martes, 21 de abril de 2015

LA INCERTIDUMBRE OXIGENA EL FÚTBOL


Cuando llega el final de temporada, la cantidad en la plantilla complementa a la calidad en el equipo.
El Madrid llega a sus partidos cruciales con una baja tan considerable que, salvo transmutación de Illarramendi,  volverá a evidenciar su carencia de un medio centro de garantías. Para ello, Ancelotti debería dejar los inventos poniendo al vasco en su sitio - no lo ha hecho en toda la temporada -, y al ex del Bayern en el suyo: el medio volante derecho o el vértice superior del rombo de medio campo, donde tiene demostrado que alcanza sus mayores cotas de efectividad.
Como hemos reiterado, Kroos es un magnífico futbolista que está ocupando un puesto para el que no está dotado especialmente, sobre todo cuando su equipo se enfrenta a rivales de nivel parecido aunque atesoren menos calidad individual. La baja de Modric, que con su encomiable polivalencia suple las debilidades del teutón campeón del mundo, puede suponer la renuncia de los blancos a las dos competiciones a la que aspira.
El miércoles se podrá comprobar contra sus vecinos del Atleti en la vuelta de cuartos de Champions, salvo que Cristiano y compañía hagan el papel que deberían garantizar. Y aquí surge otra duda. ¿Por qué no suele aparecer el luso en los partidos decisivos? Seguramente sería más útil y determinante para su equipo si en lugar de hacer cinco goles a equipos como el Granada le metiera un par de ellos a los colchoneros. ¿O no?
Los blancos se están acostumbrando a que cuando las cosas se ponen feas deba aparecer el sevillano Ramos tirando del carro, tanto defendiendo como frente a las porterías contrarias; mal asunto para Ancelotti.
El gran fichador del Real Madrid, don Florentino, quizás percatado del tema, anda enfrascado en hacer otro deslumbrante fichaje de los suyos. El medio centro Pogba es el próximo objeto de su deseo, y los cien millones de euros en los que cifran su fichaje no será problema para la desmesurada  y omnímoda ambición del mandamás madrileño. Hay que cebar la bomba, como él mismo diría.
El Barça, por el contrario, llega al final de temporada con todas sus baterías listas, con el gran añadido de contar con el mejor del mundo, Messi, en un momento dulce. El tan goleador como jugón argentino está atravesando uno de sus mejores momentos futbolísticos, si no su hora cumbre.
Y tiene la inmensa fortuna de acompañarle la suerte del campeón, como se pudo comprobar el sábado contra el Valencia, que falló hasta seis ocasiones claras para haber ganado con suficiencia en el Nou Camp corroborando su gran juego. Los blaugranas jugaron uno de sus peores partidos de la temporada.
Pero no solo son afortunados en eso, pues resulta que le añaden que Suárez ha encontrado el sitio goleador que siempre tuvo, que Neymar también suma por muchos enfados que agarre cuando Luis Enrique lo cambia, y que sus otros puntales Piqué y Busquets han recuperado la forma supliendo las intermitencias de los hasta hace poco intocables Xavi e Iniesta, que los años y los cambios de función no pasan en balde.
Si a eso le añades que tiene a sus dos porteros en una forma espectacular, Bravo y Ter Stegen, tal y como se presenta el panorama, el Barça es un   aspirante seguro a ganar dos de sus tres aspiraciones: la Copa del Rey y la Liga. Otra cosa es la Copa de Europa, en la que a dos partidos o a uno contra equipos muy cualificados puede pasar cualquier cosa, porque prácticamente está en semifinales. Pero aquí, en contra de algunos de sus rivales, como el Real, sí cuentan con la experiencia de que sus figuras no se esconden y en los partidos fundamentales dan la talla. Es un plus añadido que les puede coronar como el mejor club de Europa este año.
En cualquier de los dos casos, como decíamos la semana pasada, el asturiano y mal encarado Luis Enrique tendría segura su continuidad.
El tercero español en discordia, el de Simeone, tiene el miércoles su partido decisivo. Si eliminan a los blancos salvarán la temporada, con opciones de llegar a la final europea como el año pasado y ganarla. Llegan en forma, pero si no, hasta se les puede complicar la tercera plaza en la Liga. De la gloria a la nada en noventa minutos.
Es lo que decíamos en el titular. Bendita incertidumbre futbolera; con los goles, la salsa del fútbol.

   

miércoles, 15 de abril de 2015

PARA DECIDIR VOTO, BACHILLER CALLEJERO

Decía un antiguo contertulio con espléndida sencillez, que si quieres tener un buen caballo debes comprar uno bueno. Y eso, que parece sencillo de entender y hasta gracioso para la gente normal, y solo graciosillo para los que van de enterados y algunos con demasiado currículo para lo que sirven; encierra una profundidad enorme solo al alcance de quienes miran la vida sin anteojeras por tener el culo ‘pelao’ de darse porrazos; la experiencia, que resumía como madre de sus saberes el ilustre Goethe.
La vacuna de la sabiduría
Y es que, mi amigo Puzi, de nombre Pedro, alberga la sabiduría de quienes intentan arreglar los conflictos con palabras claras. Tan fácil en apariencia como difícil de practicar si no tienes la virtud de la calle. Esa que se adquiere, como las buenas bacterias que nos vacunan de niños, gastando neuronas, suelas, ocasiones al vuelo y chupando todas las esquinas a tu alcance para ganarte el lugar, el sitio y la vida. Ni más ni menos.
Pues bien, ante los inquietantes tiempos que vivimos, y frente a los más inciertos que afrontamos este año de tantísima promesa política y tanto viaje a las urnas, sería muy importante que desde los más leídos a los menos, hasta los militares sin graduación, que se decía antes; nos echásemos un pienso frente a la mochila de nuestros errores electorales  para decidir el voto. Y previamente, calcular bien dónde tenemos los intereses, tanto individuales y familiares como colectivos. ¿Parece difícil, verdad? Pues no lo es tanto. Puro sentido común.
Descartes
Porque vamos a ver, siguiendo con el símil de inicio, si queremos un buen gobernante – el caballo bueno-, empezaríamos por descartar a quienes ya nos han defraudado; el que la hace negra una vez, tiende a repetirse.
En segundo lugar habría que echarle las cruces a los que sin habernos estafado - el programa electoral es un contrato – porque nunca los votamos, llevaron a nuestro ayuntamiento, autonomía o país al borde del precipicio, cuando no a la ruina o a la desesperanza.
Seguiríamos, repudiando a los partidos que hayan mantenido corruptos, los mantengan, o no se sumen a la condena general de ellos de un modo contundente y explícito, con nombres y apellidos, ejerciendo las acciones judiciales pertinentes y las condenas políticas al uso, o simplemente pasen del tema porque sus delitos hayan prescrito, por ejemplo.
A continuación habría que huir de quienes se nos presentan como los salvadores para llevarnos al paraíso – al que sea -, por populistas y mentirosos, porque no existe tal cosa en la tierra; sin entrar en más valoraciones de las que cada uno entienda como el mejor modo de organizar la convivencia colectiva.
Dejamos como penúltima reflexión, por aquello de no ser demasiado egoístas pero no por ello menos importante, sino todo lo contrario, a quien no tenga la valentía de decirnos que mantener o mejorar nuestro actual estado del bienestar y de servicios públicos, infraestructuras, etc., es indirectamente proporcional a la salud de nuestras carteras. Es decir, que nada es gratis aunque lo parezca; que todos los servicios públicos que no pagamos directamente al utilizarlos, o cuando los utilizan los demás – sean quienes sean - nos lo cobran mediante todo tipo de impuestos, contribuciones y tasas. Y además, partiendo de que no somos una sociedad rica, nos endeudan a perpetuidad con lo que falte; o sea, que lo pagarán nuestros hijos y nietos, si pueden. Y eso contando con la fortuna de que los extranjeros ricos se fíen de nosotros y nos presten, como de momento es el caso.
Valores
Y como final, y de esto sí que nos acordaremos personalmente todos los días, sería fundamental que votásemos a quien se comprometa en su programa a ser más eficaz, transparente y honrado en la gestión de la cosa pública, y más eficiente. Lo que equivale a decir que el mejor político sería el que luchara honestamente por conseguirnos una sociedad mejor al menor coste posible, eliminando gastos superfluos en todo - ¡pero en todo! -, subvenciones discrecionales, o dispendios y  lujos innecesarios para el desempeño de la política y de la función pública.
Y no hablamos de los de bata blanca o verde, uniforme, toga, tableta o pizarra, que son los esenciales y más cercanos a nuestras necesidades de cada día, sino de todos los demás, tanto con corbata como sin ella. Si hacen una lista comprobarán que son una legión tan derrochadora como insostenible. Y eso sin contar con los medios, muebles, inmuebles, transportes, mantenimientos, etc., a su servicio. Para aburrir, vamos. Y no digamos nada a nuestras carteras.
 Aparte de las consideraciones anteriores, ya entraríamos en temas tan importantes como la despolitización de la justicia, la reforma del sistema electoral y de la constitución, o del concepto de país o de nación, en la que las diferentes fuerzas políticas defienden distintos enfoques según sus tendencias. Y en tales asuntos, como en otros más generalistas, cada cual también tiene sus opiniones y por lo tanto no caben las simplificaciones.
El buen gobernante, como el caballo bueno
En todo caso, si analizan los primeros puntos con óptica del bachiller callejero, que decíamos, verán que no es tan difícil elegir el voto. Porque en el fondo, no es más que dejarnos de etiquetas, costumbres, prejuicios o antiguallas, y hasta de romanticismos, si cabe;  y colgarlos junto en la percha del desván de los recuerdos.

Y  el día de echar el voto, salir a la calle con las ideas que nos afectan claras,  la cabeza fría y la mano en la cartera, por si acaso; para comprar nuestro caballo bueno, que será el que más nos convenga por adaptarse mejor a nuestras condiciones personales, y no al de siempre por simple rutina, pereza o miedo;  ni al más bonito, cercano, aparente o rumboso. 

EQUIPOS DE AUTOR

Hay jugadores o técnicos de club, que suelen ser las hormigas,  y otros que personalizan o lucen su trayectoria hasta el punto de estar por encima del resto, siendo proclives a cambiar con frecuencia de colores o sencillamente dando la nota buena o mala en sus equipos de siempre; las cigarras.
Y en la trayectoria de algunos equipos ocurre igual. Los hay con un marchamo determinado durante toda su vida, caso del Bilbao en España, por aquello de contar invariablemente con jugadores salidos de sus bases o sencillamente vascos de nacimiento o adopción; o del Arsenal  en Inglaterra, por ejemplo, o del mismo Manchester United, que durante decenios han mantenido una misma filosofía de equipo y hasta de juego, fieles a sus autores: Wenger, y Ferguson hasta hace poco.
 Y otros, como el Madrid o el Barça que su espíritu permanente es el de optar siempre a tener a los mejores jugadores del mundo, a quienes han imitado equipos extranjeros como el Chelsea o últimamente el Paris S. Germain con sus chequeras en ristre, a falta de cuajo histórico, que también varían sus esquemas de juego según sus técnicos de turno e incluso sus presidentes.
Luego hay otro grupo de clubes que siempre han estado entre los mejores, como el Bayern en Alemania o el Milán y el Inter en Italia, en los que con sus características nacionales y jugadores de segundo nivel dentro de la élite también se dan las circunstancias de los anteriores: ser equipos de autor. 
Ocurre lo mismo en España, con equipos como el Atlético de Madrid, el Valencia o el Sevilla, que dentro de sus peculiaridades han lucido más cuando han tenido un autor que les ha imprimido un carácter diferente. Técnicos como Luis y Simeone en los colchoneros, o Benítez y Cooper en los valencianos, o desde los despachos Monchi y Del Nido en los sevillanos y los mismos atléticos en la época de Gil, han tenido y tienen comportamientos diferentes a los de su trayectoria.
Resumiendo, podríamos decir que hay jugadores, técnicos y presidentes autores, cuya proyección destaca poderosamente sobre sus clubes.
En épocas antiguas hablaríamos del Madrid de Bernabéu, por ejemplo, como ahora el de Florentino. El primero es el padre del Real considerado el mejor equipo del siglo XX, y el segundo, aparte del dudoso club de los galácticos, también es autor de su época.
Igual que del Brasil de Pelé, del Madrid de Di Stéfano,  de la Holanda y el Barça de Cruyff, del de Guardiola o del Milán de Sacci.
Ancelotti sabe que, salvo milagro, tiene los días contados porque ha defraudado las expectativas del verdadero autor de este Madrid, Pérez, quien exige ganar cada año un gran título, al menos, y hacerlo bien con los mimbres que él diseña. Y ya lleva quemados unos cuantos técnicos. Algunos con la gran personalidad de Del Bosque o Mourinho. Con el primero se equivocó echándole, hasta el punto de tener que coger el olivo apenas tres temporadas después, harto de fracasos e incapaz de controlar el monstruo galáctico que había originado. Y con el segundo se equivocó trayéndolo y ya veremos si las consecuencias de su paso por el club blanco no terminan también con él. La división en el madridismo es veneno suyo y no lleva camino de arreglarse.
Y Luis Enrique también lo sabe, salvo que gane la Liga y la Champions, aunque su caso es muy distinto al del italiano. Hacer olvidar a Guardiola,  objetivo que pondrán a cualquiera que ocupe el banquillo culé, seguirá moliendo entrenadores hasta que alguien sea capaz, también, de ser autor de otro equipo legendario. Muy difícil, aunque cuente con el mejor del mundo, Messi, acompañado de dos de los tres mejores delanteros de la actualidad, Neymar y Suárez, y varios jugadores  de aquella época que han sido campeones de todo con España.
En la selección, igual. El autor de la maravilla fue Luis, y Del Bosque es un continuador cualificado. Y como él no es un creativo tendrá que dejar paso a otro que pueda crear una nueva selección rutilante. También muy complicado.
Solo Simeone tiene un futuro claro. Es el único técnico autor en el actual fútbol español grande.

Y en el caso de jugadores, solo Messi dará nombre a una  época del Barça. Porque Cristiano, siendo el mejor goleador blanco de la historia merengue y aunque siga ganando balones de oro, tiene a su presidente por encima.  ¿Entienden su recurrente disgusto? Celos.

jueves, 9 de abril de 2015

EL ENTRENADOR, TÉCNICO O GESTOR

No es lo mismo entrenar a un grande que a un modesto, ni a juveniles o infantiles que a profesionales. Las diferencias son tantas, siendo el mismo juego, que resultan incomparables.

Podríamos alargarnos en supuestos, como imaginar a un Ancelotti, un Mourinho o un Guardiola, por citar a tres de los más mediáticos, entrenando al Almería, al Córdoba o al Granada en estos momentos, al Murcia o al Cartagena. ¿Qué podrían hacer más de lo que hacen los técnicos que les dirigen? Pues seguramente poco más, si fuera el caso de que lo consiguieran. ¿Y al revés? Pues muy posiblemente, esos técnicos modestos harían poco menos que los citados figurones de los banquillos, en el peor de los casos. Todo ello en condiciones normales, como se explica de las pruebas en laboratorio cuando se estudia química; es decir, con los mismos entornos sociales, ayudas y colaboradores, crítica, apoyos directivos, motivación de los jugadores, posibilidades económicas, etc.

Quiero decir con todo ello que al final, quienes tienen la llave del éxito o el fracaso en las realidades de cada club de fútbol en sus distintas circunstancias son los jugadores, sobre todo los más determinantes. Y para muestra tres botones.

En el supuesto del Real Madrid, la historia de Pellegrini hubiera sido muy distinta de no haber tenido a su mejor goleador histórico, Cristiano, lesionado media temporada, como tampoco la de Mourinho sin su paisano a tope en el equipo durante la mayor parte de su periodo, o la de Ancelotti actualmente. Con el chileno, además de cultivar su buena imagen institucional como club, los merengues lucieron un juego exquisito en gran parte de su gestión pero les faltó la gracia del gol en momentos puntuales. Y eso marcó su declive y caída. Con el portugués, por el contrario, es difícil recordar rachas de buen juego a pesar de sus buenos resultados en ciertos momentos importantes, apoyados, claro está, en los goles infinitos del paisano. Y ello, además, le sirvió tanto para ganar una liga al mejor Barça de la historia como para que el mete dedos y mete patas luso engordara su también infinito ego, a costa demasiadas veces de la propia proyección pública del club blanco. La división y los enfrentamientos que originó tanto en el madridismo como dentro de la propia plantilla supusieron triunfos escasos y su indecorosa salida del Madrid. Sobre todo el evidenciado y curioso divorcio con Cristiano; otra vez los jugadores.

En el caso del Barça de Guardiola, es tan fácil recordar sus demoledores éxitos durante varias temporadas como su extraordinaria forma de jugar al fútbol, pero pese a contar con la mejor versión de Pujol, Xavi, Busquets o Iniesta es difícil imaginar tanta grandeza sin la paulatina aparición y progreso del mejor Messi; uno de los más grandes jugadores de la historia.

Y dejo para el final el ejemplo de la selección española porque no se conciben sus inolvidables conquistas, tanto con Luis como con Del Bosque, sin hacer referencia a la columna vertebral de los barcelonistas, que han pasado a la memoria eterna del fútbol con las ayudas puntuales o permanentes, según los casos, de los Casillas, Senna, Villa, Ramos o Torres, por citar solo a los más significantes.

Como resumen, los entrenadores deben ser unas veces más técnicos que gestores y otras al contrario, pero aunque sean protagonistas sería absurdo que olvidaran que sus éxitos o fracasos dependen en esencia de sus entrenados. Y es así, justamente, para lo bueno y para lo malo.

Por eso, sería excelente poner a los mejores técnicos, tanto en el juego como en la experiencia y en psicología, a entrenar a infantiles y juveniles, para que les enseñen a jugar bien y las reglas básicas de convivencia desde abajo. Por contra, habría que encargar a los buenos estrategas la gestión del talento de los profesionales, porque ya deben saber correr, driblar, saltar, dosificarse, darle a la pelota, pasarla o pararla. 

Mención aparte a la gestión de egos futbolísticos, sociales, mediáticos y económicos; los que abundan entre los mejores; y a la estrategia de verdad: la planificación eficaz y eficiente, la inteligencia de potenciar las virtudes propias y aprovechar las debilidades del contrario, tanto solidaria como individualmente, y no a la tontuna de llamar como tal a lo que son meras jugadas ensayadas a balón parado. Importantes pero tan simples como llamar puzle a un folio partido en cuatro: la pelota, la portería, el compañero y el contrario.                   

jueves, 2 de abril de 2015

DE DÍEZ Y RAJOY A LA CORRUPCIÓN POR MONTERA

Quienes acumulamos nieve en las sienes o tenemos el peine como  antiguo recuerdo, movimos el esqueleto muchas veces con aquella canción sesentera del ‘no te quieres enterar, yeyé…’ Es lo que cabría cantarle a Rajoy y a Rosa Díez por su contumacia en no percatarse de que su tiempo ha pasado.

Los graves errores de la lideresa y sus consecuencias.
A la creadora de UPyD, el azote parlamentario más sincero y perspicaz del Presidente, ya se han atrevido algunos muy relevantes de los suyos a decírselo a la cara, el penúltimo Toni Cantó. Pero les ha salido con el clásico enroque de mantenerla y no enmendarla y, como mucho y dándose un tiempo hasta el verano, con aquella otra letrilla bolera del “quizás, quizás, quizás…” Mal asunto para las esperanzas de quienes se han partido el pecho honestamente por lo que ha sido la gran aportación de este partido a la política española: su nítida idea de una más que necesaria regeneración política.
Pese a ello, es contumaz también en la reiteración del error porque con el primero: no entenderse con Rivera para sumar sus fuerzas a C’s, ha recogido en Andalucía una muestra palmaria de sus consecuencias. Además del daño propio, le ha hecho también una faena infame a la idea que tanto ha defendido de mejorar el horizonte de la política española, truncando de paso la esperanza de tantos ciudadanos de que España cambiara para bien. Si hubiesen ido unidos a las elecciones andaluzas, los nueve diputados de Ciudadanos – la posible tercera vía - habrían crecido geométricamente, con el añadido de la ley D’Hont, y ahora estaríamos hablando de algo diferente a que todo siga igual en la región que sigue a la cola de España en paro, por ejemplo. A los socialistas, sobre todo, y a los populares se les hubieran caído algunos cientos de miles de votos más y no estarían enarbolando una gran victoria, o un posible entendimiento interesado, lo que ha sido en realidad el mal menor de muchos votantes.
Y sin ánimo de generalizar la descalificación al PSOE, porque ha sido y es básico para España, es difícil entender desde el hartazgo generalizado español que la formación política que ha regido el destino de los andaluces desde hace más de treinta años, y bajo cuya sombra ha anidado tanta corrupción, pueda seguir dirigiendo su futuro. Y será así porque nuestra lógica democrática castiga sin muchas contemplaciones la división política; tal vez el único puerto de madurez democrática al que hemos llegado desde la constitución del 78.
Aventuro desde esa seguridad y la creencia de que los andaluces participan del mismo hastío que el resto de españoles, que si Díez no hubiese sido tan miope hubieran mandado al PSOE al reparador rincón de pensar por una buena temporada. En la mente de la ciudadanía, las opciones de voto son un estado de ánimo, como tantas otras cosas de la vida, y la unión política inteligente nutre y aumenta los resultados electorales de quienes tienen la valentía y la generosidad de procurarla; esas dos virtudes humanas que tantísimo se aprecian.

El insoportable cuajo de Rajoy
Del vano gobierno de Rajoy y del negro futuro político que está propiciando al PP, otro partido esencial, ya se ha dicho casi todo y no es cuestión de insistir; desde aquí llevamos tanto tiempo advirtiéndolo que ya aburre; pero es contumaz en el error de resistir a toda costa y apuesta porque lo devoren los españoles en mayo sin considerar el serio aviso de los andaluces.
Hay tal nerviosismo entre los populares al ser conscientes de lo que se avecina, como lo demuestran los comentarios privados de muchos de sus gerifaltes periféricos y de quienes llevan años viviendo de las infinitas prebendas que les propicia el mando en autonomías, ayuntamientos y  derivados, que el goteo de la desbandada hacia nuevos horizontes empieza a palparse.
Preparen en C’s los botes para recoger a los precavidos, que las redes, escalas, cabos y bicheros habrá que emplearlos a fondo con los náufragos después de mayo si todo sigue igual. Es decir, si don Mariano, fiel a su personalidad política, da lugar al desastre electoral que se intuye.
Como muestra de su proceder, dos botones.  Careció de escrúpulos para no irse a casa tras lo de Bárcenas, y a día de hoy todavía tiene el cuajo de negar que supiera nada del dinero negro manejado por su partido en Génova; su guarida burocrática durante tantos años. Policías, guardias, inspectores de Hacienda, fiscales, testigos, partícipes, un juez… Debe ser que todos yerran o mienten.
En fin, incluso otorgándole el beneficio de la honradez personal, de la que  no dudo, qué gran lección si hubiese dado paso a otro de su partido que estuviese limpio y fuera capaz; digo yo que alguno habrá. Dará lugar a que lo pongan en su sitio muchos de los que ahora callan o aplauden en su presencia, azuzados por quienes mueven el cotarro entre bambalinas ante lo mucho que está en juego.
Esas humaredas lejanas que ahora se huelen serán incendios voraces llegando los primeros calores del verano, con la vice Soraya de recambio previsto en caso de urgencia y su paisano Núñez Feijoo a la espera, si el difícil parto viniera con normalidad en el PP y tuviera la dudosa motivación de ser jefe de la oposición parlamentaria sacrificando su feudo gallego.

La irresponsable, por cómplice, montera ciudadana

Como resumen, después de las andaluzas y en general, a los políticos habría que insistirles en que el intransitivo dimitir debería ser un verbo por el que transitaran con normalidad. Y los ciudadanos deberíamos tener presente que la corrupción, como el miedo, no es una buena montera para nada y mucho menos ante las urnas; lo útil y honrado es ir descubierto y mirando de frente.

DE LA OBSESIÓN DEL BOSQUE A LAS DE BARTOMEU

Los sistemas de juego se hacen viejos cuando no juegan sus artistas básicos. En el caso de la selección, por ejemplo, no es lo mismo que juegue Xavi Hernández a que no lo haga; como tampoco en el Barcelona. O que el otro Xabi, Alonso, sea el compañero de Busquets a que sea Koke, por muy buen jugador que sea.
O que arriba esté un David Villa en estado de gracia a que lo hagan Diego Costa, Negredo o el ilusionante Morata, buenos goleadores aun con sus diferencias. Con aquel asturiano enchufado cualquier media punta como Cesc, Silva, el malabarista Isco y hasta el siempre espectacular Iniesta podrían hacer de segundo delantero en las ocasiones en que lograran sorprender llegando desde atrás.
Ahora, por el contrario, solo aparece a ratos el espejismo de aquel juego que tantas satisfacciones nos dio cuando los contrarios se cierran, tal y como sucedió en la primera parte contra Ucrania. Sin embargo, cuando en la segunda parte los ucranianos se echaron para adelante, se vieron con claridad las carencias que padecemos sin los dos ‘javieres’: el de Tarrasa recibiendo en el medio y saliendo con efectividad por uno u otro lado, dándose la vuelta como no he visto nunca a nadie, para jugarla fácil en corto al compañero mejor situado y desmarcarse para volver a jugarla; y el de Tolosa jugándola en largo en sus clásicos y eficaces cambios de juego. Y así, huérfano el equipo de ambos artistas, éramos presas fáciles de los contrarios que se nos anticipaban continuamente en las salidas desde atrás y creando peligro por hacerse con el balón cerca del área de Casillas.
Haciendo memoria, Luis Aragonés apostó por los jugones pequeñitos contando con la solidez de Marcos Senna en el medio centro, con dos laterales muy ofensivos pero contundentes atrás, Ramos y Capdevila, y Torres y Villa arriba, o el mismo Cesc de falso delantero. El pasado viernes, Alba y sobre todo Juanfran, buenos en ataque pero menos en defensa, centraron varias veces con peligro tras desbordar por su banda y salvo Morata, con tendencia también a caer a la bandas, nadie más entraba al remate. Silva, por ejemplo, tuvo un buen balón para su cabeza pero le falta un palmo para poder hacerlo con  garantías; salvo el golazo que le hizo a Italia en la pasada Eurocopa no recuerdo otro gol suyo en remate cabecero.
Y con tanto centrocampista ofensivo: Koke, Iniesta, Isco, el canario y los dos laterales, se echó en falta un acompañante de Morata que aprovechara los huecos que este dejaba con sus continuos desmarques.
 A veces hay que elegir, y ya sabemos que eso supone siempre sacrificar otras buenas opciones, pero lo que se ha acentuado desde el mundial de Brasil es que España debe variar el sistema que nos hizo dos veces campeones de Europa y una del mundo. Aquello, como sus artistas fundamentales, ya es y son historia.
Otra cosa es la falta de chispa física que denotó la selección en la segunda parte. Siempre llegábamos tarde y eso trajo a colación el fantasma de los funestos partidos del mundial. Enredados en lo que hemos comentado, además, nuestros jugadores se empeñaron en conducir el balón y eso es otra forma de jugar que nada tiene que ver con el fútbol a uno o dos toques que nos hizo la envidia del mundo. Así que a cambiar toca, don Vicente. Las obsesiones nunca son buenas y querer vivir del pasado es una de ellas.  España hoy debe reinventarse asegurando más atrás y jugando con un par de delanteros para que sus medios actuales expresen el juego que llevan dentro.
Y llegamos a la obsesión de Bartomeu: Laporta y el Real Madrid. Pero en el caso del presidente culé la solución no pasa por reinventarse sino por largarse, como hizo Rosell. Es cínico pensar que quien fuera su jefe es el único responsable de los chanchullos en el caso Neymar y que él, su segundo, era ajeno a todo ello. Bartomeu sabe muy bien que si convocara elecciones y el antiguo presidente se presentara se las llevaría de calle y resiste para ver si escampa. Pero lo tiene chungo.
Y menos mal que la querella que dio lugar al destape de tales chapuzas económicas y fiscales la presentó un socio blaugrana; aún así, tiene pesadillas con la larga mano de don Florentino meciendo la cuna de la justicia.  De pena.

miércoles, 25 de marzo de 2015

MADRID Y BARÇA O LA DESIGUALDAD POR LOS DETALLES

Es verdad que cuatro puntos no son demasiados, suponen una derrota y un empate, porque el golaveraje particular es favorable al Rea Madrid. Pero son dos partidos, o mejor, dos pinchazos del Barça y la necesidad blanca de dos victorias; y eso suponiendo que también se gane todo lo demás. Francamente la liga está difícil para el Real, pero aún quedan diez jornadas y en el fútbol hemos visto de todo.

En el peor de los casos, habría perdido la Liga en Bilbao y en el Bernabéu y no en Barcelona. Porque esos mismos cuatro puntos eran la ventaja que tenía antes de esos dos fiascos sobre los blaugranas.

El partido de anoche fue bastante igualado en el juego, con ligera ventaja para el Madrid, y hasta en ocasiones de gol, pero aunque suene a tópico es verdad que decidieron unos pocos detalles. El primero estuvo en los porteros. Sin culpar a Casillas de la derrota, porque sería injusto, sí es verdad que Bravo estuvo más certero que él en una ocasión que pudo cambiar el resultado. Fue cuando desvió en un difícil escorzo, rectificando su primer impulso, un balón que había chutado Benzema y que tras desviar la trayectoria un defensa se iba para dentro. Ese fue su gran detalle, que resultó crucial. Como podía haber sido el de Casillas si hubiese podido desviar el que Suárez le cruzó al segundo palo cuando él se lanzó a cubrir el primero. Luego, también es verdad, ambos guardametas tuvieran intervenciones muy afortunadas, como las dos últimas paradas del madrileño, que evitó así la goleada culé en la última media hora que lució al contraataque.

El Madrid jugó su mejor partido en lo que va de 2015 y por ello pudo ganar en el Nou Camp. Su primer tiempo fue bueno y ahí tuvo las ocasiones para haber casi sentenciado el partido, como ese remate de Cristiano que repelió el larguero o el tiro fuera de Bale con media portería vacía, así como la mala suerte que tuvo en el que le anularon por un ligerísimo fuera de juego del portugués.

Luego, en la segunda parte empezaron bien pero el gol magnífico gol de Suárez les hizo cambiar su buen juego en el medio campo por intentar balones en largo a sus delanteros. Y aún así, pudieron y debieron empatar al menos para que se hubiera hecho justicia en el marcador.

El buen juego blanco durante una hora larga fue por otro detalle, pero este más importante que el de los porteros.  Y es que le ganaron el medio campo a sus rivales. Funcionó el medio centro del dúo Kroos- Modríc y fueron muy superiores al que opusieron Mascherano y Rakitic.  Los madridistas presionaron muy adelantados la salida del balón del Barça e incluso le robaron balones a sus medios al borde del área propia cuando querían salir con el balón jugado. Y es que, como hemos reiterado, el alemán juega más tranquilo con el croata a su lado y, sobre todo, con Ramos detrás haciéndole la cobertura en el centro de su campo.

Pero claro, cuando observamos al campeón del mundo con Alemania jugar tan bien más adelantado, tal y como lo hace con su selección, nos gustaría haberle visto en el Madrid con un medio centro tipo Alonso tras él. ¿Se imaginan al vasco y al teutón con Modric por la derecha e Isco por la izquierda con dos delanteros delante de la categoría que los tiene el Madrid? Seguramente estaríamos ahora hablando de otra cosa.

Y el Barça perdió el control porque no es igual Mascherano que un Busquets en forma; el catalán es más lento con los pies pero mucho más veloz que él con la cabeza. Y en ese otro detalle también está la diferencia. Los blaugranas aguantaron el partido al principio mientras que Iniesta pudo controlar por la izquierda, incluso creando peligro, pero tuvo pocos valores más en medio hasta que Messi, ya muy avanzado el partido, se echó atrás y pudo jugar entre líneas lanzando el contragolpe de su equipo. Y pudo controlar más cuando Busquets y Xavi salieron.

Finalmente, hubo otro detalle decisivo, y fue la superioridad de los centrales barcelonistas sobre los merengues, con mención especial para un espléndido Piqué. Pepe y Ramos dejaron unos huecos por arriba que sus rivales taparon bien.


En definitiva, esos detalles marcaron la desigualdad, al margen del juego general, pero todavía queda liga.  

jueves, 19 de marzo de 2015

ELECCIONES A LA CONTRA

Ni a favor del millón de empleos que se ha sacado Rajoy de la manga para Andalucía, ¡ay las chisteras, don Mariano!, ni de la bandera andaluza con que se ha envuelto Susana Díaz para mimetizarse con su tierra, a falta de mejor programa, ni nada que se le parezca. Los andaluces van a castigar al PP y al PSOE dejándoles en los huesos de sus anteriores resultados electorales. Y es que han hecho innumerables desméritos para ello, allí y en todos sitios.

Falta de ilusión
En el año con más convocatorias electorales en nuestra joven democracia, votar a la contra significa todo menos ilusión. Podría ser incipiente madurez, aunque la ausencia de programas significativos contra los que votar lo desdice, como también lo desmiente la orfandad de ideologías claras. La realidad es una falta de confianza hacia unos y otros que debería hacerles pensar, antes de tomar el olivo.

Que los partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, hayan hecho de la bandera anticorrupción su eje fundamental abona la tesis de que la ciudadanía española empieza a distinguir el grano de la paja. Y como consecuencia van a votar contra los golfos, aunque la mayoría no se presenten. De todos modos, demasiados votantes van a depositar todavía sus papeletas a favor de los suyos antiguos “porque los otros también han robado”, y eso es, además de triste, desesperanzador para nuestra democracia libre.

Una ligera esperanza
Pero sí hay un hecho que abanica un rayo de luz: en muchos lugares los partidos citados no tienen aún caras conocidas. Eso sería muy bueno si se conocieran de verdad sus programas, pero nos vuelve la inquietud al constatar que solo la solidez o simpatía que se aprecia desde lejos por Pablo Iglesias y Albert Rivera mueve a la gente desde la diversidad a votar a sus partidos. Es decir, en nuestra inexperta democracia seguimos prefiriendo los personalismos a las razones. Cuando dejemos de sentirnos rebaños y aprendamos a analizar propuestas y a no consentirle una mentira clamorosa a los pastores, y mucho menos una corruptela activa o pasiva, habremos alcanzado la madurez democrática.

Los escombros
El derrumbe del PP de Rajoy se ha ido fraguando desde que se dio la vuelta como un calcetín remendado para estafar a millones de sus votantes, haciendo lo contrario de lo prometido. Y, como colofón, estaba cantado desde los célebres mensajitos a Bárcenas cuando ya le habían trincado por corrupción. Esas confianzas con un personaje de oscuras cuentas multimillonarias en Suiza, que ya se conocían entonces, abrió de golpe los ojos a muchos de los que no volverán a votarle ni en pintura. Porque, como hubiera sucedido en un país de verdad maduro democráticamente, debió dar paso a otro liderazgo en su partido y en España. Si no por vergüenza torera, que ha demostrado desconocer, al menos para no perjudicar a su partido; esa entelequia que tantas veces proclaman para que se larguen otros.

La ruina del PSOE viene de lejos. Así, por mucho que Pedro Sánchez se empeñe en ideas y propuestas, si fuera el caso de que cristalice alguna potente y concreta en la memoria ciudadana, la desastrosa gestión de Zapatero aún lastra su presente y su futuro. Tiene, eso sí, la baza con que  desarboló a Rajoy: es un político limpio. Pero eso, siendo una verdad importante a nivel personal, se difumina en la charca de los casos de corrupción de su partido.

Susana Díaz, por equivocado egoísmo también, ha perpetrado la tontuna de no usar la citada importantísima baza de su secretario general en la campaña andaluza. Y tal decisión, con lo que ha caído y cae desde el juzgado de la señora Alaya, es un error de estrategia política solo entendido desde las luchas internas socialistas, que a la postre suponen también su debilidad; hasta Felipe González ha tenido que pontificar que no huirá hacia Madrid.

A cambio, ha optado por seguir la clásica y  reiterada doctrina de Pujol y Mas en Cataluña, haciéndose pasar por la matrona de Andalucía. Cualquier ataque a su partido o a su persona es una afrenta a su tierra, lo que supone una indigencia intelectual que asusta.

Las nuevas construcciones
Por la izquierda, Iglesias está viendo cómo el globo de su Podemos está perdiendo altura porque también tiene puntos débiles relevantes. El primero, el techo que supone su adscripción filocomunista, que él trata de romper intentando colar una inteligente socialdemocracia que pocos creen. Sus inicios y relaciones de todo tipo con los regímenes bolivarianos lo desmienten, así como su equiparación activa a los extremistas del griego Tsipras. Como hemos reiterado, será difícil que pase del veinte por ciento en las elecciones donde se presente. Otra cuestión, ahí sí, es la influencia que tendrá en las distintas componendas postelectorales que se cuezan para formar gobiernos.

Y por la otra banda, Ciudadanos, el partido que tan eficazmente lidera Albert Rivera, también tiene dos debilidades serias. La primera, derivada de su falta de cuadros en los distintos escenarios donde va a competir, porque una cosa es prometer las cuatro cosas claras que tienen los, digamos, social liberales -centristas sin ataduras ideológicas-, defendidas con brillantez por su líder, que inspira a cientos de miles de españoles confianza, honradez y valentía; y otra el día después de su previsible pero insuficiente éxito electoral. Con las alianzas de gobierno que propicien empezarán las contradicciones. Sería muy bueno que se mantuvieran incólumes en una oposición constructiva. Y, la segunda debilidad es la indefinición del propio Rivera sobre si se presentará a las catalanas, a las generales o a ambas, que todo puede ser.

Un voto miope
En todo caso, el voto a la contra, que siempre es a corto, les viene bien a Podemos y a Ciudadanos ahora. Otro tema será el futuro. Y ahí, por el bien común, deberán todos laborar duro además de orar, que ayuda pero no alimenta, como en los viejos conventos.

Ojalá llegue pronto el tiempo en el que se vote con esperanza a largo.       

LAS RACHAS, UNAS VIENEN Y OTRAS VAN.

Como las olas en aquella bonita habanera, desde nuestra barquita futbolera siempre las hemos visto ir y venir, pero su belleza camina sinuosa por barrios.

Ahora le toca la mala al Madrid, como hace dos meses al Barça. Entonces Luis Enrique tenía las horas contadas y Messi ya no era el mismo, y ahora les toca a Ancelotti y Cristiano; el fútbol mismo.

Es cierto que los blancos padecen flojera, pero un buen resultado lo varía todo. Y si es contra los culés mejor. Así que, el próximo domingo puede que cambien de color los llantos. Lo normal sería que ganara el Barça porque están en buen momento, e incluso con suficiencia, pero la historia nos dice que el equipo que llega  peor a estos enfrentamientos suele tocar pelo.

Otra cosa es la movida del gallinero en tales rachas. Hay gallos de todo pelaje defendiendo sus intereses y posiciones oportunistas al margen de la realidad, y hasta mintiendo,  con capones de diversa condición de palanganeros. En el caso del Madrid tenemos ahora un ejemplo de todo ello. Pongan ustedes mismos a cada cual en su palo; no es difícil.

 Y, en esa vorágine emplumada,  no se analiza si en la primera vuelta del gallinero de enfrente,  Busquets, por ejemplo, andaba renqueante de su dolencia de pubis, o Piqué, que suele cubrir bien las espaldas de sus medios centros, parecía ‘enjugascao’ con otras aficiones. Como ahora no se tiene en cuenta, o se hace muy de pasada, cuando es vital, que el Madrid está sin medio centro  adecuado y sin el poderoso Ramos detrás para cubrirle las espaldas, tal y como venimos reiterando. Se dice que el fútbol es una suma de detalles, pero no todos son iguales. El señalado es la base de la columna vertebral de cualquier equipo.  Cuando funciona, la media ocupa bien los espacios,  los delanteros gozan de más ocasiones y las defensas parecen más seguras. Y cuando no, aparecen las dudas atrás, los individualismos ineficaces delante,  la indefinición anárquica en el medio campo y el plomo en las botas.

Ahora resulta que Ancelotti es un blandengue y hay que echarlo, cuando antes del mundialito se pedía a coro su renovación y parecía hecha; que Bale es un bluf, cuando hace bien poco era un fenómeno, incluso decisivo en partidos clave del año pasado; que Cristiano es un engreído, cuando aunque no pueda negarlo es el mejor goleador en la historia madridista, y de los mejores de la historia del fútbol, y a quien le debe su club en gran medida los escasos pero sonados triunfos de las últimas temporadas; o que Casillas es un petardo cuando tantas victorias le debe su equipo, por mucho que los años no pasen en balde.

Por otra parte, Florentino Pérez ha caído en la trampa del protagonismo en lo deportivo. Y es que, al margen de la posición crítica que se pueda mantener con él atendiendo a que gestiona el club según sus intereses empresariales, como es obvio si nos fijamos algo, es un futbolero empedernido que, en sus principios en la sombra, Valdano mediante, y ahora a todas luces, dirige deportivamente el club para lo bueno y para lo malo. Así, salvo el fichaje de Cristiano Ronaldo, que lo hizo Calderón y a punto estuvo él de echarlo para atrás de no ser por el acertado consejo de su paraguas argentino, casi todas las incorporaciones y salidas del equipo han sido cosa suya.

Además, ha cometido otro error de bulto que le puede costar la presidencia, al margen del juicio que deberá afrontar por haber sido elegido con un proceloso cambio de estatutos previo, tras la querella presentada y admitida de unos socios blancos. Y es que la soberbia ciega hasta las mentes más lúcidas. Pérez, a pesar de su indudable brillantez, se equivocó saliendo a la palestra para acusar a la prensa de los males que aquejan al club merengue. De ahí a los pañuelos, su pesadilla insufrible, hay un corto paso. El que media entre un par de malos resultados y sus correspondientes portadas críticas.

Enfrente, la falta de calidad o de planteamientos más atrevidos hace que el Atlético siga jugando a mimetizarse con sus adversarios, y esa falta de personalidad puede liquidar la época de Simeone. Él lo sabe, y ha pedido refuerzos en todas las líneas porque su estilo es innegociable. Ya veremos si el mandamás chino traga con ese fútbol de autor.     

viernes, 13 de marzo de 2015

UN MADRID ABURRIDO

Aunque es un juego, el fútbol tiene sus reglas no escritas y suele ser previsible, al margen del azar y de las genialidades. En semanas pasadas hemos tratado de bajar a sus orígenes: cuando los críos juegan a la pelota sin nadie que los pastoree. Y, decíamos, que lo primero es que alguien vertebre al equipo desde el centro del campo; el que lo hace fácil y desde ahí hace posible el mejor fútbol de sus compañeros. Todo lo demás son cuentos.

Que si las figuras merengues están en crisis o tiene la culpa la mano blanda del técnico, o, como en aquellas ocasiones ‘mourinheras’ felizmente superadas, los malos eran los árbitros influenciados por el llamado ‘villarato’.  Pero es más sencillo. En el fútbol es básico quien juega a uno o dos toques y sabe dónde ponerla antes de que le llegue. Esos privilegiados tienen permanentemente la posición de los jugadores en su cabeza y, además, saben jugar con los tiempos, el resultado, las virtudes propias y las flaquezas ajenas. Se trata del cerebro del equipo y suele ocupar el centro del medio campo.

Pues bien, desde que se marchó Alonso, el Real Madrid está huérfano de una figura tan fundamental. Lo ha podido ser Illarra, que lo ficharon para ese papel, pero la falta de confianza de Ancelotti en sus posibilidades, sobre todo tras un mal partido el año pasado en Alemania, y de ir dándole minutos  fuera de su sitio, como volante, le han diluido. También es cierto que ya su juego equilibrante en la Real Sociedad y en la selección sub 21 española no era tan claro como la de su paisano Xabi, porque conduce más el balón e incluso tiene más llegada, pero ese dinamismo le resta capacidad de juego en largo y del rigor táctico defensivo del ahora jugador del Bayern, aparte de ir peor por arriba. Y, para empeorar el asunto, no parece que el recién incorporado Lucas Silva sea el cinco que los merengues precisan.

De Kroos venimos comentando que su enorme calidad le permite jugar bien en cualquier sitio, pero en el medio centro se precisan otras cualidades: meter la pierna fuerte, jugar entre los centrales, etc.,  cuando se enfrentan a equipos de exigencia.  Y con Ramos detrás y  Modric a su vera se ha disimula algo su debilidad, pero ni Pepe ni Varanne están a la altura del sevillano, ni los otros medios madridistas ocupan los espacios del balcánico.   En fin, que se les agudiza una carencia fundamental hasta el punto de poner en riesgo la temporada. Parecen aburridos de jugar, y realmente aburren. Un detalle: hace poco lidiaron en liga en Getafe y apenas hubo medio graderío ocupado. Penoso.

El otro día le vi a Xabi Alonso un recital contra el Hannover de cómo se juega en su sitio, y hasta se permitió el lujo de marcar un gol de falta. Por cierto, ¿cuánto tiempo hace que Cristiano no convierte un golpe franco? ¿Y dónde anida sus ausencias Benzema o hacia dónde galopa Bale? Porque esa es otra, la falta de gol es una losa que les atenaza, impidiendo jugar con la calma necesaria para intentar un buen fútbol. Mal asunto en un equipo diseñado para ganarlo todo, desde el dineral gastado en su confección.

Para su desgracia y la del Real, Ancelotti tiene mucha tela que cortar ahora que llegamos al tramo decisivo de las competiciones, sintiendo como cuchillos el vaho del presidente y sus palafreneros en la nuca. Malos tiempos en ciernes para el técnico italiano y el club del Bernabéu, si finalmente la impaciencia agosta su destino.  

El Barça sí cuenta con dos medios centros adecuados, Busquets y el comodín Mascherano, y sigue a lo suyo. No lo tuvo fácil Luis Enrique para mantener las rotaciones y encajar al trío de lujo que baraja en sus puntas. Y tampoco le habrá sido fácil tragar con la larga mano de Messi en la realidad blaugrana. Un hombre de su carácter dará un portazo si ha de continuar dirigiendo con mano blanda, como le achacan al transalpino Carletto.


Conociendo la idiosincrasia culé, tampoco tiene un futuro claro si no gana  al menos dos de las tres competiciones a las que aspira, el pastizal que también han gastado así lo demanda. Porque se lo exigirán si Neymar, Suárez y el inigualable Messi siguen enchufándola. Y lo pueden ganar todo. De momento es líder merecido por la citada debilidad blanca, pero ya veremos.     

miércoles, 4 de marzo de 2015

CUATRO JINETES Y UNA AMAZONA, DE MOMENTO.

Rajoy, Sánchez, Díez, Iglesias y Rivera conforman la parrilla de salida para las próximas generales, pero solo de momento. Porque, permítanme, ni son todos los que están ni están todos los que son, como ha quedado claro tras los últimos debates; el oficial y el oficioso.


Rajoy

El presidente estuvo en su línea. Un discurso marmóreo y autocomplaciente para empezar, destacando los datos macro económicos que apuntan en la buena dirección pero silenciando los también ciertos que niegan el buen camino en la solución de los problemas estructurales de nuestra realidad socioeconómica. A quienes claman desde la sensatez que antes de recaudar más hay que gastar menos en improductividades, ni caso. Y sus nuevas promesas quedan en borrajas por sus clamorosos incumplimientos.

Donde sí gana Rajoy es en el cuerpo a cuerpo y ahí tira de dialéctica irónica malintencionada para enervar a los suyos y descalificar al contrario, incluso llegando a los malos modos cuando le nombran a su bicha particular: Bárcenas. En general, nada nuevo bajo el sol, aunque, viendo lo que hay, haya que reconocerle que es un parlamentario aceptable; ¡cómo añoramos a los González, Guerra, Fraga, Carrillo o Herrero de Miñón, e incluso al mismo Suárez en algunos momentos!


Pedro Sánchez

El jefe de la oposición, por el contrario, tenía que empezar por convencerse a sí mismo de que podía ganar, para disipar las dudas en los propios sobre todo, y presentarse ante la nación como un aspirante capaz de gobernar España. Y lo primero lo consiguió, presentándose con una tranquilidad loable, solo traicionada por una cierta aceleración en su discurso inicial. Aunque en la crítica lo tenía más fácil, y de eso se trataba al debatir el estado de la nación, sin embargo, en el aporte de posibles medidas para sacarnos del atolladero le era más complicado. Los nublos de la nefasta gestión de Zapatero y sus gobiernos aún ocultan el sol para el PSOE.

Pero, como epílogo, se zafó del férreo marcaje del Presidente en su cuerpo a cuerpo al enarbolar una mano impoluta en su persona y en el papel que representa: el “¡yo soy un político limpio!” todavía debe resonar en los oídos de Rajoy y de los suyos, como así quedó sin duda en la retina de quienes le califican como ganador del duelo. Hasta el punto de concluyente fue tal afirmación, que renunció seguramente por ello al turno de contrarréplica al ver a su oponente descuadernado.  No cabía mejor alegato final con lo que está cayendo, dentro y fuera de su partido, ¡ojo!


Pablo Iglesias

Fuera del Congreso, Iglesias también ha terciado en el debate hasta autoproclamándose jefe de la oposición. La soberbia ensombrece a veces la virtud. Porque lo que no se le puede negar al líder de Podemos, que ahí sí ejerce como tal, es su buena capacidad comunicativa. Se esté de acuerdo o no con sus planteamientos, es innegable que sabe cómo llegar a la gente, sobre todo a quienes son propicios a su mensaje por diversos motivos.

Otra cosa es el rechazo que produce en demasiados ciudadanos, que ven en él y en su partido nuevo la reencarnación de todos los demonios del fracasado comunismo y similares.  Pero para superarlo tiene una estrategia inteligente, puesta en valor con bastante convencimiento en la entrevista de ‘Tele 5’, que fue el espacio más visto esa noche en la mejor hora: la transversalidad de su proyecto político y de sus seguidores. Habla convincentemente de que en su partido hay y caben antiguos votantes de cualquier partido, de derechas y de izquierdas, situándose en un centro virtual que es el objetivo que debe tener cualquier opción política que aspire a gobernar. La contradicción, y no pequeña, es que las medidas económicas que han anunciado hasta ahora son de una izquierda extrema. Habrá que esperar, en todo caso, a su programa real.

Y tiene un problema añadido: su mimetización con sus homólogos griegos de Tsipras. Esa es y será su prueba del algodón, y no parece que pinten bien las primeras muestras.


Albert Rivera

Albert Rivera es también un magnífico comunicador al que acompaña un buen proyecto para España, que lo ha defendido con valentía, además, desde Cataluña. Declararse de centro social y liberal es un buen marchamo para ocupar las preferencias de millones de españoles, pero tiene un problema serio: su indefinición sobre si será candidato o no al gobierno de la nación. A estas alturas no puede andar en ese espacio grisáceo. Debería lucir mucho más si quiere que las posibilidades de su partido, Ciudadanos, sigan creciendo y cristalicen.

Y recordar el fallido intento de Miguel Roca y su partido Reformista, a mediados de los ochenta, que falló en buena parte por hacer política en España desde Cataluña y ni afiliarse al nuevo partido para no dejar de pertenecer a Convergencia. El caso no es el mismo, pero las consecuencias sí pueden serlo.


Rosa Díez

La líder de UPyD es una política laboriosa y honesta, con propuestas serias para el país – quizás de las mejores-, pero hace tiempo que tocó techo electoral y no sabe verlo. Tal vez el personalismo le impida la generosidad y altura políticas para unir sus fuerzas a Ciudadanos. Junto a Rivera, formaría un dúo excelente con unas expectativas espectaculares.

Si unieran sus destinos quizás estaríamos hablando de que el futuro político se jugaría a cuatro bandas, y no a tres, como finalmente sucederá, en el que las posiciones políticas centradas, y España por ello, tienen un futuro muy preocupante.


Más amazonas

Y galopando en lontananza se perfilan otras féminas. Susana Díaz puede dar el salto a la gran política si gana en Andalucía y el PSOE, como parece, se estrella en las municipales. Y Soraya Sáenz de Santamaría puede ser la baza oculta de un Rajoy y un PP previsiblemente maltrechos en las consultas electorales previas.


El debate pasado ha servido para apuntalar a Sánchez, pero aún no hay foto fija de la línea final de salida.

martes, 3 de marzo de 2015

EL MIMETISMO DEL ATLÉTICO DE MADRID

Ocurre con los equipos que basan su juego en la intensidad al margen de la calidad que tengan, que por eso los hay en todas las categorías.

El Atlético es uno de los seis mejores equipos españoles en la historia de nuestro fútbol, casi siempre en el segundo escalón de ellos, por detrás del Real y del Barça y un poquito por encima del Valencia, del Sevilla o del ahora en horas bajas Atlético de Bilbao. A ese grupo cabecero se les han unido, incluso superándoles en ocasiones, otros como el Español, el Betis, la Real Sociedad y los también históricos Zaragoza y Deportivo de la Coruña en diferentes etapas. Cuestión distinta es el fenómeno coyuntural del Villareal, unido obligatoriamente a su mentor Roig, que ha aprovechado su moderna trayectoria implantando una envidiable política de cantera.

Pero el Atlético es otra historia. Ha alternado plantillas de una enorme calidad con otras, la mayoría, en las que la garra y el juego de guerrillas han sido su santo y seña. De las etapas mejores hay que recordar delanteras como aquella de los Ufarte, Luís, Gárate y Adelardo, con quienes llegó a estar dos temporadas el murciano Juan Antonio a finales de los sesenta del siglo pasado, jugando de extremo izquierdo cuando era diestro, recogiendo el once de un mítico como Enrique Collar. Esos enormes jugadores con otros de menos nombre pero de enorme garra, fueron quienes llegaron a la famosa final de la Copa de Europa contra el Bayern de Munich de Beckenbauer, y que tuvieron ganada hasta segundos antes del final con el espléndido gol de falta directa del mítico Luis.

Hay que recordar también el equipo presidido por el inolvidable Jesús Gil y que entrenó Antic, que ganó el doblete un año con jugadorazos como Pantic, Quico y compañía, aunque después cayeran al pozo de segunda.

Son las luces y sombras del equipo colchonero, en el han lucido jugadores tan dispares en épocas distintas como los exquisitos Ben Barek, Luiz Pereira, Leivinha, Ayala, Manolo o Futre, con otros que basaron su juego en la garra y la pierna dura, como Martínez Ovejero, Goicoechea, Jayo o el lateral Panadero Díaz, por citar ejemplos paradigmáticos.

Sin embargo, si hay un sello característico del Atlético es el de mimetizarse con el contrario. Así, compiten con equipos de la mitad de la tabla o de ahí hacia abajo con sus mismas armas, y con los grandes también. Si vemos un encuentro contra el Elche, el Celta o el Granada este año, tendremos un Atlético corriendo como ellos para ganar el partido por piernas o por algún destello de calidad de los mejores jugadores que tiene, y, sin embargo, si es contra el Barça o el Madrid contemplaremos a un equipo en el que sus jugadores, al margen de correr y meter más la pierna, su identidad fundamental; sacarán sus mejores galas y hasta alguno de ellos le mojará la oreja a las figuras blancas o culés, haciendo alardes de igual o más categoría futbolística. A eso nos referíamos con el mimetismo citado.

Y en Europa les ocurre igual. De tal suerte que parece un Atlético diferente si juegan contra el Chelsea o la Juventus, por decir algo, a que si lo hacen contra el Bayer Leverkusen, tal y como ha ocurrido en su último encuentro de Champions. El miércoles pasado se mimetizaron con los alemanes, que andan por la mitad de su tabla. 

La diferencia con la temporada pasada, aparte de que se le han ido jugadores básicos, es que entonces todavía eran una sorpresa y fueron una apisonadora con los equipos medianos y pequeños. Este año, los de abajo los tienen muy estudiados y ellos siguen empeñados en jugar según sean sus rivales. Por eso, contra los grandes siguen haciendo buenos partidos pero pierden sus opciones con los inferiores. En todo caso, ¡grande el Atlético de Simeone!

Finalmente, nos reafirmamos en que nuestros dos grandes no están inmersos en ninguna crisis, como han demostrado en Europa, y que sufren lo normal de cada temporada: no son máquinas y sus jugadores son tan de carne y hueso que siempre no están igual de bien. A la postre, estarán disputando las dos competiciones fundamentales porque su calidad, y la cantidad de la misma que tienen en sus plantillas, están muy por encima de sus oponentes. Otra cosa es que lo ganen todo, circunstancia que apenas ha ocurrido a lo largo de la historia.  

miércoles, 25 de febrero de 2015

EL FÚTBOL, COMO EL TIEMPO EN FEBRERO

Este juego de nuestros disfrutes, con más pasiones que entendederas, suele removerse cuando asoma la primavera. Así, tras la Pascua, cuando los ceros abundan en los resultados, los goles florecen con los almendros. Y parece que se volviera al principio del campeonato, cuando se dan lo resultados más asombrosos porque aún no se conocen bien los equipos. Si miran las jornadas de esas épocas del año verán resultados deslumbrantes.

 Y también al final, en sentido inverso al mero juego, en cuyas últimas jornadas también se producen tanteos que más que sorprender sonrojan; la poca vergüenza y los vuelos de maletines tienen la culpa. Sería bueno que las sospechas de compraventas que siempre han acompañado al fútbol se volvieran alguna vez evidencias demostrables judicialmente y algunos acabaran donde deberían. Y no hablamos de primar a cualquier equipo por obtener un resultado positivo, sino por perder vergonzosamente. ¿Condenarán a alguien por ello? Lo dudo. Para dar ejemplo negativo siempre les queda el Murcia a los impresentables que rigen nuestro fútbol.

Finalizando la primera vuelta el Real Madrid parecía un ciclón imbatible, con record de victorias para Ancelotti seguidas, y un mes largo después pareciera que se les hubiera olvidado ganar. Pues miren, ni una cosa ni otra. Los que peinamos canas, y algunos ni eso, podemos recordar que ni el Madrid de Di Stéfano, Rial o Puskas y Gento, que pasa por haber sido el mejor de su historia, ganaba siempre, ni siquiera tenía asegurados los campeonatos domésticos. Aunque ganara cinco copas de Europa seguidas, no pudo hacer lo mismo en la Liga ni en la Copa. Entonces, el Barça de Kubala, Ramallets y Luisito Suárez competía en igualdad de condiciones.

El lunes pasado decíamos que los blancos no atravesaban ninguna crisis y ahora decimos lo mismo del Barça, que después de perder con el Málaga en un mal partido dentro y alejarse sus opciones de liderar la Liga muchos dirán que ha entrado en depresión. O que la pelea de Messi con Luis Enrique aún colea, que los problemas extradeportivos están influyendo, etc. Y aunque todo ello tenga su influencia, lo cierto es que el fútbol se mueve en una especie de rueda de la fortuna que es lo que en el fondo le da su picante. Si no fuera simplemente un juego sería demasiado aburrido.

Y hay otra evidencia que no por mucho repetirla deja de ser cierta. Los futbolistas son personas, no máquinas, y no siempre están igual de despiertos, de rápidos o de acertados. Y no tienen tampoco las mismas rosas en el culo un día que otro. Quienes han jugado compitiendo alguna vez, en el deporte que sea, lo saben muy bien.

Un amigo y antiguo futbolista modesto de mi pueblo, pero tan buen goleador en los años sesenta como persona siempre, y que me llevé a la directiva que presidí del Murcia, Jesús Ruiz, guadalupano de pro y qepd., desgraciadamente; me confesó que había épocas en las que no veía la portería y que, cuando la enfilaba, le parecía más pequeña que el balón. Y otras, sin embargo, enchufaba para dentro todo lo que le caía hasta con la uña. Venía a confirmar lo que tantas veces se ha dicho de que los goleadores van por rachas. De ahí lo enorme y grande de la regularidad de Cristiano y Messi, a quienes  tenemos la suerte de disfrutar en nuestra liga tantos años. Y que nos duren.

El Madrid, simplemente y como hemos reiterado, sufre cuando se enfrenta a equipos de enjundia en el medio campo. El otro día, alguien de la categoría futbolística de Stielike dijo que a él le parece Kroos un ocho y no un cinco, y que habría que arroparle para que luciera mejor y que el equipo blanco no se resintiera.

También el Barça, aunque juegue con su famoso trío de delanteros, con Neymar y Suárez pululando alrededor de Messi, precisamente en ese liderazgo tiene su punto débil. El día que no está acertado todos los demás se nublan. Esa es la circunstancia que Luis Enrique quería superar con sus rotaciones, pero no le han dejado. Ya veremos cómo lo solucionan, porque ni el argentino ni nadie debería ser nunca insustituible, como tampoco lo es nadie en la vida.


Finalmente, coincidimos con el citado Uli en que la Liga debería tener más equipos que pudieran optar al título. A ver si la última jornada de febrero apretara algo la cabeza.
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