lunes, 30 de mayo de 2016

DE CASEMIRO Y DE PENALTY
Antiguamente se moría en la huerta de cinco causas diferentes: de repente, de trastorno, de dolor miserere o de paparajote, cuando no te apagabas como una velica; ahora, ventajas de la globalidad, solo de dos: de que fumaba o de ¡qué raro! Y al Atlético de Madrid se le han juntado dos plagas para morir con crueldad en Milán: Casemiro, y dos penaltis, al margen de su mala suerte habitual. Y lo más preocupante es que sus sufridos aficionados piensan que son portadores de la enfermedad del pupas: mala suerte congénita, como apuntó mi primo José María; mientras que Pepe Cuenca acertó la necesidad de cambiar a Benzema y nuestro ilustre y baloncestista Gras, con quienes vi el partido, se  asombraba de la rapidez con que jugaban ambos equipos dentro de su intensidad.
Lo de padecer a Casemiro es algo que engrandece a Zidane. Desde hace dos años venimos reiterando que el Madrid jugaba sin medio centro porque Kroos, buen jugador, no ejerce de tal. Y por fin, tras el amago infructuoso de Benítez de apostar por el brasileño, don Zinedine ha impuesto su prestigio para hacerle titular indiscutible. ¿Dónde se meterán ahora quienes lo ninguneaban con descaro: Maldini, Robinson y su monaguillo narrador del Plus, entre otros?  El resultado ha sido la undécima Copa de Europa y el nacimiento de una estrella. Si sigue apostando por él y sin ser un dechado de virtudes, que adquirirá con continuidad,  Casemiro será el medio centro del  Madrid y de la selección brasileña, ¡ahí es nada!, por muchos fichajes que hagan los blancos para reforzar esa estratégica posición. El cuasi canterano merengue –vino jovencísimo para el Castilla desde el Santos, donde había sido ya internacional- dio un recital en la ajustadísima final: anticipación, visión de juego, pierna fuerte, cabeza, colocación y hasta llegada; suyo fue el primer casi gol madridista a los pocos minutos de juego y se atrevió a tirar a puerta desde lejos, amén de llevar siempre peligro en las jugadas a balón parado. El joven brasileño se ha convertido en el seguro del Real Madrid. Y enfrente tuvo en Gabi otro jugadorazo, que llevó en volandas el juego rojiblanco, por el que no parecen pasar los años. Su enésima demostración de gran nivel, al que bien haría  Del Bosque en seleccionar; lleva cuatro años siendo el referente del fenómeno atlético con Simeone.
El penalti fallado por Griezmann, así como el malogrado por Juanfran, se sumarán a los recuerdos luctuosos de los atléticos, junto al gol que se tragó desde lejísimos Reina en la final del 74 frente al Bayern y el que le marcó Ramos en Lisboa a pocos segundos de poder levantar su primera  Copa de Europa. El central madridista, por cierto, protagonizó también la tercera pata de la mala suerte congénita del Atlético el sábado. Su gol fue un fuera de juego que se tragaron los excelentes árbitros ingleses, pero el sevillano hizo otro extraordinario partido en Milán. Junto al nobel Casemiro, se echó en su veterana espalda al equipo cuando peor lo pasó, en un verdadero ejercicio de líder sobre el terreno de juego. Destacar también la sorprendente facilidad  de los jugadores de ambos equipos para marcar sus penaltis en la fatídica tanda decisiva tras la prórroga, y la curiosa intranscendencia de los excelentes porteros, Navas y Oblak, que no vieron ni uno; solo el costarricense adivinó por dónde iba el que estrelló en el palo Juanfran, antiguo extremo que el eficientísimo Simeone ha reconvertido en lateral internacional, igual que ha recuperado dos veces a Filipe Luis y ha hecho figura a Saúl; los tres, por cierto, canteranos madridistas.  
Los llamados a ser estrellas del partido, Ronaldo, Bale, Griezmann y Torres, pasaron también con poca gloria. Si acaso los primeros veinte minutos del galés y los ratos en que el francés bajaba al medio campo para poder tocar algún balón. A Cristiano, sin embargo, le cupo la gloria de marcar el penalti decisivo y poner rúbrica a una extraordinaria temporada que le llevará, salvo sorpresas en la Eurocopa, a ganar el inminente balón de oro del año 2016.
Zidane se ha ganado a pulso su continuidad, afortunadamente para el Madrid, y disipa de momento las maniobras presidenciales que ya tejían la trama de un posible sustituto.

Y Simeone, triste y sincero, deshoja una inesperada margarita para seguir o marcharse. Una lástima porque, junto al justo campeón, en la intensa noche primaveral lombarda brilló un injusto perdedor.           

lunes, 23 de mayo de 2016

APOTEOSIS DE LA INDIGNIDAD
Escribo estas líneas antes de que se juegue la final de la Copa del Rey, por obligaciones del horario de cierre y encaje de las páginas del periódico, como todas las semanas; y supongo que se pitará a Felipe VI y al himno nacional, y que el estadio se llenará de esteladas en la ubicación de los barcelonistas, propiciando – y que quede solo ahí- una guerra de banderas. Nadie del Barça llamará al respeto institucional, aunque sí se dieron prisa  en denunciar en el juzgado la desafortunada prohibición de la señora Dancausa, delegada del gobierno en Madrid. Así como también, en una tan hipócrita como cobarde interpretación partidista de la libertad de expresión, desalojaron del Nou Camp a un aficionado madridista que osó, legítimamente, ir al estadio con una camiseta merengue. Si en Barcelona exigen, y con razón, que se defienda la libertad, con la misma fuerza deberían haber defendido en su propia casa al aficionado que pagaría su entrada. Pero claro, lo facilón es ir a favor de la corriente propia aun a costa de la dignidad. Esa atributo de bien que los cobardes olvidan cuando van en manada o defienden sus desvergüenzas.  
Estoy en contra de cualquier prohibición de las libertades públicas e individuales, por eso creo que fue un error clamoroso la prohibición gubernamental de las esteladas, pero con la misma claridad argumento que es inadmisible la impune falta de respeto a las instituciones nacionales por parte de nadie. Ahora bien, otra cosa es la flagrante irresponsabilidad de unos: los que nos insultan a casi todos con su actitud provocativa;  y de otros, más grave aún: los que teniendo el poder legítimo no lo ejercen para evitar tales situaciones. El asunto no debe ir de prohibiciones coyunturales, sino de reglamentaciones estructurales. Si se tipificara en la normativa de la RFEF que cualquier acto en contra de la soberanía nacional tendría determinadas consecuencias, bastaría con aplicar lo establecido sin que a nadie le temblara la mano y sin contemplaciones.
El año pasado escribimos aquí, con motivo de lo mismo, que debería sancionarse con firmeza al club que consintiera actos por el estilo. Si al Barça y al Atletic de Bilbao se les hubiera impuesto varios años sin jugar la Copa del Rey, en la que se participa libremente; porque desprecian al Jefe del Estado y a España como nación, por lo que desprecian a treinta y tantos millones de españoles, nos ahorraríamos espectáculos como el que vivimos entonces y como se habrá vivido este domingo en el Calderón. Quizá les parezca exagerado a algunos, pero hay cosas con las que no se debe consentir que juegue nadie, sea quien sea, de donde sea y se llame como se llame. Pero claro, el estilo pastelero de la federación de fútbol, que ya se vio cuando el mismo Barça se negó a jugar una final de esta misma competición hace tiempo y no pasó nada, igual que cuando lanzaron objetos de todo tipo – botellas y hasta cabezas de cochinillo- y tampoco ocurrió nada, acarrea estos desmanes. ¿Qué hubiera sucedido con cualquier otro equipo o estadio de menor importancia? Ustedes mismos. Y es indignante por injusto, desigual y caciquil.
Los lectores de esta columna saben que no somos partidistas, y que no hemos regateado elogios al Barça año tras año en base a su magnífica trayectoria, y a sus profesionales; igual que a la propia Federación por sus éxitos internacionales, incluso uniendo ambas entidades en un estilo de juego diferenciador y  grandioso, pero hay situaciones bochornosas ante los que es inevitable rebelarse por su indignidad, en la que nos sumen a los aficionados que vemos el fútbol exclusivamente como es: un espectáculo deportivo que concita emociones.
La politización del Barça es un ejemplo paradigmático de lo que nunca debió ser, consentida y propiciada por sus dirigentes, cuando no alentada; y la política de compadreo y clientelismo que Ángel María Villar lleva decenios imponiendo en la Federación es tan lamentable como vergonzante, si es que hubiera dignidad en sus mandos.
A muchos se les llena la boca de libertad e igualdad, pero el problema está en lo mucho que mienten, en los estropicios que generan, en lo que se aprovechan para sus egoísmos, en los enfrentamientos que originan entre demasiados inocentes y en la peste de su aliento.

Quienes amamos la libertad propia, debemos defender con idéntica fuerza, ¡y sin complejos!, el respeto a la ajena y la inflexibilidad con quienes la violan.

martes, 17 de mayo de 2016



Y ESTE CUENTO SE ACABÓ

Todos los relatos que cuentan historias humanas se parecen; tienen principio, desarrollo y final, y algunas, las que aspiran a ser constructivas, contienen mensajes diferentes que desembocan en un corolario a modo de resumen edificante.
En el fútbol se concitan aspectos  tremendamente humanos, como en todo deporte o actividad que implique superación personal, junto a singularidades sociales y económicas al margen de las individualidades.  Y desde tales realidades podemos hilar un relato amalgamador de la Liga 2015/16.
El Barcelona es el campeón porque aprovechó con más regularidad  sus buenos momentos y esquivó con eficacia los malos. Ha sido más eficiente, en definitiva. Luis Enrique, seguramente en su última temporada como técnico barcelonista de esta época, que se refrendará con la Copa del Rey para conseguir un doblete menor viniendo de donde viene, ha jugado bien sus bazas también menores porque todos sabemos quién manda en realidad. Y así, mediante un pacto tácito con el capo Messi y su entorno, donde también han tenido cabida Neymar y Suárez, ha ido dosificando al resto de la plantilla como verdaderos actores de reparto de la obra culé. Ver a Messi hacer lo que le ha dado la gana en el campo durante toda la temporada es apto para un técnico menor, cosa que no casa con el carácter volcánico del asturiano. Ni con su aspiración de que le respeten tanto los futbolistas a sus órdenes como sus dirigentes institucionales. Eso es lo que consiguió su líder Guardiola, que también dejó el carro cuando se percató de que el mejor futbolista del mundo, Messi, que él ayudó a crear, se había encaramado a la burra y ya nadie podría bajarle de ahí, para menoscabo de su autoridad como técnico del Barcelona. Así que punto y final también para Luis Enrique. Y se irá con un doblete nacional ganándole al Sevilla el próximo domingo, para dejar el pabellón a la altura de sus ambiciones, en busca de otro lugar en El Dorado del mejor fútbol mundial. Allí donde pueda ejercer con prestigio – un grande europeo-, sin nadie que ose discutir sus rotaciones, por ejemplo. El ejemplo de su admirado Guardiola es emblemático para él. Ha mandado en el Bayern con notable éxito por encima de todo y de todos, dejando atrás al Barça de sus amores, aunque no haya reinado en Europa.
En el Atlético pintan oros para Simeone. Todo pasa por él y su continuidad, porque es de reconocimiento general que es el verdadero artífice del mejor Atlético de la historia. Y si ganara la Champions al Real pasaría por encima de Luis Aragonés en el imaginario colectivo más icónico de la afición colchonera. Otro ejemplo para el fútbol, como lo es Cruyff para el barcelonismo o Di Stéfano para el madridismo. Y a su mismo nivel, no como el rey menor que es Luis en la historia de las monarquías de los clubes patrios, quien sin embargo si es un rey mayor en la de la selección: siempre se dirá que la mejor historia nacional empezó con el de Hortaleza a los mandos.
En el Madrid todo es diferente. Sobre los blancos brilla ahora un astro que ha tratado por todos los medios de nublar a los históricos: Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano. Y lo ha hecho haciendo gala de su incuestionable inteligencia: haciéndoles brillar desde su verbo reverencial, al primero, y mostrándo a su lado al segundo, con el rango honorífico que más lustre le daba a su presidencial figura. Grande don Florentino, que además se hacía aparentemente  pequeño, engrandeciéndolos, incluso desde su voz de curica aplicado en humilde parroquia. Ni el Real Madrid es pequeño ni su ambición tampoco. Corren paralelas las dos imágenes en la nube futbolera mundial; ahí está su brillante estrategia.
Y ahora, siguiendo el discurso en el que alberga sus objetivos, se ha rodeado de otros dos iconos blancos: el inigualable Gento y Zidane. El primero fue ídolo de generaciones de madridistas y futboleros de la más diversa devoción, entre quienes me incluyo, y el segundo es sinónimo de excelencia y elegancia. Ambas figuras son tan incontestables como el actual presidente blanco anhela.
Con la final de la Champions se cerrará la temporada de clubes en Europa, de la que ya hemos escrito y pronosticado, y enseguida empezará la planificación de la próxima. Zidane y Simeone continuarán y Messi seguirá mandando en el Barça.

Ahora toca Del Bosque. Ojalá pueda continuar; significará buenas noticias desde Francia.

viernes, 13 de mayo de 2016

LOS PRONÓSTICOS TIENDEN A CUMPLIRSE
Aventuramos que los dos equipos madrileños estarían en la final de Milán, incluso la forma en que se podría producir tal eventualidad, y en San Siro estarán ambos con la orejona como objetivo. El fútbol le debe una al Atlético y es muy posible que a la tercera vaya la vencida para su primera; otro pronóstico.
El partido de Munich entre los de Simeone y los de Guardiola  fue digno de una semifinal de Champions. Intensidad, anticipación, juego, rapidez, táctica y suerte fueron los ingredientes. El Bayern dispuso del balón y del dominio pero le faltó suerte; que Müller falle un penalti que hubiera puesto a su equipo en franquía lo demuestra. Y que Griezmann aproveche la única ocasión clara de su equipo, aparte del penalti postrero fallado por Torres, es la muestra de lo que decíamos la semana pasada: es tan difícil hacerle dos goles al Atleti como que ellos no hagan uno. Y el guión lo fueron desarrollando los gladiadores colchoneros de Simeone tal y como era previsible. Igual que hicieron los metódicos alemanes de Guardiola. Un partido con muchísimos méritos del Bayern para pasar, pero con el más que previsible corolario del pase a la final de los de la ribera del Manzanares. Un equipo que anda ahora el camino de los desquites –Valdano dixit- mucho más fuerte que hace dos años, cuando pudo y debió ganar la final de Lisboa aunque llegó agotado, y que llegará a Milán, salvo accidente, sin novedad en cuanto a lesiones.
El Real hizo un partido flojo contra los ingleses de Pellegrini, que parecían un equipo de casados de las fiestas de los pueblos, como bien definió mi amigo y “Pavo de pro” Carlos Peñalver. Con Touré pasado de kilos en el eje, el chileno no se atrevió a meterle mano a los blancos colocando al belga De Bruyne por el centro por detrás de Agüero, que desesperado de no tocar balón bajaba al medio campo para intentar algo de provecho. Sin Casemiro, la ocasión era clara para hacerlo, aparte de sacar antes a Sterrling por la banda de Carvajal y desequilibrar a un muy entonado Kroos, además de descentrar a los centrales blancos, que taparon al delantero argentino sin otras tareas que hacer; Marcelo no subió como acostumbra para sujetar bien al sevillano Navas, el único que logró desbordar por su banda un par de veces. Y así, el juego de veteranos, que fue lo que pareció el partido, se fue consumiendo entre los nervios de los aficionados blancos, que empezaron a pedir la hora cuando faltaba casi toda la segunda parte. Un espectáculo penoso.
Por eso, de no cambiar mucho las cosas, llevará razón Valdano cuando habla de que el Atlético acabará su temporada de desquites ganando su primera Copa de Europa, por mucho que le pese a un sujeto que se auto titula  “el penúltimo Raulista vivo” y atiende por Juanma Rodríguez en algún medio de comunicación. Presume de “mourinhista” y “antivaldanista”, y no es más que un vocero de lo más rancio del forofismo blanco con tintes “florentinianos”, entre Roncero y Pedrerol; lamentable.
¿Qué el Real Madrid siempre es favorito? ¡Pues claro, faltaría más! ¿Y que desde que Zidane – excelente apuesta de don Florentino- ha equilibrado al equipo con un medio centro lo es aún más? Sin ninguna duda, pero se me antoja que los atléticos llegan en mejor forma y a los merengues les lastran las preocupaciones de Cristiano, sobre todo, y de Benzema. Es lo mismo que les ocurrió en Lisboa a los de Simeone con Diego Costa. Ojalá no suceda lo mismo y puedan disputar el grandioso duelo todos los futbolistas de las dos escuadras madrileñas. El fútbol lo agradecerá, así como el fútbol español presume de tener a tres de los cuatro mejores equipos de Europa disputando las finales continentales.
En cuanto a la Liga, el Barça, que tuvo una pájara peligrosa tras perder con el Madrid junto a la Diagonal, ha enderezado el rumbo y ya solo le queda una visita turística a la Alhambra para ser campeón merecidamente, que será lo más probable, una vez que los granadinos no se juegan nada; una vez más, milagroso Quique Pina, y enhorabuena por ello.
El Atlético perdió contra el Levante, contra pronóstico, y el Madrid ganó con muchos apuros al Valencia; demasiados, y gracias a un espectacular  Casilla. La mejor noticia para los blancos, en todo caso, es la aparente recuperación de Cristiano.            


martes, 26 de abril de 2016

EL SERIAL DE LOS DETALLES

Esta semana hemos asistido a un capítulo más de una temporada futbolera de altos vuelos. Y en el relato emocionante de la Liga nos han sorprendido el guión de detalles, no por previsibles menos explícitos.
Luis Enrique empezó la semana tirando de carácter, tan desagradable como suyo, donde es divisa el desprecio mal educado por cuanto le sea ajeno. Desprecio prepotente y mal encarado, con pretensiones de   gracioso, en el que se retrata hasta los tuétanos. Echar mano del apellido de un periodista para definir sus apreciaciones o preguntas, por reiterativas o hirientes que fueran, es como afirmar que el enrevesado semblante del asturiano, por ser caritativo, es sinónimo de su condición de tuerce botas cuando jugaba con futbolistas de muchísima más calidad que la suya. ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Nada! Pues eso mismo. Luis Enrique revela su condición de tuerce lenguas en cuanto se le tuercen un poco las cosas: no es acreedor al puesto que ostenta ni por sapiencia ni por capacidad de liderazgo ni por educación. Lo primero lo demostró en el clásico con el cambio que hizo de Rakitic por Arda, para gozo del Madrid; lo segundo quedó claro al renunciar a sus convicciones para convertirse en el paniaguado de sus futbolistas, fundamentalmente de Messi; y la tercera patita la ha asomado esta semana con sus desmanes lenguaraces desde un lugar que le viene  grande. Qué pena que en los días del recuerdo a un grande de verdad, Cruyff, ocupe su sitio un mindundi. Y qué nostalgia de tiempos recientes, en las que el Barça  encajaba los reveses competitivos con elegancia. El arroz de Guardiola es demasiado para tan poco pollo.
Las dos últimas jornadas no han aclarado el panorama. El Barça, el Atlético y el Madrid siguen su lucha por no fallar, y el Granada, Getafe, Gijón y Levante pelean por salvarse del trío maldito. Por el título no cabe nadie más, pero por el descenso puede que asome alguno; el Español tiene papeletas. Por otra parte, como es natural por humano, los árbitros se han sumado al coro de detalles singulares.
Clos Gómez dejó patente en el Nou Camp su antigua condición de árbitro de conveniencia. Una cosa es equivocarse, que les sucede a todos aparte de la gran dificultad de su trabajo, y otra es ser reiterativo hacia el mismo lado. De los seis goles del Barça, que hubiera goleado igual sin ayudas, al menos tres fueron regalo del colegiado aragonés. Dos penaltis de pitiminí y un fuera de juego de Suárez clamoroso. ¿Qué ayudan a los grandes? Eso siempre, por tal producen risa los clubes poderosos cuando se quejan, pero a veces son muy descarados en el machaque al débil. Y los muy malos lo hacen con una suficiencia indignante; exhiben la valentía del cobarde: fuerte contra los débiles y sumiso ante los fuertes. En España nos salva que hay una docena larga de buenos colegiados y, algunos de ellos, dejan su marchamo de calidad por Europa cuando les requieren: Velasco, Matéu, etc.
El Madrid también nos dejó detalles. El primero fue su antiguo empeño de jugar sin medio centro en Vallecas: Kroos quedó retratado una vez más. Y a Danilo le puede su afán por salir del encasillamiento negativo por sus despistes y pierna blanda. Es mejor futbolista de lo que parece, pero debería serenarse y empezar por defender bien, porque es defensa. Isco, sin embargo, demostró en Vallecas que si le dan responsabilidades las puede asumir sin arrugarse. Hizo un partidazo, igual que Bale y Vázquez, y por el gallego llegamos a Zidane. El francés acertó empujado por las circunstancias, sacándole para aportar trabajo, cuando se lesionó Benzema. Un medio campo con Kroos, Kovacic e Isco, sin ancla, es carne de cañón hasta para un equipo tan justito como el Rayo, en el que Trashorras parece Di Stéfano, sin quitar mérito a su reconocida calidad futbolística.
Y Simeone y su Atlético a lo suyo. Intensidad, pierna, velocidad, solidez, pocos goles contra quien sea, contragolpe y balones fuera o tramposos hacia dentro. Tal vez sea porque es el más humano de los tres. No tiene jugadores extraterrestres.

Y entramos en la última curva de la Champions. Zidane, Guardiola, Pellegrini, Simeone…, Tan elegantes como educados ¡Qué semanas!  Cristiano, Griezman, Agüero, Lewandoski. Igual nos sorprenden otros. Yo apuesto por ellos: Isco, Vázquez, Ramos, Carvajal, Torres, Juanfran Saúl, Koke, Silva, Navas, Javi Martínez, Thiago, Bernat…  Con eso sueña Del Bosque.   

lunes, 18 de abril de 2016

EL FÚTBOL COMO TERAPIA NACIONAL
Ya sé que es ampuloso y exagerado, pero para infinidad de españoles el fútbol representa ahora una válvula de escape ante el proceloso panorama político y social que padecemos. Y es mano de santo. Fue el tenis y el baloncesto, el ciclismo, el atletismo, y es el motociclismo; pero el fútbol, que mueve infinitamente más aficionados, hace años que triunfa en Europa y en el mundo, enorgulleciendo a  millones de compatriotas.
Esta semana ha vuelto a producirse el éxito que echaremos de menos; nos estamos acostumbrando a un paraíso esquivo. No ha sucedido en ningún país europeo y en España sucede con regularidad el último decenio. Que cuatro equipos españoles estén entre los ocho mejores de Europa en sus dos competiciones continentales,  asegurada la presencia  de dos de ellos en sus finales, y con posibilidades de que sean los cuatro, es  portentoso. ¿Cómo estarían en Inglaterra, Italia, Alemania o Francia, si disfrutaran de esa gloria? Nos lo podemos imaginar.
Aparte de las machadas del Sevilla de Emery y del Villarreal de Marcelino – qué pena lo del Bilbao de Valverde y el emparejamiento del Barça con el Atlético-, tal y como auguramos, el Madrid, con la fortuna de cara, se deshizo con lo justo del Wolfsburgo, a quienes debieron golear también en su estadio; les separa un abismo. Ojalá contra el Manchester City persevere en la solidez cuando juegan a tope sus futbolistas, desde el equilibrio alcanzado con Casemiro, y a Zidane no le dé un ataque de técnico de paripé presidencial haciendo rotaciones absurdas o no haciendo algunos cambios clamorosos; lo de Danilo en Alemania, o mantener a Bale en el Bernabéu los últimos veinte minutos a pesar del agujero que ocasionaba en la derecha por no bajar,  no tienen un pase. A estas alturas  hay que salir con los mejores porque solo restan media docena de partidos relevantes. Zidane ha logrado un equipo, el que todos y él sabemos, y ha de insistir, sin mirar al palco, con esos once y sus sustitutos naturales:  Vázquez, Jesé, Varane, Nacho, Isco o James –nunca juntos-,  al margen de retoques tácticos puntuales, donde flojea.
Eso lo maneja bien Simeone, que salvo imponderables maneja a sus nueve titulares y a los dos o tres que se disputan los otros dos puestos, uno en la media y otro en la defensa, con perseverante sabiduría, así como los cambios tácticos y recambios de jugadores que requiere el resultado. Dentro de esas variaciones, lo único innegociable es la presencia continua de un medio centro con oficio. Como dice Guardiola, aunque exagera interesadamente para motivar a los del Bayern, “si el Atlético de Simeone juega bien gana siempre”. Habría que añadir que dentro de su peculiar estilo, y matizar que más bien difícilmente pierde porque es complicado hacerle goles, aparte de impedirle que haga el suyo con Torres recuperado y Griezman en estado de gracia. Con Fernández o Tiago de medio centro, Gabi y Koke a los mandos, y el espléndido Saúl - o Carrasco-,  de rompelíneas, el medio campo atlético es el más sólido de Europa; ahí radica su fortaleza y fiabilidad en los momentos clave. Simeone empezó consolidando una defensa con un portero de garantías,  Godín de mariscal y Juanfran y Filipe de alfiles, y reinventando goleadores de referencia: Falcao, Costa y ahora el gabacho. Después afinó el medio campo hasta hacerlo jugar de memoria con una intensidad insuperable. Esa, junto a la suerte, ha sido la escalera de color para llevar varios años seguidos entre los mejores, y esta temporada puede ser el colofón a un trabajo colosal y barato para el Atlético de Madrid por su eficiencia: aspirante a todo, títulos y saneamiento económico desde lo deportivo. ¡Tomen nota en el Bernabéu!
Al Barcelona le quedan varias finales para  ganar la Liga que tenía en la buchaca, y ahora es cuando sus profesionales deben demostrar la madurez que cabe exigirles. Como aventuramos, la eliminación de la Champions puede costarles la Liga. Plomo en la necesaria décima de segundo y depresión anímica, aparte de la obligación de alinear a Messi y a sus dos compadres Neymar y Suárez, estén como estén, y a otros; por prescripción del argentino, así como su antojo de huir del área, más una suerte esquiva, marcan el viacrucis culé. Mal pájaro tiene Luis Enrique en la bardiza.
Y en junio, como terapia contra electoral, llega la Eurocopa. La suerte de Del Bosque será nuestra fortuna, porque lo demás…, ¡ruina!         


jueves, 14 de abril de 2016

ARREMPUJA’, MARUJA
El fútbol, como deporte, tiene unas exigencias básicas, y como juego, mucho más de azar que de ciencia. Ahora vendrán algunos a dar explicaciones y hacer análisis vacíos de toda realidad sobre lo que está ocurriendo en la recta final de esta temporada, pero todo es mucho más sencillo que la sarta de gilipolleces que se proclaman y escriben a menudo sobre el tema. Viene a cuento lo anterior por la cansera que me produce escuchar las retransmisiones de partidos- es agradable quitarle el sonido- de la tele cuando no voy al campo, porque de las tertulias y de los programas futboleros paso de buena gana. Es angustioso oír hablar de estrategias y demás tonterías seudocientíficas cuando de fútbol: juego más deporte, se trata.
La velocidad y la resistencia son básicas en cualquier juego basado en el esfuerzo físico, pero antes que nada, como en todos, está la cabeza. Y, en los deportes de contacto, además, los valores del corazón, la valentía y el coraje. Cabezo, tronco y extremidades, que nos decían para señalar las partes de nuestro cuerpo, pero por ese orden en cualquier deporte, y mucho de suerte cuando se trata de un juego.
Así, si como algunos aducen el Barça no estuviera bien físicamente no podría, como sucede, jugar las segundas partes apabullando al contrario: partido contra el Atlético y el sábado en San Sebastián. Otra cosa es el estado de ánimo y la confianza, que radican en el cerebro, y la suerte, además de los contrarios, que también juegan, como dicen los más avezados. Illarra, el que no valía para el Madrid, hizo un partidazo jugando en su sitio, de medio centro, y desde ahí desquició a los interiores y enganches culés; a Messi le robó media docena de balones en otras tantas de sus temidas diagonales que tal vez hubieran cambiado el partido. Fue una de las claves de la derrota blaugrana en Anoeta, así como el  gran partido del portero Rulli de la Real. Igual que lo fueron Casemiro y Navas, como señalamos el lunes pasado, en la derrota frente al Real Madrid en el   Nou Camp. También la suerte hizo acto de presencia en ambos partidos. Recordemos el gol cantado que falló Suárez en Barcelona o el fantástico remate de Messi que se marchó por centímetros en la capital donostiarra. Detalles azarosos que marcan los partidos.
El Madrid fue a lo suyo en el Bernabéu contra los esforzados jugadores de Éibar, y apretó en la primera parte para dormitar en la segunda, quizás pensando en el partido clave que tiene el martes. Y el Atlético ha encontrado por fin la enorme colaboración de un renacido Torres para aspirar a todo en el este final de temporada, porque esa es otra. Los jugadores tienen sus rachas y estados de forma particulares al margen del tono general de cualquier equipo. Ahora, el rubio rojiblanco nos recuerda al que deslumbró en Europa con España en Austria y es un estilete bien afilado en su posición de delantero centro. Simeone puede soñar con todo si tiene el acierto y la suerte de eliminar al Barça el miércoles; Griezman y Torres pueden ser la dupla atacante que le rediman de sus ancestrales penurias europeas. Lo del francés viene siendo habitual, pero lo del madrileño tiene mucho que ver con su cabeza: la confianza ganada de un mes aquí, cuando tanto se le resistía hacer su gol cien colchonero. Como alguien dijo, y cuánta razón tenía, el fútbol es un estado de ánimo, partiendo de lo básico: que el tronco y las extremidades estén en condiciones competitivas.
Así que, como titulaba, ¡arrempuja, Maruja!, que ahora vienen las cuestas finales. Los de Simeone vienen empujando toda la temporada, porque no tienen otra, pero para el Madrid y el Barça esta semana es clave.
Los blaugranas tienen el miércoles su Rubicón particular: si pasan la complicada eliminatoria de Champions, haciendo valer su mínima ventaja o ganando de nuevo, tendrán mucho ganado para ser campeones de Europa y de Liga; de lo contrario, lo más probable es que arrastren la depresión y pierdan más puntos en España, dándole oportunidades a los equipos madrileños para conquistar la Liga que tenían en la mano. Y luego vendrían las madres mías, con Luis Enrique en el disparadero.

Y en el Madrid lo mismo. Si pasan el martes, salvarán una campaña para olvidar, pero como caigan ante los modestos del Wolfsburgo— poco probable—, Zidane puede hacer las maletas.      
ZIDANE SALVÓ SU TRONO, Y MÁS

La tarde noche barcelonesa se prestaba a la emoción, aunque el partido se presentaba como puro trámite. Una faena de aliño del Barça bastaba para asegurar la Liga, pero el espectáculo tenía truco o, mejor, protagonistas secundarios.
La sombra de Johan Cruyff, como referente fundamental de la tarde, planeaba desde días atrás sobre el Camp Nou, y cuando llegamos a sus aledaños se hacía presente en cada esquina y a cada paso. Camisetas blaugranas con el 14 y su nombre impreso, carteles y respeto en el ambiente, o eso me pareció a mí. Tal vez no fuera casualidad que los cien mil espectadores que abarrotarían el campo un par de horas más tarde batieran un récord de asistencia. Despedir formalmente al padre del Barça moderno no era cuestión baladí. Y llegado el momento, minutos antes de que los equipos empezaran el juego, aplaudimos durante minutos y minutos su recuerdo plasmado en los marcadores, seguramente en otro récord de duración de cualquier aplauso. Emocionante.
Y el balón empezó a rifar ocasiones. Los culés, en plan dominador, se lucían en fintas y señuelos imaginados en cualquier regate corto, marca de las casas de Messi, Iniesta o Neymar. Y el Madrid de Zidane, serio y sin concesiones, agazapado atrás, esperaba su turno. El primer acto fue aburrido por excesivo tactismo y por la lentitud con que unos y otros se prodigaron. Con Albert Frago, un culé entrañable a mi lado, comenté lo anterior y, ante su extrañeza y la de otros vecinos de asiento por el juego rácano de los blancos, mi certeza de que el único que se jugaba algo era Zidane, porque la competición doméstica está liquidada ocurriera lo que ocurriese. Perder por dos o tres a cero el sábado era el camino más directo hacia su no renovación como técnico blanco el año que viene. En la segunda parte el Barça pareció ir a por el partido y le imprimió una rapidez y garra tan encomiable que albergué la sospecha de que ni los blancos ni su técnico se salvaban de la debacle, pero, una vez más, el primer paso obnubiló a quien debía insistir en el segundo y tras el primer gol de partido, los de Luis Enrique se dedicaron a jugar andando. Un rondo insulso que dio alas a los blancos. Y tras el empate y el absurdo cambio del turco Arda por el croata Rakitic, el Real sacó sus garras y fue a por el partido. El Barça continuó andando sobre el campo y sus rivales, ni con uno menos por la expulsión cantada de Ramos, cejaron en sus ímpetus.  Y llegó lo inevitable y previsible tras lo que veíamos en la grada.
El colofón lo puso Cristiano, tras el empate de Benzema, haciendo inútil el testarazo de Piqué, y Zidane le ganó el pulso claramente al asturiano mal encarado. En definitiva, Zidane pasó su reválida. Hace tiempo que venimos defendiendo en esta columna que el problema del Madrid era el mediocentro, y el francés, que de esto sabe lo suyo, ha sabido rectificar a tiempo. Con Casemiro en la medular, por delante de los centrales, el Madrid ha ganado el equilibrio que ya Benítez intentó sin éxito; como no tenía el nombre del campeón del mundo gabacho, no le dejaron. Pero lo importante, aparte del partidazo defensivo que hicieron lo blancos, con Casemiro en plan estelar y las lanzaderas que suponían los carrileros  Carvajal y Marcelo, es que don Zinedine ha consolidado un equipo para soñar caminos en la tarde, que diría el poeta. El Madrid, con ese equipo base, puede aspirar a todo en lo que resta de temporada y, lo que es más importante, puede y debe afrontar la campaña próxima con ciertas esperanzas.
El Barça, sin embargo, debe extraer la lección del sábado por la noche. Al fútbol no se juega andando, como decíamos, y aparte de que se desarrolla desde la cabeza para rematarlo con los pies, como decía el enorme Johan Cruyff, debe saber que las confianzas son malas consejeras cuando se juega contra un grande, y a los azulgranas en la recta final de la temporada le quedan al menos dos o tres grandes para conseguir el triplete.

Como corolario, esta vez don Florentino se salió con la suya, y Zidane, su penúltima baza, le ha devuelto el favor. El señor Pérez puede afrontar el resto del curso e iniciar la próxima temporada con garantía de tranquilidad en el Bernabéu. Ganarle al Barcelona en su casa es lo mismo que ocurría con Barça antiguo: ganarle al Madrid justificaba una temporada.    

lunes, 28 de marzo de 2016

LA SELECCIÓN NO HONRÓ A CRUYFF
Una pena; una lamentable pena doble: la pérdida de un grande de verdad, don Johan Cruyff, y la constatación de que el combinado nacional navega aguas abajo desde la gloria a la nada, aunque coincide que faltaban los dos jugadores básicos para darle a España el toque sutil de su reciente grandeza: Busquets e Iniesta; veremos si son capaces de ahormar a su vuelta un equipo de lentos hasta el aburrimiento. Salvando el buen fútbol de Morata y el espléndido momento de De Gea, junto al oportunismo del jovencísimo veterano Aduriz, los demás parecían “el camión del pescao”.
La primera parte del partido frente a Italia recordó sobremanera a la selección que tanto nos defraudó en el pasado mundial de Brasil. Y con esa frustración le di la razón al sabio gallego Luis Suárez, el único Balón de Oro español, que explicaba la dificultad de los jugadores españoles cuando juegan con la selección en la recta final de la temporada. Salen al campo con el freno de mano echado y con la marcha atrás como velocidad de referencia. No ganan un balón dividido ni llegan antes a cualquier pelota en disputa ni tocan balones adelantados. Le dan al balón con miedo, prefieren jugar para atrás y parece que llevaran muelles en sus botas: no controlan una bien.  Hasta mi admirado Juanfran, paradigma de lo descrito, parecía un tronco en lugar del junco que es en su Atleti.
Con el aturdimiento y la tristeza por el fallecimiento del irrepetible Cruyff, uno esperaba que apareciera algún destello del mítico holandés, el más conocido y admirado en el mundo según sus compatriotas, y cualquiera de los futbolistas en liza tuviera el detalle de homenajearle con lo que mejor sabía hacer: manejar el balón y los tiempos con la velocidad mental que luego se transmitía a las piernas para generar belleza anticipándose al contrario. Esperanza vana. Los italianos, un equipo ramplón carente de las virtudes que atesoraban, bastante hicieron con desbordar media docena de veces a la descolocada defensa española. Y los nuestros, torpes, medrosos y lentos hasta la desesperación, se dedicaron a deambular como almas en pena en Udine. Para ellos, los escasos sesenta segundos de silencio por el luto generado en España en un absurdo accidente de autobús, y en Bruselas por la barbarie de unos descerebrados que si de verdad se han inmolado bien muertos están y, si no, la verdadera justicia sería ayudarles a llegar inmisericordemente a su paraíso cuanto antes, junto con quienes les inculcan sus criminales deseos de gloria; duró noventa largos minutos. Mal camino llevamos.
Así, refugiémonos en el recuerdo de quien tanto de futbolista como de entrenador llevó el fútbol a la modernidad. Desde su irrupción en el Ajax de finales de los sesenta del siglo pasado, con refrendo de su juego en la selección holandesa, este juego dejó de basarse en las tácticas rígidas de los jugadores especialistas en defensa, medio campo o ataque, pasando al fútbol total como idea moderna. Y ahí, en ese todo campismo que había echado raíces con el otro grandioso innovador futbolero de una década antes, don Alfredo Di Stéfano, empezó a escribirse en letras de oro la idea, más que nunca, del juego en equipo y la solidaridad en el campo como bandera de los grandes y del mejor fútbol actual. Este deporte cambió gracias a esos dos monstruos de dos generaciones sucesivas, desaparecidos ambos también en poco tiempo, en sus dos décadas prodigiosas: 1955/1975.
El legado de Cruyff sigue presente a través de sus alumnos aventajados, con Guardiola a la cabeza, porque además de ser uno de los cuatro grandes sobre el césped, es de los pocos técnicos que hizo escuela y el único que aunó la gloria en ambas facetas.  
Recuerdo la tarde de noviembre de 1973 en la que debutó fuera del Camp Nou, en La Condomina, y junto a la expectación despertaba y el gol del empate del murcianista Canito en la portería del Sector A, me quedo con su elegante conducción del balón y su cabeza siempre alta, aparte del golpeo exquisito de la pelota y sus espectaculares cambios de ritmo.

Don Santiago Bernabéu reconoció a un amigo común entrañable, el valenciano Antonio Orts, quien me lo contó en confianza, su gran error al no ficharlo cuando pudo. El Madrid sufrió su juego, pero para los buenos futboleros, Cruyff es el referente del mejor fútbol moderno. Su Barça y España lo saben bien.    

martes, 15 de marzo de 2016

HUIR DE LA QUEMA

Luis Enrique huyó de la quema cuando olvidó su libro de estilo consintiendo que Messi no entrara en las rotaciones. Eso fue en su primera temporada como técnico culé, al filo de su ecuador, y desde entonces se le acumulan los galardones con el aprecio generalizado de los aficionados blaugranas y del universo futbolero. Pero él, como todos, sabe quién manda de verdad en el Barça, y quién hace de su equipo el referente del fútbol mundial. Contar con el mejor jugador del momento, y uno de los dos o tres  mejores de la historia, tiene esa doble cara: segundo plano y triunfo.
En el Atlético, sin embargo, son los directivos quienes huyen de la quema aferrados a su artista indiscutido: Simeone. Y es el importante porque cada año tiene que reinventar un equipo con aspiraciones; su plantilla se desangra con sus mejores jugadores, que son vendidos sin misericordia en aras del obligado cuadre de cuentas en los equipos con más números rojos que negros. Y ahí reside su éxito, aparte del estilo contrastado ya durante varias temporadas para hacer a los colchoneros los terceros en discordia en España. Otra cosa es a nivel europeo, donde no deja de ser un aguerrido equipo que sale al campo con el cuchillo entre los dientes; nada del glamour que corona a los verdaderos grandes: Madrid, Barça, Bayern, Manchester United, Chelsea, Juventus, Milán, ahora también PSG, etc. Es decir, pasa el tiempo pero nada nuevo bajo el sol.  
Y en el Madrid, el número uno es don Florentino. Solo tardó un par de temporadas para dejarlo claro, desde que llegó al Bernabéu en el 2000. Por el camino han quedado achicharrados técnicos y jugadores en una ruleta sin fin desde que Del Bosque y Hierro salieron del equipo. Antes le salió bien con Redondo, que se lesionó de gravedad en el Milán al poco de venderlo, pero con los demás ha tenido que usar los apagallamas de los reiterados fichajes deslumbrantes cada año como escudo. Él confiesa a sus íntimos que la bomba hay que cebarla cada año para seguir en candelero, y a ello se aplica con una perseverancia tan brillante para su ego e imagen personal como nefasta para el club. No quiero reiterarme en mi crítica global a su gestión, ya la conocen sobradamente los fieles a esta columna, pero quienes duden de lo que afirmo solo tienen que mirar las estadísticas. Es muy fácil comprobarlo.
Llegado de urgencia Zidane al banquillo eléctrico blanco, como penúltimo pararrayos presidencial, ya presenta síntomas de achicharramiento. Decir en voz alta, por mucho que lo piense para sus adentros, como muchos, que cómo va a hablar de fichajes y bajas si él mismo no sabe si estará este verano al mando de la plantilla merengue, es la prueba palpable del fuego inquisitorial que se le acerca. Dar la razón a sus predecesores, Ancelotti y Benítez, de que la plantilla está desequilibrada, ha sido la mecha. Y ahora, asumiendo que la quema institucional es más que probable, trata de huir de la personal porque piensa, y con razón, que su prestigio no puede ni debe ser una ofrenda más en el altar de los egos e intereses de quien lo fichó y ha usado como emblema. El cada vez más Pérez, en detrimento de la deidad Florentino, no tiene miramientos con quien ose disentir de sus planes. Dejar cientos de millones de euros en el banquillo para que jueguen Casemiro, Lucas Vázquez, Carvajal, Jesé o Borja Mayoral, es jugar a la ruleta rusa con la pistola presidencial. Solo que en lugar de una bala tiene solo un hueco en su tambor. Y esa única posibilidad es ganar la Copa de Europa. Y a ello se apresta Zidane tratando de armar un equipo desde el medio campo, en el reino de medias puntas de su plantilla.
Casemiro tendrá así la continuidad que le ha faltado para demostrar si de verdad es jugador para el Real Madrid, más que nada porque es el único medio centro disponible, como también venimos reiterando desde que se marchó Alonso. Y de rebote Lucas Vázquez, como extremo eficaz y peleón. Ahora, a esta tesis, se apuntan casi todos los especialistas, cuando han estado hablando de galgos y podencos desde entonces. Deben ser que los árboles florentinianos no les han dejado ver el bosque real del Real. En fin, parece mentira.

Suerte para Zidane en su acertada huida de la quema. Mourinho acecha        

lunes, 11 de enero de 2016

ZIDANE

ZIDANE
El presidente Pérez se ha puesto los Reyes, y de paso ha engolosinado a los desazonados seguidores merengues.
Sabía lo que le esperaba con Benítez en el Bernabéu: una pitada más y los pañuelos prestos, y eso era demasiado para su ego, acostumbrado a la loa y los parabienes de sus agradecidos palqueros. Ha tirado por la calle de en medio, sabedor del prestigio que atesora su mejor fichaje, aun a riesgo de quemarlo en el empeño de conseguir una tregua con el madridismo hostil.  Asegurar un final calmo de temporada aunque no se gane nada,  lo más probable dado el panorama, es una patada hacia adelante por si aclara.  Lo más asequible sería ganar la Champións, con la dificultad que conlleva, porque la Liga esta chunga y pinta nuevamente de azulgrana.
El debut del galáctico francés en el eléctrico banquillo merengue bajo la égida florentiniana supuso un éxito tan indiscutible como aparente: cinco goles a un clemente Deportivo es esperanzador pero fue un partido de guante blanco. Una sola tarjeta y por protestar no es el balance de un visitante aguerrido en el Bernabéu. Además, con esa venial disposición deportiva y el buen trato del balón, los coruñeses pudieron sorprender a los madrileños antes de que crearan peligro, con un portentoso Bale en estado de gracia. Su delantero Lucas tuvo un gol medio hecho con el marcador a cero,  y dispararon otra media docena de veces con posibilidades desde el borde del área blanca en la primera parte. Y es que, aunque Modriz y Kroos cubrían bien las subidas de los excelentes laterales-extremos merengues —espléndido Carvajal—, la media punta rival estuvo descontrolada. Es el mal endémico que acarrea el Madrid desde que Alonso se marchó a Alemania. Y, antes, desde que Redondo y Makelele fueron liquidados por los gustos de don Florentino, enamorado sin remedio del juego de los medias puntas. La carísima plantilla merengue es un ejemplo de ese desequilibrante matiz. Seis o siete interiores de ataque y un solo centrocampista, Casemiro, de corte defensivo.
Por eso, como hemos reiterado desde aquí, el Real, esté quien esté en el banquillo: Ancelotti, Benítez o Zidane, cualquier otro de menos nombre o usted mismo; está sobrado contra equipos menores, como demuestra cada semana, pero sufre contra los grandes y ante los que disponen de un medio campo potente aunque no tengan grandes aspiraciones. La calidad de su plantilla cuando quiere — esa es la tecla a tocar por Zidane—, que no su equilibrio, da para eso. Pero ya veremos cuando lleguen los que muerden, contra los que los jugones blancos tendrán que pelear sus opciones de ganar algo, que disponen de medios centrales de garantías.
En todo caso, la elección de don Florentino es acertada dada la situación y lo que se le venía encima. El Real Madrid, con Zidane, tiene asegurada una segunda parte de la temporada plena de esperanza. Circunstancia que desde hace años no le rodeaba, y menos desde el tsunami Mourinho. El francés, además de fútbol y aura elegante, tiene acreditada una personalidad suficiente para dotar a la institución de estabilidad hasta junio. Otra cosa será cuando acabe la temporada y haya que tomar decisiones drásticas, como me temo. Si el Barça continúa su rutilante marcha en la Liga, con el Atlético al acecho, el Madrid tiene poco que hacer, y en Europa la lotería es más esquiva que generosa. Es difícil ser campeón, único laurel aceptable para los blancos, y no siempre se tendrá la fortuna de Lisboa —¡Ay Ramos!—, donde pasados dos minutos eran subcampeones.
Si se acaba la temporada sin fruto habrá revolución en la plantilla: varias bajas  e incorporaciones importantes. Y para el año que viene el efecto Zidane habrá prescrito. Entonces se le exigirá desde el principio y será el último escudo del omnímodo presidente Pérez. Por el contrario, si suena la flauta y levanta alguno de los trofeos a los que aspira, don Florentino tiene asegurada otra etapa al frente del otrora mejor club del mundo, reconvertido en segundón o tercerol desde 2003, al poco de su llegada. Dicen los florentinistas que ha coincidido con la mejor etapa histórica del Barça, pero como decía Pasieguito, el recordado técnico asturiano del gran Sporting, contra los buenos marcajes existen los mejores desmarcajes.

 Zidane es la clave de quien le ha dado las riendas in extremis. Continuidad o abismo. Y ambos lo saben. A la ilusión, habrá que sumarle juego, piernas, corazón, bemoles y suerte.       

lunes, 30 de noviembre de 2015

EL ALMA EN JUEGO

EL ALMA EN JUEGO
Es invisible, pero no inodora. Transparente, pero no incolora. Clara, pero no insípida. Y ante todo, no ocupa lugar pero es determinante. El alma está hecha del mismo material que los sueños, y, como ellos, ilumina el camino a la inteligencia. Su brillo acompaña a quienes luchan, y su ausencia oscurece la mar de la cobardía, del conformismo, la resignación o la falsa prudencia. Es igual en un hombre que en cualquier actividad de grupo, como el fútbol. Benítez debería leer menos estrategia y más filosofía, y mirar menos al palco.
Cercana la Navidad, mucho más hermosa que el solsticio de invierno anhelado por la actual alcaldesa —esa desgracia con bastón de mando y antes con pancarta alborotadora—de la ciudad del Barça, los culés brillan con el alma que decíamos. Sin renunciar al juego base de la Masía; ahí están Busquets, Iniesta, Alba, Sergi Roberto, Rafinha y Piqué con el punto y aparte de Messi, dentro de lo mismo, para atestiguarlo; Luis Enrique ha sabido amalgamar a ellos a otras dos estrellas como Neymar y Suárez, de lo que muchos dudábamos con razones fundadas, y unidos a los antiguos valores de Mascherano y Alves, más el concurso de Rakitic, Mathieu y Bravo, y las esporádicas apariciones de los canteranos Munir, Sandro y otros, están consiguiendo aunar el objetivo de los grandes: ganar, jugar bien, golear, divertir a su parroquia y encandilar sin distinción de colores a los aficionados.  Por lo que decíamos, el Barça es un equipo con un juego claro, transparente, con sabor, oloroso y brillante. Un equipo, juegue quien juegue, con alma. Decimos los futboleros que cuando un equipo está bien, entre quien entre se contagia del buen juego y saca lo mejor de sí hasta salirle casi todo lo que intenta. Por el contrario, cuando un grupo no está bien no le sale nada a nadie. Si el alma que ahora atesoran los blaugranas no se les apaga, el triplete del año pasado puede quedarse corto esta temporada. Por eso, sus aficionados sueñan con toda la razón que les dan sus jugadores. Están intratables y encima divierten y se divierten. No se puede pedir más.
El Atlético, por su parte, continúa con el alma que poco a poco Simeone fue inculcándole. Lo ratifica el hecho de que cada año cambian a varios jugadores determinantes y la marcha apenas se resiente: sigue siendo el mismo equipo peleón, eficaz y eficiente, que saca sus partidos adelante con más dificultad que brillo. Y en ese partido a partido que preconiza el aguerrido técnico argentino encuentran su gloria. Por eso, también, sus aficionados sueñan con repetir las gestas que vienen alcanzando estos últimos años. La llama que les ilusiona no será siempre rutilante, pero sí generosa, emocionante y esforzada; el alma eterna de los colchoneros. La de los pupas; la de los Adelardo, Luis, Gárate, Ayala, Futre, Pantic y tantos otros, con nuestro Juan Antonio López Gallego entre ellos —ánimo, amigo—. Esa que el Cholo les ha devuelto.
Finalmente, el Madrid sigue buscando la suya. Tras la debacle ante el Barça parecieron encontrarla en Ucrania, pero el último cuarto de hora volvió a traer sombra a su estrella. Y ayer, en Éibar, ante un equipo menor tan gris y romo como el juego desplegado por los blancos, a pesar de su victoria, volvieron las negras golondrinas a anidar en la tiniebla de lo insulso. Dicen algunos cronistas que el Madrid ganó bien, pero no añaden ante quién ni cómo. Solo en la primera parte, sus medios centros de fortuna: Modric y Kroos, perdieron varios balones en el inicio del juego que ante un equipo fuerte les hubieran costado, como ante el Barça la semana pasada, más de un disgusto. En Ucrania pareció que Benítez había vuelto al buen criterio para jugar como siempre lo han hecho sus equipos, con equilibrio, pero en tierras vascas la burra ha vuelto al prado. Un equipo grande, como el Real Madrid, no puede jugar con arreglo a sus rivales, salvo cuando lo hace con alguien de su nivel y aún así es discutible. Por eso necesita optar a una alineación que los aficionados conozcan de memoria; como en los buenos tiempos.
Si Benítez entiende que debe jugar como Ancelotti el año pasado no justificará su fichaje. Su fracaso será peor que el del italiano: no habrá aprendido de sus errores.

“Chapas”, lo recalcitrante es contrario a la sabiduría. Y con los ajenos, de tontos.       

lunes, 23 de noviembre de 2015

¡ES EL MEDIO CENTRO, ESTÚPIDO!

¡ES EL MEDIOCENTRO, ESTÚPIDO!
Permitan que recurra al sobado aserto de Clinton referido a la economía en la gobernanza política, pero es un desahogo por el hartazgo sobre lo que llevamos escrito respecto a la situación del Real Madrid: ni Kroos ni Modric, siendo excelentes jugadores, son mediocentros.
Y lo señalamos desde que Ancelotti puso ahí al alemán, si bien es cierto que tras la marcha imprevista de Alonso solo tenía a Illarra – menudo partido hizo contra el Sevilla el sábado —, en quien dejó de confiar demasiado pronto por un mal partido en Alemania.
Benítez empezó esta liga con el equipo del sábado contra el Barcelona y, percatado de lo anterior, sacó enseguida a Casemiro, que ha sido su equilibrio, consiguiendo una racha importante invicto. Por eso el título de este artículo, sin ir dirigido contra nadie, como reflexión para opinantes, futboleros y periodistas que han  hablado de mal juego o excesivas precauciones defensivas, alabando a Keylor como el equilibrio blanco.  El portero costarricense ha estado bien, como cabe esperar del sustituto de Casillas, y con sus buenas intervenciones ha evitado goles, pero nunca ha sido el eje del Madrid. Ese tiene un nombre: Casemiro.
Los tres primeros goles del Barça vinieron por el mismo sitio. La corona del área blanca era un merengue por donde Sergi Roberto e Iniesta, sobre todo, metieron sus botas e inteligencia como cuchillos de tarta. Y tras el golazo del extraordinario manchego, que ha heredado el sitio del inolvidable Xavi, se acabaron el partido y los pitos a Piqué. Un encuentro que pudo quedar cero a ocho, uno a siete, o cero a seis porque, paradójicamente, la suerte estuvo esta vez del lado madridista y le evitó un bochorno escandaloso.  Si hubiera estado Casillas, los forofos paniaguados que Mourinho dejo como herencia entre los aficionados blancos, y los periodistas de su cuerda, le hubieran echado parte de la culpa, pero tampoco su sucesor pudo hacer nada para evitar la debacle. Solo la enorme superioridad blaugrana desde el minuto uno explica la goleada, y la suerte, como decíamos, impidió que fuera la mayor humillación madridista de su historia. 
Benítez ha cavado su tumba porque Pérez no le va a perdonar el bochorno de las pañoladas y los gritos mayoritarios de “Florentino dimisión” que se escucharon en el descanso y al final del partido, por mucho que subieran el volumen de la megafonía del estadio. Su ingobernable soberbia se lo impide, a pesar de que tiene buena parte de la culpa de los pesares presentes del Real. Como hemos reiterado también, la plantilla está hecha a la imagen y semejanza de los gustos futboleros del presidente, que para eso ficha y desficha él. Un grupo abarrotado de medias puntas y con un solo especialista en el medio centro.
En cuanto se supo la alineación de Benítez,  medida política por lo de agradar al palco y a ciertos jugadores en detrimento de sus convicciones, algunos aventuramos que el Barça le pasaría por encima al Madrid. Y ocurrió lo que decíamos a los compañeros de tribuna. Lo sorprendente es que tal realidad no la previeran quienes tienen muchas razones para apreciarla, porque tampoco era tan difícil el pronóstico. Enfrentar a Kroos, Modric y James, con el supuesto apoyo de Bale, a Iniesta, Rakitic y Sergi Roberto, con el soporte del seguramente mejor mediocentro europeo y del mundo, Busquets, al decir de los técnicos más reputados, es una apuesta segura al fracaso. Nunca sabremos lo que hubiera pasado si en lugar del galés o del alemán, en un estado de baja forma preocupante, hubiese jugado Casemiro por delante de los centrales, dando cobertura tanto a los medios como a los laterales. Marcelo subió con timidez y Danilo ni eso, porque Modric y Kroos, en línea, no pudieron nunca con sus rivales y a ellos les llegaban siempre los culés en superioridad, igual que a los centrales.
Otros temas inquietantes son el físico y las lesiones blancas. Y es que, como dicen en privado algunos futbolistas de peso específico, las pretemporadas que se planifican y los servicios médicos del club no responden a las necesidades deportivas, sino a intereses inconfesables.
Finalmente, si lamentable fue no ver en el Madrid a ningún canterano, peor fue la presencia de un solo español de inicio mientras que en el Barça lo hacían cinco canteranos internacionales con España. Y en la grada blanca gritando ¡España, España! Sería para animarles, digo yo. Penoso.
Y a todo esto, sin Messi.

   

lunes, 16 de noviembre de 2015

ESPAÑA ANTE SU ESPEJO

ESPAÑA ANTE SU ESPEJO
Si hacemos una fusión de la primera con la segunda parte contra Inglaterra, y recordamos lo de Ucrania, la selección nos retrotraería a la España campeona de todo hasta hace dos años. Hay varias imágenes de las constantes de seguridad de Luis Aragonés, que nos catapultaron a la cabeza del concierto futbolístico mundial hasta el punto de ser objeto del deseo émulo de todos.
Empezando por atrás, la portería española está más que garantizada con dos porteros de enorme nivel. Casillas y De Gea, o viceversa, aúnan distintas condiciones y primaveras contrapuestas en su idéntica solidez: juventud y experiencia. El exatlético y futuro merengue reposa en sus alámbricas extremidades unos reflejos solo al alcance de los mejores, que nacen en un corazón explosivo bajo un cerebro rebosante de intuición. Casillas, que tenía esas mismas cualidades hace unos años, aunque fuera peor por alto en los balones cruzados, ha suplido el paso del calendario por el poso de la sabiduría. Antes llegaba en plan gatuno a cualquier balón sobre la raya de la verdad y salía a por el contrario en ventaja con idéntica rapidez, y ahora suple la décima de los reflejos por la calma y la colocación.
De laterales muy bien, con el goleador Mario recordándonos al sobrio Capdevila y al oportunista Alba, que continúa con Juanfran,  Carvajal, Azpilicueta y Bernat; y por el centro amanece otra estrella. Bartra dio en Alicante un recital de gran futbolista —cómo recuerda a los mejores Sanchís  y Pujol en su juego de anticipación —, y es el asegurador del candado que suponen Ramos y Piqué, todavía titulares indiscutibles en cualquier equipo del mundo; con Nacho en la recámara.
Y en la media seguimos sobrados. Aún no hay en el panorama mundial  unos centrocampistas, ni en calidad ni en calidad, que igualen a nuestros Iniesta, Busquets, Cesc, Silva, Cazorla o Mata, como veteranos en plenitud, y muy pocos equiparables a sus recambios coyunturales: Navas, Thiago, Koke, Isco, Javi Martínez, Muniaín, Sergi Roberto, San José o Bruno, más los que vienen apretando desde la sub 21. España, como entonces, se puede permitir jugar con tres, cuatro o hasta cinco medios, sacrificando a un delantero, porque cualquiera de los que jugaran más adelantados tiene tanto gol como los mejores puntas, salvando, claro está, a los especialistas consumados de los que España carece. Si Cristiano o Messi fueran españoles, o Raúl tuviera doce años menos, el ahora reinado español seguiría siendo el imperio que instituyó Luis hace ocho. Y eso que ya no está el mejor medio español de la historia, Xavi —con el balón de oro Luisito Suárez— tan indiscutido como insustituible.
Y llegamos a la delantera, nuestro único punto flaco. Desde que se fue el Villa eléctrico todavía no ha aparecido un punta de su efectividad: el máximo goleador histórico. Han pasado algunos pero ninguno con la necesaria regularidad y esa chispa que distingue a los delanteros imprescindibles. Llorente, Soldado o Negredo, por ejemplo, como Costa o Alcácer  y tantos otros, son delanteros de club, en el mejor de los casos, pero carecen del marchamo de los elegidos.  Antes hemos nombrado a cuatro que le darían a nuestra selección actual el aura suficiente para afrontar el futuro con las máximas garantías, pero dos de ellos nunca hubieran podido, por ser extranjeros, y los dos mejores goleadores españoles de los últimos veinticinco años ya no están para estos trotes. Habrá que buscar en los jóvenes como Morata o Nolito — ¡qué calidad atesora y en qué forma se halla el celtiña exblaugrana! —, o tal vez en los veteranos como Adúriz, que lleva unos años en estado de gracia; o en los que están llamando a la puerta desde la citada Sub 21  —Munir, Williams, Deulofeu, Asensio— aunque no sean puntas puros, quien bata con regularidad al portero que menos conozca, como decía Di Stéfano.
Finalmente, no podemos obviar la lacra sempiterna de nuestro combinado: el calendario de las competiciones nacionales. La selección nunca ha podido preparar con tiempo suficiente un campeonato. Si a ello le unimos que los jugadores básicos juegan en los equipos que disputan las semifinales y finales de Europa, tendremos la mezcla tóxica que debilita sus fuerzas. El Mundial de Brasil fue un ejemplo. Además de falta de imaginación táctica, jugaron andando por carencia de reservas.
En todo caso, debemos ser optimistas si juegan como saben. ¿Del Bosque? Merece el máximo respeto pero da para otro capítulo. De momento, como él, todos tranquilos.         

    

jueves, 12 de noviembre de 2015

DOMADOR DE EGOS, DESATASCADOR Y ESPABILADOR

DOMADOR DE EGOS, DESATASCADOR Y ESPABILADOR
Se buscan un domador de egos, un desatascador y un espabilador. El Madrid necesita un especialista capaz de serenar al mejor goleador de su historia: Cristiano Ronaldo, y al presidente más listo: Florentino Pérez.  En el Barça, por su parte, urge hallar un desatascador capaz de sacar al club del caos que padece en todo lo que no sea fútbol: hacienda, juzgados, UEFA, FIFA, despachos y política. Y en la Federación Española alguien que espabile a Del Bosque; que le susurre la evidencia del deterioro con el paso del tiempo en alguno de sus preferidos: Diego Costa, por ejemplo.
Cristiano está otra vez triste. ¿Qué le pasa al rey del gol? ¿Por qué se pone otra vez volantero y merodea nuevos lares, ahora parisinos, provocando los celos llorones del emperador Pérez?  Es muy sencillo, como veremos. Algunos lo achacan a que no está contento con el juego blanco; yerran en el diagnóstico sobre su dolencia. Benítez, ante la ausencia del resucitado goleador Benzema, que afronta tras su lesión otro lío judicial, uno más; le ha colocado de ariete libre, sin posición delantera fija, y ello, aunque le suponga más opciones de gol, lo ha dejado sin referencia geográfica en el campo y, lo que es peor, sin metros por delante para llegar con ventaja al área y encañonar inmisericorde a los porteros rivales. Pero eso no es la causa de sus devaneos extramatrimoniales con el club. Más que nada porque es una situación transitoria y de fácil arreglo, aparte de que no le afectan al ego ni a su bolsillo; crisoles donde funden sus querencias. La causa de sus flaquezas, y de sus infantiles llamadas de atención, fue la publicación reciente de los sueldos de su club y de los del máximo rival a todos los niveles: el Barça y Messi. Que el argentino cobre tres millones más que él al año por ese concepto ha desatado los sentimientos: le han tocado el corazón y la cartera. ¿Qué más tiene que hacer por el Madrid para ser el jugador mejor pagado del mundo, ya que lo de los Balones de Oro depende de otras instancias, y hollar, al menos en eso, el número uno en el podio? Ahí está la rata que hace rechinar sus dientes. Tome buena nota Florentino si no quiere una tempestad en el vestuario que ocasione otra temporada en blanco; una más, también.
En el Barça parece que vuelven a sus antiguas andadas; lo llevan en los genes. Aquellos larguísimos años en los que con los mejores jugadores y técnicos del mundo, al menos sobre el papel, posibilitaron, sin embargo, que el Madrid fuera nombrado mejor club del siglo XX. Lo de ser más que un club le puede pasar ahora una factura demoledora. ¿Se imaginan lo que ocurriría si por la gilipollez de las esteladas le echaran de la Champions? ¿Qué es exagerado? Como el ínclito Villar pierda pie en la FIFA y en la UEFA, que está al caer, lo veremos más pronto que tarde porque la tontuna galopante de sus mandamases es manifiesta. ¡Qué falta de personalidad para dirigir un club tan grande en lo futbolístico como el Barça! Ya debieron ser expulsados de la Copa del Rey en España cuando se presentaron a una final para negarse a jugarla. Entonces, el primo de Bilbao, Villar, se sacó uno de los conejos de su chistera y enterró el desmán. Lo mismo que hizo para no cerrarle el estadio tras la lluvia de objetos por el asunto de Figo, con la cabeza de un cochinillo como estandarte. Pero ahora, con la política comunitaria europea por en medio con el tema independentista del enloquecido Mas y sus mariachis antiespañoles y antisistema, carnes de presidio todos que deberían ser por sediciosos, traidores, sinvergüenzas y algo más, que no digo por no atraer antes de tiempo la sangre que originarán impunemente a los tontos que echen por delante, como siempre hacen los mayores cobardes del mundo; se pueden encontrar con la horma del zapato que nadie ha querido ponerle en España nunca. Necesitarán un desatascador tan enorme como la tontuna que arrastran.
Y, en la selección, haría falta alguien que fuera justo con los mejores futbolistas de cada momento y desenredara el clientelismo de Del Bosque y compañía. Adúriz lleva tiempo siendo el mejor delantero español y lo tienen olvidado. Debe ser porque nunca ha sido del clan federativo. ¡Ay, Luis, cómo te echamos de menos!   


jueves, 5 de noviembre de 2015

AZNAR, EL PÁJARO DEL ALBA

AZNAR, EL PÁJARO DEL ALBA

Ni a la quinta ha ido la vencida. Es el reiterado trino al amanecer y sin recaderos al encantado Rajoy, del ojizaino y antiguo presidente del PP y del Gobierno, padrino suyo y referente onírico de las huestes conservadoras, elevado antaño a sus altares como paradigma de mando y ejemplaridad. Pero tiene tan poca fortuna en sus despertares mañaneros como alabado fuera por quienes deberían reflexionar sobre tan ajustado clarín: con Rajoy y sus viejos olmos de ribera, el bosque pepero acabará en la mar machadiana por ríos y barrancas.
Pregones
Salvo en solemnidades y fiestas de guardar, donde se homenajea a algún personaje haciéndole el honor de pregonar cualquier tradición o ‘fiestorro’, los pregoneros eran unos mandados para esparcir a los cuatro vientos los anuncios, recordatorios o advertencias que la Autoridad tenía a bien comunicar a la ciudadanía.
Nuestro personaje de hoy aúna ambas caras. Con una se hace un auto homenaje, convencido de ser la reserva espiritual del centro derecha español,  y pregona con la cobertura de FAES, o en el evento y medio a los que ‘acepte invitaciones’, lo que considera que deberían tener en cuenta sus ex devotos; hasta hace siete años a pie juntillas y sin pestañear, por la cuenta que les traía.
Por otra se otorga la autoridad —que no poder —de la presidencia honorífica del PP, y sermonea de cosecha propia lo que considera respetable para sus otrora incondicionales, cada vez más díscolos y descreídos.
De mal estratega a estéril remendón.  
Es una pena que quien creó sueños colectivos desde un razonable manejo del timón de las Españas, no sumara a sus demostradas capacidades la de buen estratega a largo. De aquella supuesta primera división mundial, solo queda el remoto reflejo de sus fotos con quienes sí pertenecían a ella.
Declaró su amor por interés a un Pujol lagartón en el Majestic, sirviendo como prenda la inmersión lingüística. Ni su tactismo personal, ni mucho menos ninguna estrategia coyuntural para favorecer la estabilidad nacional, justificaban tal indignidad.  La lluvia del tiempo ha hecho crecer la cizaña en aquella mala siembra: Cataluña hoy.  Por mucho que él apunte remiendos dolidos, triste consecuencia de lo propiciado junto a sus antecesores, y preludio de lo que perpetrarían sus herederos monclovitas.
Gurú ruinoso
Tampoco podría ejercer de pitoniso; si acaso, de echador de cartas trucadas. Lo demuestra su dedocrática apuesta por Rajoy como proyecto de presidente del gobierno, desde la realidad que él debería conocer mejor que nadie: probo militante funcionarial en la nomenclatura de Génova, por muchos cargos electos y de confianza que ostentara. Lo disculpable y más a mano sería que el Señor no lo haya llamado por el camino de la intuición, y, lo imperdonable, que optara ladina aun equivocadamente por un Mariano títere.

La del millón no se la cree nadie, o… sí: que Rajoy fuera más listo, y lo engañara a conciencia durante demasiados años vendiéndole su recauchutada moto como de kilómetro cero. ¡Quién lo iba a decir!  

SÁNCHEZ Y LOS PERROS DEL TÍO ALEGRÍA

SÁNCHEZ Y LOS PERROS DEL TÍO ALEGRÍA

Pedro Sánchez arrastraba con la dignidad de su honradez el pesadísimo lastre ‘zapateril’, luciendo un discurso renovado con el que establecer su lugar al sol.
Las últimas elecciones le supusieron el respiro que todo luchador necesita para coger aíre. Y las sucesivas encuestas posteriores confirman un segundo puesto en las preferencias ciudadanas, que en Ferraz sabe a gloria viniendo de donde vienen; el pasado reciente no permite otras alegrías. Es lo único que justifica que los sucesivos ‘hostiones peperos’ no le propicien un ascenso proporcional.
Pero las viejas burras sociatas no descansan y han vuelto a parir humo en la siega. Enjugascan al personal con partos superados y paren ratas, cuando lo que necesitan es imaginación para distanciarse de quienes han estado chupándoles el voto desde su supuesta izquierda: Podemos está en caída continua y el PSOE no necesita esfuerzos baldíos buscando recuperar lo propio. 
Además, Sánchez hace de Florentino ramplón con un fichaje tan mediático como polémico, que no le dará ni para, al  menos, hacer caja vendiendo camisetas. Irene Lozano llega al PSOE pisando los justificadísimos callos de los socialistas honestos, que se han sentido durante años ofendidos por sus continuas descalificaciones sobre las más diversas corruptelas. Haberlas ‘haylas’, y corruptos también, pero generalizar es malvado e indemostrable, y demuestra indigencia mental y retórica.  La nomenclatura del PSOE quiere sumarse con ello al festín carroñero de los despojos de UPyD, cuando ese controvertido movimiento puede acelerar la fuga a Ciudadanos de unos y el reforzamiento en otros de la fidelidad al partido liderado ahora por Herzog, quien puede añadir a su antigua baza de látigo de corruptos, el banderín de reenganche de la coherencia honesta desde la lealtad a unos principios. Emblema que pierde el PSOE con su ex bicha.
¿Es que no tendrá Sánchez nada nuevo que ofrecer a la expectante ciudadanía que la cabeza de la religión en las aulas, ausente en los informes PISA sobre la escasa calidad de la enseñanza en España;  las secuelas de la Guerra Civil de la malhadada Memoria Histórica, de lo que habría mucho que hablar y nada bueno, como por ejemplo incluir las fosas de anarquistas de la CNT y la FAI y troskistas del POUM,  masacrados por los comunistas estalinistas del PCE y PSUC — con Campanys mudito— en connivencia activa con el gobierno republicano del PSOE de Negrín;  la defensa de los insolidarios conciertos vasco y navarro, consecuencia de señoríos y conflictos bélicos civiles también; o el traslado del trampantojo Senado a Barcelona, verdadero panteón ruinoso de hombres dudosamente ilustres?
Les puede suceder al líder socialista y a sus asesores, con el objetivo de las generales a mano, lo que a los lebreles del tío Alegría: eran buenos siguiendo la pieza pero cuando la tenían a la vista levantaban la patita para hacer pipí.
Mientras, Rajoy aleando en cabeza y Rivera subiendo pletórico. La tercera división acecha por mucho cara a cara folletinesco que promueva Sánchez. ¡Imaginación al poder! ¿Le sonará?


   (artículo publicado en diversos medios, como todos los de este blog)

lunes, 2 de noviembre de 2015

DE LOS DESPACHOS AL FÚTBOL Y AL ESCÁNDALO

DE LOS DESPACHOS AL FÚTBOL Y AL ESCÁNDALO

En cualquier espectáculo priman los artistas sobre los gestores. En el fútbol, como evento que concita las mayores concentraciones de espectadores en los países donde reina, ocurre lo mismo. Se recuerdan los nombres del pasado: Pelé, Di Stéfano, Beckenbauer, Maradona, Cruyff y compañía, y se nombran con deleite los contemporáneos: Messi, Cristiano, Ramos, Iniesta, Ibrahimovic, etc., comparándolos muchas veces con los recientes: Raúl, Ronaldo, Romario, Van Basten o Xavi, por citar algunos.
Con los entrenadores pasa lo mismo, aunque su memoria es más corta. Actualmente podríamos meter en ese grupo de gerentes artistas a los Guardiola, Mourinho, Del Bosque, Klopp o Ancelotti, junto a quienes lideran en cualquier momento a los grandes equipos: Luis Enrique, Van Gal, Benítez, Simeone y pocos más. También en este cupo se recuerdan a los recientes: Michels, Menotti, Cruyff, Capello, ValdanoSacci, Fergusson o Aragonés, por rescatar a algunos que aportaron novedades futbolísticas destacadas.
Sin embargo, salvo el legendario Santiago Bernabéu, es difícil que los aficionados rememoren los nombres de quienes dirigieron el cotarro desde los despachos: los presidentes de clubes y de instituciones. Y cuando se les recuerda no es precisamente sin polémica; un ejemplo podría ser Florentino Pérez, al margen de contadísimas excepciones. El segundo plano es una virtud institucional para quienes llevan las riendas de cualquier organización, y una muestra de servicio honrado a la cosa. Por eso, a muchos nos escandaliza que ahora estén en candelero los Blatter, Platini o Villar de turno; es un decir, porque más que de turno son de oficio sempiterno, cuando no de escasa vergüenza o, directamente, de mangoneo descarado continuo. Es insólito en cualquier escala comparativa que los mandamases del fútbol manejen los cotarros a su antojo, durante decenios, sin nadie que los fiscalice.
Los lobos se guardan entre ellos, lo que demuestra que el fútbol está en manos de gente sin escrúpulos llegada a los cargos con el afán exclusivo de echarse al bolsillo cuanto puedan, directa e indirectamente, además de lucir un lustre para el que no suelen tener mérito, formación ni bagaje personal alguno, salvo el de una alarmante y  demostrada mediocridad en sus derroteros profesionales y vitales antes de llegar al sillón.  Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor para comprobar tal evidencia. Y empeoran aún más la situación de lo que en teoría administran, que en realidad saquean, rodeándose, como buenos mediocres, de más ‘mierdaembrazos’ para reinar como soles en el desván de sus tinieblas.
A pesar de ello, algunos, como el propio Villar, aciertan a veces en materia exclusivamente deportiva y consiguen éxitos indiscutibles. El tiempo reciente de la laureada selección española es un buen botón de muestra, aunque para ello se han de concitar circunstancias tan excepcionales como el propio brillo ocasional de estos personajes; nefastos en su mayoría. ¿Cuándo vamos a contar en España con una pléyade de magníficos futbolistas como la de Xavi, Iniesta, Pujol, Casillas, Villa, Senna, Busquets, Alonso o Ramos, y de un técnico como Luis que supiera ver los puntos fuertes reales que les adornaban, conjuntándolos bien, con el coraje y el valor de jubilar a otros tan buenos como ellos — Raúl o Salgado—pero con el paso cambiado para la idea que finalmente resultó acertada; y otro como Del Bosque que supiera darle continuidad al invento? Desgraciadamente pasarán generaciones de artistas y de aficionados para que se pueda repetir. Porque, además, el modelo que tan sabiamente impuso Luis, el del dominio mediante un toque exquisito, sin prisas, y con buena llegada: el celebérrimo “tiquitaca” que todos quisieron imitar después en el planeta, coincidía con la forma de jugar de quien mejor fútbol hizo en esos años en el mundo: el Barça.
A quienes aún ningunean el modelo de la Masía aduciendo que los blaugranas contaban con el mejor Messi, se les caen los palos del sombraje con el argumento contrario de que el argentino no jugaba con España y sí con Argentina, sin que los albicelestes se parecieran en juego ni en resultados a nuestra selección. Y, ¡ojo!, los que se aburrían eran los rivales y sus forofos, a quienes los del “tiquitaca” hacían pequeños en cada partido haciendo arte del juego de la pelota. 

La pena es que los escándalos de corrupción de Blatter, Platini y ahora parece que de Villar, ensombrezcan algo que puede ser tan bello, amparados en las sombrías prácticas que avergüenzan el fútbol desde los despachos. ¿Penarán? Lo dudo. Ellos juegan con baraja marcada.

jueves, 29 de octubre de 2015

EL REAL MADRID DE BENÍTEZ

EL MADRID DE BENÍTEZ

Como todo proyecto, tiene una base lógica. Un equipo se hace en función de la plantilla disponible y en el Madrid nunca escasea; es la ventaja de ser un grande.
En cualquier deporte lo primero es el equilibrio, y en el fútbol se empieza a construir por atrás. Hay que valorizar el gol como logro más preciado y difícil, y para eso hay que evitar sobreesfuerzos asegurando en lo posible que los rivales marquen pocos. ¿Una buena defensa? Sí, pero es mucho más que eso. Porque como decía Cruyff —¡mucho ánimo, por cierto!—, y ejercían los Di Stéfano del mundo, aparte de una buena zaga, la mejor defensa es tener el balón; cuestión harto difícil. 
Vimos al Madrid en París casi todo el partido y contra el Celta la primera parte. Como los rivales también juegan, Berizo —bastante mejor entrenador que Blanc— cambió el sistema celtiña tras el descanso y evitó atacar por el centro para hacerlo muy abierto. Así esquivó al gran Casemiro con el que Benítez, al fin, ha asegurado el medio centro madridista. ¡Ya era hora! Algunos llevamos tiempo señalando su carencia como el gran problema blanco. Ancelotti se empeñó en poner ahí a Kroos, excelente volante derecho, y ante los rivales de postín el equipo hacía aguas hasta vaciarse en esfuerzos baldíos y quedar varados en la orilla —en Lisboa ganó la décima al Atlético por el postrer suspiro milagroso de Ramos, sin Alonso en el campo  —.  En su descargo, es cierto que  Xabi estaba suspendido y se marchó de improviso en la pretemporada siguiente, pero también es verdad que se quedó Illarra y vendieron a Casemiro; decisión cuya paternidad desconocemos aunque todo apunte al palco. Para don Florentino, la valía de los futbolistas empieza por su coste.
Benítez construye sus equipos desde el medio centro y el Madrid lo notará esta temporada, igual que su Valencia lo notó con el mejor Albelda. Junto al brasileño, canterano madridista y ex del Oporto, sitúa en sus flancos por delante a Kroos y Módric, quienes deben ganar en continuidad. El teutón llegará pronto a ser el que deslumbraba en el Bayern y con Alemania y empezará a marcar goles decisivos. Además, uno de los tres de arriba se encaja con ellos para formar el clásico cuatro, uno, tres, dos, que tanto gusta al técnico madrileño. Así se explica su predilección por Lucas Vázquez, que en principio apuntaba al ostracismo; James e Isco son los llamados a ese puesto.  Ronaldo queda libre para entrar al área por donde quiera, y el otro delantero debe adaptarse a él, lo que creará problemas cuando Bale esté disponible. El mejor Benzema y Jesé desempeñan bien ese papel, aunque el canterano, al ser barato, tendrá que salir al final de temporada para intentar volver con algunas decenas de millones de costo en su currículum. ¡Ah!, y para aprender idiomas y ganar ese lustre cosmopolita extranjero que tanto gusta por la planta noble del Bernabéu; cuestiones básicas para triunfar de blanco que algunos, pobres ignorantes y romanticones del fútbol, desconocemos.  Es lo que les faltaba a Hierro y Del Bosque o al mismo Raúl, que ha enmendado tarde, y que, a destiempo, también ha iniciado Casillas.
Hablando de porteros, el debate está en criticar a Ancelotti por no haber apostado por Keylor, y de paso, ¡ay lastimosos descamisados!, en censurar al presidente que lo tuvo vendido al Mánchester para traerse a De Gea.
Navas es un buen portero y lo está haciendo bien, pero, como decían por Argentina, aún no ha empatado con nadie. Ya veremos cuando lleguen los momentos clave que marcarán la temporada del Madrid. Compararlo con Casillas es un ejercicio de desmemoriados, por cierta que sea su irregular trayectoria en las dos últimas temporadas, enmarcada en la tensa situación que vivió tras el tsunami Mourinho.
El otro acierto de Benítez es que la defensa ha recuperado la anticipación, y juegue quien juegue no se resiente la seguridad atrás. Varanne y Nacho cumplen perfectamente, junto al emblemático Ramos, con Pepe en la recámara. Y los laterales, el otro punto fuerte del madrileño, como lo eran en el Valencia o en el Liverpool; son dos flechas alternativas. Nunca atacan a la vez, y Marcelo sobre todo, Carvajal o Danilo, son el cuarto centrocampista o el tercer atacante con licencia de gol.

Benítez ha cambiado al Madrid en dos meses y a los madridistas les aguarda una temporada exitosa. Si lo dejan, claro.         
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