martes, 30 de agosto de 2016

UN JUGADOR NO HACE VERANO

UN JUGADOR NO HACE VERANO
Ni una golondrina tampoco. Los calores estivales nos traen cada año la feria de los fichajes. En la noria del dinero fácil, o eso parece, los grandes de nuestro fútbol se empeñan en acabar su álbum de jugadores con fichajes mediáticos de supuestas estrellas. Y es que, o no aprendemos o sus dirigentes necesitan acaparar noticias para justificar sus canonjías. Al fin, el dinero no es suyo y, como diría el personaje más carismático de ese proceder, don Florentino, hay que cebar la bomba cada año.
Si repasamos la historia, ningún equipo hecho a base de talonario ha pasado de la gloria efímera de un título, en el mejor de los casos, a  la leyenda. Sin embargo, los clubes que entendieron que el sistema es antes que los nombres alcanzaron normalmente esa categoría. El Barcelona es el ejemplo. Por sus filas han pasado los mejores jugadores del mundo con escasos resultados históricos, y solo cuando apostaron por el sistema de juego que emanaba de la Masía ascendieron a la gloria futbolística de hacer época. Nunca llegaron más alto que con su extraordinario fútbol de toque. La etapa de Guardiola es el crisol donde ardieron sus mejores esencias para esparcir sus exquisitos aromas por el planeta. Tal vez lo más grande que se haya visto en los últimos decenios en un terreno de juego, hasta el punto de ser el referente de la excelencia en el fútbol tanto para los profesionales como para los aficionados sin orejeras.
Luis Aragonés, el seleccionador español más importante de la historia, lo supo ver antes que los propios culés y apostó por ese estilo para el combinado nacional. Así, jubiló a todo un mito como Raúl, seguramente el futbolista español más relevante, o el mejor, según proclamó en su día el mismísimo Guardiola; y apoyándose en los pequeñitos de mejor toque: Iniesta y Xavi como referentes con el apoyo de los Silva, Villa, Pujol, Cazorla y Senna entre otros, logró cambiar el sino de nuestra selección enfilándola hacia la gloria. Ocho años después todos querían jugar como España.
Esa etapa ya ha pasado porque nada es eterno, y ahora llega Lopetegui con el reto de reverdecer laureles. Lo tiene difícil, porque a pesar de lo que afirmo hay jugadores irremplazables. Pero jugadores, no uno u otro determinado. Futbolistas que hacen brillar más al conjunto que a ellos mismos, y tal vez por ello ninguno alcance los galardones individuales de  UEFA, FIFA o premios mediopensionistas de todo pelaje. Y es que, como tantos aseguramos, tales distinciones son una farsa impresionante. Un cúmulo de vanaglorias que solo sirven a los egos desenfrenados de sus distinguidos.
Los ejemplos paradigmáticos de lo anterior son Messi y Cristiano. El argentino ha sido el indiscutido mejor del mundo desde el Barça y el más discutido con Argentina. Y el portugués ha visto cómo sus compañeros de selección se proclamaban campeones de Europa sin su concurso fundamental. El equipo antes que los figurones; esa es la lección que nos lega la historia.

Viene todo esto a cuento de lo que decíamos la semana pasada. Si un equipo quiere alcanzar el éxito debe empezar por un sistema de juego eficaz que lo distinga, y luego todo lo demás. Otra cosa es que haya que jugar según su plantilla; según las capacidades de la mayoría de los jugadores que tenga. Pero antes incluso que eso debe contar con una dirección técnica adecuada. Por eso no se entiende que muchas veces los clubes fichen a un entrenador con un perfil determinado y a continuación lo echen para traer a otro diametralmente opuesto. Es lo que ha hecho el Madrid desde Del Bosque hasta Zidane. Lo importante, al parecer y según lo visto, era encajar el puzle endiablado de medias puntas y estrellas varias que la presidencia del club barajaba cada año en su plantilla. Decíamos que esta temporada se había impuesto el sentido común al ayunar de grandes fichajes, pero es urgente hallar un estilo de juego. Don Zinedin debe aplicarse en ello porque este año ya es el suyo; ha impuesto sus criterios y ahora se le exigirán resultados. Éxitos que deben venir con su sello, de lo contrario escuchará pronto música de viento en el Bernabéu; ya escuchó sus notas primeras el sábado.  Es difícil que el Real juegue peor que su primera mitad contra el Celta, que tuvo ocasiones para ganar. Al fin hubo que recurrir a la manoseada garra. Mal asunto.   

viernes, 26 de agosto de 2016

COMIENZA LA LIGA 2016/17

CON NOVEDADES EN EL FRENTE LIGUERO
La Liga 2016/2017 parece continuista, pero no lo es: los mismos actores principales bajo criterios distintos.  
En el Barça se van oxidando paulatinamente los antaño relucientes mimbres áuricos de su cantera, sin recambios aparentes a la vista, y se rellenan huecos con futbolistas foráneos que ni son ni tampoco eran indiscutibles en sus anteriores equipos. Quiero pensar que se trata de la falta de un técnico con el prestigio o el valor suficientes para imponer su criterio, y no un acomplejado tic directivo de emulación de lo que ha venido haciendo el de enfrente con dudoso éxito. Está bien repescar a Denis Suárez o el interés mostrado en recuperar a Nolito, pero ni entendí lo de Turán, aunque parezca renacido, ni entiendo lo de Umtiti, Digné o André Gomes, aun siendo buenos futbolistas. Máxime teniendo a Samper y Rafinha, entre otros —¿y Munir?—, o habiendo dejado marchar a su hermano Thiago antes y a Bartra ahora. Veremos en la práctica en qué mejoran  a los que permanecen y a los perdidos, si es que tenemos ocasión; jugarán poquito.
El Real Madrid parece que ha vuelto al sentido común. Y satisface que sea de la mano de un crecido Zidane, que ha sujetado la mano de su glamuroso presidente Pérez. Vislumbro que a poco que los resultados le acompañen se van a cambiar las tornas en el campeonato doméstico y, con permiso de Messi, que sigue siendo el mejor del mundo con mucha diferencia; el blanco irá imponiéndose al azulgrana. Es curioso cómo los humanos nos cansamos del éxito propio antes que los rivales hagan méritos para superarnos, por eso el Barça ha abandonado la senda canterana que tanto le dio. El Madrid, por el contrario, ha apostado por mantener su base e incorporar a jóvenes como Asensio, barato; y Morata, carísimo; aparte de retener al multiusos y eficacísimo Nacho — ¿ y a Mariano?—. No ha habido fichajes de relumbrón,¡alegría!; aunque a estas alturas aun tenga su punto débil en disponer solo de un medio centro auténtico: Casemiro. Si no lo remedia, ahí estará de nuevo su tendón de Aquiles. Y lo tenían fácil reteniendo a Llorente antes de cederlo, lo ideal; o desprendiéndose del tan talentoso como irregular James para fichar a un centrocampista de retención contrastado. En España hay posibles, como el ex atlético Camacho en Málaga, San José en el Atletic o el “muniqués” Javi Martínez, que serían mucho más útiles que mantener al colombiano en contante entredicho porque jugará poco.
En fin, rumbos distintos los abordados a partir de ahora por los dos grandes de nuestro fútbol, que puede suponer un cambio también de realidades; me apena lo del Barça y me alegra lo del Real. Los blancos pueden empezar a ser un equipo de fútbol, que ya era hora,  y fichar con criterios exclusivamente futboleros. Y los culés otra cosa, con Messi de “capo di tutti” en todo, como ya ejerce, y ya veremos cuando falte porque todo depende de él — por eso dio Guardiola su etapa como finalizada—; Suárez de ejecutor, ¡gran fichaje!, y Neymar de vedette en estado gaseoso. En la gloria efímera llevarán la penitencia de mañanas oscuros. No sería el primer caso, sino lo habitual en el planeta fútbol; repasen la historia.
El tercero histórico en discordia, el Atleti, está haciendo de la constancia virtud, lo cual es muy inteligente y de agradecer, y continuará la senda del éxito de la mano de Simeone. Ha mantenido su excelente plantel, ¡enhorabuena por fin!, y ha incorporado jugadores tan interesantes como Gameiro y Gaitán. Decisiones que le harán mucho más competitivo en los momentos cruciales de la temporada. Ojo a este Atlético, que también ha cambiado su trayectoria renunciando al dinero fácil de la venta millonaria de cada año, desprendiéndose, además, de medianías — ¿salvo Oliver?; y remendando con habilidad su descosido goleador.
Finalmente, el Sevilla y el Valencia son dos incógnitas. En los hispalenses sigue Monchi, el verdadero artífice de su éxito, pero ha llegado Sampaoli, un técnico ilusionante que conlleva la ingravidez de un cambio total de sistema de juego. Ojalá tenga suerte su vistosa apuesta, pero temo que se agote la paciencia del Pizjuán antes que lleguen los resultados. Y por el Turia, como antes se decía de Granada, todo es posible.  Veremos si la luminosidad de sus fallas no se torna en escandalosa traca; acecha la fiebre amarilla. Lo de Parejo es un mal augurio.                    


martes, 28 de junio de 2016

Y DE LA CONTEMPLACIÓN A LA NADA

España ha pasado en Francia de buscar la excelencia a jugar andando, y de ahí al fútbol Y contemplativo y a la nada. Otra vez a cero porque el pasado solo sirve para añorar los buenos tiempos, congratulándonos por haberlos vivido, y para adquirir sabiduría reconociendo y analizando los errores. Ese debiera ser ahora nuestro lugar.
Lo evidente es decir que se trata del final de una época. Y lo facilón echar de menos aquellos años que nuestros futbolistas internacionales llegaban al balón antes que el contrario con tantas ganas como calidad. Y recordar jugadores que nos daban un plus perdido: Pujol, Xavi y Villa, por ejemplo. Y criticar a Del Bosque por su conservadurismo en ciertos momentos decisivos, aunque haya hecho debutar a docenas de futbolistas y se la haya jugado con algunos que no han dado el nivel exigible. Y criticar presencias y ausencias. Y sacar en nuestro cainismo tradicional las filias y fobias por jugadores de unos u otros equipos. Pero todo es mucho más fácil. Nada dura eternamente, y menos en el deporte en general y en el fútbol en particular. Solo hay que ver las trayectorias de Brasil, Argentina, Italia o Alemania, por citar las de mejor palmarés; luces y sombras por añadas, como los buenos vinos.
Si caemos también en el fatalismo, tan común en nosotros, habremos iniciado el retorno a aquel pasado que tanto nos deprimió a nivel de selecciones. No. Hay que mirar adelante teniendo el espejo de nuestros mejores años y la inteligencia de contemplar con frialdad analítica, tan difícil en el fútbol, los errores que hayamos podido cometer en no gestionar bien la continuidad de lo bueno que nos llevó a los triunfos, a veces tan mentirosos como los fracasos, que diría Kipling. Y, como él escribió, volver a levantarnos para empezar de nuevo con nuestras viejas y desgastadas herramientas.

Mimbres hay en nuestro fútbol, y personas con capacidad para gestionar su talento también.  Hay que acertar. Luis y Del Bosque son historia. Es la oportunidad de otro futuro brillante desde esta pesarosa nada.         

miércoles, 22 de junio de 2016

ANDANDO NO SE JUEGA
Contra Croacia hubo tres partidos y un fantasma. Nada más empezar, la defensa y media españolas regalaron varios balones y enseguida empezó a faltarnos la décima de segundo y la fuerza. Volvía el fantasma de Brasil: lentos, sin desmarques, salvo Morata, y con plomo en los pases. Después, bastaron tres buenas jugadas de nuestros medias puntas, en especial de Silva y Cesc, para retornar al optimismo, y con tal estado de ánimo y calidad llegó el gol que nos metía en octavos como primeros de grupo por el lado bueno del cuadro final. Pero a continuación pasamos a la segunda fase; la de la suficiencia y el engreimiento: “somos tan buenos que podemos jugar andando”.
Y ahí apareció Croacia; un buen equipo que sí había hecho los deberes con  varios cambios respecto al equipo de sus dos primeros partidos y las ideas tácticas claras: aprovechar los espacios que dejaban nuestros laterales, convertidos absurdamente en dos extremos todo el partido, e intentar hacer daño a la contra.  Finalmente, nos ganaron porque además de inteligencia y calidad le echaron ganas y velocidad, además de acompañarles la suerte, esencial en cualquier juego.
España pudo ganar, sí, pero jugando mal. Y esa suerte suele ser esquiva. Fallar un penalti, que no era, y que tu portero cante en el segundo tiro a puerta del rival en  toda la segunda parte, en el segundo intento de De Gea de jugar al balonmano, es sinónimo de que la suerte no hay que tentarla; ya nos había sonreído en la primera parte tras uno de los fallos reseñados con un balón al larguero y al poste en el mismo remate de Rakitic, un gran futbolista.

Iniesta, al que tanto ponderamos, no estuvo en todo el partido: lento, apático y sin ideas,  y eso debió verlo Del Bosque; apenas se fue una vez de su marcador y solo metió uno de sus balones decisivos. Juanfran y Alba nunca sorprendieron, anclados y estáticos en los extremos, y eso también debió verlo el técnico. Y los cambios en el medio campo debió hacerlos desde el principio, supuesto que los entrena a diario. Ahora a remar como galeotes, encadenados a demasiados fantasmas pasados. La excelencia que decíamos ayer requiere velocidad y pulmones. 

sábado, 18 de junio de 2016

EN BUSCA DE LA EXCELENCIA
Recurro al título del excelente manual para empresarios de los gurús Peter y Waterman, que hizo furor en los ochenta y conserva una vigorosa vigencia, como resumen del camino iniciado por nuestra selección en Francia. Solo un buen comienzo, sí, pero el mejor juego hasta ahora de la Eurocopa y a gran distancia de lo exhibido por los demás.
Buscamos el tesoro que encontramos en el 2008 de la mano del gran innovador de nuestro fútbol internacional, Luis Aragonés, y que conservamos en el Mundial del 2010 y en la anterior Eurocopa del 2012 de la  mano de Del Bosque, perdido lamentablemente en Brasil hace dos años. Un juego exquisito y dominador, a uno o dos toques, y a una velocidad superior a todos, que procuraba una anticipación imprevisible y una eficacia sumamente eficiente: la  mejor relación entre goles a favor y en contra  resumía nuestra excelencia futbolística; esa que ahora buscamos.
Es cierto que no están Senna, Pujol, Villa, Alonso ni Xavi, entre otros; pero siguen  Busquets, Ramos, Piqué, Cesc, Silva, Pedro y don Andrés Iniesta, el mejor centrocampista del mundo ahora mismo, y aparecen realidades importantes como Alba, Juanfran, Koque, Morata o Nolito, sin reparar en que De Gea ha tomado el relevo del portero español más laureado de todos los tiempos, Casillas. Y aguardan los Adúriz, Thiago, Azpilicueta, Vázquez, Bellerín, San José, Bartra, Rico, o los ausentes Alcácer, Carvajal, Javi Martínez, Isco o Saúl, por citar algunos.
España está en camino de reverdecer laureles con su ya mítico estilo de juego, que algunos ningunean porque, tan increíble como humanamente, se han cansado de ganar con la misma partitura. El día que algún iluminado trate de cambiar ese estilo echaremos de menos nuestra envidiada excelencia. El juego eléctrico y bello que, paciencia mediante porque ante su presencia todos se cierran, en tres o cuatro chispazos nos lleva a la gloria de la belleza estética de su culminación, ¡el gooooool!; ese grito que nos libera del estrés que genera la deleitosa emoción contenida ante la mejor versión de este juego.
Sin volear campanas y mientras algunos siguen empeñados en no disfrutarlo —¡Ay, los forofismos estériles!— sigamos saboreando la maravilla española que nos ofrece la acertada selección de Del Bosque.

         

lunes, 13 de junio de 2016

El deporte murciano opinia

Piqué tuvo que ser

El hándicap de la selección de Del Bosque es el gol, pero apareció Piqué

13.06.2016 | 18:51
José Luis Ortín Sánchez
José Luis Ortín Sánchez
España, tricampeona de Europa a pesar de que muchos se empeñan en que optamos a la tercera – les falta añadir que consecutiva, porque ya ganamos la de 1964 a Rusia en el Bernabéu-, abrió el melón de la portería con De Gea, pero al final de la primera parte aún no conocía el color de la pulpa de Chequia.
Dominio total en ese tramo, como resumen típico del juego de España desde el 2008 con Luis Aragonés, pero falta de fineza en el último pase y de puntería, como también es habitual desde que se apagara la llama de David Villa.
El gol es caro y requiere esfuerzos de calidad, como todo lo bueno, y ahí estamos huérfanos de auténticas figuras. Echamos de menos a jugadores que hemos tenido en otros tiempos y a los mejores goleadores del mundo, que ahora brillan en nuestra Liga sin ser españoles. Ese es el hándicap de la selección de Del Bosque.
Afortunadamente no apareció en Toulouse el fantasma de la indolencia que arrastramos desde Brasil, quizás por una mejor forma física de los jugadores básicos, ni la ominosa lentitud del último amistoso perdido, pero tampoco el duende de la décima de segundo en los toques decisivos y en la disputa de algunos balones que tanto nos ha distinguido.
España ha ganado por primera vez un trece de junio porque ha sido muy superior a su rival, sin ninguna duda, y porque también la suerte nos ha acompañado en los dos últimos remates. El de Piqué, tras una maravilla de Iniesta – una más y ¡qué partidazo del manchego!- fue para dentro y el de ellos lo sacó De Gea con los puños; de la materia de la fortuna también está hecho el fútbol. Que le pregunten a Inglaterra con Rusia.
Y tenía que ser Piqué porque es un grandísimo jugador, porque dice que es un honor jugar con España - ¡qué oportuno en estos momentos!, y porque, según dijo al final, tenía a su hijo con la camiseta española en la grada. Seguiremos soñando con el chaval, que no es moco de pavo en estos tiempos procelosos, y, ´joer´, que guarden su música para las fiestas de los pueblos los que pitan a su padre.

lunes, 6 de junio de 2016

UCAM Y REAL MURCIA

SUMAR ESFUERZOS Y UNIR PASIONES
Desde el punto de vista del aficionado, el fútbol es sentimiento y hasta pasión, por encima de gustos futboleros y modas. En mi caso, confieso que algunas veces todavía me despierto preguntando si ha ganado el Murcia. Y es así desde niño, por encima de otras querencias.
Ayer tomé un bocado con mi familia en “La Viuda”, ese excelente bar de  la Murcia profunda entre la calle Sagasta y San Andrés, y nos presidía una foto de aquel equipo legendario de primeros de los setenta cuajado de murcianos: Ponce, Herrero, Murciano, Ruiz Abellán, Canito, Añil y López, junto a los foráneos Ojeda, José, Vera Palmes y Juárez; que con algunos retoques logró subir de Tercera a Primera en dos años consecutivos. ¡Qué años! La pasión murcianista afloró por mis poros y el regusto por lo que bien que jugaban me supo casi mejor que las excelentes viandas que nos servían.  Pero después, disfrutando en la calle de las gotas de ‘perrogordo’ que nos caían del cielo, se me hizo presente la realidad del fútbol actual: en el fútbol manda el dinero por encima de todo lo demás.
Y pensé en lo leído estos días en la prensa nacional sobre la guerra civil que llega al fútbol de la capital murciana, con el muy meritorio ascenso del UCAM a 2ª A y el difícil trance que asola al Real Murcia al quedarse de nuevo en el pozo de la 2ª B.  Conozco muy bien lo difícil que es salir de ahí por haberlo vivido en primera persona, al caberme el honor de presidir al Real Murcia cuando lo logramos en junio de 1.993, siendo más difícil aún porque el campeón de la Liga regular, que fue nuestro caso, debía ser también campeón de la Liguilla a cuatro posterior. Por eso entiendo la angustia que estarán pasando sus directivos al afrontar una nueva temporada, y la liquidación previa de la actual, desde la ruina económica más absoluta, aparte de la desmoralización generalizada por la reciente frustración deportiva; es muy meritorio su esfuerzo.
La cara de esta situación es el exitazo del UCAM. Hace tiempo, cuando empezaba a cuajar la Universidad Católica de Murcia y todavía no era el referente universitario deportivo nacional y mundial en que se ha convertido por la inteligente y apasionada apuesta de su creador, José Luis Mendoza, escribí en este y en otros medios de comunicación que la UCAM representaba el hito social más relevante sucedido en Murcia en el último medio siglo, y quizás me quedé corto. Ciñéndonos exclusivamente a lo deportivo, este final de temporada hemos tenido una muestra de su importancia con la exitosa disputa del ascenso de su primer equipo de fútbol contra el Real Madrid, y la honrosa eliminatoria por el título máximo en baloncesto contra el mismo equipo; institución puntera y laureada en España, en Europa y en el mundo en ambos deportes, y a la que golea la universidad murciana en el resto de especialidades deportivas. ¿Alguien, al margen del magnífico visionario Mendoza, podía imaginar eso en Murcia, y llevarlo a la práctica con éxito junto a su extraordinario equipo de colaboradores? Ustedes mismos.
Con estas premisas es razonable llegar a la conclusión con la que encabezo esta columna: es el momento en Murcia de sumar esfuerzos y unir sentimientos, y de muchas más cosas. Decía, además, otra obviedad: en el fútbol manda ahora el dinero por encima de los sentimientos. La pasión se deja como migajas para los aficionados por quienes se han adueñado de los clubes. No sé ustedes, pero yo no me identificaría con un equipo en manos, con todos mis respetos, de un chino, un árabe o un ruso, o cualquier otro conglomerado económico que sirva a intereses que nada tienen que ver con el murcianismo. A la larga, lo venden, alquilan o prostituyen sin otros fines que los suyos propios; hay numerosos ejemplos. Pero es que tampoco me sirve que sea un inversor patrio, que, como también aventuré hace años en un libro dedicado al Real Murcia, ya sabemos a dónde nos ha conducido.
Si el sentimiento murcianista no puede estar basado en lo que fue antaño: los socios éramos los dueños del equipo, como se ha demostrado también, que sea una institución como la UCAM la depositaria de nuestra pasión futbolera. Además de aportar medios, trasciende para fines nobilísimos el mero interés monetario. ¡Aúpa Murcia, y esos murcianos tan excepcionales que están haciendo historia!


lunes, 30 de mayo de 2016

DE CASEMIRO Y DE PENALTY
Antiguamente se moría en la huerta de cinco causas diferentes: de repente, de trastorno, de dolor miserere o de paparajote, cuando no te apagabas como una velica; ahora, ventajas de la globalidad, solo de dos: de que fumaba o de ¡qué raro! Y al Atlético de Madrid se le han juntado dos plagas para morir con crueldad en Milán: Casemiro, y dos penaltis, al margen de su mala suerte habitual. Y lo más preocupante es que sus sufridos aficionados piensan que son portadores de la enfermedad del pupas: mala suerte congénita, como apuntó mi primo José María; mientras que Pepe Cuenca acertó la necesidad de cambiar a Benzema y nuestro ilustre y baloncestista Gras, con quienes vi el partido, se  asombraba de la rapidez con que jugaban ambos equipos dentro de su intensidad.
Lo de padecer a Casemiro es algo que engrandece a Zidane. Desde hace dos años venimos reiterando que el Madrid jugaba sin medio centro porque Kroos, buen jugador, no ejerce de tal. Y por fin, tras el amago infructuoso de Benítez de apostar por el brasileño, don Zinedine ha impuesto su prestigio para hacerle titular indiscutible. ¿Dónde se meterán ahora quienes lo ninguneaban con descaro: Maldini, Robinson y su monaguillo narrador del Plus, entre otros?  El resultado ha sido la undécima Copa de Europa y el nacimiento de una estrella. Si sigue apostando por él y sin ser un dechado de virtudes, que adquirirá con continuidad,  Casemiro será el medio centro del  Madrid y de la selección brasileña, ¡ahí es nada!, por muchos fichajes que hagan los blancos para reforzar esa estratégica posición. El cuasi canterano merengue –vino jovencísimo para el Castilla desde el Santos, donde había sido ya internacional- dio un recital en la ajustadísima final: anticipación, visión de juego, pierna fuerte, cabeza, colocación y hasta llegada; suyo fue el primer casi gol madridista a los pocos minutos de juego y se atrevió a tirar a puerta desde lejos, amén de llevar siempre peligro en las jugadas a balón parado. El joven brasileño se ha convertido en el seguro del Real Madrid. Y enfrente tuvo en Gabi otro jugadorazo, que llevó en volandas el juego rojiblanco, por el que no parecen pasar los años. Su enésima demostración de gran nivel, al que bien haría  Del Bosque en seleccionar; lleva cuatro años siendo el referente del fenómeno atlético con Simeone.
El penalti fallado por Griezmann, así como el malogrado por Juanfran, se sumarán a los recuerdos luctuosos de los atléticos, junto al gol que se tragó desde lejísimos Reina en la final del 74 frente al Bayern y el que le marcó Ramos en Lisboa a pocos segundos de poder levantar su primera  Copa de Europa. El central madridista, por cierto, protagonizó también la tercera pata de la mala suerte congénita del Atlético el sábado. Su gol fue un fuera de juego que se tragaron los excelentes árbitros ingleses, pero el sevillano hizo otro extraordinario partido en Milán. Junto al nobel Casemiro, se echó en su veterana espalda al equipo cuando peor lo pasó, en un verdadero ejercicio de líder sobre el terreno de juego. Destacar también la sorprendente facilidad  de los jugadores de ambos equipos para marcar sus penaltis en la fatídica tanda decisiva tras la prórroga, y la curiosa intranscendencia de los excelentes porteros, Navas y Oblak, que no vieron ni uno; solo el costarricense adivinó por dónde iba el que estrelló en el palo Juanfran, antiguo extremo que el eficientísimo Simeone ha reconvertido en lateral internacional, igual que ha recuperado dos veces a Filipe Luis y ha hecho figura a Saúl; los tres, por cierto, canteranos madridistas.  
Los llamados a ser estrellas del partido, Ronaldo, Bale, Griezmann y Torres, pasaron también con poca gloria. Si acaso los primeros veinte minutos del galés y los ratos en que el francés bajaba al medio campo para poder tocar algún balón. A Cristiano, sin embargo, le cupo la gloria de marcar el penalti decisivo y poner rúbrica a una extraordinaria temporada que le llevará, salvo sorpresas en la Eurocopa, a ganar el inminente balón de oro del año 2016.
Zidane se ha ganado a pulso su continuidad, afortunadamente para el Madrid, y disipa de momento las maniobras presidenciales que ya tejían la trama de un posible sustituto.

Y Simeone, triste y sincero, deshoja una inesperada margarita para seguir o marcharse. Una lástima porque, junto al justo campeón, en la intensa noche primaveral lombarda brilló un injusto perdedor.           

lunes, 23 de mayo de 2016

APOTEOSIS DE LA INDIGNIDAD
Escribo estas líneas antes de que se juegue la final de la Copa del Rey, por obligaciones del horario de cierre y encaje de las páginas del periódico, como todas las semanas; y supongo que se pitará a Felipe VI y al himno nacional, y que el estadio se llenará de esteladas en la ubicación de los barcelonistas, propiciando – y que quede solo ahí- una guerra de banderas. Nadie del Barça llamará al respeto institucional, aunque sí se dieron prisa  en denunciar en el juzgado la desafortunada prohibición de la señora Dancausa, delegada del gobierno en Madrid. Así como también, en una tan hipócrita como cobarde interpretación partidista de la libertad de expresión, desalojaron del Nou Camp a un aficionado madridista que osó, legítimamente, ir al estadio con una camiseta merengue. Si en Barcelona exigen, y con razón, que se defienda la libertad, con la misma fuerza deberían haber defendido en su propia casa al aficionado que pagaría su entrada. Pero claro, lo facilón es ir a favor de la corriente propia aun a costa de la dignidad. Esa atributo de bien que los cobardes olvidan cuando van en manada o defienden sus desvergüenzas.  
Estoy en contra de cualquier prohibición de las libertades públicas e individuales, por eso creo que fue un error clamoroso la prohibición gubernamental de las esteladas, pero con la misma claridad argumento que es inadmisible la impune falta de respeto a las instituciones nacionales por parte de nadie. Ahora bien, otra cosa es la flagrante irresponsabilidad de unos: los que nos insultan a casi todos con su actitud provocativa;  y de otros, más grave aún: los que teniendo el poder legítimo no lo ejercen para evitar tales situaciones. El asunto no debe ir de prohibiciones coyunturales, sino de reglamentaciones estructurales. Si se tipificara en la normativa de la RFEF que cualquier acto en contra de la soberanía nacional tendría determinadas consecuencias, bastaría con aplicar lo establecido sin que a nadie le temblara la mano y sin contemplaciones.
El año pasado escribimos aquí, con motivo de lo mismo, que debería sancionarse con firmeza al club que consintiera actos por el estilo. Si al Barça y al Atletic de Bilbao se les hubiera impuesto varios años sin jugar la Copa del Rey, en la que se participa libremente; porque desprecian al Jefe del Estado y a España como nación, por lo que desprecian a treinta y tantos millones de españoles, nos ahorraríamos espectáculos como el que vivimos entonces y como se habrá vivido este domingo en el Calderón. Quizá les parezca exagerado a algunos, pero hay cosas con las que no se debe consentir que juegue nadie, sea quien sea, de donde sea y se llame como se llame. Pero claro, el estilo pastelero de la federación de fútbol, que ya se vio cuando el mismo Barça se negó a jugar una final de esta misma competición hace tiempo y no pasó nada, igual que cuando lanzaron objetos de todo tipo – botellas y hasta cabezas de cochinillo- y tampoco ocurrió nada, acarrea estos desmanes. ¿Qué hubiera sucedido con cualquier otro equipo o estadio de menor importancia? Ustedes mismos. Y es indignante por injusto, desigual y caciquil.
Los lectores de esta columna saben que no somos partidistas, y que no hemos regateado elogios al Barça año tras año en base a su magnífica trayectoria, y a sus profesionales; igual que a la propia Federación por sus éxitos internacionales, incluso uniendo ambas entidades en un estilo de juego diferenciador y  grandioso, pero hay situaciones bochornosas ante los que es inevitable rebelarse por su indignidad, en la que nos sumen a los aficionados que vemos el fútbol exclusivamente como es: un espectáculo deportivo que concita emociones.
La politización del Barça es un ejemplo paradigmático de lo que nunca debió ser, consentida y propiciada por sus dirigentes, cuando no alentada; y la política de compadreo y clientelismo que Ángel María Villar lleva decenios imponiendo en la Federación es tan lamentable como vergonzante, si es que hubiera dignidad en sus mandos.
A muchos se les llena la boca de libertad e igualdad, pero el problema está en lo mucho que mienten, en los estropicios que generan, en lo que se aprovechan para sus egoísmos, en los enfrentamientos que originan entre demasiados inocentes y en la peste de su aliento.

Quienes amamos la libertad propia, debemos defender con idéntica fuerza, ¡y sin complejos!, el respeto a la ajena y la inflexibilidad con quienes la violan.

martes, 17 de mayo de 2016



Y ESTE CUENTO SE ACABÓ

Todos los relatos que cuentan historias humanas se parecen; tienen principio, desarrollo y final, y algunas, las que aspiran a ser constructivas, contienen mensajes diferentes que desembocan en un corolario a modo de resumen edificante.
En el fútbol se concitan aspectos  tremendamente humanos, como en todo deporte o actividad que implique superación personal, junto a singularidades sociales y económicas al margen de las individualidades.  Y desde tales realidades podemos hilar un relato amalgamador de la Liga 2015/16.
El Barcelona es el campeón porque aprovechó con más regularidad  sus buenos momentos y esquivó con eficacia los malos. Ha sido más eficiente, en definitiva. Luis Enrique, seguramente en su última temporada como técnico barcelonista de esta época, que se refrendará con la Copa del Rey para conseguir un doblete menor viniendo de donde viene, ha jugado bien sus bazas también menores porque todos sabemos quién manda en realidad. Y así, mediante un pacto tácito con el capo Messi y su entorno, donde también han tenido cabida Neymar y Suárez, ha ido dosificando al resto de la plantilla como verdaderos actores de reparto de la obra culé. Ver a Messi hacer lo que le ha dado la gana en el campo durante toda la temporada es apto para un técnico menor, cosa que no casa con el carácter volcánico del asturiano. Ni con su aspiración de que le respeten tanto los futbolistas a sus órdenes como sus dirigentes institucionales. Eso es lo que consiguió su líder Guardiola, que también dejó el carro cuando se percató de que el mejor futbolista del mundo, Messi, que él ayudó a crear, se había encaramado a la burra y ya nadie podría bajarle de ahí, para menoscabo de su autoridad como técnico del Barcelona. Así que punto y final también para Luis Enrique. Y se irá con un doblete nacional ganándole al Sevilla el próximo domingo, para dejar el pabellón a la altura de sus ambiciones, en busca de otro lugar en El Dorado del mejor fútbol mundial. Allí donde pueda ejercer con prestigio – un grande europeo-, sin nadie que ose discutir sus rotaciones, por ejemplo. El ejemplo de su admirado Guardiola es emblemático para él. Ha mandado en el Bayern con notable éxito por encima de todo y de todos, dejando atrás al Barça de sus amores, aunque no haya reinado en Europa.
En el Atlético pintan oros para Simeone. Todo pasa por él y su continuidad, porque es de reconocimiento general que es el verdadero artífice del mejor Atlético de la historia. Y si ganara la Champions al Real pasaría por encima de Luis Aragonés en el imaginario colectivo más icónico de la afición colchonera. Otro ejemplo para el fútbol, como lo es Cruyff para el barcelonismo o Di Stéfano para el madridismo. Y a su mismo nivel, no como el rey menor que es Luis en la historia de las monarquías de los clubes patrios, quien sin embargo si es un rey mayor en la de la selección: siempre se dirá que la mejor historia nacional empezó con el de Hortaleza a los mandos.
En el Madrid todo es diferente. Sobre los blancos brilla ahora un astro que ha tratado por todos los medios de nublar a los históricos: Santiago Bernabéu y Alfredo Di Stéfano. Y lo ha hecho haciendo gala de su incuestionable inteligencia: haciéndoles brillar desde su verbo reverencial, al primero, y mostrándo a su lado al segundo, con el rango honorífico que más lustre le daba a su presidencial figura. Grande don Florentino, que además se hacía aparentemente  pequeño, engrandeciéndolos, incluso desde su voz de curica aplicado en humilde parroquia. Ni el Real Madrid es pequeño ni su ambición tampoco. Corren paralelas las dos imágenes en la nube futbolera mundial; ahí está su brillante estrategia.
Y ahora, siguiendo el discurso en el que alberga sus objetivos, se ha rodeado de otros dos iconos blancos: el inigualable Gento y Zidane. El primero fue ídolo de generaciones de madridistas y futboleros de la más diversa devoción, entre quienes me incluyo, y el segundo es sinónimo de excelencia y elegancia. Ambas figuras son tan incontestables como el actual presidente blanco anhela.
Con la final de la Champions se cerrará la temporada de clubes en Europa, de la que ya hemos escrito y pronosticado, y enseguida empezará la planificación de la próxima. Zidane y Simeone continuarán y Messi seguirá mandando en el Barça.

Ahora toca Del Bosque. Ojalá pueda continuar; significará buenas noticias desde Francia.

viernes, 13 de mayo de 2016

LOS PRONÓSTICOS TIENDEN A CUMPLIRSE
Aventuramos que los dos equipos madrileños estarían en la final de Milán, incluso la forma en que se podría producir tal eventualidad, y en San Siro estarán ambos con la orejona como objetivo. El fútbol le debe una al Atlético y es muy posible que a la tercera vaya la vencida para su primera; otro pronóstico.
El partido de Munich entre los de Simeone y los de Guardiola  fue digno de una semifinal de Champions. Intensidad, anticipación, juego, rapidez, táctica y suerte fueron los ingredientes. El Bayern dispuso del balón y del dominio pero le faltó suerte; que Müller falle un penalti que hubiera puesto a su equipo en franquía lo demuestra. Y que Griezmann aproveche la única ocasión clara de su equipo, aparte del penalti postrero fallado por Torres, es la muestra de lo que decíamos la semana pasada: es tan difícil hacerle dos goles al Atleti como que ellos no hagan uno. Y el guión lo fueron desarrollando los gladiadores colchoneros de Simeone tal y como era previsible. Igual que hicieron los metódicos alemanes de Guardiola. Un partido con muchísimos méritos del Bayern para pasar, pero con el más que previsible corolario del pase a la final de los de la ribera del Manzanares. Un equipo que anda ahora el camino de los desquites –Valdano dixit- mucho más fuerte que hace dos años, cuando pudo y debió ganar la final de Lisboa aunque llegó agotado, y que llegará a Milán, salvo accidente, sin novedad en cuanto a lesiones.
El Real hizo un partido flojo contra los ingleses de Pellegrini, que parecían un equipo de casados de las fiestas de los pueblos, como bien definió mi amigo y “Pavo de pro” Carlos Peñalver. Con Touré pasado de kilos en el eje, el chileno no se atrevió a meterle mano a los blancos colocando al belga De Bruyne por el centro por detrás de Agüero, que desesperado de no tocar balón bajaba al medio campo para intentar algo de provecho. Sin Casemiro, la ocasión era clara para hacerlo, aparte de sacar antes a Sterrling por la banda de Carvajal y desequilibrar a un muy entonado Kroos, además de descentrar a los centrales blancos, que taparon al delantero argentino sin otras tareas que hacer; Marcelo no subió como acostumbra para sujetar bien al sevillano Navas, el único que logró desbordar por su banda un par de veces. Y así, el juego de veteranos, que fue lo que pareció el partido, se fue consumiendo entre los nervios de los aficionados blancos, que empezaron a pedir la hora cuando faltaba casi toda la segunda parte. Un espectáculo penoso.
Por eso, de no cambiar mucho las cosas, llevará razón Valdano cuando habla de que el Atlético acabará su temporada de desquites ganando su primera Copa de Europa, por mucho que le pese a un sujeto que se auto titula  “el penúltimo Raulista vivo” y atiende por Juanma Rodríguez en algún medio de comunicación. Presume de “mourinhista” y “antivaldanista”, y no es más que un vocero de lo más rancio del forofismo blanco con tintes “florentinianos”, entre Roncero y Pedrerol; lamentable.
¿Qué el Real Madrid siempre es favorito? ¡Pues claro, faltaría más! ¿Y que desde que Zidane – excelente apuesta de don Florentino- ha equilibrado al equipo con un medio centro lo es aún más? Sin ninguna duda, pero se me antoja que los atléticos llegan en mejor forma y a los merengues les lastran las preocupaciones de Cristiano, sobre todo, y de Benzema. Es lo mismo que les ocurrió en Lisboa a los de Simeone con Diego Costa. Ojalá no suceda lo mismo y puedan disputar el grandioso duelo todos los futbolistas de las dos escuadras madrileñas. El fútbol lo agradecerá, así como el fútbol español presume de tener a tres de los cuatro mejores equipos de Europa disputando las finales continentales.
En cuanto a la Liga, el Barça, que tuvo una pájara peligrosa tras perder con el Madrid junto a la Diagonal, ha enderezado el rumbo y ya solo le queda una visita turística a la Alhambra para ser campeón merecidamente, que será lo más probable, una vez que los granadinos no se juegan nada; una vez más, milagroso Quique Pina, y enhorabuena por ello.
El Atlético perdió contra el Levante, contra pronóstico, y el Madrid ganó con muchos apuros al Valencia; demasiados, y gracias a un espectacular  Casilla. La mejor noticia para los blancos, en todo caso, es la aparente recuperación de Cristiano.            


martes, 26 de abril de 2016

EL SERIAL DE LOS DETALLES

Esta semana hemos asistido a un capítulo más de una temporada futbolera de altos vuelos. Y en el relato emocionante de la Liga nos han sorprendido el guión de detalles, no por previsibles menos explícitos.
Luis Enrique empezó la semana tirando de carácter, tan desagradable como suyo, donde es divisa el desprecio mal educado por cuanto le sea ajeno. Desprecio prepotente y mal encarado, con pretensiones de   gracioso, en el que se retrata hasta los tuétanos. Echar mano del apellido de un periodista para definir sus apreciaciones o preguntas, por reiterativas o hirientes que fueran, es como afirmar que el enrevesado semblante del asturiano, por ser caritativo, es sinónimo de su condición de tuerce botas cuando jugaba con futbolistas de muchísima más calidad que la suya. ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra? ¡Nada! Pues eso mismo. Luis Enrique revela su condición de tuerce lenguas en cuanto se le tuercen un poco las cosas: no es acreedor al puesto que ostenta ni por sapiencia ni por capacidad de liderazgo ni por educación. Lo primero lo demostró en el clásico con el cambio que hizo de Rakitic por Arda, para gozo del Madrid; lo segundo quedó claro al renunciar a sus convicciones para convertirse en el paniaguado de sus futbolistas, fundamentalmente de Messi; y la tercera patita la ha asomado esta semana con sus desmanes lenguaraces desde un lugar que le viene  grande. Qué pena que en los días del recuerdo a un grande de verdad, Cruyff, ocupe su sitio un mindundi. Y qué nostalgia de tiempos recientes, en las que el Barça  encajaba los reveses competitivos con elegancia. El arroz de Guardiola es demasiado para tan poco pollo.
Las dos últimas jornadas no han aclarado el panorama. El Barça, el Atlético y el Madrid siguen su lucha por no fallar, y el Granada, Getafe, Gijón y Levante pelean por salvarse del trío maldito. Por el título no cabe nadie más, pero por el descenso puede que asome alguno; el Español tiene papeletas. Por otra parte, como es natural por humano, los árbitros se han sumado al coro de detalles singulares.
Clos Gómez dejó patente en el Nou Camp su antigua condición de árbitro de conveniencia. Una cosa es equivocarse, que les sucede a todos aparte de la gran dificultad de su trabajo, y otra es ser reiterativo hacia el mismo lado. De los seis goles del Barça, que hubiera goleado igual sin ayudas, al menos tres fueron regalo del colegiado aragonés. Dos penaltis de pitiminí y un fuera de juego de Suárez clamoroso. ¿Qué ayudan a los grandes? Eso siempre, por tal producen risa los clubes poderosos cuando se quejan, pero a veces son muy descarados en el machaque al débil. Y los muy malos lo hacen con una suficiencia indignante; exhiben la valentía del cobarde: fuerte contra los débiles y sumiso ante los fuertes. En España nos salva que hay una docena larga de buenos colegiados y, algunos de ellos, dejan su marchamo de calidad por Europa cuando les requieren: Velasco, Matéu, etc.
El Madrid también nos dejó detalles. El primero fue su antiguo empeño de jugar sin medio centro en Vallecas: Kroos quedó retratado una vez más. Y a Danilo le puede su afán por salir del encasillamiento negativo por sus despistes y pierna blanda. Es mejor futbolista de lo que parece, pero debería serenarse y empezar por defender bien, porque es defensa. Isco, sin embargo, demostró en Vallecas que si le dan responsabilidades las puede asumir sin arrugarse. Hizo un partidazo, igual que Bale y Vázquez, y por el gallego llegamos a Zidane. El francés acertó empujado por las circunstancias, sacándole para aportar trabajo, cuando se lesionó Benzema. Un medio campo con Kroos, Kovacic e Isco, sin ancla, es carne de cañón hasta para un equipo tan justito como el Rayo, en el que Trashorras parece Di Stéfano, sin quitar mérito a su reconocida calidad futbolística.
Y Simeone y su Atlético a lo suyo. Intensidad, pierna, velocidad, solidez, pocos goles contra quien sea, contragolpe y balones fuera o tramposos hacia dentro. Tal vez sea porque es el más humano de los tres. No tiene jugadores extraterrestres.

Y entramos en la última curva de la Champions. Zidane, Guardiola, Pellegrini, Simeone…, Tan elegantes como educados ¡Qué semanas!  Cristiano, Griezman, Agüero, Lewandoski. Igual nos sorprenden otros. Yo apuesto por ellos: Isco, Vázquez, Ramos, Carvajal, Torres, Juanfran Saúl, Koke, Silva, Navas, Javi Martínez, Thiago, Bernat…  Con eso sueña Del Bosque.   

lunes, 18 de abril de 2016

EL FÚTBOL COMO TERAPIA NACIONAL
Ya sé que es ampuloso y exagerado, pero para infinidad de españoles el fútbol representa ahora una válvula de escape ante el proceloso panorama político y social que padecemos. Y es mano de santo. Fue el tenis y el baloncesto, el ciclismo, el atletismo, y es el motociclismo; pero el fútbol, que mueve infinitamente más aficionados, hace años que triunfa en Europa y en el mundo, enorgulleciendo a  millones de compatriotas.
Esta semana ha vuelto a producirse el éxito que echaremos de menos; nos estamos acostumbrando a un paraíso esquivo. No ha sucedido en ningún país europeo y en España sucede con regularidad el último decenio. Que cuatro equipos españoles estén entre los ocho mejores de Europa en sus dos competiciones continentales,  asegurada la presencia  de dos de ellos en sus finales, y con posibilidades de que sean los cuatro, es  portentoso. ¿Cómo estarían en Inglaterra, Italia, Alemania o Francia, si disfrutaran de esa gloria? Nos lo podemos imaginar.
Aparte de las machadas del Sevilla de Emery y del Villarreal de Marcelino – qué pena lo del Bilbao de Valverde y el emparejamiento del Barça con el Atlético-, tal y como auguramos, el Madrid, con la fortuna de cara, se deshizo con lo justo del Wolfsburgo, a quienes debieron golear también en su estadio; les separa un abismo. Ojalá contra el Manchester City persevere en la solidez cuando juegan a tope sus futbolistas, desde el equilibrio alcanzado con Casemiro, y a Zidane no le dé un ataque de técnico de paripé presidencial haciendo rotaciones absurdas o no haciendo algunos cambios clamorosos; lo de Danilo en Alemania, o mantener a Bale en el Bernabéu los últimos veinte minutos a pesar del agujero que ocasionaba en la derecha por no bajar,  no tienen un pase. A estas alturas  hay que salir con los mejores porque solo restan media docena de partidos relevantes. Zidane ha logrado un equipo, el que todos y él sabemos, y ha de insistir, sin mirar al palco, con esos once y sus sustitutos naturales:  Vázquez, Jesé, Varane, Nacho, Isco o James –nunca juntos-,  al margen de retoques tácticos puntuales, donde flojea.
Eso lo maneja bien Simeone, que salvo imponderables maneja a sus nueve titulares y a los dos o tres que se disputan los otros dos puestos, uno en la media y otro en la defensa, con perseverante sabiduría, así como los cambios tácticos y recambios de jugadores que requiere el resultado. Dentro de esas variaciones, lo único innegociable es la presencia continua de un medio centro con oficio. Como dice Guardiola, aunque exagera interesadamente para motivar a los del Bayern, “si el Atlético de Simeone juega bien gana siempre”. Habría que añadir que dentro de su peculiar estilo, y matizar que más bien difícilmente pierde porque es complicado hacerle goles, aparte de impedirle que haga el suyo con Torres recuperado y Griezman en estado de gracia. Con Fernández o Tiago de medio centro, Gabi y Koke a los mandos, y el espléndido Saúl - o Carrasco-,  de rompelíneas, el medio campo atlético es el más sólido de Europa; ahí radica su fortaleza y fiabilidad en los momentos clave. Simeone empezó consolidando una defensa con un portero de garantías,  Godín de mariscal y Juanfran y Filipe de alfiles, y reinventando goleadores de referencia: Falcao, Costa y ahora el gabacho. Después afinó el medio campo hasta hacerlo jugar de memoria con una intensidad insuperable. Esa, junto a la suerte, ha sido la escalera de color para llevar varios años seguidos entre los mejores, y esta temporada puede ser el colofón a un trabajo colosal y barato para el Atlético de Madrid por su eficiencia: aspirante a todo, títulos y saneamiento económico desde lo deportivo. ¡Tomen nota en el Bernabéu!
Al Barcelona le quedan varias finales para  ganar la Liga que tenía en la buchaca, y ahora es cuando sus profesionales deben demostrar la madurez que cabe exigirles. Como aventuramos, la eliminación de la Champions puede costarles la Liga. Plomo en la necesaria décima de segundo y depresión anímica, aparte de la obligación de alinear a Messi y a sus dos compadres Neymar y Suárez, estén como estén, y a otros; por prescripción del argentino, así como su antojo de huir del área, más una suerte esquiva, marcan el viacrucis culé. Mal pájaro tiene Luis Enrique en la bardiza.
Y en junio, como terapia contra electoral, llega la Eurocopa. La suerte de Del Bosque será nuestra fortuna, porque lo demás…, ¡ruina!         


jueves, 14 de abril de 2016

ARREMPUJA’, MARUJA
El fútbol, como deporte, tiene unas exigencias básicas, y como juego, mucho más de azar que de ciencia. Ahora vendrán algunos a dar explicaciones y hacer análisis vacíos de toda realidad sobre lo que está ocurriendo en la recta final de esta temporada, pero todo es mucho más sencillo que la sarta de gilipolleces que se proclaman y escriben a menudo sobre el tema. Viene a cuento lo anterior por la cansera que me produce escuchar las retransmisiones de partidos- es agradable quitarle el sonido- de la tele cuando no voy al campo, porque de las tertulias y de los programas futboleros paso de buena gana. Es angustioso oír hablar de estrategias y demás tonterías seudocientíficas cuando de fútbol: juego más deporte, se trata.
La velocidad y la resistencia son básicas en cualquier juego basado en el esfuerzo físico, pero antes que nada, como en todos, está la cabeza. Y, en los deportes de contacto, además, los valores del corazón, la valentía y el coraje. Cabezo, tronco y extremidades, que nos decían para señalar las partes de nuestro cuerpo, pero por ese orden en cualquier deporte, y mucho de suerte cuando se trata de un juego.
Así, si como algunos aducen el Barça no estuviera bien físicamente no podría, como sucede, jugar las segundas partes apabullando al contrario: partido contra el Atlético y el sábado en San Sebastián. Otra cosa es el estado de ánimo y la confianza, que radican en el cerebro, y la suerte, además de los contrarios, que también juegan, como dicen los más avezados. Illarra, el que no valía para el Madrid, hizo un partidazo jugando en su sitio, de medio centro, y desde ahí desquició a los interiores y enganches culés; a Messi le robó media docena de balones en otras tantas de sus temidas diagonales que tal vez hubieran cambiado el partido. Fue una de las claves de la derrota blaugrana en Anoeta, así como el  gran partido del portero Rulli de la Real. Igual que lo fueron Casemiro y Navas, como señalamos el lunes pasado, en la derrota frente al Real Madrid en el   Nou Camp. También la suerte hizo acto de presencia en ambos partidos. Recordemos el gol cantado que falló Suárez en Barcelona o el fantástico remate de Messi que se marchó por centímetros en la capital donostiarra. Detalles azarosos que marcan los partidos.
El Madrid fue a lo suyo en el Bernabéu contra los esforzados jugadores de Éibar, y apretó en la primera parte para dormitar en la segunda, quizás pensando en el partido clave que tiene el martes. Y el Atlético ha encontrado por fin la enorme colaboración de un renacido Torres para aspirar a todo en el este final de temporada, porque esa es otra. Los jugadores tienen sus rachas y estados de forma particulares al margen del tono general de cualquier equipo. Ahora, el rubio rojiblanco nos recuerda al que deslumbró en Europa con España en Austria y es un estilete bien afilado en su posición de delantero centro. Simeone puede soñar con todo si tiene el acierto y la suerte de eliminar al Barça el miércoles; Griezman y Torres pueden ser la dupla atacante que le rediman de sus ancestrales penurias europeas. Lo del francés viene siendo habitual, pero lo del madrileño tiene mucho que ver con su cabeza: la confianza ganada de un mes aquí, cuando tanto se le resistía hacer su gol cien colchonero. Como alguien dijo, y cuánta razón tenía, el fútbol es un estado de ánimo, partiendo de lo básico: que el tronco y las extremidades estén en condiciones competitivas.
Así que, como titulaba, ¡arrempuja, Maruja!, que ahora vienen las cuestas finales. Los de Simeone vienen empujando toda la temporada, porque no tienen otra, pero para el Madrid y el Barça esta semana es clave.
Los blaugranas tienen el miércoles su Rubicón particular: si pasan la complicada eliminatoria de Champions, haciendo valer su mínima ventaja o ganando de nuevo, tendrán mucho ganado para ser campeones de Europa y de Liga; de lo contrario, lo más probable es que arrastren la depresión y pierdan más puntos en España, dándole oportunidades a los equipos madrileños para conquistar la Liga que tenían en la mano. Y luego vendrían las madres mías, con Luis Enrique en el disparadero.

Y en el Madrid lo mismo. Si pasan el martes, salvarán una campaña para olvidar, pero como caigan ante los modestos del Wolfsburgo— poco probable—, Zidane puede hacer las maletas.      
ZIDANE SALVÓ SU TRONO, Y MÁS

La tarde noche barcelonesa se prestaba a la emoción, aunque el partido se presentaba como puro trámite. Una faena de aliño del Barça bastaba para asegurar la Liga, pero el espectáculo tenía truco o, mejor, protagonistas secundarios.
La sombra de Johan Cruyff, como referente fundamental de la tarde, planeaba desde días atrás sobre el Camp Nou, y cuando llegamos a sus aledaños se hacía presente en cada esquina y a cada paso. Camisetas blaugranas con el 14 y su nombre impreso, carteles y respeto en el ambiente, o eso me pareció a mí. Tal vez no fuera casualidad que los cien mil espectadores que abarrotarían el campo un par de horas más tarde batieran un récord de asistencia. Despedir formalmente al padre del Barça moderno no era cuestión baladí. Y llegado el momento, minutos antes de que los equipos empezaran el juego, aplaudimos durante minutos y minutos su recuerdo plasmado en los marcadores, seguramente en otro récord de duración de cualquier aplauso. Emocionante.
Y el balón empezó a rifar ocasiones. Los culés, en plan dominador, se lucían en fintas y señuelos imaginados en cualquier regate corto, marca de las casas de Messi, Iniesta o Neymar. Y el Madrid de Zidane, serio y sin concesiones, agazapado atrás, esperaba su turno. El primer acto fue aburrido por excesivo tactismo y por la lentitud con que unos y otros se prodigaron. Con Albert Frago, un culé entrañable a mi lado, comenté lo anterior y, ante su extrañeza y la de otros vecinos de asiento por el juego rácano de los blancos, mi certeza de que el único que se jugaba algo era Zidane, porque la competición doméstica está liquidada ocurriera lo que ocurriese. Perder por dos o tres a cero el sábado era el camino más directo hacia su no renovación como técnico blanco el año que viene. En la segunda parte el Barça pareció ir a por el partido y le imprimió una rapidez y garra tan encomiable que albergué la sospecha de que ni los blancos ni su técnico se salvaban de la debacle, pero, una vez más, el primer paso obnubiló a quien debía insistir en el segundo y tras el primer gol de partido, los de Luis Enrique se dedicaron a jugar andando. Un rondo insulso que dio alas a los blancos. Y tras el empate y el absurdo cambio del turco Arda por el croata Rakitic, el Real sacó sus garras y fue a por el partido. El Barça continuó andando sobre el campo y sus rivales, ni con uno menos por la expulsión cantada de Ramos, cejaron en sus ímpetus.  Y llegó lo inevitable y previsible tras lo que veíamos en la grada.
El colofón lo puso Cristiano, tras el empate de Benzema, haciendo inútil el testarazo de Piqué, y Zidane le ganó el pulso claramente al asturiano mal encarado. En definitiva, Zidane pasó su reválida. Hace tiempo que venimos defendiendo en esta columna que el problema del Madrid era el mediocentro, y el francés, que de esto sabe lo suyo, ha sabido rectificar a tiempo. Con Casemiro en la medular, por delante de los centrales, el Madrid ha ganado el equilibrio que ya Benítez intentó sin éxito; como no tenía el nombre del campeón del mundo gabacho, no le dejaron. Pero lo importante, aparte del partidazo defensivo que hicieron lo blancos, con Casemiro en plan estelar y las lanzaderas que suponían los carrileros  Carvajal y Marcelo, es que don Zinedine ha consolidado un equipo para soñar caminos en la tarde, que diría el poeta. El Madrid, con ese equipo base, puede aspirar a todo en lo que resta de temporada y, lo que es más importante, puede y debe afrontar la campaña próxima con ciertas esperanzas.
El Barça, sin embargo, debe extraer la lección del sábado por la noche. Al fútbol no se juega andando, como decíamos, y aparte de que se desarrolla desde la cabeza para rematarlo con los pies, como decía el enorme Johan Cruyff, debe saber que las confianzas son malas consejeras cuando se juega contra un grande, y a los azulgranas en la recta final de la temporada le quedan al menos dos o tres grandes para conseguir el triplete.

Como corolario, esta vez don Florentino se salió con la suya, y Zidane, su penúltima baza, le ha devuelto el favor. El señor Pérez puede afrontar el resto del curso e iniciar la próxima temporada con garantía de tranquilidad en el Bernabéu. Ganarle al Barcelona en su casa es lo mismo que ocurría con Barça antiguo: ganarle al Madrid justificaba una temporada.    

lunes, 28 de marzo de 2016

LA SELECCIÓN NO HONRÓ A CRUYFF
Una pena; una lamentable pena doble: la pérdida de un grande de verdad, don Johan Cruyff, y la constatación de que el combinado nacional navega aguas abajo desde la gloria a la nada, aunque coincide que faltaban los dos jugadores básicos para darle a España el toque sutil de su reciente grandeza: Busquets e Iniesta; veremos si son capaces de ahormar a su vuelta un equipo de lentos hasta el aburrimiento. Salvando el buen fútbol de Morata y el espléndido momento de De Gea, junto al oportunismo del jovencísimo veterano Aduriz, los demás parecían “el camión del pescao”.
La primera parte del partido frente a Italia recordó sobremanera a la selección que tanto nos defraudó en el pasado mundial de Brasil. Y con esa frustración le di la razón al sabio gallego Luis Suárez, el único Balón de Oro español, que explicaba la dificultad de los jugadores españoles cuando juegan con la selección en la recta final de la temporada. Salen al campo con el freno de mano echado y con la marcha atrás como velocidad de referencia. No ganan un balón dividido ni llegan antes a cualquier pelota en disputa ni tocan balones adelantados. Le dan al balón con miedo, prefieren jugar para atrás y parece que llevaran muelles en sus botas: no controlan una bien.  Hasta mi admirado Juanfran, paradigma de lo descrito, parecía un tronco en lugar del junco que es en su Atleti.
Con el aturdimiento y la tristeza por el fallecimiento del irrepetible Cruyff, uno esperaba que apareciera algún destello del mítico holandés, el más conocido y admirado en el mundo según sus compatriotas, y cualquiera de los futbolistas en liza tuviera el detalle de homenajearle con lo que mejor sabía hacer: manejar el balón y los tiempos con la velocidad mental que luego se transmitía a las piernas para generar belleza anticipándose al contrario. Esperanza vana. Los italianos, un equipo ramplón carente de las virtudes que atesoraban, bastante hicieron con desbordar media docena de veces a la descolocada defensa española. Y los nuestros, torpes, medrosos y lentos hasta la desesperación, se dedicaron a deambular como almas en pena en Udine. Para ellos, los escasos sesenta segundos de silencio por el luto generado en España en un absurdo accidente de autobús, y en Bruselas por la barbarie de unos descerebrados que si de verdad se han inmolado bien muertos están y, si no, la verdadera justicia sería ayudarles a llegar inmisericordemente a su paraíso cuanto antes, junto con quienes les inculcan sus criminales deseos de gloria; duró noventa largos minutos. Mal camino llevamos.
Así, refugiémonos en el recuerdo de quien tanto de futbolista como de entrenador llevó el fútbol a la modernidad. Desde su irrupción en el Ajax de finales de los sesenta del siglo pasado, con refrendo de su juego en la selección holandesa, este juego dejó de basarse en las tácticas rígidas de los jugadores especialistas en defensa, medio campo o ataque, pasando al fútbol total como idea moderna. Y ahí, en ese todo campismo que había echado raíces con el otro grandioso innovador futbolero de una década antes, don Alfredo Di Stéfano, empezó a escribirse en letras de oro la idea, más que nunca, del juego en equipo y la solidaridad en el campo como bandera de los grandes y del mejor fútbol actual. Este deporte cambió gracias a esos dos monstruos de dos generaciones sucesivas, desaparecidos ambos también en poco tiempo, en sus dos décadas prodigiosas: 1955/1975.
El legado de Cruyff sigue presente a través de sus alumnos aventajados, con Guardiola a la cabeza, porque además de ser uno de los cuatro grandes sobre el césped, es de los pocos técnicos que hizo escuela y el único que aunó la gloria en ambas facetas.  
Recuerdo la tarde de noviembre de 1973 en la que debutó fuera del Camp Nou, en La Condomina, y junto a la expectación despertaba y el gol del empate del murcianista Canito en la portería del Sector A, me quedo con su elegante conducción del balón y su cabeza siempre alta, aparte del golpeo exquisito de la pelota y sus espectaculares cambios de ritmo.

Don Santiago Bernabéu reconoció a un amigo común entrañable, el valenciano Antonio Orts, quien me lo contó en confianza, su gran error al no ficharlo cuando pudo. El Madrid sufrió su juego, pero para los buenos futboleros, Cruyff es el referente del mejor fútbol moderno. Su Barça y España lo saben bien.    

martes, 15 de marzo de 2016

HUIR DE LA QUEMA

Luis Enrique huyó de la quema cuando olvidó su libro de estilo consintiendo que Messi no entrara en las rotaciones. Eso fue en su primera temporada como técnico culé, al filo de su ecuador, y desde entonces se le acumulan los galardones con el aprecio generalizado de los aficionados blaugranas y del universo futbolero. Pero él, como todos, sabe quién manda de verdad en el Barça, y quién hace de su equipo el referente del fútbol mundial. Contar con el mejor jugador del momento, y uno de los dos o tres  mejores de la historia, tiene esa doble cara: segundo plano y triunfo.
En el Atlético, sin embargo, son los directivos quienes huyen de la quema aferrados a su artista indiscutido: Simeone. Y es el importante porque cada año tiene que reinventar un equipo con aspiraciones; su plantilla se desangra con sus mejores jugadores, que son vendidos sin misericordia en aras del obligado cuadre de cuentas en los equipos con más números rojos que negros. Y ahí reside su éxito, aparte del estilo contrastado ya durante varias temporadas para hacer a los colchoneros los terceros en discordia en España. Otra cosa es a nivel europeo, donde no deja de ser un aguerrido equipo que sale al campo con el cuchillo entre los dientes; nada del glamour que corona a los verdaderos grandes: Madrid, Barça, Bayern, Manchester United, Chelsea, Juventus, Milán, ahora también PSG, etc. Es decir, pasa el tiempo pero nada nuevo bajo el sol.  
Y en el Madrid, el número uno es don Florentino. Solo tardó un par de temporadas para dejarlo claro, desde que llegó al Bernabéu en el 2000. Por el camino han quedado achicharrados técnicos y jugadores en una ruleta sin fin desde que Del Bosque y Hierro salieron del equipo. Antes le salió bien con Redondo, que se lesionó de gravedad en el Milán al poco de venderlo, pero con los demás ha tenido que usar los apagallamas de los reiterados fichajes deslumbrantes cada año como escudo. Él confiesa a sus íntimos que la bomba hay que cebarla cada año para seguir en candelero, y a ello se aplica con una perseverancia tan brillante para su ego e imagen personal como nefasta para el club. No quiero reiterarme en mi crítica global a su gestión, ya la conocen sobradamente los fieles a esta columna, pero quienes duden de lo que afirmo solo tienen que mirar las estadísticas. Es muy fácil comprobarlo.
Llegado de urgencia Zidane al banquillo eléctrico blanco, como penúltimo pararrayos presidencial, ya presenta síntomas de achicharramiento. Decir en voz alta, por mucho que lo piense para sus adentros, como muchos, que cómo va a hablar de fichajes y bajas si él mismo no sabe si estará este verano al mando de la plantilla merengue, es la prueba palpable del fuego inquisitorial que se le acerca. Dar la razón a sus predecesores, Ancelotti y Benítez, de que la plantilla está desequilibrada, ha sido la mecha. Y ahora, asumiendo que la quema institucional es más que probable, trata de huir de la personal porque piensa, y con razón, que su prestigio no puede ni debe ser una ofrenda más en el altar de los egos e intereses de quien lo fichó y ha usado como emblema. El cada vez más Pérez, en detrimento de la deidad Florentino, no tiene miramientos con quien ose disentir de sus planes. Dejar cientos de millones de euros en el banquillo para que jueguen Casemiro, Lucas Vázquez, Carvajal, Jesé o Borja Mayoral, es jugar a la ruleta rusa con la pistola presidencial. Solo que en lugar de una bala tiene solo un hueco en su tambor. Y esa única posibilidad es ganar la Copa de Europa. Y a ello se apresta Zidane tratando de armar un equipo desde el medio campo, en el reino de medias puntas de su plantilla.
Casemiro tendrá así la continuidad que le ha faltado para demostrar si de verdad es jugador para el Real Madrid, más que nada porque es el único medio centro disponible, como también venimos reiterando desde que se marchó Alonso. Y de rebote Lucas Vázquez, como extremo eficaz y peleón. Ahora, a esta tesis, se apuntan casi todos los especialistas, cuando han estado hablando de galgos y podencos desde entonces. Deben ser que los árboles florentinianos no les han dejado ver el bosque real del Real. En fin, parece mentira.

Suerte para Zidane en su acertada huida de la quema. Mourinho acecha        
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