lunes, 25 de marzo de 2019

LA FUNESTA CARENCIA DE GOL



Los goleadores son las aves raras más deseadas y por eso son los futbolistas más caros. Y también los más criticados, junto a los porteros, cuando no aciertan en el momento cumbre del fútbol.

El gol es el final y el comienzo de todo. El instante en que las gargantas se desatan porque aflora la ansiedad contenida en jugadores, técnicos, directivos y aficionados. No hay otra magia superior en este fantástico mundo. Y  a veces, como admiraba el maestro Ibarra, surge la plástica en el movimiento supremo de embocar la pelota. De ahí su lado artístico y la belleza que también atesora el fútbol. Porque el arte es emoción y eso es lo que ocurre tras un gol decisivo, y más cuando la estética encumbra ese instante. Entonces surgen hasta los pañuelos laudatorios. Y de la retina pasan a ocupar su rincón de gloria en nuestros recuerdos. Esos que se guardan para siempre en los corazones. ¿Quién no tiene atesoradas unos cuantos goles de los jugadores que alguna vez emocionaron? Son, de largo, junto a determinadas celebraciones, la memoria viva del fútbol; permanecen en movimiento dentro de millones de aficionados mientras las neuronas acompañan. 

Para los españoles, el gol de Iniesta a Holanda, el de Torres a Alemania y el de Marcelino a la URRS. Para los madridistas, aquellos de Di Stéfano, Puskas, Gento, Serena, Mijatovic, Raúl, Zidane, Ramos, Cristiano o Bale en Europa. Para los culés, los de Koeman, Baquero, Ronaldinho, Messi, el propio Iniesta e incluso alguno de Cruyff por su rara belleza intemporal, como los más antiguos recordarán los inverosímiles de Kubala. Y qué Atlético no recuerda el de Luis Aragonés en la desgraciada final empatada y luego perdida frente al Bayern, o el de Godín en Lisboa entre otros que pudieron dar títulos en la también larga memoria de desdichas colchoneras. 

La selección española de Luis Enrique anda buscando otro Villa, como le recordaba el sábado a mi amigo Faustino. Busca con arrebato un goleador que convierta repetidamente algunas de las muchas ocasiones que nuestros medios y jugadores de banda propician. En Valencia su pudo golear a Noruega, pero la funesta carencia de gol puede llevarse por delante las ilusiones que tantos queremos reverdecer. Jugando así puede que pocos nos igualen, pero sin acierto será un fútbol estéril que a la larga y a la corta los hace peores a todos. Es lo mismo que hemos reiterado respecto al Real Madrid tras la pérdida de Cristiano. Los buenos jugadores no se olvidan de jugar en pocos meses, pero necesitan el remate certero que haga bueno su trabajo. Por eso, siempre ha habido futbolistas que pasan desapercibidos en el juego y que, sin embargo, pasan a la historia del partido porque la tocan cuatro veces y hacen dos goles. Y algunos lo reiteran tanto y en momentos tan oportunos que forman parte de la grandeza histórica de sus equipos. Raúl, por ejemplo, está en la del Madrid y no en la de la Selección. Y Villa, por el contrario, estará más para siempre en la de España que en la de sus muchos clubes, aun habiendo sido un goleador importante en todos ellos.

Cristiano y Messi, singularmente, estarán tanto en la de sus clubes como en la memoria de millones de aficionados porque siguen marcando una época repartiéndose honores. El comienzo del siglo XXI es suyo. Dos futbolistas que cuando se retiren será difícil reeditarlos en demasiados años. Tantos como para pasar a legendarios de generación en generación. La nuestra tendrá el placer inolvidable de haber visto confrontarse  en directo a dos de la escasa docena de genios y artistas que el fútbol ha deparado. El luso como goleador y el argentino como futbolista total y goleador también; quizás el más completo de la historia, aunque  con su selección le falte capacidad de liderazgo.

GOLES MURCIANOS

El Murcia ha ganado un partido porque dos de sus delanteros acertaron después de muchos meses. Y con notables bajas en el equipo. La pregunta es si ha cambiado mucho su juego. Y seguramente la respuesta es no. La diferencia es el acierto de delanteros y portero. Y la consecuencia, el ánimo para escapar de la zozobra deportiva. Ojalá Algar dore el viejo sueño de tantos: cantera y gloria.

Y ojalá perseveren también los del Cartagena y el UCAM y el año que viene podamos disfrutar la plata del fútbol patrio. Lo merecen sobradamente, pero goles son amores y lo demás ruina.

miércoles, 20 de marzo de 2019

EL ZIDANE CAMPEADOR



Florentino ha vuelto a sacar el conejo Zidane. El mejor argumento que tiene en su chistera, y el penúltimo seguramente, porque con el sargento Mourinho, al que tanteó tras la primera negativa del francés, duraría menos la efímera tregua que suponen. Así se lo dicen sus encuestas, aunque no había mucha diferencia. Un sesenta por ciento contra un cuarenta que apostaban por el chusquero portugués descubren a demasiados madridistas desnortados. Y si no recuperaron la cordura en las buenas, peor en las malas. Esto huele a ocaso imperial.

Zidane es la mejor noticia para el madridismo, aunque será raro que su presencia baste para reanimar al moribundo que representa el fin de una generación legendaria de futbolistas. Ya no hay egos que domar en el Bernabéu, si acaso el de Florentino Pérez, y eso es imposible porque tampoco reconocerá el tiempo difícil que viene. Humildad y paciencia no son virtudes suyas. Ahora le tocará gestionar la transición entre la gloria pasada y el futuro ilusionante con el tenebroso presente sobre su cabeza. Demasiada tela que cortar para alguien tan laureado y glamuroso como inexperto.

Pérez ha tenido que improvisar y eso le ha tumbado la transición tranquila con Löw. Dos meses largos en la nada, con el infausto recuerdo del tiempo de Queiroz y su record de partidos perdidos. En aquel equipo también había estrellas declinantes. El propio Zidane, Ronaldo, Raúl o Beckham. Y poco después entonó también Florentino el mea culpa y se fue por la gatera. Pero el gato escaldado ha hecho lo mejor que ha podido y ojalá le suene la flauta de nuevo. Es difícil, pero debería insistir en su nueva política deportiva convenciendo también a Zidane de que el futuro empieza por Vinicius y similares, amalgamados con veteranos de fuerza. La travesía desértica será larga para las urgencias de este tiempo desmemoriado. Una plantilla campeona no se enjareta en unos meses ni con tres o cuatro fichajes de relumbrón y algunas bajas de postín. Y  menos si el francés se empeñara en reverdecer laureles resucitando muertos. Cuando Zidane cogió el equipo la primera vez tenían reciente una Champions y hambre, y sus futbolistas cuatro años menos. Demasiado tiempo para correr como antaño y con los estómagos llenos.  Bale, Marcelo o Isco, por circunstancias diferentes, han jugado ya sus mejores partidos de blanco. Y Ramos, Kroos y Modric, por buenos que sigan siendo, también. Y otro Cristiano tampoco se inventa de un año para otro ni el auténtico volverá. Fueron la columna vertebral del Madrid campeón que por mucho que se añore ya no puede soportar el empuje de unos jóvenes como los del Ajax, que sin ser la Juventus ni el Barça, y ni siquiera el City ni el Liverpool, le dieron sopas con honda en Ámsterdan y en Madrid.

Cuentan que el Cid tomó Valencia ya cadáver, pero por mucho que campee Zidane, Campeador solo habrá uno. Y haría bien Florentino Pérez en buscar otro conejo para la presidencia porque está viviendo sus últimas lunas blancas. Siempre se arrepentirá de echar antes de tiempo a Cristiano.

Como seguramente las está viviendo también Simeone en el Atlético. Aquello del partido a partido queda demasiado lejos tras su enésimo fracaso europeo. El Cholismo y cuanto supone también ha jugado ya sus mejores partidos rojiblancos. Es difícil volver a reanimar a quien se ha desesperado de tanto ilusionarse, como le ocurre a la afición atlética. Las agonías son desagradables en la vida y en el fútbol, como ocurre en los toros aunque haya entrado a matar hasta los gavilanes el mejor matador.
Cristiano —¡tenía que ser él!—, ha enterrado a unos y otros. A los blancos porque se ha demostrado que él sigue en la cumbre y ellos le deben demasiado a sus goles; casi todo. Y a los colchoneros matándolos con su mejor medicina: el pundonor y la eficacia. Carácter, dedicación, goles y suerte; el fútbol mismo.

EL DUELO MURCIANO

Es tremendo el valor de docenas de murcianistas que mantienen vivo al Real. Un esfuerzo de mucho mérito que hay que reconocer sin ambages, y el de los miles que les siguieron, con cuantos errores hayan cometido sus gestores. Sobre todo en lo deportivo, con bajas suicidas de futbolistas y de un buen técnico, y con desconcertantes desavenencias internas. Pero tan  elogiable es esa realidad como lúgubres los augurios.

Una pena grande. Endeudado hasta la quiebra, sin dinero ni goles, ¿adónde va el Murcia?

Echémonos un pienso.   



martes, 26 de febrero de 2019

SEMANAS DE PASIÓN



Reina la intemporalidad de lo inmediato, pero afortunadamente, las pasiones aún alumbran caminos de ilusión. Aguardan semanas apasionantes en Europa con la Champions y días pasionales en España por el doble Madrid&Barça. Sobre todo el de Copa, porque el de Liga llega descafeinado; esperanza rojiblanca, pena blanca y alivio culé.

Messi dejó claro en Sevilla que no renuncian a nada, lo que supone un dedo en el ojo para los blancos. Lideró a discreción, goleó con un repaso a su repertorio, asistió de calle y hasta indicó a Valverde que debía entrar Dembélé para ser más incisivos. Cada vez se acerca más a lo que supusieron Di Stéfano y Cruyff, pero los supera en longevidad —catorce años en la cumbre —, en títulos individuales y seguramente muy pronto en colectivos también y en todo.

El Madrid llega bipolar y ansían en el Bernabéu que sean esos partidos la verdadera alternativa de un Vinicius que ha pasado en meses de becerrista a torear con caballos y aspira a matador de toros.  Los merengues necesitan la referencia que les hurtaron con Cristiano y el moreno brasileño es su esperanza blanca. Y tiene mimbres para serlo: descaro, regate eléctrico, potencia, velocidad, verticalidad, trabajo y ganas. Pero lo más sorprendente es que luzca también cabeza siendo juvenil. Lo demostró antes de vestirse de luces en el Bernabéu por la modestia y profesionalidad con que asumió su estancia en el Castilla a pesar de su costo y la aureola con que lo trajeron.  Su éxito sería trasladar también sus goles de Brasil y de Segunda B a la Primera española; palabras mayores. Y, entonces sí, estaríamos ante un presumible Balón de Oro si el carisma le durara un par de años. Tan difícil como posible y singular en la constelación futbolera del siglo XXI, donde impera lo urgente: cuajar en figura las virtudes de una promesa. Su sueño de imberbe, el de Florentino y el de millones de aficionados madridistas, que ya ven en Vinicius el Messi blanco. 

Tan irreal e incomparables todavía como ilusionante en este tiempo de pasiones desbordadas de un día para otro a bordo de ondas o de cable y prácticamente sin intermediarios. Las novedades, la realidad, las falsedades y los sueños ya no llegan de boca en boca durante semanas o meses sino de móvil a móvil en décimas de segundo, plataformas de cualquier cosa mediante. La tecnología que nos lleva.

Por eso no debe extrañar a Cristiano que le silben por todos sitios y hasta los propios. Recoge lo que ha sembrado aun siendo generalmente reconocida su capacidad goleadora. Lo que antes eran rumores entre periodistas o de vestuario ahora son evidencias tan palpables que todos las llevamos en el bolsillo. Antes era complicado y lento derribar un mito, y ahora dura en caerse por cualquier gesto menos que el instante de un sonido. Su manita en el Wanda arrogándose como individuales títulos colectivos es la última pata del banco tontarrón que se ha ido creando. Y ese absurdo pesa más que sus goles. Una pena personal grande que arrostrará mientras juegue y de ahí su aceleración hacia la antipatía general. Acabarán pitándole hasta en Turín cuando desinfle el globo de su fichaje. Ganar el scudetto goleando en Italia más que nadie se difuminará en el fracaso europeo. Simeone y los suyos pueden cerrarle la penúltima puerta a su carrera; luto que desea la inmensa mayoría futbolera.

Finalmente, lo de Guardiola ya es de traca. Cuanto gana como profesional lo pierde como hooligan catalanista. Y se da el caso, además, en el colmo de lo absurdo; de que en su Cataluña natal no es especialmente bien recibido a pesar de sus esfuerzos por querer disculpar con lazos pajizos y lengua suelta supuestas traiciones futboleras barcelonistas. Si espera algún reconocimiento futuro, algún día lo lamentará.

POR MURCIA CREARÁN OTRA COMISIÓN

En el trabajo sonreíamos cuando se creaba un comité. Y es que, demasiadas veces, en ellos se esconden las indecisiones, la ignorancia o la indolencia. Y el que se avecina no es minino. El grupo de ilustrados con másteres, miércoles y jueves deberán acometer en el Murcia la madre de todos los comités. El demonio acecha y no pedirá escrituras, como decíamos del agua, cuando enfile hacia lo hondo.

Mientras, el Cartagena perfila su presumible liderazgo final y el UCAM sus opciones de liguilla de ascenso.

¿Y lo de Gálvez?, se preguntarán. La semana que viene; supondrán. ¡No sea mal pensado, hombre!

lunes, 18 de febrero de 2019

DIETA, PREPARACIÓN FÍSICA, SENSATEZ Y CANGUIS



El fútbol compendia algunos de los conceptos cotidianos del hombre. Y como la condición física es primordial, priman la alimentación y el estado de forma sobre los demás, aparte de la inteligencia, las emociones y los miedos, que conforman el denominador común de toda actividad humana.

El Barça lleva un sexenio llegando a febrero exhausto, por eso solo ha ganado la Champions de 2015, aun contando con Messi, y ha vivido mayormente de las rentas de la primera vuelta y de los errores ajenos para ganar cuatro Ligas en ese tiempo. Por el contrario, el Madrid de Pintus siempre llega fuerte a Marzo aunque flojee antes. De ahí sus sombras nacionales y las luces europeas.

Y Benzema, por seguir ejemplarizando, exhibe ahora su mejor fútbol gracias a una preparación física envidiable basada en una dieta alimenticia singular. La pena es haber desperdiciado nueve años. En esto tiene razón mi amigo Ángel García, futbolero y cartagenero de pro, que insiste en la importancia de los dietistas en el fútbol profesional y define hace años al gabacho madridista como uno de los  tres mejores puntas del mundo.

Pero el fútbol también tiene la imprevisibilidad como esencia. Por esa azarosa razón, el Atlético ganó injustamente en Vallecas, el Barça necesitó de un penalti dudoso para imponerse al Valladolid y el Real palmó merecidamente ante el Gerona del excelente Eusebio en Chamartín —¡qué acierto cambiar de banda al murciano Portu para airear las vergüenzas de Marcelo!— Y en todo caso, también esas cosas del fútbol terminan confirmando la ley física que decíamos la semana pasada de que el agua siempre va a lo hondo: esta Liga será del Barça porque se impuso desde el principio y a pesar de los altibajos está siendo el más regular de los tres tenores. Tras esa jornada, el Madrid&Barça de marzo pierde parte de su interés; aunque ganaran los blancos, los tres partidos que deberían pinchar los azulgranas se antojan demasiados y el Atlético de Simeone tampoco está para asegurar nada.  En fin, queridos forofos merengues y colchoneros, un año más los culés, y ya son demasiados, brindarán en Canaletas: ocho Ligas de las últimas once. Y a llorar al árbol, que dice tan oportunamente mi amigo Jesús Belascoaín, cuando de quejarse de infortunios en deporte se trata. La Liga siempre la ganan los mejores; suertes, árbitros y en este caso VAR incluidos.
Esta semana tenemos más Champions y el Barça de Valverde aguarda el cruce con más esperanza que el Atleti. Los barcelonistas tendrán una eliminatoria asequible ante los franceses de Lyon, salvo imponderables futboleros o petardo, y los madrileños un hueso demasiado duro de roer con los turineses de Allegri y Cristiano. El luso ha sobrepasado la veintena de goles este año y amenaza con repetir los cuarenta que tildaron de fracaso el año pasado los pesebreros florentinistas y los quijotescos españoles y que, sin embargo, tienen encumbrado en Italia al mejor goleador blanco de todos los tiempos. Debe ser por las irracionales emociones, que también son consustanciales al fútbol. En Madrid y en gran parte de España estaban hartos del egocéntrico futbolista después de diez años superando la cuarentena de aciertos, con puntas de sesenta goles, y en Italia envidiaban que jugaran en España los dos mejores del mundo del último decenio. De momento han conseguido al portugués y lo disfrutan.

El canguis o canguelo también es esencia del fútbol. Lo hemos visto en futbolistas brillantes acojonados en momentos decisivos —el propio Messi en  Champions y en Mundiales— y en  técnicos  tirando a sus equipos para atrás  en partidos cumbre —el mismísimo Guardiola en el Bernabéu alguna vez, aunque allí naciera también de su mano el mejor Messi como delantero total, sacándole de la cal de la banda derecha— y en directivos rajados ante decisiones sustanciales.

LOS PERROS DEL TÍO ALEGRÍA

Los hemos traído a colación alguna vez. Esos excelentes canes cazadores del señorón huertano eran muy buenos rastreando, pero cuando  atisbaban la pieza les daba por mear y se les iba.

Los directivos del Murcia deben tener ya a tiro a los Gálvez —son tres meses husmeando en terreno propicio—, pero intuyo que les debe estar temblando el dedo antes de engatillar. Y choca esta sospechosa flaqueza con la determinación mostrada en escardar la plantilla y en otros menesteres. Esperemos que hayan aprendido: cortaron ramas productivas, dejaron palos secos y han tenido impericia en cortar algunas que se cruzaban. Mal asunto, señores.      

  


martes, 5 de febrero de 2019

DE LEZO A GUARDIOLA Y A LA PRIMAVERA FUTBOLERA



Los ilustres suelen perderse por la bragueta, los listos por la soberbia y los tontos por la boca, aunque a veces se invierta el orden.

Dice un ‘juntaletras’ guionista de cine que “no escribe algo sobre Blas de Lezo porque no le da la puta gana”; fino el payo. Atiende esa lumbrera por Borja Cobeaga y tiene a gala “SuperLópez”, un bodrio entre la mediocridad más ramplona del cine español. 

Este ‘tontolpijo’, con perdón, desprecia al marino militar español más relevante de nuestra historia. Consulten aunque sea en google quienes quieran conocer a un almirante tuerto,  cojo y manco, vasco de Pasajes, al que debemos que de Méjico hasta la Patagonia se siga hablando español porque con seis barcos le dio un repaso al inglés Vernón, que con ciento ochenta y seis quiso tomar Cartagena de Indias a mediados del siglo XVIII.

Y traigo a colación este asunto porque Guardiola, que de tonto no tiene un pelo, y no es coña,  sigue metiendo la lengua cada vez con más fruición. Seguramente quiere emular a su padrino Laporta, quien en su trampantoja versión política ha pedido que retiren la estatua que el heroico almirante tiene en la ciudad condal. La guerra de Sucesión del dieciocho por la corona de España, de Borbones contra Austrias y no de catalanes contra españoles como tantos ignorantes independistas aseguran, adquiere actualidad en la futbolera de culés contra merengues. Un disparate se mire por donde se mire. El excelente técnico de Sanpedor ha dicho que el Bayern, el Barça y la Juventus son los tres mejores equipos de Europa del último decenio, olvidando que el Madrid ha ganado cuatro de las últimas diez Champions. Igual le traiciona algún complejo por emular también a su antagonista Mourinho, quien en lugar de número uno debería ser recordado como lenguaraz insuperable. O tal vez su ego porque cita a dos de los tres clubes a los que entrenado en ese decenio, o quizá la frustración de no haber ganado nada en Europa desde que salió del Barça. 

Efectivamente, los tres equipos que cita han sido los mejores en regularidad en sus competiciones domésticas, pero ninguno se puede asemejar a las cuatro Champions del Real Madrid en ese tiempo, las tres últimas consecutivas. Solo el Barça está cerca, con sus tres en 2009, 2011 y 2015, pero eso solo nos lleva a la reflexión de que el fútbol grande también florece en la primavera española.

Y es así porque con los tres próximos enfrentamientos entre el Barça y el Madrid, y no digamos si llegaran también a cruzarse en la Champions, la máxima atención futbolística europea se centrará en el fútbol español, quien es de largo quien protagoniza la cumbre futbolera mundial tanto a nivel de clubes como de selecciones en el último decenio que cita el lacero ‘apajizado’ Guardiola.

Ningún otro enfrentamiento actual acapara tanta atención como los Madrid- Barça en Liga, Copa o Champions. Y eso, diga lo que diga don Pep, evidencia que son los dos clubes más importantes de Europa.

Este año, además, con el interés añadido de que los de Solari, tullidos como Blas de Lezo tras la marcha de Cristiano, llegan a febrero tan lanzados como el Barça potente mientras conserve al mejor del mundo; Messi es de otra dimensión. Sin él, como se decía en la Murcia taurina de los sesenta respecto a un insigne torero venido a menos, Cascales ya no es Cascales.

PRIMAVERA MURCIANA

El Cartagena le dio el mismo repaso al UCAM en la Condomina  que su técnico Munua a Munitis en la primera parte. El cántabro se equivocó, o sus jugadores no supieron interpretarle, porque para atrás no se juega al fútbol salvo que el miedo te atosigue, saques el balón limpio y jugado o quieras lanzar enseguida balones largos para que la velocidad de tus puntas gane los espacios libres. Pero ese no era el libreto. Ni los universitarios tenían centellas arriba ni tienen mimbres para jugarle con personalidad a un equipo de calidad bien plantado. Un fútbol tan desesperante como suicida que propició una ventaja insuperable al excelente Cartagena de Belmonte y Breis para consolidar su liderazgo. Muy buen equipo, planteamiento inteligente, juego eficaz, pierna dura, velocidad, ideas claras y ambición. Las claves del éxito.

¿Y el Murcia? Espere usted, buen hombre, que estamos buscando papeles y delanteros. Unos para denunciar a golfos y otros para golear y poder ganar algún partido. ¡¡¡Ah!!!
     
 

lunes, 28 de enero de 2019

NO SON TODOS LOS QUE ESTÁN



Aunque estén en plantilla, no todos sus futbolistas tienen categoría para estar en el Real Madrid ni en el Barça, que siempre será la máxima. En el Atlético sí tienen un nivel parejo y acorde con sus exigencias reales, ser el tercer grande, con una estrella como Griezman que les facilita mantener su tipo en el fútbol español y europeo. En parecida situación está el Sevilla.

El Barça sin Messi es mucho menos y el Madrid sin un goleador consumado es demasiado previsible. Así, el Barça se torna asequible para cualquier rival cualificado, aun poniendo en liza varios de los mejores del mundo, y el Madrid pierde sus señas de identidad, salvo la raza, que a ratos parece imprimirla su escudo. En los partidos de Copa en Sevilla y en Madrid, los blaugranas fueron un equipo ramplón y los merengues necesitaron dominar a mansalva para hacer cuatro goles al modesto Girona, dos de ellos del incombustible Ramos, como le viene sucediendo esta temporada. Esa orfandad de gol penaliza a los blancos y los fichajes contra natura de los culés castran su producción futbolera. No obstante, ver a Casemiro, Modric o Ramos resolver papeletas goleadoras es menos sorprendente que soportar a trotones como Boateng, el chileno Vidal o Murillo enfundados con camisetas que antes llevaron Pujol, Xavi o Iniesta y aún portan el mejor del mundo, Messi, Busquets y Piqué; virtuosos del juego y del balón. Al cabo, unos son campeones de Europa y del mundo y otros solo en sueños podían imaginar su canto del cisne donde están; nunca fue el Barça un equipo para que medianías torcieran sus últimas botas.

El desconcierto del Madrid es consecuencia del aciago traspaso de Ronaldo, con dudosos sustitutivos porque no tiene relevo natural, pero algunos fichajes de los sucesivos responsables deportivos del Barça son inconcebibles y desafortunados por igual. Sin ser exhaustivos, solo Démbelé, Arthur, Lenglet y en parte Umtiti, responden a criterios homologables con la categoría blaugrana; por ejemplarizar, los destellos de Coutinho no justifican ser el fichaje más caro de su historia ni lo del turco Arda tuvo explicación. Y aquí hallamos una paradoja que como tantas otras en este juego rubrica su característica azarosa  e impredecible: el Madrid carece de cuerpo técnico desde que Florentino Pérez decidió ser el máximo responsable deportivo y, por el contrario, en el Barça, Beguiristain, Zubizarreta, Robert y ahora Abidal se han responsabilizado de esa parcela en el último decenio. Y todos enjaretan briosos corceles y petardean por el estilo.  ¿Ustedes lo entienden? La explicación es que las únicas certezas del fútbol son que el balón es redondo y su escasa ciencia, al margen de la suerte, los discutidos árbitros o el polémico recién llegado VAR, que sin ser infalible ni perfecto ayuda a una mayor equidad y limpieza en el juego.

Decíamos que Vinicius todavía es una ilusión, pero hay que resaltar su geométrico progreso. Crece poderosamente partido a partido y para la inmensa mayoría ya es titular indiscutible. Sin embargo, es solo un espejismo en la mediocre delantera blanca. Recordemos lo ocurrido con Asensio o con el mismo Isco, teniendo el balear y el malagueño bastante más bagaje que el brasileño. Hay quien incluso ya lo compara con Neymar, en un ejemplo de la exacerbación transitoria que es consustancial al fútbol para lo bueno y para lo malo. Cuando siga creciendo en sus desmarques,  regales, buenos pases y marque quince o veinte goles por temporada, podría estar a ese nivel o incluso superior, porque provoca menos, trabaja más, es menos egoísta y parece más fuerte física y anímicamente. Yo le veo más parecido por esas virtudes a Démbelé, a quien parece superar en disciplina, pero no olvidemos que el francés está contrastado y  el brasileño todavía es un juvenil con aspiraciones.

Por otra parte, a pesar de que Löw está en la recámara de Pérez, Solari puede sonar su flauta por aquello de estar en el lugar justo en el momento oportuno. Y pudiera ser si el Real se reinventara de nuevo en Europa, llegando al menos a semifinales dignamente, y ganara la Copa del Rey con Vinicius cuajado, Asensio renacido y Llorente de alternativa real a Casemiro, sin ningún goleador eficaz y logrando un sistema de juego homologable a las exigencias del Bernabéu; muy difícil, siendo realistas. Ahora está fuera para la siguiente temporada, pero en fútbol todo puede cambiar en pocos meses; el último Madrid de Zidane fue un ejemplo.   


lunes, 21 de enero de 2019

EL MADRID BIPOLAR Y MÍSTER PÉREZ


El partido contra el Sevilla quitó el sabor amargo que rumiaba el Madrid. Y bastó que los futbolistas jugaran con ganas y en su sitio, acelerando en la segunda parte el juego cansino que arrastraban.

Sin embargo, huérfanos de gol, no debería cegarle a los merengues el  partido contra los de Machín, porque aparte de que los sevillistas hicieron una segunda mitad mediocre, solo una genialidad de Casemiro desatascó lo que iba para empate a cero. Y no deben hacerse demasiadas ilusiones porque el otro de este enero también es el Madrid. Hacía tiempo que no veía a los blancos jugar tan mal como ante la Real, el Betis —aunque ganara— y el Leganés en Copa. Y, además, como un equipo pequeño dejándole la iniciativa al contrario con cinco atrás. Ese Real es un equipo empequeñecido e irreconocible que  no aspira a nada y tampoco labora futuro. Solari cogió un solar y a veces lo empequeñece hasta hacerlo un patio. Poco más o menos el de su baranda Pérez, que se entretiene en él con su nueva estrategia deportiva. Solo le falta cubrir el Bernabéu para que no se le llueva y ser bien recordado.
El ilusionista Vinicius, como símbolo, o Brahim, aún son futbolistas de segunda comparados con Asensio. Los delata la hora de definir. Sin embargo, sin restarle méritos al brasileño, sobre todo el muy meritorio desparpajo en un equipo en crisis, destacan algunos de sus lujos  porque hace imaginar a los aficionados un parque de atracciones mientras que algunos de sus compañeros sugieren un par de horas en la oficina. Puede ser una estrella en cuanto desperdicie menos balones fáciles y haga goles.

Para valorar a los delanteros prometedores que ficha el Madrid basta relativizarlos con jóvenes como Mbappé o Dembélé, que ya son campeones del mundo, golean y juegan de tú a tú con colegas como Messi y Neymar. Esa calidad y definición hay que pedir a quienes aspiren a vestir de blanco.

Por can Barça, Valverde edifica su equipo con paciencia y astucia para ir preparando las sucesiones importantes que se le avecinan, tras sortear muy justito las pasadas. No obstante, Europa medirá su futuro. Y a Simeone no le perdonarán que esta temporada tampoco gane nada. El Atlético ha apostado demasiado y seguirá haciéndolo, con Morata por ejemplo, y Gil Marín y sus socios pueden exigirle resultados a su otrora admirado Cholo; ya veremos cómo acaba. 
  
Volviendo al Madrid, Florentino Pérez asegura a sus propios que si sabe de algo es de fútbol. Y, además, del fútbol grande. Por eso presumía tiempo atrás de fichar a los importantes y dejar lo demás a los técnicos. Y ahora, Pérez, virtuoso converso por su soberbia tozudez, quiere llevarle la contraria al desorbitado mercado que él ayudó a crear como nadie, probando sus conocimientos futboleros con promesas para hacerlas figuras en el Real.  Todo lo contrario de lo que defendió cuando cedía a los jóvenes para que crecieran. Si esos disparatados cambios de criterio se midieran en balance sería aterrador. Como los carísimos errores que cometió con los galácticos tras sus exitosos Figo, Zidane y Ronaldo Nazario. El Madrid funcionó bien en los últimos cinco años gracias a la clase media: Ramos, Alonso, Modric, Casemiro, Varane, Marcelo o Carvajal, cuya gestión la llevaron otros, y al ilustre Cristiano, a quien no quiso tampoco de joven cuando pudo birlárselo al Manchester desde Lisboa.

Finalmente, malmeten por la esquina informada del Bernabéu —yo no lo creo—, asegurando que el propio Pérez susurra a su dócil Solari alineaciones y tácticas en noches de insomnio compartidas telefónicamente. Guarde Dios a los merengues porque sus éxitos iniciales fueron con su despreciado Del Bosque y los últimos con su aborrecido Cristiano. Al míster Pérez le faltarían hervores y al presidente Florentino le sobrarán pañuelos.

EL SOLAR MURCIANO

Así dejaron al Murcia los Gálvez, pero meses después aún no les han exigido responsabilidades. Dicen que falta la contabilidad para probarlo, pero solo se necesita saber los abonos vendidos y demandar adónde fue el dinero. ¿Es que tampoco funcionó la administración concursal?

Una pena por sus esforzados gestores, que también asumen conscientemente el riesgo de dejar otro patio en lo deportivo.  Todavía sueñan algunos por los últimos resultados, pero no reparan en el fútbol del Murcia. Sin juego ni goles, solo queda la esperanza sabia del añorado doctor Ripoll: “si no nos marcan ningún gol, normalmente debemos puntuar”.  Es la triste realidad, amigos.    
       

sábado, 5 de enero de 2019

IBARRA NO HA MUERTO



Solo te has ido a descansar de tanta vida, Juan Ignacio, porque si la vida de un hombre se pudiera medir por la pasión derrochada, tú has vivido varias.

Como hijo de otro grande, actor y dramaturgo también, al que tanto admiraste, honraste y quisiste, de ahí tu arrebatador empeño en crear una Escuela Superior de Arte Dramático en nuestra Murcia; se lo habías prometido a tu padre. Palabras mayores en tu sentido de la lealtad.

Como periodista vocacional y de raza. De ahí tus innumerables aportaciones durante más de medio siglo en cuantos medios han contado contigo; prácticamente todos, tanto en radio, prensa y semanarios como televisiones. No ha habido un periodista murciano más conocido que tú en nuestra región. Ni fuera de ella. Todavía la semana pasada me preguntó un matrimonio que te vio pasar si eras Ibarra. Y te miraron admirados sin que reparases. Y eso que ibas camuflado por tus últimas circunstancias.

Como comunicador poliédrico, único en tu especie, porque tampoco ha habido nadie en Murcia con tu forma de hacer radio, sobre todo, o televisión. Información y comentarios actuando. Tu estudio, un teatro con el escenario lleno por ti solo con esa emblemática voz rota. Ratos incomparables y horas infinitas con miles de oyentes o espectadores pendientes de cada gesto o afirmación de Ibarra. Hasta escribiendo o conferenciando. Tu estilo inconfundible es el guión de una comedia, drama o tragedia, según toque cada día. Y en tres actos, como cualquier dramaturgia clásica, pero con tu chispa creativa. La acción, el lugar y el tiempo se suceden o intercambian según convenga para una mejor comprensión de lo que trates. Y lo mismo sus protagonistas y el lenguaje; culto, llano, sencillo o complejo, metafórico o directo, en presente, en pasado o en futuro.  Todo en función de las entendederas del público y del tema.

Como maestro en sentido amplio. Por eso la práctica totalidad de quienes pasaron por tus manos o fueron tus compañeros han reconocido tu magisterio En la radio, en prensa, en la tele, en las aulas de tu Escuela o dirigiendo teatro. Recitando eres un volcán arrebatador para los asistentes, y conferenciando aún más. En fin, Maestro, en cuanto tocas.

Y, finalmente, como amigo; faceta en la que más te conozco. He escrito varias veces sobre ti, Juan Ignacio, y esta no la quería. Una vez te titulé en prensa como un murciano irrepetible, y otra, en un poemario, hablé sobre tu generosidad sin límites para cuanto te  pidiera un amigo, o incluso cualquiera que te necesitara. E hice referencia a tu pasión genética como el motor que movía tu alma, y a tu enorme sensibilidad como las majestuosas alas transparentes que acarician cuanto te rodean. Y ahora añado que también eres pedernal cuando corresponde y lanzallamas con quien lo merece, aunque los perdones se te caigan de las manos al  menor gesto de bondad de quien sea.

Y como has tenido tantos amigos, conocidos, discrepantes, agradecidos, rivales, contrariados, colegas, alumnos o simplemente seguidores, imagina cuántas vidas has vivido por y para ti mismo y para tantísima gente. Y críticos también, pero sin poner en duda nunca tu número uno.

No has muerto, no. Te has ido. Y lo has hecho despidiéndote de lejos. O sea, sin despedirte. Un mutis por el foro, como los grandes. Un hasta luego. ¡El hasta pronto!, que tan bien recitaste con Marcial, con Pepe y conmigo el mismísimo viernes pasado en un teatro. Porque como dice un amigo común, mientras te sigamos recordando vivirás. Y mientras te recuerden mañana, también. Y cuando pasen los años y te estudien o citen en cualquier aula, en cualquier medio de comunicación o los vecinos de esa calle que tienes en Murcia o en los lugares que rebauticen con tu nombre, que lo harán, seguirás viviendo. Tan real como tu prodigiosa memoria y tu vasta cultura.

Y has partido estando yo en Ronda. Tú, que no eras taurino, pero sí torero rematao, te me has ido estando en la cuna de un arte también grande. ¡Qué arte tienes, Maestro! Y has dejado a tus últimos mosqueteros huérfanos los jueves. Faustino, Antonio y Carlos, los auténticos, y Núria y yo tendremos que reinventarnos. Mira que no anticipárnoslo ni en Noche Vieja. Sería para no molestar, como siempre. 

Ayer escribía a otro amigo común preguntándome cuánta soledad le cabe a un corazón en pena. Tal vez un presagio.

Hasta luego, queridísimo amigo. Descansa en paz.   



lunes, 24 de diciembre de 2018

DEL CUENTO AL ESPERPENTO Y LA ESPERANZA



Tan bonito es soñar situaciones agradables como horroroso despertar con pesadillas. Y al recordarme — que se decía en la huerta — del cuento soñado la semana pasada, hallé en el mundillo futbolero una esperpéntica amenaza: Mourinho cabalgaba de vuelta un ex brioso corcel tordo, blanco casposo ya de viejo.
De nuevo en el banquillo del Bernabéu. Otra vez en la Liga. Los forofos merengues y sus contrarios reverdeciendo horrores satanizándose con sus disparates. La palabra incendiada. La mesura por los suelos con dedos acosadores y agresivos y caballitos grotescos a lomos de cualquier paniaguado. Pancartas desvergonzadas. Un equipo convulso, una afición dividida hasta el odio y un presidente agilipollado. Y lo que es peor, una plantilla permanentemente bajo sospecha, viejas estrellas desacreditadas y un equipo desarbolado por su entorno inmediato con la consecuencia de jugar a  nada y ganar menos. Pero como todo tiene principio y fin, menos la energía, volví a entornar los ojos e imaginé la causa de mis pavores: la inseguridad, la avaricia o la intoxicación y el miedo. La inseguridad de algunos directivos blancos de pijama y orinal, la avaricia de ciertos medios de comunicación para vender más a costa de lo que sea o los correveidiles que Pérez tiene por ahí juntando letras para sondear a la plebe, y el miedo de quienes temen que la magnífica etapa blanca de los últimos cinco años llegue a su fin; justo desde que el depredador luso se marchó o lo marcharon.
Y desde la realidad de ser un  imposible teniendo a Löw en la recámara, mientras Solari persigue su lugar al sol con Abu Dabi como última etapa, pude descansar de nuevo. ¡Uf, que susto!
El Madrid ha ganado otro desvalorizado Mundial, con el único aporte de encontrar en Marcos Llorente un jugador apreciable que andaba despidiéndose de sus compañeros, y además canterano, porque el sueño presidencial del renacimiento de Bale como goleador seguro es solo humo nuevo sobre rescoldos viejos. Sus tres goles ante unos japonesitos que aquí estarían en Segunda B, o como mucho coleando en la A, son ‘milnovecientosna’. Y, eso sí, alargan una racha titulera que entona el camino sin retorno a una inevitable travesía desértica. El futuro espera a los madridistas, pero no debe enturbiarles las entendederas. Tras la marcha de un ciclón siempre hay que reconstruirse.
El Barça sigue a todo trapo sobre el infinito abanico de posibilidades que ofrece Messi. Un futbolista excepcional que ayuno de sus antiguos suministradores de balones francos se reinventa cada partido. Deleita, golea, hace jugar, contagia, lidera, mejora a sus compañeros, imagina, muerde y no descansa hasta ganar, ganar y ganar, que diría el recordado Luis Aragonés. ¡Qué lujo de futbolista!, para muchos, entre los que me encuentro, el mejor de la historia si los tiempos fueran comparables. La Liga es difícil que se les escape, pero es que ahora vemos que el objetivo fundamental desvelado por el argentino de ganar la Champions se antoja más cerca. El Barça y la Juventus tienen más argumentos que nadie porque se manejan con los dos mejores del mundo de la última década. Dos monstruos que se echan de menos en sus competiciones domésticas y que se han retado en Europa. Uno por quitarse sequías recientes que le roen los adentros, el otro, Cristiano, por reafirmar su hegemonía a despecho de su antiguo club, y los dos porque su cadena genética es un sinfín de trofeos: el ADN que los iguala. Ambos pertenecen a la familia de la docena de futbolistas que han marcado épocas en el fútbol. Nuestra gozosa esperanza es soñar que continúen medio lustro.

AGUILANDO MURCIANO

La Pascua nos ha traído el liderato del UCAM, el subidón del Cartagena, la continuidad airosa del Jumilla y el resurgimiento del Murcia con tres triunfos seguidos. El último de tanto valor que ha destronado al líder.
Los inverosímiles universitarios del deportista excelso y futbolero Mendoza están haciendo bueno el extraordinario trabajo de Munitis: con el presupuesto más austero de los tres grandes regionales, divierte, puntúa y manda en la clasificación. Y, encima, saca partido a canteranos y brillo a veteranos y promesas. ¡Cuánto mérito!
Los blanquinegros del ahora rutilante Munúa están haciendo del Cartagonova un castillo inexpugnable, que es el camino más seguro hacia la categoría superior. ¡Bendita esperanza!
Y los granas del valeroso Herrero se sobreponen a sus tenebrosas circunstancias, apoyados dentro y fuera por murcianistas de pro. El Murcia se resiste a morir. ¡Qué grandeza!   
       


CUENTO NAVIDEÑO



La nieve pesa más que los sueños, con los que a veces imaginamos paraísos. Y rodeado de esos copos blancos que refrescan el alma y endulzan los ojos, rebusco en la alforza de mis recuerdos para despertar un lunes esperanzado.
Isco ha estirado su cuerpo al compás de un alma grande hasta levitar sobre el césped sin que le pese nada.  Juego ágil, de cara, a uno o dos toques, o regate hacia delante y desmarque rápido para recibir y ponérsela sutilmente al compañero en ventaja u hollar la red como si nada.  Entorno los ojos y pienso que Iniesta ha retornado veinteañero y merengón.
Asensio ha logrado pegarse el balón a la bota para conducir con seguridad y peligro directo. Y la antigua rapidez hacia cualquier sitio se ha tornado  productiva. Goles y asistencias inapelables. Gordillo y Michel, aquellos celebrados socios futboleros, se han fundido en un futuro balón de oro.
Bale  ha cambiado cristal por acero y corriendo la banda izquierda rompe cualquier defensa o partido con pases de la muerte y goles. Gento cabalga de nuevo.
Benzema piso más barro y menos moqueta y las enchufa con regularidad. Amancio ha vuelto gabacho.
Un error en la partida de nacimiento de Messi confirma que el argentino tiene diez años menos. Maradona, Kubala y Cruyff vestirán un decenio más la zamarra azulgrana cuan futbolísima trinidad.
El Barcelona entiende que el fútbol es más importante en España y en el mundo que la pajiza generalidad independentista y sus laceros. Los azulgranas recuperan tanta deportividad como nobleza y vuelven a enganchar sin reservas.
Florentino y Cristiano se arrepienten ante la soflama de un antiguo predicador: ¡”arrepentíos, pecadores”!, se piden perdón mutuamente y el luso vuelve a Chamartín en el mercado de invierno. El Madrid gana otra Champions, Pérez iguala a don Santiago y el archigoleador logra su sexto Balón de Oro.
Simeone cambia el percal por la seda y logra enjaretar su anhelado buen juego. El Atlético gana enamorando, logra otro doblete y el joven Gil emula a su padre con un desfile madrileño acolchonado, aunque sin faroles, enanos ni caballo.
Y así continué soñando hasta evaporarme. Despertar fue lo peor. ¿Cómo demonios pueden ocurrir esas cosas? Pero lo malo es que ocurren. No los sueños, sino las realidades. ¿Cómo pueden ser así con las magníficas condiciones que tienen? No quiero reiterarme, así que les dejo a ustedes su calificación; figurillas, soberbias, edades, política, estilos traperos… ¡Qué penas más grandes!

GOLES A UNA CASA CON BALCONES

Tres eran tres y ninguno era bueno. El primero sigue desaparecido, el segundo amaga con absurdos y el tercero vació. A falta de goles en el terreno de juego, goleadas de despropósitos y golfadas en los despachos. Dicen que el extremeño puso algo, que el mejicano nada y que el oriolano se los llevó, hasta ennegrecidos, aunque parece que antes abocó algo.  
Y después han llegado murcianos en bandada para remediar la agonía, pero qué mustios son los duelos en casa del pobre por muchos deudos que tenga. ¡Ay, esa soledad del presidente en el palco!
La afición llora penas entre cánticos y esperanzas desmochadas con pocas migajas en el corazón de esa gran casa con balcones que parece la mal llamada Nueva Condomina, que aparte de estar como el palo de un gallinero ni es condominio ni tiene nada que repartir. ¡Qué mérito tienen esos miles de murcianistas incondicionales! Lo más valioso del Real Murcia, aparte de su centenaria historia. Y a propósito, hay quien se lamenta continua y desabridamente de lo mal que se han hecho históricamente las cosas en el club grana. No reparan en que también hubo grandezas y gente de tanto esfuerzo como valía para que todavía respire. Tal vez debieran preguntarse algunos, antes de lanzar más piedras baldías, qué han hecho ellos por el Murcia. Es peor y más feo no hacer y criticar que equivocarse. A nadie se le ha negado nunca echar una mano.
Por eso, tanto los miembros de la Plataforma como los del Consejo, los peñistas y los accionistas merecen el apoyo del murcianismo en general. La lástima es que afloren desavenencias en este tiempo turbulento.
También sueño con el Murcia en Primera y las cuentas al día. Que es de miles de murcianistas y se gestiona bien. Y con un estadio lleno donde se cantan goles triunfantes. Y con el Cartagena y el UCAM en superior categoría. Se lo ganaron a pulso. No quiero despertar.
Feliz Navidad.  

martes, 11 de diciembre de 2018

DE PELÉ A CHOCHÉ



Al choché derivado de chocho del verbo chochear. Porque mi admirado y el de millones de futboleros, Edson Arantes do Nascimento, ‘Pelé’, parece que chochea.
La admiración general como futbolista nos la produjo viéndole jugar en su exitoso Mundial de 1970 en México, ya con treinta años,  tras el fiasco que supuso el del 66  en Inglaterra porque fueron a por él hasta que lo lesionaron entre el búlgaro Zhechev  y el portugués Morais,  y también porque a lo largo de los años fue coherente. Pero ahora, en una entrevista  en Brasil, aseguró que Maradona era mucho mejor que Messi. Y dicho así es respetable porque debe saber de esto infinitamente más que la mayoría y para gustos están los colores. Lo malo fueron los adornos, que diría Juncal: argumenta que el actual barcelonista, en comparación con el anterior, solo tiene un regate y una pierna y no va bien de cabeza. Es decir, justos los mismos defectos que achacó trece años antes a Maradona, en enero de 2005, en una entrevista en España.
Entonces respondía al  ‘Pelusa’ por bocazas y engreído, pero ahora Pelé debe estar choché, aunque sea prematuro a sus 78 años. Una inmensa pena por el referente mundial que representa y porque nunca fue tan contradictorio.
Al margen de gustos, los números y las estadísticas son concluyentes. Maradona marcó 352 goles en una carrera de 692 partidos oficiales, a un promedio de medio gol por partido, y Messi lleva 631 en 779 a un promedio de 0,81 goles por encuentro, usando la izquierda en ocho de cada diez dianas como hizo su ahora ajado compatriota. Y en cuanto a títulos individuales y colectivos la comparación es infinitamente favorable a ‘La Pulga’, aunque le falte un Mundial, como al tercer argentino prodigioso: don Alfredo Di Stéfano.
Citamos a la Saeta Rubia porque Pelé amplía su afirmación señalando a otros y a él lo ignora. Muchos también preferimos los grandes futbolistas que utilizan más del tercio de campo que pisa Messi, idéntico al de Maradona y cercano al del mismo Pelé: desde el centro del campo hacia la línea de gol contraria, escorados normalmente a una banda los dos argentinos y más centrado el brasileño. Por ejemplo a Cruyff, que pisaba dos tercios, desde su línea de medios a la línea de gol contraria por cualquier lado, y sobre todos a Di Stéfano, que iba de un área a otra en la misma jugada, dándose casos de verle defender un córner de cabeza en la suya y rematar a gol el contraataque subsiguiente en la contraria. Un auténtico todocampista con el gol, la rapidez y el liderazgo por banderas. Don Alfredo fue el futbolista más completo. El propio Pelé lo reiteraba hace años. No sé si ahora, por su prematura chochez, lo olvida.
En todo caso, es ocioso dogmatizar en el fútbol y señalar a nadie como el mejor de la historia estableciendo comparaciones individuales porque las épocas y condiciones competitivas son diferentes. La velocidad a la que se juega ahora es superior a la de entonces, así como las facultades atléticas que priman y el mimo a los profesionales por parte de técnicos y sanitarios, pero también es verdad que los antiguos terrenos de juego estaban mucho peor que los de ahora, los balones eran más rústicos y los árbitros cuidaban menos a las figuras; para echar a un jugador poco menos que debía romper alguna pierna. Tampoco los intereses económicos son los mismos ni los medios de comunicación analizaban tan al detalle ni los árbitros tenían tantas ayudas, cuestiones que influyen más de lo que parece. Como en la agricultura, cada cañada tiene su añada y cada tiempo su fruto.
Lo indiscutible es que Maradona y Messi están tan en la historia como Pelé y los citados, aunque algunos pensemos lo contrario de ‘O Rey’. Que vea, si no, el partido de don Leo el sábado en Cornellá; una enciclopedia de fútbol, hasta bajando a recuperar balones perdidos, con un Barça extraordinario a sus órdenes. Tomen nota algunos figurines que nombramos a menudo.

Y apunten los merengues a Löw como su próximo técnico, Y esta fecha, prenavidad de 2018.

 MELÉ
Todos empujándose por tomar decisiones alrededor de una ruina: el consejo, los de la plataforma, el máximo accionista, el mexicano, el TAS, la Federación, los administradores concursales y alguien piensa que hasta  golfos desde fuera. ¿Quién manda en el Murcia?

Parece que todos y nadie. Mal asunto.

jueves, 6 de diciembre de 2018

NO ME LLAMES DINERO, LLÁMAME FALSO



Emulando al viejo estribillo de Concha Piquer de “no me llames Dolores, llámame Lola”, cualquier aficionado podría cantar lo anterior. Y también, no me llames calidad, llámame mentira. 

Ahora que la pasta impone su dictadura en el fútbol de élite y hasta en el modesto, nadie puede asegurar que se juega mejor que hace cuarenta años. Ni citar ningún equipo hecho a golpe de talonario que haya triunfado proporcionadamente a tal ventaja. Ni que Isco sea mejor que cualquiera de los tropecientos magos aparentes que han pasado por nuestro fútbol. Su partido frente al Melilla no debe cegarnos; ese juego, como le hubiera dicho un célebre torero bragado con miuras, contra el Barça o el Atleti para ser auténtico.  A ciertos deslumbres puntuales, que los tiene, hay que añadir su modo cansino de bajar a recuperar la pelota o la posición. Así tendremos un reflejo de su aporte al conjunto, como de la mayoría de engañosos fenómenos medias puntas que pululan por el fútbol.

El dinero como triunfo, a secas, es una solemne mentira aplicada al fútbol, igual que a tantas otras cosas de la vida. Es solo un medio, y consecuencia en el mejor de los casos, pero nunca causa de ningún éxito vital ni deportivo. Quienes defienden tal explicación para montar su manual de éxito tienen la ignorancia como realidad propia o émula, que es la antítesis de toda ciencia, reflexión seria o personalidad. Puede ayudar a conseguir objetivos, pero no garantiza nada, salvo la libertad en la vida, que es su fin más noble junto a la solidaridad generosa. 

Y en el fútbol, aparte de la ausencia de valores, genera frustración por falta de resultados previstos, el desprestigio o la ruina. Y cuando don dinero consigue algo nunca garantiza su continuidad; miren el Chelsea. O la Liga inglesa: la que más dinero recauda y donde más dinero invierten fortunas extranjeras, pero en los últimos veinte años solo han ganado tres clubes británicos la Champions y no han hecho nada a nivel de selecciones. O El Madrid ganador de cuatro Champions en los últimos cinco años, cuando menos dinero gastó, en contraste con el prepotente florentiniano de sus primeros seis años, cuando Pérez hubo de huir por la gatera por incapacidad de barajar su engendro y la orfandad de resultados. Y allende los Pirineos, el PSG cabalga un corcel millonario desbocado hace años y aún no ha conseguido nada en Europa.

A veces coinciden los jugadores extraordinarios con los clubes más poderosos, fichados o no a golpe de millonadas, pero eso solo explica éxitos esporádicos. Guardiola se encontró en el Barça al extraordinario canterano Messi sin explotar, aún no había ganado ningún balón de oro, y fue quien le dio rienda suelta para que fructificara en cuatro consecutivos a partir de 2009, imprescindiblemente ayudado, claro, por otros canteranos irrepetibles a los que dio el mando blaugrana. La herencia que dejó el defenestrado Calderón con Ronaldo tiró  del carro en el Madrid hasta encumbrarlo en Europa costando lo mismo que luego Bale, quien sigue siendo una incógnita. Kaká llegó al Bernabéu también por empeño personal de Pérez y otra millonada y nunca deslumbró. Ahora, Solari está esperanzando al Real Madrid con jugadores de segunda fila en lo cualitativo y económico, pero con hambre y canteranos, como Lucas Vázquez, Reguilón o Marcos Llorente; la última sorpresa. Buen principio para la tan necesaria como inevitable transición tras la pérdida de gol con la marcha de Cristiano. Ya lo hizo Miguel Muñoz con el Madrid yeyé tras la baja de Di Stéfano en 1964. 

Dinero y calidad, sí, pero hace falta mucho más: inteligencia en la dirección; imaginación, creatividad y valentía de los técnicos; paciencia, actitud,  coraje sobre el césped y suerte. Mucha suerte.

¡CATE EN BREVAS, NUESTRO MURCIA!
Ahora que el grandísimo murcianismo da el do de pecho en todo, los resultados deportivos no acompañan. La cruzada de sus esforzados dirigentes se antoja muy complicada. Sortear las trabas societarias, federativas y económicas; renegociar contratos con determinados y  hasta sufridos futbolistas; empitonar judicialmente a los ex dirigentes golfos de ayer y antes,  que vaya bandas; mantener la moral de profesionales y aficionados, que no es baladí; cebar la bomba del murcianismo y rearmar la unión de sectores básicos murcianistas, penosamente esturreados; aglutinar a los poderes sociales, políticos y económicos en torno a la grandeza del club y hacer un proyecto ilusionante. ¡Ahí es nada! 

Muchos, al aire de su extraordinaria afición, dudan entre la refundación y el heroísmo de esta gente.

Mientras, el Jumilla bien, el Cartagena irregular y el UCAM a reengancharse. Ánimo.


lunes, 26 de noviembre de 2018

LA ACTITUD Y LA GRANDEZA NO SE COMPRAN



Modric quería irse este verano a Italia por la menor presión fiscal, siguiendo los pasos de Cristiano aunque sin enfado, y Bale continuó porque se fue el portugués. Pérez, ante el desencanto del galés, se lo había filtrado por boca de ganso antes del desbarre del archigoleador en Kiev, pero su actitud y la del croata están en mínimos. 
El mandamás blanco sabía que esa fuga ocurriría más pronto que tarde. Solo desconocía la fecha. Méndez, su intermediario de cabecera años atrás, le había advertido meses antes del cabreo preocupante de Cristiano por el incumplimiento de su reiterada promesa de renovación de por vida, ganando como el que más, tras ganar la decimosegunda. Pero en ese pulso de soberbias Pérez es mucho Florentino, más hecho y frío que el infantiloide luso. Y como ocurre a veces afortunadamente, por la maldad del egocentrismo, en el pecado lleva la penitencia de esta temporada el omnímodo empresario. Lo peor es el triste deambular madridista con el desastre de Éibar como última cuenta de un rosario que se antoja como aquel de la aurora que acabó a farolazos. La grandeza del Real Madrid no merece que se la jueguen  al yo más que tú dos personalidades pasajeras por muy acusadas y exitosas que sean. Afortunadamente, por otra parte, la excelsa categoría blanca permanecerá ligada a su historia porque un club tan laureado está por encima tanto de compras y ventas como de pasajeros y temporadas aciagas.  
En ese duelo tan evitable como larvado de Ronaldo y Pérez, uno de sus errores más graves como advertimos en junio a pesar del forofismo merengue, el futbolista ha ganado económicamente y va ganando en lo deportivo: líder destacado con la Juventus y pichichi con nueve goles en trece partidos, superando un record juventino goleador de hace cincuenta años y a símbolos como Inzaghi o Trezeguet. Ya veremos si al final de temporada consuma el doblete pasta/títulos, agregando la Champions al seguro campeonato doméstico.  Y puede ser un triplete si agrega el factor imagen mundial; la final de selecciones europeas a cuatro puede propiciárselo.
La aptitud puede comprarse, la actitud no. Nadie duda de la calidad de Modric, Bale, Varane o Kroos  ni de ninguno de los futbolistas blancos, pero es evidente que los cojones que abandera Solari  continúan gárgoles o lucen garlitos; estériles o uno solo a la vista aunque parezcan dos, que de apariencias también viven algunos.
Quienes sí lucieron hombrías fuero los de Mendilíbar, con el sorprendente canterano blaugrana y lateral extremo Cucurella a la cabeza, que le echaron lo que fue menester como suelen hacer en su reducido estadio y debería haber previsto el auxiliar ascendido Solari sacando una alineación más cojonuda que artista. Seguramente, sus figuras entrarían bufando al vestuario tras la dura derrota, y el argentino debería haberles dicho que esos cojones en Despeñaperros, como le dijera en Atocha en 1908 el insigne torero Rafael Gómez Ortega, ‘El  Gallo’, a la máquina del tren que le había llevado de Sevilla a Madrid viendo como soplaba desaforadamente humos en la estación, tras haber renqueado lastimosa en las cuestas de la celebérrima sierra.
Y también lucieron bemoles en el Wanda porque juego hubo poco. Los de Valverde pelearon con la garra que define a los de Simeone, rescatando un merecido punto al final por medio del tan sospechoso como arabesco Dembélé.  El Barça, aunque solo ha lucido a ratos sus excelencias, huele a reverdecer título porque está siendo el menos mediocre de los grandes. Y el Atlético suena a serio aspirante a todo a poco que Griezmann y sus figurones sean más efectivos; más fiables, en definitiva. Mimbres les sobran.
EL MURCIA SIGUE VIVO
La grandeza del Murcia también está al margen de fracasos puntuales o años de penuria; la multitudinaria respuesta a su ampliación de capital lo demuestra. El UCAM le ganó porque juega mejor y también tiene más gol, la justicia del fútbol, con un Isi Ros que cuando madure será un buen futbolista profesional. Mientras, es solo un proyecto ilusionante al que se le puede pasar el arroz; solo lleva un rato deslumbrando. Como él, y mejores, han habido muchos en la prodigiosa cantera murciana.
El domingo mañanero en la Condomina, aparte del resultado, fue un homenaje de los dos equipos a la actitud. Unos modestos y otros en precario; heroicos todos. Enhorabuena, así como al Cartagena y al Jumilla por sus gozosas goleadas. Buena temporada nos aguarda.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

NI MILAGROS SIN SANTOS NI GOLFADAS SIN GOLFANTES



Luis Enrique no hará milagros con España. Ni él es un santo ni tiene futbolistas en olor de santidad. Luis sí lo fue. Y no tanto por sí mismo, que también, como por intuir sus infinitas bondades y poner en valor a media docena de futbolistas que traslucían gloria. Los bajitos que acercó a los altares confirmaron su santidad con el milagro de hacer a nuestra selección campeona de Europa y enseguida del mundo con un franciscano del balón, Del Bosque, quien tuvo su aura de santidad en la rara humildad de continuar la labor de su antecesor. Pero el tiempo pasado no vuelve.
De los ilustres que  nos llevaron a lo más alto apenas queda Ramos, viviendo ya también sus últimas lunas aunque haya ganado en capacidad de liderazgo, también desgraciadamente empezando a ser discutido por su paisanaje.  En España somos así. Si fuera inglés, alemán o italiano, aunque tuviera algún fallo, saldría a homenaje y ovación cerrada cada vez que se enfundara la camiseta de su país. Pero, ¡ay amigo!, como ocurre con nuestra controvertida historia pasada, la leyenda negra que le han colgado los impotentes a los que ha vencido empezamos a creérnosla también nosotros. Que si da palos, que si va de sobrado, que si es anárquico, que si ya no llega… ¿Ya no recordamos a aquellos futbolistas extranjeros de corte parecido, aunque no tan laureados, que nos llevaron por la calle de la amargura tantísimos años? En fin, somos así demasiadas veces. Admiradores acomplejados de ajenos y crucificadores veletas de propios tras súbitas ascensiones a los altares.
Ya no tenemos a ningún Pujol, Xavi, Iniesta, Silva, Cesc o Villa activos o en edad de merecer. Nos quedan el sevillano y Busquets, que tampoco es el de hace años. En Zagreb se vio. Pudo hacer unos cuantos cambios de juego sencillos y pases profundos a compañeros desmarcados y no se atrevió. Ahora anda encorsetado en el seguro del juego corto, que también padecen en el Barça, para que no se le rompan las costuras. Sigue siendo un excelente medio centro, pero añoramos al que fue mejor del mundo.
Y el remate mediocre es que los jóvenes que tanto apuntaban también la prefieren cortita y al pie. Isco, y Asensio, por ejemplos, el primero por definición y el segundo por inseguridad pasajera, esperemos; se lían en medio y no profundizan lo que debieran aunque a veces asomen su clase. Alguien debe recordarles que Guti tenía tanta o más, seguramente que los dos juntos, y pocas veces fue titular indiscutible en el Madrid y nunca en la selección. Saúl también es intermitente y De Gea ataja lo que para un buen portero, pero no los imposibles y decisivos que detenía Casillas, que sí fue un santo con milagros demostrados.
En definitiva, sin santos, tampoco esperemos milagros de Luis Enrique; más hereje que beato. Lo demuestran sus controvertidas decisiones y la errática explicación que dio tras lo de Croacia, comparada con las dadas tras sus triunfos en Londres y Elche; ahora resulta que está formando jugadores jóvenes. ¿Oiga, y la sub 21 para qué es? A fin de cuentas, sus efímeros éxitos en el Barça, por decir algo bueno, fueron más por ‘san Messi’ que por sus virtudes de estratega.       
   
DESVARÍOS Y DERBI MURCIANOS
Califiquen ustedes de listo y tonto a quien les parezca, contrastado que De la Vega compró a Moro sus acciones del Murcia sin pagarle un euro, aunque le aguarde un complejo panorama judicial para hacer buena la opción de compra que ejecutó por mucha razón que le hayan dado las instituciones deportivas. Y así, aun con dudas respecto a los tejemanejes del extremeño y sus cuates, pasemos página hacia la presunta golfería.
¿Trincaron irregularmente del club quienes propiciaron la llegada del mexicano y luego su expulsión para el aterrizaje de Gálvez?  ¿Dónde está el dinero de los abonos y la publicidad de esta temporada? ¿Hay algún acuerdo oculto de no molestar que propiciara la llegada del nuevo consejo? ¿Para cuándo las demandas por el dinero negro y blanco desaparecidos? Hay pruebas clamorosas.
Y el derbi se lo llevó el Cartagena porque tiene gol y el Murcia no. Aprovechó sus escasas ocasiones en veinte minutos buenos, desde que Munúa acertó sacando al bético Gracia y cambiando de banda a Moyita, y los granas desaprovecharon media docena en sus superiores setenta; ganas le echaron, pero no basta ante un equipo con el empaque  albinegro.
    


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