miércoles, 3 de septiembre de 2014

OTOÑO NUEVO PARA UNA NUEVA ESPAÑA

Y esperemos que mejor. España está cambiando de un modo irreversible y afrontamos una etapa nueva con todas las incertidumbres que tal muda supone. Porque no es solamente un cambio de piel culebrero, sino una mutación sobre aquella primavera democrática que nos alumbró el cambio de régimen de hace casi cuarenta años. A los brotes multicolores de nuestra esperanza de entonces le sucedió un verano agostador en sus postrimerías, con algunos rebrotes sintiéndonos protagonistas de la nueva construcción de Europa, que ha mustiado el panorama.

Las viejas ilusiones

A las elecciones cantadas por las calles con letras y músicas ilusionadas de tantos le fueron sucediendo las ansias de vivir de la política y sus aledaños de unos pocos, atrincherados en las ciénagas de las nomenclaturas de los partidos y en los oropeles y las inevitables cloacas del poder.

A la juventud pletórica de una sociedad española salida del secano de decenios liderada por la no menos esperanzadora vitalidad de los Suárez, Juan Carlos, González, etc.,  de entonces, incluidas las primeras lunas de un resplandeciente regenerador Aznar, le sucedieron quienes a su amparo hicieron del medro la consigna de su vida. Y aquí no solo entran los políticos de toda laya, sino personajes de diversa condición que quisieron ser émulos de aquellos en todo tipo de sinvergonzonerías: empresarios, sindicalistas, banqueros y “cajarios” – sobre todo -, conseguidores, españolitos y españolotes mil que, junto a quienes vieron la teta del Estado en todas sus variantes como sustento seguro para sus vidas, decidieron con más o menos conciencia de ello echar la persiana a la primavera española surgida con la imperfecta y disgregadora Constitución del 78.

Los últimos filibusteros

El tórrido verano empezó con el infame infantilismo de Zapatero, cuando lo que de verdad necesitábamos era alguien con la madurez y la imaginación suficientes para dar un giro importante a la deriva alocada de los últimos años “aznaritas”. Y al iluso esperpéntico socialista le siguió el aburrido marmóreo conservador. Aquel fue malo de solemnidad pero Rajoy es malo hasta el hastío. El del supuesto talante arruinó España desde una relativa situación de riqueza y de paso laminó al PSOE, y el autollamado previsible ha firmado la defunción de aquella España devolviendo al centro derecha español a la época “fraguista”; cuando ni con don Manuel ni sin él tenían sus males remedio. El PP deberá refundarse sobre las ruinas que dejará quien representa lo más casposo del conservadurismo patrio: ni lealtad a los suyos, ni valentía, ni sinceridad, ni la más mínima imaginación para anticiparse al futuro; virtud imprescindible para quien quiera liderar algo.

Y de paso se han cargado también la piedra angular sobre la que se asentaba aquella España política: el bipartidismo.

Hacia la nueva España

España es otra y con los nuevos mimbres habrá que hacer el cesto. El cansancio indignado de una gran parte de la sociedad, sobre todo de la generación que ha de tomar el relevo, ha dado lugar al fenómeno Podemos. Y no es una cuestión baladí. Porque tampoco lo es el descrédito que han alcanzado las instituciones políticas y sus representantes. Tenemos que remirarnos y repensarnos, como deberían hacer ellos dando un paso atrás o los que sean menester, y mirar hacia adelante imaginándonos el futuro. Y haciendo posible el mejor de ellos. Y eso no se hace tratando de desacreditar a quienes solamente son intérpretes del cambio que la sociedad reclama, por muy filocomunistas que sean. Ni, mucho menos,  cambiando las leyes electorales para evitar que empiecen a tocar poder, como se le ha ocurrido al inefable Rajoy y a sus secuaces de cara a las próximas municipales. Con ello se pone de manifiesto una vez más el aserto de que los cobardes solo respetan a quien temen. Llevamos demasiados años diciendo que es necesario cambiar muchas cosas en España y ahora se les ocurre hacer cuantas chapuzas sean necesarias para evitar lo inevitable: que la sociedad que les ha dado tan justificadamente la espalda tampoco pueda sacar la escoba y barrerlos de sus poltronas. Pero no tienen la vergüenza de limpiar ellos mismos sus casas y levantar las alfombras para que se oxigene la vida pública, empozoñada hasta el vómito con sus cobardías, latrocinios y chanchullos; por ahí deberían empezar.

Es cierto que la solución a nuestros problemas no puede venir de engordar aún más el inasumible Estado que soportamos sangrando hasta la inanición con más impuestos a una buena parte de la sociedad, la más relevante, tal y como se desprende de los inviables postulados económicos de Podemos. Pero resulta curioso y esperpéntico que tal circunstancia la denuncien desde el Partido Popular de Rajoy y Montoro, que con tal de no tocar a sus paniaguados, ni a los de los otros, no tuvo reparos en subir los impuestos a niveles que ni los comunistas oficiales españoles de IU lo proponían en su último programa electoral.

Pero claro, es que andan tratando de borrar sus vesanias y las huellas de los dineros más negros que sus conciencias con los que se han financiado hasta hace cuatro días.

España ha cambiado para no volver atrás aunque algunos no quieren enterarse. El pueblo, como siempre, se lo recordará a bocinazos. Con Podemos, Limpiemos, Marchemos o Machaquemos. Mientras, esperemos que se den cuenta a tiempo y solo suenen músicas de viento. Este otoño democrático puede traer un invierno demasiado gélido. Ojalá fuera, por el contrario, un invierno de siembra útil para que una nueva primavera social y política nos arrulle con trinos amables.

El dios dinero

Para ello habría que arrumbar al dios del dinero fácil, a cuyo altar se ha postrado una buena parte de la desorientada sociedad española en estos años de pérdida de todo tipo de valores. ¿Por dónde empezamos? El verdadero cambio debería empezar por uno mismo.    

lunes, 1 de septiembre de 2014

MERCENARIOS Y OLÉ

No sé de qué se extrañan los madridistas porque Di María, como tantos otros antes, hayan elegido el dinero a los colores. Bueno, sí que lo sé. Es el fenómeno de la hipocresía social frente al poder del dinero en manos ajenas. La mayoría de los que echan sapos y culebras por sus bocas ante tal hecho harían lo mismo. El fútbol de los que llegan lejos es profesional y nadie tiene vocación de trabajar sin incentivación económica. Otra cosa es la voluntariedad por causas sociales.

El Madrid es precisamente una de los clubes que tiene el marchamo del vil metal desde que cayó en manos de quien está. Todo por y para el dinero. Por eso no importa que el técnico de turno tenga que hacer un cesto nuevo con los nuevos mimbres que le traen cada año, como vulgar equipo de tercera malo. Porque no se trata de que incorporen a jugadores de la cantera para ganarse un puesto en el equipo titular, sino que fichan jugadores titulares por chequera. El señor Pérez habla de publicidad y camisetas - merchandising, que diría un tontarra de esos que usan términos anglosajones como sinónimo de distinción o cultura cuando no es más que ignorancia extrema -, pero oculta sus verdaderas motivaciones. Como hemos reiterado, es tan listo que tiene a la primera marca española, el Real Madrid, como su departamento de relaciones públicas. Claro que, en todo caso, es preferible eso a otros que se las llevan directamente cuando hay traspasos por medio.

Volviendo al principio, nadie debe extrañarse de que los que llegan a futbolistas profesionales miren ante todo su cuenta corriente. Es lo natural. Ahora bien, otro tema es el de los gustos personales, y en esto cada cual es muy libre de tener sus inclinaciones. Tan válido es preferir el fútbol del dinero, el Madrid, Barça, etc., que el de cantera, aunque también sean  profesionales; el Bilbao, por ejemplo. Quienes siguen esta columna saben que el que suscribe es un amante del fútbol base, por eso disfruté tanto con los blaugranas de Guardiola. Como antes me ocurrió con el Madrid de Sanchís, Michel, Butragueño, Martín Vázquez y Pardeza, que sin ganar nada relevante en Europa jugaban de maravilla y sin mirarse. Claro que ahí tuvieron a un técnico que amaba el fútbol: Di Stéfano, que tuvo los bemoles de pasarlos de golpe desde el Castilla. Y antes de ese equipo tuve la fortuna de ver al jovencísimo Madrid ye-yé ganar la sexta Copa de Europa en el 66; ese de los Pirri, Velázquez, Groso, Zoco, Pachín, De Felipe, y compañía con legendario Gento como capitán; todos españoles, por cierto. ¡Qué hermosura!

Es fácil decir para algunos que la eclosión del mejor fútbol español ocurrió cuando en España sus clubes jugaban los mejores jugadores del mundo, y algo de eso hay, pero la realidad es que la selección campeona de Europa de 2008 de Luis Aragonés se fraguó en su genialidad de construir un bloque al margen de individualidades en base al fútbol asociativo del Barça. Así empezó todo. A veces se nos olvida la enorme polémica que hubo con aquello de ¡Raúl selección!, porque, como siempre, el fútbol vive de resultados.

Esta temporada tenemos a un Madrid al que Ancelotti tiene que reinventar de nuevo con las obligaciones que le han impuesto desde la presidencia. Básicamente, Diego López fuera con Navas de tapado aunque pueda parecer otra cosa con la titularidad inicial de Casillas; Kros a los mandos aunque haya costado la marcha de Alonso, James en la media punta sacrificando a Di María y Benzema intocable, para lo que habrá que buscar o inventarse un suplente, con el buenísimo Isco de chico para todo hasta que se canse.

Y por enfrente algo parecido; veremos lo que aguanta Luis Enrique como se empeñe en darle juego a cantera – Bartra o Munir, por ejemplo – obviando a los figurones. Auguro un año complicado para los culés por la demasía de gallos en su corral. Entre los Messi, Neymar y Suárez, y los antiguos: Xavi, Iniesta, Piqué y Busquets, pueden haber demasiadas banderías en el vestuario. Y eso es malo.

Mientras, el Atlético sigue pastoreado esencialmente por el espíritu de Simeone. Y no es mala cosa, pero como los resultados no acompañen lloverán chuzos de punta. Al tiempo.

En resumen, no veo un año claro para ninguno de los tres. Y digámoslo claro: tienen plantillas de mercenarios. Es el fútbol que aplaudimos.    

lunes, 25 de agosto de 2014

HOGAÑO, COMO ANTAÑO

Ha empezado la temporada con los mismos tics que acabó la anterior, con un estrambote final. El Atleti dio interés a la devaluada Liga española, deportivamente hablando, con el añadido del Mundial. En ambos casos hubo justicia. En España triunfó el más regular y en Brasil, como ocurrió  en Sudáfrica, ganó la mejor selección: Alemania; y, para suerte de quienes nos gusta el fútbol bueno al margen de colores, lo hizo luciendo un buen juego sin llegar a la excelencia de la España de entonces.

El Atleti ha ganado el primer título nacional con las mismas armas que conquistó la Liga: intensidad en todo el campo y velocidad al contraataque. Pero me parece que a esos méritos le va a unir el de una mayor efectividad, con el valioso añadido de haber cambiado a varias piezas fundamentales. Ante el Madrid, en ambos partidos, pareció atrincherado pero fue quien más y mejores oportunidades de gol tuvo. Por el contrario, los blancos apenas dispusieron de ocasiones. Y eso es un cambio considerable respecto al año pasado, en el que salvo la excepcional temporada de Costa eran los centrales quienes marcaron en los momentos clave. Esta temporada se me antoja que van a tener más pólvora arriba con el croata Mandzukic y el francés Griezmann.

El Madrid, una vez más, ha maniobrado de acuerdo con los deseos de su gran fichador, el señor Pérez, quien de estar con un pie en la puerta de salida cuando acababa en derrota la pasada final de Lisboa, después de una temporada grisácea, se aupó a la chepa de Sergio Ramos en su agónico gol cabecero y volvió a Madrid en olor de multitudes. La prometida décima ya estaba aquí, y con ella una prórroga de valor incalculable en su interesado mandato. Olvidada Turquía, donde no hubo suerte en las licitaciones, o lo que sea, y con Argentina en suspensión de pagos, hay que afianzar Alemania para que no haya dudas, país de la segunda marca con aspiraciones de ser la primera si es necesario: Hochtief. Y, a tenor de su emergencia y de las importantes obras públicas anunciadas, hay que apostar fuerte por Centroamérica. Igual ahora entiendan mejor lo de Ozil, Khedira, Di María, López, Kros, James y Navas, sin quitarle nada a la indudable calidad de los tres incorporados pero sin olvidar tampoco la de los desechados.

El Madrid era un equipazo y lo sigue siendo ahora, pero caben matices. Diego era el portero de más garantías pero había que hacerle sitio al fichaje, aunque fuera para el banquillo, y dado que Casillas no pidió su salida sobraba el gallego. Veremos si no tenemos que acordarnos de él. Iker es una grandiosa leyenda pero el tiempo y las circunstancias personales no pasan en balde y hace mucho que no es el mismo. Se vio en Lisboa, en Brasil y los partidos frente al Atlético, aunque en el último aún luciera destellos de lo que fue, como la mano salvadora ante un inminente remate definitivo. En Murcia se decía hace tiempo respecto a un torero, también irrepetible: “Cascales ya no es Cascales”.

El Barça sigue destruyendo lo que tanto trabajo costó tejer. Hay que borrar todo vestigio “guardiolista” porque eso es obra de nuestros antecesores, piensan erróneamente. Y como no tuvieron bastante con el nefasto experimento de adosar a su verdadera estrella extranjera – canterano-, Messi, a otra, Neymar; ahora traen al lucero Suárez para completar la constelación de disparates. La emoción estará en saber cuándo lucirá sus caninos en el campo, porque en el vestuario las descargas de adrenalina están servidas con el látigo de Luis Enrique intentando domar tanto ego. Y, para la fiesta completa, Bartomeu y Zubizarreta anhelan emular a Pérez con aquello de vender a los canteranos para que se formen. En fin, la maldad de la tontuna, o no tanto… ¡Qué envidia de presentaciones multitudinarias de don Florentino en el Bernabéu! Y, más a más, ¡cuánto dinero mueve! En esos momentos sus ojos se hacen birlochas y los dedos duendes.

Y el estrambote a tan sabido soneto ha sido el Murcia y su cantado desastre. Ya sabemos que el señor Samper anda defendiendo sus intereses. Pero, ¿dónde están y qué defienden los palqueros murcianos que tanto le sirvieron y del que se sirvieron?  Dicen que unos escondidos y otros echados al monte. ¿Y la Federación murciana, que permite que al esperpéntico descenso se sume el exilio al norte de España? ¡Ay pena, penita, pena!            

martes, 24 de junio de 2014

UN FINAL TAN IMPREVISTO COMO SIGNIFICATIVO

Si comentamos que el primer partido de nuestra selección fue un accidente, porque Holanda tuvo a su favor los detalles aparte de jugar treinta minutos en la segunda parte realmente excepcionales, la derrota ante Chile fue el compendio de todos los males que se pueden dar en un equipo de fútbol.

Decía don Salvador Ripoll, en uno de los puntos de su sabio decálogo sobre fútbol, que había que llegar al balón antes que el contrario. Y por ahí empezó a quebrarse el equipo de Del Bosque porque desde el principio, como ya nos pasara en la segunda parte ante los tulipanes, no nos llevamos ningún balón disputado. Y tampoco cumplimos con otro de sus aforismos en ninguno de los dos encuentros: “si no te meten ningún gol, normalmente debes puntuar”.


En esas dos claves señaladas ha estado el imprevisto final de una selección que ha sido, de largo, la mejor del mundo en los últimos seis años. Nos han agujereado la portería con una facilidad increíble, y para colmo no hemos sido capaces de marcar ni un gol en jugada porque siempre llegábamos tarde. Lo primero también es consecuencia de lo segundo, por lo en la lentitud ha radicado el resto de nuestros males. Hay quien argumenta que los españoles llegaron demasiado cansados al Mundial, y puede que haya en ello algo de razón, pero muchas veces la velocidad está en la cabeza antes que en las piernas. Y creo que los seleccionados estuvieron espesos de ideas desde el principio.

Otro aspecto que tampoco ayudó fue el cambio de sistema jugando en largo para Costa, que debe olvidar cuanto antes su mal campeonato para intentar ser en el Chelsea lo que ha sido en el Atlético. Y aquí merece un inciso el seleccionador. Desde estas páginas hemos ponderado siempre sus virtudes, y seguimos valorándolas positivamente, pero hay un punto débil que también ha sido en él una constante: la imaginación no es su fuerte. Es un hombre que ha hecho siempre equipo apoyándose en los jugadores contrastados, como hizo en el Madrid de Raúl, Hierro y Salgado, imponiendo en el terreno de juego sus galones por encima de los menos baqueteados. Por eso lo hizo muy bien cuando sustituyó a Luis en la selección, continuando su línea y dando vara alta a quienes nos hicieron campeones de Europa con el madrileño. Pero seis años después sigue con aquellos y no tiene a más porque algunos de ellos ya no juegan. No ha renovado, seguramente con razón porque los que ya había son muy buenos, y tampoco ha acertado con el plan alternativo de los balones largos. Ha hecho debutar a bastantes jugadores pero a la hora de la verdad ha puesto de titulares a los de antes. Quizás los dos casos más significativos sean los de Casillas y Koque. El primero no es ahora el mejor portero español, y el segundo ha sido, por el contrario, el mejor centrocampista de los seleccionables en la pasada liga. El meta fue titular en los dos partidos perdidos y el atlético salió en la segunda parte contra Chile con el equipo ya hundido. Se notó durante un rato su aportación, hasta que se contagió de la pesadez de sus compañeros.

Don Vicente, por tanto, ha perdido siendo fiel a sus esquemas. Pero tampoco ha pasado de ser de los mejores a ser el peor. Ha sido un buen seleccionador mientras ha habido mecha, y eso tiene mucho mérito porque significa honestidad y sencillez. Mantener los criterios de su antecesor  habla a las claras, además, de su coherencia y humildad. Lo que funciona no hay por qué cambiarlo por egos aunque te recuerden siempre que el mérito fue de Luis. Y el famoso juego de toque tan alabado en todos sitios y que ha hecho que otras selecciones nos copien, ha sonado a gloria en las botas de nuestros internacionales. Pero el tiempo pasa, los sistemas se neutralizan y los jugadores cumplen años. Y no es que jugar a uno o dos toques sea viejo, que sigue siendo lo más difícil y vistoso, pero para mantenerlo hay que tener sustitutos que aviven continuamente la velocidad, una de sus condiciones fundamentales.

Y hay otra evidencia. En cuanto se ha acabado el Barça inmejorable se ha terminado la selección campeona. Más de medio equipo era blaugrana.  Y el sistema también. Echaremos de menos a ambos equipos durante mucho tiempo. Y el fútbol mundial también.   

domingo, 22 de junio de 2014

FELIPE VI, EL ‘JETÓDROMO’ Y LA INDIFERENCIA

Será difícil juntar en escena a más jetas por metro cuadrado que en el acto de proclamación del hijo de Juan Carlos I como rey de España. Ni presenciar más indiferencia popular ante un hecho histórico en nuestro país.


Estómagos agradecidos

Con las honrosas excepciones que cabe suponer, muchos le aplaudían en el Congreso recordando seguramente con cada palmada las prebendas que han obtenido en los años de la estéril partitocracia: “he colocado en la sopa boba del Estado – ayuntamientos, diputaciones, comunidades, sociedades públicas, asesorías varias, etc. - a dos hijos, tres sobrinos, a parientes de allegados y a unas decenas de correveidiles afines, además de beneficiarme de un pastizal de euros en pocos años y de asegurarme el futuro con una pensión sobrada, o varias; o, he ayudado a algunos amiguetes con subvenciones diversas, concesiones públicas, etc.; o, a ciertos artistas del trinque, con ayudas sin tasa ni control ni justificación de ninguna clase; o, en ciertos casos de diputados y senadores nacionales - por no hablar de los eurodiputados - me he comprado un piso en la capital de España y lo he puesto a nombre de un hijo, familiar cercano o testaferro, pagándolo con las dietas por no residir oficialmente allí; o, en el caso de los mandamases de los dos partidos políticos que han protagonizado la herencia de la prostituida Transición, he cobrado en dinero negro lo que mi excelsa dignidad – indignidad, más bien, en casos evidentes -, se ha merecido por dedicarme a los demás por encomiable vocación de servicio público – cara dura elevada a la enésima potencia en señalados -; y, en el caso de insignes cesantes, tras bajarme del coche oficial me he subido a la lustrosa, ociosa y rentabilísima alfombra mágica de instituciones o en consejos de administración de grandes empresas, que antaño fueron públicas o que se manejan bien con la Administración, multiplicando hasta el infinito las remuneraciones anteriores que obtenía de la cosa pública, sin trabajo o responsabilidad clara que asumir”. Y todo ello arruinando, de paso y en sonados ejemplos, todo tipo de Administraciones. ¿Sigo yo malpensando - como la mayoría y con razón - o lo hacen ustedes?

Los cortesanos inoportunos

Esa impresión daba cuando las cámaras de la domesticada TVE enfocaban a los dóciles asistentes al acto en la cámara donde reside la soberanía nacional. Y ya, cuando han ido pasando en el Palacio de Oriente ante sus nuevas majestades los primeros de los dos mil invitados, la sonrisa irónica y escéptica por el espectáculo anterior se ha tornado en indignación al ver a un envarado y cortesano Botín hacer el rendibú liderando a los que seguramente encabezarían la lista de los más despreciados por la ciudadanía española tras los propios políticos. ¿Es que no tiene consejeros bien informados el nuevo rey? ¿De qué le sirve el loable ejercicio de acordarse de los parados en su discurso cuando se deja pelotear por algunos de los principales responsables de la crisis que padecemos? ¿No hay en España otros representantes del pueblo que los presidentes de empresas que han subido los recibos del consumo diario y necesario de las familias españolas – electricidad y gas por ejemplo - o las comisiones, o los intereses, o que han desahuciado a miles, o que han aprovechado la tímida y parcial – solo beneficia a las grandes empresas y bancos - reforma laboral de Rajoy para hacer ERE ignominiosos y echar a la calle a miles de empleados con toda su vida laboral ligada a ellas y con nulas posibilidades de reincorporación al mercado?

Una ocasión marchita

¡Qué oportunidad ha perdido Felipe VI, dentro de su impecable y emocional discurso formalista y conservador, con algunas tímidas y esperanzadoras novedades, para hacer un llamamiento a la España del futuro empezando por cuestionarse hasta la propia herencia recibida! España no es monárquica, señor, debería haberle dicho alguno de sus  cercanos. Y más: a los españoles se les gana por el corazón y la valentía, aparte de por solucionarle sus problemas. Aunque sean capaces de emocionarse cuando alguien apela a sus padres o a las víctimas del terrorismo como hizo muy bien el nuevo rey. La mayoría de la ciudadanía española fue juancarlista por los méritos contraídos por su padre en momentos clave de nuestra historia reciente. Pero nunca fue monárquica, como tampoco lo es ahora. Le habrá bastado para darse cuenta de ello el deprimente espectáculo de las calles céntricas de Madrid durante su recorrido. Unos decenas de millares de banderitas repartidas oportunamente para la ocasión, pero ni una pancarta espontánea ni nada por el estilo, como hemos tenido ocasión de contemplar en otras manifestaciones populares. Y prohibiendo o reprimiendo, además, manifestaciones republicanas naturales convocadas ‘ad hoc’.

Recuerde, o haga que le pasen reportajes antiguos, y no tanto. En los anteriores regímenes, en el nuevo, en conmemoraciones deportivas, en reivindicaciones políticas o sociales, en manifestaciones espontáneas, etc. Un Madrid festivo y con buen sol le ha rendido a usted un  desolador homenaje. Con el colofón de una plaza de Oriente, otrora escaparate de todas las Españas, donde solo unos centenares de curiosos más que otra cosa han coreado con enorme timidez lo de ¡Felipe, Felipe!

El necesario refrendo popular

Alguien debería aconsejarle al nuevo rey que busque el tiempo de la nueva monarquía en la España renovada, que dice, en la ilusión, la esperanza y el entusiasmo de esa España que de tan buena se conforma con poco. Quizás ahora solo con que se le tenga en cuenta imaginando caminos de la tarde, como diría el poeta. Tal vez haciendo a los españoles actuales protagonistas de su tiempo llamándoles a una consulta sobre su futuro, que debería ser el del propio Felipe VI. Eso sería empezar a cumplir la promesa de ser un ejemplo para todos, que no es poco, como ha venido a decir en su proclamación. Y sin caras duras, ni rancias ceremonias blandas, por favor y por usted mismo.

Mañana, don Felipe, será tarde.       

martes, 17 de junio de 2014

GESTIONAR UNA DERROTA

En singular. Porque singular fue la media hora del desastre de nuestra selección contra Holanda. En la hora de las lenguas largas, aquellas que han  aprovechado un evidente mal partido para sacar el hacha y tratar de podar al equipo de Del Bosque de un modo inmisericorde, es cuando la serenidad de nuestro seleccionador debe influir en su conocimiento para relativizar lo sucedido y sacar las conclusiones oportunas.

Partiendo de que a veces el fútbol es cuestión de detalles, si nos fijamos en los momentos clave del nefasto encuentro hallaremos algunos fundamentales. ¿Qué hubiera ocurrido de acertar Silva en el que pudo ser el dos a cero? Pues me atrevo a afirmar que posiblemente la misma película pero al revés. Con toda una segunda parte para volcarse sobre España prescindiendo de su rigor defensivo, es muy probable que a Holanda también se le hubieran visto sus costuras. Y aunque eso nunca lo sabremos sería bueno que alguien convenciera de ello a nuestros jugadores. Es solo un apunte.

Como también lo es el accidente de Casillas en el gol que le regaló a Van Persie. O que el árbitro no señalara la falta que le hizo el mismo en el segundo gol encajado. Tanto el dos a cero que no fue como estos últimos son de esos detalles que marcan el desarrollo de un partido. Ni Robben es Messi ni Blind Roberto Carlos, no nos engañemos. Son buenos jugadores, sin duda, pero salvando al delantero centro reseñado, que es un grandísimo goleador, ninguno de ellos optará al balón de oro nunca. Así como tampoco nuestra selección es tan mala como ahora dicen algunos. No es la de hace cuatro años, claro está, porque el tiempo pasa para todos; pero sigue siendo un magnífico equipo que ojalá podamos disfrutarlo aún en este Mundial. Otra cosa es que, además, varios jugadores que deberían ser claves no han llegado en la forma idónea a esta competición. Pero ni ellos ni seguramente quienes podrían sustituirles.  Y tal vez alguno que sí lo podía haber hecho no ha ido por lesión.  

Vamos a ver, Casillas lleva un año jugando poco y con ciertos pájaros personales en la cabeza que influyen hasta en su semblante habitual. Y eso no es bueno. Xavi tiene el mismo fútbol excelente de siempre en su cabeza pero ya no en sus piernas, como Xabi. Y eso se nota mucho. Piqué está lento y ha perdido la capacidad de anticipación que siempre ha lucido. Y eso produce un roto en el centro de la defensa por donde se pierde también Ramos. Cuando se notan esas cosas uno se acuerda de Valdés, Thiago y Pujol, por decir imponderables. Porque ahora no vale aquello que pienso, como dije, de que Diego López es el portero español más en forma en este momento. Como también sería oportunista decir que Javi Martínez es quien debería haber jugado junto a Ramos, o en el medio campo en lugar de Busquets, que ha jugado a medio gas casi toda la temporada; y que Azpilicueta no tiene el nivel exigible para ser titular en este equipo estando Juanfran en el banquillo o Carvajal de vacaciones. Sería, en todo caso, un suplente para una emergencia por su polivalencia en los dos laterales.

De la misma forma que sería discutible afirmar, como hago, que con el navarro, los dos centrales y los dos medios centros, España juega con cinco defensas y eso se me antoja demasiado rácano para un equipo con la capacidad de juego de España. Ni pusimos por ello al interior que en un momento es delantero centro y que ayuda mucho a Xavi e Iniesta, caso de Cesc, o a un extremo goleador que ayudara al trabajo destajista de Costa, como es Pedro, o a incluso Torres por detrás. Discutible porque cada cual tenemos nuestra idea de fútbol.

Y acabo por donde empecé porque le supongo a Del Bosque infinitamente más conocimientos de fútbol y de los seleccionables que podamos tener muchos. El cinco a uno es más escandaloso que reflejo de lo que fue el partido. Un escándalo que ayuda a obnubilar las mentes de demasiados que ya ven a España como un pelele rodeado de gigantes futbolísticos. Y no es así ni por asomo. Como ejemplo el fracaso que pudo sufrir la favorita Brasil de no mediar un mal árbitro. Los chicos del ínclito Scolari, salvo destellos de Neymar, hicieron un partido penoso. Y Croacia no es Holanda.

jueves, 12 de junio de 2014

NI REYES ANTIGUOS, NI REDENTORES, NI BANDERAS VIEJAS

La generación española posterior a la Guerra Civil y a la II Guerra Mundial tenemos la suerte de no haber sufrido aquellas calamidades y las experiencias de conocer los pros y contras de un régimen autoritario y de vivir una transición ilusionante hacia una democracia, con sus luces y sombras, dentro de la singularidad que representó hacerlo en paz; eso que ahora se menosprecia aunque contara con reconocimiento mundial. Las sociedades democráticas que nos rodeaban por lo que suponía de llegar a puerto tras una larga travesía y quienes navegaban aún las aguas procelosas de la ausencia de libertades públicas, algunos hermanos de lengua aún siguen, por el ejemplo. Y por todo ello tenemos cierta perspectiva.

Un rey moderno



Juan Carlos I supo estar a la altura de las circunstancias y devolvió la soberanía al pueblo renunciando al inmenso poder recibido de Franco. Y fue para la inmensa mayoría el adalid que posibilitó la Transición, desde entonces con mayúscula. De ahí la excelente imagen que se ganó dentro y fuera de nuestro país. Pero el tiempo ha pasado para todos y para él también. Un tiempo que ha ido emborronando logros históricos por la corrupción en demasiados altos niveles españoles y que a él también le ha enfangado.  Y ahí comparte las culpas con quienes desde el poder político no han sabido ni querido poner coto a desmanes de todo tipo. Si los políticos españoles son mal vistos por los ciudadanos, desmérito que se han ganado a pulso desarrollando una democracia muy débil, él tampoco ha sabido reverdecer el faro que iluminara el futuro de España y su imagen se ha ido deteriorando hacia la de un rey anticuado. Lo mejor que ha hecho sobre todo en el último decenio ha sido el de abdicar.

Si nuestro futuro fuera una monarquía, que es lo legalmente establecido en la Constitución que se dio mayoritariamente el pueblo español en referéndum en 1978, necesitamos que su sucesor se gane el título de Regenerador; Felipe VI el Regenerador le llamábamos desde esta tribuna en febrero de 2013. Hace más de un año que la abdicación era necesaria tras truncarse la esperanza que suponía para millones de españoles de todo signo la llegada de Rajoy a su omnímodo poder, tomando los derroteros de la misma ruina social del gobierno anterior, y la imposibilidad del propio monarca para propiciar un cambio de rumbo por falta de carisma y de fuerza moral.

Necesitamos un rey moderno que sepa desde su primer y segundo plano, como meramente representativo, impulsar el cambio social que España necesita. Y el primer escalón de tan difícil escalera es el de ir recuperando los valores perdidos. Pero su padre tampoco lo tenía más fácil en noviembre de 1975.

Banderas viejas

Si por el contrario nuestro futuro fuera una hipotética república, desde luego no pasaría por enarbolar la bandera de la II República española de abril de 1931; ese régimen que por fas o nefas acabó enfrentando a media España contra la otra mitad dando lugar a la peor calamidad española conocida.

Sin entrar en culpas directas o inducidas, que para eso están los numerosos análisis a mano – unos más objetivos que otros pero que aproximándose a ellos en conjunto y sin prejuicios dan una idea muy aproximada de la realidad-, hay unas cifras tan aterradoras como indiscutibles. Nuestra Guerra Civil produjo más de medio millón de muertos, la mitad de ellos en el frente y la otra mitad en las dos retaguardias al margen de hechos de guerra. Redondeando, y dentro de la vergüenza que tanta sangre derramada supone, hubo sobre ciento veinticinco mil víctimas represaliadas bajo esa bandera tricolor que ahora tan alegre como ignorantemente alzan algunos. Y sin entrar en juicios ni valoraciones sobre ellas ni en las similares ejecutadas por el bando de enfrente, siempre es el momento de decir, como hizo el presidente republicano Azaña tras el salvaje enfrentamiento: “Paz, piedad y perdón”. Y de tener mucho respeto hacia sus descendientes, al que ahora faltan quienes enarbolan cualquier bandera manchada de sangre.

El propio Anguita, comunista y republicano, ha dicho, y muy bien, que la supuesta tercera república no llegará con manifestaciones folklóricas ni con celebraciones bajo esa bandera morada y tricolor reivindicando la II República. No sé en qué sentido lo dice, pero en todo caso sería imprescindible olvidar de una vez la peor etapa moderna de nuestra historia y mirar hacia adelante sin facturas pasadas y reflexionando sobre qué futuro queremos. Eso que hicimos ya una vez en aquella Transición que ahora necesita actualizarse. Y en el supuesto de que fuera en una república deberíamos mirar dentro de las diversas variantes de nuestro entorno libre.

Los redentores

Y, finalmente, sería bueno y muy oportuno aquello de “abtenerse redentores”, porque la mayoría ya no nos los creemos. Por muchas medios modernos de comunicación y redes sociales que sepan manejar. Los aspirantes, que los hay con coleta y sin ella, deberían valorar con Rosa Díez que muchos españoles se han sacrificado para que ellos puedan decir ahora en libertad lo que piensan.  

Es el tiempo de reflexionar sobre el futuro desde la legalidad elegida y sin prisas, que nunca son buenas. Sin regímenes asamblearios, por muchas simpatías que ciertos movimientos sociales generen, porque son caldos de cultivo de demagogias inquietantes. De ahí han salido algunos líderes populistas que han llevado a sus conciudadanos al desastre. Y mucho más en una sociedad que celebra sus fiestas demasiadas veces con enfrentamientos populares entre fuegos y ensalzando diferencias en lugar de coincidencias: moros y cristianos, blancos y azules, rojos y negros, cartagineses y romanos y de arriba o de abajo, etc.  

Recordemos lo parecido que suenan un cohete o un petardo y un tiro. Los lobos travestidos de corderos, la sencillez de generar manada irreflexiva entre el desconcierto y la desesperanza, y que el rojo sangre es uno de nuestros símbolos.   

miércoles, 11 de junio de 2014

LA LISTA DE DEL BOSQUE

Una de las cosas buenas del fútbol en España es el conocimiento que sobre nuestro deporte más popular tienen la mayoría de aficionados. A veces te asombra quien menos supones con una acertada reflexión futbolera desde el ángulo más insospechado para quienes se creen en posesión de verdades discutibles, incluyendo a los que son o han sido profesionales de la cosa o lo han vivido de cerca desde cualquier responsabilidad. Y es que, quienes se tienen por instruidos en el balompié  e imparten doctrina – los de los hat-trik y las estrategias para todo balón parado, por ejemplo; ¡qué pelmas son! -, olvidan con frecuencia el factor azaroso que como todo juego tiene. Y más aún el componente humano y, por lo tanto incontrolable, como sujeto de una ciencia inexacta.



Si en los toros se dice muchas veces por los propios toreros que de ellos no entienden ni las vacas; un modo de decir que nada hay fijo ni seguro en su comportamiento en la lidia, del fútbol podríamos decir lo mismo. Aparte de que el balón suele ser redondo no hay nada que se pueda asegurar de antemano. Y mucho menos pretender llevar la razón absoluta cuando defendemos cualquier opinión.

Del Bosque ha hecho una selección para el mundial de Brasil en la que salvo tres o cuatro jugadores los otros diecinueve o veinte estarían en la que cualquier aficionado hubiera hecho. En mi caso, por aquello de mojarme, no estarían Reina, Torres ni Villa, y mira por donde el asturiano enchufa dos goles en el último amistoso. Y en esto, goles son amores y no otras razones. En su lugar hubiera llevado a Diego López, el portero español más en forma; a Llorente, que ha hecho una segunda vuelta importante en el equipo campeón de la liga italiana; y seguramente a Muniain, que ha completado una gran temporada en el Bilbao, o a Isco, que salvando sus lapsus defensivos y desapariciones esporádicas posee una calidad desequilibrante. Aparte de ello, lamento la ausencia por lesión de Thiago y de Jesé; creo que junto al malagueño y Deulofeu serán los futbolistas españoles más brillantes de la próxima década. Al no poder ir, creo que los otros veintiuno serían indiscutibles para cualquier seleccionador.

Ha sido polémica la elección de Juanfran en lugar de Carvajal, pero supongo que don Vicente habrá sopesado que con el polivalente Azpilicueta podrá jugar con un lateral extremo en las dos bandas dejando bien guarecida la defensa con el navarro, aleatoriamente. Y también tiene el recurso de Ramos para cualquier emergencia. No creo que salvo estricta necesidad juegue con el defensa atlético y con Alba de titulares coincidentes. Carvajal ha sido una gran noticia para el madridismo esta temporada porque ha jugado a gran altura, pero el de Crevillente viene haciéndolo a un nivel importante desde que Simeone lo reinventó como defensa. ¡Eso sí que es mérito de buen técnico!

Critican los forofos madridistas a Del Bosque por ello llamándole enemigo público de los blancos, olvidando, entre otras cosas, que Juanfran también fue canterano blanco. Estoy seguro que hubiera deseado no salir nunca del Bernabéu, pero lo echaron en su día bajo la presidencia del señor Pérez. Como ocurrió con Filipe Luis y con el luego repescado Arbeloa, a golpe de prepotente talonario; la mejor especialidad ‘florentiniana’.

Se puede criticar futbolísticamente cualquier decisión, pero llamar antimadridista al salmantino es como escupir al cielo. Pero claro, son los mismos que llaman igual a Casillas. Como se dice por nuestra huerta, “se necesita ser tonto, pijo”. Deberían tomar nota de un señor como Raúl: tras ser apartado por Luis y no llamarlo después el entrenador de sus mayores glorias merengues, continuó siendo un apasionado seguidor de la selección junto a sus peques.  Recuerdo cuando en el 64 solo hubo dos titulares del Madrid en la España campeona de Europa: Zoco y Amancio. Para mi disgusto infantil, ¡hasta Gento fue suplente!

Y otro recordatorio para quienes ven mal que vayan tantos jugadores del Barça a nuestra selección. Aquí apenas ha tenido repercusión la respuesta de Xavi a un periodista extranjero hace poco: “mi mayor honor ha sido ser campeón de Europa y del mundo con España”.

¿Cuándo olvidaremos la política en el fútbol? Si algunos no lo hacen allí, ¡que se fastidien, con jota, ellos!

En fin, será muy difícil ganar en Brasil pero jugaremos bien con esa lista. Mejor que algunos figurones. ¿Querrá entrar la pelotita? Ahí estará la clave.      

jueves, 5 de junio de 2014

LAS RESACAS DEL FIN DE CURSO

De la temporada recién acabada podemos concluir tres evidencias: el Barça necesita refundarse, el Atlético mantener su base y reforzarse y el Madrid no creérselo.

Los blaugranas han tenido alguna posibilidad de éxito, como la temporada anterior, mientras les duró la inercia de la etapa Guardiola, herencia “laportiana”.  En cuanto quisieron cambiar el paso en busca de un protagonismo directivo con el fichaje estrella de Neymar se enredaron en sus egos, y seguramente en sus carteras oscuras, llevándose por delante el éxito y la excelencia deportiva junto con el presidente interrumpido Rosell.  Ya avisamos de la llegada del momento en que no podría pasar por Brasil ni subido en un avión a ocho o diez mil metros de altura.

El Barça ha sido siempre un club diferente, por eso hablamos de su necesidad de refundación, ya que si fuera atendiera solo a su faceta deportiva le hubiera ido bastante mejor a lo largo de su historia. Y me refiero a algo más que a su nefasta faceta politiquera. Los culés han vivido tradicionalmente de cara a la galería puntual, mirándose en el espejo de los grandes fichajes y de los triunfos efímeros – las Copas del Generalísimo o del Rey, por ejemplo -, mientras el Madrid lo hacía en el de los éxitos que vertebraron su reconocimiento como mejor club del siglo XX; Ligas, también copas domésticas y copas de Europa, aparte de otros galardones mundiales.

Esa lamentable historia la cambió Guardiola y su equipo de colaboradores, con el apoyo más obligado y oportunista que otra cosa de Laporta, pero fundamental, meritorio, alabable y decisivo sin ninguna duda; y los barcelonistas vivieron su etapa dorada mandando en el orbe futbolístico durante varios años seguidos. Algo similar al lustro mágico del Madrid de Di Stéfano de hace tantos años, y superior si tenemos en cuenta su repercusión en la coronación de la selección española también como la mejor del mundo coincidiendo con una buena parte de esa etapa culé.

Y para refundarse necesitará algo más que el fichaje de Luis Enrique y media docena de jugadores. El veneno está dentro. En sus cimientos actuales.  En su cabeza, en su base y en su seno. En su directiva, en parte de sus aficionados más catalanistas y en su plantilla. Bartomeu, con su gente, debería dar un paso atrás y seguir a quien ganó las elecciones y luego hubo de huir; son cómplices suyos. Los del minuto 17 que no perdonan ni que Pujol haya puesto a su hija el españolísimo nombre de Manuela deberían hacerse mirar su gilipollez congénita; cada día echan están más en su estrecha tribu estelada, echan a más buena gente y se ganan más enemigos. Y en el vestuario anida la división producida por el asunto Neymar. La envidia y los rencores por la lujuria económica de su fichaje necesitan un golpe de timón que saje el pus acumulado desde que se conocieron los entresijos de los mangoneos. Y eso no es nada fácil. Messi y su gente contra el brasileño y sus circunstancias, todavía con pocos apoyos internos. Uno de los dos sobra. La historia de los clubes está llena de situaciones parecidas.

El Atlético deberá arar con sus bueyes de siempre: hacer una plantilla nueva cada dos o tres años. Es su sino eterno, de ahí sus males y sus pupas en forma de escasas luces y muchas sombras. Al rico panal de sus mieles actuales acudirán los poderosos con sus carteras brillantes para club y jugadores. Y como ha ocurrido siempre también, la lujuria económica –como decíamos del vestuario culé en otros temas – es la que más adicción crea.


Finalmente, el Madrid haría bien en mantener los pies en el suelo; el éxito reciente de tamaña institución no puede basarse en dos minutos de fortuna: los que le posibilitaron ser Campeón de Europa. Hemos criticado y lo seguiremos haciendo que el señor Pérez haya “barcelonizado” al Madrid basando su política en grandes fichajes sin crear antes una identidad de equipo. Hasta el punto de parecerse tanto sus diez años largos de mandato a la vieja realidad culé señalada. El Madrid gana más por la calidad individual que por un estilo definido de juego. Y eso le hace irregular y poco fiable. Por eso ganó con suerte en Lisboa cuando debió hacerlo con holgura en el tiempo normal; los colchoneros llegaron claramente disminuidos a esa cita. Un mes antes hubiese habido desbandada por fracaso colectivo blanco.

sábado, 31 de mayo de 2014

Una etapa nueva para una nueva España

Con las recientes elecciones ha empezado el proceso que se veía venir. Y era deseable que llegara porque los responsables políticos de la desesperanza que padecemos no han sido capaces de anticiparse a las consecuencias de su ignominia, que ojalá fuera solo por incompetencia. Los responsables socialistas y populares de la última docena de años y sus homónimos nacionalistas periféricos han cavado el foso que ahora les separa de la sociedad a la que dicen servir y a la que mienten sin pudor ni reparo. Y la mayoría de esa ciudadanía, cansada de sus torpezas, ineficacias, engañifas y corrupciones, ha empezado a enseñarles la puerta de salida. Empieza una nueva etapa.
Personajes para la historia

Una nueva era que debería alumbrar una sociedad, con valores también diferentes, que hiciera posible una nueva España. Una nación donde un personaje con el proceloso pasado político de Rubalcaba sea impensable que llegue a dirigir un partido político. O que, en la acera de enfrente, siga siendo presidente del Gobierno quien estafa a sus votantes, caso de Rajoy, y pueda continuar como si tal cosa con sus responsabilidades porque sus valores éticos no le obligan a lo contrario o porque sus gobernados soporten con una desmoralizante apatía las más evidencias que sospechas de que ha estado cobrando sobresueldos en dinero negro y que su partido, bajo su responsabilidad, ha estado manejando fondos no fiscales de procedencia corrupta.
Ante el desastre obtenido en las urnas uno ha dicho que se larga, ¡alabado sea Dios!, y el otro, fiel a su contumacia diletante, anuncia un plan para reanimar al PP a partir de septiembre. Algunos pensamos que el tándem Zapatero-Rubalcaba pasará a la historia como el liquidador del centenario PSOE, pero Rajoy lo hará él solito –con sus cuates Arenas y Montoro sonriendo en primera fila- como el rompedor de la unión del centro derecha español que tanto esfuerzo y trabajo costó a sus antecesores.

Herederos

A los socialistas ya les han salido varios partidos que aspiran a su herencia social, algunos con éxitos sucesivos en diversas elecciones, como el de Rosa Díez, y otro muy reciente: el de Pablo Iglesias; vaya coincidencia con el histórico tipógrafo fundador. Y a los populares pronto le saldrán opciones ciertas de derecha real –lo de Vox es difícil que permanezca como tal y en solitario pero miremos a Francia- mientras crecerán los más centristas que ya cuentan con cierto bagaje, caso de Ciudadanos de Rivera.

Como aviso a navegantes, sería bueno que el citado exitoso homónimo del histórico Pablo Iglesias aclarara si responden a la realidad sus alabanzas ejemplarizantes al desaparecido Hugo Chaves venezolano. Más que nada para que nadie se llamara a engaño respecto a su verdadera filiación política. Hermana, por otra parte, del núcleo duro de Izquierda Unida que defiende a capa y espada la dictadura castrista de Cuba, entre otras lindezas pseudodemocráticas.

Separatismos

Y lo de los nacionalistas catalanes se parece cada vez más a sus colegas vascos. La burguesía centroderechista de uno y otro lado perderá su hegemonía política a favor de los radicales independentistas de izquierda o su extrema, que reman a favor de los nuevos tiempos. El problema de la unidad de España tiene en esas dos regiones el antiguo problema de siempre y ya no hay lugar a las contemplaciones. Se ha dejado crecer la feria de los despropósitos y no tiene solución fácil; ni difícil tampoco con medidas estrictamente políticas.
Los gobernantes democráticos centrales han ido cediendo atribuciones y dinero a los nacionalistas periféricos porque en el fondo era lo que en realidad venían reclamando, pero ahora es otra cuestión. Ha crecido una especie de dignidad nacionalista catalana de amplio espectro ideológico que ya cuenta con la mayoría minoritaria social de la que antes carecía. Y pronto será mayoría absoluta.
Ese tren, por culpa de las ambiciones nacionalistas y de la miopía de los gobiernos centrales y del enanismo político de quienes los han presidido y de sus partidos, no tiene freno salvo algún improbable milagro de sensatez, hasta que llegue a la estación que se han puesto como meta. Mientras es cuestión de dinero casi todo tiene solución. Pero cuando se entra en el mundo de los sentimientos es difícil vencer al de un pueblo. Y ese ha crecido en Cataluña alimentado por la estulticia de demasiados políticos de pacotilla a ambas orillas de la futura frontera. Esperemos que en ningún caso se parezca a la barbarie sanguinaria sufrida durante demasiados años por el conflicto vasco, cuando no a algo aún peor.

Votar con la cabeza y la cartera

El tiempo nuevo para una nueva España no va a ser fácil tampoco en sus orígenes porque la dispersión política no garantiza paz política precisamente, y sufriremos sus consecuencias, pero nada cambia sin el precio correspondiente. Será necesario para construir una nueva ciudadanía y el pago que habremos de satisfacer por nuestra inmadurez democrática al votar por impulsos, romanticismo, principios trasnochados o costumbre, en lugar de hacerlo con una mano en la cabeza y otra en la cartera. Lugares donde residen nuestro futuro, nuestra vida y el bienestar de quienes queremos.

Afortunadamente, nuestros nietos ya no tendrán que pasar ese sarampión; nuestro tiempo les servirá de vacuna. Agárrense que vienen emociones fuertes.

martes, 27 de mayo de 2014

AL FINAL SE IMPUSO LA LÓGICA

El Atlético llegó exhausto a la final europea. Su plantilla no fue diseñada para una temporada de tanta exigencia por mucho que los catorce jugadores básicos que Simeone ha utilizado merezcan un monumento. Por contra, el Real Madrid viene preparándose para la décima desde hace muchas temporadas sin reparar en gastos ni en medios de todo tipo. Y, además, en  la segunda parte de la final de Lisboa fue claramente mejor; la lógica también ganó a los inventos de última hora del medroso Ancelotti. La titularidad de Kedira no se entiende de otro modo. Ese planteamiento inicial, tirando media parte, estuvo a dos minutos de costarle el título.


Solo la flor que el técnico italiano tiene en salva sea la parte, con el testarazo del omnipresente Ramos cuando el partido agonizaba, y con él la ceniza presidencia del ayer demasiado ufano señor Pérez; hizo que por una vez el fútbol fuera justo con quien más había jugado en un encuentro de fútbol rácano. A la intensidad colchonera, con veinte minutos de juego aceptable dentro de sus evidentes limitaciones físicas y técnicas, los merengues opusieron un juego decepcionante hasta que apareció Isco para desahogar al voluntarioso Modric, que demasiado hace el croata con la desmesurada responsabilidad que le encomiendan, y puso cordura en el medio campo madridista. Y también acertó sacando a Marcelo, que hizo de diez, y quitando después al mingafría Benzema. La lógica que decíamos vino al rescate de la escuadra blanca que inexplicablemente estuvo a punto del naufragio frente a su mermado y ultradefensivo  vecino del Manzanares.  

Y para refrendar aquello de que hasta el mejor escribano echa de vez en cuando un borrón, tampoco se entiende el empeño de Simeone con Costa. Y tal dislate, pretendiendo que una lesión muscular se cure en una semana con un gel de placenta de yegua, lo pagó caro. Perder un cambio con unos jugadores titulares que llegaban tan justos a un partido de la exigencia del que afrontaban, seguramente le costó el título. Cuando marcó Ramos no menos de tres o cuatro de sus futbolistas estaban pidiendo a gritos que les cambiara. No podían dar dos pases seguidos y se echaban continuamente al Madrid encima perdiendo balones que mientras tuvieron fuerzas los defendían bien. Esa fue otra de las claves del partido, una vez que tuvieron la fortuna de aprovechar el inconcebible error de Casillas con la ayuda del reaparecido Kedira, que se dejó ganar de cabeza un balón flojo que le llegó en franquía; Godín tuvo que hacer un salto lateral de más de un metro para bombearlo a la red.

La fortuna también hizo justicia con Casillas, que no merecía ser recordado por tal fallo, aunque me da la impresión de que está más fuera que dentro del Madrid y quizás le pesó esa circunstancia. No recuerdo en toda su trayectoria la desconcentración que demostró en la final, con otro fallo en otra salida que bien pudo costarle un segundo tanto que hubiera supuesto el empate a dos. De ahí sus lágrimas cuando el desangelado árbitro holandés pitó el final y sus comentarios a Ramos y a Marcelo. Quizás era consciente de que estaba escribiendo la última página en el club de su vida. Y  menos mal que dada la flojera atlética no tuvo que atajar ni un solo balón peligroso.

Punto y aparte merecen los figurones blancos; Cristiano y Bale no tuvieron su día. El portugués jugó a medias y renqueante, y el galés estuvo desafortunado salvo en el balón que ganó por alto tras un rechace. Magro balance para quienes mirando su coste tienen la obligación de aparecer en los momentos clave. Ramos, Di María, Isco y Marcelo fueron las figuras reales de la décima. Y con ellos su entrenador, a pesar de lo señalado, que ha  enderezado una plantilla tocada y dividida por la nefasta gestión técnica anterior.


Con la enhorabuena al Real Madrid por tan importante y justo triunfo, y el reconocimiento a su rival y campeón de liga, el Atlético, por su extraordinaria temporada; un recuerdo al  técnico argentino del tercero en discordia por su encomiable educación en un periodo difícil. Martino ha sido en el Barça un señor ante todo, como lo han sido sus rivales Ancelotti y Simeone. Que cunda ese ejemplo y el del magnífico comportamiento de las aficiones madrileñas que llevaron a Lisboa la fiesta europea del fútbol español. Ojalá acierte Del Bosque y continuemos disfrutándola en Brasil.  

lunes, 19 de mayo de 2014

DE PUPAS A CAMPEÓN

Estuvo a punto de ser de nuevo el pupas y darle la razón a la historia. El Atlético, sin embargo, ha tenido que ser campeón hasta el último minuto superando adversidades como que se le lesionen sus dos jugadores más emblemáticos sobre el campo en los primeros minutos. Y que a Alexis, un jugador del Barça más alocado de los últimos diez años, le saliera un golazo irrepetible. O que un otrora aliado del gol como Villa viva ahora un romance estéril con los palos.

Barsa - Atlético


Y menos mal que le pitó un árbitro que deja jugar, porque si lo coge cualquiera de las medianías que sufrimos no le deja pasar del medio campo. Me refiero a quienes confunden el fútbol con otros deportes donde el choque es falta. Matéu Lahoz es un grandísimo árbitro. De los pocos que no pitan en cuanto un delantero acosa a un defensa, como tampoco lo hacen los demás cuando es al contrario. Que parece que los defensas pueden empujar por detrás con el cuerpo y los delanteros ni rozarles a ellos. Y tampoco sanciona los cuentos, de los que algunos jugadores con más nombre que resultados como Neymar son campeones. Y tampoco se deja influir por el ambiente; a cualquier otro se le hubiese visto el plumero enseguida con las noventa mil gargantas contra unos centenares. Le bastó poner orden con varias tarjetas, la primera para Piqué, y ahí se acabó la historia. Y eso que a Messi pudo echarlo por desconsideración si le hubiese sacado una primera, que se ganó con una entrada por detrás impropia de su categoría. Pero en fin, estuvo por encima de los propios jugadores y del partido enarbolando la bandera de la serenidad y el buen juicio en sus decisiones. Enhorabuena al árbitro valenciano.

Pocas veces ocurre que el campeón de liga contenta a las dos mayores aficiones españolas, las merengues y las culés, y esta ha sido una de ellas. El Atlético ha concitado el consenso general de que ha sido el justo campeón de la Liga 2013/14, y como los grandes toreros que ponen a todos de acuerdo con una faena portentosa recibe el aplauso de la afición española. El público del Nou Camp puesto en pie al final del partido aplaudiendo a los colchoneros, disfrazados de amarillo por otra tontuna más de las muchas que abundan en nuestro fútbol, es un ejemplo de esa simpatía que  ha despertado el equipo de Simeone. Un equipo que les apeó de la Copa de Europa y que les ha ganado la Liga en sus barbas. Enhorabuena también a los aficionados blaugranas por esa lección de señorío, o de seny si lo prefieren, que a algunos nos no chirría para nada su lengua materna.

El Atlético de Madrid ha sido el justo campeón sencillamente porque ha sido el más regular y eso es lo que premia una competición liguera. Desde estas páginas hemos analizado muchas veces las razones de su éxito destacando sobre todo su espíritu de equipo y su enorme capacidad de lucha. Esas virtudes y la excelente preparación física demostrada por sus pilares fundamentales, junto con la humildad, son las claves. Y, como adorno final, quizás cabría decir aquello de que ha ganado el Atlético de Hombres. Porque ninguno de sus nombres, con las excepción del técnico, se recordarán cuando pase un tiempo. Este Atleti será siempre el de Simeone. Como el de la final perdida frente al Bayern fue el del gol de Luis más que el del churro a Reina; se recuerdan más las cosas positivas, afortunadamente.

Realmente es difícil destacar a ningún  jugador sobre otros en este equipo. Lo fácil es hacerlo con Costa o con Courtois, pero no podemos olvidarnos de Godín y Miranda, o de los exmadridistas canteranos Filipe y Juanfran, o de Koke y Gabi, o de Tiago y Suárez, o de Arda y Raúl García. Ni de las aportaciones puntuales de Villa, Diego, Adrián o de quienes menos han jugado. Felicidades a todos los colchoneros; se las merecen.

Y el sábado espera el Madrid con todas las velas encendidas a su santuario; si no ganan la décima ha amagado el señor Pérez con dejar el club. Y es que lleva gastados cerca de mil millones de euros para lograrla por fin después de echar a Del Bosque por “antiguo” tras ganar la novena. Sí, sí, ¡ciento sesenta mil millones de pesetas! ¡Qué disparate!

En fin, suerte y que gane el mejor.       

jueves, 15 de mayo de 2014

ESTILOS, VELOCIDAD E INTELIGENCIA

Al fútbol se puede jugar poniendo el acento en características diversas. Los hay que fían sus resultados a jugadores rutilantes y otros al conjunto. De entre los primeros, según sea la especialidad de sus estrellas, lo harán pensando en hacer más goles que el adversario, caso del Real Madrid actual, o en que les hagan los menos posibles, como el Chelsea del luso saltarín. En ninguno de estos casos se puede hablar de estilos de juego sino más bien de estilete en el caso blanco – o de estiletes, hablando de sus portentosos goleadores – o de estilucho para quienes el fútbol con diez entre el balón y la portería propia nos aburre soberanamente.

El Real de Cristiano, Ramos, Alonso y Diego o Casillas, como soportes; más los Bale, Di María, Isco y Benzema, entre los demás, tiene su punto más fuerte en la regularidad de los primeros y su débil en la singularidad de los dos últimos: los artistas. Y eso siempre ha sido así en el fútbol. Pensemos en los casos recientes de Guti y Raul. Arte frente a constancia, como en los toros, porque cuando coinciden hablamos de los realmente superdotados: Pelé, Di Stéfano, Eusebio, Maradona, Cruyff, o los actuales Messi y Cristiano.

Hablar de estilos es referirse a los equipos que marcaron una época por sus triunfos, con una forma de jugar tan característica que iba más allá de sus estrellas. El Brasil de los años cincuenta y sesenta con la velocidad de sus malabaristas; el Madrid de don Alfredo y Gento, uniendo a la velocidad una capacidad de gol infinita; el Ajax y la Holanda de don Johan del fútbol total; el Milán ‘holandés’ de Sacci y Capello del juego compacto; o el Barça de Guardiola y su irrenunciable juego de toque y gol, del que ha bebido la selección española de Luis y Del Bosque, como paradigma del fútbol que todos quieren imitar en los últimos años. Esa capacidad de influencia en las modas del juego haciendo que se analicen sus maneras para tratar de copiarlas es lo que define un fútbol de estilo. Y eso no es hablar de juego de ataque, posesión, contragolpe o defensivo, porque todas esas características se elevan a virtud en un equipo de leyenda. No ha habido equipo que haya defendido mejor que el referido Barça del toque cuando recuperaban el balón enseguida en el propio campo rival para iniciar un nuevo ataque, por poner un ejemplo, que era el mismo modo de hacerlo del llamado Drean Team de Cruyff. Por eso se permitía el lujo de jugar a veces con solo dos o tres defensas.

Ocurre lo mismo con la velocidad. Hay quienes hablan del vistoso juego veloz del Madrid en sus vertiginosos contragolpes. Y llevan razón, pero esa rapidez no es una virtud para una forma de jugar, por muy necesaria que sea en el contraataque. Sin velocidad no se puede jugar a nada. Y al fútbol menos. Precisamente, lo que diferencia a un buen jugador de un jugador bueno es eso. El buen jugador llega a primera división y cuántos jugadores buenos hemos visto quedarse en segunda, en tercera o en juveniles por falta de velocidad en sus piernas o en su cabeza, aparte de por otros temas que no vienen al caso.

La velocidad no solo está en las extremidades sino que mucho antes debe estar en el coco. De críos estudiábamos aquello del cuerpo humano: cabeza, tronco y extremidades, y en el deporte en general es lo mismo; ¡pero por ese orden! Actitud mental, aptitud física y velocidad: cabeza, corazón y piernas.

Otra cosa es el Atlético de Simeone. Por eso, cuando le preguntan al propio técnico argentino qué es el Cholismo se encoge de hombros con una sonrisa. Porque lo de los colchoneros va más allá de un sistema de juego, o más acá, según se mire. Es ante todo una actitud. Es lo que decíamos antes de que la cabeza está antes. Eso es lo que ha conseguido de su equipo: que se lo crean. Que crean que sin ser estrellas pueden hacerles sombra desde la unidad de acción solidaria – aquello del todos para todos-, la intensidad, el esfuerzo al límite y, ojo, la humildad.

Simeone, que jugando era puro nervio, demuestra que su inteligencia es superior a aquello, cualidad que es la base de todo. Por eso, también, prefiere hablar de jugadas a balón parado que de estrategia. Porque tonterías, las justas. Gracias.        

martes, 6 de mayo de 2014

LO QUE EUROPA NOS DEJÓ

No ha podido ser más elocuente el dictamen europeo tras el enfrentamiento de cuatro equipos con estilos muy diferentes: velocidad, toque, intensidad y defensa acumulada.

Al Madrid de la velocidad se le une, como consecuencia, el de la anticipación tanto en defensa como en la media y en ataque. Y, claro, si a ello le unes la efectividad de sus delanteros estamos ante un equipo difícilmente batible. Cuando un defensa es capaz de anticiparse no necesita hacer faltas y, además, sale con el balón jugado y crea superioridad en el medio o arriba. Es lo que le hemos visto en estos dos últimos meses a los Carvajal, Ramos, Pepe (Varane) y Coentrao.

Ancelotti


Ancelotti ha conseguido que sus jugadores mantengan una extraordinaria forma física – de ahí la velocidad y anticipación - y puedan jugar sin balón continuamente, lo que les otorga el plus de la excelencia cuando son capaces de unir esta cualidad a las anteriores. El único punto débil es su excesiva dependencia de un medio centro como Alonso, con sus años y sus heridas de guerra, lo que le hizo perder algunos puntos en la liga en el tiempo que estuvo ausente y hasta que no recuperó la forma, que ahora son determinantes. De no ser por ello tendría la Liga en su mano.

Lo anterior no es quitar méritos al campeón de la intensidad regular, el Atlético, que ha aprovechado al 120 % sus posibilidades. Ahí radica el magnífico trabajo de Simeone y sus ayudantes, junto a la gran entrega y profesionalidad de los componentes de una plantilla donde brillan los hombres por encima de los nombres. En Europa, además, han acrisolado sus virtudes sin perder ni un solo partido en la competición más exigente y se han plantado en la final eliminando al Barça del toque, pero romo, y en semifinales a un zorro especulativo como Mourinho, que no alberga problemas para jugar con siete u ocho defensas tanto dentro como fuera de su estadio. Desde que se le apareció la virgen eliminando al Barça de Guardiola hace años con Eto’o de lateral izquierdo en el Nou Camp, tras una victoria injusta en San Siro con un tercer gol en escandaloso fuera de juego, quiere hacer del autobús bajo el larguero virtud y así le va. Tiene la suerte –bien buscada por él, sin ninguna duda - de entrenar a grandes equipos con enormes jugadores y ello le permite optar siempre a los títulos, pero cuando le ponen en sus manos una plantilla para mayores logros deportivos y espectaculares el asunto se tuerce. Afloran los nervios, las excusas, las disensiones, etc., porque es incapaz de imaginar un fútbol bonito a la par que efectivo. Y mucho menos si no tiene el protagonismo absoluto del invento. En el Chelsea echó a Mata, echará a Torres y a cualquiera que no le haga la ola incondicionalmente.

Simeone, al contrario, felicita efusivamente a sus jugadores en el triunfo y se responsabiliza del fracaso. Como ha hecho Guardiola en la eliminatoria perdida de su Bayern con el Real Madrid. Al término del tsunami blanco del uno cero, cero cuatro – nuevo prefijo para llamar a Alemania, que dirían los cachondos -, y del baño de efectividad no exenta de un gran plasticismo rayano en la belleza eléctrica de un rayo en la noche oscura bávara, el técnico catalán, y por ello tan español como cualquier otro a pesar de tanta tontuna galopante, reconoció que se había equivocado. Algunos, sin ejercer de técnicos, aún no nos explicamos su manía de jugar con el alemán de apellido raro de medio centro, cuando es un volante ofensivo, dejando a un especialista como Javi Martínez en el banquillo.  En cuanto lo puso ahí en la segunda parte de ambos partidos la efectividad del contraataque blanco bajó muchos enteros. Pero él lo ve más como central y así le ha hecho jugar en la liga alemana. Claro que por delante le ponía a un todoterreno como Lahm acompañado de un extraordinario Thiago, que esperemos que se recupere bien para el mundial; ¡vaya un jugadorazo! Pep quiere que su Bayern juegue como su Barça, pero el toque sin gol – le faltan Messi e Iniesta – es como “el don sin din, capullos en latín”, que se dice por nuestra tierra.

En Lisboa puede ocurrir de todo. Además de ser un solo partido, la intensidad y la velocidad serán determinantes. Y en eso los dos madrileños son los campeones indiscutibles. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Web Analytics