martes, 30 de octubre de 2018

¿ANDE VAS, PÉREZ?



Ese quo vadis huertano habría que preguntarle al hombre orquesta del Real Madrid tras la deriva calamitosa del que es su equipo más que nunca, sin Cristiano, y el colofón de la debacle en el Camp Nou.
Algunos queríamos albergar al principio de temporada la esperanza de que el capo de tutti blanco hubiera reconvertido su vieja afición galáctica multinacional hacia el romanticismo de la juventud y los de casa. No traer figuras extranjeras para dar opciones a los Asensio, Isco, Ceballos y compañía nos hacía ensoñar tal anhelo. Pero no es así.  Para hacer creíble tan loable estrategia debería haber explicado a sus devotos madridistas que les aguardaba un desierto hasta conseguir un equipo aspirante de nuevo a todo tras la marcha de su mejor goleador histórico. Y no hubiera sido difícil, pues la historia le hubiese dado la razón con lo que hizo en 1963 don Santiago Bernabéu cuando invitó al primer monstruo merengue, Di Stéfano, a dejar el club. Tres años después, en el 66, conquistó su sexta copa de Europa con un equipo de jugadores españoles, la mayoría jovencísimos salvo el veterano capitán Gento. Cuando se va el figurón que ha guiado a un equipo muchos años no tiene sustituto. Hay que reinventarse. 
Pero no nos engañemos, en el fondo subyace la misma realidad del antiestético fichaje de Lopetegui. El ex seleccionador fue el postre desesperado de una empachosa comida de cinco indigestos platos; los que le dijeron que no antes de sacar el antitanques y cargarse a la selección española. Y si no es así, aún está a tiempo de explicarlo. De ahí el ¿ande vas, Pérez?
La tozuda realidad es que no ha traído unas cuantas figuras porque le costaban demasiado, en un periodo en el que remodelar el estadio es su obsesión, o porque le han dicho también que no, como Mbappé antes de irse del Mónaco al PSG.  Una verdad tan tozuda como don Florentino, que tiene ya tantos años como soberbia, prepotencia y vanidad para cambiar el paso, por mucho que saque la vocecilla de humilde curica cuando se enfrenta a foráneos y a la prensa.  Ahora tiene la ocasión de demostrar su peregrina creencia de saber más de fútbol que de otra cosa — es lo que confía a sus más cercanos—. El Real Madrid está a la deriva sin timonel y sin velas, veremos si también sin gobierno.
En lo  meramente deportivo, el Barça goleó con justicia por su gran partido sin Messi. ¡Chapeau! Y Lopetegui se irá derrotado por una serie de circunstancias adversas, además de por la mala planificación crónica reciente. No recuerdo que los blancos hayan jugado tanto con los palos contrarios en lugar de con las redes. ¿Alguien recuerda otra racha semejante de casi goles en su historia? Incluso en Barcelona se puso de manifiesto con el tiro al palo de Modric que hubiera sido el empate. El Madrid jugó unos esperanzadores quince minutos y de tener fortuna en ese lance el partido hubiese sido distinto. El estado de ánimo juega demasiado en el fútbol, los culés se hubieran ido hacia arriba y el Madrid, crecido y a la contra, hubiese tenido opciones de ganar, que no de golear, porque carece de matadores.
EL QUO VADIS MURCIANO
El UCAM de Munitis —¡qué gran labor está haciendo el cántabro con sus esforzados  jugadores!— ha encontrado con los buenos resultados el buen juego. El domingo hicieron un partido espléndido ante el filial sevillista, con fases de superior categoría y media docena de canteranos en liza, lo cual tiene un mérito extraordinario. Parecía un duelo de filiales de calidad. Pero la veteranía de Isi Ros y Onwu inclinó el partido hacia los universitarios, ahora líderes y con renovadas expectativas. Pinta muy bien el austero invento de este año.
¿Y el Murcia qué?, se preguntan miles de aficionados. Lo comentábamos el otro día en Radio Marca con Cascales y en Onda Regional con Gregorio León, y con Faustino, Carlos, Antonio y el maestro Ibarra el jueves, y ayer mañana en la Condomina con excelentes socios veteranos del UCAM y murcianistas todos, no obstante. Incluso el pasado miércoles en Cartagena en mi comida con un grupo de entrañables amigos caballistas. 
Pues lo primero es saber quién es el dueño. Es una SAD y se rige por legalidades societarias. Así que al margen de los encomiables intentos de un grupo de entusiastas aficionados, lo primero es saber a quién preguntarle: ¿acho, ande vas? 

lunes, 22 de octubre de 2018

SAN QUIEN SEA, ORA PRO NOBIS



Cuando la desesperación atenaza es fácil implorar al cielo y hasta al infierno mismo. Es lo que sucede en el Madrid y, en otras circunstancias, lo que les ocurriría a los barcelonistas si la inminente ausencia de Messi descubre sus carencias como a los merengues la de Cristiano. Contra el Sevilla se vio. Los de Machín quizá habrían ganado el partido si el mejor del mundo no hubiera jugado los primeros dieciséis minutos. Porque de juego anduvieron tan sobrados como Ter Stegen en varias paradas antológicas. Por momentos, le dieron un baño al Barça en el mismísimo Camp Nou.
Lopetegui tiene poca culpa de la sequía goleadora de los merengues; hay que mirar más arriba. Y sustituirlo tampoco sería mano de santo. Con él o sin él las penurias acabarán cuando lleguen los goles; racha buena que podría amanecer en cualquier jornada. De los encuentros perdidos podrían haber ganado varios con el mismo juego; palos, porteros en su día prodigioso y fallos increíbles que afloran lo peor de un futbolista: la falta de confianza. Y si esa flojera acogota a los defensas y delanteros de un equipo el desastre está servido. Porque el desertor de España —¡cuánta ganas le tienen muchos!— ha probado con todo y con todos. El Levante, por ejemplo, ganó en el Bernabéu y bien pudo salir goleado. Dos fallos atrás, magníficamente aprovechados por los de Paco López, e innumerables ocasiones malogradas delante fueron una colección muy aproximada de los males que aquejan a los blancos. Madres detrás y gafes arriba, con los medios sin arriesgar tiros y pases profundos por inseguridad.
Unos añoran la supuesta flor de Zidane y otros dicen que les faltan hervores a quienes iban para balón de oro; Asensio, por ejemplo. Pero dejémonos de simplezas, lo que está faltando es el mejor goleador de su historia o sus alternativas. Era previsible que ni Benzema ni Bale ni ninguno de los delanteros que estaban, y mucho menos Mariano, el postre elegido in extremis, un jugador normalito; garantizan ni juntos ni individualmente los cuarenta y tantos goles de Cristiano. Si acaso, marcarán sus habituales treinta y pocos entre todos, pero seguirán faltando otros tantos como mínimo para ganar algo relevante; los que deberían haber hecho los sustitutos que nunca vinieron, y aun así faltarían otra docena. Y la madre de ese cordero no es Lopetegui, que bastante tiene con la previsión que hicimos algunos en junio de que no se comería el turrón.
Al margen de la mala suerte ocasional, que también juega, ese cordero tiene padre reconocido: Florentino Pérez. Porque es él quien desde su paradójica creencia de que si sabe de algo es de fútbol, como la de algunos de los que le acompañan sin voz ni voto en su directiva, hace y deshace desde siempre en lo deportivo, hasta propiciar la marcha de Cristiano. Por eso ha ido echando a quienes le llevaban la contraria; las verdades molestan a los soberbios cuando ejercen de tiranos.
¿Qué Pérez ha tenido aciertos? Claro, faltaría más que no hubiera dado una en quince años; Figo, Zidane, Ramos, Isco, Modric o Kroos, pero aparte de una decena de buenos fichajes entre el centenar largo que ha hecho y el éxito en lo institucional y económico, indiscutible aunque haya sido a rebufo de la rutilante trayectoria del fútbol español en este tiempo— ver los éxitos, la economía y el saneamiento de la mayoría de clubes— lo demás es campo yermo y mustio, que diría el poeta. Mérito grande tienen en Villarreal, Éibar, Leganés, Getafe o Vitoria.
Ahora hablan de Guti, Laudrup, Michel, Solari , Roberto Martínez o Conte —el San quien sea—, pero ni con alas arreglarían algo sin goles. Como en Murcia sin dinero.
EL SANTO DE MURCIA
Cuentan que años después de la guerra, ante la pertinaz sequía, los huertanos fueron a pedirle al obispo Sanahuja sacar en rogativa a la Virgen de la Fuensanta para que lloviese. Y el personaje,  socarrón, descorrió los visillos de su despacho en la plaza de Belluga y ante el sol espléndido que lucía el cielo azulísimo de esta bendita tierra, les dijo: hijos míos, haced lo que queráis, pero el tiempo no está para llover.
Y desde la esperanzada aun realista perspectiva de un pimentonero incondicional, imagino a los bienintencionados murcianistas que se han unido para salvar al Real Murcia en trance semejante.
Ojalá ocurriera, pero para un milagro, aparte de un santo, se necesitan circunstancias propicias. ¡Mucho ánimo! 
      

jueves, 18 de octubre de 2018

DE VALDANO A ROBLES, AL MURCIA Y A MARADONA



Admirador del argentino futbolero de discurso barroco, no tengo menos que afearle su concepto de tragedia. Trágico es lo ocurrido cerca de Manacor y hace años en Lorca, y no en el Madrid de Pérez y Lopetegui. O lo que sucede cada día en el Mediterráneo occidental con tantas almas desesperadas en tanta patera. Lo del Madrid es puro juego deportivo, monetarista y de azar, que nada tiene que ver siquiera con el teatro griego, donde se representaban pasiones dramáticas y ejemplos de vida.
Tampoco lo afirmado por la ministra Robles es homologable a un insulto a España. Que abucheen al presidente del Gobierno va en su sueldo, que también pagamos los españoles; como el suyo y las mamandurrias de esa lumbrera llamada Zapatero que ansiaba conocer a Otegui y al fin lo  consiguió. Otro insigne patriota, ¡válgame Dios!, regado con el sudor de los paganos patrios.
Vamos a dejarnos de gilipolleces. El fútbol nunca tiene nada de trágico ni de patriota; si acaso de sentimental. Como tampoco las vicisitudes de quienes eligen dedicarse a lo público en detrimento de lo privado; en demasiados casos por pura incapacidad de hacerlo o por sacar la cabeza sobre sus colegas, que sería el caso del estulto licenciado leonés que sufrimos —no todos, claro, que de todo hay y es respetable— y de la juez. Sucedió igual con Rajoy, que ahora culpa a izquierdosos extremos e independentistas de su cese, sin calcular qué hubiera sucedido de pasar antes la poltrona a  alguien de los suyos. ¡Ay, los mediocres, los dogmáticos y los don Tancredos!
Que el Madrid no marque goles es mera consecuencia de la imprevisión, de los fallos, del azar y las circunstancias, que muchas veces se conjuran para que todo venga mal. Como ocurre con la política. En España, por ejemplo, no levantamos cabeza desde el 2004, y si me apuran, desde dos años antes; los que les sobraron al estirado del bigote. Qué pena que él mismo y González, al que también le sobraron años, no vuelvan para poner cierto orden en España; algo habrán aprendido de sus errores. Tras ellos navegamos las turbulencias del mundo cambiante gobernados por iluminados, tontarras y fanáticos; ¡qué peligro!
El paralelismo futbolero y político es paradigmático. Antes de la generalizada globalización, aleccionadora y mejorable, existían el sacrificio, los afectos y la fidelidad a los colores. Y figuras señeras como guías del pueblo: los de la Transición. Ahora nos quedan los intereses y  mangoneos y los dictadorzuelos. Aprendices de futbolistas que tienen agentes desde infantiles, o antes; clubes que demasiadas veces no sabes de quiénes son, aunque sus socios y aficionados parezcan vibrar como antaño; gobernantes que en poco se diferencian de los aspirantes, por estupidez insuperable o porque las economías domésticas están tan supeditadas a las supranacionales que dejan escaso margen para las particularidades; líderes políticos que parecen sacados de los viejos tebeos por lo que tienen de caricaturescos; y pueblos y aficionados inanes y entretenidos, si no alienados, por  redes sociales que dejan en mantillas las manipulaciones ocasionales de  antiguos medios de comunicación.  Todo mera fachada y, lo que es peor, trampantojos de realidades obscenas que poco o nada tienen que ver con aquellas que antaño se idealizaban.
Al hilo de lo anterior, ahora sale el otrora figurón futbolero y actual momia viva, Maradona, culpando a Messi, el mejor del mundo sin ninguna duda, de que necesita ir al baño veinte veces antes de los partidos. Como si esas incontinencias fueran nuevas entre deportistas. Si acaso, excepcionales por la cantidad, pero habituales. Y todo por ningunearlo. Y algunos se ríen desapegados.  La risa de lo morboso, lo ignorante y lo estúpido. Cada cual  pone el listón a su altura.
AGONIA GRANA
Donde hay pelo hay alegría, y donde no hay harina —dinero— todo es mohína. Desgraciadamente, Gálvez tiene las horas contadas y se nos avecina De la Vega, que tampoco parece nadar en posibles. Me filtran, no obstante, que tiene detrás a un murciano de aparente relumbrón, aunque tampoco aseguran que ate perros con longaniza. Ojalá funcione el invento y se ascienda con solidez.
Mientras, los casi once mil abonados murcianistas y los muchos más que lo sienten se preguntarán: ¿más promesas? Absténganse cantamañanas, cabría pedir.
Un duelo digno es mejor que un arrastre vergonzoso. Y resurgir de las cenizas tampoco es tan complicado. Otros lo han hecho con menos apoyo social que el Real Murcia. ¡Arriba los corazones!
  

jueves, 11 de octubre de 2018

¿PA QUÉ QUIES QUE VAYA?



“Pa ver cuatro espigas arruyás y pegás a la tierra…”  Eso escribía nuestro Vicente Medina en su Cansera; un precioso e intimista poema en murciano dando voz al alma vieja de un huertano depresivo. Como ahora están los madridistas: esmirriaos y mustios.
Pero no hay que desesperar. Tampoco es el momento de añoranzas ni  lamentos por lo que Pérez no previó en su día, al decidir que el malestar de Cristiano siguiera su curso cuando aún estaba a tiempo de reconducirlo. Y es que, las promesas hay que cumplirlas o, si se consideran inapropiadas por inmerecidas, explicarlo y tener una alternativa sólida; exceso de confianza o un asomo insensato de prepotencia. Otro más. Este con visos de llanto y crujir de dientes.
Empezó ilusionante la apuesta de Lopetegui; enganchaba. Pero en el fútbol no funciona nada sin goles. Ahora hay que seguir a Kipling y reedificar un club desde sus brasas, camino de una travesía desértica como advertimos hace tiempo. Ocurrió igual cuando se marchó Di Stéfano, el primer monstruo, a primeros de los sesenta del siglo pasado. Tres años en blanco hasta que un Madrid reconvertido ganó su sexta copa de Europa con aquel equipo ye-ye del 66 y solo el vestigio de Gento respecto a las cinco primeras. Es difícil inventar nada en un juego más que centenario. Ni siquiera para una mente tan prodigiosa en los negocios como ramplona en lo deportivo. Don Florentino, siguiendo a Homero, debería explicar a los suyos que el gozo debe estar en el camino más que en la meta. Aunque sea zozobroso y estéril y otros ocupen el lugar señero acostumbrado. Como la vida misma.
En todo caso, es difícil entender que alguien ducho en estrategia empresarial no previera con tiempo las consecuencias de dejar el cuerpo muerto. Benzema y Bale, sus apuestas, no eran alternativas para cincuenta goles. Como tampoco ganar cuatro Champions de cinco debería tapar las evidentes carencias que reflejaban en liga; los goles de Cristiano tapaban algunas. Y también cuesta comprender cómo se obnubiló tanto con sus dos éxitos consecutivos, los de Figo y Zidane, y, sin embargo, no aprendió nada de sus subsiguientes fracasos, que es el pozo de sabiduría de los sabios, según Goethe. Ya le costó irse en el 2006 y a punto estuvo antes de la pírrica décima Champions. Lo impidió el celebérrimo cabezazo de Ramos en Lisboa.
Ahora toca levantar los ánimos y reinventar un equipo bajo mínimos. No creo que sea problema de entrenador, por mucho que a Lopetegui le tengan ganas tantos por su deserción de España. Jugadores tiene para pelear por todo. E ideas futbolísticas también; hemos visto fases brillantes de juego. Solo falta que lo dejen hacer con confianza y muchos ánimos. Pero temo que la guadaña de su soberbia majestad no soporte una pañuelada en Chamartín. Los brillos madrileños sugieren que la torva guadaña presidencial siegue de nuevo. Una lástima, porque hay mimbres para enhebrar un equipo de futuro brillante.
¡TENGO UNA CANSERA…!
Y así acababa el insigne lírico archenero su poema.  Esa misma que rumian los murcianistas por lo institucional y económico, ahora que lo deportivo ilusiona.
Y vuelvo a la misma pregunta de hace unas semanas. ¿Qué hacen dos personas aparentemente lúcidas peleándose por una ruina? ¿Tan listo fue Moro para liarlos a los dos y largarse de fiesta? Más pronto que tarde saldremos de dudas; lo que hoy no se sabe por dinero, mañana se conoce gratis. Y entonces sabremos quién fue el ingenuo, el tonto y el golfo.  
Gálvez y De la Vega deberían sentarse y mostrar sus cartas antes de que diluvie. No atisbo otra solución que negociar hasta el límite de la honra del Real Murcia. Ese club tan grande, capaz de superar los diez mil abonados en una categoría impropia con todos sus pesares, que ha resurgido de sus cenizas demasiadas veces. O tal vez sea el momento de que alguien venga con el mazo y separe el grano de la paja para garbillar después los restos, si es que queda algo tras la tragicomedia que nos deprime.
¿Y por Cartagena? Pues que no es el momento de alardear de dinero y sí de rearmar morales desde la humildad. No sea que se oscurezca la excelente gestión de Belmonte y Breis y al final no haya ni estaca.
Mientras, el UCAM de Mendoza, de austero a sencillo, haciendo camino como Machado; con palos y cañicas sigue encumbrando. Y que dure.     
  


martes, 2 de octubre de 2018

ALGO SE MUERE EN EL ALMA



Cuando un goleador se va...  Es lo que asoma en el Real Madrid tras marcar un solo gol en sus últimos tres partidos de Liga. Y esto no es el tópico de añorar ausentes. Los blancos iniciaron la temporada con la piel mudada. Jugaban distinto de cuando estaba Cristiano, asociándose rápidos a uno o dos toques, imprimiendo velocidad a sus transiciones con todos en la misma partitura, sin solistas estrella, con pases espectaculares en largo para cambiar el juego de banda a banda y presionando solidariamente a una cuando se perdía el balón, incluso muy arriba. Y, muy importante, tirando a puerta desde fuera con acierto y siendo efectivos dentro. Pero todo eso también se ha perdido en esos mismos tres partidos. Luego, si se trata de volver a lo de antes, que es lo más parecido a lo visto en esos casi trescientos minutos de liga, nos falta el artillero mayor del reino. Y acompaña otra circunstancia determinante. Ha sido contra los tres equipos de más fuste de los enfrentados hasta ahora: el Atletic, el Sevilla y el Atlético; justamente contra los grandes era cuando aparecía el zapatazo del ausente para, al menos, salvar los muebles.
Este verano comentaba con algunos madridistas que la muy posible orfandad de goles no sería contra los equipos pequeños sino contra los grandes. En esas citas no solía fallar el tan legendario como egoísta portugués.
El Barça tampoco anda muy allá, y cuando no golea Messi todo son murrias. Los culés no han variado su juego, pero este año andan más que los anteriores. Y cuando no se corre o se hace sin cabeza normalmente pierdes. El problema de Valverde es tan complicado como el de Lopetegui, al margen de aciertos o errores propios, porque depender tanto del pie izquierdo de Messi como de sus diagonales supersónicas y de su cabeza pensante puede ser ruinoso. Me decía con razón Quique López, gran aficionado blanco, que el Barça sin el genio argentino sería un equipo vulgar, pero lo peor es que lo sea también con él. Y eso es lo que le ha ocurrido, como al Madrid, en sus últimos tres partidos ligueros.
Minutos antes del partido contra el Atlético, mi colega en el Real Murcia y futbolero de pro Faustino Cano me escribía premonitoriamente: “no me gusta eso de los tres de arriba del Madrid. El Atlético tiene mucha fuerza en el centro del campo. Ya veremos. Me huele mal”. Eso mismo pensaba yo, hasta el punto de comentar que veía favorito al Atlético.  Y la lesión de Bale  creo que salvó a Lopetegui de un desastre al sacar a Ceballos para arreglar su medio campo.
De todos modos, siguen encabezando la tabla y esto acaba de empezar, aunque me temo que las ausencias, las querencias y los amaneramientos serán difíciles de soslayar. El turrón se acerca y ya veremos quién se lo come en el banquillo.
Igual que se les acercan el Sevilla y el Atlético, con el Valencia también despertado de su letargo inicial; los tres con plantillas muy estimables y jugadores que podrían ser titulares en cualquier equipo del mundo, incluidos Madrid y Barça. Así que ojo al parche. Se intuye una Liga apasionante.
EL AGUJERO NEGRO DEL MURCIA
Al margen de lo deportivo, hay algo que debería preocupar y mucho a la ejemplar afición murcianista. Al parecer, los empleados llevan cinco meses sin cobrar y los jugadores esperan recibir pronto el mes de agosto. Y esto, a final de septiembre y con presumiblemente un millón largo de euros recién cogido por abonos, es tan sospechoso como insólito. Los problemas económicos solían aparecer cerca de la Navidad, cuando se acababa el dinero de los abonados, por lo que alguien debería aclarar y pronto qué se ha hecho con ese dinero.
Si todo se fía a la ampliación de capital en marcha, mal asunto, porque salvo que Gálvez cumpla con lo prometido es una quimera que otros vayan a acudir a la misma.
Si al final llevara razón el ‘experto financiero y de eventos varios’, De la Vega, y los oriolanos tampoco aportan nada, sería para echarse a temblar. Y mucho más si no explican qué han hecho con ese dinero. Porque no hay noticias de que se hayan pagado deudas. ¿O sí? Tal vez alguien haya recogido velas. O varios. ¿Será que de unos a otros hay el mismo trecho que de lunes a martes? ¡No den lugar, señores!

miércoles, 26 de septiembre de 2018

HIPÉRBOLES, CENUTRIOS Y RAMPLONES


HIPÉRBOLES, CENUTRIOS Y RAMPLONES
A veces el presente nos reconcilia con el pasado. Es indiscutible que el Real Madrid hizo un partidazo contra el Roma y  que los madridistas y los buenos aficionados disfrutaron hasta la añoranza por los equipos que tanto nos hicieron disfrutar. Pero pontificar que el de Lopetegui es el mejor Madrid de los últimos años o compararlo con escuadras legendarias como el Barça de Guardiola es una hipérbole. Una evidente exageración producto de la euforia transitoria porque acaban de iniciar el camino; el partido contra el excelente Español de Rubí lo manifiesta.
Sin embargo, muchos de esos aficionados sí empiezan a distinguir el trigo de la paja. Nada más acabar el partido de Champions me dijo mi amigo Juan Ignacio, el Maestro Ibarra, que había disfrutado como hacía tiempo y que la proyección que intuía en el juego de los blancos le gustaba incluso más que el mejor de la quinta del Buitre. Y llevaba razón, porque al núcleo esencial de este Madrid le avalan tres Champions consecutivas y a aquel que reinó durante cinco años en la Liga con fases exquisitas de juego le faltó la guinda de coronarse también en Europa. Otro futbolero añejo, Antonio Sánchez Carrillo, señalaba, no obstante, que la falta de efectividad ante el gol, porque pudieron ser seis o siete goles en lugar de tres, era preocupante. Y le asistía también la razón. 
A ese respecto, Julián Fernández, vecino  y amigo de las Bojadillas de Nerpio, menos ducho en temas futboleros, me comentaba acertadamente el sábado viendo el partido contra el Español que el Madrid jugaba más como equipo sin Ronaldo. Es lo que apreciamos desde que el luso no acapara la finalización del juego blanco y lo que da valor y lustre al trabajo de Lopetegui. Realmente es un juego más atractivo por mucho que la sombra de Cristiano seguirá siendo alargada hasta que el rejuvenecido y españolizado equipo merengue empiece a cuajar en títulos lo que ofrece y promete en vistosidad.  
Creo que esas tres opiniones reflejan la realidad del Madrid. Como también la subraya que al margen de tropiezos puntuales y fases grisáceas, que son consustanciales a todos los equipos del mundo a lo largo de la historia, es muy atrayente para el aficionado; engancha.
Como engancharon en su momento y ya no hay quien las pare algunas tontunas que ciertos cenutrios pusieron de moda hace años. Por ejemplo, eso de llamar hat-trick en lugar de triplete a hacer tres goles,  que ya lo dicen hasta los niños en las escuelas de fútbol o por la calle y lo repiten sin cesar desde demasiados comunicadores veteranos hasta quienes cogen una alcachofa radiofónica o televisiva por primera vez o quienes empiezan a emborronar cuartillas.  Con lo rico que es nuestro idioma para definir o adjetivar cualquier vicisitud diaria o futbolera, nunca faltarán  cenutrios que adapten anglicismos de fortuna debido a la ramplonería galopante que nos asola.  De pena.
Como lamentable es que otros lumbreras, seguramente por presumir, se arroguen sapiencias de las que carecen al hablar de jugadas de estrategia. Si ya es absurdo que quienes dictaron en su momento los manuales en las escuelas de entrenadores llamaran estratégicas a las jugadas ensayadas a balón parado, cuando en cualquier otra actividad nunca se entiende lo estratégico como puntual ni a corto plazo, desde la ciencia de la guerra a las organizativas, políticas o empresariales, por citar las más comunes; resulta tan hilarante como ridículo y desesperante que esos indocumentados llamen jugada de estrategia a cualquier saque de esquina, de banda, falta o golpe franco. Y citaré un ejemplo real que no hace mucho leí por ahí.
El titular decía: “Hat-trick de estrategia de Cristiano”. A saber, el goleador blanco había marcado una falta directa, tras desviar un defensa el balón;  había hecho el segundo de cabeza en un saque de esquina tras salir el portero a por uvas, cuando lo tenía todo a favor para agarrarla o despejar la pelota; y había hecho el tercero tras rechazar otro defensa una falta lateral botada por Kroos. Es decir, que todas esas circunstancias las había previsto en los entrenamientos el estratega de turno de Zidane para las jugadas ensayadas de balón parado.
Volviendo al principio, esperemos que el Madrid de Lopetegui no eche en falta los dobletes y tripletes de Cristiano, sean de mal llamada jugada estratégica, giliestrategia, tontiestrategia o lo que sea.
Y que los comunicadores enriquezcan su lenguaje y sean menos cenutrios y ramplones.     


lunes, 10 de septiembre de 2018

LA VELOCIDAD POR BANDERA, MAGISTERIOS FUTBOLEROS Y ARCANOS MURCIANOS



Asegura Juan Manuel Asensi, quien fuera jugador importante del Barça y de la Selección un decenio largo en la década de los setenta del siglo XX, que su mejor entrenador fue Rinus Michels. Y eso que los tuvo de mucho relumbrón, como Di Stéfano en el Elche, quien lo ubicó de interior desde el extremo izquierdo en que jugaba de juvenil, y Kubala en el Barça y en el combinado nacional. Y cuenta el desgarbado y excelente futbolero alicantino que el técnico holandés les obligaba a jugar en el centro del campo a uno o dos toques; uno para cortar o controlar y otro para pasar.  El que no lo hiciera así, relata divertido, jugaba poco. Eso es velocidad tanto mental como física, que es el camino más directo hacia la portería contraria cuando se hace vertical. Y, también, lo más complicado  del fútbol. Por eso, solo los futbolistas privilegiados son capaces de interpretarlo y, como en todo deporte, es lo que diferencia a los buenos de los aparentes.
Viene a cuento de lo observado en el Real Madrid de Lopetegui y lo que mostró a ratos en Londres la Selección de Luis Enrique, sobre todo en el primer tiempo. El Barça, construido en torno a Messi, es otra historia porque dispone del mejor del mundo y con la velocidad por bandera.
Algunos recordamos con nostalgia y pesar el juego español antes y durante el mundial de Rusia. Tengo pocas dudas sobre lo que hubiera resultado de aplicar el marchamo de la velocidad y la presión alta, aparte de salir con dos puntas y prescindir de jugadores que nos hicieron jugar con uno menos: estaríamos hablando de laureles reverdecidos.
Luis Enrique ha comenzado con tan buen pie que no tengo reparos en corregir la presunción negativa que hice sobre su nombramiento. Si de verdad persevera, tanto en el juego como en la elección de nuestros internacionales, se habrá ganado mi humilde aplauso junto con el que de verdad importa: el de la esperanzada afición española, aunque tiene una ardua tarea por delante; en lo deportivo lo tendrá más fácil que en lo personal. Y es que, a las malas, que ojalá no lleguen, el pasado siempre vuelve y algunas palabras y actitudes suyas fueron tan desafortunadas como evitables.
El juego rápido es sinónimo de gol, que es la finalidad del fútbol, y perderse en adornos,  ruletas y regates en el centro del campo todo lo contrario. Como muestra, Isco, uno de nuestros mejores jugadores, es útil al borde del área contraria y una rémora demasiadas veces cuando baja al centro o a campo propio. Lopetegui parece que lo tiene claro. Prefería a Thiago atrás y al malagueño de media punta. Y Luis Enrique también, con el hijo de Macinho y el ilicitano Saúl detrás, a quien Simeone descubrió para el fútbol grande.
 A ese respecto, cuando un jugador cuaja o empieza, los mejores técnicos son quienes consiguen su mayor eficiencia acoplándolos adonde pueden ser más eficaces. El técnico atlético es un consumado maestro, como lo demostró también con Juanfran, bajándolo del extremo a defensa lateral derecho, y con Lucas Hernández, a quien ha hecho un defensa izquierdo campeón del mundo. Antes hemos comentado a Di Stéfano y a Asensi. Y podríamos seguir con Cruyff y el vasco Goicoechea, haciéndole lateral internacional desde el extremo, o apostando por el que decían medio centro enclenque Guardiola. O Emery y Alba en el Valencia, y tantos otros.
EN MURCIA TAMBIÉN HUBO MAESTROS
Cuenta el gran capitán murcianista Vidaña que José Víctor, el mejor técnico de juveniles murciano con el maestro Fernando Vidal, lo reconvirtió en defensa central desde el extremo izquierdo cuando vino desde Padules. Y que lo enseñó a saltar de lado para ir de cabeza, anteponiendo el hombro en lugar del pecho frontal. Eso es magisterio.
Ahora andamos buscando un interpretador de arcanos. A ver, si De la Vega muestra escrituras y Gálvez poderes, ¿ejercitó realmente la opción de compra que le otorgó Moro, con sus supuestos condicionantes, y el oriolano  una compra incauta de las que ya estaban vendidas, lo que implicaría  la consiguiente estafa, o actúa solo como apoderado del extremeño y confía en la ampliación de capital para quedarse con el club? Otras dudas, como expusimos, son si don Mauricio pagó algo de verdad y, en su caso, cuánto desembolsó el paisano del llorado Miguel Hernández.
 Y mientras, amigo murcianista, el balón sigue rodando. ¡Ay! “compañero del alma, compañero…”        

martes, 4 de septiembre de 2018

OCTUBRE ROJO



El Real de Lopetegui juega muy bien y golea. Ya gustó en la Supercopa de Europa aunque no ganara por desafortunados detalles defensivos, al margen del repaso que le dio el Atlético en la prórroga con un acertado Simeone en ciertos argumentos tácticos.
Parece que el primer título europeo de la temporada genera síndromes contradictorios. El Barça salió trasquilado el año pasado frente al Madrid y, sin embargo, empezó tan enchufado en la Liga que antes de Navidad ya la tenía en el bolsillo. Y este año se repite el comienzo con el perdedor europeo hecho un cohete y el vencedor pasando penurias. El Madrid juega súper engrasado y al Atlético le chirrían las bisagras. Advertimos que los colchoneros no deberían caer en la euforia porque el partido lo perdieron los merengues; Simeone ha podido comprobarlo en cuanto ha empezado a competir. Dos goles a favor y tres en contra en tres partidos de liga y la espesura por argumento le marcan el camino. Con ese plantillón  debe reflexionar. Además, es contradictorio con la esencia de su pasado.
Lopetegui, cara de la moneda anterior, está convenciendo a todos. Reconozco que a mí el primero. Y no por el juego atractivo, que ya lo conocíamos de su paso por la selección, sino porque está consiguiendo lo que muchos negábamos: que Benzema y Bale encuentren la continuidad de su mejor vena goleadora desde que visten de blanco. Al paso que llevan cualquiera puede optar al Pichichi, o los dos, aunque aún sea pronto. Y más que por sus goles por la facilidad con que los hacen y la cantidad de oportunidades que tienen y tendrán con sus surtidores de juego: Isco, Kroos, Asensio, Marcelo, Carvajal y Ceballos son capaces de darles varios balones de gol por partido, aparte de los que pueden facilitarse entre ellos o a sí mismos. Un espectáculo este Real Madrid de tan nuevo cuño y éxito que nadie se acuerda de Cristiano Ronaldo, lo cual es paradigmático de lo que pueden hacer esta temporada por mucho que también sea cierto que todavía no han llegado las cuestas. Enseguida llegarán y será cuando podamos contrastar lo que ahora apuntan. Octubre será el mes rojo de los blancos. Si lo superan con éxito será difícil pararles porque, sumada a la calidad, su confianza  subirá exponencialmente. Otro logro importante de Lopetegui es hacerles jugar rápido a uno o dos toques, como tanto hemos anhelado, y desahogar los atascos con cambios de juego constantes. Da gusto verles jugar y presionar. Y nadie nombra a Zidane con nostalgia; ¡para descubrirse!
Y llegamos a Luis Enrique. Al margen de lo acertado o no de su primera lista, de la que es muy dueño, empezó queriendo hacerse el simpático, pero la bufonada de preguntar a sus colaboradores si empezaban con el himno, marcándose un amago de la posición de firmes, es sencillamente lamentable. Además, a los sobrados antipáticos les queda feo impostar cercanía y sencillez; parece que quisieran reírse del personal. Más le vale empezar con buen pie ante Inglaterra y Croacia porque si pintan bastos necesitará casco de acero.
Desde el punto de vista deportivo, me parece tan acierto la selección de Marcos Alonso como error la ausencia de Aspas. El nieto de Marquitos es para mi gusto el defensa español de más personalidad junto a Ramos y Carvajal. Y el gallego es, con diferencia, el goleador español de más calidad.  No obstante, parte de la grandeza del fútbol es la cantidad enorme de opiniones que genera, con o sin argumentos y más o menos apasionadas, pero a todas les llega su San Martín. Los resultados y el tiempo dan y quitan razones aunque a veces no aparece ni estaca.  
TRAS EL VERANICO DE LOS MEMBRILLOS
El Murcia, el Cartagena, el UCAM y el Jumilla también tendrán su octubre decisivo. Entonces sabremos a qué aspiran en realidad y qué Liga jugarán. Los dos primeros tienen el ascenso como objetivo ineludible, los universitarios son una esperanzadora incógnita y los vinícolas han empezado con buen tono.
También sabremos si al Murcia le llegan los dineros, si logra Gálvez los apoyos que demanda, si sale o no del embrollo legal que lo nubla y si cuajan o no las expectativas deportivas que ha generado.  Y, en la ciudad departamental, con buenos mimbres, si echan de menos o no a Monteagudo, un técnico excelente al que la suerte abandonó; y si han superado la orfandad mediocampista que padecen.
¡Suerte a todos!


         

martes, 28 de agosto de 2018

FLORENTINO Y GÁLVEZ, LA SOLEDAD DE DOS PRESIDENTES


FLORENTINO, MÁS PRESIDENTE QUE NUNCA
Los ambiciosos no renuncian a sus sueños irredentos, pero a veces sí. Los tozudos no aprenden de sus errores encadenados, pero a veces sí. Los soberbios no renuncian a su amor propio infinito, pero a veces sí. Los poderosos no se bajan de su incandescente atalaya, pero a veces sí. Y así podríamos continuar barajando hipótesis para hacer un traje a medida a don Florentino Pérez. 
En el 2000, cuando era anónimo en España, puso en marcha lo de Figo para darse a conocer y consiguió ganar inopinadamente la presidencia blanca a un Lorenzo Sanz que acababa de conquistar su segunda Champions. La continuación es la historia de la leyenda galáctica con la aparente frase de zidanes y pavones —estrellas y canteranos—: Zidane, Ronaldo, Beckham, etc., para ganar notoriedad personal en Europa y más allá. El asunto funcionó pocos años y resultó ruinoso en lo deportivo, por lo que en 2006  cogió el olivo y se largó tras devorar a media docena de entrenadores, dejando al Madrid desarbolado. Antes, con la recalificación de la vieja ciudad deportiva, logró estabilizar económicamente al club.
En 2009 eclosionó la crisis económica mundial y pensó que era el momento de volver a dar lustre a su figura porque sus intereses empresariales lo necesitaban, y allá que fue con armas y bagajes para poner de nuevo al Real al frente de su departamento de relaciones públicas. Pero volvió a las andadas con más sombras que luces y tras el disparatado estandarte de Mourinho,  ya con Ancelotti, en 2014 tenía la maleta hecha. Sin el acierto de Ramos en Lisboa se habría ido otra vez por la puerta falsa. A partir de ahí todo le ha venido de cara, con el acierto de poner a Zidane al frente del equipo y, entonces sí, rubricar la segunda mejor etapa deportiva del Real Madrid con tres Champions consecutivas. El refrendo glorioso es que tiene a mano emular a su admirado y el de todo el madridismo don Santiago Bernabéu, el todavía incólume símbolo histórico blanco.
Ahora, cuando está de vuelta de todo gracias a su indiscutible valía empresarial, llega el momento de demostrar la valía futbolera real. Con la fuga cantada de Zidane y la extemporánea y previsible de Cristiano, debe de ejercer de presidente en la zozobra, que es donde de verdad se muestra la talla de un líder. Asegurábamos que los verdaderos objetivos del “capo di tutti” eran Neymar y  Löw para el banquillo, y está siendo coherente. Lo del técnico alemán lo malogró afortunadamente el éxito progresivo de Zidane en Europa la pasada campaña, pero lo del díscolo y exuberante jugador brasileño está todavía demasiado crudo. Y mientras, Florentino Pérez empieza a percibir estoicamente los nervios de quienes antes alabaron su decisión de largar a Cristiano; pensaban que lo tenía todo controlado con un as en la manga. Hace bien. Solo una estrella así, aun cuando algunos pensamos que está bien donde está, o quizás Mbappé, podrían mejorar su plantilla. Tiene un plantel ilusionante, pero la incógnita es si soportará un revés a corto en la Liga; ya decía el doctor Ripoll que la tabla es la que manda.
En todo caso, aun siendo crítico con Pérez por cuanto hemos dicho desde hace años, parece que empieza a ejercer. Ojalá persevere y sus ilusionantes jugadores hagan bueno a Lopetegui. Solo faltarían Marcos Alonso, Thiago y quizás Rodrigo o Aspas. Todos a tiro. Si Florentino aguantara el tirón empezaría a ser un presidente de verdad en lo deportivo.  
GALVEZ, O LA SOLEDAD DE OTRO PRESIDENTE
Dice el oriolano de apellido legendario murciano que se encuentra solo. Y es comprensible. La semana pasada planteábamos inquietudes tormentosas, pero a estas alturas Gálvez se ha ganado el respeto del murcianismo.
Poner tanto dinero —él dice que dos millones, aunque parecen muchos— para que el Real Murcia cabalgue de nuevo, tiene tanto mérito como la incertidumbre en la que navega. Si es así, merece nuestro apoyo. ¡Mucho ánimo!
Al segundo en discordia también se le ve venir. El mexicano arrastra papeles legales que zurren como cadenas y le alumbran faroles lejanos. ¿Será un fantasma?  De momento porta el sambenito de estar más tieso que la mojama. ¿Qué busca? Dicen que ya lo hizo antes allende Castilla.  ¿Qué le vendió en realidad Moro? ¿Y a Gálvez? ¡Mira que si el extremeño resultara el más listo!
¿Golfo, dice? ¡Quite usted, por Dios! …. Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras.

martes, 21 de agosto de 2018

DON SIN DIN .... (Y LA CALOR MURCIANA)



Ruina en latín, por decirlo suave. El Madrid jugó bien una hora contra el Atleti en la supercopa europea, pero una cosa es contar peces y otra pesar pescado. Y es que, arriba faltaba padre y atrás sobraron madres. Decíamos que los goles hacen bueno el  juego mediocre; el oscilante Madrid de Zidane, por ejemplo; y su ausencia hace malo el bueno: el que dibuja Lopetegui. Si entornamos los ojos, ¿qué hubiera sido del fútbol asombroso de la selección que diseñó Luis y eclosionó con Del Bosque en Sudáfrica sin la espada de Villa?  ¿O de la excelencia del Barça de Guardiola sin el punch de Eto’o y Villa primero, o sin los tropecientos goles de Messi después, desatado de la banda derecha por el clarividente técnico?
Benzema y Bale parecen renacidos tras la marcha del astro que los ensombrecía, aunque no vayan a optar al Pichichi. Isco luce galones y Asensio, si insiste con él Lopetegui y no es flor de un día, como ocurrió al inicio de la temporada pasada; o si no fichan otro punta, marcará una veintena de goles. Pero sumados a los que marquen el galés y el francés, si continúan finos, no harán la pirámide de Cristiano, ancha en sus goleadas a equipos medianos y puntiaguda en la docena que hacía a los grandes en  momentos cumbre. ¡Ahí está la madre de este cordero! Cuando pintaba peor  aparecía el zamarrazo del tan ególatra como histórico y decisivo Cristiano y al bote.
Me gustó el Madrid por su presión arriba, la rapidez en las triangulaciones,  los continuos cambios de juego y por no descomponerse tras el sorprendente gol tempranero de Costa. Y debe ser ilusionante para los merengues aun con la derrota. Sin embargo, aunque el Atleti es mal rival para ensayos, no me gustó la blandenguería atrás en  los goles, y sobre todo sin Casemiro.  Finalmente, esos detalles que marcan las finales tuvieron nombre propio: Marcelo. Buen partido en líneas generales, pero evitó el triunfo de los blancos al disputar un absurdo fuera de banda, preludio del empate colchonero, y fallando un espectacular remate en el último segundo antes de la prórroga. Cosas del fútbol.
Ahora dirán que es pronto, que todavía están a tiempo o que precisan fichajes, pero ese tiempo es lo que necesitan de verdad. Y si no se arman de paciencia llegarán las prisas con los movimientos deslavazados que preceden a la locura del desastre. Una travesía desértica que debería ser también esperanzadora. El fútbol vislumbrado en Tallin y la calidad y juventud de sus próximas estrellas lo merecen. Florentino debe perseverar en su loable cambio de estilo, aunque lo dudo. La ambición a corto ciega a los más preparados. Y la soberbia más. Y hasta el miedo a los pañuelos que anticipamos hace cuarenta días.
Y al Atlético no debe cegarle tampoco el éxito— perdió el Madrid—, aunque puede ser su año. Simeone tiene plantilla para soñar, pero es listo y sabe que de diez partidos que juegue así, contra equipos grandes perdería ocho; solo lució a ratos y en la prórroga, con un Costa espectacular y un excelente Lemar, al que cambió enseguida de banda para frenar a Carvajal y Bale. Es un gran táctico y ahí estuvo la clave que impidió al Real liquidar el partido, que bien pudo. Y en el cambio del mediocentro Thomas para ubicarlo en la media punta y contrarrestar el buen inicio blanco en la prolongación. ¡Extraordinario Simeone!

LA CALOR MURCIANA

Es tan insoportable como las preguntas sin respuesta ante la esperpéntica situación grana. ¿Qué hacen dos personas peleándose por una ruina?  ¿Otorgó Moro una opción de compra sin contraprestaciones? ¿Cuánto y cómo cobraron él u otros, antes y después? ¿Qué se ha hecho con el reciente efectivo pagado por miles de abonados, y por lo tanto no fiscalizable? ¿Alcanzará hasta noviembre? ¿Quién le ha pedido dinero a quién, cuánto y por qué, para retirarse de la pugna?  ¿Cuánto han puesto de verdad unos y otros? ¿Tienen proyecto y solvencia económica?
Tal vez lo único claro sea lo que afirma el buen ex futbolista y técnico murciano Sergio: la grandeza del Real Murcia, aun ruinoso.
Y que desgraciadamente hemos perdido una entrañable institución murcianista.  Antonio Ruiz Abellán, vecino que admiré desde jovenzuelo, ex futbolista de época y ex directivo, desde ese cielo donde asegura acertadamente su hermano Pepe que está, se preguntará lo mismo.
¡Qué lamentables aquellas dudas y qué penosas estas certezas!

          
  

jueves, 12 de julio de 2018

DE CRISTIANO A LUIS ENRIQUE



El madridismo florentiniano veía con buenos ojos largar a Cristiano Ronaldo. Y tienen sus razones, aunque fundamentalmente están hartos de los desplantes del luso. Pero el asunto tiene una mar de fondo que la mayoría ignora o quiere ignorar, que al caso es lo mismo.
Cuando el Real Madrid ganó la decimosegunda Champions, en la primavera de 2017, Florentino Pérez prometió una revisión del contrato a Cristiano para equipararlo a quienes más cobraban en España; entonces, Messi y Neymar. Un año más tarde, al ganar la decimotercera, aún no se había atendido aquella promesa y el portugués salió por peteneras en Kiev.  Estuvo desacertado por el momento y la situación, claro que sí, y hasta insolidario y egoísta con sus compañeros, pero también estaba harto. Florentino Pérez nunca ha digerido que Cristiano fuera fichaje de su antecesor, Ramón Calderón, y de ahí sus sucesivos intentos de hacerle sombra; Kaká, Benzema, Bale y sus reincidentes suspiros por Neymar. Y tampoco soporta su soberbia majestad que nadie ensombrezca su armiño  blanco; entre la corona y el escudo luce su perfil imperial.
Lucha de egos, dicen algunos, pero no lo es tanto. El presidente blanco tal vez atisbó erróneamente que se acercaba la fecha de caducidad de Cristiano, a quien de alguna forma responsabilizaba, junto a Zidane, de la debacle del Madrid en Liga ya en la Pascua. De ahí arranca este vodevil y la fuga del técnico. “El Moro”, como lo llaman por la zona noble del Bernabéu, se enteró de los devaneos de su valedor Pérez con Löw, como anticipamos aquí en abril, y tomó la decisión de hacer piña con sus jugadores y largarse a final de temporada. Y Cristiano, al tanto también de los inicios de la enésima intención de su presidente de fichar a Neymar, reiteró en vano que le cumpliesen lo prometido. Quizás, teniendo en cuenta estos antecedentes, y el descubrimiento posterior de sus asesores fiscales de la legislación italiana, sea más fácil entender por qué se ha ido a la Juventus.
La salida de Cristiano tendrá consecuencias imprevisibles, aunque tampoco tan difíciles de imaginar. Si con él, algunos pensamos que Lopetegui tenía difícil llegar a la Pascua, sin él lo tendrá aún más crudo. Y no solo el técnico. A Florentino Pérez sería bueno que alguien le recordara que la gloria mundana es efímera. Todos los que ahora aplauden que largue al portugués, en cuanto vengan mal dadas pedirán su crucifixión.
¿Quién meterá el año que viene los previsibles cuarenta goles de Cristiano?  ¿Bale? ¿Bencema? ¿Neymar? ¿Mbappé? ¿Kane? Nadie, salvo Messi, puede asegurarlos hoy en el mundo. Ni siquiera tres de los anteriores juntos. Porque, tres enanos, ni puestos uno encima de otro, hacen un gigante; seguirían siendo tres enanos empalmados. Son buenos jugadores, pero en cuestiones goleadoras son unos enanos al lado del gigante Cristiano; el mejor goleador de la historia blanca y seguramente de la mundial.
Decíamos que donde hay goles hay alegría porque hacen mejores a todos, pero también es cierto que esos mismos parecen malos cuando faltan. Ya hablaremos cuando se huela a turrón; intuyo pañuelos como aviesos cuervos blancos por el Bernabéu. Mal asunto.
Económicamente salen ganando Cristiano y la Juve. Deportivamente solo los italianos. Y el tiempo dirá el grado de perjuicio blanco en todo. De momento le espera una travesía desértica de un par de años como mínimo. Eso mismo ocurrió con Di Stéfano, indiscutiblemente mejor jugador, pero la Saeta venía de cuatro años en blanco en Europa y el luso de tres Champions consecutivas, tenía 38 años por los 34 de Cristiano y había marcado 277 goles en once años con el Madrid por los 450 del portugués en nueve. Como goleadores la ventaja es enorme a favor del nuevo Juventino.
Cambiando de acera, Rubiales se la jugó dignamente echando a Lopetegui y ahora se la ha jugado rayando lo absurdo con Luis Enrique. Cara y cruz del mismo carácter. Personalidad y osadía. ¿No había otro más adecuado? ¿Era necesario abundar en la división de los aficionados? ¿Quiere provocar? El asturiano ganó un triplete cuando se dejó avasallar por Messi en el Barça. Y continuó en el banquillo por lo mismo. Después, en un atisbo de dignidad, se marchó.
Rubiales y Luis Enrique tendrán quienes les escriban. Y quienes le susurren. Y quienes los vituperen. El técnico está acostumbrado, pero el novato presidente no. Los resultados darán y quitarán razones, aunque tampoco auguro nada bueno. Ojalá me equivoque.      

miércoles, 4 de julio de 2018

SIGO EN BLANCO, COMO HIERRO



Rubiales hizo lo que debía, pero el relevo de Lopetegui no ha estado a la altura. Así de sencillo y así de claro, aunque ya sé que cualquier explicación a toro pasado es ventajista y que hay opiniones para todos los gustos.
Y ya no va esto de que con dos delanteros llegamos más; aún no entiendo la cerrazón de Hierro con jugar solo con uno. Tampoco de apostar por mantener a un portero que no ha aportado absolutamente nada al equipo tras el fallo ante Cristiano. Ni lo de mantener a Silva de titularísimo, cuando está en evidente baja forma. No, esto va de un técnico que se ha visto superado por las circunstancias del juego en todos los partidos; no en uno solo o contra Rusia. Ni ha acertado con las alineaciones titulares ni con los sucesivos cambios; siempre hemos jugado con uno o con dos futbolistas menos; con Silva siempre, y luego con Lucas, Thiago o Asensio, quienes han jugado en posiciones forzadas y estáticas; es de suponer que por indicaciones de su técnico. Pero, en fin, más allá de estas opiniones, que como todas en fútbol son subjetivas y válidas o no como las de cualquiera, hemos visto a una selección con una sola idea, la de marear la pelota de una lado a otro sin profundidad alguna. Solo dos veces la tuvimos y fueron dos goles; los pases de Busquets e Iniesta a Costa contra Portugal e Irán.  El resto fue un sin fuste de sobos de balón sin más perspectiva que hallar a alguien, normalmente Isco, que decidiera arriesgar y buscar el área contraria. Y desde las bandas, que tampoco eran lo profundas que deberían haber sido, nos queda el pase de Carvajal a Aspas, que también fue gol. Aparte de todo eso, solo la espléndida jugada de Iniesta que culminó con el golazo de Isco a Marruecos justificó la presencia de nuestros jugones.
España ha tenido de cara el VAR y el cruce en el grupo más asequible para haber hecho mucho más. Pero ni por esas, y viene a echarnos una Rusia que son poco más que un grupo de futbolistas que en todo un Mundial forman una banda más que un equipo de élite. En cuanto la coja una selección seria se quedan sin aire.
Decía en mi columna del lunes en La Opinión que estaba en blanco, y la verdad es que por mucho que he buscado explicaciones no encuentro ninguna más allá de lo expuesto, que tampoco es mucho. Quizás que el fútbol sea solo un juego es la más evidente, donde los jugadores también fallan. Pero es que hasta en un  juego hay que imaginar, apostar y arriesgar cuando se tienen opciones de ser algo más que simples jugadores. Y España tenía y tiene mimbres para haber subido la apuesta en cada uno de los partidos que se nos pusieron cuesta arriba o favorables. Nos faltó guía. Nos faltó valor. Nos faltó asumir riesgos. Nos faltó aprovechar cuanto teníamos. Nos faltó optimizar nuestras ventajas competitivas. Nos faltó eficiencia y eficacia. Nos faltó visión estratégica para buscar los puntos débiles de los contrarios. Nos faltó, en definitiva, alguien con el liderazgo suficiente para dirigir. Y eso se llama un técnico capacitado. Hierro ha dado el cante. El principio de Peter se ha cumplido una vez más; aquello de ir ascendiendo hasta alcanzar el mayor grado de incompetencia. Que se dedique en adelante a otra cosa, donde seguramente será mejor.
¿La ausencia de Lopetegui ha sido decisiva? Pues seguramente, pero eso no lo exime de corresponsabilidad por hacer las cosas mal. Debería haber copiado de Pochettino o Allegri, que le dijeron a don Florentino que hablase primero con sus presidentes, pues tenían contrato en vigor. Y él más, por estar recién renovado.
Ahora ya no queda más que mirar para adelante y buscar a un seleccionador que pueda encarar la próxima Eurocopa con garantías. 2020 está a la vuelta de la esquina y la selección, aparte de renovar a unos cuantos, debe asumir que el tikitaka ya pasó a la historia, por muy glorioso que fuera desde 2008 a 2012, y hemos de buscar otro sistema desde lo que nos quede valioso de entonces. Que no todo es malo. Hemos dominado los cuatro partidos jugados en Rusia, y eso es un buen punto de partida.
¿Dónde estará nuestro siguiente Luis Aragonés? Ese es el quid. Alguien con el conocimiento, la experiencia, la clarividencia y la imaginación necesaria para diseñar el futuro.    

martes, 19 de junio de 2018

UNA MONTAÑA RUSA



Rompe piernas y desánimos antes y después: escándalo, infortunios, nervios, méritos, emociones, y también VAR, De Gea, Costa y Cristiano, además de un buen partido y resultado de España contra Portugal, que es la campeona de Europa y no estuvo porque la oscurecimos aunque cuente con el mejor goleador de la historia, que sí estuvo; ¡y de qué forma!
De Gea deberá masticar la fortaleza anímica de sus compañeros para superar su fallo en el segundo gol de Cristiano y segunda ventaja de los portugueses. Ahí estuvo el mérito de los del animoso Hierro, y el suyo mismo, dando instrucciones acertadas durante todo el encuentro a partir del ingenuo penalti de Nacho, resarcido con un partido magnífico y un golazo. Unos méritos que, ahora sí, hacen de España una firme candidata a su segundo Mundial. Pocas selecciones se hubieran repuesto de tantas adversidades previas y durante el encuentro. Nuestros futbolistas, además de lucir clase, pedalearon cuesta arriba con las piernas, los pulmones y el corazón del mítico Bahamontes. ¡Qué manera de sobreponerse a todo!
Lo único que ensombrece la esperanza es la ausencia de suerte, que dirime estas competiciones. Esa que suele aliarse con los campeones vistió de rojo el viernes: el penaltillo en contra al inicio y el churro adverso a segundos de acabar la primera parte, o el tiro de Isco al larguero con medio balón dentro y los centímetros para el gol que le faltaron a Costa, Iniesta y Silva. Hasta en el golazo de Cristiano, faltando escasos minutos, porque siendo un goleador legendario, tirando faltas es vulgarote. Esta vez le tocó la varita mágica y vino a enchufarla imparable y decisivamente.
Ahora se apalea a De Gea, que sin duda jugó con desconfianza, pero nadie dice que Rui Patricio no paró nada.  De todos modos, el madrileño es un gran portero y ocasiones tendrá para demostrarlo en este Mundial. Quienes rompen y rasgan diciendo que no merece ser titular en la Selección, o lo han visto poco —dos años seguidos galardonado como mejor portero de la Premier y mejor jugador del equipo de Mourinho—, son pesimistas o están bajos de moral. Otros tampoco veían a Costa como nueve de España. Como anécdota, ayer escuché a un tertuliano radiofónico decir que no le gusta la selección desde que la cogió Lopetegui. Y es que, hay desbarres para todos los gustos; ni siquiera le convenció la goleada “amistosa” a Argentina en Madrid.
Tras ver a Francia ganar de chiripa a Australia y a Argentina empatar con Islandia, selecciones que no asustan, y a Alemania perder con  Méjico o a Brasil empatar con Suiza, tanto el empate de España como el de Portugal adquieren relieve. Pueden estar entre las mejores de otro Mundial en el que tampoco será fácil ganar a nadie, salvo raras excepciones como el Brasil de Pelé en Méjico en el 70. Recuerdo la España de Suárez, Amancio e Iríbar del Mundial de 1966 en Inglaterra, recién ganadora del Europeo de 1964, que solo pudo ganarle a Suiza y por la mínima con un golazo de Sanchís padre, tras jugada personal, y otro de Amancio con la cara lanzándose en plancha, a centro del primero.
En cualquier caso, la fortaleza de Portugal es también su debilidad; depende de su estrella Ronaldo. El conjunto uniforme de España es más fiable.  
En un Mundial es básica la unión inequívoca de los seleccionados en torno al equipo circunstancial que forman. Por eso manifiesto las buenas sensaciones que traslucen los de Hierro, quien sabe bastante de eso. Sin ese espíritu no hubiesen superado las difíciles circunstancias que afrontaron antes y durante el partido. Parecían un club y no una selección. Es el alma que tiene la nuestra desde Luis Aragonés, cuando Casillas, Pujol y Xavi superaron sus diferencias competitivas para componer una sinfonía grupal, que ahora interpretan Ramos y Piqué con cuanto representan, e Iniesta, que estuvo y está. Antes de 2008 nos hundían la mala suerte y los árbitros, pero también los malos rollos.
Por eso, Rubiales estuvo acertado al imponer que España está por encima de sus clubes. Despedir a Lopetegui, reconociendo sus méritos, fue simbólico. A partir de ahí lo que sea, bueno, malo o regular, pero siempre con ese estandarte bien alto.
El fútbol patrio es bastante más que un juego, egos y dinero, asignatura pendiente del prepotente Florentino y sus mariachis. Tapaditos estarían mejor.
El Real, como el Cid, ¡qué buen club si tuviere buen señor! 


miércoles, 6 de junio de 2018

CALVARIO Y GLORIA DE ZIDANE; Y LO QUE VIENE



El 26 de diciembre (Lo que el Barça se llevó) intuimos que el Barça había liquidado al Madrid de Zidane. En enero (La saeta de Zidane) sugeríamos una escalera de goles para quitarle los clavos al Madrid ‘zidanero’. Y aunque suene pretencioso, a primeros de marzo (Zidane está fuera) anunciamos las razones de una decisión diferida tomada dos meses antes: se iría a final de temporada. Solo algunos allegados conocen sus pesares desde que el Barça de Valverde afrentó a Pérez en el Bernabéu; ahí arrancó su calvario.
En ese tortuoso camino también se han quemado otros. El primero, Löw. Cuando J. A. Sánchez contactó en navidad con su entorno para sondear su fichaje, el seleccionador alemán renovó ilusiones; era una vieja aspiración. Después llegó la exitosa eliminatoria con el PSG y desde las alturas blancas, en plena negociación, solicitaron barajar de nuevo. Más adelante, en abril, llegó la victoria ante la Juventus y Sánchez, el recadero de Pérez, pidió cartas nuevas. Ahí se acabó la partida. Antes del Bayern, la federación alemana, con las orejas tiesas, le hizo una oferta y el antiguo objeto de deseo del mandamás merengue, despechado por las maniobras dilatorias de un Real Madrid enganchado a la tan sorprendente como rutilante marcha de Zidane en Europa, aceptó renovar el contrato hasta 2022. A primeros de mayo se hizo público sin bombo ni platillo; el teutón aún albergaba un último requiebro blanco. Pero tras eliminar a los de Heynkes perdió las esperanzas. De ahí su desahogado rechazo frontal ahora a sentarse siquiera con el de los mandaos de Florentino Pérez.
Y los otros dos chamuscados son Bale y Cristiano. El primero puede sanar por la marcha de Zidane, a quien hace responsable de su ostracismo sin tener en cuenta sus reiteradas lesiones. Se sabe una apuesta personal de Pérez, quien le ha ido filtrando sibilinamente que aguantara porque “el Moro” se tambaleaba, y tampoco entiende que haya ido apuntalándolo conforme pasaba eliminatorias; de ahí, también, su despechada sinceridad tras la final de su golazo en Kiev. Pero Ronaldo es otra historia. Con Zidane al frente, su rabieta sería otra estrategia para renegociar enésimas condiciones económicas; se ha entendido con el francés mejor que con nadie. Ahora la cosa cambia diametralmente. Con 33 años no está en condiciones de aguardar los aires del nuevo inquilino del banquillo merengue. O amarra ya el disparate de millones que pide por año —80 brutos—, o se dejará querer y fichar por quien se los ponga en la mano. El PSG  está al acecho con cartera y cuchillo entre los dientes, por sus prisas y el asunto Neymar, y el United de Mourinho aguarda agazapado con un chute en vena de imperiosa necesidad; son demasiados años en barbecho. Lo de Cristiano será una de las bombas del verano. Y esta vez, huérfano de Zidane, irá en serio.
Don Zinedine se ha ganado la paz y la gloria con la decimotercera, por la que apostó tras hacer piña con sus jugadores aun enfrentándose a su valedor Pérez, convencido de que no se lo iba a perdonar. Pero tenía poco que perder. Supo en navidad que la guadaña presidencial estaba presta para segarlo, con algunos más, por los desastres liguero y copero y la afrenta culé. Y ha sido finalmente coherente con sus convicciones. Dudó unos pocos días porque el horizonte era goloso, pero el empujón final de su entorno familiar le ha hecho ser fiel a sí mismo y a ellos, tan inteligente en el análisis como elegante en las formas.
Ha pasado al altar de las reliquias blancas y tendrá siempre abierta la puerta grande del Bernabéu. Como las de cualquier otro sitio futuro, que no será inmediato. La categoría ganada como técnico de primera fila en tan poco tiempo se lo garantiza. Y no solo como exitoso profesional, sino como un tipo honesto, firme, coherente, valeroso, suertudo, mesurado, distinguido y magnífico administrador de egos. La selección francesa, su sueño, será el próximo destino.  
¿Tras él? Pues dicen que Pochettino, Allegri o Klopp. Pero apunten a Wenger; excelente transición con Guti de segundo y Raúl en la recámara. Florentino quiere la decimocuarta Champions para igualar las seis de don Santiago y dejar semilla blanca, que no está mal, olvidados ya sus discutibles y frustrantes primeros diez años.
Arena y cal del aparente sorprendido Pérez, que se la tenía hecha a Zidane. ¿Su penitencia? Fichar despavorido por los pañuelos que imagina.


sábado, 2 de junio de 2018

EL ACABOSE



El fútbol acaba con los adjetivos, pero se alimenta de titulares. Goles, suerte, egos y leyenda dan para mucho, y el Madrid acapara la mayoría de nuevo. Como era de prever ha reeditado su vieja historia en Europa, donde nadie le discutirá su imperio hasta dentro de muchas generaciones de futbolistas y aficionados. Así ocurrió con las cinco primeras consecutivas, record que aún perdura. Esa es la legendaria dimensión que adquirió el equipo de Zidane con las tres últimas consecutivas y la cuarta en lontananza, hecho y objetivo inmediato que le hicieron reconsiderar unos días su salida porque Florentino Pérez quiere emular al histórico Bernabéu y anhela su sexta medalla, para lo que no escatimará esfuerzos. Pero finalmente ha sido fiel a sus convicciones, que ya adelantamos aquí en marzo, y ha dejado el barco merengue.
Pero más allá del golazo de Bale, que continuará en el Madrid tras la final de Kiev por mucho que estuviera decidida su marcha tanto por él mismo como por el club, e incluso de las dudas que manifiesta; el tráiler de otra película de egos sobrevoló el césped al acabar el partido: el enésimo culebrón Ronaldo. ¿Berrinche? ¿Premeditación? ¿Celos? ¿Ultimátum? ¿Provocación? Todo junto, menos realidad, porque es una reiterativa impertinencia. Él sabe que en ningún otro sitio podrá saciar su poliédrica ambición, pero con el corazón propio y el de todos los madridistas todavía a más de cien, el titular que vendió es que el nenico está triste y que fue bonito mientras duró. Enterado a bote pronto el baranda Pérez, a pesar de que trató de disimular, la vocecilla de curica medroso que asoma cuando miente afloró su indignación. Y esta vez tenía motivos. Solo la inoportunidad recurrente de Cristiano iguala a su tremenda dimensión profesional. Vamos a ver, figura, ¿no tienes otro momento para reivindicar frustraciones que el de la celebración de un éxito colectivo tan grandioso? ¡Ay, el egocentrismo desbocado! Pero él es así; lo ha sido siempre. Idéntica evidencia a la de ser el mejor goleador de la historia. O lo quieres o lo aborreces, pero nunca te deja indiferente. ¿Razones? Pues de los dos lados. Tiene el mismo sentido quejarse de que otros con méritos parecidos, Messi, o con menos, Neymar, ganen más, que el geométrico mandamás blanco enarbole el contrato en vigor que les une. El problema radica en que el fútbol es el único mundo donde los contratos están para cumplirse solo si quiere una parte: el jugador. De locos.
Y, cómo no,  también se habló de la suerte de Zidane. Esta vez a cuenta de los fallos del portero del Liverpool. Pero sus detractores se han quedado sin argumentos a las alturas que ya navega en el firmamento futbolístico. Suerte se puede tener en un partido, o en un momento, pero ya son demasiados momentos y partidos para seguir manteniendo que el francés es un técnico sin discurso táctico. Y, en todo caso, en equipos como el Madrid es mucho más importante alinear los egos que diseñar los movimientos de sus jugadores. La salidas de madre de Cristiano y Bale al acabar la final lo demuestran. Manejar tan notables individualidades debe ser la máxima responsabilidad de su entrenador.
Y, finalmente, aterrizamos en el acabose del fútbol regional. El Murcia, como advertimos, acabó en Elche con el último sueño de sus miles de admirables seguidores. Y aún tiene Salmerón la guasa de asegurar que tiene fuerzas para seguir. ¿No habrá nadie que le diga que a una final hay que ir con todo o mejor se queda uno en su casa? Se jugaba la vida y, fiel a su mojigatería, salió de nuevo con tres medios centros, uno de ellos defensa central, y solo dos puntas. En ninguno de los dos partidos tuvo nunca a tiro la eliminatoria. De pena.
Quien sí la tuvo hasta el último segundo fue el Cartagena. Monteagudo fue valiente y alineó a tres puntas y al talentoso media punta Hugo de defensa, pero esta vez la suerte le fue esquiva con un autogol faltando un suspiro. Mereció ascender en el Cerro del Espino porque fue mejor que el Rayo Majadahonda y tuvo varias opciones de gol, y seguro que lo consigue si tanto él como sus jugadores se reponen pronto del terrible mazazo. Deben saber que eso también es fútbol. Que los fracasos, si se digieren con inteligencia y sin victimismos lacrimosos, refuerzan el corazón y las entrañas y suman argumentos para perseguir el objetivo sin flaquezas. Los técnicos y los físicos los han demostrado ya. Ahora solo falta perseverarlos. ¡Ánimo y mucha suerte!, que también juega.          

jueves, 24 de mayo de 2018

LA SUERTE SUPREMA



Como en los toros, la calidad, el riesgo, la estética y hasta las emociones se funden en la memoria de los triunfos. Y estos llegan con la suerte suprema, que en los ruedos litúrgicos de sangre noble es manejar bien la espada y en los campos de sudor y clase marcar más goles que el contrario. Después vienen los trofeos y los recuerdos, aunque a veces atesoremos alguno huérfano de laureles.
Los atléticos conservarán siempre las tres finales de Champions perdidas en el último instante, pero con Simeone tienen ya más alforjas rebosantes que vacías. Emocione más o menos su juego, el Atlético del argentino es garantía de competitividad y tiene en Griezmann al artista que tumba rivales sin puntilla. Con la tercera Europa League,  Simeone es el técnico más laureado de su historia y corona el parnaso colchonero con el mítico Luis, de quien heredó el gusto por la seguridad, la garra y la velocidad como mordientes de su juego.  
Comentábamos que España y Madrid reivindicarán el reino y la capital del fútbol europeo. El Real está a pocos días de optar con posibilidades a su decimotercera Champions, que no treceava —gracias, Maestro Marcial—. Máxime cuando el problema de Zidane es que dispone de toda su plantilla; bendito dolor. Si salen cohetes y usan la de verdad no hay Liverpool, Klopp ni Salah que valgan. Otra cosa será si juegan andando, lidiando desapegaos en plan chuflas, y en lugar de estoque tiran de petardo.
Por su parte, Barcelona es desde hace una década el crisol del envidiado fútbol español. El octavo doblete culé, y cuarto en esos años más dos tripletes, con Valverde, Iniesta y  Messi batiendo records, es tan complicado de conseguir como meritorio. Los atléticos recuerdan uno y los merengues cuatro. A cada cual lo suyo, Ramón — amigo culé y cartagenerista—, y a Iniesta la gloria. Quizás el calificativo de irrepetible sea el más apropiado para el enorme futbolista manchego. Como reiteramos aquí y decía el elegante Butragueño en su homenaje, el Iniesta deportista supera al deslumbrante futbolero; un ejemplo mundial.
Y en la Región andamos montando la espada para salir de la negra faena de Segunda B. Sin embargo, el sábado asistimos en el Cartagonova a un partido vibrante con episodios de buen juego y a una desacostumbrada apuesta, por vistosa y valiente, del técnico visitante Iriondo, que con un uno a uno en el marcador salió en la segunda mitad con un medio menos y un delantero más para jugar con tres puntas. El Rayo Majadahonda, máximo goleador de la categoría con sesenta dianas, lució mejor tono físico y fútbol, saliendo siempre jugando desde atrás, aunque el Cartagena le superó por la eficacia de Cruz y Aketxe y por la diosa fortuna. Los madrileños tienen dos buenos extremos: De Frutos y Coto, un organizador excelente, Carlitos, y un medio centro de garantía, Óscar, que en la segunda mitad enhebraron varias triangulaciones de una calidad inusual en este pozo de segunda. Un gol anulado por fuera de juego dudoso, en la mejor jugada del partido, y dos paradones de Pau Torres evitaron su triunfo. Los de Monteagudo lo tendrán crudo en la vuelta si salen a conservar. Preveo una eliminatoria incierta, y hasta tenebrosa para el Cartagena, salvo que les acompañen las fuerzas y destilen en el Cerro del Espino la clase que atesoran Hugo, Ramírez, Alvaro, Gaspar y Chavero, sobre todo, para tener opciones de culminar la faena.
Y el Murcia, pues…, Salmerón en estado puro. Los aficionados granas vienen soportando, con suerte, una estafa de medio tiempo; lo que desprecia el soporífero técnico almeriense, porque en la mayoría de los casos no ven nada interesante hasta que los contrarios marcan o sigue todo a cero, mediada la segunda mitad.  Entonces, el ex del UCAM cambia a uno de los tres medios defensivos para sacar un delantero o un interior ofensivo. Y de ahí no lo saca nadie, amigos. Eso fue el partido frente a los de Pacheta. El Elche vino a jugar con más ambición que los granas, pero tuvo que imaginar poco porque el Murcia, fiel al reservón entrenador —de equipos pequeños—  le regaló la iniciativa. Y así, aseados, encontraron un gol de rebote aunque pudieron hacer alguno más. Igual que los granas olieron el suyo en los arreones finales; el arrimón de los toreros mediocres. Ni faena ni estoque ni nada.
A la vuelta, en Elche, lo volverán a vender tinto. ¡Suerte!                   

viernes, 11 de mayo de 2018

DEL FÚTBOL AL ABURRIMIENTO



Donde hay goles hay alegría y sin ellos se aburren hasta las ovejas. Ya sé que es tan cierto como de Perogrullo, pero hay muchos que defienden el fútbol defensivo como otra forma de verlo y disfrutarlo. Y es que,  como le dijo el Gallo a Ortega y Gasset, presentado al torero sabio como filósofo por José María de Cossío, “tié q’haber gente pa to”. 
El jueves pasado me aburrí con el partido que hicieron el Atleti y el Arsenal. Además de ver solo un gol, bonito, eso sí; jugaron andando unos y otros hasta el minuto setenta, cuando a los de Wenger se les iba la eliminatoria. Y eso, tras disfrutar con los partidos que hicieron el Madrid y el Bayern y el Liverpool y la Roma en Champions, parece que también es fútbol. Pues sí, amigos, pero del cansino; cansa más verlo que seguramente jugarlo.
 Hay profesionales que también lo defienden, y están en su derecho, como lo estamos muchos aficionados en denunciarlo. Algunas veces se amparan en que con los mimbres que tienen no pueden jugar de otra manera, pero mienten, o, al menos, no dicen toda la verdad. Simeone, por ejemplo, que es el paladín del Atlético como don Florentino lo es en el Madrid y Messi en el Barça, ha llevado a su equipo a cotas importantes en España y en Europa, sin ninguna duda, pero solo conocemos una versión de su equipo. La de si no nos marcan normalmente debemos puntuar y la de si marcamos uno hay que defenderlo con uñas y dientes. Y así ha ganado una Europa League, una Copa de España y una Liga como títulos relevantes. Lo que nunca sabremos es lo que podría haber ganado jugando de otra forma, porque jugadores tiene para tal. Recordemos las dos finales de Champions contra el Real Madrid, al que tuvo contra las cuerdas en Lisboa —ganaba por uno y le empató Ramos en el último minuto— y en Milán, donde se conformó con llegar a los penaltis tras empatar Carrasco el gol inicial de Ramos; otra vez su verdugo. Es verdad que a su primera final llegó con el equipo entre algodones, pero en la segunda pudo y debió hacer bastante más por ganarla. Y seguramente lo merecía, pero no cambió el guion y como proclamaba Luis Aragonés nadie se acuerda de los subcampeones.
También hay otra forma de jugar que aburre si no hay goles, la del dominio apabullante sin profundidad, pero eso es otra historia, aunque se vean algunos detalles para el recuerdo. Como también se ven en el sistema Simeone: en el partido de ida de la pasada semifinal el héroe fue Oblak y en el de vuelta Godín, lo que indica a las claras el relato de la eliminatoria.
Ahora se está poniendo de moda el sistema de presión alta, robar y salir corriendo, que es el que manejan dos técnicos atractivos por su filosofía futbolera que medirán sus fuerzas en Kiev; Klopp y Zidane. Y está cayendo algo en desuso el del toque y toque hasta encontrar la ocasión; el famoso tikitaka de la España campeona de Luis y Del Bosque y del Barça de Guardiola, que después exportó a Bayern y ahora al Manchester City. Me gustan las dos formas de juego por lo que tienen de belleza,  pero el primero, el basado en el acoso y la velocidad, tiene más garantía de gol y sobre todo es más espectacular.
Por aquí tenemos también el ejemplo de Salmerón, el actual técnico del Murcia, que el año pasado decía en el UCAM, en Segunda, que sus aficionados debían acostumbrarse a sufrir; y les aseguro que así fue. Presencié en directo casi todos los partidos con él en el banquillo, dentro y fuera, y salvo contra el Almería en la Condomina no me divertí en ninguno; tal vez tenía la excusa de un presupuesto modesto. Pero este año, sin ese hándicap y en Segunda B, hace jugar a su equipo exactamente igual. Tres medios defensivos, balones largos a un delantero centro robusto y a esperar segunda jugada. He visto todos los partidos de su Murcia y me aburre tanto como el año pasado con los universitarios.
Pero ojo, que aburrir también puede tener premio. Al UCAM lo subió a Segunda, aunque lo dejó listo de papeles después, y este año puede subir al Murcia. Ojalá suceda, lo que no quita para que su fútbol aburra hasta decir basta.          

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