundo; se pueden encontrar con la horma del zapato que nadie ha querido ponerle en España nunca. Necesitarán un desatascador tan enorme como la tontuna que arrastran.
Y, en la selección, haría falta alguien que fuera justo con los mejores futbolistas de cada momento y desenredara el clientelismo de Del Bosque y compañía. Adúriz lleva tiempo siendo el mejor delantero español y lo tienen olvidado. Debe ser porque nunca ha sido del clan federativo. ¡Ay, Luis, cómo te echamos de menos!   


jueves, 5 de noviembre de 2015

AZNAR, EL PÁJARO DEL ALBA

AZNAR, EL PÁJARO DEL ALBA

Ni a la quinta ha ido la vencida. Es el reiterado trino al amanecer y sin recaderos al encantado Rajoy, del ojizaino y antiguo presidente del PP y del Gobierno, padrino suyo y referente onírico de las huestes conservadoras, elevado antaño a sus altares como paradigma de mando y ejemplaridad. Pero tiene tan poca fortuna en sus despertares mañaneros como alabado fuera por quienes deberían reflexionar sobre tan ajustado clarín: con Rajoy y sus viejos olmos de ribera, el bosque pepero acabará en la mar machadiana por ríos y barrancas.
Pregones
Salvo en solemnidades y fiestas de guardar, donde se homenajea a algún personaje haciéndole el honor de pregonar cualquier tradición o ‘fiestorro’, los pregoneros eran unos mandados para esparcir a los cuatro vientos los anuncios, recordatorios o advertencias que la Autoridad tenía a bien comunicar a la ciudadanía.
Nuestro personaje de hoy aúna ambas caras. Con una se hace un auto homenaje, convencido de ser la reserva espiritual del centro derecha español,  y pregona con la cobertura de FAES, o en el evento y medio a los que ‘acepte invitaciones’, lo que considera que deberían tener en cuenta sus ex devotos; hasta hace siete años a pie juntillas y sin pestañear, por la cuenta que les traía.
Por otra se otorga la autoridad —que no poder —de la presidencia honorífica del PP, y sermonea de cosecha propia lo que considera respetable para sus otrora incondicionales, cada vez más díscolos y descreídos.
De mal estratega a estéril remendón.  
Es una pena que quien creó sueños colectivos desde un razonable manejo del timón de las Españas, no sumara a sus demostradas capacidades la de buen estratega a largo. De aquella supuesta primera división mundial, solo queda el remoto reflejo de sus fotos con quienes sí pertenecían a ella.
Declaró su amor por interés a un Pujol lagartón en el Majestic, sirviendo como prenda la inmersión lingüística. Ni su tactismo personal, ni mucho menos ninguna estrategia coyuntural para favorecer la estabilidad nacional, justificaban tal indignidad.  La lluvia del tiempo ha hecho crecer la cizaña en aquella mala siembra: Cataluña hoy.  Por mucho que él apunte remiendos dolidos, triste consecuencia de lo propiciado junto a sus antecesores, y preludio de lo que perpetrarían sus herederos monclovitas.
Gurú ruinoso
Tampoco podría ejercer de pitoniso; si acaso, de echador de cartas trucadas. Lo demuestra su dedocrática apuesta por Rajoy como proyecto de presidente del gobierno, desde la realidad que él debería conocer mejor que nadie: probo militante funcionarial en la nomenclatura de Génova, por muchos cargos electos y de confianza que ostentara. Lo disculpable y más a mano sería que el Señor no lo haya llamado por el camino de la intuición, y, lo imperdonable, que optara ladina aun equivocadamente por un Mariano títere.

La del millón no se la cree nadie, o… sí: que Rajoy fuera más listo, y lo engañara a conciencia durante demasiados años vendiéndole su recauchutada moto como de kilómetro cero. ¡Quién lo iba a decir!  

SÁNCHEZ Y LOS PERROS DEL TÍO ALEGRÍA

SÁNCHEZ Y LOS PERROS DEL TÍO ALEGRÍA

Pedro Sánchez arrastraba con la dignidad de su honradez el pesadísimo lastre ‘zapateril’, luciendo un discurso renovado con el que establecer su lugar al sol.
Las últimas elecciones le supusieron el respiro que todo luchador necesita para coger aíre. Y las sucesivas encuestas posteriores confirman un segundo puesto en las preferencias ciudadanas, que en Ferraz sabe a gloria viniendo de donde vienen; el pasado reciente no permite otras alegrías. Es lo único que justifica que los sucesivos ‘hostiones peperos’ no le propicien un ascenso proporcional.
Pero las viejas burras sociatas no descansan y han vuelto a parir humo en la siega. Enjugascan al personal con partos superados y paren ratas, cuando lo que necesitan es imaginación para distanciarse de quienes han estado chupándoles el voto desde su supuesta izquierda: Podemos está en caída continua y el PSOE no necesita esfuerzos baldíos buscando recuperar lo propio. 
Además, Sánchez hace de Florentino ramplón con un fichaje tan mediático como polémico, que no le dará ni para, al  menos, hacer caja vendiendo camisetas. Irene Lozano llega al PSOE pisando los justificadísimos callos de los socialistas honestos, que se han sentido durante años ofendidos por sus continuas descalificaciones sobre las más diversas corruptelas. Haberlas ‘haylas’, y corruptos también, pero generalizar es malvado e indemostrable, y demuestra indigencia mental y retórica.  La nomenclatura del PSOE quiere sumarse con ello al festín carroñero de los despojos de UPyD, cuando ese controvertido movimiento puede acelerar la fuga a Ciudadanos de unos y el reforzamiento en otros de la fidelidad al partido liderado ahora por Herzog, quien puede añadir a su antigua baza de látigo de corruptos, el banderín de reenganche de la coherencia honesta desde la lealtad a unos principios. Emblema que pierde el PSOE con su ex bicha.
¿Es que no tendrá Sánchez nada nuevo que ofrecer a la expectante ciudadanía que la cabeza de la religión en las aulas, ausente en los informes PISA sobre la escasa calidad de la enseñanza en España;  las secuelas de la Guerra Civil de la malhadada Memoria Histórica, de lo que habría mucho que hablar y nada bueno, como por ejemplo incluir las fosas de anarquistas de la CNT y la FAI y troskistas del POUM,  masacrados por los comunistas estalinistas del PCE y PSUC — con Campanys mudito— en connivencia activa con el gobierno republicano del PSOE de Negrín;  la defensa de los insolidarios conciertos vasco y navarro, consecuencia de señoríos y conflictos bélicos civiles también; o el traslado del trampantojo Senado a Barcelona, verdadero panteón ruinoso de hombres dudosamente ilustres?
Les puede suceder al líder socialista y a sus asesores, con el objetivo de las generales a mano, lo que a los lebreles del tío Alegría: eran buenos siguiendo la pieza pero cuando la tenían a la vista levantaban la patita para hacer pipí.
Mientras, Rajoy aleando en cabeza y Rivera subiendo pletórico. La tercera división acecha por mucho cara a cara folletinesco que promueva Sánchez. ¡Imaginación al poder! ¿Le sonará?


   (artículo publicado en diversos medios, como todos los de este blog)

lunes, 2 de noviembre de 2015

DE LOS DESPACHOS AL FÚTBOL Y AL ESCÁNDALO

DE LOS DESPACHOS AL FÚTBOL Y AL ESCÁNDALO

En cualquier espectáculo priman los artistas sobre los gestores. En el fútbol, como evento que concita las mayores concentraciones de espectadores en los países donde reina, ocurre lo mismo. Se recuerdan los nombres del pasado: Pelé, Di Stéfano, Beckenbauer, Maradona, Cruyff y compañía, y se nombran con deleite los contemporáneos: Messi, Cristiano, Ramos, Iniesta, Ibrahimovic, etc., comparándolos muchas veces con los recientes: Raúl, Ronaldo, Romario, Van Basten o Xavi, por citar algunos.
Con los entrenadores pasa lo mismo, aunque su memoria es más corta. Actualmente podríamos meter en ese grupo de gerentes artistas a los Guardiola, Mourinho, Del Bosque, Klopp o Ancelotti, junto a quienes lideran en cualquier momento a los grandes equipos: Luis Enrique, Van Gal, Benítez, Simeone y pocos más. También en este cupo se recuerdan a los recientes: Michels, Menotti, Cruyff, Capello, ValdanoSacci, Fergusson o Aragonés, por rescatar a algunos que aportaron novedades futbolísticas destacadas.
Sin embargo, salvo el legendario Santiago Bernabéu, es difícil que los aficionados rememoren los nombres de quienes dirigieron el cotarro desde los despachos: los presidentes de clubes y de instituciones. Y cuando se les recuerda no es precisamente sin polémica; un ejemplo podría ser Florentino Pérez, al margen de contadísimas excepciones. El segundo plano es una virtud institucional para quienes llevan las riendas de cualquier organización, y una muestra de servicio honrado a la cosa. Por eso, a muchos nos escandaliza que ahora estén en candelero los Blatter, Platini o Villar de turno; es un decir, porque más que de turno son de oficio sempiterno, cuando no de escasa vergüenza o, directamente, de mangoneo descarado continuo. Es insólito en cualquier escala comparativa que los mandamases del fútbol manejen los cotarros a su antojo, durante decenios, sin nadie que los fiscalice.
Los lobos se guardan entre ellos, lo que demuestra que el fútbol está en manos de gente sin escrúpulos llegada a los cargos con el afán exclusivo de echarse al bolsillo cuanto puedan, directa e indirectamente, además de lucir un lustre para el que no suelen tener mérito, formación ni bagaje personal alguno, salvo el de una alarmante y  demostrada mediocridad en sus derroteros profesionales y vitales antes de llegar al sillón.  Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor para comprobar tal evidencia. Y empeoran aún más la situación de lo que en teoría administran, que en realidad saquean, rodeándose, como buenos mediocres, de más ‘mierdaembrazos’ para reinar como soles en el desván de sus tinieblas.
A pesar de ello, algunos, como el propio Villar, aciertan a veces en materia exclusivamente deportiva y consiguen éxitos indiscutibles. El tiempo reciente de la laureada selección española es un buen botón de muestra, aunque para ello se han de concitar circunstancias tan excepcionales como el propio brillo ocasional de estos personajes; nefastos en su mayoría. ¿Cuándo vamos a contar en España con una pléyade de magníficos futbolistas como la de Xavi, Iniesta, Pujol, Casillas, Villa, Senna, Busquets, Alonso o Ramos, y de un técnico como Luis que supiera ver los puntos fuertes reales que les adornaban, conjuntándolos bien, con el coraje y el valor de jubilar a otros tan buenos como ellos — Raúl o Salgado—pero con el paso cambiado para la idea que finalmente resultó acertada; y otro como Del Bosque que supiera darle continuidad al invento? Desgraciadamente pasarán generaciones de artistas y de aficionados para que se pueda repetir. Porque, además, el modelo que tan sabiamente impuso Luis, el del dominio mediante un toque exquisito, sin prisas, y con buena llegada: el celebérrimo “tiquitaca” que todos quisieron imitar después en el planeta, coincidía con la forma de jugar de quien mejor fútbol hizo en esos años en el mundo: el Barça.
A quienes aún ningunean el modelo de la Masía aduciendo que los blaugranas contaban con el mejor Messi, se les caen los palos del sombraje con el argumento contrario de que el argentino no jugaba con España y sí con Argentina, sin que los albicelestes se parecieran en juego ni en resultados a nuestra selección. Y, ¡ojo!, los que se aburrían eran los rivales y sus forofos, a quienes los del “tiquitaca” hacían pequeños en cada partido haciendo arte del juego de la pelota. 

La pena es que los escándalos de corrupción de Blatter, Platini y ahora parece que de Villar, ensombrezcan algo que puede ser tan bello, amparados en las sombrías prácticas que avergüenzan el fútbol desde los despachos. ¿Penarán? Lo dudo. Ellos juegan con baraja marcada.

jueves, 29 de octubre de 2015

EL REAL MADRID DE BENÍTEZ

EL MADRID DE BENÍTEZ

Como todo proyecto, tiene una base lógica. Un equipo se hace en función de la plantilla disponible y en el Madrid nunca escasea; es la ventaja de ser un grande.
En cualquier deporte lo primero es el equilibrio, y en el fútbol se empieza a construir por atrás. Hay que valorizar el gol como logro más preciado y difícil, y para eso hay que evitar sobreesfuerzos asegurando en lo posible que los rivales marquen pocos. ¿Una buena defensa? Sí, pero es mucho más que eso. Porque como decía Cruyff —¡mucho ánimo, por cierto!—, y ejercían los Di Stéfano del mundo, aparte de una buena zaga, la mejor defensa es tener el balón; cuestión harto difícil. 
Vimos al Madrid en París casi todo el partido y contra el Celta la primera parte. Como los rivales también juegan, Berizo —bastante mejor entrenador que Blanc— cambió el sistema celtiña tras el descanso y evitó atacar por el centro para hacerlo muy abierto. Así esquivó al gran Casemiro con el que Benítez, al fin, ha asegurado el medio centro madridista. ¡Ya era hora! Algunos llevamos tiempo señalando su carencia como el gran problema blanco. Ancelotti se empeñó en poner ahí a Kroos, excelente volante derecho, y ante los rivales de postín el equipo hacía aguas hasta vaciarse en esfuerzos baldíos y quedar varados en la orilla —en Lisboa ganó la décima al Atlético por el postrer suspiro milagroso de Ramos, sin Alonso en el campo  —.  En su descargo, es cierto que  Xabi estaba suspendido y se marchó de improviso en la pretemporada siguiente, pero también es verdad que se quedó Illarra y vendieron a Casemiro; decisión cuya paternidad desconocemos aunque todo apunte al palco. Para don Florentino, la valía de los futbolistas empieza por su coste.
Benítez construye sus equipos desde el medio centro y el Madrid lo notará esta temporada, igual que su Valencia lo notó con el mejor Albelda. Junto al brasileño, canterano madridista y ex del Oporto, sitúa en sus flancos por delante a Kroos y Módric, quienes deben ganar en continuidad. El teutón llegará pronto a ser el que deslumbraba en el Bayern y con Alemania y empezará a marcar goles decisivos. Además, uno de los tres de arriba se encaja con ellos para formar el clásico cuatro, uno, tres, dos, que tanto gusta al técnico madrileño. Así se explica su predilección por Lucas Vázquez, que en principio apuntaba al ostracismo; James e Isco son los llamados a ese puesto.  Ronaldo queda libre para entrar al área por donde quiera, y el otro delantero debe adaptarse a él, lo que creará problemas cuando Bale esté disponible. El mejor Benzema y Jesé desempeñan bien ese papel, aunque el canterano, al ser barato, tendrá que salir al final de temporada para intentar volver con algunas decenas de millones de costo en su currículum. ¡Ah!, y para aprender idiomas y ganar ese lustre cosmopolita extranjero que tanto gusta por la planta noble del Bernabéu; cuestiones básicas para triunfar de blanco que algunos, pobres ignorantes y romanticones del fútbol, desconocemos.  Es lo que les faltaba a Hierro y Del Bosque o al mismo Raúl, que ha enmendado tarde, y que, a destiempo, también ha iniciado Casillas.
Hablando de porteros, el debate está en criticar a Ancelotti por no haber apostado por Keylor, y de paso, ¡ay lastimosos descamisados!, en censurar al presidente que lo tuvo vendido al Mánchester para traerse a De Gea.
Navas es un buen portero y lo está haciendo bien, pero, como decían por Argentina, aún no ha empatado con nadie. Ya veremos cuando lleguen los momentos clave que marcarán la temporada del Madrid. Compararlo con Casillas es un ejercicio de desmemoriados, por cierta que sea su irregular trayectoria en las dos últimas temporadas, enmarcada en la tensa situación que vivió tras el tsunami Mourinho.
El otro acierto de Benítez es que la defensa ha recuperado la anticipación, y juegue quien juegue no se resiente la seguridad atrás. Varanne y Nacho cumplen perfectamente, junto al emblemático Ramos, con Pepe en la recámara. Y los laterales, el otro punto fuerte del madrileño, como lo eran en el Valencia o en el Liverpool; son dos flechas alternativas. Nunca atacan a la vez, y Marcelo sobre todo, Carvajal o Danilo, son el cuarto centrocampista o el tercer atacante con licencia de gol.

Benítez ha cambiado al Madrid en dos meses y a los madridistas les aguarda una temporada exitosa. Si lo dejan, claro.         

martes, 20 de octubre de 2015

Y LLEGA RAÚL

Y LLEGA RAÚL

Aún recuerdo su debut con el Madrid de Valdano en Zaragoza. Como entusiasta de los futbolistas jóvenes, me dispuse esperanzado a conocer al juvenil que venía rompiendo los registros goleadores desde crío, cuando pertenecía al Atlético de Gil —vaya vista tuvo el inabarcable personaje disolviendo las bases colchoneras, empeñado en hacer filiales por España, sin embargo, con el Cádiz de su amigo Irigoyen en la primera probeta. ¡Un desastre! Otro más…—. Y lo que vimos esa tarde no fue nada especial. Un chaval descarado que parecía jugar sobre alambres torcidos, por su escuchimizada figura, que, todo voluntad, falló varias oportunidades de gol.
Pero de ahí a la gloria, gracias al empeño de Valdano por mantenerlo en el equipo. Esa apuesta, como la contraria del fallecido dirigente atlético, nunca aparecerá en la contabilidad de sus clubes, porque los hitos de verdad relevantes de cualquier institución nunca se contabilizan como debieran. Podría exponer muchos ejemplos de temas que he conocido bien al respecto. Se exponen los números pequeños de lo realizado, pero nunca los grandes de lo que se debería haber hecho en su lugar o, de lo que genera a la larga una decisión acertada o errónea. Es la mayor falacia contable.  Eso no va nunca en el balance aunque signifiquen la vida o la muerte de lo que se analiza y se expone como realidad cierta. Esa realidad que es la foto de un día cualquiera, pero siempre consecuencia de decisiones tomadas mucho tiempo antes. La verdadera responsabilidad de quien dirige cualquier cosa. La esencia de un dirigente. Su obra.
El otro día hablábamos de goleadores y jugadores, pero Raúl es mucho más que eso. Indudablemente es el mejor goleador español de todos los tiempos, pero también significa bastante más. Guardiola lo señaló como el mejor jugador español de la historia, y tal vez no le faltara razón, aunque cuando lo dijo España aún no era bicampeona de Europa y del Mundo consecutivamente; solo albergaba la Eurocopa del 64 de Suárez, Amancio, Pereda, Zoco y Marcelino, entre otros.
Más que gol y juego, Raúl es espíritu. Un espíritu solo comparable al de los irrepetibles Di Stéfano, Gento o Pirri. Y lo ha demostrado donde ha ido. En Alemania retiraron su número del equipo, como en la NBA hacen con sus mitos. En el Madrid, donde ahora le espera don Florentino con los brazos sospechosamente abiertos y la boca pequeña, no supieron estar a su altura cuando dejó el club voluntariamente — es un decir — al llegar Mourinho, antes de que el ‘ser superior’ de Butragueño, que sigue ahí porque sabe dar lustre a su señorito, se lo cargara, como hizo con Del Bosque, Hierro y este año con Casillas, o con el mismo Valdano dos veces. Demasiado brillo para el único sol que puede lucir en el todavía Bernabéu —¡cómo le jode el insigne nombre de don Santiago al señor Pérez!—.
Raúl representa lo que nos gusta a los amantes del fútbol como deporte y espectáculo emocionantes, antes de que el vil metal, único objetivo, viniera a ensuciarlo. Juventud, se tengan los años que sean; valentía, pundonor, profesionalidad, juego, goles, espíritu, honradez, limpieza, amor auténtico a una camiseta, sacrificio y humildad en el triunfo y en la derrota; esa virtud que solo atesoran los grandes de verdad.
Y ahora, cuando entona el difícil camino de la retirada desde el éxito y el  reconocimiento allá donde ha estado, vuelve a su casa. Y es lógico que en el Madrid aguarden con expectación sus intenciones, más allá de que todo el planeta fútbol ansíe verlo convertido en otro referente aun con distintas funciones.
Dice Pedrerol, descosido palanganero presidencial, que don Florentino aspira a que se convierta en el Guardiola del madridismo. Debería saber el presentador catalán que la historia no se repite, aunque pueda asemejarse, y que dentro de la amistad que se profesan desde su eterna rivalidad de clubes, aunque compañeros defendiendo a España, ¡ojo!, atesoran cualidades opuestas. Y tendrían que remar en condiciones diferentes.
Guardiola, junto a Cruyff, son quienes más riqueza económica y futbolística le aportaron al Barça en jugadores y títulos, de la contable y de la que decíamos; pero Raúl representa algo más. También podría hacerlo si le dejaran hacer —ojalá—, pero igual que aquellos salieron del Barça por la puerta de atrás, mientras en el Real manden el dinero rápido, los intereses bastardos — empresas ajenas— y la egolatría, Raúl estaría condenado a lo mismo. Al tiempo.     


RAJOY, LIRÓN A LA BROCHA

RAJOY, LIRÓN A LA BROCHA.

Ponga usted un espíritu almidonado regido por una mente funcionarial al mando de cualquier empeño humano en dificultades, y obtendrá lo más parecido a una nada surgida de otra nada con nada por delante y nada por detrás; un estío sofocante sin nada que recoger por falta de siembra. Una ruina.
Ahí, las personas con aversión cerval al riesgo sucumben al mayor de los peligros: la inanición, o,  peor aún, abusan inmisericordemente de los indefensos bajo su mando: la cobardía facilona. Y se excusan con las socorridas circunstancias o la herencia recibida, a la que no renuncian cuando se les encomienda, desde su sempiterna hipocresía: lo socialmente correcto por apariencias.
De la pereza y el miedo a la rutina, con la connivencia de sus  homólogos, consumiendo el tiempo de quienes aguardan lastimosamente y con paciencia franciscana que alguna vez haga algo; tome decisiones útiles; corte por lo sano; alumbre futuro desde proclamas ilusionantes o se vaya pronto a casa. Porque lo de sacrificarse por sus gobernados, quemándose en el empeño, no lo esperan; sería demasiado para ‘don comodón’.
Si añadimos el espíritu del opositor estéril, que alberga el origen del peor funcionariado, obtendremos lo más parecido a un parásito que tiene por objetivo vivir eternamente a costa de los ciudadanos.
Sin nombrarlo, es fácil imaginar un perfil fiel del actual presidente del gobierno: Mariano Rajoy en estado puro.
El único presidente electo que no repetirá mandato. El gobernante que llevará su partido al desierto, partiendo de una espléndida y fructífera ribera, en solo cuatro otoños. Un político que debería leer la realidad española como nadie por haber tocado todas las teclas desde concejal a presidente, al que confiamos una nación con problemas económicos y financieros por deudas y gastos improductivos inasumibles, que nos la devuelve incrementándolas y sin limarlos, y presumiendo de haber superado la situación. La realidad es que debíamos seiscientos mil millones y ahora debemos un billón, porque Europa nos ha aliviado por interés prestándonos dinero a mansalva y a un coste bajo, de momento... ¿Ese pulpo, es rescate o calamar?
¿Qué haríamos con un gestor que nos deja en manos de los prestamistas aun aumentando las ventas —impuestos—, incapaz de reducir gastos estériles y enfadando, de propina, a los clientes —contribuyentes—? Su dudoso logro: aplazar las soluciones endeudándonos en una cuantía impagable. Si España fuera una finca se la quedarían el BCE y los bancos.
La peor ceguera es voluntaria, y este lirón, que oculta bajíos en su pasado —¡Ay, Bárcenas!—, sueña con seguir pintando tras cinco elecciones seguidas cuesta abajo, ¡cinco!; siendo, además, el político peor valorado desde sus principios presidenciales. Otro caso único y definitivo.
Decenas de millones de españoles, propios, indiferentes y extraños; quisieran decirle: Mariano, ¿por qué no sueltas la brocha de una puñetera vez, que te vamos a quitar la escalera, y haces un favor a tus compañeros, a tu partido, a tus gobernados, a tus más próximos, a ti mismo y a España?


lunes, 12 de octubre de 2015

DE MOURINHO A DEL BOSQUE

De Mourinho a Del Bosque
Es tan difícil establecer comparaciones entre profesionales futboleros como entre personas corrientes. Todos llevamos en la mochila circunstancias tan distintas que nos harían irreconocibles en las experiencias de otro y, por lo tanto, en su trayectoria vital y profesional, que junto a la formación, el carácter y la personalidad que al final conforman, pueden explicar los éxitos y fracasos ocasionales. Sin olvidar, como diría mi desde hace sesenta años amigo Tato, la suerte. Ese azar que se busca en la lucha tesonera e inteligente diaria, y también en su lotería: andar el camino durmiendo lo justo. Luego hay tipos con suerte y otros que parecen gafados, pero siendo necesaria tal fortuna, no es suficiente.
Napoleón, además de buscar en su mujer el secreto de cualquier hombre relevante, indagaba si sus oficiales eran hombres de suerte antes de ascenderlos. Experiencia, valía e intuición no le faltaban al militar y emperador francés, aunque, como a tantos, al final le perdieron la ambición y la soberbia. Y es que, hay quien tiene la voluntad y la sabiduría de levantarse después de uno o varios fracasos, y, por el contrario, todos conocemos a gente que no se recupera nunca de un éxito, y sigue entontecido hasta que la vida les da una lección de humildad. Los más señalados dentro de esta categoría mesiánica, jamás se recuperan de su cadena de éxitos y terminan en el hoyo.
Desde esas premisas, vayamos a las figuras que originan estas líneas. Mourinho lleva en el candelero desde el año 2000, con el Benfica, hasta ahora, que anda empantanado en el Chelsea. Ganó dos Ligas con el Oporto, dos Premier con el Chelsea en su primera etapa, dos Serie A con el Inter y una Liga con el Real Madrid. A ello hay que sumarle como títulos más relevantes dos Champions: Oporto e Inter y una Europa League con el club portuario portugués, aparte de ser nombrado tres veces como mejor técnico del mundo. Un palmarés al alcance de pocos entrenadores: diez títulos en 15 años. Como jugador fue mediano en la mediocridad.
Del Bosque, por el contrario, estuvo 13 años en la primera plantilla del Real, jugando más de trescientos partidos y fue dieciocho veces internacional, con un Mundial. En esa época ganó cinco Ligas. De entrenador, se curtió en la cantera madridista hasta que en 1999 le dieron la alternativa en el primer equipo. En cuatro años ganó dos Ligas y dos Champions. Relevó en el 2008 al inolvidable Sabio de Hortaleza en la selección española, y con ella ha sido campeón de Europa y del Mundo. Individualmente, ha sido nombrado dos veces mejor entrenador del mundo y cuatro mejor seleccionador mundial. Otro palmarés deportivo – nueve títulos y dos titulazos en 11 años- difícil de alcanzar, por no decir imposible.
Es decir, que como profesionales, y con la decisiva fortuna de haber entrenado a grandes equipos, estarían los dos en el podio de los diez mejores de la historia, sin establecer diferencias notables, salvo que el portugués ha sido más errante y solo en clubes, con el valor añadido de triunfar en tres ligas importantes, y el español ha sido de un solo club de relieve y de nuestra selección, con el galardón de ser el mejor equipo del siglo XX, el Real, y la mejor del mundo en el último decenio: España.  
Ahora bien, si vamos a los valores personales que traslucen como personajes públicos, las diferencias son abismales. Hablando en callejero, Mourinho es un bocazas maleducado y Del Bosque un señor. El luso, además de metededos, metepatas y desatado saltarín, es tan lenguaraz en sus desvaríos con la sin hueso que resulta imposible sintetizarlos: desde despreciar a un periodista español calificándole de ‘mierda en su profesión’, proclamándose él como top en la suya, hasta retar a su último equipo pontificando que si lo despiden echarían al mejor técnico que pueden tener. Del Bosque, al contrario, como recomendaba Kipling en “If”; es hombre en la victoria y en la derrota. Sobran comentarios.
Por eso, el ensoberbecido “special one”, Xosé, es como Atila: por donde pasa no crece la hierba  – deja plantillas, y hasta aficiones, rotas: Oporto, Chelsea, Inter y Madrid-, y don Vicente genera equipos para el triunfo. Lo hizo en el Madrid y lo hará con España, como Luis Aragonés, salvando su enorme distancia: el Sabio valiente creó estilo y escuela. Como otros en diferentes momentos: Zagallo, Michels, Cruyff, Sacci, Guardiola..., o Bernabéu de presidente.


martes, 6 de octubre de 2015

CRISTIANO RONALDO

CRISTIANO RONALDO
Como la mayoría de los genios, Cristiano es un tipo de singularidades extrañas para el resto de mortales; rarezas, se diría en callejero, pero su desmesurado ego aparente le distingue sobre otros.
Sin embargo, es posible que esa peculiaridad denote más transparencia que otra cosa, dejando ver también alguna debilidad íntima. Desde la personalidad que proyecta dentro y fuera del terreno de juego, al margen de la que mantenga en su vida privada, el ansia por ser distinguido de un modo especial por quienes le rodean en su entorno más próximo, quizá tenga mucho que ver con una inseguridad impropia de alguien tan importante: el máximo goleador histórico del Real Madrid, por encima de dos mitos como Di Stéfano y Raúl. Tal lastre sería producto de una infantilidad no superada, por carencias o por demasiados mimos.
Y abona tal conclusión el hecho de que esas ansias de protagonismo individual las mostrara ya en su etapa del Manchester, antes de venir a Madrid. Allí se desentendía del juego cuando no le pasaban un balón propicio sus compañeros, descarándose con las manos en la cintura, y aquí, además, celebra con poco entusiasmo, si lo hace, los goles de sus compañeros.
Sea como fuere, como venimos afirmando hace años, estamos ante el mejor goleador en la historia blanca y posiblemente, añadimos ahora, de la historia del fútbol. Y es así porque alcanza hitos difíciles de igualar desde la condición exclusiva de goleador. Con la derecha, su pierna buena, con la izquierda como recurso y con la cabeza, donde también es un especialista, es un espectáculo y un peligro continuo para sus rivales. Se le puede discutir que chuta a la portería más que nadie y que en las faltas directas su efectividad baja a niveles mediocres, pero nadie le puede discutir su primacía en el reino del gol.
Ha habido y hay mejores jugadores de fútbol, y más completos si se quiere: Pelé, el propio Di Stéfano, Boby Charlton, Puskas, Rossi, Torpedo Muller, Cruyff, Eusebio, Van Basten, Ronaldo, Messi o Maradona, por citar a los más significados, pero la mayoría sin el gol como cualidad exclusiva, y los que sí, de menor cuantía individual.
Como genios, cualquiera de ellos albergaba rarezas, incluso más antipáticas, aunque no se recuerdan a la hora de criticarlo a él. El gran don Alfredo, por ejemplo, tenía dentro y fuera del campo una lengua viperina, sobre todo hacia sus compañeros y hacia quienes se acercaban al vestuario madridista. El entonces  Príncipe don Juan Carlos de Borbón sabe de eso: en plena época de don Santiago Bernabéu, lo mandó a una faena maloliente de pantalones bajos en el descanso de un partido de Copa de Europa en el extranjero, cuando entró al vestuario para darles ánimos porque andaban alicaídos. ¿Qué diríamos ahora si Cristiano hiciera algo así con cualquier otro personaje?
Lo que ha hecho hasta ahora en el Real, y lo que aún le queda, es de una importancia legendaria. Pasarán muchos años, o generaciones, para que otro jugador alcance esas metas. Le falta para coronarse a nivel mundial, eso sí, haber tenido otra nacionalidad y lucir en una de las selecciones aspirantes rutinarias a las Copas del Mundo. En todo caso, su paisano Eusebio y el propio Di Stéfano, para mí el mejor jugador de todos los tiempos, por más completo; tampoco ganaron nada en ningún Mundial.
En la actualidad, solo Messi le discute la primacía futbolística con ventaja: consigue tantos goles como él y, además, hace jugar al Barça a su antojo aunque no lo logre en la selección Argentina, donde se le critica su juego en comparación al que despliega en su club. El canterano culé es más completo que Ronaldo porque golea, se asocia y distribuye. También exige un protagonismo absoluto en su equipo, aunque quizá sea más taimado en su personalidad y se le note menos. Tiene, sin embargo, unas debilidades distintas: las derivadas de su entorno con su padre a la cabeza; en Hacienda conocen alguna de su ‘rarezas’. Singularidad que no tiene nada que ver con su prerrogativa de genio, sino con la de la poca vergüenza fiscal contribuyente de sus más cercanos; no sabemos si también con la suya. 

En todo caso, ojalá Cristiano nos dure mucho jugando, porque cuando ya no esté lo recordaremos continuamente como algunos hacemos con los citados y con otros. Entonces entrará en la leyenda, y tendremos la fortuna de poder contarlo a quienes no tengan esa suerte. 
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