martes, 30 de septiembre de 2014

EL ESTADISTA PUJOL, AHORA ENVILECIDO

Será todo lo corrupto que los papeles y las pruebas demuestren y la justicia dictamine, al margen de los muchos indicios que nos llevan a pensarlo, pero nadie le puede negar que ha sido un enorme estadista para Cataluña. Ya quisiéramos los españoles haber tenido una figura de ese tamaño en el diseño de lo que debería ser España en el futuro.

El inicio
Su relieve de estadista para Cataluña empezó en la redacción de la Constitución del 78, cuando logró colar el sistema electoral que hizo de su formación la bisagra necesaria para gobernar el país. Y enfrente tenía a personalidades como Fraga o Carrillo, viejos zorros del juego político, que desde opciones políticas diferentes tragaron con aquel engendro que quintuplicaba el valor de un voto nacionalista periférico respecto de cualquier otro a nivel nacional. Suárez andaba subido a su caballo vencedor en las urgencias de los primeros comicios después de Franco y González era el claro futuro. Ellos no temían que unos cientos miles de votos regionales les quitaran sus expectativas mayoritarias parlamentarias. Y a los vascos del PNV, con menos caladero de votos, les venía muy bien el invento.

Después, afianzado en el poder de Cataluña y vendiendo una imagen de moderación y centralismo político respecto al resto de España, fue alquilando los servicios de sus parlamentarios en Madrid para apuntalar mayorías minoritarias del centro derecha y el centro izquierda españoles: UCD, PSOE y PP; consiguiendo cada vez más cesiones y contraprestaciones del Estado para favorecer su inequívoca idea de ir configurando sin retorno el utópico estado catalán. Atribuciones políticas, dinero, cultura, enseñanza y lengua fueron cayendo como frutas maduras en las alforjas de la cada vez más arrogante y voraz autonomía catalana.

El final
De negar sus enviados a Madrid con serenos razonamientos en múltiples declaraciones en los medios de comunicación en los albores de la democracia española y durante la Transición aquello del separatismo, tan en boga respecto al verdadero deseo de los nacionalistas catalanes, y declarándose él mismo como adalid de la estabilidad democrática española con una gran cercanía incluso al Rey Juan Carlos; al “España nos roba”, como colofón de la estrategia largamente llevada a cabo y guinda de la misma, han crecido dos generaciones de catalanes en los que cualquier raigambre cultural o histórica españolas han desaparecido. Hoy sería difícil hallar una mayoría de catalanes por debajo de los cuarenta años que se consideren igualmente españoles. Y eso no tiene vuelta atrás.

La realidad
Ya no solo es una cuestión de dinero, como fue, sino que ahora es una cuestión de sentimientos basados en el convencimiento personal. Conozco catalanes muy orgullosos de serlo y de ambas tendencias, con muchos o pocos apellidos catalanes en los dos casos, y lo apuntado antes es una realidad. Tardarán más o menos pero al final Cataluña pasará por el experimento de su independencia y ya veremos con qué resultado, aunque se me antoja duro si sus líderes son de la cuerda de quienes han llevado a la  difícil situación económica de su Generalidad durante sus últimos gobiernos, arrastrando de alguna manera a la otrora boyante Cataluña; cuestiones morales y delictivas aparte.  Y el autor del diseño de esa Cataluña independiente siempre será Pujol.

Culpables
Si en el resto de España tal circunstancia se ve como una desgracia no miremos a nadie de allí, la culpa ha estado de un modo recalcitrante en quienes la han gobernado. Todos los gobiernos españoles han cedido ante Pujol. Y desde el principio, como decíamos, otorgándole una relevancia política producto de la chapuza legislativa electoral citada que no se corresponde con aquello de un ciudadano un voto. ¿Cómo se explica, si no, que todos tragaran y sigan haciéndolo con que CIU obtenga en el Congreso el doble o triple de diputados que formaciones que les duplican o triplican en votos a nivel nacional? Es un atropello – otro más - a la débil democracia  española.

Sin ninguna duda, de haber sido Pujol ciudadano de cualquier otro lugar de España y con el poder de sus homónimos Suárez, González, Aznar, Zapatero o Rajoy, nunca hubiera consentido que alguien con unos pocos centenares de miles de votos en una esquina de la nación fuera el factor determinante de la gobernabilidad española durante treinta largos años.

Otra cosa es que pensaran los sudo dichos continuamente que tal disparate democrático podía favorecer sus ansias de poder, por encima de su honra y sus ideas. Los unos porque a fin de cuentas era un conservador como ellos, como representante de la burguesía catalana, y los de enfrente por aquello de que lo importante de un gato es que cace y no su color. Y, en este supuesto tan verosímil, tal evidencia nos lleva a la segunda conclusión: todo fue y ha sido un juego de truhanes en el que el más listo ha barrido a los más zopencos.

¿Que ahora ha resultado un defraudador el tal Pujol? De acuerdo. Y no solo por temas fiscales. Entre otras cosas ha defraudado la confianza de su gente. De esos a los que ha ido llevando del ronzal con la zanahoria del Estat Catalá. Y también a los otros, llevados del morrillo con la supuesta moderación política de sus planteamientos y sin ver nunca, o no interesarle verlo, que les ha engañado durante decenios.

La prueba del algodón
Ahora bien, y hablando de corruptelas y demás felonías, como la ‘pujoliana’, ¿qué ocurriría si le pasáramos el algodón a quienes han gobernado España o sus Autonomías durante todo este tiempo? Aparte de lo que ya sabemos, y con todos los beneficios de la duda,  seguramente nos sorprenderíamos. Y no para bueno.


Pujol puede que sea, además, un golfo, el tiempo lo dirá; pero es evidente que ha sido un estadista muy por encima de quienes han gobernado España.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

LAS COSAS EN SU SITIO

Eso puso el Madrid en La Coruña. Y no refiero solo a que ganara, que hubiera sido lo normal siempre, sino a cómo lo hizo. Es verdad que le salió todo y que difícilmente repetirá otro partido así a domicilio, pero viendo la diferencia de jugadores que había en el campo por una vez se justificó la diferencia de presupuesto de ambos clubes. Y también se puso de manifiesto, tal y como irá sucediendo a lo largo de la temporada, la doble liga que se juega en nuestro país.

Por un lado los dos grandes, Madrid y Barça, con el añadido del Atleti de Simeone mientras rule y la revelación de turno, que este año puede ser el Valencia, el Sevilla o el Granada de Caparrós y Pina, y, por otro, todos los demás con cualquiera de los citados a la cabeza.

Pero donde los grandes españoles deberán demostrar su potencial será cuando se enfrenten a sus equivalentes europeos: Manchester, Chelsea, Bayern, etc. Ahí veremos si los fichajes millonarios que han hecho mejoran lo que vimos el año pasado. En el caso de los blancos será difícil porque a lo sumo podrían empatar ganando el campeonato, y en el de los blaugranas se comprobará el efecto real de Luis Enrique. El asturiano está haciendo una apuesta muy ilusionante apostando por algunos jóvenes. Munir, Sandro o Samper están jubilando a antiguos canteranos como Pedro, en una interesante mezcla con los consagrados y en interesante competencia con los nuevos fichajes. Veremos qué ocurre con el descendiente de marroquíes en cuanto Luis Suárez esté disponible. Ahí veremos su verdadera dimensión y la confirmación, o no, de los inicios prometedores del técnico azulgrana.

Por otro lado, y a pesar de los clavelitos del sábado en Riazor, Ancelotti deberá continuar con su búsqueda del equilibro porque como venimos comentando carece, de momento, de un medio centro adecuado al resto del equipo. Aquí el interés estará en saber si de verdad piensa apostar por Illarramendi, tal y como se deducen de sus declaraciones en el sentido de que al donostiarra solo le falta que su entrenador le ponga; un mea culpa en toda regla que suena más a un brindis al sol que a una auto exigencia.

Simeone va a tener muy complicado reiterar el éxito de la liga pasada porque también es muy difícil reinventar un equipo que rayó la excelencia dentro de su estilo. Costa, Courtois y Luis Filipe, sobre todo, aportaron mucho al conjunto, que fue lo que de verdad funcionó bien, y sus huecos serán difíciles de llenar.

Y llegamos a lo que concretábamos el lunes pasado y que ya veníamos comentando temporadas atrás, en cuanto a la relación entre los fichajes del Real Madrid y los intereses empresariales, y por ende personales, del señor Pérez. Ahora resulta que los violentos de Ultrasur arguyen lo mismo para hacer campaña contra el presidente blanco. Se han dado cuenta tarde y de un modo también muy interesado. Si Pérez les hubiese seguido consintiendo todo, como ocurría antes de ponerlos en su sitio: en la calle, nunca hubieran mordido su mano. Estos impresentables hace tiempo que deberían haber desaparecido del panorama madridista porque son unos energúmenos que tan solo ensucian el glorioso escudo blanco.

Han protagonizado hechos tan lamentables como la salvaje agresión en plena autopista a un joven murciano que venía hacia Murcia con su novia sin nada que ver con el equipo contrario de esa jornada. Desde su irrupción en la escena madridista cualquier celebración blanca en la capital de España es un ejercicio no apto para menores y para gente normal por los altercados que propician con la policía y el resto de aficionados. Y la continua muestra de símbolos que nada tienen que ver con el deporte y con el fútbol dan la medida de su grado de gilipollez extrema. A esos grupos de asistentes a los estadios de fútbol, que no aficionados ni exclusivos del Madrid, habría que impedirle la entrada a un espectáculo al que agreden tanto como a las aficiones y equipos contrarios.

En este punto me solidarizo con don Florentino y le deseo todos los ánimos del mundo para no dejarse amedrentar por sus amenazas. En el Barça ya pusieron a sus ultras en su sitio, o, al menos, lo intentaron en medio de otra dura batalla.


¡Ultras a la puta calle! O un zurrón y al campo, con las cabras, su sitio más natural. ¡Hala!

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL AGRIDULCE REAL MADRID A.C.S.

Es un club de autor. De quien ostenta records contradictorios: máximo gasto con los peores resultados deportivos; máximas ventas patrimoniales y mayor facturación con la máxima deuda histórica: 700 millones; más fichajes de figuras y entrenadores y menos canteranos triunfando en su mandato; ninguno, caso único. Pero es un fenómeno: el presidente de mayor aceptación popular en su historia. Y ceba la bomba año tras año, en palabras suyas.

Ahora, no importa que Kros, aun siendo un buen futbolista  y pueda jugar bien ahí contra equipos de menor enjundia, no sea un medio centro que tapone jugando como tercer central por delante, llegado el caso. Ni que James, igualmente un buen pelotero, no aporte nada nuevo a la plantilla. Ni que Navas, a punto de ser titular, que para eso lo fichó el Autor, sea un portero aseado para jugar en cualquier primera al que le chuten mucho, que es diferente a ser muy bueno para aparecer las pocas veces que el rival le llegue con peligro a un equipo como el Real – lo que ha hecho siempre Casillas hasta hace un tiempo-. Ni que Chicharito sea un goleador  intermitente, que por tal era suplente en el Manchester. No, no importa nada de eso. En el Real Madrid A.C.S lo que tiene relevancia es que vaya paralelo a los intereses personales y empresariales del Gran Fichador, el señor Pérez.

Ya señalamos que había que ir a China de pretemporada, aunque fuera fatal para el equipo, porque había muchas obras públicas que rascar. Había que ir al mercado alemán porque allí estaba la segunda marca de ACS, destinada a potenciar su desarrollo internacional. Antes al del Reino Unido por aquello de los aeropuertos, las infraestructuras y los servicios, y vino Beckam. Ahora tocan los países árabes del golfo – 800.000 M de Euros en infraestructuras - y ya tenemos al Banco Nacional de Abu Dhabi en el antepalco como patrocinador  del club, cuyo presidente es el Jefe del Estado del emirato. Y, también, se anunció hace poco el enorme desarrollo que van a experimentar algunas infraestructuras de los países centroamericanos; ahí aparecen los últimos fichajes. Como muestra un botón: ACS se acaba de adjudicar junto con Técnicas Reunidas un contrato con PEMEX, la petrolera pública mexicana, de ochocientos y pico de millones de euros. La historia viene de lejos.

En el 2000 a don Florentino lo conocían en Madrid sus círculos y  algunos centros políticos, tras su paso por la UCD y una dirección ministerial, y el fallido Partido Reformista de Roca, cuya candidatura madrileña encabezó, pero pocos en España. Poco después era el empresario de moda al que recibían alcaldes o presidentes de comunidades cuando iba a sus ciudades para concurrir a concursos públicos. En el 2006, harto del engendro que había creado en la plantilla y ya en la cúspide española, pensó que era el momento de dejarlo. Y lo hizo. Pero llegó la crisis y vio peligrar sus asuntos españoles; había que abundar en el extranjero Y entonces volvió. Todo lo demás es historia reciente.

Sigue siendo el peor presidente en la historia madridista en cuanto a resultados deportivos y tiempo en el cargo, aun con la agónica Copa de Europa última de Lisboa encarrilada en el último suspiro por el cabezazo de Ramos, pero eso tampoco importa a muchos aficionados blancos. ¡Ay los forofos! Pero, ¡ojo!, sin ese gol milagrero la vuelta desde Portugal hubiera sido de aúpa. Incluso se rumoreaba que el propio Pérez estaba hecho un basilisco con el equipo y rumiaba su abandono. Y es que, en realidad, poco más necesita el hombre, aunque esta semana haya recibido, como si de un jefe de estado se tratara, a la mismísima primera autoridad panameña. Ya está en la cúspide mundial. Es más que brillante.

Pérez hizo dos buenos fichajes por criterios futbolísticos: Figo y Zidane; a Cristiano lo fichó Calderón. Todo lo demás han sido relaciones públicas para sus intereses. Su herencia serán mil millones de euros de deuda y una afición dividida por uno de sus desvaríos:  Mourinho. Los pitos actuales a Casillas son buena muestra de ello, y otra la inquina a otro indudable supermadridista, Del Bosque, de una parte del madridismo.


Mientras, el Barça a seis puntos y reinventando la cantera, que ya veremos lo que le dura la valentía a Luis Enrique; ¡ojalá! Y el Atleti a cuatro con Simeone reinventando el equipo tras el éxodo imparable de varias de sus figuras. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

ENTRE LA BANCA Y PODEMOS

Un erial. Eso es lo que tenemos entre la cruz financiera que seguimos soportando y el fenómeno político naciente. Una tierra social quemada en la que solo aportan algo de sombra algunos jueces, empeñados en sacar a la luz y procesar al sinfín de mangantes que en su descaro han dejado demasiados rastros, y las escasas instituciones no contaminadas por decisiones políticas.

La banca

Reitero que las Cajas de Ahorro fueron el hemocultivo ideal en el que anidaron y proliferaron todo tipo de bacterias de la imprudencia, la avaricia, los protagonismos y la sinvergonzonería polítiquera. El epicentro que singularizó la crisis española, al margen de la mundial, financiando sus préstamos hipotecarios con dinero pedido prestado en Europa a corto, aparte de su desastrosa irrupción en el mercado inmobiliario con promotoras propias, y de dejarse manosear y prostituir por quienes llegaron a sus órganos de dirección desde, otra vez, la vil política.

Europa rescató con unos cincuenta mil millones de euros a una parte muy considerable del sector financiero español que representaban las antiguas Cajas - más del 50% del mismo-, pero no a España. Ahí teníamos uno de nuestros problemas estructurales. Al otro, aún sin resolver, lo siguen rescatando de forma diferente. Me refiero al del insoportable sector público que padecemos, más disparatado cuanto más estéril por ineficaz e ineficiente, al que le siguen inyectando dinero a mansalva vía barra libre del BCE a la banca para que también pague a sus acreedores centroeuropeos.  Que es ¡qué descaro!, otra forma de rescatar a los propios bancos. En lugar de financiar a los Estados prácticamente gratis, como hacen con aquellos, permiten que engorden sus cuentas de resultados con riesgo mínimo prestándoles el mismo dinero a sus Estados varios puntos por encima de su coste. Tan vergonzoso como inexplicable para los expoliados contribuyentes españoles que, además, tenemos que aguantar unos diferenciales de interés usureros entre el menos del uno por ciento que pagan los bancos por los ahorros y los tipos desproporcionados que nos cobran por sus préstamos; comisiones variopintas y pseudomafiosas aparte.

Y siguen con sus prácticas aberrantes. Un ejemplo es la reciente condena al Popular por la Audiencia de Murcia por el atraco a una viuda y huérfanos a quienes exigían el pago de un préstamo cuando el finado había contratado un seguro de amortización por fallecimiento con la propia compañía aseguradora del banco. La sentencia no tiene desperdicio, pero ¿por qué se limita la Justicia a censurar la actitud del banco y no enchiquera a sus responsables? Y no me refiero al currito de turno, que también y por cómplice ‘bienmandao’, sino a sus superiores hasta el vértice de la pirámide, que son los responsables y quienes exigen.

El Gobierno

Dicen Rajoy y sus corifeos con algunos ‘cátedros’, de esos que se empollan los datos macroeconómicos por toda ciencia, que España está saliendo de la crisis gracias a su timoratas reformas. Y es que, ante la ausencia de entendederas para imaginar lo que hubiera ocurrido de seguir el experimentado programa fiscal y económico que prometieron, solo cuentan los conejos que ven. ¿Cómo se puede decir que España va mejor gracias a las reformitas del gobierno cuando la prima de riesgo de la deuda pública española, como presumen, sigue la misma curva descendente de países como Italia y Portugal? ¿Allí gobernamos también? ¿Y qué ocurre con su escandaloso montante?

El dinero

Con la crisis no desapareció el dinero privado existente; sus poseedores lo guardaron. Ocurre que ante la nula rentabilidad de los ahorros algunos van poniéndolo en circulación. O se han cansado de vivir con estrecheces y se permiten ciertas alegrías. Y sucede también que la bolsa de dinero negro, producto de la economía sumergida tradicional española, ha engordado hasta cifras escalofriantes precisamente por la nefasta política fiscal del gobierno de Rajoy y Montoro. Para percatarse solo hay que poner la oreja en la calle y observar cómo se consume. Basta mirar lo que se paga con dinero de plástico en relación al dinero contante. Y compararlo con lo que ocurría hace unos años. O las obras, arreglos y derivados, y compras ascendentes de algunos productos nuevos o de segunda mano de cuantía elevada y su facturación, sin que haya paralelismo en la curva crediticia.

Los partidos

El PSOE sigue cayendo después del cambio de jinete. ¡Ay, Sánchez! IU está estancada. UP y D continúa en su irrelevancia nacional y enfangada en personalismos. Ciudadanos es aún demasiado local. Y para qué hablar de algunas formaciones nacionalistas como CIU y sus clanes ‘camorreros’. Las formaciones políticas tradicionales siguen sin enterarse de que España ha cambiado sin marcha atrás. Su estulticia y corruptelas nos han llevado al erial. En el PP andan sus eminencias pergeñando chapuzas para seguir en el palmito. Rajoy se hartó de decir que no abordaría cambios constitucionales sin consenso y ahora, Arenas mediante, parece dispuesto a aprobar un decreto que reformaría la ley electoral violando preceptos magnos.  Y no para regenerar la democracia, como dicen. Ni para mejorar nuestra vida, no. Se trata de preservar sus culos en los sillones que ocupan.

Podemos

¿Cómo se extrañan, por tanto, de que el fenómeno Podemos, esperanzador para muchos, avance a pasos agigantados? Deberían tener más políticos con mayúscula y menos incalificables.

Los movimientos asamblearios solo perviven en tribus, regímenes dictatoriales o en periodos convulsos. En cuanto quieren jugar como partidos en un sistema  pacífico de libertades aflora el virus que les autodestruye. Y la vacuna ante las utopías populistas del signo que sean no es temerle como a la peste, sino haciéndose fuertes y propiciando que participen con normalidad. Enseguida asoman sus contradicciones y ‘desespuman’.

Nuestras vergüenzas  

Pero para eso hay que tener imaginación, valentía, honradez y ganas verdaderas de servir al pueblo que representan. Justo de lo que carecen demasiados. O carecemos.

A pesar de todo, las próximas lunas nuevas nos seguirán regalando su espléndido armiño plateado. No desesperemos. Tendremos vida en la vida nueva. España es demasiado para estos ‘mindundis’.                                                          

miércoles, 3 de septiembre de 2014

OTOÑO NUEVO PARA UNA NUEVA ESPAÑA

Y esperemos que mejor. España está cambiando de un modo irreversible y afrontamos una etapa nueva con todas las incertidumbres que tal muda supone. Porque no es solamente un cambio de piel culebrero, sino una mutación sobre aquella primavera democrática que nos alumbró el cambio de régimen de hace casi cuarenta años. A los brotes multicolores de nuestra esperanza de entonces le sucedió un verano agostador en sus postrimerías, con algunos rebrotes sintiéndonos protagonistas de la nueva construcción de Europa, que ha mustiado el panorama.

Las viejas ilusiones

A las elecciones cantadas por las calles con letras y músicas ilusionadas de tantos le fueron sucediendo las ansias de vivir de la política y sus aledaños de unos pocos, atrincherados en las ciénagas de las nomenclaturas de los partidos y en los oropeles y las inevitables cloacas del poder.

A la juventud pletórica de una sociedad española salida del secano de decenios liderada por la no menos esperanzadora vitalidad de los Suárez, Juan Carlos, González, etc.,  de entonces, incluidas las primeras lunas de un resplandeciente regenerador Aznar, le sucedieron quienes a su amparo hicieron del medro la consigna de su vida. Y aquí no solo entran los políticos de toda laya, sino personajes de diversa condición que quisieron ser émulos de aquellos en todo tipo de sinvergonzonerías: empresarios, sindicalistas, banqueros y “cajarios” – sobre todo -, conseguidores, españolitos y españolotes mil que, junto a quienes vieron la teta del Estado en todas sus variantes como sustento seguro para sus vidas, decidieron con más o menos conciencia de ello echar la persiana a la primavera española surgida con la imperfecta y disgregadora Constitución del 78.

Los últimos filibusteros

El tórrido verano empezó con el infame infantilismo de Zapatero, cuando lo que de verdad necesitábamos era alguien con la madurez y la imaginación suficientes para dar un giro importante a la deriva alocada de los últimos años “aznaritas”. Y al iluso esperpéntico socialista le siguió el aburrido marmóreo conservador. Aquel fue malo de solemnidad pero Rajoy es malo hasta el hastío. El del supuesto talante arruinó España desde una relativa situación de riqueza y de paso laminó al PSOE, y el autollamado previsible ha firmado la defunción de aquella España devolviendo al centro derecha español a la época “fraguista”; cuando ni con don Manuel ni sin él tenían sus males remedio. El PP deberá refundarse sobre las ruinas que dejará quien representa lo más casposo del conservadurismo patrio: ni lealtad a los suyos, ni valentía, ni sinceridad, ni la más mínima imaginación para anticiparse al futuro; virtud imprescindible para quien quiera liderar algo.

Y de paso se han cargado también la piedra angular sobre la que se asentaba aquella España política: el bipartidismo.

Hacia la nueva España

España es otra y con los nuevos mimbres habrá que hacer el cesto. El cansancio indignado de una gran parte de la sociedad, sobre todo de la generación que ha de tomar el relevo, ha dado lugar al fenómeno Podemos. Y no es una cuestión baladí. Porque tampoco lo es el descrédito que han alcanzado las instituciones políticas y sus representantes. Tenemos que remirarnos y repensarnos, como deberían hacer ellos dando un paso atrás o los que sean menester, y mirar hacia adelante imaginándonos el futuro. Y haciendo posible el mejor de ellos. Y eso no se hace tratando de desacreditar a quienes solamente son intérpretes del cambio que la sociedad reclama, por muy filocomunistas que sean. Ni, mucho menos,  cambiando las leyes electorales para evitar que empiecen a tocar poder, como se le ha ocurrido al inefable Rajoy y a sus secuaces de cara a las próximas municipales. Con ello se pone de manifiesto una vez más el aserto de que los cobardes solo respetan a quien temen. Llevamos demasiados años diciendo que es necesario cambiar muchas cosas en España y ahora se les ocurre hacer cuantas chapuzas sean necesarias para evitar lo inevitable: que la sociedad que les ha dado tan justificadamente la espalda tampoco pueda sacar la escoba y barrerlos de sus poltronas. Pero no tienen la vergüenza de limpiar ellos mismos sus casas y levantar las alfombras para que se oxigene la vida pública, empozoñada hasta el vómito con sus cobardías, latrocinios y chanchullos; por ahí deberían empezar.

Es cierto que la solución a nuestros problemas no puede venir de engordar aún más el inasumible Estado que soportamos sangrando hasta la inanición con más impuestos a una buena parte de la sociedad, la más relevante, tal y como se desprende de los inviables postulados económicos de Podemos. Pero resulta curioso y esperpéntico que tal circunstancia la denuncien desde el Partido Popular de Rajoy y Montoro, que con tal de no tocar a sus paniaguados, ni a los de los otros, no tuvo reparos en subir los impuestos a niveles que ni los comunistas oficiales españoles de IU lo proponían en su último programa electoral.

Pero claro, es que andan tratando de borrar sus vesanias y las huellas de los dineros más negros que sus conciencias con los que se han financiado hasta hace cuatro días.

España ha cambiado para no volver atrás aunque algunos no quieren enterarse. El pueblo, como siempre, se lo recordará a bocinazos. Con Podemos, Limpiemos, Marchemos o Machaquemos. Mientras, esperemos que se den cuenta a tiempo y solo suenen músicas de viento. Este otoño democrático puede traer un invierno demasiado gélido. Ojalá fuera, por el contrario, un invierno de siembra útil para que una nueva primavera social y política nos arrulle con trinos amables.

El dios dinero

Para ello habría que arrumbar al dios del dinero fácil, a cuyo altar se ha postrado una buena parte de la desorientada sociedad española en estos años de pérdida de todo tipo de valores. ¿Por dónde empezamos? El verdadero cambio debería empezar por uno mismo.    

lunes, 1 de septiembre de 2014

MERCENARIOS Y OLÉ

No sé de qué se extrañan los madridistas porque Di María, como tantos otros antes, hayan elegido el dinero a los colores. Bueno, sí que lo sé. Es el fenómeno de la hipocresía social frente al poder del dinero en manos ajenas. La mayoría de los que echan sapos y culebras por sus bocas ante tal hecho harían lo mismo. El fútbol de los que llegan lejos es profesional y nadie tiene vocación de trabajar sin incentivación económica. Otra cosa es la voluntariedad por causas sociales.

El Madrid es precisamente una de los clubes que tiene el marchamo del vil metal desde que cayó en manos de quien está. Todo por y para el dinero. Por eso no importa que el técnico de turno tenga que hacer un cesto nuevo con los nuevos mimbres que le traen cada año, como vulgar equipo de tercera malo. Porque no se trata de que incorporen a jugadores de la cantera para ganarse un puesto en el equipo titular, sino que fichan jugadores titulares por chequera. El señor Pérez habla de publicidad y camisetas - merchandising, que diría un tontarra de esos que usan términos anglosajones como sinónimo de distinción o cultura cuando no es más que ignorancia extrema -, pero oculta sus verdaderas motivaciones. Como hemos reiterado, es tan listo que tiene a la primera marca española, el Real Madrid, como su departamento de relaciones públicas. Claro que, en todo caso, es preferible eso a otros que se las llevan directamente cuando hay traspasos por medio.

Volviendo al principio, nadie debe extrañarse de que los que llegan a futbolistas profesionales miren ante todo su cuenta corriente. Es lo natural. Ahora bien, otro tema es el de los gustos personales, y en esto cada cual es muy libre de tener sus inclinaciones. Tan válido es preferir el fútbol del dinero, el Madrid, Barça, etc., que el de cantera, aunque también sean  profesionales; el Bilbao, por ejemplo. Quienes siguen esta columna saben que el que suscribe es un amante del fútbol base, por eso disfruté tanto con los blaugranas de Guardiola. Como antes me ocurrió con el Madrid de Sanchís, Michel, Butragueño, Martín Vázquez y Pardeza, que sin ganar nada relevante en Europa jugaban de maravilla y sin mirarse. Claro que ahí tuvieron a un técnico que amaba el fútbol: Di Stéfano, que tuvo los bemoles de pasarlos de golpe desde el Castilla. Y antes de ese equipo tuve la fortuna de ver al jovencísimo Madrid ye-yé ganar la sexta Copa de Europa en el 66; ese de los Pirri, Velázquez, Groso, Zoco, Pachín, De Felipe, y compañía con legendario Gento como capitán; todos españoles, por cierto. ¡Qué hermosura!

Es fácil decir para algunos que la eclosión del mejor fútbol español ocurrió cuando en España sus clubes jugaban los mejores jugadores del mundo, y algo de eso hay, pero la realidad es que la selección campeona de Europa de 2008 de Luis Aragonés se fraguó en su genialidad de construir un bloque al margen de individualidades en base al fútbol asociativo del Barça. Así empezó todo. A veces se nos olvida la enorme polémica que hubo con aquello de ¡Raúl selección!, porque, como siempre, el fútbol vive de resultados.

Esta temporada tenemos a un Madrid al que Ancelotti tiene que reinventar de nuevo con las obligaciones que le han impuesto desde la presidencia. Básicamente, Diego López fuera con Navas de tapado aunque pueda parecer otra cosa con la titularidad inicial de Casillas; Kros a los mandos aunque haya costado la marcha de Alonso, James en la media punta sacrificando a Di María y Benzema intocable, para lo que habrá que buscar o inventarse un suplente, con el buenísimo Isco de chico para todo hasta que se canse.

Y por enfrente algo parecido; veremos lo que aguanta Luis Enrique como se empeñe en darle juego a cantera – Bartra o Munir, por ejemplo – obviando a los figurones. Auguro un año complicado para los culés por la demasía de gallos en su corral. Entre los Messi, Neymar y Suárez, y los antiguos: Xavi, Iniesta, Piqué y Busquets, pueden haber demasiadas banderías en el vestuario. Y eso es malo.

Mientras, el Atlético sigue pastoreado esencialmente por el espíritu de Simeone. Y no es mala cosa, pero como los resultados no acompañen lloverán chuzos de punta. Al tiempo.

En resumen, no veo un año claro para ninguno de los tres. Y digámoslo claro: tienen plantillas de mercenarios. Es el fútbol que aplaudimos.    

lunes, 25 de agosto de 2014

HOGAÑO, COMO ANTAÑO

Ha empezado la temporada con los mismos tics que acabó la anterior, con un estrambote final. El Atleti dio interés a la devaluada Liga española, deportivamente hablando, con el añadido del Mundial. En ambos casos hubo justicia. En España triunfó el más regular y en Brasil, como ocurrió  en Sudáfrica, ganó la mejor selección: Alemania; y, para suerte de quienes nos gusta el fútbol bueno al margen de colores, lo hizo luciendo un buen juego sin llegar a la excelencia de la España de entonces.

El Atleti ha ganado el primer título nacional con las mismas armas que conquistó la Liga: intensidad en todo el campo y velocidad al contraataque. Pero me parece que a esos méritos le va a unir el de una mayor efectividad, con el valioso añadido de haber cambiado a varias piezas fundamentales. Ante el Madrid, en ambos partidos, pareció atrincherado pero fue quien más y mejores oportunidades de gol tuvo. Por el contrario, los blancos apenas dispusieron de ocasiones. Y eso es un cambio considerable respecto al año pasado, en el que salvo la excepcional temporada de Costa eran los centrales quienes marcaron en los momentos clave. Esta temporada se me antoja que van a tener más pólvora arriba con el croata Mandzukic y el francés Griezmann.

El Madrid, una vez más, ha maniobrado de acuerdo con los deseos de su gran fichador, el señor Pérez, quien de estar con un pie en la puerta de salida cuando acababa en derrota la pasada final de Lisboa, después de una temporada grisácea, se aupó a la chepa de Sergio Ramos en su agónico gol cabecero y volvió a Madrid en olor de multitudes. La prometida décima ya estaba aquí, y con ella una prórroga de valor incalculable en su interesado mandato. Olvidada Turquía, donde no hubo suerte en las licitaciones, o lo que sea, y con Argentina en suspensión de pagos, hay que afianzar Alemania para que no haya dudas, país de la segunda marca con aspiraciones de ser la primera si es necesario: Hochtief. Y, a tenor de su emergencia y de las importantes obras públicas anunciadas, hay que apostar fuerte por Centroamérica. Igual ahora entiendan mejor lo de Ozil, Khedira, Di María, López, Kros, James y Navas, sin quitarle nada a la indudable calidad de los tres incorporados pero sin olvidar tampoco la de los desechados.

El Madrid era un equipazo y lo sigue siendo ahora, pero caben matices. Diego era el portero de más garantías pero había que hacerle sitio al fichaje, aunque fuera para el banquillo, y dado que Casillas no pidió su salida sobraba el gallego. Veremos si no tenemos que acordarnos de él. Iker es una grandiosa leyenda pero el tiempo y las circunstancias personales no pasan en balde y hace mucho que no es el mismo. Se vio en Lisboa, en Brasil y los partidos frente al Atlético, aunque en el último aún luciera destellos de lo que fue, como la mano salvadora ante un inminente remate definitivo. En Murcia se decía hace tiempo respecto a un torero, también irrepetible: “Cascales ya no es Cascales”.

El Barça sigue destruyendo lo que tanto trabajo costó tejer. Hay que borrar todo vestigio “guardiolista” porque eso es obra de nuestros antecesores, piensan erróneamente. Y como no tuvieron bastante con el nefasto experimento de adosar a su verdadera estrella extranjera – canterano-, Messi, a otra, Neymar; ahora traen al lucero Suárez para completar la constelación de disparates. La emoción estará en saber cuándo lucirá sus caninos en el campo, porque en el vestuario las descargas de adrenalina están servidas con el látigo de Luis Enrique intentando domar tanto ego. Y, para la fiesta completa, Bartomeu y Zubizarreta anhelan emular a Pérez con aquello de vender a los canteranos para que se formen. En fin, la maldad de la tontuna, o no tanto… ¡Qué envidia de presentaciones multitudinarias de don Florentino en el Bernabéu! Y, más a más, ¡cuánto dinero mueve! En esos momentos sus ojos se hacen birlochas y los dedos duendes.

Y el estrambote a tan sabido soneto ha sido el Murcia y su cantado desastre. Ya sabemos que el señor Samper anda defendiendo sus intereses. Pero, ¿dónde están y qué defienden los palqueros murcianos que tanto le sirvieron y del que se sirvieron?  Dicen que unos escondidos y otros echados al monte. ¿Y la Federación murciana, que permite que al esperpéntico descenso se sume el exilio al norte de España? ¡Ay pena, penita, pena!            

martes, 24 de junio de 2014

UN FINAL TAN IMPREVISTO COMO SIGNIFICATIVO

Si comentamos que el primer partido de nuestra selección fue un accidente, porque Holanda tuvo a su favor los detalles aparte de jugar treinta minutos en la segunda parte realmente excepcionales, la derrota ante Chile fue el compendio de todos los males que se pueden dar en un equipo de fútbol.

Decía don Salvador Ripoll, en uno de los puntos de su sabio decálogo sobre fútbol, que había que llegar al balón antes que el contrario. Y por ahí empezó a quebrarse el equipo de Del Bosque porque desde el principio, como ya nos pasara en la segunda parte ante los tulipanes, no nos llevamos ningún balón disputado. Y tampoco cumplimos con otro de sus aforismos en ninguno de los dos encuentros: “si no te meten ningún gol, normalmente debes puntuar”.


En esas dos claves señaladas ha estado el imprevisto final de una selección que ha sido, de largo, la mejor del mundo en los últimos seis años. Nos han agujereado la portería con una facilidad increíble, y para colmo no hemos sido capaces de marcar ni un gol en jugada porque siempre llegábamos tarde. Lo primero también es consecuencia de lo segundo, por lo en la lentitud ha radicado el resto de nuestros males. Hay quien argumenta que los españoles llegaron demasiado cansados al Mundial, y puede que haya en ello algo de razón, pero muchas veces la velocidad está en la cabeza antes que en las piernas. Y creo que los seleccionados estuvieron espesos de ideas desde el principio.

Otro aspecto que tampoco ayudó fue el cambio de sistema jugando en largo para Costa, que debe olvidar cuanto antes su mal campeonato para intentar ser en el Chelsea lo que ha sido en el Atlético. Y aquí merece un inciso el seleccionador. Desde estas páginas hemos ponderado siempre sus virtudes, y seguimos valorándolas positivamente, pero hay un punto débil que también ha sido en él una constante: la imaginación no es su fuerte. Es un hombre que ha hecho siempre equipo apoyándose en los jugadores contrastados, como hizo en el Madrid de Raúl, Hierro y Salgado, imponiendo en el terreno de juego sus galones por encima de los menos baqueteados. Por eso lo hizo muy bien cuando sustituyó a Luis en la selección, continuando su línea y dando vara alta a quienes nos hicieron campeones de Europa con el madrileño. Pero seis años después sigue con aquellos y no tiene a más porque algunos de ellos ya no juegan. No ha renovado, seguramente con razón porque los que ya había son muy buenos, y tampoco ha acertado con el plan alternativo de los balones largos. Ha hecho debutar a bastantes jugadores pero a la hora de la verdad ha puesto de titulares a los de antes. Quizás los dos casos más significativos sean los de Casillas y Koque. El primero no es ahora el mejor portero español, y el segundo ha sido, por el contrario, el mejor centrocampista de los seleccionables en la pasada liga. El meta fue titular en los dos partidos perdidos y el atlético salió en la segunda parte contra Chile con el equipo ya hundido. Se notó durante un rato su aportación, hasta que se contagió de la pesadez de sus compañeros.

Don Vicente, por tanto, ha perdido siendo fiel a sus esquemas. Pero tampoco ha pasado de ser de los mejores a ser el peor. Ha sido un buen seleccionador mientras ha habido mecha, y eso tiene mucho mérito porque significa honestidad y sencillez. Mantener los criterios de su antecesor  habla a las claras, además, de su coherencia y humildad. Lo que funciona no hay por qué cambiarlo por egos aunque te recuerden siempre que el mérito fue de Luis. Y el famoso juego de toque tan alabado en todos sitios y que ha hecho que otras selecciones nos copien, ha sonado a gloria en las botas de nuestros internacionales. Pero el tiempo pasa, los sistemas se neutralizan y los jugadores cumplen años. Y no es que jugar a uno o dos toques sea viejo, que sigue siendo lo más difícil y vistoso, pero para mantenerlo hay que tener sustitutos que aviven continuamente la velocidad, una de sus condiciones fundamentales.

Y hay otra evidencia. En cuanto se ha acabado el Barça inmejorable se ha terminado la selección campeona. Más de medio equipo era blaugrana.  Y el sistema también. Echaremos de menos a ambos equipos durante mucho tiempo. Y el fútbol mundial también.   

domingo, 22 de junio de 2014

FELIPE VI, EL ‘JETÓDROMO’ Y LA INDIFERENCIA

Será difícil juntar en escena a más jetas por metro cuadrado que en el acto de proclamación del hijo de Juan Carlos I como rey de España. Ni presenciar más indiferencia popular ante un hecho histórico en nuestro país.


Estómagos agradecidos

Con las honrosas excepciones que cabe suponer, muchos le aplaudían en el Congreso recordando seguramente con cada palmada las prebendas que han obtenido en los años de la estéril partitocracia: “he colocado en la sopa boba del Estado – ayuntamientos, diputaciones, comunidades, sociedades públicas, asesorías varias, etc. - a dos hijos, tres sobrinos, a parientes de allegados y a unas decenas de correveidiles afines, además de beneficiarme de un pastizal de euros en pocos años y de asegurarme el futuro con una pensión sobrada, o varias; o, he ayudado a algunos amiguetes con subvenciones diversas, concesiones públicas, etc.; o, a ciertos artistas del trinque, con ayudas sin tasa ni control ni justificación de ninguna clase; o, en ciertos casos de diputados y senadores nacionales - por no hablar de los eurodiputados - me he comprado un piso en la capital de España y lo he puesto a nombre de un hijo, familiar cercano o testaferro, pagándolo con las dietas por no residir oficialmente allí; o, en el caso de los mandamases de los dos partidos políticos que han protagonizado la herencia de la prostituida Transición, he cobrado en dinero negro lo que mi excelsa dignidad – indignidad, más bien, en casos evidentes -, se ha merecido por dedicarme a los demás por encomiable vocación de servicio público – cara dura elevada a la enésima potencia en señalados -; y, en el caso de insignes cesantes, tras bajarme del coche oficial me he subido a la lustrosa, ociosa y rentabilísima alfombra mágica de instituciones o en consejos de administración de grandes empresas, que antaño fueron públicas o que se manejan bien con la Administración, multiplicando hasta el infinito las remuneraciones anteriores que obtenía de la cosa pública, sin trabajo o responsabilidad clara que asumir”. Y todo ello arruinando, de paso y en sonados ejemplos, todo tipo de Administraciones. ¿Sigo yo malpensando - como la mayoría y con razón - o lo hacen ustedes?

Los cortesanos inoportunos

Esa impresión daba cuando las cámaras de la domesticada TVE enfocaban a los dóciles asistentes al acto en la cámara donde reside la soberanía nacional. Y ya, cuando han ido pasando en el Palacio de Oriente ante sus nuevas majestades los primeros de los dos mil invitados, la sonrisa irónica y escéptica por el espectáculo anterior se ha tornado en indignación al ver a un envarado y cortesano Botín hacer el rendibú liderando a los que seguramente encabezarían la lista de los más despreciados por la ciudadanía española tras los propios políticos. ¿Es que no tiene consejeros bien informados el nuevo rey? ¿De qué le sirve el loable ejercicio de acordarse de los parados en su discurso cuando se deja pelotear por algunos de los principales responsables de la crisis que padecemos? ¿No hay en España otros representantes del pueblo que los presidentes de empresas que han subido los recibos del consumo diario y necesario de las familias españolas – electricidad y gas por ejemplo - o las comisiones, o los intereses, o que han desahuciado a miles, o que han aprovechado la tímida y parcial – solo beneficia a las grandes empresas y bancos - reforma laboral de Rajoy para hacer ERE ignominiosos y echar a la calle a miles de empleados con toda su vida laboral ligada a ellas y con nulas posibilidades de reincorporación al mercado?

Una ocasión marchita

¡Qué oportunidad ha perdido Felipe VI, dentro de su impecable y emocional discurso formalista y conservador, con algunas tímidas y esperanzadoras novedades, para hacer un llamamiento a la España del futuro empezando por cuestionarse hasta la propia herencia recibida! España no es monárquica, señor, debería haberle dicho alguno de sus  cercanos. Y más: a los españoles se les gana por el corazón y la valentía, aparte de por solucionarle sus problemas. Aunque sean capaces de emocionarse cuando alguien apela a sus padres o a las víctimas del terrorismo como hizo muy bien el nuevo rey. La mayoría de la ciudadanía española fue juancarlista por los méritos contraídos por su padre en momentos clave de nuestra historia reciente. Pero nunca fue monárquica, como tampoco lo es ahora. Le habrá bastado para darse cuenta de ello el deprimente espectáculo de las calles céntricas de Madrid durante su recorrido. Unos decenas de millares de banderitas repartidas oportunamente para la ocasión, pero ni una pancarta espontánea ni nada por el estilo, como hemos tenido ocasión de contemplar en otras manifestaciones populares. Y prohibiendo o reprimiendo, además, manifestaciones republicanas naturales convocadas ‘ad hoc’.

Recuerde, o haga que le pasen reportajes antiguos, y no tanto. En los anteriores regímenes, en el nuevo, en conmemoraciones deportivas, en reivindicaciones políticas o sociales, en manifestaciones espontáneas, etc. Un Madrid festivo y con buen sol le ha rendido a usted un  desolador homenaje. Con el colofón de una plaza de Oriente, otrora escaparate de todas las Españas, donde solo unos centenares de curiosos más que otra cosa han coreado con enorme timidez lo de ¡Felipe, Felipe!

El necesario refrendo popular

Alguien debería aconsejarle al nuevo rey que busque el tiempo de la nueva monarquía en la España renovada, que dice, en la ilusión, la esperanza y el entusiasmo de esa España que de tan buena se conforma con poco. Quizás ahora solo con que se le tenga en cuenta imaginando caminos de la tarde, como diría el poeta. Tal vez haciendo a los españoles actuales protagonistas de su tiempo llamándoles a una consulta sobre su futuro, que debería ser el del propio Felipe VI. Eso sería empezar a cumplir la promesa de ser un ejemplo para todos, que no es poco, como ha venido a decir en su proclamación. Y sin caras duras, ni rancias ceremonias blandas, por favor y por usted mismo.

Mañana, don Felipe, será tarde.       

martes, 17 de junio de 2014

GESTIONAR UNA DERROTA

En singular. Porque singular fue la media hora del desastre de nuestra selección contra Holanda. En la hora de las lenguas largas, aquellas que han  aprovechado un evidente mal partido para sacar el hacha y tratar de podar al equipo de Del Bosque de un modo inmisericorde, es cuando la serenidad de nuestro seleccionador debe influir en su conocimiento para relativizar lo sucedido y sacar las conclusiones oportunas.

Partiendo de que a veces el fútbol es cuestión de detalles, si nos fijamos en los momentos clave del nefasto encuentro hallaremos algunos fundamentales. ¿Qué hubiera ocurrido de acertar Silva en el que pudo ser el dos a cero? Pues me atrevo a afirmar que posiblemente la misma película pero al revés. Con toda una segunda parte para volcarse sobre España prescindiendo de su rigor defensivo, es muy probable que a Holanda también se le hubieran visto sus costuras. Y aunque eso nunca lo sabremos sería bueno que alguien convenciera de ello a nuestros jugadores. Es solo un apunte.

Como también lo es el accidente de Casillas en el gol que le regaló a Van Persie. O que el árbitro no señalara la falta que le hizo el mismo en el segundo gol encajado. Tanto el dos a cero que no fue como estos últimos son de esos detalles que marcan el desarrollo de un partido. Ni Robben es Messi ni Blind Roberto Carlos, no nos engañemos. Son buenos jugadores, sin duda, pero salvando al delantero centro reseñado, que es un grandísimo goleador, ninguno de ellos optará al balón de oro nunca. Así como tampoco nuestra selección es tan mala como ahora dicen algunos. No es la de hace cuatro años, claro está, porque el tiempo pasa para todos; pero sigue siendo un magnífico equipo que ojalá podamos disfrutarlo aún en este Mundial. Otra cosa es que, además, varios jugadores que deberían ser claves no han llegado en la forma idónea a esta competición. Pero ni ellos ni seguramente quienes podrían sustituirles.  Y tal vez alguno que sí lo podía haber hecho no ha ido por lesión.  

Vamos a ver, Casillas lleva un año jugando poco y con ciertos pájaros personales en la cabeza que influyen hasta en su semblante habitual. Y eso no es bueno. Xavi tiene el mismo fútbol excelente de siempre en su cabeza pero ya no en sus piernas, como Xabi. Y eso se nota mucho. Piqué está lento y ha perdido la capacidad de anticipación que siempre ha lucido. Y eso produce un roto en el centro de la defensa por donde se pierde también Ramos. Cuando se notan esas cosas uno se acuerda de Valdés, Thiago y Pujol, por decir imponderables. Porque ahora no vale aquello que pienso, como dije, de que Diego López es el portero español más en forma en este momento. Como también sería oportunista decir que Javi Martínez es quien debería haber jugado junto a Ramos, o en el medio campo en lugar de Busquets, que ha jugado a medio gas casi toda la temporada; y que Azpilicueta no tiene el nivel exigible para ser titular en este equipo estando Juanfran en el banquillo o Carvajal de vacaciones. Sería, en todo caso, un suplente para una emergencia por su polivalencia en los dos laterales.

De la misma forma que sería discutible afirmar, como hago, que con el navarro, los dos centrales y los dos medios centros, España juega con cinco defensas y eso se me antoja demasiado rácano para un equipo con la capacidad de juego de España. Ni pusimos por ello al interior que en un momento es delantero centro y que ayuda mucho a Xavi e Iniesta, caso de Cesc, o a un extremo goleador que ayudara al trabajo destajista de Costa, como es Pedro, o a incluso Torres por detrás. Discutible porque cada cual tenemos nuestra idea de fútbol.

Y acabo por donde empecé porque le supongo a Del Bosque infinitamente más conocimientos de fútbol y de los seleccionables que podamos tener muchos. El cinco a uno es más escandaloso que reflejo de lo que fue el partido. Un escándalo que ayuda a obnubilar las mentes de demasiados que ya ven a España como un pelele rodeado de gigantes futbolísticos. Y no es así ni por asomo. Como ejemplo el fracaso que pudo sufrir la favorita Brasil de no mediar un mal árbitro. Los chicos del ínclito Scolari, salvo destellos de Neymar, hicieron un partido penoso. Y Croacia no es Holanda.

jueves, 12 de junio de 2014

NI REYES ANTIGUOS, NI REDENTORES, NI BANDERAS VIEJAS

La generación española posterior a la Guerra Civil y a la II Guerra Mundial tenemos la suerte de no haber sufrido aquellas calamidades y las experiencias de conocer los pros y contras de un régimen autoritario y de vivir una transición ilusionante hacia una democracia, con sus luces y sombras, dentro de la singularidad que representó hacerlo en paz; eso que ahora se menosprecia aunque contara con reconocimiento mundial. Las sociedades democráticas que nos rodeaban por lo que suponía de llegar a puerto tras una larga travesía y quienes navegaban aún las aguas procelosas de la ausencia de libertades públicas, algunos hermanos de lengua aún siguen, por el ejemplo. Y por todo ello tenemos cierta perspectiva.

Un rey moderno



Juan Carlos I supo estar a la altura de las circunstancias y devolvió la soberanía al pueblo renunciando al inmenso poder recibido de Franco. Y fue para la inmensa mayoría el adalid que posibilitó la Transición, desde entonces con mayúscula. De ahí la excelente imagen que se ganó dentro y fuera de nuestro país. Pero el tiempo ha pasado para todos y para él también. Un tiempo que ha ido emborronando logros históricos por la corrupción en demasiados altos niveles españoles y que a él también le ha enfangado.  Y ahí comparte las culpas con quienes desde el poder político no han sabido ni querido poner coto a desmanes de todo tipo. Si los políticos españoles son mal vistos por los ciudadanos, desmérito que se han ganado a pulso desarrollando una democracia muy débil, él tampoco ha sabido reverdecer el faro que iluminara el futuro de España y su imagen se ha ido deteriorando hacia la de un rey anticuado. Lo mejor que ha hecho sobre todo en el último decenio ha sido el de abdicar.

Si nuestro futuro fuera una monarquía, que es lo legalmente establecido en la Constitución que se dio mayoritariamente el pueblo español en referéndum en 1978, necesitamos que su sucesor se gane el título de Regenerador; Felipe VI el Regenerador le llamábamos desde esta tribuna en febrero de 2013. Hace más de un año que la abdicación era necesaria tras truncarse la esperanza que suponía para millones de españoles de todo signo la llegada de Rajoy a su omnímodo poder, tomando los derroteros de la misma ruina social del gobierno anterior, y la imposibilidad del propio monarca para propiciar un cambio de rumbo por falta de carisma y de fuerza moral.

Necesitamos un rey moderno que sepa desde su primer y segundo plano, como meramente representativo, impulsar el cambio social que España necesita. Y el primer escalón de tan difícil escalera es el de ir recuperando los valores perdidos. Pero su padre tampoco lo tenía más fácil en noviembre de 1975.

Banderas viejas

Si por el contrario nuestro futuro fuera una hipotética república, desde luego no pasaría por enarbolar la bandera de la II República española de abril de 1931; ese régimen que por fas o nefas acabó enfrentando a media España contra la otra mitad dando lugar a la peor calamidad española conocida.

Sin entrar en culpas directas o inducidas, que para eso están los numerosos análisis a mano – unos más objetivos que otros pero que aproximándose a ellos en conjunto y sin prejuicios dan una idea muy aproximada de la realidad-, hay unas cifras tan aterradoras como indiscutibles. Nuestra Guerra Civil produjo más de medio millón de muertos, la mitad de ellos en el frente y la otra mitad en las dos retaguardias al margen de hechos de guerra. Redondeando, y dentro de la vergüenza que tanta sangre derramada supone, hubo sobre ciento veinticinco mil víctimas represaliadas bajo esa bandera tricolor que ahora tan alegre como ignorantemente alzan algunos. Y sin entrar en juicios ni valoraciones sobre ellas ni en las similares ejecutadas por el bando de enfrente, siempre es el momento de decir, como hizo el presidente republicano Azaña tras el salvaje enfrentamiento: “Paz, piedad y perdón”. Y de tener mucho respeto hacia sus descendientes, al que ahora faltan quienes enarbolan cualquier bandera manchada de sangre.

El propio Anguita, comunista y republicano, ha dicho, y muy bien, que la supuesta tercera república no llegará con manifestaciones folklóricas ni con celebraciones bajo esa bandera morada y tricolor reivindicando la II República. No sé en qué sentido lo dice, pero en todo caso sería imprescindible olvidar de una vez la peor etapa moderna de nuestra historia y mirar hacia adelante sin facturas pasadas y reflexionando sobre qué futuro queremos. Eso que hicimos ya una vez en aquella Transición que ahora necesita actualizarse. Y en el supuesto de que fuera en una república deberíamos mirar dentro de las diversas variantes de nuestro entorno libre.

Los redentores

Y, finalmente, sería bueno y muy oportuno aquello de “abtenerse redentores”, porque la mayoría ya no nos los creemos. Por muchas medios modernos de comunicación y redes sociales que sepan manejar. Los aspirantes, que los hay con coleta y sin ella, deberían valorar con Rosa Díez que muchos españoles se han sacrificado para que ellos puedan decir ahora en libertad lo que piensan.  

Es el tiempo de reflexionar sobre el futuro desde la legalidad elegida y sin prisas, que nunca son buenas. Sin regímenes asamblearios, por muchas simpatías que ciertos movimientos sociales generen, porque son caldos de cultivo de demagogias inquietantes. De ahí han salido algunos líderes populistas que han llevado a sus conciudadanos al desastre. Y mucho más en una sociedad que celebra sus fiestas demasiadas veces con enfrentamientos populares entre fuegos y ensalzando diferencias en lugar de coincidencias: moros y cristianos, blancos y azules, rojos y negros, cartagineses y romanos y de arriba o de abajo, etc.  

Recordemos lo parecido que suenan un cohete o un petardo y un tiro. Los lobos travestidos de corderos, la sencillez de generar manada irreflexiva entre el desconcierto y la desesperanza, y que el rojo sangre es uno de nuestros símbolos.   

miércoles, 11 de junio de 2014

LA LISTA DE DEL BOSQUE

Una de las cosas buenas del fútbol en España es el conocimiento que sobre nuestro deporte más popular tienen la mayoría de aficionados. A veces te asombra quien menos supones con una acertada reflexión futbolera desde el ángulo más insospechado para quienes se creen en posesión de verdades discutibles, incluyendo a los que son o han sido profesionales de la cosa o lo han vivido de cerca desde cualquier responsabilidad. Y es que, quienes se tienen por instruidos en el balompié  e imparten doctrina – los de los hat-trik y las estrategias para todo balón parado, por ejemplo; ¡qué pelmas son! -, olvidan con frecuencia el factor azaroso que como todo juego tiene. Y más aún el componente humano y, por lo tanto incontrolable, como sujeto de una ciencia inexacta.



Si en los toros se dice muchas veces por los propios toreros que de ellos no entienden ni las vacas; un modo de decir que nada hay fijo ni seguro en su comportamiento en la lidia, del fútbol podríamos decir lo mismo. Aparte de que el balón suele ser redondo no hay nada que se pueda asegurar de antemano. Y mucho menos pretender llevar la razón absoluta cuando defendemos cualquier opinión.

Del Bosque ha hecho una selección para el mundial de Brasil en la que salvo tres o cuatro jugadores los otros diecinueve o veinte estarían en la que cualquier aficionado hubiera hecho. En mi caso, por aquello de mojarme, no estarían Reina, Torres ni Villa, y mira por donde el asturiano enchufa dos goles en el último amistoso. Y en esto, goles son amores y no otras razones. En su lugar hubiera llevado a Diego López, el portero español más en forma; a Llorente, que ha hecho una segunda vuelta importante en el equipo campeón de la liga italiana; y seguramente a Muniain, que ha completado una gran temporada en el Bilbao, o a Isco, que salvando sus lapsus defensivos y desapariciones esporádicas posee una calidad desequilibrante. Aparte de ello, lamento la ausencia por lesión de Thiago y de Jesé; creo que junto al malagueño y Deulofeu serán los futbolistas españoles más brillantes de la próxima década. Al no poder ir, creo que los otros veintiuno serían indiscutibles para cualquier seleccionador.

Ha sido polémica la elección de Juanfran en lugar de Carvajal, pero supongo que don Vicente habrá sopesado que con el polivalente Azpilicueta podrá jugar con un lateral extremo en las dos bandas dejando bien guarecida la defensa con el navarro, aleatoriamente. Y también tiene el recurso de Ramos para cualquier emergencia. No creo que salvo estricta necesidad juegue con el defensa atlético y con Alba de titulares coincidentes. Carvajal ha sido una gran noticia para el madridismo esta temporada porque ha jugado a gran altura, pero el de Crevillente viene haciéndolo a un nivel importante desde que Simeone lo reinventó como defensa. ¡Eso sí que es mérito de buen técnico!

Critican los forofos madridistas a Del Bosque por ello llamándole enemigo público de los blancos, olvidando, entre otras cosas, que Juanfran también fue canterano blanco. Estoy seguro que hubiera deseado no salir nunca del Bernabéu, pero lo echaron en su día bajo la presidencia del señor Pérez. Como ocurrió con Filipe Luis y con el luego repescado Arbeloa, a golpe de prepotente talonario; la mejor especialidad ‘florentiniana’.

Se puede criticar futbolísticamente cualquier decisión, pero llamar antimadridista al salmantino es como escupir al cielo. Pero claro, son los mismos que llaman igual a Casillas. Como se dice por nuestra huerta, “se necesita ser tonto, pijo”. Deberían tomar nota de un señor como Raúl: tras ser apartado por Luis y no llamarlo después el entrenador de sus mayores glorias merengues, continuó siendo un apasionado seguidor de la selección junto a sus peques.  Recuerdo cuando en el 64 solo hubo dos titulares del Madrid en la España campeona de Europa: Zoco y Amancio. Para mi disgusto infantil, ¡hasta Gento fue suplente!

Y otro recordatorio para quienes ven mal que vayan tantos jugadores del Barça a nuestra selección. Aquí apenas ha tenido repercusión la respuesta de Xavi a un periodista extranjero hace poco: “mi mayor honor ha sido ser campeón de Europa y del mundo con España”.

¿Cuándo olvidaremos la política en el fútbol? Si algunos no lo hacen allí, ¡que se fastidien, con jota, ellos!

En fin, será muy difícil ganar en Brasil pero jugaremos bien con esa lista. Mejor que algunos figurones. ¿Querrá entrar la pelotita? Ahí estará la clave.      

jueves, 5 de junio de 2014

LAS RESACAS DEL FIN DE CURSO

De la temporada recién acabada podemos concluir tres evidencias: el Barça necesita refundarse, el Atlético mantener su base y reforzarse y el Madrid no creérselo.

Los blaugranas han tenido alguna posibilidad de éxito, como la temporada anterior, mientras les duró la inercia de la etapa Guardiola, herencia “laportiana”.  En cuanto quisieron cambiar el paso en busca de un protagonismo directivo con el fichaje estrella de Neymar se enredaron en sus egos, y seguramente en sus carteras oscuras, llevándose por delante el éxito y la excelencia deportiva junto con el presidente interrumpido Rosell.  Ya avisamos de la llegada del momento en que no podría pasar por Brasil ni subido en un avión a ocho o diez mil metros de altura.

El Barça ha sido siempre un club diferente, por eso hablamos de su necesidad de refundación, ya que si fuera atendiera solo a su faceta deportiva le hubiera ido bastante mejor a lo largo de su historia. Y me refiero a algo más que a su nefasta faceta politiquera. Los culés han vivido tradicionalmente de cara a la galería puntual, mirándose en el espejo de los grandes fichajes y de los triunfos efímeros – las Copas del Generalísimo o del Rey, por ejemplo -, mientras el Madrid lo hacía en el de los éxitos que vertebraron su reconocimiento como mejor club del siglo XX; Ligas, también copas domésticas y copas de Europa, aparte de otros galardones mundiales.

Esa lamentable historia la cambió Guardiola y su equipo de colaboradores, con el apoyo más obligado y oportunista que otra cosa de Laporta, pero fundamental, meritorio, alabable y decisivo sin ninguna duda; y los barcelonistas vivieron su etapa dorada mandando en el orbe futbolístico durante varios años seguidos. Algo similar al lustro mágico del Madrid de Di Stéfano de hace tantos años, y superior si tenemos en cuenta su repercusión en la coronación de la selección española también como la mejor del mundo coincidiendo con una buena parte de esa etapa culé.

Y para refundarse necesitará algo más que el fichaje de Luis Enrique y media docena de jugadores. El veneno está dentro. En sus cimientos actuales.  En su cabeza, en su base y en su seno. En su directiva, en parte de sus aficionados más catalanistas y en su plantilla. Bartomeu, con su gente, debería dar un paso atrás y seguir a quien ganó las elecciones y luego hubo de huir; son cómplices suyos. Los del minuto 17 que no perdonan ni que Pujol haya puesto a su hija el españolísimo nombre de Manuela deberían hacerse mirar su gilipollez congénita; cada día echan están más en su estrecha tribu estelada, echan a más buena gente y se ganan más enemigos. Y en el vestuario anida la división producida por el asunto Neymar. La envidia y los rencores por la lujuria económica de su fichaje necesitan un golpe de timón que saje el pus acumulado desde que se conocieron los entresijos de los mangoneos. Y eso no es nada fácil. Messi y su gente contra el brasileño y sus circunstancias, todavía con pocos apoyos internos. Uno de los dos sobra. La historia de los clubes está llena de situaciones parecidas.

El Atlético deberá arar con sus bueyes de siempre: hacer una plantilla nueva cada dos o tres años. Es su sino eterno, de ahí sus males y sus pupas en forma de escasas luces y muchas sombras. Al rico panal de sus mieles actuales acudirán los poderosos con sus carteras brillantes para club y jugadores. Y como ha ocurrido siempre también, la lujuria económica –como decíamos del vestuario culé en otros temas – es la que más adicción crea.


Finalmente, el Madrid haría bien en mantener los pies en el suelo; el éxito reciente de tamaña institución no puede basarse en dos minutos de fortuna: los que le posibilitaron ser Campeón de Europa. Hemos criticado y lo seguiremos haciendo que el señor Pérez haya “barcelonizado” al Madrid basando su política en grandes fichajes sin crear antes una identidad de equipo. Hasta el punto de parecerse tanto sus diez años largos de mandato a la vieja realidad culé señalada. El Madrid gana más por la calidad individual que por un estilo definido de juego. Y eso le hace irregular y poco fiable. Por eso ganó con suerte en Lisboa cuando debió hacerlo con holgura en el tiempo normal; los colchoneros llegaron claramente disminuidos a esa cita. Un mes antes hubiese habido desbandada por fracaso colectivo blanco.
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