lunes, 28 de enero de 2019

NO SON TODOS LOS QUE ESTÁN



Aunque estén en plantilla, no todos sus futbolistas tienen categoría para estar en el Real Madrid ni en el Barça, que siempre será la máxima. En el Atlético sí tienen un nivel parejo y acorde con sus exigencias reales, ser el tercer grande, con una estrella como Griezman que les facilita mantener su tipo en el fútbol español y europeo. En parecida situación está el Sevilla.

El Barça sin Messi es mucho menos y el Madrid sin un goleador consumado es demasiado previsible. Así, el Barça se torna asequible para cualquier rival cualificado, aun poniendo en liza varios de los mejores del mundo, y el Madrid pierde sus señas de identidad, salvo la raza, que a ratos parece imprimirla su escudo. En los partidos de Copa en Sevilla y en Madrid, los blaugranas fueron un equipo ramplón y los merengues necesitaron dominar a mansalva para hacer cuatro goles al modesto Girona, dos de ellos del incombustible Ramos, como le viene sucediendo esta temporada. Esa orfandad de gol penaliza a los blancos y los fichajes contra natura de los culés castran su producción futbolera. No obstante, ver a Casemiro, Modric o Ramos resolver papeletas goleadoras es menos sorprendente que soportar a trotones como Boateng, el chileno Vidal o Murillo enfundados con camisetas que antes llevaron Pujol, Xavi o Iniesta y aún portan el mejor del mundo, Messi, Busquets y Piqué; virtuosos del juego y del balón. Al cabo, unos son campeones de Europa y del mundo y otros solo en sueños podían imaginar su canto del cisne donde están; nunca fue el Barça un equipo para que medianías torcieran sus últimas botas.

El desconcierto del Madrid es consecuencia del aciago traspaso de Ronaldo, con dudosos sustitutivos porque no tiene relevo natural, pero algunos fichajes de los sucesivos responsables deportivos del Barça son inconcebibles y desafortunados por igual. Sin ser exhaustivos, solo Démbelé, Arthur, Lenglet y en parte Umtiti, responden a criterios homologables con la categoría blaugrana; por ejemplarizar, los destellos de Coutinho no justifican ser el fichaje más caro de su historia ni lo del turco Arda tuvo explicación. Y aquí hallamos una paradoja que como tantas otras en este juego rubrica su característica azarosa  e impredecible: el Madrid carece de cuerpo técnico desde que Florentino Pérez decidió ser el máximo responsable deportivo y, por el contrario, en el Barça, Beguiristain, Zubizarreta, Robert y ahora Abidal se han responsabilizado de esa parcela en el último decenio. Y todos enjaretan briosos corceles y petardean por el estilo.  ¿Ustedes lo entienden? La explicación es que las únicas certezas del fútbol son que el balón es redondo y su escasa ciencia, al margen de la suerte, los discutidos árbitros o el polémico recién llegado VAR, que sin ser infalible ni perfecto ayuda a una mayor equidad y limpieza en el juego.

Decíamos que Vinicius todavía es una ilusión, pero hay que resaltar su geométrico progreso. Crece poderosamente partido a partido y para la inmensa mayoría ya es titular indiscutible. Sin embargo, es solo un espejismo en la mediocre delantera blanca. Recordemos lo ocurrido con Asensio o con el mismo Isco, teniendo el balear y el malagueño bastante más bagaje que el brasileño. Hay quien incluso ya lo compara con Neymar, en un ejemplo de la exacerbación transitoria que es consustancial al fútbol para lo bueno y para lo malo. Cuando siga creciendo en sus desmarques,  regales, buenos pases y marque quince o veinte goles por temporada, podría estar a ese nivel o incluso superior, porque provoca menos, trabaja más, es menos egoísta y parece más fuerte física y anímicamente. Yo le veo más parecido por esas virtudes a Démbelé, a quien parece superar en disciplina, pero no olvidemos que el francés está contrastado y  el brasileño todavía es un juvenil con aspiraciones.

Por otra parte, a pesar de que Löw está en la recámara de Pérez, Solari puede sonar su flauta por aquello de estar en el lugar justo en el momento oportuno. Y pudiera ser si el Real se reinventara de nuevo en Europa, llegando al menos a semifinales dignamente, y ganara la Copa del Rey con Vinicius cuajado, Asensio renacido y Llorente de alternativa real a Casemiro, sin ningún goleador eficaz y logrando un sistema de juego homologable a las exigencias del Bernabéu; muy difícil, siendo realistas. Ahora está fuera para la siguiente temporada, pero en fútbol todo puede cambiar en pocos meses; el último Madrid de Zidane fue un ejemplo.   


lunes, 21 de enero de 2019

EL MADRID BIPOLAR Y MÍSTER PÉREZ


El partido contra el Sevilla quitó el sabor amargo que rumiaba el Madrid. Y bastó que los futbolistas jugaran con ganas y en su sitio, acelerando en la segunda parte el juego cansino que arrastraban.

Sin embargo, huérfanos de gol, no debería cegarle a los merengues el  partido contra los de Machín, porque aparte de que los sevillistas hicieron una segunda mitad mediocre, solo una genialidad de Casemiro desatascó lo que iba para empate a cero. Y no deben hacerse demasiadas ilusiones porque el otro de este enero también es el Madrid. Hacía tiempo que no veía a los blancos jugar tan mal como ante la Real, el Betis —aunque ganara— y el Leganés en Copa. Y, además, como un equipo pequeño dejándole la iniciativa al contrario con cinco atrás. Ese Real es un equipo empequeñecido e irreconocible que  no aspira a nada y tampoco labora futuro. Solari cogió un solar y a veces lo empequeñece hasta hacerlo un patio. Poco más o menos el de su baranda Pérez, que se entretiene en él con su nueva estrategia deportiva. Solo le falta cubrir el Bernabéu para que no se le llueva y ser bien recordado.
El ilusionista Vinicius, como símbolo, o Brahim, aún son futbolistas de segunda comparados con Asensio. Los delata la hora de definir. Sin embargo, sin restarle méritos al brasileño, sobre todo el muy meritorio desparpajo en un equipo en crisis, destacan algunos de sus lujos  porque hace imaginar a los aficionados un parque de atracciones mientras que algunos de sus compañeros sugieren un par de horas en la oficina. Puede ser una estrella en cuanto desperdicie menos balones fáciles y haga goles.

Para valorar a los delanteros prometedores que ficha el Madrid basta relativizarlos con jóvenes como Mbappé o Dembélé, que ya son campeones del mundo, golean y juegan de tú a tú con colegas como Messi y Neymar. Esa calidad y definición hay que pedir a quienes aspiren a vestir de blanco.

Por can Barça, Valverde edifica su equipo con paciencia y astucia para ir preparando las sucesiones importantes que se le avecinan, tras sortear muy justito las pasadas. No obstante, Europa medirá su futuro. Y a Simeone no le perdonarán que esta temporada tampoco gane nada. El Atlético ha apostado demasiado y seguirá haciéndolo, con Morata por ejemplo, y Gil Marín y sus socios pueden exigirle resultados a su otrora admirado Cholo; ya veremos cómo acaba. 
  
Volviendo al Madrid, Florentino Pérez asegura a sus propios que si sabe de algo es de fútbol. Y, además, del fútbol grande. Por eso presumía tiempo atrás de fichar a los importantes y dejar lo demás a los técnicos. Y ahora, Pérez, virtuoso converso por su soberbia tozudez, quiere llevarle la contraria al desorbitado mercado que él ayudó a crear como nadie, probando sus conocimientos futboleros con promesas para hacerlas figuras en el Real.  Todo lo contrario de lo que defendió cuando cedía a los jóvenes para que crecieran. Si esos disparatados cambios de criterio se midieran en balance sería aterrador. Como los carísimos errores que cometió con los galácticos tras sus exitosos Figo, Zidane y Ronaldo Nazario. El Madrid funcionó bien en los últimos cinco años gracias a la clase media: Ramos, Alonso, Modric, Casemiro, Varane, Marcelo o Carvajal, cuya gestión la llevaron otros, y al ilustre Cristiano, a quien no quiso tampoco de joven cuando pudo birlárselo al Manchester desde Lisboa.

Finalmente, malmeten por la esquina informada del Bernabéu —yo no lo creo—, asegurando que el propio Pérez susurra a su dócil Solari alineaciones y tácticas en noches de insomnio compartidas telefónicamente. Guarde Dios a los merengues porque sus éxitos iniciales fueron con su despreciado Del Bosque y los últimos con su aborrecido Cristiano. Al míster Pérez le faltarían hervores y al presidente Florentino le sobrarán pañuelos.

EL SOLAR MURCIANO

Así dejaron al Murcia los Gálvez, pero meses después aún no les han exigido responsabilidades. Dicen que falta la contabilidad para probarlo, pero solo se necesita saber los abonos vendidos y demandar adónde fue el dinero. ¿Es que tampoco funcionó la administración concursal?

Una pena por sus esforzados gestores, que también asumen conscientemente el riesgo de dejar otro patio en lo deportivo.  Todavía sueñan algunos por los últimos resultados, pero no reparan en el fútbol del Murcia. Sin juego ni goles, solo queda la esperanza sabia del añorado doctor Ripoll: “si no nos marcan ningún gol, normalmente debemos puntuar”.  Es la triste realidad, amigos.    
       

sábado, 5 de enero de 2019

IBARRA NO HA MUERTO



Solo te has ido a descansar de tanta vida, Juan Ignacio, porque si la vida de un hombre se pudiera medir por la pasión derrochada, tú has vivido varias.

Como hijo de otro grande, actor y dramaturgo también, al que tanto admiraste, honraste y quisiste, de ahí tu arrebatador empeño en crear una Escuela Superior de Arte Dramático en nuestra Murcia; se lo habías prometido a tu padre. Palabras mayores en tu sentido de la lealtad.

Como periodista vocacional y de raza. De ahí tus innumerables aportaciones durante más de medio siglo en cuantos medios han contado contigo; prácticamente todos, tanto en radio, prensa y semanarios como televisiones. No ha habido un periodista murciano más conocido que tú en nuestra región. Ni fuera de ella. Todavía la semana pasada me preguntó un matrimonio que te vio pasar si eras Ibarra. Y te miraron admirados sin que reparases. Y eso que ibas camuflado por tus últimas circunstancias.

Como comunicador poliédrico, único en tu especie, porque tampoco ha habido nadie en Murcia con tu forma de hacer radio, sobre todo, o televisión. Información y comentarios actuando. Tu estudio, un teatro con el escenario lleno por ti solo con esa emblemática voz rota. Ratos incomparables y horas infinitas con miles de oyentes o espectadores pendientes de cada gesto o afirmación de Ibarra. Hasta escribiendo o conferenciando. Tu estilo inconfundible es el guión de una comedia, drama o tragedia, según toque cada día. Y en tres actos, como cualquier dramaturgia clásica, pero con tu chispa creativa. La acción, el lugar y el tiempo se suceden o intercambian según convenga para una mejor comprensión de lo que trates. Y lo mismo sus protagonistas y el lenguaje; culto, llano, sencillo o complejo, metafórico o directo, en presente, en pasado o en futuro.  Todo en función de las entendederas del público y del tema.

Como maestro en sentido amplio. Por eso la práctica totalidad de quienes pasaron por tus manos o fueron tus compañeros han reconocido tu magisterio En la radio, en prensa, en la tele, en las aulas de tu Escuela o dirigiendo teatro. Recitando eres un volcán arrebatador para los asistentes, y conferenciando aún más. En fin, Maestro, en cuanto tocas.

Y, finalmente, como amigo; faceta en la que más te conozco. He escrito varias veces sobre ti, Juan Ignacio, y esta no la quería. Una vez te titulé en prensa como un murciano irrepetible, y otra, en un poemario, hablé sobre tu generosidad sin límites para cuanto te  pidiera un amigo, o incluso cualquiera que te necesitara. E hice referencia a tu pasión genética como el motor que movía tu alma, y a tu enorme sensibilidad como las majestuosas alas transparentes que acarician cuanto te rodean. Y ahora añado que también eres pedernal cuando corresponde y lanzallamas con quien lo merece, aunque los perdones se te caigan de las manos al  menor gesto de bondad de quien sea.

Y como has tenido tantos amigos, conocidos, discrepantes, agradecidos, rivales, contrariados, colegas, alumnos o simplemente seguidores, imagina cuántas vidas has vivido por y para ti mismo y para tantísima gente. Y críticos también, pero sin poner en duda nunca tu número uno.

No has muerto, no. Te has ido. Y lo has hecho despidiéndote de lejos. O sea, sin despedirte. Un mutis por el foro, como los grandes. Un hasta luego. ¡El hasta pronto!, que tan bien recitaste con Marcial, con Pepe y conmigo el mismísimo viernes pasado en un teatro. Porque como dice un amigo común, mientras te sigamos recordando vivirás. Y mientras te recuerden mañana, también. Y cuando pasen los años y te estudien o citen en cualquier aula, en cualquier medio de comunicación o los vecinos de esa calle que tienes en Murcia o en los lugares que rebauticen con tu nombre, que lo harán, seguirás viviendo. Tan real como tu prodigiosa memoria y tu vasta cultura.

Y has partido estando yo en Ronda. Tú, que no eras taurino, pero sí torero rematao, te me has ido estando en la cuna de un arte también grande. ¡Qué arte tienes, Maestro! Y has dejado a tus últimos mosqueteros huérfanos los jueves. Faustino, Antonio y Carlos, los auténticos, y Núria y yo tendremos que reinventarnos. Mira que no anticipárnoslo ni en Noche Vieja. Sería para no molestar, como siempre. 

Ayer escribía a otro amigo común preguntándome cuánta soledad le cabe a un corazón en pena. Tal vez un presagio.

Hasta luego, queridísimo amigo. Descansa en paz.   



lunes, 24 de diciembre de 2018

DEL CUENTO AL ESPERPENTO Y LA ESPERANZA



Tan bonito es soñar situaciones agradables como horroroso despertar con pesadillas. Y al recordarme — que se decía en la huerta — del cuento soñado la semana pasada, hallé en el mundillo futbolero una esperpéntica amenaza: Mourinho cabalgaba de vuelta un ex brioso corcel tordo, blanco casposo ya de viejo.
De nuevo en el banquillo del Bernabéu. Otra vez en la Liga. Los forofos merengues y sus contrarios reverdeciendo horrores satanizándose con sus disparates. La palabra incendiada. La mesura por los suelos con dedos acosadores y agresivos y caballitos grotescos a lomos de cualquier paniaguado. Pancartas desvergonzadas. Un equipo convulso, una afición dividida hasta el odio y un presidente agilipollado. Y lo que es peor, una plantilla permanentemente bajo sospecha, viejas estrellas desacreditadas y un equipo desarbolado por su entorno inmediato con la consecuencia de jugar a  nada y ganar menos. Pero como todo tiene principio y fin, menos la energía, volví a entornar los ojos e imaginé la causa de mis pavores: la inseguridad, la avaricia o la intoxicación y el miedo. La inseguridad de algunos directivos blancos de pijama y orinal, la avaricia de ciertos medios de comunicación para vender más a costa de lo que sea o los correveidiles que Pérez tiene por ahí juntando letras para sondear a la plebe, y el miedo de quienes temen que la magnífica etapa blanca de los últimos cinco años llegue a su fin; justo desde que el depredador luso se marchó o lo marcharon.
Y desde la realidad de ser un  imposible teniendo a Löw en la recámara, mientras Solari persigue su lugar al sol con Abu Dabi como última etapa, pude descansar de nuevo. ¡Uf, que susto!
El Madrid ha ganado otro desvalorizado Mundial, con el único aporte de encontrar en Marcos Llorente un jugador apreciable que andaba despidiéndose de sus compañeros, y además canterano, porque el sueño presidencial del renacimiento de Bale como goleador seguro es solo humo nuevo sobre rescoldos viejos. Sus tres goles ante unos japonesitos que aquí estarían en Segunda B, o como mucho coleando en la A, son ‘milnovecientosna’. Y, eso sí, alargan una racha titulera que entona el camino sin retorno a una inevitable travesía desértica. El futuro espera a los madridistas, pero no debe enturbiarles las entendederas. Tras la marcha de un ciclón siempre hay que reconstruirse.
El Barça sigue a todo trapo sobre el infinito abanico de posibilidades que ofrece Messi. Un futbolista excepcional que ayuno de sus antiguos suministradores de balones francos se reinventa cada partido. Deleita, golea, hace jugar, contagia, lidera, mejora a sus compañeros, imagina, muerde y no descansa hasta ganar, ganar y ganar, que diría el recordado Luis Aragonés. ¡Qué lujo de futbolista!, para muchos, entre los que me encuentro, el mejor de la historia si los tiempos fueran comparables. La Liga es difícil que se les escape, pero es que ahora vemos que el objetivo fundamental desvelado por el argentino de ganar la Champions se antoja más cerca. El Barça y la Juventus tienen más argumentos que nadie porque se manejan con los dos mejores del mundo de la última década. Dos monstruos que se echan de menos en sus competiciones domésticas y que se han retado en Europa. Uno por quitarse sequías recientes que le roen los adentros, el otro, Cristiano, por reafirmar su hegemonía a despecho de su antiguo club, y los dos porque su cadena genética es un sinfín de trofeos: el ADN que los iguala. Ambos pertenecen a la familia de la docena de futbolistas que han marcado épocas en el fútbol. Nuestra gozosa esperanza es soñar que continúen medio lustro.

AGUILANDO MURCIANO

La Pascua nos ha traído el liderato del UCAM, el subidón del Cartagena, la continuidad airosa del Jumilla y el resurgimiento del Murcia con tres triunfos seguidos. El último de tanto valor que ha destronado al líder.
Los inverosímiles universitarios del deportista excelso y futbolero Mendoza están haciendo bueno el extraordinario trabajo de Munitis: con el presupuesto más austero de los tres grandes regionales, divierte, puntúa y manda en la clasificación. Y, encima, saca partido a canteranos y brillo a veteranos y promesas. ¡Cuánto mérito!
Los blanquinegros del ahora rutilante Munúa están haciendo del Cartagonova un castillo inexpugnable, que es el camino más seguro hacia la categoría superior. ¡Bendita esperanza!
Y los granas del valeroso Herrero se sobreponen a sus tenebrosas circunstancias, apoyados dentro y fuera por murcianistas de pro. El Murcia se resiste a morir. ¡Qué grandeza!   
       


CUENTO NAVIDEÑO



La nieve pesa más que los sueños, con los que a veces imaginamos paraísos. Y rodeado de esos copos blancos que refrescan el alma y endulzan los ojos, rebusco en la alforza de mis recuerdos para despertar un lunes esperanzado.
Isco ha estirado su cuerpo al compás de un alma grande hasta levitar sobre el césped sin que le pese nada.  Juego ágil, de cara, a uno o dos toques, o regate hacia delante y desmarque rápido para recibir y ponérsela sutilmente al compañero en ventaja u hollar la red como si nada.  Entorno los ojos y pienso que Iniesta ha retornado veinteañero y merengón.
Asensio ha logrado pegarse el balón a la bota para conducir con seguridad y peligro directo. Y la antigua rapidez hacia cualquier sitio se ha tornado  productiva. Goles y asistencias inapelables. Gordillo y Michel, aquellos celebrados socios futboleros, se han fundido en un futuro balón de oro.
Bale  ha cambiado cristal por acero y corriendo la banda izquierda rompe cualquier defensa o partido con pases de la muerte y goles. Gento cabalga de nuevo.
Benzema piso más barro y menos moqueta y las enchufa con regularidad. Amancio ha vuelto gabacho.
Un error en la partida de nacimiento de Messi confirma que el argentino tiene diez años menos. Maradona, Kubala y Cruyff vestirán un decenio más la zamarra azulgrana cuan futbolísima trinidad.
El Barcelona entiende que el fútbol es más importante en España y en el mundo que la pajiza generalidad independentista y sus laceros. Los azulgranas recuperan tanta deportividad como nobleza y vuelven a enganchar sin reservas.
Florentino y Cristiano se arrepienten ante la soflama de un antiguo predicador: ¡”arrepentíos, pecadores”!, se piden perdón mutuamente y el luso vuelve a Chamartín en el mercado de invierno. El Madrid gana otra Champions, Pérez iguala a don Santiago y el archigoleador logra su sexto Balón de Oro.
Simeone cambia el percal por la seda y logra enjaretar su anhelado buen juego. El Atlético gana enamorando, logra otro doblete y el joven Gil emula a su padre con un desfile madrileño acolchonado, aunque sin faroles, enanos ni caballo.
Y así continué soñando hasta evaporarme. Despertar fue lo peor. ¿Cómo demonios pueden ocurrir esas cosas? Pero lo malo es que ocurren. No los sueños, sino las realidades. ¿Cómo pueden ser así con las magníficas condiciones que tienen? No quiero reiterarme, así que les dejo a ustedes su calificación; figurillas, soberbias, edades, política, estilos traperos… ¡Qué penas más grandes!

GOLES A UNA CASA CON BALCONES

Tres eran tres y ninguno era bueno. El primero sigue desaparecido, el segundo amaga con absurdos y el tercero vació. A falta de goles en el terreno de juego, goleadas de despropósitos y golfadas en los despachos. Dicen que el extremeño puso algo, que el mejicano nada y que el oriolano se los llevó, hasta ennegrecidos, aunque parece que antes abocó algo.  
Y después han llegado murcianos en bandada para remediar la agonía, pero qué mustios son los duelos en casa del pobre por muchos deudos que tenga. ¡Ay, esa soledad del presidente en el palco!
La afición llora penas entre cánticos y esperanzas desmochadas con pocas migajas en el corazón de esa gran casa con balcones que parece la mal llamada Nueva Condomina, que aparte de estar como el palo de un gallinero ni es condominio ni tiene nada que repartir. ¡Qué mérito tienen esos miles de murcianistas incondicionales! Lo más valioso del Real Murcia, aparte de su centenaria historia. Y a propósito, hay quien se lamenta continua y desabridamente de lo mal que se han hecho históricamente las cosas en el club grana. No reparan en que también hubo grandezas y gente de tanto esfuerzo como valía para que todavía respire. Tal vez debieran preguntarse algunos, antes de lanzar más piedras baldías, qué han hecho ellos por el Murcia. Es peor y más feo no hacer y criticar que equivocarse. A nadie se le ha negado nunca echar una mano.
Por eso, tanto los miembros de la Plataforma como los del Consejo, los peñistas y los accionistas merecen el apoyo del murcianismo en general. La lástima es que afloren desavenencias en este tiempo turbulento.
También sueño con el Murcia en Primera y las cuentas al día. Que es de miles de murcianistas y se gestiona bien. Y con un estadio lleno donde se cantan goles triunfantes. Y con el Cartagena y el UCAM en superior categoría. Se lo ganaron a pulso. No quiero despertar.
Feliz Navidad.  

martes, 11 de diciembre de 2018

DE PELÉ A CHOCHÉ



Al choché derivado de chocho del verbo chochear. Porque mi admirado y el de millones de futboleros, Edson Arantes do Nascimento, ‘Pelé’, parece que chochea.
La admiración general como futbolista nos la produjo viéndole jugar en su exitoso Mundial de 1970 en México, ya con treinta años,  tras el fiasco que supuso el del 66  en Inglaterra porque fueron a por él hasta que lo lesionaron entre el búlgaro Zhechev  y el portugués Morais,  y también porque a lo largo de los años fue coherente. Pero ahora, en una entrevista  en Brasil, aseguró que Maradona era mucho mejor que Messi. Y dicho así es respetable porque debe saber de esto infinitamente más que la mayoría y para gustos están los colores. Lo malo fueron los adornos, que diría Juncal: argumenta que el actual barcelonista, en comparación con el anterior, solo tiene un regate y una pierna y no va bien de cabeza. Es decir, justos los mismos defectos que achacó trece años antes a Maradona, en enero de 2005, en una entrevista en España.
Entonces respondía al  ‘Pelusa’ por bocazas y engreído, pero ahora Pelé debe estar choché, aunque sea prematuro a sus 78 años. Una inmensa pena por el referente mundial que representa y porque nunca fue tan contradictorio.
Al margen de gustos, los números y las estadísticas son concluyentes. Maradona marcó 352 goles en una carrera de 692 partidos oficiales, a un promedio de medio gol por partido, y Messi lleva 631 en 779 a un promedio de 0,81 goles por encuentro, usando la izquierda en ocho de cada diez dianas como hizo su ahora ajado compatriota. Y en cuanto a títulos individuales y colectivos la comparación es infinitamente favorable a ‘La Pulga’, aunque le falte un Mundial, como al tercer argentino prodigioso: don Alfredo Di Stéfano.
Citamos a la Saeta Rubia porque Pelé amplía su afirmación señalando a otros y a él lo ignora. Muchos también preferimos los grandes futbolistas que utilizan más del tercio de campo que pisa Messi, idéntico al de Maradona y cercano al del mismo Pelé: desde el centro del campo hacia la línea de gol contraria, escorados normalmente a una banda los dos argentinos y más centrado el brasileño. Por ejemplo a Cruyff, que pisaba dos tercios, desde su línea de medios a la línea de gol contraria por cualquier lado, y sobre todos a Di Stéfano, que iba de un área a otra en la misma jugada, dándose casos de verle defender un córner de cabeza en la suya y rematar a gol el contraataque subsiguiente en la contraria. Un auténtico todocampista con el gol, la rapidez y el liderazgo por banderas. Don Alfredo fue el futbolista más completo. El propio Pelé lo reiteraba hace años. No sé si ahora, por su prematura chochez, lo olvida.
En todo caso, es ocioso dogmatizar en el fútbol y señalar a nadie como el mejor de la historia estableciendo comparaciones individuales porque las épocas y condiciones competitivas son diferentes. La velocidad a la que se juega ahora es superior a la de entonces, así como las facultades atléticas que priman y el mimo a los profesionales por parte de técnicos y sanitarios, pero también es verdad que los antiguos terrenos de juego estaban mucho peor que los de ahora, los balones eran más rústicos y los árbitros cuidaban menos a las figuras; para echar a un jugador poco menos que debía romper alguna pierna. Tampoco los intereses económicos son los mismos ni los medios de comunicación analizaban tan al detalle ni los árbitros tenían tantas ayudas, cuestiones que influyen más de lo que parece. Como en la agricultura, cada cañada tiene su añada y cada tiempo su fruto.
Lo indiscutible es que Maradona y Messi están tan en la historia como Pelé y los citados, aunque algunos pensemos lo contrario de ‘O Rey’. Que vea, si no, el partido de don Leo el sábado en Cornellá; una enciclopedia de fútbol, hasta bajando a recuperar balones perdidos, con un Barça extraordinario a sus órdenes. Tomen nota algunos figurines que nombramos a menudo.

Y apunten los merengues a Löw como su próximo técnico, Y esta fecha, prenavidad de 2018.

 MELÉ
Todos empujándose por tomar decisiones alrededor de una ruina: el consejo, los de la plataforma, el máximo accionista, el mexicano, el TAS, la Federación, los administradores concursales y alguien piensa que hasta  golfos desde fuera. ¿Quién manda en el Murcia?

Parece que todos y nadie. Mal asunto.

jueves, 6 de diciembre de 2018

NO ME LLAMES DINERO, LLÁMAME FALSO



Emulando al viejo estribillo de Concha Piquer de “no me llames Dolores, llámame Lola”, cualquier aficionado podría cantar lo anterior. Y también, no me llames calidad, llámame mentira. 

Ahora que la pasta impone su dictadura en el fútbol de élite y hasta en el modesto, nadie puede asegurar que se juega mejor que hace cuarenta años. Ni citar ningún equipo hecho a golpe de talonario que haya triunfado proporcionadamente a tal ventaja. Ni que Isco sea mejor que cualquiera de los tropecientos magos aparentes que han pasado por nuestro fútbol. Su partido frente al Melilla no debe cegarnos; ese juego, como le hubiera dicho un célebre torero bragado con miuras, contra el Barça o el Atleti para ser auténtico.  A ciertos deslumbres puntuales, que los tiene, hay que añadir su modo cansino de bajar a recuperar la pelota o la posición. Así tendremos un reflejo de su aporte al conjunto, como de la mayoría de engañosos fenómenos medias puntas que pululan por el fútbol.

El dinero como triunfo, a secas, es una solemne mentira aplicada al fútbol, igual que a tantas otras cosas de la vida. Es solo un medio, y consecuencia en el mejor de los casos, pero nunca causa de ningún éxito vital ni deportivo. Quienes defienden tal explicación para montar su manual de éxito tienen la ignorancia como realidad propia o émula, que es la antítesis de toda ciencia, reflexión seria o personalidad. Puede ayudar a conseguir objetivos, pero no garantiza nada, salvo la libertad en la vida, que es su fin más noble junto a la solidaridad generosa. 

Y en el fútbol, aparte de la ausencia de valores, genera frustración por falta de resultados previstos, el desprestigio o la ruina. Y cuando don dinero consigue algo nunca garantiza su continuidad; miren el Chelsea. O la Liga inglesa: la que más dinero recauda y donde más dinero invierten fortunas extranjeras, pero en los últimos veinte años solo han ganado tres clubes británicos la Champions y no han hecho nada a nivel de selecciones. O El Madrid ganador de cuatro Champions en los últimos cinco años, cuando menos dinero gastó, en contraste con el prepotente florentiniano de sus primeros seis años, cuando Pérez hubo de huir por la gatera por incapacidad de barajar su engendro y la orfandad de resultados. Y allende los Pirineos, el PSG cabalga un corcel millonario desbocado hace años y aún no ha conseguido nada en Europa.

A veces coinciden los jugadores extraordinarios con los clubes más poderosos, fichados o no a golpe de millonadas, pero eso solo explica éxitos esporádicos. Guardiola se encontró en el Barça al extraordinario canterano Messi sin explotar, aún no había ganado ningún balón de oro, y fue quien le dio rienda suelta para que fructificara en cuatro consecutivos a partir de 2009, imprescindiblemente ayudado, claro, por otros canteranos irrepetibles a los que dio el mando blaugrana. La herencia que dejó el defenestrado Calderón con Ronaldo tiró  del carro en el Madrid hasta encumbrarlo en Europa costando lo mismo que luego Bale, quien sigue siendo una incógnita. Kaká llegó al Bernabéu también por empeño personal de Pérez y otra millonada y nunca deslumbró. Ahora, Solari está esperanzando al Real Madrid con jugadores de segunda fila en lo cualitativo y económico, pero con hambre y canteranos, como Lucas Vázquez, Reguilón o Marcos Llorente; la última sorpresa. Buen principio para la tan necesaria como inevitable transición tras la pérdida de gol con la marcha de Cristiano. Ya lo hizo Miguel Muñoz con el Madrid yeyé tras la baja de Di Stéfano en 1964. 

Dinero y calidad, sí, pero hace falta mucho más: inteligencia en la dirección; imaginación, creatividad y valentía de los técnicos; paciencia, actitud,  coraje sobre el césped y suerte. Mucha suerte.

¡CATE EN BREVAS, NUESTRO MURCIA!
Ahora que el grandísimo murcianismo da el do de pecho en todo, los resultados deportivos no acompañan. La cruzada de sus esforzados dirigentes se antoja muy complicada. Sortear las trabas societarias, federativas y económicas; renegociar contratos con determinados y  hasta sufridos futbolistas; empitonar judicialmente a los ex dirigentes golfos de ayer y antes,  que vaya bandas; mantener la moral de profesionales y aficionados, que no es baladí; cebar la bomba del murcianismo y rearmar la unión de sectores básicos murcianistas, penosamente esturreados; aglutinar a los poderes sociales, políticos y económicos en torno a la grandeza del club y hacer un proyecto ilusionante. ¡Ahí es nada! 

Muchos, al aire de su extraordinaria afición, dudan entre la refundación y el heroísmo de esta gente.

Mientras, el Jumilla bien, el Cartagena irregular y el UCAM a reengancharse. Ánimo.


lunes, 26 de noviembre de 2018

LA ACTITUD Y LA GRANDEZA NO SE COMPRAN



Modric quería irse este verano a Italia por la menor presión fiscal, siguiendo los pasos de Cristiano aunque sin enfado, y Bale continuó porque se fue el portugués. Pérez, ante el desencanto del galés, se lo había filtrado por boca de ganso antes del desbarre del archigoleador en Kiev, pero su actitud y la del croata están en mínimos. 
El mandamás blanco sabía que esa fuga ocurriría más pronto que tarde. Solo desconocía la fecha. Méndez, su intermediario de cabecera años atrás, le había advertido meses antes del cabreo preocupante de Cristiano por el incumplimiento de su reiterada promesa de renovación de por vida, ganando como el que más, tras ganar la decimosegunda. Pero en ese pulso de soberbias Pérez es mucho Florentino, más hecho y frío que el infantiloide luso. Y como ocurre a veces afortunadamente, por la maldad del egocentrismo, en el pecado lleva la penitencia de esta temporada el omnímodo empresario. Lo peor es el triste deambular madridista con el desastre de Éibar como última cuenta de un rosario que se antoja como aquel de la aurora que acabó a farolazos. La grandeza del Real Madrid no merece que se la jueguen  al yo más que tú dos personalidades pasajeras por muy acusadas y exitosas que sean. Afortunadamente, por otra parte, la excelsa categoría blanca permanecerá ligada a su historia porque un club tan laureado está por encima tanto de compras y ventas como de pasajeros y temporadas aciagas.  
En ese duelo tan evitable como larvado de Ronaldo y Pérez, uno de sus errores más graves como advertimos en junio a pesar del forofismo merengue, el futbolista ha ganado económicamente y va ganando en lo deportivo: líder destacado con la Juventus y pichichi con nueve goles en trece partidos, superando un record juventino goleador de hace cincuenta años y a símbolos como Inzaghi o Trezeguet. Ya veremos si al final de temporada consuma el doblete pasta/títulos, agregando la Champions al seguro campeonato doméstico.  Y puede ser un triplete si agrega el factor imagen mundial; la final de selecciones europeas a cuatro puede propiciárselo.
La aptitud puede comprarse, la actitud no. Nadie duda de la calidad de Modric, Bale, Varane o Kroos  ni de ninguno de los futbolistas blancos, pero es evidente que los cojones que abandera Solari  continúan gárgoles o lucen garlitos; estériles o uno solo a la vista aunque parezcan dos, que de apariencias también viven algunos.
Quienes sí lucieron hombrías fuero los de Mendilíbar, con el sorprendente canterano blaugrana y lateral extremo Cucurella a la cabeza, que le echaron lo que fue menester como suelen hacer en su reducido estadio y debería haber previsto el auxiliar ascendido Solari sacando una alineación más cojonuda que artista. Seguramente, sus figuras entrarían bufando al vestuario tras la dura derrota, y el argentino debería haberles dicho que esos cojones en Despeñaperros, como le dijera en Atocha en 1908 el insigne torero Rafael Gómez Ortega, ‘El  Gallo’, a la máquina del tren que le había llevado de Sevilla a Madrid viendo como soplaba desaforadamente humos en la estación, tras haber renqueado lastimosa en las cuestas de la celebérrima sierra.
Y también lucieron bemoles en el Wanda porque juego hubo poco. Los de Valverde pelearon con la garra que define a los de Simeone, rescatando un merecido punto al final por medio del tan sospechoso como arabesco Dembélé.  El Barça, aunque solo ha lucido a ratos sus excelencias, huele a reverdecer título porque está siendo el menos mediocre de los grandes. Y el Atlético suena a serio aspirante a todo a poco que Griezmann y sus figurones sean más efectivos; más fiables, en definitiva. Mimbres les sobran.
EL MURCIA SIGUE VIVO
La grandeza del Murcia también está al margen de fracasos puntuales o años de penuria; la multitudinaria respuesta a su ampliación de capital lo demuestra. El UCAM le ganó porque juega mejor y también tiene más gol, la justicia del fútbol, con un Isi Ros que cuando madure será un buen futbolista profesional. Mientras, es solo un proyecto ilusionante al que se le puede pasar el arroz; solo lleva un rato deslumbrando. Como él, y mejores, han habido muchos en la prodigiosa cantera murciana.
El domingo mañanero en la Condomina, aparte del resultado, fue un homenaje de los dos equipos a la actitud. Unos modestos y otros en precario; heroicos todos. Enhorabuena, así como al Cartagena y al Jumilla por sus gozosas goleadas. Buena temporada nos aguarda.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

NI MILAGROS SIN SANTOS NI GOLFADAS SIN GOLFANTES



Luis Enrique no hará milagros con España. Ni él es un santo ni tiene futbolistas en olor de santidad. Luis sí lo fue. Y no tanto por sí mismo, que también, como por intuir sus infinitas bondades y poner en valor a media docena de futbolistas que traslucían gloria. Los bajitos que acercó a los altares confirmaron su santidad con el milagro de hacer a nuestra selección campeona de Europa y enseguida del mundo con un franciscano del balón, Del Bosque, quien tuvo su aura de santidad en la rara humildad de continuar la labor de su antecesor. Pero el tiempo pasado no vuelve.
De los ilustres que  nos llevaron a lo más alto apenas queda Ramos, viviendo ya también sus últimas lunas aunque haya ganado en capacidad de liderazgo, también desgraciadamente empezando a ser discutido por su paisanaje.  En España somos así. Si fuera inglés, alemán o italiano, aunque tuviera algún fallo, saldría a homenaje y ovación cerrada cada vez que se enfundara la camiseta de su país. Pero, ¡ay amigo!, como ocurre con nuestra controvertida historia pasada, la leyenda negra que le han colgado los impotentes a los que ha vencido empezamos a creérnosla también nosotros. Que si da palos, que si va de sobrado, que si es anárquico, que si ya no llega… ¿Ya no recordamos a aquellos futbolistas extranjeros de corte parecido, aunque no tan laureados, que nos llevaron por la calle de la amargura tantísimos años? En fin, somos así demasiadas veces. Admiradores acomplejados de ajenos y crucificadores veletas de propios tras súbitas ascensiones a los altares.
Ya no tenemos a ningún Pujol, Xavi, Iniesta, Silva, Cesc o Villa activos o en edad de merecer. Nos quedan el sevillano y Busquets, que tampoco es el de hace años. En Zagreb se vio. Pudo hacer unos cuantos cambios de juego sencillos y pases profundos a compañeros desmarcados y no se atrevió. Ahora anda encorsetado en el seguro del juego corto, que también padecen en el Barça, para que no se le rompan las costuras. Sigue siendo un excelente medio centro, pero añoramos al que fue mejor del mundo.
Y el remate mediocre es que los jóvenes que tanto apuntaban también la prefieren cortita y al pie. Isco, y Asensio, por ejemplos, el primero por definición y el segundo por inseguridad pasajera, esperemos; se lían en medio y no profundizan lo que debieran aunque a veces asomen su clase. Alguien debe recordarles que Guti tenía tanta o más, seguramente que los dos juntos, y pocas veces fue titular indiscutible en el Madrid y nunca en la selección. Saúl también es intermitente y De Gea ataja lo que para un buen portero, pero no los imposibles y decisivos que detenía Casillas, que sí fue un santo con milagros demostrados.
En definitiva, sin santos, tampoco esperemos milagros de Luis Enrique; más hereje que beato. Lo demuestran sus controvertidas decisiones y la errática explicación que dio tras lo de Croacia, comparada con las dadas tras sus triunfos en Londres y Elche; ahora resulta que está formando jugadores jóvenes. ¿Oiga, y la sub 21 para qué es? A fin de cuentas, sus efímeros éxitos en el Barça, por decir algo bueno, fueron más por ‘san Messi’ que por sus virtudes de estratega.       
   
DESVARÍOS Y DERBI MURCIANOS
Califiquen ustedes de listo y tonto a quien les parezca, contrastado que De la Vega compró a Moro sus acciones del Murcia sin pagarle un euro, aunque le aguarde un complejo panorama judicial para hacer buena la opción de compra que ejecutó por mucha razón que le hayan dado las instituciones deportivas. Y así, aun con dudas respecto a los tejemanejes del extremeño y sus cuates, pasemos página hacia la presunta golfería.
¿Trincaron irregularmente del club quienes propiciaron la llegada del mexicano y luego su expulsión para el aterrizaje de Gálvez?  ¿Dónde está el dinero de los abonos y la publicidad de esta temporada? ¿Hay algún acuerdo oculto de no molestar que propiciara la llegada del nuevo consejo? ¿Para cuándo las demandas por el dinero negro y blanco desaparecidos? Hay pruebas clamorosas.
Y el derbi se lo llevó el Cartagena porque tiene gol y el Murcia no. Aprovechó sus escasas ocasiones en veinte minutos buenos, desde que Munúa acertó sacando al bético Gracia y cambiando de banda a Moyita, y los granas desaprovecharon media docena en sus superiores setenta; ganas le echaron, pero no basta ante un equipo con el empaque  albinegro.
    


jueves, 15 de noviembre de 2018

ENJUGASCAOS



Estaba jugando de dulce el domingo pasado al medio día el UCAM en la Condomina, ya mediada la segunda parte, con el torreño estilista Isi Ros en un extraordinario estado de forma, cuando un cachondo gritó en la grada hasta tres veces intermitentes, ¡gol del Betis! Y automáticamente se volvieron varios aficionados con mirada de asombro, como esperanzada, envuelta en una media sonrisa que traslucía su corazón merengue. Y es que el personal contento tiene ganas de marcha cuando nos enjugascan los goles del fulibán. Los viejos aficionados saben que esa expresión divertida no tiene nada que ver con el Barça ni con el Madrid ni con nada que no sea un desahogo bienhumorado de los muchos que circulan por las gradas futboleras. Y los taurinos también, porque responde a la irónica expresión de un malhumorado Rafael Álvarez, Búfalo en la magnífica serie Juncal del celebrado Jaime de Armiñán que protagonizó nuestro no menos añorado Paco Rabal. Había salido el Brujo a las terrazas de la Maestranza, molesto porque pitaban al hijo de su admirado Juncal y, además, porque su vecina de asiento no le dejaba tranquilo con preguntas continuas. Alguien le inquirió desde la calle por la bronca que se escuchaba, y el ocurrente limpiabotas le respondió: “¡que ha marcado el Betis, anda ya…!” Cosas del bachiller callejero.
Y ya por la tarde, cuando el Betis marcó en efecto el tercero de sus cuatro goles, un amigo me llamó para preguntar si es que había intuido al medio día los goles de los del excelente Setién en can Barça.  Y entre risas, le dije que sí, pero que no se confiara porque los de Messi tienen mucho gol. Y así fue, aunque  luego vino fuera de guion el cuarto de los béticos del extraordinario Canales. Un cántabro que nos recuerda a otro de no menos clase y más garra, Munitis, campeón de liga y de Europa con el Madrid galáctico de Figo y Zidane, que tan bien lleva esta temporada a los universitarios de Mendoza. ¡Qué temporadón llevan y qué mérito tienen!
El Barça perdió justamente por lo azaroso del fútbol y porque el Betis hace un fútbol excelente que no lo ha llevado a encabezar la tabla por su escasez de gol. Y dentro del factor imprevisible de este juego, los sevillanos llegaron seis o siete veces ante Ter Stegen y marcaron cuatro goles, incluida una cantada increíble del sin embargo segurísimo cancerbero teutón. Cosas del fútbol.
Y lo del Madrid de Solari certifica el enjugascamiento que generan los goles.  Aún no conocemos su libreto, pero los quince goles en cuatro partidos y solo dos en contra lo licencian para acabar la temporada y quién sabe más.
Cinco goles en Madrid, siete en Barcelona y seis en Vigo nos enganchan.

EL LISTO, EL TONTO Y EL GOLFO

Sobre el quién es quién de ese trío fantasmagórico que ha manejado el Real Murcia en los últimos tiempos, Moro, De la Vega y Gálvez; les voy a dar una pista que ayudará a que vayan encasillando a los aspirantes. Resulta que el mexicano Mauricio no puso un euro para ejecutar la opción de compra de las acciones que le otorgó Moro. Y no lo hizo porque me aseguran que no tuvo que desembolsar los cuatrocientos mil que habían convenido, al comprobar, al parecer y según documentó, que el déficit causado por el extremeño superaba el millón de euros que habían puesto en el documento como límite admisible. Y, además, ejecutó dicha opción cuando faltaban escasos días para que se cumplieran los tres meses sin pagar a jugadores y empleados que también habían convenido como límite para que decayera la cacareada opción. ¿Dueño del club sin poner un chavo? Ustedes mismos.
Los entusiastas directivos que han cogido las riendas, producto de la admirable Plataforma en favor del Real Murcia, tienen tanto trabajo hacia fuera como hacia dentro: ir preparando tantas denuncias contra quienes se hayan aprovechado de un moribundo como recabar cuantos remedios alcancen para mantenerlo con vida hasta que se encuentre el único eficaz para sus males: dinero a mansalva.
Mientras, como por la Cartagena renacida y la Jumilla entusiasmada, seguiremos enjugascaos entre cábalas jubilosas, pasmosas o fúnebres, que como todo en la vida van por barrios.
Por cierto, el nuevo presidente murcianista Almela, del que hablan bien, y el dueño in péctore por el desembolso anunciado, el notorio notario Tornel, deben atajar la fuga de futbolistas importantes por los más de tres meses que les adeudan. Tras las espadas, ahora pintan bastos.  
 


lunes, 5 de noviembre de 2018

CRISIS Y MALEANTES DE CARTÓN PIEDRA



El fútbol es una feria. Luce indispensable desde el verano para celebración de aficionados y también para preocupaciones episódicas y sus disgustos. Unos disfrutan el tren de la bruja y otros el tiovivo, las tómbolas, los látigos, los coches de choque o las norias. Siempre es igual, aunque sea un juego con demasiado cartón piedra, niños ilusionados, padres rejuvenecidos, abuelos generosos y también con sus tradicionales trileros y maleantes. Nada nuevo bajo el sol.
En la del Madrid, por ejemplo, hasta le pitan asombrosamente a Ramos por atreverse con penaltis en horas difíciles, uno de sus iconos en el último decenio. Y es que les falta un adorable becerro de oro, aunque sea engañoso, por ausencia de alegría; es decir, de goles. Una crisis tan embustera que para algunos ya es pasado. Craso error. De la misma forma que la larvada del Barça tampoco se ha superado por la goleada al Madrid o por dos goles a ultimísima hora en Vallecas. Hay más gozo en los culés solo porque tienen más gol. El juego es igual de malo en relación a lo que cabe exigirles a equipos cuajados de estrellas, salvo que sean también figuritas de cartón piedra en la mayoría de los casos. Pero esa feria de vanidades y falsarios gira y gira hasta toparse con la realidad: ¿cuántos jugadores del Barça o Madrid serían hoy indiscutibles en una teórica selección mundial? No en el ayer de la temporada pasada con su Mundial. Desde luego, casi nadie del Madrid y un par en el Barça, como mucho, Messi incluido.
Al juego lo justifican los goles. A partir de ellos empiezan los sesudos analistas a buscar tropecientos pies al gato sin tener en cuenta que el fútbol es solo un juego virtuoso en el que la ciencia tiene escaso lugar. Que el gol de rebote de Vinicius, por ejemplo, vaya a descubrir un nuevo astro es tan falso como el alumbrado por los dos golazos de Asensio al Barça el año pasado o que los cinco últimos goles de Suárez le hagan mejor jugador en dos semanas. El juvenil brasileño es una promesa ilusionante, el estilista balear un proyecto sólido y el uruguayo un aguerrido delantero consumado que alterna buenas y malas rachas como todo goleador.
A lo largo de la historia no pasan de una docena los futbolistas que marcaron época por su eficacia contrastada y duradera. Ahora tenemos la suerte de seguir disfrutando en nuestra liga de uno de ellos, y hasta hace poco hemos gozado de otro durante nueve temporadas. Cuando se apaguen Messi y Cristiano vendrá una etapa oscura, como siempre, hasta que emerjan otros soles en la galaxia futbolera. ¿Neymar o Mbappé?  Pueden ser, pero al primero se le está pasando el arroz en París y al francés le faltan muchas lunas para iluminar el fútbol mundial. Si los dos juntos no hacen al PSG campeón de Europa habrán ido ascendiendo hasta alcanzar, como decía Peter, su máximo nivel de incompetencia. ¿Se imaginan a Messi y Cristiano en un mismo equipo de alta alcurnia en los últimos años?  El sentido común nos dice que ellos dos han tapado innumerables carencias a sus equipos, con la excepción del argentino en los años que jugó con Pujol, Xavi e Iniesta, quienes junto a los mejores Villa y  Busquets lideraron también a la España campeona de Europa y del mundo. Plantel difícilmente repetible.

MALEANTES POR MURCIA

La moscarda que hace años se posó en el Real Murcia nos sigue ciscando. Y sus fieles seguidores continúan haciéndose preguntas: ¿si hay dueño, quién es?, ¿tiene posibles?, ¿para cuándo una demanda inquisidora, o querella, sobre quién y adónde se ha llevado el dinero de los abonos?,  ¿hasta cuándo seguirá compitiendo el equipo sin cobrar?  
Y más, ¿dónde está Moro y qué dice? ¿A quiénes les vendió sus acciones y qué, cómo y cuántos cobraron?, ¿los trincarán por tamaño desafuero? ¿Y De la Vega? ¿Sigue a la escucha?
Los esforzados murcianistas de la plataforma benéfica tienen una ardua tarea por delante. Para empezar, aparte de pedir a Gálvez que abandone, ¿van a exigir también responsabilidades a maleantes?, ¿y qué pinta el desbordado Toni Hernández en este maloliente tinglado?

martes, 30 de octubre de 2018

¿ANDE VAS, PÉREZ?



Ese quo vadis huertano habría que preguntarle al hombre orquesta del Real Madrid tras la deriva calamitosa del que es su equipo más que nunca, sin Cristiano, y el colofón de la debacle en el Camp Nou.
Algunos queríamos albergar al principio de temporada la esperanza de que el capo de tutti blanco hubiera reconvertido su vieja afición galáctica multinacional hacia el romanticismo de la juventud y los de casa. No traer figuras extranjeras para dar opciones a los Asensio, Isco, Ceballos y compañía nos hacía ensoñar tal anhelo. Pero no es así.  Para hacer creíble tan loable estrategia debería haber explicado a sus devotos madridistas que les aguardaba un desierto hasta conseguir un equipo aspirante de nuevo a todo tras la marcha de su mejor goleador histórico. Y no hubiera sido difícil, pues la historia le hubiese dado la razón con lo que hizo en 1963 don Santiago Bernabéu cuando invitó al primer monstruo merengue, Di Stéfano, a dejar el club. Tres años después, en el 66, conquistó su sexta copa de Europa con un equipo de jugadores españoles, la mayoría jovencísimos salvo el veterano capitán Gento. Cuando se va el figurón que ha guiado a un equipo muchos años no tiene sustituto. Hay que reinventarse. 
Pero no nos engañemos, en el fondo subyace la misma realidad del antiestético fichaje de Lopetegui. El ex seleccionador fue el postre desesperado de una empachosa comida de cinco indigestos platos; los que le dijeron que no antes de sacar el antitanques y cargarse a la selección española. Y si no es así, aún está a tiempo de explicarlo. De ahí el ¿ande vas, Pérez?
La tozuda realidad es que no ha traído unas cuantas figuras porque le costaban demasiado, en un periodo en el que remodelar el estadio es su obsesión, o porque le han dicho también que no, como Mbappé antes de irse del Mónaco al PSG.  Una verdad tan tozuda como don Florentino, que tiene ya tantos años como soberbia, prepotencia y vanidad para cambiar el paso, por mucho que saque la vocecilla de humilde curica cuando se enfrenta a foráneos y a la prensa.  Ahora tiene la ocasión de demostrar su peregrina creencia de saber más de fútbol que de otra cosa — es lo que confía a sus más cercanos—. El Real Madrid está a la deriva sin timonel y sin velas, veremos si también sin gobierno.
En lo  meramente deportivo, el Barça goleó con justicia por su gran partido sin Messi. ¡Chapeau! Y Lopetegui se irá derrotado por una serie de circunstancias adversas, además de por la mala planificación crónica reciente. No recuerdo que los blancos hayan jugado tanto con los palos contrarios en lugar de con las redes. ¿Alguien recuerda otra racha semejante de casi goles en su historia? Incluso en Barcelona se puso de manifiesto con el tiro al palo de Modric que hubiera sido el empate. El Madrid jugó unos esperanzadores quince minutos y de tener fortuna en ese lance el partido hubiese sido distinto. El estado de ánimo juega demasiado en el fútbol, los culés se hubieran ido hacia arriba y el Madrid, crecido y a la contra, hubiese tenido opciones de ganar, que no de golear, porque carece de matadores.
EL QUO VADIS MURCIANO
El UCAM de Munitis —¡qué gran labor está haciendo el cántabro con sus esforzados  jugadores!— ha encontrado con los buenos resultados el buen juego. El domingo hicieron un partido espléndido ante el filial sevillista, con fases de superior categoría y media docena de canteranos en liza, lo cual tiene un mérito extraordinario. Parecía un duelo de filiales de calidad. Pero la veteranía de Isi Ros y Onwu inclinó el partido hacia los universitarios, ahora líderes y con renovadas expectativas. Pinta muy bien el austero invento de este año.
¿Y el Murcia qué?, se preguntan miles de aficionados. Lo comentábamos el otro día en Radio Marca con Cascales y en Onda Regional con Gregorio León, y con Faustino, Carlos, Antonio y el maestro Ibarra el jueves, y ayer mañana en la Condomina con excelentes socios veteranos del UCAM y murcianistas todos, no obstante. Incluso el pasado miércoles en Cartagena en mi comida con un grupo de entrañables amigos caballistas. 
Pues lo primero es saber quién es el dueño. Es una SAD y se rige por legalidades societarias. Así que al margen de los encomiables intentos de un grupo de entusiastas aficionados, lo primero es saber a quién preguntarle: ¿acho, ande vas? 

lunes, 22 de octubre de 2018

SAN QUIEN SEA, ORA PRO NOBIS



Cuando la desesperación atenaza es fácil implorar al cielo y hasta al infierno mismo. Es lo que sucede en el Madrid y, en otras circunstancias, lo que les ocurriría a los barcelonistas si la inminente ausencia de Messi descubre sus carencias como a los merengues la de Cristiano. Contra el Sevilla se vio. Los de Machín quizá habrían ganado el partido si el mejor del mundo no hubiera jugado los primeros dieciséis minutos. Porque de juego anduvieron tan sobrados como Ter Stegen en varias paradas antológicas. Por momentos, le dieron un baño al Barça en el mismísimo Camp Nou.
Lopetegui tiene poca culpa de la sequía goleadora de los merengues; hay que mirar más arriba. Y sustituirlo tampoco sería mano de santo. Con él o sin él las penurias acabarán cuando lleguen los goles; racha buena que podría amanecer en cualquier jornada. De los encuentros perdidos podrían haber ganado varios con el mismo juego; palos, porteros en su día prodigioso y fallos increíbles que afloran lo peor de un futbolista: la falta de confianza. Y si esa flojera acogota a los defensas y delanteros de un equipo el desastre está servido. Porque el desertor de España —¡cuánta ganas le tienen muchos!— ha probado con todo y con todos. El Levante, por ejemplo, ganó en el Bernabéu y bien pudo salir goleado. Dos fallos atrás, magníficamente aprovechados por los de Paco López, e innumerables ocasiones malogradas delante fueron una colección muy aproximada de los males que aquejan a los blancos. Madres detrás y gafes arriba, con los medios sin arriesgar tiros y pases profundos por inseguridad.
Unos añoran la supuesta flor de Zidane y otros dicen que les faltan hervores a quienes iban para balón de oro; Asensio, por ejemplo. Pero dejémonos de simplezas, lo que está faltando es el mejor goleador de su historia o sus alternativas. Era previsible que ni Benzema ni Bale ni ninguno de los delanteros que estaban, y mucho menos Mariano, el postre elegido in extremis, un jugador normalito; garantizan ni juntos ni individualmente los cuarenta y tantos goles de Cristiano. Si acaso, marcarán sus habituales treinta y pocos entre todos, pero seguirán faltando otros tantos como mínimo para ganar algo relevante; los que deberían haber hecho los sustitutos que nunca vinieron, y aun así faltarían otra docena. Y la madre de ese cordero no es Lopetegui, que bastante tiene con la previsión que hicimos algunos en junio de que no se comería el turrón.
Al margen de la mala suerte ocasional, que también juega, ese cordero tiene padre reconocido: Florentino Pérez. Porque es él quien desde su paradójica creencia de que si sabe de algo es de fútbol, como la de algunos de los que le acompañan sin voz ni voto en su directiva, hace y deshace desde siempre en lo deportivo, hasta propiciar la marcha de Cristiano. Por eso ha ido echando a quienes le llevaban la contraria; las verdades molestan a los soberbios cuando ejercen de tiranos.
¿Qué Pérez ha tenido aciertos? Claro, faltaría más que no hubiera dado una en quince años; Figo, Zidane, Ramos, Isco, Modric o Kroos, pero aparte de una decena de buenos fichajes entre el centenar largo que ha hecho y el éxito en lo institucional y económico, indiscutible aunque haya sido a rebufo de la rutilante trayectoria del fútbol español en este tiempo— ver los éxitos, la economía y el saneamiento de la mayoría de clubes— lo demás es campo yermo y mustio, que diría el poeta. Mérito grande tienen en Villarreal, Éibar, Leganés, Getafe o Vitoria.
Ahora hablan de Guti, Laudrup, Michel, Solari , Roberto Martínez o Conte —el San quien sea—, pero ni con alas arreglarían algo sin goles. Como en Murcia sin dinero.
EL SANTO DE MURCIA
Cuentan que años después de la guerra, ante la pertinaz sequía, los huertanos fueron a pedirle al obispo Sanahuja sacar en rogativa a la Virgen de la Fuensanta para que lloviese. Y el personaje,  socarrón, descorrió los visillos de su despacho en la plaza de Belluga y ante el sol espléndido que lucía el cielo azulísimo de esta bendita tierra, les dijo: hijos míos, haced lo que queráis, pero el tiempo no está para llover.
Y desde la esperanzada aun realista perspectiva de un pimentonero incondicional, imagino a los bienintencionados murcianistas que se han unido para salvar al Real Murcia en trance semejante.
Ojalá ocurriera, pero para un milagro, aparte de un santo, se necesitan circunstancias propicias. ¡Mucho ánimo! 
      

jueves, 18 de octubre de 2018

DE VALDANO A ROBLES, AL MURCIA Y A MARADONA



Admirador del argentino futbolero de discurso barroco, no tengo menos que afearle su concepto de tragedia. Trágico es lo ocurrido cerca de Manacor y hace años en Lorca, y no en el Madrid de Pérez y Lopetegui. O lo que sucede cada día en el Mediterráneo occidental con tantas almas desesperadas en tanta patera. Lo del Madrid es puro juego deportivo, monetarista y de azar, que nada tiene que ver siquiera con el teatro griego, donde se representaban pasiones dramáticas y ejemplos de vida.
Tampoco lo afirmado por la ministra Robles es homologable a un insulto a España. Que abucheen al presidente del Gobierno va en su sueldo, que también pagamos los españoles; como el suyo y las mamandurrias de esa lumbrera llamada Zapatero que ansiaba conocer a Otegui y al fin lo  consiguió. Otro insigne patriota, ¡válgame Dios!, regado con el sudor de los paganos patrios.
Vamos a dejarnos de gilipolleces. El fútbol nunca tiene nada de trágico ni de patriota; si acaso de sentimental. Como tampoco las vicisitudes de quienes eligen dedicarse a lo público en detrimento de lo privado; en demasiados casos por pura incapacidad de hacerlo o por sacar la cabeza sobre sus colegas, que sería el caso del estulto licenciado leonés que sufrimos —no todos, claro, que de todo hay y es respetable— y de la juez. Sucedió igual con Rajoy, que ahora culpa a izquierdosos extremos e independentistas de su cese, sin calcular qué hubiera sucedido de pasar antes la poltrona a  alguien de los suyos. ¡Ay, los mediocres, los dogmáticos y los don Tancredos!
Que el Madrid no marque goles es mera consecuencia de la imprevisión, de los fallos, del azar y las circunstancias, que muchas veces se conjuran para que todo venga mal. Como ocurre con la política. En España, por ejemplo, no levantamos cabeza desde el 2004, y si me apuran, desde dos años antes; los que les sobraron al estirado del bigote. Qué pena que él mismo y González, al que también le sobraron años, no vuelvan para poner cierto orden en España; algo habrán aprendido de sus errores. Tras ellos navegamos las turbulencias del mundo cambiante gobernados por iluminados, tontarras y fanáticos; ¡qué peligro!
El paralelismo futbolero y político es paradigmático. Antes de la generalizada globalización, aleccionadora y mejorable, existían el sacrificio, los afectos y la fidelidad a los colores. Y figuras señeras como guías del pueblo: los de la Transición. Ahora nos quedan los intereses y  mangoneos y los dictadorzuelos. Aprendices de futbolistas que tienen agentes desde infantiles, o antes; clubes que demasiadas veces no sabes de quiénes son, aunque sus socios y aficionados parezcan vibrar como antaño; gobernantes que en poco se diferencian de los aspirantes, por estupidez insuperable o porque las economías domésticas están tan supeditadas a las supranacionales que dejan escaso margen para las particularidades; líderes políticos que parecen sacados de los viejos tebeos por lo que tienen de caricaturescos; y pueblos y aficionados inanes y entretenidos, si no alienados, por  redes sociales que dejan en mantillas las manipulaciones ocasionales de  antiguos medios de comunicación.  Todo mera fachada y, lo que es peor, trampantojos de realidades obscenas que poco o nada tienen que ver con aquellas que antaño se idealizaban.
Al hilo de lo anterior, ahora sale el otrora figurón futbolero y actual momia viva, Maradona, culpando a Messi, el mejor del mundo sin ninguna duda, de que necesita ir al baño veinte veces antes de los partidos. Como si esas incontinencias fueran nuevas entre deportistas. Si acaso, excepcionales por la cantidad, pero habituales. Y todo por ningunearlo. Y algunos se ríen desapegados.  La risa de lo morboso, lo ignorante y lo estúpido. Cada cual  pone el listón a su altura.
AGONIA GRANA
Donde hay pelo hay alegría, y donde no hay harina —dinero— todo es mohína. Desgraciadamente, Gálvez tiene las horas contadas y se nos avecina De la Vega, que tampoco parece nadar en posibles. Me filtran, no obstante, que tiene detrás a un murciano de aparente relumbrón, aunque tampoco aseguran que ate perros con longaniza. Ojalá funcione el invento y se ascienda con solidez.
Mientras, los casi once mil abonados murcianistas y los muchos más que lo sienten se preguntarán: ¿más promesas? Absténganse cantamañanas, cabría pedir.
Un duelo digno es mejor que un arrastre vergonzoso. Y resurgir de las cenizas tampoco es tan complicado. Otros lo han hecho con menos apoyo social que el Real Murcia. ¡Arriba los corazones!
  

jueves, 11 de octubre de 2018

¿PA QUÉ QUIES QUE VAYA?



“Pa ver cuatro espigas arruyás y pegás a la tierra…”  Eso escribía nuestro Vicente Medina en su Cansera; un precioso e intimista poema en murciano dando voz al alma vieja de un huertano depresivo. Como ahora están los madridistas: esmirriaos y mustios.
Pero no hay que desesperar. Tampoco es el momento de añoranzas ni  lamentos por lo que Pérez no previó en su día, al decidir que el malestar de Cristiano siguiera su curso cuando aún estaba a tiempo de reconducirlo. Y es que, las promesas hay que cumplirlas o, si se consideran inapropiadas por inmerecidas, explicarlo y tener una alternativa sólida; exceso de confianza o un asomo insensato de prepotencia. Otro más. Este con visos de llanto y crujir de dientes.
Empezó ilusionante la apuesta de Lopetegui; enganchaba. Pero en el fútbol no funciona nada sin goles. Ahora hay que seguir a Kipling y reedificar un club desde sus brasas, camino de una travesía desértica como advertimos hace tiempo. Ocurrió igual cuando se marchó Di Stéfano, el primer monstruo, a primeros de los sesenta del siglo pasado. Tres años en blanco hasta que un Madrid reconvertido ganó su sexta copa de Europa con aquel equipo ye-ye del 66 y solo el vestigio de Gento respecto a las cinco primeras. Es difícil inventar nada en un juego más que centenario. Ni siquiera para una mente tan prodigiosa en los negocios como ramplona en lo deportivo. Don Florentino, siguiendo a Homero, debería explicar a los suyos que el gozo debe estar en el camino más que en la meta. Aunque sea zozobroso y estéril y otros ocupen el lugar señero acostumbrado. Como la vida misma.
En todo caso, es difícil entender que alguien ducho en estrategia empresarial no previera con tiempo las consecuencias de dejar el cuerpo muerto. Benzema y Bale, sus apuestas, no eran alternativas para cincuenta goles. Como tampoco ganar cuatro Champions de cinco debería tapar las evidentes carencias que reflejaban en liga; los goles de Cristiano tapaban algunas. Y también cuesta comprender cómo se obnubiló tanto con sus dos éxitos consecutivos, los de Figo y Zidane, y, sin embargo, no aprendió nada de sus subsiguientes fracasos, que es el pozo de sabiduría de los sabios, según Goethe. Ya le costó irse en el 2006 y a punto estuvo antes de la pírrica décima Champions. Lo impidió el celebérrimo cabezazo de Ramos en Lisboa.
Ahora toca levantar los ánimos y reinventar un equipo bajo mínimos. No creo que sea problema de entrenador, por mucho que a Lopetegui le tengan ganas tantos por su deserción de España. Jugadores tiene para pelear por todo. E ideas futbolísticas también; hemos visto fases brillantes de juego. Solo falta que lo dejen hacer con confianza y muchos ánimos. Pero temo que la guadaña de su soberbia majestad no soporte una pañuelada en Chamartín. Los brillos madrileños sugieren que la torva guadaña presidencial siegue de nuevo. Una lástima, porque hay mimbres para enhebrar un equipo de futuro brillante.
¡TENGO UNA CANSERA…!
Y así acababa el insigne lírico archenero su poema.  Esa misma que rumian los murcianistas por lo institucional y económico, ahora que lo deportivo ilusiona.
Y vuelvo a la misma pregunta de hace unas semanas. ¿Qué hacen dos personas aparentemente lúcidas peleándose por una ruina? ¿Tan listo fue Moro para liarlos a los dos y largarse de fiesta? Más pronto que tarde saldremos de dudas; lo que hoy no se sabe por dinero, mañana se conoce gratis. Y entonces sabremos quién fue el ingenuo, el tonto y el golfo.  
Gálvez y De la Vega deberían sentarse y mostrar sus cartas antes de que diluvie. No atisbo otra solución que negociar hasta el límite de la honra del Real Murcia. Ese club tan grande, capaz de superar los diez mil abonados en una categoría impropia con todos sus pesares, que ha resurgido de sus cenizas demasiadas veces. O tal vez sea el momento de que alguien venga con el mazo y separe el grano de la paja para garbillar después los restos, si es que queda algo tras la tragicomedia que nos deprime.
¿Y por Cartagena? Pues que no es el momento de alardear de dinero y sí de rearmar morales desde la humildad. No sea que se oscurezca la excelente gestión de Belmonte y Breis y al final no haya ni estaca.
Mientras, el UCAM de Mendoza, de austero a sencillo, haciendo camino como Machado; con palos y cañicas sigue encumbrando. Y que dure.     
  


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